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Escritos desde el páramo

En busca del chocolate del loro: Crítica a la introducción (I)

Viene de aquí
Encomendémonos a san Toral, virgen y mártir, y a san Dokán, pirata, para que nos deparen una travesía sin contratiempos y comencemos nuestro viaje.
Aparte de un par de chorradillas sin importancia, ya saben, que si la dedicatoria:
"A Manuel, Bruno y Josep.
La amistad nos acompañará hasta el final." (Pág. 7)
que si los agradecimientos:
"Y, por supuesto, no puedo dejar de expresar la infinita gratitud que siento hacia Ester Torres. Aunque nuestra historia de amor se truncó..." (Pág. 10)
el libro comienza, en realidad, con una Introducción titulada "El enigma Q" y encabezada por tres interrogantes:
"¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Adónde vamos?" (Pág. 11)
Después de tan original inicio, D. Javier nos obsequia con una muestra de su estilo literario en el que no es difícil reconocer al novelista de éxito. Lean, lean:
"Todavía hoy, cuando repaso la nota de aquellos ya casi olvidados días, me invade cierta sensación de irrealidad. No puedo evitarlo: sus ocho páginas de apretado texto y abigarrados cálculos me abocaron entonces a la investigación de un enigma de gigantescas implicaciones, abriéndome la puerta a un campo de trabajo en el que, de alguna manera, la más pura vanguardia científica y la más remota tradición histórica se daban la mano." (Pág. 11)
Me invade cierta sensación de irrealidad. No puedo evitarlo. ¿Cómo demonios pueden venderse miles de libros escribiendo de una forma tan cursi? ¿Que ya existía el precedente de Antonio Gala? Ah, pues es cierto.
En fin, que si pensaran Vds. que la Introducción versaría sobre el problema de la fuente común de los Evangelios sinópticos conocida como Q (del alemán quelle -fuente-) se habrían equivocado. De hecho, se refiere a algo mucho más remoto, a años luz de hecho, a Sirio.
¿Eh? Pues sí. El Sr. Sierra comienza intentando revitalizar la desprestigiada historia de Marcel Griaule, los Dogon y la estrella Sirio. Por si no saben de qué va esto les haré un breve resumen. Marcel Griaule fue un antropólogo francés que estudió (entre otros) a los Dogon, un pueblo que habita en los altos de Bandiagara en la república de Malí. Fruto de esa experiencia publicó varios libros entre los que destaca "Dieu d´eau. Entretiens avec Ogotemmêli" que, años después, fue tergiversado (junto con otra obra de la que después hablaremos) por un tal Robert Temple en un texto titulado El misterio de Sirio en la que se pretendía que los Dogon poseían tales conocimientos astronómicos que sólo podían explicarse por las revelaciones de una civilización extraterrestre.
Comencemos por el principio ¿qué dice realmente Marcel Griaule? Puesto que su obra está traducida al español (Dios de agua. Marcel Griaule. Traducción de Àngels Gutiérrez. Colección Ad litteram, editorial Altafulla. Barcelona, 2000) es fácil de comprobar por cualquier interesado entre los que, evidentemente, no se cuenta el Sr. Sierra. Si nos dejamos de exégetas y vamos al texto original podremos saber los conocimientos astronómicos de los Dogon además de su mito cosmogónico (siempre según el relato de Griaule):
Su informante es un antiguo cazador Dogon de nombre Ogotemmêli que había quedado ciego cuando le explotó ante la cara el fusil con el que estaba intentando matar un puercoespín (Pág. 19). Al parecer, los aislados Dogon no lo estaban tanto ya que conocían las armas de fuego.
Los conocimientos astronómicos de Ogotemmêli son realmente extraordinarios. Veamos unos ejemplos:
"Es cierto -decía- que en la noche de los tiempos las mujeres descolgaban las estrellas para dárselas a sus hijos. Estos las colgaban de un huso y hacían girar estas peonzas de fuego para ver cómo funcionaba el mundo." (Pág. 21)
"Las estrellas procedían de bolitas de tierra lanzadas al espacio por el dios Amma, único dios. Había creado el sol y la luna según una técnica más complicada, que no fue la primera conocida por los hombres, pero que es la primera documentada en el caso de su Dios: la alfarería. En cierto sentido el sol es una vasija cocida al blanco para siempre, envuelta por una espiral de ocho vueltas de cobre rojo. La luna tiene la misma forma y su cobre es blanco. Sólo está parcialmente cocida." (Pág. 21)
"...Ogotemmêli quiso dar una idea del tamaño del sol.
-Algunos -dijo- lo estiman tan grande como el campamento, lo que sería unos treinta codos. En realidad es mucho más grande. Supera en superficie el cantón de Sanga.
Y tras haber dudado, añadió:
-Puede incluso, que sea mucho más grande aún." (Pág. 21)
Sus mitos sobre el origen de la Tierra y la vida en ella son, también, tan exactos que, sin duda, tienen que deberse a revelaciones extraterrestres:
"El dios Amma, habiendo tomado un rollo de arcilla, lo apretó con la mano y lo lanzó como había hecho con los astros. La arcilla se estira y llega hasta el norte que es lo alto y se alarga hasta el sur que es lo bajo, aunque todo ocurre horizontalmente.
-La Tierra está tumbada pero el norte está en lo alto.
Se extiende de oriente a occidente separando sus miembros como un feto en la matriz. Es un cuerpo, es decir, una cosa cuyos miembros se han separado de una masa central.
Y este cuerpo es femenino. Orientado de norte a sur, plano frente al cielo. Su sexo es un hormiguero, su clítoris un termitero. Amma, que está solo y quiere unirse a esta criatura, se acerca a ella." (Págs. 21-22)
"En el momento en que Dios se acerca el termitero se alza, le impide el paso y le muestra su masculinidad. Ella es del mismo sexo que él. La unión no tendrá lugar.
No obstante, Dios es todopoderoso. Abate el termitero rebelde y se une a la Tierra sometida a la excisión (...) de la unión defectuosa nació, en vez de los gemelos previstos, un ser único, el Thos aureus, el chacal, símbolo de las dificultades de Dios." (Pág. 22)
"Dios tuvo otras relaciones con su mujer y esta vez nada turbó su unión, ya que la excisión había hecho desaparecer la causa del primer desorden. El agua, semen divino, penetró entonces en la tierra y la generación siguió el ciclo regular de la gemeliparidad. Dos seres fueron modelados.
-Dios los creó como agua. Eran de color verde, en forma de persona y de serpiente. De la cabeza hasta la cintura eran humanos, el resto de serpiente.
Tenían los ojos rojos, hendidos como los de los hombres, y la lengua bífida como la de los reptiles. Los brazos, flexibles, no tenían articulaciones. Todo su cuerpo era verde y liso, resbaladizo como la superficie del agua, cubiertos de pelos cortos y verdes, que anunciaban la germinación y la vegetación.
Estos genios, llamados Nommo, eran pues dos productos semejantes a Dios, de esencia divina como él, concebidos sin aventuras y desarrollados según las normas en la matriz terrestre. Su destino les condujo al cielo, donde recibieron las enseñanzas de su padre. No fue necesario que Dios les enseñara la Palabra, cosa indispensable a todos los seres y al sistema universal: la pareja había nacido completa y perfecta;" (Págs. 22-23)
"La pareja está presente en todo el agua. Es el agua de los mares, de los torrentes, de las tormentas y del sorbo que bebemos." (Pág. 23)
"Pero si el Nommo es el agua, produce también el cobre. En el cielo cubierto vemos materializarse los rayos del sol sobre el horizonte brumoso; estos rayos, excremento de los genios, son de cobre y son luz. Son también de agua, ya que portan la humedad terrestre en su camino ascendente. La pareja excreta luz porque también es luz." (Pág. 23)
El Nommo, desde lo alto del cielo, vio a su madre, la Tierra, desnuda y sin palabra, lo que sin duda era consecuencia del primer incidente ocurrido en sus relaciones con el dios Amma. Era necesario poner fin a ese desorden. El Nommo descendió sobre la Tierra, portando fibras extraídas de plantas ya creadas en las regiones celestes." (Pág. 24)
"En efecto, el chacal, hijo decepcionado y decepcionante de Dios, deseó poseerla y posó las manos sobre las fibras que la portaban, es decir sobre el vestido de su madre. Esta se resistió, pues era un gesto incestuoso. Se hundió en su propio seno, dentro del hormiguero, bajo la apariencia de una hormiga. Pero el chacal la siguió; no existía entonces otra mujer a la que desear. El agujero que ella horadaba no era nunca lo suficientemente profundo y finalmente tuvo que confesarse vencida. Así fueron prefigurándose las luchas equilibradas entre hombres y mujeres, que no obstante, termina con la victoria masculina.
El incesto tuvo grandes consecuencias: en primer lugar dio la palabra al chacal, lo que le permitía revelar por toda la eternidad a los futuros adivinos los designios de Dios.
Fue además la causa de la aparición de la sangre menstrual, que tiñó las fibras. El estado de la Tierra, convertida en impura, era incompatible con el reino de Dios. Este se apartó de esta esposa y decidió crear directamente a los seres vivos. Modeló una matriz con arcilla húmeda, la colocó en la Tierra y desde lo alto del cielo la coronó con una bolita lanzada al espacio. Lo mismo hizo con un sexo masculino: despositándolo en el suelo, lanzó una esfera que se colocó encima.
Tan pronto como las dos masas se organizaron, su vida apareció, los miembros se separaron del núcleo, aparecieron los cuerpos y surgió una pareja humana de la tierra." (Págs. 25-26)
"El genio dibujó en el suelo dos siluetas superpuestas, dos almas, una de las cuales era masculina y otra femenina. El hombre se tendió sobre sus sombras y las tomó a ambas. Lo mismo sucedió en el caso de la mujer.
Así, desde su origen cada ser humano fue provisto de los almas de distinto sexo, o mejor dicho, de dos principios correspondientes a dos personas diferentes en el interior de cada uno. En el caso del hombre el alma femenina se instaló en el prepucio; en el de la mujer, el alma masculina se situó en el clítoris.
Pero la presciencia del Nommo le hizo ver los inconvenientes de este apaño. La vida de los hombres no podía acomodarse a estos seres dobles, era necesario decidir e inclinar a cada cual hacia el sexo para el que aparentemente estaba mejor dotado.
El Nommo circuncidó pues al hombre, eliminando así toda la feminidad del prepucio. Pero este se metamorfoseó en un animal que "no es serpiente ni insecto pero está clasificado entre las serpientes".
Este animal recibe el nombre de nay. Se trataría de una especie de lagarto negro y blanco..." (Pág. 26)
"Entonces el hombre se unió a su compañera. Más tarde ella dio a luz a los dos primeros hijos de una serie de ocho que serían los antepasados del pueblo dogon. En el momento del parto los dolores se concentraron en el clítoris que, excindido por una mano invisible, se separó de ella y se alejó metamorfoseándose en escorpión. La bolsa y el agujón simbolizaban el órgano, el veneno era el agua y la sangre del dolor." (Pág. 27)
Como pueden comprobar, según el texto de Griaule la cosmogonía Dogon es muy compleja... y no hemos hecho más que empezar. Si pensaran que al tener a los primeros hombres la creación ya habría sido completada, estarían equivocados porque a continuación el Nommo (en realidad los Nommo) vuelven a intervenir sobre esos ocho hijos que forman la descendencia de la primera pareja humana, pero eso será el tema de nuestra próxima historia.
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