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Escritos desde el páramo

En busca del chocolate del loro: Crítica a la introducción (y VI)

Viene de aquí
Llegados a este punto, D. Javier se lía la manta a la cabeza (o, si lo prefieren, se hace la p...a un lío) y sitúa a Ogotemmêli como protagonista de una película con la que éste, en realidad, nada tuvo que ver. Veámoslo:
"Ogotemmeli, pacientemente, explicó a Griaule que los dogones sólo tienen un dios principal. Lo llaman Amma, carece de forma definida y se le atribuye la venerable creación del Universo. Amma creó también a las primeras criaturas independientes, a las que designó como "maestros Nommo". Según aquel iniciado de ojos brillantes, se trataba de unos seres mitad hombres mitad peces, que recibieron los sagrados nombres de Nommo Diç, Nommo Titiyayne y Nommo Q." (Pág. 15)
Sólo falta que hubiera mencionado a David el Nommo para que el disparate fuera aún más logrado. Para comprobarlo, les recuerdo que aquí pueden encontrar lo que Griaule puso en boca de Ogotemmêli y que nada tiene que ver con lo que le atribuye el Sr. Sierra. Por de prontó los dos Nommo (no cuatro) son producto de la segunda coyunda de Amma con la Tierra (de la primera, ya dijimos, nació el Chacal) y por tanto son engendrados, no creados (como en el Credo católico, vamos). Los dos Nommo son descritos como mitad hombres y mitad serpientes (no mitad peces) y no tienen nombre conocido y mucho menos tres nombres (a los que habría que sumar el del Nommo Ogo) porque sólo son dos.
"El adivino, añadió, no obstante, que de éstos -especialmente de Q, a quien los dogones consideran el padre de la humanidad- surgió una nueva clase de seres, una estirpe de cuatro "antepasados" que crearon a su vez a los primeros hombres, a los que repartieron en cuatro grandes familias." (Pág. 15)
Pues tampoco. También aquí pueden encontrar lo que dice Ogotemmêli (o si lo prefieren, lo que Griaule asegura que narró) sobre la primera pareja humana que, ésta sí, fue creada por Amma empleando arcilla húmeda para ello. Esta primera pareja fue dotada de una doble alma, masculina y femenina, por la pareja de Nommo que, al darse cuenta de los problemas que esa dualidad podía ocasionar, eliminó el alma femenina del hombre mediante la circuncisión y el alma masculina de la mujer mediante la excisión del clítoris. Después, la pareja se dedica a foll... a tener relaciones sexuales de las que nacen cuatro parejas de gemelos. Como Ogotemmêli no era adivino pero sabía contar y Griaule también, eso da ocho antepasados del pueblo Dogon.
"Detrás de este proceso de creación aparentemente sencillo desgranado por Ogotemmeli se escondía todo un drama cósmico." (Pág. 16)
¿Cósmico o cómico? Porque lo de considerar las supuestas narraciones cosmogónicas de Ogotemmêli como algo "aparentemente sencillo" es de lo más gracioso que he oído en mucho tiempo porque su principal característica es su complejidad.
"Ogo, el primer Nommo que descendió sobre la Tierra a bordo de un arca humeante para sembrar la vida en el planeta, pronto desencadenó el caos. Criatura impaciente y poco cuidadosa, el tal Ogo desobedeció las instrucciones de Amma, forzándole a enviar a tierras de África a otro Nommo para que reparara los errores del primero. El elegido fue Q, al que Amma llamó el "Nommo del mar", y terminaría siendo sacrificado en virtud a un extraño plan divino para resucitar después con aspecto humano y trayendo en su arca a los antepasados de los hombres." (Págs. 16-17)
Obviamente, cualquier parecido entre lo que según Griaule narró Ogotemmêli y esto es pura coincidencia. Según Griaule-Ogotemmêli, lo que sucedió es que los ocho Antepasados se convirtieron en Nommo en el seno del hormiguero-sexo de la Tierra (lo vimos aquí) y fueron conducidos al cielo donde se les impuso la norma de no reunirse entre ellos, prohibición que desobedecieron los Antepasados Primero y Segundo que, además, rompieron su palabra de no comer el grano de la digitaria o fonio ("curiosamente" pese a que el nombre Dogon de la supuesta Sirio B sea Po Tolo -Estrella Digitaria o Estrella Fonio- Ogotemmêli ni siquiera en ese momento menciona para nada a la "importantísisma" estrella) por lo que se convirtieron en impuros y debieron abandonar las moradas celestes. Los otros seis Antepasados decidieron hacer lo propio. Por tanto y según este relato, Amma no envía (no hay tal acción) a uno de los Nommo originales (son los ocho Antepasados transmutados en Nommo los que regresan a la Tierra) como tampoco existe el caos creado por Ogo (nombre que no se menciona en todo el relato) y, lógicamente, tampoco existe el envío del Nommo Q (otro nombre que tampoco aparece) para poner orden en el caos. El Antepasado que muere a manos de los hombres es el Séptimo cuando éste se enoja por no haber respetado el Antepasado Octavo el orden de llegada a la Tierra (lo vimos aquí). Cuando resucita, éste no tiene forma humana sino de serpiente y los antepasados de los hombres no llegaron con él, puesto que los antepasados de los Dogon nunca habían dejado de vivir en la Tierra y los antecesores de otros hombres como los Bozo llegaron con el Primer Antepasado.
¿Se puede meter aún más la "pata"? Se puede, se puede:
"Por ejemplo, las descripciones del arca en la que llegó a la Tierra son de una minuciosidad extrema. Dicen que se trataba de un vehículo humedo, dotado de sesenta compartimentos y cuyo descenso coincidió con "la dispersión de los astros en el cielo y el inicio de sus revoluciones respectivas"." (Pág. 17)
En efecto, la descripción del "arca" es de una minuciosidad extrema, pero para lo que sirve tanta precisión lo mismo le hubiera dado a Ogotemmêli decir que era un "parato que parecía un chisme con influencias de una cosa que no sabría explicar." ¿A qué se debe esta sorna? Recordemos que la descripción del "arca" está aquí) y que en ella expresamente se asegura que por dentro estaba dividida en ocho compartimentos (no en sesenta) distribuidos en dos pisos. Tampoco hace Ogotemmêli ninguna mención a que nada de todo ello sucediera cuando los astros iniciaron sus revoluciones respectivas.
Después de estos maravillosos ejemplos de cómo no enterarse de nada, fruto, sin duda, de no haberse tomado la molestia de leer "Dios de agua" para saber qué es lo que Griaule pone realmente en boca del cazador ciego (que, como acabamos de ver, nada tiene en común con lo que atribuye el Sr. Sierra porque esas afirmaciones, en realidad, están tomadas de "El zorro pálido" texto que, ya lo dijimos, no sólo no debe nada a Ogotemmêli sino que ofrece una cosmogonía totalmente contradictoria con la narrada -supuestamente- por el cazador ciego), D. Javier continúa "inventándose la película" y, para ello, cita un texto escéptico, concretamente The Dogon People Revisited de Bernard R. Ortiz de Montellano, publicado originalmente en Skeptical Enquirer, noviembre-diciembre de 1996, demostrando que no es lo mismo citar algo que comprenderlo:
"Toda la cuestión dogona -dirá uno de estos críticos- podría ser una simple teorización, ya que los datos originales de Griaule, sobre los que se construye toda su argumentación, son muy cuestionables. Su metodología, junto a su intento de redimir el pensamiento africano, sus entrevistas con un solo informante a través de un intérprete y la ausencia de textos en el lenguaje dogon han sido criticados durante años." (Págs. 17-18) [Esto es la cita del artículo de Ortiz de Montellano a la que el Sr. Sierra responde:]
"Esta hipótesis, no obstante, fue rápidamente contestada ya que no todo se basa en una tradición oral procedente de una fuente única, sino también en utensilios de al menos cuatro siglos de antigüedad que ya representaban la triplicidad de la estrella Sirio." (Pág. 18)
Y se queda tan pancho sin explicar qué utensilios son esos, cómo se ha calculado su antigüedad ni de dónde se saca que representan la triplicidad de Sirio. Puesto que D. Javier no ha tenido la gentileza de explicárselo a sus lectores, me permitirán que llene ese vacío.
Lo de los cuatro siglos de antigüedad arranca, por de pronto, de una suposición de Griaule... que se basa en las afirmaciones (que sí provienen de esa fuente única que ningún antropólogo que no perteneciera al círculo de Griaule ha conseguido contrastar) que relacionan a la fiesta Sigui con este tinglado de la triplicidad de Sirio (por cierto, en abierta contradicción, una vez más, con las explicaciones dadas por Ogotemmêli). ¿Qué hizo D. Marcel? Reparó en la existencia de unas máscaras (máscaras kanaga) que sólo se emplean en la fiesta Sigui y que después son guardadas. En un depósito localizó cuatro de estas máscaras; dado que la fiesta Sigui se celebra cada sesenta años, Griaule supuso que eso significaba que dicha fiesta se celebraba, por lo menos, desde el S XVIII. En otro depósito localizó ocho máscaras y lo que él interpretó como restos de otras tres lo que, teorizó, hacía retroceder el origen de esa fiesta al S XIV. Sin embargo (dejando aparte los problemas de ese sistema de datación como que se va al traste si varias de ellas se emplearon en la misma fiesta Sigui y señalando que nadie ha procedido a efectuar su datación absoluta mediante el C-14) si no aceptamos (y no hay razón para ello) que la fiesta Sigui tenga nada que ver con Sirio, la respuesta del Sr. Sierra no tiene ningún valor.
Vamos con los objetos que supuestamente representan la triplicidad de Sirio y que, en realidad, son un mero dibujo en la arena que reprodujeron Griaule & Dierterlen y que trabucó Robert Temple en su "El misterio de Sirio". En el artículo Investigando el Misterio de Sirio de Ian Ridpath podrán encontrar el dibujo original así como la explicación de los elementos que aparecen en él. Ese dibujo fue desprovisto de todo (excepto de la supuesta Sirio A) por Temple que, además, no tuvo el menor empacho en convertir el "huevo del mundo" en la órbita de Sirio B alrededor de Sirio A. Memorable. El dibujo final pueden encontrarlo aquí (es el dibujo superior de la izquierda) y compararlo con el original.
¿Faltaba algo más para terminar de convencerse de que el supuesto misterio no lo es? Volvamos al artículo de Julio Arrieta citado en la anterior entrega de esta historia:
"Al parecer, cuando Ambara y Yébéné hablaban de Sirio y sus estrellas compañeras se referían a estrellas visibles en el firmamento: hablaban concretamente de otras dos estrellas en la constelación del perro -Canis Major-, seguramente Adhara y Murzim. En ningún momento especificaron que éstas girasen en torno a Sirio, sino que afirmaron que surgieron de él. Indicaron una relación generacional entre las estrellas, no una relación orbital. Fue Griaule el que estableció la relación entre lo que le narraban y el conocimiento moderno de Sirio B." (Pág. 57)
Esto hubiera debido ser el final de la historia-de-los-muy-misteriosos-conocimientos-astronómicos-de-los-Dogon-que-los-Dogon-en-realidad-niegan-conocer de no ser por la manifiesta capacidad de los escritores esotéricos para superar cualquier desbarre anterior. Si las equivocaciones (siendo benévolos) de Griaule fueron increíbles, en su descargo hay que señalar dos cosas, la primera que su intención era buena (ya saben el refrán que dice que el camino al infierno...) porque, en una época en la que el colonialismo estaba vigente, su trabajo negaba la supuesta inferioridad de los pueblos africanos que se esgrimía como excusa para sostener su explotación por parte de las potencias europeas. En segundo lugar, Griaule jamás quiso organizar ningún "follón" con el tema de Sirio. Tan inmenso horror (no, no es un lapsus) recae en Robert Temple del que D Javier Sierra dice:
"De hecho, probablemente nadie hubiera prestado la más mínima atención a los densos estudios de Griaule de no haber sido por la publicación, a mediados, de los años setenta, del libro de un estudioso y miembro de la Royal Astronomical Society de Londres llamado Robert Temple." (Págs. 18-19)
¡Qué suerte tuvo D. Marcel! De no ser por Temple nadie le hubiera hecho ni puto caso. Menos mal que muchos antropólogos reconocen que si hicieron esa elección profesional fue, precisamente, por influencia de la lectura de "Dios de agua" que si no...
Bueno, vamos con el estudioso y astrónomo Robert Temple. ¿Por qué se interesó él por la obra de Griaule? Pues no se interesó, le interesaron. En 1965 Arthur M. Young enseñó el artículo de Griaule & Dieterlen a un joven de veinte años que, al año siguiente, alcanzó el puesto de secretario de la Young´s Foundation for the Study of Conciousness. ¿Adivinan Vds. el nombre de ese joven? Por si necesitan una pista (todos podemos tener un día "espeso") sus iniciales son R. T.
¿Quién era ese Arthur M. Young? Pueden encontrar su biografía "oficial" aquí y la "no autorizada" aquí. Por su parte, la YFSC, fundada en 1952, dio paso en 1972 a una nueva asociación, el Institute for the Study of Conciousness. Nada de todo ello es citado por el Sr. Sierra, así que hemos tenido que reparar su, sin duda, inadvertido olvido, más que nada porque así podremos entender mejor el siguiente párrafo:
"La sola mención de la palabra "extraterrestre" le cerró de golpe las puertas del mundo académico, algunos de cuyos representantes se empeñaron en enterrar este misterio a toda costa. Pero no lo lograron." (Pág. 19)
En fin, creo que ahora entenderán Vds. las razones para ese portazo del mundo académico a Robert Temple y a su "El misterio de Sirio" que no se basa, para nada, en la palabra extraterrestre (el que lo crea así, va a tener algunos problemas para explicar que significan las letras ET de la siglas SETI, un programa científico que no ha sido demonizado, todo lo contrario, por los "neoinquisidores-del-mundo-académico") y sí en que su teoría comenzaba por no presentar pruebas y acababa en el puro disparate. Vean, por ejemplo, en esta página las fabulaciones de Temple sobre Febe (en inglés Phoebe), uno de los satélites de Saturno. La diversión está garantizada.
No obstante, el Sr. Sierra se siente en la obligación de "arrear unos cuantos palos" a Temple, más que nada porque si éste estuviera en lo cierto sobre la procedencia extraterrestre del conocimiento astrónomico Dogon (sin duda tuvieron que ser mentes privilegiadas procedentes del quinto pino a la derecha de la nebulosa del Cangrejo lo que descubrieron que la Luna es una vasija medio cocida. Forrest Gump a su lado era un genio) dejaría en muy mal lugar la propia tesis de D. Javier, con lo que éste consigue que no acabemos entendiendo nada. Si considera que Temple está equivocado ¿qué quería que hiciera el malvadísimo mundo académico, darle el Premio Nobel? Pues después de quedarse encantado por haberle conocido (en Egipto en el año 2000, según asegura) dice:
"Sólo en una cosa estuvo realmente acertado Temple: en sugerir que el mito de Sirio estaba en realidad vinculado a otras muchas culturas de la antigüedad, y que éstas también conocían de alguna forma el secreto de su triple naturaleza." (Pág. 19)
¿Cuáles son las pruebas de ese conocimiento?
"Por ejemplo, el término iranio para describir la estrella Sirio es Tistrya, inspirado en el vocablo sánscrito Tri-stri, que no tiene otra acepción más que la de "tres estrellas"." (Pág. 19)
Maravilloso ejemplo de etimología creativa. Por de pronto ¿querrá alguien explicarme por qué los antiguos pobladores de lo que hoy es Irán iban a emplear el sánscrito para bautizar una estrella? Algo tanto más curioso cuanto que en sánscrito la estrella Sirio se llama lubdhaka o mRgavyAdha que se parece a Tistrya o Tishtrya (que, en efecto, es el nombre de la estrella Sirio en lengua avéstica -persa antiguo-) como un huevo a una castaña.
Supongamos que lo que realmente quiere decir es que al ser el sánscrito y el persa antiguo dos lenguas procedentes de un mismo idioma (al que se conoce como protoindo-iranio) tal vez habría que buscar la etimología de la palabra Tistrya en ese idioma común. Vale. Vamos entonces a la reconstrucción de esa proto-lengua (hablamos de reconstrucción puesto que al no existir testimonios escritos ha habido que deducir el vocabulario de los términos existentes en los idiomas posteriores que sí tienen escritura). En protoindo-iranio creemos que "tres" era "trayas" por evolución del protoindo-europeo "treyes". "Trayas" dio lugar a "tri" en sánscrito y a "thri" en avéstico (en persa medio o pahlaví evolucionó a "si:"). En ninguno de ambos casos hay pérdida de la "r", por tanto podemos olvidarnos de la supuesta etimología que sí implica la pérdida de la "r" puesto que la forma documentada es "Tistrya" y no "Tristrya".
¿Más errores? Pues sí. Si realmente Tistrya significara "tres estrellas" en sánscrito, "estrellas" sería nominativo plural, pero en sánscrito eso se diría tri-stRNas con lo que el supuesto parecido desaparece. Tampoco en avéstico va mejor la cosa, porque "tres estrellas" sería "thri-stara" (casi como en inglés, sí).
En realidad, Sirio en avéstico se llama Tistrya o Tishtrya porque ése es el nombre del Yazad (deidad astral) que la gobernaba. Por si quieren efectuar las oportunas comprobaciones, aquí tienen Diccionario avéstico-inglés, aquí un Diccionario sánscrito-inglés e inglés-sánscrito y aquí la oportuna referencia al dios Tistrya .
¿Algo más? Pues sí.
"Para colmo de coincidencias, en muchas de las representaciones egipcias de la estrella Sirio, a quien identificaban con la diosa Isis, se representa a esta divinidad sobre su barca estelar acompañada de sus hermanas menores Anukis y Satis." (Pág. 19)
No, hombre no. Eso no es el colmo de coincidencias, eso es "tener más morro que doscientos negros cantando el Onli you..." (comparación políticamente incorrecta, lo sé). ¿De dónde puñetas se saca que Aset (Isis), Satet (Satis) y Anuket (Anukis) eran hermanas? Los hermanos de Isis eran Osiris (que además era su marido, "quién hace incesto hace ciento", que dice el refrán -o algo parecido-) y Neftis. Anukis era la hija (según otra versión, la hermana) del matrimonio formado por Jnum (o Khnum, según la grafía inglesa) y Satis y los tres formaban la Triada Elefantina (por la isla homónima).
¿Que a veces se representa a estas tres diosas juntas? Pues supongo que sí (no recuerdo ningún caso concreto en que sea así), pero con frecuencia se representa a Isis-Osiris-Horus (Horus es hijo de los dos hermanos), a Jnum-Satis-Anukis, a Jnum-Satis-Neith (Triada de Esna)... ¿De verdad que cada vez que ve a tres dioses egipcios juntos piensa en una plasmación plástica de la triplicidad de Sirio? Con un par... (o con un trío).
Y con esto y un bizcocho, acabamos con la Introducción, pero no con Egipto porque D. Javier dedica el primer capítulo a seguir mareando la perdiz piramidológica.
Como colofón, una frase digna de figurar en los anales (no vean segundas intenciones en el uso de esta palabra) de los escritores esotéricos:
"Muchos de los críticos no leyeron jamás los trabajos originales de Griaule..." (Pág. 19)
Dijo la sartén al cazo...
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