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Escritos desde el páramo

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XIV)

Viene de aquí
Sin embargo, si recuerdan la relación de las primeras narraciones sobre el Grial, verán que hay una de la que hemos hablado muy poco, el "Parzival" de Wolfram von Eschenbach. No se trata de ningún olvido involuntario ni de una omisión consciente sino que, dado el interés que le despierta esta obra al Sr. Fernández Bueno, conviene hablar de ella por separado porque, además, plantea problemas muy específicos.
Dice D. Lorenzo:
"El que pasó por ser el texto más leído e interpretado de todos, el de Eschembach, mostraba un objeto sagrado que tiene poco que ver con la copa. Más bien estaba representando a una piedra esmeralda cuya magia y poder eran ilimitados, pues no en vano se desprendió de la frente del mismísimo "ángel de luz" en su caída a los abismos infernales. Además Wolfram dejó patente que su poema era el más fiel y documentado de todos cuantos hubieren tratado el tema, pues él tuvo como confidente de lujo al maestro provenzal Kyot, trovador y cronista de prestigio y sabiduría, que se pretendía a sí mismo como caballero templario." (Pág. 180)
¡Qué arte tiene D. Lorenzo para inventarse lo que le da la gana! ¿El Grial de Eschenbach es una esmeralda que se desprendió de la frente de Lucifer cuando fue derrotado y enviado al infierno? Pues no sabe cuánto me alegro de saberlo, pero ¿Wolfram von Eschenbach ha regresado de su tumba para reescribir el "Parzival" o, sencillamente, es que el Sr. Fernández Bueno tampoco se ha leído esta obra sobre la que pontifica? Sospecho que la respuesta afirmativa corresponde a la segunda parte de la pregunta. ¿Por qué? Porque si se hubiera molestado en leerla se guardaría de decir una chorrada como ésa.
Sí es cierto que el Grial (y otros elementos como la lanza de la que mana sangre) de Eschenbach se aparta de las versiones que vimos en la anterior historia porque es una piedra sagrada pero ni es una esmeralda ni se le cayó a Lucifer de la frente (ni tan siquiera del riñón). Eschenbach lo describe así:
"Un escudero entró corriendo por la puerta. Llevaba una lanza, de cuyos filos fluía sangre, que corría por el mango hasta la mano, para ser recogida en la manga." [1] (Pág. 126)
"Sobre un verde ajmardí portaba la perfección del Paraíso, a la vez su raíz y su brote. Era una cosa que se llamaba "el Grial" que superaba la mayor gloria del mundo. La que portaba el Grial tenía por nombre Repanse de Schoye. El Grial tenía esta condición: la que lo cuidaba tenía que conservar su pureza y estar libre de maldad." [1] (Pág. 128)
"Me han dicho (y yo lo repito, y vosotros debéis jurarlo, de modo que mintáis conmigo si no digo la verdad) que ante el Grial estaba dispuesto todo lo que se deseaba: comida caliente, comida fría, comida moderna y también la tradicional, carne de corral y de caza. Muchos dirán que eso no se ha visto nunca. Pero critican sin razón, pues el Grial era el fruto de la felicidad, el cuerno de la abundancia de todos los placeres del mundo, y se acercaba mucho a lo que se dice del reino de los cielos." [1] (Pág. 129)
"El pagano Flegetanis supo exponernos la ida y el regreso de las estrellas y las dimensiones de sus órbitas hasta que vuelven al punto de origen. La esencia de los humanos está condicionada por la órbita de las estrellas. Como pagano, Flegetanis vio con sus propios ojos en las estrellas misterios ocultos y habló de ellos con gran timidez. Nos dijo que había una cosa que se llamaba el Grial. Este nombre lo leyó claramente en las estrellas. "Lo dejó sobre la tierra una cohorte de ángeles, que volaron después más alto que las estrellas, si es que su inocencia les permitió volver al cielo. Desde entonces lo tienen que guardar cristianos con la misma pureza. Quien es llamado al Grial tiene la mayor dignidad humana."" [1] (Pág. 224)
"El anfitrión dijo: "Sé bien que viven muchos valientes caballeros en Munsalwäsche, junto al Grial. Cabalgan una y otra vez en busca de aventuras. Consigan la derrota o la victoria, estos templarios expían así sus pecados. Habita allí una tropa bien experimentada en la lucha. Os diré de qué viven: se alimentan de una piedra, cuya esencia es totalmente pura. Si no la conocéis os diré su nombre: lapis exillis. La fuerza mágica de la piedra hace arder al Fénix, que queda reducido a cenizas, aunque las cenizas le hacen renacer. Así cambia el Fénix su plumaje y resplandece después en sus mejores galas, siendo tan bello como antes. Por muy enfermo que esté alguien, si ve un día la piedra, no puede morir en la semana siguiente y mantiene toda su belleza. Quien en la flor de la vida, fuera doncella o varón, contemplara la piedra durante doscientos años, conservaría el mismo aspecto: sólo el cabello se tornaría gris. La piedra proporciona a los seres humanos tal fuerza vital que su carne y sus huesos rejuvenecen al instante. Esta piedra se llama también el Grial. Hoy baja sobre él un mensaje, sobre el que descansan sus poderes sobrenaturales. Hoy es Viernes Santo y se verá como desciende del cielo una paloma y deposita sobre la piedra una pequeña y blanca hostia. La paloma, que resplandece en su blancura, retorna después al cielo. Como os digo, todos los Viernes Santos, la deposita sobre la piedra, con lo que le proporciona todo lo que en la tierra posee buen aroma, comidas y bebidas, todo lo que crece en la tierra, con una abundacia paradisíaca. la piedra obsequia asimismo con la carne de todos los animales que vuelan, corren o nadan. El poder maravilloso del Grial asegura la existencia de la comunidad de caballeros. Oíd cómo se sabe quiénes son llamados al Grial. En el borde de la piedra, una inscipción con letras celestiales indica el nombre y el origen, sea muchacha o muchacho, del que está destinado a hacer este viaje de salvación. No hace falta quitar la inscripción, pues, tan pronto como se ha leído, desaparece por sí misma de la vista. Como niños llegaron los que hoy son adultos. ¡Felices las madres cuyos hijos fueron llamados a este servicio! Pobres y ricos se alegran por igual cuando les piden que envíen a sus hijos a la comunidad. Los requieren de muchos países. Permanecen allí protegidos siempre de la ignominia del pecado y reciben su recompensa en el cielo. Cuando se les apaga aquí la vida, se les concede en el cielo la plena satisfacción. Los que no tomaron partido por ninguno de los dos bandos cuando lucharon Lucifer y la Trinidad, todos los ángeles neutrales, llenos de nobleza y dignidad, tuvieron que venir a la tierra, a esa misma piedra que siempre permanece en estado puro. No sé si Dios los perdonó o los siguió condenando. Si su Justicia se lo permitió, los acogió a su lado. Desde entonces protegen esta piedra los que Dios ha designado para ello y a los que envió su ángel. Señor, así discurren las cosas junto al Grial."" [1] (Págs. 230-232)
"Pero ahora dime: ¿viste la lanza en el castillo de Munsalwäsche? Cuando el planeta Saturno volvía a alcanzar su punto de partida, lo notábamos en su herida y en la nieve veraniega. Nunca el frío le producía tanto dolor a tu querido tío. La lanza tenía que penetrar en su herida, para que el dolor aliviara el dolor. Por ello la lanza estaba roja de sangre. Cuando determinados planetas que se mueven sobre otras estrellas en órbitas irregulares comienzan su curso, la sociedad del Grial eleva su lamento." [1] (Pág. 239)
¿Dónde está, pues, la supuesta esmeralda caída de la frente de Lucifer? Porque lo que Eschenbach dice en realidad es que la piedra Grial fue conducida a la tierra por los ángeles que permanecieron neutrales durante la rebelión de Satanás.
No obstante, la narración de Eschenbach es lo bastante "extraña" como para que podamos plantearnos una serie de preguntas. Comencemos por una sencillita ¿qué pintan los templarios protegiendo Munsalwäsche y, por tanto, el Grial? Pues aunque el tema ha dado para algunos disparates esotéricos muy divertidos la realidad es mucho más sencilla. Aunque habitualmente se traduce como "templario" el término que realmente emplea Eschenbach es "templeise" que es una palabra inventada por el poeta alemán y que, por tanto, ni tiene un significado completo ni una traducción precisa. Con ella designa a los caballeros que sirven con las armas a Munsalwäsche, es decir, no son realmente templarios puesto que éstos son soldados, pero también monjes sujetos a una regla muy estricta y los "templeise" de Eschenbach no lo son. Defender las supuestas relaciones entre el Temple y el Grial basándose en el parecido fonético entre templario y "templeise" es una buena prueba de que no hay evidencias de que tal parentesco existiera.
Ya que estamos con los templarios ¿es verdad que el maestro Kyot pretendía serlo? Pues supongo que eso estará en el párrafo siguiente al de la esmeralda caída de la frente de Lucifer, porque no hay tal afirmación en el "Parzival" ni de Kyot se sabe nada más que lo que dice Eschenbach. Por otra parte, no sé si hay algo más improbable que la imagen de un templario trovador. Pensándolo bien, sí lo hay, que Eschenbach "también" fuera templario:
"En el siglo XIII, el poeta Eschembach, quien además se decía miembro de la Orden del Temple dejó entrever en su obra "Parsifal", que los caballeros pobres a lo largo de su existencia fueron los protectores del Grial..." (Pág. 183, nota a pie de página)
¿Qué hay de cierto es esa nueva afirmación del Sr. Fernández Bueno? Pues lo mismo que en las ocasiones precedentes. Su contemporáneo, el también poeta Wirnt von Gravenberg dijo de Eschenbach: "Gesprach de baz de nie de munt de laien" (Nunca un laico habló con mayor eficacia). Obviamente, los templarios no eran laicos ergo Eschenbach no era miembro de la Orden del Temple.
No obstante, dejando de lado los desbarros de D. Lorenzo, los párrafos antes citados del "Parzival" plantean una serie de enigmas (éstos sí reales) de los que tratar comenzando por las fuentes de Eschenbach, tema que es aún hoy debatido y sin una respuesta clara. Les adelanto que lo que sigue es mi propia reflexión sobre este punto, no necesariamente coincidente con las de otras personas.
Hay un hecho innegable, Eschenbach conocía la obra de Chrétien de Troyes. No es sólo por una cuestión de paralelismos, es que además le menciona expresamente:
"Si el maestro Chrétien de Troyes no ha contado con toda la verdad de esta historia, Kyot puede estar con razón enojado, pues él transmite la verdadera historia." [1] (Pág. 386)
Así pues, la cuestión a dilucidar es si existe otra fuente distinta a Chrétien de Troyes. Existen grandes similitudes entre "El Cuento del grial" y el "Parzival", pero también diferencias. ¿Se deben éstas a la narración sobre el Grial realizada por Kyot sobre el manuscrito en árabe de Flegetanis? Comencemos por el principio, no hay la menor prueba de la existencia de tal versión realizada por el maestro Kyot ni, tan siquiera, evidencia alguna de que éste o Flegetanis existieran realmente.
Por ello, la cuestión se reduce a si damos crédito a lo que dice Eschenbach y si esa supuesta historia previa ha dejado alguna huella en el "Parzival" que podamos rastrear. Decíamos que junto con innegables similitudes también hay diferencias de consideración entre las obras de Chrétien y de Eschenbach. Eschenbach no se limita a hacer una versión de "El Cuento del grial". Por el contrario, escribe un poema épico en el que cambia nombres, introduce nuevos personajes, situaciones... es decir, recrea (en su sentido etimológico) la historia del Grial. Tanto es así que la extensión del "Parzival" es el triple que la de "El cuento del Grial". ¿Esto es así por la capacidad de fabulación del alemán o, por el contrario, es fruto de la influencia de otro poema hoy perdido?
Tomemos un ejemplo concreto, el de la lanza sangrante. En Chrétien posiblemente (y sin duda en los restantes autores que siguen la línea Grial=bandeja o copa) se relaciona con la lanza de Longinos. Sin embargo, nada tiene que ver esto con lo que cuenta sobre ella Eschenbach (que ya vimos con anterioridad). Antes de empezar a gritar ¡Eureka!, no obstante, debemos pensar que en el momento en que el Grial del poeta alemán no tiene relación directa con la Pasión de Jesús, la lanza de Longinos ya no "pintaba" nada en esta historia. La duda persiste. Es posible que Eschenbach cambiase elementos de la narración de Chrétien para adecuarlos a sus propios fines literarios (estamos hablando de obras de ficción en lo que el respeto a las fuentes no es ninguna obligación). Es igualmente probable que ya existiese un poema previo (el Kyot-Flegenatis) y que fuera Chrétien el que cambiase determinados aspectos de esa obra mientras Eschenbach los mantenía tal y como estaban en el supuesto original. Este problema está ligado al de la cristianización del Grial.
Es frecuente escuchar que el mito del Grial fue cristianizado por Chrétien, el autor anónimo de la "Continuación Gauvain", Robert de Boron... mientras que la versión de Eschenbach sería más "pagana" y, por tanto, más fiel al supuesto original musulmán, celta, etíope... según los gustos de cada uno. ¿Es eso así? Para nada.
El Grial de Chrétien y sus seguidores es una obra humana (sea bandeja o copa) santificada por su relación con la Última Cena y la Pasión de Jesús. El Grial de Eschenbach es, por el contrario, una piedra ajena a la tierra (y, por tanto, obra como el resto de la Creación del propio Dios Padre) cuyo poder sobrenatural se renueva cada Viernes Santo mediante una hostia (por tanto, mediante el Hijo) que es transportada desde el cielo por una paloma blanca (por tanto, mediante el Espíritu Santo). El Grial de Chrétien y sus corifeos es un símbolo eucarístico. El Grial de Eschenbach sin dejar de serlo, es, además, un símbolo de la Trinidad.
Pero ¿por qué una piedra? Tal vez buscando significados ocultos (que si la piedra filosofal, que si la mesa de Salomón...) se nos ha olvidado lo más evidente, que también en el cristianismo existe la simbología de la piedra referida a la Iglesia. Uno de los motivos que se repiten continuamente en el "Parzival" es el de la fidelidad y la infidelidad, pero no entendidas sólo en el sentido matrimonial. Anfortas, el señor del Grial, es herido por desear a una mujer que no le había sido destinada por el Grial; Feirefiz, el hermano pagano de Parzival, abandona a su esposa Secundila para casarse con Repanse de Schoye, la portadora del Grial... el que es fiel a los dictados del Grial es feliz mientras que la desgracia recae en el que desobedece.
Han pasado ochocientos años (más o menos) desde que Eschenbach escribió este poema épico. En esos años, hemos ganado muchas cosas y perdido otras. Lo que para un contemporáneo de Wolfram podía ser clarísimo, para nosotros puede estar velado. Veamos un ejemplo:
"En mi establo hay un caballo que se parece a los que pertenecen a las huestes del Grial. En la silla lleva una tórtola. ¡El caballo procede de Munsalwäsche! Este blasón se lo concedió Anfortas cuando era dueño y señor de la felicidad. Sus escudos son así desde antiguo." [1] (Págs. 232-233) Una tórtola no parece el emblema más adecuado para el escudo heráldico de unos caballeros puesto que es un animal bastante huidizo. Sin embargo, en la Edad Media la tórtola tenía un simbolismo perfectamente conocido:
"Por la tórtola, como es de razón, debemos entender a la Santa Iglesia, que es humilde y casta, siendo Dios su esposo; y cuando Dios fue afligido y herido a muerte en la Cruz, la Santa Iglesia lloró por Él, y no lo abandonó ni antes ni después. Por eso dicen los profetas que tal permanecerá hasta el fin, que estará junto a Dios y se salvará sin falta." [2] (Pág. 91) Creo que ahora está bastante claro el porqué el pagano Feirefiz es incapaz de ver el Grial hasta que se bautiza, es decir, hasta que se hace cristiano...
Volvamos a lo que nos interesaba en un principio, si la narración de Eschenbach está basada en un poema trasmitido por Kyot sobre la historia escrita por Flegetanis o no. Permítanme una pregunta ¿pueden Vds. creerse que el tal Flegetanis -que, por cierto, es un personaje bastante extraño porque es judío, escribe en árabe y adora a un becerro- escribiera esta historia a mayor gloria de la Iglesia? Por cierto, ahora el judío Flegetanis también adquiere un significado alegórico, sabe de la existencia del Grial pero no puede conocer sus secretos, es la Vieja Ley que queda superada por la Nueva Ley. Lo de adorar a un becerro ¿no debemos entenderlo como una referencia al episodio del Becerro de Oro?
Si Flegetanis se cae de la lista de posibles autores previos de la historia del Grial ¿sucede lo mismo con Kyot? Por de pronto, ya vimos que la existencia del supuesto poema perdido se basa en lo que Eschenbach afirma, pero si lo que éste dice es falso se viene todo abajo. Sin embargo, tal vez Kyot asegurara que la historia del encuentro en Toledo del manuscrito de Flegetanis era cierta sin serlo y Eschenbach lo repitiera porque creía que era así. No obstante, si la simbología aparentemente extraña que aparece en el "Parzival" no es tal puesto que es explicable desde las creencias y símbolos de la época ¿para qué necesitamos la hipótesis del precursor Kyot?
Eschenbach era perfectamente capaz de fabular sin ayuda de nadie. Vamos a ver un ejemplo. En la procesión que precede al Grial, además de la lanza ensangrentada aparecen:
"dos princesas en magníficas galas. Traían sobre dos servilletas dos extraordinarios cuchillos muy afilados. Eran de reluciente plata endurecida y habían sido trabajados con tanta destreza y afilados con tanto esmero que hubieran cortado bien el acero." [1] (Pág. 127)
¿Qué pintan ahí esos dos cuchillos? Wolfram lo explica mucho más adelante. Anfortas se había apartado de las órdenes que recibía del Grial y, por ello, había sido castigado y de qué forma. En un combate singular recibió una lanzada en los mismísimos coj... El hierro estaba, para más cachondeo, envenenado lo que le ocasionaba horribles dolores (y no podía morir por tener cerca el Grial). Sufría especialmente cuando hacía frío. Entonces, el único remedio era volver a introducir el hierro de la lanza en la herida (y por eso estaba cubierta de sangre). Eschenbach continúa:
"Las grandes heladas le causan tanto dolor que su carne se enfría más que la nieve. Pero como se sabe que en la punta de esa lanza hay veneno ardiente, se la pone sobre la herida hasta que saca el frío de su cuerpo. En torno a la lanza se formaba un cristal como el hielo, que nadie podía apartar en modo alguno de ella, hasta que Trebuchet, el sabio, forjó dos cuchillos de plata que lo cortaron. Le desveló este secreto un conjuro que había en la espalda del rey." [1] (Pág. 239)
Todo ello es muy bonito, pero ese derroche de imaginación hubiera sido innecesario si Eschenbach hubiera conocido mejor el francés. ¿Por qué? Chrétien de Troyes coloca en la procesión del grial a una dama que lleva una bandeja (tailloir) de plata. Eschenbach entendió que lo que llevaba era algo para cortar (tailler), un cuchillo de plata. Como se ve que le sorprendió lo de sacar el cuchillo en el desfile, se inventó esa historia para justificar su presencia. Después de esto ¿necesita alguien nuevas pruebas de la capacidad de creación literaria de Wolfram? Por cierto, hay quién piensa que el Grial en "Parzival" es una piedra sencillamente porque Eschenbach no sabía qué era un "graal" y cómo en la descripción que hace Chrétien habla de las piedras preciosas que lo adornaban pensó que era una de ellas...
Todo ello, por supuesto, no quiere decir que Eschenbach no empleara otras fuentes (que sí lo hizo) por ejemplo sobre las creencias astrológicas (ya vimos algunos ejemplos en los que aparecen) o sobre los remedios que se aplican sobre la herida de Anfortas. Sin embargo, en lo fundamental la historia no parece deberse más que a dos personas, Chrétien de Troyes y, por supuesto, el propio Wolfram von Eschenbach que escribió (o dictó, porque según él no conocía las letras aunque, visto lo visto, no me lo creo ni aunque lo jurase sobre siete Griales) una de las grandes obras de la literatura universal.
En fin, queda por ver la profunda "heterodoxia" que destila esta obra tan pagana y tan poco cristianizada, pero de eso nos ocuparemos en otro momento que con lo escrito basta (y sobra) por hoy.
NOTAS:
[1] Citado en Parzival. Wolfram von Eschenbach. Edición, traducción y notas por Antonio Regales Serna. Col. Biblioteca Medieval, Editorial Siruela. Madrid, 2001.
[2] Citado en Bestiario medieval. Edición, traducción y notas por Ignacio Malaxecheverría. Col. Selección de lecturas medievales, Editorial Siruela. Madrid, 1989.
-Continuará-
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