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Escritos desde el páramo

Inauguramos una nueva sección (VIII- y c)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viene de aquí

Después de este paseo por los aspectos textiles de la Sábana Santa, el Sr. Ares comienza la enumeración de las incoherencias anatómicas que, según él, prueban que la Sindone es falsa. Dado mi desconocimiento casi absoluto de este tema y que, francamente, pocas cosas me parecen tan repelentes como la pretensión de ser experto en cuestiones que ignoro, me tendrán que permitir hacer una "crítica" (que en realidad va a tener muy poco de ello) tal vez errónea. Si se sienten Vds. con más capacidad que un servidor (es fácil que así sea por lo antedicho) para añadir elementos de juicio a este tema, ya saben que tienen los comentarios a su disposición. Yo, al menos, se lo agradeceré mucho con el único ruego de que, como han hecho hasta la fecha, guarden las formas, se atengan al tema a tratar e incluyan las referencias necesarias para los profanos como yo. Gracias por anticipado.

D. Félix comienza por los brazos:

"Una simple inspección visual revela enseguida que el brazo derecho del hombre de la sábana es algo más largo que el izquierdo." (Pág. 85)

Antes que nada, les recuerdo que la imagen del Sudario en alta resolución pueden encontrarla aquí porque vamos a tener que estarla manejando de continuo. Bueno, yo juraría que aparentemente es al revés, que el brazo izquierdo es más largo que el derecho (me imagino que ello es fruto de que el Sr. Ares piensa en el hombre en vez de en su -supuesta- imagen y que, por ello, convierte el brazo izquierdo de la impronta en el brazo derecho "real") pero dado que la parte superior de los brazos no está representada al faltar la tela en la que aparecería la impronta a consecuencia del incendio de 1532 no me atrevería a plantear esto como una prueba de imprecisión anatómica al menos sin traer a colación el Plomo de Lirey y el Sudario de Lier como las únicas copias existentes (al menos las únicas conocidas) de la Sábana Santa realizadas antes del incendio susodicho. Dado que en ellas sí aparecen reflejadas la posición de los brazos, tenemos un apoyo de que tienen una diferente longitud. El problema es que no sabemos hasta qué punto ambas representaciones son fieles a la figura original (de verdad que hay copias de la Sindone que dan ganas de "correr a boinazos" al "artista" que las parió).

De los brazos pasamos a la espalda incluido el lugar en el que ésta pierde su casto nombre:

"Es anormalmente plana y en ella no se manifiesta la característica curvatura en forma de S, ni tampoco ciertos aplastamientos de músculos prominentes, como las nalgas" (Pág. 85)

Bueno, esto está bastante claro. No obstante, los sindonólogos pretenden explicar ésa y otras incoherencias anatómicas de dos formas, "modificando" (entiéndase que modificando la imagen que todos tenemos en mente al hablar de un cadáver) la posición del cuerpo y mediante las referencias al rigor mortis del cadáver. Sobre lo segundo no tengo nada que decir porque ignoro si es cierto que las nalgas de un difunto con la rigidez de la muerte no se aplastan y no tengo el menor deseo de comprobarlo con un cadáver real (actitud nada científica, lo sé, pero mi moral me impide andar tocando las narices -bueno, las narices precisamente no- a los muertos) pero sí sobre lo primero. No sé si estos sindonólogos se han dado cuenta, pero pretendiendo vestir a un santo han desnudado otro o, mejor dicho, a otros tres. Comencemos por lo más facilito. Para los sindonólogos la imagen es fruto de una proyección ortogonal (por causas desconocidas) del cadáver sobre la tela que lo envolvía. La figura proyectada tiene una longitud de entre 1,75 y 1,80 metros según los autores que consultemos. Si imaginamos un cuerpo completamente extendido eso significa que "Jesús" medía entre 1,75 y 1,80 metros (de momento, lo dejamos así, ya volveremos sobre este dato) pero si el cadáver no estaba completamente extendido eso significa que su estatura era aún mayor. Esto sí podemos comprobarlo por nosotros mismos sin necesidad de "molestar" a los muertos. Pidan la colaboración de otra persona. Tiéndanse en el suelo (o en la cama si son un poco vagos), cúbranse con una sábana y pidan a su colaborador que marque en ella los puntos de intersección entre la tela y las perpendiculares a la parte superior de su cabeza y a la planta de los pies. Una vez hecho esto, midan la distancia entre ambos puntos. Lógicamente esa medida coincidirá con su estatura. Ahora repitan el experimento pero adoptando Vd. la postura representada en la imagen anterior y procedan a repetir la medición de los puntos. El resultado les sorprenderá. No obstante, es posible (aunque improbable) que los Evangelistas se olvidaran del pequeño detalle de que Jesús hubiera podido jugar como pivot en un equipo de baloncesto (de existir ese deporte, claro) porque tampoco parece que les interesara en exceso el aspecto físico de Jesús.

El segundo santo desnudado tiene que ver con las manchas de "sangre". Si la imagen del cuerpo para los sindonólogos es fruto de una proyección ortogonal, las mancha de sangre se produjeron por contacto entre las heridas sangrantes y la tela. Prescindamos del hecho muy rarito a priori de que un cadáver con rigor mortis continúe sangrando (y más aún por las heridas de la parte superior del cuerpo) porque ya vimos la teoría del Dr. Zugibe según la cual las heridas ya no sangraban sino que, al lavarlas, produjeron las señales que han quedado visibles en la Sindone. Vale. El problema es que en esa posición, las heridas no entrarían en contacto con la tela en, por ejemplo, las pantorrillas. Sin embargo, en la imagen de la Sindone podrán comprobar que sí aparecen pese a que, supuestamente, no estaban en contacto con la tela.

El tercer santo desnudado es que se han "cargado" la teoría tan cara a la Sindonología de la tridimensionalidad de la figura. Vean nuevamente la representación del cuerpo yacente y compárenla con la posición del voluntario en estas fotografías de los experimentos de Jackson & Jumper. Si, de acuerdo con los sindonólogos, la información de la figura de la Sindone era coherente con esa posición del cuerpo si cambiamos la posición ¿sigue existiendo la coherencia? Nuevamente nos vamos a poner el mono de trabajo (si podemos comprobarlo por nosotros mismos ¿para qué nos vamos a fiar de lo que diga nadie?). Volvemos a molestar a una persona (que a estas alturas debe pensar que estamos cual cabras con sobredosis de LSD) nos colocamos en la "postura Jackson", nos cubrimos con una sábana y pedimos a nuestro colaborador que marque las zonas en que el cuerpo entre en contacto con el lienzo. A continuación repetimos la jugada pero adoptando la "postura anatómicamente correcta" y comparamos el resultado. En realidad, no necesitamos molestar a nadie, basta con cubrirnos con una sábana en ambas posturas para comprobar que la distancia entre la tela y el cuerpo varía completamente. Es más, ni siquiera tenemos que molestarnos en ello, es suficiente el mirar esta imagen de un modelo tridimensional de la impronta en la Sábana Santa realizado según los experimentos de Jumper & Jackson para comprobar la veracidad de aquella sentencia que afirma que "lo que no pué ser, no pué ser y además es imposible", porque un cuerpo humano no puede simultáneamente tener ambas piernas estiradas y ambas flexionadas así que los sindonólogos que afirman la tridimensionalidad de la imagen y que no hay incorrecciones anatómicas porque el cuerpo, en realidad, estaba en esta posición tienen un grave problema que resolver, cómo defender simultáneamente dos cosas que son excluyentes. Concedamos (hoy me siento magnánimo) que es perfectamente posible (e incluso que sería lo normal) que en el entierro de Jesús existiesen unas cuerdas o vendas sobre el sudario que "empaquetasen" el cadáver como ya vimos en la reconstrucción del sepelio en la tumba del Sudario en Akeldama y que eso modifica la distancia existente entre la tela y el cuerpo (obviamente) con independencia de la posición de éste. De acuerdo, pero eso ¿soluciona el problema? No, porque, como hemos visto, el experimento de Jumper & Jackson encontró (según ellos) que la intensidad de los grises (recuérdese que emplearon una fotografía en blanco y negro) era proporcional a la distancia entre una tela y el cuerpo calculada ésta de la forma que hemos visto, cubriendo a un voluntario con una sábana y midiendo. Por supuesto, si la sábana no cubriera simplemente el cuerpo sino que estuviera amarrada a él, las distancia variarían con lo que, nuevamente, nos hemos "cargado" el experimento ya que si la intensidad de los grises era proporcional a (y por tanto coherente con) la distancia y variamos ésta ¿puede seguir siendo proporcional (y por tanto coherente)? Y sin esto todo lo que queda es, sencillamente, una perogrullada, que podemos fabricar una imagen tridimensional a partir de un campo de grises. Pues vale.

Lo mismo podemos decir de la siguiente incorrección anatómica:

"Mientras en la imagen frontal ambas piernas aparecen estiradas en postura relajada, mostrando los dedos de los pies hacia arriba, en la imagen dorsal se representa la marca de la planta del pie derecho completamente plana contra la sábana." (Pág. 86)

La posición del cadáver con las piernas flexionadas permite, nuevamente, salvar esa aparente incongruencia pero otra vez al precio de "cepillarse" la tridimensionalidad de la impronta.

"Los dedos de las manos son increiblemente largos, suponen una cuarta parte de la distancia desde la punta de los mismos hasta el codo. En un individuo normal, la longitud de los dedos viene a ser de una quinta o una sexta parte de dicha distancia. En un individuo normal hay también cierta diferencia entre los dedos índice y anular. En las mujeres suele ser inferior a los hombres, pero en el caso de la mano izquierda del hombre de la sábana la diferencia es anatómicamente imposible." (Págs. 86-87)

Nada que decir al respecto, bueno, sí que observen los dedos desmesuradamente largos de la Madonna de Cambrai obra de hacia 1340 de escuela italo-bizantina por si pudiera recordarles algo. Ya que estamos viendo imágenes, también pueden observar el icono de Cristo en el monasterio de Chrysoroyiatissa en Chipre y el Bautismo de Cristo en Dafni, ambos pertenecientes al arte bizantino, y el Díptico de Simone Martini en el Museo Herbert Percy Horne de Florencia. ¿Por qué? Vamos a verlo:

"En la imagen de la sábana no aparecen los dedos pulgares. Según los defensores de la mortaja de Cristo, esto es debido a que los clavos atravesaron una parte de la muñeca conocida como espacio de Destot, y ello produjo una estimulación mecánica en un nervio, de forma que los pulgares se contrajeron hacia la palma. Esta teoría, propuesta por el doctor Barbet, es aceptada por muchos miembros del STURP, pero no por todos. Por ejemplo, sus directivos, Eric Jumper y John Jackson, ven una débil impronta en las imágenes realizadas por ordenador, que afirman está producida por el pulgar de la mano situada en un plano superior.

Otra explicación posible, si consideramos la figura como la obra de un pintor, es que el artista escamoteara los pulgares haciendo ver que estaba bajo las manos. Este es un recurso frecuente en el arte gótico medieval." (Pág. 87)

Comencemos por el principio. ya dijimos al hablar de las teorías del doctor Barbet que el clavo (en singular, porque la impronta no muestra más que una herida) no atraviesa el espacio de Destot y que, aunque lo hiciera, eso no supone la contracción del pulgar, por tanto esa explicación no es válida. Por contra, acabamos de ver ejemplos de representaciones artísticas en las que el pulgar no aparece. Lo hemos comprobado en el arte bizantino que influyó tanto en el arte románico como en el gótico y, por ello, podemos encontrar ejemplos de ese escamoteo de pulgares por doquier. Es muy frecuente en la representación de Cristo como Vir Dolorum (en este caso en concreto, procede de Vlaha -Rumanía- y esta datada en torno a 1380). Ese latinajo significa Varón de Dolores y hace referencia a una figura de Cristo con las heridas de la Pasión que copia un modelo bizantino, el llamado Akra Tapeinosis o Cristo de la Última Humillación. Aunque en Occidente aparece representado de distintas maneras porque se confunde esta tipología bizantina con el Cristo de La Misa de San Gregorio (en este caso, obra del Maestro de Manzanillo del S XV que se conserva en el Museo Lázaro Galdeano en Madrid) en el que Cristo se representa apretando (o señalando, en otros casos) con sus manos las heridas que es como, supuestamente, se apareció a san Gregorio Magno cuando éste oficiaba misa. No obstante el éxito de esa iconografía "gregoriana" también es muy frecuente la representación "a la bizantina" con la cabeza ladeada, los brazos cruzados y sin pulgares. Así el Vir Dolorum (también conocido como Cristo a la manera bizantina) de Naddo Ceccarelli, pintado en 1347 y que se conserva en el Museo de Liechtenstein o el Varón de Dolores de Pietro Lorenzetti de hacia 1330 que se conserva en el Lindenau Museum en Altenburg (Alemania). Esta iconografía aparece también en Alemania (allí se conoce como Schmerzensmann) como en la tabla de Cristo como Varón de Dolores con las estigmatización de San Francisco del Maestro de Lindau pintado hacia 1400 y que se conserva en el Vallraf-Richartz Museum de Colonia, y en Francia como podemos comprobar en el Folio 75 de Las Muy Ricas Horas del Duque de Berry, obra iluminada por los hermanos Limbourg entre 1411 y 1416 y conservada en el museo Condé de Chantilly. Como son Vds. muy observadores no se les habrá pasado por alto un detalle, que entre los modelos bizantinos y sieneses (tanto los que acabamos de ver como los enlazados más arriba del monasterio de Chrysoroyiatissa y del díptico de Simone Martini) por un lado y los modelos franceses y alemanes por otro hay una diferencia fundamental. Aunque estemos hablando de figuras relacionadas con la Pasión, los primeros no buscan el recurso del tremendismo. Las heridas están reducidas a la mínima expresión para ser reconocibles como tales. No hay un regodeo en la sangre sino más bien un cierto pudor en mostrarla. Los segundos son todo lo contrario. Se busca conmover al espectador a cualquier precio incluso si eso implica caer en la truculencia. Si los primeros intentan crear el sentimiento desde la belleza y la razón, los segundos apelan directamente al sentimiento, quieren que el espectador compadezca a Cristo para que de esa compasión nazca el amor a quien soportó tanto dolor para salvarnos (siempre de acuerdo con las creencias cristianas, claro).

Esos dos caminos, intelectualidad contra expresionismo, proseguirán existiendo (a veces coexistiendo) a lo largo de los siglos. En 1521, un artista alemán pintó la que tal vez sea la representación más estremecedora de Cristo en el Sepulcro también conocido como Cristo Muerto. Se trataba, por supuesto, de Hans Holbein el Joven. Veamos un detalle de la mano. ¿Pueden imaginar algo que se parezca menos a las manos representadas en la Sábana Santa? Y, sin embargo, existe la tradición de que Holbein reprodujo fielmente la imagen de un cadáver real extraído del río Rhin al que añadió las heridas que él creía que habría sufrido Jesús durante su crucifixión. No obstante, puede ser que esa tradición no se corresponda a la realidad, que Holbein exagerara determinadas características en pro de una mayor expresividad o, sencillamente, que ambos correspondan a momentos distintos de los procesos post-mortem o incluso a dos procesos post-mortem diferentes. Sin embargo, debo confesar que eso me dejó intrigado así que busqué fotografías de cadáveres reales. Dado el carácter de las imágenes, si creen que éstas pueden herir su sensibilidad, les ruego salten todo el párrafo siguiente.

Decía que busqué imágenes de cadáveres reales que hubieran fallecido por muerte violenta en especial de aquéllos que no hubieran recibido ningún tipo de cuidado post-mortem, de cadáveres abandonados en definitiva. Reitero la advertencia anterior en el sentido de que estos enlaces muestran imágenes que no resultan agradables y les ruego que, si han decidido verlas, las contemplen con el respeto debido a los cuerpos de los que fueron seres humanos. Ésta fue tomada en los combates por Okinawa en la II Guerra Mundial, observen la mano crispada del soldado japonés. De Okinawa a Vietnam y antes de ellas, la Guerra de Secesión o la I Guerra Mundial y, por supuesto, nuestra contribución a la galería de los horrores del siglo pasado. Puede que no lleguen al grado de crispación de la manos del Cristo de Holbein pero tampoco son unas manos de dedos perfectamente estirados como los de la impronta de la Sindone.

No obstante, eso puede tener explicaciones como que el rigor mortis depende de factores como la causa de la muerte, el tiempo transcurrido, la temperatura... que podrían haber ocasionado esa diferencia pero no es eso en lo que quería incidir. Ya hemos visto cómo se pretende explicar las "incoherencias" anatómicas como fruto de una colocación peculiar del cadáver. La pregunta es clara ¿por qué iban a disponer el cuerpo en una postura tan extraña? La respuesta de los defensores de esta teoría es que conservó la forma que tenía en la cruz, es decir que cuando bajaron el cadáver éste ya presentaba o rigor mortis o espasmo cadavérico. Vale, aceptemos cualquiera de estas opciones. Por supuesto, en un crucificado los brazos estarían extendidos en horizontal. ¿Por qué en la impronta aparecen estirados sobre el cuerpo? Respuesta, porque las personas que realizaron el entierro modificaron a las bravas su postura: "The rigor mortis position of outstretched arms would have had to be broken in order to cross the hands at the pelvis for burial, and a probable result is seen in the slight dislocation of the right elbow and shoulder." (La cita pertenece al resumen de un artículo de William Meachan que pueden encontrar aquí). Provocar la luxación de un codo y un hombro (por no hablar de rupturas musculares) de un cadáver era precisamente lo que los judíos no podían hacer. ¿Recuerdan cuando hablamos de los entierros judíos que citamos esta frase del tratado talmúdico Sabbath: "One may do all that is necessary for a corpse (on Sabbath), anoint and wash it, provided he does not dislocate its limbs."? No obstante, supongamos que o bien no era aún Sabbath o que los encargados del entierro decidieron por alguna razón pasarse por el "arco del triunfo" tal prohibición. ¿Qué razón podía ser ésta? Es perfectamente comprensible que tuvieran que forzar los hombros porque no podían dejar los brazos en cruz porque, en caso contrario, el cadáver no hubiera entrado en el loculus del sepulcro. No obstante, ¿por qué forzar los codos y los dedos para cruzarlos sobre el pubis? La única razón posible es por pudor, para ocultar sus genitales, pero esa explicación es absurda a poco que lo pensemos. No es sólo que no tiene ningún sentido el querer ocultar los genitales de un cuerpo que nadie más va a ver y que, de todas formas estarían ya tapados por el propio sudario, es que, además y como ya dijimos los judíos entierran a sus muertos vestidos. Tendríamos, pues, unos enterradores judíos que prescinden de sus propios ritos funerarios a la hora de vestir el cadáver y a los que, por tanto, les daba una higa el que el cadáver estuviera vestido o en pelota picada y a esos mismos enterradores judíos que se pasan por salva sea la parte la prohibición de luxar los miembros para poder tapar con las manos los genitales. Si alguien entiende la lógica de esos comportamientos, por favor, que me lo explique porque yo no la veo por parte alguna.

No obstante, tampoco podemos llevar mucho más allá estas cuestiones. Es posible, aunque sumamente improbable, que los enterradores forzaran el cuerpo para hacerle adoptar una postura tan extraña. Hemos visto el caso de los brazos pero igual podríamos hablar de la posición de la cabeza que, en un crucificado, lo lógico es que cayera hacia el pecho por aquello de la gravedad. Sin embargo, es posible que el cuerpo de Jesús no tuviera rigor mortis sino un espasmo cadavérico que hubiera "inmovilizado" la cabeza en la posición en que se encontrara en el momento de la muerte y, en cualquier caso, esos encargados del entierro también pudieron variar la posición de la testa. El hecho de que los procesos post-mortem dependan de múltiples factores que en el caso concreto del entierro de Jesús nos son completamente desconocidos, el hecho de que las características morfológicas de nuestros cuerpos tengan una cierta variabilidad y la posible intervención humana de los enterradores hacen que tengamos que ser muy cautos al sostener afirmaciones como que las supuestas incorrecciones anatómicas lo sean realmente y que, por tanto, prueben que la Sábana Santa no es auténtica.

No sucede los mismo con otra incorrección que D. Félix señala a continuación.

"Por último, el espacio entre las imágenes frontal y dorsal de la cabeza no debería existir. En su lugar debería aparecer la parte superior del cráneo y el pelo del hombre. Si la impronta del cabello se hizo patente en las imágenes anterior y posterior, lo mismo debería ocurrir con el situado entre ambas, a tenor de la hipótesis de que el lienzo se plegó sobre la cabeza. Los defensores de la mortaja de Cristo afirman que ello se debe a que la sábana tuvo un pliegue, o que de alguna forma el tejido se alejó lo suficiente de esta zona de la cabeza como para no resultar afectado por el milagroso mecanismo que produjo la imagen." (Pág. 89)

Excepto por lo del "milagroso mecanismo" (que en el original está en cursiva) y que prescinde de la existencia de hipótesis no sobrenaturales para explicar la existencia de la impronta (una de ellas, la vaporografía ya la vimos y de otras hablaremos posteriormente), estamos de acuerdo. Si por algún mecanismo desconocido se produce una doble impresión de la parte frontal y dorsal del cuerpo que incluye el cabello no hay ninguna razón a priori para que el pelo de la parte superior del cráneo no aparezca uniendo las dos impresiones. No habría, entonces, dos imágenes sino sólo una. No obstante ¿qué decir de la hipótesis sindonóloga del alejamiento del lienzo?

"En el artículo donde se publicó la teoría de que la sábana poseyera información tridimensional, se afirmaba que todas las partes de pelo y piel situadas a menos de cinco centímetros de la superficie del lienzo dejaron alguna impronta. Si hacemos caso de sus conclusiones y suponemos que, en efecto, la porción de sábana situada sobre el extremo de la cabeza del cadáver, que aparece en blanco, estuvo alejada al menos cinco centímetros, mediante la más elemental proyección geométrica nos topamos con el hecho de que Jesús era un hombre microencefálico, pues poseía un cráneo con menos de 12 centímetros de longitud axial." (Págs. 89-90)

¿Qué quiere decir esto? Vamos a una página que nos da la posibilidad de efectuar mediciones sobre la Sindone. Pinchamos en la parte superior del cráneo de la imagen frontal y en la parte superior de la imagen dorsal. Aunque en la parte dorsal no aparece toda la cabeza (si lo hiciera la distancia sería aún menor) obtengo un resultado de 172 milímetros (17 centímetros para redondear). Si existía un alejamiento de la tela de al menos 5 centímetros eso nos deja que el cráneo de Jesús medía unos 12 centímetros de "profundidad". Hagan Vds. mismos la prueba. Tomen un pañuelo grande. Colóquelo sobre su cabeza asegurándose de que forma un pliegue por encima de ella que le aleje de ésta al menos 5 centímetros y señalen dos puntos, uno en la parte superior de su frente y otro a su misma altura pero en la parte dorsal. Ahora midan la distancia que los separa y compárenla con esos 17 centímetros. Con razón dice el Sr. Ares:

"Una cabeza de 12 centímetros de longitud entre la parte frontal y la trasera es imposible. Sólo ese hecho basta para asegurar que la sábana nunca envolvió ningún cuerpo humano." (Pág. 90)

Entendamos esa última frase como que la impronta no se formó cuando la Sábana Santa estaba envolviendo un cadáver que, por alguna extraña razón, dejó esa huella en el Sudario, claro.

Si en esto estamos de acuerdo, no sucede lo mismo con las consideraciones etnológicas. Vale, la estatura del hombre de la Sindone (según los autores entre 1,75 y 1,80 metros pero en la página anterior yo obtengo un resultado de 1,90 metros) es muy superior a la estatura media de los hombres judíos de la época que se estima en 1,65 metros pero no hay que olvidar que la estatura media es eso. Como media estadística que es no supone que no haya individuos de mayor y de incluso mucho mayor estatura de igual forma que habrá otros de menor y de incluso mucho menor estatura que la media. Por ejemplo, en una tumba familiar de este periodo localizada en Jericó se localizaron (entre otros) los restos de cuatro hombres que medían alrededor de 1,88 metros. Esta tumba es conocida como la de la familia Goliath por obvias razones.

Otro tanto podemos decir del hecho de que la faz de la Sábana Santa no se parezca en nada a un típico rostro de la época (esa imagen corresponde a la reconstrucción de la cabeza realizada a partir de una calavera del S I A. de C. elegida porque presentaba muchas características comunes con otros cráneos localizados en osarios judíos de la misma época. Es obra de un equipo internacional en el que figuraba Richard Neave) y, para que se aprecie mejor, la misma imagen frontal. Aclaremos que aunque esa reconstrucción se popularizó entre afirmaciones y/o interrogaciones absurdas (por ejemplo, ¿Es ésta la verdadera faz de Cristo? cuando la única relación que tiene con Jesús es que pertenecía a un judío de su misma época) es interesante porque sí corresponde a lo que podríamos llamar un rostro medio de los judíos de entonces lo que nuevamente, y por las mismas razones que ya apuntamos al hablar de la estatura media, no nos sirven para nada como prueba de que la Sábana Santa sea falsa máxime cuando (y esto se olvida con frecuencia) la palabra judíos no designa a ninguna raza y sí a los creyentes en una religión que pueden parecerse tanto por el hecho de serlo como un católico nacido en Irlanda a uno nacido en Sevilla.

"Aparentemente, tampoco importa a los crédulos que el hombre de la sábana represente a una persona anciana (¡de 33 años!)..." (Pág. 91)

El Sr. Ares acaba de meterse en camisa de once varas. Comienza mal al asegurar que el hombre representado en la Sindone es un anciano cuando eso sólo parece ser así en los negativos de las fotografías en blanco y negro del Sudario porque entonces el pelo y la barba aparecen blancos pero ni la impronta de la Sindone es un negativo fotográfico para pensar que el negativo de este negativo (¡la gallina!) corresponda a la imagen real de la persona retratada ni, aunque sí lo fuese, es una imagen en blanco y negro. Termina fatal al asegurar que Jesús tenía 33 años en el momento de su muerte, algo que no sabemos porque ninguno de los evangelista (ni ninguna otra fuente) tuvo a bien informarnos de tal aspecto y desconocemos en qué año nació y en qué año falleció. La edad de Jesús, por tanto, es desconocida tanto como la de nuestras folklóricas. Así pues, si eso les importa un pito botijero a los crédulos hacen muy bien en despreciarlo. Yo no soy crédulo (en este aspecto) y comparto plenamente su desinterés.

Después de este desliz, D. Félix se muestra afortunadamente más acertado al hablar de la sangre:

"Las manchas de sangre del lienzo de Turín son sospechosamente rojas: carmín es la descripción más frecuente de la sangre. Si fueran manchas de sangre de verdad, las manchas serían ahora negras. Eso es lo que ocurre con la auténtica sangre: primero es roja, cuando envejece un poco adquiere un tinte marrón rojizo, más tarde marrón oscuro y finalmente negra." (Pág. 92)

Eso es así indudablemente aunque los sindonólogos has ofrecido una explicación para ello que el Sr. Ares olvida mencionar (y contestar), que las torturas ocasionaron un aumento de la bilirrubina en la sangre lo que, supuestamente, motivaría el fenómeno de que la sangre no se oscureciera. No obstante esto tropieza con un problema, aunque en algunas páginas sindonológicas se asegure que la bilirrubina presenta un color rojo brillante (y que supuestamente eso es lo que causa que la sangre siga teniendo ese mismo color) la bilirrubina tiene un color amarillo-anaranjado. De hecho el color amarillento de los enfermos de ictericia se debe a la acumulación de bilirrubina. Así pues, más que por la presencia de la bilirrubina en sí esta teoría sería aceptable si la presencia de ésta afectase a la oxidación del átomo de hierro presente en el grupo hemo de los eritrocitos que es lo que ocasiona el cambio de color de la sangre.

Por más que he buscado alguna confirmación a que la presencia de bilirrubina afecte a la oxidación del hierro no he encontrado nada ni siquiera en los casos más graves de hiperbilirrubinemia. Así pues, quedamos a la espera de que nos demuestren que la sangre con una elevada presencia de bilirrubina permanece roja per saecula saeculorum.

Si en ese aspecto en concreto D. Felix no ha estado muy acertado porque también se puede equivocar uno por omisión, mejora sensiblemente con el otro problema que plantean las manchas de sangre, su apariencia como tales manchas. Con independencia de que sean rojas, negras o rosas con pintas azul purísima son muy extrañas. ¿Por qué? Veámoslo:

"Paul Vignon y Pierre Barbet comprobaron, tras muchos intentos, que resultaba imposible transferir sangre a un lienzo con un resultado ni siquiera similar al de sábana. Si la sangre estaba demasiado fresca al entrar en contacto con el lino, se extendía por capilaridad en todas direcciones a lo largo del entramado. Si, por el contrario, no estaba suficientemente fluida, lo que se producía era una simple mancha discontinua. En consecuencia, no pudieron reproducir las manchas de sangre de la sábana ya que éstas están nítidamente delimitadas." (Pág. 92)

Antes de seguir, una imagen (en esta ocasión, veremos el negativo para apreciar mejor los detalles). A su (a la de Vds.) izquierda verán gotas de sangre... ¡corriendo por encima del pelo! Si a Vds. les han escalabrado alguna vez (aunque me da que lo de las peleas a pedradas y sus consecuencias sanguinolentas es un recuerdo que queda para los carrozones como yo) saben que eso no sucede, que la sangre no corre formando gráciles gotas por encima del cabello y que, por el contrario, éste empapa aquélla quedando el pelo hecho una mie... porquería. Vale. Aceptemos (¿por qué no?) que la imagen no se formó a la vez que las manchas de sangre y que, por tanto, en realidad la sangre no corría por encima del cabello sino que sólo lo parece. Bien. El problema persiste porque corriera por dónde corriera si lo hacía es porque estaba líquida y si en ese estado ponemos sobre ella una tela absorbente el resultado no es ése como habrán podido comprobar al limpiarse una herida con una gasa o un algodón. ¿Y la teoría del doctor Zugibe, no da una respuesta a ese problema? No, explica porqué pueden aparecer en la Sábana manchas de sangre procedentes (supuestamente) de heridas que ya no podían sangrar al haberse rehumedecido durante el lavado ritual del cadáver, pero eso no explica la extraña absorción de ese líquido sanguinolento.

Claro que el Sr. Ares no debe haberse leído los trabajo del Dr. Zugibe porque dice:

"Un hecho de difícil o imposible explicación es cómo pudo transferirse al lienzo la sangre seca representada en los brazos de la figura." (Pág. 92)

Bueno, Vds. ya saben la respuesta y resulta que no es tan difícil de explicar. Claro que la otra explicación es, sencillamente, que estamos ante una representación artística, pero de eso nos ocuparemos en la siguiente entrada.

-Continuará-

 

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