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Escritos desde el páramo

Haciendo enemigos (y V)

Para concluir con estas irreflexiones sobre el pensamiento crítico, hablemos de un tema que a todos nos preocupa pero que no está bien visto que se trate en público, el sex... los cuartos. No, no me refiero a las habitaciones de una casa ni a los que van después de los terceros, sino al vil metal (que ya quisiera yo atesorar en grandes cantidades por muy vil que sea).
Sentemos (no sea que si continúa de pie acabe por cansarse) una premisa cuya comprensión debe resultar sumamente dificultosa habida cuenta de que a alguno no termina de entrarle en la cabeza: vivimos en una economía capitalista.
Prescindimos de si eso puede gustar poco, mucho o nada, de si habría que cambiar esa realidad... porque, sencillamente, nos limitamos a consignar un hecho. Una de las premisas de ese tipo de economía es que el trabajador recibe un sueldo por su labor, tanto si se trata del Supremo Hacedor de Agujeros en las Rosquillas o si es el Excelso Recauchutador de Preservativos Picados.
Ignoro si alguno de Vds. puede permitirse el "currar" por la "filosa", pero servidor es de las personas que tienen que trabajar para vivir (raro que es uno). Lo de alimentarme del aire no me da buenos resultados, la verdad. Si hasta los hombrecillos verdes (sin duda por poseer células rebosantes de clorofila) han acabado por tornarse grises (para mí que necesitan abono para hortensias), pueden imaginarse las posibilidades que tengo de efectuar la fotosíntesis siendo blanco (perdón), siendo euro-americano.
Otra cosa es la afición que cada uno tenga (por ejemplo, garabatear historias en un blog), algo que no sólo no suele rendir beneficios económicos sino que da pie a gastos varios. En mi caso, no obstante, quedo a la espera de recibir cualquier día de éstos unos cheques atrasados del KGB, el MI6, el Mossad y hasta de la TIA. ¿No sabían Vds. que a los escépticos nos pagan los Servicios Secretos de medio mundo? Pues yo tampoco conocía tan sorprendente revelación, pero por si acaso ya tengo preparada la hucha-cerdito.
¿A que venía todo esto? Como hoy no he cubierto aún el cupo de digresiones, vamos con otra más (lo siento mucho, pero hoy hace una noche preciosa y no tengo ninguna razón para acabar pronto). Existe un género literario hoy tan periclitado como la propia palabra periclitado, el Diálogo, una conversación entre dos o más personajes en los que cada uno defiende una postura diferente sobre un problema de índole generalmente filosófica.
Demasiado artificioso para el gusto moderno, el género ya estaba en declive cuando un italiano devorador de pizzas lo retomó y lo remató. Por si acaso quedara en él (en el género del Diálogo, no en el italiano devorador de pizzas) un mínimo aliento, lo recuperamos para asestarle el definitivo tiro de gracia (no vean qué gracia, je, je).
Hago la advertencia de que voy a apartarme por completo de la realidad. Los personajes, pues, son fruto de la falta de imaginación del autor y cualquier parecido con los asociados de cualesquiera entidad escéptica naciente o moribunda se debe al mero azar.
Además, encontrarán la escena artificiosa. La verdad, no sé que ganaríamos con un diálogo realista:
-Oye, tú.
-Pos anda que tú, peazocab(pitido)
-Sujetaisme qui le v´y a dar d´hos(pitido)
-Si tú no das ni pena, hijopu(pitido)
-Anda´chuparle la po(pitido) a tu pa´re. Mari(pitido) el pa´re y más mari(pitido) el hijopu(pitido) éste.
-Anda´ver qué caja hizo tu ma´re anoche. A ver s´algún cliente le gustan gordas y escrofulosas, hijopu(pitido) de mier(pitido)
-(Pitido) (pitido) (pitido)
-(Pitido) (pitido)
(Llega el árbitro, cansado de tanto soplar el silbato, y expulsa a los jugadores del Real Unión y del Real Betis por desconsideración al contrario). Fin del diálogo realista. Malos tiempos para la Lírica, la Oratoria, la Dialéctica...
Así pues, olvidémonos de la cutrez predominante y sean dos personajes. El primero será Ignatius J. Arpíez, Malleus Maguforum (es decir, azote de los profesionales del esoterismo -ya, ya sé que la traducción no es literal-), y el segundo será Simplicius Pragmáticus, cultivador no de intelectos sino de cebolinos.
El lugar, una huerta amena, regada por cantarina fuente cuyo son armonioso se entremezcla con el suave trinar de unas avecillas y el tronar de las emisiones de metano de un par de vacas que allí pacen sin intervenir en la conversación pues esto es Diálogo y no Fábula.
Entra Ignatius J. Arpíez vestido muy adecuadamente para una excursión campestre: terno en purísima lana virginal (para su confección úsase sólo la procedente de ovejas opusinas que no hayan conocido carnero ni pastor) de Ermenegildo Zeño color azul marino, corbata de Balenciano en seda natural granate, camisa en algodón egipciano verde pistacho con rayas fucsias de la acreditada firma Kermesse de los sábados sabadetes, los zapatos no se distinguen bien pues están cubiertos de barro. En su mano diestra (que no en su diestra mano), portafolios marca Samson & Dalila color burdeos, realizado en genuino escroto de ternera del Atlas (o eso cree él). En su mano siniestra, un ejemplar de "La consolación por la filosofía" de Anicio Manlio Severino Boecio, que permanece intonso pues no tiene tiempo para leer tonterías "de Letras".
Simplicius Pragmáticus no entra porque ya está en escena. Aparece revestido con un mono que en tiempos (lejanos) fue azul oscuro, ahora cubierto de manchas de sospechoso color que hacen pensar que ha estado acarreando estiércol o, tal vez, que ha leído "El código da Vinci". En su mano diestra sujeta el mango de un azadón que maneja con suma pericia e inmensa lumbalgia. En la mano siniestra lo mismo (no pensarán que un azadón se maneja con una sola mano ¿verdad?). A la sazón se haya trazando unas hiladas para plantones con evidente esfuerzo pues la amena huerta es un pedregal de caralho (como verán, no dudamos en renovar el antiguo género literario con unos toques de verismo).
Dispuestos los personajes y el escenario, comienza aquí nuestro diálogo De pecunia:
[Ignatius] -Probo horticultor, ¿le importa que tome asiento y un buchito de aquesta cantarina fontana, digna de ser morada de cuantas ninfas y náyades imaginarse pueda?
[Simplicius] -Pues Usía verá, mas me barrunto que no habiendo aquí trono, silla, banqueta, taburete o escabel si tal hace va a mancharse tan adecuada vestimenta como trae Su Señoría para pasear por estos pagos. En cuanto al agua de la fuente, el último que osó catarla aún está en la UCI y más próximo a que le canten el gori-gori que a contarlo. Porque nínfulas de ésas no se si habrá mas lo que son pesticidas...
[I] -No, si cuando la jornada viene sembrada de luctuosos acontecimientos...
[S] -¿Qué le ha sucedido a Vuecencia?
[I] -Vengo rebosante de justa indignación.
[S] -Ya... ¿Por ventura hásele estropeado el aire acondicionado del despacho oficial?
[I] -Mucho peor, probo horticultor. Acabo de pasar frente al kiosoco y vengo mudo por lo que allí he tenido que contemplar.
[S] -Pues, anda, que si no viniera mudo... ¿Y qué es lo que tanto indigna a Vuesa Merced?
[I] -Esa portada... ¡Dónde vamos a llegar! ¡Qué revista!
[S] -Ya entiendo a Usía. Ha visto lo de los amores de Romeo y Calixto que publica ¡Adiós! Mas no creo que haya para tanto, que eso hoy es algo normal.
[I] -¡Qué ha de ser tal! Eso es sinónimo de sociedad abierta y tolerante y, por tanto, digno de aplauso, loa y alabanza. No. Vengo reconcomido con ese inmundo panfleto, con ese pozo de corrupción intelectual llamado Enigmáticos Misterios del Más Allá del Bien y del Mal. ¡Qué titulares! "Entrevistamos al zapatero del Bigfoot" "Confirmado: el fantasma de Jan van Eyck pinto las caras de Bélmez con óleo de Sierra Brágima" "Desvelamos el secreto: María Magdalena era un travesti"... ¿Qué le parece?
[S] -Que como dice mi padre, que en la gloria esté porque la tarde viene un tanto fresca y si no el relente le puede atacar el lumbago, de dónde no hay, no se puede sacar.
[I] -Pero ¿no arde de indignación por tamaña indignidad, no siente el impulso de quemar ese inmundo panfleto, esa muestra de obscurantismo medieval...?
[S] -Pues mire, Su Señoría, lo único que siento arder es el lomo y no de indignación sino por el peso de este azadón. y en cuanto a fogatas aún es pronto para ello. Cuando caiga el sol quizás, y entonces tanto calor da un panfleto como una revista científica.
[I] -Habráse visto tamaña despreocupación... ¡Así va el país!
[S] -Y el mundo y el abc. Pero todo esto hace que me ronde el caletre una pregunta, ¿qué concepto de la tolerancia tiene Vuecencia?
[I] -¿Por qué?
[S] -Pone buen semblate a la libertad sexual y malo a la de pensamiento. Pardiez que es curioso.
[I] -No entiende, probo horticultor, la clara diferencia que existe entre ambos casos.
[S] -Pues Usía haría bien en explicármelo, porque tengo para mí que cualesquiera puede hacer con su sexo y con sus seso lo que le plugiere, y el que se sienta molesto por ello, que se opere de fimosis en un ojo.
[I] -Sin duda por su continua y abnegada dedicación a estas tomateras...
[S] -Son pimientos de Torquemada, pero no se inquiete por tan poca cosa y prosiga.
[I] -...no puede preocuparse en debida forma por estos abtrusos problemas intelectuales a la altura que, sin duda, merecen...
[S] -Pues bájelos a tierra que no han de sufrir por ello menoscabo alguno al contario que vuestros zapatos.
[I] -...así que lo expondré de forma clara, sin innecesarios circunloquios, atendiendo a la etiología del problema, con precisión quirúrgica pero huyendo de oscuros tecnicismos...
[S] -Tengo una vaca lechera,
no es una vaca cualquiera,
me da leche merengada,
¡Ay, qué vaca tan salada!
Tolón, tolón...
[I] -...que pudieran macular la prístina elegancia de los conceptos que voy a manejar. ¿Me sigue?
[S] -¿Como no? De momento Vuesa Merced no ha ido a parte alguna, así que poco mérito puedo recabar por ello.
[I] -Veamos, probo horticultor, el problema no radica en la libertad de pensamiento y expresión, siempre defendible incluso cuando no se compartan las ideas de nazca de ello, sino en su aprovechamiento económico. ¿Comprende? En la confección y venta de ese panfleto.
[S] -Entiendo. Usía no ve bien que exista Sobre el Arcoiris, revista para gays y lesbianas.
[I] -¿Cómooooo?
[S] -Puesto que según Vuecencia el motivo para su indignación no reside en el derecho en sí mismo, que reconoce y acepta, sino en la existencia de una publicación dirigida específicamente a un sector de la población que ha elegido ejercer esa libertad de una forma determinada, entonces necesariamente estará en contra de cualquier revista que se ajuste a esa descripción, sea pro-esotérica, pro-homosexual o pro-cesiones de Semana Santa.
[I] -Pero el dinero que perciben...
[S] -Claro, las demás revistas son ediciones no venales, y Usía se encontró esas ropas colgando de un árbol mientras se dirigía en cueros vivos a su trabajo que, por supuesto, realiza de forma desinteresada y sin percibir contraprestación económica alguna.
[I] -No, es que el problema tampoco está en la mera existencia de una revista de temas esotéricos, ni siquiera es que se venda sino en que sus contenidos son falsos.
[S] -Ya... Perdone la pregunta ¿si existiera ese ser llamado Dios cree que trabajaría en alguna redacción?
[I] -No vislumbro la razón para esa interrogación, pero si así fuera tengo para mí que no.
[S] -¿Y si en vez de Dios hablásemos de ángeles o cualesquiera otro espíritu superior? ¿Cree que ellos sí trabajarían en una revista?
[I] -Por supuesto que no. ¡Qué pregunta tan majadera!
[S] -Entonces debemos convenir que la plantilla de una redacción está formada por meros mortales.
[I] -Así lo aceptaré pues es realmente así.
[S] -¿Cree Vuesa Merced que entre las características del ser humano figura la perfección y la inerrancia?
[I] -¿Cómo habría de pensar tal, cuando la realidad demuestra lo contrario un día sí y otro también?
[S] -En ese caso, cualquier publicación, como obra humana que es, habrá de contener errores.
[I] -Así debe ser.
[S] -Entonces cualquier revista y no sólo las esotéricas estará vendiendo contenido falsos, que es justo la recriminación que Vuecencia hacía.
[I] -Buen intento, probo horticultor, pero ha olvidado un matiz fundamental, que las publicaciones esotéricas venden errores a sabiendas de que lo son, algo bien distinto a los fallos inintencionados.
[S] -Aunque deberíamos hablar de esos "fallos inintencionados" como encontrar terroristas suicidas do nunca los hubo, lo obviaremos porque la mala práctica de muchos no puede disculpar la de uno. Así pues centrémonos en otro aspecto de lo que Usía afirma. Debo considerar que la razón para su indignación no se debe a que las revistas esotéricas cometan errores sino a que éstos son fruto de una actitud consciente y no de su falta de aptitud.
[I] -Así es.
[S] -¿Ésa es su postura final? ¿No va a añadir nuevas precisiones si contesto también a esto?
[I] -Así lo acepto.
[S] -Entonces Vuesa Merced considera reprobable e indignante que, siendo conscientes de que la realidad es otra, vendan algo a sabiendas de que no es verdad, por lo que supone de engaño al comprador y lector.
[I] -Eso es justamente lo que pienso de este caso.
[S] -Y, por coherencia intelectual, si eso es lo que resulta criticable lo será igualmente en cualquier caso equiparable, ¿no?
[I] -Por descontado.
[S] -Y si Usía acepta como algo normal situaciones análogas, ¿estaría dispuesto a reflexionar sobre si su actitud puede estar teñida de prejuicios contra el esoterismo?
[I] -Sé que no es el caso, pero si lo fuera tendría que aceptarlo.
[S] -¿Vuecencia posee el don de la Telepatía?
[I] -¿Cómo?
[S] -Que si Vuesa Merced conoce lo que piensan otras personas.
[I] -Sé lo que significa Telepatía. Lo que me sorprende es que haga esa pregunta.
[S] -Queda claro entonces que no es telépata porque en tal caso sabría la razón de ella.
[I] -Ni lo soy ni he pretendido nunca serlo.
[S] -Bien. ¿Cómo sabe entonces que se trata de errores intencionados y no de fallos inadvertidos?
[I] -Porque resulta evidente.
[S] -¿Por qué?
[I] -Porque es imposible que alguien pueda creer esa sarta de sandeces. Si no lo creen y lo publican, están engañando al lector. Pura lógica.
[S] -Pura lógica... pero acaba de contradecirse. Si lo que publican esas revistas fuera increíble no podría existir engaño alguno puesto que sus lectores no podrían creer en la realidad de lo afirmado en ellas. En ese caso, estaríamos en un caso equiparable al de la Literatura. Una novela, por ejemplo, es algo que el autor sabe que no es cierto pero que, de igual forma, vende a un lector. No podemos hablar de engaño porque el comprador acepta que no es real por mucho que el novelista quiera disfrazarla como tal. Si, por el contrario, esas aseveraciones de las revistas esotéricas no son increíbles y pueden ser aceptadas por sus lectores entonces cabría hablar de engaño, pero entonces ¿cómo sabe que se trata de errores intencionados y no de fallos inadvertidos?
[I] -Eso es un sofisma.
[S] -No, es lógica.
[I] -Ha habido casos de autores que han reconocido que no creían en lo que estaban propalando.
[S] -En ese caso, esos autores sí son culpables de haber engañado a sus lectores, pero de ahí no podemos pasar a responsabilizar de idéntica manera a toda publicación del mismo tipo, de igual forma que también ha habido casos dentro del periodismo en que se han inventado entrevistas y eso no autoriza a la descalificación genérica de los medios de comunicación. Cada cuál es responsable de sus actos, no de aquéllos que cometan los demás, ni siquiera cuando éstos sean colegas o amigos.
[I] -¿Me está diciendo que le parece bien que se escriban esas tonterías?
[S] -Nada tengo que objetar al hecho de que se escriban, ni siquiera al que aquéllos que trabajan en eso cobren un salario por su labor.
[I] -Pero eso supone la impunidad de sus errores que pueden crear graves daños sociales.
[S] -Para nada. Vuesa Merced puede leer la revista, criticar lo que publican y distribuir sus objeciones por el medio que estime conveniente. ¿No se ha enterado de que existe algo que se llama Internet?
[I] -Mi tiempo es precioso para perderlo con esas tonterías.
[S] -Comprendo. ¿Y a qué dedica su tiempo?
[I] -A trabajar...
[S] -¿Las veinticuatro horas del día?
[I] -Por supuesto que no. Tengo mis horas de descanso, como todo el mundo.
[S] -Ahí quería yo llegar. Usía recrimina que exista gente que yerra y, sin embargo, cobre por su trabajo, pero no está dispuesto a intentar impedir la expansión de esos errores tan graves por comodidad, es decir, por puro egoísmo. Dígame, si le pagaran por ello, ¿reconsideraría su actitud?
[I] -Si el salario fuera lo suficientemente elevado, estaría dispuesto a hacer de ello mi profesión.
[S] -¿Puede Vuecencia explicarme la ética de su actitud? Si las afirmaciones esotéricas son tan graves como para justificar su indignación ¿por qué prefiere guardar silencio mientras no obtenga con ello ganancia alguna en vez de contradecirlas? No obstante, si le pagaran todo sería distinto. ¿En qué se diferencia Vuesa Merced de aquéllos que le indignan? Si ellos siembran el error por dinero, Usía lo permite sólo porque no obtiene lo propio. Si ellos pecan por la paga, Vuecencia lo hace por omisión. Puestos a pecar, al menos el que lo hace por un motivo real, tiene una cierta disculpa. ¿Cuál es la suya?
(Ignatius J. Arpíez vase amoscado mientras musita: Patán destripaterrones. ¿Qué sabra él de estas cosas?
Simplicius Pragmáticus quédase cultivando el huerto mientras cae lentamente el telón.)
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