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Escritos desde el páramo

Historia

La Edad de ¿Oro?

Habíamos dejado a nuestros antepasados propugnando la intervención de unos seres sobrehumanos (vulgo dioses) como creadores del Universo y de estos simios bípedos que cada vez parecemos más empecinados en rememorar a nuestros ancestros irracionales (no sé porqué extraña razón el Parlamento español cada vez me recuerda más a un documental de la NG sobre comportamientos grupales en una manada de babuinos).

Como nuestros antecesores "en este valle de lágrimas" no tenían televisión pudieron dedicarse a pensar en las implicaciones que se derivaban de esta creación divina. Pronto surgiría un dilema que, hasta la fecha, las religiones no han conseguido explicar satisfactoriamente (en mi opinión, claro, supongo que para sus fieles sí lo han hecho) y que está implícita en ese entrecomillado anterior y que es parte de una conocida oración católica. Si el Universo con todo lo que contiene ha sido creado por un ser perfecto (o casi) ¿por qué es una chapuza de consideración? ¿Por qué este mundo semeja más a un "valle de lágrimas" que a la construcción de un ser (o unos seres) de poderes y saberes inimaginables?

Las respuestas han sido múltiples, desde una creación dual en la que no sólo interviene un dios bueno sino también uno malo a la creación perfecta que se "jod..." por culpa de los seres humanos. Sin embargo, me gustaría centrarme en otra respuesta por sus implicaciones en el pensamiento esotérico (no, no son términos contradictorios), la de que es imposible hasta para un dios que un universo material sea perfecto. Supongamos que la materia no está condenada a la aparente destrucción en un plazo más o menos largo de tiempo por un defecto de la divinidad, por la intervención de una divinidad malvada... sino por un defecto inherente a la propia materia. ¿A qué conclusiones nos llevaría esa hipótesis?

Evidentemente, a que cuanto más retrocedamos en el tiempo, cuanto más nos acerquemos a ese supuesto momento de la creación, el mundo sería tanto más perfecto. Las sucesivas generaciones irán acumulando errores sobre errores, corrompiéndose sin remedio. Incluso en alguna de las religiones que adoptaron otra respuesta como las judeo-cristianas (recuérdese el mito del Edén en el que no existía el dolor ni la muerte hasta que la "costilla" metió la "pata") hay huellas de este otro intento de explicación. Leamos la Biblia (ejercicio de lo más recomendable) y allí nos encontraremos con las edades imposibles de los primeros seres humanos. Adán "cascó" a los 930 años, Set a los 912, Enós a los 905, Quenán a los 910, Mahalalel a los 895, Yéred a los 962, Henoc a los 365 fue "abducido" por Dios, Matusalén tiene el récord, 967 años, Lámec a los 777 y Noé a los 500 años engendró a Sem, Cam y Jafet (coñe con el ancianito) y vivió hasta los 950 años. Pero los hijos de Dios tomaron por esposas a las hijas de los hombres y Yahvé dijo: "No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años." (Gen. 6, 1-3). No obstante el drástico descenso de la esperanza de vida, los nefilim (los resultados de la unión entre hijos de Dios e hijas de los hombres) "fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos." (Gen. 6, 4).

En otras culturas que nada tienen que ver con la judeo-cristiana aparecen igualmente seres de longevidad imposible como en China con P´an Ku que vivó la friolera de 18.000 años.

Por descontado, este periodo cercano a la creación supone una auténtica Edad de Oro. El mundo recién creado era mucho más perfecto, la vida humana mucho más prolongada y feliz porque no había existido tiempo para desviarse del plan divino. Pero esa pérdida ¿era irreparable? Si la vida había sido mucho más sencilla cuando la humanidad vivía más cercana a la divinidad ¿no bastaría con acercarse de nuevo a aquellos ideales para recuperar lo perdido? No obstante para poder recobrar la perdida Edad de Oro es necesario conocer qué pretendía esa divinidad. En las religiones ese conocimiento deriva de la propia revelación divina pero no fue ésa la única respuesta (o las únicas respuestas porque cada religión pretende ser, lógicamente, la respuesta a una revelación en particular) porque también y de forma mucho más interesante para nuestro propósito esas cuestiones fueron respondidas desde la filosofía.

En efecto, ninguna religión llegaría a una reflexión tan profunda sobre este problema como un filósofo ateniense, una de las mentes más brillantes que jamás haya conocido el mundo y, a la vez, el padre (o el abuelo) de muchas de las creencias esotérica. Su importancia merece que le dediquemos las próximas entradas. Su nombre, o más propiamente su apodo, como ya habrán adivinado, es Platón.
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¿Idiotas, irracionales, aprovechados...?

Una de las cuestiones que siempre me han sorprendido del escepticismo organizado (que paradójicamente, como en el viejo chiste de que iban a conceder el Nobel de Física a Franco por haber conseguido inmovilizar el Movimiento, si por algo se caracteriza es por su desorganización) es la facilidad de alguno de sus componentes para explicar el porqué cree la gente de forma simple. Sencillamente, para tan "elevados" pensadores, siempre detrás de la credulidad hay un consuelo para el creyente, una irracionalidad, una idiotez generalizada o un provecho económico. Todo ello muy sencillito y bien aderezado de insultos al contrario y, por tanto, más digno de un "Crónicas marcianas" (del televisivo, no de la novela homónima) que de un supuesto movimiento filosófico.

La realidad, por supuesto, es infinitamente más compleja que esa sucesión de clichés. Comencemos por la más generalizada y, por lo que sabemos, más antigua creencia, la religión. Ignoramos cuándo, cómo y porqué nació. Cuando las sociedades pasan de un estadio cultural prehistórico (es decir, sin escritura) a uno histórico las religiones ya están allí. Los intentos de reconstruir las religiones prehistóricas son imposibles. Sólo algunos ritos de enterramiento, algunas figuras como las llamadas Venus esteatopigias parecen abonar la creencia en una vida de ultratumba y en cultos a la fertilidad humana, pero las dudas sobre algo más complejo que estas ideas simples (e incluso éstas no son aceptadas por todos los autores en especial las relativas al segundo de los temas) no tienen ni previsiblemente tendrán nunca respuesta.

Así pues, debemos irnos a la primera sociedad cuya escritura somos capaces de leer, la sumeria. Siempre se ha dicho que toda religión incluye una cosmogonía (es decir, una creación del Universo que puede incluir o no una teogonía -creación de los propios dioses-) y una soteriología (es decir, unas normas, ritos, conjuros... que permiten la salvación al Más Allá). Sin embargo, la religión sumeria carece de la segunda. El destino de todo hombre independientemente de sus actos es el mismo. Nada de Cielo e Infierno y sí un lugar subterráneo (kur-nu-gi-a) frío, oscuro, y polvoriento por el que vagaban las sombras de los que habían fallecido y cruzado el río Ilurugu. ¿Qué sensación de consuelo puede extraerse de ello? Tal vez los sumerios fueron unos hombre especiales (y un pelo masoquistas) pero yo, al menos, debo confesar que ése se me antoja un destino muy poco (nada, más bien) deseable.

Y sin embargo los sumerios creían por lo que la respuesta sigue en pie, ¿por qué? Evidentemente no eran estúpidos (hombre, alguno habría como en todas partes, pero basta con ver los logros culturales y artísticos que alcanzaron para desestimar una idiocía generalizada) y aunque sí sea posible encontrar una justificación económica en los sacerdotes, ésta no existe en el pueblo llano. ¿Eran, pues, irracionales?

Para saberlo, centrémonos en el aspecto general de las religiones que sí aparece en la religión sumeria, la Cosmogonía o mejor dicho, las Cosmogonías porque hay varias donde poder elegir. El hecho de que existan varias ya nos da una primera pista. Son intentos pero ¿de qué? Pues de explicar el mundo, por qué las cosas son como son y no de otra manera. Por qué existe un mundo con su tierra, sus aguas, sus aires y su bóveda celeste con luces en ella.

Ese intento de explicación puede movernos a risa, pero no debemos de olvidar que los conocimientos que tenemos hoy no los poseían los sumerios. Sencillamente, intenten explicar el Universo desde la ignorancia de conceptos fundamentales como el Big Bang, la evolución... y sin ni siquiera saber la naturaleza de esas luces que se podían ver en el cielo. ¿Irracionales? No lo fueron. Ni siquiera el gran Aristóteles, una de las mente más lúcidas de la historia de la humanidad, fue capaz de hacerlo mejor.

Veamos. Tenemos un mundo en el que las cosas materiales parecen estar condenadas a la desaparición (recuerden que aquello de que la materia ni se crea ni se destruye... todavía no había sido formulado). Puesto que la muerte es el fin de todas las cosas, deben haber tenido un principio, ese principio a su vez tendrá otro principio... y esa secuencia conduce o al aparante absurdo de algo material que existe desde siempre (respuesta que también se dio desde, por ejemplo, el Taoísmo) o bien a una creación de la materia por algo inmaterial y, por tanto, ajeno a esa secuencia de nacimiento y muerte. Llámese motor inmóvil o dioses el argumento es el mismo y no es irracional (eso sí, parte de una premisa falsa).

Tenemos pues unos seres inmateriales que crean la materia. La pregunta lógica es ¿por qué lo hicieron? Y aquí caemos en el principio antropocéntrico. Puesto que los que tenemos conocimiento de la existencia de esos seres inmateriales somos los hombres, el fin de la creación es el ser humano y todo lo demás existe en tanto y cuanto es necesario para la vida humana. En última instancia, los dioses crean al hombre para que les sirvamos y el resto del Universo para que nos sirva a nosotros. (El para qué demonios necesitaban los dioses ser servidos por seres humanos es algo que sólo se puede explicar desde la antropoización de los dioses lo que sí condujo a una paradoja sin sentido, los dioses debían ser fundamentalmente distintos a los seres humanos puesto que eran capaces de crear, eran inmortales... y, sin embargo, debían tener los mismos deseos que los hombres).

Esta idea de creación de lo material (creación coronada por la de los seres humanos) por seres inmateriales además de ser un intento de explicación del mundo fue también la causa de una creencia que tendrá consecuencias muy duraderas. Puesto que la materia es imperfecta, cuanto más cerca nos situáramos de esa supuesta creación divina, el mundo sería tanto menos imperfecto o, lo que es lo mismo, más perfecto. Si esto ya se formuló en la religión sumeria en la que los grandes dioses crean divinidades menores que, aunque sean supuestamente inmortales, sí hay ocasiones en las que pueden morir (vamos, que esta segunda generación divina era inmortal pero menos) terminaría por constituir un mito que está detrás no sólo de muchas creencias ocultistas sino también de otras creencias que, en principio, consideramos ajenas a éstas como las afirmaciones ecólatras. Ese mito, por supuesto, es el de la Edad de Oro.

BIBLIOGRAFÍA: Sobre la religión sumeria véase el capítulo correspondiente en "La Civilización Sumeria" de Francisco Lara Peinado. Biblioteca de Historia. Ed. Historia 16. Madrid, 1999.

Timocracia no significa gobierno de los timadores

Pretender condensar en pocas palabras la filosofía platónica está condenado al fracaso. Un autor del que Whitehead aseguró que la filosofía occidental eran meras notas a pie de página de la obra del gran filósofo ateniense no merece recesiones ni lecturas parciales. Por eso, antes de nada, debo recomendarles que lean los textos originales (en la editorial Gredos pueden encontrar todos los Diálogos en magníficas traducciones).

Sin embargo, tampoco podemos prescindir en estos tiempos de desprecio de las disciplinas humanísticas de apuntar aquellos temas que más se relacionan con nuestro objeto de estudio. Por otra parte, la obra de Platón es tan compleja y amplia que, con frecuencia, a Platón se le ha citado como autoridad para pretender justificar casi cualquier cosa cortando y pegando por dónde le conviniera al comentarista de turno (cuando, en otra entrega, veamos el mito de la Atlántida tendremos un buen ejemplo de ello por cuanto los atlantófilos suelen ignorar todo o casi todo de la obra platónica). El procedimiento de citar parcialmente prescindiendo del sentido que adquiere ese fragmento en una obra de mayor amplitud es, obviamente, una invitación al error (y al horror).

No obstante, esto es tan válido para los atlantófilos como para el que subscribe. Deben tenerlo muy en cuenta y recordar en todo momento que la obra filosófica del ateniense es mucho más amplia, compleja e importante de lo que vamos a ver. es más, podrán encontrar con facilidad interpretaciones que no coincidirán con lo que voy a escribir. Dado que no pretendo estar en posesión de la Verdad, harán muy bien en leer más interpretaciones, más estudios sobre el platonismo y quedarse con aquello que les parezca estar mejor fundado. Una vez hechas estas necesarias salvedades y con un nuevo llamamiento a que lean esta página con espíritu crítico, podemos comenzar.

Platón, es bien sabido, fue discípulo de Sócrates. Sócrates, es también conocido, fue condenado a muerte por la democracia ateniense. Tal vez sea más ignorado que este episodio es uno de los misterios de la antigüedad. En realidad de Sócrates desconocemos muchas cosas comenzando por el "pequeño" problema de que no dejó obra escrita. Por ello debemos acercarnos al pensamiento socrático a través de obras de terceros que fueron, principalmente discípulos suyos directos (Platón) o indirectos (Aristóteles que lo fue de Platón). Desde hace tiempo, los historiadores de la filosofía han intentado deslindar en los Diálogos platónicos qué procede de Sócrates y qué le atribuye Platón. En virtud de esa mayor o menor fidelidad a la enseñanza socrática se han definido tres periodos en la obra platónica:

A) Diálogos socráticos. Posiblemente el Sócrates que aparece en ellos sea el real, el filósofo que pregunta a los sabios "¿Qué es...?" para descubrir sus errores y sus incongruencias. Con ello corroía las ideas imperantes en su tiempo y, posiblemente, fue eso lo que condujo a su ejecución. Pertenecen a esta etapa los diálogos Laques, Cármides, Eutifrón, Lisis, Hipias menor, Ion, Hipias mayor, Apología, Critón y Protágoras. Gorgias está a caballo entre esta etapa y la siguiente.

B) Diálogos doctrinales. Posiblemente aquí Sócrates ya no es él en realidad sino el propio Platón. Ya no se limita a preguntar sino que expone su propia doctrina, un pensamiento influido por los mitos órfico-pitagóricos que posiblemente Platón conociera en su primer viaje a Sicilia. A esta etapa pertenecen alguno de sus diálogos más conocidos: Menón, Crátilo, Eutidemo, Menéxeno, Banquete, Fedón, República y Fedro.

C) Diálogos críticos. La doctrina platónica no está exenta de contradicciones y problemas. Su crítica es pues fundamental para aclarar conceptos. Pertenecen a esta etapa: Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Filebo, Timeo, Critias y Leyes. (Para mayor abundamiento sobre estas cuestiones, véase "Historia de la Filosofía" Por Felipe Martínez Marzoa. Editorial Istmo. Madrid, 1973)

Centrémonos primero en la obra fundamental de la segunda etapa y, en opinión de muchos, en el texto filosófico más importante que la humanidad haya producido jamás, en "República". ¿Qué es "República"? Decir que es un texto sobre política, sobre las formas de gobierno y sobre cómo debe organizarse idealmente la sociedad es como decir que "El Quijote" es una novela sobre la locura. No es falso, pero es una pequeña parte de la verdad. Por desgracia, lo más conocido de este extenso diálogo es la organización ideal platónica de la sociedad, gobernantes = filósofos, defensores = guerreros, y mantenedores de ambas categorías = artesanos, así como su ataque a la sociedad democrática que, recordemos, para Platón era la responsable de la ejecución de su amado maestro Sócrates. En una y otra se han apoyado alguna de las mayores barbaridades políticas que jamás haya visto la humanidad.

Sin embargo, Platón no propone esto porque sí, porque haya venido un ángel con su espada flamígera a visitarle y le haya dicho que eso tiene que ser así porque le sale de las gónadas procreativas (vulgo cojones). Puede sorprender que un texto sobre política comience con unas reflexiones sobre la vejez y la muerte y termine con una narración sobre el juicio a las almas y la vida de ultratumba. En realidad, "República" habla sobre la justicia y las conclusiones político-sociales a las que llega es basándose en esa idea. Comienza Platón por argumentar la superioridad de la justicia sobre la injusticia (Libro -capítulo- I). En el Libro II para responder a uno de sus contetulios que ha afirmado que la vida del injusto es más fácil que la del justo, Platón, en boca de Sócrates, desciende de la idea general al caso particular de la configuración del Estado. Para Platón el Estado nace de la necesidad de los individuos de procurarse aquello de lo que no pueden autoabastecerse. En primer lugar la comida, en segundo la vivienda, en tercero la vestimenta... para ello es necesario un labrador, un constructor, un tejedor, un zapatero... pero cada hombre está más dotado para una de estas actividades que los demás y será más efectivo si se dedica sólo a esa actividad para la que está bien dispuesto que si intenta ejercer varias de esas labores. Por ello, el labrador será más útil si no tiene que intentar fabricarse él sus herramientas. Por ello se necesitan herreros, boyeros... pero ningún Estado es autosuficiente y, por ello, también debe haber quién importe de otros Estados lo que falte en el propio. Para mantener ese comercio es necesario que el Estado produzca excedentes que pueda intercambiar. Conforme crezca el Estado además de las necesidades básicas se introducirá el lujo y con él la necesidad de poseer más lo que hará necesaria la existencia de guardianes. A partir de ese momento Platón comenzará a tratar de la pedagogía comenzando por renegar de los antiguos mitos que presentan a los dioses cometiendo injusticias sin fin. "Por consiguiente -proseguí- dado que Dios es bueno, no podría ser causa de todo, como dice la mayoría de la gente; sería sólo causante de unas pocas cosas que acontecen a los hombres, pero inocente de la mayor parte de ellas. En efecto, las cosas buenas que nos suceden son muchas menos que las malas, y si de las buenas no debe buscarse otra causa que el dios, de las malas debe buscarse otra causa." De igual forma, prohibiría que se presentase a los dioses como cambiantes puesto que si un dios es, por definición, el supremo bien cualquier cambio que experimentase sería para empeorar y ¿quién, voluntariamente, cambiaría para peor?

En el Libro III prosigue con la pedagogía de los vigilantes. Si éstos temen a la muerte ¿podrían cumplir con su misión? Por ello propone desterrar los mitos sobre el Hades así como cualquier mal ejemplo para esos guardianes como la embriaguez y la lujuria. Para conseguirlo plantea Platón el control del Estado sobre la producción poética y artística incluyendo la labor de los artesanos. Después del cuidado de la mente, Platón se ocupa del cuidado del cuerpo, de qué ejercicios serán más beneficiosos para esos guardianes y de su alimentación. De allí pasa a la medicina y a la judicatura y es tajante: "En cuanto a los otros, se dejará morir a aquellos que estén mal constituidos físicamente; y a los que tengan un alma perversa por naturaleza e incurable se los condenará a muerte." De entre estos vigilantes debe elegirse a aquéllos que, sometidos a prueba, demuestren mayor interés en el beneficio del Estado para gobernarlo. Incluso en su formación debe incluirse el mentirles: "Ahora bien, ¿cómo podríamos inventar, entre esas mentiras que se hacen necesarias, a las que nos hemos referido antes, una mentira noble, con la que mejor persuadiríamos a los gobernantes mismos, y si no, a los demás ciudadanos?" Platón propone que se los engañe con un mito, el de que todos son hijos de la misma tierra pero que los gobernantes han sido modelados por un dios que puso en la mezcla una mayor parte de oro, los guardianes con mayor parte de plata y los comerciantes y agricultores de hierro y bronce. Deben vigilar las tendencias de sus hijos y ponerlos con aquéllos que les sean afines, de forma que las tres "castas" platónicas no son cerradas, no son fruto de un derecho de nacimiento si no que están conformadas por la aptitud. A continuación Platón expone que los vigilantes deben vivir juntos y ser provistos de todo lo que necesitan para vivir por agricultores y comerciantes pero sin concesiones a lo superfluo. De igual forma les estará vedada la propiedad privada para que no puedan corromperse.

-Continuará-

Timocracia no significa gobierno de los timadores (II)

Sigue
En el Libro IV Platón prosigue con la configuración de su Estado ideal defendiendo que el peligro que acecha a su sociedad utópica es doble, el de la riqueza y el de la pobreza puesto que, según el ejemplo que propone, un alfarero enriquecido dejará de prestar la debida atención a su oficio mientras que uno pobre no podrá disponer de los medios necesarios para realizar su mejor trabajo. Ambas situaciones, pues, son ajenas a la Justicia que, recordémoslo, es la idea que subyace en todo el Diálogo. Prosigue Platón reincidiendo en la importancia de la educación como forma de garantizar la pervivencia de su Estado así como la necesidad de que los guardianes cuiden de que no se realicen innovaciones en la gimnasia y la música "Porque los modos musicales no son cambiados nunca sin remover las más importantes leyes que rigen el Estado, tal como dice Damón, y yo estoy convencido." Comienza seguidamente a hablar de los legisladores, de qué deben ocuparse y de qué no. Deben prescindir de las minucias y ocuparse de temas importantes entre los que propone la fundación de templos, la institución de sacricios a dioses, demonios y héroes, de tumbas a los difuntos y cuanto pueda contentar al más allá como principio según el ejemplo de Apolo. Las características del Estado deben ser cuatro, sabiduría, valentía, moderación y justicia. La sabiduría la entiende no referida a cuestiones particulares sino en cuanto atañe al bien común y a las relaciones de este Estado con las demás. Por ello es privativa de los guardianes. Lo mismo en cuanto a la valentía que entiende como disposición a conservar en toda circunstancia lo prescrito por la ley. La moderación la entiende con un símil musical: "ésta se extiende sobre la totalidad de la octava musical, produciendo un canto unísono de los más débiles, los más fuertes y los intermedios -en inteligencia o en fuerza o en fortuna, como te guste- de manera que podríamos decir, con todo derecho, que la moderación es esta concordia y esta armonía natural entre lo peor y lo mejor en cuanto a cuál debe gobernar, tanto en el Estado como en el individuo." La justicia nace del interior de cada hombre y se extiende a lo público: "Y la justicia era en realidad, según parece, algo de esa índole, mas no respecto del quehacer exterior de lo suyo, sino respecto del quehacer interno, que es el que verdaderamente concierne a sí mismo y a lo suyo, al no permitir a las especies que hay dentro del alma hacer lo ajeno ni interferir una en las tareas de la otra. Tal hombre ha de disponer bien lo que es suyo propio en sentido estricto, y se autogobernará, poniéndose en orden a sí mismo con amor y armonizando sus tres especies simplemente como los tres términos de la escala musical: el más bajo, el más alto y el medio." La injusticia, la intromisión de una de las partes en lo que corresponde a la otra y, en especial, el intento de gobernar a aquella parte que no la corresponde, sólo puede conducir a la corrupción de Estado tan perfectamente constituido. A continuación Platón (siempre por boca de Sócrates) anuncia que hay cinco clases de gobierno de los que el único bueno es el descrito que puede recibir dos nombres, monarquía (si entre los gobernantes hubiera uno que destacar del resto) y aristocracia (si no fuera ése el caso).
En el Libro V Platón intenta iniciar la crítica de las otras cuatro formas de gobierno ajenas a ésta que considera buena y recta, pero los contertulios le exigen que antes termine de explicar situaciones pendientes en su forma de Estado como es la situación comunitaria de mujeres y niños en los vigilantes. Platón defiende la igualdad entre hombres y mujeres. De igual forma que los guardianes deben ser instruidos en gimnasia y música lo deben ser las mujeres sin olvidar las artes de la guerra y la equitación, por supuesto, siempre que sean aptas para ello. Esta vida comunitaria debe traducirse en que las mujeres guardianas sean comunes aunque, por razones de eugenesia, los gobernantes procurarán mediante sorteos amañados que los mejores se apareen con las mejores. Nuevamente Platón defiende la mentira: "parece que los gobernantes deben hacer uso de la mentira y el engaño en buena cantidad para el beneficio de los gobernados;" Los hijos de estas uniones de los mejores deben ser conducidos aparte y educados bajo la tutela del Estado. Por su parte, los hijos que nazcan de las uniones de los peores también deben ser apartados y escondidos. Continúa Platón hablando de los vigilantes, de los honores que deben recibir los más aptos en combate como recibir el homenaje de los demás, aparearse más frecuentemente con las mejores mujeres y, en caso de que fallezcan, ser sepultados en hermosas tumbas y ser elogiados como un ejemplo. Aquellos, por el contrario, que muestren cobardía deben ser expulsados y pasar a ser agricultores. Los hijos (que no sabrán quiénes son sus padres de igual forma que éstos tampoco sabrán quiénes son sus hijos) deben acompañarlos a la guerra tanto par aprender con la observación como para infundir ánimos a sus padres de igual forma que los animales pelean con más vigor cuando deben defender a sus cachorros. A continuación asegura que para que su Estado se convierta en realidad es necesario o que gobiernen los filósofos o que los gobernantes se conviertan en filósofos. Aclara a continuación que por filósofo no debe entenderse a aquella persona que opina sino a la que conoce distinguiendo entre opinión y conocimiento científico.
En el Libro VI Platón explica que características naturales tiene el filósofo, amor a la verdad, valentía, facilidad de aprender, buena memoria... Pero si esas características naturales no son encauzadas por una buena educación sobreviene el desastre, el filósofo se convierte en sofista que busca tener éxito en la vida y sólo consigue crear un mal nombre para la filosofía. Para Platón, la educación debe ser progresiva y adecuada a la edad de forma que sólo en la madurez se enfrente al conocimiento supremo, la Idea del Bien. "Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la Idea de Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente, ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima."
En el Libro VII Platón reincide en el tema de las Ideas por medio de un hermoso mito, el de la Caverna. Supongamos que existen hombres que están encadenados en una morada subterránea y que sólo conocen del mundo exterior las sombras que pasan por un tabique similar al biombo de un titiritero. Supongamos que uno de ellos es liberado y conducido a la luz del mundo real. En un primer momento ¿no le doldrían los ojos? ¿No consideraría más reales las sombras a las que estaba acostumbrado que los objetos reales que ahora puede contemplar por vez primera? Pero una vez que se hubiera acostumbrado a la contemplación directa de la realidad ¿no compadecería a sus compañeros en la caverna? "Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegramente esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y la contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público." Conociendo el fin al que tiende la educación, Platón define sus etapas. Aparte de la música y la gimnasia que educan el cuerpo para el combate pero no el alma, Platón defiende que debe comenzar por el cálculo, seguir por la geometría, la astronomía y la armonía para concluir con la dialéctica.
-Continuará-

In memoriam

 

 

Hoy, 3 de marzo de 2009, ha fallecido en el Hospital Río Carrión de Palencia D. Javier Cortes Álvarez de Miranda. El segundo apellido les resultará familiar (o no) pero no vamos a hablar de política y sí de un gesto extraordinario en un tiempo de mediocres.

Corría el año 1968, un cinco de julio por si les interesa la precisión, cuando en una finca propiedad de D. Javier Cortes situada cerca del pequeño pueblo de Pedrosa de la Vega se encontró "algo". En vez de hacer lo habitual por estos lares cuando aparece "algo" que es taparlo antes de que se entere nadie para no dar lugar a una expropiación de terrenos, D. Javier Cortes regaló esa parcela a la Diputación palentina. Para entonces ya se sabía que ese "algo" era una extraordinaria villa romana, la conocida como Villa de la Olmeda, uno de los más importantes conjuntos musivarios de Europa. Tal gesto ya sería suficiente para merecer el recuerdo y la gratitud de todos los palentinos, pero, además, el agrónomo Javier Cortes no cejó en su empeño de lograr convertir "su" yacimiento en un museo vivo para lo cual se convirtió en un experto en restauración de mosaicos. También logró que se transformara la iglesia de san Pedro, en la cercana localidad de Saldaña, en el Museo Monográfico de la Villa de la Olmeda para disponer de un espacio en el que exhibir permanentemente algunos de los restos arqueológicos más importantes localizados en la villa y sus necrópolis. Por desgracia no ha vivido para ver la reapertura del yacimiento-museo que se realizará dentro de un mes, el 3 de abril, y que, según dicen, ha logrado potenciar la espectacularidad de los mosaicos tanto de los ya conocidos por formar parte de la Villa propiamente dicha, como de los mosaicos de las Termas adyacentes. Esa día hubiera supuesto la culminación de su sueño que hoy ya es patrimonio de todos los palentinos. Rindo homenaje al hombre que concibió la idea aparentemente disparatada de que un pequeño pueblo de la Vega palentina se tenía que convertir en una visita obligada para todos los apasionados por la Historia y el Arte. Que la tierra de su Palencia de adopción le sea leve al hombre que, hace ya casi 30 años, enseñó a un grupo de estudiantes de Bachillerato lo que entonces era una excavación incipiente y que, pese a ello, consiguió trasmitirles su pasión por aquellos mosaicos que había que baldear para poder eliminar el polvo y apreciar su extraordinario colorido. Desde aquel día en el que pudimos pisar unos pavimentos que se habían construido 1500 años antes, en el que pudimos hacer revivir a golpe de agua la policromía que había pasado más de mil años enterrada, desde entonces a algunos nunca nos abandonó la fascinación por la Historia. Gracias por aquella lección inolvidable, maestro.

 

 

 

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Escepticismo, orgullo intelectual y pasión

 

 

 

 

 

 

Las acusaciones que recibimos los escépticos son de todo tipo. Prescindamos de aquéllas que son meros insultos porque siempre he pensado que éstos sólo (des)califican a los que los emplean. Olvidémonos también de aquéllas que son manifiestamente absurdas como las que nos tildan de secta e inquisidores porque, obviamente, la promoción del pensamiento crítico es la antítesis de la aceptación borreguil necesaria para la existencia de cualquier secta que se precie. Por otra parte, la visita de cualquier inquisidor a mi biblioteca se traduciría en la conversión a pavesas de buena parte de ella por no hablar de un servidor protagonizando el desfile de los últimos modelos de sambenitos y corozas. De verdad que los inquisidores no mostraron nunca tolerancia con los que somos ateos...

Por contra, otras alegaciones sí tienen al menos una base de verdad, concretamente las que nos acusan de orgullo intelectual y de matar la ensoñación necesaria para la felicidad. Reconozco que es difícil no sentirse intelectualmente superior a una persona que afirme paridas como que el C-14 se emplea para datar restos hasta de millones de años o que confundan un reflejo en una fotografía con un OVNI (entiéndase, con una nave extraterrestre) o que afirmen que el timerosal que (no) contiene la vacuna triple vírica puede causar autismo en los niños que la reciban o (piense cada uno en la mayor tontería que haya leído, visto, escuchado... en los últimos días y posiblemente esté superada en alguno de los comentarios de la imprescindible bitácora Magonia), pero pensemos que nadie está libre de error y que, tal vez, nosotros estemos sosteniendo en ocasiones afirmaciones tan disparatadas como ésas. Así pues, señalemos los errores pero no nos regodeemos en ellos ni humillemos a los que los cometan. Lo contrario puede dar pie a pensar que nos creemos el ombligo del mundo lo que no es el caso porque no somos superiores a nadie.

¿Puede un escéptico ser feliz? Pues yo lo soy y no creo ser un caso extraño, todo lo más un poco raro incluso para el pensamiento crítico en el que hay bastante freakismo (esto es una leve ironía por mi parte). Si tienen la idea del escéptico como un fanático de la ciencia vestido de bata blanca y que va por la vida intentando reducir todo a lo verificable experimentalmente en un laboratorio, les diré que con lo que no sé de ciencia se puede escribir la mejor enciclopedia científica del mundo mundial, que nunca he usado bata blanca y sí un mono azul, que para mí un cuadro es mucho más que unos pigmentos sobre un lienzo y un poema es mucho más que unos caracteres alfabéticos alineados de forma determinada. Reconozco que el teorema de Pitágoras me deja tan frío como la ley de Gay-Lussac y que lo que me conmueve es leer:

"En fin, en fin, tras tanto andar muriendo,
tras tanto variar vida y destino,
tras tanto, de uno en otro desatino,
pensar todo apretar, nada cogiendo..."

u otro hermosísimo soneto cualquiera de uno de los más grandes y desconocidos poetas españoles (y si han reconocido la poesía o al autor sin necesidad de consultarlo en Internet, me quito el sombrero ante Vds. en señal de profundo respeto).

Si mañana se descubriera el bosón de Higgs o se formulara la teoría del todo, me daría exactamente igual. Sencillamente, la física no me apasiona. Como verán, el escepticismo no es igual al fervor por la ciencia. Si Vd. tenía ese estereotipo espero habérselo quitado de la cabeza, pero ¿qué hay de la pasión? Pues como a todo hijo de vecino, nos entusiasman unas cosas y otras nos traen sin cuidado (y la elección de unas y otras no tiene nada que ver con el escepticismo, es algo personal). Si no lo creen, pueden mirar otras páginas escépticas y verán aficionados a la ciencia-ficción (género-bodrio donde los haya), partidarios del heavy (¿no se quedan sordos con ese ruido?), amantes de las películas de serie Z (sí, yo ¿qué pasa?)...

"Cada loco con su tema, contra gustos..." que cantaba Serrat cuando todavía merecía la pena escuchar lo que componía (sí, hace un montón de años...) y eso tiene tan poco que ver con el pensamiento crítico que somos capaces hasta de sentirnos apasionados por algo que no es real. Les pongo un ejemplo, me entusiasma la serie House M. D., un personaje ficticio (magníficamente encarnado por el actor Hugh Laurie) y absolutamente repulsivo (egocéntrico, misántropo, drogadicto, putañero...) que vive unas peripecias inventadas por un equipo de guionistas tan buenos como sádicos (cuando emitan el último episodio de esta temporada -la quinta- comprobarán el porqué lo digo). ¿Por qué me fascina? Porque habla del tema por excelencia, el hombre y su agonía entre la miseria y la grandeza. House (o Edipo, o...) es un espejo en el que nos miramos y nos reconocemos.

He confesado que no me interesan las partículas. Me importa algo infinitamente más complejo e impredecible, el ser humano. Somos tan anárquicos que, a veces, rompemos cualquier esquema previo y eso nos lleva, por fin, al verdadero motivo de esta historia, visitar un altozano turco llamada Göbekli Tepe. Antes de seguir adelante, permítanme recordar que hoy no es 28 de diciembre ni 1 de abril. Aunque no lo parezca, lo que sigue es completamente serio y hasta donde he podido verificar, real.

Imagínense el hallazgo más extraño que puedan concebir en el campo que les resulte más querido. Eso y más es el yacimiento arqueológico de la Colina del Vientre o la Colina del Ombligo (traducción del turco Göbekli Tepe). Por aquello de las imágenes y las palabras, veamos una fotografía de uno de los "anillos", un detalle de uno de los pilares en T, otro más, escultura de un jabalí, escultura de un felino y, por último, una imagen de un anillo con trabajadores turcos para hacernos una idea de las dimensiones reales.

Bueno, tal vez no estén impresionados en demasía. No hay oro, joyas, grandes esculturas... Los pilares en T son similares a formas megalíticas. ¿Dónde está lo extraordinario? En Göbekli Tepe hay tres niveles arqueológicos, el I es un nivel de sedimentación que se empleaba para cultivos agrícolas hasta fecha reciente, el II corresponde a un neolítico precerámico que podemos datar en 7500-6000 A. de C., el III es más antiguo ya que hay fechas (procedentes de dos trozos de madera carbonizada) de C-14 de 9110-8620 y 9130-8800 A. de C. Todo lo que hemos estado viendo corresponde al nivel III, es decir, ese edifico estaba en uso en el X milenio A. de C. antes, por tanto, de que tengamos pruebas de que comenzara la Revolución Neolítica (es decir, el paso de la economía cazadora-recolectora a la economía agrícola-ganadera).

Por si no se han dado cuenta de qué significa eso, les hago un resumen (con todo lo que ello comporta de pérdida de precisión) de cuál era el panorama hace unos años. En el Mesolítico encontramos la cultura Natufiense en la que grupos de cazadores-recolectores comienzan la explotación de cereales silvestres (aparece entre el utillaje lítico unos dientes con los que formaban hojas de hoz con el brillo típico procedente de cortar los tallos ricos en silicio de los cereales). Esa explotación (que no plantación) de los cereales conlleva la sedentarización cada vez mayor de la población que terminará (posteriormente en el Neolítico Precerámico A) formando poblados como Jericó en el que aparece una muralla de piedra con una torre adosada y casas con paredes de adobe. En lo que hoy es Jordania coexiste una cultura similar, Khianiense o Khiamiense, que evoluciona posteriormente al Prototahuniense y que se caracteriza por una economía preganadera que se convierte en el Prototahuniense en una economía ganadera plena. En lo que hoy es Irak aparece la cultura Karimsahiriense en la que aparecen elementos preagrícolas y preganaderos. Posteriormente aparece en esta zona el Neolítico Precerámico de Jarmo.

Hoy todo ese esquema ha saltado por los aires. Para comprobarlo, tenemos que ir a Nevali Çori, otro yacimiento arqueológico turco hoy desaparecido bajo las aguas de la presa Ataturk y que está a unos 30 kilómetros de Göbekli Tepe. Fue excavado de urgencia en 1993 y se encontró esto que les sonará familiar. Siguiendo la terminología habitual, le llamaremos el Templo de Nevali Çori. Es una gran habitación con pilares adosados a las paredes (y en los que aparecen gravados motivos similares a los de Göbekli Tepe) así como dos grandes pilares exentos. Tenemos cuatro fechas de radiocarbono para Nevali Çori, una del X Milenio A. de C. y otras tres de la segunda mitad del IX Milenio A. de C. Por tanto es posterior a Göbekli Tepe. A diferencia de lo que se ha excavado en la Colina del Vientre, en Nevali Çori sí se han encontrado viviendas además del "Templo" en las que aparecen unos canales subterráneos similares a los localizados en otro yacimiento turco cercano, el de Çayönü la localidad en la que, probablemente, se domesticó al cerdo y cercana al Karaca Dag, el volcán extinguido en cuyas laderas se encontró la planta silvestre que ha resultado ser la antepasada común a 68 variedades de cereales actuales. Çayönü también es posterior a Göbekli Tepe porque tenemos fechas del VIII y VII Milenio A. de C.

Como verán, la secuencia que tenemos ahora es justo la contraria a lo que pensábamos anteriormente, no es que la explotación de los nuevos recursos condujera a la sedentarización sino que la sedentarización condujo a la explotación de nuevos recursos. La Colina del Ombligo nos conduce, además, a un gran número de preguntas sin respuesta comenzando por una obvia ¿qué es ese edificio? La respuesta que da su descubridor y excavador, el arqueólogo Klaus Schmidt es clara, es un templo. Comencemos por detallar los puntos que apoyan esa hipótesis:

El edificio es magnífico, supuso un inmenso trabajo (antes de que los de siempre comiencen a intentar arrimar el ascua a su sardina extraterrestre u atlante, la cantera de piedra caliza de la que se obtuvieron los monolitos está en la misma colina -a una distancia entre 100 y 500 metros de los "anillos"- y en ella aún se conserva un monolito que no se terminó de tallar y gracias al cual sabemos que se emplearon para ello herramientas de piedra -los láseres, cortadores de plasma e incluso las radiales con rueda de diamante debían estar averiados ese día-) y, sin embargo, no se ha encontrado aún la menor prueba de que Göbekli Tepe habitara nadie de forma permanente. No estamos pues ante un palacio, pero las horas de esfuerzo dedicadas a su erección significan que fue sumamente importante para la comunidad que lo levantó. No obstante, lo excavado es una mínima parte del yacimiento, cuatro de los "anillos" cuando existen un total de veinte (datos obtenidos por Geofísica). Para entenderlo mejor, veamos una reconstrucción del yacimiento (en detalle, las partes excavadas, se sugieren nueve de los dieciséis "anillos" que aún no lo han sido). No sabemos si cuando se excave todo (se calcula un mínimo de 20 años de trabajo de campo) aparecerán o no esas habitaciones o algo que arroje nueva luz sobre la función de este complejo.

Alguno de los motivos grabados en los pilares son viejos conocidos por yacimientos turcos posteriores como Çatal Hüyük. Concretamente, el tema de los buitres, que en Çatal Hüyük aparece frecuentemente y, salvo que interpretemos mal esos frescos, como psicopompos. No obstante, antes de pretender establecer paralelismos cuando estamos hablando de tres mil años de separación entre los buitres de Göbleki Tepe y los de Çatal Hüyük (lo que tampoco supone negarlo porque en el yacimiento de Çatal Hüyük se conservaron telas con decoraciones similares a las que se continúan empleando en las alfombras turcas actuales, ocho mil años posteriores) no está de más que recordemos que en la fotografía anterior del pilar en T los buitres aparecen encima de un escorpión. En realidad, en Göbekli Tepe hay numerosas representaciones de animales diversos, tanto de los que podemos considerar beneficiosos como perjudiciales sin que se pueda descifrar ningún simbolismo en ello. Si tienen algún significado más allá de la decoración, se nos escapa cuál pueda ser éste.

Tal vez la razón más fuerte para pensar en un complejo de culto sea el paralelismo entre Göbekli Tepe y el "Templo" de Nevali Çori. El problema es que tampoco sabemos que el "templo" lo sea. Sí es cierto que en Nevali Çori han aparecido piezas de difícil interpretación como el llamado hombre-pájaro en el que algunos quieren ver una figura totémica relacionada con el chamanismo al igual que en esta representación de una cabeza humana coronada con una serpiente aunque para otros la serpiente sea sólo una trenza. Tampoco es sencillo saber qué representa esta ¿danza?. Supongamos, no obstante, que existieran pruebas irrefutables de que el "Templo" lo fuera realmente (todo lo que podemos afirmar es que resulta más rico y más amplio que las viviendas y que, al contrario que éstas, no era habitado) ¿supondría eso que el complejo de Göbekli Tepe era un santuario? Para tener elementos de juicio, veamos las dudas que plantea esa hipótesis.

Además de los "anillos", en la Colina del Ombligo se han encontrado numerosos huesos de animales con señales de haber sido cocinados. Dado que, supuestamente, nadie vivía allí queda la opción del sacrificio. El "problema" es que en muchas ocasiones coinciden los animales "sacrificados" con los animales "totémicos" representados en los pilares en T. Esto no sucede sólo con gacelas, ovinos... que nos parece más normal que se emplearan como condumio sino también con los supuestamente sagrados buitres.

Otro problema para aceptar la hipótesis del santuario es el propio número de edificios. Tenemos cierta tendencia cuando no entendemos algo de la Prehistoria a atribuirlo a las creencias de tipo religioso, pero ¿por qué habrían de construir al menos veinte recintos similares (a priori, cuando se excaven veremos si lo son o son diferentes)? La hipótesis del santuario no explica eso mejor que, por ejemplo, la de que estemos ante un lugar de reunión de clanes para celebrar ágapes (y esto es un mero ejemplo, no lo propongo como solución real).

El profesor Schmidt cree que estamos ante un inmenso cementerio y que encontrará tumbas excavadas bajo los "anillos". Göbekli Tepe sería un santuario para honrar a los antepasados. El tiempo le dará o quitará la razón en ese extremo, pero de momento es una mera especulación.

Independientemente de qué sean esos edificios plantean una serie de problemas que, por el momento, no tienen solución o la tienen sólo en parte. Por citar alguno de ellos ¿cómo adquirieron los conocimientos tecnológicos para tallar la piedra y edificar paredes de mampostería? Hoy puede parecer una tontería, pero excluidos estos yacimientos anatólicos, tendrán que pasar milenios para encontrar construcciones semejantes. Para más "inri" no conocemos antecedentes a Göbekli Tepe e incluso construcciones posteriores como los del "Templo" de Nevali Çori son de peor factura. Sólo el conocido como El Muñeco de Nieve de Balikli Gol (lo del Muñeco de Nieve no precisa mayores comentarios y Balikli Gol es la zona de la ciudad de Urfa en la que apareció cuando se hacían las obras para construir un banco) que, como quién no quiere la cosa, es la representación humana (o ¿divina?) a tamaño natural en forma de escultura exenta más antigua que existe, es contemporáneo a los recintos de la Colina del Ombligo. Aparte de confirmar que en el X Milenio antes de Cristo en esta zona de Anatolia existió una cultura que alcanzó niveles de desarrollo artístico y tecnológico que no volveremos a ver hasta milenios después, no nos aclara nada sobre estos interrogantes.

Otra pregunta sin respuesta de momento es cuándo se construyeron estos "templos". Las fechas que tenemos por C-14 corresponden a su ocupación. Sabemos, por tanto, que en el X Milenio A. de C. estaban construídos y en uso, pero no sabemos cuánto tiempo llevaban edificados. También ignoramos cuánto tiempo se tardaron en construir, si los veinte anillos se levantaron de forma simultánea o a lo largo de varias generaciones. Es especialmente doloroso que no tengamos respuestas sobre la sociedad que hizo posible esa maravilla. Tuvo que tener un alto grado de organización por dos razones, tuvo la capacidad de realizar un trabajo que exigía numerosa mano de obra (y una planificación previa) y fue capaz de alimentarla. Esto segundo plantea un nuevo problema ¿cómo lo hicieron? Estamos hablando de asentamientos con una economía de caza-recolección. Por muy feraz que fuera esta zona (que lo era) un único asentamiento a gran escala hubiera ocasionado la sobreexplotación de la misma. Por ello, el escenario que imaginamos es el de numerosos asentamientos de escala reducida cooperando en un fin común, pero ¿bajo qué tipo de autoridad se estableció esa cooperación? Aunque la interpretación del complejo de Göbekli Tepe como santuario haya hecho que alguno haya hablado de una teocracia con una casta sacerdotal dirigente, eso no pasa de ser una especulación. Tampoco sabemos si existió una casta guerrera que conquistó y puso bajo su mando a diferentes poblaciones o si eran asentamientos con una jefatura familiar o de cacicazgo confederados por alguna razón que ignoramos.

Muchas preguntas sin respuesta como tampoco la tiene el extraño fin de la Colina del Ombligo. Por alguna razón desconocida todo el complejo fue sepultado bajo toneladas de tierra (lo que ha permitido que su estado de conservación sea magnífico). ¿Se convirtió en algo tan odioso que se quiso borrar todo huella de su existencia? ¿Se quiso proteger de algún peligro? Nuevamente, no tenemos respuestas que no sean meras hipótesis especulativas.

Como verán, el yacimiento de Göbekli Tepe no precisa de tesoros en metales preciosos, de raras reliquias repletas de energías místicas o de arqueólogos mediáticos para resultar apasionante y lo es aunque no tenga nada que ver con el mítico Jardín del Edén (algo que se ha dicho e incluso escrito) ni con la Atlántida (otra afirmación con múltiples seguidores pese a tener la misma inexistente base que la anterior). ¿Quién dice ahora que el escepticismo no acepta lo que rompe los esquemas establecidos o que mata la capacidad de asombro? Göbekli Tepe es tanto una cura de humildad para los que crean que no hay lugar para nuevos descubrimientos como para los que creen que si algo es revolucionario no se acepta porque los intereses creados...

 

 

 

 

 

 

 

Blanco y negro

 

Hay días en los que me gustaría tener la voz prodigiosa del difunto Fernando Fernán Gómez para gritar ¡A la mierda! como un Júpiter tonante. Hoy es uno de esos días en los que recuerdo al general Cambronne (¿o fue el general Michel?) contestando en Waterloo a la propuesta de rendición inglesa con un sonoro "Merde!" (supongo que no necesitan traducción ¿verdad?) aunque según Hugo (Víctor para los amigos) lo que respondió fue "La Guardia muere, pero no se rinde". Con todos mis respetos al autor de "Los miserables" (título que, pese a que pudiera parecerlo, no se inspira en la clase política actual por la sencilla razón de que fue publicado en 1862) cuando un general cree estar a las puertas de la muerte (y está ante una derrota histórica) lo de ponerse a costruir frases hermosas no parece demasiado creíble. Hay que ser tan cursi como Rutger Hauer para pensar lo contrario (alusión cinéfila que espero pase desapercibida porque si no me va a caer la enésima lapidación virtual. Lo siento, el monólogo final de su personaje en Blade Runner me parece la gilipollez más grande jamás contada).

Hoy es uno de esos días en los que me gustaría mandarlo todo a la mierda y si no lo hago es para no ofender a la mierda. Ya, ya sé que España es un país en la que el mérito sólo se reconoce después de muerto (y eso si hay suerte). Que somos así de imbéciles, envisiosos... lo tengo asumido pero me indigna cuando en una semana puedo contraponer el ninguneo a una gran persona con los ditirambos a un personaje siniestro.

El pasado día 21 de junio falleció Julio Valdeón Baruque. Pese a ser uno de los grandes medievalistas españoles, su muerte ha pasado casi desapercibida. Permítanme decir algunas cosas sobre él. Fue un magnífico historiador como se ha reconocido unánimemente (catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Valladolid, miembro de la Academia de la Historia, Premio Nacional de Historia en el año 2004...) y como podemos atestiguar todos los que tuvimos el placer de recibir su magisterio, pero quedarse ahí sería pecar de reduccionismo. Entre las cosas que no dice la Wiki en su semblanza biográfica está el hecho de que su padre, el maestro socialista Julio Valdeón Díaz, fue fusilado poco después de nacer él. Aquella tragedia familiar dentro de la gran tragedia, el horror inmediato dentro del horror general, lo narró así su nieto, Julio Valdeón Blanco. Lo que fue su infancia dentro del mundo absurdo de la postguerra española, huérfano y con el estigma añadido de hijo de "rojos" no quiero, no puedo imaginarlo. Tal vez por su historia familiar se presentó a las primeras elecciones democráticas en las listas (para el Senado) del Partido Comunista de España (aunque figuraba como independiente). Aunque no fue elegido, su figura sí tuvo una inmensa importancia política en el nacimiento de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Cuando por aquí lo de autonomía sonaba a chino y, además, no le importaba a casi nadie (léase que, en realidad, todos estábamos deseosos de ver realizarse las aspiraciones autonomistas de Castilla que dormían desde la época de los Comuneros... y el resto del discurso oficial que se pueden imaginar) él fue de los fundadores y presidente de Ámbito Ediciones, una editorial que si no son castellanos y leoneses posiblemente no les dirá nada, pero que fue fundamental para que mi generación aprendiera lo que habíamos sido y decidiéramos lo que teníamos que ser.

Con el profesor Valdeón Baruque se nos ha ido un gran historiador, un gran castellano, una gran persona. No se me ocurre mejor epitafio.

Hoy (o ayer) se ha muerto otra persona (bueno, se habrán muerto muchas, pero ya entienden lo que quiero decir). Pese a que la noticia llene primeras páginas de periódicos y abra informativos, soy lo bastante maldeducado (o no soy lo bastante hipócrita, según si prefieren la versión positiva o la negativa) como para tener que cambiar mi opinión sobre él cuando estaba vivo. Si entonces se me antojaba una persona repugnante su muerte lo único que ha cambiado es que en vez de una persona es un cadáver.

¿Escandalizados? Pues me permito recordarles aquella poesía en forma de pseudoepitafio que comienza:

Aquí yace micer de la Florida y en la que figuran unos versos que, no sé porqué, me vienen hoy a la cabeza: ...fue enemigo de Herodes y sus gentes/ no porque degolló a los inocentes/ mas porque siendo niños y tan bellos/ mandólos degollar y no jodellos." como prueba de que no soy la única persona para la que la muerte no supone una mejora en la catadura moral del personaje. Y sí, ya sé que con D. Francisco las únicas características que comparto son la miopía, la perilla y la mala hostia, pero menos es nada (y comía nieve).

 

 

 

La Bella cada día más Desconocida

 

 

 

Que soy (y ejerzo de) palentino no es ningún secreto. Al contrario, siempre he dicho que el banco de mi personalidad se asienta en estas cuatro patas: ser ateo, republicano, escéptico, "colchonero" y palentino (habrán deducido dos cuestiones al respecto, que me va la marcha sado-maso y que no me va la aritmética).

Francamente, sé que tengo idéntica imposibilidad de ver la extensión en España de un ateísmo respetuoso con las creencias de los demás, de vivir la instauración pacífica de la III República, de contemplar cómo el pensamiento crítico se extiende a amplias capas de la población, de admirar a Neptuno descollando en un mar rojiblanco o de gozar de una Palencia en el lugar que merece, pero soy lo que quiero ser aunque debo reconocer que nacer en Palencia me facilitó la cuestión de ser palentino sin necesidad de retorcer la verdad al estilo del célebre poeta dramaturgo y no-velista (no, no es un lapsus calami, es un sarcasmo) cordobés que nació en Brazatortas (Ciudad Real). Y sí, reconozco que cuando uno va por la vida ejerciendo de escritor exquisito resulta de los más anticlimático declarar su nacimiento en un pueblo manchego con un nombre tan poco poético aunque estoy convencido de que los verdaderos torteños están tan justamente orgullosos de su localidad como yo de la mía.

Dejémonos de oropeles vacuos y de galas prescindibles para ir a la catedral de mi ciudad. Si les preguntara qué catedrales de entre las españolas son las que más admiran sospecho que me encontraría (el orden no importa) con Burgos, León, Toledo, Sevilla, Barcelona, Palma de Mallorca... Me extrañaría que citaran la palentina. No crean que el cariño por mi tierra me ciega. El exterior de la seo de mi ciudad es un horror (salvo el bellísmo ábside gótico), infortunio que cabe achacar al cambio en el plan inicial (cuando ya estaba construyéndose el crucero se decidió que la catedral era demasiado pequeña así que se alargó motivando que existan un crucero y un pseudocrucero, dos capillas mayores, cuatro portadas... y una desproporción de lo más antiestética). El plan (pelín faraónico, la verdad) tuvo otras dos consecuencias negativas, la primera llevar la ejecución de la obra al periodo de transición artística entre el Gótico y el Renacimiento lo que motivó una indefinición estilística que podemos apreciar en las dos portadas del crucero, la Puerta del Obispo en estilo pseudogótico (arcos ojivales con apostolado -realizado en el S XVII- adosado a las columnas, la figura de María -también del S XVII- que debió coronar un parteluz inexistente... mezclados con casetones con decoración renacentista a base de puttis, candelieri...) y la Puerta de los Reyes con la misma confusión entre arcos ojivales (y de medio punto y óculos), decoración con casetones renacentistas y, para empeorar la mezcolanza estilística, esculturas en hornacinas rematadas con frontones. Un par de columnas salomónicas es lo único que hubiera faltado para terminar de jo... artísticamente hablando, claro. La segunda consecuencia negativa es que la Catedral quedó inacabada. La que hubiera debido ser la fachada principal (la de los pies) nunca se realizó, lo que explica su deplorable aspecto que no mejoró con la construcción en fechas recientes (en 1980) de la puerta pseudorrenacentista obra del Sr. Chueca Goitia que no se lució con el proyecto arquitectónico precisamente.

¿Faltaba algo más para que el exterior sea perfectamente descriptible (si no lo hago es por no caer en la escritura cacofónica)? Pues la torre. Su ¿estética? según los bienintencionados se debe a un carácter utilitario, a que se concibió como una torre militar. Como yo sigo sin saber qué pito toca en esa época (segunda mitad del S XV) una especie de torre del homenaje anexa a un templo (y, para más INRI, en el lugar que no corresponde) silenciaré mi opinión sobre esa obra arquitectónica. Me basta con señalar que, por desgracia, un gran arquitecto modernista, don Jerónimo Arroyo, no pudo realizar su proyecto de substituir eso por una torre neogótica (que era un pastiche de cuidado, pero mejor lo kistch que un montón de...)

Si el exterior puede lograr el milagro de ahuyentar a un turista japonés antes de que haga ni una sola foto, el interior es completamente distinto. Lo que en el exterior es pesadez, fealdad... se convierte en la elegancia de sus bóvedas, la mezcla de estilos que resulta penosa en el exterior consigue en el interior el milagro de la Capilla de los Reyes, lo que en el exterior es un conjunto de errores penosos se transmuta en una sucesión de logros artísticos extraordinarios, retablo de la Capilla del Sagrario, Altar Mayor, retablo de la Capilla de San Ildefonso, retablo de la Capilla de San Gregorio y, por supuesto, el Trascoro... por citar sólo unas pocas obras. Si unimos a ellos pinturas como El martirio de san Sebastián de El Greco, Díptico de Pedro Berruguete, Los desposorios místicos de santa Catalina de Mateo Cerezo (una de las dos versiones que realizó el autor sobre este tema, la otra se conserva en el Museo del Prado) o el Políptico de los Dolores de la Virgen de Jan Joest de Kalkar (o de Calcar), esculturas como el Cristo de las Batallas (el nombre viene de que, según la tradición, ante este Cristo las tropas palentinas presentaban sus pendones antes de ir al combate a las órdenes del obispo de turno que, para eso, tenía el señorío de esta ciudad), los relieves del Púlpito del obispo D. Luis Cabeza de Vaca obra de los entalladores Juan de Cambray y Pedro del Flandes y del escultor Juan Ortiz el Viejo I (también se supone que trabajaron en él los doradores Andrés y Miguel de Espinosa, pero dado que no presenta ningún tipo de dorado...), los relieves de la puerta del arco en esviaje atribuidos a Miguel Álvarez... además de obras de orfebrería como el Altar de plata de Andrés Francisco y Juan Francisco Espetillo, y Juan Francisco Velasco o la Custodia de Juan de Benavente, además de los Tapices de la catedral de Palencia, libros, documentos... que forman un museo extraordinario. De ahí el apodo de la Bella Desconocida que recibe nuestra catedral.

Pese a que pudiera parecer que es cada día un poco menos desconocida y que cada día más bella gracias lo primero a la celebración de las Edades del Hombre en 1999 que supuso una puesta de largo ante miles de turistas que se quedaron ojipláticos ante lo que estaban viendo, y lo segundo gracias a las continuas obras de restauración que realiza el obispado con la colaboración de organismos público y privados. Sin embargo, nuestra catedral también es muy palentina, su severidad exterior contrasta con la belleza interior pero también parece complacerse en guardarse secretos que sólo desvela de vez en cuando. En el siglo pasado (en 1905) fue el descubrimiento de que la cripta románica ocultaba una sorpresa, un recinto visigótico de mediados del siglo VII. Posteriormente (en 1971) fue el descubrimiento de lo que fue, casi sin duda, la mesa de altar de la antigua catedral románica. Estaba tapada con materiales de relleno y madera en la Capilla del Sagrario y consta de una losa de más de 3,30 m X 1,60 m que se apoya en dos columnas (con basa, fuste y capitel) románicas de unos 90 cms. El ara es de ágata de 30 X 20 cms. Ya en nuestro siglo, al proceder a reabrir los vanos del claustro (habían sido cegados para evitar su hundimiento a finales del S XVII) se encontraron restos de las vidrieras antiguas de las que existe prueba documental que fueron realizadas por Juan de Valdivieso y Arnao de Flandes. El último hallazgo se ha hecho público en estos días y se produjo al proceder a la renovación del pavimento tras la Puerta de los Novios y es un modillón (o canecillo) románico y, según dicen los que lo han visto, muy arcaico a juzgar por su estilo.

Esto nos lleva a la historia de la Catedral. Ya hemos dicho que hay restos de una edificación visigótica de mediados del S VII de la que ignoramos qué fue e incluso cuál es su tamaño real (se cree que es más amplia que el recinto diminuto que podemos ver pero no puede seguir excavándose sin poner en peligro la propia estructura del templo) e incluso si fue un edificio construido al aire libre y que se convirtió en subterráneo al aumentar el nivel de los terrenos adyacentes o si siempre ha sido una cripta. A este edículo se le adosó a comienzos del S XI esta construcción que pueden encontrar descrita como románica, prerrománica o protorrománica de 17 X 8 metros y que, ésta sí, ya fue construida como una cripta dada la robustez de los arcos fajones (aunque haya quien lo niegue dada la existencia de "ventanas", éstas son ciegas y aprecen ser un mero motivo decorativo). El "problemilla" es que, al igual que sucede con la parte visigótica, sabemos que hay edificaciones adyacentes a esta sala que no pueden ser excavadas. La parte hipogea de la catedral palentina es, en gran parte, un enigma lo que da pie a la existencia de numerosas afirmaciones sin prueba alguna que las sustenten (por ejemplo, que la edificación visigótica se realizó en el lugar que ocupaba un templo romano).

Por contra, el resto de la historia pensábamos que lo conocíamos mejor. Sobre esa cripta se comenzó a edificar una catedral románica a mediados del S XII que fue consagrada en 1212 y que fue siendo derruida y substituida por la actual desde 1321 hasta 1516 (fecha de la supuesta finalización de las obras que, en realidad, permanecen inconclusas hasta el día de hoy) aunque algunos capiteles (y otros elementos) se reaprovecharon en la nueva catedral. La obra se inició en el ábside y fue avanzando hacia los pies con el replanteo debido a la decisión de ampliar el templo del que ya hablamos. Hasta aquí lo que sabíamos porque es lo que está documentado. El "problemilla" es que hay cosas que no casan. Veamos el plano de la catedral de Palencia. Pueden ver el pseudocrucero (que une las Puertas de los Novios y de los Canónigos marcadas con las letras A y B en el plano) y por "encima" de él la capilla Mayor antigua (hoy capilla del Sagrario marcada con el número 1) y las siete capillas absidiales marcadas con los números 2 al 7 -si se pregunta el porqué hay una capilla sin numeración es porque está tapiada y dedicada a calefacción-) y entre ambos elementos, la girola. Como dijimos, esta parte es la más antigua de la catedral gótica, la construida entre 1321 y 1426. Pues bien, por debajo de esta línea y correspondiendo, supuestamente, a las obras realizadas entre 1426 y 1486 encontramos elementos góticos para entonces ya en desuso como dos bóvedas de crucería cuatripartitas en la torre y en uno de los dos tramos de la Sacristía (número 23 en el plano) mientras que el otro tramo se cubre con una bóveda estrellada como es propio de esta época. Esto unido a la extraña tipología de la propia torre y a su inusual localización ha conducido a algunos a pensar que es un reaprovechamiento de una construcción ya existente de carácter militar (por ejemplo, véase el artículo Catedral de Palencia en la wikipedia en su cuarto párrafo). Debo reconocer que para mí eso no resuelve el problema, sólo lo replantea porque ¿cuál es la razón de que se decidiera reaprovechar una torre de carácter militar cuando estéticamente es un horror y ya no tenía ningún sentido práctico? No obstante, no son los únicos elementos fuera de lugar. En la capilla del Baptisterio (número 2 en el plano) hay un arco ojival muy primitivo y que, para más INRI, no tiene ninguna función. Sencillamente, está ahí.

Todo eso nos lleva a concluir que aún hay muchas cosas que desconocemos, que la catedral de Palencia sigue siendo una gran desconocida y que, tal vez, las excavaciones arqueológicas que van a iniciarse en la zona de la Puerta de los Novios y en las que se plantean alcanzar el estrato situado a -4 metros desde el nivel actual del pavimento permiten conocer algunas respuestas a estos enigmas aunque, con mayor probabilidad, nos haga enfrentarnos a nuevos misterios.

 

 

 

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