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Escritos desde el páramo

Inauguramos una nueva sección (VIII-b)

Viene de aquí

Habíamos dejado al Sr. Ares exponiendo las pruebas que demuestran (en su opinión) que la Sábana Santa es falsa. Después de las cuestiones iconográficas, ahora llega el turno del tejido. ¿Qué dice D. Félix al repecto?

"En el propio lienzo, sin necesidad de tener en cuenta la figura representada, hay suficientes indicios que llevan a pensar que la sábana es un fraude." (Pág. 82)

Muy bien. ¿Cuáles son esos indicios?

"Para empezar es demasiado grande. Existen piezas de la época de Cristo de ese tamaño, por ejemplo en ciertas momias de Egipto y la región peruana de Paracas. Pero son piezas rarísimas, utilizadas sólo para la realeza, pues es muy difícil realizarlas en un telar vertical. Por otra parte, los Evangelios dicen que Jesús era pobre, así que parece incoherente pensar que fuese envuelto con una tela de reyes."

¡Vaya por Dios! Comencemos por el principio, en los Evangelios no se dice que Jesús era pobre. Sí lo era su familia cuando él nació porque en su presentación hicieron la ofrenda de los pobres, dos tórtolas o dos pichones (Lucas, 2, 21-24) pero la situación económica de Jesús cuando comenzó su vida pública es desconocida. Por sus propias palabras contra los ricos (Mateo, 19, 23-24) y su declaración de que no tenía dónde reclinar su cabeza (Mateo, 8, 20) podemos suponer que no era rico pero en los Evangelios también aparecen seguidores de Jesús adinerados como Zaqueo (Lucas, 19, 1-10) al que el propio evangelista califica de muy rico. Por otra parte, por el episodio de los panes y los peces nos enteramos de que era Jesús el que compraba la comida para sus seguidores (Juan 6, 4-5) lo que, milagros aparte, no debía resultar barato máxime cuando Jesús era acusado por sus enemigos de comilón y borracho (Mateo, 11, 19) además de amigo de recaudadores (en el mismo pasaje). Esto hace pensar que Jesús manejaba sumas importantes de dinero si bien podemos admitir que no lo consideraba como de su propiedad ya que era Judas el que manejaba la bolsa común (Juan, 13, 29-30).

No obstante, la situación económica de Jesús no es importante en esta cuestión (y esto se le olvida al Sr. Ares) porque su mortaja no la compró él ni ninguno de los Doce puesto que Jesús estaba muerto (lo que debo confesar me parece una justificación óptima para que no lo hiciera) y los Apóstoles se mantenían alejados (Lucas, 23, 49) presumiblemente por miedo de acabar en la cruz aunque en Juan, 19, 25-27 se da otra versión. Sea cual fuera la verdad, los cuatro Evangelios coinciden en que el que se encargó del entierro fue José de Arimatea (Mateo, 27, 57-61; Marcos, 15, 42-46; Lucas, 23, 50-56 y Juan, 19, 38-39 en este último en unión de Nicodemo). Ya hemos hablado del enigmático José de Arimatea aunque, tal vez, no esté de más el volver a hacerlo relacionándole con algunos problemas que plantean las narraciones evangélicas sobre Jesús. Por descontado, dado que este blog trata de Historia y no de Teología, vamos a hablar de una persona a la que conocemos como Jesús de Nazaret. Si para Vds., en virtud de sus creencias, esa persona era además dios me parece muy bien, pero aquí no vamos a tomar en consideración ese tema. De igual forma voy a tratar a los Evangelios como documentos históricos. El que para Vds., nuevamente en virtud de sus creencias, sus autores puedan estar iluminados por el Espíritu Santo es algo que me parece muy bien, pero tampoco vamos a considerar esa hipótesis.

Las narraciones evangélicas de la Pasión están equivocadas en un punto crucial. Con independencia de que Jesús pudiera caer más o menos bien dentro del Sanhedrín, con independencia incluso de que algunos miembros del sacerdocio judío pudieran haber conspirado contra Jesús y buscado su muerte, Jesús fue juzgado y ejecutado por romanos, concretamente por el prefecto de Judea, Poncio Pilato. Fue condenado a verbera (flagelación) no para intentar inspirar lástima a los judíos como parece sugerir Juan (Jn. 19, 1-5) sino como castigo previo a la crucifixión. Ya hemos visto algunas cuestiones relativas a esta forma de ejecución y concuerdan con los relatos evangélicos (al menos, con alguno de ellos puesto que ya hemos visto que divergen entre sí en algunos puntos). Condujo el patíbulo al lugar de ejecución fuera de los límites de la ciudad y, posiblemente, llevaba también el titulus que se fijó en la cruz, indicando el porqué de su muerte, por haberse proclamado rey de los judíos, es decir, que se le crucificó por sedición, no por motivos religiosos. Si tenemos esto muy claro, que los Evangelistas que se estaban dirigiendo a un público romanizado hicieron todo lo posible para culpabilizar a los judíos y exculpar a los romanos, tenemos que dirigir una nueva mirada a las relaciones de Jesús con los dirigentes judíos.

Si como yo han sido educados como católicos recordarán múltiples pasajes evangélicos en los que Jesús pone "como chupa dómine" a los fariseos, a los sacerdotes... y casi a todo "bicho viviente" que tuviera importancia en la sociedad judía. Si no es el caso, en Mateo 23, 1-36 podrán encontrar un ejemplo de ello. En los últimos años, la creciente preocupación por conocer la sociedad, la religiosidad... de la época (lo que, por supuesto, conlleva la necesidad de saber cómo pensaban los judíos) ha dado pie a una suerte de ecumenismo. Los exégetas cristianos (por citar dos ejemplos punteros, Crossan y Meier) han comenzado a relacionar las enseñanzas evangélicas con la religiosidad judía. Por parte judía autores como Vermes han hecho lo propio. Frente a la visión tradicional de Jesús y sus seguidores enfrentados casi violentamente (y a veces sin el casi) con fariseos, letrados... surge una nueva interpretación mucho más conforme a la realidad histórica, un Jesús próximo a algunas corrientes religiosas del propio judaísmo, concretamente a la interpretación liberal de las Escrituras practicada por los fariseos de la Escuela de Hillel. De hecho, el sentido de una de las frases más célebres de Jesús, "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mc. 12, 31), la fraternidad humana, está ya implícita en una conocida máxima del rabino Hillel: "No hagas a los demás lo que tú odias (que te hagan)". Al igual que para Jesús, su antecesor Hillel consideraba que el amor a Dios y a los hombres eran lo fundamental para un judío y que todo lo demás eran notas a pie de página.

No obstante, y pese a que la Escuela de Hillel era la corriente que terminó siendo mayoritaria, no era la única. Sabemos que incluso dentro de los fariseos había una corriente más rigorista, la Escuela de Shammai y que las disputas entre ambas aparecen por doquier en los tratados talmúdicos incluso en temas tan nimios aparentemente como si el día de su boda se podía decir a una novia poco agraciada que era, en realidad, hermosa (evidentemente detrás de estas polémicas que parecen de tipo bizantino se escondía algo de inmensa importancia, la interpretación de la Ley). Si dentro del fariseísmo existían disputas, se pueden imaginar lo que sucedía con otros grupos como los Saduceos, los Esenios y los Zelotes. De ellos, los saduceos controlaban el sacerdocio del Templo mientras el Sanhedrín en esta época (cc. el año 30) estaba dominado por los fariseos de la Escuela de Shammai lo que no quiere decir que no existieran miembros de otras tendencias. En principio tanto saduceos como fariseos rigoristas eran dos de los blancos favoritos de las puyas de Jesús y, por tanto, posiblemente no sintieran una inmensa simpatía por él. Eso no obsta para que los fariseos de la Escuela de Hillel pudieran verle con mejores ojos en ese momento (otra cosa es lo que terminó pasando cuando los seguidores de Jesús poco a poco fueron elaborando una teología ajena al judaísmo). Una vez que hemos bosquejado la situación podemos volver a José de Arimatea.

Desde el primer evangelio que conocemos, el de Marcos, su figura resulta extraña hasta el punto de que para algunos exégetas es una pura invención, un personaje creado para evitar a los cristianos el "sofocón" de que Jesús o no hubiera sido enterrado o lo hubiera sido por sus enemigos. No obstante, eso no explica porqué Marcos afirmó que José era un distinguido senador (al parecer, quería decir que era un miembro del Sanhedrín) y seguidor de Jesús. Lo primero era innecesario porque Marcos podía haberse limitado a señalar que José solicitó y obtuvo el cuerpo de Jesús (que, por cierto, es lo que hizo Mateo) lo que le hubiera ahorrado el incurrir en una grave contradicción: En Mc. 14, 53 dice que se reunieron todos los sumos sacerdotes, los senadores y los letrados y en Mc. 14, 65 asegura que todos, sin excepción, pidieron la pena de muerte. Si eso fuera cierto, implicaría que José de Arimatea también pidió la ejecución de Jesús lo que le convertiría en un muy curioso seguidor de éste.

No obstante, ya dijimos que la supuesta condena del Sanhedrín es un disparate y lo es por varias razones:

Todo el proceso (según la descripción evangélica) hubiera sido, desde el punto de vista de las leyes judías, ilegal.

Si Jesús hubiera sido juzgado y condenado a muerte por un tribunal religioso judío no hubiera sido crucificado porque esa forma de ejecución (como ya vimos en su momento) no estaba contemplada por las leyes judías.

Si la descripción de lo que dijo Jesús en el juicio es verídica, no hubiera podido ser condenado por un tribunal religioso porque de sus palabras no se desprende ningún delito.

Por tanto, o no existió tal juicio o, si lo hubo, Jesús no fue condenado. Eso explicaría porqué sus enemigos tuvieron que enviarlo a Pilato con una acusación que nada tenía que ver con la religión, la de afirmar que se proclamaba rey de los judíos. Si aceptamos esto, que la condena por el Sanhedrín es un invento de los Evangelistas por una razón obvia, exculpar a los romanos de su muerte, la contradicción que hemos visto relacionada con José de Arimatea desaparece.

Por supuesto, no podemos saber con certeza si realmente existió José de Arimatea y si era realmente discípulo de Jesús y miembro del Sanhedrín porque falta cualquier tipo de confirmación histórica ajena a los Evangelios. Ni en los escritos judíos ni en el resto de la literatura cristiana (con excepción de los Apócrifos) aparece ninguna noticia sobre él al margen de ésta, que fue él el que reclamó el cuerpo de Jesús y lo enterró, pero lo que hemos visto hace creíble que existiera un miembro del Sanhedrín (llamárase José de Arimatea o de otra forma cualquiera) que sintiera simpatía por Jesús y que, tras su ejecución, se ocupara de ofrecerle un entierro según las costumbres judías.

No obstante también existe otra posibilidad, que después de la ejecución el Sanhedrín se ocupara de hacerlo enterrar porque ésa es la ley judaica. No tendría porqué existir ningún tipo de simpatía, sencillamente cumplían con una obligación, la de no dejar el cuerpo de un ejecutado sin sepultura.

¿Y los romanos? ¿Aceptaban entregar los cuerpos de los ejecutados en vez de dejarlos en la cruz como advertencia a los que tuvieran ganas de imitar a los reos? Veamos qué dice al respecto Filón de Alejandría en su obra In Flaccum:

"I omit to mention, that even if they had committed the most countless iniquities, nevertheless the governor ought, out of respect for the season, to have delayed their punishment; for with all rulers, who govern any state on constitutional principles, and who do not seek to acquire a character for audacity, but who do really honour their benefactors, it is the custom to punish no one, even of those who have been lawfully condemned, until the famous festival and assembly, in honour of the birth-day of the illustrious emperor, has passed. But he committed this violation of the laws at the very season of this festival, and punished men who had done no wrong; though certainly, if he ever determined to punish them, he ought to have done so at a subsequent time; but he hastened, and would admit of no delay, by reason of his eagerness to please the multitude who was opposed to them, thinking that in this way he should be able, more easily, to gain them over to the objects which he had in view. I have known instances before now of men who had been crucified when this festival and holiday was at hand, being taken down and given up to their relations, in order to receive the honours of sepulture, and to enjoy such observances as are due to the dead; for it used to be considered, that even the dead ought to derive some enjoyment from the natal festival of a good emperor, and also that the sacred character of the festival ought to be regarded. But this man did not order men who had already perished on crosses to be taken down, but he commanded living men to be crucified, men to whom the very time itself gave, if not entire forgiveness, still, at all events, a brief and temporary respite from punishment; and he did this after they had been beaten by scourgings in the middle of the theatre; and after he had tortured them with fire and sword;"

Filón está hablando de su propia ciudad, Alejandría, y de las fiestas por el natalicio del Emperador, pero el establecer un paralelo con Jerusalén y la Pascua no parece aventurado en exceso. No, no es que Pilato sintiera ningún respeto con las creencias judías (si sólo tienen sobre el prefecto de Judea la visión que nos dan los Evangelistas, les aconsejo que la contrapongan con lo que de él dicen Flavio Josefo en sus Antigüedades Judías y Filón de Alejandría en su Embajada ante Cayo) y sí todo lo contrario, pero Pilato no era imbécil. Ostentó durante cerca de una década (del año 26 al año 36) uno de los cargos más complicados del Imperio, el de prefecto de una zona tan convulsa como Judea (y, por si fuera poco, además tenía poderes sobre Samaria e Idumea). El incidente de las efigies imperiales nos muestra tanto lo bueno como lo malo del personaje. Creó, por prepotencia o por desconocimiento, el problema al empeñarse en colocar en Jerusalén las esculturas de Tiberio. Cuando se encontró con la protesta multitudinaria amenazó con una matanza, pero, en realidad, supo ceder y terminó devolviendo las efigies a Cesarea. Posteriormente, cuando se encontró con la protesta por el empleo de los fondos del Templo para la construcción de un acueducto, no redujo a la multitud a sangre y fuego (ni siquiera cuando fue vejado por los "manifestantes") sino que infiltró en ella a soldados "disfrazados" de civiles que ocasionaron a garrotazos los tumultos que acabaron por dispersar la "concentración". Incluso el episodio que supuestamente le costó el cargo, el incidente con los samaritanos en el monte Garizín, no parece, aunque fuera muy sangriento, que pueda ponerse como ejemplo de que Pilato fuera un loco o un incompetente puesto que se había reunido en una aldea llamada Tirazana un gran número de samaritanos armados bajo el mando de un iluminado que decía iba a encontrar unas reliquias mosaicas escondidas en la cima del Garizín. Como no parece que las armas sean necesarias para excavar en un monte, esa reunión se parecía mucho a una rebelión y como tal la trató Pilato. Las protestas de los notables samaritanos ante el recién nombrado gobernador de Siria (y, como tal, superior inmediato de Pilato) Lucio Vitelio hicieron que éste ordenase a Pilato acudir a Roma para responder ante Tiberio y nombró en su (de Pilato) lugar a su (de Vitelio) amigo Marcelo (y si esto no es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para promocionar a un amigo se le parece mucho). Lo único que se sabe de Pilato después de esto es que cuando llegó a Roma no había nadie ante quién rendir cuentas porque Tiberio había fallecido. ¿Qué clase de hombre era, pues, Pilato? Aunque lo que sepamos sea muy poco, parece que era el típico legado romano, dispuesto a convertir a sus gobernados a la "romanidad" aunque éstos no estuvieran por la labor y que, para ello, estaba dispuesto a actuar como fuera preciso. Sin embargo, tampoco parece que perdiera el sentido de la proporción o que fuera un loco sediento de sangre. Emplea la fuerza si es necesario pero no de forma desmedida.

Todo ello permite arrojar nueva luz sobre los acontecimientos de Pascua. Si Pilato sospechó (y razones no le faltaban para ello cuando entre los seguidores de Jesús había zelotas, poseían armas, el alboroto en el Templo con la expulsión de los mercaderes...) por sí mismo o inducido por notables judíos, que en Jesús anidaba el germen de una rebelión actuaría con rapidez y contundencia, pero una vez yugulado ese peligro ya no había motivo para irritar a los judíos negándoles el seguir sus costumbres funerarias. No, no es una cuestión de bonhomía sino de interés personal. ¿Les suena la expresión cursus honorum? Aunque hoy, cuando cualquier chiquilicuatre puede llegar a ocupar cargos como Presidente de Gobierno o Ministro sin un bagaje de servicio público previo, nos parezca extraño, en Roma a finales de la época republicana y durante buena parte del imperio el desempeño de las altas magistraturas exigía el haber desempeñado con eficacia cargos menores. Vale, reconozco que la realidad no era tan bonita como la teoría y que el "enchufe" imperial podía lograr el "milagro" de saltarse alguno de los pasos previos, pero aunque no era perfecto era un buen sistema porque lograba (con frecuencia) que los imbéciles, los inútiles... no accedieran a cargos en los que podían causar un daño importante a la República puesto que sus defectos quedaban en evidencia con anterioridad. No, tampoco se crean que Roma estaba regida por los individuos que habían demostrado ser más capaces para ello porque había dos cursus honorum distintos, el senatorial (para la clase alta-pero-alta-de-verdad) y el ecuestre (para la clase alta-pero-menos) con lo que, en realidad, era patrimonio de unos pocos, pero, pese a esas limitaciones, el número de aspirantes era superior al de cargos así que el tener un expediente "limpio como una patena" era necesario para acceder a los nombramientos que todos deseaban, el consulado y la censura -en época republicana- y los gobiernos provinciales para los senatoriales, y las prefecturas de Roma y Egipto para los ecuestres. Esta progresión en la importancia de los cargos ligada a la eficacia con las que se hubieran desempeñado los puestos (civiles y militares) inferiores es el cursus honorum y para las familias romanas (tanto para las de rancio abolengo -patricias- como para las recién llegadas) era su objetivo vital. El cag... perdón, el equivocarse en el desempeño de los cargos inferiores suponía el fin del cursus honorum. Evidentemente, en Roma no eran muy proclives a considerar como un éxito en la gestión de un prefecto el encontrarse con una rebelión en toda regla y más si pensaban que había sido ocasionada por la torpeza de su legado (de hecho el incidente de Samaria posiblemente supuso el fin de la carrera de Pilato porque no sabemos que le fuera confiado ningún cargo más, ni muy ni poco importante).

Como verán, voy superándome. Todo este latazo sencillamente para ver si es posible que Jesús fuera amortajado con una tela de alto precio mejora mi plusmarca verborrágica habitual y, además, para no llegar a ninguna conclusión definitiva porque de las dos opciones que teníamos, que José de Arimatea (o como se llamase) fuera un simpatizante de Jesús o que, sencillamente, estuviera cumpliendo una obligación religiosa, no podemos demostrar que ninguna de ellas sea cierta. Personalmente me inclino por la segunda porque estimo que es la más probable pero si Vds. considerasen que mayor probabilidad no es sinónimo de certeza tendrían toda la razón. Si la cuestión fundamental para poder responder a la pregunta de si resulta creíble que la mortaja de Jesús fuera un tela "para ricos" no puede ser resuelta porque ignoramos el motivo que tuviera José de Arimatea para enterrar a Jesús ¿podemos afirmar que el hecho de que la Sindone es un tela que habría tenido un alto coste en tiempos de Jesús prueba que es falsa? Pues el Sr. Ares sí puede porque lo acaba de hacer y nuevamente se ha equivocado.

A continuación más de lo mismo:

"Entre los siglos XI y XII se inventó y popularizó en Europa el telar horizontal, que permitía hacer telas de mayor anchura y longitud." (Pág. 83)

Tengamos un rasgo de generosidad con el Sr. Ares, admitamos que lo que el dice sea cierto (luego veremos que ni siquiera eso). Si como antes ha asegurado en el Antiguo Egipto se hacían telas del tamaño de la Sindone (e incluso mayores, apunto) ¿qué se supone que prueba que el telar horizontal no se inventara hasta los S XI-XII? Salvo que pensemos que los egipcios hacían milagros, es obvio que ese tipo de telares no es imprescindible para confeccionar lienzos de tales dimensiones. Vale, en un telar vertical puede resultar más complicado pero no es imposible. Si no hay imposibilidad ¿qué prueba esto? Pues nada. Si hay telas de esas dimensiones sencillamente no puede pretenderse que la Sábana Santa "es demasiado grande".

No obstante, para desestimar tal afirmación ni siquiera es necesario el raciocinio porque la afirmación del Sr. Ares es, sencillamente, errónea. ¿Les suena de algo la XI Dinastía? Como me imagino que no, les aclaro que los faraones de la XI Dinastía gobernaron Egipto desde el 2134 al 1991 antes de Cristo. Pues muy bien ¿y? Pues que en esa época (circa 2000, para ser más preciso) vivió el canciller Meket-Re o Meketre. Vale, pues nos alegramos mucho ¿y? En su tumba se localizaron unas miniaturas realizadas en madera pintada que representan escenas de la vida cotidiana como el trabajo en un granero, barcos, un jardín, carpinteros... pero la que nos interesa es ésta, la de unas tejedoras en la que se representan no uno sino dos telares horizontales ¡3000 años antes de que (según el Sr. Ares) se inventaran! Para habernos matado...

Por supuesto, eso explica el porqué se han encontrado telas egipcias de gran tamaño. Sencillamente, sí conocían el telar horizontal. En fin, después de esa reescritura de la historia de la tecnología, D. Félix vuelve a liarse (en su descargo, permítanme añadir que esa confusión es generalizada en páginas pro-autenticidad de la Sábana Santa) en esta ocasión con las fibras de algodón que encontró Gilbert Raes y las lecturas que pueden hacerse de ellas:

"En los exámenes llevados a cabo por las Comisiones que oficialmente estudiaron la sábana en 1969 y 1973, el mencionado Gilbert Raes, del instituto de Tecnología Textil de Gante, descubrió entre las fibras de lino de la sábana unas diminutas trazas de algodón. Esto sugirió que la sábana podría haber sido tejida en un telar en el que previamente se utilizó algodón." (Pág. 83)

En realidad, esas trazas no tendrían porqué provenir de haber sido tejidas en un telar empleado previamente para confeccionar telas de algodón porque podían de contacto durante el transporte, de almacenaje en un mismo lugar... como vemos, el pretender sacar conclusiones de ello (a favor o en contra de la autenticidad) es muy arriesgado, pero podemos ahorrarnos la discusión al respecto porque estudios más recientes han demostrado que no en toda la Sindone aparecen esas fibras de algodón (para ser más precisos de la variedad Gossypium herbaceum) por lo que posiblemente sean fruto de una contaminación moderna porque pese a que algunos sindonólogos afirmen sobre la variedad Gossypium herbaceum las cuestiones más peregrinas, la verdad es que continúa cultivándose hoy en día en todo el mundo (bueno, en todo el mundo en el que se puede cultivar algodón, claro).

Esto me ahorra el recordar que el Gossypium herbaceum fue la variedad que los musulmanes introdujeron en Sicilia en el S IX y en España en el X así que aunque fuera cierto lo del telar que hilaba algodón de esta variedad y lino me van a decir qué se supone que prueba eso sobre su procedencia, datación y, por tanto, autenticidad. Si de momento estamos pinchando en hueso, el Sr. Ares se muestra acertado a continuación:

"Al considerar el tejido de la sábana en sí, observamos que posee un entramado de lino cruzado en diagonal, una sarga de tres a uno que forma punto de espiga. Esto ya es sospechoso, puesto que la mayoría de los lienzos del tiempo de Jesucristo, sean romanos, egipcios o palestinos, eran tejidos de entramado simple (tafetán). (Pág. 83)

En efecto, ése el caso, por ejemplo, del Sudario de Akeldama del que hablamos recientemente. No obstante, les supongo familiarizados con las afirmaciones de algunos sindonólogos acerca de que en Qumrán se han encontrado telas similares a la Sábana Santa, que la sarga 3:1 era un tejido típico de la época de Jesús... ¿Qué hay de cierto en ello? Pues como D. Félix nuevamente no dice nada al respecto, permítanme que yo sí lo haga. Yohanan Aharoni al frente de un equipo de arqueólogos exploró en 1953 las cuevas de la región de Nahal Hever. En una de ellas localizó un tejido de lana amarilla en sarga 2:1. Esto es lo que, según algunos sindonólogos, es una tela similar a la Sindone aunque no coincidan ni el material (lana en vez de lino) ni la forma de tejido (2:1 en vez de 3:1).

Por mucho que nos quieran convencer de lo contrario (por supuesto, "convencer" sin aportar nada a la discusión) la única tela similar a la Sábana Santa, (realizada en lino y tejida en sarga en espiga 3:1) no proviene de la Palestina del S I porque está datada circa el 1300. Se trata de esta tela del Victoria & Albert Museum y que fue publicada por Donald King y Santina Levey en su libro The Victoria & Albert Museum´s textile collection. Embroidery in Britain from 1200 to 1750 (que si están interesados puede adquirirse aquí).

No obstante, permítanme recordarles que no existe la imposibilidad de que en el S I se fabricase una pieza similar a la Sábana Santa. Sencillamente no tenemos pruebas de que así fuese porque no se ha conservado ningún ejemplar, pero dado el carácter frágil de los tejidos eso no significa necesariamente que no existiese. Nuevamente no podemos (yo al menos no puedo) decir que eso demuestra que la Sábana Santa es una tela de la Edad Media, pero sí apunta a esa datación y lo que sí hace es dar el mentís a las afirmaciones de que ese tipo de telas son características de la Palestina del S I y que no existían en la Europa del S XIV.

Con esto damos por concluido (por ahora) el tema textil y siguiendo la obra del Sr. Ares La sábana santa ¡vaya timo! tendremos que hablar de la anatomía de la figura del supuesto Jesús. Quede esto pendiente para la próxima entrega.

Continuará

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