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Escritos desde el páramo

Epitafio innecesario

Es propio del ave fénix resurgir de sus cenizas. Es propio de mí no creer en gilipolleces como ésa, pero sí en que las peticiones de los amigos deben ser atendidas en las medida de lo posible. Luis Alfonso Gámez me ha solicitado que publicara de nuevo los contenidos de este blog borrados en protesta por la actitud de los internautas de que en la red se puede copiar impunemente lo que a uno le salga de la punta del capullo (y guay del político que intente poner cortapisa a su derecho divino). Sigo pensando lo mismo. Si por mí fuera, este blog seguiría borrado y eso no supondría pérdida alguna, pero ya conocen al responsable de que no sea así.

 

He recuperado todos los artículos sin cambiar ni una letra, ni siquiera en los casos en que me equivoqué. He de advertirles que en el proceso se han perdido todas las ilustraciones y que los enlaces internos han dejado de funcionar. He eliminado la opción de comentarios porque, sencillamente, no deben esperar respuesta alguna a lo que Vds. quieran decir. Esta etapa de mi vida está pasada. En la actualidad me repugna hasta un punto que no sospechan todo lo relacionado con el escepticismo entendido como una corriente organizada (demasiados imbéciles para mi gusto) y no voy a perder ni un segundo más en estos temas, así que vuelvo a ocuparme de las cosas que realmente importan, una poesía, una novela, una mujer.

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¿Por qué?

Por qué ese título? ¿Por qué un nuevo blog en sustitución del antiguo? Lo primero es, posiblemente, lo más difícil de explicar y salvo que conozcan Vds. mi tierra, posiblemente no entiendan ni jota (ni aurresku ni sardana por si acaso topo con el nacionalista de turno). Verán, los páramos son lugares extraños, recorridos por vientos fortísimos y con contrastes de temperatura extremos entre invierno y verano. No son, posiblemente, un paisaje idílico pero me gustan. Son unos de los pocos lugares en los que puedo andar sin encontrar a nadie. Por ello, para mí son un símbolo de la soledad que no es algo necesariamente negativo. Por el contrario, parece que para ser independiente más vale estar solo que mal acompañado. Por ahí va la justificación del título, por mi voluntad de aislamiento, de recorrer el camino que crea debo andar sin nadie al lado.

La segunda pregunta es más fácil de contestar. Un nuevo blog porque la perspectiva va a ser completamente diferente. Si en las ediciones anteriores de Clío primé la respuesta a la Pseudohistoria, en esta nueva andadura eso va a ser algo secundario. ¿Quiere eso decir que bla, bla, bla...? Pues no, sencillamente hay un aspecto que me interesa más que su refutación y es su estudio. ¿De dónde arrancan las creencias? ¿Quiénes propusieron algo y por qué lo hicieron? ¿Cómo se ha modificado una creencia a lo largo del tiempo?... Obviamente, al ser un enfoque completamente distinto, lo mejor era no aumentar el caos en el lector (no cuento con tener más de uno) y comenzar en otro sitio.

Por descontado, este cambio supone que los artículos serán muy diferentes, más largos (¿es eso posible?) y menos frecuentes (avisados quedan de ambas cosas). Si no he conseguido disuadirle de que puede dedicar su tiempo a mejores cosas que dejarse caer por aquí de vez en cuando, terminará pesándole.

Concesión del premio Favila el Osado

No, hay costumbres que no pienso abandonar. Una de ellas va a ser la concesión periódica de nuestro excelso y nunca bien ponderado galardón (reitero, galardón, no sea que alguien vaya a leer Gallardón y me aparezca por aquí la plana mayor del PP en plan Júpiter Tonante después de la ingesta de unos platos de fabada asturiana).

En verdad sería una lástima que los denodados esfuerzos de tantos y tantos medios de comunicación, personajes de distinta ralea... por hacer mofa, befa y escarnio de la Historia no fuera reconocida en forma alguna. Volvemos pues a las andadas y nos encontramos nuevamente con una extraordinaria abundancia de candidatos. Siempre es difícil la selección. ¿Por qué Fulanito y no la 2 de TVE y su (in)documental sobre el Temple? ¿Por qué Menganito y no Carlos Herrera y su invitación a Íker Jiménez para que perorase sobre las Caras de Bélmez? ¿Por qué no a PP Mari Aznar y su demencial conferencia en los Estados Arrejuntaditos de América? ¿Quién conoce las respuestas a esos interrogante? Pues yo, claro. Sencillamente, porque no me da la republicana gana.

No es que crea que todos ellos no lo merecen (y me juego algo a que todos ellos acabarán apareciendo por este premio más pronto o más tarde) pero en esta ocasión considero que hay alguien que los ha superado, a saber, D. Abdel Kader. ¿Quién es este buen Sr.? Pues el que solicitó que se eliminaran del escudo de Aragón las supuestas cuatro cabezas cortadas de moros porque no suponían un buen ejemplo de convivencia y tolerancia.

Debo confesar que hay cosas que me revientan. Una de ellas es el intento de reescribir la Historia de forma que resulte políticamente correcta. La conquista de la España visigoda por los árabes y la posterior reconquista de los reinos cristianos no se hizo mediante un concurso de bailes de salón sino en el campo de batalla y allí se cortaron cabezas de unos y otros. El pretender borrar o inventarse una historia alternativa es una inmensa chorrada como calificó justamente esta pretensión el Sr. Labordeta.

No obstante, hay cosas que me fastidian aún más y una de ellas es la ignorancia y el tragarse las batallitas del abuelo Cebolleta como si fueran palabra de Dios o Alá. La disciplina que estudia los escudos nobiliarios es la pobre Heráldica que nunca ha sido tan maltratada como en estos días por unos y por otros porque, en origen, ni eran cabezas cortadas de moros ni leches en vinagre. La curiosa y fantasiosa explicación de ese símbolo como recuerdo de la reconquista de Huesca es de finales del S XV y completamente falsa. Dado que la imagen aparece por primera vez (que se sepa) en un sello de plomo unos doscientos años antes podemos ver que en origen las cabezas fueran posiblemente de negros dado sus labios gruesos y su pelo rizado. ¿Negros? ¿Y qué pintaban los negros en Huesca? Pues nada, pero para nuestros antepasados que eran más racistas que el KKK el demonio aparece representado con mucha frecuencia como tal. Cabezas de demonios, una cruz... Ummm. ¿Por qué me parecerá que esto nada tiene que ver con la Reconquista y sí con el(supuesto) poder de la Iglesia para vencer al mal? Por cierto, en Heráldica las cabezas cortadas se representan goteando sangre lo que no es el caso del escudo aragonés. En fin, magnífica ocasión de haberse estado en silencio o para dedicarse a actividades que, realmente, supongan una mayor tolerancia entre diversas religiones. Por ejemplo, me gustaría sugerir al Sr. Kader que solicite al gobierno de Arabia Saudí que permita que, al igual que en España los musulmanes pueden construir mezquitas, allí los cristianos puedan edificar iglesias, o, sencillamente, que los aviones suizos no tengan que aterrizar en Riad de noche para que no se vea la cruz de su bandera. Es que ya está bien de que la tolerancia sólo se les exija a unos mientros otros pueden hacer de su capa un sayo (o un turbante).

En fin, por todo ello disponemos que el nombre de D. Abdel Kader figure inscrito (en caracteres árabes, por supuesto) en la peana de nuestro rijoso galardón. Cúmplase etc. etc.

La Edad de ¿Oro?

Habíamos dejado a nuestros antepasados propugnando la intervención de unos seres sobrehumanos (vulgo dioses) como creadores del Universo y de estos simios bípedos que cada vez parecemos más empecinados en rememorar a nuestros ancestros irracionales (no sé porqué extraña razón el Parlamento español cada vez me recuerda más a un documental de la NG sobre comportamientos grupales en una manada de babuinos).

Como nuestros antecesores "en este valle de lágrimas" no tenían televisión pudieron dedicarse a pensar en las implicaciones que se derivaban de esta creación divina. Pronto surgiría un dilema que, hasta la fecha, las religiones no han conseguido explicar satisfactoriamente (en mi opinión, claro, supongo que para sus fieles sí lo han hecho) y que está implícita en ese entrecomillado anterior y que es parte de una conocida oración católica. Si el Universo con todo lo que contiene ha sido creado por un ser perfecto (o casi) ¿por qué es una chapuza de consideración? ¿Por qué este mundo semeja más a un "valle de lágrimas" que a la construcción de un ser (o unos seres) de poderes y saberes inimaginables?

Las respuestas han sido múltiples, desde una creación dual en la que no sólo interviene un dios bueno sino también uno malo a la creación perfecta que se "jod..." por culpa de los seres humanos. Sin embargo, me gustaría centrarme en otra respuesta por sus implicaciones en el pensamiento esotérico (no, no son términos contradictorios), la de que es imposible hasta para un dios que un universo material sea perfecto. Supongamos que la materia no está condenada a la aparente destrucción en un plazo más o menos largo de tiempo por un defecto de la divinidad, por la intervención de una divinidad malvada... sino por un defecto inherente a la propia materia. ¿A qué conclusiones nos llevaría esa hipótesis?

Evidentemente, a que cuanto más retrocedamos en el tiempo, cuanto más nos acerquemos a ese supuesto momento de la creación, el mundo sería tanto más perfecto. Las sucesivas generaciones irán acumulando errores sobre errores, corrompiéndose sin remedio. Incluso en alguna de las religiones que adoptaron otra respuesta como las judeo-cristianas (recuérdese el mito del Edén en el que no existía el dolor ni la muerte hasta que la "costilla" metió la "pata") hay huellas de este otro intento de explicación. Leamos la Biblia (ejercicio de lo más recomendable) y allí nos encontraremos con las edades imposibles de los primeros seres humanos. Adán "cascó" a los 930 años, Set a los 912, Enós a los 905, Quenán a los 910, Mahalalel a los 895, Yéred a los 962, Henoc a los 365 fue "abducido" por Dios, Matusalén tiene el récord, 967 años, Lámec a los 777 y Noé a los 500 años engendró a Sem, Cam y Jafet (coñe con el ancianito) y vivió hasta los 950 años. Pero los hijos de Dios tomaron por esposas a las hijas de los hombres y Yahvé dijo: "No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años." (Gen. 6, 1-3). No obstante el drástico descenso de la esperanza de vida, los nefilim (los resultados de la unión entre hijos de Dios e hijas de los hombres) "fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos." (Gen. 6, 4).

En otras culturas que nada tienen que ver con la judeo-cristiana aparecen igualmente seres de longevidad imposible como en China con P´an Ku que vivó la friolera de 18.000 años.

Por descontado, este periodo cercano a la creación supone una auténtica Edad de Oro. El mundo recién creado era mucho más perfecto, la vida humana mucho más prolongada y feliz porque no había existido tiempo para desviarse del plan divino. Pero esa pérdida ¿era irreparable? Si la vida había sido mucho más sencilla cuando la humanidad vivía más cercana a la divinidad ¿no bastaría con acercarse de nuevo a aquellos ideales para recuperar lo perdido? No obstante para poder recobrar la perdida Edad de Oro es necesario conocer qué pretendía esa divinidad. En las religiones ese conocimiento deriva de la propia revelación divina pero no fue ésa la única respuesta (o las únicas respuestas porque cada religión pretende ser, lógicamente, la respuesta a una revelación en particular) porque también y de forma mucho más interesante para nuestro propósito esas cuestiones fueron respondidas desde la filosofía.

En efecto, ninguna religión llegaría a una reflexión tan profunda sobre este problema como un filósofo ateniense, una de las mentes más brillantes que jamás haya conocido el mundo y, a la vez, el padre (o el abuelo) de muchas de las creencias esotérica. Su importancia merece que le dediquemos las próximas entradas. Su nombre, o más propiamente su apodo, como ya habrán adivinado, es Platón.

¿Idiotas, irracionales, aprovechados...?

Una de las cuestiones que siempre me han sorprendido del escepticismo organizado (que paradójicamente, como en el viejo chiste de que iban a conceder el Nobel de Física a Franco por haber conseguido inmovilizar el Movimiento, si por algo se caracteriza es por su desorganización) es la facilidad de alguno de sus componentes para explicar el porqué cree la gente de forma simple. Sencillamente, para tan "elevados" pensadores, siempre detrás de la credulidad hay un consuelo para el creyente, una irracionalidad, una idiotez generalizada o un provecho económico. Todo ello muy sencillito y bien aderezado de insultos al contrario y, por tanto, más digno de un "Crónicas marcianas" (del televisivo, no de la novela homónima) que de un supuesto movimiento filosófico.

La realidad, por supuesto, es infinitamente más compleja que esa sucesión de clichés. Comencemos por la más generalizada y, por lo que sabemos, más antigua creencia, la religión. Ignoramos cuándo, cómo y porqué nació. Cuando las sociedades pasan de un estadio cultural prehistórico (es decir, sin escritura) a uno histórico las religiones ya están allí. Los intentos de reconstruir las religiones prehistóricas son imposibles. Sólo algunos ritos de enterramiento, algunas figuras como las llamadas Venus esteatopigias parecen abonar la creencia en una vida de ultratumba y en cultos a la fertilidad humana, pero las dudas sobre algo más complejo que estas ideas simples (e incluso éstas no son aceptadas por todos los autores en especial las relativas al segundo de los temas) no tienen ni previsiblemente tendrán nunca respuesta.

Así pues, debemos irnos a la primera sociedad cuya escritura somos capaces de leer, la sumeria. Siempre se ha dicho que toda religión incluye una cosmogonía (es decir, una creación del Universo que puede incluir o no una teogonía -creación de los propios dioses-) y una soteriología (es decir, unas normas, ritos, conjuros... que permiten la salvación al Más Allá). Sin embargo, la religión sumeria carece de la segunda. El destino de todo hombre independientemente de sus actos es el mismo. Nada de Cielo e Infierno y sí un lugar subterráneo (kur-nu-gi-a) frío, oscuro, y polvoriento por el que vagaban las sombras de los que habían fallecido y cruzado el río Ilurugu. ¿Qué sensación de consuelo puede extraerse de ello? Tal vez los sumerios fueron unos hombre especiales (y un pelo masoquistas) pero yo, al menos, debo confesar que ése se me antoja un destino muy poco (nada, más bien) deseable.

Y sin embargo los sumerios creían por lo que la respuesta sigue en pie, ¿por qué? Evidentemente no eran estúpidos (hombre, alguno habría como en todas partes, pero basta con ver los logros culturales y artísticos que alcanzaron para desestimar una idiocía generalizada) y aunque sí sea posible encontrar una justificación económica en los sacerdotes, ésta no existe en el pueblo llano. ¿Eran, pues, irracionales?

Para saberlo, centrémonos en el aspecto general de las religiones que sí aparece en la religión sumeria, la Cosmogonía o mejor dicho, las Cosmogonías porque hay varias donde poder elegir. El hecho de que existan varias ya nos da una primera pista. Son intentos pero ¿de qué? Pues de explicar el mundo, por qué las cosas son como son y no de otra manera. Por qué existe un mundo con su tierra, sus aguas, sus aires y su bóveda celeste con luces en ella.

Ese intento de explicación puede movernos a risa, pero no debemos de olvidar que los conocimientos que tenemos hoy no los poseían los sumerios. Sencillamente, intenten explicar el Universo desde la ignorancia de conceptos fundamentales como el Big Bang, la evolución... y sin ni siquiera saber la naturaleza de esas luces que se podían ver en el cielo. ¿Irracionales? No lo fueron. Ni siquiera el gran Aristóteles, una de las mente más lúcidas de la historia de la humanidad, fue capaz de hacerlo mejor.

Veamos. Tenemos un mundo en el que las cosas materiales parecen estar condenadas a la desaparición (recuerden que aquello de que la materia ni se crea ni se destruye... todavía no había sido formulado). Puesto que la muerte es el fin de todas las cosas, deben haber tenido un principio, ese principio a su vez tendrá otro principio... y esa secuencia conduce o al aparante absurdo de algo material que existe desde siempre (respuesta que también se dio desde, por ejemplo, el Taoísmo) o bien a una creación de la materia por algo inmaterial y, por tanto, ajeno a esa secuencia de nacimiento y muerte. Llámese motor inmóvil o dioses el argumento es el mismo y no es irracional (eso sí, parte de una premisa falsa).

Tenemos pues unos seres inmateriales que crean la materia. La pregunta lógica es ¿por qué lo hicieron? Y aquí caemos en el principio antropocéntrico. Puesto que los que tenemos conocimiento de la existencia de esos seres inmateriales somos los hombres, el fin de la creación es el ser humano y todo lo demás existe en tanto y cuanto es necesario para la vida humana. En última instancia, los dioses crean al hombre para que les sirvamos y el resto del Universo para que nos sirva a nosotros. (El para qué demonios necesitaban los dioses ser servidos por seres humanos es algo que sólo se puede explicar desde la antropoización de los dioses lo que sí condujo a una paradoja sin sentido, los dioses debían ser fundamentalmente distintos a los seres humanos puesto que eran capaces de crear, eran inmortales... y, sin embargo, debían tener los mismos deseos que los hombres).

Esta idea de creación de lo material (creación coronada por la de los seres humanos) por seres inmateriales además de ser un intento de explicación del mundo fue también la causa de una creencia que tendrá consecuencias muy duraderas. Puesto que la materia es imperfecta, cuanto más cerca nos situáramos de esa supuesta creación divina, el mundo sería tanto menos imperfecto o, lo que es lo mismo, más perfecto. Si esto ya se formuló en la religión sumeria en la que los grandes dioses crean divinidades menores que, aunque sean supuestamente inmortales, sí hay ocasiones en las que pueden morir (vamos, que esta segunda generación divina era inmortal pero menos) terminaría por constituir un mito que está detrás no sólo de muchas creencias ocultistas sino también de otras creencias que, en principio, consideramos ajenas a éstas como las afirmaciones ecólatras. Ese mito, por supuesto, es el de la Edad de Oro.

BIBLIOGRAFÍA: Sobre la religión sumeria véase el capítulo correspondiente en "La Civilización Sumeria" de Francisco Lara Peinado. Biblioteca de Historia. Ed. Historia 16. Madrid, 1999.

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Timocracia no significa gobierno de los timadores

Pretender condensar en pocas palabras la filosofía platónica está condenado al fracaso. Un autor del que Whitehead aseguró que la filosofía occidental eran meras notas a pie de página de la obra del gran filósofo ateniense no merece recesiones ni lecturas parciales. Por eso, antes de nada, debo recomendarles que lean los textos originales (en la editorial Gredos pueden encontrar todos los Diálogos en magníficas traducciones).

Sin embargo, tampoco podemos prescindir en estos tiempos de desprecio de las disciplinas humanísticas de apuntar aquellos temas que más se relacionan con nuestro objeto de estudio. Por otra parte, la obra de Platón es tan compleja y amplia que, con frecuencia, a Platón se le ha citado como autoridad para pretender justificar casi cualquier cosa cortando y pegando por dónde le conviniera al comentarista de turno (cuando, en otra entrega, veamos el mito de la Atlántida tendremos un buen ejemplo de ello por cuanto los atlantófilos suelen ignorar todo o casi todo de la obra platónica). El procedimiento de citar parcialmente prescindiendo del sentido que adquiere ese fragmento en una obra de mayor amplitud es, obviamente, una invitación al error (y al horror).

No obstante, esto es tan válido para los atlantófilos como para el que subscribe. Deben tenerlo muy en cuenta y recordar en todo momento que la obra filosófica del ateniense es mucho más amplia, compleja e importante de lo que vamos a ver. es más, podrán encontrar con facilidad interpretaciones que no coincidirán con lo que voy a escribir. Dado que no pretendo estar en posesión de la Verdad, harán muy bien en leer más interpretaciones, más estudios sobre el platonismo y quedarse con aquello que les parezca estar mejor fundado. Una vez hechas estas necesarias salvedades y con un nuevo llamamiento a que lean esta página con espíritu crítico, podemos comenzar.

Platón, es bien sabido, fue discípulo de Sócrates. Sócrates, es también conocido, fue condenado a muerte por la democracia ateniense. Tal vez sea más ignorado que este episodio es uno de los misterios de la antigüedad. En realidad de Sócrates desconocemos muchas cosas comenzando por el "pequeño" problema de que no dejó obra escrita. Por ello debemos acercarnos al pensamiento socrático a través de obras de terceros que fueron, principalmente discípulos suyos directos (Platón) o indirectos (Aristóteles que lo fue de Platón). Desde hace tiempo, los historiadores de la filosofía han intentado deslindar en los Diálogos platónicos qué procede de Sócrates y qué le atribuye Platón. En virtud de esa mayor o menor fidelidad a la enseñanza socrática se han definido tres periodos en la obra platónica:

A) Diálogos socráticos. Posiblemente el Sócrates que aparece en ellos sea el real, el filósofo que pregunta a los sabios "¿Qué es...?" para descubrir sus errores y sus incongruencias. Con ello corroía las ideas imperantes en su tiempo y, posiblemente, fue eso lo que condujo a su ejecución. Pertenecen a esta etapa los diálogos Laques, Cármides, Eutifrón, Lisis, Hipias menor, Ion, Hipias mayor, Apología, Critón y Protágoras. Gorgias está a caballo entre esta etapa y la siguiente.

B) Diálogos doctrinales. Posiblemente aquí Sócrates ya no es él en realidad sino el propio Platón. Ya no se limita a preguntar sino que expone su propia doctrina, un pensamiento influido por los mitos órfico-pitagóricos que posiblemente Platón conociera en su primer viaje a Sicilia. A esta etapa pertenecen alguno de sus diálogos más conocidos: Menón, Crátilo, Eutidemo, Menéxeno, Banquete, Fedón, República y Fedro.

C) Diálogos críticos. La doctrina platónica no está exenta de contradicciones y problemas. Su crítica es pues fundamental para aclarar conceptos. Pertenecen a esta etapa: Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Filebo, Timeo, Critias y Leyes. (Para mayor abundamiento sobre estas cuestiones, véase "Historia de la Filosofía" Por Felipe Martínez Marzoa. Editorial Istmo. Madrid, 1973)

Centrémonos primero en la obra fundamental de la segunda etapa y, en opinión de muchos, en el texto filosófico más importante que la humanidad haya producido jamás, en "República". ¿Qué es "República"? Decir que es un texto sobre política, sobre las formas de gobierno y sobre cómo debe organizarse idealmente la sociedad es como decir que "El Quijote" es una novela sobre la locura. No es falso, pero es una pequeña parte de la verdad. Por desgracia, lo más conocido de este extenso diálogo es la organización ideal platónica de la sociedad, gobernantes = filósofos, defensores = guerreros, y mantenedores de ambas categorías = artesanos, así como su ataque a la sociedad democrática que, recordemos, para Platón era la responsable de la ejecución de su amado maestro Sócrates. En una y otra se han apoyado alguna de las mayores barbaridades políticas que jamás haya visto la humanidad.

Sin embargo, Platón no propone esto porque sí, porque haya venido un ángel con su espada flamígera a visitarle y le haya dicho que eso tiene que ser así porque le sale de las gónadas procreativas (vulgo cojones). Puede sorprender que un texto sobre política comience con unas reflexiones sobre la vejez y la muerte y termine con una narración sobre el juicio a las almas y la vida de ultratumba. En realidad, "República" habla sobre la justicia y las conclusiones político-sociales a las que llega es basándose en esa idea. Comienza Platón por argumentar la superioridad de la justicia sobre la injusticia (Libro -capítulo- I). En el Libro II para responder a uno de sus contetulios que ha afirmado que la vida del injusto es más fácil que la del justo, Platón, en boca de Sócrates, desciende de la idea general al caso particular de la configuración del Estado. Para Platón el Estado nace de la necesidad de los individuos de procurarse aquello de lo que no pueden autoabastecerse. En primer lugar la comida, en segundo la vivienda, en tercero la vestimenta... para ello es necesario un labrador, un constructor, un tejedor, un zapatero... pero cada hombre está más dotado para una de estas actividades que los demás y será más efectivo si se dedica sólo a esa actividad para la que está bien dispuesto que si intenta ejercer varias de esas labores. Por ello, el labrador será más útil si no tiene que intentar fabricarse él sus herramientas. Por ello se necesitan herreros, boyeros... pero ningún Estado es autosuficiente y, por ello, también debe haber quién importe de otros Estados lo que falte en el propio. Para mantener ese comercio es necesario que el Estado produzca excedentes que pueda intercambiar. Conforme crezca el Estado además de las necesidades básicas se introducirá el lujo y con él la necesidad de poseer más lo que hará necesaria la existencia de guardianes. A partir de ese momento Platón comenzará a tratar de la pedagogía comenzando por renegar de los antiguos mitos que presentan a los dioses cometiendo injusticias sin fin. "Por consiguiente -proseguí- dado que Dios es bueno, no podría ser causa de todo, como dice la mayoría de la gente; sería sólo causante de unas pocas cosas que acontecen a los hombres, pero inocente de la mayor parte de ellas. En efecto, las cosas buenas que nos suceden son muchas menos que las malas, y si de las buenas no debe buscarse otra causa que el dios, de las malas debe buscarse otra causa." De igual forma, prohibiría que se presentase a los dioses como cambiantes puesto que si un dios es, por definición, el supremo bien cualquier cambio que experimentase sería para empeorar y ¿quién, voluntariamente, cambiaría para peor?

En el Libro III prosigue con la pedagogía de los vigilantes. Si éstos temen a la muerte ¿podrían cumplir con su misión? Por ello propone desterrar los mitos sobre el Hades así como cualquier mal ejemplo para esos guardianes como la embriaguez y la lujuria. Para conseguirlo plantea Platón el control del Estado sobre la producción poética y artística incluyendo la labor de los artesanos. Después del cuidado de la mente, Platón se ocupa del cuidado del cuerpo, de qué ejercicios serán más beneficiosos para esos guardianes y de su alimentación. De allí pasa a la medicina y a la judicatura y es tajante: "En cuanto a los otros, se dejará morir a aquellos que estén mal constituidos físicamente; y a los que tengan un alma perversa por naturaleza e incurable se los condenará a muerte." De entre estos vigilantes debe elegirse a aquéllos que, sometidos a prueba, demuestren mayor interés en el beneficio del Estado para gobernarlo. Incluso en su formación debe incluirse el mentirles: "Ahora bien, ¿cómo podríamos inventar, entre esas mentiras que se hacen necesarias, a las que nos hemos referido antes, una mentira noble, con la que mejor persuadiríamos a los gobernantes mismos, y si no, a los demás ciudadanos?" Platón propone que se los engañe con un mito, el de que todos son hijos de la misma tierra pero que los gobernantes han sido modelados por un dios que puso en la mezcla una mayor parte de oro, los guardianes con mayor parte de plata y los comerciantes y agricultores de hierro y bronce. Deben vigilar las tendencias de sus hijos y ponerlos con aquéllos que les sean afines, de forma que las tres "castas" platónicas no son cerradas, no son fruto de un derecho de nacimiento si no que están conformadas por la aptitud. A continuación Platón expone que los vigilantes deben vivir juntos y ser provistos de todo lo que necesitan para vivir por agricultores y comerciantes pero sin concesiones a lo superfluo. De igual forma les estará vedada la propiedad privada para que no puedan corromperse.

-Continuará-

En el camino a Damasco

Permítanme una pequeña disgresión entre Platón y Platón (el pareado es gratis). Si son Vds. masoq... antiguos lectores míos, sabrán la opinión que me merece "El código da Vinci" obra del insigne escritor Dan Brown. Como Saulo (San Pablo, vamos) hoy me he caído del caballo en el camino a Damasco. Estaba errado y el Sr. Brown tenía razón en todo lo que escribe en la citada novela que, sin lugar a dudas, pasará a formar parte de los programas de estudios de todas las facultades históricas del mundo mundial.

¿Qué ha pasado para este cambio radical en mi forma de apreciar esta obra? Pues que me he topado con una obra magnífica de investigación histórica: "La revelación de los templarios" de Lynn Picknett & Clive Prince (Traducción de J. A. Bravo. Ed. Círculo de Lectores por cesión de Martínez Roca S. A. Barcelona, 2004). ¿Cómo explicar las extrañas coincidencias entre las afirmaciones de P & P (de verdad que no es un chiste político) y las de Brown? Un mal pensado como esos escépticos que pululan por la red como Zkeptik sin duda pensarían que ya habían encontrado "la madre del cordero" (que no es una referencia a la Virgen María), la fuente de los horrores y errores históricos que abundan en la novelucha del Sr. Marrón. Sin embargo, seamos benévolos puesto que hoy es el día que es (28 de diciembre, día de los Santos Inocentes), y pensemos que si dos investigaciones históricas independientes dan el mismo resultado ambas se refuerzan.

Porque en la obra de P & P aparecen las afirmaciones sobre que el supuesto personaje de San Juan en la Última Cena leonardesca es, en realidad, una femme (ignoro si fatale), que no hay representación de la instauración de la Eucaristía, que el cuerpo de la pseudomujer y el de Jesús forman una M, las referencias a los evangelios gnósticos y a que, según ellos, María Magdalena era la esposa o amante de Jesús, los cátaros, los templarios, el priorato de Sión, la sexualidad sagrada... e incluso, el primer capítulo se titula: "El código secreto de Leonardo da Vinci" ¿Es posible mayor coincidencia?

Rindámonos a la evidencia. No es que las investigaciones históricas del Sr. Brown se limitaran a la lectura y posterior fusilamiento de esta obra, es que uno y otros han llegado a idénticas conclusiones solventando las increíbles dificultades (historiadores, exégetas, escépticos, hombres de negro...) que les surgen a los "imbestigadores" que se atreven a ocuparse de estos temas. En fin, que pronto colocaré aquí la relación de las sorprendentes coincidencias entre las obras de P & P y Brown, así como una crítica de las afirmaciones de P & P comenzando por la chorrada de que la Sábana Santa es una fotografía de Leonardo (de verdad que así lo aseguran). De momento valga esto como mero apunte creo que muy propio para la festividad de los Santos Inocentes.

Timocracia no significa gobierno de los timadores (II)

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En el Libro IV Platón prosigue con la configuración de su Estado ideal defendiendo que el peligro que acecha a su sociedad utópica es doble, el de la riqueza y el de la pobreza puesto que, según el ejemplo que propone, un alfarero enriquecido dejará de prestar la debida atención a su oficio mientras que uno pobre no podrá disponer de los medios necesarios para realizar su mejor trabajo. Ambas situaciones, pues, son ajenas a la Justicia que, recordémoslo, es la idea que subyace en todo el Diálogo. Prosigue Platón reincidiendo en la importancia de la educación como forma de garantizar la pervivencia de su Estado así como la necesidad de que los guardianes cuiden de que no se realicen innovaciones en la gimnasia y la música "Porque los modos musicales no son cambiados nunca sin remover las más importantes leyes que rigen el Estado, tal como dice Damón, y yo estoy convencido." Comienza seguidamente a hablar de los legisladores, de qué deben ocuparse y de qué no. Deben prescindir de las minucias y ocuparse de temas importantes entre los que propone la fundación de templos, la institución de sacricios a dioses, demonios y héroes, de tumbas a los difuntos y cuanto pueda contentar al más allá como principio según el ejemplo de Apolo. Las características del Estado deben ser cuatro, sabiduría, valentía, moderación y justicia. La sabiduría la entiende no referida a cuestiones particulares sino en cuanto atañe al bien común y a las relaciones de este Estado con las demás. Por ello es privativa de los guardianes. Lo mismo en cuanto a la valentía que entiende como disposición a conservar en toda circunstancia lo prescrito por la ley. La moderación la entiende con un símil musical: "ésta se extiende sobre la totalidad de la octava musical, produciendo un canto unísono de los más débiles, los más fuertes y los intermedios -en inteligencia o en fuerza o en fortuna, como te guste- de manera que podríamos decir, con todo derecho, que la moderación es esta concordia y esta armonía natural entre lo peor y lo mejor en cuanto a cuál debe gobernar, tanto en el Estado como en el individuo." La justicia nace del interior de cada hombre y se extiende a lo público: "Y la justicia era en realidad, según parece, algo de esa índole, mas no respecto del quehacer exterior de lo suyo, sino respecto del quehacer interno, que es el que verdaderamente concierne a sí mismo y a lo suyo, al no permitir a las especies que hay dentro del alma hacer lo ajeno ni interferir una en las tareas de la otra. Tal hombre ha de disponer bien lo que es suyo propio en sentido estricto, y se autogobernará, poniéndose en orden a sí mismo con amor y armonizando sus tres especies simplemente como los tres términos de la escala musical: el más bajo, el más alto y el medio." La injusticia, la intromisión de una de las partes en lo que corresponde a la otra y, en especial, el intento de gobernar a aquella parte que no la corresponde, sólo puede conducir a la corrupción de Estado tan perfectamente constituido. A continuación Platón (siempre por boca de Sócrates) anuncia que hay cinco clases de gobierno de los que el único bueno es el descrito que puede recibir dos nombres, monarquía (si entre los gobernantes hubiera uno que destacar del resto) y aristocracia (si no fuera ése el caso).
En el Libro V Platón intenta iniciar la crítica de las otras cuatro formas de gobierno ajenas a ésta que considera buena y recta, pero los contertulios le exigen que antes termine de explicar situaciones pendientes en su forma de Estado como es la situación comunitaria de mujeres y niños en los vigilantes. Platón defiende la igualdad entre hombres y mujeres. De igual forma que los guardianes deben ser instruidos en gimnasia y música lo deben ser las mujeres sin olvidar las artes de la guerra y la equitación, por supuesto, siempre que sean aptas para ello. Esta vida comunitaria debe traducirse en que las mujeres guardianas sean comunes aunque, por razones de eugenesia, los gobernantes procurarán mediante sorteos amañados que los mejores se apareen con las mejores. Nuevamente Platón defiende la mentira: "parece que los gobernantes deben hacer uso de la mentira y el engaño en buena cantidad para el beneficio de los gobernados;" Los hijos de estas uniones de los mejores deben ser conducidos aparte y educados bajo la tutela del Estado. Por su parte, los hijos que nazcan de las uniones de los peores también deben ser apartados y escondidos. Continúa Platón hablando de los vigilantes, de los honores que deben recibir los más aptos en combate como recibir el homenaje de los demás, aparearse más frecuentemente con las mejores mujeres y, en caso de que fallezcan, ser sepultados en hermosas tumbas y ser elogiados como un ejemplo. Aquellos, por el contrario, que muestren cobardía deben ser expulsados y pasar a ser agricultores. Los hijos (que no sabrán quiénes son sus padres de igual forma que éstos tampoco sabrán quiénes son sus hijos) deben acompañarlos a la guerra tanto par aprender con la observación como para infundir ánimos a sus padres de igual forma que los animales pelean con más vigor cuando deben defender a sus cachorros. A continuación asegura que para que su Estado se convierta en realidad es necesario o que gobiernen los filósofos o que los gobernantes se conviertan en filósofos. Aclara a continuación que por filósofo no debe entenderse a aquella persona que opina sino a la que conoce distinguiendo entre opinión y conocimiento científico.
En el Libro VI Platón explica que características naturales tiene el filósofo, amor a la verdad, valentía, facilidad de aprender, buena memoria... Pero si esas características naturales no son encauzadas por una buena educación sobreviene el desastre, el filósofo se convierte en sofista que busca tener éxito en la vida y sólo consigue crear un mal nombre para la filosofía. Para Platón, la educación debe ser progresiva y adecuada a la edad de forma que sólo en la madurez se enfrente al conocimiento supremo, la Idea del Bien. "Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la Idea de Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente, ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima."
En el Libro VII Platón reincide en el tema de las Ideas por medio de un hermoso mito, el de la Caverna. Supongamos que existen hombres que están encadenados en una morada subterránea y que sólo conocen del mundo exterior las sombras que pasan por un tabique similar al biombo de un titiritero. Supongamos que uno de ellos es liberado y conducido a la luz del mundo real. En un primer momento ¿no le doldrían los ojos? ¿No consideraría más reales las sombras a las que estaba acostumbrado que los objetos reales que ahora puede contemplar por vez primera? Pero una vez que se hubiera acostumbrado a la contemplación directa de la realidad ¿no compadecería a sus compañeros en la caverna? "Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegramente esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y la contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público." Conociendo el fin al que tiende la educación, Platón define sus etapas. Aparte de la música y la gimnasia que educan el cuerpo para el combate pero no el alma, Platón defiende que debe comenzar por el cálculo, seguir por la geometría, la astronomía y la armonía para concluir con la dialéctica.
-Continuará-

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