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Escritos desde el páramo

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XIX)

Viene de aquí
Dejemos al Sr. Javaloys con sus afirmaciones esotéricas (que, eso sí, aparecieron en portada de una supuesta revista de historia supuestamente seria, Historia 16 nº 313) porque son tan aburridas y tienen tan poca gracia como un programa de Gomaespuma (y no quiero abusar aún más de su paciencia) y vayamos a su sufrida fuente, es decir, al Dr. Zuckerman.
Pese a que cometa errores graves no puedo por menos de sentir simpatía por su persona porque si hay un destino peor para una obra historiográfica que el ser mal acogida por los historiadores y por el público, es el convertirse en objeto de culto para "escribidores" esotéricos. Ambas cosas sucedieron con "A Jewish Princedom in Feudal France, 768-900" y si aquélla fue completamente merecida, ésta no lo fue porque la obra del Dr. Zuckerman no pretendía ser escandalosa y, mucho menos, convertirse en terreno abonado para Griales, matrimonios de Jesús con María Magdalena y otras hierbas semejantes.
Toda esta "movida" que todavía hoy colea en engendros literarios como "El Código da Vinci" comenzó de una forma tan discreta que pasó casi desapercibida. En 1965 el Dr. Zuckerman publicó un artículo titulado: "The Nasi of Frankland in the Ninth Century and the Colaphus Judaeorum in Toulouse" en Proceedings of the American Academy for Jewish Research (nº 33, Págs. 51-82) que se basaba en parte en su tesis doctoral "The Jewish Patriarchate in Western Europe During the Carolingian Age" (Columbia University, 1963).
¿Qué decía en dicho artículo? Defendía la identificación entre el lider de la comunidad judía (el Nasi) y el conde Bernard. De ahí se infería que el linaje franco del conde Bernard coincidía con el de los Nesiim de Narbonne o lo que es lo mismo, que se habían concedido títulos nobiliarios francos a una familia judía. No obstante las implicaciones del artículo, éste pasó prácticamente inadvertido. No sucedió lo mismo en 1972, cuando el Dr. Zuckerman amplía su artículo para convertirlo en "A Jewish Princedom in Feudal France, 768-900". Entonces sí que se levantó una polvareda considerable que adoptó la forma de artículos que criticaban los contenidos de dicho texto. Las cuatro publicaciones de réplica más importantes son:
"La dynastie des "rois juifs" de Narbonne (IXe- XIVe siècles)" de Aryen Graboïs, publicado en Narbonne: archéologie et histoire. Colloque... tenue à Narbonne, les 14, 15 et 16 avril 1972. 3 Vols (Montpellier, 1973) Tomo II, Págs. 49-54.
"Une principauté juive dans la France du Midi à l´epoque carolingienne?" de Aryen Graboïs, publicado en Annales du Midi nº 85 (1973) Págs. 191-202.
"The Nasi of Narbonne: A Problem in Medieval Historiography" de Jeremy Cohen, publicado en AJS Review nº 2 (1977) Págs. 45-76.
"On the role of the Jews in the establishment of the Spanish March (768-914)" de Bernard Bachrach, publicado en Hispanica Judaica: Studies in the History, Language and Literature of the Jews in the Hispanic World. Barcelona, 1980. Págs. 11-19.
Éstos son sólo lo más representativos porque desde 1973 se publicaron más críticas en revistas históricas, genealógicas o dedicadas al estudio del judaísmo. Que pese a esa amplia oposición, el texto no alcanzara la popularidad ligada al escándalo es buena muestra de que la disputa se mantuvo en todo momento dentro de la discusión académica. El Dr. Zuckerman no quiso aprovecharse de ello para alcanzar un éxito espúreo (actitud, por desgracia, muy poco frecuente y es que hay quién vende su primogenitura por un plato de lentejas). No obstante, cuando existe una contestación generalizada suele ser por una de estas dos causas (o por ambas simultáneamente porque no son excluyentes):
El texto ha "tocado demasiadas narices".
El texto presenta graves fallos.
En este caso concreto hubo algo de ambas consideraciones. El presentar a las monarquías europeas como descendientes de la casa de David no es, sin embargo, tan explosivo como pueda parecer (salvo para los "animalitos" antisemitas, claro). El linaje de cualquier casa real presenta elementos tan impresentables que el añadir a los monarcas davídicos (que según la Biblia, fueron con frecuencia unos "puntos filipinos" de cuidado) no supone ninguna afrenta. No obstante, aceptar la teoría del Dr. Zuckerman significaría que estaba equivocado todo lo que creía saberse de las comunidades judías durante la época carolingia, que sin llegar a los niveles de intolerancia de la España visigoda o la Francia merovingia, los israelitas no habían sido una minoría tratada en pie de igualdad ya que la tesis de Zuckerman suponía que, al menos una familia, había sido privilegiada.
Por muchos trabajos que hubieran debido irse a la papelera, si las pruebas presentadas hubieran sido suficientes, se habría aceptado. El problema es que no lo fueron.
Antes de comenzar la evaluación de las pruebas es conveniente trazar el marco general en el que vamos a movernos. La invasión árabe del reino visigodo no sólo tuvo repercusiones en lo que hoy es España. A partir del 714 los musulmanes cruzan los Pirineos e invaden la Septimania (lo que hoy conocemos como Languedoc). En medio de la crisis generalizada, un bastardo de la dinastía de los Heristal que llevaban años ocupando la dignidad de Mayordomos de Palacio que suponía el gobierno efectivo del reino merovingio, se hizo con el poder. Su nombre era Carlos y se le conocía por el apodo de Martel ("Martillo"). En el 732 derrota a los árabes en la batalla de Poitiers (¿debería decir que fomentó la "alianza de civilizaciones" o cualquier otra gilipollez políticamente correcta semejante?) lo que le dejaba en una posición inmejorable para convertirse en monarca de iure además de rey de facto y más cuando falleció Teodorico (o Thierry) IV en el 737. Sin embargo, Carlos Martel no quiso dar ese paso aunque, eso sí, dejó atada su sucesión en manos de sus hijos Carlomán y Pipino (conocido como "el Breve" porque tenía la estatura de un enanito de jardín, pulgada arriba, pulgada abajo) que llegan al poder en el 741 al fallecer su padre. No obstante, las presiones del resto de la aristocracia les obligó a poner un nuevo monarca en el trono, Childerico (o Khilderico) III en el 743. No obstante, Carlomán se mantuvo como Mayordomo de Palacio de Austrasia mientras Pipino el Breve lo era de Neustria y Borgoña. La renuncia de Carlomán en el 747 para ingresar en un monasterio, deja todo el poder en manos de Pipino el Breve y éste decide aprovecharlo. En el 749 envió una embajada al papa Zacarías para preguntarle si "Estaba bien que fuese Rey de Francia quien ahora no ejercía el poder real". La respuesta de Zacarías (que estaba demasiado ocupado con sus propios problemas para acordarse de aquello de "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César") fue: "Es preferible proclamar Rey a quien detenta el poder de hecho antes que al que lo tiene sólo de nombre." Lo que siguió era, por tanto, perfectamente previsible. En el 751, Childerico III es despojado del reino y obligado a entrar en un convento. El nuevo rey fue, por supuesto, Pipino el Breve que, para que no hubiera dudas de su legitimidad, se hizo ungir por Bonifacio (que más tarde sería elevado a los altares) en el 752 y, por si acaso quedaba algún incrédulo, en el 754 se repitió la ceremonia a manos del papa Esteban II y esta vez fueron ungidos Pipino el Breve y sus hijos Carlomán y Carlos. Es decir, frente a la monarquía tradicional hereditaria, se estaba propugnando una monarquía por la gracia de Dios. El descarado apoyo del papado ni fue desinteresado ni gratuito. La expansión lombarda amenazaba Roma y Esteban II pidió una "ayudita" a Pipino el Breve. Éste invade Italia inmediatamente y en el 756 ha derrotado a los lombardos. Lo que vino a continuación parece demasiado gracioso para ser cierto, pero lo es. El Papa se inventa un documento por el que Constantino habría cedido unas posesiones terrenales al papado, lo que se conoce como "Donación de Constantino" y que, repetimos, es más falsa de una moneda de siete euros. Presenta tal bodrio a Pipino y éste (no sabemos si desconocedor de la trampa o plenamente consciente de ella) confirma la supuesta "Donación de Constantino", es decir, le regala al Papa (además de Roma) el Exarcado (Rávena, Ferrara, Bolonia...) y la Pentápolis (Rímini, Pésaro, Fano, Senigallia y Ancona). De forma tan curiosa, nacen los Estados Pontificios.
Sin embargo, las actuaciones de Pipino no se limitaron a su campaña en Italia. Desde el 752 ataca la Septimania que aún estaba en manos musulmanas. En el 759 consigue apoderarse de Narbonne (o Narbona). Entre el 760 y el 768 consigue la anexión de Aquitania (es decir, el SO francés). En ese mismo año muere y el reino es dividido entre sus dos hijos, a Carlos le corresponde un arco de tierras que iba desde Turingia y Lorena hasta la Aquitania Atlántica mientras que a Carlomán le toca en suerte Borgoña, Provenza, Septimania y la Aquitania Oriental. Ambos hermanos iban a tener ocasión de demostrarse su amor filial (como Caín y Abel, más o menos) cuando se produce una revuelta de los aquitanos al conocerse la muerte de Pipino. Carlos pide ayuda a Carlomán y éste se la niega. Carlos tiene que enfrentarse en solitario a los rebeldes y los derrota. Es la primera de una serie de victoria que le valdrán el apodo de Magnus que, unido a su nombre, determinan la expresión con la que ha pasado a la historia, Carolus Magnus o Carlomagno.
La relación entre ambos hermanos había quedado lo bastante deteriorada como para que se previera una guerra entre ambos que no llegó a estallar porque en 771 murió Carlomán. Carlomagno se apoderó de los territorios de su hermano haciendo caso omiso de los derechos de su cuñada y sus sobrinos que acabaron refugiándose en la corte lombarda.
Ahora que ya hemos concretado el escenario, podemos pasar a examinar las afirmaciones del Dr. Zuckerman. Según este autor, tras la caída de Narbonne en el 759 en manos de Pipino el Breve, éste quiso recompensar la colaboración de los judíos narboneses concediendo privilegios y tierras a un tal Makhir, descendiente de la casa de David, traído desde Babilonia donde se le conocía como Natronai. Makhir es el primero de los nesiim (los líderes de la comunidad judía de Narbonne). Su linaje, además de ser los nesiim, recibieron títulos nobiliarios francos.
Como vemos, esta hipótesis tendría que demostrar dos cosas distintas, la existencia de una especie de "reyes judíos" en Narbonne y, por otra parte, la identificación de los nesiim con algunos miembros de la nobleza carolingia, algo tanto más problemático cuando el propio Dr. Zuckerman asegura que en épocas de mayor intolerancia contra el judaísmo se eliminaron de los documentos escritos las referencias a los nesiim.
¿Qué nos queda entonces? Pues una glosa añadida a un manuscrito del Sefer Ha-Kaballah de Abraham ibn Daud y, también, una narración épica en latín, la "Gesta Karoli Magni ad Carcassonam et Narbonam". Sin embargo estas dos fuentes presentan similitudes, pero también diferencias. Ambas coinciden en señalar la existencia de los nesiim, pero son completamente divergentes en cuanto a los detalles. Para el Addendum a ShK, Carlomagno hace venir de Babilonia a Makhir y lo nombra nasi de Narbonne. En la "Gesta", confirma en su puesto a un nasi que ya existía.
Así las cosas debemos preguntarnos ¿tiene alguna de estas fuentes la menor credibilidad? Ninguna de las dos es contemporánea a los hechos narrados. El Addendum a ShK está copiado en los S XIV o XV y la supuesta crónica original no sería anterior a los S XII o XIII. De esta misma época data la "Gesta". Así pues, lo único que prueban ambos textos es que en torno al S XII existía una tradición en Narbonne que ligaba a los líderes de su comunidad judía con la casa de David y que el proceso de instauración o confirmación de los nesiim se debió a Carlomagno que quiso así premiar la actuación de los israelitas durante la toma de la ciudad. Sin embargo ¿esa tradición se basa en hechos reales o legendarios?
A poco que lo pensemos, reúne todas las características de un mito etiológico, intenta embellecer el origen de algo (en este caso, de los nesiim) asociándolo con personalidades conocidas y presentándolo como muy antiguo. Veamos, la conquista de Narbonne (759) no se debió a Carlomagno sino a su padre, Pipino el Breve. Por tanto sería a él al que le correspondería la concesión de recompensas. Carlomagno no hubiera podido hacerlo hasta doce años después, hasta la muerte de su hermano Carlomán (771) puesto que Narbonne estaba incluida en la herencia de éste. Hasta ese momento, Carlomagno no tuvo soberanía alguna sobre la ciudad.
Obviamente, y al igual que en otros casos similares, estas tradiciones correspondían a un intento de las minorías de embellecer su pasado en un intento de legitimarse a los ojos de la mayoría. En España, por ejemplo, las tradiciones judías señalaban que los sefardíes descendían de los israelitas desterrados después de la primera destrucción del Templo. Con ello querían dejar claro que sus antepasados no tuvieron nada que ver con la Crucifixión de Jesús, que era la excusa esgrimida con frecuencia para justificar la discriminación a la que estaban sometidos.
Todo ello está perfectamente claro desde un punto de vista historiográfico así que al Dr. Zuckerman no le quedaban más que dos salidas, buscar fuentes que corroborasen el contenido de esos textos antes citados o bien reconocer que su postura se basaba en la fe y no en pruebas sólidas.
Zuckerman creyó encontrar ese documento corroboratorio en la confirmación de los límites de la abadía de Caunes realizada por Magnario, conde de Narbonne, fechada el 5 de diciembre del 791. Aunque el documento original se ha perdido, se conserva su facsímil que está incluido en la obra "De re diplomatica" de Jean Mabillon (París, 1681). Para el Dr. Zuckerman el nombre del conde era Maghario, una forma latinizada de Makhir. Además, dado que Magnario aparece como conde de Narbonne, Zuckerman creyó que tenía la doble prueba que necesitaba. Por un lado confirmaba el Addendum a ShK en cuanto a la existencia de Makhir y, por otra, identificaba a Makhir como uno de los condes de Narbonne. Sin embargo, estaba equivocado.
Zuckerman reparó en que la ligadura que aparece en el grupo "gn" de la palabra Magnario era completamente distinta a la que presenta (en este mismo documento) el grupo "gn" en la palabra incompleta regna (de regnante). De ahí, supuso que eso se debía a que el primer grupo no era, en realidad, una "gn" sino una "gh". En realidad, las diferentes ligaduras vienen dadas por las letras anteriores "a" en el caso de Magnario y "e" en el caso de regna. Además, en ninguno de los documentos conservados de los S VIII y IX aparece una "h" ligada y, en todos ellos, las pocas veces que aparece esta letra (que entonces era muy poco empleada) está claramente diferenciada (igual que hoy en día) por el "palito" vertical correspondiente.
Por otra parte, el nombre Magnario está documentado con anterioridad al supuesto nombramiento como nasi y conde de Narbonne de Makhir. Por ejemplo, a mediados del S VII el obispo de Guadalix tenía ese nombre. Además, la redacción del documento, el lenguaje jurídico empleado... no presentan ninguna influencia oriental sino que es plenamente visigodo (la Septimania había formado parte del reino visigodo durante siglos). Así pues, la presunta confirmación documental es inútil en cuanto a ese propósito.
Sigamos hablando de los condes de Narbonne, título que, supuestamente, continuaron empleando los descendientes de Makhir (o Maghario, según Zuckerman). Están documentados los nombres de Milo (782), Magnario (791), Sturmio (entre 778 y 814) y Ademar (comienzos del S IX) pero después desaparece tal título nobiliario que, posiblemente, fue asumido por el marqués de Septimania o Gothia desde la reforma del año 817. Con posterioridad, aparece el título de corregidor (vidame) de Narbonne convertido más tarde en vizconde de Narbonne. Aunque Zuckerman intenta relacionar a los vizcondes de Narbonne con Makhir vuelve a equivocarse. Entre los vizcondes aparecen varios con el nombre de Aymericus (o Aymeri, Aimeri, Aymeric...) y, para Zuckerman este nombre deriva de "Al-Makhiri" una supuesta corrupción árabe de Makhir. Además, aporta como "prueba" la existencia de un cantar de gesta titulado "Aymeri de Narbonne" en la que aparece como el héroe de la conquista de esta ciudad y su primer conde. Sin embargo, ese nombre aparece en la familia de los vizcondes de Narbonne de forma tardía, ya que Aymeric I nació en 1055. Hasta ese momento, aparecen los condes ya citados, los corregidores Francón, Lindoin... los vizcondes Mayeul, Ulbérad, Matfred, Raymond, Bérenger... sin ninguna relación con la onomástica hebrea. El nombre de Aymeri no está documentado en Narbonne durante todo el S VIII y aparece antes (ya en el 940) entre los arzobispos de Narbonne (que se repartían la soberanía sobre la ciudad con los vizcondes) que entre los nobles.
A partir de ese momento, el declive de la obra del Dr. Zuckerman es imparable. Ya que, en su opinión, había establecido la identificación entre Makhir con el inexistente Aymeri continúa con esa misma línea. Varios de los cantares de gesta franceses forman una serie conocida como Ciclo de Guillaume de Orange, tan inexistente como el Aymeri de Narbonne del que era, según los poemas, hijo. Como la figura legendaria de Guillaume está basada en parte en una persona real, Guillaume de Gellone, conde de Toulouse y marqués de Septimania (entre otros títulos), ya tenemos establecido (según Zuckerman) la línea sucesoria. El nasi Makhir (también conocido como como Maghario y Aymeri) es el padre de Guillaume de Gellone. Esta afirmación, no obstante, tropieza con un pequeño problemilla, que el padre de Guillaume de Gellone era Teodorico (o Thierry), conde de Autun. Sin embargo, esto no importa. El Dr. Zuckerman solventa este inconveniente asegurando que Teodorico es el nombre equivalente a Aymeri (algo completamente falso) y que, por tanto, a los nombres ya "conocidos" de Makhir alias Maghario, alias Aymeri hay que añadir el alias de Teodorico.
Si en este mismo momento Vds. están pensando que eso más que el linaje de una familia nobiliar franca parece la ficha policial de un estafador, tienen toda la razón. En este punto, Zuckerman rebasó la fina línea por la que se estaba moviendo porque no hay ni una sola prueba (ni siquiera discutible, producto de una mala interpretación...) que permita relacionar a Teodorico de Autun con Narbonne. Sencillamente, tenemos que creernos (o no) que como Teodorico es Maghario, también fue conde de Narbonne. No existe ni una única fuente contemporánea en la que aparezca el nombre de Teodorico en relación con esta ciudad.
Otro problema que plantea el "meter en el ajo" a Guillaume de Gellone es que éste es más conocido por los católicos como Saint Guillaume porque fue canonizado en el S XI (su fiesta se celebra el 28 de mayo). Como lo de canonizar a un nasi (es decir, a un judío) era algo increíble hasta para el Dr. Zuckerman, éste tiene que salir del paso señalando que se había convertido al catolicismo algo de lo que, nuevamente, no existe la menor prueba.
Resumamos la situación. Partiendo de dos fuentes tardías, intencionales y contradictorias en los detalles, el Dr. Zuckerman defiende que Pipino (pese a que tanto el Addendum a ShK como la Gesta digan que fue Carlomagno, pero en ese caso las fechas no casarían) hizo venir de Oriente a Makhir, de la casa de David, al que concedió los títulos de conde de Autun y de Narbonne, además de casarlo con su hermana Aude -unión de la que nacería entre otros Guillaume de Gellon (aquí tienen la genealogía de la familia)- además de ser nasi de la comunidad judía. Para sostener todo eso se basa en los legendarios cantares de gesta muy posteriores o, directamente en nada en absoluto, porque el Addendum a ShK no menciona en ningún momento los títulos que le concedió "Carlos" a Makhir, sólo dice que le hizo noble. Las restantes pruebas aportadas son, como hemos visto, lecturas erróneas, el parecer del propio autor cuando no, falsedades obvias.
Así las cosas ¿puede extrañarles que, pasada la tormenta inicial, la obra fuera completamente olvidada? Porque si todavía hoy se escucha hablar de ella no es en boca de historiadores, genealogistas... sino por obra de los escritores esotéricos que se empeñan en presentar al Dr. Zuckerman como prueba de lo que éste nunca dijo. Por ejemplo, Baigent, Leigh y Lincoln en "El enigma sagrado" convertirán ese supuesto linaje judeo-franco en la descendencia del propio Jesús, y Javaloys los convierte en protectores de los cátaros haciendo tabla rasa de que para un judío un cátaro estaba más alejado de sus creencias religiosas que un católico (recuerden que los albigenses no concedían ninguna autoridad al Antiguo Testamento). Bastante tuvo el Dr. Zuckerman con sus propios errores (fruto de una mala praxis historiográfica) como para tener que cargar con los ajenos (fruto de una imaginación desbocada).
BIBLIOGRAFÍA:
La crítica a la obra de Zuckerman de la que se han obtenido los datos para este artículo es:
"Saint William, King David, and Makhir: A controversial medieval descent" por Nathaniel L. Taylor. Publicado en The American Genealogist nº 72 (1997), Págs. 203-221.
-Continuará-
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