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Escritos desde el páramo

Investigando que es gerundio (III)

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Podríamos seguir con las afirmaciones sobre el Priorato de Sión, sobre los Templarios y su supuesta conexión masónica, pero creo que con lo visto ya es suficiente para hacerse una idea de las dotes de "himbestigación" de míster Brown.
No obstante, dado que el tirón popular de "El Código da Vinci" es innegable y aún colea como pudimos comprobar los que tuvimos el mal gusto de tragarnos el (in)documental (o algo así) emitido por Tele5 en la madrugada del pasado viernes en el espacio llamado con mucha propiedad TNT (en efecto, supuso la dinamitación de toda lógica) parece que algunas cosas deben ser dichas aunque nadie las vaya a hacer ni puto caso porque algunos estarán encantados de considerar a Leonardo como un miembro de sectas para iniciados en extraños arcanos mientras para otros "La Última Cena" es sólo una conjunto de pigmentos sobre un muro. Ya saben, todo es Física y lo que no, pura Filatelia.
Así pues, sigamos con esta tarea tan absolutamente inútil como la de Sísifo porque quizás tuviera razón Camus al reivindicar su figura o porque quizás tuviera razón mi abuelo cuando decía que hay batallas que hay que librar aunque se sepa que están perdidas de antemano. En suma, por una mera cuestión de algo tan poco físico como es la dignidad.
¿Hay algo de cierto en lo que aseguran Picknett & Prince (y copia de ellos Brown) sobre Leonardo da Vinci? Pues que fue un pintor. Aparte de eso, poca cosa más. Comencemos por el final. Leonardo, en vida, pudo tener razones para ocultar sus verdaderas creencias heréticas. Pudo ser alguien opuesto a la Iglesia pero que, por miedo, lo silenciara. No obstante, a las puertas de la muerte esa razón desaparece. Da Vinci otorgó testamento el 23 de abril de 1518 ante el notario Boreau. Su texto completo (junto con el de los restantes textos de Leonardo que citaremos pueden encontrarlo en esta magnífica página que contiene el Breviario de Leonardo de Vinci con selección, traducción, prólogo y epílogo por D. José de España. Junto a las habituales fórmulas de la época como la recomendación de "su alma a nuestro soberano dueño y señor Dios, y a la gloriosa Virgen María, a monseñor San Miguel y a todos los bienaventurados ángeles, santos y santas del paraíso." que no resultan muy heréticas que digamos, encontramos sus disposiciones tan contrarias a la Iglesia que dispone su lugar de enterramiento: "en la iglesia de San Florentino de Amboise y que su cuerpo sea llevado allí por los capellanes de las misma." En el cortejo fúnebre, para más precisión, deben figurar: "el colegio de dicha iglesia y también por el rector y el pintor, o por los vicarios y capellanes de la iglesia de San Dionisio de Amboise, así como también por los hermanos menores de dicho lugar." Por si fuera poco, este gran hereje dispone: Y, antes de que su cuerpo sea llevado a la dicha iglesia, el testador quiere que sean celebradas en la dicha iglesia de San Florentino tres grandes misas con diácono y subdiácono; y en el día se dirán todavía treinta misas gregorianas." e "Ítem: en la iglesia de San Dionisio será celebrado el mismo servicio y también en la iglesia de los dichos hermanos y religiosos menores." La verdad, un entierro menos hereje y menos apartado de la Iglesia no se me ocurre.
Claro que siempre podría pretenderse que Leonardo estuvo siempre apartado de la ortodoxia cristiana y que sólo con la muerte ad portas se reconcilió con ella. Por desgracia para los que pretendan esto, no faltan en los escritos personales de Leonardo (y que nunca fueron publicados así que no hay lugar para el disimulo del autor) citas que testimonian lo contrario. Por ejemplo ésta: "Para nada quiero tocar las Sagradas Escrituras, puesto que ellas encierran la verdad suprema." o "Si no conoces a Dios, no serás capaz de amarlo; si lo amas por los bienes que de Él esperas, y no por su soberana virtud, imitas entonces al perro que agita la cola y festeja con sus saltos a aquél que va a tirarle un hueso; sin embargo si el animal conociera la superioridad del hombre, lo amaría mucho más y mucho mejor." o "La proporción entre la obra humana y la obra de la Naturaleza; es la misma que entre el hombre y Dios."
Eso sí, no debemos pensar que Leonardo tragaba carros y carretas en custiones de credulidad. También se muestra escéptico... con las Ciencias Ocultas. "El Más estúpido de los discursos humanos y que por tal debe ser tenido, es aquél que se dirige a la credulidad por la nigromancia, hermana de la alquimia, la cual sin embargo ha creado cosas simples y naturales. Pero la nigromancia es más criticable que la alquimia ya que ella nada produce, si no es algo que es idéntico a sí misma: es decir, la mentira." o "Yo quiero hacer milagros! Teniendo menos que otros hombres más tranquilos: aquéllos que quieren enriquecerse en un día viven en la mayor pobreza, como sucede y como sucederá eternamente con los alquimistas, con los que quieren fabricar el oro y la plata, con los que creen que el agua muerta es capaz de dar vida activa a sí misma, mediante el movimiento continuo, y con el supremo tonto: el nigromante y encantador." Claro que tampoco debemos caer en el defecto de "O calvo o con tres pelucas" porque Leonardo tampoco fue un escéptico. Cree en la religión (como ya dijimos) y, también, por ejemplo, en la Fisiognimia, la pseudociencia que intenta relacionar los rasgos faciales con la personalidad: "Cierto es que los rasgos de la cara muestran en parte la naturaleza del hombre, sus vicios y su temperamento. Así, en el rostro:
a) Los signos que separan las mejillas de los labios y las aletas de la nariz y las órbitas de los ojos son prominentes en los hombres alegres y siempre risueños; los que tienen esos rasgos pocos marcados, son por el contrario dados a la meditación."
¿Cómo explicar, entonces, los supuestos misterios en las pinturas de Leonardo? Sigamos el sabio consejo de Fontenelle de que antes de buscar las causas de un hecho es preciso asegurarse de que el hecho existe para no incurrir en el ridículo de encontrar la causa de lo que no existe y reformulemos la pregunta. ¿Existen tales misterios? Comencemos con La Última Cena en el convento de Santa María de la Grazie en Milán. Aunque ahora veamos (pese a la última restauración) un pálido espectro de lo que pintó Leonardo (como es sabido, el mural se estropeó rápidamente por culpa de un experimento de Leonardo que pintó alejándose de las tradicionales técnicas al fresco, con pintura al temple sobre yeso húmedo) hay cosas que no debemos olvidar. La primera es que el convento era dominico, es decir, los llamados Perros de Dios por su sujección a la ortodoxia más estricta que hizo que de las filas de esta orden surgieran los inquisidores. Vamos, que no hay sitio más idiota para colocar un mural lleno de supuestas referencias heterodoxas. Por otra parte, el mural ocasionó mucho ruido (y no precisamente por sus cualidades heréticas y sí por su perfección formal) lo que se tradujo en visitas de las que, en algún caso, conservamos sus impresiones. También se conocen copias tempranas de la pintura así que comencemos por el principio. Por si no recuerdan la pintura (algo de lo que no tienen ninguna obligación), les recomiendo que visiten la copia de Ponte Capriasca y el original milanés después de la restauración, en alta definición y ampliable con un clic sobre la zona deseada. ¿Estamos? Bien. ¿San Juan es una mujer? Pues ni me lo parece a mí ni a ninguno de los que vieron la pintura antes de su deterioro. Que Leonardo, cuando quería plasmar la suprema belleza tenía un canon algo andrógino, no es descubrir la pólvora. Esto se puede apreciar, por ejemplo, en el Baco del Louvre (originalmente, San Juan Bautista en el desierto) obra de Leonardo con colaboración de su taller y, especialmente, en el San Juan Bautista también en el Louvre y éste obra enteramente del maestro. La larga cabellera, los rasgos delicados, las manos finas... que para los autores que criticamos son determinantes de la feminidad del personaje, aparecen en estos cuadros del Bautista ¿Era San Juan una mujer? Evidentemente, no. ¿Entonces? Pues eso. Es más, en la propia Última Cena de Milán aparece otro personaje que corresponde a esa misma descripción, San Felipe (el tercer apóstol a la derecha -según el punto de vista del espectador- de Jesús) cuya androginia sea quizás más visible en el dibujo preparatorio al carboncillo que se conserva en la Royal Library de Windsor (es decir, en la colección privada de la Reina del U.K.). Si San Juan Evangelista fuera María Magdalena, la supuesta esposa de Jesús ¿quién sería San Felipe? ¿Su amante? Es más, ¿dónde estarían los dos apóstoles que faltan? Porque en el cuadro sólo hay trece personajes.
Sigamos. ¿Es sorprendente que en el cuadro no existan los típicos halos de santidad? Pues si es así, hay un montón de misterios en el mundo de la pintura porque, por ejemplo, en la Última Cena de Lovaina obra de Bouts (anterior en algunos años a la pintura de Leonardo) ya no aparecen. Sencillamente, en este momento se asiste a un intento de aproximar las representaciones de escenas religiosas al espectador y Leonardo se suma a esta corriente. No busquen halos de santidad en el boceto de Santa Ana, la Virgen, el Niño y San Juan de la National Gallery, en el San Juan Bautista del Louvre, en la Santa Ana, la Virgen y el Niño con el Cordero también en el Louvre como tampoco en la primera versión de la Virgen de las Rocas (Louvre) o en el boceto del San Jerónimo (Pinacoteca Vaticana) porque perderán el tiempo. Sólo en la segunda versión de la Virgen de las Rocas (National Gallery) existen, pero en esta obra intervino (en mayor o menor medida) otra mano distinta a la de Leonardo. Tendríamos que retrotaernos a las obras juveniles de Leonardo como la Anunciación de los Uffizi, la Virgen de la Granada (National Gallery de Washington) o la Virgen Benois (Ermitage de San Petersburgo) para encontrar los "dichosos" halos, pero a partir de la Virgen del Clavel (Alte Pinakothek de Munich) desaparecen de sus cuadros de temática religiosa con la excepción de la segunda versión de la Virgen de las Rocas de la que ya comentaremos algunas cosas en nuevos artículos.
Sigamos con los supuestos "misterios" ¿Por qué no aparece el cáliz eucarístico? Porque Leonardo pone en imágenes una escena tomada del Evangelio de San Juan cuando Jesús anuncia: "Sí, os lo aseguro: Uno de vosotros me va a entregar." (Jn. 13, 21) y en este Evangelio (al contrario que en los sinópticos -es decir, los de Marcos, Mateo y Lucas-) no existe (reitero, no existe) instauración de la Eucaristía, así pues, no había lugar para que figurase tal copa. Por la misma razón tampoco existe cordero pascual porque la Cena en el Evangelio de Juan (nuevamente en contradicción con los sinópticos) "Era antes de Pascua." (Jn. 13, 1)
También en este evangelio encontramos la explicación de la postura de Juan: "Los discípulos se miraban desconcertados sin saber por quién lo decía. Uno de ellos, el preferido de Jesús, estaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía." (Jn. 13, 22-25)
Es decir, que el discípulo amado (que la tradición cristiana identifica con el propio Juan Evangelista) estaba a la derecha de Jesús (a la izquierda del espectador de la ültima Cena) y recibe una señal de Pedro. Leonardo imagina a Juan acercándose a Pedro para atenderle y, por tanto, alejándose temporalmente de Jesús. Ni más ni menos. Ni M ni leches. Es más, si vamos a un sentido profundo del gesto es fácil interpretarlo desde la ortodoxia cristiana, Jesús queda aislado de los discípulos como hombre y Dios que es al tiempo y, por tanto, diferente a los apóstoles.
Por último, ¿qué hay de la mano que empuña un cuchillo y de la que Brown dice:
"-¿Qué es lo que sujeta esa mano? ¿Una daga?
-Sí, y lo que es todavía más raro es que si se cuentan los brazos, esa mano no es de nadie. Carece de cuerpo. Es anónima."? (ECD, Pág. 265) Pues es la palpable demostración de que míster Brown ni se ha molestado en ver las imágenes de La Última Cena después de la restauración, ni conoce las copias antiguas y ni, tan siquiera, sabe contar. (Por si se han perdido un poco, la mano con el cuchillo la pueden ver a la altura del estómago del tercer apóstol comenzado por la izquierda del cuadro). Si Brown, en alguna de sus maravillosas "himbestigaciones" hubiera hecho algo de todo lo que ha omitido hubiera visto que la mano no es anónima, es de Simón Pedro como puede apreciarse perfectamente en la copia y el original restaurado en los enlaces antecitados. Es más, para esa postura retorcida del brazo de Pedro existe también un dibujo preparatorio (carboncillo y albayalde) en la Royal Library de Windsor. Incluso, en uno de los códices de Da Vinci nos han llegado las reflexiones previas del autor sobre su obra (y por desgracia para esta gente, no contiene ninguna referencia ni a María Magdalena ni a Salomé Sobao Pasiego): "Uno que bebía deja la jarra en su puesto y vuelve la cabeza hacia el que habla. Otro tiende los dedos juntos de su mano y con rígida mirada se vuelve al compañero; el otro, con las manos abiertas, muestra las palmas y alza los hombros hacia las orejas y en su boca hace un gesto de asombro. Otro habla al oído de su compañero y el que le escucha se vuelve a él y le atiende, teniendo en una mano el cuchillo y en la otra el pan, medio partido por aquél. El otro, al volverse, con un cuchillo en la mano, derrama una jarra sobre la mesa..." (Códice Forster, II, 2) [1]
Después de esto ¿qué queda de los supuestos misterios de La Última Cena? Pues nada, absolutamente nada. La pena es que el cuadro, después de esto, será visto como un enigma, como una muestra de saberes esotéricos en vez de lo que es, una magnífica obra de arte que, si contiene misterios son los de la belleza y la creación artística, enigmas que no serán descifrados ni por escritores esotéricos ni por físicos reduccionistas.
NOTAS:
[1] Citado en Leonardo por Angela Ottino Della Chiesa. Traducción de Francisco J. Alcántara. Colección Clásicos del Arte nº 9. Ed. Noguer-Rizzoli Editores. Barcelona, 1969.
-Continuará-
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