Escritos desde el páramo |
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Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2005. Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (I)Viene de aquí Después de inventarse unos cátaros irreconocibles hasta para la madre que los parió, D. Lorenzo se dedica a revisar (fabular, más bien) la historia de la Orden del Temple. Así que se va a Tierra Santa y, aprovechando que el Jordán pasa por allí, comienza a hablar de los Manuscritos del Mar Muerto (¿cómo no?) y ¿cómo no? vuelve a equivocarse: "Algo hubo de intuir porque preso de una celeridad inusitada adquirió cuatro rollos. En esos instantes no lo sabía, pero acababa de comprar los primeros textos sagrados de la historia del cristianismo." (Pág. 211) Pues va a ser que no. Entre los manuscritos de Qumrán (designación específica mucho más correcta que la genérica Manuscritos del Mar Muerto que incluye los manuscritos de Qumrán, de Masada, de Murabba´at... de épocas y contenidos muy diversos) no hay ni uno sólo en el que se mencione al cristianismo o a las personas que tuvieron que ver con su aparición. No busquen menciones a Jesús, Juan el Bautista, Pedro, Juan... porque no las van a encontrar. La razón es muy sencilla, la mayoría de los textos fueron escritos antes de que naciera Jesús y todos ellos antes de que el cristianismo fuera una religión claramente diferenciada del judaísmo. Por cierto, los cuatro rollos de marras eran 1QIsª, 1QpHab, 1QS y 1QapGen (aprovecho para aclarar que la designación de los textos de Qumrán se hace de la siguiente forma: en primer lugar se indica el número de la cueva en que se localizó que va de 1 a 11 -en la cueva 9 sólo se encontró un fragmento de papiro sin identificar y en la 10 un óstracon- seguido de la Q de Qumrán y, a continuación, la identificación específica mediante abreviaturas o mediante una serie numérica y en el caso de que haya dos manuscritos diferentes con el mismo contenido se indica de cuál se trata mediante pequeñas letras elevadas que siguen el orden alfabético). Lo que para el Sr. Fernández Bueno eran "los primeros textos sagrados de la historia del cristianismo" ¿qué son en realidad? Apliquemos lo que acabo de decirles: 1QIsª: Libro de Isaías procedente de la cueva nº 1 de Qumrán. Es el primer manuscrito (existe otro con el mismo contenido que está catalogado como 1QIsb -bueno, la "b" debería aparecer en pequeño y elevada-). 1QpHab: Pesher (comentario) al libro de Habacuc procedente de la cueva nº 1 de Qumrán. 1QS: Serek (regla de la comunidad) procedente de la cueva nº 1 de Qumrán. 1QapGen: Génesis apócrifo procedente de la cueva nº 1 de Qumrán. ¿Relación de todos ellos con el cristianismo? Pues aparte de que el libro de Isaías (como el resto del Antiguo Testamento) fue adoptado por el cristianismo, ninguna en absoluto. Ya sabemos que, una vez que D. Lorenzo comienza a hilar errores, lo difícil es conseguir que se detenga. Así nos descubre: "El 25 de noviembre de 1947, el profesor Eliézer Sukenik tuvo acceso a un fragmento con parte de su superficie escrita." (Pág. 212) En realidad, el profesor Sukenik adquirió para la Universidad Hebrea de Jerusalén tres manuscritos, 1QIsb (la segunda copia del libro de Isaías de la que hablamos antes), 1QH (Hodayot-Himno) y 1QM (Milhamah-Regla de la guerra). "Tras no pocas horas de análisis dictaminó que el lenguaje utilizado por aquellos remotos cronistas pertenecía al alfabeto hebreo denominado "cuadrado", un dialecto en curso doscientos años antes del nacimiento de Jesús." (Pág. 212-213) La ternilla a tomar por saco... El alfabeto hebreo cuadrado es un dialecto del hebreo, con un par como los del caballo de Espartero... Pues no. El alfabeto hebreo cuadrado es una evolución del alfabeto protohebreo (por cierto, el alfabeto hebreo cuadrado es el que todavía hoy se usa). Como cualquier evolución se fue produciendo a lo largo del tiempo y eso, el que registre pequeñas variantes, es lo que permite datar un fragmento por comparación con otros textos ya datados por otros métodos. En el caso concreto de Qumrán, la datación paleográfica fue posteriormente confirmada por C-14 cuando a partir de 1987 se pudo emplear la técnica de AMS (con anterioridad, hubiera habido que destruir grandes porciones de los manuscritos para efectuar la prueba del Carbono-14). Seguimos. "Incluso hubo quien se atrevió a afirmar que en las cuevas de Qumram se escondían parte de los "apócrifos" que narraban la vida de un Jesús bastante distinto al de los evangelios. Claro que dicho aspecto fue rápidamente negado por una Iglesia que desconocía lo que tenía entre manos." (Pág. 217) Si es que ya se sabe que hay gente capaz de afirmar cualquier cosa... ¿verdad, D. Lorenzo? En cualquier caso, lo de los manuscritos de Qumrán tiene su gracia. Hagamos un poco de historia. Después de las primeras adquisiciones de los manuscritos localizados por los beduinos, se hacía necesario tanto el adquirir lo que aún estaban en su poder (o en posesión de anticuarios) como efectuar excavaciones en la zona. Para todo ello hacía falta dinero... que el gobierno jordano no tenía. En distintas fases, patrocinaron las adquisiciones la Universidad McGill de Montréal, la Biblioteca Vaticana, la Universidad de Manchester, la Universidad de Heilderberg, el McCormick Theological Seminary de Chicago, la All Souls Church de Nueva York, la Universidad de Oxford, la American School of Oriental Research y la Koninlijke Nederlandse Akademie van Wetenschappen. Todas ellas recibieron, como compensación, el derecho de publicación de los manuscritos (por supuesto, previo estudio) así como el derecho de propiedad de parte de los mismos. Además, las excavaciones fueron realizadas por el Departamento de Antigüedades de Jordania y por la Escuela Bíblica Francesa de Jerusalén. Por si faltaba algo más para aumentar el caos, en 1961 el gobierno jordano declaró bienes nacionales los manuscritos que aún estaban en el Museo Arqueológico Palestino de Jerusalén lo que suponía la prohibición de que abandonaran el país. Como se trataba de una expropiación encubierta, el gobierno jordano compensó a las instituciones perjudicadas limitando el acceso a los manuscritos a un comité internacional de expertos formado por los representantes designados por las instituciones referidas. Por aquello de que "éramos pocos y parió la abuela" en 1967 Israel conquistó Jerusalén Este... incluido el Museo Arqueológico Palestino. El comité internacional (en el que, por cierto, había personas de diversas confesiones religiosas) se encontró con que pasó de depender del estado jordano a estar bajo supervisión del estado israelí lo que originó problemas diplomáticos y políticos. Además, el comité estaba formado por muy pocos miembros y la tarea era abrumadora así que la publicación de las traducciones avanzaba muy lentamente. Esto hizo que se corriera el bulo de que se trataba de un retraso deliberado por el contenido explosivo de los manuscritos, pero esto era rotundamente falso como pudo comprobarse en 1991. En previsión de un desastre que destruyera los manuscritos (no sé porqué pensaron eso si estaban en un remanso de paz y tranquilidad como era la Jerusalén de los años 50 y 60) se habían microfilmado todos los restos. Esta actividad fue financiada por Elizabeth Hay Betchel que recibió, como muestra de agradecimiento, una copia de los microfilms. A su muerte, ese material pasó a la Biblioteca Huntington que se ofreció a suministrar copias a cualquier persona que las solicitase. Además, la Biblical Archaelogy Society publicó la mayoría de las fotografías de los manuscritos que aún estaban inéditos. Ante esa situación, el gobierno de Israel (que estaba hasta las narices de que le acusaran de ocultamiento cuando se estaba limitando a aplicar los acuerdos alcanzados por las autoridades jordanas y las instituciones que habían pagado las adquisiciones y las excavaciones) publicó los microfilms de la totalidad de los manuscritos en 1993 (en 1997 se editaron en CD-rom). Conocidos los hechos, podemos evaluar las afirmaciones de D. Lorenzo. La Iglesia (supongo que se refiere a la católica) sabía perfectamente lo que se traía entre manos porque sí tenía (a través de la Biblioteca Vaticana) acceso al contenido de los manuscritos. Es cierto que en los manuscritos de Qumrán no hay ninguna referencia a Jesús ni escandalosa ni ortodoxa. Los que sugirieron lo contrario son los que no sabían lo que estaban diciendo porque como ni tenían ni tienen la menor idea de papirología, paleografía, hebreo... no formaban parte del comité internacional y, por tanto, no tenían acceso al contenido de los manuscritos (y ahora que sí lo tienen como cualquier otra persona que esté interesada en ellos tampoco saben de qué van). Estos "conspiranoicos" dudo que sepan lo que tienen entre manos hasta cuando están meando. "De lo que ya no tenía duda alguna, tras hablar con varios "iniciados", es que una vez dio comienzo el estudio de los manuscritos a cargo del equipo internacional reunido para tal fin, estos se cuidaron en demasía por distanciar las fechas de los escritos de la figura del nazareno." (Pág. 217) Si es que estos expertos no tienen vergüenza. ¿Quiénes son ellos para fechar unos manuscritos por comparación paleográfica y por evidencias arqueológicas -por cierto, y como ya dijimos, acertando con la datación posteriormente confirmada por el C-14-? ¿Qué técnicas poco fiables son ésas? Lo que tenían que haber hecho era hablar con unos "iniciados" (por cierto, ¿en qué están iniciados? ¿En jugar al mus? Pensándolo bien, no creo. Ése es un juego demasiado complejo...) y dar una datación del S II D.C., por ejemplo, pasando por alto el pequeño detalle de que el asentamiento de Qumrán fue destruido en el año 68 durante la Guerra Judía. ¿Y qué atrevimiento es ése de decir que allí no hay nada relacionado con Jesús? Tenían que haber dicho que habían encontrado el certificado de matrimonio de Jesús con María Magdalena, las partidas de nacimiento de sus hijos y una teta disecada de Agustina de Aragón por lo menos. Pero no se apuren, que el Sr. Fernández Bueno también tiene un experto a su disposición: "Sin embargo, a la cabeza me vinieron entonces las palabras pronunciadas en 1770 por Federico el Grande, quien sin pudor alguno afirmó en más de una ocasión que "Jesús estaba empapado de ética esenia." (Pág. 217). No vean el valor que tiene lo que dijo alguien en el S XVIII sobre una secta que ahora se conoce bien precisamente por los manuscritos de Qumrán. Por cierto, tal vez la próxima vez D. Lorenzo tenga a bien citar la frase de marras justo antes de empezar a hablar del supuesto matrimonio de Jesús y María Magdalena, añadiendo que los esenios permanecían célibes... ¿Jesús estaba empapado de ética esenia o levemente salpicado? Federico, por muy Grande que fuera, de tocar la flauta sabía mucho, pero de esenios no, por la sencilla razón de que entonces eran casi desconocidos. Su opinión, por tanto, no está fundada y traerla a colación es un nuevo disparate. No obstante, no sean Vds. duros con el Sr. Fernández Bueno porque él es un escéptico de tomo y lomo. Lean, lean: "Siendo sincero el primer pensamiento que se me pasó por la cabeza, objetivo y razonado, fue que de unir todos los fragmentos correspondientes a cada uno de los manuscritos y descifrar su mensaje, jamás nos harían partícipes del contenido de los mismos. Es probable que aquellas primeras crónicas fueran algo molestas para los jerarcas del Vaticano." (Pág. 219) ¿Qué les decía? Fíjense Vds. que hasta es capaz de elaborar un pensamiento "objetivo y razonado" que si se llegase a poder reconstruir la totalidad de los manuscritos de Qumrán, no le harían partícipe de su contenido. Ya sólo falta que nos aclare qué tiene eso de "objetivo y razonado" porque eso es su opinión, su creencia, su parecer... es decir, todo lo contrario de un pensamiento objetivo. Por otra parte, ¿tiene alguna razón para creer eso? ¿Conoce algún manuscrito de Qumrán que no esté microfilmado y accesible a quién lo desee porque lo haya impedido alguien para no molestar a la jerarquía vaticana? Más aún ¿por qué presupone que existe entre los restos fragmentarios algo que pueda resultar incendiario para la Iglesia? Ítem más, ¿de qué datos dispone Vds. para pensar que la Iglesia puede silenciar las investigaciones sobre los manuscritos de Qumrán? Si no tiene respuestas coherentes a estas preguntas, lo suyo tampoco es un pensamiento razonado. Me queda una duda, si su pensamiento "objetivo y razonado" ni es objetivo ni es razonado ¿es, al menos, un pensamiento o es una petunia? Lo más gracioso de todo esto, es que esa sabia reflexión surge de una noticia publicada en El Mundo en la que afirman que estaban intentando agrupar los fragmentos de los manuscritos mediante una investigación del ADN de las cabras de las que se obtenía ese material. Verán cuando se entere D. Lorenzo de que muchos de los manuscritos de Qumrán están escritos sobre papiro la desilusión que se va a llevar. En fin, que después de su sabia disertación sobre los manuscritos de Qumrán el Sr. Fernández Bueno pasea por las calles de Jerusalén: "Caminé por la Vía Dolorosa en un acto de contricción inimaginable." (Pág. 220) No, si no me extraña que después de escribir esas cosas, realizara un acto de contricción inimaginable. Es lo mínimo que podía hacer. Ya sólo falta que tenga propósito de la enmienda y no nos "obsequie" con "Los guardianes del secreto II" (eso no me lo creo ni yo). "Se fuera creyente o no, los cimientos de la cultura occidental estaban basamentados sobre los sucesos acaecidos en esta tierra, y eso no se podía obviar; y eso, en momentos tales, erizaba el vello y sobrecogía el alma." (Pág. 220) Pues nada, ya saben. Los cimientos de la cultura occidental están "basamentados" en algo. Vistos los frutos que da, la cultura occidental debe estar "basamentada" en arena. "El autor de espaldas al Muro de las Lamentaciones, lugar de culto y únicos restos del Templo de Salomón." (Pág. 223) Del de Herodes y, en realidad, tampoco son restos del Templo sino de un muro de contención de la terraza sobre la que asentaba (o "basamentaba"). En efecto, un lugar de culto en el que sólo faltaba la egregia ministra Dña. Carmen Calvo para que la cultura quedara patente. En fin, que llevamos dieciséis páginas de un capítulo dedicado a los Templarios y éstos no es que hayan estado muy presentes, la verdad. No se preocupen. D. Lorenzo comienza a hablar con un desconocido que resulta ser Salomón Vizenthal que, curiosidades de la vida, resulta ser un experto en la Orden del Temple, pero esto quedará para el próximo día. BIBLIOGRAFÍA: "Textos de Qumrán". Edición y traducción de Florentino García Martínez. Editorial Trotta S.A. Valladolid, 2000. "Paganos, judíos y cristianos en los textos de Qumrán". Textos de diversos autores con coordinación de Julio Trebolle Barrera. Editorial Trotta S.A. Valladolid, 1999." Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (II)Viene de aquí Decíamos ayer que el Sr. Fernández Bueno es abordado en plena calle por un tal Salomón Vizenthal. Como, por lo que se ve, D. Lorenzo "hizo novillos" el día que dijeron aquello de "No tenéis que hablar con desconocidos", se ponen a "darle a la húmeda". Por casualidad (o tal vez no) la conversación recae en los Templarios (afortunadamente, porque teníamos poco con la digresión anterior para que ahora se hubieran puesto a hablar de las variantes sobre la receta del bacalao al pil-pil) tema en el que el simpático ancianito de enorme pajarita multicolor es un experto. Así, en amena compañía, el Sr. Fernández Bueno y su nuevo álter ego se encaminan hacia el Muro de las Lamentaciones, un lugar cuyo nombre está más que justificado porque según D. Lorenzo: "En el interior del muro, los hebreos aumentan su fe y ello es visible en la virulencia de sus movimientos." (Pág. 224) No me extraña que los judíos hagan movimientos virulentos si alguien se empeña en situarlos "en el interior del muro" como si se tratasen de un sillar cualquiera. Y, por fin, llegan los Templarios: "Hugues de Payen, descendiente de los condes de Troyes, arribó a Tierra Santa a inicios de 1118 en compañía de otros ocho caballeros piadosos, diestros en el uso de las armas, y fueron acogidos con agrado por el rey Balduino II, necesitado de soldados capaces de dar la vida por su fe. De este modo el monarca les facilitó unos aposentos en la parte oriental de su palacio, junto a la mezquita de al-Akhsa..." (Págs. 225-226) En realidad, no tenemos ni idea de cuándo llegó Hugues de Payns a Palestina. Sabemos que fue señor de Montigny-Lagesse (unos 50 Kms. al S. de Troyes) y que formaba parte del séquito del poderoso conde Hugues de Champagne. Por tanto es posible (no hay ninguna prueba de ello) que acompañara a éste en su peregrinación a Tierra Santa en 1104-1105. Si lo llegó a hacer, regresó, no obstante, a Francia porque en 1113 firmó un documento como testigo del conde Hugues. Es probable (nuevamente tampoco hay ninguna evidencia de ello) que acompañara en 1114 al conde de Champagne cuando éste decidió establecerse definitivamente en Jerusalén (algo que, por cierto, no cumplió). Así las cosas, no hay ninguna razón para sostener que llegara a Jerusalén en 1118. Esta fecha supongo que se basa en la afirmación del cronista Guillermo de Tiro de que en dicho año se produjo la fundación de la Orden del Temple. Sin embargo, estaba equivocado. En el prólogo a la Regla del Temple se dice: "...nos reunimos en Troyes en la festividad de san Hilario, en el año de la encarnación de Jesucristo 1128, en el noveno año después de la fundación de la antes mencionada orden." [1] (Pág. 34) Por tanto, la fundación debió tener lugar en 1119, pero en numerosas zonas de Francia desde comienzos del S XII se consideraba que el nuevo año no comenzaba hasta el 25 de marzo, fiesta de la Encarnación de Jesús. Por tanto, el 13 de enero (festividad de S. Hilario) del "año de la encarnación de Jesucristo 1128" era, en realidad, el 13 de enero de 1129 y la fundación del Temple habría tenido lugar en 1120. El hecho que seguramente motivó su creación tuvo lugar en la Pascua de 1119, cuando un grupo de unos setecientos peregrinos que se dirigían al Jordán fue atacado por una partida musulmana que mató a cerca de trescientos fieles y capturó y vendió como esclavos a unos sesenta. Una última puntualización, lo que el rey Balduino II necesitaba no eran hombre capaces de morir por su fe sino hombres capaces de matar por su fe. En una carta que S. Bernardo dirigió en 1124 o 1125 al papa Calixto II sobre el propósito de Arnoldo, abad de Morimond, de establecerse en Tierra Santa, dice: "...¿a quién puede escapársele que lo que se necesita allí son caballeros capaces de guerrear en vez de monjes que canten y giman?" [2] (Pág. 30) "Las dimensiones descomunales de la nueva Casa del Templo contrastaba con el contado número de miembros que componía el colectivo en esos primeros tiempos. No en vano los fundadores cerraron las puertas a la integración de más guerreros en los nueve años previos al reconocimiento de la Orden de manera oficial." (Pág. 226) La sombra de Guillermo de Tiro y sus errores es alargada. Los fundadores no cerraron su puerta a nuevos miembros y, pese a que Guillermo de Tiro dijese lo contrario, sí aumentaron su número (si es que alguna vez fueron realmente nueve miembros) porque en caso contrario no se explica que seis de sus miembros volvieran a Europa en 1127 lo que hubiera dejado "en cuadro" a la Orden en Jerusalén e imposibilitada de cumplir sus funciones. Miguel el Sirio afirma que los caballeros iniciales fueron unos treinta lo que parece mucho más creíble. Que no tenían sus puertas cerradas se demuestra porque el conde Fulko V de Anjou se unió a ellos como seglar asociado durante su peregrinación a Tierra Santa en 1120 y porque Hugues, conde de Champagne, se hizo templario en 1125-1126 cuando regresó, esta vez sí de forma definitiva, a Tierra Santa. "Durante una década, tiempo que pasó el joven Hugues en su nueva morada, los historiadores insisten en afirmar que fue la etapa menos venturosa del nuevo colectivo, obligados a cumplir los rígidos parámetros de la Regla de San Agustín que asumieron, pero con privilegios contados." (Pág. 226) Sobre la palabra Regla sitúa una llamada a pie de página que indica: "Era la "Constitución" de la Orden, severas normas redactadas por San Bernardo de Claraval, que habían de acatar sin rechistar." (Pág. 226) Por de pronto, Hugues de Payns en esta época no tenía nada de joven. Si en 1100 ya aparece documentado como miembro del séquito del conde de Champagne, pueden imaginarse veintitantos años después lo mal que le cuadraba lo de "joven". Además, voy a plantearles una pregunta dificilísima ¿quién estableció los principios de la Regla de San Agustín? Pues según D. Lorenzo fue S. Bernardo. Evidentemente el Sr. Fernández Bueno "oye campanas y no sabe dónde". Confunde la primera Regla que adoptaron los Templarios (la de S. Agustín, porque ésa era la que profesaban los Canónigos del Santo Sepulcro que ejercían de Capítulo de Warmundo de Picquigny, Patriarca de Jerusalén y protector de los Templarios) con la Regla aprobada por el Concilio de Troyes que, además, tampoco fue redactada por Bernardo de Claraval (luego veremos algo más sobre este tema). "En el año 1127, abatido y consternado, Hugues de Payen regresó a su hogar con la intención de obtener el beneplácito de la aristocracia, y por ende, los correspondientes beneficios dinerarios para poner en marcha su proyecto: crear una orden de caballeros de estructura poderosa e indestructible. Tuvo fortuna. Cerca de la villa que regentaba, en Troyes, se celebró en el año 1128 un concilio al que acudieron representantes de la curia pontificia de dentro y fuera del país." (Pág. 226) En realidad la fortuna tuvo muy poco que ver, porque Hugues de Payns venía muy bien recomendado. Su viaje (que no tuvo nada de regreso al hogar y sí de gira propagandística) había sido precedido por una carta de Balduino II (anterior a octubre de 1126) a San Bernardo en la que le pedía que hablase a favor de las pretensiones templarias de obtener una nueva Regla, además de usar sus influencias ante monarcas y nobles para que obtuvieran fondos con los que sostener su lucha contra los enemigos de la fe. Alguno de los primeros caballeros del Temple pertenecían a importantes familias nobiliarias y también hicieron valer sus influencias. Teobaldo, el nuevo conde de Champagne y sobrino del ex-conde Hugues que se hizo templario en 1125 o 1126, dona a la Orden unas propiedades en Barbonne. Además, concede permiso a sus vasallos para que puedan ceder tierras a los Templarios. También el conde de Flandes les otorgó beneficios. Hugues de Payns desarrolló una gran actividad en estos años. Posiblemente comenzó su viaje visitando al papa Honorio II aunque no hay evidencias de ello, pero es lógico dado que uno de los motivos de su regreso era la obtención de una nueva Regla. El 31 de mayo de 1128 está en Anjou donde asiste a la toma de la cruz del conde Fulko V (al que ya conocía porque había sido seglar asociado al Temple durante su estancia en Tierra Santa). El conde Fulko tenía tal confianza en Hugues de Payns que éste interviene como mediador en un asunto espinoso, el conflicto que existía entre Hugues d´ Amboise (uno de los más importantes vasallos del conde de Anjou) y los monjes de Marmontier. Posiblemente asistiera el 22 de junio en Le Mans al matrimonio entre Geoffroy, primogénito del conde Fulko, y Mathilde, hija de de Enrique I de Inglaterra y viuda de Enrique V de Alemania (de este matrimonio surge la dinastía de los Plantagenet). En esa celebración o en cualquier otra circunstancia, Hugues de Payns fue recibido por el monarca inglés que donó para la orden una fuerte suma en oro y plata. A continuación pasó a Inglaterra y Escocia donde recibió nuevas donaciones y reclutó a una gran cantidad de voluntarios para que fueran a Jerusalén. A mediados de septiembre está en Cassel, en Flandes, donde recibe la confirmación de los benificios ya otorgados por el conde Guillermo Clito de manos del nuevo conde, Thierry de Flandes. No sólo la alta nobleza entrega bienes. También la pequeña nobleza y el pueblo hicieron lo propio. Si ello ya era importante con vistas al desarollo de la Orden aunque la economía del Temple no parece haber sido nunca precaria pese a lo que dijeran autores como Guillermo de Tiro y a que, posteriormente, la Orden exagerase la pobreza de sus propios orígenes en lo que no pasa de ser un mito etiológico (sencillamente, no es creíble tal penuria porque, aparte de las donaciones de los primeros miembros, contaban con rentas regulares como las treinta libras angevinas que recibían anualmente del conde Fulko, los ciento cincuenta besantes que entregaban los Canónigos del Santo Sepulcro, los ocho sextarios de grano que percibían de la iglesia de S. Bartolomé de La Motte-Palayson... y, además, con la protección del Rey y el Patriarca de Jerusalén) faltaba la concesión de una nueva Regla, acorde con su carácter peculiar de monjes-soldados. El 13 de enero de 1119 se reúne el Concilio Provincial de Toyes con el objetivo de dotar al Temple de una nueva Regla. Entre los asistentes se encuentran los más conocidos (e influyentes) religiosos de la época: "El primero fue Mateo, obispo de Albano, por la gracia de Dios legado de la Santa Iglesia de Roma; Renaud, arzobispo de Reims; Henri, arzobispo de Sens; y luego sus sufragantes: Gocelin, obispo de Soissons; el obispo de París; el obispo de Troyes; el obispo de Orleans; el obispo de Auxerre; el obispo de Meaux; el obispo de Châlons; el obispo de Laon; el obispo de Beauvais; el abad de Vézelay, que más tarde fue hecho arzobispo de Lyon y legado de la Iglesia de Roma; el abad de Cîteaux; el abad de Pontigny; el abad de Trois-Fontaines; el abad de Saint-Denis de Reims; el abad de Saint-Etienne de Dijon; el abad de Molesmes; el ya mencionado Bernard, abad de Claraval, cuyas palabras los antes mencionados elogiaron profusamente." [1] (Pág. 34) Es decir, San Bernardo, abad de Claraval, San Esteban Harding, abad de Cîteaux, San Hugues de Montaigu, obispo de Auxerre... Y con ellos la alta nobleza, los condes Fulko de Anjou, Teobaldo de Champagne y Guillermo de Auxerre, Nevers y Tonnerre. Se ha dicho, por las palabras antes citadas, que la Regla del Temple la escribió San Bernardo, sin embargo eso no es cierto. Según se indica en el documento conservado (posterior y que incluye modificaciones a la Regla aprobada en Troyes) el que tomó la palabra en primer lugar fue Hugues de Payns y los artículos fueron aprobados por consenso de los asistentes: "Y la conducta y comienzos de la Orden de Caballería oímos en capítulo común de labios del antes mencionado maestre, el hermano Hugues de Payens; y según las limitaciones de nuestro entendimiento lo que nos pareció bueno y beneficioso lo alabamos, y lo que nos pareció malo lo dejamos a un lado." [1] (Pág. 34) "Y quiso el concilio común que las deliberaciones que fueron hechas allí y la consideración de las Sagradas Escrituras que fueron diligentemente examinadas con ayuda de la sabiduría de mi señor Honorio, papa de la Santa Iglesia de Roma, y del patriarca de Jerusalén y con el asentimiento del capítulo, junto con el acuerdo de los Pobres Caballeros del Cristo del Templo que está en Jerusalén..." [1] (Pág. 35) Y en lo que pudiera haber de problemático en la nueva regla, lo dejan en manos del Papa y el Patriarca de Jerusalén: "...lo dejamos en manos de nuestro honorable padre el gran Honorio y del noble patriarca de Jerusalén, Esteban, quien conocía los asuntos de Oriente y los de los Pobres Caballeros de Cristo..." [1] (Pág. 34) Es más, ni siquiera fue San Bernardo el que la puso por escrito sino un tal Jean Michel: "Por lo tanto yo, Jean Michel, a quien fue encomendado y confiado ese divino oficio, por la gracia de Dios he servido como humilde amanuense del presente documento por orden del concilio y del venerable padre Bernardo, abad de Claraval." [1] (Pág. 34) Por más destacada que fuese la intervención de San Bernardo (que sin duda lo fue) la Regla demuestra tal conocimiento de la realidad cotidiana de los monjes-soldados que hay que atribuirla en lo esencial a los propios Templarios, posiblemente con la ayuda para su redacción del entonces Patriarca de Jerusalén, Warmundo de Picquigny, que no llegó a ver su aprobación porque falleció en el verano de 1128. Por cierto, el que en el documentos antes citado aparezca como patriarca de Jerusalén Esteban (de la Ferté) que sólo lo fue desde finales del verano de 1128 prueba que la fecha real del Concilio de Troyes no pudo ser la del 13 de enero de 1128, como ya dijimos antes. Ajeno a toda esta historia, prosigue D. Lorenzo por boca del experto (o algo así) D. Salomón: "El evento hubiera pasado a ojos de la historia desapercibido de no ser porque a él acudió el abad de Claraval, hombre culto, teólogo fervoroso y de gran carisma que habría de contribuir a que los anhelos de Hugues se hicieran palpables. Era San Bernardo, fundador de la sagrada congragación cisterciense y firme defensor de la creación de al orden guerrera para acabar con todo aquello que se opusiera al cristianismo católico romano." (Pág. 226) Como ya hemos visto, San Bernardo fue uno más de los asistentes entre los que se encontraban personas de más alto rango en la jerarquía eclesiástica y, al menos, una persona tan influyente como él, San Esteban Harding. Por cierto, San Bernardo no fue el fundador del Císter (nombre que deriva de la denominación latina de Cîteaux -Cistercium-, cuyos tres primeros abades, San Roberto de Molesmes, San Alberico y San Esteban Harding son considerados -en especial este último como redactor de la Carta de Caridad- como los fundadores de la orden cisterciense) aunque sí fue su principal impulsor en esa época. "Acostumbrado a batallar en el campo de la dialéctica con monarcas, obispos y nobles, al finalizar el concilio Bernardo logró consumar con éxito sus propósitos; por un lado dejar constituida la Orden de los Caballeros Pobres del Templo de Salomón, y por otro, evitar que adquirieran demasiada libertad en sus actos, punto que solventó dictando él en persona la Regla Templaria, en la que incluyó los dictados más rígidos de la suya propia, esto es, la cisterciense." (Págs. 226-227) Por de pronto, San Bernardo no pudo dejar constituida la Orden del Temple en el concilio de Troyes porque ya lo estaba, la Regla que aprobó el Concilio de Troyes no fue dictada por San Bernardo (como ya vimos) y aunque se basa en la interpretación cisterciense de la Regla de San Benito, está adaptada a unas circunstancias que no tenían igual en ninguna orden monástica ya existente. La verdad, no parece que a San Bernardo se le hubiera podido ocurrir la conveniencia de que los Templarios de Ultramar dispusieran de camisas de lino desde la Pascua hasta Todos los Santos (punto 20 de la Regla del Temple) o que ropa y calzado debían ser fáciles de quitar y poner (punto 18 de la Regla del Temple). "A fin de garantizar la buena marcha y expansión de la misma, en el año de 1130 el citado Bernardo escribió la declaración de intenciones que había de caracterizar al buen templario en su obra De laude novae militiae ad Milites Templi. (Pág. 227) La realidad que hay detrás de "Liber ad milites Templi de laude novae militiae" (literalmente, "Libro a los soldados del Templo acerca del mérito de la nueva milicia", y más conocido por "Elogio de la nueva milicia templaria") es mucho más compleja que un mero deseo de San Bernardo de ejercer de propagandista de la Orden. Por de pronto, el título ya especifica a quién se dirige "ad milites Templi" (a los soldados del Templo, es decir, a los propios Templarios). Esto queda confirmado en el Prólogo, dirigido a Hugo, Caballero de Cristo y maestre de su Milicia (es decir, a Hugues de Payns, el maestre de los Templarios): Una, y dos, y hasta tres veces, si mal no recuerdo, me has pedido, Hugo amadísimo, que escriba para ti y para tus compañeros un sermón exhortatorio." [3] (Pág. 39) ¿Por qué solicitaba con insistencia Hugues des Payns a Bernardo que escribiera un sermón exhortatorio destinado a los que ya eran templarios? Porque pese a la aprobación del Concilio de Troyes y al éxito de su gira europea, entre los propios Templarios había dudas (reflejo de las que existían en la propia Iglesia) sobre su misión. Probablemente en 1128, una carta de Guigues, prior de la Gran Cartuja, dirigida a Hugues de Payns no deja lugar a dudas de que no todo el mundo dentro de la Iglesia tenía una visión positiva de la nueva Orden: "En efecto, es vano atacar a los enemigos exteriores si no dominamos primero nuestros enemigos del interior..." [4] (Pág. 45] y después cita la Epístola a los Efesios: "Pues no es contra adversarios de carne y hueso contra los que tenemos que luchar..." [4] (Pág. 46) Que estas dudas afectaban también a los propios Templarios, queda demostrado por la Carta firmada por un tal Hugo Peccator (en el que se ha querido ver erróneamente al propio Hugues de Payns) y dirigida a los hermanos de Ultramar (es decir, a los Templarios de Palestina porque fue escrita en Europa. Cuando la palabra Ultramar se escribía en Palestina significaba, por el contrario, Europa) en el que se calificaba la consideración de que las actividades militares de la Orden apartaban a los monjes de lo que debía ser su verdadera dedicación (la oración) de astucias diabólicas. Eso sí, reconoce que eso ha hecho surgir dudas en el propio seno de los monjes-soldados y, para combatirlas, exhorta a los Templarios a abandonar las dudas porque el dudar es símbolo de orgullo. En última instancia, es un llamamiento a la obediencia ciega y una puerta abierta al fanatismo. Aunque no fue el redactor de esta Carta, sin duda Hugues de Payns la aprobaba, pero quería aún más, que eso mismo lo dijera (y lo razonara) alguien que pudiera acabar de una vez y para siempre con esas dudas que amenazaban la propia existencia de la Orden cuando comenzaba su gran expansión. Por ello pide insistentemente a Bernardo de Claraval que ponga "manos a la obra". Sin embargo, Bernardo de Claraval se hace de rogar. ¿Por qué? Ya dijimos que él mismo era consciente de la necesidad de enviar tropas y no monjes a Palestina. Tuvo una intervención destacada en el Concilio de Troyes en el que, además, debió quedar impresionado por el propio Hugues de Payns. Añadamos que Hugues de Champagne y Bernardo de Claraval eran íntimos amigos de antiguo porque habían sido los condes de Champagne los que donaron los terrenos en los que se construyó la abadía de Clairvaux (o de Claraval). Por si todo ello era poco, su tío materno, André de Montbard, se hace Templario en 1129 (aunque algunos digan que fue uno de los supuestos nueve miembros fundadores no es cierto. Cuando se fundó el Temple tenía unos diecisiete años -demasiado joven- y, además, está documentada su presencia en Francia ya que aparece como testigo en varios documentos). ¿Por qué entonces ese retraso? Posiblemente, el propio Bernardo tenía dudas. En 1125 o 1126, cuando supo que Hugues de Champagne íba a tomar el hábito templario (es una forma de hablar, porque entonces, al parecer, aún no usaban hábito) le mandó una carta felicitándole por su decisión de abandonar su posición privilegiada, sus riquezas... pero, a la vez, le reprochaba veladamente que no se hubiera hecho monje cisterciense. En 1129, en una carta dirigida al obispo de Lincoln insiste en que el monje que se retira a un monasterio es superior a un cruzado y que Clairvaux es un reflejo de la Jerusalén celestial. Por tanto, Bernardo hubo de superar su propio escepticismo al respecto antes de poder escribir el "Elogio de la nueva milicia templaria" en el que consagra la superioridad del monje-soldado sobre el propio monje. No obstante, ni por ésas consiguió solventar las propias dudas templarias al respecto. El que, por ejemplo, el propio André de Montbard acabara renunciando al puesto de Gran Maestre del Temple para retirarse a Clairvaux, es una muestra de ella. Esto es lo que subyace en "Elogio de la nueva milicia templaria" y no un mero deseo propagandístico. NOTAS: [1] Citado en El código templario de J. M. Upton-Ward. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000. [2] Citado en Templarios. La nueva caballería de Malcolm Barber. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. [3] Citado en Elogio de la nueva milicia templaria de Bernardo de Claraval. Introducción de Javier Martín Lalanda. Traducción de Iñaki Aranguren. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2005 [4] Citado en Auge y caída de los Templarios de Alain Demurger. Traducción de Fabián García-Prieto. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (III)Viene de aquí Sin embargo, aunque cometa errores, de momento se ha mantenido por terrenos más o menos juiciosos. El "despelote esotérico" comienza en este punto: "Hay una cuestión que ha intrigado a personas como tú a lo largo de los decenios, referente a la estancia de nueve años de los primeros caballeros en las dependencias del Templo, aún sin constituir oficialmente y abrazados a la Regla de San Agustín que profesaban los canónigos del Santo Sepulcro. ¿Defender los caminos, en especial el peligroso trayecto que discurría desde el puerto de Jaffa hasta la Ciudad Santa? No es probable. Nueve caballeros, por valientes o fanáticos religiosos que estos fueran jamás hubieran podido combatir contra asaltantes, asesinos, y las terribles huestes musulmanas, deseosas de recuperar el territorio en el que se asentaba el infiel." (Págs. 228-229) Por de pronto, y como ya dijimos, lo de los nueve caballeros es un error de Guillermo de Tiro que es contradicho por otros dos cronistas que se ocuparon de los inicios de la Orden del Temple, Miguel el Sirio y Walter Map. Además, nueve Caballeros no significa que sólo fueran nueve hombres porque, también lo dijimos, las peculiaridades de los monjes-soldados eran numerosas, algo bastante lógico habida cuenta de que no existía nada semejante en la Iglesia (la que con el tiempo se convertiría en la Orden rival del Temple, la del Hospital de San Juan de Jerusalén, adoptó un carácter militar por imitación de los Templarios y los Caballeros Teutónicos, de momento, aún no existían). Por ello, existían figuras como la de los caballeros seculares (es decir, caballeros que no profesaban los votos y que se unían a los Templarios de forma temporal. Uno de ellos, ya lo dijimos, fue el conde Fulko de Anjou) además de distintas categorías dentro de la propia Orden en la que los Caballeros eran el estamento superior, pero junto a ellos existían los sargentos y los escuderos. Por otra parte, los Templarios no eran los únicos que se dedicaban a ejercer de escoltas para los peregrinos. Mucho antes de que se fundara el Temple (en 1120) y, más concretamente, en 1106-1107 realizó el viaje a Tierra Santa un abad ruso de nombre Daniel. En su relato señala que en el trayecto entre Hebrón y Jerusalén tuvo la fortuna de contar con una escolta armada. El proteger a los peregrinos fue siempre una prioridad para las autoridades francas, pero no siempre contaban con los hombres necesarios para poder hacerlo. Por ello precisamente se explica el apoyo a la creación del Temple demostrado tanto por el rey Balduino II como por Warmundo de Picquigny, el Patriarca de Jerusalén, pero no hay razón para suponer que se les encomendara esta labor en exclusiva. Ya vimos el trágico suceso que, posiblemente, motivó la creación del Temple, la matanza de trescientos peregrinos que acudían al Jordán en la Pascua de 1119. Poco después, en torno a 1120, Warmundo de Picquigny y Gerardo, prior del Santo Sepulcro, enviaron una carta de petición de auxilio a Diego Gelmírez, arzobispo de Santiago de Compostela, solicitando que enviase hombres, dinero... lo que fuese, porque el reino franco de Jerusalén se encontraba en un momento crítico, atacado por todas partes y tan imposibilitado de defenderse que las partidas incursoras musulmanas llegaban hasta las puertas de Jerusalén. Transmiten una imagen de inseguridad generalizada y, sin embargo, no se reprodujo una matanza de peregrinos como la del año anterior. Si los Templarios fueran tan inoperantes como se nos quiere hacer creer ¿cuál fue el factor que impidió que la masacre se repitiese? "Además, como ya te he dicho anteriormente, en ese periodo de tiempo se cerraron herméticamente al exterior, evitando el contacto con otras órdenes y negando la entrada a aquellos deseosos de unirse a su causa." (Pág. 229) Ya vimos que no se cerraron a nuevas incorporaciones. Tanto es así que de hecho las hubo, pero ¿es cierto que evitaron el contacto con otras Órdenes? Para nada. Ya dijimos que estaban tan bien relacionados con los Canónigos del Santo Sepulcro que incluso recibían su ayuda económica por no hablar de que fueron ellos los que les cedieron un lugar cerca de la mezquita de al-Aqsa para que pudieran seguir los oficios monásticos. Además, las principales fuentes documentales para conocer la historia de los Templarios en Palestina son, precisamente, sus relaciones con otras Órdenes. Por ejemplo, en diciembre de 1120 Hugo de Payns actúa como testigo de la confirmación de los privilegios que Balduino II otorgó a los Hospitalarios. En octubre de 1125 es Roberto, Caballero Templario, el que hace lo propio en la exención de diezmos que concedió el obispo de Nazaret a los Hospitalarios. Es más, de los siete documentos que mencionan al Temple en Palestina entre 1129 y 1148, seis tienen como tema principal la actividad de los Canónigos del Santo Sepulcro. ¿De dónde se saca, entonces, la falta de relación entre los Templarios y las restantes órdenes religiosas radicadas en Palestina? Misterio, pero como de lo que se trata es de fomentar el bulo de que eran una orden esotérica, por narices tenían que ser un grupo cerrado y mantenerse aislados de las demás organizaciones religiosas. El único "problemilla" es que como la documentación niega lo uno y lo otro, la consideración del Temple como ente esotérico se va al garete pero como no es cuestión de que la realidad niegue una buena historia se prescinde de las fuentes históricas que para eso existen los "iniciados" que guardan una "tradición" o reciben una "revelación" aunque ni una ni otra valgan un pimiento como ya veremos al hablar de la "tradición esotérica sobre el Temple". Si los Templarios no se dedicaban a proteger a los peregrinos ¿qué puñetas hicieron durante esos nueve años? Vamos a verlo: "Horadaron en el subsuelo retirando las escorias acumuladas por los siglos, buscando algo que sabían allí oculto. Y es muy probable que lo encontraran, parte de un tesoro olvidado en el que se aunaban varias toneladas de oro, plata, y lo más importante: una "biblioteca" rebosante de manuscritos." (Págs. 230-231) Y un jamón con chorreras que también estaba allí escondido. Ni hay la menor prueba de que existiera tal tesoro ni de que los Templarios se dedicaran a jugar a Indiana Jones cosa que, además, hubieran tenido bastante difícil de hacer porque el lugar en el que estaban radicados los Templarios (recordemos que era en la Explanada del Templo, junto a la mezquita de al-Aqsa) era parte del palacio de Balduino II y ése no era, precisamente, el lugar más adecuado para liarse a hacer excavaciones sin que éstas fueran advertidas. Por otra parte, ¿qué se supone que iban a hacer los Templarios con una biblioteca compuesta de manuscritos (¿hebreos? ¿arameos?...) cuando la Regla latina tuvo que ser pronto traducida al francés (y al catalán) porque la mayoría no entendía más que su propio idioma? No nos olvidemos de que los Caballeros Templarios no eran unos intelectuales, eran soldados. "Esta hipótesis me fue refrendada cuando tenía 25 años, en el lejano mes de noviembre de 1954, y vivía en Luxor. Una mañana, mientras tomaba café en el viejo hotel Winter Palace, leí en un diario británico una información que en aquellos instantes despertó mi curiosidad pero nada más... El periodista hablaba de unos pergaminos descubiertos por beduinos en las orillas del Mar Muerto dentro de unas cuevas, y más concretamente de uno de los escritos que había sido traducido por técnicos de la Universidad de Manchester. El contenido, intranscendente a simple vista, tomó importancia conforme inicié mis estudios. Hacía mención a un tesoro situado en el Templo, formado por varios pesos de oro, enseres sagrados y plata. Pero eso carecía de valor frente a la enorme cantidad de pergaminos que permanecían allí escondidos -siempre según el texto-." (Pág. 231) ¡Qué bonita sucesión de disparates! Por de pronto ¿cómo puede refrendar la hipótesis de que los Templarios se pusieron en torno a 1120 a buscar un tesoro en el emplazamiento de los antiguos templos de Jerusalén el que uno de los manuscritos de Qumrán, que no se empezaron a conocer hasta 1945, hiciera referencia a un tesoro? ¿Los Templarios era videntes? El resto de las afimaciones son, además, absolutamente falsas (algo a lo que, supongo, ya se habrán acostumbrado). A lo que se refiere, de forma tan desinformada como siempre, es al llamado Rollo de Cobre (les recomiendo la lectura, si no lo han hecho ya, del artículo enlazado, magnífica obra, pese al pseudónimo, de Julio Arrieta). Comencemos por el principio, 3Q15 (su nombre técnico) no es un pergamino, no fue encontrado por beduinos y en 1954 es imposible que nadie leyera en un periódico su contenido porque se comenzó a traducir en 1956 (salvo error por mi parte, la primera traducción íntegra fue publicada en 1960). Además no hace mención a ningún tesoro situado en el Templo y sí a múltiples depósitos escondidos por toda Palestina. Se menciona en tres ocasiones la presencia de textos escritos en los escondrijos: "En la cueva de la columna con dos entradas, orientada al Este, en la entrada Norte excava tres codos: allí hay un ánfora, en ella un libro, debajo de ella cuarenta y dos talentos." [1] (Pág. 478) "En el canal que hay en el camino al Este de Beth-ajsar, al Este de Ajzar: vasos de diezmos y libros y una barra de plata." [1] (Pág. 479) "En el tunel que hay en Sejab, al Norte de Kojlit, que se abre hacia el Norte y tiene tumbas en su entrada: un duplicado de este escrito y la explicación, y sus medidas, y el inventario de todas y cada una de las cosas." [1] (Pág. 480) Así pues ¿de dónde se saca que esté hablando del Templo de Jerusalén y que haya una enorme cantidad de pergaminos escondida en él? Otro misterio más a añadir a la lista. En cualquier caso, al ser el talento (además de algo que cada día se echa más en falta en determinados escritores) una medida de peso que varió a lo largo del tiempo (y con diversos valores, además, para distintas culturas) la cantidad que, supuestamente, se encontraba en el depósito con los libros (en el único caso -el primero de los señalados- en que se menciona una cantidad considerable de plata, en realidad sólo hay la "importante cantidad" de un libro) podía oscilar entre unos 840 Kgs. y 1.260 Kgs. de plata, una cantidad importante pero menos habida cuenta de las cifras que manejaba el Temple. Hasta el momento carecíamos en español de un estudio serio y riguroso sobre las finanzas de los Templarios. Sabíamos que habían recibido cuantiosas donaciones en forma de dinero, bienes muebles... además de inmuebles que generarían unos ingresos regulares e importantes a la Orden. También era conocido que sus gastos eran cuentiosos (la guerra nunca ha sido algo barato) y suponíamos (por sus actividades mercantiles) que la diferencia entre unos y otros era un abultado superávit, pero nadie se había puesto a realizar unas estimaciones concretas. Hoy, con una inmensa satisfacción por mi parte, puedo anunciarles que ese estudio ya existe y les recomiendo muy vivamente que procedan a gastarse unos dinerillos en adquirirlo en la seguridad de que no les va a defraudar. Se trata de "Los Templarios y el origen de la banca" de Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Dilema Editorial. Madrid, 2004. En 1148 los Templarios realizan la primera gran operación económica que conozcamos, el préstamo a Luis VII de Francia de 2.000 marcos de plata (es decir, unas 6.000 libras tornesas o lo que es lo mismo, 484 Kgs. de plata) [Op. cit. pág. 36] Diecinueve años después del Concilio de Troyes, la economía del Temple es tan saneada que pueden disponer de esa importante cantidad (bien es cierto que dejando a la Orden con problemas económicos). ¿Procedían estos fondos del supuesto tesoro encontrado en el Templo? Para nada. Veamos las estimaciones del Sr. de la Torre Muñoz de Morales: "Hemos estimado que las encomiendas no militares del Temple producían unos ingresos anuales de en torno a 197.245 libras tornesas de tiempos de San Luis, o unos 15.928 kilogramos de plata. Como la regla templaria muestra que efectivamente el Temple mantenía un tesoro en Ultramar, lo que se puede apoyar en el hecho de que la Orden otorga importantes préstamos en Oriente al menos desde 1147, cabe plantearse el origen de dicho tesoro. Nosotros creemos que la fuente del mismo reside en el excedente que los envíos de dinero desde Europa a Ultramar (las responsions) suponían sobre los gastos militares del Temple durante el S XII. Hemos estimado cómo el importe de dichos envíos estaba en torno a 65.748 libras tornesas al año, o 5.309 kilos de plata. También hemos estimado cómo los gastos militares del Temple no debían sobrepasar las 32.837 libras tornesas. o 2.652 kilos de plata. De esta forma, creemos que en circunstancias normales, el Temple era capaz de acumular 23.636 libras tornesas al año, lo que equivale a 1.907 kilos de plata." [Op. cit. Págs. 34-35] Éste es el origen del tesoro de los Templarios del que, por cierto, tendremos ocasión de volver a hablar en próximas fechas. Así que nada de excavaciones en el Templo, tesoros enterrados ni verduras de las eras. Sencillamente, generaban una inmensa cantidad de dinero con la explotación de sus encomiendas en Occidente y enviaban a Oriente un tercio de esos fondos (las responsions) lo que permitía presentar un superavit muy saneado pese a que los gastos eran también enormes. Prosigamos con D. Salomón-Fernández Bueno: "Y es posible que entre esos manuscritos escondidos en el subsuelo de Jerusalén se encontraran parte de los evangelios apócrifos que tan de moda están hoy en día y que nos muestran un Jesús más humano; las bodas del "mesías" y la Magdalena; el misterio de su descendencia y, quizás, lo más importante: la verdadera identidad de ese al que San Juan, el Evangelista, llamaba Tomás Dídimo, palabra que procede del griego "didyme". ¿Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Rey de los Judíos tenía un hermano idéntico a él? Es más que probable..." (Pág. 231) ¡Qué arte para la fabulación, Dios mío...! No ha sido capaz de demostrar que existiera tal depósito de manuscritos en Jerusalén y pretende identificar su contenido con unos evangelios apócrifos que tampoco ha demostrado que existieran en los que se narrarían unos "hechos" que tampoco ha demostrado que existieran. A esto, en mi pueblo (que somos un poco brutos) le llamamos "ir de culo, cuesta abajo, sin frenos y con la carretera engrasada". Por cierto, la palabra Dídimo procede del griego "didimos" (gemelo) y es la traducción de Tomás que en arameo significa lo mismo. Según el apócrifo Evangelio de Santo Tomás el nombre de Tomás Dídimo (es decir, el gemelo -en arameo-, el gemelo -en griego-) era Judas con lo que, posiblemente, del que se creía que era hermano gemelo era de Santiago si se admite la identificación de Judas Tomás Dídimo con el Judas de la Carta de Judas: "Judas, servidor de Jesucristo y hermano de Santiago..." (Jd. 1, 1) Como parece que hasta el propio D. Lorenzo se da cuenta de que la presentación de pruebas no va por buen camino, se siente en la obligación de decir algo al respecto: "No era la primera vez que oía una narración similar, carente de pruebas, parte de una tradición oral escrita en el tiempo y en unos manuscritos custodiados por alguien muy interesado en mantener oculto el "legado". Eran demasiadas voces para pensar que todo formaba parte de una maquiavélica invención." (Págs. 231-232) Por una vez voy a estar de acuerdo con D. Lorenzo, esa narración está "carente de pruebas". Es más, añadiría que está carente de cualquier cosa que semeje una evidencia, prueba... En lo que no voy a estarlo es en el carácter de tradición oral. De verdad que "El enigma sagrado" es un texto escrito que no pertenece a la tradición oral y "escrito en el tiempo" ¿qué quiere que le diga? Yo lo tengo escrito en un papel de lo más normal. Tampoco hablaría de "maquiavélica invención" y sí de "invención crematística". Después de esto, no podía faltar la "guinda del pastel", vuelve el magistral Geofredo a ejercer de Pierre No-doy-una: "Amigo mío, los monjes guerreros acuñaron monedas..." (Pág. 232) Mal empezamos. Confunde los sellos del Temple (que es en los que aparece la Cúpula de la Roca y el caballo con dos jinetes) con monedas. "Es irónico que aquellos que alcanzaron un poder militar y dinerario sin precedentes hasta entonces, que construyeron catedrales y se convirtieron en banqueros de monarcas y nobles predicaran un voto de pobreza." (Pág. 233) ¡Qué divertido! ¿Qué catedrales construyeron los Templarios? ¿Qué obispos templarios existieron para que necesitaran construirlas? ¿Que Charpentier dice...? Pues como si se opera, porque las auténticas construcciones templarias son pequeñas, casi desprovistas de decoración, de una humildad extraordinaria en la que no es nada difícil ver la influencia de la arquitectura cisterciense, es decir, todo lo opuesto a las catedrales góticas que ni fueron construidas por Templarios ni nada que se le semeje. Nuevamente estamos ante la táctica de ver si a base de repetir una afirmación (por supuesto, sin pruebas) termina por ser creída. Por cierto, el voto de pobreza era, por supuesto, individual. Es decir, el Templario renunciaba a poseer bienes propios lo que no significaba que la Orden no pudiera tenerlos. Después de tan sensacional ejemplo de patinaje sin hielo, regresan D. Lorenzo y D. Salomón, mejor dicho, regresa D. Lorenzo porque D. Salomón desaparece misteriosamente (para mí que ya se ganó las alas), así que la plena responsabilidad por los próximos errores recae en el Sr. Fernández Bueno (y hay unos cuantos como iremos viendo en próximos días). NOTAS: [1] Citado en Textos de Qumrán. Edición y traducción de Florentino García Martínez. Editorial Trotta. Valladolid, 2000. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (IV)Viene de aquí Ya a solas con si misma mismidad, el Sr. Fernández Bueno prosigue con su repaso a la historia (¿?) del Temple: "Sin embargo, el poder definitivo llegó cuando el Papa Inocencio II dictó la bula Omne datum optimun mediante la cual los caballeros templarios quedaban liberados, si es que alguna vez no lo estuvieron, del yugo de los reyes de cada país, debiendo obedecer exclusivamente a la autoridad pontificia." (Pág. 234) Pues muy divertido, pero la importancia de la bula Omne datum optimum (29 de marzo de 1139) es doble. Por un lado suponía el fin de las dudas que habíamos visto en el artículo anterior. Puesto que el Papa había hablado con total claridad calificándolos de defensores de la Iglesia y prometiendoles el perdón de sus pecados, ya no había lugar para cuestionarse su papel. Por otra parte, consagraba su autonomía. Esta independencia se estructura en torno a dos temas distintos, económico y nombramiento de los sacerdotes. Desde este momento los Templarios no están obligado al pago de diezmos y, por el contrario, pueden cobrarlos. Tampoco nadie puede exigirles parte alguna de los botines que caigan en su poder. En cuanto al nombramiento de sacerdotes, hasta ese momento dependían de los curas que las autoridades eclesiásticas quisieran concederles. La Omne datum optimum permitía que la Orden tuviera sus propios sacerdotes (y templos) que le deberían obediencia no a ningún obispo sino al propio Maestre del Temple. Todo ello suponía que el Temple se independizaba no del poder real sino de la jerarquía eclesiástica puesto que sólo dependían del Papa. "En 1146 Eugenio III les autorizó a portar los hábitos blancos, y lo que es más importante, la cruz "pattée", roja como la sangre, y colocada sobre el corazón, que siglos más tarde adornaría las velas de tres naves capitaneadas por un marinero desconocido dispuesto a abrir una rita comercial ignota hacia las Indias..." (Pág. 234) Dejaremos de momento a Colón (ya tendremos ocasión de hablar largo y tendido sobre él) y vayamos a las vestimentas de los Templarios que ni eran blancas (así, en general) ni su uso les fue autorizado en 1146. Ya en el Concilio de Troyes (1129) se recoge que los Caballeros tenían que vestir de blanco como símbolo de castidad y pureza (artículo 17 de la Regla) mientras que los Sargentos debían hacerlo de marrón o negro. Por tanto, en 1147, lo único que se les autorizó es a portar la cruz roja sobre sus hábitos, algo que antes les estaba prohibido puesto que no podían llevar ningún adorno en sus ropas (artículo 18 de la Regla). Un estudio más detallado de la indumentaria de los Templarios pueden encontrarlo aquí y aquí, ambos de mano de José Ignacio Villar Soto. "Las posesiones de los monjes continuaban ascendiendo a un ritmo vertiginoso, al igual que la soldadesca que integraba sus filas. Al cabo de pocos años las casas y encomiendas que regentaban en Europa sobrepasaban con creces las mil, y el poderoso ejército templario estaba constituido por más de 50.000 hombres dispuestos a tomar las armas en nombre de la justicia divina." (Pág. 234) En realidad, las estimaciones más serias calculan que el número de casas y encomiendas no superaba las mil, la mayoría de ellas en Francia (unas 660) [1] (Pág. 350). Por si les interesa saberlo, las cifras que da Gonzalo Martínez Diez para España son 32 encomiendas en el reino de Castilla, 15 encomiendas en el reino de Aragón, 15 encomiendas en Cataluña, 4 encomiendas en el reino de Valencia y 1 encomienda en el reino de Mallorca [2] (Págs. 423-429). En total, 67 encomiendas y no todas existieron simultáneamente. Si comparan estas cifras con los cientos y cientos de lugares templarios en nuestro país de los que hablan los escritores esotéricos se darán cuenta de que, sencillamente, están fabulando sobre lugares que de Templarios nunca tuvieron nada. Por otra parte, lo que era propiamente el ejército Templario en Palestina (es decir, los hermanos Caballeros y los hermanos Sargentos) se calcula que en los decenios 1180-1190 no sobrepasaban los 3000 hombres (600 caballeros y 2000 sargentos) [3] (Págs. 112-113). Eso no quiere decir que no pudieran disponer de más hombres porque, en caso de necesidad, contrataban mercenarios como los turcópolos (tropas de caballería ligera que procedían de la población franca de Palestina) o soldados especializados en el uso de máquinas bélicas. Tampoco quiere decir que ese fuera el número de Templarios. Con frecuencia se olvida que no todos los Templarios combatían, es más, los soldados eran una minoría ya que el mantenimiento y la explotación de las numerosas casas y encomiendas en Europa empleaban a muchos más hermanos que el convento (es decir, las tropas móviles) y las guarniciones de las fortalezas templarias de Palestina. Aunque a esas cifras anteriormente citadas habría que sumar las desplegadas en los reinos de España (que, sin duda, serían números menores) aun así estaremos muy lejos de los 50.000 soldados que dice tan alegremente D. Lorenzo. "Manejando los hilos de la corona se encontraba un depravado personaje cuyas ansias de poder absoluto estaba por encima de cualquier cosa. Felipe IV "el Hermoso" jamás congenió con los mandatarios de la Orden: no en vano tuvo que sufrir la humillación de ser uno de los más importantes deudores de la banca templaria, y el tesoro real, ínfimo en calidad y cantidad comparado con las arcas del Temple, era "custodiado" en la Casa de estos en París, en el cuartel general de los monjes guerreros para mayor vergüenza del Rey..." (Pág. 235) Vamos a ver qué hay de cierto en eso. Cuando Felipe IV llega al trono en 1286 se encuentra con que debe al Temple la friolera de 101.000 libras. Cuatro años después la cifra se había reducido a 53.707 libras. [1] (Pág. 92) En 1295 comienza el translado del tesoro francés desde el Temple al Louvre (se encontraba allí desde el reinado de Felipe Augusto tanto por la seguridad del lugar como por la absoluta honradez y competencia de los Templarios -los pocos casos en los que algún hermano practicó el desfalco acabó con el delincuente haciendo compañía a las ratas de las mazmorras-). Esta operación concluyó en 1296. Sin embargo, el rey Felipe continúa teniendo unas magníficas relaciones con el Temple que, por un lado, continúa haciéndole los préstamos que necesita y, por otro, continúa interviniendo en las finanzas reales. Tanto es así que en 1303, después de la derrota de los franceses ante el ejército de Flandes, el monarca ordena que el tesoro de Francia regrese al Temple. En 1305 el Temple paga la pensión de alguno de los soldados franceses, en 1306 abona la soldadas [1] (Pág. 95)... Esta relación privilegiada llega hasta el mismo día 13 de octubre de 1307 cuando todos los templarios franceses son detenidos simultáneamente por orden de Felipe IV. ¿Qué había sucedido? Algo mucho más complicado que lo que se ha venido diciendo hasta hoy. No es algo tan sencillo como el habitual: "Es que Felipe IV debía mucho dinero al Temple y como no podía pagar..." Cuando Felipe IV llega al poder, la libra tornesa contenía 3,95 grs. de plata en vez de los 4,05 de los tiempos de S. Luis. [1] (Pág. 257) En 1290, las minas de plata alemanas de las que procedía la mayoría de este metal que se empleaba en Europa se están agotando y disminuye su producción. Esto, por supuesto, crea una gran carestía. Para paliarla se procede a la reacuñación, es decir, a la eliminación de parte de la plata que estaba presente en las monedas en circulación, con lo que éstas mantienen su valor nominal pero su valor real disminuye. Evidentemente esto provoca una gran inflación y un aumento de los gastos. No obstante, eso lo sabemos hoy, pero entonces parece que nadie reparó en ello, así que Felipe IV continúa la reacuñación de moneda (nueve veces entre 1295 y 1303 y seis de 1304 a 1305) [1] (Pág. 260) con lo que consigue disparar el gasto y que los franceses hagan desaparecer la moneda en circulación (obviamente, a ver quién era el idiota que accedía de buen grado a llevar sus monedas a las cecas reales para que se las devolvieran con menos plata de la que tenían previamente). Además, se crean problemas sociales porque las rentas que pagaban los agricultores valían (en realidad, aunque sobre el papel fueran iguales) mucho menos lo que crea problemas a los perceptores, nobles e Iglesia. [1] (Pág. 261) La única solución era reacuñar la moneda al alza, pero para ello se precisaba una cantidad ingente de plata. Ya en 1302, a consecuencia de la derrota ante los flamencos, ordenó que los funcionarios llevaran a las cecas todas las vajillas de oro y plata con objeto de sostener la libra tornesa (los particulares debían entregar la mitad). [1] (Pág. 263) Para entonces, la libra tornesa sólo poseía 1,36 grs. de plata. [1] (Pág. 267) El fin de la guerra con Flandes con la victoria francesa en Mons-en-Puelle (1304) supone un alivio momentáneo al poder prescindir de los inmensos gastos militares. Sin embargo, la cantidad de plata necesaria para volver a la normalidad era de más de 106 toneladas. El superávit francés, una vez eliminados los gastos extraordinarios de la guerra con Flandes, era de 0,5 toneladas de plata al año, es decir, que se necesitarían más de 200 años de dedicar todo el superávit a ese fin para poder regresar al valor inicial de la libra tornesa, pero el descontento de los propietarios por el asunto de las rentas "basura" y el del pueblo que estaba imposibilitado de adquirir lo necesario para subsistir ante el alza de los precios, hacía imposible el mantener la situación. El primer paso fue la expulsión y expropiación de los bienes de los judíos, pero así "sólo" consiguió 15,6 toneladas de plata. [1] (Pág. 273) Aún necesitaba unas 90 toneladas y no había más que un lugar en el que pudiera encontrarlas. En julio de 1307, el príncipe de Gales (futuro Eduardo II) que atravesaba por dificultades financieras, las solucionó asaltando el Temple de Londres. Se apoderó de 50.000 libras esterlinas más joyas y oro. [1] (Pág. 274) Felipe IV se decidió a realizar lo que ya había planeado. El Temple francés estaba sentenciado. NOTAS: [1] Véase Los Templarios y el origen de la banca. Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Dilema editorial. Madrid, 2004. [2] Véase Los Templarios en los reinos de España. Gonzalo Martínez Diez. Ed. Planeta. Barcelona, 2001. [3] Véase Templarios. La nueva caballería. Malcolm Barber. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (V)Viene de aquí Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Aunque sin ninguna gana, debemos proseguir nuestro trabajo pese a que la cabeza y el corazón estén en Londres y no aquí. "No en vano el miedo del rey a que los caballeros estuvieran atisbando la creación de un Estado soberano, bajo los postulados de la Orden, le fue refrendado por el enorme volumen de oro y plata que portaban sus ahora enemigos, unido a la maestría que mostraban en el arte de las armas, consecuencia de años de muerte y supervivencia en el campo de batalla." (Págs. 235-236) En realidad, tal temor no existía como tampoco la pretensión templaria de constituirse en estado soberano (¿Los Templarios Unidos de Europa?) Las razones para la caída del Temple fueron, como acabamos de ver, económicas. Antes de destruir la Orden como única forma de apoderarse "legalmente" de su tesoro, Felipe IV intentó otras soluciones tanto para conseguir el dinero que precisaba como para "mangonear" al Temple. Si hubiera tenido la menor sospecha de que los Templarios eran una amenaza para el reino, su actitud hubiera sido distinta, habría actuado contra la Orden directamente y desde un primer momento. Sin embargo, antes de proceder al arresto de todos los Templarios franceses, Felipe IV había expropiado a los banqueros lombardos y a los judíos franceses, y había conseguido del Papa el permiso para imponer un diezmo a los ingresos eclesiásticos como contribución de la Iglesia para financiar una Cruzada contra... Aragón (no, no es que los aragoneses se hubieran convertido en masa al islamismo sino que estaban enfrentados al Papado por la cuestión siciliana). Sólo cuando comprobó que nada de esto fue suficiente y que la situación social era insostenible, fue cuando actuó contra el Temple no sin antes realizar un intento (que luego veremos) de convertirse en el máximo dirigente de la Orden. Además, en esos momentos el poder militar de la orden no tenía nada de preocupante para el monarca francés. Occidente siempre había sido (salvo en los reinos de España) una zona de retaguardia. En ella se reclutaba a los caballeros y a los sargentos y, por supuesto, en sus encomiendas se generaba la riqueza que sostenía económicamente a las fuerzas de combate en Palestina. Con la caída de San Juan de Acre (1291) la situación no varió. La Casa Central se trasladó a Chipre (el tesoro se transfirió a Francia por una mera cuestión de seguridad) y desde allí se producían las ofensivas templarias como el ataque a Tortosa en 1300 o el establecimiento de una guarnición en la isla de Ruad que resistió hasta 1302. Ni siquiera esas tropas tenían nada que ver con las de antaño. Cuando la detención de los Templarios se extendió desde Francia hasta el resto de Europa, en Chipre sólo había 83 caballeros y 35 sargentos [1] (Pág.277) una fuerza terrible que, sin duda, le quitaba el sueño a Felipe IV. "Los intentos por erradicar esta soberbia no sirvieron de mucho. Baste recordar que el pontífice Nicolás IV intentó devolverles a su primigenia humildad uniéndoles a la otra gran Orden, los Hospitalarios de San Juan, a pesar de conocer las fricciones que existían entre ambos, y su fracaso fue más que evidente." (Pág. 236) Por supuesto que fracasó, pero no por la soberbia de los Templarios y tampoco por las muy exageradas diferencias que mantenían con los Hospitalarios. Vamos primero con esta última cuestión: Templarios y Hospitalarios competían en atraer para sí soldados, recursos económicos... además del prurito por destacarse el campo de batalla, pero siempre tuvieron presente que su objetivo era el mismo, como también el que no había nada más parecido a un Templario que un Hospitalario (y viceversa). No es sólo que combatieran, mataran y murieran juntos en numerosas batallas (por ejemplo, después del desastre de los Cuernos de Hattin, Templarios y Hospitalarios -y sólo ellos- fueron decapitados por orden de Saladino que no sólo asistió a la ejecución dando muestras de gran alegría sino que recompensó generosamente a los verdugos en una escena que Ridley Scott olvidó incluir en "El reino de los cielos") sino que también la Regla del Temple en el apartado de Los Estatutos Jerárquicos dice: "y tampoco deberían ir al alojamiento de un seglar o persona de religión sin permiso, a menos que estén acampados cuerda a cuerda con el Hospital." [2] (Pág. 74) "Y si ocurre que los cristianos son derrotados, de lo que les salve Dios, mientras quede un estandarte picazo en alto ningún hermano debería dejar el campo de batalla para volver a la guarnición; pues si se va será expulsado de la casa para siempre. Y si ve que ya no queda ningún otro recurso, debería ir al estandarte cristiano o del Hospital más próximo si hay uno..." [2] (Pág. 80) Por otra parte, el proyecto papal de unión de las órdenes militares ocultaba el propósito de Felipe IV de ponerlas bajo su control. La propuesta (que por supuesto fue rechazada) consistía en fusionarlas bajo la denominación de Orden de la Caballería de Jerusalén. Seguidamente, Felipe IV renunciaría al trono francés y sería nombrado primer maestre de los nuevos caballeros. El liderazgo sería hereditario. [3] (Pág. 304) La propuesta era un auténtico disparate por múltiples razones. Veamos tres de ellas: 1- Este repentino interés por iniciar una nueva Cruzada por parte de un monarca que siempre se había negado a tomar la cruz era, por lo menos, muy sospechoso. La nueva Orden acumularía las posesiones de todas ellas lo que suponía una inmensa fortuna cuyo manejo era, muy posiblemente, lo que realmente interesaba a Felipe IV. 2- El nuevo maestre que, supuestamente, debía conducir una nueva Cruzada no tenía ni puñetera idea de la situación en Palestina. Por tanto, el que esa expedición acabase en un desastre total era previsible. 3- Los restantes monarcas europeos (y gran parte de la nobleza) que tenían buenos motivos para acordarse a diario de la familia de Felipe IV (con especial énfasis en la profesión de su señora madre) pondrían el grito en el cielo si se enteraban de que su querido enemigo era el nuevo "mandamás" de una Orden que tenía efectivos en su propio territorio. La amenaza de que pudiera convertirlos en una "quinta columna" al servicio de Francia podría conducir a medidas como la expulsión y, por tanto, a su debilitamiento en lugar de su fortalecimiento. Con toda razón, los Templarios se negaron a esa chorrada y eso, por supuesto, les costó su propia existencia. "De este modo la única solución que quedaba era desprestigiar a los monjes, conferirles una imagen más cercana a lo demoníaco que a defensores del dogma cristiano. Para apoyar tales aseveraciones surgió la figura de un ex convicto de nombre Esquino Floriano, que haciendo honor a su nombre se apresuró a lanzar coces a diestro y siniestro, acusando a los templarios de sodomía, de adorar ídolos profanos, de llevar a cabo rituales diabólicos, de escupir y pisar la Santa Cruz..." (Págs. 236-237) D. Lorenzo está que se sale. Por de pronto, no termino de pillar qué tiene que ver el nombre de Esquieu de Floyran con "lanzar coces a diestro y siniestro". Tampoco es que importe porque el nombre no es algo que influya realmente en esa capacidad de coceo. ¿Verdad, D. Lorenzo? Claro que puesto a no entender, tampoco es que comprenda demasiado bien qué son unos "ídolos profanos". ¿Se referirá, por ventura, a Alejandro Sanz, Raúl, Fernando Alonso...? Porque para el que cree realmente en un ídolo (de los otros), éste no tiene nada de profano sino que es sagrado. "No tardaron en llegar a oídos del Gran Maestre Jacques de Molay las gravísimas acusaciones que se vertían sobre él y los suyos, y de regreso a Francia, después de permanecer en Palestina por espacio de meses intentando contener los escarceos de las hordas musulmanas..." (Pág. 237) Pues no, Jacques de Molay donde había estado era en Chipre preparando una nueva Cruzada. Por cierto, ¿"escarceos de las hordas musulmanas"? Creo que hubiera sido mejor usar otra palabra que, por aquello de los diversos significados posibles, no diera pie a pensar que "las hordas musulmanas" eran una panda de "locas" de cuidado. Más que nada, porque considerando que una de las razones aducidas para el arresto de los Templarios fue que cometían actos contra natura (no, no se referían a que levitaran, practicaran la bilocación...) no sea que alguien vaya a creer que las Cruzadas eran algo así como el Día del Orgullo Gay. "Jacques de Molay y su séquito fueron arrestados días más tarde cuando pacíficamente salía del funeral de la condesa de Valois, ante el estupor de la muchedumbre allí reunida." (Pág. 237) Además de apuntar que resulta de agradecer que D. Lorenzo señale que Jacques de Molay salió "pacíficamente" del funeral de Catherine, esposa de Carlos de Valois, hermano de Felipe IV, porque si no fuera por tan sabia precisión podríamos pensar que salió repartiendo estocadas a los presentes, el Gran Maestre no fue detenido en ese momento sino, como todos los demás templarios franceses, en la madrugada siguiente. Más que nada, porque hubiera resultado un poco "jodido" arrestar a Jacques de Molay en un sitio público sin que el secreto de la operación se fuera al garete. "Era el momento de huir. Los freires franceses sabían que en países como España, Portugal, Alemania o las islas británicas los juicios y los infundios lanzados contra sus compañeros se desestimaron, mientras que en Francia decenas de ellos estaban siendo quemados vivos antes de que las sentencias fueran dictadas." (Pág. 240) Más le hubiera gustado a los templarios franceses que poder huir. Todos fueron detenidos (excepto un pequeño número de entre 12 y 24 miembros de las Orden que se libraron por diversos motivos, desde los que habían "desertado" del Temple en los días anteriores al arresto por motivos particulares, a los que pudieron huir al darse cuenta de lo que estaba pasado. De ellos, varios fueron detenidos en los días siguientes. El único "pez gordo" que se libró de la redada fue Gérard de Villiers, preceptor de Francia, porque Imbert Blanke, preceptor de Auvernia, se "dio el pire" a Inglaterra sólo para ser allí arrestado). Los detenidos, en contra de las reiteradas peticiones del Papa que solicitaba fueran puestos bajo su custodia, permanecieron prisioneros de la corona francesa hasta que se iniciaron los juicios. La inmensa mayoría de los templarios había confesado su participación en alguno o en todos los delitos de los que se les acusaba (básicamente, homosexualidad, idolatría y herejía) gracias a unos "agradables" métodos de interrogatorio como la estrapada (después de eso, hubieran confesado que fueron ellos lo que mataron a Abel). Por tanto, en los juicios tenían dos posibilidades. La primera era ratificar la confesión en cuyo caso eran considerados culpables pero como reconciliados podían desde ser puestos en libertad (en especial si habían colaborado con lo que Felipe IV esperaba, es decir, que sus declaraciones inculpasen gravemente a la Orden) hasta sufrir penas de prisión más o menos graves. La segunda era retractarse de la confesión con lo que pasaban a ser considerados herejes relapsos lo que equivalía a la muerte inmediata en la hoguera. Obviamente, después de la primera quema de cincuenta y cuatro templarios que se retractaron de sus primeras confesiones en el Concilio Provincial de Sens (en el que se les estaba juzgando) el 12 de mayo de 1310, casi todos ratificaron sus confesiones. Así que los que quedaban en libertad era porque habían confesado conocer que en la Orden del Temple se incitaba a la sodomía, a la herejía y a la idolatría. ¿Para qué iban a querer reunirse con los Templarios de otros países que, no habiendo sido sometidos a tortura, negaban tales acusaciones? ¿Qué se supone, que iban a recibirlos con los brazos abiertos? Por no hablar, de que los miembros de la Orden en otro países también tenían problemas porque las detenciones se generalizaron cuando se supo lo que estaban confesando los Templarios franceses. "El horrendo plan del rey se consumó con el juicio público de Jacques de Molay, maestre de la Orden; Geoffrey de Charney, Preceptor de Normandía: Geoffrey de Goneville, Preceptor de Aquitania; y Hugues de Peraud, Visitador de Francia, el 18 de mayo de 1314. Los condenados, atisbando que la muerte les rondaba cercana, tras sufrir los avatares de años de prisión encomendaron su alma al Creador. Jacques de Molay, hombre recto y de duras facciones, dio un paso y con voz firme se dirigió a la muchedumbre: "Mi pena es la de haber mentido y negado mis creencias por intentar salvar la vida, incurriendo con ello en traición para con mis hermanos y para con la Sagrada Orden del Temple. Que se sepa que somos inocentes de aquello que nos imputan, y que antes de doce meses cumplidos esos mismos que se atreven a juzgarnos serán víctima de su propia codicia"." (Pág. 240) Que se sepa que D. Lorenzo sigue con su mal hábito de poner en boca ajena sus propios discursos y, también, con la pésima costumbre de no contrastar lo que dice. Por de pronto, esos sucesos no acontecieron el 18 de mayo de 1314 sino el 18 de marzo de 1314. Por otra parte, las palabras que le atribuye a Jacques de Molay son un invento suyo. Las palabras que, supuestamente, pronunció Jacques de Molay (y cuando estaban a punto de ejecutarlo y no durante el juicio) fueron: "Yo, que estoy en el último conflicto, cuando es cosa depravada dar lugar a la más leve mentira, deliberada, y ciertamente confieso que yo he cometido una grave maldad contra mí y los míos, y que he merecido la pena de muerte con horroroso castigo, porque he levantado contra mi Orden, tan apreciable por la Católica Religión que profesaba, a contemplación de aquellos, que no era razón, y por conservar la vida , y escapar de los tormentos crueles, delitos, y maldades, y ahora no necesito se me conceda la vida, ni retenerla con una nueva mentira sobre lo antecedente." [4] (Pág. 97) El discurso que supuestamente (los cronistas de la época tenían la misma costumbre de D. Lorenzo de inventarse las palabras aunque el sentido sí sería ése) pronunció en el juicio fue: "Como quiera que al fin de la vida, no sea tiempo de morir sin provecho, yo niego y juro por todo lo que puedo jurar, que es falso todo lo que antes de ahora se ha acriminado contra los Templarios, y lo que de presente se ha referido en la sentencia dada contra mí, porque aquella Orden es santa, justa y Católica. Yo soy el que merezco la muerte por haber levantado falso testimonio a mi Orden, la cual antes ha servido y sido muy provechosa a la religión Cristiana, e imputándoles estos delitos y maldades contra toda verdad a persuasión del Papa y el Rey de Francia; lo que ojalá, yo no hubiera hecho. Sólo me resta rogar, como ruego a Dios, si mis maldades dan lugar, me perdone; y juntamente suplico que el castigo y tormento sea más grave, si por ventura por este medio se aplacase la ira divina contra mí, y pudiese mover con mi paciencia a los hombres a misericordia. La vida ni la quiero ni la he menester, principalmente con tan grave maldad como me convidan a que cometa de nuevo. ¡Ay! ¿De qué me serviría prolongar días tan tristes que no serían debidos sino a la calumnia? Yo sé los suplicios que han afligido a todos los Caballeros que han tenido valor para revocar las falsas confesiones; no obstante el espectáculo terrible que se me presenta no es capaz de hacerme confirmar la primera mentira por una segunda. A una condición tan infame, yo renuncio de buen corazón a la vida." [5] (Tomo IV, Págs. 161-162) Prosigue D. Lorenzo: "Minutos después los cuatro soldados, con porte marcial y orgullosa, la que durante dos siglos mitificó a los miembros de la Orden de los Caballeros Pobres del Templo de Salomón, fueron conducidos a la hoguera en la Isla de los Judíos, en el corazón del Sena." (Pág. 240) Evidentemente, el Sr. Fernández Bueno no se entera ni de que "porte" tiene género masculino ni de lo que realmente sucedió en París. Volvamos hacia atrás para contar toda la historia. La Orden del Temple ya no existía porque había sido disuelta por la bula Vox in excelso el 22 de marzo de 1312: "abolimos la ya citada Orden del Temple y su constitución, hábito y nombre por un decreto irrevocable y perpetuo y la sometemos a un veto perpetuo con la aprobación del santo Concilio, prohibiendo taxativamente a nadie que intente entrar en el futuro en la Orden, o recibir o llevar su hábito, o actuar como templario. Si alguien actua contra esta disposición, incurrirá en la pena de excomunión ipso facto." [6] (Pág. 334) La opinión pública francesa que primero había recibido con sorpresa la noticia de la detención de los Templarios y con indignación las "confesiones" realizadas estaba, no obstante, cambiando de parecer tanto al conocer las ejecuciones ya mencionadas como el "cachondeo" que se traían en los restantes países europeos a costa de la actuación de Felipe IV al que acusaban, directamente, de ladrón y del Papa Clemente V al que tildaban de marioneta del monarca francés. El "lío" que se organizó a continuación por la sucesión de los derechos de propiedad de las encomiendas templarias no contribuyó a apaciguar los ánimos. Es sabido que el Papa (por una vez contra el parecer de Felipe IV que quería dotar con ellas a una nueva Orden militar) por la bula Ad providam del 2 de mayo de 1312 otorgó esos bienes en Francia a la Orden de los Hospitalarios y por la Considerantes dudum del 6 de mayo de 1312 dispuso que los ex-templarios considerados inocentes o los culpables reconciliados debían ingresar en las órdenes monásticas que libremente eligieran porque los votos realizados por ellos seguían siendo válidos. Con ello, el problema de los Templarios hubiera debido quedar resuelto, pero quedaban flecos. El primero es que, evidentemente, los monarcas europeos no tenían el menor deseo de desprenderse de las cuantiosas propiedades de la Orden (el proceso se alargaría a lo largo de los años e incluso Felipe IV llegó a la desfachatez de hacerse pagar por los Hospitalarios la cantidad de 200.000 libras tornesas como compensación por la supuesta pérdida del tesoro real depositado en el Temple parisino) y la Corona francesa bajo Felipe IV y sus sucesores obtuvo, además, 60.000 libras por los gastos que les había ocasionado los juicios a los Templarios además de quedarse con 2/3 de las rentas producidas por las encomiendas desde su expropiación hasta la cesión a los Hospitalarios, el perdón de las deudas que tuviera Francia con el Temple y la propiedad de las encomiendas de las que ya hubiera dispuesto libre e ilegalmente la Corona. Aunque parte de estos hechos sucedieron ya después de marzo de 1314, el escándalo fue considerable. El segundo problema es que los cuatro principales dirigentes del Temple capturados en Francia, Jacques de Molay, Hugues de Pairaud, Geoffroi de Gonneville y Geoffroi de Charney no habían sido juzgados. Para solucionarlo se convocó el Concilio de París. Los acusados comparecieron el 18 de marzo de 1314 en la catedral parisina. Como habían confesado, se les condenó a cadena perpetua. Con ello, la escenificación del paripé que había organizado Felipe IV con la complicidad del papa Clemente V estaba satisfecha. Las dudas que hubieran podido quedar sobre la justicia del proceso contra el Temple debían olvidarse. ¿Que los Templarios de Castilla, Aragón, Portugal, Alemania... habían sido absueltos por los Concilios de Salamanca, Tarragona, Orense, Trier...? Ellos podían ser inocentes, pero si los máximos dirigentes del Temple en Francia (y el Gran Maestre) confesaban era porque la corrupción es ese reino era auténtica. Todo ese montaje se les vino abajo porque dos de los acusados, Jacques de Molay y Goffroi de Charney se retractaron públicamente de sus confesiones mientras Hugues de Pairaud y Geoffroi de Gonneville permanecieron en silencio. Por tanto, los dos relapsos (para la justicia de la época, claro) fueron entregados al preboste de París mientras el Concilio deliberaba qué hacer con ellos. Cuando Felipe IV se enteró ordenó que fueran inmediatamente quemados lo que se cumplió en la tarde de ese mismo día. Ambos murieron proclamando la inocencia del Temple y su cristianismo. Los otros dos acusados, Hugues de Pairaud y Geoffroi de Gonneville, no tuvieron ocasión de demostrar "su porte marcial y orgullosa" porque fueron conducidos a prisión donde murieron. Fue el fin del Temple, pero no el de las afirmaciones esotéricas. Si hasta el momento estábamos pasando un buen rato gracias a las chorradas afirmadas por el Sr. Fernández Bueno, eso no es más que el principio. Nos espera el tesoro del Temple que se encuentra en una isla canadiense... ¡Ay, Dios! NOTAS: [1] Véase Los Templarios y el origen de la banca. Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Editorial Dilema. Madrid, 2004. [2] Citado en El código Templario. J. M. Upton-Ward. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000. [3] Véase Templarios. La nueva caballería. Malcolm Barber. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. [4] Citado en Dissertaciones históricas del orden y cavallería de los Templarios. Pedro Rodríguez Campomanes. Ed. Oficina de Antonio Pérez de Soto. Madrid, 1747. (Me he permitido actualizar la ortografía del original para que sea más fácilmente comprensible) [5] Citado en Historia General de los Caballeros del Temple. Mateo Bruguera. Ed. Editorial Alcántara S. L. Madrid, 2000. [6] Citado en El juicio de los Templarios. Malcolm Barber. Trad. Teresa Garín Sanz de Bremond. Ed. Complutense S. A. Madrid, 1999. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (VI)Viene de aquí Habíamos dejado al Sr. Fernández Bueno sumido en el error y sin el menor riesgo de que logre salir de él. Una vez terminado su deplorable repaso a la historia del Temple desde su fundación a la muerte de Jacques de Molay en la hoguera, comienza a preguntarse por el paradero del tesoro del Temple. Entiendan lo del "preguntarse" como un recurso retórico porque D. Lorenzo sabe (faltaría más) qué pasó con el tesoro: "Cuentan las crónicas que mientras los últimos templarios expiraban en el fuego, un carro con parte del "tesoro", quién sabe si representado en la asustada presencia de un joven de corta edad y varios pergaminos, abandonó París rumbo a las tierras del sexto Gran Maestre de la Orden, Bertrand de Blanchefort, y más concretamente a una de sus encomiendas, la situada en la localidad de Rénnes-le-Château..." (Págs. 240-241) La sucesión de chorradas es memorable. Veamos, si los Templarios franceses son detenidos el 13 de octubre de 1307 y Jacques de Molay es quemado el 18 de marzo de 1314 (es decir, más de seis años y medio después) ¿dónde había estado el "tesoro" hasta ese momento? ¿En la fortaleza del Temple que es al primer lugar al que se dirigieron las tropas francesas y que desde ese momento estuvo bajo su control? Veamos diversas posibilidades: Primera posibilidad, los Templarios sabían que iban a ser detenidos y pusieron a salvo su tesoro. Bien, pero no parece que el sitio más adecuado para esconderlo fuera el mismo París ¿no?. Además tampoco eso explica porqué se quedaron esperando el arresto Jacques de Molay y el resto de "mandamases" (y puede olvidarse de ningún espíritu de sacrificio porque los que pudieron huir de las tropas francesas lo hicieron, caso, como ya dijimos, del preceptor de Francia, Gérard de Villiers). Segunda posibilidad, los Templarios no sabían que iban a ser detenidos, pero no guardaban su tesoro en el Temple y, por tanto, éste no pudo ser capturado por los soldados franceses. Recordemos que todas las propiedades templarias en Francia pasaron a depender de la Corona desde ese momento y hasta (al menos nominalmente) 1312 con lo que volvemos a estar en las mismas. ¿Los franceses tuvieron debajo de sus narices el tesoro durante años y no se enteraron de ello? Pues en el caso de un tesoro en oro y plata todavía podía ser posible pese a que esos lugares fueron registrados, pero no en el caso de que el tesoro fuera un joven. En cualquier caso, resulta poco creíble que objetos de valor fueran guardados en cualquier parte menos en la Torre que se usaba precisamente para tal fin. Tercera posibilidad, los Templarios no sabían que iban a ser detenidos y guardaban su tesoro en el Temple de París y, por tanto, fue capturado por las tropas francesas. Esto a su vez abre otras dos opciones, la Corona dejó escapar (o devolvió, o cedió...) parte de ese tesoro o, segunda opción, se quedó con él. Lo primero, conociendo la personalidad de Felipe IV, podemos obviarlo. Sin embargo, si las tropas francesas se apoderaron del tesoro del Temple debería quedar alguna prueba de ello ¿no? Pues sí, y después veremos que esta posibilidad es la única que se ajusta a los hechos históricos. Pero antes volvamos a las afirmaciones del Sr. Fernández Bueno arriba reproducidas. Dice que "Cuentan las crónicas..." pero no indica cuáles son éstas. Así las cosas, podemos suponer que eso no es cierto al menos hasta que aclare la identidad de esas fuentes, máxime cuando el contenido de las supuestas crónicas es una colección de chorradas que, además, contradicen lo que dijo anteriormente porque recordemos que la supuesta procedencia de los manuscritos supuestamente encontrados en Rennes era el Montségur cátaro. Ahora resulta que no, que era el tesoro templario de París. ¿Un nuevo y misterioso caso de "incertidumbre cuántica" como el del cuerpo de Jesús en Cachemira y en Rennes o sólo es que D. Lorenzo tiene muy mala memoria? Sobre el intento de meter en el tinglado a Bertrand de Blanchefort, ya hablamos del tema aquí y ahora nos limitaremos a añadir que en marzo de 1314 no había encomienda templaria en Rennes ni en ningún otro lugar porque la Orden llevaba casi dos años disuelta como dijimos en el artículo anterior. A esas alturas, las propiedades francesas que fueron del Temple o habían pasado a manos de la Corona (o de las personas que ésta hubiera designado) o a la de los Hospitalarios. Salvo que quiera "meter en el ajo" a la Orden del Hospital de San Juan, la pretensión es nuevamente absurda (y el intentar involucrar a los Hospitalarios también porque esa Orden continúa existiendo aunque ahora es conocida popularmente como Caballeros de Malta y su relación con el esoterismo es nula). "Custodios del Grial, protectores de la Sangre Real, poseedores de manuscritos de transcendencia ilimitada, conocedores de los secretos de Jesús tras la crucifixión, idealistas capaces de orquestar la estructura de un Estado soberano regido por el descendiente del nazareno..." (Pág. 241) Si se preguntan dónde están las pruebas de todas esas afirmaciones, sepan que yo también lo hago porque las presentadas hasta el momento no valen un pimiento, como hemos ido viendo. "Lo cierto es que cuando se produjo el asalto a la Casa del Temple en París, esta ya había sido desprovista de las "riquezas" que los agresores perseguían. Varios barcos de la flota partieron de su puerto más importante en La Roselle, algunos de ellos con destino incierto, otros hacia la vecina Portugal, donde con el tiempo unificarían criterios bajo el nombre de Caballeros de la Orden de Cristo, con miembros tan ilustres como Vasco da Gama, que portaría la cruz de ocho puntas en sus velas en los viajes por África." (Pág. 241) Bueno, pues si eso es "Lo cierto" lo que ha contado más arriba no lo es. Si las "riquezas" ya habían salido de Francia el 13 de octubre de 1307, no pudieron salir de París el 18 de marzo de 1314 salvo que nos quiera "vender la moto" de que salieron, volvieron a entrar, volvieron a salir... y eso parece más el guión de una "peli" porno que otra cosa. Volvamos al tema. Supongo que cuando habla de La Roselle se refiere en realidad a La Rochelle, la base naval templaria que adquirió importancia por la nada misteriosa razón de que desde allí se exportaba el vino producido en las encomiendas del Poitou a Inglaterra. [1] (Págs. 189-190) Claro que considerar La Rochelle como vecina de Portugal es para ponerle un cero en geografía europea, pero como tampoco los Caballeros de la Orden de Cristo unificaron criterios con nadie... Sencillamente, años después (en 1319) D. Dionís de Portugal obtuvo la autorización papal para crear una nueva Orden militar, la de los Caballeros de Cristo, a la que pasaron los bienes (y en algún caso, los ex-Templarios portugueses pero ni todos ellos ni sólo ellos) expropiados a la Orden del Temple. Esta solución ya había sido adoptada en Aragón con la constitución de la Orden de Montesa (1317). Si se están preguntando que pasó con los bienes Templarios en Castilla, éstos tuvieron distintos fines, unos fueron vendidos a la Orden de Alcántara, otros fueron ocupados por la Corona o por señores feudales y otros donados a las Órdenes de Uclés y Calatrava. Finalmente, la bula del 14 de marzo de 1319 ordenó que pasasen a los Hospitalarios, pero como para entonces ya se había dispuesto de ellos, los Caballeros de San Juan tuvieron que entrar en negociaciones que se prolongaron a lo largo de años. [2] (Pág. 344) Regresemos a Portugal ¿por qué aparece en esta historia Vasco da Gama? Sencillamente, porque D. Enrique el Navegante fue también Gran Maestre de la Orden de Cristo y desde entonces las naves portuguesas llevaban en sus velas la cruz de la Orden, así de misteriosa es la cuestión... Aclarado esto, hora es ya de solucionar el supuesto enigma del tesoro del Temple. ¿Partió de La Rochelle? Pues como no se encontraba en el puerto francés, eso es un tanto difícil. Para poder darle la razón al Sr. Fernández Bueno, éste tendría que demostrar en primer lugar que el tesoro había abandonado con anterioridad la Torre del Temple en París porque es allí donde estaba depositado, pero para que eso resultara creíble tendría que probar que los Templarios tenían conocimiento previo (y con mucha antelación) de los planes de Felipe IV. Si éste fuera el caso, de nuevo nos encontraríamos con el mismo problema ya señalado antes: si los Templarios sabían que iban a ser detenidos ¿por qué se quedaron sentados esperando el arresto? Sin embargo, no es sólo que esto resulte ilógico, es que además tropieza con un grave problema de orden práctico, el de transladar una inmensa cantidad de monedas, metales preciosos... sin que nadie se diera cuenta y desde un lugar en el que había funcionarios reales (lógicamente, al estar también depositado el tesoro francés en el Temple su control estaba supervisado por las personas designadas por el monarca. Estos funcionarios, que no eran Templarios, eran Les clercs du Temple y el el Tesorero) [1] (Págs. 75-76) ¿De qué cantidad estamos hablando? Pues hagamos una sencilla regla de tres, si en el Temple de Londres se guardaban los beneficios acumulados por unas 60 casas y éstos ascendían en julio de 1307 al equivalente a 50.000 libras esterlinas (es decir, 18.375 kilogramos de plata) porque ésa es la cantidad que robó el príncipe de Gales, en París, que guardaba los beneficios acumulados de unas 660 casas, la cantidad podría ascender a ¡más de 200 toneladas de plata! [1] (Pág. 279) (Obviamente, esto es meramente aproximativo porque las cantidades desembolsadas por el Temple de París eran también superiores a las de su sede en Londres. La cantidad real, no obstante, posiblemente superaba las 100 toneladas de plata). La verdad, transladar ese peso con los medios de la época no era ninguna broma, máxime cuando los transportes tenían que ir bien protegidos por obvias razones de seguridad. Sin embargo, de momento nos hemos limitado a señalar los puntos débiles de las distintas posibilidades sobre el destino del tesoro del Temple. Ahora tenemos que demostrar que las tropas francesas se apoderaron de él el 13 de octubre de 1307. Para ello aportaremos dos claras pruebas, una indirecta y otra directa. Vamos con la primera. Partimos de un Felipe IV que estaba deseoso de apoderarse del tesoro del Temple por las razones ya señaladas (no hay más que ver las instrucciones que dispuso sobre los bienes del Temple que debían ser inmediatamente inventariados y que él mismo se personó a primeras horas de la mañana del 13 de octubre en el Temple de París para supervisar la operación). En las preguntas que se formularon a los Templarios detenidos en Francia figuran cuestiones sobre los ídolos a los que supuestamente adoraban, sobre besos en el culo, sobre gatos negros, sobre mear o escupir sobre un crucifijo... sobre los temas más peregrinos, pero ni una sola sobre el paradero del tesoro supuestamente volatilizado. Esto es inconcebible salvo que estas preguntas fueran innecesarias porque Felipe sabía perfectamente dónde estaba el tesoro. Considerando que los Templarios cantaron Aída, Tosca, Carmen y hasta el Tractor Amarillo, si el monarca francés se hubiera encontrado con un montón de cofres vacíos no hubiera dejado que la cosa se quedara ahí. La segunda prueba es definitiva. Ya vimos cómo durante el reinado de Felipe IV se había procedido a continuas reacuñaciones de la libra tornesa hasta que el gros tornés llegó a contener casi 2/3 de plata menos que en un principio (1,36 gramos en 1303 frente a 3,95 gramos en 1285). También dijimos que para revertir el desastre económico producido por esa práctica se hacía necesario una reacuñación al alza que exigía una cantidad aproximada de ciento seis toneladas de plata que Felipe IV ni tenía ni pudo conseguir con la expropiación a los judíos de la que "sólo" obtuvo dieciséis toneladas de plata. Pues bien, de forma "misteriosa", en 1308 el gros tornés se cambia por 3,7 gramos de plata, casi su valor de 1285 que era de 3,95 gramos de plata. [1] (Pág. 347) ¿Dónde encontró Felipe IV noventa toneladas de plata, una cantidad que triplicaba los ingresos anuales de Francia y multiplicaba por 180 el superávit anual? [1] (Pág. 272) Pues salvo que crean en el milagro económico de la multiplicación de las libras y los sólidos, la única respuesta posible es en el Temple de París. Por si faltaba algo más para remachar las leyendas del tesoro templario puesto a salvo en paradero desconocido, añadiremos que cuando, más tarde y ya sabiendo lo sucedido en Francia, se incautaron los bienes del Temple en Europa se encontraron sendos tesoros en Miravet (70.000 escudos) y en Chipre (120.000 besantes). [1] (Pág. 347) Los Templarios no supieron dónde ponerlos a salvo ni siquiera cuando ya sabían lo que iba a suceder. Ajenos a todo ello, los "misteriólogos" siguen empeñados en buscar el tesoro del Temple. Gisors, Chinon, Rennes-le-Château... son los lugares habituales, pero ante los "problemillas" surgidos (las excavaciones estuvieron a punto de provocar el derrumbe de la torre del castillo de Gisors y el ayuntamiento de Rennes tuvo que prohibir el cavar hoyos en su término municipal que iba camino de parecer un inmenso queso de Gruyère) últimamente están cambiando de aires, aunque pocos lugares resultan más improbables (aunque hubiera algo de cierto en la leyenda del ocultamiento del tesoro del Temple) que el propuesto por el Sr. Fernández Bueno, Oak Island (Canadá). Supongo que en este momento habrán comenzado a pensar algo así como: "Pero ¿cómo demonios iban a esconder los Templarios en 1307 -o 1314- su tesoro en Canadá si desde que los vikingos dejaron de aparecer por allí y hasta que fue D. Cristóbal en 1492, los europeos no hicieron acto de presencia en América?" No se preocupen, que D. Lorenzo tiene respuesta para todo (otra cosa es que ésta sea una patochada de impresión) y, en esta ocasión, vamos a divertirnos con una capilla escocesa y un cuento veneciano. NOTAS: [1] Véase Los Templarios y el origen de la banca. Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Editorial Dilema. Madrid, 2004. [2] Véase El juicio de los Templarios. Malcolm Barber. Trad. Teresa Garín Sanz de Bromond. Ed. Editorial Complutense S.A. Madrid, 1999. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (VII)Viene de aquí A ver qué nos dice D. Lorenzo para explicar la supuesta presencia del tesoro del Temple en Canadá (bueno, en realidad lo pone en boca del magistral Geofredo así que prepárense que vienen curvas): "Pues bien, has de saber que los estudios de otro buscador , Michel Lamy , concluyeron que a Escocia arribó una trouppe encabezada por el Maestre de Auverge, Monsieur d´Aumont, acompañado de siete freires. Llegaron destrozados, después de un penoso periplo en el que hubieron de esquivar a los sanguinarios secuaces del rey francés, y las miradas de aquellos dispuestos a delatarlos. Una vez allí mostraron sus credenciales al comendador Georges de Harris, a fin de mantener viva la memoria de la Orden ocultando sus rituales bajo la simbología masónica, y los miembros del Temple pasaron a ser masones libres, evitando que el recuerdo de tan dantesco genocidio cayera en el olvido. Y así, el 23 de junio de 1313, víspera de San Juan, alumbrados por antorchas y al socaire de un viento que traía esperanza y buena ventura, d´Aumont fue embestido Gran Maestre de la Orden, y los caballeros templarios continuaron con sus objetivos en la clandestinidad, bajo del manto de los francmasones escoceses..." (Págs. 242-243) Ya saben, los Templarios eran como los "mihuras", embestían... En fin, olvidémonos de los errores léxicos de D. Lorenzo y vamos con los errores que comete al hablar de Michel Lamy. Por de pronto éste califica la narración precedente de leyenda: "La tesis de un origen templario de la masonería era cara al baronet escocés Andrew-Mitchell Ramsay que, en el siglo XVIII, buscaba raíces prestigiosas para la francmasonería. En aquella misma época, en el convento llamado de Clermont, se instituyeron grados de "masones-templarios". El barón de Hund, que participó en ello, parece estar en el origen de la historia del caballero de Aumont. Esta leyenda hizo fortuna, particularmente en Alemania, donde las sociedades secretas pululaban literalmente." [1] (Pág. 284) Ejem, ejem... tanto si Michel Lamy tiene razón en la atribución al barón de Hund de esta leyenda o no, lo que está claro es que su creador no tenía ni idea del Temple ni de su historia. Auverge (o Auvernia, en castellano) no estaba dirigida por un Maestre sino por un Preceptor. Supongo que tampoco les causará ninguna sorpresa el enterarse de que el nombre de éste no era d´Aumont sino Imbert Blanke. No obstante, hoy estoy la mar de generoso así que aceptaré que la tradición puede haber equivocado el cargo que ocupaba y el nombre real y que cuando habla del Maestre d´Aumont en realidad se trata del Preceptor Blanke aunque ambas cosas se parezcan como el huevo y la castaña. Sin embargo, ni aun así la cuestión se sostiene. Imbert Blanke se libró de la redada del 13 de octubre de 1307 en Francia... pero fue arrestado en Inglaterra. En 1309 es uno de los cuarenta y tres miembros del Temple que fueron interrogados en la iglesia de la Santísima Trinidad de Londres. El 28 de octubre declara que profesó en la Orden hacía treinta y siete años y que había sido recibido en Tiro por el entonces Gran Maestre Guillermo de Beaujeu. Por lo demás, negó todo lo habido y por haber. Cuando le preguntaron por las confesiones del Gran Maestre Jacques de Molay, aseguró que si de Molay hubiera dicho eso realmente habría mentido. En 1310 comparece en distintas ocasiones ante el Concilio reunido en San Pablo en Londes y continuó asegurando que nada tenía que confesar por lo que se ordenó su encarcelamiento con el añadido de tener que llevar grilletes. Si por esta parte, la historicidad de la narración es insostenible, por el lado escocés no mejora precisamente. Cuando los Templarios escoceses tuvieron que comparecer el 17 de noviembre de 1309 para prestar declaración en la abadía de la Santa Cruz de Edimburgo se presentaron dos (al por mayor), William de Middleton y Walter de Clifton. Ambos coincidieron en negar todas las acusaciones excepto la relativa a que el Gran Maestre podía perdonar los pecados. Sobre dónde se habían metido los restantes Templarios, Walter de Clifton declaró que al tener noticia de lo que estaba sucediendo en Francia, muchos hermanos abandonaron el hábito y huyeron. Entre los fugados cita a Thomas Tocci y a John Fusestete. William de Middleton, por su parte, aseguró que tres Templarios que habían estado presentes en su recepción al saber que se estaba procediendo a detener a los miembros de la Orden, colgaron sus hábitos y huyeron a Ultramar. Esta afirmación ha hecho correr ríos de tinta, que si huyeron a América, al Congo Belga... La realidad es mucho más sencilla. El 15 de diciembre, el rey ordenó que se procediera a detener a los numerosos caballeros templarios que erraban por el país vestidos como seglares. Entre ellos se encontraban los Templarios escoceses como se demuestra por el hecho de que el 25 de junio de 1310 encontramos a Thomas Tocci de Thoroldeby, uno de los citados como fugitivos en Edimburgo, y no en ningún lugar recóndito sino en Londres. Ante el Concilio que juzgaba a los Templarios declaró que fue interrogado en Lincoln y que, temiendo nuevas preguntas, escapó gracias a un soborno, acto que le valió la excomunión. Pasó a Francia y allí supo de las confesiones que habían realizado los dirigentes del Temple por lo que decidió regresar a Inglaterra donde volvió a ser detenido. Aunque en una primera declaración negó las acusaciones que le realizaron, terminó por admitir que le obligaron a renegar de Jesucristo, a escupir a un crucifijo... Ante esta confesión, fue reconciliado el 27 de junio de 1310. En resumen, la maravillosa historia del caballero d´Aumont y los Templarios escoceses se reduce a que el no Maestre de Auvernia no llamado d´Aumont no pudo reunirse con nadie por tener ciertos "problemillas" con la justicia. Tampoco es que importe mucho porque como los Templarios escoceses habían hecho "mutis por el foro" con cierto apresuramiento, tampoco estaban localizables para acudir a citas a la luz de las antorchas (¡qué romántico!) Por increíble que parezca, la tan traída conexión entre el Temple y la Masonería se basa en pruebas tan risibles como ésta. Aunque, a base de leerlo en obras de este mismo jaez, exista quién haya acabado por creérselo e incluso lo sostenga con un aplomo digno de mejores causas, este "rollo macabeo" no pasa de ser un mito etiológico creado por la Masonería del S XVIII. Fue Andrew Michael Ramsay el que en 1737 se inventó una supuesta historia de la Masonería en la que jugaba un papel capital el periodo de las Cruzadas porque supuso que los cristianos habían pretendido restaurar el Templo de Jerusalén y que, para ello, habían creado una serie de señales secretas que les permitiera reconocerse entre ellos al estar en un ambiente hostil. Esta concepción del Masón-Cruzado fue muy bien recibida en Francia donde ya pululaban una serie de sociedades supuestamente descendientes de los caballeros medievales, pero fue en la Alemania de finales del S XVIII donde se gestó la idea de un vínculo entre Templarios y Masones ya que, según esta idea, los Templarios durante su estancia en Jerusalén habrían accedido a un saber esotérico que fue transmitido por Jacques de Molay a su sucesor antes de su ejecución. Sus descendientes actuales (actuales en esa época) son los Masones. Como no hay ni una sola prueba documental de tal conexión y la tradición ya hemos visto lo que vale, los "misteriólogos" recurren a algo tan agradecido como es la simbología, un terreno en el que cada uno encuentra lo que previamente ha decidido hallar. El Santo Grial de los "misteriólogos templario-masónicos" se encuentra en la Capilla de Rosslyn, unos kilómetros al Sur de Edimburgo: "Así, cerca de Edimburgo se encuentra la capilla de Rosslyn, para muchos un recuerdo de lo que pudo ser la última "catedral templaria". Es un lugar de culto de gran importancia para los francmasones escoceses. No es un templo cualquiera; ni tan siquiera una obra arquitectónica consagrada a la fe. Es algo más que eso..." (Pág. 243) Hombre, en todo caso sería la "primera catedral templaria" dado que, como ya dijimos, los templarios no edificaron ni una sola catedral, edificios que no necesitaban para nada puesto que no tenían obispos. Claro que eso de la "primera (o la última) catedral templaria" recuerda aquello de "Santillana del Mar, la localidad de las tres mentiras porque ni es santa, ni es llana ni tiene mar". Obviamente, la capilla de Rosslyn no es la primera (ni la última), no es una catedral y no es templaria. Tanto hablar de Rosslyn como un edificio enigmático puede hacer pensar que es algo único, pero eso es completamente falso. La Capilla-Colegiata de San Mateo (que es el nombre que hubiera debido llevar) no es más que una de las treinta y siete Colegiatas que se construyeron en Escocia entre 1406 y 1513. Otros de los edificios construidos en este periodo son las Colegiatas de Crichton, Dunglass, Seton... aunque, por desgracia, otras Colegiatas más antiguas como la de Dunbar (que se empezó a construir en 1342) hoy han desaparecido. Como pueden comprobar por las fotografías antes enlazadas, todas ellas tienen elementos comunes, la planta es cruciforme y tienen un cimborrio en forma de torre, el mismo plan constructivo de la Capilla de Rosslyn con la diferencia de que ésta quedó casi completamente inconclusa (lo que hoy puede verse no es más que el coro de la construcción prevista). Ya hemos dicho que no es una catedral sino una Colegiata y tampoco tiene nada de templaria. En 1700 el padre Richard Augustine Hay escribió la historia de la familia Saint-Clair (o Sinclair). Dado que consultó documentos y cartas hoy desaparecidos, su obra es insustituible. Entre otras cosas, habló de la construcción de la Colegiata: "El Príncipe William, sufriendo por causa de su edad, consideró los años pasados y cómo iba a emplear los días que le quedaran. Por eso, al fin de su vida, aparece reconociendo a Dios por los beneficios que había recibido de Él. Le vino la idea de construir una casa al servicio de Dios, obra de lo más curiosa; y para que pudiera realizarla con la mayor gloria y esplendor hizo venir artistas de todas las regiones y de todos los reinos extranjeros, e hizo traer gran cantidad de albañiles, carpinteros, herreros, peones y canteros..." [2] (Pág. 3) Vaya por Dios. Los supuestos Templarios resultan ser artistas traídos del extranjero y el lugar que, supuestamente, es mucho más que un templo se queda en que es una Colegiata construida como acción de gracias por los favores recibidos. Heterodoxo que era el tal William Saint-Clair... A continuación se pone a citar un texto titulado "Templarios y masones, la conexión escocesa" de Fernando Arroyo: "Todas las pruebas señalan a un templario que extrajo los manuscritos secretos que enterraron los judíos meses antes de que los romanos, en el año 70 d. C., destruyeran el templo y los eliminaran. Si nos basamos en esto, en la capilla de Rosslyn, construida por el conde William St. Clair en 1440, se hallarían las claves del origen templario de la masonería escocesa, pues no solo posee elementos simbólicos entre su abigarrada ornamentación -donde el desorden es solo aparente-, que aluden claramente a la masonería, sino también a las familias "Rex Deus", al linaje sacro, a la historia de oculta de los caballeros templarios, y a la Jerusalén del siglo I." (Pág. 244) ¿Y no habrá referencias a los números que van a salir este viernes en el Euromillón? Ya puestos... Por cierto, la fecha de comienza de las obras fue, en realidad, 1446. Por lo demás, parece que D. Fernando también es firme partidario de la máxima de que una falsedad repetida incesantemente termina por convertirse en creíble. Como ya hemos ido viendo, "Todas las pruebas" es ninguna prueba. Ni D. Fernando, ni D. Lorenzo, ni D. Geofredo... han presentado prueba alguna de que tales manuscritos existieran, ni de que los Templarios los encontraran, ni de que los trasmitieran a Escocia, ni de que William Saint-Clair tuviera nada que ver con los Templarios... Es que la simbología... bueno, vamos a ver la simbología: "Entre lo muchos elementos a los que nos referimos, podemos comentar un relieve existente entre dos pilares en el exterior de la capilla, que muestra una ceremonia de iniciación al primer grado de la Masonería. El candidato, arrodillado, tiene los ojos vendados y lleva una soga alrededor del cuello, cuyo extremo sostiene un personaje ataviado con la túnica de los Caballeros del Temple. Sus pies están colocados en la posición que los candidatos masones continúan adoptando hoy en día en las ceremonias modernas y en la mano izquierda sostiene una Biblia. Este relieve fue realizado alrededor de 1450, casi doscientos setenta años antes de la fecha en que, según afirma la Gran Logia Unida de Inglaterra, se inició la Masonería." (Págs. 244-245) Caramba con los investigadores esotéricos españoles. Se ponen a hacer descubrimientos y no paran... ¡Qué esfuerzo tan denodado el suyo! Por favor, comparen el párrafo anterior con este otro: "Relieve entre dos pilares en el exterior de Rosslyn que muestra una ceremonia de iniciación al primer grado de la masonería. El candidato, arrodillado, tiene los ojos vendados y lleva una soga alrededor del cuello, cuyo extremo sostiene un personaje ataviado con la túnica de los Caballeros del Temple. Sus pies están colocados en la posición que los candidatos masones continúan adoptando hoy en día en las ceremonias modernas, y en la mano izquierda sostiene una Biblia. Este relieve fue realizado alrededor de 1450 d. J.C., casi doscientos setenta años antes de la fecha en que, según afirma la Gran Logia Unida de Inglaterra, se inició la Masonería." [3] (Pie de foto en página s/n -es la primera del cuadernillo de ilustraciones que se incluye después de la página 96) Un momento que me llega la inspiración para escribir una novela: En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía... Resulta curioso que el Sr. Fernández Bueno, tan aficionado él a poner fotografías por todas partes tanto si vienen a cuento como si no, no incluya ni una sola dedicada a la Capilla de Rosslyn y, por tanto, tampoco de este relieve cuya importancia parece fundamental. Si vamos a la obra de los señores Knight & Lomas podemos solventar esta carencia, señal de que ambos autores anglosajones si no tienen sentido del ridículo sí lo tienen del juego limpio. Por de pronto, el relieve está muy deteriorado pero no tanto como para que no se advierta que ninguno de los dos personajes tiene pies, de hecho la talla llega hasta el arranque de las piernas así que ¿de dónde se sacan que un personaje está arrodillado y que otro tiene los pies en posición "masónica"? De hecho, ambas cabezas están a la misma altura así que deberían estar en la misma posición, o ambos de pie o ambos arrodillados. Por otra parte, la identificación del personaje que sostiene la cuerda con un templario no se debe a otra cosa que a la imaginación de los autores. Sencillamente, tiene un crucifijo al pecho, pero la cruz es latina, no la cruz patée de los templarios. Nada permite sostener, por tanto, que ese personaje tenga nada que ver con el Temple. ¿Qué representa esta imagen? Pues vayan Vds. a saber, pero la descripción que hacen los Sres. Knight & Lomas, copia el Sr. Arroyo y reproduce el Sr. Fernández Bueno no se ajusta a la realidad y, por tato, las conclusiones que quieren extraer de ella no tienen base alguna. Bueno, con esto dejamos de momento Rosslyn (puesto que D. Lorenzo de momento pasa a hablar de otras cosas) volveremos allí cuando tenga a bien volver a hablar de este tema. NOTAS: [1] Citado en La otra historia de los Templarios. Michel Lamy. Trad. José Ramón Monreal. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000. [2] Citado en La chapelle Rosslyn. Un morceau de Maçonnerie Écossaise. No figura autor. Trad. del autor de estas líneas. Publicación electrónica disponible aquí. [3] Citado en El segundo Mesías. Christopher Knight & Robert Lomas. Trad. Marisa Abdala. Ed. Editorial Planeta S.A. Barcelona, 1998. BIBLIOGRAFÍA: Para las declaraciones de los templarios ingleses y escoceses, véase: Historia General de los Caballeros del Temple. Mateo Bruguera. Ed. Ediciones Alcántara S. L. Madrid, 2000. Tomo IV Págs. 7-90. Para la invención de las relaciones entre Temple y Masonería, véase: Templarios, la nueva caballería. Malcolm Barber. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. Págs. 337 y ss. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (VIII)Viene de aquí Sin embargo, todo este montaje en torno a Rosslyn tampoco nos aclara qué tiene que ver Oak Island con el tesoro del Temple. La relación entre ambos la establece siguiendo la obra de Mar Rey Bueno que, a su vez, dice basarse en una obra del S XVI conocida como "Narración y mapa de Zeno" porque su verdadero nombre es kilométrico. ¿Qué dice esta obra? "Relata la expedición llevada a cabo por el príncipe Henry St. Clair y 300 caballeros templarios, que llegaron a Nueva Escocia, en Norteamérica, en 1398. Es decir, cien años antes que Cristóbal Colón. La misión era clara: encontrar un lugar lejos de Europa donde expandir el poder templario sin miedo a la excomunión dictada por Roma." (Pág. 246) ¿Qué hay de cierto en esas afirmaciones? Pues como viene siendo habitual, nada en absoluto. Será conveniente tratar de este tema con una cierta extensión (sin excesos) porque de este tema tampoco se ha ocupado nunca (que yo recuerde) el escepticismo hispano. Si se están preguntando para qué ha servido el escepticismo español hasta la fecha, la respuesta es sencilla, para demonizar los programas de Microsoft. Bueno, también para inflar el ego y las cuentas corrientes de unos pocos so capa de ejercer de divulgadores científicos, como si la divulgación científica y el escepticismo fueran una misma cosa (de verdad que, por alucinante que parezca, hay quién se lo cree). La "Narración de Zeno" es una obra que fue publicada anónimamente en Venecia es 1558. Está formada por unas cartas supuestamente enviadas a Antonio Zeno por su hermano Nicolò y por otras enviadas a Carlo Zeno (héroe de la guerra entre Venecia y Génova de 1380-81) por Antonio. Estas cartas están unidas por unos comentarios del anónimo autor para mantener la claridad narrativa. Los Zeno son figuras históricas, navegantes venecianos de la segunda mitad del S XIV lo que en principio confiere una cierta credibilidad a esta narración. ¿Qué relata? Comienza con el viaje (real) de Nicolò Zeno a Inglaterra y Flandes en 1380 (lo repitió en 1385). Durante él llegó a una isla (imaginaria) llamada Frislanda, de la que nos dice era más grande que Irlanda. Allí ayuda a un príncipe llamado Zichmni, señor de unas islas llamadas Porlanda en la costa sur de Frislanda y duque de Sorant en el sudeste de la misma isla. Zichmni acababa de derrotar al gobernante de Frislanda, el rey de Noruega, y estaba empeñado en conquistar la isla, objetivo que logra con la ayuda del veneciano por lo que Nicolò es ennoblecido. Zeno escribe a casa y pide a su hermano Antonio que se reúna con él, algo a lo que éste accede. Ya en Frislanda, Antonio es nombrado capitán por el príncipe Zichmni que parece tener unos sueños expansionistas de preocupar porque encarga a Antonio que conquiste Estlanda (las islas Shetland). Sin embargo, interviene la flota del rey de Noruega y el veneciano debe retirarse a una isla deshabitada llamada Grislanda, en la costa sur de Islandia. Después de este revés, el príncipe Zichmni decide cambiar de objetivo y dedicarse a la conquista de Islandia. Conquistan siete islas (inexistentes) en su costa Este: Talas, Broas, Iscant, Trans, Mimant, Damberc y Bres. Desde Bres, Nicolò comienza un viaje de exploración que le lleva a Engrouelanda (Groelandia), pero el frío es tan intenso que regresa a Frislanda y muere allí. Poco después el príncipe Zichmni conoce que unos pescadores han vuelto a casa después de una ausencia de veinticinco años en los que han llegado a dos países llamados Estotilanda y Drogeo, ambos situados al Oeste de Frislanda. Como cuentan historias interesantes como que se libraron de ser comidos por caníbales enseñándoles a pescar, Zichmni decide seguir sus pasos en compañía de Antonio Zeno, pero no encuentran esos países, así que después de recalar en una isla llamada Icaria (supuestamente ubicada cerca de Escocia), se encaminan a Groelandia donde Zichmni funda un pueblo en Trin y explora toda la costa groelandesa. Así concluye esta obra. Supongo que se estarán preguntando dónde demonios están los Sinclair, los Templarios, América... Eso mismo me gustaría saber. Sencillamente, no aparecen por ningún lado. El proceso por el que una narración en la que nada de ello aparece, se convirtió en una supuesta "prueba" es muy curioso. Vamos a verlo. En 1780 John Reinhold Forster propuso que el príncipe Zichmni era Henry Saint-Clair. El cúmulo de errores que cometió Forster tratando de probar esa identificación es realmente memorable. Comenzó por sostener que Frislanda (isla que más grande que Irlanda según la narración) era Faray, una isla diminuta que forma parte de las Órcadas. De igual forma pretendió que Zichmni era una corrupción de Sinclair, y aseguró que la derrota del rey de Noruega ante Zichmni era un reflejo del hecho real de que Henry Sinclair había recibido el título de conde de Orkney de la corona noruega (no me pregunten en qué se parecen estas dos cosas). Dejemos de lado tan jugosa colección de despropósitos y vamos con el Henry Sinclair (o Saint-Clair) real. Éste no fue nunca explorador y no existe la menor prueba de que realizara los viajes y conquistas descritos en la "Narración de Zeno". Es más, como conde de Orkney tenía que proteger las mismas islas Shetland que, supuestamente, intentó conquistar algo que hubiera hecho "poner el grito en el cielo" al rey de Noruega si eso hubiera sucedido. Además, ninguno de los biógrafos posteriores del conde, pese a que se inventaron cosas como darle el título de "príncipe" o como presentarle teniendo una participación decisiva en batallas que tuvieron lugar antes de que Henry Sinclair naciera (como el Cid, pero al revés), hace mención alguna a tan portentosas aventuras. Por ello, todo hubiera debido quedar en el (merecido) olvido, pero en 1870 el geógrafo Richard Henry Mayor revitalizó esta teoría. Por de pronto pretendió haber localizado una confirmación independiente de la "Narración de Zeno", un manuscrito realizado por el genealogista Marco Barbaro en el que figuraba una acotación indicando que Antonio Zeno escribió con su hermano Nicolò la historia de los viajes que realizaron por orden de Zichno, rey de Frislandia. según Mayor, ese trabajo estaba fechado en 1536, por tanto veintidós años antes de la publicación de la "Narración de Zeno". Sin embargo, en el manuscrito hay añadidos realizados hasta 1569, once años después de la impresión de esta obra, así que no es una prueba independiente de su contenido. Peor aún fue el resto de pruebas aportadas porque actuó en el más puro estilo "atlantófilo", es decir, no pretendiendo demostrar que la narración respondía a la realidad sino tergiversando la narración para que encajara con la realidad. Comenzó por cambiar la fecha de 1380 a 1390 puesto que, como ya dijimos, en su viaje de 1380 Nicolò Zeno (el real) no murió como el Nicolò Zeno de la "Narración..." puesto que repitió el periplo en 1385. Pretendió que la isla desierta de Grislanda era Orkney, que Islandia era otra forma de llamar a Estlanda (las islas Shetland)... El trabajo de Mayor era un engendro, pero tuvo éxito (la calidad de una obra y sus ventas no tienen nada que ver, como es notorio). Una de las personas que lo leyó fue Thomas Sinclair (el apellido no es ninguna coincidencia, era un descendiente de la familia Saint-Clair). En 1893, en uno de los actos que celebraban el IV Centenario del descubrimiento de América por Colón (y que habían comenzado en 1892, no se vayan a pensar que eran tan brutos que no sabían contar), leyó en Chicago un trabajo en el que defendía que su antepasado era el verdadero descubridor del Nuevo Contienente. Sin embargo, conforme estas teorías ganaban popularidad, aumentó su crítica (entonces todavía le importaba a alguien la contestación a las afirmaciones erróneas). Fue otro geógrafo, Fred. W. Lucas quién se sintió interesado por el tema y comenzó a buscar paralelismos entre las descripciones contenidas en la "Narración de Zeno" y las procedentes de textos antiguos. Los encontró. Por ejemplo, las historias que cuentan los pescadores que llegaron a Estotilandia y Drogeo están tomadas de las cartas de Colón, de las de Americo Vespuccio, del relato de Jerónimo Aguilar sobre Jamaica, de la descripción de México de Bordone de Benedette... todas ellas obras posteriores a la supuesta redacción de las cartas de los Zeno y anteriores a la publicación impresa. Así demostró que eran una falsificación realizada poco antes de 1558. Por si quedaba alguna duda de ello, Andrea da Mosto en 1938 terminó de destrozar la supuesta validez histórica de esta obra. Ya dijimos que la fecha de la "Narración..." se había cambiado de 1380 a 1390 para adecuarla a lo que se sabía de la vida del Nicolò Zeno real. Pues bien, da Mosto demostró que eso tampoco era posible puesto que en esos años Nicolò había estado en el Mediterráneo. En mayo de 1389 recibió el mando de uan escuadra de galeras. Al año siguiente era gobernador militar de Corone y Modone (en Grecia). A finales de 1392 volvió a Venecia. En 1393 era consejero del Dux. En agosto partió hacia Corfú. En 1394 fue acusado de malversación cometida durante su estancia en Corone y Modone. El juicio se prolongó hasta 1396 y concluyó con la condena de Nicolò a cinco años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, a una multa de 200 ducados y a la devolución de los bienes malversados. A partir de entonces el silencio hasta 1400, fecha en la que redacta su testamento. Por descontado, eso supone que es imposible que estuviera de 1390 a 1394 en el Atlántico Norte y que muriera allí. Si las cartas que forman el núcleo de la "Narración de Zeno" son falsas (y lo son) todo el tinglado se viene abajo. Sin embargo, ya sabemos que nada hay más persistente que una buena historia y desde entonces no han faltado defensores como Frederick Pohl y Andrew Sinclair empeñados en mantener lo que es insostenible. Para ello no vacilaron en continuar las malas prácticas de Mayor, el viaje de Zeno ya no tuvo lugar ni en 1380 ni en 1390 sino en 1396, aprovechando el vacío documental en la vida del Nicolò Zeno real (de todas formas da lo mismo porque no murió allí como pretende la "Narración..." puesto que en 1400 estaba en Venecia donde hizo testamento). Ambos continuaron tergiversando la narración para que dijera lo que ellos querían que dijera. Phol afirma que Frislanda era Fair Island, que Zichmni es una mala transcripción de Sinclair... Andrew Sinclair convierte Neome en Westray, Ledovo en Lille Dimon... y ninguno de ellos hace el menor intento de refutar los trabajos de Lucas y da Mosto más allá de unas descalifaciones genéricas cuando no basadas en citas falsas. Resumamos la situación hasta el momento. Las pruebas presentadas para sostener una relación entre el Temple y América a través de la familia Sinclair son la iconografía de una capilla en la que no aparecen Templarios, tesoros ni América, y una narración de ficción en la que no se menciona ni a los Templarios, ni al tesoro, ni a América ni a la familia Sinclair. Es suma, un descojono. Ahora sería un buen momento para comenzar las imprecaciones contra los "investigadores" esotéricos, sus métodos, el falseamiento o tergiversación de las fuentes documentales... aprovechando, además, la ocasión para dar un ligero "toque" a tantos y tan excelsos escritores pseudohistóricos como pululan por el universo mundo. No obstante, no tengo ganas de ponerme transcendente porque el asunto no lo merece. El mundo no es mejor ni peor lugar para vivir porque D. Lorenzo tenga a bien decir lo que le parezca ni porque yo replique lo que me dé la gana. La sociedad no es más ni menos libre porque crea que hay Templarios hasta en la sopa Maggi o no, que el conde Sinclair viajó a América antes que Colón o que se quedó en su casa tocando la gaita, que el Santo Grial está escondido en la Capilla Rosslyn o que no está en parte alguna. Estas cuestiones no son más que un divertimento y les aconsejo que así las consideren, buenas para pasar un rato de cachondeo y para nada más. No se lo tomen demasiado en serio, yo, al menos, no lo hago. En fin, que a continuación D. Lorenzo pasa a las "pruebas" tangibles. Eso es un suceso tan extraordinario que bien merece una nueva entrada. BIBLIOGRAFÍA: Toda la información sobre "La narración de Zeno" ha sido extraída del artículo "Earl Henry Sinclair´s fictitious trip to America" de Brian Smith. Publicación electrónica disponible aquí. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (IX)Viene de aquí Como parece que el Sr. Fernández Bueno es el primero que no está muy convencido del valor probatorio de la cantata templario-masónica para gaita escocesa que nos ha interpretado de forma deplorable, considera conveniente el citar, por una vez, las evidencias que respaldan esas afirmaciones, lo cual es muy de agradecer porque al menos el que subscribe ya estaba hasta las narices de tanta tradición tricentenaria "made in Germany" cuando no inventada hace cuatro días al grito de Pecunia non odet! (lema que algún escéptico también ha hecho suyo, que en esto en todas partes cuecen habas). Veamos que nos dice D. Lorenzo: "Entre la multitud de esculturas que abarrotan los muros de la capilla de Rosslyn se encuentran unas muy características, situadas sobre una de las ventanas de la misma. Se trata de esculturas que representan sin lugar a dudas mazorcas de maíz, cereal típicamente americano desconocido en Europa en el momento de la construcción de este templo. ¿Es posible que este dato pasara de Henry St. Clair a su nieto William, fundador de la misma?" (Pág. 246) Por fin algo verificable. Antes que nada, veamos esas "esas esculturas que representan sin lugar a dudas mazorcas de maíz". Dado que D. Lorenzo ha estado demasiado ocupado haciéndose fotografías a sí mismo (Págs. 17, 35, 74, 178, 196 y 223), a sus colaboradores (Págs. 183, 308 y 309) y a cosas que nada tienen que ver con estas historias (Págs. 26, 27, 28, 29...) se le pasó el incluir las que sí eran necesarias. Ya lo vimos con la del relieve que supuestamente reproduce una iniciación masónica y ahora con la del maíz (y después veremos otra ilustración que debería haber sido incluida y tampoco lo fue). Bien, ¿dónde están esas indudables mazorcas de maíz? Pues eso mismo me gustaría saber. Para los que se creen esa identificación están en el arco más cercano a la vidiera. Sin embargo, basta con mirar atentamente la representación escultórica y compararla con una planta de maíz para ver que no cuela. Faltan las grandes hojas características de este cereal. Además, las supuestas mazorcas son demasiado anchas y cortas si las comparamos con las reales. Segunda prueba: "La Narración de Zeno describe que un sobrino de Henry, sir James Gunn de Clyth, falleció poco después de llegar a las actuales costas de Massachusetts. Pues bien, grabado en una roca de Prospect Hill, en Westford (Massachusetts), aparece la imagen de un caballero medieval. Se trata de un petroglifo, descrito por primera vez en una historia de dicha población de 1883... Se trataba de una serie de perforaciones en la roca que, tras ser unidas con tiza o espolvoreándolas con polvos de talco, dieron la imagen de un guerrero con casco junto con las formas de su escudo y de su espada que le sirvieron de monumento funerario. El escudo se reconoció como perteneciente a la familia Gunn y la espada se dató entre 1375 y el 1400." (Págs. 246-247) Nuevamente, tampoco hay ninguna fotografía del (supuesto) petroglifo de Westford. No quiero pensar que eso esté causado porque en el (supuesto) petroglifo no se distingue nada. Comencemos por el principio. La "Narración de Zeno", repetimos, no habla de Henry Sinclair, no habla de Massachusetts y no habla de James Gunn (a esto se le llama empezar con mal pie). El escudo (y su motivo heráldico) no está grabado sino pintado. El único grabado real es la T de la empuñadura de la espada que fue realizada por dos muchachos en el S XIX porque el resto de los supuestos grabados son marcas glaciares. Véase este artículo y este otro. Veamos una tercera prueba: "Por último, como tercer punto a favor de este descubrimiento pionero de América, en 1849 se dragó el puerto de Louisbourg en Cape Breton Island (Nueva Escocia) y se identificaron los restos de un cañón, que hoy en día se encuentra en la fortaleza de dicha localidad. Se trata de una pieza de artillería primitiva con ocho anillos soldados alrededor de su pequeño cañón, con una recámara desmontable con asa para cargar la pólvora y con un pie metálico vertical. Este fue el primer tipo de piezas de artillería que se usaron en los barcos. A finales del S XIV ya habían quedado anticuadas puesto que, por aquel entonces, se dominaba el arte de fundir cañones de bronce o de hierro de una sola pieza y no era necesario usar anillas para que las barras soldadas de los cañones no se rompieran. (Págs. 247-248) Obviamente, Andrew Sinclair, que es de quien toma este argumento, no tenía ni idea de la historia de la artillería naval. Las bombardas o cañones de retrocarga de hierro forjado (que es a los que se refiere) se siguieron fabricando hasta el S XVI. Por ejemplo, el Mary Rose (que se hundió en 1545) montaba cañones de bronce y de hierro forjado. Es más, los falconetes (es decir, un cañón de pequeño calibre con una horquilla que se sujetaba a un pie que le permitía girar, justo lo que está describiendo) se empezaron a usar a principios del S XV, es decir, después de que, según Andrew Sinclair, quedaran obsoletos (por cierto, también con posterioridad al supuesto viaje de Henry Sinclair). Por si tienen interés en el tema, aquí pueden encontrar un buen artículo sobre el tema y aquí otro sobre el uso de los cañones navales de hierro forjado. Vamos, que ni de coña es admisible la pretensión de que ese cañón demuestra la existencia de un viaje a finales del S XIV, porque ese tipo de artillería se siguió empleando en el S XVI cuando América estaba más que descubierta. Seguimos: "Esta posible llegada del príncipe Henry a los territorios que posteriormente recibieron el nombre de Nueva Inglaterra concuerda con la leyenda que todavía se conserva entre los indios "micmac", que habla de la llegada del divino Glooscap..." (Pág. 248) ¿De verdad? ¿Qué tal si antes de seguir diciendo estas cosas se leen los mitos que tienen por protagonista a Glooscap? Más que nada, porque me encantaría saber cómo Henry Sinclair hizo crecer a una langosta para que luchara con una anguila gigante. Por cierto, aquí tienen más mitos relacionados con Glooscap. "...semejante al mito maya de Quetzalcoalt, el dios blanco alado que fue identificado con Cortés y que facilitó a este su conquista del Imperio Azteca." (Pág. 248) Vale, el mito "maya" de Quetzalcoalt, por favor... No obstante, estoy de acuerdo en que el mito de Quetzalcoalt (al menos alguno de los mitos porque se refieren a personajes homónimos pero distintos) sí tienen relación con los de Glooscap pero eso no supone una prueba a favor del viaje del Henry Sinclair. A ver si me explico. Hay paralelismos entre ambos, por ejemplo, ambos intervienen en la creación de los seres humanos, ambos son seres civilizadores... lo que posiblemente signifique que ambos proceden de una misma figura mítica anterior o que por influencia cultural uno proviene del otro. El "problemilla" para los que quieren ver en esto una prueba del viaje de Henry Sinclair es que Quetzalcoalt existía (con el nombre que fuera) mucho antes de que Henry Sinclair naciera e incluso antes de que el Temple fuera creado. La "Serpiente emplumada" (que es lo que significa Quetzalcoalt) es ya uno de los dioses a los que se rinde culto en la cultura de Teotihuacán (sus fechas de aparición, desarrollo y desaparición pueden encontrarlas en el artículo antes enlazado) con lo que se va a tomar por el saco toda presunta relación con un viaje europeo en el S XIV, porque para entonces, este mito llevaba siglos existiendo. A continuación, la emprende con los antiguos mapas de esta región citando a Andrew Sinclair: "...en la Baccalearum Regio de Nueva Escocia aparece el cuarto caballero coronado y barbado, arrodillado junto a su escudo y con la sobreveste de las órdenes militares como testimonio de algún recuerdo de una colonia real o principesca que existió allí." (Pág. 248) Pues nada, será cosa de que el Sr. Sinclair piense en aclararnos qué colonias reales o principescas existieron en el centro de África antes de 1500. ¿Por qué? Porque en el mapamundi de Juan de la Cosa también aparecen figuras regias en el centro de África. Sencillamente, las viñetas que figuran en los portolanos y mapas de la época pueden estar relacionadas con los lugares que describen o ser un mero adorno. Por tanto, mal pueden ser una prueba de nada. Todo ello concediendo que tal mapa exista realmente porque al menos yo no he sido capaz de encontrar ninguna referencia a "un mapa del nuevo mundo realizado en el siglo XVI por los cartógrafos Vopell y Vavassatore" (Pág. 248). Sí la obra cartográfica de Caspar (o Kaspar) Vopell (o Vopelius) es conocida, el tal Vavassatore no lo es. Agradeceré cualquier referencia que puedan aportar sobre este tema. "Ante la figura hay una inscripción que dice "Agricole proseu C. di laborator". Estas palabras dan a entender la práctica de la agricultura en aquel cabo, o la existencia en el mismo de plantaciones, a beneficio de una sociedad dedicada al trabajo (laborador), como podría ser una orden dinástica o militar." (Pág. 249) Pues no. Por de pronto las órdenes militares o dinásticas nunca se han caracterizado por su dedicación al trabajo (por lo menos a las faenas agrícolas). Además, la explicación es mucho más sencilla. Laborator es el nombre latino de Labrador y C. Laborator es el cabo Labrador, ni más ni menos. Después veremos de dónde le viene el nombre a la península y al cabo que no tiene nada que ver con órdenes de ningún tipo. "Sinclair indagó en la cuestión accediendo a un mapa anterior conocido como "Frisius-Mercator" de 1537, en el que está grabada la frase "Promontorium agricule seu cabo del laborador" -Promontorio agrícola en el cabo del Laborador-. Además, el autor del mapa localizaba dicho lugar con tres banderas similares a una cruz griega "rematada por una cruz foliada", indudablemente parecida a la que los templarios portaban en su señera, en el "Baccalearum Regio" de la Nueva Escocia." (Pág. 249) Veamos, por de pronto Gérard Mercator y Gemma Frisius en 1537 lo que realizaron es un globo estelar (es decir, la representación de las distintas constelaciones). Supongo que a lo que se refiere en realidad es al globo terrestre de 1535-36 confeccionado por Mercator, Frisius y Gaspard van der Heyden. Además de que vuelve a equivocarse con el tema del cabo Labrador (repetimos, es un nombre propio y no la descripción de una actividad) añade un nuevo error. En efecto, las banderas con emblemas suelen referirse a los países que ejercen la soberanía sobre la zona pero en esta época no hay banderas nacionales así que a veces se producen confusiones de lo más curiosas como los numerosos de mapas de esta época en los que las posesiones españolas en América están señalizadas con las barras rojas y doradas de la corona de Aragón lo que ha dado lugar a algunos curiosos disparates nacionalistas. Esta ausencia de banderas nacionales hace que cada cartógrafo recurra a los símbolos que le parezcan bien. La soberanía portuguesa se señala con frecuencia con la cruz de la Orden de Cristo. Por ejemplo, vean esta sección del mapa de Pedro Reinel (Cc. 1535) en el que podrán encontrar sobre las zonas de soberanía española tanto el emblema de Castilla como el de Aragón y en las de soberanía portuguesa (Brasil y regiones de África) el emblema de los cinco bezantes de plata puestos en sotuer (es decir, cinco bolas plateadas dispuestas en forma de aspa) que son las quinas de Portugal como la cruz roja de la Orden de Cristo. ¿Por qué aparece este emblema portugués en Labrador? Por obvias razones, lo habían explorado portugueses. En el mapa de Alberto Cantino de 1502 aparece sobre la representación de Newfoundland y Labrador la etiqueta "Terra del Rey de Portugall". Las cruces rojas vienen a significar los mismo, que esas tierras son portuguesas. "Lo más llamativo es que en ese mismo punto aparecía la frase "Terra per britanos inventi", anunciando sin paliativos que existía un archivo escondido en la memoria de alguien en el que se guardaba un secreto de vital importancia: el recuerdo de la presencia de colonizadores antes de que fuera realizado el mapa." (Pág. 249) ¡Qué arte para inventarse historias! Esa frase (Tierra descubierta por los ingleses -o los británicos-) sencillamente hace referencia a que, según la creencia de la época, habían sido descubiertas por el italiano Giovanni Caboto, más conocido por la versión inglesa de su nombre, John Cabot, al servicio de Inglaterra. Ni archivos escondidos ni secretos de vital importancia. Simple historia de los descubrimientos geográficos. "Es curioso que "laborador", o labrador, que para el caso es lo mismo, despertó el interés de varios investigadores que intuyeron una hipótesis algo aventurada, pero no por ello carente de valor. Tal palabra podría proceder de "La Bras d´or" o "Labora d´or", nombres con los que eran denominados minas y lavaderos de oro sitos en una pequeña isla de Nueva Escocia, cuya única virtud residía en la belleza de sus bosques de robles. Se llamaba Oak Island..." (Pág. 251) Pues esa hipótesis carece de todo valor por dos razones. La primera es que en Oak Island no había minas ni lavaderos de oro. La segunda es que el nombre de Labrador tiene un origen conocido, el de haber sido explorado por Joao Fernandes "Lavrador" (apodo que se debe a que ésa era la ocupación de su familia en las Azores). Bueno, pues toda esta sarta de disparates da pie para divagar sobre el posible paradero del tesoro del Temple en Oak Island (que Dios no pille confesados...) -Continuará-" Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (X)Viene de aquí Así pues, pongámonos rumbo a Oak Island (Isla del Roble) en Bahía Mahone, Nueva Escocia, Canadá (si no se han dado cuenta, llevamos más kilómetros encima que las maletas de la Piquer y los que aún nos faltan...) ¿Para qué tenemos que irnos al quinto roble a mano derecha? ¿Qué hay en esta isla para que sea tan importante? Si les respondo que "Un agujero" podrían pensar que estoy quedándome con Vds., que les estoy vacilando, tomando el pelo... pero no es el caso. Todo lo más estaría pecando por defecto. En Oak Island hay, en realidad, un montón de agujeros. ¿Un misterio que se reduce a unos agujeros? Bueno, en realidad sí hay un enigma, el hasta dónde estamos dispuestos a llegar los seres humanos para satisfacer nuestros peores instintos (aunque la combinación de agujeros y peores instintos pueda hacer pensar que me estoy refiriendo a la lujuria, en realidad estoy pensando en la codicia). Si llegados a este punto están pensado que cada vez me parezco más al padre Astete, tendrán razón. No soy de los que piensan que la moral católica sea perjudicial ni para las personas ni para la sociedad y, por el contrario, creo que tiene más de beneficiosa que de nociva. ¿Me he vuelto "tarumba"? Pues no más de lo habitual. Otra cosa es que no deban tomarme demasiado en serio... o sí (Rajoy dixit). Después de tan críptico comienzo podemos emprenderla con Money Pit (el Pozo del Dinero). Supongo, con harto atrevimiento por mi parte, que no tienen ni idea de qué va esto porque no es precisamente un misterio famoso en España (para enigmas cutres ya tenemos bastante con las caras al ali-oli de Bélmez). De hecho, si alguna repercusión ha tenido en España es a través de una novela, "El pozo de la muerte" de Douglas Preston y Lincoln Child claramente inspirada en esta leyenda. No obstante, es muy famoso en Norteamérica y está considerado como el mayor misterio de Canadá (clara demostración de que los canadienses tienen pocos enigmas que llevarse a la boca). Este mito (que movería a risa de no ser por el "pequeño" detalle de que ha costado la vida a seis hombres hasta la fecha) comienza en el verano de 1795 cuando un joven llamado Daniel McInnis (o McGuinnis, según otros) deambulaba por la Isla del Roble. En un descampado en el que sólo quedaba un gran roble encontró, según unos, una garrucha colgada de unas de sus ramas, según otros, las señales de que se había empleado este instrumento o, según unos terceros, sencillamente una depresión en el terreno. No se sabe por qué razón (excepto por la desbocada fantasía de un adolescente) dio en imaginar que había encontrado el escondite de un tesoro pirata. Al día siguiente regresó acompañado por dos amigos, John Smith y Anthony Vaughn, y se pusieron a cavar. Pronto encontraron una capa de losas (según se dijo después realizadas con piedras procedentes de Gold River, a pocos kilómetros de Oak Island pero como no se hizo ningún análisis vaya Vd. a saber) y a diez pies bajo ella (un pie es aproximadamente 30,5 cms) unos troncos de roble dispuestos horizontalmente. Sacaron los troncos y continuaron cavando unos 15 pies más. Cuando ya habían llegado a unos ocho metros de profundidad decidieron que necesitaban ayuda para proseguir la excavación así que pidieron apoyo a los habitantes de Chester (la localidad más cercana) que debieron pasar un buen rato con la historia pero no se creyeron ni media palabra porque nadie movió un dedo. De forma un tanto extraña (para mí) los jóvenes no hicieron tampoco el menor intento para proseguir con el pozo hasta 1803-1804 (según otros, en 1810) cuando el trío se une a Simeon Lynds para formar la Onslow Company con el propósito de rescatar el (supuesto) tesoro pirata. Reanudan la excavación y, de acuerdo con la leyenda, encuentran plataformas de troncos cada diez pies junto con capas de arcilla, carbón vegetal y fibras de coco. A los noventa pies (unos 30 metros) encontraron una losa con una extraña inscripción y, poco después, golpearon lo que creyeron eran unos cofres de madera. Entonces se produce nuevamente una reacción incomprensible. Supongan Vds. que durante unos diez años (o quince, según otros) han soñado con el oro de Morgan, del capitán Kidd... y creen que, por fin, está al alcance de sus manos. ¿Qué harían Vds.? Pues el trío (ahora cuarteto) se fue a dormir. Al día siguiente se encontraron el Pozo del Dinero haciendo honor a su nombre porque apareció lleno de agua hasta unos treinta pies de su boca. Todos los intentos de drenarlo acabaron en fracaso. Al año siguiente intentaron realizar un conducto paralelo primero y después transversal para llegar al mismo punto, pero este tunel acabó tan inundado como el primero. Después de tan gloriosos "éxitos" Money Pit permaneció abandonado hasta 1849 cuando la Truro Company decide reanudar las búsqueda del (supuesto) oro. Después de varios intentos logran extraer arcilla, madera y tres eslabones de una cadena de oro (siempre según la leyenda). Esta nueva campaña termina en 1850 después de haber realizado nuevos pozos para intentar evitar las inundaciones con nulos resultados. Desde 1852 hasta 1862 prosiguieron los trabajos hasta que un obrero murió al explotar la caldera de una de las bombas de achique. Antes del desastre habían intentado localizar y cegar el tunel que supuestamente comunicaba el Pozo del Dinero con el mar puesto que se habían dado cuenta (observadores que eran) de que el agua de los agujeros era salada y que su nivel variaba con las mareas. En 1866 entra en escena la Oak Island Eldorado Company (el nombre lo dice todo e incluso era un presagio sobre los resultados que iban a conseguir, los mismos que los buscadores del mítico El Dorado, ninguno en absoluto). En 1893 llega el turno de la Oak Island Treasure Company (eso es optimismo) que localizó y dinamitó el supuesto tunel de alimentación de Money Pit. No obstante, el agua marina siguió entrando en el pozo. Por lo demás, falleció un nuevo trabajador al caer a uno de los agujeros inundados. Ante tan magníficos resultados la Compañía quebró y sus bienes fueron embargados y vendidos en pública subasta en 1900. El fin de S XIX no supuso el del mito y desde entonces distintas compañías han realizado campañas de excavación sin resultado positivo alguno. Eso sí, en 1965 fallecieron cuatro trabajadores más por asfixia dentro de uno de los túneles. El (supuesto) tesoro continúa esperando en el fondo del Pozo del Dinero que, ahora, nadie sabe con certeza cuál es porque entre unos y otros consiguieron excavar cerca de cien pozos y túneles. Pese a las inmensas inversiones realizadas que, por ejemplo, lograron que Oak Island ya no sea una isla porque en 1965 quedó unida al continente mediante una calzada para facilitar el envío de maquinaria pesada, el único oro extraído de la Isla del Roble continúan siendo los tres eslabones de una cadena. Esto, o algo parecido porque las variantes del mito son infinitas, es la historia que todo el mundo cuenta sobre Money Pit y Oak Island. ¿Qué hay de cierto en ella? Volvamos a la obra del Sr. Fernández Bueno para irlo comprobando. "A los doce metros una plataforma de roble cubierta de masilla les indicó que se encontraban en el camino correcto. Pero no había tiempo para triunfalismos. Tres metros más adelante una capa de carbón vegetal fue el preludio de una nueva troncada esta vez con características diferentes a las demás: estaba sellada con fibra de coco. Y así se fueron sucediendo las distintas etapas, a intervalos de tres metros. Más troncos de roble, más fibra de coco y en alguna ocasión la viscosa masilla recubriendo ambos elementos..." (Pág. 255) Pensemos por un momento en esta descripción. Algo no concuerda con la leyenda del comienzo de la historia. Los tres jóvenes quitaron una primera plataforma de troncos a 10 pies de la superficie (unos 3 metros) y después excavaron 15 pies (unos 5 metros) más sin encontrar obstáculo alguno y ahora hay plataformas cada tres metros (10 pies). Pues me faltan troncos, la verdad. Por otra parte, supongamos que tal cosa es cierta. ¿Para qué servían estas plataformas? Porque como obstáculo eran una porquería cuando tres jóvenes sin maquinaria de ninguna clase pudieron eliminar la primera (y única) que encontraron. Tampoco tienen ninguna finalidad estructural. Por cierto, echo en falta algún tipo de resto de muro de contención, apuntalamiento vertical... en un pozo de más de 90 pies (30 metros) excavado en un suelo muy poco firme. Las Compañías sí tuvieron que hacerlos como medida de seguridad ante el temor de que un desprendimiento sepultara a algún trabajador, como pueden comprobar en esta fotografía. Entonces ¿por qué iba nadie a tomarse el trabajo de construirlas si eran inútiles? No se preocupen en buscar una respuesta, sencillamente no existían tales plataformas regularmente dispuestas. Un relato temprano (1863) sobre la historia de Oak Island publicado en el periódico British Colonist y firmado por "un miembro de la Asociación de la Isla del Roble" no habla más que de dos plataformas, la que ya habían quitado los tres jóvenes y otra que encontraron poco más abajo de donde habían detenido su excavación. Después menciona una capa de carbón y otra de arcilla y nada más hasta la piedra grabada de la que hablaremos más adelante. Más adornos de la leyenda que se nos caen, no menciona para nada el supuesto hallazgo de los tres eslabones de la cadena de oro como tampoco las fibras de coco. El problema de la inundación no fue repentino sino que comenzó a filtrarse agua cuando la excavación alcanzó los 90 pies (30 metros) de profundidad y a los 93 pies ya era un problema preocupante. Fue entonces cuando introdujeron una barra en el suelo y a 5 pies (por tanto a los 98 desde la boca de Money Pit) detectaron algo duro que tanto podía ser un cofre del tesoro como una piedra. Eso unido a la llegada de la noche fue lo que hizo que abandonaran el trabajo. Más cuestiones interesantes que se desprenden de esta narración, que el suelo era fácil de cavar y que las señales que hicieron sospechar a McGinnis la existencia de un tesoro pirata eran tocones de árboles cortados, la existencia de un camino semiborrado y la garrucha colgada de la rama del roble. También los tres supuestos jóvenes son mencionados como hombres y dos de ellos vivían en la propia Oak Island. Además, conocían las historias sobre el supuesto tesoro del capitán Kidd (que como no fue un pirata aunque lo ahorcaran por ello, mal podía haberlo reunido). Ya iremos viendo que todo ello tiene su importancia. "Veinticinco, veintiséis, veintisiete metros... Se hizo el silencio.Un sonido metálico escapó desde el interior del pozo. Un material de extrema dureza impedía continuar profundizando. Se trataba de una formación pétrea de 90 cm de largo por 30 de ancho. Ya en el exterior, con la luz del sol alumbrando aquel material inerte, se percataron de que la "placa" estaba labrada en toda su superficie con una extraña simbología sin sentido aparente." (Pág. 255) En realidad, el texto no indica a qué profundidad se encontró la piedra grabada. Recordemos las palabras exactas con las que da noticia del hallazgo: "Further down was a flag stone about two feet long and one wide, with a number of rudely cut letters and figures upon it." (Aún más abajo estaba una losa de aproximadamente dos pies -61 cm- de largo y uno -30,5 cm- de ancho, con una cantidad de letras y dibujos groseramente tallados sobre ella). Sin embargo, y con todos los problemas que genera esta losa, es la piedra angular sobre la que descansa esta leyenda porque si no admitimos su existencia (o si hay una explicación distinta a la de una colocación intencional en el Pozo del Dinero) ni siquiera está claro que Money Pit sea una construcción artificial. ¿Y las plataformas de roble, y la capa de carbón...? Voy a contarles una historia. Unos hombres comienzan a excavar en un lugar en el que hay una pequeña depresión en el terreno y el suelo está suelto como si ya hubiera sido cavado con anterioridad. A dos pies de profundidad encuentran una capa de piedras y más abajo troncos de picea y roble a intervalos irregulares. Parte de la madera parece estar carbonizándose. ¿La demencia senil me hace narrarles la misma batallita de la Isla del Roble? Pues no, porque esto sucedió en 1949 también en Bahía Mahone pero a siete kilómetros de Oak Island. Aunque en un primer momento todo el mundo pensó en que habían encontrado un segundo Pozo del Dinero, se trataba de un fenómeno natural. El suelo se había hundido al ceder una cavidad subterránea y había arrastrado todo lo que había en la superficie, árboles inclusive. ¿Fue este mismo fenómeno lo que dio origen a la leyenda de la Isla del Roble? Pues es muy probable porque en la misma Oak Island en 1878 la tierra se tragó a la pareja de bueyes con la que estaba arando una mujer llamada Sophia Sellers. Los estudios geológicos demuestran que la configuración de la Isla del Roble (como la del resto de la zona) es engañosa. La capa superficial está formada por tierra arcillosa en la que crecen los robles. Debajo de ella se esconden unos estratos calizos en los que abundan las grutas y fisuras. El geólogo E. Rudolph Faribault encontró numerosos sumideros naturales en la costa del continente frente a la isla. En 1975 cuando se trabajaba en un sistema de colectores a un kilómetro de Oak Island se encontró una caverna a 17 metros de profundidad. En 1969 en la propia Isla del Roble, la Triton Alliance Company (que entonces estaba realizando la búsqueda del "tesoro") perforó una gruta a 55 metros de la superficie. Esta hipótesis de la formación natural explica muchos de los enigmas que hemos ido viendo, el que Money Pit fuera muy fácil de excavar porque la tierra estaba ya suelta, las "plataformas" de troncos, la presencia de una capa de carbón (¿para qué se supone que serviría en el caso de ser una construcción artificial?), la ausencia de cualquier resto de apuntalamiento o de muros de contención en el pozo, la ausencia de cualquier resto procedente de la supuesta excavación previa (el Pozo del Dinero está "excavado" en parte en roca caliza pero ¿dónde están los restos supuestamente extraídos?)... pero no el misterio de la losa grabada, así que nos dedicaremos a este enigma. "Además, la piedra, tras ser sometidas a sucesivos análisis reveló ser un trozo de pórfido, mineral este inexistente en toda Norteamérica. ¿Quién se molestó en llevar hasta aquel recóndito paraje la extraña formación rocosa? Y quizás lo más importante, ¿qué significado tenían la extraña escritura grabada en la misma? Si bien es cierto que el sorprendente hallazgo motivó que aquellos hombres no cejaran en su empeño de descubrir el tesoro allí sepultado, no menos increíble resulta el tratamiento que se le dio a la losa de pórfido, que acabó olvidada y polvorienta en la parte trasera de la chimenea que Smith tenía en su casa de Oak Island." (Pág. 255) No sé porqué a D. Lorenzo le parece increíble ese tratamiento si consideramos el que él da a la sufrida lengua castellana. No sé si resulta más deplorable lo de "la piedra, tras ser sometidas...", lo de "¿qué significado tenían la extraña escritura...?", lo del "tratamiento que se le dio a la losa de pórfido..." o, quizás, lo de llamar a ésta "extraña formación rocosa". Después de comprobar (y van...) que los conocimientos del Sr. Fernández Bueno sobre cuestiones gramaticales brillan por su ausencia, podemos examinar sus afirmaciones sobre la losa. Según el relato antes enlazado, la piedra apareció en Money Pit a una profundidad no especificada pero considerable. Después del (supuesto) hallazgo la losa se conservó en casa de la familia Smith donde podía ser contemplada por aquéllos que estuvieran interesados, así que lo de "olvidada y polvorienta" quedaba muy bien en la pluma de D. Gustavo Adolfo, pero es perfectamente prescindible en el caso que nos ocupa. Además "De la chimenea en el ángulo trasero/ de su dueño tal vez olvidada/ silenciosa y cubierta de polvo/ veíase la losa..." es un engendro poético y ya es bastante con los destrozos causados a la prosa como para empezar con los versos. Por aquello de "O Calvo, o tres pelucas" parece que D. Lorenzo pasa de creer que la losa estaba castigada de espaldas a la chimenea a descubrir que fue sometida a análisis sucesivos. Me encantaría saber de dónde se ha sacado la historieta de que era una losa de pórfido porque lo único que se sabe de ella después de esta noticia de que se encontraba en 1863 en manos de la familia Smith, es que figuró en una exposición para recaudar fondos que iban a destinarse a una nueva campaña de excavaciones. Fue entonces cuando (supuestamente) la inscripción fue anotada y descifrada por un profesor de idiomas de Halifax. Éste es el único (supuesto) recuerdo que queda de ella porque la losa desapareció sin haber sido nunca fotografiada ni reproducida en forma alguna. Vamos, que para creerse que fue sometida a análisis cuando ni siquiera se molestaron en hacer un calco de la inscripción... Por ello me encantaría saber qué demonios es lo que reproduce el Sr. Fernández Bueno en la página 262 junto a la indicación: "Losa de pórfido hallada en el interior del pozo" ¡Leches! A unos se les materializan niñas espectrales en las fotografías y a D. Lorenzo se le materializan las propias fotografías además de unos análisis petrográficos. What a wonderful world Oh yeah Es innecesario añadir que al no existir ninguna imagen de la lápida original es imposible saber si la que figuró en la exposición era ésa realmente y, ni siquiera, si la supuesta reproducción del profesor de Halifax era fiel. De igual forma, al no haberse conservado, sólo podemos especular sobre si realmente fue encontrada en el interior de Money Pit y, en ese caso, si pudo haber alguna razón distinta a la colocación intencional para explicar su presencia en él (contrariamente a lo que suele decirse, Oak Island sí había tenido pobladores -posiblemente, colonos franceses- lo que puede explicar cosas como el propio descampado creado en torno al Pozo del Dinero, la existencia de tocones de árboles cortados, el camino semiborrado...) "Tuvieron que pasar varias décadas para que esta fuera tomada en consideración. Y fue precisamente a raíz de una exposición celebrada en Halifax cincuenta años más tarde, con el propósito de recaudar fondos para continuar con las excavaciones, cuando un profesor de idiomas, llevado por la curiosidad que despertaba el asunto, creyó dar con la clave de los caracteres labrados en la piedra. "Diez pies más abajo, dos millones de libras." (Págs. 255-256) Debemos añadir algunos comentarios a los ya realizados. Las medidas de la losa que figuró en la exposición (tres pies de largo por uno de ancho) no coinciden con las que da el texto del British Colonist (dos pies de largo por uno de ancho). La descripción que se ofreció en el periódico también crea algún problema. El autor anónimo habla de letras y figuras e indica que no pudieron descifrar la inscripción por la mala talla o porque no parecía estar escrita en su propio idioma ("but infortunately they could not decipher it, as it was either too badly cut or dit not appear to be in their own venacular.") algo difícil de conciliar con esto que es lo que supuestamente copió y descifró el profesor de Halifax. Como pueden comprobar se trataría de un simple cifrado mediante un alfabeto de substitución (cambiar cada letra bien por otra distinta, bien por un símbolo, número...). Esto es lo que hay y, por tanto, deberíamos optar por dos posibilidades, la inscripción es más falsa que un euro de metacrilato o la inscripción es auténtica. Mi posición es la primera basándome en la "coincidencia" entre la cifra de dos millones de libras de la inscripción y la cantidad que, según la leyenda popular, había enterrado el capitán Kidd, la irracionalidad que supone el que alguien esconda un tesoro y ponga por encima de él un letrero avisándolo, y que la expresión "pounds" (libras) no era de uso frecuente en la época en la que, supuestamente, se escondió el tesoro. Podría considerarse, a priori, que el Sr. Fernández Bueno iba a aceptar ciegamente la autenticidad de la inscripción. Sin embargo su postura es muy particular. Por de pronto cambia la traducción del mensaje cifrado que es, en realidad, "Cuarenta pies más abajo, están enterrados dos millones de libras". De igual forma, intenten aplicar la clave del alfabeto de substitución que pueden encontrar en la página antes enlazada con la fotografía de la página 262 que, supuestamente, reproduce la lápida original. El resultado es algo así como: OWT WO[SIGNO DESCONOCIDO]EB TEEF [SIGNO DESCONOCIDO]TRO[SIGNO DESCONOCIDO][SIGNO DESCONOCIDO] WEIRUB ERA SWNUOP NOI[SIGNO DESCONOCIDO][SIGNO DESCONOCIDO]I[SIGNO DESCONOCIDO] (no se molesten en intentar su traducción del inglés porque no tiene el menor sentido). Es decir, que lo que supuestamente es una reproducción de la lápida original no tiene ningún parecido con la del profesor de Halifax. Sin embargo, D. Lorenzo ni indica que la transcripción Halifax sea falsa ni da la menor explicación de qué es lo que él ha reproducido (si encuentran el menor sentido a ese comportamiento no dejen de indicármelo porque yo no se lo encuentro). "Años después, el célebre profesor Barry Fell, considerado el mayor experto en lenguas antiguas del mundo, ofreció una interpretación diferente del mensaje de la losa. Tal y como afirmaría en estudios posteriores, el extraño alfabeto pertenecía a todas luces a un dialecto copto del área mediteránea, y cuyo contenido era estrictamente religioso." (Pág. 256) Menos mal que soy de las personas que saben que el célebre profesor Barry Fell lo era de biología, que si no igual me creía esa colección de chorradas. Como epigrafista, no es que no esté considerado como el mayor experto en lenguas antiguas (¿en cuáles? ¿en todas?) del mundo, es que no está considerado en modo alguno salvo como motivo justificado para soltar unas cuantas carcajadas. La afirmación que pone el Sr. Fernández Bueno en su boca es un buen ejemplo (y por si tienen alguna duda, es cierto que soltó esa parida). ¿Por qué lo es? Sencillamente, porque el alfabeto copto es el alfabeto griego con el añadido de siete letras tomadas del demótico. Cualquier parecido entre la inscripción tanto en su variante Halifax como en su variante Fernández Bueno, y el alfabeto griego y copto no es que sea mera coincidencia, es que es inexistente. Vamos, que las luces del "a todas luces" estaban cortadas por falta de pago. "No en vano, el pórfido era extraído de las minas de Jebel Dhokan, en la costa oeste del Mar Rojo. La trama alcanzaba así unas dimensiones universales, y como veremos más adelante, el profesor Fell no iba mal encaminado..." (Pág. 256) Pues considerando que la losa no era de pórfido (¿hay que creerse que si lo fuera nadie lo hubiera señalado cuando el pórfido es un material muy llamativo?) y que la inscripción nada tiene que ver con el copto, el profesor Fell iba pésimamente encaminado. En cualquier caso, por una vez nos saltaremos el orden de la paginación del libro para no perder el hilo de las andanzas del gran biólogo metido a pésimo epigrafista. "Pues bien, en los últimos años investigadores como el doctor norteamericano Barry Fell, fundador de The Epigrafic Society International y catedrático de la Universidad de Harvard, periodistas españoles como Juan Jesús Vallejo y Juan José Benítez, o brasileños como Pablo Villarrubia Mauso han unido esfuerzos para iniciar la "persecución" de objetos relacionados con sucesos inexplicables, en los que han sido grabados los trazos de una mano inteligente que hace siglos quiso perpetuar un mensaje, en alguns casos, ya descifrado." (Págs. 263-264) Gracias a D. Lorenzo me ahorro tener que decir nada más sobre este curioso personaje que se unía a investigadores de la talla de Juan José Benítez, Juan Jesús Vallejo y Pablo Villarrubia Mauso. Por cierto, "en los últimos años" no serán tan últimos porque Barry Fell falleció en 1994. "¿Por qué es tan importante la mencionada losa de Oak Island? Como comentara anteriormente, se trata de un material -el pórfido- imposible de hallar en el continente americano. (Pág. 264) ¿Argentina está en el continente antártico? Porque allí hay importantes yacimientos de pórfido (y si no que se lo digan a estos señores que se ganan la vida honradamente con la explotación del pórfido que no existe en América). En cualquier caso da lo mismo porque la losa no era de pórfido. "Si nos atenemos a la hipótesis -acerca de su procedencia- formulada por el doctor Fell observaremos que el cúmulo de casualidades en ocasiones sorprende, hasta tal punto que convendría comenzar a distinguir entre casualidad, y realidad, por muy increíble que esta parezca." (Pág. 264) No hombre, no. Lo que convendría empezar a distinguir es entre "pajas mentales" y realidades. "El defendía que las "letras" labradas sobre la dura superficie correspondían a un extraño alfabeto copto -cristianos ortodoxos egipcios- que se referían con toda probabilidad a un texto religioso. Si a ello unimos que tradicionalmente el pórfido antiguo se extraía de las minas situadas en Jebel Dhokan, en la costa oeste del Mar Rojo, dichos argumentos iban cobrando peso. ¿En qué momento de la historia entra en escena la isla de los robles?" (Pág. 264) Es memorable lo de calificar al alfabeto copto como extraño (y tanto que lo es, no se parece al alfabeto copto ni en el blanco de los ojos...) Por cierto, ¿qué argumentos son los que dice que van tomando peso? Vamos a ver, tenemos una inscripción que no está redactada en copto (recuérdese que está en inglés, cifrado pero inglés) y una losa que no era de pórfido así que, aparte de porque a Berry Fell se le cruzaron las neuronas, ¿qué pinta aquí Egipto? Pues nada. "El escritor y periodista Juan Jesús Vallejo, tras analizar la grafía de los elementos escritos sobre la plancha encontrada en el interior del pozo, está firmemente convencido de que se trata de tifinagh, un alfabeto beréber utilizado por estos clanes tribales hace miles de años en el continente africano." (Pág. 264) Ah, lo bien encaminado que iba el profesor Fell al asegurar que la inscripción estaba en copto es porque estaba escrita, en realidad, con el alfabeto tifinagh. Nuevamente, casi me quedo sin palabras porque el copto tiene que ver con el tifinagh lo mismo que el ruso con el castellano. Por cierto, el alfabeto tifinagh es, hablando con propiedad, la versión moderna del alfabeto líbico. Bueno, por lo menos esta vez han elegido un alfabeto que sí se parece a la inscripción de la losa, no obstante sigue habiendo signos que tampoco se encuentran en el tifinagh ni en su versión antigua (líbico) ni en sus versiones modernas, así que tampoco cuela. "Dicha hipótesis es rotundamente apoyada por Chami Mohamed, catedrático de la Universidad de Oujda y el mayor experto de lenguas muertas africanas del mundo." (Pág. 264) Mohamed Chami en lo que imparte la docencia en la Universidad de Oujda es en lengua y literatura árabe. Eso sí, es un experto en las lenguas y en la cultura de los bereberes (que, por cierto, no son lenguas muertas). Como, no obstante, el argumento de autoridad no sirve para nada, vamos a ver qué resultados obtenemos con esta hipótesis. ""Como antes unidos rezamos. El padre antiguamente jamás les castigó. Nueve de esta manera atesoran la herencia, mi Dios." He de aclarar que algunas de las letras hubieron de ser desveladas siguiendo el alfabeto del código secreto de los templarios." (Pág. 265) ¡Vaya por Dios! Con lo bonito que estaba quedando lo del tifinagh y ahora resulta que algunas letras (no todas) tuvieron que ser cambiadas por otras siguiendo el llamado alfabeto templario (que no tenía nada que ver con los templarios, aviso). Por otra parte, el resultado no es que tenga demasiado sentido, la verdad sea dicha y eso que así se las ponían a Fernando VII. ¿Por qué decimos esto? Tomemos una inscripción (por cierto, ¿cuál de ellas, la de la versión Halifax, la de la versión Fernández Bueno u otra distinta?). Unos signos los consideramos como alfabeto tifinagh, pero si el resultado no tiene sentido podemos cambiar alguno de los signos (obviamente, los que hagan que la inscripción no tenga sentido) siguiendo la supuesta clave templaria que, en realidad, es una variante de la clave Pigpen (vaya nombrecito para un código) empleada por los masones en el S XVIII. Añadamos a esto que el tifinagh es un alfabeto consonántico (es decir, que no representa las vocales) lo que aumenta la posibilidad de formas palabras (por ejemplo, imaginen que el español empleara un alfabeto consonántico y nos encontramos con la palabra "mr" Podría ser "mero" "marea" "muro" "miro" "moro" "Amaro"... cualquier palabra que contenga esas dos -y sólo esas dos- consonantes). Con todo ello, pueden suponer el valor que tienen estas afirmaciones del Sr. Vallejo y del Sr. Chami (en el supuesto de que sea verdad que tiene algo que ver con esta historia) especialmente si pensamos en lo ridículo que resulta el cifrar parte (sólo parte) de un mensaje escrito en tifinagh y escondido (supuestamente) en un pozo en Canadá. ¿Era para prevenir el que alguien que supiera tifinagh se pusiera a hacer agujeros en Oak island? Por cierto, ¿qué relación tenían los templarios con los pueblos bereberes? Bastante tenía la mayoría con no saber latín como para ponerse a estudiar bereber. No obstante, alguno de Vds. puede pensar que es sorprendente el parecido entre alguna de las letras del alfabeto tifinagh y los signos de la lápida de Oak Island. Pues sí, pero también lo tienen, por ejemplo, con los signos usados en la clave de María Estuardo. Con esto acabamos con la lápida milagrosa (no me negarán que tiene su gracia la pretensión de que una única inscripción tiene sentido en tres idiomas tan diferentes entre sí como el inglés, el copto y el tifinagh, como la Trinidad pero en versión lingüística -el día que alguien aplique la Cábala seguro que aparece un cuarto mensaje-), pero no con Oak Island, así que el próximo día volveremos a esta isla canadiense. BIBLIOGRAFÍA: A Critical Analysis of the Oak Island Legend. Richard E. Joltes. Publicación electrónica, disponible aquí. The Secret Of Oak Island. Joe Nickell. Skeptical Inquirer, marzo/abril 2000. Disponible en la Red en esta dirección. (Considero que la parte de este artículo dedicada a intentar relacionar a la Masonería con este asunto es un puro disparate, pero el resto del trabajo sí merece la pena). -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (XI)Viene de aquí Una vez concluida la portentosa aventura de la insólita losa, una en apariencia y trina en esencia, podemos ""Clinc, clinc". El golpe distrajo la sensación de angustia. Allí, bajo sus pies parecía encontrarse un recipiente con forma rectangular, similar a los viejos cofres utilizados siglos ha por los temidos bucaneros..." (Pág. 256) Pena de onomatopeya desperdiciada porque, como ya vimos renglones ha, nunca tuvieron oportunidad de contemplar el (supuesto) cofre. En realidad se limitaron a clavar una barra a través del fango y ésta tropezó con algo duro a metro y medio por debajo del nivel de excavación. Que fuera un arcón, una extraña formación rocosa (vulgo pórfido), un cinturón de castidad abandonado... es una mera elucubración. "Una vez allí, practicaron un nuevo agujero transversal con el objetivo de alcanzar el pozo original. Milagro tal vez sea la palabra más acertada para definir la suerte que tuvieron en esos instantes. Una avalancha de lodo se precipitó sobre ellos, y como ocurriera unos meses antes, el agua ascendió a poco menos de diez metros de la superficie. El implacable enemigo invisible imponía de nuevo su fuerza, y esta vez para siempre." (Pág. 257) No hombre, no. La palabra más acertada para definir eso no es milagro, es mito. Si volvemos a los artículos publicados en el British Colonist en 1863 nos encontraremos con una versión menos dramática pero, sin duda, más cercana a la realidad. Cuando el tunel transversal estaba cerca (a dos pies) de cruzarse con Money Pit, vieron cómo el agua comenzaba a fluir en forma de riachuelos. Todos los intentos por contenerlos fueron inútiles al ser cada vez mayor el caudal de agua que se filtraba por lo que optaron por abandonar el segundo pozo que aún tardó cerca de dos horas en llenarse. ¿"El implacable enemigo invisible"? ¿Desde cuándo el agua del mar es invisible? "De las cinco excavaciones que llevaron a cabo, con resultados dispares, lograron extraer gracias al taladro empleado, que sacaba a la superficie muestras del terreno para los análisis pertinentes, algunos objetos de relativa importancia: tierra, metal y tres eslabones pertenecientes a la cadena de un reloj." (Pág. 258) ¿Qué "análisis pertinentes" serán esos que se imagina el Sr. Fernández Bueno? A los cazadores de tesoros de Oak Island les importó todo tres pares de gónadas... salvo "pillar" el oro cuanto antes mejor. No se hicieron análisis, no se escribieron diarios de la excavación, no se guardaron muestras de los hallazgos supuestamente realizados en el interior del Pozo del Dinero... ni siquiera se conservó la propia estructura de Money Pit porque se aumentó su diámetro a más del doble (de siete pies a unos quince). Es más, tampoco estamos seguros de si el supuesto Pozo del Dinero actual es el original. Ah, y como ya vimos, en el primer relato conservado sobre la historia de la búsqueda del tesoro en la Isla del Roble escrito siglo y pico ha, no se hace mención ni a restos de metal ni de oro como tampoco a un taladro extractor de muestras. Sencillamente, parece que imaginaban qué material estaban taladrando por el sonido que hacía la barrena y, tal vez, por los restos que quedaban en la punta del taladro, un método de lo más científico. "No en vano no tardó en establecerse una relación entre el mar que rodeaba al pequeño islote, y el interior de la oquedad. De este modo, y tras diversos estudios efectuados a pie de terreno, se comprobó que existía una concomitancia entre la subida y bajada de las mareas, y las costantes ascensiones del líquido elemento en Money Pit." (Pág. 258) Diga Vd. que sí. Oak Island es un islote, pero no un islote cualquiera, es un "pequeño islote" que, además, está rodeado de mar. Los canadienses son, sin duda, gente de medio pelo que no pueden permitirse el tener grandes islotes. Mucha Real Policía Montada y mucha gaita, pero a la hora de la verdad... ¿Que tal si, además de dejar de cagarla con su mal uso del léxico, diera un repasito al Principio de los Vasos Comunicantes? Más que nada para que no repita una chorrada como la de las "constantes ascensiones del líquido elemento" que de constante no tiene nada porque el nivel del agua aumenta y disminuye con las mareas (de cajón, y sin embargo...) Por cierto, como los buscadores de tesoros podían ser una panda de ilusos pero eso no supone que fueran tontos, se dieron cuenta rápidamente y sin necesidad de estudios de ninguna clase de que el agua ascendía en los pozos hasta alcanzar el nivel de la superficie del mar en la bahía. Así lo dice el anónimo autor de las publicaciones periodísticas a las que no estamos refiriendo de continuo. "No obstante, algo no cuadraba. La composición estratigráfica de Oak Island no permitía la filtración de las aguas marinas, mucho menos a las distancia a la que se estaban llevando a cabo las prospecciones." (Págs. 258-259) Me divierto mucho cuando D. Lorenzo incurre en autocontradicciones. Antes había dicho que Oak Island es un "pequeño islote" y ahora resulta que las prospecciones se hacían a una distancia del mar que impedía las filtraciones naturales. Como ya dijo un gran sabio aquello de que "Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible" ¿cuál de las dos afirmaciones es cierta? Pues que la Isla del Roble era un islote porque mide cerca de un kilómetro y medio de largo por ochocientos metros de ancho correspondiendo ambas magnitudes a sus valores máximos. Por tanto, aunque Money Pit se hubiera excavado en el centro de la isla (que no es el caso) tendría el mar a una distancia de cuatrocientos metros. En realidad está aún más cerca y, por supuesto, hay casos de filtraciones marinas a mucho mayor distancia de la costa en, por ejemplo, Cabo Verde, así que "menos lobos, Caperucita". Por otra parte, ignoro con qué geólogo habrá hablado el Sr. Fernández Bueno (suponiendo que lo haya hecho) porque como ya dijimos Oak Island se asienta sobre estratos de caliza en los que es perfectamente posible la existencia de filtraciones al abundar en ellos cavidades y túneles naturales. "Por lo tanto ¿cómo era posible que ese mismo agua llegara hasta allí? La explicación aparentemente simple, no hacía más que proporcionar un buen número de incógnitas. En definitiva, alguien, intencionadamente, debía de haber construido un tunel a una profundidad considerable, que conectaba directamente el mar con el estrato más profundo del pozo ¿Con qué motivo? ¿Una obra faraónica exclusivamente para unir las aguas del golfo de Mahone con el extraño agujero? La lógica induce a pensar en algo más." (Pág. 259) Además de permitirme dudar de la capacidad de D. Lorenzo de pensar con lógica sobre este asunto (después veremos el porqué) ¿cuál se supone que sería la diferencia si ese conducto fuera natural en vez de artificial? Pues ninguna, obviamente. Sencillamente al aliminar la tierra que llenaba Money Pit el agua comienza a manar. No hay en ello misterio alguno. Así las cosas ¿por qué hay que pensar en una construcción humana? La primera expedición llegó a esa conclusión no por ninguna razón objetiva sino porque, en caso contrario, la historia del tesoro se iba al garete. Supongamos que el pirata Patapalo se dispone a enterrar sus ahorros fruto de una vida de trabajo deshonesto. Elige la Isla del Roble y se pone a hacer un agujero de tres pares de ovarios (seguro que era de Bilbao, el tío). Cuando llega a unos treinta metros de profundidad se encuentra con la sorpresa de que el hoyo se empieza a llenar de agua. ¿Es creíble que consiguiera de alguna extraña manera retirar el agua y continuar con la excavación como si nada estuviera sucediendo cuando las Compañías (que indudablemente tenían medios muchos mayores que nuestro imaginario forajido) no fueron capaces de pasar de ese punto? Evidentemente, no. Por ello, los miembros de la Onslow Company se vieron en la obligación de pensar en un conducto artificial, una especie de medida de seguridad ideada por el pirata Patapalo para impedir el robo de su botín, porque, en caso contrario, si no habían encontrado ya el tesoro es porque éste no existía. Es fácil comprender que no quisieran asumir este fiasco y así dieron con la "explicación" del túnel (que después se convertían en túneles) que comunica el Pozo del Dinero con el mar de forma que cualquier intento de desenterrar el oro pirata provocara inevitablemente la inundación del pozo. La solución para los cazadores de tesoros pasaba por localizar y cegar tal conducto y a ello se aplicaron. Encontraron la entrada de varios canales subterráneos hechos por el hombre en la costa de Oak Island y la cubrieron de escombros, pero aun así el agua continuó fluyendo a Money Pit, señal indudable de que fueran lo que fuesen (si en realidad existieron porque no se ha encontrado resto alguno de tal construcción) no eran los túneles de alimentación que imaginaron. Desde entonces la obsesión de las diferentes Compañías que se han sucedido en el intento de rescatar el "tesoro" ha sido destruir el(los) acueducto(s) (en algún caso incluso pretendieron haberlo dinamitado), pero el Pozo del Dinero está hoy tan inundado como el primer día. "La mano genial de un ingeniero anónimo había desarrollado todo un entramado de túneles que a la postre ha sido considerado como el mayor sistema de irrigación jamás construido por intervención humana, y la caja de caudales más segura de la historia." (Pág. 259) ¡Qué bonito le ha quedado! Sólo va a tener que resolver dos problemas. El primero es una mera cuestión de lógica (por eso expresé antes mis dudas de que el Sr. Fernández Bueno sea capaz de emplearla en este asunto). No sé si se habrán dado Vds. cuenta del dilema, pero ¿para qué demonios iba a construir el pirata Patapalo una trampa que también le impediría a él recuperar su propio tesoro? No me negarán que hace falta ser tonto del culo (y eso siendo generosos) para proteger el botín de una forma tan perfecta que nadie, ni siquiera el interesado, pudiera recuperarlo. Aunque algunos, que sí se dieron cuenta de este disparate, empezaron a fabular sobre que los primeros prospectores habrían activado una trampa explosiva que ocasionó la inundación bla, bla, bla... eso no es cierto. Sencillamente, al eliminar una cantidad de la tierra que llenaba Money Pit (y con ella la presión que ejercía sobre los canales) el agua comenzó a manar. El resultado sería el mismo si la excavación la hubiera realizado el pirata Patapalo, un expoliador de tesoros ajenos o el Ingenioso Templario D. Bafomete de la Mancha de Grasa. El segundo problema es ¿cómo demonios pudo realizar tales túneles? Si ya es bastante sospechosa la obra faraónica que hubiera supuesto Money Pit (un capitán pirata sabía perfectamente que no era nada conveniente para la salud de su cuello el permanecer mucho tiempo en un lugar que no era amigo y Nueva Escocia no lo era) el ampliarlo con una red de canales subterráneos excavados a gran profundidad es sencillamente increíble. No es sólo cuestión del tiempo que hubiera debido invertir, es que para realizarlos tenía que construir previamente un muro de contención (es decir, levantar una barrera que impidiera que el mar inundara los túneles mientras estaban siendo excavados, algo que suele ocasionar el "ligero problemilla" de acabar con la mano de obra). Esto mismo fue lo que intentaron diversas compañías pero se encontraron con la desagradable sorpresa de que las corrientes son tan fuertes alrededor de Oak Island que sus muros eran derribados antes de ser concluidos (y no intentaron hacerlos con cuatro troncos de roble, precisamente). Parece que el Sr. Fernández Bueno sí es consciente de este problema, pero su explicación es tal vez la más absurda de todo este libro (que ya es decir): "es probable que en la época en que se construyó, las aguas del Atlántico estuvieran más bajas, lo que permitiría poner en marcha las operaciones necesarias para que esta obra titánica pudiera ser finalizada." (Pág. 261) Con un par... Los descensos y ascensos apreciables del nivel del mar se producen como consecuencia de las glaciaciones y los deshielos. Es obvio que ante un fuerte descenso de las temperaturas, aumenta el manto de hielo y el nivel del mar disminuye al recibir menos aportes hídricos ya que el agua permanece en estado sólido. Por el contrario, al subir las temperaturas se deshiela el manto y el nivel marino aumenta. Incluso en esos casos estamos hablando de un ritmo rápido cuando el mar asciende, por ejemplo, cuarenta milímetros en un año, pero el último ascenso rápido (once milímetros al año) del nivel de mar acabó hace 6.000 años. Desde entonces el nivel del mar no ha experimentado grandes cambios. Es más, el momento en que las Compañías comenzaron a excavar en Oak Island (primeros años del S XIX) coincide con el mínimo de Dalton, una etapa de temperaturas muy bajas, así que ¡tururú! ""Cuando sean siete las muertes que se han de producir, pues así ha sido escrito, en ese momento y solo en ese momento será conocido el secreto del pozo."" (Pág. 262) ¿Qué es esto? ¿Las profecías de la bruja Averías? Por desgracia, D. Lorenzo no indica de dónde se ha sacado esa chorrada (una pena, porque prometía una nueva sesión de carcajadas). Esto degenera por momentos... "¿Quiere decir esto que los caballeros de la Orden del Temple están detrás de tan magna obra? Es una posibilidad como tantas otras. La elucubración es gratuita, y evidentemente, si alguien estaba preparado para recorrer la larga travesía oceánica, arribar a las costas del contienente americano y construir tamaña fortaleza subterránea, sin lugar a dudas, esos eran los templarios." (Pág. 265) Si ya decía yo que esto degenera por momentos... Claro, los templarios tenían una inmensa experiencia en la navegación por el Atlántico porque, como sabe todo el mundo, para ir de Europa a Palestina hay que pasar por los Azores, Madeira, las Canarias, Cabo Verde... crucero turístico que los peregrinos a Tierra Santa agradecían mucho, sin duda. A ver si soy capaz de guardar una cierta apariencia de seriedad (no saben lo que me cuesta, la verdad); por mucho que se quiera hablar de los Templarios en La Rochelle (base que, como ya dijimos, se usaba principalmente para exportar vinos franceses a Inglaterra), la flota templaria estaba pensada para el Mediterráneo. Sus barcos partían principalmente de puertos como Marsella y Brindisi con destino a San Juan de Acre conduciendo tropas, caballos, suministros, peregrinos... En el Mediterráneo estaban sus principales barcos como "El halcón" que tenía fama de ser el buque más grande del mundo y que había sido adquirido por El Temple a los genoveses (su capitán era un tal Roger de Flor que se haría famoso más tarde como capitán de la Compañía Catalana, tropas mercenarias al servicio del basileus de Bizancio). Si como marineros por el Atlántico los Templarios dejaban mucho que desear, como constructores subterráneos más aún. ¿Puede saberse qué construcciones subterráneas realizaron? Porque como ejemplos de edificaciones templarias se conservan fortalezas (especialmente importantes las de Tierra Santa por obvios motivos), capillas e iglesias, e incluso algunas encomiendas, pero nada de ello capacita para una construcción como la (supuesta) del Pozo del Dinero. Es más, cuando los templarios realizaron edificios para albergar fondos, lo que hicieron fue una torre (París y San Juan de Acre), no un hoyo. Ah, y como pequeña maldad por mi parte, en el S XIV (fecha en la que, supuestamente, llegaron los templarios a Oak Island -me da la risa sólo de pensarlo-) la temperatura era superior a la que encontraron los prospectores de las Compañías en el S XIX, así que el nivel del mar no era inferior. Bien puede decir el Sr. Fernández Bueno que "La elucubración es gratuita" porque si hubiera que pagar dinero por ella, estaría arruinado para los restos. "Es más que probable que en el interior de money pit tan solo se encuentre un maltrecho tesoro enterrado años ha por las huestes del bucanero Francis Drake o William Kids." (Págs. 266-267) Pues no. Lo que es más que probable es que dentro del Pozo del Dinero no haya tesoro alguno, ni maltrecho ni más bonito que un San Luis. Lo que además es imposible es que dentro de él esté el tesoro del bucanero Francis Drake porque éste no era bucanero ni tigretón, era corsario. También lo es que en él esté el tesoro del bucanero William Kids, personaje desconocido en la historia de la piratería. Si quería referirse a William Kyd o Kidd (el famoso Capitán Kidd) éste tampoco era pirata y sí todo lo contrario, recibió el encargo del rey de Inglaterra de dar caza a los auténticos piratas (y el porqué acabó colgado es una historia que ahora no viene al caso y que, además, ya contamos en otra ocasión). "Empero, no está de más intentar dejarnos llevar por la imaginación, y pensar en un cúmulo de coincidencias que una vez más destapan la arraigada relación de avanzadas civilizaciones del pasado con insondables enigmas del presente. Templarios, piratas o dioses de mundos lejanos... La Historia está escrita, pero a toscas pinceladas..." (Pág. 267) No se esfuerce, D. Lorenzo, no se vaya a herniar. De verdad que no tiene que intentarse dejar llevar por la imaginación, eso en Vd. es algo natural. Pues ya saben. Los templarios y los piratas eran "avanzadas civilizaciones del pasado" y Money Pit lo construyeron los extraterrestres. Ejem, esto más que "toscas pinceladas" son burdos chafarrinones. Bueno, y con esto hemos acabado con Money Pit, Oak Island y su pastelera madre. Ahora nos iremos a un territorio mucho más cercano y hermoso, las islas Canarias. ¿Ya hemos terminado con los templarios? Esto... pues no. Ahora vamos a recorrer la encomienda templaria de Tenerife, su Virgen Negra y sus Baphomets. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (XII)Viene de aquí ¿Se han repuesto ya de la impresión causada por la mención a la encomienda templaria en las Islas Canarias o no se han dado cuenta de la chorrada? Comencemos por el principio. Ya habíamos dicho que el Temple fue disuelto por papal decreto en el año 1312. La presencia continuada de europeos (la estancia del genovés Lancelotto Malocello en Lanzarote en las primeras décadas del S XIV no tuvo continuadores) comienza (tras el redescubrimiento de las islas por parte de la expedición portuguesa de 1341 al mando de Angiolino de Tegghia de Corbiz) en 1351 cuando un grupo de monjes mallorquines funda el obispado de Telde que sería confirmado por la bula "Caelestis rex regnum". Este obispado tuvo una existencia corta y convulsa porque, después de ser revitalizado por la llegada de frailes carmelitas y agustinos en 1386, acabó con la matanza de los religiosos en 1391 tal vez porque la población los relacionara con la captura de pobladores (para venderlos como esclavos) realizada por Gonzalo Pérez Martell. Es decir, hasta unos cuarenta años después de que la Orden Templaria desapareciera, no comienza el establecimiento permanente de europeos en las Islas. Así pues, mal iba a existir la supuesta encomienda templaria de la que, por supuesto, no hay la menor prueba documental ni arqueológica. Ajeno a todo ello, D. Lorenzo se planta en Tenerife (algo que me parece muy bien porque las Canarias siempre son merecedoras de una visita -mejor si es prolongada- con independencia de que las afirmaciones esotéricas sean tan infundadas como en este caso) y más concretamente en la localidad de Adeje donde va a visitar la iglesia de Santa Úrsula, pero como llega fuera del horario de apertura, de momento se tiene que limitar a ver el exterior. "En la parte alta, la campana era sujetada por un arco enmarcado en un friso similar a los que coronan los templos egipcios, con una salvedad: las enigmáticas cabezas redondas situadas a ambos lados del "balcón" de piedra." (Págs. 269-270) El Sr. Fernández Bueno sigue viendo misterios donde no existen. Basta con contemplar esta fotografía del templo para comprobar que la campana está situada en una enigmática... espadaña, similar a tantas otras que coronan iglesias de cualquier época en toda la geografía española. Tampoco la presencia de una "cabeza redonda" es nada extraño y es un elemento decorativo presente en iglesias como la de San Ildefonso en Jaén. Si fuera una cabeza cúbica tendría, sin duda, algo más de enigmática... Como D. Lorenzo no puede visitar el interior de la iglesia se va al hotel no sin antes protestar por el Tenerife turístico: "ese atiborrado de orondos personajes capaces de destruir el patrimonio milenario a fin de dar descanso a sus cuerpos ungidos de alcohol." (Pág. 270) Por de pronto, con alcohol no se puede ungir nada (sólo con substancias oleosas) y los turistas (orondos o delgados, que de todo hay) no suelen ser tan idiotas como para frotarse con alcohol. Si no son abstemios se lo beben, algo tanto más inteligente si es en forma de ron de Arehucas. Al día siguiente, por intermediación de D. José Gregorio González (¿cómo no?) se reúne con D. José Antonio Hurtado (ya imaginaba yo que mezclando las Canarias con los Templarios no iba a tardar en aparecer este curioso personaje). El ingeniero aeronáutico metido a historiador (¿?) le suelta un rollo macabeo al Sr. Fernández Bueno del que entresacamos sus párrafos más significativos: "Hasta donde me han llevado mis investigaciones puedo asegurar que desde la época de Claudio Ptolomeo, bibliotecario de la Gran Biblioteca de Alejandría allá por la segunda mital del S II, las islas de Canarias se convirtieron en el punto neurálgico de un sistema de representación gráfica basado en los principios de la proyección cenital cuyo centro de proyección calculo que estaba en la vertical de Canarias." (Pág. 271) Pues hasta donde llegan mis investigaciones puedo asegurar que no se ha conservado ninguno de los mapas que, supuestamente, dibujó Ptolomeo así que mal podemos saber si el centro de proyección estaba en la vertical de Canarias o en la de Sebastopol. Lo que sí hizo Ptolomeo fue asignar la longitud origen a las Islas Afortunadas (Macárôn Nesôi) y más concretamente a cuatro de ellas, Aprósitos, Plouialia, Kapraria y Ningouaria porque a las dos restantes, Heros y Kanaria, le asignó la longitud +1 (es decir, se "comió" una isla y les asignó longitudes equivocadas suponiendo que estaban alineadas de Norte a Sur en vez de Este a Oeste). Olvidando ese error, ¿por qué lo hizo? Porque eran las tierras más occidentales de las conocidas. Pero el que el meridiano origen, según Ptolomeo, fuera el que pasara por las Canarias (y, por herencia de esa consideración, durante años fue aceptado como meridiano origen el que atraviesa la actual isla de Hierro hasta que, por acuerdo internacional, pasó a serlo el que pasa por Greenwich) no significa que se empleara como centro de proyección. Sobre este tema, es interesante el trabajo de Dña. Araceli Gutiérrez Llorente sobre las diversas proyecciones propuestas por Ptolomeo. "Hay otra línea roja, en la parte superior derecha de la fotografía que nos muestra exactamente el paralelo 36º N que va desde Gibraltar hasta Rodas y que en la Antigüedad Clásica era el "eje" del Mediterráneo. Se puede apreciar cómo dicho paralelo no es "paralelo" en la foto, del mismo modo que no lo es en el mapa mencionado ni en ninguno de los portulanos primitivos de los siglos XIV y XV, tanto de la escuela veneciana como de la mallorquina." (Págs. 271-272) Esto del paralelo que es oblicuo es de nota. El problema, claro, es que lo que él considera la representación gráfica de un paralelo no lo es. Veamos un detalle del llamado Atlas Catalán, tal vez el más conocido de los antiguos portulanos. Podemos apreciar una serie de líneas que se entrecuzan, pero éstas no son paralelos y meridianos sino líneas de rumbo generadas desde las llamadas Rosas de los Vientos. Como se distinguían treinta y dos direcciones distintas de los vientos, su desarrollo genera líneas de rumbo tanto paralelas como oblicuas. Las supuestas representaciones de los paralelos no son tales y, por tanto, todas las conclusiones que quiere extraer de esta presunta desviación del paralelo son improcedentes. "Los portulanos son mapas que según los expertos se realizaron mediante la integración de datos reunidos por distintas personas y que los habían obtenido por triangulación magnética de los diferentes puntos costeros;" (Pág. 272) Pues no. Los portulanos se obtenían por la integración de datos entre los que estaban la latitud obtenida por observaciones astronómicas mediante el uso del astrolabio (la longitud tardaría mucho más tiempo en poderse fijar de forma precisa mediante el uso de cronómetros), así como las distancias entre puntos estimada mediante la corredera y no por la "triangulación magnética" (¿?) Por cierto, esta unión de datos de procedencia diversa dio lugar a varias "meteduras de pata" divertidísimas como la de mezclar mapas realizados en distintas unidades de longitud con el resultado previsible (desproporción de unas zonas geográficas con relación a otras) o la repetición de accidentes geográficos (por ejemplo, en el mapa de Piri Reis aparecen dos ríos Amazonas). "Si nos fijamos en la parte inferior izquierda -América del Sur-, la semejanza con la carta de Piri-Reis no es casual. El investigador Charles H. Hapgood en su obra Maps of the ancient sea kings proponía este tipo de proyección situada con otro centro." (Págs. 272-273) En efecto, la semejanza entre una fotografía tomada desde satélite de América del Sur y un mapa de América del Sur no es casual (no me pregunten qué conclusiones se supone que hay que extraer de eso porque escapan a mi conocimiento), es de cajón salvo que el cartógrafo sea un incompetente de la leche en verso. Por cierto, el Sr. Hapgood proponía que el "otro centro" que el Sr. Hurtado pretende estaba en las Canarias estaba, en realidad, cerca de El Cairo. No se preocupen en intentar saber quién de los dos tenía razón porque los dos están equivocados y por la misma razón, pretender que las líneas de rumbo eran representaciones de los meridianos y paralelos. Sobre el mapa de Piri-Reis que tanta atención ha merecido de los "misteriólogos", véase el magnífico artículo del Dr. Javier Garrido que pone las cosas en su justo punto. "Por último se puede ver una línea roja quebrada, también dibujada a trazos y que une Canarias con La Española. Es la representación sobre las cartas portulanas o sobre el mapa de Juan de la Cosa de la ruta que ha llegado a mis manos con el nombre de "T y D" -Teide- y por donde viajaron hasta el Caribe fenicios, griegos, romanos, árabes, caballeros y servidores de la Orden del Temple." (Pág. 274) Memorable. Esa ruta estaba marcada en los portulanos ¿también en aquéllos en los que, por estar realizados antes de 1492, no aparece para nada el Caribe? Y si aparece después no tiene nada de misterioso. Sencillamente es la ruta que siguió Cristóbal Colón en su primer viaje. Sobre todos esos desplazamientos al Caribe, tal vez sería conveniente que presentara alguna prueba de que existieron. "Muchas son las huellas de la presencia de la Orden en las Islas -otra cosa bien distinta es que se quieran o se sepan reconocer-, desde la tan traída y llevada Virgen de Candelaria, que a través de las navegaciones musulmanas que partieron de Lisboa puestas al descubierto por Juan Vernet podemos relacionar con la Virgen de Guadalupe mexicana,..." (Pág. 274) ¿Eh? Vamos a ver si no metemos en el ajo a gente que nada tiene que ver con estos asuntos. D. Juan Vernet, magnífico arabista e historiador, ha realizado contribuciones destacadísimas en temas muy relacionados con el de la cartografía antigua, desde el origen musulmán de los portulanos hasta el estudio de los instrumentos que la hicieron posible como el astrolabio. Además ha explicado la introducción por influencia islámica de dos avances técnicos que serían fundamentales para la exploración atlántica, la vela latina y el timón de codaste. También ha rastreado las exploraciones musulmanas en el Atlántico y determinado que, en el caso de las Canarias, mallorquines y genoveses vinieron siguiendo los descubrimientos realizados por los navegantes islámicos. Lo que no ha hecho nunca es mencionar a los templarios canarios ni relacionarlos con la Virgen de Guadalupe (que no me pregunten qué se supone que "pinta" en esta historia porque lo desconozco). De la Virgen de Candelaria ya tendremos ocasión de hablar más adelante, así que proseguimos. "...hasta el curioso nivel de civilización que tenían los aborígenes de la Gran Canaria, isla de soporte y abastecimiento de la encomienda templaria, donde se "armaban", reparaban y posiblemente se construían las naves que aprovechaban el momento oportuno de vientos favorables para cruzar a Tenerife." (Pág. 274) Puffff. Vamos a ver, la población original de las Canarias en el momento de la conquista castellana no conocía la navegación y, por tanto, no hubo contactos entre las distintas islas. Este aislamiento (nunca mejor dicho) dio lugar a que en cada isla surgieran rasgos culturales propios (véase este interesante artículo de D. J. F. Navarro Mederos). En el caso de Gran Canaria, hay, en efecto, una cultura diferente que se traduce en la existencia de grandes poblados a veces fortificados, graneros colectivos, pinturas murales de gran belleza (es mi opinión, pero no creo que haya voces discrepantes a este respecto)... pero tampoco ellos construían barcos (como mucho una especie de canoas) tarea un tanto difícil puesto que carecían de metales (las armas con las que se enfrentaron valientemente a los conquistadores castellanos eran de madera endurecida al fuego y piedra) algo lógico atendiendo a la ausencia de minerales metálicos en el archipiélago. "La Figura 3 muestra inscripciones que se creen zoomorfas pero donde se puede ver una cruz rodeada rodeada siempre por lo que aparenta ser la forma de un escudo, encontradas en Tenerife en la zona de La Laguna." (Pág. 274) ¿Y? La conquista de la isla de Tenerife fue la última en completarse en 1496, pero ya había asentamientos castellanos anteriores como la Torre de Añazo (Santa Cruz) en 1464. Así que no sé que hay de extraño en que representasen en un grabado los símbolos que veían portar a los invasores. En el artículo anteriormente enlazado del Sr. Navarro Mederos hay un grabado mucho más espectacular de un barco castellano o portugués. "La Figura 4 es una cruz templaria hallada en la pintura de una cueva del Roque de Bentayga -Tejeda- en Gran Canaria. Se observa la semejanza de la pintura de la zona superior derecha con una nave de un solo palo, con la vela recogida." (Págs. 274-275) ¿Y? Por de pronto la supuesta semejanza con el barco no existe y la supuesta cruz templaria es la cruz de la Orden de Cristo portuguesa que estaba presente en las velas de sus barcos, un símbolo con el que los pobladores de Gran Canaria estaban familiarizados puesto que comerciaban (ya antes de la conquista militar) con los navíos castellanos y portugueses. "Pero si hay pruebas de la presencia en Canarias de la Orden,..." (Pág. 275) ¿Cuáles? Porque lo que ha presentado hasta el momento no vale como prueba de tal afirmación como hemos visto. "...existe una magnífica explicación de por qué desapareció en dos admirables pinturas que se hallan en una gruta del Morro del Cuervo, en la zona de Agüimes, también en Gran Canaria. La Figura 5 presenta en primer plano una figura antropomorfa con sayas o sotanas que parece huir "saltando" de la propia imagen, mientras en segundo plano alguien "remangado" le persigue, quedando en el suelo una figura también ensotanada con algo en la mano izquierda." (Pág. 275) Por de pronto no sabía que los templarios usaran sotana. La figura "perseguidora" lleva un claro tocado en la cabeza, así que no se remanga nada, es uno de los pobladores canarios. Además lo de las sotanas queda para la imaginación de cada uno. Incluso si lo fueran ¿no sería una representación de la matanza de los misioneros de Telde que fueron despeñados? "La Figura 6 repite casi la misma escena: dos figuras corriendo hacia el primer plano mientras al fondo es perfectamente distinguible el perfil de Sudamérica, y un árbol al lado de lo que podría ser una isla. Es muy curiosa la semejanza de este con el drago, una de las plantas características de la flora canaria." (Págs. 275-276) En realidad se trata de manchas que parecen formar parte de las piernas de la figura. El supuesto drago parece una seta. Y con esto termina, de momento, la intervención del Sr. Hurtado al que volveremos a encontrarnos en el siguiente (y último) capítulo, pero antes debemos concluir con los Templarios y su virgen negra que tiene la cara blanca. -Continuará- Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (y XIII)Viene de aquí Después de tan impactante entrevista entre el Sr. Hurtado y D. Lorenzo sucede una cosa muy extraña, ambos deciden actuar como siameses: "Sumidos en un profundo abrazo él siguió su camino, y yo continué por la senda..." (Pág. 276) Camino y senda que, supongo, coincidirían porque si no es un tanto difícil que pudieran hacerlo mientras permanecían "sumidos en un profundo abrazo". Bueno, en realidad también es un poco "jodido" el ponerse a andar con alguien abrazado a ti, pero ya se sabe que hay gente para todo. Supondremos que es una nueva "metedura de pata" del Sr. Fernández Bueno y continuaremos siguiendo sus andanzas. "El último eslabón nos esperaba de nuevo en Adeje. La iglesia, gracias a la intervención de José Gregorio, abría sus puertas a primera hora de la mañana para poder llevar a cabo la visita al recinto." (Pág. 277) Bueno, y después de la intervención intercesora de D. José Gregorio ¿qué sucede? "A la derecha, cerrada con un candado de gran tamaño y una rejería impenetrable, se encontraba la talla más polémica de las islas: la reproducción de la supuesta imagen de la Candelaria. Y sí, supuesta, porque la "verdadera", la patrona de estas tierras era venerada en la localidad del mismo nombre, a una hora de camino en dirección norte." (Pág. 277) Vaya por Dios. D. Lorenzo tampoco se ha enterado de la verdadera historia de ambas tallas. A ver si lo explicamos. La escultura original (después diremos algo de la hermosa leyenda que la rodea) se encontraba en Candelaria (la advocación de la Virgen dio nombre al santuario y, posteriormente, a la localidad). De esta talla se hicieron versiones de la que la más antigua (y ya del S. XVII, según parece) es ésta de Adeje. Por desgracia, en noviembre de 1826, una riada arrastró la escultura de Candelaria de la que nunca más se supo. Para paliar esta pérdida, los dominicos (encargados del santuario de Candelaria) solicitaron a los señores de Adeje el préstamo de su escultura por su gran parecido con el original con motivo de la festividad de la Candelaria (2 de febrero) de 1827. Mientras tanto el gran escultor Fernando Estévez del Sacramento recreaba la original, un encargo difícil pero que, parece ser, logró concluir a plena satisfacción de los fieles (en mi opinión la talla es, realmente, muy hermosa). Por tanto, la imagen "verdadera" no se encuentra ya en parte alguna. "¿Por qué entonces era importante, transcendental incluso para algunos, el mensaje que escondía esta otra virgen? Con solo echar un vistazo a su vestimenta, más concretamente al manto, esta cuestión quedaba más que saciada. Sobre el telar azul sembrado de estrellas de ocho puntas, aparecían letras, muchas y diferentes, dispuestas de manera aparentemente anárquica. ¿De dónde procedía tan extraña representación?" (Pág. 277) Pues procedía de la imagen original, de la hoy perdida talla de Candelaria. Claro que para "extraña representación" la de la Virgen con un "telar azul sembrado de estrellas de ocho puntas". Conocía la Virgen de la Rueca, pero la Virgen del Telar es una novedad (sin ironía, esto es una nueva "metedura de pata" de D. Lorenzo porque lo que quería decir es "la tela"). A continuación, el Sr. Fernández Bueno reproduce la leyenda de la Virgen de Candelaria tal y como la escribió Fr. Alonso de Espinosa en 1594, es decir, casi doscientos años después de sucedidos los hechos. Dado que es una leyenda interesante (en mi opinión) les hago un breve resumen. En torno al año 1400 (recuérdese que la conquista de Tenerife acabó en 1496) dos cabreros guanches vieron una mujer con un niño en brazos en la playa de Chimisay. Como las cabras no se movían por estar contemplando a la desconocida y los guanches tenían el tabú de que no podían hablar con mujeres en lugares solitarios, hicieron señas a la desconocida para que se apartase, pero ésta continuaba inmóvil. Uno, entonces, quiso arrojarle una piedra, pero el brazo se le quedó muerto. El otro, sacó su cuchillo de piedra para apuñalar a la mujer, pero el arma se volvió contra él. Ante esos prodigios, los cabreros optaron por avisar a su mencey, Acaymo de Güímar, que se transladó a Chimisay. Allí vieron que la mujer era, en realidad, una escultura que el mencey quiso transladar a su cueva. Cuando los dos cabreros tocaron la talla quedaron sanados de sus heridas. Entonces, el propio Acaymo la condujo hasta que notó como su peso aumentaba extraordinariamente por lo que tuvo que pedir auxilio (en ese punto se construyó posteriormente la ermita del Socorro). Finalmente, pudo ser conducida a la cueva de Acaymo en Chinguaro. Un guanche de nombre Antón, que había sido capturado y cristianizado por los castellanos, pudo escapar y regresar a su tierra. Al contemplar la imagen, les explicó que era María, la madre de Jesús por lo que pasó a ser adorada como Chaxíraxí, la que carga al que sostiene el mundo, produciéndose un sincretismo entre la religión guanche y la católica que favoreció la posterior cristianización de la población tinerfeña. Con fama de obrar numerosos milagros, la Virgen fue robada por los castellanos, pero se produjo una epidemia de peste que atribuyeron a la cólera celestial por el sacrilegio cometido por lo que fue devuelta a los guanches. Con el tiempo, los lugares en los que estuvo se convirtieron en ermitas y se construyó lo que hoy es un gran santuario a orillas del mar. Dejando aparte la cuestión de si se trató de un montaje castellano para facilitar (o eso esperaron ellos) la posterior conquista militar, una invención posterior para defender a los guanches que estaban sometidos a un régimen esclavista, un mito que sirviera de excusa para la cristianización de las creencias y lugares de culto guanches... ¿qué pintan aquí los Templarios? "Los años pasaron y la conquista de las islas se hizo efectiva de la mano del normando neotemplario Jean IV de Bethencourt, quien partió del antiguo y laureado puerto de La Roselle para ocupar aquel territorio hostil y diabólico. Y entraron en escena los españoles." (Pág. 279-280) Por de pronto me gustaría que me explicase lo de "neotemplario" de dónde se lo ha sacado o si es mero fruto de su fértil imaginación. Por otra parte, los castellanos estuvieron en escena desde un principio puesto que en 1344 el Papa concedió el señorío de las Islas a D. Luis de la Cerda pese a la protesta de los portugueses. Por eso Enrique III llegó a un acuerdo con Jean de Bethencourt para que éste conquistara el archipiélago, tarea que inició en 1402 junto a Gadifer de La Salle en una expedición que partió inicialmente de La Rochelle, pero cuya última escala fue Cádiz. Además, la conquista de las Islas no se hizo efectiva entonces porque Jean de Bethencourt no pudo pasar de dominar Lanzarote, Fuerteventura y Hierro. Hasta la conquista de Tenerife pasaron 94 años (para entonces Jean de Bethencourt estaba "criando malvas") en los que los castellanos hicieron gala de una brutalidad sin límites y sufrieron algunas derrotas increíbles. "Tenerife, por aquellas fechas de 1425 estaba regentada por menceys, que con mano firme y espada afilada se impusieron al incesante y efectivo avance de los castellanos, dispuestos a arrebatarles sus tierras, sus casas y su milenaria cultura." (Pág. 280) Pues no seré yo el que desmienta la mano firme de los menceys ni su espíritu de resistencia al invasor (ambas cosas quedaron más que demostradas en el campo de batalla), pero la conquista de Tenerife se inició en serio en 1492 (expedición de Maldonado) y fue lograda por la segunda expedición de Alonso Fernández de Lugo en 1495-96 después de que su primer intento (1494) acabara en una resonante derrota en Acentejo. Por cierto, la conquista se vio favorecida precisamente por las disputas internas de los menceys guanches y a éstos les hubiera encantado tener espadas afiladas o romas. ¿Y todo esto a qué viene? Pues a nada porque lo que realmente importa no es eso, es esto: "Al margen de la historia milagrosa y legendaria, si algo captaba mi atención sobremanera y que desde años atrás había sorprendido a los "buscadores", esto era el número de letras que están grabadas en sus vestimentas." (Pág. 282) "El transcendental enigma aumenta al comparar las letras que el ilustre prelado transcribiera en su día con las que actualmente cubrían el manto, y una vez más saltaba la sorpresa: poco o nada tenían que ver unas con otras. ¿Quién, pues, estaría interesado en que no se conocieran las auténticas grabadas con cuidado esmero? El silencio era nuevamente la evidencia de que algo se quiso ocultar..." (Págs. 283-284) Es desde luego un enigma extraordinario. Fr. Alonso de Espinosa transcribió las inscripciones que se encontraban en la Virgen de Candelaria. El Sr. Fernández Bueno transcribe las que aparecen en la Virgen de Adeje y se extraña de que no coincidan. Y sí, la talla de Adeje está inspirada en la original de Candelaria pero no es igual. Obviamente, el escultor copista "pasó" de intentar reproducir un conjunto de letras que para él no tenían ningún sentido y puso las que quiso. Mucho antes de que D. Lorenzo la emprendiera con este tema, el mitólogo Rudolf Otto acudió a Candelaria y allí se extrañó por la representación de las siglas N.A.R.M.P.R.L.M.O.T.A.R.E (que coinciden con las que Fr. Alonso de Espinosa indica que se encontraban grabadas en el cuello del vestido, pero no con las que aparecen en Adeje). Como le sorprendió preguntó por su significado. Le contestaron que quería decir: "Non Alta Regum Mundi Palatio Requiro. Litora Malo Oceani Tenerifica Abitare, Reliquens Excelsa." "En cuanto a su presencia, poco se puede decir más allá de observarla con detenimiento: "morena" de color, con los ojos visiblemente rasgados, porta en su mano derecha un cabo verde de vela, y en su izquierda un niño desnudo que a su vez sujeta entre las manos un pájaro negro -según Espinosa, el ave era de color amarillo. Nueva contradicción-." (Pág. 284) Pues espero que la próxima vez la contemple con mayor detenimiento y así se dará cuenta de que la Virgen de Adeje tiene un hermoso color sonrosado y además es rubia (vamos, que parece una sueca recién llegada a Tenerife). La que es de un hermoso color moreno (negro) es la de Candelaria. Además, la Virgen no es zurda, lleva al niño en su derecha y la vela en la izquierda. En fin, después de no darse cuenta de que la presunta virgen negra es blanca (ya hace falta estar despistado) remata la faena añadiendo dos notas delirantes a pie de página: "El culto a las vírgenes negras es anterior al cristianismo , y es posible que nazca en las riveras de Nilo, con la diosa Isis. Su sentido iniciático es muy importante. Dichas tallas están datadas generalmente entre los siglos XI y XIII, según afirma cierta tradición esotérica, potenciada su aparición por los monjes de Cluny. De un modo u otro los caballeros templarios trajeron para sí esta adoración a la imagen precristiana de la Madre Tierra, maquillándola bajo la presencia de la Señora y encerrando en ella parte de sus secretos." (Pág. 284) Por de pronto, antes de ponerse a buscar explicaciones para un hecho es muy conveniente cercionarse de que el hecho existe. Por ejemplo, sobre la Virgen negra de la que se han dicho más tonterías es la de Monserrat. Pues bien, al restaurar la imagen se comprobó que la Virgen era, en origen, blanca. En su día escribí conjuntamente con Pedro Luis Gómez Barrondo una nota sobre esto que pueden encontrar aquí. Por tanto, lo primero que tendrían que hacer Ean Begg (autor del divertidísimo libro "Las vírgenes negras") y compañía es empezar por investigar cuáles de las Vírgenes negras lo eran desde un principio. En el caso que nos ocupa, el de la virgen de Candelaria, no deja de resultar sospechoso que una copia antigua de una Virgen negra sea blanca. Por desgracia, al haberse perdido la imagen original ya no se puede comprobar nada a este respecto. Ya que estamos con este tema ¿qué tienen que ver los Templarios con esto? Porque si las supuestas Vírgenes negras comienzan a aparecer en el S XI, mal puede ser por influencia templaria puesto que la Orden se fundó en el S XII. Claro que también me gustaría saber qué pinta Isis en esta movida de las Vírgenes negras. Ah, y supongo que cuando habla de las "riveras del Nilo" quería decir las "riberas del Nilo" porque el comparar al Nilo con un arroyo es un tanto desproporcionado. "Sin embargo también hay quien apuesta por el hecho de que se trata en realidad de imágenes precristianas, vinculadas a cultos paganos, y se recuerda que a la diosa Isis en ocasiones se la representa de color negro y en su regazo reposa el niño Horus en una postura exacta a la que tienen en muchos casos estas vírgenes con el niño." (Pág. 284) Ya, es que en ocasiones se la representa de color negro. Bueno, tal vez haya que ponerse a buscar vírgenes azules, verdes, doradas... además de en color carne. ¿Hay algún color que no valiera para esta presunta identificación? Claro que la de la postura de la medre con el hijo también es para nota. ¿En cuántas posturas se puede representar una madre con un hijo? Claro que hay veces que esa postura es idéntica. También lo es cuando se trata el tema de la maternidad sin connotación religiosa alguna. De verdad que yo no he visto a ninguna madre sostener a su hijo sujetándole los pies y poniéndole cabeza abajo. Después de tan divertidas afirmaciones, el Sr. Fernández Bueno se va a dar una vuelta por Adeje y ¿cómo no? encuentra algo de lo más misterioso: "Era curiosa la forma del inmueble... En lo que aparentaba ser la puerta de entrada, sobre esta aparecía una gran cruz de ornamentada decoración, pintada de rojo y negro con dos círculos primorosamente realizados a ambos lados. Al recorrer el desconcertante cortejo no pude evitar recordar la estructura de un templete egipcio... ¡Ridículo! No podía ser... (Pág. 285) Por una vez y sin que sirva de precedente estamos de acuerdo, es ridículo. Sin embargo, D. Lorenzo es capaz de superarse y consigue llamarse por teléfono. Perdón, comunica con el magistral Geofredo que lía la madeja hasta extremos inverosímiles (algo en lo que es un experto): "Es probable que sin saberlo hayas pisado los restos de "La Cocina"." (Pág. 287) ""La Cocina"... Es posible que sean los restos, o al menos un edificio reconstruido sobre los mismos, de lo que fue la antigua encomienda que los templarios poseían en Tenerife." (Pág. 287) ¡Qué arte tienen estos dos! Si se molestaran en preguntar de vez en cuando a la gente de la zona se evitarían estos disgustos. Lo que el Sr. Fernández Bueno ve es la llamada Casa Fuerte que fue construida con posterioridad al 1555 porque fue en esa fecha cuando Pedro de Ponte recibió autorización para edificarla (Real Cédula de 2 de mayo de 1555) con el fin de poderse proteger de los ataques piratas. Fue muy reformada por Domingo José Herrera y Rojas, conde de La Gomera, en el S XVIII, época en la que se construyó la cocina (¡toma restos de la encomienda templaria!) Además de vivienda y fortaleza, fue un ingenio dedicado al cultivo de la caña de azúcar. La Casa Fuerte, que dejó de ser residencia señorial tras la muerte de Domingo José Herrera y Rojas, quedó muy dañada por un incendio ocurrido en 1902. Fin del misterio, con mi más efusiva gratitud al Ayuntamiento de Adeje por la información facilitada. Sin embargo, el Sr. Fernández Bueno no ceja en su empeño de encontrar misterios en Adeje, así que la emprende con la cabeza redonda de la que ya hablamos en la anterior entrega. Geoffrey se lo aclara (o algo así): "Te añadiré que los brigantes de Yorkshire reverenciaban a Brigit, diosa madre, que según el investigador Ean Begg era asociada "especialmente con el culto de la Virgen negra a través de la fiesta de Imbolc, uno de los primeros días del trimestre celta, que tuvo lugar el día uno de febrero, en la actualidad festividad de Santa Brígida, que coincide con la Candelaria"." (Pág. 288) Pues además de que Imbolc-Santa Brígida (1 de febrero) no coincide con la Candelaria (2 de febrero), ambas festividades no tienen nada que ver porque Imbolc sólo se celebraba en Irlanda mientras que la fiesta de la Candelaria se inició en el Mediteráneo oriental. No obstante, sí hay un hecho curioso. Hoy se celebra en algunos lugares el Imbolc el dos de febrero, pero éste es uno de los casos en los que no hay una cristianización de una fiesta pagana sino una paganización de una fiesta cristiana (como ya dijimos, el Imbolc original se empezaba a celebrar la tarde del 31 de enero y concluía el día 1 de febrero. La extensión al día 2 es contemporánea). "Por un lado hay una relación entre los cultos celtas y dichas cabezas con las vírgenes negras, y por otro lado, el miembro mutilado podría, y matizo la duda, representar a un baphomet templario. Todo asociado en un mismo templo." (Pág. 288) Esto... ¿en qué templo está todo eso asociado? Porque en Santa Úrsula de Adeje por de pronto no hay Virgen negra alguna. Pretender que en Canarias pintaban algo las festividades celtas es para nota y, además, tampoco hay ningún baphomet templario porque esta iglesia no es una mezquita (en realidad, al prohibir la religión musulmana las representaciones humanas tampoco en ellas hay Baphomets templarios). ¿Que a qué viene esto? Pues muy sencillo. Al ser interrogados por la Inquisición (y ya sabemos qué significa en esos casos lo de "interrogados") los templarios de Carcassonne, Galzeran de Montpezant declara que su preceptor le mostró un ídolo dorado "in figuram Baffometi" [1] (Tomo V, Pág. 25). Ramón Rubei declara que su preceptor le mostró una madera en la que estaba pintada una "Figura Baffometi asoravit obsculando sibi pedes, dicem Yalla verbum Sarracenorum." [1] (Tomo V, Pág. 25). En Florencia, Bernardo de Tarma declara que en un Capítulo uno de los templarios les pidió que adorasen una cabeza diciendo: "istud caput vester Deus est et vester Mahomet." [1] (Tomo V, Pág. 26). Es decir, que el Bafomet o Baphomet templario es, ni más ni menos, que una representación del profeta Mahoma que en occitano (lengua hablada en Carcassonne) de la época se había convertido en Bafomet como queda atestiguado en un poema del S XIII: "ja nul hom que Jezu Christ creza Non remanra, s´el pot, en est paes; Enans fara bafomairia Del mostier de Sancta Maria." [2] (Pág. 187). Pues el maestro Geoffrey no se entera de esto (dudo de que se entere de nada) y nos obsequia con este par de perlas: "Como ya habrás sospechado es más que obvia la relación entre la cabeza de Osiris -no olvidemos la barba propia de los dioses egipcios- y el Baphomet -también una cabeza- y eso se debe a que en determinados círculos de la Orden se celebraban los ritos osiríacos de resurrección." (Pág. 289) Bueno, tal vez haya que ver la obvia relación existente entre las cabeza de San Juan Bautista, William Wallace... con las de Osiris y el Baphomet. Todas son cabezas cortadas y con barba. Fuera de eso ¿en qué se basa tal relación? Por cierto, la descripción de la cabeza templaria en ocasiones incluye pies (como en el caso de Carcassonne antes citado) lo que la debe convertir en la cabeza más completa de la historia. Por descontado que ningún templario se refiere a los ritos osiríacos ni de resurrección ni de ningún otro tipo. "He de informarte que baphomet es una corrupción fonética de una palabra egipcia cuya traducción aproximada sería "la sede del ba"." (Pág. 290) Pues nada, ya sólo falta que nos aclare dónde aprendieron los templarios de Carcassonne a hablar el egipcio antiguo. ¿En un curso por correspondencia? En fin, que con este despelote acaba el capítulo dedicado a los Templarios. Ahora comienza el último (¡por fin!) que se dedica a Colón (el detergente no, el descubridor). NOTAS: [1] Citado en Historia General De Los Caballeros Del Temple. Mateo Bruguera. Ediciones Alcántara S. L. Madrid, 2000. [2] Citado en Los Templarios. Regine Pernaud. Trad. Anne-Hélène Suárez Girard. Trabajo incluido en el libro Elogio de la nueva milicia templaria. Bernardo de Claraval. Trad. Iñaki Aranguren. Col. Biblioteca Mediecal, Ed. Siruela. Madrid, 2005. -Continuará- Último misterio jocoso: Colón y Colombo (I) Viene de aquíResulta curioso que una de las figuras históricas más importantes sea, a la vez, un inmenso enigma. La razón para ello no es que fuera un desconocido en su época ni que los documentos relacionados con su biografía se hayan perdido en ninguna catástrofe. No, D. Cristóbal Colón, descubridor (y me importa un bledo que llegaran antes los vikingos porque su estancia en el Nuevo Continente no supuso ninguna consecuencia ni en Europa ni en América) del continente que no lleva su nombre, fue el primero que no quiso ser explícito en relación con su propia persona. En tan curioso proceder fue hábilmente secundado por su hijo Hernando en su Vida del Almirante D. Cristóbal Colón que consigue no aclarar casi nada sobre la niñez y juventud de su padre, incluso alguna de las cosas que dice sobre él no es cierta (sus estudios en Pavía). Con ese silencio, D. Cristóbal posiblemente quiso ocultar sus pobres orígenes y su pertenencia a una familia de nulo lustre. Si a ello unimos la obsesión de algunos por convertir a Colón en paisano suyo para lo que no dudan en acusar a los demás de falsificar documentos, hacer lecturas torticeras... podremos comprender el follón que rodea a su persona y que precisaría de la sagacidad del teniente Colombo para desenredar la madeja. Todo ello facilita la apropiación del personaje histórico para fines más o menos confesables, carro al que no duda en subirse D. Lorenzo (no vaya a ser que se lo roben como a Manolo Escobar). En este último (y por fortuna breve aunque esto no suponga que sea bueno) capítulo, el Sr, Fernández Bueno comienza por poner en duda el lugar de su nacimiento: "Pero la historia, o más bién aquellos que la redactan, afirman que el enigmático personaje pudo tener su cuna entre los verdes montes de la Galicia profunda; en tierras extremeñas, pagos estos propicios para gestar futuros conquistadores; e incluso, aseguran los menos, que su origen, judío, estaría ubicado en cierto archipiélado español..." (Pág. 295) Esto supone una forma de jugar con las palabras. En efecto, D. Cristóbal "pudo tener su cuna" en todos esos lugares. Es más, incluso pudo tenerla en Bilbao, París o Londres. Bastaba para ello que su señora madre hubiera estado en alguna de esas localidades cuando dio a luz a su hijo, pero la cuestión es que no fue así. Prescindiendo de nacionalismos mal entendidos, podemos sostener que Cristóforo Colombo nació en Génova. En el Capítulo V de la obra de Hernando Colón este dice: "Y porque no estaba lejos de Lisboa, donde sabía que se hallaban muchos de su nación genovesa, lo más presto que pudo se fue allí, donde siendo conocido dellos, le hicieron tanta cortesía y tan buen acogimiento que puso casa en aquella ciudad y se casó." En fin, no obstante se puede decir (de verdad que hay quien lo sostiene) que Hernando Colón no sabía dónde había nacido realmente su padre (de paso y por el mismo precio, también aseguran que Hernando no sabía cuál era el verdadero apellido de su familia porque asegura que era Colombo y para las hipótesis mallorquinista y catalanista interesa que éste fuera en realidad Colom) e, incluso, que toda la obra es una falsificación y que no fue escrita por Hernando pese a que el testimonio de Bartolomé de las Casas apoya la autenticidad de la obra. Peor lo llevan los partidarios de las teorías galleguistas, catalanistas, mallorquinistas... si se les menciona el llamado "documento Assereto" (el nombre se debe a su descubridor, Ugo Assereto, que lo localizó en 1904 en los archivos del notario Girolamo Ventimiglia). En el citado documento, fechado el 25 de agosto de 1479, aparece Cristoforo Colombo, ciudadano de Génova de unos 27 años de edad, que había sido enviado por Paolo di Negro a adquirir una partida de azúcar a la isla de Madeira. Como no hay forma de mantener la falsedad de este documento, los partidarios de las tesis no genovesistas aseguran que este Cristóforo Colombo no es Cristóbal Colón. Sin embargo, el testamento del Almirante Cristóbal Colón redactado en Valladolid el 19 de mayo de 1506 contiene unas mandas entre las que figura: "A esos mismos herederos y a los herederos de Paulo Negro, ginovés, cien ducados o su valor; han de ser la mitad a los unos herederos y la otra a los otros." ¿Falta algo más? En su testamento, Hernando Colón dice que su padre era "jinovés". "A los treinta años, y ya fijada su residencia en Portugal, contrajo matrimonio con la joven Felipa Monis, a la sazón hija del capitán de Porto Santo, en las Azores, por lo que los viajes de Colón a las islas se sucedieron durante años con relativa asiduidad." (Pág. 296) Dos errores en un único párrafo, el Sr. Fernández Bueno no deja de superarse. Me encanta eso de "a la sazón hija". No sabía yo que podía dejarse de ser hija de alguien, que en este momento eres hija de fulanito y mañana no. En fin, no nos regodearemos en los continuos errores léxicos de D. Lorenzo y nos concentraremos en las otras equivocaciones. Felipa Monis (o Moniz) de Perestrello era hija de Bartolomeo Pallastrelli (en Portugal, Bartolomeu Perestrello) que había sido capitán (gobernador) de Porto Santo pero que en el momento de la boda entre su hija y D. Cristóbal (en 1480) no lo era por la sencilla razón de que había fallecido en 1457. Por cierto, la isla de Porto Santo de la fue nombrado capitán D. Bartolomeu no está en las Azores y sí en Madeira. Se equivocó la paloma, se equivocaba... "El joven Cristóbal entró en contacto con su nuevo mentor, y durante años recibió las enseñanzas de un Toscanelli ilusionado y feliz; no en vano había hallado un discípulo dispuesto a llevar a cabo el sueño que él, durante largas décadas de estudio, abrazó sin llegar a hacerlo realidad jamás." (Pág. 296) Toscanelli jamás fue maestro de Colón y las supuestas cartas que se cruzaron son apócrifas. Es más, si hubiera sabido lo que Colón pensaba de la distancia entre Lisboa y Cipango (Japón) se hubiera partido de risa. Toscanelli ya partía de un error, considerar que la circunferencia de la Tierra era menor de lo real (29.000 kilómetros en lugar de los 40.000 kilómetros reales, error que, por cierto, repetía el de Ptolomeo que, a su vez repetía el de Posidonio de Apamea), así que estimaba esa distancia en 125º. Colón, con la maravillosa autoridad geográfica del apócrifo veterotestamentario IV Libro de Esdras en la que se decía que Dios había creado seis partes de tierra y una de agua, redujo esa distancia a poco más de 51º (es decir, menos de la mitad de lo que sostenía su "maestro" Toscanelli). Desde Alfagrano se pensaba que cada grado tenía 56,75 millas y, por tanto, Colón pensaba que Cipango estaba a unas 2900 millas de Lisboa. D. Cristóbal cometió aquí un nuevo error, pensar que las millas de Alfagrano eran millas itálicas (1.477,5 metros) cuando eran millas árabes (1973 metros). Considerando que la separación real entre Lisboa y Japón es de 210º podemos hacernos una idea de lo que hubiera sucedido de no haberse topado Colón con América. Sencillamente, la distancia real entre Portugal y Japón es el cuádruple de lo que estimó D. Cristóbal. "Aún así, con varias decenas de presidiarios, algo más de treinta notarios y ningún sacerdote..." (Pág. 300) Y creo que también con "zezenta zaduceoz zodomitaz" (¿se acuerdan de "La vida de Brian" antes de que la "asesinaran" con el doblaje?). Vamos a ver, el listado de la tripulación redactado por el propio Colón deja bastante claro, pese a que falta una de las hojas que componían la relación, que había marineros, grumetes, criados... lo habitual,porque los problemas que tuvo D. Cristóbal para la recluta desaparecieron en cuanto se supo que los hermanos Pinzón iban con él. Puede que hubiera algún presidiario, pero no eran decenas como tampoco eran algo más de treinta notarios (¿para qué?). De hecho, que sepamos, en el primer viaje de Colón fueron Rodrigo de Escobedo como escribano y Rodrigo Sánchez de Segovia como veedor. Aquí pueden encontrar un artículo sobre la tripulación del primer viaje de Colón. "El 11 de agosto, los "expedicionarios" arribaron a las costas de Canarias. La mayor parte de ellos jamás había salido anteriormente de sus pueblos o provincias,..." (Pág. 300) Claro, claro. Se habían hecho marineros navegando por el río de su pueblo... "El paso de los días fue haciendo mella en aquellos desarrapados, y el miedo a un motín comenzó a rondar en el alcázar de las tres naves." (Pág. 300) Aquí pueden encontrar lo que queda del Diario de Navegación de Colón que está recogido en la obra de Fray Bartolomé de las Casas. Por lo que dice, no parece que la situación fuera nunca tan crispada como para esperar un motín. Sencillamente, después de varios falsos anuncios de que se divisaba tierra, estaban nerviosos por lo prolongado del viaje, pero D. Cristóbal pudo calmarlos sin problemas. "El almirante ofeció, a modo de incentivo para ellos, y de leve respiro para él, 10.000 madaveríes para aquel que gritara ¡tierra! La situación se tornaba insostenible. La rebelión se percibía en el ambiente, hasta que... El 12 de octubre Rodrigo de Triana anunció, extasiado, roto de emoción, la consecución de un sueño: "¡Tierra! ¡Tierra!"." (Pág. 302) Menos lobos, Caperucita. El premio de los 10.000 madaveríes no lo prometió Colón sino los Reyes Católicos. Lo que hizo D. Cristóbal cuando las señales de tener tierra cerca eran ya evidentes fue añadir a la recompensa un jubón de seda. Unas horas antes (siendo aún el 11 de octubre) de que el conocido como Rodrigo de Triana (al parecer se llamaba Juan Rodríguez Bermejo) gritara ¡Tierra! el propio Colón había visto un fuego, indicio seguro de estar cerca de una costa (motivo por el que el Almirante se embolsó la recompensa prometida). Después de este repaso a la vida y primer viaje a América de D. Cristóbal, D. Lorenzo se reúne con D. José Antonio Hurtado que ya si nos había dejado sin ternilla con sus "conocimientos" históricos y cartográficos ahora se dispone a hacer lo propio con la Paleografía y la Lingüística. Lean, lean: "San Cristóbal, Xpforum, el que porta a Cristo, es uno de esos santos que la Iglesia parece haber adaptado de leyendas y mitos anteriores..." (Pág. 302) Pues sí, al igual que San Jorge. Lo que no sé es qué demonios se supone que significa Xpforum. Si lo que quería era señalar el nombre originario (en griego) de Cristóbal éste es Cristóforos. Lo de Xpforum, la verdad, parece alguna referencia a una reunión de usuarios del último sistema operativo de Microsofot... "Si aceptamos que Colón es la castellanización de Colombo existe un primer paso con la pérdida del "bo" que nos da Colom. Es factible pensar que ya desde su etapa portuguesa el nauta de los Católicos puede aparecer como Colom, que leído en el sentido hebreo -de derecha a izquierda- nos daría "Moloc", antiguo conocido del pueblo de Israel, nada menor que el señor de la "Gehena"y cuya misión consiste en mantener en el fuego perpetuo a aquellos que durante su vida ofendieron a Yahvé -lo que en la tradición cristiana es el infierno-" (Págs. 302-303) ¿Por qué hemos de aceptar tal cosa? Lo que dice Hernando Colón sobre el cambio de apellido familiar es lo siguiente: "le vino A propósito el sobrenombre de Colón, que él volvió a renovar, porque en griego quiere decir miembro, porque siendo su propio nombre Cristóbal, se supiese de auténtico, es a saber, de Cristo, por quien para la salud de aquellas gentes había de ser enviado; y luego, si queremos reducir su nombre a la pronunciación latina, que es Christophorus Colonus..." (Capítulo I) No se trata, por tanto, de una castellanización de Colom sino que era Colón que es la palabra que griego significa, como dice Hernando, "miembro" o "extremidad". Otra cosa es que al existir ya el apellido Colom a veces se confundieran ambos. Por cierto ¿el apellido Colom también deriva de la lectura de derecha a izquierda de Moloc? Porque yo juraría que Colom es paloma es catalán, por cierto, lo mismo que significa Colombo en italiano. "Aquí varios historiadores profesionales, Consuelo Varela, por ejemplo, se han preguntado si es que Colón se comparaba con Moisés, más los judíos no salieron "contra" Moisés, lo que permite saber que la frase pertenece al documento que se conoce como Biblia Medieval Romanceada, una de cuyas copias se conserva en El Escorial, y que proviene en parte de los textos hebreos; " (Pág. 303) Que yo sepa, toda Biblia proviene en parte de los textos hebreos bien como traducción directa de este idioma bien de traducciones indirectas al griego (Biblia de los Setenta) o al latín (Vulgata). "Si observamos con detenimiento la figura podemos darnos cuenta de un detalle que se les ha escapado a todos los historiadores profesionales: Colón es prácticamente el único que conoce la numeración arábiga -y la griega- mientras que todos los demás entienden únicamente las cifras romanas." (Pág. 304) Pues si los historiadores (profesionales o aficionados) no hacen ni caso de ese detalle harán muy bien, porque es falso. La numeración arábiga (más propiamente hindú) se conoce en Occidente desde las obras del Papa Silvestre II (muerto en 1003). Aunque en un principio sólo se empleó en matemáticas, astronomía, astrología... las ventajas de esta numeración sobre la romana acabaron por imponerse y, precisamente el S XV fue el de la definitiva supremacía de los números arábigos gracias a la imprenta. "Los números árabes son conocidos en la cristiandad por unas pocas personas y no se generalizan hasta casi el siglo XVII, así que, ¿cómo se explica la construcción de un cinco?" (Pág. 304) Pues, sencillamente, recordando que la afirmación inicial es falsa, que la numeración arábiga no era conocida por unas pocas personas. Por ejemplo, este documento está fechado en 1492 (así, con numeración arábiga), o este otro que lo está en 1502. Salvo que quiera sostener que se fecharon de una forma tan "esotérica" para que nadie supiera cuando se habían redactado, la explicación alternativa es que la numeración arábiga era mucho más conocida de lo que supone el Sr. Hurtado. "-Colón explica cómo debe realizarse este anagrama al establecer su Mayorazgo para que todos sus descendientes lo utilicen en la forma que él lo hace-. Lo que se ve claramente en las dos primeras líneas son 3 números 5, y no tres letras S como se viene repitiendo;" (Pág. 304) Bonita forma de enmendarle la plana al propio D. Cristóbal porque éste en la Institución del Mayorazgo dice: "Y después de aver heredado y estado en posesión d´ello, firme de mi firma la cual agora acostumbro, que es una .X. con una .S. ençima y una .M. con una .A. romana encima, y encima d´ella una .S. y después una .Y. greca con una .S. encima con sus rayas y bírgulas como agora hago y se parecerá por mis firmas, de las cuales se hallarán y por esta parecerá. Y no escribirá sino "El Almirante", puesto que otros títulos el Rey le diesse o ganase, y esto se entiende en la firma y no en su ditado, que podrá escribir todos sus títulos como le plugiere, solamente en la firma escripta "Almirante"." ¿Cómo van a ser cincos si Colón dice "una .S."? ¿Cinco tiene género femenino? Curioso, pero vamos a la imagen que encabeza este artículo y que es una reproducción de la extraña firma que emplea Colón en esta época. ¿La han visto bien? Fíjense en las tres eses (que para el Sr. Hurtado son cincos) y compárenlas con la ese mayúscula con la que termina la palabra XpoFERENS al final de la imagen. Son idénticas. Ahora comparen los supuestos cincos con este dígito en el 65 que aparece en el documento en la penúltima línea de texto antes de la firma. No se parecen. Por tanto los supuestos cincos no son tales sino eses, como se ha venido diciendo siempre con toda razón. "los números en la época de Colón se situaban entre puntos para distinguirlos de las letras,..." (Pág. 304) No es verdad. Volvamos a la imagen que encabeza este artículo. El 65 no está entre puntos porque es innecesario. No hay letras con las que pueda confundirse (bueno, siempre que el lector no sea el Sr. Hurtado, claro). Por contra, lo que sí aparece entre puntos es XpoFERENS que tal vez tenga la amabilidad de explicarnos de qué número se trata (y no se preocupen que ya llegaremos a ese punto). "Además la A es "alfa" -las letras griegas minúsculas son un "invento" de finales de la Edad Media. Hasta entonces únicamente existían las letras griegas mayúsculas-" (Pág. 304) La parida sí es mayúscula. Por de pronto, como ya dijimos, el propio D. Cristóbal dice que es una ".A. romana" así que no pretenda convertirla en una alfa mayúscula porque no cuela. Por otra parte, las letras griegas minúsculas no son ningún invento de finales de la Edad Media. Veamos, para comprobarlo, una imagen de P52, el fragmento de un texto evangélico más antiguo que se conserva (Cc. 125-130 D. de C.). Después de que ha convertido las eses en cincos y la a mayúscula en una alfa (y ésta, a su vez en su valor numérico de 1) el Sr. Hurtado comienza a sumar y restar hasta obtener unas citas bíblicas que no vienen al caso porque, como ya hemos visto, desde el principio ya es todo un puro disparate. Después sigue con la firma: ""XMY", forma la tercera línea del anagrama y viene de Xaume de MaYoriga, nombre que adoptó el cartógrafo hebreo mallorquín Yehuda Cresques, coautor junto con su padre Cresques Abraham del Atlas Catalán de 1375 que se conserva en la Biblioteca Nacional Francesa. Cresques emigró a Portugal y fundó junto con Enrique "el navegante" la escuela cartográfica de Sagres que hoy niegan algunos historiadores lusos." (Pág. 305) El lío que monta aquí es considerable. Yehuda, autor junto con su padre Abraham Cresques del Atlas Catalán, cuando se convirtió al cristianismo adoptó el nombre de Jaume Ribes no el de Jaume de MaYoriga y nada tuvo que ver con la escuela de Sagres porque murió en torno a 1410 (antes del establecimiento en Sagres de Enrique el Navegante). El cartógrafo mallorquín que sí tuvo que ver con ella fue Jacome de Mallorca que no es Jaume Ribes por mucho que algunos se empeñen en identificarles. ¿Es casualidad que el infante Enrique por tres veces consecutivas y como maestre de la Orden de los Caballeros de Cristo solicitó a Juan II de Castilla la "merced" de las islas de La Gomera y Hierro, y que al serle denegada hizo que reclutase un ejército de 25.000 hombres y se lanzase a la conquista de dichas islas saliendo derrotado por la flota castellana, continuando las hostilidades hasta la firma del tratado de Alcaçovas en Toledo?" (Pág. 305) Pues no, no es casualidad, es mero conocimiento geográfico. D. Enrique estaba empeñado en la exploración africana ya que soñaba con encontrar el reino del Preste Juan para establecer una alianza que condujera a una nueva cruzada que liberase Jerusalén. Por ello, era muy importante que pudiese tener bases en las Canarias lo que facilitaría las expediciones. El ataque portugués, no obstante, se basó en una situación mucho más compleja que un mero "¿Que no me regalas las islas? Pues te las conquisto". Veamos, habíamos dejado a Jean de Bethencourt como conquistador de Lanzarote, Fuerteventura y la isla de Hierro. En 1405 regresó a Francia (según otros murió) dejando al frente de las tareas de conquista a su sobrino Maciot de Bethencourt que vio el tema muy negro por lo que vendió sus derechos señoriales a Enrique de Guzmán, conde de Niebla aunque se reservó la tenencia de por vida (es decir, que mientras viviera el señor de las tres islas era él y a su muerte lo sería Enrique de Guzmán). Como Juan II vio que la conquista no avanzaba ni poco ni mucho, concedió el señorío de las islas no conquistadas (Gran Canarias, Tenerife, La Palma y La Gomera) a Alfonso de las Casas. De éste pasó a su hijo Guillén de las Casas que, además, compró los derechos señoriales de las tres islas conquistadas al conde Niebla quedando, por tanto, como señor de todo el archipiélago (o eso creía). En 1448 Maciot de Bethencourt vende sus derecho de tenencia de la isla de Lanzarote a Enrique "el Navegante" que se apresura a mandar dos navíos a la isla y a nombrar como gobernador a Antâo Gonçalves. El resultado es una revuelta de canarios y castellanos que obliga a los portugueses a volverse a su país. No obstante, D. Enrique creía ser poseedor de derechos sobre la isla por lo que en 1459 Diego da Silva la arrasa pese a los acuerdos firmados entre los reyes de Portugal y Castilla y todo esto ya no tenía nada que ver con Juan II porque éste había fallecido en 1454. Aunque ya no esté relacionado con este tema, la hija de Guillén de las Casas, Inés de las Casas junto con su marido Fernán Peraza conquistan La Gomera. La hija de ambos, Inés Peraza, y su marido Diego de Herrera consiguen el vasallaje (no la conquista) de Tenerife y Gran Canarias por lo que, finalmente y ya en tiempos de Isabel I, la corona de Castilla indemniza a los Herrera-Peraza y pasa a considerar la conquista de La Palma, Tenerife y Gran Canarias como un asunto real. Para entonces, la cuestión de la soberanía de las islas con los portugueses había quedado definitivamente resuelta con el tratado de Alcaçovas (que como su mismo nombre indica se firmó en Alcaçovas -4 de septiembre de 1479- y lo que se firmó en Toledo -6 de marzo de 1480- fue su ratificación). Que todo este embrollo no tuvo nada que ver con un interés del infante D. Enrique en su calidad de maestre de la Orden de Cristo se demuestra porque las pretensiones portuguesas continuaron hasta el tratado de Alcaçovas en 1479. D. Enrique había fallecido en 1460. "La firma pasa a ser entonces "Xpoferens" que todo el mundo acepta como Cristóbal, "el que porta a Cristo". Pero "ferens", no es "el que porta a" si no "el que lleva para", y ésto no lo digo yo sino el gran filólogo Juan Gil. Así que Xroferens se debe de interpretar como "el que lleva para Xp" donde "Xp" son las letras griegas que forman el símbolo del Crismón, aquel que se le apareció a Constantino antes de la batalla de Magencio con las letras de "In hoc signus vincis"." (Pág. 306) Parece que los intentos de sucesivos gobiernos españoles para destrozar el aprendizaje del latín y el griego han dado sus frutos. Comencemos por el principio. La firma de Colón es XpoFERENS. Pueden advertir que hay dos partes bien diferenciadas por el uso de mayúsculas y minúsculas. Por un lado tenemos Xpo y por otro FERENS. Xpo son letras griegas, concretamente una ji mayúscula, una ro minúscula y una omicrón minúscula. Son la abreviatura de alguna de las formas de Xpistós (Ji-ro-iota-sigma-tau-omicrón-sigma) nominativo singular masculino del adjetivo Xpistós -n -e (ungido, ungida, ungido traducción al griego del hebreo "mesías", en español Cristo). FERENS es el nominativo de participio presente de la voz activa del verbo fero, fers, ferre, tuli, latum (irregular de la 3ª declinación) cuyo significado es llevar. Por tanto "ferens" es "el que lleva" no "el que lleva a" ni "el que lleva para" porque un caso u otro no viene dado por la forma verbal sino por las restantes palabras de la oración. Lo que lleva (objeto directo) vendrá dado en acusativo, a quien lo lleva (objeto indirecto) en dativo, cuando lo lleva (complemento circunstancial) en ablativo... Si ambas palabras estuvieran en latín, Christumferens sería el que lleva a Cristo (pese a la "a" que es obligada en la traducción al español al ser el objeto directo una persona, entiéndase que es eso, objeto directo, y no indirecto, es decir que lleva algo que es Cristo para una(s) persona(s) que no se menciona(n)) y Christoferens el que lleva (algo que no se menciona) a o para Cristo. Por tanto, en ese caso tendría razón D. Juan Gil porque Xpo sólo podría ser la abreviatura de Christo (dativo y por tanto objeto indirecto) y nunca de Christum (acusativo y por tanto objeto directo). El problema, claro, es que las dos palabras no están en latín porque Xpistós es griego (en latín es Christus -i) y en esa lengua el acusativo es Xpiston (Ji-ro-iota-sigma-tau-omicrón-ni) y, por tanto, Xpo es una abreviatura correcta mientras que el dativo sería Xpisto (Ji-ro-iota-sigma-tau-omega) y, por tanto, Xpo no sería una abreviatura correcta porque tendría que figurar una omega en vez de una omicrón. Siento este rollo que les he largado (y del que supongo no han entendido ni jota salvo que ya hubieran estudiado griego y latín) pero era necesario para demostrar que XpoFERENS sí debe traducirse como "el que lleva a Cristo", que es, ni más ni menos que lo que significa Cristóforos -Cristóbal-. Tanto rollo y resulta que lo único que hizo Colón es liar su propio nombre... Por cierto, nota para el Sr. Hurtado, si la frase que se le hubiera aparecido a Constantino fuera "In hoc signus vincis" éste todavía estaría pensando qué quería decir. Lo que (supuestamente) se le apareció fue "In hoc signo vinces" (Vencerás con esta señal). Joer ¡cómo está el patio! -Continuará (por última vez)-" |