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Escritos desde el páramo

Segunda apostilla a La sábana santa ¡vaya timo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viene de aquí

Aviso previo: Las autoridades impertinentes advierten: Esta historia ha alcanzado el grado máximo de 6P en la escala Plúmbez del BAR (Blogueros Aburridos Reunidos) por ser un peazo porquería pesada, pedante, pretenciosa y plurilingüe. Su lectura puede provocar somnolencia (eso seguro), diarrea mental, impotencia por el tiempo perdido y ganas de retorcer el pescuezo del autor. Avisados quedan, así que si continúan, que Dios les pille confesados.
Firmado: Fráter Josephus Ludovicus Nonpilosus. Supremo Plasta del Conventículo Palentino de la Muy Venerable, Muy Antigua y Muy Secreta Orden de los Superiores Desconocidos.
Imprimatur: Fráter Johannes Columbus. Supremo Cocinero y Supremo Comedor del C.P. de la M.V.M.A.M.S.O.S.D.


Esta Semana Santa, al igual que todas las demás, he permanecido en mi ciudad. Como siempre he ido a ver las procesiones palentinas (si no lo han hecho nunca sólo puedo decir que Vds. se lo pierden). El lento desfilar de los cofrades en un silencio estremecedor sólo roto por el agudo toque de clarín, el ronco tronar de los tambores o el monótono sonido de las carracas, el olor acre del incienso, los pasos siempre iguales y siempre nuevos... conforman uno de los espectáculos más bellos estéticamente que imaginarse pueda complementado además por tradiciones como la visita a los Monumentos en las iglesias de mi ciudad, tanto en los templos conocidos por locales y foráneos, la Catedral esa Bella Desconocida que cada vez tiene más de lo primero y menos de lo segundo, San Miguel, las Claras, San Pablo, San Francisco... como en esos rincones que los palentinos nos guardamos para nosotros mismos, San Lázaro, Santa Ana, San Agustín, Santa Rita, Santa Marina, la Soledad, capilla de los Terceros, capilla de las Dominicas... me retrotraen a la infancia, a un mundo desaparecido que sólo la memoria, la suma hacedora de fatamorganas, puede recuperar en un espejismo tan ilusorio como reconfortante.

Veo pasar el Crucificado de Alejo de Vahía, el Cristo Yacente de la Cofradía de la Vera Cruz, la Virgen de la Amargura... y entre esas tallas bellísimas (y alguna deplorable de las que mejor no hablo) contemplo una de las últimas incorporaciones a la Semana Santa palentina, el paso del Calvario obra del imaginero Miguel Ángel Rojo que la realizó el año pasado (2007, por si están un tanto despistados).

¿Por qué traigo a colación este paso en concreto? El artista me disculpará la sinceridad de señalar que no por sus méritos estéticos (aprecio la correcta factura de la obra, pero esa misma perfección formal me deja un tanto frío aunque su opinión, por supuesto, puede ser contraria a la mía) pero sí por la forma de representar las crucifixiones. Por si no han caído en el busilis, les invito a que vuelvan a contemplar la fotografía (si, milagrosamente, el enlace quiere funcionar sin dar problemas). Observen cómo está clavado Jesús a la cruz y la posición de las piernas de los Dos Ladrones. ¿El imaginero ha incurrido en un exceso de originalidad? Veámoslo. Como Vds. no tienen porqué estar al tanto de los problemas relacionados con la ejecución por crucifixión, vayamos para comprobarlo al tiempo de los romanos (en sentido literal).

Prescindamos, porque no nos interesa para el tema concreto de qué sabemos de la crucifixión de Jesús, de los orígenes de tan cruel forma de ejecución. Para la cuestión que nos ocupa, nos basta con saber que esta aplicación de la pena capital era considerada como atroz por los propios romanos (véase, por ejemplo, el Libro Quinto del In Verrem de Marco Tulio Cicerón en el que se la califica de "crudelissimi taeterrimique supplici") que por tanto estaba reservada para delitos de especial gravedad como la piratería, el bandolerismo o la rebelión y que muy pocas veces se empleó contra ciudadanos romanos. El mismo Cicerón en su Pro Rabirio Perduellionis reo dice sobre la cruz "harum enim omnium rerum non solum eventus atque perpessio sed etiam condicio, expectatio, mentio ipsa denique indigna cive Romano atque homine libero est". No obstante, ello no debe hacernos pensar que fuera algo infrecuente en especial para los esclavos que, evidentemente, no eran hombres libres ni ciudadanos romanos y que, por tanto podían perfectamente ser crucificados como queda de manifiesto en este párrafo estremecedor de la VI Satvra de Juvenal:

"’pone crucem seruo.’ ’meruit quo crimine seruus
supplicium? quis testis adest? quis detulit? audi;
nulla umquam de morte hominis cunctatio longa est.’
’o demens, ita seruus homo est? nil fecerit, esto:
hoc uolo, sic iubeo, sit pro ratione uoluntas.’"

Tácito, en su Libro XV de los Annales menciona "in locum servilibus poenis" con lo que nos deja claro que en Roma existía un lugar específico para el tormento de los esclavos, nombre con el que también se conocía la crucifixión. Ese testimonio de Tácito debe, en opinión de algunos, contraponerse con este otro del pseudo-Quintiliano en sus Declamationes minores: "Whenever we crucify the guilty, the most crowded roads are chosen, where the most people can see and be moved by this fear. For penalties relate not so much to retribution as to their exemplary effect." (Pido disculpas por incluir una cita en inglés pero no he encontrado la versión latina original ni su traducción al castellano). Si el pseudo-Quintiliano cree en la función ejemplarizante de una forma tan cruel de ejecución, no parece ser éste el caso de Séneca que en sus Epistularum Moralium ad Lucilium (más concretamente en su Epistula CI) se limita a describir el horror:

"Quod miserrimum erat si incidisset optatur, et tamquam vita petitursupplici mora. Contemptissimum putarem si vivere vellet usque ad crucem:’tu vero’ inquit ’me debilites licet, dum spiritus in corpore fracto etinutili maneat; depraves licet, dum monstroso et distorto temporis aliquidaccedat; suffigas licet et acutam sessuro crucem subdas’: est tanti vulnussuum premere et patibulo pendere districtum, dum differat id quod est inmalis optimum, supplici finem? est tanti habere animam ut agam? Quidhuic optes nisi deos faciles? quid sibi vult ista carminis effeminati turpitudo? quid timoris dementissimi pactio? quid tam foeda vitae mendicatio? Huicputes umquam recitasse Vergilium:

usque adeone mori miserum est?

Optat ultima malorum et quae pati gravissimum est extendi ac sustinericupit: qua mercede? scilicet vitae longioris. Quod autem vivere est diumori? Invenitur aliquis qui velit inter supplicia tabescere et periremembratim et totiens per stilicidia emittere animam quam semel exhalare? Invenitur qui velit adactus ad illud infelix lignum, iam debilis, iam pravuset in foedum scapularum ac pectoris tuber elisus, cui multae moriendi causaeetiam citra crucem fuerant, trahere animam tot tormenta tracturam? Neganunc magnum beneficium esse naturae quod necesse est mori. Multi peioraadhuc pacisci parati sunt: etiam amicum prodere, ut diutius vivant, et liberos ad stuprum manu sua tradere, ut contingat lucem videre tot consciamscelerum. Excutienda vitae cupido est discendumque nihil interesse quandopatiaris quod quandoque patiendum est; quam bene vivas referre, non quamdiu; saepe autem in hoc esse bene, ne diu. Vale. "

No, no se preocupen por traducir el párrafo anterior porque lo que dice es:

"Desea lo que constituiría su mayor desdicha si le aconteciera, y pide el prolongamiento del suplicio como si fuera la vida. Lo juzgaría sumamente despreciable si quisiera vivir hasta llegar al suplicio de la cruz; en cambio dice: "Tú, por tu parte, mutílame, con tal de que subsista el aliento de vida en mi cuerpo quebrantado e inútil; desfigúrame, con tal que se otorgue algún tiempo a mi cuerpo monstruoso y deforme; sujétame y ponme debajo una cruz puntiaguda, para que quede fijo en ella" ¿Vale la pena estrujar la propia herida y pender extendido sobre un patíbulo, con tal de aplazar el mayor alivio en el sufrimiento que es el final del tormento? ¿Vale la pena mantener el soplo de la vida para luego exhalarlo?
¿Qué otra cosa puedes desear a éste sino unos dioses benévolos? ¿Qué significa la vergonzosa molicie de estos versos? ¿Qué el pacto del más insensato temor? ¿Qué el ir mendigando la vida tan ignominiosamente? ¿Piensas que Virgilio haya leído alguna vez su verso en atención a éste:

hasta ese extremo es lamentable el morir?

Desea el más funesto de los males y anhela el más doloroso de los tormentos: extender su cuerpo sobre la cruz y mantenerse en ella. ¿A qué precio? Al de una vida más larga. Pero ¿qué clase de vida hay en un morir lentamente?
¿Acaso se encuentra alguien que quiera consumirse en medio del suplicio, morir miembro a miembro y entregar tantas veces la vida, gota a gota, en lugar de expirar de una vez? ¿Acaso se encuentra quien, forzado a soportar aquel triste leño, desfallecido, deforme y agotado por el repugnante tumor en el pecho y en la espalda, habiendo tenido, aun antes de la cruz, muchas veces ocasión de morir, quiera prolongar una existencia que sólo ha de prolongar tan graves tormentos? Y ahora di que no es un gran beneficio de la naturaleza la necesidad que tenemos de morir.
Muchos están dispuestos a realizar pactos todavía peores: traicionar al amigo para vivir más largo tiempo; entregar con sus propias manos los hijos a la violación para ver la luz del día, testigo de tan execrables crímenes. Hemos de sacudir fuera el ansia de vivir y aprender que nada importa en qué momento sufras lo que en algún momento has de sufrir. Lo que importa es vivir bien, no vivir mucho tiempo; sin embargo a menudo vivir bien implica no vivir mucho tiempo." [Séneca, Epístolas morales a Lucilio (Libros X-XX y XXII). Traducción de Ismael Roca Meliá. Los Clásicos de Grecia y Roma nº 48. Ed. Planeta DeAgostini. Madrid, 1996. Págs. 247-249)


Este bellísimo párrafo, frecuentemente citado como ejemplo de lo penosa que resultaba la muerte en la cruz, plantea un grave problema, ¿se refiere realmente a lo que nosotros entendemos por crucifixión? ¿No les ha extrañado la referencia a "una cruz puntiaguda"? Retrocedamos un poco en la Epistula CI. Séneca escribe esto en respuesta a unos versos de Mecenas que concluyen:

"vel acuta si sedeam cruce, sustine."

La combinación de "acuta [...] cruce" con la forma verbal "sedeam" (del verbo sedeo -sentar-) deja bastante claro que al suplicio al que se están refiriendo (al menos en parte porque la expresión "patibulo pendere" permite sostener que también habla de lo que nosotros entendemos por crucifixión) es lo que nosotros llamamos empalamiento. Un nuevo fragmento de Séneca (en este caso de Ad Marciam De Consolatione) confirmará que para los romanos era lo mismo la crucifixión que el empalamiento o, mejor dicho, que el empalamiento era una forma de crucifixión:

"Video istic cruces ne unius quidem generis sed aliter ab aliis fabricatas: capite quidam conuersos in terram suspendere, alii per obscena stipitem egerunt, alii brachia patibulo explicuerunt; uideo fidiculas, uideo uerbera, et ~membris singulis articulis~ singula ~docuerunt~ machinamenta: sed uideo et mortem. "

Pueden dejar que el diccionario de latín siga criando polvo porque eso significa:

"Allá veo cruces de muchos géneros, que varían según el capricho de los tiranos. Este pone cabeza abajo a los que quiere colgar, aquél los empala por los órganos genitales; este otro les extiende los brazos en el patíbulo. Veo los potros, las varas, y para cada miembro, cada músculo, un instrumento de tortura; pero también veo la muerte." (Séneca, Consolación a Marcia, traducción de Francisco Navarro y Calvo).

Además de repasar los autores clásicos, ¿este resumen sirve para algo? Pues sí, para comprobar que los autores clásicos lo son porque no pierden vigencia con el paso del tiempo. ¿Se han dado cuenta de que las reflexiones de Séneca en la Carta 101 son válidas aunque ya no se practique la crucifixión o el empalamiento? Basta con cambiar esas referencias a la pena de muerte por los sufrimientos ocasionados por una enfermedad mortal o por los achaques irreversibles de una vejez cruel para que parezcan escritas hoy mismo. Eso sí, no sirven prácticamente para nada a la hora de contestar a la pregunta ¿cómo crucificaban los romanos? Hemos visto su horror ante la idea de que pudiera aplicarse a un ciudadano o a un hombre libre hasta el punto de ser considerado un suplicio de esclavos, la defensa de su función ejemplarizante, el sufrimiento que ocasionaba a sus víctimas... pero lo único que sacamos en claro es que cuando los romanos hablaban de crucifixión se estaban refiriendo a diversos suplicios sólo unidos por la existencia de un poste y por ser una forma lenta y dolorosa de morir.

No tenemos ninguna descripción detallada de cómo se realizaba una crucifixión y es bastante lógico que así sea porque aunque nosotros, herederos de la cultura greco-latina pero también de la judeo-cristiana, hayamos considerado la crucifixión como algo abominable, para los romanos (al menos para los habitantes de la metrópolis) era algo cotidiano y, como tal, perfectamente conocido sin necesidad de descripciones superfluas. Por ello, aunque las menciones a la crucifixión sean muy numerosas las citas que pueden aportar algo a la cuestión de cómo se efectuaba ésta sean muy escasas. Aparte de las reseñadas (que son las que se citan con mayor frecuencia sobre el tema de la crucifixión) encuentro que otras son más interesantes para este fin. Comencemos con Plauto en una comedia, Mostellaria: "Ego dabo ei talentum, primus qui in crucem excucurrerit; sed ea lege, ut offigatur bis pedes, bis bracchia." Del mismo Plauto en su Miles Gloriosus: "Credo ego istoc extemplo tibi esse eundum actutum extra portam, dispessis manibus, patibulum quom habebis." Como no hay dos sin tres, Plauto en un fragmento de su comedia Carbonaria: "Patibulum ferat per urbem, deinde adfigatur cruci." Séneca en su Ad Gallionem De Vita Beata:

"Cum refigere se crucibus conentur — in quas unusquisque uestrum clauos suos ipse adigit — ad supplicium tamen acti stipitibus singulis pendent: hi qui in se ipsi animum aduertunt quot cupiditatibus tot crucibus distrahuntur. At maledici, in alienam contumeliam uenusti sunt. Crederem illis hoc uacare, nisi quidam ex patibulo suo spectatores conspuerent."

No se preocupen por el latinajo de turno que también tiene traducción en Sobre la felicidad de Séneca:

"puesto que se esfuerzan por arrancarse de esas cruces en que cada uno de vosotros hunde sus propios clavos. Pero los condenados al suplicio están suspendidos cada uno de un solo poste; los que se atormentan a sí mismos están distendidos por tantas cruces como deseos; y maledicientes, son ingeniosos para injuriar a los demás. Creería por eso que están exentos de aquellos males, sino fuera porque algunos escupen desde el patíbulo a los espectadores. "

Para terminar, dos fragmentos de La Historia de Roma de Dión Casio (nuevamente en inglés, nuevamente mis disculpas por no poder enlazar ni el original en griego ni su traducción castellana), el primero:

"but Antigonus he bound to a cross and flogged,— a punishment no other king had suffered at the hands of the Romans,— and afterwards slew him. "

y el segundo:

"led him through the midst of the Forum with an inscription making known the reason why he was to be put to death, and afterwards crucified him, the emperor was not vexed."

Si han conseguido llegar hasta este punto, merecen mi más sincera felicitación por su paciencia. ¿A qué punto pretendía conducirles con este batiburrillo lingüístico capaz de acabar con la capacidad de sufrimiento del santo Job? A que si están esperando una descripción detallada de lo que podríamos llamar forma arquetípica de crucifixión romana pueden esperar sentados. Los dos textos de Dión Casio nos dicen, el primero, que la crucifixión venía (o al menos podía venir) acompañada de la verbera (la condena a flagelación); el segundo que el reo portaba un letrero que explicaba la razón por la que se le ejecutaba. Hasta aquí no hay excesivos problemas, pero con los textos de Plauto la cosa cambia. El primero habla de los pies (pedes) y los brazos (bracchia) como las partes que tenían que ser clavadas. Además señala que brazos y pies se clavarían dos veces (bis). En el segundo, por contra, además de señalar que las crucifixiones tenían lugar fuera de la ciudad (extra portam) sólo se refiere a las manos (manibus). En el tercero señala que el reo conducía el patíbulo (patibulum -el brazo corto de la cruz-) por la ciudad (per urbem) para después ser crucificado. El fragmento de Séneca menciona específicamente los clavos (clauos). Bueno, ya es algo pero tampoco es que sea para perder el sentido por la emoción de haber presenciado un gran descubrimiento.

Para tratar de aclarar algunas cosas más, dejemos de momento las fuentes literarias y vayámonos a la iconografía. Puede parecer sorprendente que existan muy pocas representaciones gráficas de una crucifixión (incluida la de Jesús) antes de que Constantino decidiera (en el S IV) prohibir esta forma de ejecución pero si recuerdan lo ya dicho sobre que era un castigo fundamentalmente reservado a los esclavos y a los peores delincuentes podrán entenderlo. Entre las que sí se han conservado destacan la Crucifixión del Palatino que requiere un pequeño comentario. Se discute si esta "pintada" (permítanme denominarla así aun cuando está grabada) se realizó en el S I, en el S II o en el S III. Para nuestro propósito eso es irrelevante. No lo es el que en cualquier caso estamos presumiblemente ante la representación de la crucifixión de Jesús más antigua que se conserva y que, sorprendentemente, no tiene una procedencia cristiana porque en realidad es una parodia del cristianismo. La inscripción (en letras griegas) dice Alexamenos sebete theon que significa Alexamenos adora a dios. La cabeza de burro del crucificado refleja las burlas de la época acerca de que los cristianos adoraban un Dios con testa de asno. Realizadas estas aclaraciones podemos centrarnos en la imagen. La cruz presenta dos lineas rectas paralelas al patibulum, una por debajo de los pies, el suppedaneum, y la otra a la altura de las nalgas, el sedile. Las piernas no están clavadas ni atadas a la cruz mientras los brazos están atados. La Crucifixión de Pozzuoli y su calco que permite apreciar mejor los detalles que el original. Este graffito (posiblemente del S I) presenta a un crucificado con los pies cruzados y sujeto con un único clavo (presumiblemente porque aunque no se representa no parece que pueda ser de otra manera). Los brazos están clavados (posiblemente) uno a la altura de la muñeca y otro en la palma de la mano. La cruz presenta sedile de tipo cornu. El Calvario de Veleia del S III y otra imagen de crucificados provenientes del mismo yacimiento con igual (y polémica) datación. Se trata de unos grabados demasiado esquemáticos (o infantiles si lo prefieren) para sacar conclusiones de ellos. Vámonos al Museo Británico para ver dos representaciones que allí se conservan, la Crucifixión con los Apóstoles del S IV o anterior que presenta a un Jesús con los pies separados y, parece, sin estar sujetos de forma alguna y con los brazos atados a la altura de las muñecas; y el amuleto con Jesús Crucificado (aunque en ocasiones haya sido datado en el S II parece que es del S IV) que presenta a Jesús con las piernas separadas y los brazos sujetos al patíbulo aunque lo esquemático de la representación impide mayores precisiones. Por cierto, la reproducción del original puedan encontrarla aquí. Hay que mecionar también el Orfeo crucificado de Berlín que se dataría en el S III o IV pero que tiene el "problemilla" de que hay dudas fundadas acerca de su autenticidad.

El panorama puede parecer desolador porque entre dataciones dudosas, autenticidades inciertas y representaciones tan esquemáticas que más hay que imaginar que ver se nos cae casi toda la iconografía. No obstante, hay algo que considero importante remarcar, que pese a que las representaciones varíen mucho, todas coinciden en una cosa, el cuerpo no pende de la cruz. Nos hemos acostumbrado tanto a imágenes como la Crucifixión de Thomas Eakins (y traigo esta imagen a colación porque me parece una magnífica obra de arte) que se nos olvida que las representaciones más antiguas (además de las ya señaladas) como la Crucifixión con el ahorcamiento de Judas (de comienzos del S V en el Museo Británico) o la Crucifixión en el Evangelario de Rábula (del año 586 en la Biblioteca Laurenciana de Florencia) no presentan esa tipología.

Podemos dudar acerca del conocimiento real que tuvieran o no los artistas (sí, ya sé que considerarles como tales es excesivo porque la verdad es que interés iconográfico tienen mucho pero arte muy poco) anteriores o contemporáneos al S IV que las realizaron, pero ahí tenemos un primer motivo para la reflexión.

El segundo nos va a venir dado por varios textos de la patrística de los S II y III. Comencemos con Justino Mártir, concretamente con su obra Diálogo de Justino, filósofo y mártir, con el judío Trifón o, para ser más exactos, a su versión inglesa:

"Now, no one could say or prove that the horns of an unicorn represent any other fact or figure than the type which portrays the cross. For the one beam is placed upright, from which the highest extremity is raised up into a horn, when the other beam is fitted on to it, and the ends appear on both sides as horns joined on to the one horn. And the part which is fixed in the centre, on which are suspended those who are crucified, also stands out like a horn; and it also looks like a horn conjoined and fixed with the other horns."

A continuación un texto de san Ireneo de Lyon, Contra los herejes. Al refutar las teorías numerológicas (nada nuevo bajo el sol) de los gnósticos, dice:

"La forma de la cruz tiene cinco extremidades: dos a lo largo, dos a lo ancho y uno en medio, donde se clavan los clavos."

Como el traductor no parece haberse lucido precisamente, vámonos a la versión inglesa de la traducción latina del original griego hoy perdido (si es que ya se sabe que la Iglesia Católica tan malvada como siempre no se ocupó más que de la conservación de las obras de los suyos entre los que, por lo visto, no se contaba el santo obispo lionés que debía ser un mahometano avant la lettre -fin del modo irónico-):

"The very form of the cross, too, has five extremities, two in length, two in breadth, and one in the middle, on which (last) the person rests who is fixed by the nails."

Y como no hay dos sin tres, Tertuliano en su obra Ad nationes:

"But an entire cross is attributed to us, with its transverse beam, of course, and its projecting seat."

El original latino pueden encontrarlo aquí y reza:

"Sed nobis tora crux imputatur, cum antemna scilicet sua et cum illo sedilis excessu."

Estos testimonios confirman la existencia del sedile (que ya habíamos visto representado en los graffiti del Palatino y Pozzuoli) y convierten en improcedentes todas las afirmaciones del tipo "La Sábana Santa es auténtica porque en la Edad Media no se conocía que los crucificados eran clavados por las muñecas porque, en caso contrario, el peso del cuerpo desgarraría la palma de las manos". Los clavos de las manos (o los brazos o las muñecas) no eran un elemento sustentante, eran una forma de sujetar al reo para impedirle que decidiera ausentarse de su propia ejecución (algo que resultaría un tanto inconveniente) y, por tanto, podían introducirse en cualquier parte. De hecho podían ser combinados o sustituidos por cuerdas sin que pasara absolutamente nada ya que el peso del cuerpo recaería en el sedile. No obstante, eso mismo implica que tampoco podemos negar la autenticidad de la Sábana Santa por la ubicación de los clavos. Prescindamos de si es cierto o no que las heridas de los clavos de la figura de la Sindone aparecen en las muñecas (algo de lo que ya hablamos en su momento) porque el que no hubiera necesidad de que lo romanos crucificaran así a Jesús no quiere decir que exista la imposibilidad de que lo hicieran.

Si de los testimonios literarios e iconográficos no nos permiten más que tener una idea general del problema, ya es hora de que hablemos de Jehohanán. En 1968 se encontró en Giv´at ha-Mivtar al norte de Jerusalén el osario de Jehohanán ben Hagkol (hijo de Hagkol), un judío que había sido crucificado en el S I. Hasta la fecha es el único esqueleto de un crucificado que ha sido posible identificar como tal. La razón de que fuera posible conocer la causa de su muerte es sencilla, uno de los clavos no pudo ser extraído y continuaba en el lugar en el que fue introducido, en el calcáneo derecho. Como no tienen porqué saber anatomía, una fotografía les aclarará el asunto. A la izquierda tienen el hueso con el clavo tal y como fue encontrado y a la derecha la reconstrucción del cómo fue crucificado. Si unimos a esto el que no presentaba señales de heridas en los brazos ni en las manos, fue posible la reconstrucción de la crucifixión de Jehohanán. Tenemos que hacer el inciso de que si han contemplado imágenes como ésta son fruto de varios errores en la primera descripción de los restos, una mala reconstrucción del clavo (que exageró su longitud) hizo pensar que se había empleado sólo uno para atravesar ambos calcáneos y se creyó que había una melladura en el radio causada por un clavo. Hoy ambas cuestiones han sido corregidas en el sentido que ya les indicamos, un clavo para el calcáneo derecho (previsiblemente otro en el izquierdo) y ninguna herida en brazos, muñecas o mano. Si están más interesados en el tema, un artículo de Joe Zias les puede ayudar a aumentar su conocimiento sobre este tema.

Obviamente, esa crucifixión (me permito señalar que realizada en la misma zona y en la misma época -aproximadamente- que la de Jesús) no se parece en nada a ninguna de las representaciones iconográficas que hemos visto. ¿Quiere eso decir que esas representaciones no son fidedignas? Pues no, no quiere decir tal cosa porque hora es ya de decirlo (y si he tardado tanto en empezar a establecer conclusiones es porque antes debía presentar los elementos que permiten llegar a ellas) ¿puede alguien creer que existiera el manual "Aprenda a crucificar como Roma manda en cuarenta cómodas lecciones" (oferta especial, con el regalo de cuatro genuinos clavos homologados)? El problema, en mi opinión, está mal planteado. No debemos hablar de si la figura de la Sindone corresponde o no a la forma en que crucificaban los romanos sin antes determinar si existía una forma estándar de crucifixión entre los romanos. Sin ese paso previo, la discusión ulterior no tiene ningún sentido. Los testimonios que hemos visto apuntan a que no, a que los romanos no "tiraban de manual" a la hora de crucificar a nadie y que, por el contrario, se las componían como "Júpiter les daba a entender". Así lo indican el fragmento de Séneca ya citado sobre las distintas formas en que se crucificaba este otro de Flavio Josefo en La Guerra de los Judíos:

"So the soldiers, out of the wrath and hatred they bore the Jews, nailed those they caught, one after one way, and another after another, to the crosses, by way of jest, when their multitude was so great, that room was wanting for the crosses, and crosses wanting for the bodies."

Si tienen curiosidad, la versión original (bueno, la transcripción del original en griego) la tienen aquí aunque sólo sea para ver los errores de la ¿traducción? al castellano:

"Los soldados romanos ahorcaban a los judíos de diversas maneras; con ira y con odio, hacíanles muchas injurias: habían ya tomado tanta gente, que faltaba lugar donde poner las horas, y aun faltaban también horcas para colgar a tantos como había."

que pueden descargarse en esta dirección (no se lo recomiendo, pero ahí está).

En esta misma dirección, que no había una forma ortodoxa de crucificar, apuntan las diversas representaciones iconográficas que hemos visto. Por tanto, si no podemos sostener que la crucifixión se llevara a cabo de una única manera (más bien podemos defender lo contrario) ¿tiene algún sentido el preguntarse si la imagen de la Sábana Santa es una representación fiel de una crucifixión romana? Evidentemente no, pero de igual forma tampoco podemos afirmar que sea una representación no fidedigna.

Me imagino que después del rollo macabeo que han debido de padecer para llegar a este punto esperarían otra cosa, algo seguro en uno u otro sentido. Lo lamento mucho, pero creo que cuando no sabemos algo lo mejor que podemos hacer es confesar nuestra ignorancia al respecto.

Otro tanto sucede con el Sudario de Akeldama. Si el cuerpo de Jehohanán nos ofreció el testimonio de una crucifixión en la Palestina del S I, en una tumba de Akeldama (también en Jerusalén) se encontró un esqueleto cuyo entierro no se completó sin que sepamos las razones para ello (ya dijimos que el entierro judío en esa época suponía que tras la putefracción del cadáver los huesos se guardaran en una cista osario. Ese paso es el que no se dio en el entierro de la llamada -por obvias razones- Tumba del Sudario en Akeldama). Ese hecho es el que permitió encontrar en uno de los loculus del sepulcro un esqueleto cubierto aún con su mortaja. La datación por C-14 de la misma arrojó el resultado del S I d.C. es decir que nuevamente estamos en el mismo lugar y época de los acontecimientos narrados en los Evangelios.

Por si su comprensión lectora está por los suelos (lo contrario me extrañaría después del peñazo que les estoy dando) eso significa que tenemos un auténtico sudario judío del S I que podemos comparar con la Sindone que, si fuera auténtica, también sería una mortaja judía del S I. Comencemos por el principio, por la reconstrucción de cómo fue enterrado el cuerpo de la Tumba del Sudario que podemos encontrar aquí junto a parte inferior de la célebre miniatura de Giovanni Battista della Rovere (1561-1630) que reconstruye el entierro de Jesús a partir de la figura de la Sindone. Vale, un pintor milanés a caballo de los S XVI y XVII no parece, a priori, la persona más capacitada para esa tarea de reconstrucción pero, la verdad, es que tampoco hay otra posibilidad como podemos comprobar si observamos estas fotografías (correspondientes a los intentos de los Sres. Jackson y Jumper de demostrar la tridimensionalidad de la figura de la Sábana Santa) y en la que, dejando aparte la presencia de un cojín bajo la cabeza del "doble" de Jesús, no hay grandes diferencias con la imagen de della Rovere. Sin embargo, el cuerpo de la Tumba del Sudario no fue meramente colocado sobre una "sábana" que después se dobló sobre su cabeza para cubrirle la parte frontal del cuerpo sino que fue "empaquetado" (permítanme la expresión) con su mortaja. Ésta, en el caso de la Sábana Santa, es un lienzo de lino tejido en forma de sarga 3:1 mientras que el Sudario de Akeldama es un tejido simple de lana de extraordinaria calidad. Para que la figura de la Sábana Santa pudiera corresponder con el cuerpo yacente de Jesús la Sindone debía cubrir el cadáver sin que hubiera ninguna tela interpuesta mientras que en Akeldama existen restos de tejido de lino (además de la lana del propio sudario) que corresponderían a un pañuelo que cubría el rostro (es decir que existía un sudario propiamente dicho además de la mortaja). Si están más interesados en esta tema, pueden encontrar aquí una interesante entrevista realizada al profesor Gibson por Francesco Garufi (para liar más la cuestión idiomática, en italiano).

Llegados a este punto, uno puede sentir la tentación de gritar ¡Eureka! mientras corre en pelota por las calles de la ciudad satisfecho por haber demostrado la falsedad de la Sábana Santa pero permítanme recomendarles que no se pongan estupendos. Es obvio que entre el Sudario de Akeldama y la Sábana Santa hay inmensas diferencias pero al ser el Sudario de Akeldama un objeto único no sabemos si él mismo es una excepción o es la norma. El hecho de que la tumba se encuentre en Akeldama (además de otros indicios) permiten suponer que su propietario era un personaje muy rico o muy importante (y posiblemente ambas cosas) además de muy desgraciado (porque padecer lepra y morir de tuberculosis no me negarán que es tener muy "mala pata"). Presuponer, por tanto, que todos los entierros celebrados en Jerusalén en esa época contaban con una mortaja similar a la encontrada en la Tumba del Sudario me parece formar la argumentación cuando, como ya hemos dicho, el tejido de Akeldama era de extraordinaria calidad, seguramente importado y, sin duda, muy caro. Hemos tenido mucha suerte en dos ocasiones. Hemos podido determinar que Jehohanán murió crucificado porque la cabeza de uno de los clavos se dobló imposibilitando que éste fuera extraído del cuerpo. Se ha conservado un sudario judío del S I por las características extraordinarias del loculus en el que se encontraba además de por los factores desconocidos (¿miedo al contagio?) que condujeron a que no se celebrara el segundo entierro. ¿Podemos esperar más hallazgos similares que contribuyan a aclarar la cuestión? Pues será difícil que se produzcan.

No obstante, no está de más incidir en que si bien estos restos arqueológicos no demuestran la falsedad de la Sábana Santa por las razones que ya hemos indicado, es obvio que el hecho de que la forma de crucifixión ilustrada por la Sábana Santa ni siquiera se parezca a la que sufrió Yehohanán en la misma zona y aproximadamente en la misma época en que Jesús fue ejecutado, el hecho de que la Sindone ni siquiera se parezca al Sudario de Akeldama empleado en un entierro judío llevado a cabo en el mismo lugar y época en que fue sepultado Jesús no apuntan a la autenticidad de la Sindone y sí a todo lo contrario aunque, evidentemente, "apuntar a" no es sinónimo de "demostrar que".

Permítanme un último apunte, si todo lo que hemos visto no permite afirmar ni desmentir que la Sábana Santa sea auténtica, ¿lo convierte eso en inútil? En último término, si ya sabía desde un principio que la conclusión de esta historia es, precisamente, que no hay conclusión definitiva ¿por qué les he hecho perder el tiempo de esta forma? ¿Por qué he abusado de su paciencia hasta el extremo de que Catilina parezca un torpe aprendiz a mi lado? Abramos el modo autojustificación, primero porque encuentro que es un tema apasionante (el convertirlo en plúmbeo es culpa meramente de mi inmensa torpeza) y, segundo, porque lo que hemos visto, si bien no permite zanjar definitivamente el tema de la autenticidad o falsedad de la Sábana Santa (esto queda para cuando hablemos del C-14) sí permite dar el mentís a afirmaciones frecuentes en los sectores más disparatados de los partidarios y detractores de la autenticidad de la Sábana Santa. ¿Que alguien les quiere vender la moto que la crucifixión romana tenía que ser por huebos como se infiere de la representación de la Sindone? Pues los restos de Jehohanán dicen lo contrario. ¿Qué alguien les quiere vender la moto de que es imposible que Jesús fuera enterrado porque el destino de los cuerpos crucificados era necesariamente el quedar para "simiente de grajos"? Nuevamente los restos de Jehohanán lo desmiente. ¿Qué alguien les quiere vender la moto de que la Sábana Santa es, indudablemente, un típico sudario judío del S I? El Sudario de Akeldama contradice esa afirmación. ¿Que alguien les quiere vender la moto de que la Sábana Santa es imposible que sea auténtica porque los judíos empleaban únicamente vendas para fajar a los cadáveres? El Sudario de Akeldama nuevamente lo desmiente.

Si París bien vale una misa y hasta una novena a san Policarpo anocoreta, virgen y mártir, el tener más elementos que nos ayuden a intentar diferenciar no sólo lo verdadero de lo falso sino también lo posible de lo improbable quizás valga el peñazo que les acabo de endilgar.

Y ahora volvamos a la crítica del libro La sábana santa ¡vaya timo! que ya era hora.

 

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