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Escritos desde el páramo

A río revuelto...

Me permitirán un breve paréntesis para tratar un tema de actualidad. Verán, parece que España está un tanto revolucionada con unas declaraciones que se atribuyen a S. M. la reina de España doña Sofía de Grecia y que han causado enojo (o un cabreo de tres pares de testículos o de ovarios, según) en colectivos tan dispares como el de gays (¿por qué me acuerdo siempre en este punto de un querido amigo que dice de sí mismo: "Yo no soy gay. Yo lo que soy es maricón."?), lesbianas y transexuales, y el de escépticos (véase este artículo de Luis Alfonso Gámez y los comentarios que ha generado).

Desde luego, por una vez su Majestad no ha sido ni prudente ni justa. Verá, doña Sofía, con todo mi respeto (que lo tiene por habérselo ganado por su servicio a mi país) no puede Vd. equiparar la celebración del orgullo gay con una supuesta celebración del orgullo hetero. Hacerlo es no entender que, durante muchos años, los gays han tenido que ocultar su condición, que, por el mero hecho de serlo, han corrido el riesgo de acabar en la hoguera, en la cárcel o, hasta hace cuatro días, de tener que enfrentarse a la discriminación social. Hoy que, más o menos, son libres de reconocerse públicamente como lo que son, quieran celebrarlo para resarcirse de tanto años de injusta condena a la clandestinidad, es algo perfectamente comprensible y defendible. Otra cosa distinta es la estética de tal acontecimiento que es para salir corriendo (mera opinión personal y ya se sabe que para gustos...). Por eso mismo, no tendría ningún sentido la celebración del orgullo hetero. Los que tenemos esa orientación sexual no hemos sido perseguidos por ella y, por tanto, no tiene sentido que reivindiquemos nada. Si me permiten una analogía, me parece perfecto que exista un día de la mujer trabajadora. Encontraría ridícula la existencia del día del varón trabajador.

Por contra, su opinión sobre el "matrimonio" entre dos personas del mismo sexo, no me parece que sea para rasgarse las vestiduras porque comparto plenamente su opinión (y ya sé que decir esto no es una muestra de corrección política). Puede y debe existir un tipo de unión civil entre personas del mismo sexo y esa unión tiene que tener derechos idénticos a los que comporta el matrimonio porque lo contrario supondría una discriminación por razón de la orientación sexual, pero la razón de que algumos pensemos que esa unión no puede llamarse matrimonio no tiene nada que ver con los derechos y sí con la semántica. Sencillamente, esa unión no encaja en ninguno de los significados de la palabra matrimonio. Por si acaso piensan que esa postura es deudora del catolicismo, del franquismo o de las verduras de las heras, me permito recordarles que el Tribunal de Casación de la muy laica república francesa dijo lo mismo. El Tribunal Constitucional tal vez tenga a bien fallar el recurso presentado por esta misma razón un siglo de éstos.

Sin embargo, el tema que más nos "toca" a los escépticos es la real afirmación sobre la enseñanza de la religión en el colegio. Desde hace mucho, circulan rumores sobre que entre las múltiples virtudes que posee doña Sofía no se cuenta la de practicar el pensamiento crítico y que, por el contrario, es sumamente crédula. No obstante, creo que en esta ocasión no deben entenderse literalmente sus palabras y sí en el sentido de que el niño debe recibir educación (que no adoctrinamiento) en cuestiones religiosas para poder entender el mundo en el que va a vivir, algo con lo que no puedo estar en desacuerdo. ¿Por qué considero que no deben tomarse sus palabras al pie de la letra? Porque la religión mayoritaria en esta España de nuestras entretelas es la católica romana pero doña Sofía no lo es, es ortodoxa griega. Por tanto, y si entendemos literalmente su declaración, obtenemos dos posibles interpretaciones a cada cual más disparatada, doña Sofía defiende que a los niños de padres católicos se les enseñe en el seno de la ortodoxia griega o doña Sofía defiende que se enseñe a los niños una religión distinta a la que ella misma profesa (y que por ello me permito suponer que la considera como la verdadera religión). Si encuentran algún sentido a cualquiera de esas opciones, ya me lo explicarán. En caso contrario, haremos muy bien en no entender esa afirmación como una declaración a favor del creacionismo, creencia que en España está de capa caída.

Vamos, que no hay que rasgarse las vestiduras pese a la "metedura de pata" del día del orgullo gay. Por lo demás, me parece muy bien que S. M. hable de lo que guste y opine lo que quiera. Bastante es ya tener reyes como para que encima tengan que ser mudos (o casi). Y no se engañen, mi mayor deseo en cuestión política es ver la proclamación de la República Federal de España, algo que parece cada día menos utópico, especialmente con follones como éste aunque sean una tormenta en un vaso de agua.

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