Escritos desde el páramo

Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.

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Arturo ¿rey? (I)

Juguemos a preguntas y respuestas (yo también preferiría jugar a los médicos con Carmen Electra pero esto es lo que hay). ¿Qué relación encuentran Vds. entre el rey Arturo y la saga de Indiana Jones? Para que no digan que se lo pongo muy difícil les doy a elegir entre varias opciones:

a) Los dos son personajes de ficción
b) Sean Connery
c) El Grial


No se quiebren la cabeza porque como las madres no hay más que una, o lo que es lo mismo, practiquen el seso seguro ya que cualquiera de esas respuestas es válida como habrán apreciado a poco que sepan de Cine y de Historia que, no por casualidad, son dos de mis grandes pasiones (bueno, de las que son confesables).

No obstante, también es posible (casi diría que es seguro) que sus amores hayan encontrado otros objetos de adoración (cursi estoy hoy, ¡por Jehová¡) diferentes a los míos y que, por tanto, crean que Suzuki es una marca japonesa de coches o que Nagasaki es la segunda ciudad que fue destruida por una bomba atómica (ahora que lo pienso…). Por si éste fuera el caso, permítanme unas palabras sobre estas relaciones peligrosas entre cinematografía, mitos y pseudohistoria.

Que I.J. (no, por una vez no es Íker Jiménez) es un personaje de ficción no precisa de mayores aclaraciones. Tal vez si sean necesarias en lo que respecta al rey Arturo. Por de pronto, ¿de quién pensamos que estamos hablando cuando mencionamos su nombre? Puesto que estamos tratando sobre el Cine, hay una imagen que siempre viene a mi mente, la de un grupo de caballeros revestidos de relucientes armaduras cabalgando hacia la batalla (y la muerte) por un campo de frutales en flor. La película es Excalibur (Boorman, 1981) y la bellísima escena, por si la han olvidado, es ésta.

Ésa, más o menos, es la estética que asociamos con el rey Arturo en películas anteriores como Lancelot du Lac (Bresson, 1974), posteriores como First Knight (Zucker, 1995), musicales como Camelot (Logan, 1967), de dibujos animados como The Sword in the Stone (Reitherman, 1963), parodias como Monty Python and the Holy Grail (Guilliam & Jones, 1975) e incluso en versiones pornográficas (haberlas haylas, pero no voy a darles ningún enlace a ellas).

Dejemos por un momento a Arturo y vayámonos a una escena de otra película, concretamente de Jesus Christ Superstar (Jewison, 1973). Recuerden que, supuestamente, estas escenas de la Pasión de Jesús tuvieron lugar circa el año 30 de nuestra era. ¿Hay algo que les parezca fuera de lugar? La lista sería interminable. Un sumo sacerdote mostrando que es hombre de pelo en pecho, soldados con pantalones, camisetas indescriptibles, cascos de acero inoxidable que parecen un bol para ensaladas e, incluso algún subfusil (vulgo metralleta) podrían hacer que nos preguntáramos si al director “se le había ido la olla” o si era incapaz de diferenciar el S I del S XX (bueno, de una versión más cursi que una perdiz con ligas del siglo anterior porque alguno de los “modelitos” es para salir corriendo). No obstante, por esta vez esos anacronismos son intencionados. La mezcla de elementos antiguos y modernos sugería la atemporalidad del mensaje de Jesús, que su figura trascendía de su propia época para llegar al presente (entiéndase, la década de los 70 del siglo pasado).

Volvamos a la escena de la Cabalgada de Excalibur. ¿Hay algo que les parezca fuera de lugar? Prescindamos de que la música es Carmina Burana (concretamente, es el O Fortuna) una obra de Carl Orff que aunque está basada en textos medievales fue estrenada en 1937 (y dedicada al entonces Canciller de Alemania que no necesitan que les diga quién era) así que un poco tardía para tener nada que ver con Arturo y su época.

Olvidémonos de cuestiones discutibles como, por ejemplo, si resulta creíble que los caballeros de Arturo monten caballos de raza árabe o que empleen estribos porque hay un error sin paliativos, un anacronismo equivalente a colocar un equipo GPS en la Santa María en una película sobre el “Descubrimiento” de América. Por si aún no se han dado cuenta de cuál es ese error, veamos unas escenas de una película moderna que, al menos, intentó (no lo consiguió) reflejar al Arturo histórico y no al legendario, se trata de King Arthur (Fuqua, 2004).

¿Un rey Arturo con armadura y casco romanos? ¿Les sorprende? Pues no debería hacerlo, lo que sí tendría que haberlo hecho es la iconografía que hemos asumido sobre Arturo y sus caballeros, soldados cubiertos con armaduras de los S XIV y XV es decir, entre 800 y 900 años posteriores a la supuesta existencia de Arturo.

Vale, la Cinematografía no se ha cubierto de gloria precisamente a la hora de reflejar la época artúrica aunque en su descargo debamos añadir que es un error que arranca desde casi el principio. En 1485 el editor William Caxton publicó una de las grandes obras de la Literatura mundial, Le Morte Darthur, texto que Sir Thomas Malory había terminado en 1469 o 1470. Tomando como base los romances existentes sobre Arturo, el Grial, Lanzarote del Lago, Merlín… y añadiendo elementos de su propia creación, Malory forma una novela coherente (más o menos) que supone la culminación del mito artúrico, la obra a la que artistas, escritores… recurren para recrear el mito (por ejemplo, la película Excalibur es la plasmación cinematográfica de La Muerte de Arturo). Cualquiera que sea la antigüedad de las fuentes que Sir Thomas empleara (ya veremos algo más sobre esto) las ensambló de acuerdo a su propia visión, la de un noble (lo que no obsta para que, a juzgar por lo poco que sabemos –o creemos saber- de él, fuera también un sinvergüenza redomado) del S XV imbuido por los ideales de la Caballería cuando, precisamente, la caballería como fuerza militar (lo que supone repercusiones en su papel político-social) estaba en pleno declive (recuerden las batallas de Crecy -1346-, Poitiers -1356- y Agincourt -1415-). De igual forma que él creó un Arturo conforme a su propia época (tal vez sería más correcto decir que conforme a la utopía intelectual de su propia época), los ilustradores de su novela representaron al Rey y a sus Caballeros de acuerdo con sus contemporáneos, al igual que lo hicieron los iluminadores que trabajaron en los manuscritos de las obras del ciclo artúrico anteriores a Malory y como hicieron artistas de todo tipo desde escultores a tapiceros en todo tipo de soportes, desde los ya vistos al mosaico.

Con los años, el éxito de la novela de Malory dio paso al olvido. Conocemos, además de la editio princeps de William Caxton ya mencionada, dos ediciones de su discípulo Wynkyn de Worde de 1498 y 1529, la de William Copland de 1559, la de Thomas East de 1582 o 1585 y la de Thomas Stansby de 1634. Después el silencio hasta 1816, en pleno triunfo del Romanticismo inglés. Es sabido que el Romanticismo supuso la exaltación de los sentimientos frente a la razón, de la libertad frente a la norma, lo que se tradujo en una atracción tanto por los países “exóticos” (Portugal, España, y lo que hoy son Italia, Grecia, Marruecos, Turquía…) como por la Edad Media ya que aquéllos les parecían el triunfo del sentimiento vital en contraste con su propio país y en ésta veían la supremacía de los ideales y el individualismo, la antítesis de su presente cada vez más industrializado, urbano y deshumanizado. Con ese ideario no es extraño que encontraran en Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda (espero que me disculpen el empleo de la palabra “tabla” en su significado que aún conserva aunque esté en desuso de “mesa”. La tradición es la tradición) su propio Santo Grial.

Este “medievalismo” tuvo dos caras, una positiva (por ejemplo, la revalorización del arte gótico –recuérdese que este término peyorativo fue acuñado durante el Renacimiento- que en la siguiente generación se tradujo en la obra de John Ruskin y de Eugène Viollet-le-Duc) y otra negativa, lo que podríamos llamar “medievalismo de charanga y pandereta”. En un movimiento que confería preponderancia a los sentimientos frente a la razón, no puede extrañar que ese acercamiento a la Edad Media no se realizara, en muchas ocasiones, desde supuestos históricos sino estéticos. La Edad Media duró desde la caída del Imperio Romano de Occidente (deposición de Rómulo Augústulo en el año 476) hasta la caída de Constantinopla (29 de mayo de 1453) según algunos autores y, según otros, hasta el viaje de Cristóbal Colón a América (12 de octubre de 1492). Dentro de la absoluta ficción que supone el intentar poner unos límites fijos a un periodo histórico, vemos como el Medioevo dura unos mil años. Un milenio es mucho tiempo, tanto como para que varíe prácticamente todo, estructuras sociales, políticas, económicas, ideológicas… y, sin embargo, para muchos Románticos todo era Edad Media sin mayores distingos.

¿Qué quedaba de la Edad Media para que pudiera servir de inspiración a los artistas del S XIX? Como es lógico, y salvo circunstancias excepcionales, los restos conservados de cualquier tipo (literatura, pintura, escultura…) son más numerosos los que proceden de los siglos finales de la Edad Media que los de sus comienzos. Por tanto, numerosos intelectuales románticos veían la Edad Media desde el prisma de lo que, en realidad, fue sólo su final. Incluso si el amor cortés, los ideales caballerescos… fueran algo más que una construcción ideológica, aun así no serían una característica del Medioevo sino sólo de alguno de sus periodos.

En la figura de Arturo se han acumulado, al menos, dos anacronismos. Cuando su figura comienza a popularizarse con la obra de Geoffrey de Monmouth Historia regum Britanniae (Historia de los reyes de Britania) corre el S XII (se cree que esta obra fue terminada circa 1136). El escritor galés montó un pandemónium entre elementos de distintas épocas en los que sólo falta la figura de Cantinflas para que el absurdo fuera absoluto. ¿Qué escribió Geoffrey de Monmouth? Pues si están habituados a la versión de Malory (o de los cineastas, escritores… que se basan en él) la narración resulta un poco extraña, pero esto es algo que veremos en el próximo capítulo.

-Continuará-

Lo confieso, soy escéptico

20 de enero de 2009. Un magnífico día para recordar que el pensamiento crítico (por desgracia, más conocido como escepticismo) no es una herramienta que sirva sólo (y ni siquiera principalmente) para analizar el mundo de la pseudociencia, la pseudohistoria... sino que puede y debe ser empleada en cualquier campo y, especialmente, en aquéllos que tengan una inmensa importancia en la vida de todos nosotros y, más concretamente, en la política.

Por si acaso no lo han pillado, vamos a hablar del presidente electo de los EEUU que hoy pasa a serlo en ejercicio, es decir, del Sr. Barack Hussein Obama o, mejor dicho, de cómo se ve su toma de posesión en esta vieja España.

Que después de la nefasta presidencia del Sr. George Walker Bush nos parecería esperanzadora hasta la toma de posesión como sucesor suyo de Rin-tin-tín es tanto como no decir nada por resultar una obviedad de libro. No obstante, la Historia nos demuestra que después de una presidencia penosa no tiene porqué tener lugar un cambio favorable. Por si lo han olvidado, después de la dimisión del Sr. Richard Milhouse Nixon le sucedió el Sr. Gerald Rudolph Ford Jr. y a éste, ya por elección, el Sr. James Earl Carter Jr.. Cada uno de ellos consiguió lo que, a priori, era un imposible, dejar por bueno a su antecesor.

No, no tiene nada que ver con la pertenecia a uno de los dos grandes partidos políticos estadounidenses porque ambos pueden presentar tanto buenos como malos presidentes, hasta el punto de que el Sr. Obama (demócrata) habla muy bien de la presidencia del Sr. Ronald Wilson Reagan y tiene como modelo al Sr. Abraham Lincoln y ambos fueron presidentes republicanos. Tampoco tiene nada que ver con la simpatía que inspire la persona (por ejemplo, el Sr. Carter tenía una personalidad mucho más atractiva que el Sr. Reagan), ni con sus dotes morales y/o intelectuales (si así fuera, el Sr. Carter hubiera sido un magnífico presidente) y ni siquiera con el desempeño de su carrera política anterior. Si el Sr. Bush (hijo) se hubiera equivocado como gobernador de Texas tanto como lo ha hecho como presidente, jamás hubiera ganado la nominación por el partido republicano. Puede parecer obvio el añadir que tampoco tiene nada que ver con las expectativas que levantó su elección como presidentes. Después de que el Sr. Nixon demostrara el poder corrompe y que el Sr. Ford pusiera en claro que quod naturam non dat Salmanticam non praestat (o dicho en castellano que aunque la mona se vista de seda, mona se queda), el Sr. Carter fue elegido en medio de una gran esperanza, la de devolver la honorabilidad a la Presidencia y el orgullo al pueblo americano cicatrizando definitivamente el trauma de la guerra de Vietnam. Lo primero lo logró, pero el país se hundió en la crisis económica y en la pérdida de su prestigio mundial. Tal vez hubiera sido un gran presidente en tiempos más benignos, pero no supo tomar las medidas adecuadas ni en política económica ni exterior. Sus dotes (que, indudablemente las tiene) han brillado ya como ex-presidente, pero como presidente fue una gran decepción hasta el punto de que no pudo ganar la reelección.

¿Sé cómo va a ser la presidencia del Sr. Obama? Evidentemente no tengo ninguna certeza al respecto. Como no pretendo ser vidente me limito a interpretar sus actos a sabiendas de que puedo equivocarme y que posiblemente lo haga. Creo que el Sr. Obama va a ser un buen presidente y una inmensa decepción. Aunque lo parezca no hay en ello la menor contradicción. ¿Por qué creo que va a ser un buen presidente? Ha demostrado inteligencia y pragmatismo. En medio de la euforia desatada por su elección la única persona que no parece haber caído en ella es el propio Sr. Obama que se está dedicando a hacer pronósticos realistas sobre la difícil situación económica que espera a los estadounidenses. Ese conocer y decir la realidad por dura que sea, me parece muy prometedor máxime si lo comparo con lo que aquí ha pasado. El reconocimiento de un problema es el primer requisito para poder solucionarlo y el Sr. Obama no parece estar por la política del avestruz, del aquí no pasa nada y el todo va bien. De igual forma, no parece que se deje seducir por la adulación ridícula en la que se cae en España (ignoro si sucede lo mismo en otros países) con respecto a su persona. Parece que más que un presidente, el pueblo americano haya conseguido la reencarnación de un nuevo Mesías que inaugure una Edad de Oro. Aunque algunos sepamos desde niños que el triunfo y el desastre son unos farsantes (si acaban de descubrir quién es uno de mis escritores favoritos les felicito por reconocer la cita encubierta), no deja de sorprenderme un político que, al menos, parezca inmune a los ditirambos.

¿Por qué creo que va a ser una gran decepción para muchos? Porque su presidencia no va a suponer ninguna Edad de Oro, ni va a dar ningún giro copernicano a la política mundial. Lo siento mucho por los que se creyeron sus discursos electorales, pero pronto ha comenzado a dejr de lado las quimeras. Las designaciones como Secretaria de Estado de la senadora Clinton y como Secretario de Defensa del Sr. Robert Gates (el mismo que ya ocupaba ese puesto con el presidente Bush) deberían hacer recordar a algunos que Utopía sigue siendo el título de un libro (y bastante aburrido) cuyo escritor acabó decapitado por el poder real. Sus designaciones de personas con problemas de escándalos como el gobernador William Blaine Richardson III (iba a ser Secretario de Comercio, puesto al que renunció voluntariamente) y del Sr. Timothy Geither (va a ser Secretario del Tesoro pero aún no ha obtenido la confirmación del Senado) hacen pensar que el Sr. Obama no presta demasiada atención al dicho de que la mujer de César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo, mala cosa si se pretende presentarle como un paradigma de moralidad.

Si alguien quiere pensar que el Sr. Obama es una paloma creo que va a tardar muy poco en descubrir que las palomas son unas aves muy poco pacíficas en realidad. Sí, habrá una retirada de Irak porque los objetivos básicos ya se han cumplido pero podemos esperar un recrudecimiento en la guerra de Afganistán, un conflicto absolutamente inútil y, además, imposible de ganar militarmente y en el que España está metida hasta los corvejones sin que sepamos demasiado bien qué pintamos allí, pero una escalada en esa guerra va a suponer más muertos. No está clara, en principio, la postura del Sr. Obama sobre otras dos graves amenazas a la paz mundial, la situación en Palestina y el plan nuclear iraní. A partir de hoy se le acaba la excusa de que no debía interferir con la política del Sr. Bush y tendrá que desarrollar su propia política, pero me sorprendería que hubiera grandes cambios en la tradicional alianza entre Israel y los EEUU porque no hay ninguna razón para ello. Más problemas puede causar el régimen teocrático de Irán. Aunque, de momento, seguirá la vía pacífica de su antecesor ¿qué decidirá si, finalmente, Irán llega a la situación de poder fabricar armas nucleares? Un Irán que apoya a movimientos terroristas, cuyo presidente ha declarado que quiere eliminar el estado de Israel, con posibilidad de elaborar armas de destrucción masiva es algo capaz de quitar el sueño a la persona más serena. Si las negociaciones no dan fruto ¿qué decidirá el nuevo presidente de los EEUU? Tengo la sospecha de que liberar a los perros de la guerra aunque sea con objetivos muy precisos. Las consecuencias pueden ser terribles, pero también lo podrían ser las derivaciones de no hacer nada si llegara la situación hasta ese extremo.

No obstante, donde el Sr. Obama se juega su crédito político es con la economía. Tomará algunas decisiones que serán muy aplaudidas por todo el mundo como el cierre de la prisión en la base militar de Guantánamo (una vergüenza que jamás debió producirse y menos en un país tan amante de la ley como los EEUU) pero lo que el pueblo americano va a juzgar es la situación económica. Si el presidente Obama es capaz durante sus cuatro años de mandato de cambiar la crisis actual por una situación de desarrollo, tendrá la reelección muy fácil. En caso contrario, los republicanos tendrán una clara oportunidad de volver a la Casa Blanca. Ésa es la pura y simple realidad. El Sr. Obama tiene como principal problema la economía y eso va a condicionar toda su presidencia. No sé qué haría el Sr. Obama si llegara a la presidencia en una situación distinta. Posiblemente entonces pusiera el énfasis en el gasto social, tal vez diera los primeros pasos hacia una cobertura sanitaria universal y gratuita (algo que nunca entenderé porqué no existe ya)... pero no vivimos en un mundo soñado sino en el real y me temo que el presidente Obama tenga que hacer en política económica a corto plazo nos va a perjudicar a todos los demás. No me extrañaría nada que tomara medidas de proteccionismo comercial que empeorarán nuestra situación aunque, a largo plazo, la salida de la crisis de los EEUU nos interesa a todos. En cualquier caso, el que tenga muy claro que el déficit público es un mal (aunque en ocasiones sea un mal necesario) porque hay que terminar pagándolo, y el que quiera bajar los impuestos no deja lugar para demasiadas alegrías en el gasto público salvo que limitara los ingentes gastos militares de los EEUU. ¿Lo hará? Pues aunque algunos piensen que sí, me da que va a ser que no. Sencillamente, EEUU es la superpotencia y le corresponde el papel de gendarme mundial (vamos a ver si evitamos la hipocresía de protestar por ello para, a continuación, clamar por la intervención americana para resolver cualquier conflicto). El Sr. Obama ha demostrado ser demasiado pragmático para creer que puede imponer la pax americana sin que la respalde (al menos como posible último recurso) una fuerza militar impresionante (e increíblemente costosa). Ya, ya sé que decir esto no resulta políticamente correcto, pero no intente dialogar con un perro rabioso. Sólo conseguirá salir herido y en este mundo hay perros rabiosos (y alguno tiene dos patas).

En nosotros se ha cumplido la maldición de vivir tiempos interesantes y esta nueva etapa promete serlo en grado sumo. Los estadounidenses han cumplido con la letra de su himno nacional y han tomado una valiente decisión, en tiempos de crisis han elegido un candidato inexperto (no me importa confesar que si yo hubiera sido estadounidense hubiera preferido a la senadora Clinton) pero que empieza por muy buen camino. Creo (y deseo) que el Sr. Obama será un buen presidente pero que nadie espere de él imposibles porque obtendrá tanto como de pedir peras al olmo, una inmensa desilusión. Dentro de cuatro años seguirá existiendo el hambre en el mundo, dentro de cuatro años seguirán existiendo injusticias que nos pondrán la piel de gallina, dentro de cuatro años seguiremos sintiendo vergüenza por algunas decisiones políticas tomadas por países democráticos... pero si dentro de cuatro años los EEUU son un país mejor que hoy, el Sr. Obama habrá cumplido con su deber. Trabajar por ello es lo que hoy ha jurado sobre la Biblia de Abrahan Lincoln (por cierto, en un país de lo más laico). Pretender que sea la panacea de todos los males de la humanidad es, sencillamente, absurdo.

20/01/2009 18:59 Autor: José Luis Calvo. #. Tema: Cajón de sastre Hay 3 comentarios.

Arturo ¿rey? (II)

Viene de aquí

¿Qué escribió Geoffrey de Monmouth sobre Arturo? Aunque, por supuesto, les recomiendo la lectura de la obra original que tiene una muy buena versión en castellano (Historia de los reyes de Britania de Geoffrey de Monmouth. Edición dirigida por Luis Alberto de Cuenca. Selección de lectras medievales nº 8. Editorial Siruela. Madrid, 1987) les resumo a continuación la historia de Britania anterior a él, su genealogía y hazañas según el mendaz profesor del colegio de Saint George en Oxford y posterior obispo de Saint Asaph.

Después de derrotar a los romanos, reinaba en Britania Asclepiodoto en tiempos del emperador Diocleciano. El emperador envía a Maximiano Herculio para extender la persecución contra los britanos cristianos. Entonces se subleva Coel de Colchester contra el rey Asclepiodoto, lo mata y se apodera del reino. El Senado de Roma envía entonces a Constancio que firma un tratado de paz con el rey Coel que muere poco después dejando una única hija, Helena, que se casa con Constancio. De ese matrimonio nace Constantino que, ante los desmanes que comete en Roma el nuevo emperador Majencio, termina por derrocarle convirtiéndose así en soberano del mundo.
En Britania se produce la sublevación de Octavio, duque de los Gewiseos, que se proclama rey. Constantino envía al tío de su mujer Helena, por nombre Trahern, con tres legiones. Después de varias batallas, Octavio huye a Noruega para pedir ayuda al rey Gumberto mientras Trahern es asesinado por un partidario de Octavio. Al saberlo, éste regresa a Britania y vuelve a ocupar el trono.

Pasa el tiempo y Octavio, ya anciano, no tiene más que una hija. Mientras parte de la nobleza britana quiere que le suceda su sobrino Conan Meriadoc, otra parte quiere casar a la hija del rey Octavio con Maximiano, hijo de Joelín (otro de los hermanos de Helena) y que pertenecía simultáneamente a la nobleza britana y a la romana.

Maximiano, que tenía problemas con los emperadores Graciano y Valentiniano porque solicitaba un tercio del Imperio, accede a ir a Britania. Llega con un ejército por lo que el rey Octavio cree que se trata de una invasión y envía a su sobrino Conan junto con sus tropas. Maximiano solicita una tregua y entrevistarse con Octavio lo que se le concede. El rey concede a Maximiano la mano de su hija y el reino de Britania.

Conan monta en cólera y comienza a formar un ejército en Albania (Escocia) con el que se enfrenta a Maximiano en diversas batallas hasta que ambos deciden firmar la paz. Cinco años después, Maximiano forma un gran ejército de britanos y ataca Armórica (Bretaña) que repuebla con britanos confiando su gobierno a Conan. Después conquista las Galias, Germania y acaba por matar al emperador Graciano y por expulsar a Valentiniano de Roma.

Graciano había enviado a Germania a Guanio, rey de los hunos, y a Melga, rey de los pictos, a hostigar a los partidarios de Maximiano. Su ejército, después de matar a Úrsula y once mil nobles britanas que la acompañaban para repoblar la Otra Britania (Armórica o Bretaña, como gusten) invade Britania sin oposición porque todos los britanos en edad de combatir habían ido con Maximiano. Al enterarse éste envía a Graciano el Munícipe con dos legiones que derrotan a los invasores y les expulsan a Hibernia (Irlanda). Entonces Maximiano es asesinado en Roma y Graciano el Munícipe se proclama rey de Britania pero comete tales desmanes que es asesinado por el pueblo. Entonces los pictos y los hunos de Hibernia se alían con escotos, noruegos y daneses y vuelven a invadir Britania.

Los britanos piden ayuda a Roma que envía una legión que derrota a los bárbaros. Por orden de los romanos, construyen una muralla de mar a mar que separa Albania (Escocia), entonces despoblada, de Britania. Los soldados romanos regresan al continente avisando a los britanos de que nunca más volverán en su ayuda. Bajo el impulso del obispo metropolitano de Londres, Güetelino, los britanos en edad de combatir se reúnen en Londres para formar un ejército pero cuando los bárbaros regresan a Albania y atacan la muralla, los britanos huyen y son nuevamente conquistados. Piden la ayuda de Roma pero no la obtienen por lo que Güetelino se dirige a la Pequeña Britania (Bretaña) para solicitar el auxilio de su rey Aldroeno, cuarto monarca desde Conan. Éste envía a su hermano Constantino con dos mil soldados que derrotan a los invasores por lo que es coronado rey de Britania y casado con una joven perteneciente a una familia romana de la que tuvo tres hijos, Constante, Aurelio Ambrosio y Úter Pendragón. Constante se hace monje y los dos hermanos restantes son educados por el obispo Güetelino. Pasan 10 años y el rey Constantino es asesinado por un picto.

Vortegirn, rey de los Gewiseos, se reúne con el monje Constante y le convence para que abandone el claustro y se proclame rey para evitar que lo sean sus hermanos, demasiado jóvenes para ello. Así lo hace pero, dada su ignorancia en el gobierno, delega todas sus funciones en Vortegirn que termina por usurpar la corona haciendo asesinar a Constante por su propia guardia picta que, a continuación, es hecha ejecutar por el nuevo rey. Aurelio Ambrosio y Úter Pendragón son enviados por sus ayos a la Pequeña Britania para salvarles de un presumible asesinato. Allí reciben la hospitalidad de su rey Budicio.

Los pictos, enojados con el rey Vortegirn por la muerte de sus compañeros, se sublevan. A Britania llegan tres barcos cargados de guerreros sajones al mando de los hermanos Hengist y Horsa que se unen al ejército de Vortegirn y le permite derrotar a los pictos. Pese a la victoria, el rey Vortegirn teme el regreso de Aurelio Ambrosio al mando de un ejército así que accede a la solicitud de Hengist de permitir el acceso de un nuevo ejército sajón. Esta vez son dieciocho naves y con ellas llega Ronwen, la hija de Hengist, de la que el rey se enco... perdón, se enamora perdidamente hasta el punto de conceder a su padre Hengist la provincia de Cantia privando de su gobierno al conde Gorangón. Todo este asunto molesta tanto a los barones del reino como a los propios hijos del rey, Vortimer, Katigern y Pascencio y más aún cuando Hengist convence a Vortegirn de permitir el establecimiento de nuevos contingentes sajones al mando de Octa y Ebisa, hijos de Hengist, junto a la frontera escocesa. Los britanos piden al rey que expulse a los sajones y, al negarse éste, nombran rey a su hijo Vortimer que se enfrenta a los sajones en cuatro batallas victoriosas, en el río Derwent, en el vado de Episford y en la isla de Thanet (se habrán percatado de que Geoffrey de Monmouth o estaba pez en aritmética o tenía una memoria de pez). Finalmente los sajones regresan a Germania pero Vortimer no tiene tiempo para gozar de su victoria porque es envenenado por su madrastra Ronwen. Antes de morir, Vortimer pide que se construya una pirámide de bronce en el puerto en el que solían desembarcar los sajones y ser situado en su vértice de forma que si los sajones regresaban, la visión de su cadáver les hiciera volver grupas a Germania. Nadie le hace caso (¡si era una petición de lo más razonable...!) así que fue sepultado en Trinovanto.

Vuelve a ocupar el trono el rey Vortegirn que accede a la petición de su esposa de permitir el regreso de su padre Hengist pero para evitar una nueva rebelión, le ordena que regrese con unos pocos sajones como acompañantes. Como en aquella época no existía Barrio Sésamo, Hengist vuelve con trescientos mil sajones lo que, por una vez, causa el enojo de su yerno que decide expulsar manu militari a los sajones. Avisado por Ronwen, Hengist envía legados a Vortegirn asgurando que venía para combatir a Vortimer pero que al haber fallecido ya, su ejército regresaría a Germania cuando el rey así lo dispusiese. Para limar asperezas entre britanos y sajones sugiere una reunión entre los nobles britanos y los caudillos sajones. Vortegirn accede sólo para ver cómo los sajones asesinan a la nobleza britana en número de 460 condes y barones que fueron enterrados cerca de Salisbury. Para salvar su vida, Vortegirn accede a ceder a los sajones las ciudades y plazas fuertes de Britania. Después, se retira a Cambria dónde decide construir una torre para refugiarse. Sin embargo, ésta siempre se derrumba por lo que sus sabios deciden que hay que sacrificar a un joven sin padre y regar con su sangre los cimientos para evitar un nuevo desastre. La búsqueda de ese joven sin padre termina por encontrar a un tal Ambrosio que fue concebido sin intervención de varón. Aunque debería haber sido empleado como chivo expiatorio, Ambrosio (también conocido como Merlín) revela a Vortegirn la razón para que no pueda construir la torre, que en sus cimientos hay un estanque y bajo éste dos piedra huecas que ocultan dos dragones. Cuando drenan el estanque surgen dos dragones, uno rojo y otro blanco que combaten ferozmente, momento que aprovecha Ambrosio-Merlín para profetizar el futuro de Britania al modo habitual, con una claridad meridiana:

"A partir de entonces, desde el primero al cuarto, del cuarto al tercero, del tercero al segundo, eñ pulgar girará en aceite. El sexto derribará las murallas de Hibernia y convertirá en llanuras sus bosques. Unificará las diferentes partes y será coronado con la cabeza de un león." (Historia de los reyes de Britania de Geoffrey de Monmouth. Edición dirigida por Luis Alberto de Cuenca. Selección de lectras medievales nº 8. Editorial Siruela. Madrid, 1987. Pág. 113)

Después de una parrafada considerable en jerigonza vidente, Vortegirn felicita a Ambrosio-Merlín (supongo que por haber sido capaz de hablar tanto sin decir nada inteligible convirtiéndose así en un claro precedente de cierta ministra española y de todos los videntes que en el mundo han sido) y le pregunta por el final de su (de Vortegirn) vida. En ese momento, Merlín abandona su lenguaje profético de claridad diáfana y le dice que los hijos de Constantino (es decir, Aurelio Ambrosio y Úter Pendragón) han zarpado ya de la Britania Menor, que llegarán al día siguiente y que van a quemarle dentro de su torre para vengar así la muerte de su padre (y eso que Vortegirn no tuvo nada que ver con la muerte de su padre Constantino y sí con la de su hermano Constante, pero los caminos proféticos de Ambrosio-Merlín son tan inescrutables como los narrativos de Geoffrey de Monmouth).

Al día siguiente desembarca Aurelio Ambrosio. Acuden a reunirse con él numeroso britanos y es ungido como rey por el alto clero. Aunque los britanos se inclinan por luchar con los sajones, Aurelio Ambrosio decide que debe comenzar por vengar la traición contra su padre (y dale...) y atacar a Vortegirn que acaba como profetizó el otro Ambrosio, asado en el interior de su torre. Cuando Hengist se entera del regreso de Aurelio Ambrosio, se lo hace encima y se retira al norte del Humber pero es perseguido por los britanos. Finalmente ambos ejércitos se enfrentan en la llanura de Maisbeli y vencen los britanos. Hengist huye al castillo de Kaerconan o Conisbrough donde tiene lugar una segunda batalla en la que Eldol, duque de Gloucester, vence en combate singular al caudillo sajón vengándose así por su traición ya que él había sido uno de los pocos supervivientes del asesinato de los 480 nobles britanos (ya les dije que Geoffrey de Monmouth o se llevaba muy mal con la aritmética o tenía muy poca memoria porque antes lo muertos habían sido 460). Después de unos días de tenerle prisionero, Eldol le decapita y Aurelio Ambrosio, dando muestras de su moderación, ordena que se le sepulte de acuerdo con sus (de los sajones) tradiciones.

Después de tamaña muestra de clemencia, se dirige a Eboraco donde se había hecho fuerte Octa, uno de los hijos de Hengist que se rinde sin combatir. Aurelio Ambrosio firma la paz con los sajones y les concede las tierras colindantes con Escocia. Comienza la reconstrucción del reino y el rey decide levantar un monumento funerario para honrar la memoria de la nobleza britana asesinada por Hengist. Le aconsejan que se lo encarge a Ambrosio Merlín que lo mismo profetizaba que construía ingenios mecánicos. Éste le dice que lo mejor que puede hacer es traerse de Hibernia (Irlanda) el círculo de piedras mágicas que fue construido por gigantes así que envía a su hermano Úter con Merlín y con 15.000 soldados para cumplir con esa misión. Como Gilomán, rey de Hibernia, no está por la labor de permitir la exportación de antigüedades, la cosa acaba en batalla, triunfo de los britanos y con el círculo de piedra trasladado a Britania y erigido en la llanura de Salisbury (por si no se han dado cuenta, está hablando de la construcción megalítica de Stonehenge).

Pascencio, el tercer hijo del difunto rey Vortegirn, había huido a Germania y allí prometió a los jóvenes sajones todo tipo de riquezas si le ayudaban a recuperar el trono. Reúne un ejército y desembarca en Britania pero es derrotado por Aurelio Ambrosio así que se retira pero no atreviéndose a regresar a Germania decide ir a Hibernia donde se alía con el rey Gilomán que quería vengarse por el robo del círculo de los gigantes. Ambos desembarcan junto a la ciudad de Menevia. Aurelio Ambrosio está enfermo así que el ejército britano está al mando de Úter. Un sajón llamado Eopa se ofrece a Pascencio para asesinar a Aurelio Ambrosio a cambio de dinero. Pascencio le promete mil librs de plata así que Eopa se disfraza de monje y acude junto al rey asegurando ser un médico experto. Es admitido a su presencia y lo envenena.

Aquella noche, en Güintonia aparece uns estrella que emitía un rayo. En su extremo había un globo de fuego en forma de dragón. De la boca del dragón partían dos rayos. El primero parecía llegar más allá de la Galia y el segundo se dirigía al mar de Hibernia y se dividía en siete rayos menores. Úter que estaba allí con su ejército hace llamar a Merlín para que descifre ese prodigio. Ambrosio le dice que su hermano ha muerto y que él (Úter) gobernará toda Britania y que tendrá un hijo que extenderá su dominio hasta más allá de la Galia y una hija de la que nacerán los futuros reyes de Britania.

Úter ataca al ejército de Pascencio y Gilomán que mueren en el combate. Los supervivientes se retiran y Úter es coronado rey de Britania. Para conmemorar el prodigio astronómico, manda confeccionar dos dragones de oro. Uno es depositado en la catedral de Güintonia y el segundo le sirve de estandarte. Desde entonces fue conocido como Pendragón (Cabeza de dragón).

La muerte de Aurelio Ambrosio libera de su juramento a los sajones que se habían establecido en la frontera con Escocia que se refuerzan con los restos del ejército de Pascencio y con nuevos contingentes llegados de Germania. Finalmente se enfrentan con el ejército de Úter Pendragón y lo derrotan. Persiguen a los supervivientes hasta el monte Damen. El rey Úter pide consejo a sus nobles y Gorlois, duque de Cornubia, le insta a atacar el campamento de los vistoriosos sajones aprovechando la noche. Así lo hacen y obtienen una gran victoria culminada con la captura de los caudillos Octa y Eosa. Pacificado el reino, Úter se translada a Londres.

A los festejos acude Gorlois, duque de Cornubia, con su esposa Igerna. Al verla, Úter se prenda de ella y comienza a cortejarla lo que es advertido por el duque de Cornubia (el título ya hacía presagiar esto) que se apresura a abandonar la corte antes de que el rey le coloque una nueva corona (y no ducal, precisamente) sobre la frente. Úter se indigna y ordena su regreso a lo que Gorlois se niega. El rey ataca el ducado de Cornubia. Gorlois, temiendo por su mujer, la recluye en el castillo inexpugnable de Tintagel y él mismo se refugia en Dimilioc donde es asediado por el ejército real.

Úter, que no veía el momento de fol... perdón, de tener relaciones sexuales con Igerna pide consejo a su amigo Ulfin de Ridcaradoc. Éste le dice que el castillo de Tintagel es inexpugnable y que si alguien puede ayudarle es Merlín. Éste con sus pociones consigue darle al rey la apariencia física de Gorlois. Úter consigue entrar en el castillo y yacer con Igerna. En esa noche fue engendrado Arturo. Mientras, en Dimilioc el verdadero Gorlois se entera de que el rey Úter no está con su ejército así que decide hacer una salida para atacar el campamento enemigo. En la lucha muere el duque y cae la fortaleza. Cuando los sirvientes de Tintagel acuden a dar las malas nuevas a Igerna la encuentran en compañía del que parece ser esposo. Úter con la excusa de tener que preparar el combate contra sí mismo, abandona el castillo y su apariencia de Gorlois. Finalmente, Tintagel e Igerna caen en manos del rey.

Nace Arturo y posteriormente su hermana Ana. Pasan los años. El rey enferma. En Londres estaban cautivos los caudillos sajones Octa y Eosa, pero como sus guardianes se aburrían mucho deciden escapar todos juntitos a Germania. Regresan con una gran flota y atacan Albania (que, como ya dijimos, es Escocia). Úter confía su ejército a Lot de Lodonesia, duque de Leil, a quien había entregado la mano de su hija Ana como recompensa por sus hazañas y con ella la regencia del reino. La lucha entre britanos y sajones prosigue sin que haya un vencedor. El país está destruido y, finalmente, Úter decide ponerse a la cabeza de su ejército pese a estar inválido.

Los sajones estaban en la ciudad de Verulam cuando se enteraron de la cercanía de los britanos acaudillados por un Úter impedido. Más chulos que el tranvía número ocho deciden dejar abiertas las puertas de la ciudad en señal de que no querían combatir con un moribundo. Los britanos (ignoro si por ser aún más chulos o más jilís que un botijo macizo) comienzan a abrir brechas en los muros en vez de aprovecharse de la jornada de puertas abiertas por lo que los sajones se dejan de fanfarronadas y se lían a hosti...bus pugnare o a luchar con los enemigos, en castellano. Con la noche se interrumpe el combate y los sajones, avergonzados por haber estado a punto de ser derrotados por su arrogancia, deciden efectuar una salida al alba para acabar con los britanos en una batalla campal. El combate encarnizado dura casi todo el día y concluye con la muerte de los caudillos sajones Octa y Eosa y la victoria britana. Pese a que Úter quiere continuar el combate contra las partidas sajonas que aún asolan el reino, el empeoramiento de su enfermedad hace que los nobles britanos se lo prohíban. Mientras intenta restablecerse en Verulam los sajones envenenan una fuente de la que Úter solía beber. El rey muere y con él cien de sus hombres y es sepultado junto a su hermano Aurelio Ambrosio en Stonehenge.

Llega así al trono su hijo Arturo que entonces tenía sólo quince años. Los sajones, entonces acaudillados por Colgrin, se habían apoderado del norte del país hasta el río Humbern. Arturo reúne un ejército que se enfrenta a los sajones, pictos y escotos en la batalla del río Duglas que concluye con una victoria por los pelos para Arturo. Colgrin se refugia en Eboraco y Arturo sitia la ciudad. Baldulfo, hermano de Colgrin, intenta acudir con sus hombres a Eboraco para obligar a los britanos a levantar el cerco pero es derrotado por Cador, duque de Cornubia, pese a lo cual consigue llegar a la ciudad disfrazado de juglar y entonando lindas cancioncillas al son de su cítara (¿se lo imaginan?).

Cuando el sanguinario caudillo sajón y su hermano el pseudojuglar están pensando en rendirse son salvados por la campana, bueno, por un tal Cheldric que llega de Germania con seiscientas naves llenas de guerreros sajones. Arturo debió pensar aquello de "Llegaron los sarracenos/ y nos molieron a palos/ que Dios ayuda a loa malos/ cuando son más que los buenos" o su equivalente britano porque se retira a Londres. Desde allí envía un mensaje a Hoel, rey de los britanos armoricanos (es decir, de los britanos de la Bretaña francesa) que según Geoffrey de Monmouth era hijo de la hermana de Arturo y de Budicio, afirmación particularmente disparatada si consideramos que antes había dicho que Ana, la hermana de Arturo, estaba casada con Lot de Lodonesia y no había enviudado porque más tarde nos volveremos a encontrar con este caballero vivito y coleando. Además si entonces Arturo que era el primogénito tenía quince años, ¿cuántos años podía tener el hijo de su poliándrica hermana pequeña? (Para intentar salvar este disparate, los comentaristas benevolentes creen que Geoffrey quiso escribir que era hijo de una hermana de Constante, Aurelio Ambrosio y Úter, pero, aparte de que no hay ninguna mención a tal hermana, en los párrafos siguientes Geoffrey reitera que Arturo era tío de Hoel y que éste era su sobrino cuando si el error fuera tal, serían primos. Sencillamente, es un disparate que añadir a los que ya hemos visto.)

En cuanto recibe el mensaje, Hoel tira el chupete (esto lo digo yo, no el escritor galés) reúne a quince mil soldados y cruza el Canal para reunirse con su tío en Puerto de Hamón. Se ponen en marcha hacia Kaerliudoit, ciudad también conocida como Lincoln sin duda para evitar trabarse la lengua de continuo, que estaba sitiada por los sajones. En la batalla subsiguiente los britanos masacran a los sajones. Los supervivientes se refugian en el bosque de Calidón donde presentan un nuevo combate en el que Arturo no consigue la victoria así que cerca el bosque. Privados de alimento los sajones solicitan que se les deje volver a Germania a cambio de todo el oro y la plata que tenían consigo y del pago de un tributo que garantizaban con la entrega de rehenes. Arturo accede y los sajones embarcan pero a mitad de travesía cambian de opinión y sitian la ciudad de Bath. Cuando Arturo se entera manda jugar y ejecutar a los rehenes y se dirige a Bath dejando a u sobrino Hoel en la ciudad de Alclud pues estaba muy enfermo. Ya en Bath, los combatientes son arengados por el rey y el arzobispo Dubricio que promete el perdón de los pecados a los que mueran en batalla. Arturo se reviste con una loriga y un yelmo. Se coloca sobre los hombros a su escudo Pridwen, ciñe la espada Caliburn y empuña la lanza Ron y se lanza al combate. Los sajones resisten hasta que Arturo desenvaina a Calibrun y mata a 470 sajones. En esta batalla murieron los caudillos sajones Colgrin y Baldulfo.

Los supervivientes son perseguidos por Cador, duque de Cornubia, hasta la isla de Thanet donde terminan por rendirse después de la muerte de Cheldric. Arturo, por su parte, se enfrentaba a pictos y escotos que habían sitiado la ciudad de Alclud donde se encontraba su sobrino Hoel. Derrota a los escoceses y se reúne con su sobrino y posteriormente con el ejército de Cador después de que éste derrotara a los sajones. Todos juntos se dirigen al lago Lomond en cuyas islas se habían refugiado escotos y pictos. Arturo cerca el lago así que los escoceses mueren de hambre. Llega en auxilio de los sitiados el rey Gilomaur de Hibernia pero es derrotado y debe regresar a su país. Arturo continúa masacrando escotos y pictos hasta el punto de que sus obispos terminan implorando clemencia porque estaban a punto de desaparecer como pueblo. Finalmente Arturo muestra clemencia y los perdona. Procede a restaurar Eboraco y a la antigua nobleza de esas tierras, los hermanos Lot, Urián y Angusel les devuelve la soberanía perdida. Nombra a Angusel rey de los escotos, a Urián el gobierno de las gentes de Moray y a Lot el ducado de Lodonesia. Este Lot es el esposo de su hermana Ana desde el tiempo de Aurelio Ambrosio según asegura ahora Geoffrey de Monmouth olvidándose tanto de que acababa de casar a Ana con Budicio como de que, en tiempos de Aurelio Ambrosio, Ana ni siquiera había nacido (nueva prueba de que la memoria del escritor galés dejaba mucho que desear). De este matrimonio habían nacido dos hijos, Gawain y Mordred. Después de todo esto, Arturo se casó con Ginebra que pertenecía a una noble familia romana.

Al llegar el verano, Arturo arma una flota y conquista Hibernis derrotando al rey Gilomaur. A continuación se apodera de Islandia y recibe el tributo de Dolvadio, rey de Gotland, y de Gunvasio, rey de las Órcadas. Después del invierno Arturo regresó a Britania y durante doce años hubo paz.

Pasado ese tiempo, falleció el rey Siquelino de Noruega dejándole el reino a su sobrino Lot, el cuñado de Arturo, pero los noruegos entronizan a Riculfo lo que provoca que Arturo invada Noruega y, ya de paso, Dinamarca. Después de su victoria y de la muerte de Riculfo, nombra a Lot rey de los noruegos e invade la Galia (que, por supuesto, es lo que hoy llamamos Francia). La Galia estaba gobernada por el tribuno Flolón en nombre del emperador romano León. Flolón y Arturo entran en combate, pero viendo el romano que llevaba las de perder se refugia en París. Arturo asedia la ciudad y después de un mes, viendo que se morían de hambre, Flolón desafía a combate singular a Arturo. El duelo acaba con la muerte de Flolón. Nueva años después, Arturo concluye la conquista de toda la Galia y entrega la Neustria (Normandía) a su copero Bedevere y la provincia de los andegavenses (el Anjou) a su senescal Kay. Regresa a Britania para coronarse rey (aunque ya lo había sido).

En la Ciudad de las Legiones (Caerleon) elegida por ser la más rica y más ilustrada

"...poseía, además, un colegio de doscientos filósofos, versados en astronomía y en las demás artes liberales, que observaban con atención el curso de las estrellas y predecían el povenir al rey Arturo valiéndose de cálculos infalibles." (Págs. 158-159)

tiene lugar la coronación a la que asisten reyes, duques, condes... y, después, un fastuoso banquete y unas justas. A su finalización, llega una embajada de Lucio Hiberio, procurador romano, que insta a Arturo a seguir pagando el tributo a Roma que Britania entregaba desde los tiempos de Julio César. La respuesta de Arturo es desembarcar en el continente con un gran ejército para atacar a los romanos. De igual forma que Arturo llega acompañados de sus tributarios, los romanos reúnen a sus aliados entre los que se encuentra el rey de Hispania que lleva el nombre de Alifátima. La batalla entre ambos ejércitos se aproxima, pero antes un gigante venido de Hispania secuestra a Helena, sobrina del duque Hoel y se la lleva a la cima del monte que hoy llamamos Saint Michel. El rey vence al gigante después de un duro combate que resulta inútil porque Helena había muerto de miedo al ver a su raptor. Hoel ordena construir una basílica en la cumbre de Mont Saint Michel.

Después de esto ya tiene lugar el combate entre ambos ejércitos en la orilla del río Aube que termina con la victoria de los britanos. Lucio Hiberio decide retirarse a Autun y esperar los refuerzos enviados por el emperador León pero Arturo se adelanta al ejército romano y dispone a sus tropas en el valle de Saussy donde tiene lugar la batalla definitiva que acaba con la victoria de Arturo pero a costa de perder muchos de sus hombres. Decide pasar en la región el invierno y, cuando llega el verano y se preparaba para cruzar los Alpes para atacar Roma, recibe la noticia de que su sobrino Mordred, al que había encargado la regencia de Britania durante su ausencia, se ha proclamado rey además de unirse en adulterio con Ginebra. Ante esos hechos, decide regresar a Britania.

Mordred ha enviado a Germania a un caudillo sajón llamado Chelric para reclutar tropas a cambio de entregarles las tierras que habían sido de Horsa y Hengist. Además recluta hiberneses, pictos y escotos para formar un ejército que se enfrenta al de su tío en Richborough. Mordred es derrotado y huye a Güintonia mientras Ginebra se mete monja. En Güintonia tiene lugar una segunda batalla que concluye como la primera. Mordred se retira a Cornubia y a orillas del río Kamblan tiene lugar el gran combate que acaba con la muerte de Mordred y con el rey Arturo mortalmente herido. Arturo se retira a la isla de Avalon para intentar curarse y cede la corona de Britania a Constantino. Esto sucedió en el año 542 de la encarnación del Señor.

Éste es, muy resumido, el relato que hizo Geoffrey de Monmouth sobre Arturo y que tuvo un inmenso éxito. Si de muchos manuscritos medievales no conservamos más que una copia o meros fragmentos, de la Historia de los reyes de Britania tenemos cincuenta ejemplares íntegros y más de 150 fragmentarios. Por ello, Geoffrey de Monmouth fue el gran propagandista del mito artúrico, pero ¿hasta qué punto fue su creador? Podemos prescindir de las propias declaraciones del galés:

"La tarea de referir los hechos de sus reyes, que desde entonces en adelante se sucedieron en Gales, la dejo al cuidado de mi coetáneo Caradoc de Llancarfan, y de los reyes de los sajones ocúpense Guillermo de Malesbury y Enrique de Huntingdon, a quienes recomiedo que guarden silencio acerca de los reyes de Britania, puesto que no poseen aquel libro en lengua británica que Walter, archidiácono de Oxford, trajo de Bretaña, un libro que, tratando con toda veracidad de la historia de esos príncipe y compuesto en su honor, me he ocupado yo de trasladar de este modo al latín." (Pág. 210) porque tiene tantos visos de ser veraz como en los casos del Cuento del Grial, del Parzival, del Quijote, de los Viajes de Gulliver o del Nombre de la Rosa por citar sólo unos ejemplos de textos que, supuestamente, no fueron escritos por sus autores que se limitan a presentarse como reescritores, traductores... o a publicar su obra sin que figurara en ella su nombre por ningún lado (en la primera edición de "Viajes a diversas naciones remotas del mundo" el nombre que figura del autor no es el de Swift sino el de Lemuel Gulliver, del que aparecía hasta su supuesto retrato en el interior de la obra -si alguien se pregunta cómo era Swift, éste es su retrato.-)

Prescindamos de juegos literarios. ¿Hay alguna prueba de que existiera ese libro escrito en Hen Gymraeg en el que se narraban tales hechos del rey Arturo? Pues no existen y todo hace pensar que, aparte de inspirarse en textos algo más antiguos (de los que ya hablaremos más adelante), todo lo que acabo de resumir no tiene otra fuente que la fértil imaginación de Geoffrey de Monmouth. Además, en el caso improbable de que existiera dicha obra, su título debió ser algo así como "Los disparates más divertidos de los estudiantes de Historia más torpes" o algo semejante. ¿Por qué? Eso lo veremos en la próxima entrega

-Continuará-



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