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Escritos desde el páramo

Apostillas a La sábana santa ¡vaya timo!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viene de aquí

Dado que la función de esta crítica (como la de todas las demás contenidas en este boboblog) no es sólo la de exponer lo que de bueno (casi nada) y de malo (casi todo) haya en el texto "La sábana santa ¡vaya timo!" sino también el transmitir información que pueda serles útil (no sé para qué, pero en fin...), he creído interesante añadir algunas palabras sobre afirmaciones relacionadas con la historia de la Sindone que no han sido incluidas (el autor sabrá el porqué) por el Sr. Ares en el libro que nos ocupa.

Por intentar introducir un poco de orden en el caos formado por las diversas y a menudo contradictorias hipótesis planteadas por los historiadores "sindonólogos" volvamos hacia atrás. A principios del S XIII se documenta la existencia en Constantinopla de un objeto semejante a la Sábana Santa que aparece en Lirey en la segunda mitad del S XIV (y que es la misma que hoy se conserva en Turín).

Incluso si aceptásemos la hipótesis de que el Sudario constantinopolitano y el de Lirey-Turín son un mismo objeto, tendríamos que resolver dos problemas: ¿dónde estuvo antes de inicios del S XIII? y ¿dónde estuvo desde 1205 hasta su reaparición en Lirey?

El Sr. Wilson y sus seguidores tienen muy clara la respuesta a la primera pregunta. Por un lado identifican el Sudario con el Mandilión y, por otro, aceptan como históricamente verdadera la leyenda que cuentan Evagrio y el anónimo autor de los Hechos de Tadeo (pero no toman en consideración el cómo se formó la imagen acheropoíetos) y ya estaría el problema resuelto si prescindiéramos de dos "pequeños" detalles: que el Mandyllion no es el Sudario (como ya vimos en la anterior entrega de esta crítica seriada) y que Evagrio escribió su obra a finales del S VI (los Hechos de Tadeo son, posiblemente, del S VII). Los autores que trataron este tema antes que él o no mencionan la existencia de ningún retrato (Eusebio de Cesarea y la monja Egeria) o se refieren a él como una obra humana (el anónimo autor de la Doctrina de Tadeo).

No obstante, ya dijimos que sería un error el pensar que todos los historiadores "sindonólogos" comparten la hipótesis del Sr. Wilson y sus seguidores. Otros (de forma más acertada) consideran que el Mandilión y el Sudario de Constantinopla son dos objetos diferentes lo que, por descontado, conlleva la necesidad de dar una respuesta distinta a la pregunta ¿dónde estuvo el Sudario antes de comienzos del S XIII?

La existencia de un Sudario (entiéndase que nos referimos a un lienzo de tamaño suficiente para envolver en él el cuerpo de Jesús) en Bizancio está documentada en el año 958 puesto que es mencionado en una carta de Constantino VII en la que figura una relación de reliquias relacionadas con la Pasión que se conservan en Constantinopla.

Supongamos que ese Sudario sea el mismo que fue descrito por Robert de Clari pese a que antes de él ninguna de las fuentes conservadas diga (ni siquiera sugiera, con la excepción de Mesarites) que en él aparecía la figura de Jesús yacente. Incluso en ese caso estamos en el S X y el periodo temporal a cubrir hasta el año 30 (aproximadamente) es aún muy dilatado.

Para salvar ese lapso se propone que el Sudario constantinopolitano es el mismo Sudario conservado en una iglesia jerosolimitana que está documentado desde cc. el año 670 cuando el obispo (que posiblemente no fuera tal) francés Arculfo (o Arculf, Arculfus...) de Périgueux contó al abad Adamnan (posteriormente fue canonizado así que es san Adamnan) los recuerdos de su peregrinación por Tierra Santa. El futuro santo escribió sobre esa narración una obra titulada Arculfi relatio de Locis Sanctis más conocida por su nombre abreviado De Locis Sanctis. ¿Qué dicen Arculfo-Adamnan al respecto? Pueden verlo por Vds. mismos en la traducción inglesa antes enlazada en el Libro I Capítulo XI, pero por si no quieren tomarse esa molestia (ya se sabe que en verano se hace un tanto cuesta arriba el leer esas cosas) dice que Arculfo vio con sus propios ojos en Jerusalén el Sudario que estuvo sobre la cabeza de Jesús en el Sepulcro. A continuación cuenta la "historia" de este objeto y termina diciendo que el propio Arculfo pudo besarlo. Concluye diciendo que medía unos ochos pies (aproximadamente 2,40 metros) de altura

Curiosamente, la narración de Arculfo-Adamnan sobre este objeto intenta ser empleada tanto por los historiadores "sindonólogos" como por los historiadores "pañolólogos" (entiéndase, los que se dedican a intentar reconstruir la historia del Sudario que se conserva en la catedral de Oviedo, conocido popularmente como el Pañolón) para arrimar el ascua a su sardina... pese a que no concuerda (o tal vez por ello) con ninguna de ambas "reliquias".

Como la Sábana turinesa ha hecho correr ríos de tinta pero no tiene nada que ver con España (bueno, salvo que aquí hay un montón de copias -alguna "milagrosamente" obtenida- de la Sindone) me permitirán que mezcle churras con merinas (con lo que obtendré una oveja que no será buena ni para carne ni para lana -por si no lo sabían, eso es lo que significa el refrán que dice que no hay que mezclar [ovejas] churras con [ovejas] merinas-), me ponga en plan patriotero y trate de nuestras falsas reliquias, tan merecedoras de atención como las falsas reliquias ajenas. Decíamos que el dúo Arculfo-Adamnan indica que el Sudario había estado sobre la cabeza de Jesús. Es, pues, un sudario en el sentido estricto del término como el Pañolón, pero no como la Sábana que en sentido estricto es una mortaja, no un sudario (no se preocupen por la distinción entre ambos términos que la R.A.E., cuyos designios son inescrutables, ya se ha encargado de borrar la diferencia entre ambos). No obstante, nuestros escritores al alimón también dicen que su altura era aproximadamente de 2,40 metros (¿sería un sudario bilbaíno?). El Pañolón mide 85 x 52 centímetros (también de forma aproximada) y la Sábana 4,3 x 1,1 metros (también aproximadamente), es decir, el Pañolón es mucho más pequeño y la Sindone mucho más grande de lo indicado por Arculfo-Adamnan.

No obstante, como no es cuestión de que la realidad estropee las hipótesis sindonólogas-pañolólogas, ese "pequeño" problema es resuelto por los historiadores "pañolólogos" olvidándose sistemáticamente de citar el dato de las medidas expresadas mientras los historiadores "sindonólogos" recurren a una doble explicación:

a) El lienzo que vio Arculfo estaba doblado (Arculfo no dice nada de eso).

b) El "obispo" se estaba refiriendo a los antiguos pies piamonteses con lo que ocho pies equivaldrían a unos 4 metros (si alguien consigue explicarme por qué un francés del Périgueux que hablaba con el abad de un monasterio irlandés iba a emplear una medida de longitud piamontesa tendrá mi más sincera gratitud).

No obstante, "pintan bastos" para unos y otros si consideramos que el dúo Arculfo-Adamnan no menciona que en el Sudario hubiera manchas de sangre (perfectamente visibles en el Pañolón) como tampoco que en él hubiera una figura de Jesús. Contrasta esa "amnesia" con la descripción que hace de otro lienzo de mayor tamaño existente en Jerusalén (vean el Libro I Capítulo XII) del que menciona que aparece en él la figura de Jesús (y antes de que nadie proponga identificar ese otro lienzo con la Sindone que recuerde que también aparecían las figuras de los Doce Apóstoles) además de precisar que era de color rojizo por una cara y verde por la otra.

Posiblemente este Sudario es el mismo que en torno al año 808 estaba en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén según se menciona en el Commemoratorium de Casis Dei vel monasteriis.

Olvidémonos (es un decir) de estos problemas puesto que el tamaño no importa (jua, jua) y supongamos que, pese a todo, el Sudario de Jerusalén es el mismo objeto que el Sudario de Constantinopla. Incluso así ¿dónde habría estado antes del S VII?

En torno a los años 560-570, un peregrino anónimo de Piacenza realizó su peregrinaje por Tierra Santa. Redactó una obra conocida como Itinerarium Antonini Placentini en la que afirma que una comunidad de siete monjas que residían en una cueva en la otra orilla del río Jordán custodiaban, según se decía, el Sudario que estuvo sobre la frente del Señor. Nuevamente se trata de un sudario en el sentido estricto del término que mal puede casar con la Sindone, pero el hecho de que el peregrino no llegara a verlo (en caso contrario no tiene sentido que empleara la expresión "dicitur" -se dice-) ni, por tanto, a describirlo nos impide mayores precisiones. Supongamos, no obstante, que ese Sudario de la cueva-monasterio del río Jordán fuera el mismo objeto que el Sudario de Constantinopla. Incluso así ¿dónde habría estado antes del S VI?

Ahora sí que nos quedamos sin respuesta. No es sólo que las menciones sean tan problemáticas (o tan imposibles de identificar con la Sindone de la que habla Robert de Clari, si lo prefieren) como las antedichas, es que ahora no hay nada de nada. Ante esa situación, los historiadores "sindonólogos" no "mandylliónogos" suelen optar por una de estas dos opciones:

a) Intentar justificar el silencio documental con referencias a las persecuciones padecidas por los cristianos lo que podría haber creado un clima de secretismo alrededor del Sudario para evitar su pérdida. Incluso si prescindimos del hecho de que tales persecuciones no fueron continuas sino puntuales ya que la mayor parte del tiempo los cristianos gozaron de una cierta libertad religiosa, nos encontraríamos con la dificultad de explicar porqué al convertirse el cristianismo en una religión primero tolerada (Edicto de Nicomedia, año 311), posteriormente igualada a las restantes religiones (Edicto de Milán, año 313) y, por último, convertida en la religión oficial del Imperio Romano (Edicto de Tesalónica, año 380) sigue sin haber noticias de la existencia de tal lienzo.

b) Intentar llenar el hueco a cualquier precio. Si las referencias anteriores al S XIII (aunque ya hemos visto que el(los) Sudario(s) a que menciona(n) no tienen nada que ver con un paño con la figura de Cristo "milagrosamente" impresa) merecen al menos ser tomadas en consideración aunque sólo sea para negar su identificación con el Sudario de Constantinopla, ahora ya ni eso. Por muchas vueltas que se le quiera dar a la fuente, el que en una bula del papa Eusebio del año 309 se diga que durante la misa el altar de las iglesias debe estar cubierto con un paño de lino en conmemoración del Sudario del Señor no dice nada sobre que tal objeto existiese en ese momento. Sencillamente, es un reflejo de los escritos neotestamentarios. El que Nonnos de Panópolis en el S V hable de que el Sudario de Jesús estaba sujeto con un nudo detrás de la cabellera tampoco prueba nada sobre que existiera en ese momento. El que san Braulio de Zaragoza en el S VII en una carta dirigida al presbítero Tayos manifieste su seguridad en que los Apóstoles conservaron para tiempos futuros el Sudario en que Jesús fue envuelto junto con otros objetos semejantes, tampoco dice nada sobre la existencia real de tal lienzo. Es más, si san Braulio hubiera tenido alguna noticia de que dicho objeto se conservaba en algún lugar concreto no hubiera dejado de indicarlo, pero no lo hace.

Como la historia del Sudario de Constantinopla antes del S XIII tiene más agujeros que un cedazo apolillado (y eso siendo benevolentes porque si nos ponemos en plan estricto diríamos que tiene una historia inexistente) los historiadores sindonólogos se han esforzado en encontrar alguna prueba que demuestre, al menos, que no estamos hablando de una "reliquia" recién fabricada (entiéndase, recién fabricada en ese momento histórico). Creyeron encontrarla en el Códex Pray (sí, con tanta mención a códices varios esto comienza a parecer "El nombre de la rosa" así que, por si acaso, no se chupen el dedo ni en sentido literal ni metafórico).

El Códex Pray es un manuscrito iluminado que se conserva en la Biblioteca Nacional de Budapest. Está datado en el periodo 1192-1195. Fue bautizado así por el apellido del jesuíta (György Pray) que lo estudió por primera vez. Supongo que estarán pensando que se alegran mucho, que todo eso está muy bien pero ¿qué tiene que ver con la Sábana Santa?

Comencemos por el principio, por ver la miniatura de la discordia. Bien. Supongamos que el enlace ha funcionado (algo que cada vez se me antoja más cercano a lo milagroso), que Vds. han contemplado la imagen, que la habrán vuelto a mirar y que seguirán sin saber qué tiene esto que ver con la Sindone. Recurramos a los buenos oficios de los sindonólogos que con esta imagen intentan explicar el misterio. Verán que hay dos zonas marcadas en color azul y verde. Según los sindonólogos, en ellas aparecen los mismos agujeros que hay en la Sábana Santa y que siempre se habían explicado como fruto de las gotas de plata fundida (procedentes del cofre-relicario en el que se guardaba) que atravesaron el lienzo durante el incendio de la capilla ducal de Chambery (en cuya sacristía se conservaba entonces la Sindone) el 4 de diciembre de 1532, suceso en el que también se quemó parte del lienzo.

Ahora que ya sabemos lo que tenemos que mirar, veamos la imagen ampliada. Un ángel se aparece a las tres mujeres (María Magdalena, María la de Santiago y Salomé) según la narración de Marcos (16, 1-8) cuando, según este evangelista, se dirigían a embalsamar con perfumes el cuerpo de Jesús. Curiosamente, la escena superior muestra a José de Arimatea, Nicodemo y al discípulo amado (al que la tradición identifica con san Juan Evangelista) ungiendo con mirra y áloe el cuerpo de Jesús durante su entierro (lo que hacía innecesaria la visita de las mujeres para embalsamar un cadáver que ya lo estaba) en una interpretación muy personal del Evangelio de Juan (19, 39-40), pero, evidentemente, el maestro iluminador no es responsable de las contradicciones entre los distintos evangelistas.

Volvamos a la imagen. El ángel, según los evangelios sinópticos, muestra a las mujeres el sepulcro de Jesús vacío (Mt. 28, 5-7; Mc. 16, 5-6; Lc. 24, 1-7 aunque en éste los ángeles -son dos- aparecen cuando las mujeres ya han visto el sepulcro sin cadáver). Esa escena es la que se representa en esta miniatura. Lo que los sindonólogos consideran que es la Sábana Santa (y eso que no aparece ninguna figura de Jesús por parte alguna) son tres objetos distintos, diferenciados por su ornamentación diferente: uno con una decoración de cruces rojas, otro con una decoración de formas geométricas en negro y una tela con decoración de cruces negras. Vuelvan a ver la imagen para comprobarlo. Las dos primeras (que son en las que aparecen los círculos que, supuestamente, se corresponden con los agujeros de la Sábana Santa) no tienen un aspecto similar a telas de ningún tipo. Son, posiblemente, un sarcófago de piedra y su tapa, según una representación tradicional en la iconografía cristiana que convierte el sepulcro excavado en la roca en un sarcófago.

La tela es de pequeño tamaño (posíblemente habría que relacionarla con el sudario que había estado sobre su cabeza del que habla Juan) y, por ello, tampoco admite identificación con la Sábana Santa. Las decoraciones con cruces, círculos y formas geométricas aparecen en otras miniaturas del mismo códice. Sin ir más lejos, el vestido de la mujer que está en el medio de las tres tiene una ornamentación con cruces negras, la decoración con círculos pueden encontrarla en el trono en el que se sienta Jesús en esta miniatura y la ornamentación geométrica combinada con círculos en el cíngulo del paño de pureza de Jesús en esta miniatura del Descendimiento.

Permítanme añadir una última reflexión sobre este tema, si el anónimo autor de estas miniaturas hubiera contemplado la Sábana Santa ¿por qué el rostro de Jesús es tan diferente incluso en detalles evidentes? Como pueden advertir en las imágenes enlazadas, el Jesús de estas miniaturas tiene la barba muy corta en contraste con los largos cabellos mientras que el Jesús de la Sindone tiene barba larga.

No obstante, pueden tener Vds. noticias de que los sindonólogos apoyan su identificación entre la Sindone y el Códex Pray en detalles como que Cristo está desnudo, con la manos cruzadas sobre el pubis... y demás evidentes coincidencias (para ellos, claro). Las respuestas a esos argumentos pueden encontrarlas en el muy recomendable artículo de Paul-Éric Blanrue titulado Le Codex Pray prouve-t-il que le "suaire" de Turin a été mal daté?. No se preocupen si no hablan francés porque las ilustraciones son bastante claras por sí mismas, pero por si necesitan alguna ayuda, lo que demuestra el Sr. Blanrue es que las características que los sindonólogos atribuyen a la figura de la Sábana Santa están presentes, en realidad, en numerosas obras de artes anteriores a su aparición en Lirey, es decir, que corresponden a convenciones en la iconografía cristiana de la época.

Aclaradas las cuestiones relacionadas con el Códice Pray (que, por desgracia, se ha hecho famoso por este asunto cuando es importantísimo por sí mismo ya que, entre otras cosas, contiene el texto en húngaro más antiguo que se conserva) podemos seguir adelante.

Si las afirmaciones de los historiadores "sindonólogos" sobre la existencia de la Sábana Santa (o de algún lienzo similar) antes de comienzos del S XIII son insostenibles ¿qué sucede con el periodo comprendido entre 1205 y la aparición del Sudario en Lirey en la segunda mitad del S XIV? Hemos visto como básicamente existen dos corrientes entre los sindonólogos, los sindonólogos mandyllionólogos y los sindonólogos sudariólogos (permítanme aclarar que en esas denominaciones no hay la menor intención burlesca por mi parte). Si las hipótesis que plantean unos y otros sobre la historia de la Sábana Santa son completamente diferentes y contradictorias entre sí hasta Constantinopla, después del saqueo de Bizancio vuelven a diverger.

Para los sindonólogos sudariólogos (es decir, para aquéllos que no aceptan la identificación del Sudario con el Mandilión) esa historia es bastante clara. Othon de la Roche se apoderó del Sudario que se conservaba en la iglesia de Santa María de Blanquernes. Lo llevaba consigo cuando fue Señor de Atenas y se siguió conservando en poder de la familia de la Roche hasta que llegó por herencia (o como parte de su dote) a su bisnieta Jeanne de Vergy que, cuando tuvo problemas para sostener económicamente el patronato de la Colegiata de Lirey fundada por su marido Geoffroi I de Charny, lo entregó al capítulo para que fuera ostentado y permitir así la financiación de la iglesia.

Con mayores o menores adornos (cesión a la catedral de Besançon por Ponce de la Roche, el padre de Othon, a quien se lo habría regalado su hijo, permanencia en ella hasta el incendio de 1349...) que no tienen, como ya dijimos, ningún apoyo documental contemporáneo, esta hipótesis es lógica y resulta coherente con la narración de Robert de Clari, con la carta de Teodoro Ángel Comneno y con los documentos relacionados con la aparición de la Sábana Santa en Lirey, pero el que sea lógica y coherente no quiere decir que sea cierta. Como ya dijimos, falta algún tipo de apoyo documental a que realmente Othon de la Roche se apoderara del Sudario de Blanquernes y a que éste pasara a ser posesión de Jeanne de Vergy. Ya dijimos, también, que por la datación por C-14 (ya hablaremos de esto en su momento) resulta improbable (pero no imposible) que la Sábana Santa de Lirey-Turín sea el mismo objeto del que habló Robert de Clari.

Los sindonólogos mandyllionólogos suelen optar por una explicación mucho más divertida que "mete en el ajo" a los templarios. No se sabe por qué razón el Sudario de Constantinopla había llegado a manos templarias después del saqueo de Bizancio (¿cesión de Othon de la Roche?). El caso es que los miembros de la orden volvieron a plegar la Sábana convirtiéndola de nuevo en el Mandilión. Ese rostro de Cristo es el Baphomet del que hablan algunos Templarios durante los interrogatorios inquisitoriales. (¿Se les ocurre algo más divertido que, si esa hipótesis fuera correcta, la Inquisición habría "empapelado" a los Templarios por venerar el rostro de Jesús?) En cualquier caso, ya dijimos que los Templarios se referían con el nombre de Baphomet a una supuesta representación de Mahoma que nada tiene que ver con la Sábana Santa.

Como lo de relacionar a los Templarios con algo (por cierto, ¿no se le ha ocurrido a nadie plantear una hipótesis templario-ufológica? Sería todo un éxito) siempre está bien visto, los historiadores insisten en esa relación apoyándose en dos pruebas:

a) Que Geoffroi de Charney, el Preceptor de Normandía que fue quemado junto con el Gran Maestre Jacques de Molay, pertenecía a la misma familia que Geoffroi de Charny lo que explica cómo acabó la Sindone en posesión de éste. El problema para esta hipótesis es doble, la primera que aparte del parecido fonético entre ambos apellidos no hay la menor prueba de que el Preceptor de Normandía y el Señor de Lirey pertenecieran a la misma familia. El segundo fallo es que no hay prueba alguna de que la Sábana Santa estuviera alguna vez en posesión del caballero de Charny. Ya dijimos que la donación a la Colegiata de Lirey fue realizada por su viuda, Jeanne de Vergy. Es posible que ésta cediese un objeto que estuviera en posesión de su marido, pero es igualmente posible que fuera suyo.

Además, esta suposición (por mucho que quiera disfrazarse de prueba no es tal) plantea varios interrogantes. Por ejemplo, incluso si aceptásemos que el Baphomet era la Sábana Santa ¿por qué habría de estar en posesión de Geoffroi de Charney? Más aún, si consideramos que el Preceptor de Normandía fue arrestado en París junto con el Gran Maestre en una operación que ni uno ni otro previeron (porque si lo hubieran sabido "habrían tomado las de Villadiego") ¿cómo pudo poner a salvo ese objeto primero y después entregarlo a su familia? Es más, ¿dónde la habrían conservado sus familiares hasta su aparición en Lirey?

Como esa supuesta prueba no sólo parte de supuestos indemostrados sino que plantea problemas irresolubles, los historiadores "sindonólogos" (no todos) añaden:

b) En la iglesia templaria de Santa María de Templecombe se conserva un panel pintado que representa el rostro de la Sindone. Queda así demostrado que los miembros de la Orden conocían el Santo Sudario antes de su aparición en Lirey. Pues la verdad es que dicho así queda muy bonito. El problema es que cuando uno se pone a intentar confirmar esa afirmación se encuentra con la realidad.

Comencemos por el principio, por ver el panel pintado de Templecombe y su ampliación. Después de esto, es innecesario añadir que la supuesta copia de la Sábana Santa convierte en un ¿Cristo vivo? (ojos y boca abierta) a lo que en el original es un Cristo muerto (ojos y boca cerrada). Aunque el tema de los parecidos no deja de tener componentes subjetivos ¿ven Vds. que exista alguna similitud entre esa imagen y ésta? Tanto es así, que para algunos (entre los que me cuento) el panel pintado de Templecombe ni siquiera es una representación de Jesús sino de la cabeza de san Juan Bautista (si bien es frecuente que la Cabeza se represente con boca y ojos cerrados no faltan ejemplos de lo contrario, por ejemplo éste.)

Hagamos como si no hubiera dudas acerca de qué representa esta imagen y, además, la cabeza de Templecombe y el rostro de la Sábana Santa fueran igualitas, incluso entonces ¿qué pintan los Templarios en esta movida? Sí, el nombre de Templecombe es bastante claro sobre que en ese lugar existió una preceptoría de la orden (algo que además está perfectamente documentado), pero lo que suele omitirse es que no sólo estuvieron ellos. Según el Domesday Book, en 1086 Combe pertenecía a la abadía benedictina de Shaftesbury y a Odo, obispo de Bayeux. Las posesiones de éste son las que fueron donadas por Serlo Fitz Odo al Temple en 1185, pero la abadía de Shaftesbury (que fue fundada en el año 888 por el rey Alfredo el Grande y cuya hija Ethelgiva o Aethelgifu fue su primera abadesa) conservó la propiedad de su parte de Combe hasta después de la Reforma de Enrique VIII, concretamente hasta 1539. Por ello se habla de Combe Abbatissa y Combe Templariorum y todavía hoy de Abbas and Templecombe. Después de la supresión de la orden del Temple, sus propiedades de Combe pasaron a los Hospitalarios también hasta la Reforma. Después, gracias a los "solícitos cuidados" de sus propietarios laicos, hoy no queda prácticamente nada de la preceptoría templaria (por cierto, tampoco de la abadía de Shaftesbury por idéntica razón). Unamos a esto el hecho de que la iglesia de Santa María fue fundada en tiempos de los monarcas sajones (de esta época parece datar la parte baja de la torre) y que ha sido reformada hasta la saciedad (la última vez con motivo de la destrucción causada por un bombardeo alemán durante la II GM) para hacernos una idea de lo difícil que sería atribuir a nadie en concreto el panel pintado... incluso si éste se hubiera encontrado "de toda la vida" en esa iglesia que tampoco es el caso.

Otra de las cosas que tampoco se dicen habitualmente (cuando se habla de cuestiones verdaderamente relacionadas o presuntamente vinculadas con la Sábana Santa la tendencia a silenciar aquellos datos que dejan en mal lugar las tesis propias es realmente notable) es que el panel pintado de Templecombe que alguno quiere relacionar con los Templarios apareció en 1945. ¿En algún lugar indiscutiblemente relacionado con la orden militar? Pues más bien no porque en realidad se encontró en un cobertizo que se empleaba como leñera en uno de los "cottages" de Templecombe. Estaba cubierto de yeso y formaba parte, sujeto con alambres, de la techumbre de la leñera. El desprendimiento parcial de la capa de yeso dejando el rostro al descubierto fue lo que permitió que la señora Drew (que entonces tenía alquilada la granja) lo encontrara cuando fue a buscar troncos para la lumbre. Si añadimos que la madera tenía una bisagra y un ojo para una cerradura (es decir, que en algún momento se empleó este panel como puerta) nos podemos dar cuenta de lo problemática que resulta su presunta vinculación con el Temple. Sencillamente, es un panel de procedencia desconocida que fue reutilizado para aprovecharlo como pieza de madera a lo largo de un periodo indeterminado de años.

No obstante, pueden pensar que ya que se encontró cerca de la iglesia de Templecombe lo más probable es que ésta fuera su procedencia. Prescindamos de si Santa María Virgen de Templecombe era o no una iglesia templaria ("curiosamente" el derecho de nombrar sacerdotes para Templecombe pertenecía a la abadía de Shaftesbury y ya dijimos que sus partes más antiguas parecen pertenecer a una construcción sajona, es decir, que la iglesia existía antes de que el Temple se fundara) porque es posible que este panel perteneciera a la preceptoría del Temple (que no es la iglesia de Santa María aunque algunos confundan ambas cosas) de Templecombe. Pues es posible, pero también hay que considerar que la iglesia de la cercana (tanto es así que en la actualidad forma una misma parroquia con Abbas and Templecombe) localidad de Horsington tiene la advocación de san Juan Bautista. Si como pensamos algunos este panel representa la cabeza de san Juan también es perfectamente posible que proceda de esta localidad (por no hablar de que dada su reutilización en realidad puede proceder de cualquier lugar).

¿Hay algo seguro sobre este panel? Pues según afirman los defensores de la correspondencia entre esta pintura y la Sindone el soporte de madera fue datado por carbono 14 y se obtuvo una fecha de circa 1280 lo que es perfectamente compatible con su supuesta procedencia templaria. No obstante, no debemos olvidar que lo que se obtiene por C-14 no es una fecha exacta sino una horquilla. Así pues, ¿lo de 1280 es la fecha inicial de la horquilla, el punto medio de la horquilla, la fecha final de la horquilla o algo distinto a todo ello? Misterio. Nadie lo aclara. Por otra parte, esa datación no corresponde necesariamente a la fecha de confección de la pintura sino a la de la muerte del árbol del que se obtuvieron los tablones. El que la pintura se hiciera justo después o pasaran varios años no puede ser establecido por el C-14 como tampoco el que esa pintura fuera realizada para los Templarios, para las monjas de la abadía de Shaftesbury, para la iglesia de Horsington o para alguna comunidad o algún particular ajenos a la zona en que terminó por aparecer. Esa fecha de 1280 (con las advertencias que ya hemos realizado) es coherente con cualquiera de esas posibilidades.

No obstante, no se agotan con ello las teorías sugeridas para explicar el paradero de la Sábana Santa desde 1205 hasta su reaparición en Lirey en torno a 1357. Algunos historiadores sindonólogos dan verosimilitud a las afirmaciones contenidas en el escrito "Pour scavoir la verité" redactado por los canónigos de Lirey en torno a 1525. Ya dijimos que la veracidad de esa memoria se ve comprometida por afirmaciones como que Geoffroi de Charny fue liberado de su cautividad en Inglaterra por la intervención de un ángel. Prescindiendo de detalles tan divertidos como ése, ¿qué dice el capítulo de la colegiata de Lirey? Que el Santo Sudario le fue regalado a Geoffroi de Charny por el rey Felipe VI de Francia. Esa afirmación plantea algunos problemas comenzando por uno evidente. Si Felipe VI le hizo ese regalo ¿de dónde lo obtuvo? La explicación más sencilla es que formaba parte de la magnífica colección de reliquias (prescindamos de si eran auténticas o si eran más falsas que un euro de corcho) de la monarquía francesa que se conservaba en la Sainte Chapelle de París. No obstante, no hay la menor mención a que en ella figurara la Sábana Santa. El intento de vincular la Sindone con una de las reliquias compradas por Luis IX (san Luis) a Balduino II, el emperador latino de Constantinopla, tropieza con la dificultad de que ese objeto parece ser el mismo que es mencionado en un inventario de 1534 y entonces aún se conservaba en la Santa Capilla.

Hoy en día puede parecernos absurdo (olvidándonos de que no tiene sentido el juzgar los comportamientos de nuestros antecesores basándonos en nuestros propios valores y no en los suyos) que las reliquias aparte de su importancia religiosa tuvieran también un componente económico. Pongamos un ejemplo concreto, la Corona de Espinas fue adquirida por san Luis a los venecianos que, a su vez, la habían comprado a Balduino II. Le costó 135.000 libras. Para que nos hagamos una idea de lo que supone esa cantidad, la edificación de la Sainte Chapelle (una de las maravillas del arte gótico) construida para guardar ésa y otras reliquias costó "sólo" 40.000 libras. Esto nos permite plantear una nueva duda. Si Felipe VI le hubiera regalado a Geoffroi de Charny un objeto valiosísimo no sólo por su significado religioso sino también económico, tendría que haber sido como recompensa por una hazaña de capital importancia para Felipe VI. ¿Cuál sería ese suceso? Conscientes de que esa pregunta no tiene respuesta, algunos historiadores han propuesto que los canónigos se equivocaron de monarca francés y que se trataría en realidad de Juan II el Bueno cuya buena relación con Geoffroi de Charny ya vimos en su momento. No obstante, también vimos que Juan II tardó año y medio en pagar el rescate de 12.000 escudos de oro que exigieron los ingleses a cambio de la liberación del señor de Lirey. Sorprende que el monarca que se mostró tan remiso a la hora de pagar el rescate le hiciera, en cambio, un regalo cuya importancia económica estaba fuera de toda duda.

No obstante, podemos suponer que, de igual forma que los canónigos de Lirey se equivocaron (según estos historiadores sindonólogos) de monarca también confundieron al receptor del regalo. Podemos imaginar que un rey tan puntilloso en cuestiones de honor (lo que no obsta para que fuera un pésimo monarca) como Juan II (a veces una anécdota retrata perfectamente al personaje, Juan II consiguió su libertad en 1360 a cambio de 3.000.000 de escudos de oro y ceder la soberanía de un tercio de Francia a Inglaterra y dejando como rehenes a dos de sus hijos en Londres. En 1363 uno de ellos se fugó. Juan II se trasladó voluntariamente a Inglaterra porque consideró que al romper su hijo las condiciones por las que obtuvo su libertad debía volver a su cautiverio. Murió en Londres en 1364) se sintiera obligado a recompensar de forma extraordinaria a la familia del hombre que murió por salvarle la vida. No obstante, ello retrasaría la aparición de la Sábana Santa en Lirey a 1360 como mínimo (recordemos que fue en esa fecha cuando Juan II regresó a Francia). Eso supone que el capítulo de Lirey se habría equivocado en el monarca que hizo el regalo, en la persona que lo recibió y en la fecha en que se hizo. Considerando que no existe la menor prueba al margen de este escrito (que se redactó unos 160 años después de los supuestos hechos) ¿hay algún motivo para otorgar veracidad histórica al escrito "Pour scavoir la verité"?

Como la teoría va de mal en peor, sus defensores aducen como prueba que hay un cambio curioso en Geoffroi de Charny, que en 1349 en su petición de que se concedieran indulgencias a los peregrinos de Lirey dispuso que su cuerpo (después de su muerte, por supuesto) fuera desmembrado y repartido entre distintos santuarios. Al renovar su petición en 1354, señala que quiere ser enterrado junto con sus descendientes en el cementerio de la colegiata de Lirey. Según esos historiadores, la razón para ese cambio reside en que entre 1349 y 1354 recibió la Sábana Santa que se colocó en la iglesia de Lirey, lo que le hizo elegir ese lugar para su eterno descanso. No obstante, ya dijimos en su momento que en la concesión de indulgencias a los peregrinos que fueran a Lirey de 1357 (posterior, por tanto, a la muerte de Geoffroi de Charny) no hay la menor mención a que en la colegiata estuviera la Sindone. ¿Hay alguna explicación para esa mudanza de parecer de Geoffroi de Charny que no involucre a la Sábana Santa? Pues aparte de la experiencia de su cautiverio en Inglaterra (1350-1351) hay otro aspecto que no debemos olvidar, que pese a que Geoffroi hable en 1349 de la iglesia que ha hecho construir en Lirey, ésta no estaba terminada (ni mucho menos) y no lo fue hasta 1356 que es cuando Henri de Poitiers le felicita por ello. Que en 1349 con unas obras en estado incipiente (si es que tan siquiera habían comenzado) dispusiera unos lugares para su enterramiento y en 1354 con las obras a punto de concluir dispusiera su enterramiento en la Colegiata que había fundado no creo que precise de mayores explicaciones.

Por otra parte, resultaría sorprendente (en el caso de que esa teoría fuese correcta) que en ningún momento los descendientes de Geoffroi de Charny señalaran que la procedencia de la Sábana Santa era la colección de reliquias de la corona francesa, lo que hubiera bastado para despejar cualquier duda sobre su autenticidad (a ver quién era el guapo que tenía "bemoles" para acusar a un rey -fuera Felipe VI o Juan II- de regalar falsas reliquias) y convertiría en absurda la decisión de Carlos VI de que se entregara ese objeto a Jean de Venderesse. Tan distinguido como supuesto origen también resultaría difícilmente compatible con el hecho de que ninguno de los implicados en la "movida" de 1389 (comenzando por el propio Geoffroi II de Charny y terminando por el Papa) salvo tal vez los canónigos de Lirey (y a saber si ellos realmente creían o les interesaba que así fuese) defendiera la autenticidad del Sudario. Ésa es la dificultad que deben solventar todas las teorías que buscan reconstruir la historia de la Sábana Santa antes de su aparición en Lirey, que Pierre de Thury concede la autorización para su ostensión con la condición de que se anuncie que ése no es el verdadero Sudario, que esa condición es aceptada por Geoffroi II de Charny y refrendada por el Papa en dos ocasiones distintas. Si la Sindone tuviera unos orígenes mínimamente presentables desde un punto de vista histórico ¿cómo se explica que todos ellos estuvieran convencidos de que no era una verdadera reliquia? Resultaría soprendente el mero escepticismo, pero no estamos hablando de una duda sino del convencimiento de que era una imagen o representación del verdadero sudario y no el auténtico. Contrasta esa actitud negativa con las "tragaderas" que la Iglesia en aquellos años tenía con las reliquias por más absurdas que fueran. En la misma Colegiata de Lirey existían otras (de cuya autenticidad nadie dudó y mucho menos negó) como un fragmento de la Vera Cruz y un pelo de la Virgen.

Concluimos con esto la revisión a las principales teorías históricas formuladas por los defensores de la autenticidad de la Sindone y podemos volver a la crítica del texto "La sábana santa ¡vaya timo!" aunque al final volveremos sobre este asunto para hablar brevemente (porque no se merecen otra cosa) de las teorías históricas un tanto heterodoxas (forma educada para no decir que no hay por dónde agarrarlas) de los detractores de tal autenticidad. Afirmaciones del tipo de que la supuesta Sábana Santa envolvió, en realidad, el cuerpo torturado por la Inquisición de Jacques de Molay, el último Gran Maestre de los Templarios, o que la Sindone es una fotografía de Leonardo da Vinci.

-Continuará-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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