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Escritos desde el páramo

Concesión del premio Favila el Osado

Redoblen las fanfarrias que ya estamos aquí de nuevo. Antes de nada y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Manzanares por Madrid queremos agradecer a tantas y tantas personas, instituciones y medios de comunicación sus denodados esfuerzos por conseguir que nunca nos falten candidatos a nuestro premio. No sé qué haríamos sin ellos (bueno, sí lo sé, dedicarnos a ocupaciones más placenteras como el dormir tranquilo). Sin embargo, es justo que sus desvelos por desvelarnos no caigan en saco roto y sean recompensados de la única forma posible, con nuestro insigne galardón.

Pot todo ello, en el día de hoy reunido con nos mismo y después de sesuda reflexión y tras la posterior evacuación de consultas al más alto nivel y a la más baja plomada, el insigne jurado entró en trance místico provocado por el consumo de substancias prohibidas (tabaco canario) y la escucha reiterada de "Simphonies pour les Soupers du Roy" de Michel Richard de Lalande (no, éste no sale en los 40 Horripilantes ni en OT por la sencilla razón de que murió en 1726). En esa situación, fallamos que:

En este año 2005 (ya saben la rima que viene a continuación) debemos comenzar con buen pie antes que con mala pata (bueno, si alguien se empeña también estamos dispuesto a aceptar una pata de cerdo ibérico convenientemente curada) y, por ello, nada mejor que picar alto y conceder nuestra preciada recompensa a (momento de silencio roto por el redoble de timbales BRRROOOOOOMMMM) a Doña Carmen Calvo, ministra de Cultura, con la que, afortunadamente, no me une ningún parentesco (esto lo aclaro por si pensaban en algún favoritismo de tintes nepotistas).

¿Qué ha hecho la Sra. Calvo? Dos logros históricos, el primero de ellos ser capaz de soliviantar a los castellanos, algo que nadie lograba desde Carlos I de España y V de Alemania (la tecnología alemana aventaja a la española hasta en la producción de Carlos) con motivo de la anunciada retirada de documentos del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca con lo que ha conseguido abrir una caja de Pandora que ya veremos a qué disparates conduce en este país en el que nadie quiere ser menos que su vecino. Orihuela ya está reclamando un documento robado que ahora se encuentra en Cataluña, Palos reclama sus documentos del Archivo de Indias... y yo, por no ser menos, reclamo los discos de Les Luthiers que le presté a un amigo hace 10 años y de los que no he vuelto a saber nada.

Sin embargo, y por encima de esta polémica en la que la Historia no pinta casi nada salvo salir, una vez más, corrida a h...s, lo que me ha dejado realmente estupefacto es su apostilla. Practicando la política del palo y la zanahoria, la Señá ministra se apresura a realizar una concesión con el fin de calmar a los castellanos porque el cabreo no es sólo de los salmantinos. ¿Qué ha anunciado? Pues aquí les pego el enlace a la noticia porque si no no pasaría a creerlo, la creación de algo llamado Archivo de la Memoria Compartida. ¿No es genial este uso de los eufemismos? Vamos a ver, señora ministra, ¿qué recontrapuñetas significa eso? ¿No pudo idear un nombre más imbécil? La Historia tiene una mala constumbre para los políticos, que le importa tres bledos en vinagreta la corrección política. Las cosas fueron como fueron independientemente de lo que a unos o a otros les guste. La II República, la Guerra Civil de 1936-1939 y el Franquismo son lo que son, unas circunstancias históricas no una memoria compartida entre otras cosas porque muchos españoles (cada vez más por una mera cuestión del paso del tiempo) no tenemos ninguna memoria ni compartida ni sin compartir de la II República ni de la Guerra Civil y poca de la dictadura franquista. Sencillamente, nacimos mucho después de esos acontecimientos. Ahora bien, si quiere encontrar elementos que integrar en ese maravilloso Archivo de la Memoria Compartida tal vez podría incluir cosas el vídeo del partido España-Malta, el no gol de Cardeñosa en el Mundial de Argentina... de los que sí tengo memoria compartida con muchos españoles y que no creo vayan a ser reclamados en el futuro por sus compadres catalanes.

Aprovecho la ocasión para testimoniar mi pesar por el fallecimiento de su compañero en el gabinete, el salmantino Sr. Caldera, que, según reflejó en su día la prensa de esta comunidad, aseguró que los documentos del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca sólo saldrían de allí por encima de su cadáver. Un deceso que, supongo, nos informarán cuándo y en qué circunstancias se produjo. Tal vez lo pueda aclarar el propio interesado siguiendo el famoso precedente de Mark Twain. Ya saben aquello de que las noticias de mi muerte han sido muy exageradas...

En fin, que inscríbase el nombre de doña Carmen Calvo en la peana de nuestro trofeo con nuestro ferviente deseo de que pase a dedicarse a un ministerio más adecuado a sus facultades como el de Agricultura y Ganadería porque la cultura española va de p..o c..o, pero bajo su hégida el número de nabos y burros aumenta en progresión geométrica (dejo que el Tío Petros le aclare qué significa eso, porque explica las cuestiones matemáticas tan bien que hasta Vd. podrá entenderlo).
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