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Escritos desde el páramo

Investigando que es gerundio (II)

Continúa
No paran aquí las sorprendentes "coincidencias". Sigamos con esa maldita, misteriosa, munífica, multiforme, macarrónica... letra M (joer, esto me ha quedado en plan escribidor esotérico. No tiene ningún sentido pero multiplica las palabras inncecesariamente. Algo se me debe estar pegando de estos bodrios).

"En el mural de Cocteau sólo se ve al Crucificado desde las rodillas hacia abajo, lo que implica una cierta sospecha acerca de su verdadera identidad. La curiosa ausencia de vino que hemos visto en La Última Cena también parece implicar un serio interrogante sobre la naturaleza del sacrificio de Jesús. El artista moderno va más allá y no representa a Jesús en absoluto. Es también muy similar la utilización de la envolvente M." (LRT, Pág. 67)
"Los teóricos de las conspiraciones dicen que es la M de matrimonio o de María Magdalena, pero para serle sincero, nadie lo sabe a ciencia cierta. Hay innumerable obras relacionadas con el Santo Grial que contienen esa misma letra oculta de un modo u otro, ya sea en filigranas, en pinturas ocultas debajo de otras o en alusiones compositivas. La más descarada, claro, es la que hay grabada en el altar de Nuestra Señora de París, en Londres, diseñada por un anterior Gran Maestre del Priorato de Sión, Jean Cocteau." (ECV, Pág. 261)
Si pensábamos que el repertorio artístico (¡qué arte para la cita sin referencia tiene Mr. Brown!) ya se había acabado con La Última Cena y los murales de Jean Cocteau, aún queda La Virgen de las Rocas. Vean, vean:
"El encargo originario lo hizo una cofradía llamada de la Inmaculada Concepción, e iba a servir como imagen central de un tríptico para el altar de la capilla que dicha hermandad tenía en la iglesia de San Francisco Mayor de Milán (...) Lo curiosos es que ambas versiones cumplen con lo especificado, así que no sabemos por qué se repitió el encargo. Pero podemos aventurar una suposición acerca de esas interpretaciones divergentes, y no tiene mucho que ver con el perfeccionismo y sí con la percepción de la potencia explosiva de lo realizado.
En el contrato se especifica también el tema de la pintura. Se trataba de representar un acontecimiento que no figura en los Evangelios pero que estaba presente en la leyenda cristiana desde hacía mucho tiempo. Es el relato de cómo, durante la huida a Egipto, José, María y el Niño Jesús se refugiaron en una cueva del desierto, donde hallaron a Juan el Bautista niño bajo la protección del arcángel Uriel. (...)
La versión del Louvre que fue la primera, muestra a una Virgen con túnica azul que rodea con su brazo protector a un niño, mientras que el otro infante forma grupo con Uriel. Lo curioso es que los dos niños parecen idénticos; y más curioso todavía: el que está con el ángel bendice al otro, y es el niño de María quien se arrodilla de modo sumiso. (...)
¿Qué pasa si el niño que está con María en la versión del Louvre de La Virgen de las Rocas es Jesús, como parecería lo más lógico, y el otro, el que está con Uriel, es Juan? Recordemos que en ese caso, Juan bendice a Jesús y éste se somete a la autoridad de aquél.
Uriel, en su función especial de protector de Juan, ni siquiera tiene por qué mirar a Jesús. Y María, mientras protege a su hijo, alza una mano amenazadora por encima de la cabeza del infante Juan. Bastantes centímetros por debajo de esa palma extendida hallamos la de Uriel que señala: ambos gestos parecen responder a una misma clave críptica. Como si Leonardo quisiera indicarnos un objeto, significativo pero invisible, que debería estar en el espacio comprendido entre ambos. En ese contexto no creemos arbitrario sugerir que los dedos extendidos de María parecen estar colocando una corona sobre una cabeza invisible, mientras que el índice estirado de Uriel corta precisamente el espacio que correspondería al cuello. Esa cabeza virtual flota por encima del niño que está con Uriel... en definitiva, se le identifica de manera tan eficaz como si se le hubiese puesto una etiqueta porque, ¿cuál de los dos murió decapitado?" (LRT, Págs. 37-39)
"El encargo roginal para pintar aquella obra le había llegado a Leonardo de una congregación conocida por el nombre de Hermandad de la Inmaculada Concepción, que necesitaba un cuadro para poner en el panel central de un retablo que iba a ocupar el altar de la iglesia de San Francisco, en Milán. Las monjas le indicaron las medidas exactas que debía tener y el tema de la pintura -la Virgen María, San Juan Bautista niño, Uriel y el niño Jesús buscando cobijo en una cueva-
Aunque Leonardo cumplió con lo que se le había solicitado, cuando entregó la obra la congregación reaccionó con horror, porque estaba llena de detalles explosivos y desconcertantes.
El lienzo mostraba a una Virgen María con túnica azul, sentada con un niño en brazos, supuestamente el niño Jesús. Frente a María, también sentado, aparecía Uriel, también con un niño, supuestamente san Juan Bautista. Pero lo raro era que, en contra de la escena habitual en la que Jesús bendecía a Juan, en este caso era al revés: Juan bendecía a Jesús... ¡y éste se sometía a su autoridad! Por si eso fuera poco, la Virgen tenía una mano levantada sobre la cabeza de Juan en un gesto inequívocamente amenazador -con los dedos como garras de águila que sujetaran una cabeza invisible- Y, por último, la imagen más clara y aterradora: justo por debajo de aquellos dedos curvados de María, Uriel estaba detenido en un gesto que daba a entender que estaba cortando algo, como si estuviera rebanando el cuello de la cabeza invisible que la Virgen parecía sujetar con su garras." (ECV, Págs. 151-152)
Claro que ya estábamos metidos en harina no era cuestión de detenerse sin tomar prestadas algunas ideas más. Veamos la cuestión de las "pruebas" del supuesto matrimonio entre Jesús y María Magdalena:
"Hay algo más en los relatos gnósticos que los convierte en explosivos contra la Iglesia. La imagen que ofrecen de la relación entre María y Jesús no es sólo de maestro y discípula, ni siquiera la que pudieran tener un gurú con una adepta de su predilección. La relación se describe como bastante más íntima, a veces en términos sobradamente gráficos. Tomemos por ejemplo el Evangelio de Felipe:
"Pero Cristo la amaba más que a todos los discípulos y la besaba a menudo en la boca. Los demás discípulos se molestaron al verlo y le manifestaban su desaprobación diciéndole: ¿Por qué la amas a ella más que a todos nosotros? A lo que el Salvador les contestó y dijo: ¿Por qué no os amo a vosotros como la amo a ella?"
"En el mismo Evangelio gnóstico leemos la frase en apariencia inocua: "Eran tres las que siempre andaban con el Señor, su madre María, su hermana y la Magdalena, a la que llamaba su compañera. Su hermana, su madre y su compañera, las tres se llamaban María. Y la compañera del Salvador es María Magdalena."
Si bien hoy la palabra "compañera" puede tomarse como camarada, colega y amiga en sentido puramente platónico, en cambio la palabra griega original significaba consorte o pareja sexual." (LRT, Pág. 84)
"El evangelio de Felipe es siempre un buen punto de arranque.
Sophie lo leyó:
"Y la compañera del Salvador es María Magdalena. Cristo la amaba más que a todos los discípulos y solía besarla en la boca. El resto de discípulos se mostraban ofendidos por ello y le expresaban su desaprobación. Le decían: ¿Por qué la amas más que a todos nosotros?"
Aquellas palabras sorprendieron a Sophie, pero aun así no le parecieron concluyentes.
-Aquí no dice nada de que estuvieran casados.
-Au contraire -discrepó Teabing, sonriendo y señalándole la primera línea- Como le diría cualquier estudioso del arameo, la palabra "compañera", en esa época, significaba literalmente "esposa"." (ECV, Págs. 262-263)

-Continuará-
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