Escritos desde el páramo |
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Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009. Nueva concesión del premio Favila el Osado......o cuando el arte es morirte de frío. Fanfarria de chirimías, redoble de tambores, timbales por doquier. ¡Qué emoción más grande! Nueva concesión de nuestro deplorable galardón y esta vez relacionado con el Arte. No sé si podrán aguantar tanto suspense. ¿Pueden? ¿Pueden? ¿Pueden despertase de una vez? Que sí, que ya llegó el verano, ya llegó la fruta y el que no se agache es... no me acuerdo como acababa tan inspirada poesía, muestra de las profundas simas a las que es capaz de llegar la lírica popular española. Decía que ya sé que ha llegado la canícula (no confundir con Calígula que era una película a la que podría calificar de... no sé cómo expresarlo así que diré que era una película X) y con ella el sopor a ésta y a cualquier otra hora, pero como no se despierten ipso facto amenazo con interpretar una sardana a los sones de una gaita galaica. ¿Ven cómo sí podían despertarse? Abrimos el sobre quitando el lacre, desprendemos el lacre, eliminamos el p..o lacre que se nota que es barato y, por fin, and the winner is and the Favila goes to... Two winners? Chicos, que no vamos a arruinar si damos los premios de dos en dos... Ex aequo? Y lo próximo qué va a ser ¿un jamón con chorreras? ¿Que como no me calle el próximo premio lo presenta Billy Cristal? Quia nominor Leo? Entendido, Leo, entendido. Decíamos que los ganadores son, en primer lugar (por una mera cuestión cronológica ya que sus méritos son equivalentes) la galería Tate por mostrar en su exposición Arte Contemporáneo en la Tate Britain la obra Monochrome Till Receipt (White) logro de la extraordinaria artista Ceal Floyer (retengan ese nombre que me da la impresión de que nos deparará grandes alegrías en el futuro). Por si acaso alguno de Vds. un poco despistado por el/la calor/a considera que me he pasado, que dentro del hiperrealismo la reproducción pictórica casi fotográfica de objetos cotidianos es algo que ya está asumido, me permito aclarar que la obra anteriormente enlazado no es la reproducción de un ticket sino que es el resguardo de una compra realizada en los almacenes Morrisons tal y como salió de la caja registradora. No, no esa pesadilla producida por una indigestión de un potaje garbancero, es que algún "genio" (cuyo nombre omitiremos piadosamente para que la familia del comisario de la exposición Mr. Andrew Wilson no tenga motivos para avergonzarse) ha considerado que un ticket de la compra tiene valor artístico. Como incluso dentro de las notables tragaderas que críticos, público especializado (no sé en qué, pero en algo seguro que lo está), galeristas... muestran con el arte contemporáneo, este asunto se pasaba de castaño oscuro, la artista ha explicado (lo mejor está en la explicación del artista que siempre añade a la contumacia la contumelia) que su obra es un bodegón moderno en el que no representa los objetos sino que es el espectador el que imagina los objetos formando así una imagen mental del bodegón. Es una pena (o no) que Diego de Silva y Velázquez no cayera en la cuenta de esta genialidad y pintara a Baco rodeado de borrachos en lugar de haber pegado en el lienzo en blanco la factura de compra de cuatro garrafones de vino La Parra (el que lo bebe, la agarra) adquiridos en el hiper de la esquina. La cortedad de miras de otro de los considerados grandes pintores de la historia ha dado pie a la curiosa historia que motiva nuestro ex aequo. Un tal Miguel Ángel (que pese al nombre no sabía nada de tenis) Buonarroti se anticipó unos cuantos siglos a los grafiteros contemporáneos y puso los muros vaticanos tan perdidos de pintura que ni siquiera hoy han sido capaces de terminar de limpiarlos. Aunque sus pintadas más famosas son las que realizó en la Capilla Sixtina, también dejó dos obras en la capilla Paulina, La conversión de san Pablo y La crucifixión de san Pedro. Alguien (no me pregunten quién) consideró que sería una buena idea restaurar los frescos de la capilla Paulina después de que la limpieza de la capilla Sixtina hubiera conseguido devolver las pinturas de Miguel Ángel a su estado original y, como consecuencia de ello, hundido el buen nombre como pintor del florentino (esos colores inenarrables parecen surgidos de un mal viaje de LSD del Todo a 100 psicodélico). Dentro de unos días se inaugura la restauración con la asistencia de unos cuatro millones de japoneses que, por si no han alucinado lo bastante con los colorines de la Sixtina, ahora podrán conseguir una nueva dosis en la capilla Paulina, pero lo divertido no es eso. Lo gracioso (como una patada en los mismísimos tegumentos procreativos) es que han descubierto un supuesto autorretrato de Miguel Ángel, pero no se ponen de acuerdo en dónde. Como el asunto es muy curioso, veamos dos enlaces: No me negarán que es divertido. Para El País (y otros medios de comunicación como El Mundo y La Vanguardia) el autorretrato aparece en el fresco de La crucifixión de san Pedro y el supuesto Miguel Ángel es el romano montado a caballo y tocado con un turbante azul que aparece a la izquierda del fresco. Para el ABC el autorretrato aparece en el fresco de La conversión de san Pablo y el supuesto Miguel Ángel es el propio san Pablo. Por fortuna no hay más frescos porque si llega a haber otro de La natividad del Señor, no hubiera faltado algún experto (o algún periódico español) que hubiera visto un autorretrato de Miguel Ángel en el asno. ¿Que no se lo creen? Pues miren aquí y verán como el supuesto autorretrato aparece en el inexistente fresco de La crucifixión de Cristo. Bueno ¿cuál de ellos tiene razón? Si han tenido el humor de leer el artículo de El País, habrán visto que el experto tiene razones de peso para su identificación, el personaje lleva un turbante azul y Miguel Ángel se ponía un turbante blanco para pintar y, además, está montado a caballo, actividad que complacía en gran manera al pintor florentino. Con tan buenas razones uno estaría tentado a asentir ante tal muestra de sabiduría pero, por desgracia, el señor del turbante azul es un joven y Miguel Ángel comenzó a pintar el fresco de La crucifixión de san Pedro en la capilla Paulina en 1545 y lo concluyó en 1550. Puesto que Miguel Ángel nació en Caprese en 1475 o se quitaba más años que una folclórica o no es su autorretrato puesto que tenía 70 años cuando lo empezó y 75 cuando lo terminó. Parece que el ABC va mejor encaminado porque san Pablo aparece representado como un anciano ¿verdad? Pues parece que no, porque acaban de cargarse el artículo original y se suman a las afirmaciones de los demás medios de que el autorretrato aparece en La crucifixión de san Pedro demostrando así que rectificar no siempre es de sabios porque si comparamos al joven del turbante azul con el Retrato de Miguel Ángel de Volterra (de 1541) o con el Retrato de Miguel Ángel de Venusti (de 1535) vemos cómo estos expertos le han echado mucha imaginación a la hora de encontrar parecidos. En fin, que había que dar publicidad a la capilla Paulina y lo han logrado con la complicidad de todos los medios de comunicación del mundo mundial incluso de los que oyen campanas y no saben dónde. Post Scriptum Lo del diario ABC es de nota (de Muy Deficiente siendo generosos). Después de publicar la información sobre el supuesto autorretrato de Miguel Ángel en la figura del san Pablo, corregirla para atribuir el supuesto autorretrato al caballero con turbante azul en La crucifixión de Pedro, ahora en este artículo afirman: "A medida que limpiaban la suciedad acumulada durante cuatro siglos y medio, los restauradores descubrían en el personaje del Apóstol de los Gentiles el rostro de un hombre anciano que también recuerda extraordinariamente a los retratos de Miguel Ángel realizados por sus contemporáneos y al conocido busto en bronce esculpido por Giambologna. El San Pablo-Miguel Ángel tiene los ojos cerrados, cegado por la luz del cielo, y un gesto de dolor que recuerda el sufrimiento personal del pintor durante aquellos años del ocaso de su vida." Es decir, rectificamos... pero seguimos diciendo lo mismo. Bueno, pues ya puestos también pueden rectificar este párrafo: "En 1557 inició otro autorretrato, esta vez en la «Pietá» llamada Bandini, conservada en la catedral de Florencia, mucho menos conocida que la primera, la de la basílica de San Pedro, tallada en 1499 cuando el escultor tenía sólo 24 años. Miguel Ángel empezó a esculpir la última en 1557, ya con 81 años, y la destinaba como monumento para su propia tumba. Con gran sufrimiento y esfuerzo se autorretrató en mármol en el personaje de Nicodemo, que sostiene el cuerpo de Jesús en la bajada de la Cruz y se lo está entregando a su madre." Y aconsejar a su corresponsal en Italia, el Sr. Boo que compre y lea cualquier libro sobre Miguel Ángel antes de volver a escribir sobre él. Se evitará el encadenar errores como: "En 1557 inició otro autorretrato... cuando se cree que la "Piedad florentina" (nombre con el que se designa habitualmente a esta obra) fue iniciada en 1550 y existía sin duda en 1555 (o 1556) porque fue destruida por el propio Miguel Ángel según Vasari porque el bloque de mármol empleado ocasionaba tales problemas al escultor que éste acabó perdiendo la paciencia. Pasó a propiedad de Francesco Bandini (de ahí lo de Piedad Bandini) y fue restaurada por Tiberio Calcagni. "...conservada en la catedral de Florencia..." No busquen esta escultura en la Catedral de Santa María de las Flores porque desde 1960 no se encuentra allí. Se expone desde esa fecha a su lado, en el Museo dell´Opera del Duomo. "...Miguel Ángel empezó a esculpir la última en 1557, ya con 81 años, y la destinaba como monumento para su propia tumba." Según Vasari, esta escultura fue creada por Miguel Ángel para su propia tumba, pero la fecha está equivocada y, además, la Piedad florentina no fue la última. Tal "honor" corresponde a la Piedad Rondanini en la que trabajaba el escultor cuando falleció en 1564. Un periodista español dijo "Escribir en España es llorar" antes de pegarse un tiro. Hoy podemos decir que "Escribir en España es matar de risa a los lectores". Post post scriptum: El diario ABC continúa divirtiendo a sus lectores. En este artículo vuelven a afirmar que el autorretrato descubierto en la restauración está en la figura de san Pablo. Por si cambian el contenido del texto en los próximos minutos, lo que ahora está escrito es: "Corrigiendo el error de buena parte de la prensa europea, que siguió confiadamente a “The Times” en la difusión de una noticia equivocada de "La Repubblica", Benedicto XVI clarificó que el autorretrato de Miguel Ángel en su última obra pictórica es precisamente el rostro de San Pablo – como informó el jueves ABC.es- y no el “hombre del turbante azul”." Se olvidan de que entre los que siguieron confiadamente a The Times estaban ellos y que, en efecto, informaron de que el autorretrato estaba en el san Pablo pero prefieren pasar por alto que se corrigieron a sí mismos para seguir al resto de la prensa escrita. Claro que, por si acaso, dicen: "Aunque el “hombre del turbante azul”, un personaje secundario, recuerda a Michelangelo Buonarroti, lo espectacular de los dos grandes frescos a ambos lados de la Capilla Paulina, es que se centran en los rostros de los dos Apóstoles. Pedro es un desconocido, pero Pablo es claramente Miguel Ángel anciano, con los ojos cerrados y un gesto de dolor como tantos que sufrió por los problemas para completar la Capilla Paulina. " Y todo el mundo contento... ¿o no? Ya dije el primer día que todo esto me parecía una forma de publicitar el final de la restauración de la capilla Paulina y su previsible apertura al público... de pago. No veo por ningún lado el supuesto autorretrato en el hombre del turbante azul (un hombre joven cuando entonces Miguel Ángel era un anciano) y es más probable el del san Pablo. ¿Cuál es el problema entonces? Pues el mismo que tuvo el personaje de Les Luthiers que acertó a fundar Caracas en pleno centro de Caracas que ya estaba fundada: "La mayoría ve en el derribado los rasgos del mismo Miguel Ángel;" (La obra pictórica completa de Miguel Ángel. Ettore Camesasca. Traducción de Francisco J. Alcántara. Col. Clásicos del Arte nº 1. Ed. Noguer-Rizzoli editores. Milán, 1968. Págs. 105-106) La identificación como un autorretrato de Miguel Ángel del hombre del turbante azul no hay por dónde sostenerla, la identificación como un autorretrato de Miguel Ángel del san Pablo no es ninguna novedad y, por tanto, nada tiene que ver con la restauración (y eso sin entrar en si lo es realmente o tampoco). Un libro modélico... o casiPocas veces leo un libro que me guste. Pocas veces escucho una música que me guste. Pocas veces veo una película que me guste. Entiendo que es una secuela indeseada (que no indeseable) de mi escepticismo. Sencillamente, cuando uno se acostumbra a exigir rigor en las argumentaciones, en la presentación de pruebas... acaba extendiendo idéntica demanda a otros campos ajenos al debate intelectual. Ignoro si es verídica o no la anécdota del rey francés que, atormentado por las continuas demandas de sus cortesanos que le pedían juzgase su mérito como poetas, acabó pidiendo consejo a un conocido escritor que le respondió: "Majestad, decid siempre que sus poesías son horrorosas. Acertaréis 99 veces de cada 100." Podemos discutir si ese consejo linda con el cinismo, si es un mero enunciado fáctico o si el conocido escritor francés era un optimista de consideración. Me inclino por esto último. La cantidad de libros que no me gustan (por distintos motivos, desde los intelectuales a los formales) supera el 99% del total. Tal vez por ello, cuando un título supera el nivel de exigencia, siento la alegría del pescador de ostras que encuentra una margarita de magnífico oriente. Me acerqué a Los nuevos charlatanes de Damian Thompson (Trad. Joan Lluís Riera. Col. Ares y Mares. Ed. Crítica S.L. Barcelona, 2009) sin ninguna gana. El título en español (el original es Counterknowledge. How we surrender to conspiracy theories, quack medicine, bogus science and fake history) me hizo pensar lo peor, que era una descalificación desde el bando escéptico del mundo de los "otros" sin mayores argumentos, algo por desgracia cada vez más frecuente. El comienzo del libro me dejó una sensación agridulce. Me pareció muy bien que empezara criticando el (in)documental Loose Change (por si no lo saben, es el que nutrió la conspiranoia sobre el 11-S) desmontando tanto alguna de sus afirmaciones como desvelando los vínculos entre ese documental y la American Free Press y entre ésta y la revista neonazi Barnes Review que, curiosidades de la vida, tienen la misma dirección postal. Sin embargo, me parece innecesario el reproducir sobre este tema una frase de Matt Taibbi: "No me cabe ninguna duda de que cada vez que alguno de esos cabrones de Loose Change abre la boca, en algún lugar un republicano gana cinco votos" (Pág. 16) porque además de resultar muy discutible, no añade nada a la cuestión y resulta innecesariamente ofensiva. Por contra, resulta muy divertido el momento en que señala que los autores de Loose Change se "tragaron" la afirmación de la AFP que negó que una pieza de motor encontrada in situ en el atentado contra el Pentágono correspondiera a un Boeing 757 porque habían preguntado a una compañía aeronáutica si reconocían ese objeto como parte de uno de los motores que fabricaban y la respuesta fue negativa... porque se equivocaron de compañía fabricante. También me parece magnífica la expresión medio cúltico creada por el sociólogo Colin Campbell para designar un medio cultural en el que no hay reglas, en el que todo vale. Desde la pertenencia a un medio cúltico son aceptables las ideas de que el 11-S fue un autoatentado, el Creacionismo o la negación del Holocausto. ¿Por qué? Porque estas ideas están estigmatizadas por el sistema. Por tanto, sus partidarios se ven como seguidores de un movimiento contracultural alternativo lo que resulta atractivo por sí mismo aunque, por supuesto, cualquier parecido entre los medios cúlticos y la realidad sea inexistente. Debo aceptar, aunque me pese, la afirmación del Sr. Thompson de que estos medios cúlticos (antes minoritarios e inconnexos) están cada vez más extendidos e intercomunicados gracias a Internet. Eso ha permitido crear "alianzas" a priori absurdas entre, por ejemplo, grupos racistas blancos y negros que han descubierto que les el un antisemitismo visceral. Todo ello nos enfrenta a una monumental paradoja, los avances tecnológicos se emplean para atacar la Ciencia que los hace posibles. No esperen una solución a esa paradoja, sencillamente es así y la situación empeora por la actitud de los medios de comunicación de masas que en muchas ocasiones hacen de caja de resonancia acrítica de las afirmaciones generadas por los medios cúlticos. Esto es tanto más grave cuando esas afirmaciones se refieren a cuestiones sensibles como la infancia, la condición femenina, las minorías étnicas... cuando entramos en el terreno de lo políticamente correcto. El autor afirma: "La izquierda ha contribuido a diseminar el contraconocimiento con su insistencia en el derecho de las minorías étnicas, sexuales y religiosas a creer falsedades que las hagan sentirse mejor con ellas mismas." (Pág. 34) El ejemplo que da el Sr. Thompson para ilustrar su afirmación es pavoroso. En su país (Gran Bretaña) hay profesores de historia que eliminan cualquier referencia al Holocausto para no crear polémica con los alumnos musulmanes que niegan su existencia. Por supuesto la izquierda no es la única culpable. El autor reparte sus "palos" a editoriales que pagan fortunas a los autores de engendros como El código Da Vinci, canales televisivos o periódicos que publicitan pseudoterapias, líderes islámicos que condenan la vacunación de la población o líderes católicos que afirman que los preservativos no son eficaces para prevenir el SIDA o, peor aún, que afirman que están contaminados para exterminar así a la población africana (si se están preguntando quién dijo tamaña barbaridad, fue el arzobispo de Maputo Francisco Chimoio). Sin embargo, en este tema de la religión tengo un desacuerdo con el Sr. Thompson que afirma: "Si uno cree que el Espíritu Santo existe, nadie puede demostrar que se equivoque. Eso no es contraconocimiento." (Pág. 38) Evidentemente, el Sr. Thompson (que es editor jefe de Catholic Herald) incurre en la inversión de la carga de la prueba. Nadie tiene que demostrar que el Espíritu Santo no exista, es el que sostiene su existencia el que debe probarlo. El creer en la existencia de entes sin presentar prueba alguna paar ello sí es contraconocimiento tanto si hablamos del Espíritu Santo como del fantasma de Michael Jackson. De momento, hemos visto elementos positivos y alguno negativo aunque el balance general me parezca lo primero. No puedo decir lo mismo del capítulo segundo sobre Creacionismo y contraconocimiento. No faltan en él afirmaciones que subscribo como que con ser grave el problema del antievolucionismo ligado a las creencia religiosas cristianas en los EEUU, es mucho más grave el antievolucionismo ligado a las creencias religiosas islámicas. Nuevamente el ejemplo de su país es sangrante. Menos del 10% de los musulmanes del Reino Unido aceptan el Darwinismo. Con ser un procentaje ridículo es una maravilla en comparación con Indonesia, Pakistán y Egipto (entre el 2,5 y el 3%). No obstante, no estoy de acuerdo con una cuestión de fondo, si el Diseño Inteligente es o no Creacionismo. No dudo que dentro de los partidarios del DI haya de todo y que los más radicales de ellos puedan, a efectos prácticos, equipararse con los creacionistas, pero recordemos que la definición de Creacionismo (referida al campo de la Biología) es: " Doctrina que, en contraposición a la teoría de la evolución, defiende que cada una de las especies es el resultado de un acto particular de creación." Eso a muchos partidarios del DI les parece un absurdo porque no niegan la evolución de las especies sino que consideran que ésta no es un producto de mutaciones azarosas sino que es un proceso dirigido por una inteligencia (que para muchos de ellos, no todos, es identificable con Dios). Estos partidarios "moderados" del DI no son antievolucionistas sino antidarwinistas. Confundirlos con creacionistas me parece tanto un fallo en el rigor con el que debemos manejar las definiciones como una fuente de errores en al estrategia que se debe emplear con ellos. Piensen en lo ridículo que es intentar convencer a alguien que acepta la evolución de las especies de que éstas no han sido creadas sino que han evolucionado de otras formas de vida anteriores. El resultado es una pérdida de tiempo y risible para más señas. El esfuerzo debe dirigirse a mostrar que la creencia en que la evolución está dirigida por cualquier forma de inteligencia es imposible de conciliar con el registro fósil. Que, por ejemplo, no tiene ninguna lógica que esa supuesta inteligencia rectora elaborara un plan para que apareciera el Hombre de Neanderthal... y que éste desapareciera sin dejar descendencia (somos sus primos, no sus hijos). Los siguientes capítulos son los que me convencieron de que estaba ante un libro que merecía mi recomendación. En especial el tercero, titulado El retorno de la pseudohistoria y el quinto La industria del contraconocimiento me parecieron muy interesantes entre otras cosas por poner en su lugar varios disparates pseudohistóricos que no han merecido casi réplica en nuestro país, como las obras de Graham Hancock con o sin la colaboración de Robert Bauval o 1421: El año en que China descubrió el mundo de Gavin Menzies. Me parecen clarísimos y lúcidos los otros dos capítulos, el cuarto Remedios desesperados (dedicado, por supuesto, a las pseudoterapias como la homeopatía) y el sexto Vivir con el contraconocimiento como resumen y reflexión sobre lo antedicho. La visión implacable y pesimista de este último sospecho que no gustará nada a los políticamente correctos pero ¿qué escépticos seríamos si prefiriésemos una mentira por reconfortante que ésta sea a la verdad por desasosegante que resulte? La Bella cada día más DesconocidaQue soy (y ejerzo de) palentino no es ningún secreto. Al contrario, siempre he dicho que el banco de mi personalidad se asienta en estas cuatro patas: ser ateo, republicano, escéptico, "colchonero" y palentino (habrán deducido dos cuestiones al respecto, que me va la marcha sado-maso y que no me va la aritmética). Francamente, sé que tengo idéntica imposibilidad de ver la extensión en España de un ateísmo respetuoso con las creencias de los demás, de vivir la instauración pacífica de la III República, de contemplar cómo el pensamiento crítico se extiende a amplias capas de la población, de admirar a Neptuno descollando en un mar rojiblanco o de gozar de una Palencia en el lugar que merece, pero soy lo que quiero ser aunque debo reconocer que nacer en Palencia me facilitó la cuestión de ser palentino sin necesidad de retorcer la verdad al estilo del célebre poeta dramaturgo y no-velista (no, no es un lapsus calami, es un sarcasmo) cordobés que nació en Brazatortas (Ciudad Real). Y sí, reconozco que cuando uno va por la vida ejerciendo de escritor exquisito resulta de los más anticlimático declarar su nacimiento en un pueblo manchego con un nombre tan poco poético aunque estoy convencido de que los verdaderos torteños están tan justamente orgullosos de su localidad como yo de la mía. Dejémonos de oropeles vacuos y de galas prescindibles para ir a la catedral de mi ciudad. Si les preguntara qué catedrales de entre las españolas son las que más admiran sospecho que me encontraría (el orden no importa) con Burgos, León, Toledo, Sevilla, Barcelona, Palma de Mallorca... Me extrañaría que citaran la palentina. No crean que el cariño por mi tierra me ciega. El exterior de la seo de mi ciudad es un horror (salvo el bellísmo ábside gótico), infortunio que cabe achacar al cambio en el plan inicial (cuando ya estaba construyéndose el crucero se decidió que la catedral era demasiado pequeña así que se alargó motivando que existan un crucero y un pseudocrucero, dos capillas mayores, cuatro portadas... y una desproporción de lo más antiestética). El plan (pelín faraónico, la verdad) tuvo otras dos consecuencias negativas, la primera llevar la ejecución de la obra al periodo de transición artística entre el Gótico y el Renacimiento lo que motivó una indefinición estilística que podemos apreciar en las dos portadas del crucero, la Puerta del Obispo en estilo pseudogótico (arcos ojivales con apostolado -realizado en el S XVII- adosado a las columnas, la figura de María -también del S XVII- que debió coronar un parteluz inexistente... mezclados con casetones con decoración renacentista a base de puttis, candelieri...) y la Puerta de los Reyes con la misma confusión entre arcos ojivales (y de medio punto y óculos), decoración con casetones renacentistas y, para empeorar la mezcolanza estilística, esculturas en hornacinas rematadas con frontones. Un par de columnas salomónicas es lo único que hubiera faltado para terminar de jo... artísticamente hablando, claro. La segunda consecuencia negativa es que la Catedral quedó inacabada. La que hubiera debido ser la fachada principal (la de los pies) nunca se realizó, lo que explica su deplorable aspecto que no mejoró con la construcción en fechas recientes (en 1980) de la puerta pseudorrenacentista obra del Sr. Chueca Goitia que no se lució con el proyecto arquitectónico precisamente. ¿Faltaba algo más para que el exterior sea perfectamente descriptible (si no lo hago es por no caer en la escritura cacofónica)? Pues la torre. Su ¿estética? según los bienintencionados se debe a un carácter utilitario, a que se concibió como una torre militar. Como yo sigo sin saber qué pito toca en esa época (segunda mitad del S XV) una especie de torre del homenaje anexa a un templo (y, para más INRI, en el lugar que no corresponde) silenciaré mi opinión sobre esa obra arquitectónica. Me basta con señalar que, por desgracia, un gran arquitecto modernista, don Jerónimo Arroyo, no pudo realizar su proyecto de substituir eso por una torre neogótica (que era un pastiche de cuidado, pero mejor lo kistch que un montón de...) Si el exterior puede lograr el milagro de ahuyentar a un turista japonés antes de que haga ni una sola foto, el interior es completamente distinto. Lo que en el exterior es pesadez, fealdad... se convierte en la elegancia de sus bóvedas, la mezcla de estilos que resulta penosa en el exterior consigue en el interior el milagro de la Capilla de los Reyes, lo que en el exterior es un conjunto de errores penosos se transmuta en una sucesión de logros artísticos extraordinarios, retablo de la Capilla del Sagrario, Altar Mayor, retablo de la Capilla de San Ildefonso, retablo de la Capilla de San Gregorio y, por supuesto, el Trascoro... por citar sólo unas pocas obras. Si unimos a ellos pinturas como El martirio de san Sebastián de El Greco, Díptico de Pedro Berruguete, Los desposorios místicos de santa Catalina de Mateo Cerezo (una de las dos versiones que realizó el autor sobre este tema, la otra se conserva en el Museo del Prado) o el Políptico de los Dolores de la Virgen de Jan Joest de Kalkar (o de Calcar), esculturas como el Cristo de las Batallas (el nombre viene de que, según la tradición, ante este Cristo las tropas palentinas presentaban sus pendones antes de ir al combate a las órdenes del obispo de turno que, para eso, tenía el señorío de esta ciudad), los relieves del Púlpito del obispo D. Luis Cabeza de Vaca obra de los entalladores Juan de Cambray y Pedro del Flandes y del escultor Juan Ortiz el Viejo I (también se supone que trabajaron en él los doradores Andrés y Miguel de Espinosa, pero dado que no presenta ningún tipo de dorado...), los relieves de la puerta del arco en esviaje atribuidos a Miguel Álvarez... además de obras de orfebrería como el Altar de plata de Andrés Francisco y Juan Francisco Espetillo, y Juan Francisco Velasco o la Custodia de Juan de Benavente, además de los Tapices de la catedral de Palencia, libros, documentos... que forman un museo extraordinario. De ahí el apodo de la Bella Desconocida que recibe nuestra catedral. Pese a que pudiera parecer que es cada día un poco menos desconocida y que cada día más bella gracias lo primero a la celebración de las Edades del Hombre en 1999 que supuso una puesta de largo ante miles de turistas que se quedaron ojipláticos ante lo que estaban viendo, y lo segundo gracias a las continuas obras de restauración que realiza el obispado con la colaboración de organismos público y privados. Sin embargo, nuestra catedral también es muy palentina, su severidad exterior contrasta con la belleza interior pero también parece complacerse en guardarse secretos que sólo desvela de vez en cuando. En el siglo pasado (en 1905) fue el descubrimiento de que la cripta románica ocultaba una sorpresa, un recinto visigótico de mediados del siglo VII. Posteriormente (en 1971) fue el descubrimiento de lo que fue, casi sin duda, la mesa de altar de la antigua catedral románica. Estaba tapada con materiales de relleno y madera en la Capilla del Sagrario y consta de una losa de más de 3,30 m X 1,60 m que se apoya en dos columnas (con basa, fuste y capitel) románicas de unos 90 cms. El ara es de ágata de 30 X 20 cms. Ya en nuestro siglo, al proceder a reabrir los vanos del claustro (habían sido cegados para evitar su hundimiento a finales del S XVII) se encontraron restos de las vidrieras antiguas de las que existe prueba documental que fueron realizadas por Juan de Valdivieso y Arnao de Flandes. El último hallazgo se ha hecho público en estos días y se produjo al proceder a la renovación del pavimento tras la Puerta de los Novios y es un modillón (o canecillo) románico y, según dicen los que lo han visto, muy arcaico a juzgar por su estilo. Esto nos lleva a la historia de la Catedral. Ya hemos dicho que hay restos de una edificación visigótica de mediados del S VII de la que ignoramos qué fue e incluso cuál es su tamaño real (se cree que es más amplia que el recinto diminuto que podemos ver pero no puede seguir excavándose sin poner en peligro la propia estructura del templo) e incluso si fue un edificio construido al aire libre y que se convirtió en subterráneo al aumentar el nivel de los terrenos adyacentes o si siempre ha sido una cripta. A este edículo se le adosó a comienzos del S XI esta construcción que pueden encontrar descrita como románica, prerrománica o protorrománica de 17 X 8 metros y que, ésta sí, ya fue construida como una cripta dada la robustez de los arcos fajones (aunque haya quien lo niegue dada la existencia de "ventanas", éstas son ciegas y aprecen ser un mero motivo decorativo). El "problemilla" es que, al igual que sucede con la parte visigótica, sabemos que hay edificaciones adyacentes a esta sala que no pueden ser excavadas. La parte hipogea de la catedral palentina es, en gran parte, un enigma lo que da pie a la existencia de numerosas afirmaciones sin prueba alguna que las sustenten (por ejemplo, que la edificación visigótica se realizó en el lugar que ocupaba un templo romano). Por contra, el resto de la historia pensábamos que lo conocíamos mejor. Sobre esa cripta se comenzó a edificar una catedral románica a mediados del S XII que fue consagrada en 1212 y que fue siendo derruida y substituida por la actual desde 1321 hasta 1516 (fecha de la supuesta finalización de las obras que, en realidad, permanecen inconclusas hasta el día de hoy) aunque algunos capiteles (y otros elementos) se reaprovecharon en la nueva catedral. La obra se inició en el ábside y fue avanzando hacia los pies con el replanteo debido a la decisión de ampliar el templo del que ya hablamos. Hasta aquí lo que sabíamos porque es lo que está documentado. El "problemilla" es que hay cosas que no casan. Veamos el plano de la catedral de Palencia. Pueden ver el pseudocrucero (que une las Puertas de los Novios y de los Canónigos marcadas con las letras A y B en el plano) y por "encima" de él la capilla Mayor antigua (hoy capilla del Sagrario marcada con el número 1) y las siete capillas absidiales marcadas con los números 2 al 7 -si se pregunta el porqué hay una capilla sin numeración es porque está tapiada y dedicada a calefacción-) y entre ambos elementos, la girola. Como dijimos, esta parte es la más antigua de la catedral gótica, la construida entre 1321 y 1426. Pues bien, por debajo de esta línea y correspondiendo, supuestamente, a las obras realizadas entre 1426 y 1486 encontramos elementos góticos para entonces ya en desuso como dos bóvedas de crucería cuatripartitas en la torre y en uno de los dos tramos de la Sacristía (número 23 en el plano) mientras que el otro tramo se cubre con una bóveda estrellada como es propio de esta época. Esto unido a la extraña tipología de la propia torre y a su inusual localización ha conducido a algunos a pensar que es un reaprovechamiento de una construcción ya existente de carácter militar (por ejemplo, véase el artículo Catedral de Palencia en la wikipedia en su cuarto párrafo). Debo reconocer que para mí eso no resuelve el problema, sólo lo replantea porque ¿cuál es la razón de que se decidiera reaprovechar una torre de carácter militar cuando estéticamente es un horror y ya no tenía ningún sentido práctico? No obstante, no son los únicos elementos fuera de lugar. En la capilla del Baptisterio (número 2 en el plano) hay un arco ojival muy primitivo y que, para más INRI, no tiene ninguna función. Sencillamente, está ahí. Todo eso nos lleva a concluir que aún hay muchas cosas que desconocemos, que la catedral de Palencia sigue siendo una gran desconocida y que, tal vez, las excavaciones arqueológicas que van a iniciarse en la zona de la Puerta de los Novios y en las que se plantean alcanzar el estrato situado a -4 metros desde el nivel actual del pavimento permiten conocer algunas respuestas a estos enigmas aunque, con mayor probabilidad, nos haga enfrentarnos a nuevos misterios. |