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Escritos desde el páramo

Haciendo enemigos (II)

Por supuesto, faltaría plus, cada una de las asociaciones se rasga las vestiduras (sotanas, túnicas de mago o batas de laboratorio) denunciando las injerencias ajenas mientras ignora las propias. Por ejemplo, nuestra imaginaria Asociación pro Museo... no dejará de protestar porque los Servilleteros estén pretendiendo demostrar científicamente (o algo así) sus creencias bien sea en forma de Santa Servilleta, de aparición de la Virgen de la Leche, de curación milagrosa de unos juanetes... pero no perderá ocasión de meterse ella misma en terrenos que nada tienen que ver con las leyes físicas como la moral católica, el nuevo papa...
Cada uno de nosotros emplea las tres formas de pensamiento como estima conveniente, sin exclusividades de ningún tipo. Sin embargo, cuando esos pensamientos se proyectan a un nivel social y son defendidos (o tal vez ofendidos) por diversas entidades, esta situación cambia radicalmente. No es que cada una crea tener razón en los campos que les son propios, es que abrigan idéntica pretensión en terrenos completamente ajenos y esto es un inmenso error porque ninguna de ellas está en posesión de la verdad.
¿Cómo? ¿El pensamiento crítico no es la leche condensada en verso alejandrino? La crítica es una magnífica herramienta pero ni garantiza que aquello que pase la criba de la duda metódica sea cierto ni tampoco que aquello que no la pase sea falso, porque dudamos de acuerdo a nuestros conocimientos en cada momento. Conocimientos que ni son completos ni son absolutos y, por tanto, pueden verse corregidos en cualquier momento.
Por otra parte, al estar hablando de una dimensión social ¿lo único que importa es la verdad? Por encima de cualquier otra consideración la sociedad la formamos personas con sueños, anhelos, sentimientos... y frustraciones, desilusiones y dolor. Si alguien encuentra consuelo, un motivo para la esperanza, un poco de placer o, quizás, tan sólo una mera distracción en algo que no es cierto ¿tengo yo derecho a impedirle su libre acceso a una creencia por falsa que ésta sea? Porque no es sólo que tenga derecho a pensar lo que quiera (faltaría más) es que también tiene derecho a expresar su credo por todos los medios a los que logre acceder.
Y no, no es que haya que limitar el derecho a la crítica confundiendo ésta con una vulneración al derecho de expresión porque no lo es, aunque algunos confundan el culo con las témporas y cada vez que les cae un "palo" empiecen con lamentos jeremíacos, que si la nueva Inquisición, que si la quema de brujas, que si te voy a meter una querella por la vía administrativa, la vía penal y la vía Layetana... Lo malo es que puestos a confundir, algunos creen que la crítica consiste en impedir que determinadas creencias se manifiesten en determinados ámbitos.
Volvamos a nuestras imaginarias asociaciones. Supongamos que Fulanito Contactado Psicofónico, el célebre autor de "Mi cara en Bélmez", "La Atlántida en Segovia"... y otros títulos igualmente divertidos (opinión que él no comparte, por supuesto) ha sido invitado a pronunciar una conferencia en la Universidad de Babia. Al tener noticia de este acto, la Asociación pro Museo etc. etc. comienza una campaña de presión al Excmo. Rector mediante el envío de cartas exigiendo que dicha invitación sea revocada.
Pongamos otro ejemplo. Supongamos que Zutanito Ufólogo Creacionista, el célebre autor de "Los OVNis de colorines" y de "Potranca de Ilión", ha conseguido vender a la televisión pública de Alcañete de la Jara una serie de documentales con temas como "Colón era un extraterrestre", "El chupacabras vegetariano"... y otros con igual enjundia. Al tener conocimiento de la emisión de esa serie, la Asociación pro Museo etc. etc. fomenta la redacción de una carta exigiendo la inmediata retirada de esos documentales, el cese del director de la televisión susodicha, y, de paso, que paseen a Zutanito por la rúa con sanbenito y coroza para pública mofa y befa.
Bueno, podrían pretender que eso no es un intento de censura sino una manifestación de repulsa. En mi opinión, en el momento que se intenta impedir la difusión de un mensaje (por muy disparatado que éste sea) sí equivale a una censura que, además y como en los tiempos de Franco, adopta la forma de censura previa porque, evidentemente, nuestra imaginaria Asociación pro Museo etc. etc. no sabe qué es lo que van a decir Fulanito y Zutanito (pueden tener sospechas muy bien fundadas, pero eso no equivale a conocimiento).
Por descontado, esta actitud se vería amparada por una serie de argumentaciones (muy parecidas a unas excusas) como que el pensamiento esotérico es peligroso e impedir su difusión es un bien social, que la sacrosanta misión de las Universidades se ve amenazada por esas malas compañías, que los fondos públicos no pueden usarse para hacer propaganda de falsas afirmaciones, que las verduras de las eras, que el coño de la Bernarda... y otras afirmaciones igualmente peregrinas. No es nada sorprendente. Ya dijimos que todos podemos sostener una creencia atendiendo sólo a aquello que la favorezca y prescindiendo de las pruebas que la contradigan. Eso se llama pensamiento esotérico y aunque parezca una contradicción que nuestra ficticia Asociación (recordemos, dedicada a fomentar el pensamiento crítico) incurra en lo mismo que descalifica, es una mera demostración de la complejidad que todos podemos desarrollar. Otra cosa es que en ese momento uno esté tentado de recordar aquella frase de Valle-Inclán en Luces de bohemia: "Max, no te pongas estupendo."
Veamos. La sociedad no está amenazada porque Fulanito crea que nuestro planeta esté siendo visitado por naves de Orión antipolillas, la Universidad no puede permitirse el vivir de espaldas a la sociedad y, por tanto, puede (y en mi opinión debe) reflejar los debates que se produzcan en su seno, los fondos públicos se emplean, entre otras muchas cosas, en subvencionar partidos políticos, sindicatos, competiciones deportivas, conciertos de música, asociaciones de todo tipo... es decir, cualquier actividad mínimamente representativa.
¿Cómo? ¿El esoterismo no es una amenaza para la sociedad? Pues no, normalmente no lo es y en los casos en que lo sea, no es admisible una generalización. ¿Y el caso de Fulánez que se metió en la secta Platos Cósmicos...? Pues eso. Un caso extremo no debe emplearse para descalificar a toda una disciplina. En caso contrario, mal le iría a la ciencia si recordamos cosas como el Proyecto Manhattan, por ejemplo. El fanatismo es peligroso si se mezcla con la religión, el esoterismo, la ciencia... porque, sencillamente, lo es per se.
El papel de las Universidades parece que, según algunos, debe limitarse a impartir los estudios correspondientes, a fomentar la investigación... No sé en ese esquema dónde encajan los partidos de fúbol-sala o la organización de un campeonato de mus, por citar sólo dos ejemplos de actividades en las que el subscribe participó en sus ya lejanos años de estudiante universitario y con patrocinio de la Alma mater de cuyo nombre no quiero acordarme. Curiosamente nadie organizó una campaña de protesta por esas actividades cuya relación con los estudios, la investigación... parece muy, muy lejana. ¿Esto sí es admisible, pero lo del conferenciante esotérico no? ¿Por qué? ¿Porque lo que diga éste no es verdad? Todavía está por nacer el ocultista que sea capaz de decir más mentiras por segundo que un jugador de mus... En fin, discúlpenme esta broma y seguimos en serio. A lo largo de la historia, en cualquier universidad lo suficientemente antigua se han llegado a enseñar los mayores disparates, desde que la Tierra permanece inmóvil y todos los planetas giran en su órbita a pseudoterapias médicas no sólo inútiles sino incluso peligrosas. Nada de ello ha supuesto su desaparición ni la perversión de su labor docente porque avanzamos corrigiendo los conceptos erróneos heredados de generaciones pasadas. No es tan importante que el estudiante no esté en contacto con afirmaciones falsas, falaces (que inevitablemente lo va a estar)... como el que no sepa reconocerlas. Puesto que el peligro es esto y no aquello, parece lógico que las protestas debieran producirse sobre los contenidos de planes de estudios, de la mala praxis educativa... y no sobre la invitación a Fulanito Contactado a que hable sobre los temas que le interesen, pero no es así. ¿A que es curioso? Bueno, no lo es tanto si pensamos que nuestra ficticia Asociación pro Museo etc. etc. cuenta entre sus miembros con profesores, alumnos... universitarios y que considera este ámbito como su hábitat natural. Evidentemente, criticar no una actuación puntual (algo que es tan inútil como fácil) sino el propio modelo educativo de las Universidades es algo mucho más peligroso para sus intereses profesionales y económicos.
Y ya que hablamos de las pelas de antes y los euros de ahora, llegamos a los fondos públicos. Uno está tentado de recordar todos los despropósitos realizados con el dinero que a fuer de ser de todos termina no siendo de nadie, desde financiaciones de películas que jamás se han estrenado, a ediciones de libros que jamás han salido de los sótanos del ayuntamiento X o la diputación Y... pero, el despilfarro habitual de esos fondos no quiere decir que pueda justificarse un caso más de mal empleo del caudal público, pero ¿es realmente un mal uso? Veamos, se subvencionan, por ejemplo, asociaciones culturales e, incluso, alguna "Asociación Kultural" (sic) que tenía su sede en una propiedad "okupada" y que fue capaz de elaborar un manifiesto con motivo de una exposición de miniaturismo militar en el que entre otras genialidades decía: "es una manifestacion (sic) exaltatoria (sic) de los valores velicistas (sic) que ahi (sic) que desterrar de nuestra sociedad." Dejando aparte la ortografía alternativa de esta "Asociación Kultural", la "burrada" es de consideración porque el miniaturismo militar se dedica a reproducir, no a exaltar nada (por cierto, estos chicos protestaron mucho por la exposición -que contó también con la correspondiente subvención del Ayuntamiento de turno- pero en ningún momento pidieron que no se celebrara o que se cancelara antes de la fecha de finalización prevista). Lo que estaban diciendo no era cierto pero tampoco a nadie se le ocurrió pedir que por ello se les retirara la subvención que recibían y eso que en el seno del Consejo de la Juventud había asociaciones de todo pelaje, desde estos "okupas" que ponían en el balcón de su sede la bandera independentista catalana (en pleno corazón de Castilla) a una agrupación excindida de la antigua OJE porque ésta les parecía muy blanda en cuestiones políticas. Como se pueden imaginar, uno no sabía si ir a estas reuniones con un cuaderno y un bolígrafo o con un chaleco antibalas y un casco de Kevlar. Sencillamente, todos entendíamos que las subvenciones no debían limitarse a una forma de entender la cultura, la sociedad, la política... sino que debían ser plurales porque la sociedad lo es. Bueno, pues parece que cuando en vez de diferencias de este tipo son de tipo pensamiento crítico versus pensamiento esotérico esa pluralidad ya no tiene labor de ser. ¿Por qué? Pues eso mismo quisiera saber yo porque no lo veo justificable en forma alguna.
Por todo ello, o nuestra ficticia Asociación pro Museo etc. etc. se dedica a buscar una argumentación que no haga más aguas que el Manekenpiss o nos dejamos de excusas y admitimos que las Universidades tienen todo el derecho del mundo a invitar a las personas que crean convenientes, que las televisiones (por muy públicas que sean) tienen todo el derecho del mundo a comprar los documentales que crean van a resultar interesantes para su audiencia... y que el que no esté de acuerdo con ello tiene igualmente toda la libertad del mundo para protestar, para intentar acceder a la misma Universidad, a la misma televisión... para exponer sus argumentos contrarios a lo manifestado por los promotores del pensamiento esotérico. Y así, una vez que se hayan expuesto unos y otros argumentos, los asistentes, la audiencia... tendrán la información para optar por una u otra explicación.
Y no, esto no quiere decir que las afirmaciones esotéricas gocen de impunidad ni que todo tenga la misma respetabilidad. Sencillamente, quiere decir que todos tenemos el mismo derecho a no ser discriminados por nuestras creencias, que todos tenemos idéntico derecho a expresarlas, tanto el que piense que las pirámides egipcias fueron construidas por un extraterrestre del planeta Raticulín de Arriba como los que pensamos que las construyeron los egipcios.
-Continuará-
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