Escritos desde el páramo |
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Boboblog sobre escepticismo, historia y pseudohistoria.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005. 02/01/2005Timocracia no significa gobierno de los timadores (II)Sigue En el Libro IV Platón prosigue con la configuración de su Estado ideal defendiendo que el peligro que acecha a su sociedad utópica es doble, el de la riqueza y el de la pobreza puesto que, según el ejemplo que propone, un alfarero enriquecido dejará de prestar la debida atención a su oficio mientras que uno pobre no podrá disponer de los medios necesarios para realizar su mejor trabajo. Ambas situaciones, pues, son ajenas a la Justicia que, recordémoslo, es la idea que subyace en todo el Diálogo. Prosigue Platón reincidiendo en la importancia de la educación como forma de garantizar la pervivencia de su Estado así como la necesidad de que los guardianes cuiden de que no se realicen innovaciones en la gimnasia y la música "Porque los modos musicales no son cambiados nunca sin remover las más importantes leyes que rigen el Estado, tal como dice Damón, y yo estoy convencido." Comienza seguidamente a hablar de los legisladores, de qué deben ocuparse y de qué no. Deben prescindir de las minucias y ocuparse de temas importantes entre los que propone la fundación de templos, la institución de sacricios a dioses, demonios y héroes, de tumbas a los difuntos y cuanto pueda contentar al más allá como principio según el ejemplo de Apolo. Las características del Estado deben ser cuatro, sabiduría, valentía, moderación y justicia. La sabiduría la entiende no referida a cuestiones particulares sino en cuanto atañe al bien común y a las relaciones de este Estado con las demás. Por ello es privativa de los guardianes. Lo mismo en cuanto a la valentía que entiende como disposición a conservar en toda circunstancia lo prescrito por la ley. La moderación la entiende con un símil musical: "ésta se extiende sobre la totalidad de la octava musical, produciendo un canto unísono de los más débiles, los más fuertes y los intermedios -en inteligencia o en fuerza o en fortuna, como te guste- de manera que podríamos decir, con todo derecho, que la moderación es esta concordia y esta armonía natural entre lo peor y lo mejor en cuanto a cuál debe gobernar, tanto en el Estado como en el individuo." La justicia nace del interior de cada hombre y se extiende a lo público: "Y la justicia era en realidad, según parece, algo de esa índole, mas no respecto del quehacer exterior de lo suyo, sino respecto del quehacer interno, que es el que verdaderamente concierne a sí mismo y a lo suyo, al no permitir a las especies que hay dentro del alma hacer lo ajeno ni interferir una en las tareas de la otra. Tal hombre ha de disponer bien lo que es suyo propio en sentido estricto, y se autogobernará, poniéndose en orden a sí mismo con amor y armonizando sus tres especies simplemente como los tres términos de la escala musical: el más bajo, el más alto y el medio." La injusticia, la intromisión de una de las partes en lo que corresponde a la otra y, en especial, el intento de gobernar a aquella parte que no la corresponde, sólo puede conducir a la corrupción de Estado tan perfectamente constituido. A continuación Platón (siempre por boca de Sócrates) anuncia que hay cinco clases de gobierno de los que el único bueno es el descrito que puede recibir dos nombres, monarquía (si entre los gobernantes hubiera uno que destacar del resto) y aristocracia (si no fuera ése el caso). En el Libro V Platón intenta iniciar la crítica de las otras cuatro formas de gobierno ajenas a ésta que considera buena y recta, pero los contertulios le exigen que antes termine de explicar situaciones pendientes en su forma de Estado como es la situación comunitaria de mujeres y niños en los vigilantes. Platón defiende la igualdad entre hombres y mujeres. De igual forma que los guardianes deben ser instruidos en gimnasia y música lo deben ser las mujeres sin olvidar las artes de la guerra y la equitación, por supuesto, siempre que sean aptas para ello. Esta vida comunitaria debe traducirse en que las mujeres guardianas sean comunes aunque, por razones de eugenesia, los gobernantes procurarán mediante sorteos amañados que los mejores se apareen con las mejores. Nuevamente Platón defiende la mentira: "parece que los gobernantes deben hacer uso de la mentira y el engaño en buena cantidad para el beneficio de los gobernados;" Los hijos de estas uniones de los mejores deben ser conducidos aparte y educados bajo la tutela del Estado. Por su parte, los hijos que nazcan de las uniones de los peores también deben ser apartados y escondidos. Continúa Platón hablando de los vigilantes, de los honores que deben recibir los más aptos en combate como recibir el homenaje de los demás, aparearse más frecuentemente con las mejores mujeres y, en caso de que fallezcan, ser sepultados en hermosas tumbas y ser elogiados como un ejemplo. Aquellos, por el contrario, que muestren cobardía deben ser expulsados y pasar a ser agricultores. Los hijos (que no sabrán quiénes son sus padres de igual forma que éstos tampoco sabrán quiénes son sus hijos) deben acompañarlos a la guerra tanto par aprender con la observación como para infundir ánimos a sus padres de igual forma que los animales pelean con más vigor cuando deben defender a sus cachorros. A continuación asegura que para que su Estado se convierta en realidad es necesario o que gobiernen los filósofos o que los gobernantes se conviertan en filósofos. Aclara a continuación que por filósofo no debe entenderse a aquella persona que opina sino a la que conoce distinguiendo entre opinión y conocimiento científico. En el Libro VI Platón explica que características naturales tiene el filósofo, amor a la verdad, valentía, facilidad de aprender, buena memoria... Pero si esas características naturales no son encauzadas por una buena educación sobreviene el desastre, el filósofo se convierte en sofista que busca tener éxito en la vida y sólo consigue crear un mal nombre para la filosofía. Para Platón, la educación debe ser progresiva y adecuada a la edad de forma que sólo en la madurez se enfrente al conocimiento supremo, la Idea del Bien. "Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la Idea de Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente, ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima." En el Libro VII Platón reincide en el tema de las Ideas por medio de un hermoso mito, el de la Caverna. Supongamos que existen hombres que están encadenados en una morada subterránea y que sólo conocen del mundo exterior las sombras que pasan por un tabique similar al biombo de un titiritero. Supongamos que uno de ellos es liberado y conducido a la luz del mundo real. En un primer momento ¿no le doldrían los ojos? ¿No consideraría más reales las sombras a las que estaba acostumbrado que los objetos reales que ahora puede contemplar por vez primera? Pero una vez que se hubiera acostumbrado a la contemplación directa de la realidad ¿no compadecería a sus compañeros en la caverna? "Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegramente esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y la contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público." Conociendo el fin al que tiende la educación, Platón define sus etapas. Aparte de la música y la gimnasia que educan el cuerpo para el combate pero no el alma, Platón defiende que debe comenzar por el cálculo, seguir por la geometría, la astronomía y la armonía para concluir con la dialéctica. -Continuará- 08/01/2005Concesión del premio Favila el OsadoRedoblen las fanfarrias que ya estamos aquí de nuevo. Antes de nada y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Manzanares por Madrid queremos agradecer a tantas y tantas personas, instituciones y medios de comunicación sus denodados esfuerzos por conseguir que nunca nos falten candidatos a nuestro premio. No sé qué haríamos sin ellos (bueno, sí lo sé, dedicarnos a ocupaciones más placenteras como el dormir tranquilo). Sin embargo, es justo que sus desvelos por desvelarnos no caigan en saco roto y sean recompensados de la única forma posible, con nuestro insigne galardón. Pot todo ello, en el día de hoy reunido con nos mismo y después de sesuda reflexión y tras la posterior evacuación de consultas al más alto nivel y a la más baja plomada, el insigne jurado entró en trance místico provocado por el consumo de substancias prohibidas (tabaco canario) y la escucha reiterada de "Simphonies pour les Soupers du Roy" de Michel Richard de Lalande (no, éste no sale en los 40 Horripilantes ni en OT por la sencilla razón de que murió en 1726). En esa situación, fallamos que: En este año 2005 (ya saben la rima que viene a continuación) debemos comenzar con buen pie antes que con mala pata (bueno, si alguien se empeña también estamos dispuesto a aceptar una pata de cerdo ibérico convenientemente curada) y, por ello, nada mejor que picar alto y conceder nuestra preciada recompensa a (momento de silencio roto por el redoble de timbales BRRROOOOOOMMMM) a Doña Carmen Calvo, ministra de Cultura, con la que, afortunadamente, no me une ningún parentesco (esto lo aclaro por si pensaban en algún favoritismo de tintes nepotistas). ¿Qué ha hecho la Sra. Calvo? Dos logros históricos, el primero de ellos ser capaz de soliviantar a los castellanos, algo que nadie lograba desde Carlos I de España y V de Alemania (la tecnología alemana aventaja a la española hasta en la producción de Carlos) con motivo de la anunciada retirada de documentos del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca con lo que ha conseguido abrir una caja de Pandora que ya veremos a qué disparates conduce en este país en el que nadie quiere ser menos que su vecino. Orihuela ya está reclamando un documento robado que ahora se encuentra en Cataluña, Palos reclama sus documentos del Archivo de Indias... y yo, por no ser menos, reclamo los discos de Les Luthiers que le presté a un amigo hace 10 años y de los que no he vuelto a saber nada. Sin embargo, y por encima de esta polémica en la que la Historia no pinta casi nada salvo salir, una vez más, corrida a h...s, lo que me ha dejado realmente estupefacto es su apostilla. Practicando la política del palo y la zanahoria, la Señá ministra se apresura a realizar una concesión con el fin de calmar a los castellanos porque el cabreo no es sólo de los salmantinos. ¿Qué ha anunciado? Pues aquí les pego el enlace a la noticia porque si no no pasaría a creerlo, la creación de algo llamado Archivo de la Memoria Compartida. ¿No es genial este uso de los eufemismos? Vamos a ver, señora ministra, ¿qué recontrapuñetas significa eso? ¿No pudo idear un nombre más imbécil? La Historia tiene una mala constumbre para los políticos, que le importa tres bledos en vinagreta la corrección política. Las cosas fueron como fueron independientemente de lo que a unos o a otros les guste. La II República, la Guerra Civil de 1936-1939 y el Franquismo son lo que son, unas circunstancias históricas no una memoria compartida entre otras cosas porque muchos españoles (cada vez más por una mera cuestión del paso del tiempo) no tenemos ninguna memoria ni compartida ni sin compartir de la II República ni de la Guerra Civil y poca de la dictadura franquista. Sencillamente, nacimos mucho después de esos acontecimientos. Ahora bien, si quiere encontrar elementos que integrar en ese maravilloso Archivo de la Memoria Compartida tal vez podría incluir cosas el vídeo del partido España-Malta, el no gol de Cardeñosa en el Mundial de Argentina... de los que sí tengo memoria compartida con muchos españoles y que no creo vayan a ser reclamados en el futuro por sus compadres catalanes. Aprovecho la ocasión para testimoniar mi pesar por el fallecimiento de su compañero en el gabinete, el salmantino Sr. Caldera, que, según reflejó en su día la prensa de esta comunidad, aseguró que los documentos del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca sólo saldrían de allí por encima de su cadáver. Un deceso que, supongo, nos informarán cuándo y en qué circunstancias se produjo. Tal vez lo pueda aclarar el propio interesado siguiendo el famoso precedente de Mark Twain. Ya saben aquello de que las noticias de mi muerte han sido muy exageradas... En fin, que inscríbase el nombre de doña Carmen Calvo en la peana de nuestro trofeo con nuestro ferviente deseo de que pase a dedicarse a un ministerio más adecuado a sus facultades como el de Agricultura y Ganadería porque la cultura española va de p..o c..o, pero bajo su hégida el número de nabos y burros aumenta en progresión geométrica (dejo que el Tío Petros le aclare qué significa eso, porque explica las cuestiones matemáticas tan bien que hasta Vd. podrá entenderlo). 17/01/2005Nueva concesión del premio Favila el OsadoSi es que estos chicos no nos dejan descansar. Recién concedido uno de nuestros galardones, encontramos motivos para otorgar uno nuevo y éste con laureles, placa de honor y un jamón con chorreras. En la revista Pensar, en primer número del segundo volumen (correspondiente a Enero/Marzo de 2005) nos encontramos (en la pág. 14) con la siguiente perla: "Kurtz enfatizó la necesidad de explicar y divulgar la perspectiva científica, cultivar su comprensión pública, desarrollar la libertad de investigar en todas las áreas de conocimiento humano, tomando como símbolo del escepticismo a Galileo, quien cuestionó y rechazó a la autoridad, sugiriéndole "leer del libro de la naturaleza."" ¿Y quién es este Kurtz? Pues Paul Kurtz, presidente fundador del CSICOP y profesor emérito de Filosofía en la Universidad Estatal de Nueva York. La verdad, que una chorrada de este calibre proviniera de otro lugar no nos extrañaría. Que venga del escepticismo y, por más señas, de alguien que, por su profesión, está cerca de lo que siempre hemos llamado "Humanidades", es lo que sorprende (aunque cada vez menos, visto lo visto, puesto que la Historia parece que está considerada como una disciplina menor, como una hermana pobre de las Ciencias sacrosantas). Por de pronto no sé para qué demonios necesitamos los que nos consideramos escépticos símbolos, sea Galileo o el payaso Ronald MacDonald, porque precisamente si por algo nos caracterizamos (o así debería ser) es por reírnos de argumentos de autoridad y similares. El mayor experto del mundo mundial puede estar equivocado y, por el contrario, el tonto más tonto puede estar en lo cierto. En el momento en que empecemos a considerar a Fulanito de Mengánez como un símbolo, la hemos cagado. Si, además, el símbolo tiene más agujeros que una capa de lana invitada a un festín de polillas voraces, dan ganas de gritar aquello de: Paren el mundo que yo me bajo. Porque D. Galileo, por de pronto, realizaba horóscopos (sí, como un Octavio Acebes cualquiera y con idénticos resultados). Es conocida (salvo por el Sr. Kurtz, por lo visto) la anécdota de la carta astral que hizo a Cristina de Lorena, duquesa de Toscana, en 1609 prometiéndole toda suerte de venturas. Al poco tiempo falleció su esposo. Y no crean que estos "horroróscopos" D. Galileo los hacía por amor al arte sino a cambio de una remuneración de sesenta libras vénetas el ejemplar. Ignoro si Galileo realmente creía en la Astrología o si se limitaba a aprovecharse de la credulidad ajena, pero en cualquiera de los casos como para auparle en los altares escépticos (si tal cosa existiera, claro). Pufff. Ítem más. Es de todos sabida (supongo) la historia de la retractación de Galileo (y olvídense del Eppur si muove porque es una bonita leyenda sin constancia documental alguna). Tal vez lo sea menos que Galileo ya "se la había envainado" con anterioridad. En 1616 se reunió con el cardenal Belarmino y ambos acordaron que mientras Galileo mantuviera el heliocentrismo como una hipótesis nada tendría que temer. En efecto, el edicto de 5 de marzo de 1616 por el que se condenaba el movimiento de la Tierra y la doctrina coperniciana no mencionaba a Galileo para nada. Durante 16 años, Galileo guardó silencio. En 1623 ocupó el solio pontificio el cardenal Barberini (Urbano VIII), antiguo alumno de Galilei, que le reiteró la libertad de la que gozaba para escribir lo que quisiera mientras quedara claro que el heliocentrismo era una hipótesis como ya había acordado con el cardenal Belarmino que había fallecido en 1621. En 1632 Galilei publica sus "Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo, el ptolemaico y el coperniciano." En ella, Galileo, por fin, se decide a reírse descaradamente del sistema geocéntrico y a apoyar el heliocentrismo. Tal vez fuera peor que el ridículo defensor del geocentrismo "recordara" al propio papa Urbano VIII. Se contituyó una comisión para jugar la obra y Galileo se dedicó a darle largas al asunto pretextando estar enfermo. Así pasaron unos meses hasta que ya no le cupo otro remedio que acudir a Roma donde comenzó el juicio en febrero de 1633. Ya en la segunda sesión, en abril de 1633, Galileo niega lo que había escrito atribuyéndolo a un error de su pluma porque él en modo alguno pensaba que el heliocentrismo fuera cierto. En mayo, ya estaba pidiendo clemencia ante sus errores. En junio escribió y firmó su retractación: "... teniendo ante mis ojos los Santísimos Evangelios y poniendo sobre ellos mi propia mano, juro que siempre he creído, creo ahora y que, con la ayuda de Dios, creeré en el futuro todo lo que la Santa Iglesia Católica mantiene, predica y enseña. Pero como yo, tras haber sido amonestado por este Santo Oficio a abandonar completamente la falsa opinión de que el Sol es el centro inmóvil de universo, y que la Tierra no es el centro del universo y se mueve, y a no sostener, defender o enseñar de ninguna manera, ni oralmente ni por escrito, la mencionada falsa doctrina; y tras haberme sido notificado que dicha doctrina es contraria a las Santas Escrituras, escribí y di a la imprenta un libro en el que trato de dicha doctrina ya condenada, y presento argumentos de mucha eficacia en su favor, sin llegar a ninguna conclusión: he sido hallado vehementemente culpable de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol es el centro inmóvil del universo, y que la Tierra no está en el centro del universo y se mueve. Sin embargo, deseando eliminar de las mentes de vuestras Eminencias y de todos los fieles cristianos esta vehemente sospecha razonablemente concebida contra mí, abjuro con corazón sincero y piedad no fingida, condeno y detesto los dichos errores y herejías, y generalmente todos y cada uno de los errores y sectas contrarios a la Santa Iglesia Católica..." (Texto citado en "A hombros de gigantes. Las grandes obras de la Física y la Astronomía" Edición comentada por Stephen Hawking. Ed. Crítica. Págs. 351-352) ¿En qué se parece el hombre que escribió y firmó eso con el hombre que cuestiona y rechaza a la autoridad? En nada obviamente. Por todo ello, consideramos de justicia que el nombre de Paul Kurtz se una al de los anteriores premiados con nuestro galardón. Esto ordenamos. Cúmplase. 25/01/2005Las Sonatas del Rosario y el caballo de Espartero¿Les suena de algo un tal Heinrich Ignaz Franz Biber? El nombre es como para acojonar al más pintado, pero no se preocupen porque no era ningún filósofo, historiador... que pueda darme pie a escribir un artículo-peñazo de los que acostumbro. El bueno de Biber era músico y, la verdad, es bastante desconocido y eso que el año pasado se cumplieron 300 años de su fallecimiento. No por ello deja de ser interesante, en especial una de sus obras que, últimamente, está volviendo a sonar, las Sonatas del Rosario en las que hace uso de una inmensa putada para el intérprete, la scordatura. ¿La qué? Sencillamente, consiste en cambiar la afinación del instrumento (en este caso del violín). Como no tienen porqué saber de qué va esto, imagínense que el teclado de su ordenador sigue siendo aparentemente el mismo pero que si Vds. aprietan la tecla donde habitualmente está la Q le salga la A, si aprietan la W les sale la S... y empezarán a entender la jugarreta que jugó Biber a los violinistas que se atreven a ejecutar su obra. Y empezarán a entenderla porque el simpático Heinrich no tuvo bastante con eso y cambia la afinación en casi todas las Sonatas. Es decir, que para una Sonata el teclado (sigamos con el símil informático) es normal, en la segunda se modifica de la forma antedicha, en la tercera si apretamos la Q no saldría ni la Q ni la A sino la Z... lo que me lleva a pensar que la madre de Biber debe ser recordada con cierta insistencia (e indudable maledicencia) por los intérpretes de estas piezas, por lo demás magníficas y dignas de ser escuchadas. Obviamente hay que ser un magnífico violinista para no hacer el ridículo al ejecutarlas. Además de lo antedicho, hay que tener en cuenta que esa interpretación forzada hace que el violín no responda de la forma acostumbrada. Todo eso debe ser considerado por el intérprete que verá como todos sus esquemas prefijados caen por los suelos (los intentos de burlar la burla del burlador Biber mediante el uso de varios violines previamente preparados, por ejemplo, no suenan igual). ¿Era Biber un "capullito de alhelí"? Espero que lo antedicho no se lo haga pensar así porque no sería cierto. Parece ser que lo que Biber buscaba es, precisamente, esa respuesta anómala en el violín y no porque sí ni por una vena sádica en el compositor, sino como una forma de adecuar música y contenido (los misterios del Rosario). A ver si me explico. Cada cambio de afinación supone un tiempo de adecuación durante la que el instrumento suena "raro". En las Sonatas correspondientes a los misterios dolorosos, el violín parece gemir, como si el instrumento participara del sufrimiento de los hechos relatados. Algunos de los intérpretes que se han atrevido con estas piezas aseguran que el dolor se extiende al propio violinista porque las cuerdas están tan tensas que resultan incómodas al efectuar la digitación. ¿A qué viene esto? A que hay veces que el hacer las cosas "como siempre" conduce al desastre. Ante un violín con scordatura no tiene sentido el empeñarse en que la nota X está aquí porque es así como es habitualmente de la misma forma que resulta absurdo el pretender que un teclado QWERTY y uno Dvorak tienen las letras en igual posición por muy habituados que estemos a los primeros. ¿Verdad que es sencillo? Pues no lo parece porque hay algunos a los que no les entra en la cabeza. La realidad tiene la mala costumbre de ser como es, con independencia de lo que deseemos. Servidor podría querer tener tanto dinero como Bill Gates, la inteligencia de Einstein, el físico de Schwarzenegger y los atributos del caballo de Espartero, pero la realidad es que tengo el físico de Bill Gates, el dinero de Einstein, la inteligencia del caballo de Espartero... Me venía esta ¿reflexión? a la mente al escuchar ayer la tertulia en el programa de Carlos Herrera en Onda Cero Radio. Aparte de los habituales temas políticos, uno de los "tertulianos", un tal Arcadi Espada, la emprendió contra la religión católica. Dado que soy ateo no voy a molestarme por ello, obviamente, salvo señalar que las malas formas pueden hacer que un buen mensaje sea rechazado. Vamos, que llamar al Papa "fósil" no me parece la mejor manera de comenzar una discusión. Pretender conocer el futuro asegurando que en "años" esa figura del papado desaparecerá por obsoleta me parece un atrevimiento salvo por la evidencia de que "años" pueden ser tres o cuatro milenios y no necesariamente 20 o 30 años. Tampoco el considerar las religiones como meras supersticiones me parece de recibo porque lo que entendemos al hablar de religión y de superstición son cosas completamente distintas... Pero no es eso lo que más me sorprendió sino su negación de que la mayoría de los españoles se consideran a sí mismos católicos. Ante las objeciones del resto de los contertulios que hicieron referencia a las múltiples encuestas que de forma unánime dicen lo contrario, salió negando la validez de las encuestas. Alucinante, pero cierto. Si la realidad no nos gusta, neguémosla. Todos sabemos que las encuestas no son perfectas, que adolecen muchas veces de errores propiciados por una mala elección de la muestra, por preguntas confusas, por errores de interpretación... pero de ahí a negar la validez de las encuestas en general media un gran paso, el mismo que separa lo sublime de lo ridículo (y que nuestros vecinos franceses identifican con el Paso de Calais). Tal vez sea obvio que, además, esta chorrada es inútil desde un punto de vista argumentativo. El que la mayoría de los españoles se consideren católicos o no, que el Papa, por tanto, sea un personaje cuyas valoraciones sobre moral, sociedad... sean atendidas (a priori) por más o menos gente no tiene nada que ver con el fondo del asunto que es si esas valoraciones son erróneas o acertadas. Supongo que todos Vds. pueden deducir lo que pasó a continuación. Aluvión de llamadas telefónicas y "emilios" a la emisora criticando las descalificaciones del Sr. Espada. ¿Qué tiene que ver eso conmigo? Pues, sencillamente, que el Sr. Espada ha frecuentado foros de correo escépticos. La verdad, hay veces que, de igual forma que la mejor forma de desprestigiar la Iglesia es dejar hablar a los obispos, la mejor forma de desprestigiar el escepticismo es dejar que hablen los escépticos máxime cuando alguno parece reflexionar más que con sus células grises con los atributos del caballo de Espartero o, si lo prefieren en román paladino, cuando piensa con los cojones. |