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Escritos desde el páramo

Crítica a la pseudohistoria

Investigando que es gerundio (IV)

Viene de aquí
Prosigamos (si así les place) con las jocosas afirmaciones de míster Brown sobre otra de las obras de Leonardo da Vinci, la Gioconda. Nuestro querido "himbestigador" dice de ella lo siguiente: "Así que tenemos al dios masculino, AMÓN. -Escribió el nombre en mayúsculas en la pizarra-. Y a la diosa femenina, Isis, cuyo antiguo pictograma fue durante una época L´ISA.
Langdon terminó de escribir y se alejó del proyector.
-¿Os suena de algo?
-Mona Lisa... me cago en... -murmuró un interno.
Langdon asintió.
-Señores, no es sólo que la cara de la Mona Lisa tenga un aspecto andrógino, es que su nombre es un anagrama de la divina unión de lo masculino y lo femenino. Y ese, amigos míos, es el secretillo de Leonardo, y lo que explica la enigmática sonrisa de la mujer del cuadro." (ECV, Pág. 134-135)
Llegados a este punto, me encantaría proponer una nueva teoría para explicar la enigmática sonrisa de la Gioconda, se estaba descojonando porque adivinó las sandeces que en el futuro se escribirían sobre ella (obviamente, esto es una pequeña maldad). Vamos con la pintura y su título. ¿Quién es la mujer del cuadro? No lo sabemos con certeza (y si mi opinión valiera de algo, no es nadie real sino que es un retrato idealizado). ¿Qué nombre le daba Leonardo? Tampoco lo sabemos por lo que la paja mental sobre Amón e Isis es una chorrada ya que monna Lisa es el nombre que le dio Vasari que no Leonardo. Vamos por partes, la primera mención a esta pintura que conservamos es la del diario de Antonio de Beatis que visitó a da Vinci en el castillo de Cloux el 10 de octubre de 1517 y allí pudo ver: "uno de cierta dama florentina hecha del natural a petición del difunto Magnífico Juliano de Medici..." [1] El "Anónimo Gaddiano" (es decir, una biografía anónima de Leonardo) asegura que da Vinci: "Retrató del natural a Pietro Francesco del Giocondo." [1] lo que se atribuye a un error de escritura y que en realidad se refiriera a que retrató a la mujer de Pietro Francesco del Giocondo ya que no existe la menor referencia a un retrato del esposo. Vasari menciona: "Comenzó Leonardo a hacer para Francesco del Giocondo el retrato de monna Lisa su mujer..." [1] Cassiano del Pozo, por su parte, escribe: "Un retrato de tamaño natural, en tabla, enmarcado en nogal tallado, es media figura y retrato de una tal Gioconda..." [1] Según estas fuentes (salvo para Antonio de Beatis que no da ningún nombre a la mujer representada y se limita a señalar su relación con Juliano de Medici) la representada es Lisa (ése era su nombre propio y no una referencia a Isis) Gherardini que se casó con Francesco del Giocondo en 1495 y de esta circunstancia y no de ningún acrónimo deriva el doble nombre por el que es conocida, monna Lisa o la Gioconda. Reitero que éstos son los nombres que dieron a este cuadro los comentaristas de la obra de Leonardo y no el propio autor. por cierto, no existe ningún documento que se refiera a un encargo del retrato ni a que fuera pagado por nadie lo que me hace pensar en que fue hecho por el propio Leonardo para sí mismo, como plasmación de su ideal de belleza.
Dejemos a la supuesta Gioconda con su eterna sonrisa y vamos con otra obra que es pasto de la fértil imaginación de nuestros queridos escribidores esotéricos, la Virgen de las Rocas. ¿Algo de lo que aseguran Picknett & Prince y su corifeo Brown es cierto? Pues más bien no y es que Brown "mete la patita" hasta cuando asegura que la hermandad de la Concepción eran "monjas". Basta con ir al contrato original firmado por Leonardo y los hermanos Evangelista y Ambrosio de Predis por una parte y el prior Bartolomeo Scorlione, Juan Antonio Sant` Angelo y otros miembros (todos masculinos) de la hermandad de la Concepción por la otra parte para apreciar que, nuevamente, nuestro preclaro "himbestigador" no ha hecho ni la menor comprobación de sus afirmaciones. O eso, o de tanto darle vueltas al tema de los andróginos acaba por confundir a hombres y mujeres...
Vale, un error cualquiera lo comete (y Brown lleva ya una buena colección de ellos) pero ¿qué hay de la extraña representación, del cabreo de la hermandad de la Concepción, de la segunda versión del cuadro...? Pues ahora sí vamos a entrar en un terreno resbaladizo aunque lo que apunta Brown no se sostiene por ningún lado. No obstante, debo advertirles que lo que sigue es sólo una de las explicaciones (para mí la única que se ajusta a los documentos existentes) pero no la única existente para la doble versión (Louvre y National Gallery) de esta obra. Ya dijimos que existe la documentación original del contrato que subscribieron los pintores Leonardo y los hermanos de Predis como parte contratada y la hermandad de la Concepción como parte contratante. Por este contrato (25 de abril de 1483) se estipula que los tres debían realizar la tabla central y las laterales, el dorado del retablo y la policromía de los bajorrelieves antes del 8 de diciembre (festividad de la Inmaculada) a cambio de lo cual recibirían la cantidad de 800 liras imperiales y una suma mayor si los miembros de la Hermandad consideraban que el trabajo lo merecía. Sí se daban unas medidas precisas para las obras por la sencilla razón de que ya existía el retablo que había sido realizado por Giacomo del Maino y que le había sido pagado el 7 de agosto de 1482. Por tanto, la tarea de los tres pintores era, por un lado, llenar los huecos destinados a las pinturas y, por otro, policromar los bajorrelieves tallados en madera y dorar todo el retablo. Contrariamente a lo que dicen los escritores esoteristas, en el contrato no se menciona que el tema del cuadro central fuera el encuentro de San Juan Bautista y Uriel y la Virgen y el Niño sino que, por el contrario, lo que debían pintar era una Virgen con el Niño junto a unos ángeles y dos profetas. En las tablas laterales debían ir cuatro ángeles, unos músicos y otros cantores. Cualquier parecido entre lo que habían contratado y lo que realizaron es, pues, mera coincidencia puesto que a las diferencias de la tabla central (la Virgen de las Rocas de Leonardo en la que se "caen" de lo programado el coro angélico y los profetas y se añade el San Juan Bautista niño) hay que añadir que las tablas laterales que realizó Ambrosio de Predis (hoy en la National Gallery) sólo figuran dos ángeles músicos.
Esto, por supuesto, habría sido justificación suficiente para explicar el "cabreo" de la hermandad... si es que éste se hubiera producido. Por el contrario, el "mosqueo" les entró a los pintores por el vil metal. En una súplica (sin fecha, pero de los años 1491-1493) dirigida a Ludovico el Moro en el que Ambrosio de Predis y Leonardo (Evangelista de Predis falleció en 1490) solicitan que se les dé más dinero porque las ochocientas liras abonadas por la hermandad sólo habían sufragado los gastos ocasionados (dicho más claramente, que los pintores habían acabado trabajando gratis) o que, en caso de que la Hermandad no "aflojara la plata" (los artistas pedían 1200 liras más y la Hermandad ofrecía 100) se permitiera a los pintores recuperar la tabla central porque habían recibido una suculenta oferta económica por ella.
Hasta aquí lo que es seguro porque está perfectamente documentado. Vemos como no hay ningún supuesto escándalo por parte de la hermandad de la Concepción porque, en caso contrario, no hubieran pagado lo pactado en el contrato lo que podían haber hecho perfectamente puesto que, como ya dijimos, las pinturas no se ajustaban a lo estipulado. No sólo pagaron sino que ofrecían 100 liras más, señal de que no estaban nada disgustados con el trabajo de los pintores. Eran éstos los que estaban más que enojados porque habían hecho un pésimo negocio al permitir que la palabra final sobre la valoración de las pinturas la tuviera la hermandad de la Concepción con lo que ésta era juez y parte.
¿Dónde está aquí el supuesto escándalo por la heterodoxia de la representación? Pues eso mismo me gustaría saber. No aparece por parte alguna, obviamente. Si tenemos esto en cuenta (lo que, evidentemente, no han hecho los escritores esoteristas) ¿qué hay de misterioso en la representación? Pues nuevamente nada. La Virgen sencillamente va a posar su mano sobre la cabeza de Jesús y Uriel señala con el dedo a Juan Bautista. Los gestos amenazadores, el signo de cortar el cuello... no existen más que en la imaginación desbocada de los autores citados.
¿Explica esto el porqué hay una doble versión del cuadro? En mi opinión, sí. Creo que la explicación más probable es que el primer cuadro de Leonardo (el del Louvre) fuera el entregado en cumplimiento del contrato. Después de la súplica a Ludovico el Moro nada cambió por lo que en 1503 Ambrosio de Predis reitera su petición en esta ocasión a Luis XII de Francia (que entretanto se había apoderado de Milán) y que era un conocido admirador de Leonardo (tal vez fuera de él la suculenta oferta que mencionaron los pintores en la primera súplica de 1491-1493). La hermandad que tanto se había escandalizado con el cuadro (según las chorradas de Brown) dicen que tururú basándose en que Leonardo no está en Milán con lo que paralizan el asunto hasta 1506 en que da Vinci regresa. Es entonces cuando la hermandad argumenta que el cuadro está inacabado (no está mal, sólo habían tardado 23 años en darse cuenta de que Leonardo no había cumplido lo especificado por el contrato) con lo que se produce un acuerdo entre las partes. Leonardo se compromete a acabar el cuadro en dos años a cambio de 200 liras más (lo que resulta curioso cuando antes pedía 1200). De Predis cobró esa cantidad en dos plazos, en 1507 y 1508.
Así las cosas, no parece descabellado suponer que lo que realmente pasó es que Leonardo se hizo finalmente con la primera versión que vendió al rey francés (lo que explica porqué este cuadro aparece en las colecciones reales de dónde pasó al Louvre) y esbozó una segunda versión que fue completada por de Predis y que es la que entregó a la hermandad de la Concepción después de 1506. De allí pasó a Santa Catalina de la Rueda en 1781 (cuando la hermandad desapareció) y cuyo administrador, el conde Cicogna, la vendió a Gavino Hamilton en 1785. Ya en Inglaterra pasó por varias manos hasta acabar en la National Gallery.
Nuevamente debemos preguntarnos ¿dónde está el misterio? Misterio.
Notas y bibliografía
[1] Leonardo por Angela Ottino Della Chiesa. Traducción de Francisco J. Alcántara. Colección Clásicos del Arte nº 9. Ed. Noguer-Rizzoli Editores. Barcelona, 1969. Documentación sobre la Gioconda en Pags. 103-104; y sobre la Virgen de las Rocas en Págs. 93-96.
-Continuará-
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Investigando que es gerundio (V)

Viene de aquí
Sin embargo y pese a todo lo dicho, la estructura "cebollar" (entiéndase el "palabro" como referido a que presenta la misma estructura de una cebolla, es decir, por capas sucesivas y no como una broma sobre que los autores son unos auténticos "cebollinos") de estas obras esotéricas hace que aún queden cosas que necesitan ser explicadas. ¿Qué quiero decir? Espero haber demostrado que los supuestos misterios atribuidos a las obras de Leonardo da Vinci no soportan el menor análisis crítico, pero eso quiere decir muy poco sobre el supuesto enigma mayor.
Siempre he reiterado que el escepticismo no puede permitirse el cometer los mismo errores lógicos que denuncia. Si, por ejemplo, asegurara ahora que: "Puesto que los autores implicados han demostrado que no saben ni por dónde comenzar una investigación histórica-artística, eso me permite descalificar la obra en su conjunto" puede que Vds. se quedaran tan contentos y no se dieran cuenta de que eso es un non sequitur de tamaño catedralicio. ¿Me he vuelto tarumba? Pues no más de lo habitual en mí. Ya hemos dicho que Leonardo no colocó en sus pinturas nada que permita hacer la lectura que Picknett & Prince primero y después Brown llevan a cabo; ¿supone eso que Leonardo no fuera uno de los mandamases del Priorato de Sión? Evidentemente, no. Hemos levantado una capa de la cebolla, pero debajo hay otra que está a su vez sobre una nueva...
No es cosa de repetir lo que ya dijimos en una muy larga y muy aburrida serie de artículos que dedicamos al Priorato de Sión y su extraño devenir histórico. Si tienen interés pueden encontrar los textos en estos enlaces I, II, III, IV, V, y VI. Eso, evidentemente, nos permite desechar las afirmaciones referidas a la supuesta pertenencia al Priorato de Sión de Leonardo, Newton, Flamel... y demás. Obviamente no pudieron ser los Nautoniers de una sociedad que no existió hasta mediados del siglo pasado cuando todos ellos estaban un poco muertos (permítanme la ironía). Sin embargo, a su vez eso no es más que otra capa de la cebolla. Podemos olvidarla, pero aún nos queda el núcleo de la teoría intacto, a saber ¿Estaban casados, amancebados... Jesús y María Magdalena? ¿Tuvieron hijos? ¿Esos hijos son el inicio de la Sangre Real cuyo recuerdo está en la base de las leyendas sobre el Santo Grial? Esas interrogaciones son las que aún nos quedan por resolver y son, evidentemente, las más importantes porque si la respuesta fuera tan negativa como las anteriores, entonces sí que ya no quedaría nada.
¿Por qué, entonces, no hemos empezado por ahí lo que les hubiera ahorrado el tener que leer los peñazos anteriores? Porque, por desgracia para los que somos defensores del pensamiento crítico aplicado a cuestiones históricas, nada es tan fácil como algunos aseguran. Ya hemos visto que el que un estrato superior sea erróneo no quiere decir que el inferior también lo sea, pero de igual manera ¿el que no existan pruebas que permitan asegurar que Jesús y María Magdalena fueran marido y mujer supone que no existiera el Priorato de Sión? Nuevamente pretender eso sería incurrir en un nuevo non sequitur. ¿Cómo? Piénsenlo un poco. El Priorato pudo existir como una organización secreta que no tuviera nada que ver con la Sangre Real. Ítem más, puede que no exista la Sangre Real, pero el Priorato pudo creer lo contrario. En Historia no tenemos una segunda ley de la Termodinámica a la que invocar para destruir una hipótesis. Si la gente cree algo aunque no sea cierto, esa mera creencia puede tener efectos reales. Si les pongo un par de ejemplos, pueden que me entiendan mejor. Los "Protocolos de los Sabios de Sión" son una falsificación, pero fueron considerados auténticos por mucha gente y eso supuso una retroalimentación del antijudaísmo europeo que condujo (entre otros muchos factores) al triunfo del fascismo. De igual forma, el llamado "Gran Pánico de 1789" (las falsas noticias sobre bandas de saqueadores que actuaban en el campo francés) fue uno de los factores (nuevamente, actuando de forma conjunta con otras muchas causas) que provocó la Revolución Francesa. Esto puede parecerles que se aproxima demasiado a una consecuencia incausada. Si es así y les repugna esa idea, les aconsejo que dediquen su esfuerzo a una disciplina más previsible como la Física, por ejemplo. Las personas tenemos la ¿buena? ¿mala? costumbre de poder actuar de forma errática, sin sujetarnos a ninguna ley previa. Esto da lugar a estos aparentes contrasentidos y, por ello, la Historia es una disciplina apasionante (o al menos me lo parece que ya se sabe que sobre gustos...)
Vayamos pues al meollo del asunto. Para nuestros escribidores, las pruebas de la supuesta relación sentimental (y de su fruto en forma de tierno infante) entre Jesús y María Magdalena están contenidas en los evangelios apócrifos y más concretamente en los evangelios gnósticos. Esto supone, nuevamente, que debemos plantearnos nuevos interrogantes. ¿Qué son los evangelios gnósticos? ¿Son más fiables históricamente que los evangelios aceptados por la Iglesia? ¿Es verdad que dicen tal cosa? Sólo desde las respuestas a esas preguntas podemos empezar a conocer si la afirmación sobre la Sangre Real tiene algún sentido o es un nuevo error.
Comencemos por el principio. ¿Qué son los evangelios gnósticos? Pues en una respuesta digna de Perogrullo, son los evangelios escritos y/o empleados por los gnósticos. Como me imagino que se habrán quedado como estaban (tal vez un poco más enfadados) me apresuro a aclararles que bajo la denominación de gnósticos se agrupa a diversas corrientes, sectas o herejías (según el gusto de cada uno) del cristianismo primitivo (vale, hay un gnosticismo no cristiano, pero eso no debe preocuparnos en este momento) que, pese a su diversidad, tienen una serie de rasgos comunes como son el anteponer la Gnosis (en griego, el conocimiento) a la Fe (el gnóstico no cree, conoce y eso es suficiente para redimirse y salvarse), un feroz dualismo entre materia y espíritu que conduce a su oposición al Cosmos (para los gnósticos -impregnados de platonismo- la creación no es fruto de Dios sino del Demiurgo -que identifican con el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de los judíos- muy inferior al Dios cristiano del Nuevo Testamento) y, por último, la creación de complejos mitos (a veces casi ininteligibles) para explicar su Teología (y en eso también resultan ser muy platónicos). Para un gnóstico, el nacimiento supone que un alma cae y es encarcelada en un cuerpo. Dios, entristecido por esa desgracia de ver al espíritu prisionero de la materia, envía al Salvador que revela la Gnosis lo que permite la salvación y la ascensión de las almas. Es común la oposición entre Cosmos (el universo material y, por tanto, temporal) y Eón (lo intemporal e inmaterial).
Si se han dado cuenta ya del primer absurdo, tienen premio. En efecto ¿es posible encontrar a alguien a quién pudiera importarle menos la supuesta descendencia material de Jesús que a un gnóstico? Evidentemente no, desde el momento en que los gnósticos desprecian el mundo material al que consideran malvado (incluso para algunas corrientes gnósticas la reproducción humana era un hecho reprobable). La única "descendencia" de Jesús que les importaba era la espiritual:
"En cuanto al hombre celestial, más numerosos son sus hijos que los del hombre terreno. Si los hijos de Adán son numerosos, aun si mueren, cuanto más los hijos del hombre perfecto, (es decir, los hijos de Jesús que es el hombre perfecto) aquellos que no mueren, sino que son continuamente engendrados. El padre hace un hijo, y al hijo no le es posible hacer un hijo. Porque al que ha sido engendrado no le es posible engendrar. Más bien el hijo engendra hermanos, no hijos. Todos los que son engendrados en el mundo son engendrados por naturaleza, y los otros por (éste del que) fueron engendrados. El hombre (recibe alimento) mediante la promesa del lugar superior (...) por la boca. Y si el logos hubiera salido de allí, se nutriría por la boca y se haría perfecto. Pues los perfectos conciben mediante un beso, y engendran. Por ello nos besamos unos a otros, recibiendo la concepción por la gracia mutua que hay entre nosotros." (Evangelio de Felipe, 58, 18-59, 5) [1]
"El que no odie a su padre y a su madre como yo, no podrá ser mi discípulo y el que no ame a su padre y a su madre como yo, no podrá ser mi discípulo porque mi madre me ha (engendrado), pero (mi madre) verdadera me ha dado la vida." (Evangelio de Tomás, dicho 101) [1]
"Jesús dijo: Al que conozca al padre y a la madre lo llamarán hijo de prostituta." (Evangelio de Tomás, dicho 105) [1]
Es obvio, pues, que para los gnósticos la posible descendencia (y la ascendencia) material de Jesús no tenían la menor importancia puesto que lo que les ocupaba era la descendencia espiritual, las personas que recibían la Gnosis y que se simboliza con un beso o con beber de la boca:
"Jesús dijo: El que beba de mi boca llegará a ser como yo. Yo también llegaré a ser como él y las cosas ocultas le serán reveladas." (Evangelio de Tomás, dicho 108) [1]
Notas:
Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi II. Evangelios, hechos, cartas. Traducción y notas por Antonio Piñero, José Monserrat Torrents, Francisco García Bazán, Fernando Bermejo y Ramón Trevijano. Colección Paradigmas nº 23, Ed. Trotta. Valladolid, 1999.
-Continuará-

Investigando que es gerundio (VI)

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No obstante, el corpus de creencias de los gnósticos por muy extraño (o alucinado, o disparatado, o sublime, o excelso o cualquier otro calificativo que queramos endosar porque en última instancia no sirve para nada) que nos parezca no nos dice nada sobre si sus evangelios son históricamente más fiables que los canónicos. Antes de seguir adelante es coveniente hacer varias aclaraciones previas.
Cuando hablamos de evangelios (aunque deberíamos hacerlo más bien de escritos porque no sólo hay evangelios) gnósticos estamos dando una falsa sensación de unidad. De igual forma que en los evangelios tanto canónicos como otros apócrifos no gnósticos hay una variedad extraordinaria tanto cronológica como de contenido, los evangelios gnósticos tampoco son un todo unitario. Ya hemos visto que nuestros amados escribidores esotéricos beben los vientos por el evangelio de Felipe, el de Tomás y el de María (Magdalena) porque en ellos se confiere una gran importancia a la figura de la Magdalena. No obstante, en otros escritos gnósticos no aparece ni mencionada. Es más, en el Apócrifo de Santiago, los receptores de la Gnosis son Santiago y Pedro, en el Libro de Tomás el Atleta es éste al que Jesús revela el Conocimiento, en el Diálogo del Salvador Jesús habla con tres discípulos, Judas, Mateo y María... Así que puestos a otorgar una carácter histórico a estos escritos ¿a cuál se lo daríamos y basándonos en qué criterio?
Si en los evangelios canónicos y en muchos de los apócrifos no gnósticos existe un intento de dar un marco temporal y/o local a los hechos narrados lo que permite una evaluación histórica (que, por cierto, resulta de los más desfavorable para los evangelistas) esto es casi inexistente en los evangelios gnósticos. Por ejemplo, de los tres evangelios de la "discordia" el de Felipe es un escrito doctrinal, probablemente un resumen de un texto más amplio perdido que no tiene ninguna continuidad sino una agrupación temática. Su fecha habitual de datación es de mediados del S II a mediados del S III. El evangelio de Tomás es una colección de dichos atribuidos a Jesús sin que se indique ni cuándo, ni dónde ni bajo que circunstancias fueron pronunciados. Obviamente tampoco presenta ninguna unidad, en esta ocasión ni siquiera temática. Su fecha de datación es una de las más discutidas, desde lo que consideran que es anterior a los evangelios canónicos (que fueron escritos entre los años 70-110 aproximadamente) a los que piensan que lo fue a mediados del S II. El evangelio de María es algo más explícito porque se sitúa justo antes de la Ascensión aunque a raíz de ésta, María recuerda una visión anterior en la que recibió la revelación. Su fecha de composición se data en el S II.
Así pues, puesto que no hay narración histórica ¿cómo se puede evaluar su posible historicidad? Sencillamente, no se puede. De igual forma, sus dataciones (con la posible excepción del evangelio de Tomás) están aún más alejadas de los supuestos hechos narrados que en los evangelios canónicos. Si se ha denunciado la manipulación de los evangelios canónicos (con añadidos y supresiones incluidos) ¿los evangelios gnósticos gozan de una pureza prístina?
Para ver esto, tendremos que hacer un poco de historia. En una de sus múltiples meteduras de pata (algo que supongo que a éstas alturas no les sorprenderá lo más mínimo) Brown dice la siguiente tontería: "En la tapa se leía el título: Los evangelios gnósticos (...) Son las copias de los rollos de Nag Hammadi y del Mar Muerto de los que hablaba antes. Los primeros documentos del cristianismo." (ECV, Pág. 262) Confieso que las carcajadas que solté al leer el parrafito anterior estuvo a punto de ocasionarme la pérdida irreparable de la ternilla. Por de pronto entre los rollos del Mar Muerto no hay ningún evangelio ni canónico ni gnóstico ni la menor referencia al cristianismo, a Jesús, a María Magdalena o a su pastelera madre. Los códices (que no rollos) de Nag Hammadi no son los primeros documentos del cristianismo ni "jartos de vino". De los trece libros que se encontraron en Nag Hammadi (Egipto) en 1945, el códice II en el que se encuentran tanto el evangelio de Felipe como el de Tomás data del S IV. El texto más antiguo que se conserva de los evangelios canónicos es un fragmento de Juan 18 (para los papirólogos se conoce como P52) datado en el año 125 aproximadamente. P66 contiene parte del evangelio de Juan y se data hacia el año 200 y P75 que es del S III contiene parte de los evangelios de Lucas y Juan. [1] Por cierto, si se están preguntando porqué no he mencionado entre los códices de Nag Hammadi el que contiene el evangelio de María, la respuesta es sencilla. Porque en ellos no figura para nada. Mal que le pese a Mr. Brown el evangelio de María no proviene de esta localidad egipcia. Se conserva desde 1896 (recuérdese que la biblioteca de Nag Hammadi se descubrió en 1945) en el Departamento de Egiptología de los Museos Nacionales de Berlín en un códice papiráceo que se adquirió en Akmim y que lleva la sigla de BG8502. Está datado en el S V [2]
No obstante, ésa es la datación de los códices, pero ¿cuándo se escribieron los evangelios gnósticos que contienen? Es hora ya de hablar de otra localidad egipcia, Oxirrinco (éramos pocos y parió la abuela). De ella provienen una buena cantidad de restos (por desgracia muy fragmentarios) papiráceos aún más antiguos que los de Nag Hammadi y entre los que se encuentran ¡bendita casualidad! restos del evangelio de Tomás (datados en el S II en torno al 150) y del evangelio de María (datados en el S III). Al contrario que los de Nag Hammadi que están escritos en copto, éstos lo están en griego. Aparte de la cuestión de datación, el hecho de que exista esta doble versión permite contestar una pregunta ¿hasta qué punto los escritos de Nag Hammadi corresponden a los originales griegos? La respuesta, por desgracia para los que pretenden denunciar la manipulación de los evangelios canónicos y obviar la de los gnósticos, es que hay diferencias. Antes de seguir, en esta página pueden encontrar las dos versiones. Fijémonos en el logion (dicho) nº 5 que en la versión antigua de Oxirrinco dice: Dice Jesús: "Todo lo que no está ante tu vista y lo que te está oculto, te será revelado; pues no hay cosa oculta que no llegue a ser manifiesta y sepultada que no se desentierre". mientras que en la más moderna de Nag Hammadi dice: Dijo Jesús: "Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto". lo que, por de pronto, deja en mal lugar a los que pretenden que el evangelio de Tomás es más antiguo que los canónicos porque sus frases, parábolas... están menos elaboradas (en los casos en los que coinciden) que las de éstos porque esta simplificación, como en el caso que nos ocupa, puede venir dada de la traducción al copto o bien de las diferencias (intencionadas o accidentales) introducidas por distintos copistas. Es más, la versión griega de Oxirrinco sigue las modificaciones en los tiempos verbales que Lucas "Porque nada hay oculto que no deba descubrirse, ni nada secreto que no deba saberse o hacerse público." (Lc 8, 17) realiza sobre Marcos "Porque si algo está escondido, es sólo para que se descubra; y si algo se ha ocultado es sólo para que salga a la luz." (Mc 4, 22). Es decir, que la versión griega (por lo que sabemos la original) del evangelio de Tomás es posterior a los canónicos y no es independiente de éstos. Por supuesto, esto no quiere decir que en el evangelio de Tomás no se hayan introducido dichos que no tienen correspondencia con los canónicos pero éstos ¿provienen de una fuente (oral o escrita) más antigua o son interpolaciones para apuntalar una determinada teología, gnóstica en este caso? Posiblemente existen ejemplos de ambos casos. Hay dichos que no tienen paralelos en los canónicos y que tampoco tienen significado gnóstico. Por ejemplo, el dicho 98: "Jesús dijo: El Reino del Padre es semejante a un hombre que quiso matar a un hombre importante. Desenvainó la espada en su casa y atravesó el muro para saber si su mano tendría firmeza. Entonces dio muerte al importante." . [2] Pero otros son claramente gnósticos: "El que ha conocido el mundo ha encontrado un cadáver y el que ha encontrado un cadáver el mundo no es digno de él." (Dicho 56) [2]
En última instancia, ¿los gnósticos eran más respetuosos con las palabras que supuestamente pronunció Jesús que los evangelistas canónicos? Para obtener una respuesta, es conveniente que vayamos al evangelio de María. Tal y como nos ha llegado en su versión copta tiene dos partes bien diferenciadas (como ya indicamos más arriba). Por un lado una conversación entre Jesús y sus discípulos antes de su ascensión, y, por otra, un discuso de María (Magdalena) en el que refiere una visión-revelación sobre la ascensión de las almas al que sigue un breve epílogo. Incluso para el lector menos atento, este supuesto evangelio es una unión de dos textos distintos. Esto se demuestra por la diferente actitud de Pedro que en la primera parte reconoce de buen grado la autoridad de María mientras que en el epílogo la pone en duda por ser mujer. ¡Manda caralho! Pedro se vuelve misógino en un visto y no visto.
Por otra parte, como también dijimos, el evangelio de Felipe parece ser un resumen de una obra mayor agrupando los supuestos dichos de Jesús por su similitud temática.
Si hemos de recapitular todo lo anterior, los evangelios gnósticos son ajenos a cualquier intento historiográfico. No es sólo que cometan errores históricos como los canónicos, es que ni siquiera pretenden proponer un marco histórico a las supuestas palabras de Jesús (algo que tampoco causa ninguna sorpresa habida cuenta de sus creencias), son contradictorios entre sí, no son más antiguos (todo lo contrario) que los canónicos y muestran las mismas malas prácticas de manipulación con fines doctrinales que los evangelios canónicos. Por todo ello, ¿por qué hay que considerar que son más dignos de crédito que éstos? Pues aparte del interés que suponga para determinados autores de que así debe ser porque me interesa para mantener el matrimonio entre Jesús y la Magdalena, no existe ningún razón objetiva para considerarlo así.
Es más, ¿tan siquiera es cierto que, según ellos, existió ese supuesto matrimonio? Pues a responder esta pregunta dedicaremos el próximo (y último -enorme suspiro de alivio-) artículo de esta serie.
Notas
[1] ¿La verdad del evangelio? Nueva luz sobre Jesús y los evangelios. Graham Stanton. Traducción de Ramón Alfonso Díez. Ed. Verbo Divino. Pamplona, 1999. Véase en especial las páginas 62 y ss. y 119 y ss.
[2] Biblioteca de Nag Hammadi II. Evangelios, hechos, cartas. Antonio Piñero, José Monserrat Torrents, Francisco García Bazán, Fernando Bermejo y Ramón Trevijano. Colección Paradigmas nº 23, Editorial Trotta. Valladolid, 1999.

Investigando que es gerundio (y VII)

Viene de aquí
Parece que, pese a los tiempos absurdos que vivimos, era lógico que llegáramos al final de esta cámara de los errores en la misma semana en que se premiaba en Jolibú ese horror de "Mar adentro" y en que nuestro egregio presidente se cubría de ridículo destrozando el sufrido idioma francés en el mismísimo París (tendría que seguir el ejemplo de Bill Clinton y dejar el francés para el ámbito de la más estricta intimidad, los sufridos "députés" se lo hubieran agradecido). Manolete, Manolete, si no sabes torear "pa" qué te metes...
En fin, que Zapatero a tus zapatos (o a tus "zapatés") y seguimos con lo nuestro. ¿Jesús estaba casado con María Magdalena? Éste es tan buen momento como cualquier otro para recordar que el peso de la prueba recae en quién afirma. Es decir, yo no tengo que demostrar (ni ganas de intentarlo) que Jesús y María Magdalena no estaban casados (algo que, por cierto, me importa un bledo porque nunca me ha atraído la crónica rosa). Son las personas que sostengan que eran marido y mujer los que deben hacerlo y nosotros como espectadores imparciales los que consideremos si las pruebas aportadas son tales o si, por el contrario, son el habitual cúmulo de falsedades redactadas con un mero interés de escandalizar al personal católico y, de paso, forrarse (ya se sabe que pocas cosas venden más que un buen follón aunque acabe siendo el parto de los montes).
En los últimos tiempos se han venido propalando una serie de afirmaciones sobre el estado civil de Jesús tan tajantes que parece que sus autores hubieran sido testigos de la boda. En realidad, nada sabemos de este tema. Por de pronto, esa afirmación tan divertida de que Jesús tenía que haber estado casado porque lo contrario era impensable para un judío de la época no es cierta. No es sólo que Filón y Flavio Josefo aseguren que los esenios se apartaban de las mujeres lo que, considerando que algunos entraban en dicha secta a edades infantiles, suponía que eran célibes es que, además, para la tradición judía el profeta y el matrimonio eran irreconciliables. Según la literatura rabínica, Moisés se separó de su mujer cuando recibió la llamada de Dios. Elías y Eliseo fueron célibes. Sabemos (porque fue criticado por ello) que su casi contemporáneo (finales del S I) el rabino Simeón ben Azzai permaneció soltero toda su vida para dedicarse al estudio de la Torá y que Pinhas ben Yair consideraba que la abstinencia sexual conducía a la santidad. Por tanto, para un judío de la época sí existían dos justificaciones para el celibato, su consideración como profeta (y eso es algo que cuadra perfectamente con Jesús) o su dedicación religiosa (que también encaja con Cristo). [1]
Algunos van un poco más lejos y aseguran que el episodio de las bodas de Caná (Jn. 2, 1-10) es, en realidad, la propia boda de Jesús. Debo confesar que ya casi nada me sorprende aunque, la verdad, a veces me pregunto qué Evangelios leen estos chicos porque en mi versión dice lo siguiente: "invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos." (Jn. 2, 2) No deja de ser motivo de regocijo que alguien tuviera la amabilidad de invitar a Jesús a su propia boda. La ceremonia hubiera quedado un poco deslucida si el novio no hubiera acudido...
Después de estos divertidos ejemplos de cómo patinar sin necesidad de hielo, podemos regresar al punto que habíamos dejado pendiente, los escritos gnósticos y si realmente sostienen que Jesús y María Magdalena eran un matrimonio con hijos. Les ahorraré el suspense, no es cierto.
Tanto Picknett & Prince como su corifeo Brown se basan en el Evangelio de Felipe del que citan el mismo texto y hacen la misma lectura aunque Brown, tan torpe como siempre hasta cuando copia, considera que la palabra "compañera" significa esposa en arameo cuando el texto, en realidad, está escrito en copto que tiene tanto que ver con el arameo como el castellano con el finés. Profundicemos en el Evangelio de Felipe. No se conserva más que un ejemplar que proviene de la biblioteca de Nag Hammadi y, por desgracia, presenta lagunas en el texto. No sé si estarán Vds. familiarizados con los problemas de la reconstrucción de un texto incompleto por lo que les propongo un juego (más sencillo que la realidad, aviso). Supongamos que se encuentran Vds con este párrafo: acudió a la m__a y dijo: No volveré más. Sólo hay sitio para dos letras entre la m y la a pero ¿cuáles son éstas? Porque el sentido de la frase cambia completamente si el original era "acudió a la misa" "acudió a la mesa" "acudió a la moza"... Por desgracia, el texto citado por nuestros queridos autores esoteristas es uno de los que está afectado por la pérdida de material. Una transcripción rigurosa hubiera debido decir:
"Y la compañera del (Salvador es) María Magdalena. El (Salvador) la amaba más que a todos los discípulos y la besaba frecuentemente en la (boca). Los demás (discípulos se acercaron a ella para preguntar). Ellos le dijeron: "¿Por qué la amas más que a todos nosotros?" El Salvador respondió y les dijo: "¿Por qué no os amo a vosotros como a ella?" [2]
En la que las palabras entre paréntesis corresponden a la reconstrucción del texto. La edición que emplean estos escritores es la de Schenke que no es la única lectura posible. Por ejemplo, ¿dónde besaba frecuentemente Jesús a María? Schenke restituye en la "boca" pero también es posible que fuera en la "mejilla" o en la "frente" (recuérdese que el original no está en castellano sino en copto). Sin embargo, supongamos que Schenke está en lo cierto y el original era en la "boca". Parece, desde nuestra perspectiva, que el que un hombre bese en la boca a una mujer es sinónimo de una relación especial ¿no? Sí, pero nunca debemos olvidar ante cualquier texto antiguo que éste no ha sido escrito desde nuestra propio bagaje cultural sino desde otro, en este caso desde el cristianismo gnóstico en el que ya lo dijimos: "Pues los perfectos conciben mediante un beso, y engendran. Por ello nos besamos unos a otros, recibiendo la concepción por la gracia mutua que hay entre nosotros." [2] Por supuesto, esto hecha por tierra cualquier lectura de tipo sexual que queramos hacer.
Aún más. Supongamos por un momento que la hipótesis de los escritores esoteristas es correcta y que Jesús y María Magdalena eran pareja de hecho, de derecho o de lecho. Bien, supongámoslo que es barato. ¿Se les ocurre una imbecilidad mayor que, si fuera ése el caso, los discípulos preguntaran a Jesús porqué quería más a su esposa (concubina, amante...) que a ellos? Claro que la respuesta de Jesús recuerda aquel chiste de "Maestro, cada día te quiero más por lo bien que te explicas." cuando, si la realidad hubiera correspondido a la hipótesis esotérica, hubiera sido de esperar una respuesta del tipo: "Mira que eres alcornoque. Porque es la madre de mis hijos, tonto del bote."
No obstante, ¿hay algo de cierto en la afirmación de que la palabra "compañera" se refiere siempre a una unión de pareja? Voy a sorprenderles. Tampoco es verdad (¿a que no se esperaban un nuevo error por parte de unos escritores tan serios y rigurosos?). La palabra que figura en el Evangelio de Felipe es "koinonós" (al igual que en otros casos en los escritos de Nag Hammadi mantiene la palabra del original griego en lugar de hacer su traducción al copto). Bien, basta con buscar en un diccionario Griego clásico-Español para encontrar: "koinonós: que participa, compañero, cómplice." [3] Sin embargo, supongamos que los redactores de diccionarios participan de una "gran conjura" para mantener en secreto el matrimonio de Jesús y María Magdalena (ya sé que esto se aleja de cualquier mínimo de racionalidad, pero como ya hace tiempo que estamos instalados en el "lado obscuro"...) ¿podemos citar ejemplos en los que esta palabra no tenga nada que ver con una situación matrimonial? Podemos, podemos. Por ejemplo, en Lc. 5, 10 se dice que "Santiago y Juan, hijos del Zebedeo, eran socios (koinonoi) de Simón". Si quieren traducir que "Santiago y Juan, hijos del Zebedeo, eran esposas de Simón" las carcajadas pueden escucharse en el séptimo cielo.
¿Falta algo más para hundir el último clavo en la tapa de este ataúd de la inteligencia que son las supuestas pruebas del matrimonio de Jesús y María Magdalena? Pues por si fuera preciso, un par de textos gnósticos sobre María Magdalena:
"Simón Pedro les dijo: Que María salga de entre nosotros porque las mujeres no son dignas de la vida.
Jesús dijo: Mirad, yo la impulsaré para hacerla varón, a fin de que llegue a ser también un espíritu viviente semejante a vosotros los varones; porque cualquier mujer que se haga varón, entrará en el Reino de los cielos." (Evangelio de Tomás, dicho 114). [2]
"Entonces Mariam se levantó, los saludó a todos y dijo a sus hermanos: "No lloréis y no os entristezcáis; no vaciléis más, pues su gracia descenderá sobre todos vosotros y os protegerá. Antes bien, alabemos su grandeza, pues nos ha preparado y nos ha hecho hombres." (Evangelio de María, 9). [2]
Es decir, que la María Magdalena tan apreciada por algunos gnósticos no lo era por sus cualidades femeninas sino por todo lo contrario, porque siendo mujer Jesús la convirtió en varón. Juego, set y partido.
Notas:
[1] Jesus el judío. Los Evangelios leídos por un historiador. Geza Vermes. Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez y Ángela Pérez. Ed. Muchnik Editores. Barcelona, 1977. En especial, las páginas 106-109.
[2] Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi II. Antonio Piñero, José Monserrat Torrents, Francisco García Bazán, Fernando Bermejo y Ramón Trevijano. Colección Paradigmas nº 23, Ed. Trotta. Valladolid, 1999.
[3] Diccionario Griego clásico-Español. Francisco Sanz Franco. Ed. Verón Editores. Barcelona, 1995.

Primer misterio jocoso: el oxidado pilar de la sabiduría

Bueno, supongo que ya se habrán relajado con las recomendaciones musicales así que podríamos comenzar de no ser por una pequeña pega, que creo necesaria una reflexión anterior sobre éste y otros libros de temas esotéricos. En próximos días (semanas, más bien) les iré exponiendo las razones por las que considero que este texto está repleto de errores. No sé si al final de mis comentarios Vds. estarán convencidos de que mis argumentos son válidos o no, o si ya están convencidos de antemano de que "Los guardianes del secreto" son un horror o, por el contrario, de que el que soy un horror soy yo. En última instancia no importa porque, la verdad, los grandes problemas del mundo no dependen para su solución ni del libro del Sr. Fernández Bueno ni de las críticas de un servidor.
Si me limitara a la refutación de las afirmaciones contenidas en este libro, Vds. podrían pasar un buen (o mal) rato, tendrían datos para tomar una postura informada (bien sea ésta favorable o contraria) sobre diversos temas caros al esoterismo... pero, si les terminara preguntando si pueden darme alguna razón para que este libro haya sido escrito, publicado y vendido, temo las respuestas que escucharía porque demasiadas veces he oído un montón de insultos, descalificaciones... en relación con los autores de escritos de temas esotéricos.
Veremos cómo, por ejemplo, el Sr. Fernández da como válidos misterios que son una pura invención reconocida por los autores que los crearon. Ante esto podemos extrañarnos, reírnos... y perdernos una buena ocasión de comprender (que no implica compartir) que el esoterismo tiene sus propias escalas de valores que no son científicas ni históricas. Ni para el método científico ni para el método historiográfico tiene el menor valor la Tradición (imagínense lo divertido que resultaría escuchar hoy algo así como "La Tierra es plana porque así lo creyeron nuestros antepasados" o "Las pirámides de Egipto fueron construidas por esclavos porque así lo dijo Herodoto hace un porrón de años"). Sin embargo, para el esoterismo no es así. La razón para ello, claro, es que la Tradición está en su propio corpus de creencias como ya dijimos cuando hablamos del mito de la Edad de Oro.
Desde ese punto de vista de tradicional=correcto podemos encontrar respuesta a múltiples hechos que, de otra forma, resultan inexplicables. Por ejemplo, ¿por qué es una constante que los movimientos esotéricos pretenden tener orígenes mucho más antiguos que la realidad? Así la Francmasonería pretende descender de los gremios de constructores medievales e, incluso, de los constructores del templo de Salomón (con un par), el Priorato de Sión no duda en situar su origen en la primera Cruzada, los neotemplarios de Fabré-Palaprat y su inmediata antecesora, la Sociedad del Solomillo (no es coña, se llamaba así) de Radix de Chevillon pretenden ser descendientes directos del Temple, diversos alquimistas, magos... pretenden ser conocedores de los secretos del antiguo Egipto... La lista es extensa y la constatación de que para apuntalar esas supuestas descendencias no dudaron en inventarse todo tipo de pruebas documentales, es tan conocida como inútil. ¿Por qué inútil? Porque, evidentemente, nadie sabe mejor que es una invención que las personas que las llevaron a cabo y, sin embargo, les importó "un oeuf" hacerlo. El conflicto entre Tradición y veracidad lo solventaron a favor de la primera. No importaba mentir si el resultado de esa invención era presentar su movimiento de nuevo cuño como heredero directo de una Tradición para ellos respetable. ¿Por qué lo hicieron? Frente a los que piensan que era una cuestión económica (que eran unos estafadores, vamos) creo, por el contrario, que realmente estaban convencidos de que era así, que realmente eran los depositarios de un saber ancestral. Bajo este punto de vista sus mentiras no eran tales. Inventaban las pruebas que sostenían sólo lo que previamente creían.
En el esoterismo las pruebas se aportan pero, en última instancia, son inútiles porque el autor ya está previamente convencido de que su verdad es la Verdad. Por ello, aunque las pruebas se demuestren falsas no importa, el convencimiento sigue estando allí. Veamos un ejemplo reciente.
"El (sic en el original, en vez de En) Nueva Delhi hay una flecha (sic en la traducción, en vez de columna) antigua de hierro que no contiene fósforo ni azufre y, sin embargo, permanece intacta bajo las inclemencias del tiempo." [1] Von Däniken escribía esto en 1968.
"¡Pues yo le digo a usted que no se oxida! Cuando hablé de esto con el periodista de "Playboy" y él me aseguró que se oxidaba, le hice caso. Pero un año más tarde tuve ocasión de visitar Nueva Delhi, y pude persuadirme con mis ojos de que no se oxida." [2] Von Däniken escribía esto en 1980.
"Asimismo se corrigió al paso del tiempo la noticia proveniente de Delhi sobre cierta pilastra vetusta de hierro que no se corroía bajo las inclemencias metereológicas: entretanto este objeto se ha oxidado en diversos puntos, según he podido comprobar con mis propios ojos." [3] Von Däniken escribía esto en 1986.
Si las reglas del esoterismo fueran distintas, esto habría debido significar el fin de la historia de la columna inoxidable ¿No? Pues no.
"Misterio: Tiene 7 metros de altura, 1,5 de diámetro y pesa 6.000 kilogramos. Está construido en hierro, pero el paso de los siglos no ha conseguido oxidar dicho meterial (sic en el original, en vez de material)." [4] Cardeñosa escribía esto en 2003, diecisiete años después de que von Däniken reconociera que se había equivocado.
¿Significa esto que los autores de textos esotéricos son tontos, fraudulentos...? Pues no, no significa eso. Sencillamente, están convencidos de algo y aportan las pruebas que, a su entender, permiten mantener sus afirmaciones. El que las pruebas sean o no tales, que existan realmente, que tengan la lectura que ellos realicen u otras distintas... es algo que les ocupa y les preocupa en mucha menor medida. Ellos están convencidos y sus textos se dirigen, por lo general, a un público igualmente convencido. En su propia lectura son Maestros que hablan a Iniciados. Lo importante es que, bajo su prisma, lo que aseguran es cierto independientemente de que las pruebas lo sean o no.
¿Eso los descalifica? Pues si ésa es su opinión, piensen que eso les obligaría, por ejemplo, a descalificar a un tal Platón que no dudó en inventarse la Atlántida para convencer a sus discípulos de las ventajas de su sistema político. A fin de cuentas, lo de no reflejar la verdad pura, inventarse acontecimientos, silenciar fracasos... en aras de un entendido bien mayor sí tiene una larga tradición y no sólo en el campo esotérico (piensen, por ejemplo, en los diversos partidos políticos actuales, nacionalismos que se sustentan en historias ficticias, comunismos que se olvidan del fracaso del "socialismo real", extremas derechas que obvian los desastres de la xenofobia...). Por más escépticos que seamos, la vida real está llena de situaciones que sólo adquieren sentido bajo el peso de la tradición. Somos lo que somos, animales sociales y eso nos conduce una y otra vez a aceptar formas del pasado, una herencia tan asumida como irracional a poco que pensemos en ello.
Así pues, criticaré porque me parece necesario que las personas que quieren oír una voz distinta puedan hacerlo, pero, por favor, no entiendan mis palabras como descalificación. El esoterismo, sea lo que sea lo que yo piense de él, es parte de nuestro pasado, de nuestro presente y, sin duda, de nuestro futuro. Acercarse a él sin realizar concesiones intelectuales pero también sin odio ni desprecio me parece una actitud necesaria. A fin de cuentas, es parte de nuestra propia cultura que, como tal, no precisa corresponder a nada real. ¿Importa mucho que D. Quixote sea un mero personaje de ficción? Lo importante es que esa invención cervantina nos habla de sentimientos, situaciones... que consideramos auténticas, el conflicto entre idealismo y pragmatismo, entre locura y cordura, entre ensoñación y realidad. Lo mismo podemos decir del esoterismo. El que sea auténtico o no es sólo una de sus manifestaciones (dejo que cada persona decida por sí misma si es lo más importante o no), lo principal para mí es que nos habla de nosotros mismos.
Notas:
[1] Recuerdos del futuro. Erich von Däniken. Traducción de Manuel Vázquez. Colección Otros Mundos. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1970. Pags. 63-64
[2] Testigo de los dioses. Erich von Däniken. Traducción de J. A. Bravo. Ed. Círculo de Lectores por cesión de Ed. Martínez Roca. Barcelona, 1981. Págs. 69-70
[3] ¿En qué me he equivocado? Erich von Däniken. Traducción de Manuel Vázquez. Colección Otros Horizontes. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1986. Pág. 10
[4] 100 enigmas del mundo. Bruno Cardeñosa. Ed. Corona Borealis. Madrid, 2003. Pág. 203
-Continuará-
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Segundo misterio jocoso: El candelabro de Mazagatos

Viene de aquí
Una de las mayores trastadas que nos juega el paso del tiempo es la idealización del pasado. Las películas de los 40 y 50 sí que eran buenas, la literatura de comienzos del S XX sí que valía, la música, ah los 60... ¿Hay algo de cierto en ello? Pues más bien poco. ¿Qué sucede, entonces, para que ésas o parecidas frases se escuchen frecuentemente? Que el paso del tiempo es un buen juez. Habitualmente pervive aquello que es bueno o, en menor medida, muy malo. Cuando miramos los 50, los 60... sólo vemos lo que ha sobrevivido a los años pasados. Por contra, el presente es la habitual mixtura de elementos buenos, regulares, malos, pésimos... lo que, evidentemente, ofrece un panorama mucho menos luminoso. Pensemos por un momento que en esos supuestos magníficos años también existieron cosas como la "excelsa" película de Ed Wood "Plan 9 del espacio exterior" casi unánimemente considerada como el peor film de la historia (sospecho que aquéllos que piensan así no han visto "Kárate a muerte en Torremolinos"), que en los años en que las Generaciones del 98 y del 27 suponían una segunda Edad de Oro de las letras españolas, también había escritores tan "famosos" como Serafín Puertas, Lope Gisbert, Arias Campoamor... (no se preocupen si no han oído hablar nunca de ellos. No se pierden absolutamente nada), que los maravillosos años 60 escucharon canciones como la que mi tocayo perpetró sobre el Peñón de Gibraltar...
De igual forma podemos tener la falsa percepción de que el esoterismo de antaño tenía, al menos, mucho mayor calidad literaria que el actual. Reconozco que leo con gusto obras como "El Espiritismo" de Conan Doyle, "Animismo y Espiritismo" de Alejandro Aksakof, "Simbología arcaica" de Mario Rosso de Luna... placer que, ni en sueños, encuentro en sus colegas actuales más populares (sí en algunos mucho menos famosos). No obstante, tampoco entonces todo el monte era orégano porque existían escritores tan deplorables como Madame Blavatsky o Ignatius Donnelly junto a personas que, ni siquiera, se atrevían a firmar sus obras. Me encantaría saber quién fue el que parió anónimamente "El gran libro de los oráculos de Napoleón o arte de adivinar la suerte presente y futura de las personas" que es, posiblemente, el libro peor escrito y editado que haya visto en mi vida.
Como ya habrán adivinado por el preámbulo, vamos a hablar de las cualidades literarias (absolutamente inexistentes en mi opinión) de la obra "Los guardianes del secreto. La revelación del mayor enigma de Occidente" por Lorenzo Fernández Bueno. Ed. Edaf. Madrid, 5ª edición, abril de 2004.
El estilo de escritura de D. Lorenzo es peculiar. Consiste en acumular palabras (preferentemente que suenen impresionantes) sin pararse a pensar si vienen a cuento, si son redudantes o, incluso, si son contradictorias. Por ejemplo, en la página 20 nos comunica: "Mi acompañante, un joven adolescente..." (¿conocerá el Sr. Fernández algún anciano adolescente?) y en la 148: "...aún conservaba la viveza y movilidad de un zagal adolescente." (diga Vd. que sí, también debe conocer zagales de 60 años). En la página 244 nos encontramos con un sorprendente: "El silencio retumbó en la habitación." Juraría que si hay algo que no puede retumbar es, precisamente, el silencio. No obstante, para mí lo más deplorable son algunas frases en las que la acumulación de palabras lejos de producir un efecto literario consigue su contrario, semejar la parodia de un lenguaje culto. Por ejemplo, en la página 17: "El tren avanza, rompe la noche en mil pedazos, aullando en la oscuridad. Aún faltan seis horas para arribar a la ciudad eterna, Roma. Allí me aguarda Marco "il messagero". Sus años de trabajo duplican los de cualquiera, sumido en las profundidades de un Vaticano repleto de recovecos interesantes, que a él le han dado respuestas inconfesables, y que quiere compartir..." lo que me deja con varias dudas, primera si el tal Marco tiene la profesión de pocero (por aquello de sumido en las profundidades del Vaticano), segundo qué edad tiene el tal Marco porque si sus años de trabajo duplican los de cualquiera y yo conozco a personas que llevan más de 50 años trabajando... la tercera duda es como se comparte algo que es inconfesable. Juraría que eso es equivalente a realizar un imposible...
No se crean que es la única muestra de tan peculiar estilo de escritura. Me "encanta" esta frase de la página 61: "Continuaba, reflectando las llamas de la luminaria en los bordes de sus señoriales lentes.". Tampoco "son mancas" estas otras de la página 64: "El pensamiento, puro y sincero, no era sino el reflejo de un anhelo. Quería reafirmar que no me hallaba en el cruel sendero de la equivocación. Ansiaba una señal, algo que renovara el ánimo vital para seguir con este periplo difícil y malentendido." Sin embargo, ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito (sólo unos 10.000 libros) y que lo que en mi opinión es un estilo empalagoso y cursi hasta la saciedad, para otros puede resultar literario. Por ello, resulta más grave puesto que es inexcusable que emplee palabras que parece que ignora qué significan en realidad (eso sí, quedan bonitas). Por ejemplo, en la página 11 nos sorprende con un: "amiga y hermana que con sus traducciones de los sismográficos textos franceses..." dado que no sabemos qué puñetas pintan los sismógrafos (es decir, los aparatitos que miden la amplitud y dirección de las oscilaciones de los terremotos) en esta historia. Por cierto, y ya que hablamos de francés, su señora hermana podría haberle corregido sus citas en francés como: "Bon soir mon amîe" (Pág. 109) en la que lo de menos es que sobra el acento circunflejo porque lo "gordo" es que convierte a D. Lorenzo en Dña. Lorenza (ami es amigo y amie es amiga) o esta otra de la misma página: "Cést moi, monsieur" que, aparte de recordar un anuncio de perfumes, es incorrecta (bien escrito es C´est moi, monsieur -Soy yo, señor-). Claro que también podría haber traducido bien los textos (nada sismográficos) franceses. En la página 98 cita: "Notice sur Rénnes-le-Château el l´abbé Saunière" (por cierto no es "el", es "et") y traduce: "Información sobre Rénnes-le-Château y el abad Saunière". Lamento informarle que "abbé" se traduce en castellano como padre, sacerdote o cura. Sólo se puede traducir como abad cuando la persona de la que se habla lo sea, lo que no es el caso porque la iglesia de Rénnes-le-Château no es ninguna abadía. Una vez que queda claro que Zapatero no es el único que ignora el bello idioma francés prosegimos con nuestros ejemplos de "Coloca la palabra bonita aunque no sepas qué significa" (el pareado es deplorable, lo sé).
En la página 144 nos informa de que: "El curioso efecto se producía cuando el astro rey atravesaba un punto determinado de la vidriera situada a la derecha del altar mayor." En efecto, estoy seguro de que si algún día, el astro rey (el Sol, para entendernos) atravesara la vidriera, el efecto resultaría de lo más curioso. La pena, claro, es que no habría nadie vivo para verlo. En realidad, tampoco habría vidriera, iglesia... si el Sol se acercara hasta ese punto, claro. Supongo que se olvidó de aclarar que se refería a la luz solar y no a la estrella en sí.
En la página 57 asegura: "... es precisamente entonces, en el traslado desde la ciudad del Tajo hasta el puerto de embarque en Cádiz donde definitivamente no se volvió a tener noticia del valioso pecio." Pues la respuesta es sencilla, si es un pecio que busquen el tesoro del Templo de Jerusalén (que es a lo que se refiere el autor) en el fondo del mar (matarile, rile, rile) porque un pecio es un fragmento de un barco hundido o de su carga. (Lo de naufragar entre Toledo y Cádiz ya me explicará cómo es posible).
En la página 75 nueva ocasión para el asombro: "... salvo la siniestra silueta de varios árboles que retorcían sus ramas en contorsiones imposibles, nada. Allí no había nadie, a expensas de mí...". Aparte de que, nuevamente, ignoro cómo puede suceder lo que es "imposible", tal vez no hubiera nadie a expensas del autor, pero ¿había alguien aunque éste abonara sus propios gastos? Porque "a expensas" significa a costa, por cuenta, a cargo.
Ésta es muy divertida. En la página 243 asegura: "...d´Aumont fue embestido Gran Maestre de la Orden..." Pobre d´Aumont. ¿Le hicieron mucho daño cuando le embistieron? Porque "embestir" es arrojarse con ímpetu sobre una persona o cosa. Sospecho que quiso escribir "fue investido"...
Otra más, en las páginas 245-246: "... manchadas con la savia de alguna comida precipitada." Dura vida la del investigador esotérico. Tiemblo de pensar qué tuvo que comer para que quedaran manchas de savia (jugo que nutre las plantas) en los papeles. ¿Cuarto y mitad de alfalfa fresca? ¿Cien gramos de césped? ¿Bocata de lechuga sin lavar?...
La última, en la página 130 que ignoro si incluirla entre los fallos léxicos o en la categoría de error tamaño catedralicio: "De hecho se decía que San Sebastián era el patrón secreto de los templarios -20 de enero- que coincide con el solsticio de invierno." Evidentemente, san Sebastián no será nunca el patrón (secreto o declarado) de los astrónomos porque el solsticio de invierno no se produce en enero sino en diciembre. Ignoro si quería referire a otro fenómeno astronómico o que, sencillamente, ignora cuándo se produce el solsticio hiemal (hablando de cursiladas...)
Por supuesto, todo esto no tendría excesiva importancia si el contenido fuera bueno, pero esto será lo que nos ocupe a partir de este momento.
-Continuará-

Tercer misterio jocoso: Jesús y los cuentos cachemiros

Viene de aquí
Comencemos, pues, con el contenido del texto que nos ocupa. El primer capítulo titulado "Un viaje, un comienzo" nos da ya una primera pista de por dónde va a ir el autor, una extraña mezcolanza entre misterios relacionados con Jesús y órdenes iniciáticas secretas (dos temas para comenzar a temblar, obviamente).
También nos ofrece la palpable demostración de su método de trabajo que consiste en creerse lo que alguien haya dicho antes de él sin preocuparse demasiado de comprobar si esas afirmaciones son ciertas o si ya se han demostrado como falsas.
Veamos la plasmación de ambas cuestiones. Va a Cachemira guiado por una obra de Andreas Faber-Kaiser, "Jesús vivió y murió en Cachemira" Ed. A.T.E. Barcelona, 1976 que, a su vez, sigue el relato del periodista ruso, explorador y tal vez espía, Nicolai Notovitch, pero, como suele suceder, Faber-Kaiser va mucho más lejos de lo que aseguró éste. Comencemos pues por deslindar qué pertenece a uno y a otro.
Nicolai Notovitch publicó en francés "La vie incconue de Jesús-Christ en Inde et au Tibet" (Ed. Ollendorf. París, 1894) que obtuvo un gran éxito con diversas reediciones y traducciones a otra lenguas (en español, en 1909). La historia que cuenta es sencilla. Estando él de viaje por el Tíbet escuchó hablar en la lamasería de Moulbek de un profeta llamado Issa. Conversando con el lama principal de la lamasería de Hemis éste le confirma la historia y le asegura que en su monasterio se encontraban diversos textos que hablaban de él y que eran copias en tibetano de los originales escritos en pali que se encontraban en Lhasa. Añade que el profeta Issa había predicado en la India y a los hijos de Israel y que era muy apreciado entre los lamas importantes pese a que sus seguidores, los cristianos, no reconocían la autoridad del Dalai Lama. Notovitch solicita le enseñen dichos escritos, pero el lama dice desconocer dónde se encuentran, pero que si tiene ocasión de regresar a la lamasería, los tendrá preparados para mostrárselos.
Dos días después, Notovitch envía al lama un reloj y un termómetro como regalo y le anuncia una nueva visita que será más larga de lo que imaginaba porque sufre una caída del caballo y se rompe una pierna. Mientras espera su curación, se hospeda en la lamasería de Hemis dónde, por fin, el lama le lee mientras un intérprete le traduce dos gruesos rollos que contienen "La vida de Issa". Siempre según el ruso, en esos textos se aseguraba que Issa nació en el país de Israel en una familia bendecida por Dios a causa de su fidelidad. A los trece años Issa debía contraer matrimonio. Para escapar de esa obligación abandona su hogar y se dirige a Sindh para conocer las leyes de los grandes Budas. Es instruido en las doctrinas del hinduismo en Jagannath, Rajagriha y Benarés pero su prédica igualitaria y monoteísta entra en contradicción con las castas de los Brahmanes (sacerdotes) y los Kshatriyas (guerreros) por lo que debe huir, para salvar su vida, a las montañas del Himalaya dónde estudiará los textos religiosos del budismo. Finalmente, considerando que ya estaba suficientemente formado, regresa a su hogar pasando por Persia en donde discutirá con los sacerdotes de Zoroastro atacando su dualismo y asegurando que sólo existe un Dios del bien. Los sacerdotes le apresan y le abandonan extramuros para que sea comido por las fieras, pero Issa no sufre ningún daño y regresa a su hogar cuando tenía 29 años. Cuatro años más tarde fue ejecutado por los romanos por decisión de Poncio Pilato pese a que los judíos no vieron en él ninguna falta. Después de su muerte, sus discípulos llevaron su doctrina por todo el mundo, son los cristianos.
Como vemos, el texto de Notovitch sólo pretende rellenar los llamados "años oscuros" de Jesús, es decir, la laguna que existe en los relatos evangélicos desde el episodio de Jesús perdido y hallado en el Templo de Jerusalén hasta el comienzo de su vida pública. Por lo demás, el texto se atiene a los evangelios (Issa muere ejecutado por los romanos, sus discípulos aseguran que resucita...). Una pequeña diferencia, claro, es que "La vida de Issa" tibetana exculpa a los judíos de cualquier participación en la ejecución. Luego veremos cómo este pequeño detalle tiene su importancia.
El de Faber-Kaiser es completamente distinto. Acepta la primera parte de la historia, el primer viaje de Jesús-Issa a la India pero, según él, Jesús aunque fue crucificado no murió. Su resurrección fue una mera recuperación de sus heridas. Una vez sanado, se trasladó a Cachemira donde se casó, tuvo hijos que iniciaron una descendencia que llega hasta hoy, murió y fue enterrado en una tuma que todavía hoy se conserva en Srinagar. La razón para esta diferencia es una serie de informaciones transmitidas por el profesor Hassnain.
Bien hasta aquí todo lo que acepta el Sr. Fernández Bueno en su obra. ¿Qué hay de cierto en ello? Voy a sorprenderles. Nada ¿a que no se lo esperaban?
Pode pronto, el método de trabajo de Notovitch indica que éste no podía saber si el lama, el traductor o ambos le estaban "tomando el pelo". No tenía forma de verificar si le estaban diciendo la verdad o le estaban mintiendo. No obstante, la verdad es aún peor que una broma de dudoso gusto aunque con notables antecedentes como sabe cualquier antropólogo.
Cuando Notovitch publicó su libro, fue objeto de la atención del profesor Friedrich Max Müller, uno de los grandes orientalistas de la época. Su dictamen fue que era falso. Las razones del profesor Müller fueron dos, la primera de orden externo y la segunda de incoherencia interna. Supuestamente Notovitch había tenido acceso a un texto tibetano titulado "La vida de Issa". En las recopilaciones de obras tibetanas llamadas Tandjur y Kandjur no existe la menor noticia de un escrito con ese título. Por otra parte, supongamos que la historia de Notovitch sea cierta. ¿Cómo llegaron al Tíbet las noticias de la muerte de Issa-Jesús? Supuestamente llevada por mercaderes judíos, pero entonces ¿quién identificó a Jesús como la misma persona que había estudiado en la India y el Tíbet? Misterio de los misterios.
No se quiebren demasiado la cabeza buscando respuesta. Müller también indicó que había recibido una carta de una corresponsal inglesa que había preguntado por un ruso apellidado Notovitch en la lamasería de Hemis y que allí nadie le conocía.
Por si fuera poco, Archibald Douglas decidió comprobar la historia de Notovitch así que acudió a la lamasería de Hemis y habló con el mismo lama que, supuestamente, conversó con el ruso. El lama negó que conociera a Notovitch, que hubieran atendido a ningún occidental con una pierna rota, que existieran los dos rollos con "La vida de Issa" en su monasterio, que existiera ninguna tradición tibetana sobre Issa-Jesús del que sólo sabían lo que decían los misioneros, que nadie le hubiera regalado un termómetro (ni siquiera sabía qué era)... La única prueba que pudo conseguir Archibald Douglas de que Notovitch siquiera habiera estado realmente en el Tíbet es que un viajero con ese nombre fue atendido de dolor de muelas en Leh.
No obstante, la imparcialidad nos obliga a ser cautos tanto con unas afirmaciones como con otras. No obstante, algo si nos permite dilucidar quién decía la verdad y quién no. En el prefacio a la edición inglesa de su libro (1895) Notovitch cambió su historia. Los dos rollos ya no existían como tampoco "La vida de Issa". En realidad, él había compuesto su texto tomando diversos fragmentos de obras del monasterio de Hemis ordenándolos como mejor le pareció. Esto explicaba porqué no aparecía esta obra en el Tandjur y el Kandjur. Con relación a que negaran conocerle y que existieran dichas menciones a Issa en la lamasería de Hemis, Notovitch aseguró más tarde que era por miedo a que los occidentales robaran los textos.
Bueno, puede parecer extraño pero posible lo es. No obstante, los errores del texto no pueden ser explicados por lo antedicho. Por ejemplo, "La vida de Issa" habla del Dios de los jainitas, pero esa noción es ajena al jainismo. El original de "La vida de Issa" supuestamente había sido introducido en el Tíbet escrito en pali, pero ese idioma no ha sido nunca empleado en los libros budistas tibetanos. Ítem más, los budistas tibetanos no pudieron ser nunca informados de la vida de Issa-Jesús por testigos presenciales porque el budismo no se difunde en el Tíbet hasta 700 años después de la vida de Jesús. Más aún, el texto de Notovitch presenta a Jesús viviendo en el templo de Jagganath... que fue construido mil años más tarde (si pensaban que el error de J. J. Benítez al decir que Jesús había estado en el Coliseo de Roma era insuperable, ya ven...)
Por si todo ello fuera poco, cuando la obra de Notovitch tuvo una reedición en la década de 1920 en los EEUU fue estudiada por Edgard J. Goodspeld que encontró paralelismos entre el estilo de "La vida de Issa" y los evangelios de Mateo, Lucas, Hechos y la Carta a los Romanos.
La conclusión está clara. "La vida de Issa" es una falsificación. Así las cosas, podemos preguntarnos ¿Por qué? Cuestiones económicas aparte, ya dijimos que "La vida de Issa" según Notovitch exculpaba completamente a los judíos de la muerte de Jesús. Notovitch era judío aunque se había convertido al cristianismo ortodoxo. En estos años se produce un repunte del antisemitismo en su Rusia natal a raíz del asesinato del zar Alejandro II en 1881. ¿Fue ésta la razón? ¿Tuvo algo que ver la suposición de Madame Blavatsky en su "Isis sin velo" de que Jesús podía haber viajado al Himalaya dado que encontraba paralelismos entre el cristianismo y el budismo? Nunca lo sabremos.
Por contra, las fuentes de Andreas Faber-Kaiser son mucho más claras en cuanto a su motivación. Resumiendo la cuestión, su fuente es una secta musulmana, el movimiento ahmadiyya fundado por Mirza Ghulam Ahmad. Este curioso personaje no tuvo el menor empacho en presentarse como el Mahdi esperado por los musulmanes, el Mesías esperado por los judíos... en un ecumenismo "traído por los pelos". Obviamente, para cumplir con su misión tenía que superar el obstáculo de la creencia en que ya no había que esperar nuevos Mesías porque con Jesús ya se había cumplido la esperanza mesiánica hasta su segunda venida que supondrá el Fin del Mundo. Para ello no vaciló en presentarse como reencarnación de Jesús así como negar que hubiera existido resurrección y ascensión al cielo (por un motivo obvio, si Jesús estuviera en el cielo en carne y hueso no podía reencarnarse puesto que no estaba descarnado). De este confuso batiburrillo doctrinal surgieron sus afirmaciones sobre la supervivencia de Jesús, su viaje a la India... aprovechando algunas viejas leyendas (sin base histórica alguna) árabes y nestorianas sobre estos temas. Vamos, que creerse esas historias sobre la tumba de Jesús en Srinagar supone un ejercicio de fe no menor que el se precisa para aceptar que Santiago está enterrado en Compostela o que el Grial está en la catedral de Valencia.
Pero si esto es así, ¿cómo se explica que algunas personas a lo largo de los años hayan declarado haber encontrado en monasterios tibetanos textos referentes a Issa? Bueno, primero hay que diferenciar si realmente aseguraron haberlos visto o si sus declaraciones son del tipo "Conozco a alguien que tenía un primo segundo que era abuelo de Fulanito que en la lamasería de..." Muy pocas pertenecen al primer grupo. De los que sí dicen tal cosa, habría que ver lo que transcriben porque en más de un caso aseguran haber leído lo que Notovitch escribió en su libro ignorando que el ruso, como ya dijimos, reconoció que había unido fragmentos de diversas obras por lo que si lo creemos (y si no lo creemos nos quedamos sin historia de Issa) nadie puede encontrar una única obra que corresponda a lo que Notovitch redactó. Si de los tres o cuatro que quedan eliminamos a las personas interesadas bien por su relación con la secta ahmadiyya bien porque escribieran libros sobre el tema, nos quedamos sin nadie.
La verdad es que nadie, absolutamente nadie, ha sido capaz de proporcionar pruebas de que dichos textos existan como tampoco de que Jesús anduviera por esas tierras ni, mucho menos, de que esté enterrado en Srinagar (también se encuentran en Cachemira las tumbas de Moisés y María con lo que parece que la inventiva de los paisanos para crear enterramientos famosos supera a la de los nativos de Colonia en cuya catedral están enterrados, ni más ni menos, que los Reyes Magos).
Pues el Sr. Fernández Bueno no se da por enterado de nada de esto y repite las historietas de Notovitch y de Faber-Kaiser, sin dudar de ellas. Tampoco entiendo demasiado bien el porqué porque, como ya veremos, si esas historias fueran ciertas dejarían en muy mal lugar algunos capítulos posteriores aunque sobre esto ya volveremos en su momento.
-Continuará-
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Cuarto misterio jocoso: El obispo en su tumba

Viene de aquí
Después de ese preámbulo, comienza el "viaje iniciático" propiamente dicho del Sr. Fernández Bueno. Nada mejor para ello que despertarse con una resaca de Cardhú (en mi opinión, un detalle de pésimo gusto. Donde esté la cazalla...) o, al menos, eso parece pensar D. Lorenzo puesto que se dedica a contárnoslo con todo lujo de detalles. Dado que no parece que eso (ni sus andanzas por los bares de Jaén, ni...) tenga demasiado que ver con "El obispo insepulto" (título de este capítulo) me permitirán que lo obvie y vaya al grano.
Pese a la brevedad de este capítulo y a las continuas digresiones del autor, el Sr. Fernández Bueno plantea ya una buena serie de "misterios" que irá desarrollando a lo largo de la obra (al menos, demuestra que conoce la teoría de cómo se escribe una historia). Así, nos presenta a un misterioso personaje, un tal Geoffrey, que le irá guiando en las diversas etapas del viaje iniciático. Permítanme suponer que el tal Geoffrey no es más que el alter ego del Sr. Fernández Bueno, pero cumple con el necesario papel de Maestro (puesto que D. Lorenzo opta por revestirse con la piel del Discípulo, es obvio que hacía falta un Guía). Así, esta obra adopta una estructura tradicional del esoterismo. Ya dijimos que una de las coordenadas para entender este texto era la Tradición. La otra es el Viaje iniciático, ese recorrido geográfico, temporal o ambas cosas, en la que la persona va accediendo a grados de conocimiento cada vez más elevados. Esta estructura no me desagrada (al contrario, normalmente me gusta) pero, por desgracia, los supuestos misterios, como ya veremos, van de lo deplorable a lo patético.
Comienza el Sr. Fernández Bueno por hablar de los tesoros del Templo de Salomón como la Mesa, el Candelabro y el Arca de la Alianza. A continuación cambia de tema para hablar de D. Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, obispo de Jaén a comienzos del S XVI, del que dice: "De origen humilde, en pocos años consiguió una buena posición y prestigio entre los valedores de la corte. Sin embargo, como si de un destierro se tratara, fue ubicado en el Santo Reino, tierra de frontera, de malhechores y bandidos que hacían de la vida en el lugar una constante supervivencia. Pero él lo aceptó con agrado. En pocos años sus rentas aumentaron inexplicablemente en una época en que la Mesa Episcopal se hallaba falta de emolumentos." (pág. 45) Añade, poniéndolo en boca de Juan de Olmuz, que el obispo Suárez tuvo conocimiento de doctrinas ocultistas, que adoptó un escudo que representaba: "la fontana y el Árbol de la Ciencia en el interior del hexágono, símbolo inequívoco del mítico rey Salomón." (Pág. 51) y que tuvo una inmensa actividad como constructor. En sus obras "como único requisito -no exento de misterio- mandó labrar sus armas, un escudo, como ya comenté, un tanto extraño..." (Pág. 53). La razón para esa fortuna inexplicable estaba en su búsqueda de los tesoros del Templo de los que vuelve a hablar asegurando que fueron objeto de la rapiña de las legiones tras la toma de Jerusalén por Tito. Conducidos como botín a Roma se incorporaron al tesoro de los Visigodos y acabaron en Toledo donde fueron capturados, a su vez, por los árabes. Su pista se pierde cuando iban a ser conducidos a Cádiz para ser embarcados hacia Oriente. Según parece opinar D. Juan de Olmuz, estarían en Jaén y D. Alonso los buscaba: "... pareció colocar a don Alonso en su justo lugar, otorgándole parte de razón al ser descubierto el magnífico tesoro de Torredonjimeno, a pocos kilómetros de la capital del Santo Reino." (Pág. 57) Por si esto fuera poco añade D. Juan: "La búsqueda de la mesa de Salomón parece detenerse a finales del pasado siglo, coincidiendo con la posible visita a la ciudad de un misterioso párroco de nombre François, procedente de la localidad francesa de Rénnes-le-Château." (Págs. 58-59)
No obstante, el mayor misterio que rodea al obispo Alonso es el hecho de que permaneciera insepulto lo que D. Lorenzo parece opinar que es una circunstancia debida a la heterodoxia del obispo Suárez: "Había llegado el momento de encumbrar a esta figura denostada por los siglos y especialmente por el clero." (Pág. 48)
Concluye el capítulo con el encuentro por parte del autor de unas iniciales grabadas en la sillería del coro: "B" y "S". (Pág. 69) que interpreta como:"François Bérenger Saunière" (Pág. 70).
Hasta aquí la exposición del autor. ¿Qué hay de cierto en ello? Que Alonso Suárez fue obispo de Jaén. El resto es una sucesión de chorradas. Vamos por partes.
El Arca de la Alianza (si alguna vez existió) desaparece de la historia (es decir, de la Biblia) mucho antes de que Tito apareciera por Jerusalén. Pese a que el autor asegura lo contrario en la página 55, en los relieves del arco triunfal de Tito en Roma no aparece dicho objeto entre el botín capturado en la guerra. Sí se representa el altar de oro (no la Mesa de Salomón) y el candelabro de siete brazos. ¿Qué pasó con él? Pues dada la cantidad de veces que Jerusalén fue "visitada" por ejércitos enemigos pueden suponerlo. Además todos sabemos que está depositado en un almacén secreto en los EEUU desde que lo encontró un tal Jones (perdónenme la ironía, pero las referencias a la Mesa de Salomón en Toledo son tan fiables como las "pelis" americanas). Ya, ya sé lo que dicen las historias árabes, pero éstas están teñidas de un carácter legendario. De hecho, no sé porqué tienen que quebrarse tanto la cabeza para situarla en Jaén cuando una fuente árabe asegura: "... una ciudad en la que residieron sus reyes y que tenía por nombre Lebtit o Ceuta, o Jaén." y en un castillo que allí había estaba: "En la segunda estaba la mesa de Solimán, hijo de David -¡sea para los dos la salvación!- tallada en una sola piedra esmeralda, cuyo color, como se sabe, es el verde y cuyas propiedades escondidas son indescriptibles y auténticas, porque serena las tempestades, mantiene la castidad de su portador, ahuyenta la disentería y los malos espíritus, decide favorablemente un litigio y es de gran socorro en los partos." Una maravilla, claro, que lo mismo te cortaba la cagalera que te hacía ganar un juicio (vamos, que como el Tanagel y Perry Mason en un sólo objeto). Claro, que el primer problemilla de esta fuente es que dice que: "En cuanto a los tesoros, es fama que Tárik, hijo de Zaid, los remitió al califa su señor, que los guardó en una pirámide." con lo que se va a tomar vientos a la farola la historia de colocarla actualmente en Jaén o Ceuta (por lo visto tanto daba una que otra ciudad. Eso es precisión y lo demás son verduras de las eras). Otro pequeño inconveniente es que la fuente árabe citada es un libro muy famoso, "Las 1001 noches" (para ser preciso, la noche 272) lo que queda muy poco presentable habida cuento de su carácter de recopilación de cuentos. En fin, creo que queda claro el caracter legendario de las narraciones musulmanas al respecto.
Me ha llegado al alma que no tengo (desalmado que es uno) lo de que el hallazgo del tesoro de Torredonjimeno confirma el supuesto itinerario de la Mesa de Salomón. La explicación del autor en la nota 6 de la página 57 es que los tesoros de Guarrazar y Torredonjimeno habrían sido escondidos a lo largo de la ruta seguida por sus custodios. Esto es una chorrada y lo es por dos motivos. Supongan que son Vds. los guardianes de un gran tesoro y van transportándolo por un camino cualquiera. La única razón lógica para que lo escondan es que crean estar en peligro. Si ése fuera el caso ¿qué harían Vds, enterrarlo todo junto o enterrar una parte y seguir con el resto encima durante unos cuantos centenares de kilómetros para enterrarlo en otro lugar? El segundo motivo para considerar esto una chorrada es que los tesoros de Guarrazar y Torredonjimeno no tenían la misma procedencia. Si el de Guarrazar sí parece estar relacionado con Toledo, la capital visigoda, dada su elevada calidad y riqueza, el de Torredonjimeno procedía de "provincias" (su factura es mucho peor) y más concretamente de Sevilla (en uno de los fragmentos de una de las coronas aparece una dedicatoria a las santas Justa y Rufina que recibían culto en la ciudad hispalense). Lógicamente esto obliga a cambiar el sentido de la marcha, no es que el tesoro fuera de Toledo a Cádiz, es que había salido de Sevilla en dirección norte tal vez huyendo de la invasión árabe.
Vamos ya con el Sr. obispo. D. Alonso Suárez nació en una localidad de Ávila, Fuente del Sauce, cuyo nombre incorporó al suyo como un D. Quijote anticipado. Evidentemente esto explica su misterioso escudo de armas. El que una persona que adopta el apellido de la Fuente del Sauce tenga como divisa heráldica una fuente y un sauce es tan misterioso como que el escudo del municipio de Fuente Lahiguera presente (¿lo adivinan? ¡Bingo!) una fuente y una higuera. No vean las lecturas esotéricas que se pueden hacer sobre esto...
D. Alonso no fue un pobrecillo de solemnidad sin fortuna propia que necesitara del auxilio de talismanes enigmáticos para tener "plata" con la que dedicarse a sus actividades constructoras. Este buen señor antes de obispo de Jaén lo fue de Mondoñedo-Lugo y, además, fue General del tribunal de la Santa Inquisición, Presidente del Consejo de Castilla y Comisario de la Santa Cruzada. Todo ello "carguitos" sin la menor importancia...
De su currículum podemos extraer algunas conclusiones obvias. D. Alonso no había caído en ninguna especie de destierro al ir a Jaén (si hubiera incurrido en desgracia no habría recibido alguno de los cargos más importantes del reino). D. Alonso tampoco era ningún heterodoxo porque, si ése fuera el caso, no hubiera sido designado General del tribunal de la Inquisición que era el guardián de la ortodoxia más estricta.
El informante del Sr. Fernández Bueno, D. Juan de Olmuz "decano historiador sevillano" (Pág. 48) del que no tengo la menor noticia, insiste en que Jaén era en 1500 un lugar poco deseable."La sede de Jaén quedó vacante, e inconcebiblemente en el año 1500 arribó al nuevo emplazamiento, en el que permanecería de por vida. En esas fechas Jaén era una ciudad de frontera, sin identidad, salvaguarda involuntaria de una agresiva miscelánea en la que convivían judios, árabes y cristianos, con maleantes y asaltadores de caminos. nadie quería ir allí, y mucho menos aquellos que, dada su condición social y su indiscutible relación con la corte, podrían gozar del favor de los reyes para ser ubicados en otro emplazamiento de mejor calaña.". No deja de tener su gracia que el autor de este libro que nos ocupa sea giennense. Supongo que ese parrafito no les habrá gustado en demasía a sus paisanos... A lo nuestro, a examinar esas afirmaciones. El antecesor de D. Alonso Suárez en Jaén fue D. Diego de Deza (no, no dejó de ser obispo de Jaén porque le matara un "asaltador de caminos" sino porque le nombraron obispo de mi ciudad, Palencia). D. Diego fue, indudablemente, una de esas personas que sólo aceptaron ir a Jaén porque no tenía contactos con la Corte. Total sólo fue, según el Arcediano del Alcor en su obra "Silva Palentina": "maestro que fue del príncipe Don Joan y confesor de los Reyes Católicos, el qual, habiendo sido obispo de Zamora y Salamanca y de Jaén, fue trasladado a Palencia y tomó la posesión en el mes de abril año de MD; fue gran letrado y bien religioso perlado." [1] Después de su paso por mi ciudad en la que, sin duda empobrecido tras su paso por la sede giennense, sólo pudo costear una "obrita" de nada, el altar mayor de la Catedral (espero que se perciba la ironía), este "mindundi" sólo fue nombrado arzobispo de Sevilla y, después, de Toledo (aunque no pudo tomar posesión del cargo al fallecer con anterioridad a ello). Comprobamos como el ilustre "decano historiador sevillano" nos las "ve de gordas" pese a que "colgaba de su afilada nariz dos añejos quevedos" (Pág. 50) (ahora que lo pienso, sin duda es ésa la razón de que no viera bien. Si sólo llevara unos quevedos y se los hubiera puesto encima de la nariz en lugar de colgárselos a pares de ella, sin duda hubiera visto mejor la realidad histórica). Obviamente, para percartarse de la calidad del historiador sevillano sólo hay que señalar esa frase de que en 1500 en Jaén convivían judíos, moros y cristianos, como si los judíos no hubieran sido obligados en 1492 a la conversión o a la expulsión. Claro que en 1500 Jaén tampoco era una ciudad fronteriza. Sí lo fue durante parte del S XV, pero el avance de las tropas cristianas que concluyó con la conquista de Granada había alejado el peligro de las incursiones nazaríes. De hecho, el XVI es la época que supone el "Siglo de Oro" de la Jaén cristiana, una de las 16 ciudades que tenían representación en las Cortes, lo que ya da un primer dato de su importancia. A un aumento de la producción agrícola se suma el auge de la artesanía con artículos de lujo como el tejido de la seda. Para que podamos comprender la situación real de Jaén, el censo de 1530 da para la capital una población de 16.800 habitantes (en esta misma fecha, Burgos tiene 6.000, Madrid 3.000 y las ciudades más pobladas, Sevilla y Valladolid, 26.000 y 27.000 respectivamente). Añadamos que poblaciones como Úbeda (también dependiente del obispado giennense) tenía 10.000 habitantes para hacernos una idea de la importancia que tenía esta sede que, en realidad y lejos de su supuesta precariedad económica, era una de las más ricas detrás de Sevilla, Zaragoza, Toledo y Santiago de Compostela. Basta con comprobar el patrimonio arquitectónico de las poblaciones de Úbeda y Baeza (edificios construidos en gran parte durante el S XVI) para darnos cuenta de las grandes inversiones de dinero que hicieron tanto los poderes eclesiásticos (y no sólo el obispo D. Alonso, basta con ver la tumba que se hizo construir su camarero, D. Francisco del Vago en Úbeda) como la aristocracia giennense. Por lo que se ve, todos chupaban de la teta de la Mesa de Salomón que debía ser tan exuberante como Sabrina.
Si ya hemos visto las razones para dar un sonoro "tururú" a las pretensiones de que D. Alonso debía conocer algún secreto para aceptar ir a ocupar la sede de Jaén y de que éste debía poseer una fuente de financiación extraña para poder acometer las obras que realizó (me permito un inciso, ¿el autor estaba de broma cuando dice que no está "exento de misterio" el hecho de que el obispo colocara su escudo en las obras que realizó? Pues o es eso o no se entera de la "misa la media" porque eso es, exactamente, lo que hace la mayoría de los patronos, sean civiles o eclesiásticos) ¿cómo se explica que el obispo permaneciera inhumado? ¿Es cierta esa sugerencia de heterodoxia, de ser mal visto por los poderes religiosos? Esto es lo más gracioso del tema. A su muerte en 1520 D. Alonso fue inhumado en la Capilla del Santo Rostro que él había ordenado construir en la Catedral. En 1635, con motivo de unas obras de remodelación de la Capilla tuvo que ser exhumado y fue transladado su cuerpo a la sacristía hasta la terminación de las obras en 1664. Fue entonces cuando surgió el problema que lo dejó sin sepultura hasta hace unos años. La familia del difunto pretendió que se le enterrara en la antigua ubicación mientras el Cabildo Catedralicio prefería que se le inhumara en el Coro con los demás obispos de Jaén. La falta de acuerdo entre las partes (en la que se ventilaba algo más que un lugar de enterramiento, ya que se trataba de dilucidar si la familia tenía derecho de patronato -es decir, si a cambio de una serie de obligaciones tenían ciertos derechos como puede ser el de enterramiento-) se convirtió en un largo, casi interminable litigio. A la espera de que se resolviera, el cuerpo fue conducido a la Capilla del Santo Rostro pero no se procedió a la inhumación. Hasta 1939, en el primer día de noviembre, los familiares acudían a renovar sus obligaciones de patronato (unas ofrendas de cabezas de ganado, aceite...) puesto que si no lo hacían así caducaría el derecho. El Cabildo, por su parte, se negaba a aceptarlo porque si lo tomaba estaría renovando dicho derecho. En 1939 los familiares no aparecieron. El Cabildo vio los cielos abiertos (permítanme la licencia metafórica, muy adecuada por otra parte) y se dispuso a enterrar, por fin, al obispo D. Alonso en el Coro. Esto motivó, una vez más, un nuevo pleito que paralizó la ceremonia. Sólo recientemente fue inhumado D. Alonso en el lugar que determinó el Cabildo. Ésta es la nada misteriosa historia [2] en la que nada tuvo que ver una presunta e inexistente fama de heterodoxia del obispo. Por el contrario, las citas que de él hicieron autores eclesiásticos y civiles posteriores muestran a un piadoso y caritativo cristiano.
¿Se puede meter aún más la pata? Se puede, se puede. En la página 47 coloca una fotografía de un relieve del Coro que muestra de un obispo observando un triángulo flamígero. D Lorenzo señala: "vemos al obispo Suárez observando un triángulo "masónico" en el S XVI." Ignoro si el representado es, efectivamente, el obispo Suárez (me recuerda una de las típicas representaciones de S. Agustín) pero debo recordar al autor que, para los cristianos, el triángulo es una representación de la Santísima Trinidad, así que deje a los masones en paz, que bastante tendremos que hablar de ellos en el futuro.
¿Y lo de Berénger-Saunière? Pues aparte de que ya hableramos de él en los próximos capítulos, no hay la menor prueba material de que visitara Jaén. Por cierto, en la página 70 reproduce la fotografía de su gran hallazgo (vamos, encontrar unas iniciales grabadas en el Coro de una Catedral es como para crear y conceder el Nobel de Arqueología). Hasta el lector más torpe podrá ver un montón de iniciales distintas, hay también una "L.E", un "D.M."... entre otras letras y signos. ¿Por qué, entonces, B.S tiene que ser Berénger-Sauniére y no Benito Sáenz o Bonifacio Silva? Misterio de los misterios como también debe serlo la razón por la que las letras B.S están de un blanco inmaculado mientras otras de las letras grabadas están tan llenas de porquería por el paso de los años que apenas se pueden leer. Ah, es que D. Lorenzo limpió las letras antes de hacer la foto. Lo hizo tan bien que hasta quitó la pátina que adquiere la madera con el paso del los años... Si el día de mañana le va mal el tema del esoterismo siempre podrá dedicarse a la restauración de muebles de madera, obviamente.
Notas:
[1] Silva palentina. Alonso Fernández de Madrid, Arcediano del Alcor. Ed. Servicio de ediciones de la Diputación de Palencia. Palencia, 1976. Págs. 366-367
[2] La historia del pleito junto con apuntes biográficos del obispo D. Alonso Suárez de la Fuente del Sauce podrán encontrarla en Breves apuntes acerca de D. Alonso Suárez. Laura López Arandia. Disponible en Internet en esta dirección.
-Continuará-
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