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Escritos desde el páramo

Crítica a la pseudohistoria

De ratas y de hombres

Que ésta no es una bitácora al uso, es algo evidente hasta para el lector más despistado (o para el que ha llegado aquí como resultado de haber buscado en Google las palabras más insospechadas). En un género en el que predominan las entradas cortas, ocurrentes... que giran en torno al propio autor (que si no tiene quince años, lo parece) opté por el modelo-túnel-de-Guadarrama-de-noche: historias largas, monótonas, sombrías y sin la menor esperanza de vislumbrar luz alguna al final del trayecto. Esto ya resulta bastante aburrido de por sí como para que sintiera el deseo de aumentar su tedio contándoles mi vida en incómodos plazos.
Esto les ha supuesto tanto el ahorrarse la antología de mis momentos soporíferos, como la vergüenza ajena que se experimenta al contemplar a un cuarentón queriendo aparentar estar viviendo en la adolescencia (en la mental, por lo menos, lo logran). Por desgracia este patético género abunda en este mundo virtual tan pijotero, absurdo y caótico como su modelo real.
Por tanto, casi un año después de inaugurar este boboblog (y bastante más tiempo para los que conocieron los anteriores) Vds. no saben casi nada del que subscribe (eso que salen ganando) y lo que puedan conjeturar es, casi con certeza, equivocado. Por ello he decidido que hoy, por fin tampoco voy a hacer una excepción.
No obstante sí quería hablarles de algo que me atañe como uno de los numerosos padres y madre del invento.
Se habrán percatado de que soy crítico con el cometido que desarrolla en España el "movimiento escéptico organizado" (frase que esconde al menos dos falsedades y quizá tres), un papel tan lucido (no, no es lúcido) como el de primer mensajero en Ricardo III.
No hay nada malo en limitarse a ejercer la crítica, pero en esta ocasión, un grupo de personas hemos querido ir más allá (no confundir con ir al Más Allá) e intentar corregir ideas, prácticas... con las que no comulgamos (más que nada porque las ruedas de molino son un tanto indisgestas). Por ello decidimos crear el Círculo Escéptico.
No, no se preocupen que no voy a intentar venderles ninguna moto, a pedirles que corran raudos a afiliarse... porque sólo el tiempo dirá si somos capaces de cumplir nuestros objetivos o si nos convertimos en algo tan inútil y perfectamente prescindible como un apuntador mudo. Sencillamente, me limito a informarles que ya pueden visitar nuestra web en la que encontrarán algunos artículos, lecturas recomendadas... que procuraremos ir aumentando en próximas fechas y desde la que podrán efectuar las consultas que estimen pertinentes.
Por supuesto todo lo que han leído hasta hoy en esta página (en ésta, en la que están ahora) y lo que por aquí continúe apareciendo es y será fruto de la total irresponsabilidad de su autor. Así pues, nadie debe entender lo que aquí publique como correspondiente al sentir de la nueva asociación, porque estaría equivocado.

Concesión del premio Favila el Osado

Bueno, ya me he divertido bastante durante las últimas fechas así que ya es hora de que retome el serio tono habitual en esta bitácora (es decir, que se van a aburrir como monos), para ello nada mejor que una nueva concesión de nuestro prestigioso galardón dedicado a tantas y tantas personas que se esfuerzan diariamente en soltar la mayor "burrada" histórica que imaginarse pueda (perdón, en realizar las afirmaciones más alejadas de la realidad histórica. ¿En qué estaría yo pensando para faltar así al respeto debido a los asnos?)
En las fechas en las que anduve ocupado con la crítica a Los Guardianes del Secreto y en hablar del deplorable momento que atraviesa el escepticismo en nuestro país, se quedaron sin su merecido premio numerosas afirmaciones de lo más disparatado que vieron los siglos pasados y esperan ver los venideros (considerando como está el patio, en dos días destrozan la plusmarca).
Pudiera parecer, por otra parte, que la parálisis estival nos habría dejado sin candidatos pero ¡quia! las altas temperaturales veraniegas parecen haber recalentado las sinapsis neuronales de algunos hasta dejarlas inútiles porque en caso contrario no se explican las selectas "perlas" con las que nos obsequian.
Bueno, también hay que reconocer que el descenso habitual de noticias (aunque esto año mucho menos pronunciado) deja vacantes nicho ecoilógicos (sic) en los que medran las serpientes de verano con la inestimable colaboración de las "preparadas" hordas de becarios que suelen trabajar en los medios de comunicación en estas fechas y de las que podemos decir que, al igual que sucede con las ediciones del diccionario de la R.A.E., cada nueva promoción hace añorar a la precedente. Nos esperan tiempos muy divertidos. Ray Bradbury era un optimista incorregible. No van a hacer falta ni bomberos para encontrarnos en un mañana ágrafo.
Decíamos, antes de perdernos en las habituales digresiones marca de la casa, que no habían faltado candidatos. De hecho reunimos la Triada Capitolina. Comenzamos por considerar digno de nuestro excelso galardón al Excelentísmo Ayuntamiento de Sevilla por los motivos expuestos en la anterior entrega. No obstante, el hecho de que, por el momento, sólo se está planteando si invita a Dan Brown o no, le hizo perder votos en la ronda final. A fin de cuentas si fuera lo mismo pensar algo que realizarlo, nuestra vida sexual sería aún más divertida. Bueno, eso en el improbable caso de que no estuviéramos criando malvas porque alguien hubiera pensado que la humanidad estaría mucho mejor sin ese "peazo cabrito ya crecidito". Es lo que tiene la vocación de moscón cojonero, que siempre hay alguien que desearía tener al alcance de la mano el bote de Raid Extra Dry. En fin, dejémoslo correr como el río de Heráclito no sea que me acusen de promover broncas.
Nuestro segundo finalista fue el ínclito Minigtro (sic) de Defensa egpañol (sic), D. José Bono tanto por su confusión entre el ejército español y la Legión Tebana de san Mauricio como por su contribución a enmarañar el presente complicando así el trabajo de las futuras generaciones de historiadores (en el improbable caso de que mañana haya alguien con el sexo lo bastante grande o el seso lo bastante pequeño como para osar desafiar a Su Fordería Mustafá Mond con la reconstrucción objetiva del pasado).
Pretender que la obligación principal de un soldado español es la de estar dispuesto a morir por su patria, aparte de recordar las leyendas hagiográficas (algo nada extraño si tenemos en cuenta de quién estamos hablando, ora pro nobis) es tanto como "cargarse" toda la tradición castrense que intenta preparar al militar no para morir y sí para matar ("El buen soldado no es el que muere por la patria, es el que hace que su enemigo lo haga por la suya"). Y no, no me venga con historias de "Dulce et decorum..." para que no tengamos que recordar que cuando el poeta latino autor de esa frase entró en batalla, soltó el escudo y avanzó a pecho descubierto... en dirección contraria a la que ocupaba el enemigo. Dulce et decorum... ¡y una leche!
La verdad, la guerra es una mierda lo bastante grande como para que no admita intentos de camuflaje con bellas palabras e ideas altisonantes: sacrificio, honor, valentía... Libertad, Independencia, Triunvirato y Avenida de los Incas que decían Les Luthiers (y si conocen Buenos Aires no necesitan que les explique el chiste) porque la realidad es tan brutal como sencilla, un ejército es el conjunto de hombres y equipamiento preparado para derrotar (y eso implica matar) al enemigo. Y si eso no le gusta, tal vez resulte más adecuado que en vez de ministro de defensa sea ministro metodista.
Si tuviéramos poco con su visión de tropas formadas por futuros mártires (que resultarían tan inútiles como el corbatero de Tarzán), ahora anda empeñado en convencernos (temo que con éxito) de que un helicóptero militar artillado es lo más parecido que existe al trineo de Papá Noël, que el ejército es una ONG supermegaguay... y que una guerra es una crisis humanitaria (que lo es, pero también es mucho más que eso). Ya pueden ir tomando notas los futuros historiadores, Afganistán no es una guerra, no hay, por tanto, una misión arriesgada para las tropas que allí están y por eso los soldados que mueren no tienen derecho a la condecoración con distintivo rojo o azul y deben conformarse (sus familiares, claro) con el distintivo amarillo. Por si no se aclaran de qué importancia tiene esto (algo bastante probable dado el éxito social de las afirmaciones de que las medallas son meros trozos de metal, las banderas trapos... despreciando que no son interesantes como objetos materiales y sí como símbolos) permítanme que les dirija a este enlace donde podrán aclarar dudas al respecto.
Sin embargo, y pese a sus evidentes méritos, tampoco decidimos premiar al "minigtro" José Bono por varias razones. La primera resulta evidente, es un "mandado". La segunda es porque de los historiadores futuros se deberán preocupar ellos mismos. La tercera porque habida cuenta de la afición del "minigtro" a autocondecorarse no es cosa de hacerle un favor y otorgarle un galardón aunque sea con distintivo negro (por similitud con las banderillas negras, obviamente).
Nuestro tercer candidato y, él sí, receptor de nuestra distinción es (redoble de tambores) James H. Charleswoth. ¿Y quién es este caballero? -se estarán preguntado Vds-. Nada mejor para ello que enlazar las declaraciones que le han hecho merecedor de ganar en dura lid nuestro premio.
Vayamos por partes. Primero, veamos qué dice el capítulo 9 del Evangelio de Juan. Como pueden ver, Juan no da ninguna descripción de cómo es ni de dónde está la piscina de Siloé. Afirmar, por tanto, que: "Ahora hemos encontrado la piscina de Siloé… exactamente en el lugar en el que Juan dijo que estaba" es una memez.
Parece que el experto en el Nuevo Testamento (ejem, ejem) ha confundido la piscina de Siloé con la otra mencionada en el Evangelio de Juan, concretamente en el capítulo 5, la piscina de Betesda que estaba junto a la Probática, de la que Juan sí aporta algún detalle más.
No obstante, ¿qué puñetas son estas piscinas? ¿Son lo mismo que entendemos nosotros por ese término? Pues no. No piensen en los judíos de tiempos de Jesús acudiendo con la colchoneta hinchable y el flotador de patito a una masa de agua para hacer más llevaderos los calores estivales. El término griego kolimbetra que emplea Juan es la traducción del hebreo miqveh (o mikveh) que significa acumulación. No obstante, el término en hebreo suele designar una piscina ritual para proceder a la purificación. Como lugares que deben cumplir con una serie de condiciones (véase el artículo enlazado) los mikvaot (plural de mikveh) se presentan con frecuencia agrupados en las cercanías de fuentes naturales o de conducciones de agua excavadas en la roca. Así, Benjamin Mazar encontró más de cuarenta mikvaot al sudeste del lugar que ocupó el Templo, alguno tan lujoso como éste. También en Qumrán se han encontrado numerosos mikvaot.
¿Por qué, entonces, habríamos de aceptar la identificación del mikveh encontrado con el mencionado en el evangelio de Juan? Por nada en absoluto.
No obstante, supongamos que se encontrara alguna inscripción que demostrara que ésa es realmente la piscina de Siloé. Aun así, ¿sería aceptable la pretensión de que eso demuestra la historicidad de tal Evangelio? Para nada. ¿Qué pensarían Vds. de alguien que pretendiera que la existencia de molinos de viento en la Mancha confirma la historicidad del Quijote? Pues ésa, ni más ni menos, es la burra que nos están intentado vender.

Misterios y enigmas de la editorial extraterrestre

Volvemos pues a la normalidad. Septiembre es el mes del regreso a la cotidianeidad después del final de las vacaciones (quien tenga la suerte de tenerlas, claro) y, también, el del lanzamiento de nuevas (o no) colecciones. Como no podía por menos de ser, los "extraterrestres" (es decir, los "muchachos" de la editorial Planeta-DeAgostini) contribuyen con su granito de arena a esta manía de convertirnos a los españoles en coleccionistas de algo (el que no se empeña en transformarme en filatélico quiere que sea arctófilo) no tanto por lo que ello tiene de positivo desde el punto de vista de la personalidad como por interés económico.
Si la colección (nunca mejor dicho) de chorradas suele ser memorable (entre otras ya he visto el anuncio de una colección de minerales energético -no, no se refieren a la antracita-) este año parecen decididos a superarse. Los "chicos" de Planeta (que son tan listos que han conseguido hacer un negocio de la venta de libros en un país en el que no lee casi nadie comenzando por el Presidente de Gobierno del que todavía se recuerda su deplorable ¿lectura? del Quijote en la que mencionó dos veces el Amadis -sic, con acento en la segunda a- de Gaula) no iban a conformarse con ser menos que los demás, así que han ofrecido no una sino tres colecciones de las que tenemos que hablar.
Que en la editorial Planeta están muy cabreados por haber dejado escapar el "chollo" de "El código da Vinci" no es ningún secreto, es más, si me apuran es algo lógico, porque a Planeta le importa tres huevos lo que publiquen mientras dé dinero, algo que se demuestra viendo que en su catálogo figuran las obras literarias de Juan José Benítez. Así, trataron de subirse al carro del éxito de las noveluchas de transfondo religioso con un infumable "El último merovingio" de Jim Hougan (por cierto, una novela escrita antes de "El código..." pero que de puro mala no había interesado a nadie). Ahora, con ese mismo título encabezan (bueno, en realidad estoy pensando en que el término más propio no sería ése y sí alguno que hiciera referencia a otras partes anatómicas) una "magnífica" colección titulada Misterios y Enigmas de la Historia (casi nadie al aparato).
Una denominación tan grandilocuente ¿qué oculta? Pues según la propia editorial:
"A través de un relato de ficción los autores de esta colección nos desvelan los misterios del pasado a través de los enigmas que éste plantea.
Los libros de Misterios y Enigmas de la Historia, como muchas de las mejores narraciones de intriga y suspense, nos introducen en el mágico mundo de la ficción sin olvidar que el contexto en que se desarrolla es fruto de un profundo y fiel respeto hacia la realidad de la época.
Este escogido repertorio de novelas de apasionantes tramas, donde el pasado y el presente se funden para crear una historia de intrigas y pasiones, atraparán de inmediato al lector, quien irá deshilvanando poco a poco cada una de las incógnitas planteadas.
Reyes y duques, papas y cardenales, monjes y juglares, ortodoxos y herejes, pero también los hombres y mujeres corrientes que forman parte de nuestro pasado histórico participan en las historias de ficción que nos permitirán no sólo conocer los tiempos pasados sino también entender, con un sentido crítico, nuestro presente."
Lo que deja bien claro algunas cosas, la primera es que el encargado de hacer este reseña no es, precisamente, un premio nobel de literatura (se puede escribir peor, pero es difícil).
La segunda que además de no saber escribir tampoco debe saber leer porque pretender (dejemos aparte consideraciones literarias) que obras como la Trilogía Templaria de Nicholas Wilcox (más conocido como Juan Eslava Galán) es "fruto de un profundo y fiel respeto hacia la realidad de la época" sólo puede significar tres cosas:
a) Que no la ha leído o si lo ha hecho no ha entendido ni palabra.
b) Que para él (o ella) la palabra respeto significa algo distinto que para el común de los mortales.
c) Que no tiene ni idea de cuál era la realidad de la época.
Seamos benévolos y pensemos que la explicación correcta es la "a".
La tercera cuestión que queda clara es que para el redactor (o la redactora) de ese resumen, la colección está formada por obras de ficción: "A través de un relato de ficción los autores de esta colección..." y después repite otras dos veces la palabra "ficción". Nada tengo que objetar a ello (al contrario, apoyo esa consideración), pero supongo que ése no será el parecer de los Sres. Sierra y Picknett & Prince, autores respectivamente de "En busca de la edad de oro" y "La revelación de los templarios" (entregas número 13 y 12) que, supuestamente, son fruto de largas y dificultosas investigaciones (como siempre) que desvelan profundos enigmas que nadie antes había revelado (como siempre) y no meras novelas (afortunadamente para los críticos literarios que hubieran podido colgarse de un pino si hubieran tenido que leer esos bodrios).
¿Qué pintan esas dos obras de investigación (de himbestigación) en una serie de novelas? Pues eso me gustaría saber y no encuentro explicación alguna más allá de que Planeta ha decidido entonar el mea culpa y reconocer que no tienen nada que ver con la realidad, pero, por desgracia, Planeta también nos obsequia (es una mera forma de hablar, si la quieren pasen por caja) con la colección Enigmas históricos al descubierto en la que junto a obras historiográficas magníficas como "Auge y caída de los templarios" de Alain Demurger y "La otra historia de los cátaros" de Malcolm Lambert (si aceptan un consejo, aprovechen esta ocasión para adquirir a bajo precio unos textos excelentes) colocan cosas como "Jesús o el secreto mortal de los templarios" de Robert Ambelain o "El nuevo código secreto de la Biblia" de Michael Drosnin, lo que sólo contribuye a que el lector "se haga la picha un lío" y ya no distinga realidad de ficción ni historia de pseudohistoria. Totum revolutum que la pela es la pela.
¿Faltaba algo más para liar la madeja? Pues sí, la Biblioteca Guerra Civil (sic) en la que parece que la idea de Planeta de ser objetivos en temas históricos consiste en oponer libros sesgados por la visión "de derechas" con libros sesgados por la visión "de izquierdas" y así todos contentos (o todos cabreados, que también es posible e igualmente beneficioso para la caja). Tal vez el título "Biblioteca Guerra Civil" no sea el disparate que parece. En fin, menos mal que la quieren vender como:
"La colección Biblioteca Guerra Civil constituye una aportación decisiva al conocimiento profundo, sereno y riguroso del conflicto. Es una selección de libros fundamentales, elaborados desde diversas ópticas y escritos a veces por testigos directos del acontecimiento bélico y otras por historiadores de relevancia indiscutida."
"conocimiento profundo, sereno y riguroso" "historiadores de relevancia indiscutida" Ya, ya...
Pues eso, que feliz rencuentro con la vida cotidiana. Como han visto algunas cosas nunca cambian.

En busca del chocolate del loro: Introducción a la crítica

La noticia, que ya vimos en la anterior entrega de esta bitácora, de que Planeta-DeAgostini va a reeditar e incluir en una de sus colecciones la obra "En busca de la Edad de Oro" de Javier Sierra me hizo ver los cielos abiertos de par en par. Después de haber pasado revista a las afirmaciones pseudohistóricas relacionadas con Jesús, templarios, cátaros, griales... quería hacer lo mismo con el otro "filón" de los escritores esotéricos, los supuestos misterios de las civilizaciones perdidas. Sin embargo, hoy en día no es un tema de excesiva actualidad puesto que los lectores de este género de obras (entre lo que, evidentemente, me encuentro -sí, tengo un extraño sentido del humor-) ya están un poco hartos de que les cuenten una y otra vez las mismas pavadas.
Lo de "renovarse o morir" no funciona en el campo esotérico. Al contrario, la vinculación a la Tradición lo es todo como ya hemos visto en reiteradas ocasiones, y el libro del Sr. Sierra no iba a ser una excepción. Por mucho que asegure que sus afirmaciones son revolucionarias, que modifican nuestro conocimiento... en realidad su búsqueda de la Edad de Oro huele a naftalina rancia comenzando por el propio concepto de Edad Áurea. Todo ello supone un callejón sin salida para el escritor esotérico que, por un lado, debe transitar por los lugares comunes de la Tradición pero, por otro, tiene que aparentar que lo que escribe es novedoso para evitar el cansancio del público... hartazgo que siempre termina por producirse. De ahí que muchos terminen tocando todo tipo de palos, de ufólogos pasaron a "dänikenianos" para tornarse "misteriólogos históricos"... mientras otros se reconvierten en novelistas algo lógico considerando que la ficción siempre fue parte fundamental de sus trabajos.
La obra de D. Javier es paradigmática en cuanto a esa dualidad Tradición-modernidad. Aparecen temas muy conocidos como los Dogones, las Pirámides, Tihaunaco... junto a otros que se pretenden novedosos como el cronovisor o el sputnik de Montalcino, pero la base del libro, la pretensión de demostrar que en el pasado existió un periodo, la Edad de Oro, en la que la humanidad poseyó unos conocimientos hoy insospechados, no hubiera causado la menor sorpresa a, por ejemplo, madame Blavatsky.
Así pues, pueden irse preparando porque nos espera una larga temporada de dedicación preferente (no va a ser exclusiva) a la crítica de "En busca de la Edad de Oro. Los tesoros ocultos de las civilizaciones perdidas" de Javier Sierra. Edición del Círculo de Lectores por cesión de Grijalbo Mondadori S. A. Barcelona, 2001. 318 Págs. Avisados quedan.

En busca del chocolate del loro: Crítica a la introducción (I)

Viene de aquí
Encomendémonos a san Toral, virgen y mártir, y a san Dokán, pirata, para que nos deparen una travesía sin contratiempos y comencemos nuestro viaje.
Aparte de un par de chorradillas sin importancia, ya saben, que si la dedicatoria:
"A Manuel, Bruno y Josep.
La amistad nos acompañará hasta el final." (Pág. 7)
que si los agradecimientos:
"Y, por supuesto, no puedo dejar de expresar la infinita gratitud que siento hacia Ester Torres. Aunque nuestra historia de amor se truncó..." (Pág. 10)
el libro comienza, en realidad, con una Introducción titulada "El enigma Q" y encabezada por tres interrogantes:
"¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Adónde vamos?" (Pág. 11)
Después de tan original inicio, D. Javier nos obsequia con una muestra de su estilo literario en el que no es difícil reconocer al novelista de éxito. Lean, lean:
"Todavía hoy, cuando repaso la nota de aquellos ya casi olvidados días, me invade cierta sensación de irrealidad. No puedo evitarlo: sus ocho páginas de apretado texto y abigarrados cálculos me abocaron entonces a la investigación de un enigma de gigantescas implicaciones, abriéndome la puerta a un campo de trabajo en el que, de alguna manera, la más pura vanguardia científica y la más remota tradición histórica se daban la mano." (Pág. 11)
Me invade cierta sensación de irrealidad. No puedo evitarlo. ¿Cómo demonios pueden venderse miles de libros escribiendo de una forma tan cursi? ¿Que ya existía el precedente de Antonio Gala? Ah, pues es cierto.
En fin, que si pensaran Vds. que la Introducción versaría sobre el problema de la fuente común de los Evangelios sinópticos conocida como Q (del alemán quelle -fuente-) se habrían equivocado. De hecho, se refiere a algo mucho más remoto, a años luz de hecho, a Sirio.
¿Eh? Pues sí. El Sr. Sierra comienza intentando revitalizar la desprestigiada historia de Marcel Griaule, los Dogon y la estrella Sirio. Por si no saben de qué va esto les haré un breve resumen. Marcel Griaule fue un antropólogo francés que estudió (entre otros) a los Dogon, un pueblo que habita en los altos de Bandiagara en la república de Malí. Fruto de esa experiencia publicó varios libros entre los que destaca "Dieu d´eau. Entretiens avec Ogotemmêli" que, años después, fue tergiversado (junto con otra obra de la que después hablaremos) por un tal Robert Temple en un texto titulado El misterio de Sirio en la que se pretendía que los Dogon poseían tales conocimientos astronómicos que sólo podían explicarse por las revelaciones de una civilización extraterrestre.
Comencemos por el principio ¿qué dice realmente Marcel Griaule? Puesto que su obra está traducida al español (Dios de agua. Marcel Griaule. Traducción de Àngels Gutiérrez. Colección Ad litteram, editorial Altafulla. Barcelona, 2000) es fácil de comprobar por cualquier interesado entre los que, evidentemente, no se cuenta el Sr. Sierra. Si nos dejamos de exégetas y vamos al texto original podremos saber los conocimientos astronómicos de los Dogon además de su mito cosmogónico (siempre según el relato de Griaule):
Su informante es un antiguo cazador Dogon de nombre Ogotemmêli que había quedado ciego cuando le explotó ante la cara el fusil con el que estaba intentando matar un puercoespín (Pág. 19). Al parecer, los aislados Dogon no lo estaban tanto ya que conocían las armas de fuego.
Los conocimientos astronómicos de Ogotemmêli son realmente extraordinarios. Veamos unos ejemplos:
"Es cierto -decía- que en la noche de los tiempos las mujeres descolgaban las estrellas para dárselas a sus hijos. Estos las colgaban de un huso y hacían girar estas peonzas de fuego para ver cómo funcionaba el mundo." (Pág. 21)
"Las estrellas procedían de bolitas de tierra lanzadas al espacio por el dios Amma, único dios. Había creado el sol y la luna según una técnica más complicada, que no fue la primera conocida por los hombres, pero que es la primera documentada en el caso de su Dios: la alfarería. En cierto sentido el sol es una vasija cocida al blanco para siempre, envuelta por una espiral de ocho vueltas de cobre rojo. La luna tiene la misma forma y su cobre es blanco. Sólo está parcialmente cocida." (Pág. 21)
"...Ogotemmêli quiso dar una idea del tamaño del sol.
-Algunos -dijo- lo estiman tan grande como el campamento, lo que sería unos treinta codos. En realidad es mucho más grande. Supera en superficie el cantón de Sanga.
Y tras haber dudado, añadió:
-Puede incluso, que sea mucho más grande aún." (Pág. 21)
Sus mitos sobre el origen de la Tierra y la vida en ella son, también, tan exactos que, sin duda, tienen que deberse a revelaciones extraterrestres:
"El dios Amma, habiendo tomado un rollo de arcilla, lo apretó con la mano y lo lanzó como había hecho con los astros. La arcilla se estira y llega hasta el norte que es lo alto y se alarga hasta el sur que es lo bajo, aunque todo ocurre horizontalmente.
-La Tierra está tumbada pero el norte está en lo alto.
Se extiende de oriente a occidente separando sus miembros como un feto en la matriz. Es un cuerpo, es decir, una cosa cuyos miembros se han separado de una masa central.
Y este cuerpo es femenino. Orientado de norte a sur, plano frente al cielo. Su sexo es un hormiguero, su clítoris un termitero. Amma, que está solo y quiere unirse a esta criatura, se acerca a ella." (Págs. 21-22)
"En el momento en que Dios se acerca el termitero se alza, le impide el paso y le muestra su masculinidad. Ella es del mismo sexo que él. La unión no tendrá lugar.
No obstante, Dios es todopoderoso. Abate el termitero rebelde y se une a la Tierra sometida a la excisión (...) de la unión defectuosa nació, en vez de los gemelos previstos, un ser único, el Thos aureus, el chacal, símbolo de las dificultades de Dios." (Pág. 22)
"Dios tuvo otras relaciones con su mujer y esta vez nada turbó su unión, ya que la excisión había hecho desaparecer la causa del primer desorden. El agua, semen divino, penetró entonces en la tierra y la generación siguió el ciclo regular de la gemeliparidad. Dos seres fueron modelados.
-Dios los creó como agua. Eran de color verde, en forma de persona y de serpiente. De la cabeza hasta la cintura eran humanos, el resto de serpiente.
Tenían los ojos rojos, hendidos como los de los hombres, y la lengua bífida como la de los reptiles. Los brazos, flexibles, no tenían articulaciones. Todo su cuerpo era verde y liso, resbaladizo como la superficie del agua, cubiertos de pelos cortos y verdes, que anunciaban la germinación y la vegetación.
Estos genios, llamados Nommo, eran pues dos productos semejantes a Dios, de esencia divina como él, concebidos sin aventuras y desarrollados según las normas en la matriz terrestre. Su destino les condujo al cielo, donde recibieron las enseñanzas de su padre. No fue necesario que Dios les enseñara la Palabra, cosa indispensable a todos los seres y al sistema universal: la pareja había nacido completa y perfecta;" (Págs. 22-23)
"La pareja está presente en todo el agua. Es el agua de los mares, de los torrentes, de las tormentas y del sorbo que bebemos." (Pág. 23)
"Pero si el Nommo es el agua, produce también el cobre. En el cielo cubierto vemos materializarse los rayos del sol sobre el horizonte brumoso; estos rayos, excremento de los genios, son de cobre y son luz. Son también de agua, ya que portan la humedad terrestre en su camino ascendente. La pareja excreta luz porque también es luz." (Pág. 23)
El Nommo, desde lo alto del cielo, vio a su madre, la Tierra, desnuda y sin palabra, lo que sin duda era consecuencia del primer incidente ocurrido en sus relaciones con el dios Amma. Era necesario poner fin a ese desorden. El Nommo descendió sobre la Tierra, portando fibras extraídas de plantas ya creadas en las regiones celestes." (Pág. 24)
"En efecto, el chacal, hijo decepcionado y decepcionante de Dios, deseó poseerla y posó las manos sobre las fibras que la portaban, es decir sobre el vestido de su madre. Esta se resistió, pues era un gesto incestuoso. Se hundió en su propio seno, dentro del hormiguero, bajo la apariencia de una hormiga. Pero el chacal la siguió; no existía entonces otra mujer a la que desear. El agujero que ella horadaba no era nunca lo suficientemente profundo y finalmente tuvo que confesarse vencida. Así fueron prefigurándose las luchas equilibradas entre hombres y mujeres, que no obstante, termina con la victoria masculina.
El incesto tuvo grandes consecuencias: en primer lugar dio la palabra al chacal, lo que le permitía revelar por toda la eternidad a los futuros adivinos los designios de Dios.
Fue además la causa de la aparición de la sangre menstrual, que tiñó las fibras. El estado de la Tierra, convertida en impura, era incompatible con el reino de Dios. Este se apartó de esta esposa y decidió crear directamente a los seres vivos. Modeló una matriz con arcilla húmeda, la colocó en la Tierra y desde lo alto del cielo la coronó con una bolita lanzada al espacio. Lo mismo hizo con un sexo masculino: despositándolo en el suelo, lanzó una esfera que se colocó encima.
Tan pronto como las dos masas se organizaron, su vida apareció, los miembros se separaron del núcleo, aparecieron los cuerpos y surgió una pareja humana de la tierra." (Págs. 25-26)
"El genio dibujó en el suelo dos siluetas superpuestas, dos almas, una de las cuales era masculina y otra femenina. El hombre se tendió sobre sus sombras y las tomó a ambas. Lo mismo sucedió en el caso de la mujer.
Así, desde su origen cada ser humano fue provisto de los almas de distinto sexo, o mejor dicho, de dos principios correspondientes a dos personas diferentes en el interior de cada uno. En el caso del hombre el alma femenina se instaló en el prepucio; en el de la mujer, el alma masculina se situó en el clítoris.
Pero la presciencia del Nommo le hizo ver los inconvenientes de este apaño. La vida de los hombres no podía acomodarse a estos seres dobles, era necesario decidir e inclinar a cada cual hacia el sexo para el que aparentemente estaba mejor dotado.
El Nommo circuncidó pues al hombre, eliminando así toda la feminidad del prepucio. Pero este se metamorfoseó en un animal que "no es serpiente ni insecto pero está clasificado entre las serpientes".
Este animal recibe el nombre de nay. Se trataría de una especie de lagarto negro y blanco..." (Pág. 26)
"Entonces el hombre se unió a su compañera. Más tarde ella dio a luz a los dos primeros hijos de una serie de ocho que serían los antepasados del pueblo dogon. En el momento del parto los dolores se concentraron en el clítoris que, excindido por una mano invisible, se separó de ella y se alejó metamorfoseándose en escorpión. La bolsa y el agujón simbolizaban el órgano, el veneno era el agua y la sangre del dolor." (Pág. 27)
Como pueden comprobar, según el texto de Griaule la cosmogonía Dogon es muy compleja... y no hemos hecho más que empezar. Si pensaran que al tener a los primeros hombres la creación ya habría sido completada, estarían equivocados porque a continuación el Nommo (en realidad los Nommo) vuelven a intervenir sobre esos ocho hijos que forman la descendencia de la primera pareja humana, pero eso será el tema de nuestra próxima historia.

En busca del chocolate del loro: Crítica a la introducción (II)

Viene de aquí
Si hasta el momento la cosmogonía Dogon según Ogotemmêli (de acuerdo con Griaule) era muy compleja no tardaría en embrollarse aún más. Veámoslo: "Ahora bien, las ansias celestes de perfección no se habían saciado. La pareja Nommo, que poco a poco tomaba el lugar de su padre Dios, meditaba las redenciones." (Pág. 28)
"los Nommo bajaron pues a la Tierra y penetraron en el hormiguero, sexo del que habían nacido. Entre otros trabajos debían defender a su madre contra los posibles intentos de su primogénito, el Chacal incestuoso. Con su presencia húmeda, luminosa y parlante, purificaban lo que Dios había mancillado para siempre, pero que podía poco a poco alcanzar la pureza necesaria para la creación de la vida.
En este sexo, el Nommo macho tomó el lugar de la masculinidad excluida antaño en el momento de la excisión del clítoris-termitero. La hembra sustituyó a la feminidad y su matriz ocupó la de la Tierra." (Págs. 28-29)
"En estos brumosos tiempos de la evolución del mundo los hombres no conocían la muerte. Los ocho antepasados nacidos de la primera pareja humana vivieron pues indefinidamente. Procrearon ocho diferentes descendencias reproduciéndose cada uno por sí mismo, ya que cada uno era a la vez macho y hembra." (Pág. 29)
"Pero cuando se cumplió el tiempo, un oscuro instinto llevó al primogénito al hormiguero investido por los Nommo (...) Colocando sus dos pies en el agujero del seno terrestre, se hundió lentamente como en un parto a la inversa." (Pág. 29)
"Liberado de su condición terrestre, el antepasado fue puesto bajo la tutela de la pareja regeneradora. El macho le condujo al fondo de la tierra, a las aguas de la matriz de su compañera. Se replegó como un feto, se redujo como un germen, alcanzó la calidad del agua, semilla de Dios, esencia de los dos genios.
En toda esta tarea era de verbo: el macho acompañaba con la voz a la hembra que se hablaba a sí misma, que hablaba a su propio sexo. El verbo penetraba en ella, se enrollaba alrededor de la matriz en una forma helicoidal de ocho vueltas. Y, al igual que la banda de cobre que rodea al sol le confiere su movimiento diurno, la espiral del verbo daba a la matriz el movimiento regenerador.
Consumado en palabras y agua, el muevo genio, expectorado, subía al cielo.
Los ocho antepasados debían seguir en orden esta transustanciación. Pero cuando le llegó el turno al séptimo, la mutación se vio afectada por un suceso notable.
Efectivamente, el séptimo rango es de perfección. Aunque igual en calidad a los otros, es la suma de la feminidad, cuatro, y de la masculinidad, tres. Es la consecución de la serie perfecta, el símbolo de la unión total del macho y de la hembra, es decir de la unidad." (Págs. 29-30)
"En el seno de la tierra se transformó como los otros en genio y agua. Como los otros, se desarrolló al ritmo de las palabras que pronunciaban los dos transformadores." (Pág. 30)
"Los otros poseían estas palabras en condiciones de igualdad por efecto de su paso por el mismo lugar; pero su rango no era de dominio ni su papel era de explotación. El Séptimo recibió pues el conocimiento perfecto de un verbo -el segundo que oía la tierra- más claro que el primero, no ya reservado a unos pocos como este, sino destinado a la totalidad de los hombres." (Pág. 30)
"Esta palabra eficaz desarrolló el poder de su nuevo portador; para él, la regeneración en el seno terrestre se transformó poco a poco en revestimiento de este seno. Ocupó lentamente todo el volumen del organismo y se dispuso como convenía a sus tareas: sus labios se confundieron con los bordes del hormiguero, que se transformó en boca y se dilató. Surgieron unos dientes puntiagudos. Se contaron siete por cada labio, luego diez, cifra de los dedos, después cuarenta; por fin ochenta, es decir diez por antepasado." (Págs. 30-31)
"Pero una vez más se manifestó el escrúpulo de los genios. El Séptimo no instruyó directamente a los hombres, sino a la hormiga, avatar de la tierra y habitual en el lugar.
Llegado el día, a la luz del sol el Séptimo genio expectoró ochenta hilos de algodón que repartió entre sus dientes superiores, utilizados como los peines del telar. Así formó la serie impar de la urdimbre. Lo mismo hizo con los dientes inferiores para formar la serie de hilos pares. Abriendo y cerrando las mandíbulas, el genio imprimía a la urdimbre el movimiento impuesto por los lizos del telar. Y como toda su cara participaba en la tarea, el adorno de su nariz representaba la polea sobre la que basculan los lizos; el adorno del labio inferior era la lanzadera.
Mientras los hilos se cruzaban y descruzaban, las dos puntas de la lengua bífida del genio empujaban alternativamente el hilo de la trama y la banda de tejido se formaba fuera de la boca, en el soplo de la segunda palabra revelada.
En efecto, el genio hablaba. Como había hecho el Nommo en el momento de la primera revelación, otorgaba su verbo por medio de una técnica a fin de que estuviera al alcance de los hombres." (Pág. 31)
"El genio declamaba y sus palabras rellenaban los intersticios de la tela. Se tejían entre los hilos y formaban un todo con la banda. Eran la misma tela y la tela era el verbo. Esta es la razón de que la tela se llame soy, que significa "es la palabra". Y la misma palabra quiere decir siete, rango del que habla tejiendo." (Pág. 31)
"Hasta el momento de la penetración de los antepasados en la tierra, estos hombres habitaban en hoyos como guaridas en el suelo horizontal. Cuando las escudillas abandonadas llamaron su atención, observaron las formas del hormiguero, que encontraron mejor acondicionado que sus agujeros. Lo imitaron abriendo galerías, construyendo habitaciones al abrigo de la lluvia y comenzaron a almacenar algunas reservas obtenidas del producto de la recolección." (Págs. 31-32)
"Al mismo tiempo, la hormiga divulgaba las palabras y los hombres las repetían. Así se reconstituyó sobre los labios de la tierra el clima de vida en movimiento, de fuerzas traspuestas, de soplos eficaces que el Séptimo antepasado había creado." (Pág. 32)
Resumamos lo que llevamos visto hasta el momento. El dios Amma crea la Tierra con arcilla y copula con ella dos veces. De la primera coyunda nace el Chacal y de la segunda los Nommo. Éstos ascienden al cielo y desde allí contemplan la desnudez de su madre por lo que descienden para cubrirla con fibras de plantas. El Chacal viola a su madre, la Tierra, por lo que Amma crea a la primera pareja humana sin su concurso. Esta primera pareja engendra ocho descendientes hermafroditas que, a su vez engendran diez descendientes cada uno y que son los antecesores de los Dogon.
Los Nommo, por su parte, restauran parcialmente la capacidad generadora de su madre y van convirtiendo en su seno a los ocho descendientes hermafroditas en genios que ascienden a los cielos mientras sus descendientes reciben el conocimiento de la hormiga, avatar de la Tierra que, a su vez, había recibido el verbo de los Nommo primogénitos.
Con esto podría haber terminado el relato cosmogónico... pero no lo hace. Ogotemmêli (siempre según el relato de Griaule) comienza a explicar qué pasó con los ocho nuevos Nommo:
"Es seguro que los ocho, abandonando la tierra al terminar sus tareas alcanzaron las regiones donde reinaba la pareja primogénita, autora de su transformación. Los primogénitos tenían preeminencia sobre los otros y pronto les impusieron una organización y unas reglas de vida.
Pero nunca estuvo claro por qué el mundo celeste se trastornó hasta la ruptura ni por qué estos desordenes implicaron la reorgización del mundo humano, que no tenía nada que ver con estas querellas. Finalmente los ocho volvieron a descender a la tierra con un gigantesco cargamento de símbolos, portadores de una tercera y definitiva palabra necesaria para el funcionamiento del mundo moderno." (Pág. 33)
Ogotemmêli comienza explicando que la primera norma que tuvieron que acatar los ocho es que nunca podrían reunirse. La vulneración de esa regla no fue la única que se produjo:
"Dios había concedido a los ocho un conjunto de ocho granos para su alimentación, de la cual era responsable el Primer antepasado. De estos ocho granos, el último, la Digitaria, había sido públicamente despreciado por su destinatario con el pretexto de su pequeñez y de lo engorroso de su preparación. Había incluso llegado a jurar que no lo comería nunca.
Sin embargo, llegó una época crítica en que se agotaron todos los granos excepto el último. Los antepasados Primero y Segundo, que habían roto ya la prohibición de juntarse, se reunieron para consumir la última provisión." (Págs. 33-34)
"Por este hecho ambos antepasados se convirtieron en impuros para el mundo de los cielos, es decir de una esencia incompatible con la vida celeste. Resolvieron entonces abandonar las regiones donde se sentían extraños y los otros seis, solidarios, apoyaron las mismas resoluciones. Además, querían huir llevando consigo todo lo que pudiera ser útil para los hombres que iban a reencontrar." (Pág. 34)
Seguidamente Ogotemmêli dedica mucho tiempo a explicar cómo se construyó el "vehículo" empleado en el viaje de retorno, los símbolos que trajo consigo el Primer antepasado, cómo fue el viaje... Dado que estos datos son con frecuencia tergiversados para hacer una lectura ufológica del texto (algo que es un disparate mayúsculo como veremos) es necesaria la cita de lo que realmente Griaule pone en boca del antiguo cazador Dogon:
"Recibió una cesta trenzada con la abertura circular y el fondo cuadrado, que debía servir para transportar la tierra y el adobe necesarios para la edificación de un sistema del mundo del que iba a ser uno de los monitores. Esta cesta sirvió primero de modelo para otra cesta de grandes dimensiones; el antepasado la construyó en posición invertida, con el fondo cuadrado de ocho codos de largo formando la terraza, la abertura de veinte codos de diámetro apoyada contra el suelo y una altura de diez codos.
Sobre esta estructura se aplicó el adobe hecho de tierra celestial y, en su grosor y partiendo del centro de cada lado del cuadrado, se colocó una escalera de diez peldaños orientados hacia uno de los puntos cardinales. En el sexto escalón de la escalera norte se abrió una puerta que daba acceso al interios, donde se distribuían ocho compartimientos en dos pisos.
Simbólicamente, el edificio así construido tenía el significado siguiente:
-La base circular representaba al sol.
-La terraza cuadrada recordaba al cielo.
-Un círculo en el centro de la terraza era la luna.
-Cada escalón horizontal era hembra y cada contra-escalón macho; el conjunto de las cuatro escaleras de diez peldaños prefiguraba las ocho decenas de familias nacidas de los ocho antepasados.
Cada escalera acogía una categoría de seres y estaba en relación con una constelación:
-La escalera septentrional, correspondiente a las Pléyades, era la de los hombres y los peces.
-La escalera meridional, tahalí de Orión, albergaba a los animales domésticos.
-La escalera oriental, Venus, estaba ocupada por los pájaros.
-En la escalera occidental, una estrella llamada "de la gran cola" estaban los animales salvajes, las plantas y los insectos." (Págs. 34-36)
Lo del (p)UFO hecho de adobe me ha llegado al alma. ¿Es demasiado pedir a los "investigadores" esotéricos que se den cuenta de que ese texto es alegórico y no real? (Más adelante veremos quién es, realmente, el autor de esa simbología)
"La escalera occidental estaba ocupada por los animales salvajes. Desde el primer peldaño superior hasta el último inferior estaban los antílopes, las hienas, los felinos (en dos escalones), los reptiles y saurios, los monos, las gacelas, las marmotas, el león y el elefante.
A partir del sexto peldaño aparecían los árboles, desde el baobab hasta la Lannea acida, y en cada una de esas plantas estaban los insectos que se encuentran comúnmente hoy en ellas.
En la escalera meridional se situaban los animales domésticos: en primer lugar las gallinas, luego los óvidos, cápridos, bóvidos, équidos, cánidos y gatos.
En el octavo y noveno nivel estaban los quelonios: las grandes tortugas, que en cada familia reemplazan hoy a los patriarcas durante sus ausencias, y las pequeñas, a las que se da muerte lentamente en los sacrificios de purificación territorial.
En el décimo lugar aparecían los ratones y ratas de las casas y del campo.
La escalera oriental estaba ocupada por los pájaros: en el primer nivel las grandes rapaces y los cálaos; en el segundo los avestruces y las cigüeñas; en el tercero las pequeñas avutardas y avefrías; en el cuarto los buitres. A continuación las pequeñas rapaces y después las garzas. En séptima posición las palomas, en octava las tórtolas, en novena los patos y finalmente las grandes avutardas negras y blancas.
La escalera septentrional era la de los hombres y los peces. (...)
Pensaba que los hombres eran bozo, esos primeros pobladores del río Níger, aún hoy reconocidos por todos los pueblos del meandro como únicos pescadores verdaderos. (...)
En cada uno de los dos primeros peldaños había un varón bozo con un pez sujeto al ombligo y colgando entre las piernas. (...)
En cada uno de los escalones siguientes se situaban dos mujeres bozo igualmente sujetas a un pez.
En el quinto escalón, una mujer bozo estaba sola.
Finalmente, los cinco últimos peldaños estaban vacíos." (Págs. 37-38)
A continuación Griaule pregunta a Ogotemmêli que dónde estaban los demás animales no incluidos en esa relación, a lo que el Dogon contesta que estaban junto a los que fueran más similares. El antropólogo solicita una explicación de cómo podían caber todos los animales en unos escalones tan pequeños a lo que Ogotemmêli replica que lo que había en esos escalones era el símbolo de los animales, no el animal en sí.
Después de esa descripción tan detallada del exterior, Ogotemmêli asegura que los graneros Dogon se construyen a imagen y semejanza del "edificio-vehículo" por lo que Griaule solicita que le enseñen el interior de uno lo que da pie a que el cazador Dogon proceda a la descripción de las "interioridades" del "granero del Señor de la Tierra Pura":
"Está dividido en ocho compartimentos, cuatro abajo y cuatro arriba. La puerta se abre al norte, en el sexto escalón. Es como la boca; y el granero es como el vientre, el interior del mundo." (Pág. 39)
Por si acaso no está lo bastante claro, Griaule precisa:
"Los cuatro compartimentos inferiores de un granero dogon están separados por dos tabique en cruz cuya unión forma una cúpula de tierra destinada a sostener una vasija esférica. Esta vasija, que contiene grano u objetos preciosos, forma el centro del conjunto de la construcción." (Pág. 40)
"Por encima de la puerta se sitúa el piso con las otas cuatro divisiones. Dos de ellas, contiguas, ocupan la pared del fondo; las otras dos, más alargadas, se encuentran en las paredes laterales." (Pág. 40)
"En el edificio celeste estos compartimentos tenían un orden: el primero era el de la derecha de la entrada en el piso inferios; el segundo el del fondo y derecha y así sucesivamente. El quinto era el de la derecha del piso superior, y así hasta el octavo que era el de la izquierda.
Cada uno de ellos guardaba uno de los ocho granos otorgados por Dios a los ocho antepasados, según este orden: el mijo pequeño, el mijo blanco, el mijo de sombra, el mijo hembra, la judía, la acedera, el arroz y la digitaria." (Pág. 40)
"Eran también la imagen de los ocho órganos principales del genio del agua, comparables a los de los hombres, añadiendo la molleja, puesto que el genio posee la velocidad de los pájaros.
Los órganos se repartían en el siguiente orden: estómago, molleja, corazón, hígado pequeño, bazo, intestinos, hígado grande y vesícula biliar.
En el centro, una vasija esférica simbolizaba la matriz; otra, de forma parecida pero más pequeña, la obturaba. Contenía el aceite de Lannea acida y representaa el feto. A su vez estaba obturada por otra menor llena de perfume. Sobre esta última se encontraba una cúpula doble.
El conjunto de estos órganos se sostenía mediante las paredes y tabiques interiores que simbolizaban el esqueleto. Los cuatro largueros que, terminaban en los ángulos del cuadrado de la terraza, eran los cuatro miembros. El granero era como una mujer, tumbada sobre la espalda que era el sol; los brazos y piernas levantados sosteniendo la terraza, imagen del cielo. Las dos piernas se situaban en el lado norte y el sexo estaba señalado por la puerta del sexto escalón." (Pág. 41)
Pues esto es lo que algunos quieren vender como la descripción de un OVNI (si ya decía yo que era igualito, igualito que el difunto de su agüelico). En fin, queda para la próxima entrega el portentoso viaje del (p)UFO hasta la Tierra, sin duda inspirado en un viaje interplanetario real (la ternilla por los suelos).

En busca del chocolate del loro: Crítica a la introducción (III)

Viene de aquí
Después del maravilloso logro tecnológico del granero-nave espacial, el Primer antepasado prepara su regreso a caaaasaaa, teleeeeéfono. Como al parecer no se siente realizado por el mero hecho de traer consigo los símbolos de tropocientos animales, planea añadir el secreto de la herrería para lo que necesita robar, sustraer, afanar, mangar... el fuego. No obstante, antes de ejercer de "chorizo" tiene algo que hacer:
"El antepasado Herrero iba armado con un arco de hierro y flechas en forma de huso. Lanzó una de ellas a la terraza del granero, al centro del círculo que representaba la luna; envolvió la varilla con un largo hilo de araña formando una bobina. Así, el edificio entero se convirtió en un enorme carrete. Tomando una segunda flecha, a la que ató el otro cabo del hilo, la disparó hacia la bóveda celeste para servir de punto de apoyo." (Pág. 43)
Solucionado esto, ya puede dedicarse al latrocinio:
"Todo estaba a punto para la partida. Pero faltaba el fuego de la fragua. El antepasado se deslizó en el taller de los grandes Nommo, que son los herreros del cielo, y robó un pedazo del sol en forma de brasa y de hierro incandescente." (Pág. 44)
Ya está todo preparado así que el Herrero enciende los motores del vehículo espacial, consulta la Guía del Autoestopista Galáctico... (bueno, o algo así):
"Sin perder un instante, el Herrero lanzó la pirámide truncada (el granero) a lo largo del arco iris. Sin que el edificio girara sobre sí mismo, el hilo se desenrollaba en espiral, imagen del camino del agua." (Pág. 44)
Sin embargo, el Primer antepasado (el Herrero) no debía estar precisamente muy tranquilo porque permanece en la terraza del granero que como sabe todo el mundo es el mejor lugar para hacer un viaje interplanetario:
"Con la maza y el arco en las manos, el Herrero se sostenía de pie, presto a defenderse del espacio." (Pág. 44)
Razones para ello no le faltaban porque los Nommo (los gemelos originales) se "cabrean" ligeramente cuando se percatan del robo del fuego y de la huida del Primer antepasado así que toman sus armas de rayos de fotones y atacan la astronave del Herrero (o algo así):
"Pero el ataque fue inesperado: con un ruido de trono, un tizón encedido lanzado por el Nommo hembra alcanzó la terraza." (Pág. 44)
El Primer antepasado activa el escudo protector de antimateria (o algo así):
El Herrero, para protegerse, cogió una de las pieles del fuelle y la blandió por encima de su cabeza, creando así el escudo." (Pág. 44)
"Después el antepasado apagó con el agua de su odre la madera ardiendo que incendiaba el edificio. Esta madera, llamada bazu, debía ser el origen del culto al fuego hembra." (Pág. 44)
"Otro rayo siguió al primero, lanzado esta vez por el Nommo varón. Pero no tuvo mayores consecuencias. El Herrero apagó el segundo tizón, llamado anakyê, sobre el que más tarde se fundaría el culto al fuego macho." (Pág. 44)
Después de la batalla librada con armas de las más alta tecnología (o algo así), el viaje prosigue:
"El edificio siguió pues su ruta por el arco iris. Sólo iba cada vez más deprisa por efecto del impulso recibido de las fulminaciones." (Pág. 44)"
Y pasa lo que tenía que pasar, claro. Ya dice la DGT que las prisas en los viajes nunca son buenas:
"El suelo se acercaba rápidamente, el antepasado seguía de pie, con los brazos hacia delante y con la maza y el yunque de través. Sobrevino el impacto final, que se produjo al extremo del arco iris, donde tocaba tierra. El choque dispersó en una nube de polvo los animales, las plantas y los hombres escalonados en los peldaños." (Pág. 46)
Como el Primer antepasado también conocido como el Herrero era, sin duda, un irresponsable que no sólo no había dotado a su nave espacial de ABS sino que ni siquiera había incorporado un air-bag o un mero cinturón de seguridad, el accidente a lo Roswell concluye con politraumatismos varios (si ya lo dice la DGT, póntelo, pónselo. Bueno, eso no lo aconseja la DGT y en realidad tampoco se refiere al cinturón de seguridad aunque sí tiene algo que ver con el asiento trasero de los coches, pero debería):
"Cuando se restableció la calma, el Herrero estaba aún en la terraza, de pie, con la cara hacia el norte y sus herramientas en el mismo lugar; pero por el impacto, la maza y el yunque le habían quebrado los brazos y las piernas a la altura de los codos y de las rodillas, que hasta entonces no tenía. Recibió así las articulaciones propias de la nueva forma humana que iba a extenderse por la tierra y que estaba destinada al trabajo." (Pág. 46)
Después de tan espectacular "carajazo", el Primer antepasado se pone manos a la obra, parcela la tierra y comienza a cultivarla.
Los restantes Nommo van llegando gracias a sus avanzados conocimientos de navegación astronáutica (o algo así):
"Inmediatamente después del Herrero -Primer antepasado- descendieron los otro siete. El antepasado de los zapateros y el de los troveros siguieron el hilo. Cada uno llevaba sus herramientas o atributos, los demás llegaron a continuación, en orden según su rango." (Pág. 47)
Y todos hubieran debido ser felices y comer perdices de no ser por un pequeño detalle, que el Octavo antepasado debió pensar: "Maricón el último" y se coló de rondón ante el Séptimo antepasado que montó en cólera convirtiéndose en una serpiente que fue muerta y devorada por los hombres por instigación del Herrero que guardó su cabeza (la de la serpiente, claro) bajo la fragua.
Tras su muerte, puesto que el Séptimo antepasado era señor de la palabra es necesario que muera el miembro más anciano de la octava familia que representaba la palabra en sí. Este anciano es el Lebé:
"El octavo rango es el de la palabra en sí. La palabra está fuera del Séptimo que la enseña. Es el Octavo antepasado." (Pág. 50)
"Era necesario que el anciano muriese para entrar en el mismo mundo que el Séptimo y permitir la realización de los designios de Dios." (Pág. 50)
Así pues, el Lebé muere y es enterrado, pero cuando el Herrero comienza a usar la fragua el ruido despierta al Séptimo antepasado (que como Nommo era inmortal por muy decapitado, troceado, comido y deglutido que estuviera) que recupera su figura de genio y se desliza subterráneamente hasta la tumba del Lebé al que se come para regenerarlo. Producto de esa metamorfosis digestiva, el Nommo vomita agua que forma cinco ríos y también piedras de colores (los dugué) que dibujan el esqueleto de un hombre. También ocho cauris que ocupan el lugar de las uñas del Lebé. Sobre ese cimiento mítico se desarrolla una compleja simbología que se manifiesta en los tambores, los telares, las vasijas de los graneros, las fraguas, la alfarería, las casas, los santuarios... que el lector interesado podrá encontrar en el texto que estamos empleando y que, recordamos, es "Dios de agua" por Marcel Griaule. Trad. Àngels Gutiérrez. Col. Ad litteram. Ed. Alta Fulla. Barcelona, 2000.
Hay otro aspecto de la cosmogonía Dogon según Ogotemmêli que debemos considerar, la fiesta Sigui. Según el cazador ciego (siempre de acuerdo con la narración de Marcel Griaule) el origen de esta ceremonia está en la primera muerte real (las del Séptimo antepasado y el Lebé no cuentan porque resucitaron).
Todo comenzó con la violación de la Tierra por su hijo, el Chacal, que supuso que aquélla comenzara a menstruar por lo que manchó de sangre las fibras con la que había sido tapada por los Nommo originales. El color rojo atrajo a una mujer que las "afanó" para hacerse una falda con ellas. Unos hombres se la arrebataron a su ilegítima poseedora y ocultaron ese robo al anciano al que debían respeto y obediencia. Éste, al término de su vida humana, se convirtó en Nommo. Un día se cruzó con los hombres que iban vestidos con las faldas rojas por lo que les increpó en la lengua de los Dogon lo que supuso su muerte porque como Nommo no debía hablar en la lengua de los mortales.
El cuerpo, bajo forma de serpiente, fue envuelto en las fibras rojas y conducido a una cueva, pero el espíritu del Nommo buscaba dónde cobijarse. Finalmente encontró a una mujer que vestía, también, una falda roja. Por ello la mujer dio a luz a un niño rojo y moteado como una serpiente que recobró la apariencia humana en su adolescencia cuando fue consagrado al muerto. Para ello se talló una escultura de una serpiente de gran tamaño a la que, mediante los ritos apropiados, fue a parar el espíritu del difunto. El adolescente quedó encargado del culto al antepasado. Así nació la fiesta Sigui:
"Una de estas instituciones llamaba la atención por su importancia y las grandiosas manifestaciones que desencadenaba. Se trataba de una fiesta que celebraba el pueblo entero cada sesenta años y que, durante un largo periodo, año tras año, conmovía sucesivamente todas las regiones dogon. Este rito ambulante, denominado Sigui, comenzaba en la región de Yugo." (Pág. 165)
"Durante estos días tenían lugar dos actos esenciales: el tallado de una larga serpiente de madera en un único tronco de árbol (uno de los ejemplares llevados por el blanco a los museos de Francia medía diez metros) y la borrachera con cerveza de mijo, sentándose los bebedores en un lugar especial llamado "asiento de máscara", reservado para esta ocasión.
El sentido de la talla de madera era claro: se trataba de renovar el soporte de lso principios espirituales del primer muerto, presentes siempre en el mundo de los hombres. Efectivamente, la madera de la primera "gran máscara" esculpida por los antiguos había envejecido y, por otra parte, el hombre consagrado a su servicio había muerto." (Pág. 165)
"el espíritu del antepasado necesitaba otro continente; para su culto era necesario un nuevo iniciado. Se escogió pues un niño entre la descendencia de aquel que nació marcado por el muerto y que en cierta medida se había convertido en valedor de los hombres ante él. Fue iniciado, al mismo tiempo que muchos otros camaradas, en la gruta donde se hallaba la gran máscara, y fue consagrado por un sacrificio cruento al nuevo tronco que, por los ritos y plegarias apropiados, había sustituido al antiguo.
Así se actuaba cada sesenta años." (Págs. 165-166)
¿Y la "cogorza" cervecera?
"se trataba de una comunión general en la que tomaba parte la nueva gran máscara chorreante de libaciones y el conjunto de los hombres, desde el anciano de piel reseca hasta el nacido ese mismo día. La sociedad entera era consagrada al poste, tomando a su cuenta tanto la expiación de la afrenta cometida contra el antepasado como el culto al nuevo soporte." (Pág. 166)
¿Y el "asiento de máscara"?
Resulta que antes de convertirse en Nommo, el primer muerto había discutido con otro anciano. Cuando ambos fallecieron (es decir, cuando se convirtieron en genios) prosiguieron la disputa que acabó cuando el primer muerto se comió al otro. Después del incidente con los jóvenes ladrones, cuando el Nommo "cascó" de su cuerpo surgió el otro anciano (como genio que era no podía morir) para fallecer acto seguido puesto que había resucitado de lo impuro. Sin embargo, al no haber cometido él falta alguna, fue objeto de un culto especial. Su esqueleto fue revestido de argamasa para convertirlo en un altar. En conmemoración suya se emplea el "asiento de máscara":
"-La varilla -dijo Ogotemêli- es la parte baja del cuerpo del Nommo, en forma de reptil. El hierro plano transversal simula los brazos ligeramente levantados del genio. La cabeza no está representada." (Pág. 168)
"-Cuando el hombre bebe sentado la cerveza del Sigui, es el anciano mismo. Es como si el anciano estuviese allí. El asiento es el cuerpo con los brazos abiertos y el hombre sentado es la cabeza del Nommo muerto. Cada uno es una resurrección del anciano." (Pág. 168)
Pero como uno de lo poco que puede estar seguro es que Ogotemmêli era capaz de liar lo que ya por sí era complejo, aún hay otro elemento en la fiesta Sigui:
"-La mujer del antepasado del asiento -continuó- fue quien descubrió las fibras rojas. También por esta razón este antepasado era más importante que el otro. Como todos los ancianos notables, la mujer, al fin de su vida terrestre se transformó en genio Nommo. Su símbolo es la calabaza que llevan todos los hombres durante las fiestas del Sigui y en las cuales beben la cerveza." (Pág. 169)
Por si se hubieran perdido en medio de todo este follón de Nommo, antepasados, inmortales que se mueren, máscaras y borracheras (algo que no tendría nada de extraño, la verdad) vamos con el resumen:
"Así, durante la celebración de los ritos que tenían lugar cada sesenta años, los bebedores que bailaban la danza serpenteante de los genios honraban ante el nuevo poste al antepasado vencedor de la disputa. Y blandían en sus manos el asiento de madera y la calabaza: la calabaza-mujer en la que iban a beber la humedad vivificadora y el asiento-antepasado cuya cabeza ellos mismos representaban. Simbolizando los dos Nommo, los bebedores imitaban la resurrección." (Pág. 169)
Aunque Griaule y Ogotemmêli todavía hablan de algunos temas más, no tienen importancia para lo que aquí nos ocupa. Al final, Griaule regresa a Francia y desde allí declara:
"Este libro, terminado en junio pasado, contiene lo esencial de la doctrina dogon. En la intención del autor es también el testimonio del primer contacto con Ogotemmêli y debía continuar con otras obras, cuyo material hubiera sido proporcionado por nuevas conversaciones.
No podrá ser así." (Pág. 209)
La razón para ello queda explicada por una carta que Griaule reproduce:
"Aquel que fue para usted el más adicto, el más franco y sincero y uno de los más sabios sobre nuestras costumbres dogon, ha caído en el sueño eterno. El viejo Ogotemmêli.
Murió el martes 29 de julio de 1947 hacia las dos de la tarde." (Pág. 209)
Es decir, que las conversaciones mantenidas entre el antropólogo y el cazador ciego están contenidas en este libro y no hubo ocasión de que Ogotemmêli hiciera nuevas revelaciones a Griaule porque murió antes de que se volvieran a ver. No sé si se habrán percatado Vds. en medio de todo este follón mitológico, pero Ogotemmêli no menciona a Sirio para nada. No, no es que no aparezca en ninguna de las citas que hemos realizado, es que Sirio no tiene ningún papel en la cosmogonía de los Dogon según el cazador ciego.
Pero si Fulanito dice que... y Peranganito afirma que... pues lamento contradecirles pero se equivocan de obra, porque la historia de Sirio nada tiene que ver con "Dios de agua" (ni por tanto con Ogotemmêli) pero esto lo veremos en la próxima entrega de esta serie que tratará de cómo el chacal se convirtió en un zorro pálido.

En busca del chocolate del loro: Crítica a la introducción (IV)

Viene de aquí
Retomo (por fin, ya era hora...) el hilo perdido sobre Marcel Griaule y los Dogon, su cosmogonía, sus lecturas en clave extraterrestre... esperando que esta vez no haya causas ajenas a mi voluntad que me obliguen a dar un nuevo parón a estos artículos (tampoco se perdería nada, pero me fastidia dejar cosas inconclusas).
Ya habíamos visto que en el célebre "Dios de agua" no aparece ni una mención a Sirio ni, por tanto, a su supuesto papel fundamental en la mitología Dogon. ¿Quiere eso decir que Robert Temple y Cía se lo inventaron todo? Pues no, sencillamente los que se empeñan en "citar" (bueno, no lo hacen porque presumiblemente ni siquiera lo han leído) "Dios de agua" y a Ogotemmêli en relación con este asunto se equivocan de libro y de informador.
Marcel Griaule falleció en 1956 pero una de sus colaboradoras, Germaine Dieterlen, aprovechó sus trabajos de campo posteriores a la muerte de su informante Ogotemmêli para publicar en 1965 el libro "Le renard pâle" (El zorro pálido) que es en el que realmente aparecen las menciones a Sirio.
Si están empezando a percibir que algo huele raro pese a no estar en Dinamarca, les felicito por su olfato. Por si no se hubieran dado cuenta de ello debido a su angelical inocencia, a su pertinaz resfriado o por haberse quedado dormidos de aburrimiento en las primeras entregas de estas historias (que todo puede ser) permítanme realizar un breve repaso de la cuestión. En "Dios de agua" Griaule no para de alabar la sabiduría de Ogotemmêli llegando incluso a pasarse siete pueblos y tres villas en las comparaciones:
"Esta doctrina fue confiada al autor por un hombre venerable, Ogotemmêli, de Ogol de abajo, cazador que había perdido la vista por accidente y que debía a su enfermedad el haber podido instruirse tan profunda y cuidadosamente. De una inteligencia excepcional, de una habilidad física aún visible pese a su estado, de una sabiduría cuyo prestigio se extendía por todo el país, había comprendido el interés de los trabajos etnológicos de los blancos y había esperado durante quince años la ocasión de revelar su saber." (Pág. 10)
"por otro, rendir homenaje al primer negro de la Federación Occidental que reveló al mundo blanco una cosmogonía tan rica como la de Hesíodo, poeta de un mundo muerto, y una metafísica que ofrece la ventaja de proyectarse en miles de ritos y gestos en una escena donde se mueve una multitud de hombres vivos." (Pág. 11)
Pues bien, este nuevo Hesiodo famoso en todo el país por su sabiduría no menciona ni media palabra sobre Sirio al relatar las creencias Dogon. En "Le renard pâle", otros informantes convierten esta historia de Sirio en parte fundamental de la cosmogonía de dicho pueblo. ¿Qué explicación tiene ese hecho? Hay varias a priori. Veamos si alguna se ajusta a la realidad:
1ª El sabio cazador no tenía ni idea de lo que estaba diciendo. Obviamente esa explicación dejaría en muy mal lugar al propio Marcel Griaule porque, de ser cierta, en ningún momento se dio cuenta de que estaba hablando con un ignorante. Es más, asegura de la narración de Ogotemmêli:
"Esta regla entrañaba un abismo de explicaciones. Ogotemmêli las dio todas. A pesar de estar acostumbrado a esta lógica, a estas aseveraciones inapelables y a estos meticulosos matices, el blanco quedaba sorprendido ante el pensamiento sin fisuras que cada día aparecía ante él." (Pág. 171)
Y añade sobre el propio cazador ciego:
"De hecho, su nombre y su divisa eran conocidos en la meseta y los roquedales. "Hasta el niño más pequeño las conoce", se decía; y los que querían consultarle afluían a su puerta día y noche." (Pág. 20)
2ª Ogotemmêli sí conocía esos relatos pero se los guardó para sí mismo por ser parte de una doctrina esotérica que no debía ser conocida por los no iniciados como el antropólogo francés. Esto es negado por las propias palabras de Griaule:
"Ciertamente, este pueblo no tiene siempre un conocimiento profundo de sus gestos y sus rezos, pero en eso se parece a otros. No podríamos tachar de esotérico el dogma cristiano de la transustanciación con el pretexto de que el hombre de la calle ignora la palabra y no tiene más que una ligera idea del asunto." (Pág. 11)
"Aunque en su conjunto esta doctrina sólo la conocen los ancianos y ciertos iniciados, no es esotérica, ya que cualquier hombre al llegar a la vejez puede poseerla." (Pág. 10)
Es más, para aceptar esa explicación hay un inmenso problema. La cosmogonía de "Le renard pâle" y "Dios de agua" no son complementarias, son contradictorias. Ya hemos visto la mitología contenida en "Dios de agua". Hora es ya de reflejar los contenidos de "El zorro pálido" según el resumen realizado por Julio Arrieta en un magnífico artículo titulado Dogon, un misterio inexistente y publicado en la revista El escéptico nº 8 (Primavera 2000) págs. 54-58. Dice Julio Arrieta:
"La Creación tiene lugar a partir de un huevo primordial, del que surge el universo después de ocho vibraciones sucesivas. Los nommos aparecen en estos primeros momentos de vida del universo y, de hecho, son los responsables de la existencia del espacio y del tiempo. Uno de estos nommos, llamado Ogo, crea la vida en la Tierra a partir de su placenta y, después de una compleja serie de incidencias, es transformado por Amma en el primer zorro -renard pâle- como castigo por haber cometido incesto." (Pág. 56)
Si quieren una versión más amplia de los mitos cosmogónicos en "Le renard pâle" pueden encontrarla aquí.
¿Y en que se parece ese relato al que ya conocíamos de boca de Ogotemmêli? Pues más bien en poco. No es sólo que el chacal se haya convertido en un zorro (lo que es puramente anecdótico) sino algo más importante. Según Ogotemmêli el chacal había nacido como tal y, además, era unigénico. Segun este nuevo relato, habría nacido como nommo y convertido posteriormente en zorro como castigo y, además, era uno de dos gemelos. Su hermano se sacrificaría y resucitaría para redimir los pecados de Ogo (y si esto les recuerda otro mito más cercano a nuestra sociedad, no son los únicos a los que les sucede lo mismo).
Tampoco la creación del Universo, la Tierra y la vida en ella coinciden (todo lo contrario) como tampoco las explicaciones sobre la fiesta Sigui que ahora está relacionada con Sigu Tolo (supuestamente Sirio A), Po Tolo (supuestamente Sirio B), Emme Ya (supuestamente Sirio C) y Nyân Tolo (convenientemente olvidado en las lecturas esotéricas de esta historia) pese a que las explicaciones de Ogotemmêli (ya lo vimos) no tenían nada que ver con Sirio A, B, C o W.
Así pues, no es que estos dos relatos cosmogónicos correspondan a dos momentos distintos de una iniciación esotérica en el que se va aumentando progresivamente el acceso al conocimiento, es que son contradictorios. Por mucho que Geneviève Calame-Griaule (hija de Marcel) haya intentado "vender esa moto" su propio padre en una obra titulada "Le Savoir des Dogon" publicada en 1952 expresa dudas sobre la información recibida del sacerdote Innekouzou sobre la importancia de Sirio en las creencias de los dogon (véase al respecto un magnífico artículo del doctor Javier Garrido titulado Los Dogon y el misterio de Sirio)
3ª El que mentía era Innekouzou. Esta explicación se vería reforzada por el hecho de que esta nueva versión de los mitos Dogon está, evidentemente, influenciada por fuentes externas. Lo del nommo muerto como acto de redención de los pecados y posteriormente resucitado es clarísimo pero ¿no podríamos decir lo mismo del relato de Ogotemmêli? ¿No les ha sonado a nada ya conocido el descenso del Primer antepasado en una "nave" poblada con los signos de los animales y los antepasados de los hombres? ¿El robo del fuego no les ha recordado al mito de Prometeo?
4ª Nadie decía la verdad. Por increíble que parezca, ésa es la explicación correcta. No se trata de que haya que elegir entre el relato mitológico de Ogotemmêli y el de Innekouzou, es que habría que comenzar por preguntarse si existe realmente un mito cosmogónico complejo entre los dogon.
Ya en su día, "Dios de agua" sorprendió. Griaule se sintió obligado a responder a los críticos en el Prefacio de la obra:
"Algunos incluso han anticipado, a primera vista y sin esperar precisiones de ningún tipo, que había una parte de especulación individual de interés secundario. Son, por otra parte, los mismos que juzgan apropiado consagrar una vida a las ideas aparentemente personales de Platón o de Julián de Halicarnaso." (Pág. 10)
Obviamente, esa supuesta respuesta no lo es en modo alguno. No se trata de si es interesante o no, si es digno de atención o no, el estudio de la especulación "filosófica" de un individuo (se llame éste Platón u Ogotemmêli) sino de si eso tiene el rango de un conjunto de mitos compartidos por una sociedad (sea ésta la ateniense de la época clásica o los dogon de mediados del S XX).
La cuestión fue obviada por todos pese a que diversos antropólogos posteriores que realizaron trabajo de campo con los dogon tuvieron que reconocer que no habían encontrado referencia alguna a las creencias que Marcel Griaule sostenía que eran conocidas por miembros de ese pueblo. Así las cosas, un etnólogo llamado Walter van Beek realizó un trabajo de demolición en 1991 titulado "Dogon Reestudied: A Field Evaluation of the Work of Marcel Griaule" (Current Anthropology, vol. 32, nº 2. Págs. 139-167). Las conclusiones de van Beek supusieron un pequeño terremoto en el campo de la antropología africanista, uno de cuyos referentes culturales y sentimentales era, precisamente, "Dios de agua".
¿Qué hizo van Beek? Evitó las zonas desarrolladas y con mayor contacto con otras tradiciones culturales y se dirigió a las aldeas remotas para intentar confirmar los relatos transmitidos por Griaule. El resultado fue que los dogon no poseen un mito complejo sobre la Creación, los nommo son unos espíritus que residen en el agua y que no tienen ningún papel cosmogónico, las estrellas no juegan ningún papel importante en la religión dogon, Sirio es llamada Dana Tolo y no tienen ni idea de la existencia de Po Tolo, de Emme Ya y de Nyân Tolo, la fiesta Sigui no tiene nada que ver con Sirio...
La labor de deconstrucción de van Beek no se limitó a estos aspectos esotéricos. En otros trabajos criticó otras informaciones transmitidas por el círculo de Griaule (véase, por ejemplo, este trabajo titulado La mission Griaule à Kangaba (Mali) (Walter E. A. van Beek et Jan Jansen, La mission Griaule à Kangaba (Mali), Cahiers d'études africaines, 158, 2000). Las afirmaciones, muy duras, de van Beek han sido aceptadas por otros antropólogos como Jacky Boujou que en este artículo titulado La culture dogon: de l’ethnologie coloniale à l’anthropologie réciproque contemporaine no vacila en decir:
"Toutes ont constaté le fait que la pseudo tradition révélée dans les deux textes sus mentionnés ne ressemble à aucune autre en Afrique et ces critiques considèrent que ces oeuvres sont une invention idéologique, une “création interculturelle ” qui entretient peu de rapport avec les réalités de la société Dogon."
Ésta es la historia de los supuestos mitos cosmogónicos de los dogon. ¿Qué dice sobre ellos Javier Sierra? Esto lo veremos en la próxima entrega de la serie.