Blogia
Escritos desde el páramo

Cajón de sastre

Cumpleaños feliz

Pues eso, que tal día como hoy hace justo un año (cómo pasa el tiempo) el que subscribe tomó la decisión de salir de su ostracismo y perpetrar este nuevo boboblog. No sé Vds. (aunque lo sospecho), pero yo me lo he pasado muy bien en este tiempo, lo que, amenazo, me da cuerda para proseguir con esta labor y más ahora que tenemos una nueva versión de Blogia (gracias, Roberto) que permite un trabajo más cómodo a la hora de redactar estar historias perfectamente prescindibles.

Así que den por soplada la velita en la tarta de rigor (y no pidan un deseo porque no les va a servir de nada)   

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Y al trigésimo año resucitó

Recientemente, la asociación escéptica española, ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (en adelante, ARP-SAPC), según se publica en el blog bitacorARP, está promoviendo un texto titulado Manifiesto por la cultura veraz. Ante el temor de que personas que no estén informadas sobre el pensamiento crítico puedan considerar que las afirmaciones y peticiones contenidas en dicho escrito corresponden a un sentir generalizado entre la comunidad escéptica, me veo obligado a proclamar mi discrepancia con el Manifiesto que subscribe la Junta Directiva de ARP-SAPC.
Las razones que justifican mi postura comienzan por el título Manifiesto por la cultura veraz que resulta cuando menos equívoco porque ¿acaso la veracidad es un valor intrínseco de la cultura? Pensemos, por ejemplo, si El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha debe quedar fuera del ámbito de la cultura por el hecho de que Cervante atribuyera la autoría del texto a un tal Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Si igual suerte debe correr La Vida de Lazarillo de Tormes: y de sus Fortunas y Adversidades por el hecho de que la supuesta autobiografía no sea tal... y con ellas todas la obras que no sean veraces (es decir, que no dicen, usan o profesan siempre la verdad).
El título del Manifiesto es pues equívoco porque parece referirse bien a que sólo puede considerarse cultura aquello que sea veraz o bien a que, aun reconociendo que dentro de la cultura hay aspectos no veraces, éstos no merecen ser defendidos al mismo nivel que los que sí lo son. Lo primero es un disparate como acabamos de ver, lo segundo es inventarse qué entendemos por cultura, es decir, incurrir en la llamada falacia de ningún verdadero escocés...
La lectura del texto del Manifiesto deja a las claras que estamos ante el segundo caso. Se identifica implícitamente la cultura con los conocimientos aportados con las disciplinas dotadas de rigor metodológico:
"...hacia programas pseudocientíficos que no sólo no aportan cultura a la población sino que la proveen de datos manifiestamente erróneos o contrarios a los hechos conocidos, de los que se deducen teorías evidentemente falsas. Estas falsas especulaciones basadas en datos seleccionados y manipulados son una de las fuentes de la incultura."
El problema para aceptar esa aseveración es que de la cultura forman parte las disciplinas científicas y humanísticas dotadas de rigor metodológico pero también otros muchos campos ajenos a ellas. Por ejemplo ¿podemos calificar de inculta a una persona que no conozca en qué consisten las creencias espiritistas, las creencias católicas, musulmanas...? La respuesta es sí en la misma medida que merece ese tratamiento la persona que ignora qué es el darwinismo o qué es la tabla de Mendeleiev. El hecho de que consideremos las afirmaciones religiosas y esotéricas como no demostradas o incluso como contrarias al conocimiento fruto de una disciplina metodológicamente rigurosa, no implica que deban ser obviadas desde un punto de vista cultural puesto que también esas creencias forman parte de nuestro acervo.
El diccionario de la Real Academia Española define cultura (entre otras acepciones) como: "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico." Sin un conocimiento de las afirmaciones que merecen un juicio crítico éste no puede realizarse. Así pues, la ignorancia sobre esas "teorías evidentemente falsas", sobre esas "falsas especulaciones" no sólo no conduciría a una mayor cultura sino que supondría un aumento de la incultura, de la imposibilidad de desarrollar un juicio crítico porque éste no puede realizarse en modo alguno desde el desconocimiento.
Ello conduce a lo que entiendo como nuevos errores:
"la existencia de este tipo de programas no sólo no incrementa la cultura media sino que la disminuye a través de datos erróneos o de especulaciones absurdas."
Incidir en este tipo de programas como causantes de incultura es tanto como obviar las verdaderas causas de esa incultura tales como el desastre de la educación en España. No es que el auge de los programas pseudocientíficos ocasione la incultura es que la incultura motiva el éxito de este tipo de afirmaciones. Si la educación española consiguiera fomentar la cultura de los jóvenes, es decir, dotarles de un conjunto de conocimientos que les permitiera elaborar sus propios juicios críticos, la realidad sería bien distinta. Desde una educación que fomenta (al no penalizar) el nulo esfuerzo de los alumnos, que no discrimina la adquisición o no de los conocimientos necesarios... el resultado será siempre el mismo, la incultura con independencia de qué programas se televisen o radien.
Junto a esta discrepancia de fondo, encuentro nuevos motivos para distanciarme de este Manifiesto. Por ejemplo, afirma(n) el(los) redactor(es):
"el fin nunca ha justificado los medios." Afirmación que es errónea desde cualquier punto de vista que empleemos para su análisis. Históricamente el fin ha justificado los medios en numerosas ocasiones (por ejemplo, el Juicio de Nuremberg). Además, desde la Ética tiene tan poco sentido asegurar que el fin siempre justifica los medios como su afirmación contraria, que el fin nunca justifica los medios porque no es admisible la generalización, depende de qué medios y de qué fines estemos hablando.
También asegura(n):
"La finalidad de este mundillo de lo misterioso, lo paranormal, la ciencia o la medicina necesita de una población desinformada para obtener de ella lo que pretende: beneficios económicos."
Generalización que, como sucede siempre, acarrea injusticias. Por supuesto que hay personas en este mundillo que están en él por una mera cuestión crematística, pero eso mismo sucede en todos los mundillos que podamos imaginar incluido el de los escépticos. Hacer una afirmación como la antes citada implica negar que existan personas que crean en lo misterioso, lo paranormal... por motivos que nada tienen que ver con el dinero desde el convencimiento personal hasta el deseo de investigar campos que les parecen prometedores. Esa aseveración, además de falsa, supone un insulto injustificado para la buena fe de muchas personas.
Sin embargo, todo ello palidece ante las peticiones que realizan a los medios de comunicación:
"1.La eliminación de programas pseudocientíficos."
Ni puedo ni debo compartir este llamamiento a la autocensura de los medios de comunicación. Una de las razones ya la hemos visto: eso, lejos de suponer un aumento en la cultura general supondría todo lo contrario.
Además, los medios de comunicación televisados tienen la obligación legal de:
"El respeto al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico."
y de
"Promover activamente el pluralismo, con pleno respeto a las minorías, mediante el debate democrático, la información objetiva y plural y la libre expresión de opiniones"
Es decir, podemos y debemos solicitar de los medios de comunicación que sean objetivos y plurales. Eso supone que no debe aparecer una única opinión dando a entender a la audiencia que es la única existente sobre estos temas sino que deben reflejar la pluralidad existente. Además, la libre expresión de opiniones protege el que las personas que crean en la realidad de los fenómenos paranormales puedan expresarlo así con independencia de que éstos sean o no reales, de igual forma (no en mayor o menor medida sino en la misma) que también nos defiende a los escépticos para sostener lo contrario.
"3.La eliminación de secciones basadas en la superstición: astrología, cartomancia o cualquier otra superstición."
Valga lo dicho en el apartado anterior. Cada individuo es libre de creer o no en supersticiones y de manifestar públicamente su creencia. La pretensión de cercenar de la programación este tipo de programas equivale a silenciar públicamente su opinión, a dar una visión incompleta de la sociedad y, por ello, al desconocimiento de la realidad. ¿Supone ello una mayor cultura? Más bien todo lo contrario.
"4.El asesoramiento o supervisión en materias relacionadas con el conocimiento por parte de expertos externos e independientes en las correspondientes materias."
Expertos que, suponemos por las peticiones anteriores, estarían capacitados para decidir qué es o no superstición, qué es o no pseudociencia... lo que supondría el nihil obstat para su emisión o bien la condena al ostracismo. Es decir, ni más ni menos que el reestablecimiento de la censura previa... en unos medios que tienen la obligación de:
"Impulsar el conocimiento de los valores constitucionales"
Se me escapa el valor constitucional de la censura dado que tengo presente este párrafo:
"El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa."
Por si no les suena, podrán encontrarlo en un librito titulado Constitución Española de 1978.
A título estrictamente personal abogo no por prohibiciones, comités de expertos... y sí por la defensa de la pluralidad. No aspiro a que las afirmaciones paranormales desaparezcan de los medios de comunicación sino a que éstos reflejen también nuestros propios puntos de vista. Desde la libertad y desde el conocimiento de las afirmaciones de ambas partes, la sociedad podrá juzgar.
Durante años he sostenido que los fantasmas no existen. Estaba equivocado. Treinta años después de que la España de cultura única, que hablaba con la voz del nacional-catolicismo o veía su palabra yugulada, quedara sepultada en el Valle de los Caídos se ha levantado de entre los muertos. Aunque la letra de su canción sea distinta y ahora se quiera disfrazar de cultura veraz, la música es la misma. Ante eso, sólo puedo cantar como en aquella época:
"No,
jo dic no,
diguem no.
Nosaltres no som d’eixe món."

Una celebración y dos hartazgos

Debo confesar (sin propósito de la enmienda, por otra parte) que aunque sea más raro que un perro verde, soy tan capaz de dejarme llevar por los temas de actualidad como cualquier otro escritor de blogs. Así, hoy vamos a aparcar el estilo habitual de rollomacabeosobrecosasqueanadieimportan. La razón para ello es doble, por un lado quiero celebrar una buena noticia, por otro quiero manifestar públicamente que estoy hasta los mismísimos tegumentos procreativos de un par de temas que son la comidilla y la bebidilla de este país llamado España.

Comencemos por la parte agradable. Uno de los mejores blogs sobre pensamiento crítico cumple años. Como ya habrán adivinado, se trata de Magonia, la imprescindible bitácora escrita por Luis Alfonso Gámez. Cuatro años de andadura que, esperamos, sean sólo el prólogo de una obra mucho más dilatada en el tiempo (¿me habré contagiado del virus del cursiblog?).

Todo lo que pueda decir de Luis Alfonso sería sospechoso de subjetividad. A fin de cuentas, ambos pertenecemos a la misma asociación, el Círculo Escéptico, nos conocemos desde hace muchos años... pero todo eso no quiere decir nada (les aseguro que en esas mismas circunstancias hay personas a las que no soporto ni en pintura). No obstante, lo que sí importa es la inmensa deuda intelectual que tengo contraída con Luis Alfonso. Cuando cualquiera de nosotros comenzamos un nuevo camino nos fijamos en los que nos han precedido. En mi caso, esa función ejemplarizante recayó en Luis Alfonso Gámez. Decir que sin él este blog no existiría no es ningún halago gratuito, es el mero reconocimiento de un hecho.

Para otros, Luis Alfonso puede ser el enfant terrible de la Ufología, el crítico implacable de las afirmaciones pseudocientíficas, el divulgador científico... para mí es, ante todo, un trabajador infatigable, riguroso y honesto. Su trabajo habla por él, así que sólo puedo añadir: ¡Felicidades! (acompáñese con la música horrorosa del Happy birthday)

Y ya que estamos con músicas horrorosas, pasemos a los hartazgos. El primero se debe a la manía que les ha entrado a algunos con poner letra al himno nacional español como si no fuera ya bastante malo como para necesitar empeorarlo con cualquier letra gazmoña que algún poetastro biempensante y malescribiente pueda perpetrar. Lo reconozco, el himno español (que, en origen, era un simple marcha militar) siempre me ha dado ganas de nacionalizarme andorrano. Prescindamos de si, como cree la mayoría (y eso que no hay pruebas de tal cosa), su partitura fue creada por Federico Guillermo I de Prusia como regalo de bodas para María Amalia de Sajonia con ocasión de su (del de María Amalia, no del de Federico Guillermo) enlace con Carlos VII de Nápoles (que, después, sería más conocido como Carlos III de España) en 1738 o si ya existía en el S XVI como sostienen otros autores. Si hay que escoger, me quedo con la segunda opción más que nada para no poder poner nombre propio al "artista" que parió tamaño engendro (y encima como regalo de bodas. Con lo bien que hubiera quedado Su Prusiana Majestad si les hubiera obsequiado un juego de café...)

En cualquier caso, la música fue del gusto de Carlos III (que tenía una magnífica nariz pero a lo que se ve un pésimo oído) que ordenó que se interpretara en ocasiones solemnes convirtiéndola, por tanto, en Marcha de Honor (y si los invitados a tan eminentes "saraos" no se descoj... perdón, desternillaban es que debían tener el gusto musical en el mismísimo tercer ojo). A fuer de repetir el chunta-tachunta-chunta-chunta-chun acabó convertido en himno nacional pese al intento del general Prim de adoptar otro himno después de la Revolución de 1868. Por desgracia, el concurso convocado a tal fin fue declarado desierto lo que me deja con una duda ¿puede haber músicas aun peores que el Himno de España? En caso de respuesta afirmativa, ¿los músicos que se presentaron han sobrevivido hastas nuestros días y ahora se dedican a componer las canciones del verano?

Con el breve lapso de la II República (en la que el Himno Nacional fue el Himno de Riego -ah, pues sí, hay músicas aun peores que la Marcha Real-) ni reyes ni dictadores han sido capaces de librarnos a los españoles de tal sonsonete (lo que dice mucho de la incultura musical en nuestro país). Por si el disparate fuera pequeño, añadamos que el Himno Nacional Español hasta hace cuatro días (bueno, diez años) pagaba derechos de autor cada vez que era interpretado puesto que en 1932 el maestro Pérez Casas registró la composición -que había arreglado, es un decir- como propia. Si se extrañan, sepan que el himno de la Champions League está en el mismo caso pese a que a algunos nos recuerda (como para no hacerlo, son clavadas) una composición de Haendel (concretamente, una Antífona de la coronación, la titulada Zadok the priest).

En fin, que nuestros egregios deportistas (en especial los que se dedican a arrear patadas a un balón) reclaman un himno con letra que puedan cantar como hacen los "gabachois" con la Marsellesa o los hijos de la Gran Bretaña con el God save the queen. Ya se sabe, si nuestros dilectos futbolistas no dan una en la próxima Eurocopa no será por culpa de su propia torpeza sino por no tener letra que llevarse a la boca. Por mi parte, propongo que se adopte como Himno Nacional la canción titulada Ya el sol asomaba en el poniente, composición del Coronel Músico Nepomuceno de Alba (aunque algunos insisten en que ese nombre es un hetenónimo de Les Luthiers) y cuya letra es, sin duda, muy apropiada a lo que sucederá en tan fastuoso evento deportivo:

"Ya el sol asomaba en el poniente
ya el cóndor surcaba el firmamento
y la patria gloriosa, heroica y valiente
de victoria profiere el juramento.
Refulgentes aceros se preparan
a lanzarse a la lid libertadora
ya broncíneos clarines amenazan
a la fiera vorágine invasora.

Con sus fieros cañones apuntando
ya se ve de la patria al enemigo.
Hacia nuestros patriotas avanzando
los salvajes ya se vienen , pucha digo.
Y ya entran nuestros héroes en la historia
esgrimiendo la justicia inexorable
con mosquetes cargados de victoria
con espadas de acero inoxidable.

El fragor de la lucha ya se extingue,
por doquier, de la muerte la amargura.
Ya el odiado enemigo se distingue
alejándose deprisa en la llanura.

Ya los fieros enemigos se alejaron,
no resuena el ruido de sus botas,
nos pasaron por encima y nos ganaron,
nos dejaron en derrota.

Perdimos, perdimos, perdimos otra vez."

El segundo hartazgo también tiene que ver con lo que algunos entienden por patriotismo. Verán, hace un montón de siglos a un griego se le ocurrió la peregrina idea de hablar de las Siete Maravillas (no me pregunten porqué eran siete y porqué eran esas siete y no otras), siete obras de escultura y arquitecturas (a la pintura que la zurzan) que eran la leche-en-verso. Antípatro de Sidón consideró como tales a la Muralla de Babilonia (ésta se cayó de la lista y fue sustituida por el Faro de Alejandría), los Jardines Colgantes también en Babilonia, las Pirámides de Giza, el Sepulcro de Mausolo en Halicarnaso, la estatua de Zeus en Olimpia, el Coloso de Rodas y el Templo de Artemisa en Éfeso. Sabemos que hubo otras listas anteriores pero ésta es la que alcanzó mayor popularidad.

Pues bien, como seis de las siete acabaron pelín estropeadas por causas diversas (desde terremotos a un "capullo" pirómano que entendió que una buena forma de alcanzar la fama era convertir el Templo de Artemisa en una falla valenciana, y como al personal le encanta lo de ponerse a hacer listas (a ver si pensaban que sólo los escritores de blogs se ven afectados por esa monomanía) a un tipo muy listo se le ocurrió la idea de renovar las Siete Maravillas (por cierto, considerando que las Pirámides continúan estando en Giza ¿no deberían ser sólo seis las Maravillas a elegir?).

Hasta aquí todo más o menos correcto porque cada uno es muy libre de perder su tiempo de la forma que le dé la gana. El problema es que una de las precandidatas es La Alhambra en Granada (España). Francamente, no termino de entender el revuelo organizando considerando que entre las Maravillas precandidatas hay engendros como la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad o el Cristo de Rio de Janeiro que están pidiendo a gritos un Eróstrato (si se estaban preguntando quién fue el "capullo" pirómano ya lo saben) redivivo.

Como si figurar en tal dilecta compañía fuera algo deseable, en España se ha considerado esta parida como una cuestión de estado (o casi). Raro es el día que uno enciende la radio o la televisión (cada día amo más los libros) y no se encuentra con telediarios realizados desde La Alhambra, con cuñas publicitarias instando a votar por lo nuestro... y demás consignas patrioteras que producen el sonrojo propio. Si algo de esto tuviera la mínima importancia (y por mucho dinero que aseguren que hay en juego en forma de turistas esto no pasa de ser una memez como un Templo de Artemisa) tendríamos que olvidarnos del patrioterismo porque el valor del Arte es su universalidad. Me importa un bledo que la Santa Croce esté en Florencia y no en España, que los bronces de Benin sean africanos o que Machu Picchu esté en Perú. Su capacidad de emocionar al espectador no creo que sea sentida de forma distinta por mí que por un floretino o un peruano de igual forma que un francés o un alemán pueden disfrutar tanto como yo de la Catedral de Burgos o de San Martín de Frómista. El Arte diluye la fronteras, los idiotas se empecinan en remarcarlas.

Afortunadamente, esta murga tiene fecha de caducidad (el 7 del 7 del 2007 ¡Toma ingenio!) así que ya nos queda poco por aguantar (¡Bien!). Ese día sospecho que comenzará el llanto y el crujir de dientes por parte de los que se han tomado en serio esta chorrada (y por lo que a mí respecta, me da una higa que La Alhambra sea una de las Siete o no).

Y si no están de acuerdo, ya saben que para eso están los comentarios.

Ha muerto un hombre, se ha quebrado un paisaje

Permítanme que, por una vez, abandone (o tal vez no) la temática exclusiva de esta bitácora para hablar de un escritor y su obra. Aquél se ha ido para siempre (al menos para los que no creemos en ninguna forma de vida más allá de la tumba), ésta perdura en el corazón de aquéllos que la hemos leído y admirado (que a juzgar por la escasa repercusión mediática que ha tenido su fallecimiento debemos ser pocos). Como alguno de Vds. habrá adivinado por el título de esta entrada me estoy refiriendo a Paco (no me sale el llamarle D. Francisco así que tendrán que disculparme esa falsa familiaridad con una persona a la que nunca conocí) Candel. Como me temo que ese nombre no les diga nada (o muy poco) comenzaré por una recomendación, busquen en las librerías de viejo o en reediciones modernas una novela titulada Han matado a un hombre, han roto un paisaje que se publicó en 1959 (y, por cierto, sigue pareciéndome increíble que en esa fecha llegase a publicarse este texto).

¿Qué es Han matado a un hombre, han roto un paisaje? Una curiosa mezcla de realidad y ficción en la que Paco Candel disfraza de narrativa sus vivencias en Barcelona (mejor dicho, en los suburbios habitados por emigrantes) desde la preguerra civil a la postguerra, años duros y difíciles, vidas condenadas a un destino trágico, lugares deprimidos... que podrían haber dado lugar a una visión deshumanizada pero que el niño que era entonces Paco Candel rememora y recrea con todo el peso de sus sentimientos tanto en los momentos trágicos (los bombardeos, los fusilamientos cuando Barcelona es tomada por los nacionales...) como en la vida cotidiana de unos niños para los que la guerra supuso hambre pero también libertad para hacer lo que les diera la gana. Es una grandiosa pintura de una época irrepetible (o eso espero), un fresco en el que hay lugar para todo, para la vida y para la muerte, para la risa y para el llanto, para el amor y para el odio... pero en la que siempre intuimos la existencia de un destino trágico contra el que en vano lucharán los protagonistas, un sino creado por la pobreza y la ignorancia que terminará por alcanzar al Grúa, el alter-ego novelesco de Paco Candel, en lo que supone el cumplimiento del título de esta novela.

Relato de unos hombres, pero también de un paisaje al que Paco Candel vuelve una y otra vez en sus novelas como Donde la ciudad cambia su nombre o Historia de una parroquia, el de las Casas Baratas en la Zona Franca. Hombres humildes y paisaje suburbano que encuentran en Candel al escritor que da voz a los que habitulamente no la tienen, al autor comprometido (en el mejor sentido de ese término, nada que ver con los novelistas-pesebristas-de-estómago-agradecido) porque no podía ser otra cosa, porque él mismo era un emigrante que incluso cuando tuvo cierto (y en parte efímero) éxito literario no quiso dejar de vivir en la Barcelona que conocía y amaba, la de la Zona Franca. Escritor sin formación académica, autodidacta por necesidad, izquierdista hasta la médula (fue senador por el PSUC)... todo eso fue Paco Candel y, sin embargo, pretender reducirlo a esas etiquetas sería injusto porque, por encima de todo ello, existió un hombre que supo sobreponerse a las dificultades, el escritor que surgió del pueblo y que habló con la voz del pueblo, que hizo de su vida y de la de sus semejantes materia novelesca. En una época en la que corren malos vientos para la épica el supo reflejarla, no la épica de los héroes griegos sino la épica cotidiana de sus paisanos.

Hoy se nos ha ido en silencio, sin aspavientos, casi ignorado excepto en su Barcelona de adopción. Los homenajes que se le rinden a la hora de su muerte (somo un país de necrófilos), capilla ardiente en el Palau de la Generalitat incluida, se me antojan claramente insuficientes. Maldita sea esta España que premia con el olvido a quien supo hacer de su memoria la crónica de unos hombres y unos lugares que, de no ser por él, se habrían perdido en la nada.

Paco Candel, que la tierra te sea leve.

Siempre nos quedará Sísifo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bueno, henos aquí de nuevo (¡no! ¡piedad!) al terminar la temporada de Navidad (sí, hay trabajos tan "graciosos" que las "navidades" acaban en Semana Santa y el mío es uno de ellos). Ahora que por fin recupero la posibilidad de tener tiempo libre me encuentro con una duda, ¿realmente vale la pena el seguir escribiendo este blog? No, no es que de pronto haya empezado a pensar que una bitácora sea algo inútil porque eso lo he sabido siempre. Lamento si con ello lesiono alguna utopía tipo los blog pueden cambiar el mundo, pueden hacer mejorar el país, pueden contribuir al fomento de la razón o ser la alternativa al abc. Ya somos personas maduras (yo, al menos, estoy a punto de comenzar a pasarme) y como tales podemos soportar la verdad por desagradable que ésta sea. Señores (y señoras) los blogs son algo tan útil como un reloj de sol en plena noche ártica, el ratón Pérez no existe y los Reyes viven en la Zarzuela.

Una vez que hemos sentado (si se quedan de pie se pueden cansar) estas verdades inobjetables, indubitables e inoxidables podemos aplicar la duda metódica y... perdón, por un momento se me han cruzado los cables y he creído ser Descartes (Renato para los amigos). A ver si termino demostrando lógicamente la existencia de Dios y me expulsan del club de ateos irredentos... Si la cruel realidad nos dice que escribir una bitácora y arar el Sahara vienen a ser actividades de utilidad equivalentes y si eso lo he sabido siempre, ¿qué ha hecho que me plantee el seguir o no con estas historias que a nadie interesan? Pues además de la respuesta evidente, que como partidario del pensamiento crítico que soy la duda es una compañera necesaria, algo sucedido en estos días me ha hecho pensar si además de inútil este esfuerzo no acaba siendo ridículo.

Como el valor en la antigua mili, supongo la inteligencia en los seres humanos (por mucho que algunos nos empeñemos con nuestro comportamiento en demostrar lo contrario) y que ésta se demuestra tanto individual como colectivamente. Por eso considero que como la democracia no hay nada, que el común de los mortales posee mucho sentido común y acaba eligiendo lo mejor (o lo menos malo) pese a algún episodio alemán sobre el que correremos un tupido velo para que no nos "chafe" la posición de partida. Por eso, episodios como el de este pasado fin de semana hacen que me avergüence de compartir país con los que fueron capaces de elegir a "eso" para tan alto honor.

Una vez que he constatado que no hay solución para tal desaguisado (es gratis el pareado) como primera opción pensé en mudar de nacionalidad. Imaginé países serios y no como esta España de charanga y pandereta, devota de la frasca y de Frascuelo, a ratos blasfema y a ratos meapilas. En un momento de calentón, Bután o San Marino parecen opciones perfectamente asumibles hasta que uno comienza a cavilar. ¿cómo se llaman los naturales de Bután? ¿Butanos? ¿Se imaginan ir por ahí diciendo que uno es butano? Seguro que le encierran en un manicomio mientras le dicen: "Que sí, que Vd. es butano y ahora le vamos a presentar a Napoleón, a Jesús, a Gandhi y a gasóleo de calefacción. Verá que buena migas hacen todos." San Marino tampoco es una opción perfecta. Puedo olvidar que el nombre del país más que de un atlas parece sacado del santoral, pero lo que no perdono es que una crea que es un puerto bañado por el Adriático y que en realidad sea un cacho peñasco que hace pensar si el gracioso que bautizó eso como San Marino no sería primo hermano del que denominó Santillana del Mar al pueblo cántabro. ¿Alguno más? Bueno, también está Lietch..., perdón, Litch..., no, era Liecht..., que no, que ibas bien al principio, que es Lietch..., que no, que es Lieche... ¡Leches!, el sitio ése. No tardé en descartarlo. ¿Se imaginan Vds. que les preguntan e qué país son y empiezan Vds.: "Pues soy lietch, no, lich, no, liecht... Andorrano, soy andorrano, se lo juro." Así que comencé a pensar en las Islas Caimán pero no tardé en desechar esa posibilidad porque nunca me gustó la ropa de Lacoste. Con eso acabé la lista de países serios así que tendré que conformarme con seguir siendo español mal que me pese.

Después de la fase de indignación comencé con la aceptación: "Bueno, que no es tan malo. Que ya no importa tanto como hace unos años. Que si la abuela pare..." Todo ello en vano porque sólo con ver la cara del sujeto electo me entran ganas de gritar aquello de "Paren el mundo, que yo me bajo" pero, por desgracia, las plazas para ateos de la Cartuja del desierto del Gobi estaban ya ocupadas. Si la cara de tal personaje me suscita tal sentimiento se pueden imaginar lo que experimento cada vez que abre la boca, es la negación del aserto según el cual: "El sentido común es el menos común de los sentidos." En realidad, es el sentido del ridículo el que suele brillar por su ausencia.

Fracasada la fase de aceptación comencé con la negación: "No puede ser cierto, esto es una pesadilla producida por una indigestión de potaje garbancero." No obstante, no tardé en negar la negación en primer lugar porque no había tomado potaje de garbanzos que pudiera ocasionarme tal sueño y, en segundo lugar, porque negar lo evidente es una mala política, en especial para los partidarios del pensamiento crítico. Cuando la jeta del ente triunfante aparece en periódicos y televisiones que jalean su éxito, cuando los tertulianos radiofónicos (ya saben, esos sujetos omniscientes que hablan con la misma seguridad de la situación social en las Molucas que de los riesgos derivados de la manipulación genética en el gusano arenero del Sahel) comentan las razones ideológicas, sociales... de tal victoria sólo queda agachar las orejas y reconocer la realidad.

Después de estas fases digamos sentimentales comencé con la reflexión. Si para mí es evidente que lo mejor que se podría hacer con este personaje es embarcarlo en el primer navío que zarpe con destino a la Antártida y que cuente allí sus milongas a los pingüinos emperador (que seguro que después de tal experiencia se convierten en pingüinos lumpen-proletarios) pero muchos españoles consideran, también de forma evidente, que eso no es así y lo manifiestan en una votación democrática sólo quedan dos opciones, o yo estoy más zumbado que la moto flower-power de un hippie o lo están los demás, o mi percepción de la realidad está notablemente distorsionada o lo está la de los demás. Si donde yo sólo veo a un ente digno de ser botado a las antípodas (con mi petición de disculpas a los neozelandeses por querer enviarles esto) los demás ven alguien digno de su voto o yo o los demás tenemos que ir al oculista o iniciar una solemne rogativa a Santa Lucía (seguros y reaseguros).

Vaaaalllleee, aceptamos pulpo como animal de compañía y que el gusto de cada cual es como el Documento Nacional de Identidad, personal e intransferible. Veamos un pequeño ejemplo. Elabore una lista de los cinco autores de literatura en español que más le guste leer. Concedamos un breve momento para que la elabore y compárela con ésta:

1- Jorge Luis Borges
2- Benito Pérez Galdós
3- Manuel Mujica Láinez
4- Gonzalo Torrente Ballester
5- Ciro Alegría Bazán

¿Cuántas coincidencias presenta con la que cada uno de Vds. haya elaborado? ¿Una? ¿Ninguna? Creo que es difícil que sean más. Aceptemos no sólo las coincidencias en nombre y posición sino también el citar a los mismos autores aunque sea con otro ordinal distinto. ¿Cuántas coincidencias hay incluso con estas facilidades? Una, dos pero difícilmente tres o más. ¿Significa eso que mi lista sea más o menos válida que las suyas? Por supuesto que no. Esto es algo evidente, pero vayamos un poco más allá. Si en vez de cinco autores estuviéramos hablando de cincuenta o cien las cosas cambian. En mi lista aparecerían también autores clásicos como Fernando de Rojas, Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, el Inca Garcilaso... y otros modernos como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Miguel Ángel Asturias, Octavio Paz, Arturo Uslar Pietri, Pablo Neruda, Guillermo Cabrera Infante, Juan Rulfo... Las coincidencias serían entonces mucho más numerosas y más aún si en vez de ser personas de distintos países hiciéramos esta prueba con sujetos pertenecientes a la misma nación (hagan la prueba con sus amigos). Tan cierto es que en el gusto literario (como podríamos hablar de cualquier otro) hay componentes subjetivos como que existen otros ambientales, históricos... que en mayor o menor grado nos influyen a todos. Por eso en el ejemplo que estamos poniendo puede haber diferencias muy notables en una lista restringida pero conforme aumentamos la extensión de la lista termina habiendo muchas coincidencias porque el colectivo de aquellas personas que nos merecen el calificativo de creadores literarios es más reducido de lo que parece. Por todo ello es absurdo el iniciar una discusión sobre si Lew Tolstói era mejor o peor escritor que Jorge Luis Borges, si Shakespeare es más grande que Dante, si Homero es superior a Balzac... pero tampoco tiene sentido el preguntarnos si Dan Brown, Isaac Asimov, Corín Tellado o Juan José Benítez deben figurar al lado de los anteriores como grandes creadores literarios. No, no es ninguna pretensión elitista porque muchos de esos grandes escritores no tuvieron jamás la pretensión de ser patrimonio de una minoría ilustrada sino que, por el contrario, escribieron para el común de la gente. Dickens, Galdós o Mark Twain eran personajes muy populares, el Quijote fue lo que hoy llamamos un best-seller del que incluso se hicieron ediciones "pirata", las obras teatrales de Lope o de Shakespeare se representaban con inmenso éxito... Nos limitamos a señalar la realidad, que existen creadores literarios y personas que escriben libros que pueden tener otros valores (lúdicos, testimoniales, sociales, políticos, económicos...) pero que nada tienen que ver con la Literatura. Existe una zona de sombra en la que no está claro si estamos hablando de Literatura o de mero material impreso (por ejemplo, ¿los libros de Julio Verne tienen algún valor literario o son mero divertimento? Mi respuesta, todo lo discutible que se quiera, es que ni lo primero ni lo segundo). Esto es así porque como cualquier arte, la Literatura es compleja. En ella existe ese algo etéreo que llamamos inspiración como también la originalidad, pero junto a estos elementos está también el oficio de escritor, el conocimiento del lenguaje, de las figuras literarias y de su correcto uso, de la estructura de la obra literaria... Cuando estos componentes aparecen no hay duda de que estamos ante una obra literaria, cuando ninguno de ellos está ni se le espera tenemos la certeza de que estamos ante algo no literario, pero ¿qué sucede cuando existe alguno de ellos pero no los demás? Además este problema se plantea con frecuencia porque es el caso habitual. La Literatura es algo infrecuente, la producción de los malos escritores no suele (solía) ver la luz pública porque es rechazada por las editoriales (de lo que se cuelga en Internet como obras supuestamente literarias me limito a señalar que la inmensa mayoría de ellas dan ganas de colgarse de un pino o de ir a obrar a la mayor velocidad posible). Numerosas obras publicadas se mueven en ese territorio difuso, en ese cajón de sastre entre la pseudoliteratura y la Literatura y, en mi opinión, es bueno que sea así porque si sólo se editasen las obras de gran calidad la mayoría de los meses tendríamos que limitarnos a leer blogs (actividad de lo más desaconsejable desde un punto de vista literario). Proliferan, por tanto, obras bien escritas, con una trama aceptablemente desarrollada... pero que suelen adolecer de falta de originalidad y de algo en mi opinión más grave, de la capacidad de trasmitir un sentimiento real al lector aunque esta carencia intente suplirse en ocasiones con un sentimentalismo ramplón. No obstante, estas obras cumplen con su papel lúdico y, aunque esto se olvida con frecuencia, de formación de nuevos lectores. Nada tengo que objetar a esta situación. El problema surge cuando intentan colarnos gato por liebre y, peor aún, cuando se inventan coartadas para ese proceder.

Ya saben que en este blog critico afirmaciones pseudohistóricas para poder ofrecer un punto de vista distinto al habitual en las publicaciones esotéricas, pero no considero que esas afirmaciones tengan, por lo general, ninguna peligrosidad social. No son Vds. mejores o peores personas, no tienen mayores ni menores virtudes cívicas por creer o no que la Sábana Santa sea auténtica o más falsa que un euro de corcho, por creer o no que la Orden del Temple continuó existiendo en la clandestinidad después de la supresión papal y que terminó dando origen a la Masonería, por creer o no que Jesús y María Magdalena tuvieron hijos y que los cátaros conocían ese secreto... Sencillamente yo no creo nada de eso y expongo mi punto de vista con la argumentación correspondiente y con la presentación de las pruebas que soportan mi discurso. El que Vds. acepten o no todo ello, el que acepten una parte sí y otra no... no es algo que me importe porque todo esto no es más que un mero juego intelectual. Vds. tienen la posibilidad de recabar información de todas las partes para tomar su propia decisión sobre estos temas y si esta bitácora tenía algún sentido era éste, el de presentar el punto de vista de una de los bandos. Nada de este debate tiene repercusión en el mundo real más allá de que pueda interesar económicamente a determinados escritores, localidades... el mantener vivos algunos de esos supuestos misterios, algo que tampoco hace que me rasgue las vestiduras (con lo que me gusta la camisa que llevo puesta...) porque en una economía de mercado cada uno tiene la libertad de intentar vender lo que le dé la gana (mientras no incurra en delito, que no es el caso).

No, lo realmente preocupante es la extensión del relativismo a todos los niveles, cultural (tiene la misma importancia la obra literaria de Corín Tellado que la de Jorge Luis Borges), político (los regímenes democráticos y los dictatoriales son igualmente respetables cuando el dictador se dice partidario de mi propia ideología), social (los emigrantes tienen derecho a mantener su propias costumbres incluso si éstas entran en colisión con la legislación del país en el que residan)... todo ello, por supuesto, basado en que "todo son meras opiniones y todas son igualmente válidas". Comprendo perfectamente que esta forma de (no) pensar encuentre campo abonado en España porque satisface dos requisitos para ello, fomenta la pereza intelectual (a fin de cuentas, para qué gónadas procreativas tengo que informarme, reflexionar... si todas las opiniones son igualmente válidas qué más da que sea un opinión informada o no, irreflexiva o no) algo muy atractivo en un país en que muchos hacen suyo aquello de "Libres nos de la funesta manía de discurrir", y se asemeja mucho a lo que alguno definió como el deseo de todo español, llevar una carta en el bolsillo en el que las autoridades pertinentes manifestaran: "El portador de la presente está autorizado a hacer lo que le dé la gana". Vagancia y anarquía mal entendida, sólo falta para ser el cumplimiento de los tres deseos del españolito medio que esto sirviera también para servir de coartada al hedonismo más desaforado y menos comprendido (pues ahora que lo pienso...) porque este país que alguien pretendió sirviera de ejemplo de ascetismo sólo lo fue por pura y simple necesidad ya que el que se lo podía permitir hacía las bodas de Camacho. Pese a ello, uno tenía el convencimiento (evidentemente errado) de que por muy superficialmente atractivo que resulte el relativismo, la mayoría de la gente, en el fondo, comprendía que esto es un disparate, que no tiene la misma validez la afirmación: "el consumo de cocaína es perjudicial para la salud" que la afirmación: "el consumo de cocaína favorece la socialización y, por tanto, la diversión". Sin embargo, estaba una vez más (y van trescientasmilylaburra y las que vendrán...) equivocado. Si la mayoría de la gente es capaz de elegir en votación democrática a tal engendro, de avalar un producto que sabemos horroroso... es que el relativismo ha triunfado, que a nadie le importa si eso es una mier..., que la búsqueda de la excelencia es equiparable a la parida cuartelera o a la gracieta tabernaria, que el espíritu del señorito de casino al que le importaba tres carajos atropellar lo que fuera o a quién fuese con tal de gastar su bromita para solaz propio y divertimento de sus amigotes no sólo sigue viva sigo que impera. Y con ese panorama, este blog ya no sólo no tiene utilidad (que nunca la tuvo ni lo pretendió) sino que carece hasta de sentido al menos en su forma actual. A fin de cuentas, para qué molestarse en elaborar (al menos, en pretenderlo) un discurso correcto si al personal no es sólo que no le vaya a convencer (algo que tampoco pretendo, el proselitismo no es lo mío) sino que ni siquiera le importa. Es más, tengo la sospecha de que si en vez de emplear el tono habitual en esta bitácora, colgara textos como éste: "Fulanito (personaje irreal, no crean que estoy pensando en nadie concreto) que ya estafó al personal vendiendo su libro XXXXX como hechos reales, demuestra una vez más que es un sinvergüenza cuyo lugar debiera ser la cárcel al presentar en Teleleches su serie de pseudodocumentales YYYYYY. Llega a tal extremo su ignorante atrevimiento que comienza con un capítulo dedicado al Estropajo de Turín, tema del que este imbécil no tiene ni puta idea, lo que tampoco es ninguna novedad porque si fuera más tonto sería porque se entrena para ello, y todo esto... ¡¡financiado con nuestros impuestos!! Si es que ya se sabe que ladrón rima con cabrón... Y mientras los poderes públicos malversan fondos para fomentar estas gilipolleces, no hay ni un duro para la organización de nuestras jornadas multidisciplinares "La Iglesia al paredón" sin duda por la nefasta influencia de los peperos, que son en su mayoría unos golpistas fascistas de mierda..." tendrían mucha más repercusión, pero, francamente, siempre he pensado que ese lenguaje plagado de insultos gratuitos, además de demostrar la escasez de recursos de quien no puede hacer atractivo su discurso de otra forma, evidencia una notable falta de ética en los que lo emplean e incluso más, también una notable falta de estética. A esto que algunos entienden como la forma fetén de disputar, siempre se le ha llamado discutir como verduleras y este lenguaje soez siempre se ha considerado como propio de arrieros. Con todo el respeto a unas y a otros (y sin entrar en la cuestión de si esas identificaciones resultan justas o injustas) estas profesiones no han sido nunca sinónimos de árbitro de la elegancia. Esto es, sencillamente, el triunfo de lo casposo que algunos quieren confundir con lo popular.

Si triunfa la caspa, si los freakies campan por doquier, si lo ridículo se convierte en norma... ¿lo normal no acaba convirtiéndose en ridículo? ¿Qué salida nos queda a los que odiamos esa estética? En principio pensé que sólo podía hacer mutis por el foro, realizar un último saludo en el escenario y esperar tiempos mejores porque esta moda como todas las demás pasarán (y en este caso sin dejar la menor huella más allá de unas imágenes que resultarán bochornosas con el paso de los años como ya pasó, por ejemplo, con el estilo Manero). Sin embargo, una reflexión sobre la saga de H.P. me recordó aquello que siempre hemos sabido, que hay cosas contra las que hay que luchar sin descanso. Me niego a aceptar lo cutre, lo mediocre y aunque este trabajo sea inútil e incluso sea ridículo acepto lo uno y lo otro porque como ya dijo Camus al hablar del mito de Sísifo, tal vez esa condena a subir por la ladera de una montaña una bola de piedra que al llegar a la cima acababa rodando nuevamente hasta el valle con lo que Sísifo debía comenzar nuevamente su tarea no sea realmente una maldición, tal vez el trabajo, por sí mismo, tenga sentido y, quizás, Sísifo sea feliz.

Pues eso, que hemos elegido democráticamente a este personaje y a su magna obra para que represente a España. Propongo que, de acuerdo con este precedente, a la próxima edición de los Oscar de Jolibú mandemos "Karate a muerte en Torremolinos" (ya, ya sé que no es posible por las normas de los premios de la Academia pero ¿importa eso?) y que el equipo de balompié que participe en la próxima Eurocopa esté formado por los integrantes del Steaua del Carrión. Además, el equipo olímpico de baloncesto puede estar integrado por los enanos del Bombero Torero, al Festival de la OTI podemos enviar a la Terremoto de Alcorcón... la gama de posibilidades de freakismo casposo es casi ilimitada y si lo permitimos con temas culturales ¿por qué no ampliarlo a todos los campos de la actividad humana? Por favor, que nombren a Leonardo Dantés embajador de España en Venezuela. ¿Se imaginan los duetos que podrían realizar el casi conde de Montecristo con el presidente Chávez? Filarmonía en estado puro. Freakies del mundo, uníos. El futuro es vuestro si al resto de la gente le parece que tenéis gracia aunque no tengáis ninguna.

 

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Fiesta (o no)

Hoy es 21 de octubre (después de este descubrimiento me habría quedado calvo si no fuera porque lo soy desde que nací). Tal día como hoy, pero hace cuatro años, perpetré esta entrada con la que declaré inaugurado este boboblog, es decir, que esta bitácora está de cumpleaños. Cuatro años puede parecer poco (si, como reza el tango, "veinte años no es nada" y cuatro es la quinta parte de veinte...) o mucho. Por el trabajo que me queda por realizar apenas he empezado el viaje, por lo cansado debe estar a punto de llegar al monte do Gozo. El único problema es que no sé dónde voy ni tan siquiera si deseo llegar a algún lado. Tengo algo de buhonero, de vagabundo impenitente que aprecia el camino por lo que es y no por el destino al que me lleve porque, a fin de cuentas, todos los viajes que queramos emprender a lo largo de nuestra vida tienen un único final y, hasta entonces, erramos por este valle de lágrimas y de risas haciendo caminos al andar.

Cuatro años ya, y parece que fue ayer. La nostalgia del pasado parece obligada, pero prefiero mirar al futuro. ¿Qué puedo anunciarles? Afortunadamente ya estoy acabando con la Sábana Santa (y les aseguro que el alivio que puedan sentir Vds. no es nada con el que experimentaré yo cuando termine con él) así que podemos volver con lo que estábamos haciendo, es decir, con la crítica al libro "En busca de la Edad de Oro" de D. Javier Sierra, peor también quiero empezar con una serie de artículos cortos (ya saben que eso significa el equivalente a cuatro o cinco páginas) sobre algunos temas históricos que son, con frecuencia, tratados mal por los escritores esotéricos. Así que les adelanto que el rey Arturo, el Mutus Liber, rosacruces, masones... vendrán a visitarnos. Espero que ello sea de su agrado.

 

A río revuelto...

Me permitirán un breve paréntesis para tratar un tema de actualidad. Verán, parece que España está un tanto revolucionada con unas declaraciones que se atribuyen a S. M. la reina de España doña Sofía de Grecia y que han causado enojo (o un cabreo de tres pares de testículos o de ovarios, según) en colectivos tan dispares como el de gays (¿por qué me acuerdo siempre en este punto de un querido amigo que dice de sí mismo: "Yo no soy gay. Yo lo que soy es maricón."?), lesbianas y transexuales, y el de escépticos (véase este artículo de Luis Alfonso Gámez y los comentarios que ha generado).

Desde luego, por una vez su Majestad no ha sido ni prudente ni justa. Verá, doña Sofía, con todo mi respeto (que lo tiene por habérselo ganado por su servicio a mi país) no puede Vd. equiparar la celebración del orgullo gay con una supuesta celebración del orgullo hetero. Hacerlo es no entender que, durante muchos años, los gays han tenido que ocultar su condición, que, por el mero hecho de serlo, han corrido el riesgo de acabar en la hoguera, en la cárcel o, hasta hace cuatro días, de tener que enfrentarse a la discriminación social. Hoy que, más o menos, son libres de reconocerse públicamente como lo que son, quieran celebrarlo para resarcirse de tanto años de injusta condena a la clandestinidad, es algo perfectamente comprensible y defendible. Otra cosa distinta es la estética de tal acontecimiento que es para salir corriendo (mera opinión personal y ya se sabe que para gustos...). Por eso mismo, no tendría ningún sentido la celebración del orgullo hetero. Los que tenemos esa orientación sexual no hemos sido perseguidos por ella y, por tanto, no tiene sentido que reivindiquemos nada. Si me permiten una analogía, me parece perfecto que exista un día de la mujer trabajadora. Encontraría ridícula la existencia del día del varón trabajador.

Por contra, su opinión sobre el "matrimonio" entre dos personas del mismo sexo, no me parece que sea para rasgarse las vestiduras porque comparto plenamente su opinión (y ya sé que decir esto no es una muestra de corrección política). Puede y debe existir un tipo de unión civil entre personas del mismo sexo y esa unión tiene que tener derechos idénticos a los que comporta el matrimonio porque lo contrario supondría una discriminación por razón de la orientación sexual, pero la razón de que algumos pensemos que esa unión no puede llamarse matrimonio no tiene nada que ver con los derechos y sí con la semántica. Sencillamente, esa unión no encaja en ninguno de los significados de la palabra matrimonio. Por si acaso piensan que esa postura es deudora del catolicismo, del franquismo o de las verduras de las heras, me permito recordarles que el Tribunal de Casación de la muy laica república francesa dijo lo mismo. El Tribunal Constitucional tal vez tenga a bien fallar el recurso presentado por esta misma razón un siglo de éstos.

Sin embargo, el tema que más nos "toca" a los escépticos es la real afirmación sobre la enseñanza de la religión en el colegio. Desde hace mucho, circulan rumores sobre que entre las múltiples virtudes que posee doña Sofía no se cuenta la de practicar el pensamiento crítico y que, por el contrario, es sumamente crédula. No obstante, creo que en esta ocasión no deben entenderse literalmente sus palabras y sí en el sentido de que el niño debe recibir educación (que no adoctrinamiento) en cuestiones religiosas para poder entender el mundo en el que va a vivir, algo con lo que no puedo estar en desacuerdo. ¿Por qué considero que no deben tomarse sus palabras al pie de la letra? Porque la religión mayoritaria en esta España de nuestras entretelas es la católica romana pero doña Sofía no lo es, es ortodoxa griega. Por tanto, y si entendemos literalmente su declaración, obtenemos dos posibles interpretaciones a cada cual más disparatada, doña Sofía defiende que a los niños de padres católicos se les enseñe en el seno de la ortodoxia griega o doña Sofía defiende que se enseñe a los niños una religión distinta a la que ella misma profesa (y que por ello me permito suponer que la considera como la verdadera religión). Si encuentran algún sentido a cualquiera de esas opciones, ya me lo explicarán. En caso contrario, haremos muy bien en no entender esa afirmación como una declaración a favor del creacionismo, creencia que en España está de capa caída.

Vamos, que no hay que rasgarse las vestiduras pese a la "metedura de pata" del día del orgullo gay. Por lo demás, me parece muy bien que S. M. hable de lo que guste y opine lo que quiera. Bastante es ya tener reyes como para que encima tengan que ser mudos (o casi). Y no se engañen, mi mayor deseo en cuestión política es ver la proclamación de la República Federal de España, algo que parece cada día menos utópico, especialmente con follones como éste aunque sean una tormenta en un vaso de agua.

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Lo confieso, soy escéptico

 

 

 

 

20 de enero de 2009. Un magnífico día para recordar que el pensamiento crítico (por desgracia, más conocido como escepticismo) no es una herramienta que sirva sólo (y ni siquiera principalmente) para analizar el mundo de la pseudociencia, la pseudohistoria... sino que puede y debe ser empleada en cualquier campo y, especialmente, en aquéllos que tengan una inmensa importancia en la vida de todos nosotros y, más concretamente, en la política.

Por si acaso no lo han pillado, vamos a hablar del presidente electo de los EEUU que hoy pasa a serlo en ejercicio, es decir, del Sr. Barack Hussein Obama o, mejor dicho, de cómo se ve su toma de posesión en esta vieja España.

Que después de la nefasta presidencia del Sr. George Walker Bush nos parecería esperanzadora hasta la toma de posesión como sucesor suyo de Rin-tin-tín es tanto como no decir nada por resultar una obviedad de libro. No obstante, la Historia nos demuestra que después de una presidencia penosa no tiene porqué tener lugar un cambio favorable. Por si lo han olvidado, después de la dimisión del Sr. Richard Milhouse Nixon le sucedió el Sr. Gerald Rudolph Ford Jr. y a éste, ya por elección, el Sr. James Earl Carter Jr.. Cada uno de ellos consiguió lo que, a priori, era un imposible, dejar por bueno a su antecesor.

No, no tiene nada que ver con la pertenecia a uno de los dos grandes partidos políticos estadounidenses porque ambos pueden presentar tanto buenos como malos presidentes, hasta el punto de que el Sr. Obama (demócrata) habla muy bien de la presidencia del Sr. Ronald Wilson Reagan y tiene como modelo al Sr. Abraham Lincoln y ambos fueron presidentes republicanos. Tampoco tiene nada que ver con la simpatía que inspire la persona (por ejemplo, el Sr. Carter tenía una personalidad mucho más atractiva que el Sr. Reagan), ni con sus dotes morales y/o intelectuales (si así fuera, el Sr. Carter hubiera sido un magnífico presidente) y ni siquiera con el desempeño de su carrera política anterior. Si el Sr. Bush (hijo) se hubiera equivocado como gobernador de Texas tanto como lo ha hecho como presidente, jamás hubiera ganado la nominación por el partido republicano. Puede parecer obvio el añadir que tampoco tiene nada que ver con las expectativas que levantó su elección como presidentes. Después de que el Sr. Nixon demostrara el poder corrompe y que el Sr. Ford pusiera en claro que quod naturam non dat Salmanticam non praestat (o dicho en castellano que aunque la mona se vista de seda, mona se queda), el Sr. Carter fue elegido en medio de una gran esperanza, la de devolver la honorabilidad a la Presidencia y el orgullo al pueblo americano cicatrizando definitivamente el trauma de la guerra de Vietnam. Lo primero lo logró, pero el país se hundió en la crisis económica y en la pérdida de su prestigio mundial. Tal vez hubiera sido un gran presidente en tiempos más benignos, pero no supo tomar las medidas adecuadas ni en política económica ni exterior. Sus dotes (que, indudablemente las tiene) han brillado ya como ex-presidente, pero como presidente fue una gran decepción hasta el punto de que no pudo ganar la reelección.

¿Sé cómo va a ser la presidencia del Sr. Obama? Evidentemente no tengo ninguna certeza al respecto. Como no pretendo ser vidente me limito a interpretar sus actos a sabiendas de que puedo equivocarme y que posiblemente lo haga. Creo que el Sr. Obama va a ser un buen presidente y una inmensa decepción. Aunque lo parezca no hay en ello la menor contradicción. ¿Por qué creo que va a ser un buen presidente? Ha demostrado inteligencia y pragmatismo. En medio de la euforia desatada por su elección la única persona que no parece haber caído en ella es el propio Sr. Obama que se está dedicando a hacer pronósticos realistas sobre la difícil situación económica que espera a los estadounidenses. Ese conocer y decir la realidad por dura que sea, me parece muy prometedor máxime si lo comparo con lo que aquí ha pasado. El reconocimiento de un problema es el primer requisito para poder solucionarlo y el Sr. Obama no parece estar por la política del avestruz, del aquí no pasa nada y el todo va bien. De igual forma, no parece que se deje seducir por la adulación ridícula en la que se cae en España (ignoro si sucede lo mismo en otros países) con respecto a su persona. Parece que más que un presidente, el pueblo americano haya conseguido la reencarnación de un nuevo Mesías que inaugure una Edad de Oro. Aunque algunos sepamos desde niños que el triunfo y el desastre son unos farsantes (si acaban de descubrir quién es uno de mis escritores favoritos les felicito por reconocer la cita encubierta), no deja de sorprenderme un político que, al menos, parezca inmune a los ditirambos.

¿Por qué creo que va a ser una gran decepción para muchos? Porque su presidencia no va a suponer ninguna Edad de Oro, ni va a dar ningún giro copernicano a la política mundial. Lo siento mucho por los que se creyeron sus discursos electorales, pero pronto ha comenzado a dejr de lado las quimeras. Las designaciones como Secretaria de Estado de la senadora Clinton y como Secretario de Defensa del Sr. Robert Gates (el mismo que ya ocupaba ese puesto con el presidente Bush) deberían hacer recordar a algunos que Utopía sigue siendo el título de un libro (y bastante aburrido) cuyo escritor acabó decapitado por el poder real. Sus designaciones de personas con problemas de escándalos como el gobernador William Blaine Richardson III (iba a ser Secretario de Comercio, puesto al que renunció voluntariamente) y del Sr. Timothy Geither (va a ser Secretario del Tesoro pero aún no ha obtenido la confirmación del Senado) hacen pensar que el Sr. Obama no presta demasiada atención al dicho de que la mujer de César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo, mala cosa si se pretende presentarle como un paradigma de moralidad.

Si alguien quiere pensar que el Sr. Obama es una paloma creo que va a tardar muy poco en descubrir que las palomas son unas aves muy poco pacíficas en realidad. Sí, habrá una retirada de Irak porque los objetivos básicos ya se han cumplido pero podemos esperar un recrudecimiento en la guerra de Afganistán, un conflicto absolutamente inútil y, además, imposible de ganar militarmente y en el que España está metida hasta los corvejones sin que sepamos demasiado bien qué pintamos allí, pero una escalada en esa guerra va a suponer más muertos. No está clara, en principio, la postura del Sr. Obama sobre otras dos graves amenazas a la paz mundial, la situación en Palestina y el plan nuclear iraní. A partir de hoy se le acaba la excusa de que no debía interferir con la política del Sr. Bush y tendrá que desarrollar su propia política, pero me sorprendería que hubiera grandes cambios en la tradicional alianza entre Israel y los EEUU porque no hay ninguna razón para ello. Más problemas puede causar el régimen teocrático de Irán. Aunque, de momento, seguirá la vía pacífica de su antecesor ¿qué decidirá si, finalmente, Irán llega a la situación de poder fabricar armas nucleares? Un Irán que apoya a movimientos terroristas, cuyo presidente ha declarado que quiere eliminar el estado de Israel, con posibilidad de elaborar armas de destrucción masiva es algo capaz de quitar el sueño a la persona más serena. Si las negociaciones no dan fruto ¿qué decidirá el nuevo presidente de los EEUU? Tengo la sospecha de que liberar a los perros de la guerra aunque sea con objetivos muy precisos. Las consecuencias pueden ser terribles, pero también lo podrían ser las derivaciones de no hacer nada si llegara la situación hasta ese extremo.

No obstante, donde el Sr. Obama se juega su crédito político es con la economía. Tomará algunas decisiones que serán muy aplaudidas por todo el mundo como el cierre de la prisión en la base militar de Guantánamo (una vergüenza que jamás debió producirse y menos en un país tan amante de la ley como los EEUU) pero lo que el pueblo americano va a juzgar es la situación económica. Si el presidente Obama es capaz durante sus cuatro años de mandato de cambiar la crisis actual por una situación de desarrollo, tendrá la reelección muy fácil. En caso contrario, los republicanos tendrán una clara oportunidad de volver a la Casa Blanca. Ésa es la pura y simple realidad. El Sr. Obama tiene como principal problema la economía y eso va a condicionar toda su presidencia. No sé qué haría el Sr. Obama si llegara a la presidencia en una situación distinta. Posiblemente entonces pusiera el énfasis en el gasto social, tal vez diera los primeros pasos hacia una cobertura sanitaria universal y gratuita (algo que nunca entenderé porqué no existe ya)... pero no vivimos en un mundo soñado sino en el real y me temo que el presidente Obama tenga que hacer en política económica a corto plazo nos va a perjudicar a todos los demás. No me extrañaría nada que tomara medidas de proteccionismo comercial que empeorarán nuestra situación aunque, a largo plazo, la salida de la crisis de los EEUU nos interesa a todos. En cualquier caso, el que tenga muy claro que el déficit público es un mal (aunque en ocasiones sea un mal necesario) porque hay que terminar pagándolo, y el que quiera bajar los impuestos no deja lugar para demasiadas alegrías en el gasto público salvo que limitara los ingentes gastos militares de los EEUU. ¿Lo hará? Pues aunque algunos piensen que sí, me da que va a ser que no. Sencillamente, EEUU es la superpotencia y le corresponde el papel de gendarme mundial (vamos a ver si evitamos la hipocresía de protestar por ello para, a continuación, clamar por la intervención americana para resolver cualquier conflicto). El Sr. Obama ha demostrado ser demasiado pragmático para creer que puede imponer la pax americana sin que la respalde (al menos como posible último recurso) una fuerza militar impresionante (e increíblemente costosa). Ya, ya sé que decir esto no resulta políticamente correcto, pero no intente dialogar con un perro rabioso. Sólo conseguirá salir herido y en este mundo hay perros rabiosos (y alguno tiene dos patas).

En nosotros se ha cumplido la maldición de vivir tiempos interesantes y esta nueva etapa promete serlo en grado sumo. Los estadounidenses han cumplido con la letra de su himno nacional y han tomado una valiente decisión, en tiempos de crisis han elegido un candidato inexperto (no me importa confesar que si yo hubiera sido estadounidense hubiera preferido a la senadora Clinton) pero que empieza por muy buen camino. Creo (y deseo) que el Sr. Obama será un buen presidente pero que nadie espere de él imposibles porque obtendrá tanto como de pedir peras al olmo, una inmensa desilusión. Dentro de cuatro años seguirá existiendo el hambre en el mundo, dentro de cuatro años seguirán existiendo injusticias que nos pondrán la piel de gallina, dentro de cuatro años seguiremos sintiendo vergüenza por algunas decisiones políticas tomadas por países democráticos... pero si dentro de cuatro años los EEUU son un país mejor que hoy, el Sr. Obama habrá cumplido con su deber. Trabajar por ello es lo que hoy ha jurado sobre la Biblia de Abrahan Lincoln (por cierto, en un país de lo más laico). Pretender que sea la panacea de todos los males de la humanidad es, sencillamente, absurdo.

 

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