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Escritos desde el páramo

Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.

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Hay días en los que siento que es mejor quedarse en la cama que andar por la vida llevándose disgustos. Supongo que se habrá quedado aún más cara de jilí de la habitual al enterarme, visitando otros blogs escépticos, de la noticia de que hoy se ¿celebra? algo llamado Día Internacional de la Blasfemia.

Lo primero que pensé al verlo es que no entiendo nada. ¿Se supone que hoy tengo que empezar a proferir insultos contra seres en los que no creo, algo que nunca hago? ¿Qué sentido tiene eso? Pues yo no veo que tenga ninguno. Por aquello de que soy curioso (amarillo y azul) leo de qué va esta movida (que, por cierto, tiene menos recorrido que el tren Barcelona-Mataró) y me llevo una sorpresa aún mayor. El Día Internacional de la Blasfemia pretende apoyar la crítica a las religiones. En ese momento no sabía si estaba despierto, padeciendo de una pesadilla o siendo víctima de un mal viaje de LSD (esto último un tanto difícil porque no consumo nada de eso). ¿Por qué? Veámoslo.

Por de pronto, si lo que se pretende es celebrar el Día Internacional de la Crítica a las Religiones ¿por qué carajo no se llama Día Internacional de la Crítica a las Religiones? Porque al llamarlo Día Internacional de la Blasfemia no sólo incurren en un error léxico puesto que blasfemia es:

"(Del lat. blasphemĭa, y este del gr. βλασφημία).

1. f. Palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos.

2. f. Palabra gravemente injuriosa contra alguien."

y no tiene ninguna otra acepción. Por tanto pretender que blasfemia = crítica a las religiones no tiene ninguna razón de ser. Además, aceptar esa equiparación es un disparate por dos motivos. El primero es que supone dar la razón a los integristas religiosos para los que cualquier crítica equivale a una blasfemia. El segundo que para los que creemos que el pensamiento crítico es necesario y beneficioso, pregonar que la crítica es igual a la blasfemia o, lo que es lo mismo, a la injuria es tanto como pegarnos un tiro en el pie porque la injuria no es positiva, es algo negativo. Así vamos a difundir nuestro mensaje de p..a madre y con dos c.....s (¿se nota que estoy un tanto enojado con este asunto?)

Supongamos, no obstante, que alguien hubiera tenido unas pocas luces (aunque fueran de diodos) y se hubiera dado cuenta del disparate que supone decir blasfemia cuando se quiere decir crítica a las religiones. En ese caso nos habríamos encontrado con el Día Universal de la Crítica a las Religiones lo que constituiría una mejora evidente, pero que es obviamente innecesario. No tiene ningún sentido ¿celebrar? tal cosa como tampoco la tendría el Día Universal de la Crítica a los Gobiernos Corruptos, el Día Universal de la Crítica a la Prensa del Corazón o el Día Universal de la Crítica a los Críticos. Sencillamente, el derecho a la crítica es una parte del derecho de expresión. Su ejercicio, como el de todos los demás derechos, puede ser problemático, pero eso sucede tanto con la crítica a las religiones como con las realizadas a otras instituciones o personas. Y sí, ya sé que se ha elegido este día por el asunto de las viñetas satírica sobre Mahoma. La defensa de sus autores es fundamental tanto como, por ejemplo, la del Sr. Saviano que está amenazado de muerte y no precisamente por sus críticas a religión alguna sino a la Camorra. Lo mismo podríamos decir de periodistas rusos (en algún caso como el de Anna Politkóvskaya ya es tarde para su defensa porque fue asesinada) como Yelena Tregubova, exiliados y amenazados por sus críticas políticas.

La solidaridad con todos ellos (no sólo con los que han realizado críticas a las religiones sino con todos los que estén en peligro por ejercer la libertad de crítica) no es cosa de un día sino de todos y cada uno de los 365 del año (y 366 los bisiestos), pero si se quiere incidir en estos casos extremos, el 10 de diciembre de cada año se conmemora la proclamación de la Declaración de los Derechos Humanos y el 3 de mayo el de la Libertad de Prensa. En cualquiera de ellos tendría cabida la denuncia de estas situaciones. No obstante, si se acordara que la crítica debe tener su propio día deberíamos pensar en un Día Internacional del Derecho a la Crítica, pero con la puñetera multiplicación de Días Mundiales, Internacionales... al final sólo va a tener sentido el 25 de mayo.

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