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Escritos desde el páramo

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XII)

Viene de aquí
Una vez que D. Lorenzo ha logrado el difícil objetivo de hablar de la caída de Montségur sin mencionar para nada el pequeño incidente de la matanza de Avignonet ¿cómo resuelve este episodio histórico? Veámoslo:
"Empero, un bastión resistió hasta el final con obstinado pundonor. Montségur, el mítico castillo ubicado en las estribaciones de la tierra languedociana, último reducto del catarismo, guardián de un secreto que había de ser rescatado a toda costa... El secreto por el que, quién sabe, posiblemente se dispuso la exterminación de un pueblo presto a morir por defender el legado..." (Págs. 171-172)
No sé Vds. pero la verdad es que yo estoy un poco hasta los mismísimos de tanto secreto para arriba, secreto para abajo pero debemos tener aún un poco de paciencia porque no hay plazo que no se cumpla ni secreto que no se revele aunque, en este caso, sería más acertado señalar que no hay monte (por muy seguro que sea) que no termine por parir.
Podemos comprobar una vez más que no hay nada capaz de igualar un buen mito porque Montségur es mucho más un mito que una realidad. No fue el "último reducto del catarismo" porque casi cien años (en 1329, para ser precisos) después de su caída aún se quemó a tres albigenses en Carcassonne. Tampoco fue la última plaza fuerte cátara en ser tomada ("honor" que le corresponde a Quéribus en 1255, once años después de la caída de Montségur). Tampoco fue la mayor matanza de herejes cátaros (es superada por la de Lavaur y al menos igualada por la de Verona). ¿Por qué, entonces, es tan famoso Montségur? Hay varias razones, una de ellas es que el catarismo populista comienza con obras como Histoire des Albigeois de Napoleón Peyrat (publicada entre 1870-1881) y en ella ya aparece Montségur rodeado de misterio y leyenda, que si Montségur se construyó sobre un templo solar cántabro, que si la necrópolis, que si los sarcófagos de los Perfectos, que si tuviera dos ruedas sería una bicicleta...
No obstante ser un texto más fantástico que histórico, fue aún peor cuando el tema fue recogido por el esoterista Joséphin Péladan (éste ya metió en el ajo al Grial) y degeneró hasta límites insospechados cuando cayó en manos del nazi Otto Rahn. Si tienen interés en el tema, aquí tienen un artículo (en inglés) sobre el catarismo esotérico.
A nivel histórico, Montségur es importante por su relación como desencadenante (a través de los asesinatos de Avignonet) de la última insurrección occitana contra los franceses.
Sin embargo, me permito dudar que muchas de las personas que acuden al monte francés conozcan las obras de Péladan y Rahn así como la verdadera historia de los cátaros. A nivel popular, con Montségur se relacionan dos afirmaciones, una es que allí está el tesoro cátaro y la segunda es que Montségur fue un templo solar cátaro. Si me permiten un ligero exabrupto ¡manda carajo que un lugar cátaro sea conocidos por dos cosas que, de ser ciertas, entrarían en contradicción con sus propias creencias!
Evidentemente lo del tesoro sí es cierto (ya lo comentamos aquí) y así lo confirmaron los supervivientes de Montségur en sus declaraciones ante la Inquisición. Aprovecho para aclarar que aunque algunos autores (D. Lorenzo entre ellos) hacen una narración que parece sugerir que todos los habitantes de Montségur murieron quemados, no es así. Fueron a la pira los Perfectos que no abjuraron (ninguno lo hizo) en número de unos doscientos, pero en Montségur había más gente que no eran Perfectos, entre otros los soldados mercenarios de la guarnición y sus familias, además de creyentes no consolados (y que entre éstos y aquéllos eran también unos doscientos). ¿Cómo se explica que la iglesia cátara que consideraba todo lo material como diabólico se dedicase a atesorar, oro, plata y monedas? Permítanme una pregunta ¿les sorprende que la misma Iglesia católica que acepta como un mandamiento inspirado por Dios el precepto de "No matarás" predicara las Cruzadas y que considerara como un hecho meritorio el ir a matar musulmanes, cátaros...? ¿Por qué, entonces, habríamos de considerar a los cátaros como más fieles con sus propios principios? Sólo si partimos de una visión idealizada (y por tanto falsa) de los albigenses podemos asombrarnos de ello, máxime cuando hacían mayor hincapié en la vida ascética y en la castidad que en la pobreza. Ahí queda, no obstante, la contradicción que numerosos panegiristas actuales se empeñan en obviar.
Otra cosa bien distinta es la afirmación sobre el templo solar cátaro. Sabemos que los albigenses no tenían templos y que consideraban que en cualquier lugar se podía rendir culto a Dios. Tampoco en ninguno de los textos cátaros conservados o en las declaraciones ante la Inquisición se hace referencia a una iglesia o lugar semejante. ¿Estamos, pues, ante una nueva contradicción como la del tesoro cátaro?
En la década de los cincuenta del siglo pasado, Fernand Niel comenzó a especular sobre el atípico castillo de Montségur. Escuchemos sus palabras:
"El castillo de Montségur brinda un aspecto absolutamente extraño. Dejando aparte su situación en la cumbre de una montaña cuyas laderas son extraordinariamente escarpadas, muy pocos elementos le podrían dar el título de castillo-fortaleza. Una monumental puerta, murallas desprovistas de saeteras y, probablemente, de almenas, salvo en la muralla oriental, la ausencia de todas las disposiciones laterales de defensa y de todo valor estratégico, hacen de esta construcción un monumento único, difícilmente asimilable a todos los vestigios que nos han quedado de la edad media. No es más que un gran cofre de piedra, una especie de sarcófago de forma pentagonal, pegado a una pequeña construcción, en cuyo plano un lado es más largo que el otro, a la que se llama "torreón"." [1] (Págs. 129-130)
"Finalmente, a lo largo de la historia de la Cruzada vemos a los albigenses dar una importancia excepcional a aquel sarcófago de piedra, ellos justamente, para los que nada tenía importancia salvo el espíritu. Y tanto es así que se puede llegar a creer que Montségur no era otra cosa que un templo, un monumento consagrado al culto, antes de convertirse, bajo la presión de los acontecimientos en un lugar de defensa." [1] (Pág. 130)
"Sea como fuere, esta extraña construcción de piedra oculta, sobre todo en su plano, la curiosa posibilidad de reproducir, con sorprendente precisión, las principales posiciones del sol en su salida." [1] (Pág. 130)
"La figura que reproducimos en la página siguiente indica, por ejemplo, los alineamientos que dan la dirección del sol naciente en el solsticio de invierno. Si se relaciona con los que hemos dicho acerca del simbolismo solar en la religión maniquea, Montségur habría sido inicialmente, un templo maniqueo o, al menos, lo habría podido ser. Su situación en una parte alejada de los Pirineos le habría preservado de las destrucciones ordenadas por la Iglesia." [1] (Págs. 130-131)
Ésta es la hipótesis de monsieur Niel (que, por cierto, no tenía nada de alucinado, pero "el mejor escribiente echa un borrón" y, en este caso, le tocó pagar su cuota de errores).
Esto, por arte de birlibirloque, es convertido por el Sr. Fernández Bueno en lo siguiente:
"Reconstruido a principios del S XIII con permiso de Raimundo de Perella, dueño y señor de las tierras, a petición de los cátaros Raimundo Blasquo y Raimundo de Mirepoix, la edificación del mismo corrió a cargo del ingeniero Arnaud, quien un tanto escamado y no menos sorprendido observó como aquellos dos hombres de aspecto bonachón y negros ropajes asesoraban todos y cada uno de los pasos que él disponía. De hecho, Montségur no estaba concebido únicamente como una fortaleza, sino también como un templo en permanente armonía con el movimiento de los astros. Sus recovecos y rincones eran punto de inicio y final por el que se ofrecía entrada a solsticios, equinoccios, alineamientos solares, planetarios, etc. Ni más ni menos, "adivinaron" los cafres pontificios, que un lugar de culto a la herejía" (Págs. 174-175)
¿No es maravilloso? Monsieur Niel hace unas observaciones referidas al alineamiento de la planta del castillo con la salida del sol durante el solsticio de invierno y eso se convierte, maravillosa capacidad de fabulación, en que dos cátaros (por cierto ¿dónde se conservan sus retratos para que D. Lorenzo pueda saber si tenían "aspecto bonachón" o rostros patibularios?) dirigieron la construcción del castillo de Montségur para que mostrara todo tipo de eventos astronómicos, solsticios, equinoccios, alineamientos planetarios...
El desbarre sobre la proposición original es de tal calibre que, por una vez, me voy a contener y a contestar sólo a la fuente primaria, a monsieur Niel.
Todo su trabajo es inútil porque parte de un monumental (nunca mejor dicho) error de base, que el castillo de Montségur es una construcción cátara.
Existió en Montségur un antiguo castillo (al que se conoce como Montségur I) que a comienzos del S XIII estaba completamente arruinado. El Montségur cátaro (al que se llama Montségur II) no era un castillo sino un castrum, un castro (aldea fortificada), con una casa señorial con su torreón (caput castris) en la que vivía la familia de Raymond de Péreille, diversas casas para uso de los visitantes (hospicia), casas y cabañas (domus, cabana) para los residentes y cisternas para recoger el agua de lluvia. En el aspecto defensivo, existía una palestra, un foso, al menos dos barbacanas y un fortín que es el que fue capturado a finales de 1243 por los Cruzados. Todo ello, en cumplimiento de las disposiciones de la Iglesia para combatir la herejía, fue completamente arrasado en 1244 hasta el punto de que han sido necesarias sucesivas campañas de excavaciones arqueológicas (actualmente bajo dirección de André Czeski) para poder reconstruir su aspecto en aquella época. A finales del S XIII, la familia de Lévis a la que había sido entregado el lugar como premio a la actuación de Gui de Lévis durante la Cruzada, hizo allanar la terraza de la cumbre del pech de Montségur y edificó allí un castillo (al que se conoce como Montségur III) que es el mismo cuyas ruinas pueden contemplarse hoy en día y sobre cuyo plano calculó monsieur Niel (que no conocía esta historia) los alineamientos con el solsticio de invierno. Sean éstos reales (bien de forma intencionada o por casualidad) o imaginarias, nada tienen que ver con los cátaros. En caso de que fueran reales e intencionadas, no serían producto de la actividad cátara sino de la de sus enemigos.
No obstante, hay un par de afirmaciones de monsieur Niel que debemos contestar. La primera es ¿por qué fue tan importante Montségur para los cátaros? La respuesta es fácilmente deducible de lo que ya sabemos, era la tesorería de la iglesia cátara pero también, y quizás más importante, era un refugio seguro en tiempos de persecución. Lo escarpado del lugar hacía muy difícil un asedio en regla (de hecho, como ya vimos, incluso durante el cerco hubo gente que burló el bloqueo y abandonó la plaza con el tesoro cátaro). Tanto es así que, pese a que Montségur era un conocido refugio albigense, nadie lo atacó. Fue necesaria la matanza de Avignonet para que se tomara la decisión de acabar con él y la empresa sólo pudo ser concluida con éxito después de diez meses de un asedio cruento y dificultoso.
Por otra parte ¿por qué existieron dos castillos en Montségur (Montségur I y III)? Porque desde esa posición se domina el antiguo camino a España que discurría por el collado de la Peyre. Así de sencillo.
Y, sin embargo, nada de esto importa y, a buen seguro, en el próximo solsticio de verano miles de personas acudirán en "peregrinación" al, en palabras del Sr. Fernández Bueno, "el mítico castillo" (en este caso hubiera sido más correcto decir "el castillo mítico"), para homenajear a los cátaros asesinados visitando (ironías de la vida) la fortificación levantada por la familia de Gui de Lévis, compañero de armas y amigo de Simón de Montfort.
En fin, debemos de aceptar que la historia real no puede competir con un mito tan conocido como el del Santo Grial porque éste y no otro es, según D. Lorenzo, el portentoso secreto de Montségur (¡que me micciono de la risa...!)
NOTA:
[1] Citado en Cátaros y albigenses. Fernand Niel. Traducción de Lluís Tuixent. Col. La Otra Historia. Ed. Obelisco. Barcelona, 1998.
BIBLIOGRAFÍA:
La descripción de Montségur II está tomada del artículo Montségur (Ariège), compte-rendu des activités
de repérages et de relevés engagées sur les structures du castrum de 1993 à 1997. André Czeski & Michel Sabatier, que pueden encontrar aquí.
-Continuará-
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