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Escritos desde el páramo

Boboblog sobre pensamiento crítico, historia y pseudohistoria.

Temas


Epitafio innecesario

Es propio del ave fénix resurgir de sus cenizas. Es propio de mí no creer en gilipolleces como ésa, pero sí en que las peticiones de los amigos deben ser atendidas en las medida de lo posible. Luis Alfonso Gámez me ha solicitado que publicara de nuevo los contenidos de este blog borrados en protesta por la actitud de los internautas de que en la red se puede copiar impunemente lo que a uno le salga de la punta del capullo (y guay del político que intente poner cortapisa a su derecho divino). Sigo pensando lo mismo. Si por mí fuera, este blog seguiría borrado y eso no supondría pérdida alguna, pero ya conocen al responsable de que no sea así.

 

He recuperado todos los artículos sin cambiar ni una letra, ni siquiera en los casos en que me equivoqué. He de advertirles que en el proceso se han perdido todas las ilustraciones y que los enlaces internos han dejado de funcionar. He eliminado la opción de comentarios porque, sencillamente, no deben esperar respuesta alguna a lo que Vds. quieran decir. Esta etapa de mi vida está pasada. En la actualidad me repugna hasta un punto que no sospechan todo lo relacionado con el escepticismo entendido como una corriente organizada (demasiados imbéciles para mi gusto) y no voy a perder ni un segundo más en estos temas, así que vuelvo a ocuparme de las cosas que realmente importan, una poesía, una novela, una mujer.

19/11/2010 14:27. José Luis Calvo #. Cajón de sastre

¿Por qué?

Por qué ese título? ¿Por qué un nuevo blog en sustitución del antiguo? Lo primero es, posiblemente, lo más difícil de explicar y salvo que conozcan Vds. mi tierra, posiblemente no entiendan ni jota (ni aurresku ni sardana por si acaso topo con el nacionalista de turno). Verán, los páramos son lugares extraños, recorridos por vientos fortísimos y con contrastes de temperatura extremos entre invierno y verano. No son, posiblemente, un paisaje idílico pero me gustan. Son unos de los pocos lugares en los que puedo andar sin encontrar a nadie. Por ello, para mí son un símbolo de la soledad que no es algo necesariamente negativo. Por el contrario, parece que para ser independiente más vale estar solo que mal acompañado. Por ahí va la justificación del título, por mi voluntad de aislamiento, de recorrer el camino que crea debo andar sin nadie al lado.

La segunda pregunta es más fácil de contestar. Un nuevo blog porque la perspectiva va a ser completamente diferente. Si en las ediciones anteriores de Clío primé la respuesta a la Pseudohistoria, en esta nueva andadura eso va a ser algo secundario. ¿Quiere eso decir que bla, bla, bla...? Pues no, sencillamente hay un aspecto que me interesa más que su refutación y es su estudio. ¿De dónde arrancan las creencias? ¿Quiénes propusieron algo y por qué lo hicieron? ¿Cómo se ha modificado una creencia a lo largo del tiempo?... Obviamente, al ser un enfoque completamente distinto, lo mejor era no aumentar el caos en el lector (no cuento con tener más de uno) y comenzar en otro sitio.

Por descontado, este cambio supone que los artículos serán muy diferentes, más largos (¿es eso posible?) y menos frecuentes (avisados quedan de ambas cosas). Si no he conseguido disuadirle de que puede dedicar su tiempo a mejores cosas que dejarse caer por aquí de vez en cuando, terminará pesándole.

19/11/2010 13:34. José Luis Calvo #. Cajón de sastre

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Concesión del premio Favila el Osado

No, hay costumbres que no pienso abandonar. Una de ellas va a ser la concesión periódica de nuestro excelso y nunca bien ponderado galardón (reitero, galardón, no sea que alguien vaya a leer Gallardón y me aparezca por aquí la plana mayor del PP en plan Júpiter Tonante después de la ingesta de unos platos de fabada asturiana).

En verdad sería una lástima que los denodados esfuerzos de tantos y tantos medios de comunicación, personajes de distinta ralea... por hacer mofa, befa y escarnio de la Historia no fuera reconocida en forma alguna. Volvemos pues a las andadas y nos encontramos nuevamente con una extraordinaria abundancia de candidatos. Siempre es difícil la selección. ¿Por qué Fulanito y no la 2 de TVE y su (in)documental sobre el Temple? ¿Por qué Menganito y no Carlos Herrera y su invitación a Íker Jiménez para que perorase sobre las Caras de Bélmez? ¿Por qué no a PP Mari Aznar y su demencial conferencia en los Estados Arrejuntaditos de América? ¿Quién conoce las respuestas a esos interrogante? Pues yo, claro. Sencillamente, porque no me da la republicana gana.

No es que crea que todos ellos no lo merecen (y me juego algo a que todos ellos acabarán apareciendo por este premio más pronto o más tarde) pero en esta ocasión considero que hay alguien que los ha superado, a saber, D. Abdel Kader. ¿Quién es este buen Sr.? Pues el que solicitó que se eliminaran del escudo de Aragón las supuestas cuatro cabezas cortadas de moros porque no suponían un buen ejemplo de convivencia y tolerancia.

Debo confesar que hay cosas que me revientan. Una de ellas es el intento de reescribir la Historia de forma que resulte políticamente correcta. La conquista de la España visigoda por los árabes y la posterior reconquista de los reinos cristianos no se hizo mediante un concurso de bailes de salón sino en el campo de batalla y allí se cortaron cabezas de unos y otros. El pretender borrar o inventarse una historia alternativa es una inmensa chorrada como calificó justamente esta pretensión el Sr. Labordeta.

No obstante, hay cosas que me fastidian aún más y una de ellas es la ignorancia y el tragarse las batallitas del abuelo Cebolleta como si fueran palabra de Dios o Alá. La disciplina que estudia los escudos nobiliarios es la pobre Heráldica que nunca ha sido tan maltratada como en estos días por unos y por otros porque, en origen, ni eran cabezas cortadas de moros ni leches en vinagre. La curiosa y fantasiosa explicación de ese símbolo como recuerdo de la reconquista de Huesca es de finales del S XV y completamente falsa. Dado que la imagen aparece por primera vez (que se sepa) en un sello de plomo unos doscientos años antes podemos ver que en origen las cabezas fueran posiblemente de negros dado sus labios gruesos y su pelo rizado. ¿Negros? ¿Y qué pintaban los negros en Huesca? Pues nada, pero para nuestros antepasados que eran más racistas que el KKK el demonio aparece representado con mucha frecuencia como tal. Cabezas de demonios, una cruz... Ummm. ¿Por qué me parecerá que esto nada tiene que ver con la Reconquista y sí con el(supuesto) poder de la Iglesia para vencer al mal? Por cierto, en Heráldica las cabezas cortadas se representan goteando sangre lo que no es el caso del escudo aragonés. En fin, magnífica ocasión de haberse estado en silencio o para dedicarse a actividades que, realmente, supongan una mayor tolerancia entre diversas religiones. Por ejemplo, me gustaría sugerir al Sr. Kader que solicite al gobierno de Arabia Saudí que permita que, al igual que en España los musulmanes pueden construir mezquitas, allí los cristianos puedan edificar iglesias, o, sencillamente, que los aviones suizos no tengan que aterrizar en Riad de noche para que no se vea la cruz de su bandera. Es que ya está bien de que la tolerancia sólo se les exija a unos mientros otros pueden hacer de su capa un sayo (o un turbante).

En fin, por todo ello disponemos que el nombre de D. Abdel Kader figure inscrito (en caracteres árabes, por supuesto) en la peana de nuestro rijoso galardón. Cúmplase etc. etc.

¿Idiotas, irracionales, aprovechados...?

Una de las cuestiones que siempre me han sorprendido del escepticismo organizado (que paradójicamente, como en el viejo chiste de que iban a conceder el Nobel de Física a Franco por haber conseguido inmovilizar el Movimiento, si por algo se caracteriza es por su desorganización) es la facilidad de alguno de sus componentes para explicar el porqué cree la gente de forma simple. Sencillamente, para tan "elevados" pensadores, siempre detrás de la credulidad hay un consuelo para el creyente, una irracionalidad, una idiotez generalizada o un provecho económico. Todo ello muy sencillito y bien aderezado de insultos al contrario y, por tanto, más digno de un "Crónicas marcianas" (del televisivo, no de la novela homónima) que de un supuesto movimiento filosófico.

La realidad, por supuesto, es infinitamente más compleja que esa sucesión de clichés. Comencemos por la más generalizada y, por lo que sabemos, más antigua creencia, la religión. Ignoramos cuándo, cómo y porqué nació. Cuando las sociedades pasan de un estadio cultural prehistórico (es decir, sin escritura) a uno histórico las religiones ya están allí. Los intentos de reconstruir las religiones prehistóricas son imposibles. Sólo algunos ritos de enterramiento, algunas figuras como las llamadas Venus esteatopigias parecen abonar la creencia en una vida de ultratumba y en cultos a la fertilidad humana, pero las dudas sobre algo más complejo que estas ideas simples (e incluso éstas no son aceptadas por todos los autores en especial las relativas al segundo de los temas) no tienen ni previsiblemente tendrán nunca respuesta.

Así pues, debemos irnos a la primera sociedad cuya escritura somos capaces de leer, la sumeria. Siempre se ha dicho que toda religión incluye una cosmogonía (es decir, una creación del Universo que puede incluir o no una teogonía -creación de los propios dioses-) y una soteriología (es decir, unas normas, ritos, conjuros... que permiten la salvación al Más Allá). Sin embargo, la religión sumeria carece de la segunda. El destino de todo hombre independientemente de sus actos es el mismo. Nada de Cielo e Infierno y sí un lugar subterráneo (kur-nu-gi-a) frío, oscuro, y polvoriento por el que vagaban las sombras de los que habían fallecido y cruzado el río Ilurugu. ¿Qué sensación de consuelo puede extraerse de ello? Tal vez los sumerios fueron unos hombre especiales (y un pelo masoquistas) pero yo, al menos, debo confesar que ése se me antoja un destino muy poco (nada, más bien) deseable.

Y sin embargo los sumerios creían por lo que la respuesta sigue en pie, ¿por qué? Evidentemente no eran estúpidos (hombre, alguno habría como en todas partes, pero basta con ver los logros culturales y artísticos que alcanzaron para desestimar una idiocía generalizada) y aunque sí sea posible encontrar una justificación económica en los sacerdotes, ésta no existe en el pueblo llano. ¿Eran, pues, irracionales?

Para saberlo, centrémonos en el aspecto general de las religiones que sí aparece en la religión sumeria, la Cosmogonía o mejor dicho, las Cosmogonías porque hay varias donde poder elegir. El hecho de que existan varias ya nos da una primera pista. Son intentos pero ¿de qué? Pues de explicar el mundo, por qué las cosas son como son y no de otra manera. Por qué existe un mundo con su tierra, sus aguas, sus aires y su bóveda celeste con luces en ella.

Ese intento de explicación puede movernos a risa, pero no debemos de olvidar que los conocimientos que tenemos hoy no los poseían los sumerios. Sencillamente, intenten explicar el Universo desde la ignorancia de conceptos fundamentales como el Big Bang, la evolución... y sin ni siquiera saber la naturaleza de esas luces que se podían ver en el cielo. ¿Irracionales? No lo fueron. Ni siquiera el gran Aristóteles, una de las mente más lúcidas de la historia de la humanidad, fue capaz de hacerlo mejor.

Veamos. Tenemos un mundo en el que las cosas materiales parecen estar condenadas a la desaparición (recuerden que aquello de que la materia ni se crea ni se destruye... todavía no había sido formulado). Puesto que la muerte es el fin de todas las cosas, deben haber tenido un principio, ese principio a su vez tendrá otro principio... y esa secuencia conduce o al aparante absurdo de algo material que existe desde siempre (respuesta que también se dio desde, por ejemplo, el Taoísmo) o bien a una creación de la materia por algo inmaterial y, por tanto, ajeno a esa secuencia de nacimiento y muerte. Llámese motor inmóvil o dioses el argumento es el mismo y no es irracional (eso sí, parte de una premisa falsa).

Tenemos pues unos seres inmateriales que crean la materia. La pregunta lógica es ¿por qué lo hicieron? Y aquí caemos en el principio antropocéntrico. Puesto que los que tenemos conocimiento de la existencia de esos seres inmateriales somos los hombres, el fin de la creación es el ser humano y todo lo demás existe en tanto y cuanto es necesario para la vida humana. En última instancia, los dioses crean al hombre para que les sirvamos y el resto del Universo para que nos sirva a nosotros. (El para qué demonios necesitaban los dioses ser servidos por seres humanos es algo que sólo se puede explicar desde la antropoización de los dioses lo que sí condujo a una paradoja sin sentido, los dioses debían ser fundamentalmente distintos a los seres humanos puesto que eran capaces de crear, eran inmortales... y, sin embargo, debían tener los mismos deseos que los hombres).

Esta idea de creación de lo material (creación coronada por la de los seres humanos) por seres inmateriales además de ser un intento de explicación del mundo fue también la causa de una creencia que tendrá consecuencias muy duraderas. Puesto que la materia es imperfecta, cuanto más cerca nos situáramos de esa supuesta creación divina, el mundo sería tanto menos imperfecto o, lo que es lo mismo, más perfecto. Si esto ya se formuló en la religión sumeria en la que los grandes dioses crean divinidades menores que, aunque sean supuestamente inmortales, sí hay ocasiones en las que pueden morir (vamos, que esta segunda generación divina era inmortal pero menos) terminaría por constituir un mito que está detrás no sólo de muchas creencias ocultistas sino también de otras creencias que, en principio, consideramos ajenas a éstas como las afirmaciones ecólatras. Ese mito, por supuesto, es el de la Edad de Oro.

BIBLIOGRAFÍA: Sobre la religión sumeria véase el capítulo correspondiente en "La Civilización Sumeria" de Francisco Lara Peinado. Biblioteca de Historia. Ed. Historia 16. Madrid, 1999.
19/11/2010 13:23. José Luis Calvo #. Historia

La Edad de ¿Oro?

Habíamos dejado a nuestros antepasados propugnando la intervención de unos seres sobrehumanos (vulgo dioses) como creadores del Universo y de estos simios bípedos que cada vez parecemos más empecinados en rememorar a nuestros ancestros irracionales (no sé porqué extraña razón el Parlamento español cada vez me recuerda más a un documental de la NG sobre comportamientos grupales en una manada de babuinos).

Como nuestros antecesores "en este valle de lágrimas" no tenían televisión pudieron dedicarse a pensar en las implicaciones que se derivaban de esta creación divina. Pronto surgiría un dilema que, hasta la fecha, las religiones no han conseguido explicar satisfactoriamente (en mi opinión, claro, supongo que para sus fieles sí lo han hecho) y que está implícita en ese entrecomillado anterior y que es parte de una conocida oración católica. Si el Universo con todo lo que contiene ha sido creado por un ser perfecto (o casi) ¿por qué es una chapuza de consideración? ¿Por qué este mundo semeja más a un "valle de lágrimas" que a la construcción de un ser (o unos seres) de poderes y saberes inimaginables?

Las respuestas han sido múltiples, desde una creación dual en la que no sólo interviene un dios bueno sino también uno malo a la creación perfecta que se "jod..." por culpa de los seres humanos. Sin embargo, me gustaría centrarme en otra respuesta por sus implicaciones en el pensamiento esotérico (no, no son términos contradictorios), la de que es imposible hasta para un dios que un universo material sea perfecto. Supongamos que la materia no está condenada a la aparente destrucción en un plazo más o menos largo de tiempo por un defecto de la divinidad, por la intervención de una divinidad malvada... sino por un defecto inherente a la propia materia. ¿A qué conclusiones nos llevaría esa hipótesis?

Evidentemente, a que cuanto más retrocedamos en el tiempo, cuanto más nos acerquemos a ese supuesto momento de la creación, el mundo sería tanto más perfecto. Las sucesivas generaciones irán acumulando errores sobre errores, corrompiéndose sin remedio. Incluso en alguna de las religiones que adoptaron otra respuesta como las judeo-cristianas (recuérdese el mito del Edén en el que no existía el dolor ni la muerte hasta que la "costilla" metió la "pata") hay huellas de este otro intento de explicación. Leamos la Biblia (ejercicio de lo más recomendable) y allí nos encontraremos con las edades imposibles de los primeros seres humanos. Adán "cascó" a los 930 años, Set a los 912, Enós a los 905, Quenán a los 910, Mahalalel a los 895, Yéred a los 962, Henoc a los 365 fue "abducido" por Dios, Matusalén tiene el récord, 967 años, Lámec a los 777 y Noé a los 500 años engendró a Sem, Cam y Jafet (coñe con el ancianito) y vivió hasta los 950 años. Pero los hijos de Dios tomaron por esposas a las hijas de los hombres y Yahvé dijo: "No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años." (Gen. 6, 1-3). No obstante el drástico descenso de la esperanza de vida, los nefilim (los resultados de la unión entre hijos de Dios e hijas de los hombres) "fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos." (Gen. 6, 4).

En otras culturas que nada tienen que ver con la judeo-cristiana aparecen igualmente seres de longevidad imposible como en China con P´an Ku que vivó la friolera de 18.000 años.

Por descontado, este periodo cercano a la creación supone una auténtica Edad de Oro. El mundo recién creado era mucho más perfecto, la vida humana mucho más prolongada y feliz porque no había existido tiempo para desviarse del plan divino. Pero esa pérdida ¿era irreparable? Si la vida había sido mucho más sencilla cuando la humanidad vivía más cercana a la divinidad ¿no bastaría con acercarse de nuevo a aquellos ideales para recuperar lo perdido? No obstante para poder recobrar la perdida Edad de Oro es necesario conocer qué pretendía esa divinidad. En las religiones ese conocimiento deriva de la propia revelación divina pero no fue ésa la única respuesta (o las únicas respuestas porque cada religión pretende ser, lógicamente, la respuesta a una revelación en particular) porque también y de forma mucho más interesante para nuestro propósito esas cuestiones fueron respondidas desde la filosofía.

En efecto, ninguna religión llegaría a una reflexión tan profunda sobre este problema como un filósofo ateniense, una de las mentes más brillantes que jamás haya conocido el mundo y, a la vez, el padre (o el abuelo) de muchas de las creencias esotérica. Su importancia merece que le dediquemos las próximas entradas. Su nombre, o más propiamente su apodo, como ya habrán adivinado, es Platón.
19/11/2010 13:23. José Luis Calvo #. Historia


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