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Escritos desde el páramo

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer

Un cuadro:

Noctámbulos de Edward Hopper.

Dos obras musicales:

Quiet city de Aaron Copland y el Adagio para cuerdas nº 11 de Samuel Osborne Barber.

Dos poemas:

Venimos de la noche, de la sombra
polvorienta, del odio rescoldado
a fuego lento, por la lenta alfombra
de la ceniza -polvo, triturado

residuo de un pasado que se nombra
con un nombre pretérito y dejado
de Dios, y que, tendido, desescombra
la sombra de su sueño derrumbado.

Venimos de la muerte sobre un resto
de vida que aún arrastra en su caída
su dispensada voluntad sin puesto.

¡Polvo en el polvo del camino, huida
sin fin! Venimos de la muerte en esto
-polvo en el polvo- que llamamos vida.

y

Nevermore

Ala de sombra, un cuervo -que crascita
Nunca- repite su áspero graznido
a través de mi día mal vivido
y de mi noche a solas, infinita.

En su agorera convicción imita
mi doble desaliento persuadido
de que nunca la tierra que he tenido
podrá tenerme en pie, que está proscrita.

Nunca... Pico de grajo, el pensamiento
-corvo, corvino- escarba... Lo que siento
sólo puede decirse en ese nunca.

-cuervo de negra luz, empobrecida
pitanza,interminable despedida-
que tiene el nombre de mi nombre: Nunca.

ambos de Juan José Domenchina

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