Escritos desde el páramo |
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Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. Décimo misterio jocoso: Et in Babia suntViene de aquí Antes de proseguir con la revisión de afirmaciones sobre Rennes-le-Château y sus presuntos misterios, es necesario corregir un olvido. Les había dicho que íbamos a ver quá había detrás de la hipótesis que planteaba que una inscripción que figura en el pedestal de un Calvario (CHRISTUS A.O.M.P.S DEFENDIT) junto al presbiterio de la localidad francesa pudiera querer decir Christus Antiquus Ordo Mysticusque Prioratus Sionis Defendit (Cristo defiende a la antigua y mística orden del Priorato de Sión). Comencemos por recordar que la abreviatura de Senatus Populusque Romanus (El Senado y el pueblo de Roma) no es S.P.R sino S.P.Q.R, es decir que el -que (y) también figura en la sigla. Por tanto, la abreviatura no hubiera debido ser A.O.M.P.S sino A.O.M.Q.P.S. En realidad, ese CHRISTUS A.O.M.P.S DEFENDIT significa Christus Ab Omni Malo Plebem Suam Defendit (Cristo defiende a su pueblo de todo mal). Así, con todas sus letras, aparece en la inscripción en el obelisco de la Plaza de San Pedro, en El vaticano. Solventado este olvido podemos continuar con la portentosa historia del cuadro Los pastores de Arcadia de Nicolás Poussin. Recordemos que las afirmaciones sobre esta obra y el San Antonio Ermitaño de David Teniers son que el padre Berénger adquirió sendas copias durante su presunto viaje a París en 1891 y que ambas serían fundamentales para comprender el enigmático mensaje de los pergaminos. Por ello, los misteriófilos buscan en ambas pinturas lecturas ocultas. Como el San Antonio parece que no da para mucho, las afirmaciones esotéricas se concentran en Los pastores de Arcadia, obra de la que se ha dicho (Y D. Lorenzo repite sin plantear el menor asomo de crítica) cosas como las siguientes: "ET IN ARCADIA EGO Esta inscripción sería un anagrama: LA TUMBA DE DIOS - EL CUERPO DE DIOS - LE CORP DE DIEU La tendencia en el Languedoc a suprimir artículos y preposiciones dejaría así la frase: CORPS DIEU Pero en Languedoc, la letra "o" suena como "a", y el diptongo "eu" suena "ou": CARPS DOU - CARDOU El monte Cardou -que aparecía pintado en en cuadro de Poussin junto a Rénnes y el castillo de Blanchefort- ocultaría una tumba, la tumba de Dios, custodiada por el Temple y cuyo secreto había sido ocultado en los pergaminos, de lo cual también sabían determinadas corrientes vinculadas al Temple y al Priorato de Sión , y que quisieron cederla a la posteridad utilizando claves secretas de geometría. Berenger habría descubierto la verdadera tumba de Jesús de Nazaret, y ese secreto no tenía precio, por mucho oro que le diera quién quiera que se lo diera". (Págs. 96-97) Realmente memorable, especialmente si tenemos en cuenta que "Et in Arcadia ego" no es ningún anagrama de "Le corp de Dieu" puesto que para que una frase lo sea de otra debe usar las mismas letras. En esto caso, sobran una "t", una "g", una "n", una "i" y tres "a", y faltan una "l", una "p", una "d", una "e" y una "u". En realidad, la frase que es un anagrama (entre otros posibles) de "Et in Arcadia ego" es "I, tego arcana Dei" (Ve -imperativo del verbo ir, no del verbo ver-, oculto los secretos de Dios) que no tiene nada que ver con lo que escribe el Sr. Fernández Bueno. No obstante, también esto necesita alguna aclaración. Volvamos al cuadro "Los pastores de Arcadia". Vemos un grupo de tres personajes masculinos y uno femenino que leen la inscripción "Et in Arcadia ego" (Y yo en la Arcadia) en un sepulcro. ¿Qué significa esta escena? Comencemos por el principio. Para la antigüedad greco-latina, la Arcadia (aparte de ser una región real de Grecia) era el lugar en que Virgilio ambientó sus "Bucólicas" en las que retomó la poesía pastoril que ya había tratado Teócrito de Siracusa en sus "Idilios". En Virgilio encontramos pastores idealizados que cantan poemas a sus amadas o a la naturaleza en un mundo, reflejo del mito de la Edad de Oro, en que conviven hombres y seres sobrenaturales. Este género sería recuperado por la literatura renacentista ("Ninfale Fiesolano" y "Ninfale d´Ameto" de Boccaccio) para culminar en un gran éxito de la época, la "Arcadia" de Sannazaro (publicada en 1504) que haría que se extendiese la moda bucólica por toda la Europa occidental, algo a lo que tampoco fue ajena España (Garcilaso, Montemayor, Lope, Cervantes...). Ahora bien, toda esa artificiosa felicidad no excluía la muerte. En su Bucólica V, (traducida por Fray Luis de León como Égloga V) encontramos los siguientes versos: "Y con dolor, pastores, y gemido un túmulo poned, y en el lloroso túmulo, aqueste verso esté esculpido: Yo, Dafni, descansando aquí reposo; nombrado entre las selvas hasta el cielo; de hermosa grey pastor muy más hermoso." De esa contraposición entre felicidad bucólica y muerte nacerá el tema del "Et in Arcadia ego" que tampoco fue invención de Poussin. Antes que él lo trató en 1618 Giovanni Francesco Barbieri, más conocido por su apodo de Il Guercino (El Bizco), en su obra Et in Arcadia ego. Como podemos ver, no hay lugar para la duda. Un par de pastores de Arcadia encuentran una calavera (símbolo de la muerte) sobre la que aparece posada una mosca (nuevo símbolo de la fugacidad de la vida). En el pedestal en que se asienta aparece la célebre frase que así adquiere su pleno significado: Et in Arcadia ego sum (Yo [también] estoy en la Arcadia) o Et in Arcadia ego vixi (Yo [también] viví en la Arcadia). Es una advertencia, puedes gozar cuanto quieras, vivir despreocupadamente... pero al final has de morir. Lejos de interpretaciones esotéricas, esta obra es un memento mori (recuerda que has de morir) muy cercano al género de las vanitas (así llamadas por la traducción latina de una frase del Eclesiastés, "vanitas vanitatum et omnia vanitas" -vanidad de vanidades, todo es vanidad-) que fue muy cultivado durante el Barroco: Pereda, Van Steenwyck, Linard... Poussin se hizo eco de la obra de Il Guercino en dos cuadros con igual título, "Los pastores de Arcadia", y con idéntico significado. La primera versión es de 1629-1630 y en ella aún aparece la calavera aunque lejos del protagonismo que adquiría en la obra de Il Guercino, la segunda versión es de 1638-1639 y es la protagonista del asunto Rennes. Con posterioridad (1655), todavía aparecería la versión homónima de Benedetto Castiglione en la que cambia la inscripción del sepulcro que ahora es TEMPORALIS AETERNITAS (eternidad temporal). ¿A qué viene entonces tanto misterio? Pues eso mismo me gustaría saber. No obstante hay un par de asuntos que debemos aclarar, lo de que el sepulcro que representa Poussin es similar a uno que existía cerca de Rennes (esto lo veremos mañana en la próxima entrada) y lo de que el paisaje es idéntico al de monte Cardou y que el castillo representado es el de Blanchefort. Aunque no tendría nada de extraño que Poussin hubiera copiado un paisaje real (aunque por lo que sabemos de su biografía jamás estuvo por las cercanías de Rennes pudo conocerlo por un grabado, una pintura...) la verdad es que tampoco eso es cierto. Volvamos al cuadro ¿pueden identificar Vds. en él el Monte Cardou (aquí tienen otra imagen, otra más y una cuarta) y el Castillo de Blanchefort? Si es así, mi más cordial enhorabuena, porque yo no lo consigo. Claro que tampoco el Sr. Fernández Bueno lo tuvo fácil porque confiesa: "Lo cierto es que la abrupta orografía hacía practicamente imposible discernir entre unos y otros picos. Todos parecían iguales." (Pág. 137) En fin, que no quede por dar facilidades, aquí tienen la famosa tumba fotografiada desde una perspectiva similar a la del cuadro de Poussin ¿ahora ya reconocen el fondo? Intentémoslo una vez más e incluso una tercera. Vamos a ver si las imágenes (las que llevan la identificación de Tableau de Poussin -cuadro de Poussin- y Photo actuelle -Foto en la actualidad-) de esta página aclaran el entuerto. Los cartelitos ayudan bastante, la verdad. ¡Vaya por Dios! Resulta que en lo que en el cuadro de Poussin es una sola montaña con una partes más elevadas que las otras son, en la realidad, tres lugares distintos y una única identificación verdadera. Claro que tampoco las cimas de Cardou y Blanchefort son iguales en el cuadro y en la foto, que también falta en el cuadro de Poussin la cima que existe entre Blanchefort y Rennes y que las distancias no "pegan ni con cola", pero la verdad, después del conjunto de disparates que llevamos vistos sobre Rennes, esto casi parece razonable... de no ser por el pequeño detalle de la tumba, pero como ya he abusado en exceso de su paciencia, esto lo dejaremos para mañana. -Continuará- Undécimo misterio jocoso: Los gatos de JesúsViene de aquí "Evidentemente, uno de los puntos que mayor desesperación causó entre la comunidad de buscadores de tesoros, o de evidencias, fue el intentar conocer qué contenía la tumba del montículo, evitando en la medida de lo posible dañar su estructura. No en vano se convertía con el paso de los días en un lugar de culto al que acudían centenares de personas, convencidos de que se hallaban ante una reliquia de indudable valor espiritual, y dinerario. Pero como el alma humana en ocasiones es oscura y ambiciosa, a mediados de los años ochenta del pasado siglo un espécimen de difícil catalogación dinamitó la tumba, eliminando así el penúltimo vestigio de una trama sin igual. Y todo, para observar desconsolado cómo del interior únicamente se escapaba el aire, pues al margen del mismo, la sepultura estaba vacía." (Págs. 92-93) Con estas palabras se refiere el Sr. Fernández Bueno a la conocida erróneamente como "La tumba de Arques" (y digo erróneamente porque estaba situada en el término de Peyrolles) de la que ya vimos imágenes en el artículo anterior. No es ésta la única mención que realiza D. Lorenzo. Dice también: "Posiblemente, si existió, ya no halla vestigios de la tumba que reflejó en su cuadro." (pág. 137) olvidándose tanto de que ya había dicho con anterioridad que fue dinamitada a mediados de los 80 como de la ortografía y de la diferencia entre halla del verbo hallar y haya del verbo haber. Todavía volverá sobre el mismo tema para asegurar: "Sí, allí estaba. Rodeada de varios pinos, arbustos a mansalva y un enorme nogal, una superficie de piedra rectangular con una cruz grabada a cincel. Era el último vestigio, la confirmación de que en ese lugar estuvo oculta, protegida de la maldad del hombre, la tumba de alguien muy especial..." (Págs. 138-139) Acompaña al texto una fotografía y junto a ella el siguiente comentario: "Sobre este basamento se encontraba la tumba que pintó el enigmático Nicolas Poussin, con un paisaje muy singular al fondo." (Pág. 139) Veamos, ¿no les suena raro que Francia que siempre se ha preocupado por proteger su patrimonio artístico permitiera la destrucción de una tumba antigua y más cuando ésta figuraba en la obra de Poussin? Siempre podemos pensar que la destrucción fue un acto vandálico, pero esto se alejaría de la realidad porque la demolición contó con el visto bueno del ayuntamiento de Peyrolles. ¿Se habían vuelto locos? No, sencillamente conocían la verdadera historia del sepulcro. Comencemos por el principio. En 1878 Louis Fedié publicó un artículo sobre el folklore y la mitología de Peyrolles. Aunque sí habla de algunos monumentos antiguos que figuran en el folklore local (como un menhir) no dice ni una palabra sobre esta tumba. La razón para esa omisión es tan sencilla como que no existía. En 1880 Louis Galibert adquiere la propiedad conocida como "Le moulin des Pontils" (El molino de los Pontiles) en la que estaba comprendida el paraje en que se levantaba la tumba de marras que, por ello, también es conocida como "Le tombeau des Pontils" (El sepulcro de los Pontiles). Las razones del Sr. Galibert eran de lo más prosaicas. Aprovechó el antiguo molino para construir una fábrica de entorchados para uso de los sastres militares. La corriente de agua que antes movía las ruedas se empleó para producir energía eléctrica para su uso industrial. El Sr. Galibert se transladó a sus nuevas posesiones en unión de su esposa Elisabeth. En 1903 el albañil Bourrel de Rennes-les-Bains recibe el encargo de construir una tumba en la propiedad du moulin des Pontils, en la que es sepultada Elisabeth Galibert. En 1921 la familia Galibert se translada a Limoux y quiere vender la propiedad, pero antes adquiere la parcela nº 647 en el cementerio de la localidad y el 12-XII-1921 hace construir una tumba reaprovechando los materiales del sepulcro de los Pontiles. Allí transladaron los restos mortales de Elisabeth Galibert. Le moulin y los terrenos adyacentes fueron adquiridos por Emily Rivarès y su hijo, Louis Bertram Lawrence. Su madre y abuela (respectivamente) Marie Rivarès falleció en 1922 y fue sepultada embalsamada en Le moulin des Pontils. En 1931 murió también Emily Rivarès y fue enterrada junto con los cuerpos momificados de dos gatos. En 1933 Louis Lawrence quiso construir un monumento digno de la memoria de ambas mujeres y ordenó levantar el célebre sepulcro al que transladó los cuerpos de las difuntas y de los gatos. Louis Lawrence falleció en julio de 1954. En 1988 el propietario du Moulin (que estaba hasta las narices de que su propiedad se viera invadida de continuo por toda clase de gente que iba a ver, a investigar... la tumba), el Sr. Roussett, decidió que "muerto el perro, se acabó la rabia" y demolió la tumba que de antigua no tenía nada (sólo tenía 55 años), como tampoco poseía ningún valor artístico y que, para entonces, estaba vacía (ya en 1972 se hicieron fotografías del interior que lo demuestran) al haberse trasladado los restos humanos y animales que había contenido. Así pues cuando D. Lorenzo se refiere a que fue la "tumba de alguien muy especial", ¿debemos pensar que se refiere a las Sras. Marie o Elisabeth Rivarès o, tal vez, a los gatos momificados? Porque nadie más fue sepultado en esa tumba y, mucho menos, Jesús de Nazaret, supuesto esposo de María Magdalena. Una y otra vez volvemos a María Magdalena. Así pues, hora es ya que nos ocupemos de este tema. Por de pronto ¿quién es María Magdalena? Los Evangelios hablan (a veces con cierta confusión) de tres personas distintas: A) La pecadora anónima que unge los pies de Jesús. (Lucas 7, 36-50) B) María Magdalena, de la que Jesús había expulsado a siete demonios, que forma parte de sus seguidores (Lucas 8, 1-3) C) María de Betania, hermana de Lázaro y Marta (Lucas, 10 38-42) Ahora es cuando viene el lío. Juan (Jn. 12, 1-8) presenta a María de Betania como protagonista de una unción en Betania después de resucitar a su hermano Lázaro. Este mismo episodio (sin nombrar a María por su nombre ni el milagro) aparece en Mateo 26, 6-13 y en Marcos 14, 3-9. ¿Es la misma unción u otra distinta de la que habla Lucas? Parece que son distintas, pero el mismo Juan (11, 1-2) identifica también a María de Betania como la protagonista de la primera unción y que, por tanto, puede ser asimilada a las pecadoras anónimas de Marcos, Mateo y Lucas. Sin embargo ¿María Magdalena y María de Betania son una misma persona? Pues sobre este tema ya hay que alejarse de los escritos evangélicos porque cuando María Magdalena adquiere protagonismo (en la Pasión y como testigo de la resurrección) no hay nada que permita esa identificación. Mateo 27, 55-56 presenta a María Magdalena como testigo de la crucifixión y en 28, 1-2 en el mismo papel en la resurrección (en ambos casos acompañada de la otra María -madre de Santiago y José-). Marcos hace lo propio en 15, 40-41 y en 16, 1-2 (en ambos casos acompañada de María -madre de Santiago el Menor y de José- y de Salomé. Lucas en 23, 49 se limita a decir que las mujeres que le acompañaban vieron la crucifixión desde lejos. En 24, 8-12 concreta un poco más y dice que eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago. Juan termina de liar la madeja y en 19, 25-28 asegura que María la madre de Jesús, María Magdalena y María de Cleofás (hermana de María, la madre de Jesús) se encontraban al pie de la cruz junto con el discípulo predilecto (según la tradición, el propio Juan). En 20,1 María Magdalena (sólo ella) encuentra el sepulcro vacío. Aparte de que esto deja en muy mal lugar cualquier intento de emplear los Evangelios como texto histórico, no permite la identificación entre María de Betania y María Magdalena que se limita a la tradición (y a la tradición latina, porque para la tradición griega son personas distintas). Sin embargo, este follón no nos aclara qué tiene que ver María Magdalena (o María de Betania) con Francia. vamos a seguir en el terreno de la leyenda y aquí tenemos para elegir. Según la tradición oriental María Magdalena se fue a vivir a Éfeso junto a Juan y a María (la madre de Jesús). Murió allí y sus reliquias fueron transportadas a Constantinopla, al monasterio de San Lázaro. La tradición occidental es bien distinta. En el año 45 las persecuciones por parte de los judíos hacia los cristianos (muerte de San Esteban, protomártir) se recrudecieron. Con el ánimo de que murieran, los judíos introdujeron a los hermanos María Magdalena (como ya dijimos, la tradición occidental identifica a María de Betania con María Magdalena), Marta y Lázaro en una barca sin vela ni timón. Junto a ellos embarcaron Máximo, María la de Santiago, María Salomé, José de Arimatea (Grial incluido) y una sirviente, Sara. Es entonces cuando Dios obra el milagro de turno y conduce la barca hasta el delta del Ródano, en el lugar que hoy se llama (por obvios motivos) Saintes-Marie-de-la-Mer (Santas María del mar). Lázaro va a predicar a Marsella donde se establece. Máximo se traslada a Provenza donde funda una iglesia junto a una caverna llamada hoy de la Sainte-Baume (del Santo Bálsamo). A esa gruta se translada María Magdalena y allí vivirá durante treinta años en penitencia hasta su muerte. Fue sepultada en la cripta de la iglesia de San Máximo que fue enterrada en el S VIII para preservarla de la invasión musulmana. En 745 o 749 dos monjes de Vézelay fueron a recuperar las reliquias que condujeron a su localidad. Hoy sus restos se conservan en una de las más bellas iglesias románicas, Ste. Madeleine de Vézelay que durante la Edad Media se convirtió en el cuarto lugar (en cuanto a importancia) de peregrinación para la cristiandad (después de Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela). "Curiosamente" fue entonces cuando hizo su aparición esta leyenda que, evidentemente, no es más que el típico mito piadoso que intenta dar una coartada histórica a la aparición de unas "reliquias" más fraudulentas que una moneda de tres euros (como en el caso de la Sábana Santa o de la tumba de Santiago), como ya demostró Monseñor Louis Duchesne, con una actitud crítica que le valió que alguna de sus obras apareciese en el Index. A esa leyenda (antigua pero mucho menos de lo que pretenden los autores actuales porque hablamos del S XII) ha venido a ser la panacea de todas las afirmaciones esotéricas actuales, desde que la Magdalena fue la mujer de Jesús (y eso que no dice nada que se le parezca) a que la criada Sara era la hija de Jesús y la Magdalena (aunque tampoco aparezca ese elemento en el mito para nada). Como dato curioso, esta Sara es especialmente venerada por el pueblo gitano que realiza una peregrinación anual (24 y 25 de mayo) al santuario de Saintes-Marie-de-la-Mer para sacar en procesión la escultura de Sara la Negra. ¿Comprenden ahora porqué el personaje de la Magdalena es omnipresente en toda esta zona? Pues no hay forma de que los escritores esotéricos lo entiendan. Claro que después de ver cómo la supuesta tumba de Jesús no ha contenido más que dos mujeres y dos gatos, todo lo demás parece un pecadillo venial. Y con esto termina la crítica de la parte dedicada a Rennes-le-Château aunque no la del libro porque todavía tendremos que hablas de cátaros, templarios, Vírgenes Negras... No obstante, antes de seguir esos caminos hay un par de cosas que me gustaría hacer, la primera hablar de cómo se suprimen y añaden líneas a una traducción y, la segunda, del deplorable papel del escepticismo en español en este caso. Así que, para desgracia de todos Vds., -Continuará- Duodécimo misterio jocoso: Traduttore, traditoreViene de aquí Ambrose Bierce en su "Diccionario del diablo" dejó un juego de palabras en dos idiomas que se ha convertido en un clásico del humor misógino a propósito del término Belladonna y de su significado en italiano e inglés. Aunque no sé de ningún traductor tan incompetente que haya confundido ambos términos sí que hubo quién convirtió el inglés "sex-appeal" en un español "seis manzanas" que dejó la frase resultante en un galimatías. Haciendo bueno el dicho italiano que da título a esta historia (Traductor, traidor) cualquier translación de un idioma a otro supone una pequeña traición. Hay matices que se pierden, juegos de palabras que desaparecen... incluso en las mejores traducciones. Si, además, la translación parece hecha por un programa informático, el resultado oscila entre lo penoso y lo patético. Sin embargo, hay algo aún peor, la traducción que enmienda la plana al original. Es muy conocida la anécdota de la patosa censura franquista que en "Mogambo" consiguió convertir un adulterio en un incesto. Tal vez lo sea menos (habida cuenta de la insoportable gravedad del film) que en "Prima della rivoluzione" (Antes de la revolución) los censores cambiaron todas las referencias a Angola por Argelia (parece que no se consideró oportuna la crítica al régimen portugués anterior al "Gràndola, vila morena" y sí, en cambio, a la república francesa que ya se sabe es un baluarte de masones, rojos... y demás ralea de mal vivir). En fin, que uno en su habitual optimismo pensaba que esto era cosa del pasado, lo que demuestra, una vez más, que soy un iluso incurable e incorregible, aunque, afortunadamente, esta vez no han tenido nada que ver las motivaciones políticas. Verán, en la obra que nos ocupa D. Lorenzo incluye la presunta traducción de Notice sur Rennes-le-Château et l´abbé Saunière (Informe sobre Rennes-le-Château y el padre Sauniére) obra del cronista René Descadeillas del que ya conocemos un texto muy similar (aunque existan algunas diferencias entre ambos), La notice Delmas. D. Lorenzo asegura: "Esta es una versión que pretende ser fiel al original, depositada en los archivos departamentales de Aude." (Pág. 97) Pues se quedó con la pretensión. El cotejo de la translación reproducida por el Sr. Fernández Bueno en las págs. 98-105 con el texto original antes enlazado no deja de deparar sorpresas. Por de pronto, suprime los dos primeros párrafos en los que Descadeillas hace una breve descripción de la situación geográfica de la localidad francesa así como de su crecimiento de población y posterior decadencia para concluir con un pesimista: "Le phénomène de dépopulation qui marque la première moitié du XXe siècle a sévi ici dans toute son intensité: 103 habitants en 1946. Il est douteux qu'en ce moment Rennes ait 100 habitants, car les listes électorales ne mentionnent présentement que 76 inscrits. Dans dix à quinze ans ce pays sera à peu près désert." (El fenómeno de despoblación que marca la primera mitad del S XX ha castigado aquí con toda su intensidad: 103 habitantes en 1946. Es dudoso que en este momento Rennes tenga 100 habitantes, puesto que el censo electoral no menciona en la actualidad más que 76 incritos. En diez o quince años este lugar estará, poco más o menos, desierto.) Descadeillas, claro, no podía saber el beneficioso efecto que tendría sobre la economía local la difusión de los mitos sobre Rennes y la gran cantidad de turistas que acudirían a su reclamo cada año, renovando la tradición medieval de las peregrinaciones a los lugares de culto que presumían de poseer reliquias fabulosas. Sin embargo, lo más curioso es el final que "cita" D. Lorenzo: "Pero Saunière, habiendo obtenido del obispo la "restitutio causae in integrum", fue citado de nuevo el 23 de agosto. Designó como abogado al Sr. Mis, del despacho de Limoux, y después al doctor canónigo Huguet, cura de Epiens, de la diócesis de Agen. El 15 de octubre Saunière, que no había acudido a la citación fue representado por el citado canónigo. El 5 de noviembre la sentenció exigió que el abad fuera a una casa de retiro durante 10 días, pero se libró de los ejercicios espirituales. Un periódico religioso avisó posteriormente que Saunière no podía cantar misa a partir del 5 de diciembre de 1910. Sin embargo, poco después sería restituido en el cargo en una orden que provenía directamente de las más altísimas instancias..." Reconozco que lo de "las más altísimas instancias" me divierte y me indigna por igual. Lo primero por obvias razones, lo segundo porque en honor de monsieur Descadeillas hay que decir que escribía un francés correctísimo en el que no hay lugar para ese "más altísimas" que hace daño a la vista. En realidad, la única cosa que es altísima es la imaginación del Sr. Fernández o de su traductor. ¿Qué dice realmente Descadeillas? Lo siguiente: "Mais Saunière ayant obtenu de l'évêque la restitutio causae in integrum, il est cité à nouveau le 23 août. Il désigne comme avocat Maitre Mis, du barreau de Limoux, puis le docteur chanoine Huguet, curé de Espiens, au diocèse d'Agen. Le 15 octobre, sur renvoi débat contradictoire, Saunière, qui ne s'est pas rendu à la citation, est représenté par le chanoine Huguet. Le 5 novembre, la sentence exige que Saunière se rende dans une maison de retraite pendant dix jours et s'y livre à des exercices spirituels, qu'il rende des comptes à son évêque dans le délai d'un mois et qu'il lui fournisse communication des sommes exactes qu'il a indiquées dans sa défense. Le 30 décembre, constatant que le délai est écoulé sans que Saunière se soit exécuté, l'Official le cite à comparaître devant l'évêque le 9 janvier 1911 avec ses comptes. Mais Saunière écrit à Rome pour se faire réintégrer dans la cure de Rennes, à laquelle il a renoncé volontairement en 1909 par décision écrite. Il sollicite des délais. Il n'a pas pu faire la retraite qui était ordonnée, son état de santé ne le met pas à même d'exécuter les exercices prescrits: plus encore, il est dans un état tel qu'il ne peut supporter aucune émotion. On lui enjoint impérativement de présenter ses comptes par envoi, par poste ou autrement, s'il ne peut personnellement se présenter. Il est cité à comparaître de nouveau devant l'Officialité pour avoir éludé la sentence du 5 novembre 1910. La Semaine Religieuse et le journal l'Eclair de Montpellier publient à cette date un communiqué informant les fidèles que Saunière n'a plus le droit de dire la messe à partir du 5 décembre 1910. Il est privé de ses fonctions sacerdotales. Pour sa défense, l'inculpé n'a fourni qu'un document explicite. Le voici:" (Pero Sauniére, habiendo obtenido del obispo la reintegración de la causa a su inicio, es citado de nuevo el 23 de agosto. Nombra como abogado al Sr. Mis, del colegio de abogados de Limoux, y después al canónigo Dr. Huguet, párroco de Espiens, en la diócesis de Agen. El 15 de octubre, tras el aplazamiento de la causa, Sauniére, que no había atendido a la citación, fue representado por el canónigo Huguet. El 5 de noviembre la sentencia exige que Sauniére se dirija a una casa de retiro durante diez días y que se dedique allí a los ejercicios espirituales, que rinda cuentas a su obispo en el plazo de un mes y que le comunique las sumas exactas que indicó en su defensa. El 30 de diciembre, comprobando que el plazo había transcurrido sin que Saunière se hubiera resuelto (a obedecer), el Provisor le cita a comparecer ante el obispo el 9 de enero de 1911 con sus cuentas. Pero Saunière escribe a Roma para ser reintegrado a la parroquia de Rennes, a la que él había renunciado por escrito y voluntariamente en 1909. Solicita un aplazamiento. No pudo hacer el retiro que le habían ordenado, su estado de salud le impide, incluso, llevar a cabo los ejercicios (espirituales) prescritos, más aún, está en un estado tal que no puede soportar ninguna emoción. Se le ordena de forma imperativa que presente sus cuentas por envío, por correo o por otro medio si no puede presentarlas en persona. Es citado de nuevo para comparecer ante el Provisor por haber eludido la sentencia de 5 de noviembre de 1910. La Semana Religiosa y el periódico El Relámpago de Montpellier publican es esa fecha un comunicado informando a los fieles que Saunière no tiene derecho a oficiar misa desde el 5 de diciembre de 1910. Fue privado de sus funciones sacerdotales. Para su defensa, el inculpado no suministró más que un documento explícito. Helo aquí:) Y continúa con el listado de adquisiciones y las justificaciones que daba el padre Berénger para sus ingresos y que ya vimos cuando tratamos este tema con anterioridad. Ninguna mención desde este punto hasta el final del documento a esas "más altísimas instancias" ni a nada que se le parezca. Por cierto, las palabras con las que Descadeillas concluye su informe son el mejor epitafio posible para este asunto de Rennes: "Le trésor de Rennes n'existe pas. Mais le secret du curé de Rennes subsiste. Et c'est en lui que réside le mystère." (El tesoro de Rennes no existe. Pero el secreto del párroco de Rennes subsiste. Y es en esto en lo que reside el misterio.) Amén, Descadeillas, amén. -Continuará-" NadaEl pasado siglo fue, todos los sabemos, un periodo convulso. Cualquier época de la historia lo es, pero dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría, la descolonización, innumerables conflictos tanto internos como entre dos o más países... supusieron una plusmarca difícil de batir. Las creencias esotéricas no fueron una excepción. Del S XIX heredamos dos movimientos que alcanzaron un gran desarrollo, el Espiritismo y la Teosofía. Sin embargo, a lo largo del S XX languidecieron aunque, como suele suceder, fueron la fuente de nuevas creencias. En el Espiritismo beben la Ouija y las Psicofonías, en la Teosofía el auge de las filosofías orientales y algunos aspectos de la Ufología (teorías de Charroux, Von Däniken...) ¿Por qué las creencias nacen, crecen, se reproducen y no mueren (en sus aspectos generales aunque sí en sus detalles concretos) ni de coña? Como escéptico me encantaría poder decir que la difusión de la cultura científica, del pensamiento crítico... tienen algo que ver en ello, pero estaría mintiendo. Hay un fuerte componente de moda y cansancio que explican estos vaivenes. Sólo las creencias que llenan una necesidad de la gente pueden tener éxito, pero conforme sus seguidores van hartándose de palabras sin hechos comienzan a buscar nuevas doctrinas que satisfagan su curiosidad, o sus carencias, o... El caso del Espiritismo es paradigmático. Comienza su difusión a gran escala con la obra de Alan Kardec ("El libro de los espíritus", 18 de abril de 1857). Pronto comienza su crítica en especial por parte de la Iglesia Católica en una escala tal que todavía hoy es fácil encontrar esos textos en librerías de viejo. Obras como "El Espiritismo en el mundo moderno" (Valencia, 1872), "El Satanismo ó sea la cátedra de Satanás combatida desde la cátedra del Espíritu Santo" por Vicente Manterola (Barcelona, 1879), "La magia disfrazada ó sea el Espiritismo" por Juan José Benito y Cantero (Madrid, 1886), "Idea clara del Espiritismo" por Juan José Franco (Barcelona, 1886)... son sólo algunos de esos títulos que se vieron acompañados por acciones más directas como quema de libros, inclusión en el Index de los libros espiritistas... Todo ello fue inútil. No sólo los textos espiritistas se multiplicaban como hongos tanto en traducciones de los autores clásicos como Kardec, Crookes, Lombroso, Alfred R. Wallace (por cierto, estos tres son conocidos científicos), Denis, Flammarion (otro científico más a la nómina espiritista)... como con las aportaciones nacionales del Vizconde de Torres-Solanot, Amalia Domingo Soler, Manuel González Soriano... sino que, además, apareció prensa espiritista como La Revelación (Alicante), Revista Espiritista (Barcelona), El Criterio Espiritista (Madrid), El Espiritismo (Sevilla)... y todo ello pese a que los más conocidos médiums fueran "pillados" cometiendo fraude (Daniel Home, Florence Cook, Eusapia Palladino...) No importó. En 1888 se celebró el I Congreso Internacional Espiritista en Barcelona. Acudieron representantes de setenta sociedades y de diez publicaciones espiritistas españolas. El auge del Espiritismo parecía imparable y más después de la I Guerra Mundial cuando miles de personas recurrieron a los médiums para contactar con sus seres queridos trágicamente perdidos. Sin embargo, años después el Espiritismo había perdido gran parte de su fuerza. ¿Por qué? Sencillamente, el Espiritismo había hecho de Allan Kardec su Papa y del "Libro de los espíritus" su Biblia. Se había convertido en algo dogmático, su doctrina estaba fijada y ya era conocida. Su fenomenología era repetitiva. Acabó por perder su poder de atracción. En una curiosa obra, "A.B.C. del Espiritismo" (Madrid, s/f pero poco posterior a 1925) el espiritista B.J. Bautista no deja títere con cabeza: "Y en efecto, hubo millares de individuos que investigaron por sí mismos y recibieron las noticias que deseaban. Hubo soldados muertos, que aparecieron en sus propias casas y otros que conversaron con sus compañeros en el campo de batalla, haciéndoles advertencias muy útiles para su conservación; fijaron muchos sus imágenes en las placas fotográficas y en la zona de combate se vieron figuras solitarias y fantasmas legendarios... Todo esto lo dice Sir Arthur Conan Doyle con la mayor ingenuidad. ¡Almas que no tienen inconveniente en hacerse una docena de retratos, no sabemos si con sentidas dedicatorias, y almas, que vienen a hacer una visita de cortesía a sus amistades antes de hacer la travesía de la laguna Estigia en compañía del adusto Caronte!..." (Pág. 49) "En estos términos y con iguales o parecidas estupideces e incongruencias sigue y termina la profecía salvadora de Inglaterra que achaca Sir Arthur Conan Doyle, en su obra "El Espiritismo" a ese espíritu de guardarropía que se puso al habla en 1885 con los del círculo de Oxley, que dicho sea de paso, nos parecen unos guasones de poca gracia y que no nos explicamos cómo ha tomado en cuenta el ecuánime escritor aludido. A no ser, que como Sir Arthur, es padre de muchas y muy interesantes novelas fantásticas, haya pretendido esta vez seguir la serie..." (Pág. 51) "No incluímos más relatos de soldados, porque para muestra basta un botón. Todos poco más o menos son iguales y su abundancia es enorme,..." (Pág. 53) "Hagamos a un lado insensateces y fantasías que sólo sirven, si son de buena voluntad, para pasar el rato y si de mala, para explotar a los ignorantes." (Pág. 56) Sin embargo, el Espiritismo, al dejar de lado los aspectos más dados al fraude y al ridículo como las manifestaciones mediúmnicas, dio alas a una creencia que ya había sido propuesta para dar explicación "científica" a los fenómenos espiritistas, la Telepatía y, con ella, a los restantes poderes mentales, PES, TK... Podríamos seguir encadenando unas creencias con otras, pero con lo dicho basta por ahora. Junto a estas creencias heredadas, el S XX vio surgir dos mitos extraordinarios. El primero es la Ufología que atraviesa un momento similar al de la decadencia del Espiritismo. De los primeros avistamientos de naves, se pasó a los encuentros cercanos con seres extraterrestres (creencia que había sido sostenida por el Espiritismo para el que el sucesivo perfeccionamiento de los espíritus se traducía en reencarnaciones en planetas más avanzados que la Tierra), a la reescritura de la Historia para encontrar ETs hasta en la sopa (con indudable influencia de la Teosofía) y al fenómeno de las abducciones. Sin embargo, al agotarse las novedades su capacidad de atracción parece haber mermado. El segundo de esos mitos, es el de Rénnes-le-Château con todo lo que ha llevado aparejado y cuya capacidad de metamorfosis parece estar lejos de concluir. En 1967, la editorial René Julliard publicó "L´or de Rennes" de Gérad de Sède. Esta historia sobre un tesoro perdido (cuya identidad la relaciona con los mitos templarios y cátaros) acabó convertida en un revival del mito griálico y en una especulación sobre la descendencia de Jesús. En este cambio, hay una obra fundamental "The Holy Blood and the Holy Grail" (en España, "El enigma sagrado") de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln (1982), al que se añadirían otros como "The Templar Revelation" (en España, "La revelación de los templarios") de Lynn Picknett y Clive Prince (1997) que, de forma conjunta, inspiraron ese reciente engendro que se titula "El Código da Vinci" de Dan Brown. Si son Vds. de las personas a las que les gusta estar informados, la lectura de cualquiera de las revistas esotéricas que se publican es España les mostrará numerosos contenidos vinculados en mayor o menor medida a estas tesis. Si otros mitos heredados del S XX están en horas bajas, estas lecturas pseudohistóricas, por el contrario, están en pleno auge. Sin embargo, nada de todo ello se ha reflejado en la actividad de los escépticos. Con muy pocas excepciones, el mutismo sobre este tema es casi absoluto. ¿Por qué? Desde luego, no podemos argüir como excusa que esta creencia no está difundida o no tiene importancia porque, como ya vimos, su éxito actual está fuera de toda duda. Tampoco se puede aducir una falta de tiempo para preparar una respuesta adecuada dado que las publicaciones en español de las obras citadas se produjeron en 1970, 1985 y 1998 respectivamente (vamos, que de novedad no tienen nada). Es increíble, de igual forma, una falta de capacidad porque, lo hemos visto en los artículos precedentes, el asunto Berénger tiene más agujeros que una manta apolillada. Por último, tampoco parece que podamos ampararnos en una falta de información porque muchos de los documentos necesarios para desmontar esas lecturas esotéricas está accesible en Internet a través de una simple búsqueda (y, además, Rennes está muy cerca de España). ¿Por qué, entonces, esa falta de respuesta? La única explicación que encuentro es la falta de voluntad. Sin embargo, esa justificación encierra en sí misma una grave acusación. Puesto que el escepticismo español ha sido capaz de tratar otros temas (Ufología, Astrología, Homeopatía...) ¿por qué falta la voluntad en este caso concreto? Tienen varias respuestas para elegir, es un tema que no interesa, es un tema del que se evaluó mal su verdadera importancia, es un tema desconocido. Cada una de ellas, sin embargo, nos conduce a callejones sin salida. Si el tema no es interesante para el escepticismo hispano ¿qué pretende éste? Porque el escepticismo, según todas las proclamas de asociaciones y particulares, pretende ser útil a la sociedad. Si ésta consume este tipo de escritos por centenares de millares (contando "El Código da Vinci" por millones) y nadie brinda la otra cara de la moneda ¿qué utilidad pública estamos desarrollando? Si se evaluó mal su verdadera importancia, más vale que nos dediquemos a otra cosa porque eso significaría que estamos desvinculados de la realidad de una forma total y absoluta (algo que, por cierto, está más cerca de la verdad de lo que me gusta admitir, pero cuando el esoterismo está en la calle y el escepticismo se recluye en los claustros universitarios pasan estas cosas). Si es un tema desconocido, nuevamente más vale que nos dediquemos a otra cosa. Las clases de "rennología" no se imparten en ninguna universidad. Para saber de este tema basta con preocuparse de buscar información (que, reitero, es fácilmente accesible) luego, si hay desconocimiento es, nuevamente, por una falta de interés con lo que entraríamos en una justificación de tipo circular. Éste es el triste balance del asunto Rennes. El escepticismo español está totalmente falto de norte. Sólo funciona por impulsos personales que, como tal, no responden a las demandas sociales (por mucho que se pretenda lo contrario) sino al interés particular y, por desgracia, éste no suele corresponder a temas históricos dado que el escepticismo se considera como algo indisolublemente ligado al método científico (una chorrada impresionante, pero así es). ¿Y el futuro? Pues más negro que los cojones de un grillo. Lo siento, pero si alguien esperaba un final feliz no lo va a tener. Es más, todo lo que han leído hasta este momento sobre Rennes está anticuado y no sirve para nada como contestación a las actuales teorías sobre Rennes-le-Château. El Sr. Fernández Bueno va con quince años de retraso así que la contestación a sus afirmaciones también, pero hoy en día nadie (bueno, casi que algún nostálgico siempre queda) va diciendo cosas como que Jesús estuvo enterrado en "le tombeau des Pontils", que el contenido de los pergaminos es auténtico... No, las actuales investigaciones esotéricas sobre Rennes se encaminan por investigaciones sobre la relación de los diversos personajes (por ejemplo, de Alfred Saunière, el hermano de nuestro párroco) con movimientos masónicos y/o ocultistas. Ya les advertí que la capacidad de mutación de este asunto es asombrosa. ¿Moraleja? Pues que el escepticismo español queda muy bonito, organiza cursos universitarios para convencer a los que ya están convencidos, edita publicaciones para convencer a los que ya están convencidos y escribe blogs para convencer a los que ya están convencidos. Es decir, es un monumento al absurdo. En cualquier otro caso tampoco serviría para nada (lo de convencer de algo a quién no quiere ser convencido no suele dar buen resultado), pero al menos, y como dicen en "Zorba el griego": "Si ha de ser una derrota, que sea al menos una derrota grandiosa." Ahora, estamos abocados a una derrota de chiste (y como tome el relevo de las actuales generaciones de escritores esotéricos, alguien que sepa de qué habla nos deja a todos en pelotas en 5 minutos y le sobrarían 4) ¿Pueden cambiar las cosas? Pueden, y deben hacerlo. Ante un escepticismo elitista, faltón e ignorante tiene que surgir un escepticismo que baje a la calle, dialogante porque los escritores esotéricos y los escépticos nos necesitamos mutuamente, y que se preocupe por comprender (que no implica compartir) aquello de lo que hablemos con una postura crítica pero cercana a disciplinas como la Sociología y la Etnología más que a las Ciencias puras. Ése es el reto, y algunos estamos dispuestos a aceptarlo aunque eso implique convertirnos en blanco para unos y para otros. Dicen que en Waterloo, cuando la batalla estaba perdida, los ingleses ofrecieron la rendición a lo que quedaba de la guardia mandada por Cambronne. Según las versiones puristas, éste respondió: "La guardia muere, pero no se rinde." Según otros, lo que realmente dijo fue: "¡Mierda! La guardia muere, pero no se rinde." Así que imito a Cambronne (que, por cierto, sobrevivió a la batalla aunque tan malherido que le dieron por muerto en un principio) y grito ¡Mierda! 05/05/2005 03:13 #. Hay 14 comentarios. Apostillas al nombre de RennesViene de aquí Ya llegó, ¡¡¡por fin!!! la hora de despedirnos de Rennes-Le-Château. Si han llegado hasta aquí (además de tener más paciencia que el santo Job) creo que puedo suponer que les interesa esta tema. Como éste no se agota con lo aquí escrito (que se ha limitado a ser una respuesta a las afirmaciones del Sr. Fernández Bueno y no un estudio en profundidad sobre este caso), puede que les venga bien el tener una recopilación de direcciones en las que podrán acceder a mucha más información además de permitirles contrastar lo que yo he dicho (no supongan que no estoy equivocado porque eso sería un error). PÁGINAS GENERALES: Rennes-le-Château, la página de Octonovo (en francés). Imprescindible. El Priorato de Sión, la página de Paul Smith (en inglés). Documentación y artículos sobre el caso Berénger y sobre el Priorato de Sión. Rennes-le-Château, la página de Mariano Tomatis (en italiano). Otro lugar magnífico para acceder a documentación y estudios sobre el tema. Rennes-le-Château, la página de Bernardo Sanchez da Motta (en portugués). Muy bien estructurada en capítulos temáticos, constituye una magnífica introducción al tema. ESTUDIOS TEMÁTICOS: La contabilidad del Padre Sauniére (en francés). Las vidrieras de la iglesia de Rennes (en francés). Comparación entre el Via Crucis de Rocamadour y el de Rennes (en francés). Completen este trabajo con esta imagen, una segunda y una tercera del Via Crucis de la iglesia de Espéraza, obra de la fábrica Giscard como los anteriores. El sepulcro de los Pontiles (en inglés). Los falsos pergaminos de Rennes 1 y Los falsos pergaminos de Rennes 2 (en inglés). DOCUMENTOS: El informe Delmas de René Descadeillas (en francés). Informe sobre Rennes-le-Château de René Descadeillas (en francés). Contrato Berénger-Giscard (en francés). Apuntes sobre la venta de misas (en francés). Una excursión a Rennes-le-Château (en francés). Sobre la primera lápida de Marie de Negre. Los pergaminos y las genealogías supuestamente encontrados por el padre Berénger. OTROS SITIOS: Archivos del departamento de l´Aude En ellos se conservan la mayoría de los documentos relacionados con este caso. RENNES-LE-CHÂTEAU EN LAS ORGANIZACIONES ESCÉPTICAS: CSICOP (en inglés). CICAP (en italiano). Cercle Zetetique (en francés). RENNES-LE-CHÂTEAU EN ESPAÑOL: ARP-SAPC El Código da Vinci y Rennes (Traducción del italiano) Los secretos de Rennes-le-Château (Traducción del artículo antes enlazado en CSICOP) LIBROS SOBRE RENNES: Bibliografía sobre el caso Rennes. Pues ahora sí que hemos terminado con este asunto y podemos seguir con nuestra crítica al libro del Sr. Fernández Bueno, así que -Continuará- Un comentario de Ricardo CampoReproduzco a continuación un comentario que Ricardo Campo me ha enviado sobre esta historia y que no ha podido colgar por problema de longitud. Como creo que es interesante que los lectores puedan acceder a distintos puntos de vista sobre un problema, lo cuelgo aquí en su integridad. Dice así: [Comienza el comentario] Hola. Desgraciadamente, estoy de acuerdo con José Luis (desgraciadamente por el contenido de sus afirmaciones, no por ser él :-) en casi todo lo comentado en esta entrada. No estoy en absoluto de acuerdo con su referencia a que los cursos escépticos organizados en la universidad sean "para convencer a los que ya están convencidos, edita publicaciones para convencer a los que ya están convencidos y escribe blogs para convencer a los que ya están convencidos". No, los cursos de la Universidad de La Laguna, que es la referencia nacional en este aspecto, al haber acabado recientemente la quinta edición consecutiva, no está montado para convencer a los ya convencidos: está montado para "convencer" o informar a los 450 alumnos aproximadamente que estos cinco años han obtenido los 6 CLE. Alumnos que son veinteañeros, gente joven que quizá no tiene por qué estar interesada en el escepticismo ante lo paranormal, ni siquiera en la divulgación científica (va a por los CLE, exclusivamente, en su mayoría) pero a los que se les deja un poso de información crítica, ahí, en la trastienda de su cabeza, "a su pesar". A eso debemos unir las menciones periodísticas locales (y alguna nacional) al curso. Es decir, el curso de la ULL va adquiriendo el carácter de un pequeño clásico, de una referencia, todo lo modesta que sea, pero referencia social. Por otro lado, al inicio del curso se entrega un cuestionario de creencias; al final se entrega otro, y aquéllas han variado algo hacia el escepticismo (dos psicólogos de la ULL lleva este tema). Hay un efecto en alguna medida cuantificable, al margen del social y mediático. Seguro que el curso tinerfeño no es "un monumento al absurdo". Tiene fallos, como por ejemplo que este año (y el anterior) no hubiese una charla específica dedicada a la regresión hipnótica, cosa que está de moda al menos en esta isla, dada la frecuente publicidad callejera con que me tropiezo. Pero hubo otro par de aciertos significativos, al menos para mí: la conferencia de Sergio Baucells sobre los mitos históricos de Canarias (la presencia vikinga, los podomorfos, las "pirámides" de Güímar, etc.). Con nombres y apellidos, y poniendo en evidencia las estúpidas fabricaciones de pseudo-divulgadores pro-magias prehispánicas... Y la Atlántida..., de nuevo de moda, a la que Luis Alfonso Gámez le dio un repaso, y a todos los que se empeñan en encontrarla en la taza del retrete de su casa. En general, casi todas las charlas sobre creencias y pseudociencias aportaron información válida y a apropiada para que el asistente se percatase de que las cosas no son como se cuentan en la plaza pública. Lo que quiero decir es que el curso "Ciencia e irracionalidad en la cultura contemporánea" no es una mirada extasiada a nuestro ombligo. Y también creo que ese título debe hacernos pensar un poco en fortalecer los aspectos sociológicos y etnológicos en el segundo módulo (el de las pseudociencias), y tener menos presente a san Popper, que ya sabemos que no cuenta una mierda para la dinámica de las creencias esotérico-paranormales (y el que no lo quiera ver así se engaña). Estoy de acuerdo en que se abusa de la cantinela del "método científico", y en que hay un cierto acartonamiento en el escepticismo español. Yo, por ejemplo, estoy "acartonado" y un tanto empecinado contra el maguferío, con los que me meto todo y cuanto me apetece, porque para mí hay una componente ética en todo esto (supongo que para el resto de los escépticos también), y no soporto el cinismo ni la siembra a voleo de estupideces. Espero que en los próximos años te veas obligado a cambiar tu opinión sobre el escepticismo español en general, por el bien del propio escepticismo. A grandes rasgos, creo que tienes razón en tus comentarios, excepto en el importante detalle del curso comentado más arriba. [Fin del comentario] 07/05/2005 01:15 #. Hay 2 comentarios. Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (I)Viene de aquí Después de no dejar títere con cabeza en Rennes-le-Château, D. Lorenzo prosigue con su viaje iniciático. Comienza por visitar el centro esotérico de un tal Saqbel Zos (no me pregunten quién es en realidad porque no tengo ni idea) en una nueva muestra de la capacidad de sacrificio de nuestro autor. La narración de lo sucedido allí es realmente estremecedora. Lean, lean: "Al penetrar en el interior las miradas se perdían entre los humos antagónicos de una espesa nube de hachís. La estética de aquel lugar era más cercana a la de un lupanar barato que a un centro espiritual." (Pág. 149) Por si los porros y la pinta de puticlub de todo a 100 fueran poco motivo de alarma (servidor hubiera puesto pies en polvorosa sin esperar a más) la descripción de su anfitrión es para conservarla en la memoria: "De no ser consciente de lo que hacía allí, hubiera pensado que ese hombre delgado y palúdico me odiaba como solo se puede odiar a un enemigo." (Pág. 150) No me pregunten qué quiso decir el Sr. Fernández Bueno al calificar a Saqbel de "palúdico" porque, nuevamente, no tengo ni idea. En fin, esperemos que no hubiera por allí algún mosquito anofeles despistado... Como pueden suponer, de estos polvos vienen unos lodos considerables. D. Lorenzo se traga un "líquido infecto" que le hace "viajar" sin necesidad de coche, avión ni carrito de los helados. Los primeros efectos consisten en: "Pese a todo ello era plenamente consciente de lo que aquel gurú me estaba espetando. Y en contra de toda lógica, él, que hacía unas horas reflejaba las virtudes propias de un santón, a cada segundo iba mutando desde mi percepción en un personaje horrendo y detestable al que en otras circunstancias, fuera de todo control, hubiera golpeado hasta la saciedad." (Pág. 151) No obstante, no deben preocuparse ni por el gurú ni por el escritor porque la sangre no llega al río. Con la mente abierta gracias a la pócima, D. Lorenzo hace tres preguntas: "-¿Cuál es el secreto? -El heredero. -¿Dónde se encuentra? -En el camino, seguro..." (Pág. 151) No se crean que el Sr. Fernández Bueno no sabe contar hasta tres. Hace una última pregunta, pero la respuesta es tan estremecedora que, de momento, la oculta. Después de tanto sacrificio por la causa, D. Lorenzo se despierta en la habitación de su posada gracias al "canto armonioso de un gorrión" (¡qué bonito toque bucólico!). Eso sí, entre uno y otro episodio ha perdido un día. En ese momento, el Sr. Fernández Bueno recuerda un "emilio" que le envió su mentor, Geoffrey, y nos lo transcribe. Su contenido es realmente portentoso: "Querido amigo. Se dice que cuando la toma de Montségur, por la noche un pequeño grupo de personas escapó de la fortaleza llevándose un tesoro. Ese "tesoro" eran dos niños, uno de ellos muy importante por el linaje de "sangre real" al que pertenecía. Una de las personas que escapó de la fortaleza y proporcionó los medios para la huida con los niños fue el bailio del Temple de la cercana fortaleza de Rénnes-le-Château. Parece que no es arriesgado pensar que el templario ocultara al niño en su encomienda. Un lugar cercano, tranquilo y seguro. Como sabes, años después un cura curioso encontró unos manuscritos que se referían a unas genealogías. Pásalo bien. Non Nobis..." (Pág. 153) Y digo que es portentoso porque tal sucesión de chorradas bate la propia plusmarca de D. Lorenzo (lo que indudablemente excede de lo corriente). ¿Por qué? Pues por varias razones. Veamos. Durante el asedio a la fortaleza cátara de Montségur se sabe que escaparon varias personas en distintas ocasiones. Las primeras fueron los hermanos Pierre y Matheus Bonnet que pusieron a buen recaudo el tesoro de los cátaros que no consistía en ningún niño sino, de acuerdo con la declaración que realizó Imbert de Salles ante la Inquisición después de la caída del castillo, en "oro, plata y una infinita cantidad de monedas" [1] (Pág. 212) en la Navidad de 1243. Según el mismo testigo (que era sargento de la guarnición de Montségur) su destino era la cueva de Lombrives o una gruta fortificada del Sabarthès. Con posterioridad, durante la tregua previa a la rendición de la fortaleza (del 2 al 16 de marzo de 1244) huyeron cuatro personas más. Los nombres de tres de ellas, según algunos, eran Hugo, Poitevin y Amiel Aicard (se ignora el del cuarto). Según la declaración de Arnaud-Roger de Mirepoix ante la Inquisición: "para que la Iglesia de los herejes no perdiera su tesoro que estaba escondido en los bosques y ellos sabían en qué lugar..." [1] (Pág. 212) Nadie menciona niño alguno ni de "sangre real" (ya veremos de qué va esto) ni de sangre plebeya, como tampoco Rennes-le-Château ni bailío templario alguno. Esta doble evasión de Montségur, no obstante, ha hecho correr ríos de tinta esotérica. Si Pierre y Matheus Bonnet ya habían puesto a buen recaudo el tesoro cátaro ¿por qué tuvieron que escapar después cuatro Perfectos? Las especulaciones son múltiples, que si los primeros transportaban el tesoro material mientras los segundos pusieron a salvo el tesoro espiritual (según los gustos, evangelios apócrifos, el Grial, un Diálogo de Platón inédito...), que si la abuela fuma... La cuestión, como suele suceder, tiene una explicación mucho más prosaica. El oro cátaro estaba a salvo... relativamente. Con la caída de Montségur era fácil prever lo que iba a suceder a continuación, la derrota de la herejía en todo el Languedoc. En esas circunstancias, el tesoro volvería a poder caer en manos del enemigo. Se imponía una solución del problema y eso es, probablemente, lo que tenían que realizar esas personas. Según algunas tradiciones, el oro cátaro acabó en Italia y sirvió al doble propósito de financiar las iglesias herejes de Lombardía y de ayudar económicamente a los refugiados occitanos pasados y futuros (a partir de la caída de Montségur el nuncio Pierre Maurel, de Aurillac, organiza la emigración a Italia). En 1260, el Inquisidor Raniero Sacconi considera que no llegaban a doscientos los Perfectos que se mantenían aún en las áreas de Toulouse, Albi, Carcassonne y Agen. [1] (Pág. 215) Según esas tradiciones, las personas que condujeron el tesoro a Italia fueron "Hugo, Mathieu, Peytavi y Sabatier" [2] (Pág. 165) Si consideramos que Matheus y Mathieu son el mismo nombre y que lo mismo sucede con Poitevin y Peytavin, encontramos que coinciden tres de los cinco nombres de los huidos de Montségur. Pero dejemos el peligroso terreno de las tradiciones para centrarnos en algo más documentado y, por tanto, más sólido, la supuesta presencia de un templario entre los fugados. Dejemos de lado la inexistencia de documentación que sostenga ese asunto porque siempre puede pretenderse que el cuarto Perfecto escapado de Montségur (cuyo nombre se ignora) era, precisamente, el templario del bailío de Rennes-le-Château. Podríamos aceptarlo de no ser por un pequeño detalle, que en Rennes-le-Château no había ningún establecimiento del Temple en esa época. ¿Cómo? Pero si Baigent, Leigth & Lincoln aseguran: "Unos cuantos kilómetros al sudeste de Rennes-le-Château, por ejemplo, se alzaba otro pico, llamado Bézu, coronado por las ruinas de una fortaleza medieval que otrora fue una preceptoría de los caballeros templarios. En un tercer pico, a cosa de kilómetro y medio al este de Rennes-le-Château, se alzan las ruinas del castillo de Blanchefort, hogar ancestral de Bertrand de Blanchefort, cuarto gran maestre de los caballeros templarios..." [3] (Pág. 27) ¿están nuevamente equivocados? Comencemos por Blanchefort. Bertrand de Blanchefort fue el sexto gran maestre de los templarios (1156-1169). Fue hijo de Godefroy de Blanchefort. Su familia no tenía nada que ver con el castillo de Blanchefort cerca de Rennes porque era de la Guyenne. Por tanto ni fue éste su hogar ancestral ni puñetas. Por la misma razón, la familia Blanchefort (la de Rennes) que apoyó a los cátaros, nada tuvo que ver con la del templario Bertrand de Blanchefort (o Blanquefort). Se cae, por tanto, la pieza principal del tinglado cátaro-templario al que tan aficionados son algunos. Después de esta sensacional metedura de pata, seguimos con el castillo de Bézu. Loa señores de Bézu (o Albedun, Albezu o Albezus) están documentados desde 1060. Aparecen Pierre I y Bernard I de Albedun. Durante los S XII y XII aparecen en distintos documentos los nombres de Pierre II, Bernard Sermon I, Bernard II, Bertrand I y Bernard Sermon II. En 1151 Bernard Sermon I hace una importante donación de dinero a la orden del Temple (también las realiza a otras órdenes religiosas), pero no les dona su señorío. Al contrario, en una decisión extraña por infrecuente, es el Temple el que entrega la administración de la villa de Espéraza (mientras viva) a Bernard Sermon. En 1210, durante la cruzada contra los cátaros, la familia de Albedun es partidaria de éstos. Simon de Montfort encuentra el castillo abandonado por el entonces señor, Bernard Sermon II. No obstante, al no haber presentado batalla se le permite mantener su hacienda. Bernard Sermon II se envalentona y presta cada vez un apoyo más descarado a los cátaros hasta que en 1229 oculta a un importante obispo, Guilhabert de Castres. En 1231 el Rey lo desposee de su señorío y lo entrega al cruzado Pierre de Voisins, confirmando esa donación en 1248. Por tanto, en la caída de Montségur, el castillo de Bézu, lejos de ser un lugar seguro para nadie que tuviera que ver con el catarismo era un peligro porque estaba en manos de sus enemigos. En 1307, Othon d´Aure vivía en el castillo. En esa fecha es acusado por fabricar moneda falsa. Esta acusación se repetiría en 1344 contra Brunissende, la esposa de Jacques de Voisins, su yerno, Guillaume de Cathala, y contra otros nobles. Sólo queda la posibilidad de que se donara de forma temporal el castillo de Bézu al Temple entre 1292 y 1307, pero esa hipótesis no influye para nada en la cuestión que nos ocupa y que es que en 1244-45 ningún templario de Rennes-le-Château tuvo nada que ver en Montségur por la sencilla razón de que no había establecimientos del Temple en la localidad en esos años. ¿Algo más? Pues sí. Si alguien quería que un niño pasara inadvertido, lo último que podía hacer con él era conducirlo a una propiedad templaria por la sencilla razón de que el Temple, como Orden Militar que era, normalmente no admitía niños: "Pues quien desea entregar eternamente a su hijo a la orden de la caballería debería criarlo y educarlo hasta el momento en que sea capaz de empuñar las armas con vigor, y librar a la tierra de los enemigos de Jesucristo. Que el padre y la madre lo lleven entonces a la casa y den a conocer su petición a los hermanos; y es mucho mejor si no hace el voto cuando sea niño, sino cuando sea mayor, y es mejor si no lo lamenta que si lo lamenta." [4] (Pág. 37) El que después de ese desconocimiento de la historia y la Regla de los templarios, coloque al pie del mensaje la frase "Non nobis..." que no es sino el comienzo del lema del Temple: "Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam." (Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para dar gloria a tu nombre) es tan sólo la guinda que da culmen a un montón de despropósitos (y eso es, apenas, el comienzo porque a continuación se mete de lleno en el tema de los cátaros, lo que nos va a proporcionar nuevos momentos de diversión). NOTAS: [1] Citado en Los cátaros. Paul Labal. Traducción de Octavi Pellissa. Ed. Crítica. Barcelona, 2000. [2] Citado en La verdadera historia de los cátaros. Anne Brenon. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Ed. Martínez Roca S.A. Col. Enigmas. Barcelona, 1997. [3] El enigma sagrado. M. Baigent, R. Leigh & H. Lincoln. Traducción de Jordi Beltrán. Ed. Círculo de Lectores por cesión de Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. [4] Citado en El código templario. J. M. Upton-Ward. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000. BIBLIOGRAFÍA: La historia del castillo de Bézu pueden encontrarla aquí en un magnífico trabajo titulado "Albedun et son histoire XI-XV siècles" de Blandine Sire. -Continuará- Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (II)Viene de aquí Antes de continuar y puesto que estamos hablando (y continuaremos con ellos por un tiempo) de los cátaros y Vds. no tienen la menor obligación de saber quiénes eran estos "buenos hombres" (nunca mejor dicho), me permito recomendarles que visiten estos artículos en la página de Zkeptik en los que podrán encontrar respuestas claras a las dudas que puedan tener sobre ellos. Los cátaros: más acá del mito (I) Los cátaros: más acá del mito (II) Los cátaros: más acá del mito (III) Los cátaros: más acá del mito (IV) Los cátaros: más acá del mito (y V) Después de que disfruten con este magnífico ejemplo de cómo deben escribirse artículos sobre Historia desde un punto de vista escéptico (con amenidad, rigor, sencillez y contestando a las afirmaciones pseudohistóricas que estén de moda en cada momento) podemos proseguir con D. Lorenzo y sus cátaros superhipermegaguay del Paraguay. Siempre me ha sorprendido la manía de algunos por convertir en angelicales cuantos movimientos históricos hayan sido machacados por las "fuerza de la opresión" (es especial si esa fuerza es la de la Iglesia Católica). Precisamente en los capítulos que nos quedan por comentar de "Los guardianes del secreto. La revelación del mayor enigma de Occidente" hay un claro ejemplo de esa hagiografía de los perseguidos referida a cátaros y a templarios-francmasones. Sin embargo, vistos desde una perspectiva actual (que, recordémoslo, no es coincidente con la visión de su propia época) unos y otros presentan unas inmensas sombras. El ocultarlas por un concepto mal entendido de solidaridad con el perseguido sólo conduce a la no comprensión de la Historia. Por ello, podrán leer afirmaciones que dejan en mal lugar a cátaros y a templarios. No las entiendan como un intento de justificar su aniquilación porque no son tal, sino como el tributo que debemos pagar a la objetividad y la veracidad aunque todos sintamos simpatía por la épica de los derrotados. Una vez hechas las aclaraciones pertinentes, podemos proseguir. Después de reproducir el desternillante "emilio" de Geoffrey del que hablamos en la historia anterior, el Sr. Fernández Bueno se va a Montségur. Como no puede ser menos (joder con lo políticamente correcto) D. Lorenzo da una visión idílica del catarismo: "De manera tan simplista describían las enciclopedias la filosofía que reinó la Occitania durante más de dos siglos, para mayor gozo y manifiesta prosperidad de los habitantes que libremente se acogieron al nuevo movimiento. Hubo un tiempo en que la fantasía se materializó en un pedazo de tierra cuyas gentes carecían de prejuicios fanáticos. Hubo un tiempo en el que ese mismo pedazo de tierra fue la envidia de una Europa salvaje y consumida por sus propios males entre los márgenes despiadados de la Baja Edad Media. Una región codiciada por todos, y por todos repudiada, heredera de la cultura de Oriente y Occidente, ajena a un mundo que no les pertenecía." (Pág. 154) "El Languedoc había alcanzado un nivel de prosperidad tal que le convertía en una región al margen del resto del territorio galo, una pieza muy codiciada y cada vez más alejada cultural y económicamente de su entorno, algo que los monarcas veían con evidente malestar. En aquellas abruptas montañas convivían en un ejemplo de tolerancia propio de Al-Andalus musulmán, judíos, arrianos, cristianos, y por supuesto, los cátaros. Protegido de los avatares de una época fascinante y convulsa, el Languedoc se ocultaba tras la formidable cordillera pirenaica, inmerso en una evolución social, filosófica y religiosa sin parangón hasta la fecha." (Pág. 155) "Aquellos extraños predicadores que siempre iban en parejas, se acercaban a las poblaciones más recónditas, a los grandes núcleos urbanos... con el fin de mostrar su concepción del Evangelio, haciendo gala de una humildad y pobreza que contrastaba con la lujuriosa ambición de los ministros de Dios, obispos y prelados que confundían la riqueza espiritual con la material. Vestidos de negro, con su verdad siempre clara y transparente, los nuevos misioneros participaban en la vida de los feligreses, trabajaban cuando había que trabajar, compartiendo las bienaventuranzas, y por supuesto los miedos y tristezas. La integración religiosa era mucho más directa, y el intermediario, mucho más humano." (Pág. 157) La serie de tópicos sobre los cátaros continúa, continúa... pero, curiosamente, en ningún momento explica el Sr. Fernández Bueno qué es un cátaro, en qué creía... como tampoco ofrece ningún tipo de prueba para sus afirmaciones. En realidad, la nueva doctrina (para la Iglesia herejía) de novedosa tenía más bien poco porque se basa en algo tan antiguo como el dualismo que no es más que un intento de responder a una pregunta lógica: si Dios (o los dioses) son buenos y han creado el mundo ¿por qué existe el mal? En el S XI en Occidente comienzan a aparecer casos de herejías con unos rasgos comunes. En el año 1000 el campesino Leutard está labrado el campo en Vertus cuando tiene una revelación celestial. Fruto de ella, expulsa a su mujer de su casa para vivir en castidad y rompe la imagen de Jesús en la iglesia del pueblo. Detenido y condenado por herejía, Leutard se suicidó. Entre los años 1017 y 1022 en la zona de Toulouse existían grupos de herejes que negaban la cruz y el bautismo, practicaban la castidad y se abstenían de comer algunos alimentos. En 1022 en Orleans estalla un gran escándalo por la importancia de los herejes implicados, el canónigo Lisois, del capítulo catedralicio, y Étienne, confesor de la reina Constanza, aseguran que Cristo no pudo nacer de María y niegan la Pasión y aseguran que los dones del Espíritu Santo pueden transmitirse por una imposición de manos. Ambos fueron arrojados a la hoguera junto con sus discípulos por orden del rey Roberto el Piadoso. En 1025 aparece un nuevo foco en Arras. Los herejes sostienen que la salvación no puede proceder de sacerdotes indignos que emplean cosas materiales. Niegan, por tanto, el bautismo, la unción sacerdotal y la eucaristía. La cruz, las reliquias, los templos y la propia estructura de la Iglesia no tienen ningún valor. Practican la no violencia, viven en comunidades igualitarias y repudian el matrimonio. En 1028 sucederá en Monteforte (Italia). También rechazan la misa y la eucaristía. Niegan la Trinidad y el bautismo. Condenan el acto sexual y el comer carne. Cristo no se encarnó, era un espíritu inmaterial. La justicia civil les obliga a escoger entre la retractación y la hoguera. Optan por el fuego. Entre 1043 y 1048 cerca del pueblo de Leutard existen comunidades que rechazan el matrimonio y son vegetarianos. En 1052 en Goslar (Alemania) se ahorca a gente de Lorena por negarse a matar animales. ¿Qué estaba sucediendo? Todavía hoy se discute si esos movimientos estuvieron conectados o no. Hay razones para sostener ambas hipótesis. Por ejemplo, se dice (el cronista le Glabre) que los sacerdotes de Orleans fueron conducidos a la herejía por una mujer italiana y se sabe que el jefe de la comunidad de Arras era un italiano de nombre Gandulfo, pero los casos de Leutard y Monteforte son locales. Debemos a Paul Labal en su obra "Los cátaros" (Ed. española en Crítica. Barcelona, 2000) el haber encontrado un nexo común a todos estos casos, la influencia cultural del Renacimiento carolingio. La razón para ello es que durante ese periodo se copiaron, tradujeron... textos desconocidos (o casi) en Occidente entre los que figuraban escritos neoplatónicos. La fusión entre los elementos filosóficos griegos y las creencias católicas fue el caldo de cultivo de estas herejías que tienen en común el desprecio del mundo material (recuérdese que para Platón el universo material es la creación necesariamente imperfecta del Demiurgo que toma como modelo las Ideas) que es una cárcel para el alma. Esta consideración de lo material no ya como algo imperfecto sino como algo corrupto lo volveremos a encontrar muy pronto y de forma aún más extrema. Incluso el caso más aparentemente inconexo de este contexto cultural (el del labrador Leutard) no lo es tanto si atendemos al relato de su revelación. Según dijo, su visión consistió en que se quedó dormido. Entonces un enjambre de abejas se le metió por el culo y le salió por la boca. Tras haberle martirizado de esa forma, se pusieron a hablarle y le revelaron cosas portentosas. Después de eso expulsó a su mujer de casa. Si prescindimos de lo que hay de risible en esa narración (algo difícil, lo reconozco) existe una relación entre abejas y repudio de la mujer. No parece que sea una coincidencia que en esa época se considerara a la abeja con una doble simbología, la de la elocuencia y la de la castidad. Esto último se debe a que San Isidoro, San Ambrosio y Alcuino consideraban que la abeja se reproducía sin necesidad de acto sexual. Cuando le preguntaron a Gerardo (el líder del grupo de herejes de Monteforte) que cómo seguiría existiendo la humanidad si se dejaba de practicar el sexo éste contestó que los hombres cuando renunciaran a la corrupción del sexo se reproducirían como las abejas, sin coito. Si en el caso de Gerardo pudo acceder a estas ideas por sí mismo, en el caso de Leutard más parece que las adoptara por alguna mala interpretación de algún sermón escuchado ya que la demonización del sexo era entonces algo aún más frecuente que hoy. Si Escoto había pretendido que la división sexual existía por culpa del pecado (según él, si no fuera por eso el hombre se reproduciría como los ángeles, de golpe. Ahora hay un hombre y ¡pum! ahora hay dos) ¿qué podría pensar el pueblo de que los sacerdotes frecuentemente estuvieran casados? (la norma del celibato sacerdotal era frecuentemente vulnerada, lo que entonces se conocía como nicolaísmo). Pues que incurrían en pecado ellos mismos y que, por tanto, eran indignos de ejercer de intermediarios entre Dios y los hombres. Tanto más cuando al nicolaísmo se unía, con frecuencia, la simonía (es decir, la compra de un cargo eclesiástico). Lujuria y avaricia que debían ser contrarrestadas con la castidad y la pobreza. La reacción a los errores de la Iglesia fue tanto interna (reforma gregoriana) como externa (herejías) aunque aquélla, posiblemente, no hubiera existido sin éstas. Cuando la Iglesia asiste entre el desconcierto y la represión al surgimiento de las herejías es entonces cuando toma conciencia del problema. De momento el tema quedó solucionado. Las herejías desaparecen durante cincuenta años. Cuando vuelvan, lo harán de una forma mucho más peligrosa porque entonces sí formarán un todo organizado que desafiará a la Iglesia. A partir de ese momento, sí podremos hablar de cátaros. -Continuará- Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (III)Viene de aquí 1143. Evervin, preboste de un establecimiento premonstratense en Steinfeld, acude a un juicio por herejía en Colonia. Dos líderes de una secta, a los que califica como un obispo y su asistente, fueron arrojados por la multitud enfurecida a la hoguera. En 1150 un monje, Eckbert o Egberto, entró en contacto con unos herejes en Bonn. En 1163 Egberto escribe una serie de trece sermones contra esa herejía a la que identifica como maniquea. Advierte sobre su peligrosidad potencial que se ve incrementada por no depender de ningún líder carismático sino que poseía una ideología propia. Esto la permitiría perdurar en el tiempo y no estar confinada a una zona determinada. Describe así una ceremonia de estos sectarios: "El infortunado que va a ser bautizado, o catarizado, está de pie en el centro y el archicátaro está junto a él sosteniendo un libro que es usado para este oficio. Pone el libro encima de su cabeza y lo convierte en un hijo de la Gehenna... A esto lo llaman el bautismo por el fuego." [1] (Pág. 42) Evidentemente, esa herejía es el catarismo y la ceremonia sacramental que describe Egberto es el Consolamentum que convertía al fiel que lo recibía en Perfecto. Hora es ya de que hablemos de las creencias de los cátaros. Son un movimiento dualista. Es decir, que a la pregunta de ¿por qué existe el mal en el mundo si el Dios creador es bueno? responden afirmando que existen dos principios creadores, uno bueno y otro malo. En el caso del catarismo, el mundo material ha sido creado por Satanás lo que le convierte en impuro mientras que el mundo de los espíritus sí ha sido creado por Dios y es, por tanto, puro. Sobre esta premisa se desarrolla una teología tan sutil como una patada en los cojones (obviamente esto es una opinión personal). De su rechazo de la materia se deriva una serie de creencias como es el rechazo del matrimonio con fines reproductivos puesto que cada nuevo nacimiento suponía que un alma pura quedaba encarcelada en la materia impura. De ahí se sigue la negativa a consumir alimentos que proceden de la generación como la carne, los huevos y la leche. No así el pescado porque como sabe todo el mundo los peces son un fruto espontáneo del agua... Niegan los sacramentos católicos en especial el bautismo ya que no sólo empleaba una sustancia material (y por tanto impura), el agua, sino que, además, no había sido instituido por Cristo y sí por Juan Bautista. Por ello, lejos de convertir al bautizado en parte del pueblo de Dios lo convertía en esclavo de Satanás. Sí celebraban una especie de Eucaristía pero con carácter simbólico (ya que no podía haber transubstanciación por la razón que luego veremos) bendiciendo el pan y dándolo a los fieles. Con ello querían representar la palabra divina que había venido a despertar a las almas recordándoles que eran creación suya. No obstante, eso suponía el problema de cómo Jesús pudo haberse encarnado (según la creencia cristiana) en un cuerpo material y, por tanto, impuro. Solucionaron el problema con una "sutileza" admirable. Sencillamente, Jesús nunca fue un ser humano real. Tan sólo aparentaba serlo (lo que se conoce como docetismo). Por tanto, no existió un verdadero nacimiento como tampoco una pasión ni una resurrección. Por ello tampoco podía haber transubstanciación eucarística ya que el pan era imposible que se convirtiera en el cuerpo de Cristo ya que éste carecía de tal. Todo ello negaba la idea cristiana de que el sacrificio de Jesús supusiera la redención del ser humano (obvio, puesto que no hubo tal sacrificio). La verdadera importancia de Cristo radica en que su predicación logró despertar las almas de los hombres que, aprisionadas en un mundo diabólico, habían olvidado que eran creación divina. Ese recuerdo hace nacer el anhelo de volver a reunirse con Dios algo que era posible gracias a la muerte. Negaban la Trinidad ya que Cristo y el Espíritu Santo no eran personas distintas si no emanaciones de la divinidad. Tampoco aceptaban la resurrección de los cuerpos. Después de esto, no es precisamente una muestra de coherencia que aceptasen el Nuevo Testamento (no así el Antiguo que consideraban como una obra de Satanás aunque, en una nueva muestra de incoherencia, tomaban de él las partes que les interesaba como el Éxodo al que consideraban como una especie de metáfora de las almas que querían escapar de la esclavitud del mundo material) al que añadían un texto apócrifo, "La Cena secreta", y un escrito perteneciente al género de la polémica "El libro de los dos principios". En lugar de los sacramentos católicos practicaban el consolamentum, el bautismo por el espíritu. Al igual que el bautismo católico tenía el poder de limpiar los pecados pero no se administraba nunca a niños sino sólo a los que lo solicitaran voluntariamente ya que comportaba una serie de renuncias. De lo expuesto hasta este momento, habrán podido entender que el catarismo no era una religión con preceptos cómodos (vegetarianismo casi absoluto, vida ascética, castidad...) Sería incomprensible que hubiera tenido éxito si no advertimos de una "trampa". Esas obligaciones las contraían los Perfectos (es decir, los que habían recibido el consolamentum) pero no así los creyentes que podían casarse, tener hijos, comer carne... Por ello, el consolamentum se recibía muchas veces sólo a las puertas de la muerte. Los que, por el contrario, asumían ese género de vida sin estar a punto de "irse al otro barrio" se convertían en los dirigentes de la iglesia cátara. Sólo ellos podían rezar el Padrenuestro (la única oración que admitían), podían bendecir el pan, de entre ellos se elegía a los obispos cátaros, los creyentes estaban obligados a mantenerlos... y a cambio debían llevar una vida ejemplar llegando incluso al martirio. Visto lo visto, no puede sorprender que consideraran a la Iglesia católica como una institución diabólica aunque, eso sí, copiaron de ella lo que les vino en gana, desde los predicadores ambulantes que les sirvieron de ejemplo de vida virtuosa con fines propagandísticos (algo de lo que existían antecedentes en la Iglesia. Recuérdese el caso de Pedro el Ermitaño predicando la I Cruzada o de Robert d´Arbrissel en Poitou) o la copia de la organización eclesiástica con obispos al cargo de unas diócesis con unos limites geográficos definidos, con unos obispos ayudantes, el filius major y el filius minor, con un diaconato y con un sacerdocio (los Perfectos). Se ha hablado mucho (demasiado y mal) de si los cátaros practicaron la igualdad de sexos (algo que se explicaría por el desprecio al cuerpo humano). Aunque sí había Perfectas (algo impensable para la Iglesia católica) no hay ninguna noticia de que existieran diaconisas ni, mucho menos, obispas ni siquiera auxiliares. Debemos considerar, por tanto, que si bien las cátaras tenían mayores oportunidades que las católicas no estaban en un plano de estricta igualdad. Además la inmensa mayoría de las Perfectas pertenecían a familias de la nobleza lo que pone en tela de juicio su supuesto igualitarismo social. Lo siento por los políticamente correctos. Tampoco es cierto que los cátaros fueran unos pobres hombres (y mujeres) que se dejaran matar como corderitos por unos malvadísimos católicos. Esto ya lo veremos con mayor detenimiento cuando hablemos de la Cruzada contra los Albigenses (es decir, contra los cátaros) pero como muestra de su "tolerancia" y "respeto" a las creencias ajenas (además de su consideración de la Iglesia como una institución diabólica) citaremos sólo un caso, el de un cátaro de Toulouse al que no se le ocurrió otra cosa que entrar en una iglesia tolosana, cagar junto al altar y limpiarse el culo con el paño que cubría el ara. Por último, todo lo expuesto es un resumen de su doctrina pero eso no debe hacer pensar en que los cátaros tuvieron un credo rígido. Desde el primer punto, el del dualismo, hay diferencias ya que en el catarismo conviven un dualismo absoluto (Satanás crea el mundo material) predominante en Francia y un dualismo mitigado (Dios crea la materia pero ésta es corrompida por el diablo) mayoritario en Italia. Esto que en apariencia es una chorrada sin mayor importancia da lugar a concepciones teológicas diferentes y no siempre bien avenidas (de hecho, uno de los capítulos de "El libro de los dos principios" está dedicado a dar un "repasito" nada amigable a los dualistas mitigados o garatenses). Hasta el momento nos hemos limitado a hablar de la aparición en Occidente de los cátaros así como de las herejías con puntos comunes que les precedieron (y a las que se denomina por ello como precátaras o protocátaras) así como de su corpus de creencias. En próximos capítulos trataremos de su origen, así como de las razones para su triunfo en algunas regiones y su desaparición en otras. NOTA: [1] Citado en La otra historia de los cátaros. Malcolm Lambert. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. BIBLIOGRAFÍA: Además de las obras señaladas en la anterior historia: Documentos cátaros. Anónimo. No figura traductor. Ed. Jorge A. Mestas Ediciones, Col. Clásicos esotéricos. Madrid, 2001. Viaje al país de los cátaros. Jesús Mestre Godes. Traducción de Mª Dollors Gallart Iglesias. Ed. Círculo de Lectores por cesión de Ediciones Península S.A. Barcelona, 2001. Las grandes herejías de la Europa cristiana. Eduardo Mitre y Cristina Granda. Ed. Istmo, Col. Fundamentos. Madrid, 1999. -Continuará- Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (IV)Viene de aquí El hecho de que en las primeras menciones de los cátaros (que vimos en la historia anterior), éstos aparezcan ya dotados de una estructura desarrollada (en el caso del juicio de Colonia se habla de un obispo) plantea un problema ¿desde cuándo existían? Según ellos: "nosotros y nuestros padres, de descendencia apostólica, hemos permanecido en la gracia de Cristo y en ella permaneceremos hasta el fin de los tiempos." [1] (Pág. 44) y "...permenecido oculto desde los tiempos de los mártires hasta el presente y que de esa manera ha persistido en Grecia y en otras tierras." [1] (Pág. 45) Es decir, pretendían ser un movimiento con orígenes en la época apostólica y que había seguido existiendo de forma oculta hasta el presente (el presente del S XII, claro) en Grecia y otros lugares. Sin embargo, ya hemos dicho que pocas afirmaciones resultan más sospechosas que las referidas a la antigüedad de los diversos credos. En esta ocasión no es admisible una fundación en tiempos de los apóstoles. Aunque sí existió en fecha relativamente temprana (S III) una doctrina dualista (la de Menes a cuyos seguidores se los conocía como maniqueos) no existe una transmisión desde ésta a los cátaros. Para comprobarlo basta con señalar que en ninguno de los escritos de esta secta se menciona a Menes para nada. Aunque los primeros escritores católicos que se ocuparon de ellos sí les consideran maniqueos es, sencillamente, porque era la doctrina dualista más conocida por los escritos de San Agustín. Si exageran, como es habitual, su origen temporal, están mucho más acertados en cuanto a la geográfica. En el S X un sacerdote conocido como Bogomil (tal vez fuera un pseudónimo y no un nombre real) inició un movimiento revolucionario en Bulgaria con raíces tanto socio-económicas (situación de opresión del campesinado por parte de sus señores) como religiosas (pervivencia de antiguas creencias en un pueblo recientemente cristianizado y contestación a unos superiores eclesiásticos formados en Constantinopla). En los bogomilos encontramos alguno de los rasgos que también se documentan en los cátaros (rechazo del matrimonio y la procreación, rezo del Padrenuestro como única oración admisible, oposición al bautismo infantil...) En el S XI, Basilio Bulgaróctonos, basileus del Imperio Bizantino, conquista Bulgaria. Los bogomilos aparecen en Constantinopla en un momento de pesimismo generalizado por la muerte de Basilio y la derrota de Manzikert. Su líder más conocido, Basilio el Doctor, intenta, incluso, la conversión del basileus Alejo Comneno y de su hermano Isaac. En lo que parece una trama de comedia de enredo, Alejo e Isaac fingieron estar dispuestos a la conversión y se entrevistan con Basilio... mientras un escribano oculto tras una cortina tomaba nota de las palabras del Doctor. A esta añagaza y a los posteriores interrogatorios a Basilio debemos un buen conocimiento de las creencias bogomilas en esta época (finales del S XI y comienzos del XII). Creían ser los auténticos herederos de la tradición apostólica que había sido falseada por los Padres de la Iglesia (mostraban una particular inquina a San Juan Crisóstomo), consideraban que Adán había sido creado mediante un pacto entre Lucifer (que para ellos es ¡el hijo primogénito de Dios!) y el propio Dios por el que la divinidad dotaría de alma al cuerpo creado por el diablo y ambos tendrían poder conjunto sobre la criatura, pero Satanás logra hacer pecar a Eva y Dios concede al demonio pleno poder sobre la humanidad... pero sólo por un tiempo pasado el cual envía a su otro hijo (que identifican con San Miguel Arcángel) que entra por la oreja derecha de María y adquiere una apariencia humana y termina por derrotar a Lucifer. El Fin del Mundo consistiría (según sus creencias en la destrucción de todo lo material lo que libararía a las almas encadenadas por este mundo. Tenían una ceremonia iniciática en la que al aspirante se le colocaba el Evangelio de San Juan sobre la cabeza y se solicitaba la presencia del Espíritu Santo. Tras esto el aspirante pasaba un periodo de prueba mientras se examinaban sus méritos. Si se le consideraba apto, volvían a reunirse y se le colocaba nuevamente el Evangelio sobre la cabeza. A partir de ese momento debía mantenerse célibe y llevar una vida de gran ascetismo con frecuentes ayunos. Sólo aceptaban del Antiguo Testamento Salmos y Profetas y rechazaban la existencia de templos. Vemos que hay coincidencias entre doctrinas bogomilas y cátaras pero eso ¿significa que hay una relación real entre ambas o es una mera coincidencia? No está de más señalar que también existen diferencias así que la pregunta es perfectamente pertinente. Por otra parte ¿cómo pudo llegar el bogomilismo desde Bulgaria o Constantinopla hasta Occidente? No parece que existiera una labor misionera porque nunca se señala en los primeros escritos sobre ellos la presencia de extranjeros en sus comunidades (después si aparecerán como ya veremos) ¿Debemos resignarnos a no encontrar respuestas a estar cuestiones? En 1266-1267 el inquisidor de Lombardía Anselmo de Alejandría escribió una reconstrucción de la historia de los cátaros para uso de los restantes inquisidores. En ella leemos: "Y entonces, griegos de Constantinopla, que eran vecinos de Bulgaria a una distancia de tres días de viaje, fueron como mercaderes a este último país; y, al volver a sus tierras natales y viendo que su número crecía, establecieron a un obispo que es el llamado obispo de los griegos. Después unos franceses fueron a Constantinopla, con la intención de conquistar la tierra, y descubrieron a esta secta; incrementándose en número, establecieron un obispo que es llamado el obispo de los latinos. A continuación, ciertas personas de Esclavonia, es decir, del área llamada Bosnia, fueron como mercaderes a Constantinopla. Al volver a su tierra, predicaron y, habiendo aumentado en número, establecieron un obispo que es llamado el obispo de Esclavonia o de Bosnia. Más adelante, los franceses que habían ido a Constantinopla volvieron a su tierra natal y predicaron y, conforme crecía su número, establecieron un obispo en Francia..." [1] (Pág. 61) Aunque parezca que este testimonio ya es definitivo tanto para establecer la relación entre bogomilos y cátaros y para clarificar las vías de penetración (comerciales y durante las Cruzadas) en Occidente, debemos señalar que la fuente de Anselmo era, muy probablemente, la tradición oral cátara con todo lo que ello supone de posible tergiversación intencional o accidental. De hecho varios historiadores han señalado que resulta poco creíble que los Cruzados que actuaban movidos por ideales religiosos se dejaran comducir con facilidad a doctrinas herejes. Además, cuando los normandos de Bohemundo se encontraron con paulicianos incendiaron la ciudad en la que habitaban lo que muestran a las claras lo que pensaban de las herejías. Sin embargo hay hechos que suponen una confirmación del relato de Anselmo. Se sabe que dirigentes cátaros viajaron al área de los Balcanes y a Constantinopla para reunirse con obispos bogomilos. Además, en el Concilio cátaro de San Félix de Caramán (1167) aparece un personaje llamado Nicetas de Constantinopla que ya antes había visitado (y conducido a la escuela de Dragovitsa -dualismo absoluto- a los que antes eran de la escuela de Bulgaria -dualismo mitigado-) a las comunidades cátaras de Lombardía nombrando como su obispo a Marcos. Parece sorprendente que en un Concilio en que se reunieron los obispos cátaros Robert d´Epernon (obispo de Francia -entiéndase del norte de Francia-), Sicard el Cillero (obispo de Albi) y Marcos (obispo de Lombardía) la "voz cantante" la llevara Nicetas. Tanto más cuando la razón para su invitación parece haber sido la de mediar en un asunto espinoso pero de carácter local, la división de la diocésis de Albi (la única que existía en el Langedoc) en cuatro (Albi, Toulouse, Carcassonne y Agen). Aún más, Nicetas da el consolamentum e inviste como obispos a Robert d´Epernon (obispo de Francia), Sicard el Cillero (obispo de Albi), Bernard Raymon (obispo de Toulouse), Guiraud Mercier (obispo de Carcassonne) y Raymond de Casals (obispo de Agen) pese a que todos ellos ya eran Perfectos y los dos primeros ya eran obispos. ¿Por qué? Lo primero que queda claro es su inmenso prestigio. Cuando pronuncia un sermón proponiendo a los reunidos como ejemplo a imitar, la coexistencia pacífica de las iglesias de Oriente basada en una clara delimitación territorial consigue que la división de la diócesis de Albi se realice. Lo de "reconsolar" y "reinvestir" sólo tiene una explicación. Para los cátaros si la persona de la que recibías el consolamentum se mostraba indigna en cualquier momento de su vida como Perfecto eso suponía que, en realidad, nunca había sido digno de serlo y eso significaba que todos sus actos carecían de valor. Por tanto, los consolaciones en que hubiera participado eran ilegítimas y los (pseudo)Perfectos debían volver a recibir el consolamentum so pena de no poderse salvar (esto parece una chorrada, pero cuando, posteriormente, llegaron a Lombardía noticias de que los actos del propio Nicetas podían verse afectados de esa falta de legitimación al caer en indignidad -parece que por cuestión de unas "canitas al aire" en compañía femenina- el obispo Simón que había investido a Nicetas, se "armó la de San Quintín"). Así pues, parece que Nicetas logró convencer a todo el mundo de que sus consolaciones e investiduras eran ilegítimas por lo que debían volver a recibirlas. Consiguió así que se adoptara como linea "oficial" el dualismo absoluto de la escuela de Dragovitsa (en el Langedoc continuaría así, pero Lombardía, después de lo antes narrado, volvió mayoritariamente al dualismo mitigado). Todo ello sólo tiene sentido si los cátaros reconocían el prestigio de las iglesias de Oriente. Por supuesto, eso sí demuestra la relación entre bogomilos y cátaros. Queda aún pendiente la cuestión de cómo llegó la doctrina bogomila a Occidente. Pese a las críticas ya expuestas al relato del inquisidor Anselmo de Alejandría, éste puede estar también en lo cierto en la doble vía comercial y militar (a través de los Cruzados). Por de pronto hay que poner en duda que todos los Cruzados participaran en esa empresa por una mera cuestión religiosa y que todos tuvieran una actitud tan ortodoxa como la de los normandos de Tancredo. Además hay que tener en cuenta que los primeros brotes de catarismo aparecen en Francia y Alemania, los países que participaron con más soldados en la I Cruzada. ¿Es simple casualidad? La verdad es que no podemos probar que sea otra cosa. NOTA: [1] Citado en La otra historia de los cátaros. Malcolm Lambert. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. -Continuará- Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (V)Viene de aquí Sólo transcurren veinticuatro años desde que Evervin recoge la primera mención a los cátaros que ha llegado a nosotros, hasta el Concilio de San Félix de Caramán y, sin embargo, todo parece haber cambiado. En Colonia el obispo cátaro y su asistente fueron conducidos a la pira por una multitud enfurecida. En el castillo de San Félix se reúnen tres obispos de la iglesia cátara en Occidente y numerosos Perfectos sin que nadie les moleste. La primera iglesia cátara de la que tenemos noticias estaba en Alemania. En el Concilio no existe representación de ese país porque, posiblemente, ya había desaparecido o estaba próxima a hacerlo. De las regiones que sí estuvieron representadas, la de Francia (recuérdese que es el norte de Francia) entra en un proceso de decadencia y termina por morir. Las otras dos zonas, el Languedoc y el norte de Italia, verán, por el contrario, una fuerte implantación de los cátaros. La pregunta parece inevitable ¿por qué en unos casos la herejía triunfa y en otros no? Tenemos que dejar a un lado las posibles causas personales (tales como el mayor o menor carisma de sus primeros líderes, sus dotes de oradores, su preparación intelectual...) porque nada de todo ello aparece en la documentación conservada de esta época inicial, pero sí hay otras circunstancias que podemos señalar. Es evidente que hay una inmensa diferencia en cuanto a la oposición que se encontraron las primeras comunidades. Si en Alemania encontramos entre sus críticos tempranos a personas como Evervin (que no duda en pedir ayuda a San Bernardo de Claraval), los hermanos Eckbert y Santa Isabel de Schönau, y Santa Hildegard von Bingen, no hay nadie comparable a ellos en el Languedoc e Italia. Aunque San Bernardo realizó una gira por el sur de Francia en 1145 y predicó con notable éxito contra diversos grupos de herejes (en especial contra Henri el Monje) ni es seguro que se encontrara con comunidades cátaras (algunos historiadores creen que un grupo de "arrianos" de Toulouse eran, en realidad, cátaros, pero no existe certeza sobre ello) ni su acción tuvo continuidad tal vez por el desaliento que le ocasionó el incidente de Verfeil cuando un grupo de caballeros le impidió sermonear a la multitud. Tampoco la represión fue la misma. Ya vimos lo sucedido en Colonia. Por el contrario, en 1165 se reúnen en Lombers los obispos católicos de Albi y Lodève, el arzobispo de Narbona, el vizconde de Béziers y Constanza, esposa de Raimundo V, conde de Toulouse, por una parte y varios dirigentes cátaros por la otra. Los herejes comienzan negando la autoridad del Antiguo Testamento, consideran indignos a los prelados católicos por pretender ser los herederos de la verdadera Iglesia, se niegan a responder a las preguntas que hubieran dejado en evidencia su oposición a los dogmas católicos... Cuando el debate toma mal cariz para los cátaros, éstos apelan al pueblo y realizan una declaración de lo más ortodoxa. Los representantes católicos les condenan... pero no toman contra ellos medida represiva alguna. Más que de un caso de tolerancia, es un caso de impotencia. Sencillamente no se atreven a hacerlo. Que esta actitud no se debía a tolerancia es algo evidente si leemos la carta que Raimundo V dirigió al capítulo general del Císter en 1177: "En lo que a mí respecta, que estoy armado de los dos poderes divinos y que estoy investido para ser el vengador y el ministro de la cólera de Dios, cuando me esfuerzo en poner coto y acabar de una vez con un tal abandono de la fe, debo confesar que carezco de medios para llevar a cabo una tarea de este tipo y de esta importacia: los más nobles de mi tierra, atacados por el mal de la infidelidad, se han dejado corromper y con ellos gran multitud de hombres que han abandonado la fe, lo que significa que ni me atrevo ni puedo llevar a buen término esta tarea..." [1] (Págs. 99-100) La respuesta no se hizo esperar y acudieron varios clerigos encabezados por el abad de Claraval, Henri de Marcy, y por el legado papal, Pedro de Pavía. Aunque lograron algún éxito inicial como la pública confesión de sus errores de Pierre Maurand en Toulouse, otra cosa fue su intento de conseguir la liberación del obispo católico de Albi. Sabedores de la buena relación de Roger II Trencavel, vizconde de Carcassonne, con los cátaros quisieron entrevistarse con él, pero éste se negó lo que le valió la excomunión. Ante ese fracaso, emitieron salvoconductos para Bernard Raymond, obispo cátaro de Toulouse, y para Raymond de Bainiac, su filius major (es decir, su obispo auxiliar). La entrevista tuvo lugar en la catedral tolosana y supuso la reedición del suceso de Lombers. Los Perfectos repitieron el paripé. Realizan una profesión de fe aparentemente católica y cuando Pedro de Pavía comienza a interrogarles sobre el contenido de un sermón que pronunciaron en la iglesia de Saint-Jacques en el que habían vertido afirmaciones heréticas, ambos lo niegan ganándose la acusación de mentirosos por parte de Raimundo V que había estado presente en aquella ocasión. Sin embargo, los cátaros están protegidos por el salvoconducto y abandonan la reunión sin que nadie se lo impida. Se refugian en Lavaur a sólo treinta y cinco kilómetros de Toulouse lo que es una nueva muestra de la impotencia del conde para actuar contra ellos incluso en las cercanías de su capital. En 1181 Henri de Marcy logra reunir un contigente armado y toma Lavour apresando a los dirigentes cátaros que reciben, por todo castigo, la obligación de realizar una retractación pública de sus errores después de lo cual... ¡son nombrados canónigos de Toulouse! La iglesia cátara se limitó a nombrar un nuevo obispo de Toulouse aunque transladaron su sede a Saint Paul Cap de Joux, en las posesiones de los Trencavel lo que supuso, en la práctica, su impunidad. La Iglesia católica sin el apoyo de los nobles estaba en una situación de impotencia y Raimundo V no podía hacer nada más porque ni siquiera podía contar con el apoyo de sus vasallos (de hecho, el Concilio de San Félix de Caramán se celebró en un castillo que, supuestamente, estaba bajo su dominio). Ésta es una nueva diferencia entre el Languedoc y otras regiones. En aquéllas en las que la Iglesia y la nobleza actuó unida (entre otras cosas porque el alto clero y los señores feudales solían pertenecer a las mismas familias y tenían la misma sensación de ser la clase dirigente) el catarismo fue yugulado con rapidez y brutalidad. Por razones distintas no lo fue en Italia (pugna entre el Papado y el Emperador) ni en el Languedoc. Si la situación ya era mala para la Iglesia católica no tardaría en empeorar. En 1193 y 1194, respectivamente, fallecen Raimundo V y Roger II Trencavel. Ambos son sucedidos por sus hijos, Raimundo VI y Raymond-Roger Trencavel. Raimundo VI no tenía nada que ver con su padre. Era, y lo siguió siendo toda su vida, un católico peculiar. Realizó grandes donaciones a diversas órdenes religiosas y falleció aferrado al hábito de los hospitalarios. Sin embargo simpatizaba con los cátaros y no dudó en actuar contra prelados católicos (encarcelamiento de los abades de Moissac y Montauban y deposición de los obispos de Vaidon y Agen). No pudo ser enterrado en sagrado por estar excomulgado. Con el cambio al frente del condado de Toulouse la Iglesia perdió su único apoyo incondicional de importancia en el Languedoc. Por su parte, Raymond-Roger Trencavel tenía nueve años, así que debía tener un regente. El elegido por su padre fue Bertrand de Saissac notorio simpatizante de los cátaros y conocido anticlerical. La tercera gran casa nobiliaria de la región era la de los condes de Foix, cuya jefatura ostentaba en ese momento Raymond-Roger (homónimo del vizconde de Carcassonne, pero no eran la misma persona). Aunque Raymond-Roger nunca se convirtió al catarismo, su familia (en especial las mujeres) sí estaba involucrada con los heterodoxos hasta el punto de que su hermana Esclaremonde había recibido el consolamentum. Su esposa le dejó para ir a dirigir una casa de Perfectos. Si por parte de los grandes señores no podía esperar la Iglesia católica ayuda alguna, el resto de las circunstancias tampoco eran favorables a sus intereses. El Languedoc era una zona conflictiva porque tres dinastías mantenían pretensiones sobre la región, la francesa, la inglesa y la aragonesa. Eso hacía que todas ellas tuvieran que actuar con enorme tiento para no provocar una guerra abierta. De hecho, en la carta antes citada, Raimundo V afirma que desea la intervención del rey de Francia Luis VII para acabar con la herejía: "Para que ello pueda realizarse, soy de la opinión de que el señor rey de Francia venga de vuestras regiones, poque pienso que, a través de su presencia, se pondrá fin a tan grandes males. Cuando esté aquí, le abriré las ciudades; ofreceré burgos y castillos a su discreción; le mostraré los herejes y en cualquier lugar donde lo necesite le asistiré hasta la efusión de mi sangre con el objeto de reducir a todos los enemigos de Cristo." [1] (Pág. 100) Sin embargo, ésta no se produjo. Resulta curiosa, en principio, la contradicción entre la actuación de los grandes señores nobiliarios y sus creencias personales. Ya hablamos del caso del conde Raimundo VI, pero también es reseñable que Raymond-Roger Trencavel según Guillermo de Tudela: "Era un buen católico; fiadores de ello son un buen número de clérigos y canónigos." [1] (Pág. 96) y que Raymond-Roger de Foix acabó sus días como monje cisterciense en la abadía de Boulbonne. ¿Había mucho talante en aquella época? Posiblemente sea más cercano a la verdad el resaltar que ninguno de ellos tuvo otra opción. La razón para no poderse oponer a los cátaros es que éstos estaban apoyados por los señores feudales de menor importancia (después veremos las razones para ello que tienen muy poco que ver con la religión) y ninguna de las grandes casas podía permitirse el perder su apoyo máxime cuando las relaciones vasalláticas en el Languedoc tenían mucho de ficción. El problema comienza cuando Raimundo IV de Toulouse acude a la I Cruzada en el momento en que comenzaban a forjarse las naciones como tales. Privada de su dirección, la casa tolosana pierde el carro de la historia y más cuando, al fallecimiento del conde en Siria, su hijo Beltrán se va a Oriente y deja Toulouse en manos de su hermano menor, Alfonso Jordán, que era un niño. Cuando se hace adulto, los señores feudales, en vez de haber ido perdiendo sus derechos como sucedió en Francia, los han ido aumentando hasta el punto de que son, en la práctica, independientes. Alfonso Jordán intenta recuperar el tiempo perdido pero se alza en contra suya una coalición de todos sus oponentes. Por si esto fuera poco, San Bernardo llama a la II Cruzada y Alfonso Jordán acude a Tierra Santa donde muere. Además, el vasallaje nunca fue en el Languedoc tan estricto como en Francia porque en aquél no había una relación de subordinación sino de acuerdo inter pares. Si a esto le unimos que la reforma gregoriana supuso una ruptura entre iglesia y estado por la querella de las investiduras (con anterioridad, la elección de prelados se hacía por acuerdo entre el poder laico y el poder religioso lo que suponía un terreno abonado para el nepotismo y la simonía. Con posterioridad, la elección la realizaba en solitario el poder religioso). Esta nueva situación supuso mil y un enfrentamientos entre poderes que intentaban salvaguardar sus prerrogativas. Para complicar la situación aparece un nuevo poder en alza, las ciudades. Aprovechando tanto las luchas entre los nobles como entre éstos y la Iglesia, las urbes van adquiriendo derechos y libertades. En 1166 Raimundo Trencavel pierde la vida en Béziers. En 1168 Roger II Trencavel conquista la ciudad con el auxilio de tropas mercenarias aragonesas y ordena la ejecución de toda la población masculina (la femenina fue entregada a las tropas para su diversión). En 1189 Toulouse se revela y Raimundo V debe refrendar sus libertades para que cese la insurrección. A partir de ese momento, la ciudad será regida por dos cónsules electos por su población tanto masculina como femenina. De hecho se convierte en una ciudad-estado que incluso llega a desarrollar una política exterior propia. Así, los dominios del conde de Toulouse son un no-estado en el que hay vizcondados virtualmente independientes (y con el añadido del enfrentamiento con los territorios de los Trencavel), terrenos bajo soberanía eclesiástica que también está enfrentada con el conde y una ciudad-estado además de otras que aspiran a serlo (Narbona, Nimes, Montpellier...) El enfrentamiento entre los condes de Toulouse y el vizconde de Carcassonne venía de antiguo y se veía complicado por la contienda simultánea entre el condado tolosano y el barcelonés (posteriormente, con el reino de Aragón cuando ambos quedan unidos por matrimonio). La razón, claro, es la lucha por la hegemonía desde que Ramón Berenguer, conde de Barcelona, se casa con Dulce, condesa de Provenza, lo que supone que territorios de ésta pasan a soberanía catalana. En 1125 se reparte la Provenza entre ambos condados pero el acuerdo no satisface a nadie. En 1148 comienza la gran guerra meridional después de que el conde de Barcelona se convierta en rey de Aragón. Los enfrentamientos se sucederán tanto entre las dos Provenzas como entre el condado de Toulouse y el vizcondado de Carcassonne que aspira a la independencia de hecho. Para que no faltara de nada, Enrique II Plantagenet sitia Toulouse en 1159 lo que provoca la intervención de Luis VII que le obliga a levantar el cerco. Pese a que la paz llegó en 1198 (conferencia de Perpiñán) las heridas abiertas no podían ser restañadas. Las consecuencias de la guerra se hacen sentir. Además de los problemas económicos, la falta de lealtad de los supuestos vasallos con el conde de Toulouse obliga a que la guerra se haga con ejércitos mercenarios que siembran el desorden y el terror por doquier. En esa situación nadie podía permitirse el enfrentarse con la pequeña nobleza. Así lo reconoce Guillermo de Tudela cuando habla de Raymond-Roger Trencavel: "Además todos los caballeros albergaban cátaros, bien en los castillos, bien en las torres..." [1] (Pág. 96) Pero ¿por qué apoyaba la pequeña nobleza al catarismo? La respuesta viene dada por un fuerte sentimiento anticlerical previo a la herejía tanto por la querella de las investiduras como por razones económicas. En el Languedoc no existía la concentración de la herencia en beneficio del primogénito por lo que los nobles terminaron encontrándose en muchos casos como propietarios de explotaciones tan reducidas que ni siquiera bastaban para mantener su tren de vida y menos cuando habían participado en dos Cruzadas y una guerra prolongada. Esta situación de penuria se veía incrementada por la existencia de numerosos alodios (terrenos no sujetos a derechos señoriales) y de propiedades eclesiásticas. Así, la captación de recursos en forma de tierras, rentas y diezmos se convirtió en una cuestión de supervivencia. Durante el S X los señores se apoderaron de propiedades y diezmos eclesiásticos, pero durante el S XII la Iglesia comienza a intentar su recuperación. El enfrentamiento era inevitable tanto más cuando las explotaciones en manos de la Iglesia comienzan a expandirse aprovechándose de la mala situación económica de muchos nobles adquiriendo sus fincas a bajo precio. En esas circunstancias, la predicación cátara de que no había ninguna obligación de mantener económicamente a la Iglesia católica tuvo que sonarles a "música celestial" y mucho más cuando la pronto enriquecida iglesia cátara (sus dirigentes debieron pensar que una cosa es que lo material sea producto del demonio y otra muy distinta el ser tontos de capirote) comenzó a emplear sus recursos para conceder préstamos sin intereses usurarios. La pequeña nobleza apoyaba a los cátaros y las grandes casas nobiliarias no podían hacer nada sin ella. Sin el apoyo de los señores de las fortaleza de la región de La Montaña Negra (Roquefort, Hautpoul, Cabaret, Surdespine y Quertinheux) el vizcondado de Carcassonne estaba muy expuesto a un ataque desde el norte. Sin los castellanos de la región de Les Corbières (Miremont, Termes, Puylaurens, Peyrepertuse, Queribus...) lo estaba a un ataque desde el sur. El condado de Toulouse sin el apoyo de los vizcondes (prácticamente independientes) de Nimes, Agde, Montpellier, Narbona... y sin el apoyo de sus aliados (por muy laxo que fuera este vínculo), los condes de Foix, Comminges y Valentinois no era prácticamente nada. No es que no quisieran acabar con los cátaros, es, sencillamente, que no podían como no pudieron poner coto a los desmanes de algunos señores que decidieron cuadrar su "cuenta de resultados" por el expeditivo procedimiento de dedicarse al pillaje. Muchas de esas fortalezas situadas en lugares casi inaccesibles eran inexpugnables salvo después de un largo asedio que no podían permitirse las grandes casas señoriales. Para terminar de complicar la situación de la Iglesia en el Languedoc, tampoco podían esperar un entusiasta apoyo popular y, además, la situación de la Iglesia en esta región era particularmente mala, pero esto lo veremos en la próxima entrega. NOTA: [1] Citado en Los cátaros. Paul Labal. Traducción de Octavi Pellissa. Ed. Crítica. Barcelona, 2000 -Continuará- Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (VI)Viene de aquí El papa Inocencio III dedicó un "encendido elogio" a los obispos católicos del Languedoc: "criaturas ciegas, perros estúpidos que ya no ladran" [1] (Pág. 95) El animus iniurandi es tan claro que sólo podía haber añadido la lista de tarifas de las Sras. madres de los Ilmos. Sres. obispos para que el insulto fuera completo. Razones no le faltaban para ello porque obispos católicos impresentables hubo unos cuantos, desde el arzobispo de Narbona, monseñor Pons, que se dedicó a dilapidar el patrimonio diocesano precisamente en la época en la que los Perfectos cátaros hacían pública ostentación de pobreza, hasta su sucesor, monseñor Berengar, sobrino del rey aragonés, al que le importó tres pitos el catarismo y cuya única preocupación era recuperar lo despilfarrado por su antecesor. Tampoco monseñor Guilhem Peyre, obispo de Albi, se mostró especialmente combativo contra la herejía. Preocupado por recuperar los privilegios de su diócesis no quería indisponerse con los señores feudales que protegían a los cátaros. Así las cosas, no es de extrañar que Inocencio III depusiera a los obispos de Fréjus, Carcassonne, Béziers, Viviers, Toulouse, Valence y Rodez y a los arzobispos de Auch y Narbona. Una muestra del nuevo talante que deseaba el papa podemos apreciarlo en el nombramiento en 1206 del nuevo obispo de Toulouse, monseñor Fulko de Marsella. Este ex-trovador practicaba la misma pobreza de los Perfectos cátaros, era un magnífico predicador y ortodoxo hasta el punto de que era amigo de Santo Domingo y fue uno de los impulsores espirituales de los Dominicos. La disyuntiva aparentemente irresoluble que había paralizado a los restantes obispos (es decir, si actuamos contra los cátaros nos indisponemos con los señores feudales que los protegen, pero necesitamos a esos señores -consideraciones económicas aparte- para poder perseguir la herejía) él la solucionó con el recurso a los laicos burgueses mediante la creación de los Blancos, una fraternidad dedicada a la lucha contra la herejía y la usura (señal de que Mons. Fulko había comprendido a la perfección las razones económicas que había detrás del apoyo de la pequeña nobleza a los cátaros y quería luchar con sus mismas armas). No obstante, éste era un ejemplo que llegó tarde y que, además, fue la excepción que confirmaba la regla. Si el alto clero presentaba esa situación de pasividad y ostentación, el resto no era mejor. Mal preparado intelectualmente, su forma de vida, con frecuencia, era motivo de escándalo hasta el punto de que algunos sacerdotes ocultaban públicamente que lo eran. El Concilio de Avignon de 1209 condenó a los sacerdotes cuya forma de vida fuera idéntica a la de los laicos. Del monacato masculino hubieran podido surgir los opositores al catarismo, pero eso quedó imposibilitado por la consideración de la época de que el monasterio era una imagen del cielo en la tierra de la que lo mejor era que permaneciera al margen de los conflictos mundanos. Eso sin contar aquéllos que no podían intervenir. Se ha hablado mucho de la presunta connivencia entre cátaros y templarios. La razón de que éstos no participaran en combates contra aquéllos es muy sencilla y se encuentra en las Penitencias (el régimen disciplinario de los templarios) que estipulaba la expulsión de la orden, entre otras causas para: "el que mata a un cristiano o una cristiana o causa su muerte." [2] (Pág. 95) y los cátaros podían ser todo lo herejes que se quisiera, pero eran cristianos. El monacato femenino era casi inexistente en el Languedoc. No existían los grandes conventos de monjas vinculados a grandes familias. Tan sólo algunos pequeños y pobres monasterios. La razón para ello es que la mujeres de la nobleza se empleaban como moneda de cambio para forjar alianzas mediante matrimonios concertados, algo de lo más necesario en una región que, como ya vimos, "gozaba" de una atomización ocasionada por lazos muy laxos entre los distintos nobles. Eso explica lo bien recibido que fue el catarismo entre las mujeres nobles. Aquéllas que no sentían atracción por la vida mundana (no sé porqué no se sentían gustosas de casarse con un tipo al que no conocían o por el que podían sentir incluso repulsión para "gozar" del destino de ser madre de todos los hijos que pudiera concebir -espero que se entienda la ironía-) no tenían dentro del catolicismo en el Languedoc más opción que recluirse en un convento mísero. La iglesia cátara les abrió una opción mucho más apetecible aunque no igualitaria con los hombres. Si por parte de la iglesia del Languedoc la situación "pintaba mal", con el pueblo no mejoraba. No puede sorprender que la población que no tenía buena opinión de sus mandatarios eclesiásticos por su escandalosa forma de vida y su sed de riquezas, recibiera, en cambio, con mucho mejor talante a los Perfectos cátaros que hacían gala de castidad y pobreza y a los que no se les "caían los anillos" por compartir su propia vida. Además, la nobleza del Languedoc tenía una función ejemplarizante que no podemos desdeñar. La razón para ello es que las rentas que se pagaban por el alquiler de tierras eran fijas lo que suponía, a la larga, tanto las dificultades económicas del señor (la inflación no es un invento actual) como que el campesinado obtenía protección a bajo precio. Por ello, los nobles eran bien vistos y si éstos eran amigos de los cátaros... Por si fuera poco, los cátaros invitaban a no pagar los diezmos eclesiásticos y ahorrarse un impuesto no era ni entonces ni ahora motivo de tristeza y preocupación sino todo lo contrario. Los burgueses, como ya dijimos, estaban en pleno proceso de conquista de libertades lo que les enfrentaba tanto a la Iglesia como a la nobleza. Sin embargo, los insultos continuos contra las ciudades (a las que se presenta frecuentemente como antros de perdición, la nueva Babilonia...) en los escritos eclesiásticos de la época eran un nuevo motivo de fricción. Así las cosas, ¿qué apoyos tenía la Iglesia en el Languedoc que permitieran la lucha eficaz contra la herejía? Pues más bien ninguno. No obstante ¿era esa lucha necesaria? Desde un punto de vista de la doctrina católica sin lugar a duda. Se ha usado (y en mi opinión abusado) de la imagen del "buen hombre" y la "buena mujer" que, sin comerlo ni beberlo, fueron masacrados por una Iglesia intolerante y fanática. La verdad es que el catarismo, desde el primer momento, no fue menos fanático que la Iglesia a la que, también, atacó desde un principio. El catolicismo y el catarismo eran absolutamente irreconciliables como pueden comprobar por sí mismos a poco que recuerden las doctrinas cátaras y las comparen con las católicas que, por si no las conocen o las tienen un poco oxidadas, se plasman en el Credo. Los dos principios creadores de los cátaros se oponen al único Dios creador de los católicos, el Cristo cátaro que sólo tiene apariencia de persona se enfrenta al Cristo católico verdadera persona que nace, padece y muere, la iglesia cátara se opone a la iglesia católica ya que ambas tienen idéntica pretensión de ser la verdadera heredera de la tradición apostólica, el Consolamentum cátaro se enfrenta al bautismo católico, la liberación de las almas cátara se opone a la católica resurrección de los muertos... y, tal vez por encima de todo ello, Cristo y el Espíritu Santo según los cátaros son meras emanaciones de la divinidad mientras que para los católicos son personas distintas aunque un único Dios junto con el Padre. Desde un primer momento los cátaros consideran a la Iglesia como una creación diabólica, a sus ministros como indignos y a sus sacramentos como falsos (opinión que, a la recíproca, también funciona). Para ambos, sólo dentro de su propia Iglesia es posible la salvación lo que niega tal posibilidad para el contrario. La guerra doctrinal era, pues, inevitable y en ella unos y otros emplearon todos los trucos sucios que pudieron. Si los católicos queman y condenan porque tienen el apoyo del poder político para hacerlo, los cátaros mienten en público sobre sus verdaderas creencias e intentan socavar el poder económico de la iglesia rival. Esto puede parecer una diferencia de grado, pero cuando los cátaros tengan suficiente complicidad con el poder político también asesinarán. No es, pues, una diferencia de actitud sino de poder. Y, en ambos grupos, idéntico fanatismo. Los católicos consideran mártires y elevan a los altares a sus propios muertos mientras los cátaros van a la hoguera cantando felices de ser liberados de la cárcel material e infernal que es este mundo. Si además de atender a los cuerpos de creencias vamos a la vida real, puede que esta situación de enfrentamiento sea (desde el punto de vista actual) más inexplicable. En última instancia ¿realmente el catarismo alcanzó una importancia tal que supusiera un peligro para la Iglesia católica? La respuesta a esa pregunta es mucho menos clara si atendemos al número de fieles (considerando como tales tanto a los meros oyentes como a los Perfectos). En Albi, ciudad que se considera como capital de la herejía en el Langedoc (de la que deriva el nombre de albigenses por el que también se conoce a los cátaros) no parece que sobrepasaran en ningún momento el 10% de la población. En Béziers, la lista de herejes se limita a doscientas veinticuatro personas y no todas eran cátaras porque metieron en el mismo saco a los valdenses que nada tenían que ver con ellos. Además, su capacidad de contagio era muy relativa incluso en lugares como el condado de Foix en los que contaban con la simpatía de los señores. El número de creyentes era reducido como lo demuestra el que no tuvieran obispado propio. Hemos visto los motivos por lo que existía simpatía hacia ellos pero simpatía no significa conversión. Mucha gente se sentía agradecida por diversos motivos como el que los cátaros convencieran a los señores feudales de que dejaran de practicar el pillaje lo que supuso un aumento de la seguridad en la región, pero eso no significaba que se hubieran convertido. Ya vimos el caso de los titulares de las grandes casas nobiliarias que por mucha simpatía (o gratitud) que sintieran por el catarismo nunca dejaron de ser católicos. El problema (desde el punto de vista de la Iglesia católica) no era cuantitativo sino cualitativo. No podían permitirse que la nobleza hiciera "la vista gorda" porque el permitir la libre prédica de los Perfectos podía suponer, más pronto o más tarde, el empeoramiento de la situación. Además, la complacencia (o el apoyo) del poder político ya estaba suponiendo problemas como los diezmos no percibidos. Cuando el papa Inocencio III accede a la sede de Pedro, es perfectamente consciente de que no se puede permitir el no hacer nada. Si, como hemos visto, poco apoyo podía obtener en el propio Languedoc, su solución fue recurrir a extraños (al menos en cuanto a su formación intelectual). Comienzan las predicaciones de los cistercienses Ralph de Fontfroide, Pierre de Castelnau y Arnaud Amaury, pero su éxito se limita a conseguir la no expansión de la herejía con el compromiso adquirido por las ciudades de Montpellier, Arles, Carcassonne y Toulouse (ésta pasándose por el "arco del triunfo" su supuesta dependencia de Raimundo VI) por de adoptar medidas contra los herejes. Los señores de la Provenza oriental aceptaron (excepto Raimundo VI) la misma "obligación". Sin embargo, nada lograron de la nobleza rural. En 1206 los cistercienses contactan por casualidad con dos castellanos, Diego de Osma y Domingo de Guzmán que sugieren cambiar la estrategia y usar las mismas armas de los cátaros, predicadores ambulantes de vida ejemplar. Recorren el país de aldea en aldea y logran conversiones en ocasiones muy espectaculares (Montréal y Servián). Habían comprendido que lo que hacía atractivos a los cátaron no era su doctrina sino su ejemplo de vida ascética. La decisión de Domingo de Guzmán de crear un monasterio femenino en Prouille en 1206 refleja que también había comprendido que esa carencia impulsaba al catarismo a muchas damas de la nobleza. Sin embargo, el papa no tiene paciencia para continuar durante años esa labor que estaba dando buenos resultados. Si el problema reside en la nobleza del Languedoc es allí donde debe actuar y recurre al rey de Francia, Felipe Augusto, para que éste o intervenga directamente (solución que ya había apuntado años antes el difunto Raimundo V como ya vimos) o presione a Raimundo VI que, nominalmente, era vasallo suyo. Sin embargo, Felipe Augusto no tiene el menor deseo de intervenir militarmente (posiblemente teme la reacción hostil tanto de la nobleza del Languedoc como del rey Pedro II de Aragón). En 1207 Raimundo VI es excomulgado por su connivencia con los herejes e Inocencio vuelve a hablar de la intervención francesa. En esta ocasión el conde Toulouse se asusta y accede a reunirse con Pierre de Castelnau. Sin embargo, el encuentro acaba con una fuerte discusión y con amenazas. La situación era tan explosiva que cualquier incidente podía ser el detonante de una guerra. Ese casus belli fue el asesinato de Pierre de Castelnau. NOTAS: [1] Citado en La otra historia de los cátaros. Malcolm Lambert. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. [2] Citado en El código templario. J. M. Upton-Ward. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000. -Continuará- |