Escritos desde el páramo

Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.

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Lo imprevisto

¿Cuál es, según su opinión, el autor de obras literarias (o algo así) que ha tenido un éxito popular más inmerecido? Para que el Sr. Brown (Dan para sus amigos) no se lleve todos los votos, permítanme limitar la pregunta a aquellos escritores cuya obra viera la luz en el siglo pasado. Si, además de pensarlo, quiere Vd. hacer pública su opinión ya sabe que para eso están los comentarios.

Mi respuesta es Isaac Asimov. ¿Por qué? Tuvo un inmenso éxito en vida (afortunadamente, parece que su obra va siendo olvidada por las nuevas generaciones) pese a ser un pésimo escritor. Además, mostró toda su vida un profundo desconocimiento de la Historia que se tradujo tanto en unos libros deleznables conocidos como Historia Universal Asimov como en el motivo central de su obra más famosa, la Trilogía (por cierto, es una trilogía formada por siete novelas lo que la convierte en la "trilogía" más completa del mundo mundial) de la Fundación. Prescindamos de las cuatro novelas (dos secuelas y dos "precuelas" que no colaron en ningún caso) con las que Asimov quiso hacer caja treinta años después y vamos con la Trilogía original escrita a comienzos de los años 50, Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación.

Si las han leído (y si no lo han hecho no se han perdido nada) saben que arranca de algo denominado Psicohistoria, una Ciencia que permite predecir la Historia mediante modelos matemáticos (cada vez que escribo esto, la ternilla se va por el suelo). Como esto debió sonar muy raro hasta para su desconocimiento enciclopédico de la Historia, introdujo una analogía científica, es muy difícil predecir el comportamiento de una molécula determinada de gas pero no el de un gran número de ellas. Obviamente, el comportamiento humano es mucho más complejo que el de una molécula de gas entre otras "cosillas" porque somos conscientes, tenemos la posibilidad de modificar nuestro comportamiento según las circunstancias... algo que también sucede cuando en vez de hablar de un hombre como individuo hablamos de un colectivo más amplio.

Por mucho que se diga que la masa es ciega y que sigue al líder, incluso si aceptáramos la premisa (que va a ser que no) tendremos que el comportamiento del líder como individuo es imprevisible. Cualquier vistazo a la Historia por somero que resulte, nos mostrará la gran importancia que adquieren en ocasiones cuestiones a priori nimias e impredecibles. Pongamos un ejemplo, un asesinato doméstico en la línea de las novelas de Agatha Christie que acabó siendo un factor importante para que el Reino Unido aboliera (en la práctica) la pena de muerte en 1965. Como alguno de Vd. ya habrá deducido, vamos a recordar el caso de los asesinatos en el número 10 de Rillington Place.

En abril de 1948 el matrimonio formado por Timothy y Beryl Evans se trasladó a vivir al número 10 de Rillington Place, una antigua casa victoriana de tres pisos que habían sido convertidos en minúsculos apartamentos independientes formados por una habitación, un comedor y una cocina. Todos tenían en común un lavadero y un retrete situados en el patio accesible desde la planta baja. Ya vivían allí (desde 1938) el matrimonio formado por John y Ethel Christie que ocupaban la planta baja y, desde la década de los 20, Charles Kitchener, un jubilado de los ferrocarriles de unos sesenta años con graves problemas de visión, que vivía en el primer piso. En octubre de 1948 los inquilinos del nº 10 de Rillington Place aumentaron con el nacimiento de Geraldine Evans, hija de Timothy y Beryl. Geraldine, según parece, trajo la felicidad a sus padres pero no sucedió lo mismo cuando en el verano de 1949 Beryl se quedó nuevamente embarazada. La familia Evans ya lo estaba pasando mal en el terreno económico y un nuevo hijo era una catástrofe que no querían afrontar. Las discusiones en el matrimonio fueron aumentando y, finalmente, decidieron que Beryl tenía que abortar, algo que era ilegal en el Reino Unido en 1949.

En noviembre de 1949 Timothy Evans abandonó el 10 de Rillington Place después de vender todas las propiedades del matrimonio y se transladó a su Gales natal. El 30 de noviembre de 1949 acude a la policía y les comunica que su mujer Beryl había fallecido al intentar abortar con un medicamento que él había adquirido a un desconocido y que había depositado su cadáver en una alcantarilla frente a su antigua vivienda. La policía intenta confirmar esa confesión, pero pronto se dan cuenta de que es falsa. La tapa de la alcantarilla es tan pesada que hicieron falta tres agentes para levantarla cuando Timothy Evans era una persona físicamente débil y, además, estaba vacía. Ante esos hechos, Evans cambia su confesión. Ahora sostiene que su vecino John Christie se había ofrecido a practicar el aborto a su esposa Beryl y que algo había salido mal durante la operación. Cuando él llegó a casa la tarde del martes 8 de noviembre había visto su cadáver tendido en la cama con el rostro ensangrentado y con sangre también en lo que el Sr. Evans eufemísticamente llamó "the bottom part". El Sr. Christie le dijo que permaneciera en la cocina mientras él forzó la puerta del apartamento del Sr. Kitchener aprovechando que éste había sido conducido al hospital para ser operado y depositó allí el cuerpo con la intención, siempre según el relato del Sr. Evans, de esconderlo en la alcantarilla. Cuando el Sr. Evans regresó al día siguiente (miércoles 9 de noviembre) de trabajar, el Sr. Christie le dijo que conocía un matrimonio del East Acton que podría hacerse cargo de Geraldine. Al día siguiente (jueves 10 de noviembre) le comunicó que ya había dejado a Geraldine con la pareja citada, que ya se había desecho del cadáver y que lo mejor sería que él (el Sr. Evans) abandonara Londres. Entre el viernes 11 y el domingo 13 negoció la venta de sus propiedades y el lunes 14 de noviembre después de vaciar su piso tomó el tren con destino a Gales. Interrogado por la policía acabó admitiendo que él había ayudado al Sr. Christie a bajar el cadáver de Beryl hasta el piso del Sr. Kitchener cuando se dio cuenta de que no podía hacerlo solo.

El resto de la historia era, desgraciadamente, previsible. El 2 de diciembre la policía encontró en el lavadero comunal del nº 10 de Rillington Place los cadáveres de Beryl y Geraldine Evans. Ambas habían sido estranguladas. La policía mostró a Timothy Evans la ropa que llevaban los cuerpos y le preguntó si lo había hecho él. El Sr. Evans contestó que sí. Después realizó dos confesiones completas en las que se atribuía el asesinato de su mujer e hija.

El juicio contra Timothy Evans por el asesinato de su hija Geraldine comenzó el 11 de enero de 1950. En él, el Sr. Evans se desdijo de sus confesiones y acusó de los asesinatos a su vecino, el Sr. Christie pero aparte de sacar a relucir los antecedentes penales de éste (unos pequeños robos y agresiones sucedidos entre 1921 y 1933) la defensa no fue capaz de suscitar una duda razonable en el jurado. El pasado del Sr. Christie en ambas guerras mundiales (combatiente gaseado en la I y policía voluntario en la II) jugó a su favor así como el hecho de que su declaración como testigo de cargo fue corroborada por la de su esposa Ethel. El 13 de enero, después de cuarenta minutos de deliberación, el jurado emitió un veredicto de culpabilidad y fue sentenciado a muerte. El 9 de marzo de 1950 Timothy Evans fue ahorcado.

Éste hubiera podido ser el final de la historia, pero el juicio hizo mella en el Sr. Christie. Habían salido a la luz pública sus antecedentes penales y, además, se había visto implicado en un delito atroz. Fue despedido de su trabajo y el matrimonio comenzó a tener problemas. En diciembre de 1952 desapareció Ethel Christie sin que fuera vista nunca más, pero el fin llegó cuando John Christie fue deshauciado el 20 de marzo de 1953 por haber intentado realizar un realquiler de su vivienda en Rillington Place. El 24 de marzo el nuevo inquilino, Beresford Dubois Brown, realiza unas obras en la cocina para las que derriba un tabique. En el hueco que aparece tras él encuentra los cadáveres de tres mujeres. Posteriormente la policía encontró dos cadáveres más sepultados en el jardín y el de la Sra. Christie bajo la tarima del suelo de su dormitorio. Todas ellas habían sido estranguladas. Cuando fue detenido, John Christie confesó siete asesinatos incluido el de Beryl Evans (negó, no obstante, haber asesinado a la niña Geraldine).

El 22 de junio de 1953 comenzó el juicio contra John Christie acusado del asesinato de su esposa Ethel Christie. La defensa alegó que su cliente estaba loco, pero el jurado sólo necesito veintidós minutos para emitir un veredicto de culpabilidad. Condenado a muerte, John Christie fue ahorcado el 15 de julio de 1953.

Hasta aquí los hechos en cuya exposición he procurado ser tan objetivo como me ha sido posible. Lo que supuso para la opinión pública británica (que no era mayoritariamente contraria a la pena capital) el convencimiento de que al ahorcar a Timothy Evans se había ejecutado a un inocente (aunque nadie duda que si se hubiera sabido en el momento de juicio que John Christie era un asesino en serie -ya había estrangulado a las dos mujeres que aparecieron posteriormente enterradas en el "jardín"- el Sr. Evans no hubiera sido condenado, existen serias dudas de que Christie asesinara a Beryl y Geraldine Evans. Las confesiones que realizó Evans y la que realizó Christie admitiendo haber asesinado a Beryl Evans contienen, en todos los casos, afirmaciones que son demostrablemente falsas lo que obliga a que nos planteemos la duda sobre su veracidad. Posiblemente nunca se sepa con certeza qué sucedió en el 10 de Rillington Place. Los que aún investigan el tema sostienen teorías diversas como que Timothy Evans asesinó a su mujer e hija, que asesinó a su mujer pero que fue Christie el que mató a la niña, que fue Christie el que estranguló a ambas... y todos ellos presentan indicios y deducciones que apoyan sus hipótesis) fue un ejercicio de catarsis. Una cosa es que todo el mundo fuera consciente en el plano teórico de que la Justicia es falible y la pena capital irreversible y otra bien distinta el estar ante un caso real de ejecución de un inocente (bueno, dejémoslo en que no debió haber sido condenado por la existencia de una duda razonable). El horror ante los asesinatos se vio incrementado con el horror por lo que todo el mundo consideró como un error judicial de imposible reparación.

El choque para la opinión pública fue de tal calibre que un grupo de parlamentarios intentó, en vano, que se aplazara la ejecución de John Christie hasta que hubiera sido sometido a nuevos interrogatorios para averiguar qué sucedió realmente en el 10 de Rillington Place. Tampoco tuvo éxito su intento de reunirse en la cárcel con él para intentar que confesara la verdad.

Una autora tan popular entonces como ahora, Agatha Christie, ya había expuesto en varias de sus novelas la posibilidad de que un inocente fuera acusado y/o condenado por unos crímenes que no había cometido ("El misterio de la guía de ferrocarriles" 1936, "Matar es fácil" 1939, "Cinco cerditos" 1942, "Hacia cero" 1944, "La Sra. McGuinty ha muerto" 1952...) pero era mera ficción... hasta que se hizo realidad. El debate, que prácticamente había desaparecido en Gran Bretaña después de la II Guerra Mundial y los consiguientes Juicios de Nuremberg, sobre la abolición de la pena de muerte encontró en el caso Evans-Christie su alimento. En 1965 se estableció una moratoria para la pena capital como castigo por los delitos de homicidio que, en la práctica suponía su derogación. Al año siguiente, Timothy Evans recibió el indulto póstumo por el asesinato de su hija Geraldine.

Hoy todo eso está prácticamente olvidado en nuestro país. Si acaso algunos cinéfilos recordarán una magnífica película 10 Rillington Place que quiso ser tan fiel a los hechos que se rodó en un edificio real de Rillington Place, concretamente en el nº 8, gemelo del nº 10 (aunque peca, como el libro homónimo de Ludovic Kennedy en el que se basó, de una nada disimulada creencia en la inocencia del Sr. Evans), pero no busquen Rillington Place en ningún callejero de Londres. Su nombre fue cambiado a petición de los vecinos hartos de que se les relacionase con esos crímenes. En 1971, el edificio número 10 de Ruston Close (la nueva denominación de Rillington Place) fue demolido. La zona fue remodelada de una forma tan radical que hoy ni siquiera existe la calle con cualquier denominación.

Fuera cual fuese la verdad de lo sucedido en el 10 de Rillington Place hoy sólo puede ser objeto de juegos intelectuales pero las lecciones que se desprendieron de aquellos crímenes continúan vigentes. Hoy nadie puede ser ejecutado en el Reino Unido (ojalá pudiéramos decir lo mismo de todos y cada uno de los países de la Tierra). La Justicia puede equivocarse, pero al menos hay una posibilidad de reparación en tal caso. La pena capital es odiosa por sí misma. Incluso Albert Pierrepoint, el célebre verdugo británico que ejecutó a Timothy Evans y John Christie (además de otras 400 personas aunque algunos elevan la cifra hasta los 600) en su autobiografía renegó de la condena a muerte (aunque no está claro que ese pasaje respondiera realmente a su sentir).

Otras lecciones, por contra, necesitan ser recordadas de continuo. En su día nadie dudó de la culpabilidad de Evans y, posteriormente, nadie dudó de la culpabilidad de Christie. El juicio mediático ya se había producido antes de sus condenas. Hoy en día, la situación no ha cambiado y basta con mirar a nuestro país para ver cómo los medios se emepeñan en ejercer de jueces.

¿Algo de todo ello era previsible? Todavía hoy nos cuesta creer que pasara como para que fuera previsto por medio alguno, tan inútiles son en este sentido las cartas del tarot o los horóscopos astrológicos como los modelos matemáticos.

07/08/2009 20:01 Autor: José Luis Calvo. #. Tema: Historia.

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Autor: Oscar

Aunque estoy de acuerdo en que Asimov no fue un buen escritor, creo que se merece el reconocimiento de ser unos de los mayores (que no mejores) escritores de ciencia-ficción que ha habido hasta ahora. La crítica que hace usted de la Psicohistoria creo que es inapropiada, ya que la Psicohistoria es tan válida en el mundo real como lo son las Tres Leyes de la Robótica. La Psicohistoria es sólo ficción, un recurso que utiliza el autor para tejer una trama que se desarrolla en un futuro muy lejano y con una tecnología y conocimientos supuestamente muy avanzados. Y nada más. Asimov no pretende desarrollar un modelo para predecir la Historia del mundo real.

De todos modos, no veo tan disparatado eso de predecir comportamientos humanos mediante modelos matemáticos. Eso ya lo hace actualmente la Estadística para predecir, por ejemplo, el número aproximado de víctimas en accidentes de tráfico que habrá en la próxima operación salida basándose en los resultados de años anteriores, aunque, claro está, eso dista mucho de pretender predecir el futuro o el rumbo futuro de la historia. La Psicohistoria, tal como la concibió Asimov, no sería más que una extrapolacíón de la Estadística llevada al extremo, pero en el terreno de la ciencia-ficción.

Fecha: 09/08/2009 15:22.


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Autor: Carlos J. Suárez

Estoy de acuerdo con Oscar, no creo que Asimov pase a la historia como uno de los mejores autores de ciencia ficción, pero si de los mas populares. Yo me leí en su día el primero de la serie Robot, no seguí la serie pues me aburría. Leí el primero de la serie fundación, idem de idem.
Leí los relatos de los viudos negros, muy desiguales y tirando a malos.
En cuanto a su faceta de divulgador el Sr. Asimov tiene un problema, se llama Carl Sagan. Hay que reconocerle al Sr. Asimov que fue un buen escritor de "algunas" obras de ciencia ficción pero que no supo medir la producción, aprovechó el tirón y escribió y escribió... pero no todo era ni para aprobado.
Sus obras de divulgación científica son parecidas, las hay muy buenas (las del electrón y cosas así) que se han quedado obsoletas y muy superadas, pero que en su época tuvieron mérito. No pasan de ahí. Sus obras de historia son como apuntes de COU, bien escritas (me refiero en cuanto a la media de los alumnos de COU) pero nada mas.
Al llegar CArl Sagan y otros (no los voy a mencionar, pero recuerden a S. J. Gould, por ejemplo) se vió que la divulgación científica se podía hacer con calidad y criterio, Asimov quedó así trasnochado.
Será recordado por ser popular y vendedor, pionero también.
Debemos recordar que Carl Sagan escribió una novela de ciencia ficción que era bastante floja y decidió no seguir escribiendo ese género. A mí en particular me gustó la película y algo menos la novela, no por su calidad, sino por Jodie Foster (por ella y por el personaje que representa, muy entrañable) y por la historia y su final, cuando le dice al sacerdote, "nadie me cree, no tengo pruebas, pero sé que sucedió como yo digo, no me lo he inventado ni imaginado, sé que es real" y el sacerdote le contesta "Ahora sabes como me siento yo al hablarte de Dios".

Fecha: 09/08/2009 16:21.


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Autor: Carlos J. Suárez

En cuanto a la segunda parte, dos apartes.
No tengo nada que decir acerca de la pena de muerte salvo que estoy de acuerdo con lo que dice sin decir claramente, la pena de muerte es una atrocidad. Lo pienso como católico y como ser racional. Lo primero por obviedad y lo segundo por casos como el que acaba de mencionar.
De Agatha Christie le diré que soy uno de sus fans mas irredentos, a pesar también de que algunas de sus obras son malillas (pocas) y repetitivas (algunas) el nivel medio es sobresaliente y en un nivel de producción tan elevado es un prodigio que pueda mantener ese nivel.
Creo que, echando cuentas, solo me quedan nueve novelas suyas sin leer, tendré que retomarlas (llegue a leerme hasta diez seguidas y mi nivel de saturación llegó a límites excesivos), ahora que estoy desintóxicado (o intoxicado de gente como el D. Brown) creo que podré retomarla con ánimos renovados.
Por cierto, hablando de escritores y ventas.
¿Que me dice de gente como Clancy o Ludlum, que usan equipos de "negros" de forma oficial y gente como Ildefonso Falcones que se sabe que en realidad es un grupo de gente que trabaja para una editorial y escriben historias de forma "científica", esto es, de forma que gusten a todos y no molesten a la oficialidad cultural establecida (v.g. políticamente correcto)?

Fecha: 09/08/2009 16:31.


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Autor: José Luis

Óscar:

"La crítica que hace usted de la Psicohistoria creo que es inapropiada, ya que la Psicohistoria es tan válida en el mundo real como lo son las Tres Leyes de la Robótica. La Psicohistoria es sólo ficción, un recurso que utiliza el autor para tejer una trama que se desarrolla en un futuro muy lejano y con una tecnología y conocimientos supuestamente muy avanzados. Y nada más. Asimov no pretende desarrollar un modelo para predecir la Historia del mundo real."

En realidad sí existe la psicohistoria, pero no tiene nada que ver con la predicción del futuro mediante modelos matemáticos ;-)

"De Agatha Christie le diré que soy uno de sus fans mas irredentos, a pesar también de que algunas de sus obras son malillas (pocas) y repetitivas (algunas) el nivel medio es sobresaliente y en un nivel de producción tan elevado es un prodigio que pueda mantener ese nivel."

Carlos J. Suárez:
"De Agatha Christie le diré que soy uno de sus fans mas irredentos, a pesar también de que algunas de sus obras son malillas (pocas) y repetitivas (algunas) el nivel medio es sobresaliente y en un nivel de producción tan elevado es un prodigio que pueda mantener ese nivel."

Pues de fans a fans ;-) tuve la humorada de, una vez leído toda su obra policiaca, volver a leerla en orden cronológico. Eso me valió para no ser tan fans de Agatha Christie en general y serlo aún más de la Agatha Christie que escribió entre 1931 y (aproximadamente) 1950 o lo que es lo mismo, de "El enigmático Sr. Quin" a "Telón" (aunque supuestamente escrita en 1975, eso no se lo cree nadie). De las obras anteriores y posteriores soy mucho menos fans e incluso tres de las publicadas en ese lapso de tiempo me parecen fallidas, "Trayectoria de bumerang", "Cianuro espumoso" y "La venganza de Nofret" y otra que así así, "La muerte visita al dentista" y olvidándonos de la novela patriotera que es "El misterio de Sans Souci". El resto es magnífico.

"¿Que me dice de gente como Clancy o Ludlum, que usan equipos de "negros" de forma oficial y gente como Ildefonso Falcones que se sabe que en realidad es un grupo de gente que trabaja para una editorial y escriben historias de forma "científica", esto es, de forma que gusten a todos y no molesten a la oficialidad cultural establecida (v.g. políticamente correcto)?"

Pues que de Tom Clancy esperaba mucho más porque me gustó mucho "La caza del Octubre Rojo" y a partir de ahí, no me gusta nada y cada vez menos ;-). De Ludlum diré que nunca me gustó pero es una lectura que ayuda mucho a pasar el tiempor en aviones o en la playa ;-) y de Ildefonso Falcones no tengo palabras para definir "La catedral del mar" (bueno, sí las tengo, pero iban a quedar muy mal). Mordiéndome la lengua, me limito a señalar que si no me gustó la obra original que es "Los pilares de la tierra", la mala copia me la... ;-)




Fecha: 10/08/2009 19:17.


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Autor: Morvran

Cuando se quiere encender un buen fuego hay que ir haciéndolo por etapas: primero los materiales más 'ligeros', muchos materiales que arden rápido nos valen: papel, ramitas secas, pinocha...
Poco a poco irán prendiendo las ramas más gruesas hasta que al final arderá cualquier tronco o raíz, dando un calor excelente y perdurable sin necesidad de alimentar compulsivamente la hogera con cualquier cosa.
Cuando el tiempo no es bueno para fuegos y parece que nada quiere prender, se pueden utilizar esas pastillas blancas, artificiales, tramposas, pero que al menos pueden iniciar la combustión. Eso sí, no esperemos mantener un buen y constante fuego sólo a base de pastillas y hojarasca.
Por si hay dudas,
Ramitas: Asimov, Enid Blyton, J. K. Rowling..
'Pastillas': Follet, Larsson, Boyne...
Con los troncos y raíces, cada uno según le haya ido su hoguera.

Fecha: 11/08/2009 10:17.


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Autor: Antonio

Estoy de acuerdo en que Asimov tiene muchas fallas como escritor y como historiador. Con lo que no estoy de acuerdo es en basar tu crítica en la poca verosimilitud que la psicohistoria, como ciencia, pueda tener para tí, y menos a partir de la presentación de un caso específico como base para determinar que cambios sociales importantes (prohibición de la pena de muerte en el Reino Unido) pueden tener origen en actos individuales (un juicio equivocado), no porque no tengas razón, que no sé si la tienes (y tu argumentación me parece impecable, si se trata de oponerse a la pena de muerte, pero no a la idea de que una matemática del comportamiento humano pueda ser desarrollada en el futuro), sino porque el mismo punto que criticas es tratado en la trilogía original de la fundación por Asimov.

Me refiero a la parte en la que el Mulo, un ser con características especiales, logra desbaratar el plán galáctico milenario de los psicohistoriadores con una serie de actos individuales. La solución de Asimov (algo chpucera, es cierto) se presenta a partir de un fenómeno por completo independiente de la ciencia psicohistórica: la existencia de un grupo de guardianes del plan que poseen, en conjunto, características sobrehumanas capaces de hacer contrapeso a las habilidades especiales del mulo.

Dicho de otra forma, que tu crítica al plan psicohistórico coincide punto por punto con la crítica que el propio Asimov hace en una parte de la saga original.

Estoy de acuerdo en que las novelas de preludio a la fundación, fundación y tierra y los límites de la fundación (la otra no la he leído) son malísimas. Se salen incluso de los conceptos planteados en la serie original (en alguna de ellas Seldon es el funcionario más importante del imperio, lo cual contradice en muchos aspectos el ambiente con el que arranca la saga original). Creo que esas novelas (y otras firmadas por Asimov) fueron escritas por otras personas, y Asimov se limitó a firmar y cobrar. Hay demasiadas contradicciones y diferencias de estilo como para creer que todas son del mismo autor. Lo mismo pasa con la serie de libros sobre la historia universal. En las historias de los griegos, romanos y egipcios, hay momentos que sitúan a Cleopatra en Roma, en el mismo momento en que la sitúan en Egipto, dando incluso argumentos opuestos ¿Cómo pudo haber incurrido en contradicciones tan importantes el mismo autor?

Pero creo también que Asimovo tiene muchas obras que valen la pena. La serie original de la fundación, anochecer, Némesis, los propios dioses, las series sobre los robots, bajo el sol desnudo, los cuentos cortos sobre las supercomputadoras, exploración espacial, y ciencia ficción con humor ("en puerto Marte sin Hilda", "La última pregunta"), y los artículos compendiados como "la receta del tiranosaurio" son obras para disfrutarse, si no somos demasiado exigentes con el estilo literario.

Un Abrazo.

Fecha: 14/08/2009 02:58.



Autor: isamov fan

"la Trilogía original escrita a comienzos de los años 50".

Pues no.La serie de las fundaciones se publicó en forma de relatos sueltos (en la revista especializada "Astounding"),entre los años 1942 y 1949.

Ya en la década de los 50 se recopilaron en la forma de trilogía,por todos hoy conocida.

Fecha: 18/08/2009 00:18.


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Autor: Gerardo

La verdad es que desconozco la versión histórica del caso, más allá de alguna revista sobre crímenes, pero sabiendo cómo son los psicópatas (John Christie lo era sin duda), tampoco es increíble la versión de la película y la inocencia de Timothy Evans. Opino con mi conocimiento de la psicopatía y este tipo de asesinos, nada más.

La película "10 Rillington place" es una obra maestra, en mi opinión no existe una película mejor sobre un asesino en serie, incluso aunque no sea veraz. "M, el vampiro de Düsseldorf" es otra virguería. Otra muy buena, aunque científicamente sea un disparate, es "El estrangulador de Boston". Y otra nada mala, aunque a distancia de las otras (hecha para TV, pero muy digna) y ya más documental, es "Ciudadano X". Y si os gusta el rollito hollywoodense a lo Lecter (que considero la decadencia del género), ved "Hunter", que es la mejor, y no las actuales. Hasta ahí las recomendaciones que recuerdo.

Fecha: 08/09/2009 21:05.


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Autor: José Luis

Gerardo:

Por supuesto que la versión del Sr. Kennedy no es increíble y que, por el contrario, es perfectamente posible. No obstante, hay cosas que no cuadran con la explicación de que John Christie cometiera todos los asesinatos. Veamos algunos:

-El comportamiento de Timothy Evans es inexplicable incluso aceptando que era un poco retrasado. Supongamos que su segunda confesión (la del supuesto aborto que salió mal) fuera cierta como sostienen Kennedy y todos los que creen en su inocencia. Vale. Dice que vio que su esposa tenía sangre "en la parte de abajo". Sin embargo, Beryl Evans no había abortado ni había sido agredida sexualmente. Por tanto, esa afirmación de su esposo es falsa. No obstante, eso demuestra que sabía el aspecto que tendría que haber presentado su mujer si fuera verdad la historia del aborto mal realizado. Como no tenía ese aspecto, el Sr. Evans tendría que haber sabido que su mujer no había muerto durante la operación ilegal. Si es así ¿por qué no denunció al Sr. Christie en ese momento? ¿Por qué siguió haciendo su vida normal durante varios días? ¿Por qué le confió su hija al hombre que acababa de matar a su madre? ¿Por qué cuando ésta desaparece no hace nada hasta que la familia de Beryl le presiona para que explique dónde están su esposa e hija?

-El comportamiento de John Christie sería igualmente inexplicable. Recordemos que en ese momento ya había asesinado a dos mujeres y que tenía sus cadáveres enterrados en el jardín. En esas circunstancias, si había algo que Christie no querría ni en pintura es que la policía acudiera al 10 de Rillington Place. Sin embargo, mata a Beryl Evans, deja que su marido lo sepa y, sin embargo, no le mata a él a sabiendas de que más pronto o más tarde eso supondría que la policía acudiría a su casa.

-Christie asesinaba a mujeres a las que violaba (excepto a su propia esposa). Ya hemos dicho que Beryl Evans no lo fue. Además, siempre ocultó cuidadosamente a sus víctimas. Beryl Evans y su hija Geraldine no lo estaban. De hecho, no fueron encontradas antes porque ese noviembre hizo mucho frío en Londres lo que impidió la putrefacción de los cuerpos.

Todo eso me hace ser mucho menos entusiasta que el Sr. Kennedy sobre la inocencia del Sr. Evans aunque, por supuesto, nunca hubiera debido ser condenado por la existencia de una duda razonable sobre lo que realmente sucedió (que pienso que nunca sabremos con certeza).

Sobre las "pelis" yo añadiría otras tres basadas en hechos reales, Ed Gein, Henry, retrato de un asesino y El verano de Sam.

Fecha: 10/09/2009 01:59.


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