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Escritos desde el páramo

Segundo misterio jocoso: El candelabro de Mazagatos

Viene de aquí
Una de las mayores trastadas que nos juega el paso del tiempo es la idealización del pasado. Las películas de los 40 y 50 sí que eran buenas, la literatura de comienzos del S XX sí que valía, la música, ah los 60... ¿Hay algo de cierto en ello? Pues más bien poco. ¿Qué sucede, entonces, para que ésas o parecidas frases se escuchen frecuentemente? Que el paso del tiempo es un buen juez. Habitualmente pervive aquello que es bueno o, en menor medida, muy malo. Cuando miramos los 50, los 60... sólo vemos lo que ha sobrevivido a los años pasados. Por contra, el presente es la habitual mixtura de elementos buenos, regulares, malos, pésimos... lo que, evidentemente, ofrece un panorama mucho menos luminoso. Pensemos por un momento que en esos supuestos magníficos años también existieron cosas como la "excelsa" película de Ed Wood "Plan 9 del espacio exterior" casi unánimemente considerada como el peor film de la historia (sospecho que aquéllos que piensan así no han visto "Kárate a muerte en Torremolinos"), que en los años en que las Generaciones del 98 y del 27 suponían una segunda Edad de Oro de las letras españolas, también había escritores tan "famosos" como Serafín Puertas, Lope Gisbert, Arias Campoamor... (no se preocupen si no han oído hablar nunca de ellos. No se pierden absolutamente nada), que los maravillosos años 60 escucharon canciones como la que mi tocayo perpetró sobre el Peñón de Gibraltar...
De igual forma podemos tener la falsa percepción de que el esoterismo de antaño tenía, al menos, mucho mayor calidad literaria que el actual. Reconozco que leo con gusto obras como "El Espiritismo" de Conan Doyle, "Animismo y Espiritismo" de Alejandro Aksakof, "Simbología arcaica" de Mario Rosso de Luna... placer que, ni en sueños, encuentro en sus colegas actuales más populares (sí en algunos mucho menos famosos). No obstante, tampoco entonces todo el monte era orégano porque existían escritores tan deplorables como Madame Blavatsky o Ignatius Donnelly junto a personas que, ni siquiera, se atrevían a firmar sus obras. Me encantaría saber quién fue el que parió anónimamente "El gran libro de los oráculos de Napoleón o arte de adivinar la suerte presente y futura de las personas" que es, posiblemente, el libro peor escrito y editado que haya visto en mi vida.
Como ya habrán adivinado por el preámbulo, vamos a hablar de las cualidades literarias (absolutamente inexistentes en mi opinión) de la obra "Los guardianes del secreto. La revelación del mayor enigma de Occidente" por Lorenzo Fernández Bueno. Ed. Edaf. Madrid, 5ª edición, abril de 2004.
El estilo de escritura de D. Lorenzo es peculiar. Consiste en acumular palabras (preferentemente que suenen impresionantes) sin pararse a pensar si vienen a cuento, si son redudantes o, incluso, si son contradictorias. Por ejemplo, en la página 20 nos comunica: "Mi acompañante, un joven adolescente..." (¿conocerá el Sr. Fernández algún anciano adolescente?) y en la 148: "...aún conservaba la viveza y movilidad de un zagal adolescente." (diga Vd. que sí, también debe conocer zagales de 60 años). En la página 244 nos encontramos con un sorprendente: "El silencio retumbó en la habitación." Juraría que si hay algo que no puede retumbar es, precisamente, el silencio. No obstante, para mí lo más deplorable son algunas frases en las que la acumulación de palabras lejos de producir un efecto literario consigue su contrario, semejar la parodia de un lenguaje culto. Por ejemplo, en la página 17: "El tren avanza, rompe la noche en mil pedazos, aullando en la oscuridad. Aún faltan seis horas para arribar a la ciudad eterna, Roma. Allí me aguarda Marco "il messagero". Sus años de trabajo duplican los de cualquiera, sumido en las profundidades de un Vaticano repleto de recovecos interesantes, que a él le han dado respuestas inconfesables, y que quiere compartir..." lo que me deja con varias dudas, primera si el tal Marco tiene la profesión de pocero (por aquello de sumido en las profundidades del Vaticano), segundo qué edad tiene el tal Marco porque si sus años de trabajo duplican los de cualquiera y yo conozco a personas que llevan más de 50 años trabajando... la tercera duda es como se comparte algo que es inconfesable. Juraría que eso es equivalente a realizar un imposible...
No se crean que es la única muestra de tan peculiar estilo de escritura. Me "encanta" esta frase de la página 61: "Continuaba, reflectando las llamas de la luminaria en los bordes de sus señoriales lentes.". Tampoco "son mancas" estas otras de la página 64: "El pensamiento, puro y sincero, no era sino el reflejo de un anhelo. Quería reafirmar que no me hallaba en el cruel sendero de la equivocación. Ansiaba una señal, algo que renovara el ánimo vital para seguir con este periplo difícil y malentendido." Sin embargo, ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito (sólo unos 10.000 libros) y que lo que en mi opinión es un estilo empalagoso y cursi hasta la saciedad, para otros puede resultar literario. Por ello, resulta más grave puesto que es inexcusable que emplee palabras que parece que ignora qué significan en realidad (eso sí, quedan bonitas). Por ejemplo, en la página 11 nos sorprende con un: "amiga y hermana que con sus traducciones de los sismográficos textos franceses..." dado que no sabemos qué puñetas pintan los sismógrafos (es decir, los aparatitos que miden la amplitud y dirección de las oscilaciones de los terremotos) en esta historia. Por cierto, y ya que hablamos de francés, su señora hermana podría haberle corregido sus citas en francés como: "Bon soir mon amîe" (Pág. 109) en la que lo de menos es que sobra el acento circunflejo porque lo "gordo" es que convierte a D. Lorenzo en Dña. Lorenza (ami es amigo y amie es amiga) o esta otra de la misma página: "Cést moi, monsieur" que, aparte de recordar un anuncio de perfumes, es incorrecta (bien escrito es C´est moi, monsieur -Soy yo, señor-). Claro que también podría haber traducido bien los textos (nada sismográficos) franceses. En la página 98 cita: "Notice sur Rénnes-le-Château el l´abbé Saunière" (por cierto no es "el", es "et") y traduce: "Información sobre Rénnes-le-Château y el abad Saunière". Lamento informarle que "abbé" se traduce en castellano como padre, sacerdote o cura. Sólo se puede traducir como abad cuando la persona de la que se habla lo sea, lo que no es el caso porque la iglesia de Rénnes-le-Château no es ninguna abadía. Una vez que queda claro que Zapatero no es el único que ignora el bello idioma francés prosegimos con nuestros ejemplos de "Coloca la palabra bonita aunque no sepas qué significa" (el pareado es deplorable, lo sé).
En la página 144 nos informa de que: "El curioso efecto se producía cuando el astro rey atravesaba un punto determinado de la vidriera situada a la derecha del altar mayor." En efecto, estoy seguro de que si algún día, el astro rey (el Sol, para entendernos) atravesara la vidriera, el efecto resultaría de lo más curioso. La pena, claro, es que no habría nadie vivo para verlo. En realidad, tampoco habría vidriera, iglesia... si el Sol se acercara hasta ese punto, claro. Supongo que se olvidó de aclarar que se refería a la luz solar y no a la estrella en sí.
En la página 57 asegura: "... es precisamente entonces, en el traslado desde la ciudad del Tajo hasta el puerto de embarque en Cádiz donde definitivamente no se volvió a tener noticia del valioso pecio." Pues la respuesta es sencilla, si es un pecio que busquen el tesoro del Templo de Jerusalén (que es a lo que se refiere el autor) en el fondo del mar (matarile, rile, rile) porque un pecio es un fragmento de un barco hundido o de su carga. (Lo de naufragar entre Toledo y Cádiz ya me explicará cómo es posible).
En la página 75 nueva ocasión para el asombro: "... salvo la siniestra silueta de varios árboles que retorcían sus ramas en contorsiones imposibles, nada. Allí no había nadie, a expensas de mí...". Aparte de que, nuevamente, ignoro cómo puede suceder lo que es "imposible", tal vez no hubiera nadie a expensas del autor, pero ¿había alguien aunque éste abonara sus propios gastos? Porque "a expensas" significa a costa, por cuenta, a cargo.
Ésta es muy divertida. En la página 243 asegura: "...d´Aumont fue embestido Gran Maestre de la Orden..." Pobre d´Aumont. ¿Le hicieron mucho daño cuando le embistieron? Porque "embestir" es arrojarse con ímpetu sobre una persona o cosa. Sospecho que quiso escribir "fue investido"...
Otra más, en las páginas 245-246: "... manchadas con la savia de alguna comida precipitada." Dura vida la del investigador esotérico. Tiemblo de pensar qué tuvo que comer para que quedaran manchas de savia (jugo que nutre las plantas) en los papeles. ¿Cuarto y mitad de alfalfa fresca? ¿Cien gramos de césped? ¿Bocata de lechuga sin lavar?...
La última, en la página 130 que ignoro si incluirla entre los fallos léxicos o en la categoría de error tamaño catedralicio: "De hecho se decía que San Sebastián era el patrón secreto de los templarios -20 de enero- que coincide con el solsticio de invierno." Evidentemente, san Sebastián no será nunca el patrón (secreto o declarado) de los astrónomos porque el solsticio de invierno no se produce en enero sino en diciembre. Ignoro si quería referire a otro fenómeno astronómico o que, sencillamente, ignora cuándo se produce el solsticio hiemal (hablando de cursiladas...)
Por supuesto, todo esto no tendría excesiva importancia si el contenido fuera bueno, pero esto será lo que nos ocupe a partir de este momento.
-Continuará-
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