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Escritos desde el páramo

Haciendo enemigos (III)

Este reconocimiento del derecho a la expresión ajena sin otros límites que los establecidos por la ley, es tanto una buena práctica social como una necesidad intelectual. Imaginemos, por ejemplo, un mundo en el que, conforme a los deseos de algunos integristas, las afirmaciones de tipo esotérico hubieran sido relegadas a una situación de cuasi clandestinidad. Ninguna aparición en ámbitos "serios", ningún reflejo en los medios de comunicación... como si no existiesen o, al menos, como si estuvieran restringidas a un sector minoritario y, además, marginal desde un punto de vista cultural. Para algunos éste puede ser un panorama idílico, para mí sería una pesadilla atroz.
Nuestra sociedad no se ha erigido sobre bases comprobadas experimentalmente y desarrolladas racionalmente sino que es fruto de múltiples aportaciones realizadas en distintas épocas y con diversas procedencias que han terminado por conformar un sincretismo polifacético.
Religión, esoterismo y ciencia se han amalgamado y convertido en parte de nuestra propia vida. Pretender que alguno (o algunos) de esos elementos se vean sometidos al ostracismo es tanto como condenarnos a no entender nuestra sociedad. Nuestras raíces son las que son tanto si nos gustan como si no, por eso debemos entenderlas y no esconderlas.
No obstante, de todo lo dicho hasta este momento no debemos inferir que cualquier afirmación sea inatacable porque eso no sería cierto y, además, resultaría nocivo. La razón para ello es fácil de comprender. La sociedad progresa dejando atrás conceptos erróneos y sustituyéndolos por otros de nuevo cuño mejor adaptados a la realidad de cada momento. Si pensáramos que son inobjetables eso supondría su perpetuación y, en consecuencia, una sociedad invariable que es tanto como decir anquilosada. ¿Se imaginan lo que sería vivir hoy en una sociedad clasista o, aun peor, esclavista?
Por otra parte, tampoco podemos olvidar que el pensamiento crítico funciona. Si estas palabras están llegando a Vds. no es por intervención de un dios, ni por el conjuro de un mago, ni por el uso de alguna extraña facultad mental sino por el empleo de un ordenador conectado con una red de fibra óptica a un servidor... es decir, por unas aplicaciones tecnológicas basadas en conceptos científicos que demuestran así, con hechos, su validez.
Así pues, el que todo el mundo pueda expresar los pensamientos que desee por los medios a los que tenga acceso no significa que no sean criticables ni que todos ellos tengan idéntico valor. Es más, tampoco quiere decir que esos pensamientos sean necesariamente respetables. Sí lo es el derecho a manifestarlos, pero de esa base no podemos pasar a pretender que que esa misma respetabilidad sea extensible a lo expresado porque eso sería un non sequitur de libro.
En los últimos años se ha extendido el relativismo intelectual, la consideración de que al no existir la Verdad toda afirmación es igualmente válida dado que no tenemos la referencia de una Certeza absoluta que nos permita considerarla como realmente falsa o como realmente auténtica. Es decir, el valor de cada afirmación es tan sólo el de reflejar lo que cada individuo considera verdad. Al tener cada uno de nosotros idéntica dignidad como personas, no podemos pretender que las aseveraciones de alguien sean más ciertas que las emitidas por los restantes individuos porque eso sería tanto como considerar que esa persona es superior al resto de los mortales. Esto me parece desde un punto de vista histórico el fruto de una sociedad desorientada que ha visto cómo se derrumbaban sus viejos valores morales sin que hayan sido sustituidos por otros nuevos, desde un punto de vista filosófico un disparate mayúsculo, y desde un punto de vista social la concepción más peligrosa que pueda imaginar.
Dejemos de lado las implicaciones históricas y centrémonos en los restantes aspectos dle problema. Decía que desde un punto de vista filosófico es un disparate mayúsculo porque incurre en la falacia de la falsa disyuntiva. No podemos pretender que "o existe la Verdad o toda afirmación tiene un mero valor subjetivo como expresión de la verdad individual" porque hay otras opciones.
Si decimos que no existe la Verdad es, sencillamente, porque no podemos demostrar lo contrario. Para considerar que existe la Verdad tendríamos que poder sostener que hay algo cierto en todo lugar y todo tiempo. Obviamente eso es algo que sobrepasa las posibilidades de conocimiento de los seres humanos.
No obstante, el que no exista (o no podamos conocer) la Verdad no quiere decir que no existan verdades que, aun reconociendo que están sujetas a revisión constante, son válidas para un tiempo y lugar.
Como las abstracciones son un peñazo (a juicio del que suscribe) pondremos un ejemplo. Supongamos unas condiciones normales. Dejamos caer una manzana desde dos kilómetros de altura ¿qué pasará? Sobre la fruta actúa una fuerza que la atrae hacia la Tierra (también la Tierra es atraída por la manzana, lo que sucede es que hay una "pequeña" diferencia de masa). El resultado final es que la manzana acaba hecha puré contra el suelo. Tal vez dentro de un tiempo X las leyes físicas del Universo hayan cambiado o tal vez exista en algún lugar del Cosmos un lugar en el que rijan otras leyes, de forma que la manzana pueda ser repelida por la Tierra, o la manzana tenga una estructura que la permita atravesar la Tierra sin espachurrarse, o sencillamente, a la manzana la salgan alas y pueda volar e incluso poner huevos con chorizo (a la sidra, obviamente). No obstante, aquí y ahora el resultado es siempre el mismo, puré de manzana.
De esto se olvidaron los antiguos filósofos escépticos y se olvidan los modernos relativistas intelectuales (por cierto, supongo que se habrán dado cuenta de que ambos grupos son equiparables y de ahí que el nombre de "escépticos" sea de lo más inadecuado para designar a los actuales partidarios del pensamiento crítico), que sí existen verdades que sí son accesibles al conocimiento humano y que sí permiten discriminar en muchos casos afirmaciones ciertas de las que no lo son. Por tanto, no todas las afirmaciones tienen el mismo valor.
Por otra parte, en el relativismo intelectual hay mucho de juego mental como en parte de la filosofía clásica. No es extraño porque la sociedad de entonces y la de ahora tienen puntos de contacto, el más importante el estar inmersos en una crisis de valores. Parece como si en esas situaciones florecieran las filosofías más extrañas en abierta oposición a la realidad. Así, Zenón de Elea argumentó la imposibilidad del movimiento; que, por ejemplo, una flecha lanzada contra un blanco jamás alcanzaría su destino puesto que para ello tendría que atravesar un espacio infinitamente divisible en unidades más pequeñas pero la flecha no puede atravesar infinitos puntos así que no llegaría al blanco. Que se sepa, jamás Zenón hizo la prueba de ponerse él de blanco y comprobar si la saeta llegaba o no llegaba. Dijera lo que dijera, sabía perfectamente que del flechazo (y no amoroso) no lo salvaba ni Zeus. Francamente, prefiero la respuesta del cínico (entiéndase en su sentido filosófico) Diógenes, se echó a andar y dijo: "El movimiento se demuestra andando".
De igual forma, los relativistas intelectuales actuales también parecen muy cautos a la hora de someter a experimentación en la vida real sus conclusiones. Por ejemplo, si yo dijera que el cianuro potásico es muy malo para la salud y otra persona asegurara que es de lo más beneficioso, dudo mucho de que ninguno de estos intelectuales a la violeta concediera igual valor a ambas afirmaciones y se tomara cuatro o cinco gramos. Total, todas las aseveraciones sólo tienen un valor subjetivo ¿no? Pues evidentemente no.
Además de erróneo este relativismo intelectual supone un desastre social porque equipara lo que debe estar bien separado. No puede tener la misma consideración la condena de los malos tratos a las mujeres que su aplauso, la condena del terrorismo que su apología... salvo, claro, que queramos cambiar la sociedad e implantar la ley de la selva: el que más chifle, capador. No obstante, tampoco parece que los relativistas intelectuales lleguen a estos extremos (por cierto ¿por qué no se atreven a desarrollar sus "argumentos" hasta sus últimas consecuencias?) y se limitan a mantenerse en terrenos culturales, que si da lo mismo Dan Brown que Tolstói, que si una lata llena de mierda es lo mismo que "Las Meninas"... o que da lo mismo la Homeopatía que la medicina "ortodoxa" pese a que no haya forma de que aquélla consiga ofrecer resultados positivos en las pruebas clínicas controladas.
Así nos luce el pelo, claro.
-Continuará-
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