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Escritos desde el páramo

Crítica a la pseudohistoria

En busca del chocolate del loro: Orión y otras hierbas (V)

Viene de aquí
Antes de tener que ocuparnos de cuestiones de actualidad, habíamos dejado la crítica al libro de D. Javier Sierra titulado En busca de la Edad de Oro con una pregunta, ¿por qué los Textos de las Pirámides tienen fragmentos aparentemente contradictorios? La respuesta está soplando en el viento (perdón, se me ha ido el santo al cielo), decía que la respuesta es compleja (olvídense de Occam the Razor que en cuestiones históricas suele pintar tan poco como Mack the Knife) y tal vez ni siquiera sea correcta (después de todo, quizás estuviera en lo cierto el amigo Robert Allen Zimmerman).
Veamos algunas cuestiones previas. La función de los TP es una de las pocas cosas que están claras, son unos ensalmos, oraciones, conjuros... que tienen como finalidad provocar la resurrección del faraón difunto, guiarle en su ascención a los cielos, ayudarle a sortear los peligros del viaje de ultratumba y posibilitar así su apoteosis definitiva. Son, pues, unos textos de marcado carácter mágico-religioso.
Además, la proximidad temporal (ya dijimos que los TP se documentan a finales del Imperio Antiguo y durante el I Periodo Intermedio), geográfica (sólo aparecen en la necrópolis de Sakkara) y social (se graban en las tumbas de los faraones y -en algún caso- de sus esposas) podría hacer pensar en una uniformidad de los Textos, impresión reforzada por el uso de un nombre común para todos ellos.
La realidad, no obstante, no es exactamente así. Los llamados Textos de las Pirámides no forman un canon inmutable. Al contrario, entre las inscripciones de la pirámide un faraón y las que se documentan en otra existen diferencias a veces muy considerables. Por ejemplo, en la de Unas (ya dijimos que es la tumba más antigua en la que aparecen los TP) hay 218 declaraciones. En la pirámide de Pepi II hay 712 declaraciones, más del triple. No sólo existe una diferencia cuantitativa por sucesivas adiciones porque también hay declaraciones que sólo se documentan en una única pirámide. Por ejemplo, las declaraciones 1-7 sólo aparecen en la tumba de Teti, la declaración 10 en la de Merenra, las declaraciones 11-19 en la de Pepi II, las declaraciones 247-252 en la de Unas, la declaración 435 en la de Pepi I... Otras, en cambio, se documentan en dos (declaraciones 20-22 en las pirámides de Pepi II y Aba), tres (declaraciones 8-9 en las tumbas de Pepi I, Merenra y Pepi II), cuatro (declaraciones 45-46 en las pirámides de Unas, Pepi II, Aba y de la reina Neit), cinco (declaración 23 en las tumbas de Unas, Pepi II, Aba y de las reinas Neit e Iput), seis (declaraciones 126-128 en las pirámides de Unas, Pepi II, Aba y de las reinas Neit, Iput y Udjebten), siete (declaración 357 en las tumbas de Teti, Pepi I, Merenra, Pepi II, Aba y de las reinas Neit y Udjebten)...
Vemos cómo con el paso del tiempo se van reflejando nuevos textos mientras otros desaparecen para, en ocasiones, resurgir más adelante. Esto ya nos plantea un problema ¿por qué sucede esto? No estamos hablando de unas inscripciones sin importancia que pueden contener errores porque el escriba no prestara atención al elaborarlas. Dada su finalidad, los TP eran algo vital para el faraón de turno. De esas formulas mágicas dependía su resurrección y el que pudiera convertirse en dios y, sin embargo, es indudable que no eran un todo inalterable, que cada faraón (o la persona encargada de esa labor) elegía unas declaraciones si es que no se creaban ex profeso para él y desechaba otras. Esto no sólo se producía en aspectos "menores" sino que esta variabilidad afecta también a cuestiones esenciales. Por ejemplo, sabemos que una de las ceremonias que se realizaban para permitir el acceso del faraón a la vida eterna era la apertura de la boca del cadáver. Ya en la pirámide de Unas (y también en las de Pepi II, Aba y las reinas Neit e Iput) encontramos el siguiente texto:
"Oh Osiris Rey, yo abro tu boca para ti -hierro del dios del Alto Egipto 1 barra; hierro del dios del Bajo Egipto, 1 barra." (Declaración 38, Pág. 7)
Una oración mucho más compleja para ese momento no aparece hasta Pepi II (y también en la tumba de Aba):
"(Tu boca está en perfecto estado (?) porque la repaso por ti, separo tus párpados por ti. Oh Rey, abro tu boca por ti) con la azuela de Upuart. (Separo tu boca por ti) con la azuela de hierro que separa la boca de los dioses. ¡Oh Horus, abre la boca de este Rey! Horus ha abierto la boca de este Rey con esa que separa la boca de su padre, con esa con la que separa la boca de Osiris, con el hierro que proviene de Seth, con la azuela (de hierro que separa la boca de los dioses. La boca de este Rey se abre con ella, y él se mueve y habla con la Gran Enéada en la Mansión del Príncipe que está) en On, y asume la corona Wrrt ante Horus, Señor de los Nobles." (Declaración 21, Pág. 3)
Ya tenemos una primera explicación para responder a la pregunta que nos ocupaba ¿por qué en los TP aparecen fragmentos aparentemente contradictorios? Al no ser un todo inmutable (y sí todo lo contrario) pueden existir versiones diferentes en distintas tumbas. Con eso podríamos dar por concluida esta cuestión de no ser por un pequeño detalle, que esos textos aparentemente contradictorios también aparecen en una misma tumba. ¿Por qué?
Ya dijimos que los TP tienen la finalidad de propiciar la resurrección del faraón y su viaje a ultratumba para convertirse en dios. Cuando hablamos de viaje no nos estamos refiriendo a ese proceso de forma metafórica. Para los egipcios era una auténtica peregrinación en la que el faraón iba recorriendo diversos lugares hasta llegar a su final. Uno de ellos es el Campo de Juncos:
"Alguien se ha bañado en el Campo de Juncos,
Ra se ha bañado en el Campo de Juncos.
Alguien se ha bañado en el Campo de Juncos,
Este Rey se ha bañado en el Campo de Juncos." (Declaración 253, Pág. 59)
Pero el Campo de Juncos no es sólo un lugar en el que el Rey toma un baño de carácter purificador:
"báñate en el Lago del Chacal, se purificado en el Lago de la Duat, se purificado en lo alto de tu flor de loto en el Campo de Juncos." (Declaración 512, Pág. 151)
También es uno de los lugares que el Rey debe atravesar en su viaje:
"Él sube a bordo de la barca como Ra en las orillas del Canal Sinuoso, este Rey rema en la Barca del Relámpago, navega en ella al Campo de los Cielos Inferiores en esta parte meridional del Campo de Juncos." (Declaración 548, Pág. 166)
"Los Campos de Juncos están llenos, y yo cruzo por el Canal Sinuoso; soy transportado al lado oriental del horizonte, soy transportado por el lado lado oriental del cielo y mi hermana es Sotis, mi hija es la luz del amanecer." (Declaración 263, Pág. 66)
Aparece en estos textos un nombre vinculado con el Campo de Juncos, el Canal Sinuoso que lo atraviesa y conduce a la zona oriental del cielo. ¿Qué importancia tiene esto? Inmensa porque lo que separa el Canal Sinuoso no son dos meras zonas geográficas sino algo mucho más importante:
"Oh Ra, encomiéndame a MA-HA-f barquero del Canal Sinuoso para que pueda traerme su barca que pertenece al Canal Sinuoso, en la que cruza a los dioses a aquel lado del Canal Sinuoso, hacia el lado oriental del cielo, para que él pueda cruzarme hacia aquel lado del Canal Sinuoso, hacia el lado oriental del cielo..." (Declaración 359, Pág. 102)
Es decir, que el Canal Sinuoso en el Campo de Juncos separa dos orillas de las cuales la oriental es la de los dioses. ¿Y la occidental? Es la Duat. ¿La qué? Vayamos hacia atrás. Al morir el faraón, éste asciende a la parte occidental del cielo:
"Los que están en el firmamento le abren sus brazos, el Rey está en el lado occidental de la bóveda celeste, se le ha proporcionado un camino de ascenso al cielo, y es él quien ejecuta la orden de la tormenta." (Declaración 261, Pág. 64)
Al Oeste se encuentra la Duat, la tierra de los espíritus de los muertos regida por Osiris, tanto es así que en los TP se les denomina con frecuencia como los Occidentales y a Osiris como el Primero de los Occidentales. Además, los TP precisan dónde se encuentra la Duat:
"La Duat ha asido tu mano en el lugar donde se encuentra Orión..." (Declaración 437, Pág. 122) y "Que se ponga una escalera hacia la Duat para ti en el lugar donde está Orión..." (Declaración 610, Pág. 193)
Tenemos, pues, al faraón difunto ascendiendo a la Duat que se identifica con Orión, pero eso es sólo una etapa de su periplo. Ya hemos visto que cruza el Campo de los Juncos y atraviesa el Canal Sinuoso, pero ¿hacia dónde?
"Las balsas de juncos del cielo están listas para Ra
Para que pueda cruzar sobre ellas hacia el horizonte.
Las balsas de juncos del cielo están listas para Horajti
Para que Horajti pueda cruzar en ellas hacia Ra.
Las balsas de juncos están listas para mi
Para que yo pueda cruzar en ellas hacia el horizonte, hacia Ra
Las balsas de juncos del cielo están listas para mi
Para que yo pueda cruzar en ellas hacia Horajti y hacia Ra." (Declaración 263, Pág. 66)
Ese horizonte (o Axt) tiene puertas:
"La que rechaza a cualquiera que debe rechazar abre las puertas del horizonte en el ascenso de la Barca del Día."
(Declaración 311, Pág. 87) Y tras las puertas del horizonte, el cielo estrellado o cielo de Ra en donde el faraón se reúne con Ra-Atum:
"Oh Ra-Atum, tu hijo llega a ti, el Rey llega a ti; levántalo, rodéale con tu abrazo, porque él es el hijo de tu cuerpo para siempre." (Declaración 217, Pág. 43)
y
"Sé puro en el nomo occidental, recibe tu purificación en el nomo heliopolitano con tu padre, con Atum. Ven a la existencia, sube a lo alto y será bueno para ti, será agradable para ti por el abrazo de tu padre, por el abrazo de Atum. Oh Atum, deja que este rey se acerque a ti, elévale, rodéale con tu abrazo, porque él es tu hijo, el hijo de tu cuerpo, por toda la eternidad." (Declaración 222, Pág. 47)
Sin embargo, no sólo es recibido en el cielo estrellado, el lugar de los dioses, y reconocido como uno de ellos sino que se convierte en la suprema divinidad con poder sobre los dioses, la Duat y los hombres:
"Levantad vuestras caras, vosotros dioses que estáis en la Duat, porque el Rey ha venido para que podáis verle, habiéndose convertido en el gran dios. El Rey es introducido con temor, el Rey es ataviado. Guardaos vosotros mismos, todos vosotros, porque el Rey gobierna a los hombres, el Rey juzga a los que viven en el dominio de Ra, el Rey habla a esta región pura en la que él ha puesto su morada con El que juzgó a los dos dioses. El Rey tiene dominio sobre su cabeza, el Rey empuña el cetro y él muestra respeto al Rey. El Rey se sienta con aquellos que reman en la barca de Ra, el Rey manda lo que es bueno y él lo hace, porque el Rey es el gran dios." (Declaración 252, Pág. 58)
De igual forma que los antiguos egipcios identificaban la Duat con Orión, el cielo de Ra correspondía a las estrellas circumpolares (las Estrellas Imperecederas) cuya aparente inmovilidad encajaba perfectamente con la perdurabilidad y permanencia que eran atributos divinos:
"Mi padre Atum coge mi mano,
Y nos destina a esos dioses excelentes y sabios,
Las Estrellas Imperecederas." (Declaración 269, Pág. 70)
"Oh tú que estás enaltecido entre las Estrellas Imperecederas nunca morirás." (Declaración 464, Pág. 129)
"ojalá vayas a los dioses del norte, las Estrellas Imperecederas." (Declaración 441, Pág. 123)
"Yo cruzo para que pueda estar en el lado oriental del cielo en su región septentrional entre las Estrellas Imperecederas..." (Declaración 481, Pág. 138)
Todo ellos nos permite ir llegando a algunas conclusiones. Puesto que el faraón realiza un viaje, esas aparentes contradicciones que aparecen en los TP corresponden, sencillamente, a diferentes momentos de esa peregrinación en el Más Allá. Así, el faraón es identificado con Osiris en la Duat, pero también con Atum-Ra en el cielo estrellado.
Una segunda cuestión que debemos tener en cuenta concierne a la teoría de Bauval. Como ya hemos visto, la Duat era identificada por los egipcios con Orión. Eso podría suponer una confirmación de la hipótesis de Bauval de no ser porque la finalidad del viaje del faraón no era llegar a ese lugar sino a las estrellas circumpolares. Así pues, si los antiguos egipcios hubieran querido reflejar sus creencias sobre las estrellas en la colocación de sus monumentos ¿habrían incidido en la correspondencia de la Duat con Orión o bien en la identificación de las Estrellas Imperecederas con las estrellas circumpolares? Porque por mucha importancia que los egipcios quisieran conceder a la Duat y a que el faraón ascendiera a ella, lo realmente trascendente era su posterior conversión en la suprema divinidad en el cielo estrellado. Dos de los TP son muy claros en este sentido:
"Abre tu lugar en el cielo entre las estrellas celestes, porque tú eres la Estrella Solitaria, el compañero de Hu; mira hacia abajo a Osiris cuando gobierna los espíritus, porque estás de pie lejos de él, no estás entre ellos y no estarás entre ellos." (Declaración 245, Pág. 55)
"eres una Estrella Solitaria que surge del este, y que nunca se rendirá a Horus de la Duat." (Declaración 463, Pág. 128)
Con esto podríamos dar por concluido este tema de no ser porque hay contradicciones en los TP que no se explican por las dos razones que ya hemos visto, la evolución temporal de los propios TP y el peregrinaje del faraón por el Más Allá. Por ejemplo ¿quién gobierna la Duat? La respuesta evidente es Osiris, el Primero de los Occidentales. Sin embargo, otros fragmentos indican algo distinto, por ejemplo:
"yo le he dado la Duat para que pueda presidir sobre ella como Horus preside la Duat." (Declaración 7, Pág. 1)
"para que él pueda permanecer a la cabeza de los espíritus como Anubis, que preside sobre los Occidentales." (Declaración 81, Pág. 18)
¿Horus, Anubis u Osiris? ¿Por qué esta variación? La respuesta no tiene nada de sorprendente. Estamos acostumbrados a considerar las religiones como algo esencialmente inmutable. No es así. Menos aún la religión egipcia en razón de su propia formación. No es sólo que Egipto sea la reunión de dos territorios bastante diferentes en todos sus aspectos, el Alto y el Bajo Egipto, sino que cada ciudad tenía sus propias creencias, por eso se habla (entre otras) de las cosmogonías heliopolitana y hermopolitana (es decir, las explicaciones sobre la creación del mundo y los dioses desarrolladas en las ciudades de Heliópolis y Hermópolis -para los egipcios, Iunu y Jmun respectivamente-). Aunque los faraones favorecieron la cosmogonía de Heliópolis a partir de la III Dinastía y llegaron a adoptar el título de Hijo de Ra, la primitiva identificación con el dios Horus no tenía esa misma procedencia lo que obligó a ciertas componendas religiosas. A este intento de formar un todo coherente con creencias diferentes hay que sumar nuevos factores. Uno son las creencias del Alto Egipto que tampoco podían ser totalmente obviadas lo que se refleja en la aparición en los TP del dios Thot lo que obligó a nuevas componendas. Un segundo aspecto es el aumento entre la población del culto al dios Osiris, en inicio un mero dios local de carácter agrícola pero que en esta época era ya considerado como dios de los muertos y señor de la Duat. Todo ello convive en los TP, las creencias heliopolitanas ya sincretizandas con la antigua adoración a Horus, símbolo del poder real, junto con las nuevas creencias osiríacas y, por descontado, sin olvidar los mitos del Alto Egipto. Eso explica los textos contradictorios (ahora ya podemos asegurar que no se trata de contradicciones aparentes sino reales) como los que hacen referencia a distintos señores de la Duat. La antigua creencia en Horus sostenía que éste era el señor de la Duat. Las nuevas creencias osiríacas conceden ese papel a Osiris. No es un mero cambio de nombre. A partir de ese momento, la existencia de ultratumba se democratiza y cambia de lugar. Horus era un dios celestial, Osiris estaba ligado a la tierra así que la Duat pasa de ser un lugar celeste (como todavía aparece en los TP aunque inferior al cielo estrellado) a ser un lugar subterráneo que es como aparece en el Imperio Medio. Por otra parte, si en el Imperio Antiguo al menos no está claro que todos los difuntos tuvieran acceso a la Duat y tal vez éste estuviera restringido a la nobleza (recordemos que el faraón estaba identificado con el dios halcón), con el paso del tiempo la vida de ultratumba es una esperanza generalizada. Los TP se convierten en los Textos de los Sarcófagos primero y en el Libro de los Muertos posteriormente. Si los TP sólo aparecen vinculados a las sepulturas del faraón y, en algún caso, a las tumbas de sus esposas, el Libro de los Muertos aparece en sepulcros de variada condición.
Este tiempo de cambios está reflejado en los TP. Fórmulas antiguas conviven con las que reflejan nuevas creencias. No es extraño que sean contradictorios, lo raro sería que no lo fueran.
Y con eso deberíamos acabar con los "misterios" egipcios, pero como D. Javier insiste, tendremos que hablar, en una próxima entrega que ésta es ya demasiado larga y pesada, de conductos estelares, robots y demás enigmas enigmáticos.
BIBLIOGRAFÍA:
Las citas de los Textos de las Pirámides proceden de Los Textos de las Pirámides, edición y traducción de Francisco López y Rosa Thode, publicación electrónica.
Para la distribución de los diferentes textos en las diversas pirámides se ha empleado el Índice a los Textos de las Pirámides, obra también de Francisco López y Rosa Thode.
Para la geografía de ultratumba en las creencias de los antiguos egipcios, véase El faraón y las estrellas. Los mundos del Más Allá en los Textos de las Pirámides.

En busca del chocolate del loro: Orión y otras hierbas (VI)

Viene de aquí
Después de tan magnífico "peñazo" sobre los Textos de los Pirámides que el particular dúo formado por los Sres. Bauval y Sierra pretende esgrimir como prueba de la teoría de Orión, podemos volver al libro que nos ocupa. Tras su incursión (lamentable) por los TP, D. Javier decide hablar de los llamados Conductos estelares, nuevamente con bastante poca fortuna. Dice el escritor de temas esotéricos:
"Algo así cree Robert Bauval que, además, pronto sumó a su teoría los hallazgos realizados en 1964 por el egiptólogo Alexander Badawy y la astrónoma Virginia Trimble. Los descubrimientos de esta pareja en las pirámides se ajustaban como un guante a las nuevas ideas de Bauval." (Pág. 30)
Por supuesto, los descubrimientos de Badawy & Trimble no se ajustaban como un guante, media ni calcetín a las ideas de Bauval sino que, en todo caso, sería justo al revés (y tampoco). Los artículos titulados "Astronomical Investigation Corcerning the So-called Air-Shafts of Cheops´ Pyramid" (Virginia Trimble) y "The Stellar Destiny of Pharaoh and the So-called Air-Shafts of Cheops´ Pyramid" (Alexander Badawy) fueron publicado en Mitteilungen des Instituts für Orientforschung en 1964 (para ser más precisos, en el Vol. 10 -1964- Págs. 183-187 y 189-206) como dice el Sr. Sierra, es decir, preceden en veinticinco años a la teoría de Bauval sobre la correspondencia entre las pirámides de Giza y Orión que data de 1989 ("A Master-Plan for the Three Pyramids of Giza Based on the Configuration of the Three Stars of the Belt of Orion." Discussions in Egiptology nº 13 -1989- Págs. 7-18). Aclarado este punto, podemos centrarnos en lo realmente importante, ¿los trabajos de Trimble & Badawi apoyan las teorías posteriores de Bauval? Para obtener una respuesta a esta pregunta, como viene siendo habitual, debemos aclarar algunas cuestiones previas comenzando por ¿de qué estamos hablando al referirnos a los "conductos estelares"?
Aunque sea algo conocido, no está de más recordar que la pirámide de Jufu presenta tres cámaras, una subterránea y dos por encima del nivel del suelo conocidas como Cámara de la Reina y Cámara del Rey. En esta última es en la que aparece el sarcófago del horus Jufu. Además es la única cámara que está acabada lo que se ha venido interpretando tradicionalmente como fruto de un replanteo en las obras (básicamente, esa teoría supone que, conforme avanzaban las obras, Jufu o el príncipe Hemiunu decidieron situar la cámara sepulcral en un lugar cada vez más elevado abandonando las que estaban previstas en un primer momento que cumplieran esa función. -A título personal no comparto para nada esa hipótesis, ya iremos viendo el porqué-).
Dos de estas cámaras, la del Rey y la mal llamada de la Reina (decimos que ese nombre es incorrecto porque nunca tuvo ese destino ya que las esposas de Jufu fueron enterradas en sus respectivas pirámides situadas junto a la Gran Pirámide) presentan unas oquedades en dos de sus paredes que se comunican con sendos conductos. Para ser más precisos, los datos relativos a estos canales son los siguientes:
Cámara del Rey
Conducto norte: 21x14 cms. Pendiente de 32º 36´ 08"
Conducto sur: 18x14 cms. Pendiente de 45º 00´00"
Cámara de la Reina
Conducto norte: 21x21 cms. Pendiente de 39º 07´ 28"
Conducto sur: 22x21 cms. Pendiente de 39º 36´ 28"
Anadiremos que los conductos que partían de la Cámara de la Reina estaban taponados tanto en la propia cámara como a 63,4 metros de su inicio. De hecho, no se supo de su existencia hasta 1872 cuando fueron encontrados por W. Dixon. Por el contrario, los conductos de la Cámara del Rey comunican con el exterior de la pirámide aunque la pérdida del revestimiento de la construcción hace que no podamos saber si atravesaban éste.
El desconocimiento de su función hizo que se les conociera como "respiraderos" aunque eso es algo absurdo tanto por el hecho de que estamos hablando de una tumba (¿para qué sirve un respiradero en un lugar que no está destinado a recibir la visita de nadie vivo?) como por el hecho de que los supuestos "respiraderos" de la Cámara de la Reina estaban cegados y no comunicaban con el exterior del edificio así que mal podían servir para ese fin.
Aunque de momento se ignoraba en qué lugar y cómo estaban taponados los conductos de la Cámara de la Reina (esas preguntas no tendrían respuesta hasta 1993 para el conducto sur y 2002 para el conducto norte) Badawi buscó una explicación creíble y la encontró en las estrellas. Supuso que esos conductos apuntaban a determinadas estrellas (es decir, a las posiciones que ocupaban en torno al año 2660 A. de C.). Sus cálculos y los de Trimble señalaron las siguientes correspondencias:
Conducto norte de la Cámara del Rey: Estrella Alfa Draconis (es decir, la estrella Alfa de la constelación del Dragón)
Conducto sur de la Cámara del Rey: Orión.
Conducto norte de la Cámara de la Reina: Osa Menor.
Conducto sur de la Cámara de la Reina: Sirio.
Estas estrellas o constelaciones son viejas conocidas para los que hayan tenido el humor de leer los Textos de las Pirámides. Alfa del Dragón era entonces la estrella polar, es decir, una de las Estrellas Imperecederas. La Osa Menor es otra de las estrellas circumpolares y, por tanto, está también relacionada con el Cielo de Ra. Orión y Sirio ya los hemos encontrado en relación con la Duat. Así las cosas, parece que está claro que los trabajos de Badawi y Trimble suponen una base para la teoría de Bauval ¿no? Pues no.
Lo malo de las palabras es que pueden dar lugar a equívocos cuando se usan con falta de precisión. Hemos respetado la traducción habitual en los TP de "Orión", una palabra que, evidentemente, no fue empleada por los egipcios. El nombre que figura en los TP es S3h, literalmente "estrella del dedo del pie". Para Badawi, esa palabra no designaba a la constelación de Orión sino sólo a una de sus estrellas, la más brillante, Alfa Orionis o Betelgeuse. Sin embargo, Badawi incurrió en un error, considerar que la estrella Alfa Orionis es la estrella más brillante de esa constelación. En realidad, ese "honor" le corresponde a Beta Orionis o Rigel. Si aceptamos que Orión dibuja una figura humana, Betelgeuse correspondería a uno de los hombros, pero Rigel sería uno de los pies (recuérdese el significado exacto de S3h). Por ello (y por otras razones como son las representaciones del cielo en algunas tumbas) se viene considerando por expertos en los conocimientos astronómicos de los antiguos egipcios que S3h debe identificarse con Rigel, no con toda la constelación de Orión. Así pues, mal puede pretenderse que el trabajo de Badawi apoyaba la idea de que las pirámides de Giza dibujan en la Tierra el Cinturón de Orión cuando, en realidad, él entendía que los egipcios se referían a Betelgeuse, estrella que nada tiene que ver con el asterismo del Cinturón.
Volvamos a los canales estelares. Hemos indicado sus medidas y su pendiente, así como las estrellas a las que supuestamente apuntaron en la época en que fue construida la Gran Pirámide. Sin embargo, eso debe ser puntualizado tanto en lo que respecta a los propios conductos como a las estrellas. Por de pronto, los dos canales norte (tanto el que nace en la Cámara del Rey como el de la Cámara de la Reina) no son rectos. La razón para ello es que deben sortear la Gran Galería (por si tienen alguna duda de a qué nos referimos, en la página de Rudolf Gantenbrink podrán encontrar diagramas (hacemos la salvedad de que no incluyen información obtenida después de sus propios trabajos sobre el tema) y textos al respecto. Además, los cuatro comienzan con un tramo horizontal y los dos que nacen en la Cámara del Rey, antes de desembocar en el exterior de la pirámide, vuelven a la horizontalidad inicial. ¿Hasta qué punto, por tanto, podemos sostener que apuntan hacia una estrella (o constelación) en concreto?
Por otra parte, si bien la estrella polar permanece aparentemente estable (es decir, que ocupa un mismo lugar en el firmamento) no sucede lo mismo ni con Sirio ni con las estrellas que forman Orión cuya localización depende de la fecha y la hora en la que observemos el cielo desde un lugar determinado. Por tanto ¿a qué nos estamos refiriendo al decir que un determinado canal apunta a Sirio o a Orión cuando desconocemos a qué fecha exacta nos tenemos que ceñir? No supone esto que la teoría estelar sea descartable sin más, pero sí significa que debe ser tomada con precaución, al menos en lo que se refiere a correspondencias con estrellas concretas.
No obstante, posiblemente sí se trata de conductos estelares (la verdad es que cualquier otra función que pudiéramos proponer es difícilmente defendible) aunque estemos muy lejos de saber qué papel concreto desempeñaban en las creencias de la época más allá de que pretendían facilitar el viaje del faraón al cielo estrellado. Los interrogantes que nos plantean no están resueltos y tal vez no lo estén nunca. Aunque esto ya no tenga nada que ver con los Sres. Bauval y Sierra creo que el tema resulta interesante por sí mismo, así que añadiremos alguna información más a las ya señaladas.
Dijimos que la duplicidad de los corredores y la triplicidad de las cámaras es, para algunos, prueba de sucesivos cambios de planes en la obra. No puedo estar de acuerdo con esa interpretación puesto que, de acuerdo con los conocimientos actuales, los conductos que parten de la Cámara de la Reina se siguieron elaborando cuando ya se había construido la Cámara del Rey. Aunque, por desgracia, es frecuente encontrar en los libros sobre el tema unos planos que muestran que los canales de la Cámara de la Reina se detienen a la altura de la Cámara del Rey (algo que sólo era defendible antes de la investigación con robots de los conductos) la realidad es que el canal sur se detiene a la altura de las cámaras de descarga y el norte un poco más abajo (aunque ambos tienen la misma longitud, los rodeos del conducto norte para evitar la Gran Galería producen ese efecto). Debemos señalar que los planos que contiene la página de Gantenbrink si bien están actualizados en cuanto concierne al canal inferior sur no lo están en cuanto se relaciona con el conducto inferior norte. ¿Por qué, entonces, esa duplicidad? Lo ignoramos. Tal vez la respuesta esté en la existencia de las dos cámaras. Si bien en la Cámara del Rey se encuentra el sarcófago de Jufu, en la Cámara de la Reina es posible que lo que hubiera fuera una estatua del faraón (hay en ella un nicho que es probable que tuviera ese fin). Si esto fuera así, nos permitiría encontrar un antecedente en la pirámide escalonada de Zoser, la primera pirámide egipcia, en la que por un lado está la cámara sepulcral y por otro el serdab, una pequeña construcción adosada a la pirámide en la que se encontraba (hoy ocupa su lugar una copia, el original está en el Museo de El Cairo) una escultura del faraón. Dos pequeños orificios en la pared norte servirían, posiblemente, para que el ka del difunto pudiera contemplar las Estrellas Imperecederas, la meta de su viaje de ultratumba. Todo ello, por supuesto, debe ser planteado como mera hipótesis dado que no hay pruebas de que tal escultura existiera realmente.
No es éste el único problema que plantean los canales estelares. Ya dijimos que sólo en fechas recientes se ha adquirido información precisa sobre ellos. El proceso que llevó a su investigación es curioso. La afluencia de visitantes había producido un aumento de la humedad existente en el interior de la pirámide que estaba provocando problemas con la sal (el aumento de la humedad supone la disolución de la sal y su filtrado al interior de las piedras. La evaporación del agua deja la sal en el interior de los sillares lo que amenaza con su degradación). Para evitarlo, las autoridades egipcias pensaron en emplear los "respiraderos" como tales, instalando ventiladores en su interior. Para ello, encargaron las tareas previas al Instituto Arqueológico Alemán de El Cairo que, a su vez, recurrió a un especialista en robótica, Gantenbrink, dada la imposibilidad de que una persona pudiera trabajar en el interior de los conductos (recuerden sus dimensiones). Gantenbrink creó dos pequeños robots, el Upuaut 1 y 2. Este segundo mecanismo fue el que en 1993 descubrió en el canal inferior sur la llamada puerta de Gantenbrink. El conducto estaba cerrado por una losa que presentaba una especie de asidero metálico y señales de un segundo (que se había desprendido y estaba caído en el propio canal). Dejando aparte la cantidad de chorradas que en su día fueron pronunciadas, la realidad es que el tema degeneró en la habitual trifulca entre organismos (el Consejo Superior de Antigüedades -es decir, su mandamás Zahi Hawass- no concedió autorización para nada más al Instituto Arqueológico Alemán pretextando su poca disposición a investigar sobre este tema. El intento de Gantenbrink de proseguir a título personal fue también denegado porque el CSA no concede permisos a particulares, sólo a instituciones). Gracias a unos y otros y, posiblemente, al afán de protagonismo del egiptólogo egipcio (que es un magnífico arqueólogo pero al que le gusta ser la novia en la boda, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro) la puerta de Gantenbrink se quedó esperando una nueva investigación durante nueve años. Señalemos también que Upuaut 2 fue incapaz de superar los recodos del canal inferior norte que continuó tan desconocido como antes.
Todo esto dio pie (¿a que no les sorprende?) a las habituales acusaciones de ocultación, de no querer investigar lo que, sin duda, iba a demostrar la existencia de cámaras secretas en la Gran Pirámide, habitaciones que ocultaban tesoros impresionantes (piensen en el ajuar funerario de un faraón de "medio pelo" como Tut-Anj-Amón e imagínense lo que pudo ser el de Jufu), papiros que desvelarían misterios de toda clase... y, si me apuran, un par de platillos volantes o una teta disecada de Agustina de Aragón.
Finalmente en el año 2002 Zahi Hawass decidió que había que dar una solución a este tema (y esta vez, por supuesto, con él de protagonista) y recurrió a la National Geographic Society que diseñó un nuevo robot, el Pyramid Rover. Por fin, el 17 de septiembre de 2002 el robot perforó la puerta de Gantenbrink e introdujo una cámara por el orificio con la televisión como testigo. El resultado lo recuerdan todos Vds. Tras la puerta había una nueva losa esta vez sin asideros. Ni habitaciones secretas, ni tesoros ni papiros. Eso sí, en medio de la sensación de fiasco (entiéndase de fracaso para los que se creyeran esas afirmaciones) pasó casi desapercibida la noticia de que el Pyramid Rover también exploró el canal inferior norte y se encontró a 63,4 metros una puerta idéntica a la de Gantenbrink y que en este caso conservaba en su sitio los dos pasadores metálicos. Quedó así demostrado que ambos corredores eran mucho más largos de lo que se creía y que habían sido terminados de la misma forma, pero ¿qué demonios significan esas puertas?
La explicación tal vez (nuevamente, entiéndase esto como mera hipótesis) esté en los TP:
"Se abren las Puertas del Horizonte, se corren los cerrojos." (Declaración 220, Pág. 46)
"Las puertas del cielo están abiertas a ti, los grandes cerrojos están descorridos para ti,..." (Declaración 355, Pág. 100)
Serían, por tanto, una representación simbólica de las Puertas del Horizonte, con sus pasadores pero sin cerrojos, señal de que están abiertas para el horus.
Si faltaba algo más para alimentar el misterio, cuando Dixon abrió por vez primera los canales inferiores, en el canal norte encontró tres objetos, un gancho de bronce, un trozo de madera y una bola de piedra. Aunque en un principio se creyó que eran meros objetos abandonados por los constructores, hoy que sabemos el cuidado con el que se construyeron y se remataron esa explicación resulta difícilmente creíble pero ¿qué son? El hecho de que la madera continúe aún hoy perdida (aunque se cree que está entre los fondos del Marischal Museum de Aberdeen no ha podido ser localizada) no facilita la respuesta. Tal vez la bola de piedra sea parte de la maza que figura en varios de los TP como uno de los atributos del poder real en el Más Allá junto al cetro, pero ¿qué se supone que es el gancho metálico? Misterio.
Ajeno a todo ello y no viendo más que una confirmación a su teoría (¿?) Bauval se lanza a tumba abierta con la inestimable colaboración de Graham Hancock. Si hasta el momento, la hipótesis de Orión era plausible ya que no correcta, ahora entraremos en los dominios del disparate, pero eso se merece una nueva entrada.
BIBLIOGRAFÍA:
Las citas de los Textos de los Pirámides proceden de la edición y traducción realizada por Francisco López y Rosa Thode. Edición electrónica que pueden encontrar aquí.
Sobre Badawi y su identificación de la "Estrella del dedo del pie" pueden consultar el artículo Osiris and Orion de John Legon.
Sobre los conductos estelares, pueden consultar el artículo Lo más pequeño de la Gran Pirámide: Conductos de ventilación, puertas y cámaras. de Alfonso Martínez que, además de un texto muy comprensible y bien documentado, está ilustrado por magníficas fotografías.
Además, resultan interesantes las obras "Historia de las pirámides de Egipto" de José Miguel Parra. Ed. Complutense. Madrid, 1997 y para los últimos descubrimientos "Tesoros de las pirámides" de Zahi Hawass et alii. Traducción de Sonia Fernández Afuera. Ed. Círculo de Lectores por cesión de White Star S. r. l. Italia, 2003.

En busca del chocolate del loro: Orión y otras hierbas (VII)

Viene de aquí
Si hasta el momento Bauval y su corifeo hispano se habían mantenido en los terrenos de lo plausible, el desbarre se aproxima. La hipótesis de la correspondencia entre las pirámides de Giza y las estrellas del Cinturón de Orión no es ningún disparate aunque yo no pueda compartirla por el error cometido por el Sr. Bauval en su defensa, ignorar sistemáticamente todo aquello que pueda poner en duda su teoría. ¿Que en los TP aparecen mencionadas otras estrellas además de Orión? No importa. ¿Que, además, existen serias dudas acerca de a qué se referían los antiguos egipcios con "Orión"? No importa. ¿Que los canales estelares "apuntan" a otras estrellas aparte de Orión? No importa. ¿Que existen razones orográficas que explican la colocación de las pirámides al margen de cualquier "plan estelar"? No importa. ¿Que Djedefre, hijo y sucesor de Jufu, no construyó su pirámide en Giza? Bueno, extendemos la teoría inicial a pirámides fuera de Giza que corresponderían con otras estrellas de Orión para poder sostener que Djedefre sí continuó con el plan paterno pero como eso conduce a auténticos disparates volvemos a la tesis original... sin haber explicado finalmente nada sobre el "olvido" del supuesto plan estelar por parte de Djedefre.
Ante esa situación, Bauval tenía dos opciones para mantener el debate dentro de los límites admisibles en Historia, responder a esas contra-argumentaciones o abandonar su tesis. Optó por una tercera, la huida con armas y bagajes al campo del esoterismo. Por supuesto esa actitud se tradujo en el rechazo de la teoría Giza-Orión (que no había sido mal recibida en un principio) no por los devaneos de Bauval con la pseudohistoria sino porque ése es el destino de cualquier hipótesis cuyo proponente sea incapaz de dar cumplida respuesta a las críticas que se formulen contra ella.
Sin embargo, la teoría que Bauval se mostró incapaz de defender frente a las críticas tenía un grave defecto para poder triunfar en el mundo esotérico. Ya lo dijimos al comienzo de esta serie de artículos ¿qué habría de sorprendente en que los antiguos egicios hubieran reproducido en la Tierra la imagen del Cinturón de Orión que, supuestamente, estaba muy vinculado con sus creencias religiosas? Prescindan de la aureola mítica que rodea a Egipto en general, a las pirámides de Giza en particular y a la Gran Pirámide en concreto, y la respuesta es "nada".
Los temas tan caros al esoterismo de las supuestas propiedades energéticas de las pirámides, de la imposibilidad de su construcción, de los supuestos grandes conocimientos tecnológicos que, según los gustos de cada cual, procederían de la Atlántida, Lemuria o de Raticulín de Arriba... son inherentes a las pirámides pero ajenas a que éstas se edificaran imitando a un asterismo visible a ojo desnudo, donde al horus de turno le saliera de sus sagrados tegumentos procreativos o bien donde recomendara el sufrido ingeniero de caminos, canales estelares y pirámides.
La hipótesis inicial de Bauval era, por ello, demasiado "sosa" para hacer frente a competidoras tan cualificadas como la teoría que afirma que las pirámides son una especie de señales de lugares que poseen una extraordinaria energía telúrica (ésa que ni Rita la Churrera ha sido capaz de detectar nunca), que las pirámides eran, en realidad, centrales nucleares (supongo que el sarcófago de Jufu sería, en tal caso, el panel de control del Homer Simpson de turno)... y demás afirmaciones igualmente peregrinas que han llegado a formularse al respecto.
Sin embargo ese problema tiene fácil solución, añadir elementos cada vez más disparatados a la tesis inicial:
"Hasta cierto punto era previsible. Si la teoría de la correlación de las pirámides con el cinturón de Orión era tan correcta como parecía a simple vista, ¿por qué no pensar que el resto de monumentos de Giza tuvieran también un significado astronómico para sus constructores? ¿Por qué no iba a tenerlo, sin ir más lejos la propia Esfinge?" (Pág. 32)
Es decir, partimos de una hipótesis no demostrada y la extendemos sin prueba alguna a otras construcciones. Bueno, ya que alguno piensa que la meseta de Giza era algo así como el Planetario de Pamplona (ignoro si con capas rojas o sin ellas) tal vez tenga a bien informarnos del significado de las Pirámides de las Reinas de Jufu y Menkaure, de las Pirámides Subsidiarias de Jufu y Jafra, de los Templos superiores e inferiores, de las mastabas como la del príncipe Hemiunu... y demás monumentos que también existen en Giza. Sin embargo parece que éstos son prescindibles, que sólo tienen importancia astronómica las pirámides principales y la Esfinge. Este "olvido" ¿tendrá algo que ver, por ventura, con el hecho de que cuantos menos elementos tomemos en consideración es más probable que se parezcan, por pura casualidad, a cuerpos celestes?
"En uno de sus últimos libros, Bauval afirmaba que la Gran Esfinge había sido construida, entre otras cosas, como una especie de gran marcador de los equinoccios. Durante dos días al año (alrededor del 21 de marzo y el 21 de septiembre, al principio de la primavera y el otoño, respectivamente), el día y la noche tienen exactamente la misma duración. Además, a diferencia de los solsticios, el sol durante esos dos momentos, surge exactamente por el este, proporcionando un dato geoastronómico de inestimable valor para la fijación del resto de los puntos cardinales." (Pág. 32)
Vaya, las tres pirámides principales de Giza corresponden a las tres estrellas del Cinturón de Orión, pero la Esfinge de Giza nada tiene que ver con Orión y sí con la salida del sol en los equinoccios. ¡Cuánta variedad!
En fin... ¿los antiguos egipcios emplearon ese supuesto conocimiento astronómico para determinar con precisión los puntos cardinales? Pues no, y no será por falta de interés porque intentaron que las pirámides estuvieran perfectamente orientadas... y nunca lo lograron. En la que más se aproximaron fue en la cara norte de la pirámide de Jufu (curiosamente cuando aún no había sido esculpida la Esfinge) que presenta una desviación de 3´ ("sorprendentemente", la cara este presenta una desviación de 5´). Antes y después esa diferencia aumenta lo que demuestra que emplearon un sistema de orientación menos estable, posiblemente la determinación del norte mediante estrellas.
Por otra parte, la Esfinge no es una escultura que se levantara en un lugar previamente elegido tras arduos cálculos realizados por el Astrónomo Real para la Ubicación de Esfinges sino que, sencillamente, el cuerpo del león se talló en un afloramiento de caliza de pésima calidad y que, por tal motivo, no podía ser empleado en la construcción de las pirámides. Nuevamente es una circunstacia geológica lo que determina la orientación del monumento en este caso en un eje este-oeste.
"Los egipcios dieron su justa importancia a este fenómeno, orientando la Esfinge hacia el lugar equinoccial del horizonte de Giza." (Pág. 32)
Repetimos lo anteriormente dicho, la orientación de la Esfinge viene dada por la del afloramiento en el que se esculpió. Sí, los egipcios podían haber tallado la Esfinge al revés y poner la cabeza en la cola (al oeste) y viceversa, pero una escultura del horus no hubiera quedado muy bien que mostrara el cu... al sol naciente que, a fin de cuentas, es otro de los símbolos de la resurrección del faraón.
Hasta el momento hemos asistido a dos clases de afirmaciones distintas, por un lado las que conciernen a la correspondencia (supuesta) entre las estrellas del Cinturón de Orión y las pirámides de Giza y, por otro lado, las que proponen la supuesta orientación de la Esfinge hacia la salida del sol en los equinoccios. Ahora comienza el pandemónium de la mano de Graham Hancock. ¿De quién?
Por si no les suena el nombre (lo que no tendría nada de extraño dado que Mr. Hancock parece no existir para el escepticismo hispano dado que prácticamente nunca se ha ocupado de la obra de este personaje) diremos que es, posiblemente, el aspirante más cualificado para ocupar el trono del reino de la pseudoarqueología imaginaria, vacante desde que von Däniken perdió el favor popular.
Permítanme que les haga un breve resumen de sus hitos como escritor esotérico. Comenzó a lo Indiana Jones, buscando (y encontrando) el Arca de la Alianza en su libro "Símbolo y señal" (The Sign and the Seal) en 1992, aunque al contrario que el héroe cinematográfico, él lo localizó en una iglesia etíope, concretamente en la de Santa María en Aksum (francamente, me gusta más lo de la tumba egipcia, las serpientes...). Bueno, debería haber dicho que supuestamente localizó porque ni siquiera pudo verla y menos aún presentar prueba alguna de ello, más allá de lo que dice la tradición etíope sobre el Arca y que ya era conocida mucho antes de que el escocés se metiera a escribir su obra.
A continuación perpetró "Las huellas de los dioses" (Fingerprints of the Gods) en 1995, libro del que no me resisto a copiar el resumen de su temática que realiza el Sr. Sierra, defiende "la existencia de una avanzada civilización que vivió antes de la última era glacial en la Antártida," (Pág. 33) Por cierto, si el título le suena conocido, como si tuviera reminiscencias dänikenianas, pues sepan que van muy bien encaminados. Así pues, nuestro "admirado escritor" pasó de émulo de Indiana Jones (aunque más lo parezca de su hermano Queco) a serlo de Arthur Gordon Pyme.
Tres añitos después, nuevo éxito al canto, "El misterio de Marte" (The Mars Mystery) en 1998 en el que, entre otras cosas, trata el tema de la Cara de Marte. Su referente de ficción parece, es esta ocasión, el barón de Munchaussen.
En ese mismo año (sin duda, no acabó herniado con las chorradas marcianas) dio a luz "El espejo del paraíso" (Heaven´s Mirror) un título desternillante en el que, entre otras cosas, podrán encontrarse con la evocación de los moais de la isla de Pascua levitando o andando por el poder mágico de los sacerdotes. Después de esto, la única comparación que se me ocurre con un personaje de ficción es con el príncipe Myshkin.
No crean, sin embargo, que el escritor escocés agotó todo su tiempo en ir en busca del arca perdida (¿otro más? Que se ponga a la cola y espere su turno), de civilizaciones antárticas (¿los hombres-pingüino?), del careto de Bel... perdón, de Marte (¿en que estaría yo pensando?) y de moais con carnet de piloto aéreo. Entre unos y otros títulos inmarcesibles, Mr. Hancock colaboró con Robert Bauval. Fruto de esa unión de hecho nació "Guardián del Génesis" (Keeper of Genesis -en América se tituló The Message of the Sphinx-) en 1996, uno de esos textos que logran producir en el lector la sensación de que está siendo objeto de una tomadura de pelo semejante a la que protagonizó Custer en Little Big Horn. No obstante, es perfectamente posible que ambos autores se crean realmente lo que escriben. A fin de cuentas si alguien es capaz de ponerse a buscar en serio las pruebas de la existencia de una civilización en la Antártida cuando en este continente hay placas de hielo con más de un millón de años de antigüedad, es capaz de aceptar cualquier cosa incluso que los burros vuelen y los moais leviten.
Así pues, ya tenemos juntos y revueltos a nuestros "idolatrados" escritores por aquello de que "Dios los cría y Tom Weldon (el agente literario de ambos) los junta". ¿Qué afirmaciones surgieron de su asociación? Veámoslo:
"Un año después no sólo habían demostrado que la situación de las estrellas Al Nitak, Al Nilam y Mintaka -las tres que conforman el cinturón de Orión- fueron la fuente de inspiración para la disposición de las tres grandes pirámides de Giza, sino que éstas se construyeron para marcar una determinada posición de la constelación de Orión en los cielos: exactamente su situación más baja sobre el horizonte egipcio, en el equinoccio de primavera de 10500 a. C." (Pág. 36)
Han leído Vds. bien.
A lo largo de esta serie de artículos hemos ido viendo cómo las pruebas aducidas por Bauval no eran tales. Vamos a ahondar en la herida un poco más.
El avance de la tecnología ha pillado a nuestros dilectos investigadores de temas esotérico con el paso cambiado en más de una ocasión. Sucedió con la supuesta tridimensionalidad de la imagen de la Sábana Santa, pero ¿ocurre lo mismo en este caso?
Comprobarlo hoy cuando casi cualquier persona tiene acceso a un ordenador y a programas informáticos que dibujan mapas estelares es sencillo. Puesto que es gratuito y, además, dispone de versión en español, podemos bajarnos de la red el Cartes du ciel con el añadido de una actualización que permite visualizar la Vía Láctea (después veremos el porqué).
Hecho esto podemos comenzar a jugar. Seleccionamos el lugar El-Gizeh (Giza), la fecha de 21 de marzo de 10500 A. de C. y observamos el resultado. Por si no estuvieran Vds. familiarizados con la observación astronómica, al Oeste de la línea Sur aparece una constelación que semeja un reloj de arena torcido. Es Orión (las tres estrellas muy próximas que forman el "estrechamiento" del reloj de arena son el asterismo del Cinturón). Al Este hay dos líneas sinuosas discontinuas que representan la Vía Láctea. Sobre la línea del Este verán una estrella marcada con una Beta que forma parte de otra constelación, la de Leo. Hechas las presentaciones, podemos pasar a una simulación de cómo vería el cielo una persona que en ese lugar y esa fecha estuviera mirando hacia el sur. Ya tenemos localizados a Orión y a la Vía Láctea y a la izquierda de la imagen se ve parte de Leo (son las estrellas que forman un dibujo semejante a la hoja de una hoz).
Recordemos estas imágenes porque después tendremos que referirnos a ellas. Ahora veamos un plano de las construcciones de Giza (si, el escaneado es penoso).
Volvamos con Hancock, Bauval y el Sr. Sierra:
"Y, por lógica, surgió su último hallazgo: que en esa fecha remota, en el horizonte del sur de Giza, exactamente por el mismo lugar donde se perdía el Nilo, emergía allí mismo el brazo blanco de la Vía Láctea el "Nilo celestial" de los habitantes de aquella región." (Pág. 37)
Dejemos de lado el que, como acabamos de ver, en realidad la Vía Láctea "emerge" en dirección S-SE porque hay algo mucho más divertido. Aceptemos como mera hipótesis que la Vía Láctea representa el Nilo. Bien. Si ése fuera el caso y si Orión-las Pirámides están al Oeste de la Vía Láctea-el Nilo y Leo está al Este de la Vía Láctea-el Nilo ¿en qué orillas tendrían que encontrarse esos monumentos? Obviamente, las pirámides tendrían que estar en la ribera Occidental (lo están) y la Esfinge en la Oriental (ni de coña, también está en la Occidental). Acaba de irse a tomar vientos esa maravillosa "demostración".
Supongamos, no obstante, que no importa la posición de Leo sino sólo el que esté en un lugar destacado en el cielo aunque éste nada tenga que ver con la posición que ocupa su "contrapartida" terrenal en relación con las Pirámides. Si ése fuera el caso ¿por qué el año 10500? Veamos, por ejemplo, esta imagen que corresponde al 31 de diciembre de 2648 A. de C. En ella tenemos a Orión con las estrellas del Cinturón en una posición semejante a la de las Pirámides, la Vía Láctea "emergiendo" por el S-SE y con Leo en el cénit del cielo. ¿Por qué entonces sí vale el 10500 y no el 2648 (por ejemplo, porque si se ponen a "jugar" con el programa antes indicado podrán encontrar centenares de fechas en las que aparezcan estos tres elementos)? La respuesta es que el 2648 A. de C. no tiene potencial de venta esotérico, el 10500 A. de C. sí. Vamos a verlo.
"Bauval y Hancock se quedaron perplejos. ¿Qué ocurrió en el año 10500 a. C. que mereciera la pena "recordarse" así en piedra? Al principio se desesperaron. En ese momento de la historia no existía aún la civilización egipcia según la arqueología ortodoxa. Entonces, ¿por qué los constructores de las pirámides "marcaron" esa fecha con tanta exactitud?" (Pág. 37)
Lo de la "exactitud" acabamos de verlo. Si prescindimos del "pequeño" detalle de que Leo estaba, en realidad, a 90º de separación de Orión... La fecha de 10500 es muy divertida porque no sólo es que no existiera la civilización egipcia, es que ni siquiera podemos hablar de culturas neolíticas en el Valle del Nilo en esa época. Entre el 14000 y el 9000 A. de C. lo que encontramos principalmente son restos de dos industrias, una sobre lascas tipo levallois Sebiliense que se subdivide en tres periodos, el Sebiliense I (14000-12000) que se caracteriza por el empleo de la diorita, el gres y el cuarzo para realizar el utillaje lítico; el Sebiliense II (12000-10000) etapa en la que comienza a emplearse el sílex y se produce un avance hacia el microlitismo; el Sebiliense III (10000-9000) periodo en el que prácticamente sólo se usa el sílex con el auge del microlitismo; la segunda industria se realiza sobre hojas, es la industria Silsillianense o Silsiliense (en torno al 13000 A. de C.).
Así pues, ¿qué sucedió en el año 10500 A. de C. en el valle del Nilo? Pues lo que no hubo fue ningún avance tecnológico sustancial. Antes había industrias propias del Paleolítico Superior y después más de lo mismo durante mucho tiempo porque el Mesolítico no aparece en el Valle del Nilo hasta mediados del IX Milenio A. de C. con el llamado Mesolítico de Jartum que durará hasta circa el 5000 A. de C. En torno a esa fecha aparece el Neolítico de Jartum y más o menos contemporáneo es, también, el Neolítico de El Fayum A.
Pero todo esto es "sólo" arqueología ortodoxa, la que se basa en yacimientos arqueológicos, en dataciones absolutas obtenidas por C-14 y termoluminiscencia... "minucias" al lado de las pruebas (o algo así) presentadas por Bauval y Hancock y repetidas por el Sr. Sierra, pero esto lo dejaremos para una nueva entrada.

En busca del chocolate del loro: Orión y otras hierbas (VIII)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viene de aquí

Habíamos interrumpido la historia anterior en uno de los momentos culminantes del libro (por si no se han dado cuenta, tengo una "bad milk" que no la superan ni los guionistas de los antiguos seriales cinematográficos de Jolibú), por fin Bauval, Hancock y Sierra van a citar pruebas (o algo así). Ya sé que esto es tan desusado que puede provocar un aumento de la líbido (perdón, de la libido), pero me temo que el bromuro está al caer.
"Buceando en la cronología de Egipto escrita por los propios habitantes del Nilo -como la redactada por el sacerdote heliopolitano Manetón, hacia el siglo III a.C., o la contenida en textos como la Piedra de Palermo y el Papiro de Turín-,..." (Pág. 37)
Vayamos por partes. Manetón fue uno de los "propios habitantes del Nilo" (como un siluro, más o menos) que escribió su obra... en griego, es decir, estamos hablando de una persona que vivió en la época ptolemaica que presenta una fuerte helenización de la cultura egipcia. Pero lo más gracioso de citar a Manetón como prueba de nada es que su obra Aegyptiaca se ha perdido y sólo se conservan de ellas fragmentos recogidos en autores posteriores que, para más INRI, ni siquiera coinciden entre ellos. Para intentar explicar esas diferencias en personas que, supuestamente, están citando una misma fuente, se han propuesto varias soluciones que no dejan en muy buen lugar la fiabilidad de esos fragmentos (entiéndase por fiabilidad el que correspondan a algo escrito realmente por el egipcio). Si la transmisión de la obra de Manetón es cualquier cosa menos aceptable, suele olvidarse que ni siquiera en la antigüedad tenía fama de ser un escritor veraz. Flavio Josefo es el primer autor (y ya a finales del S I de nuestra era) que cita a Manetón (concretamente en su obra Contra Apión) y no se "corta" ni medio pelo en acusarle de mezclar indiscriminadamente hechos reales con leyendas carentes de autoridad (véase Contra Apión I, 287). Sin embargo, los párrafos enjundiosos para los esoteristas no son los que cita Josefo sino los que reproduce Eusebio de Cesarea en su Cronicón (que tampoco se conserva en su forma original sino de forma parcial en la edición de San Jerónimo, en una versión armenia y en las citas del escritor bizantino Jorge Sincelo que ¡oh sorpresa! resulta que tampoco coinciden entre sí). Me imagino que se habrán perdido hace mucho tiempo en este laberinto, así que intentaré aclarar el tema (seguro que consigo embrollarlo más)
Según la versión armenia ¿qué dijo Eusebio de Cesarea basándose en Manetón? Pues que el primer gobernante de Egipto fue el dios Vulcano, le sucedió el Sol, a éste Sesis, Saturno, Osiris, Tifón y Horus. Posteriormente reinaron otros dioses hasta Bidis. El gobierno de los dioses se prolongó durante 13.900 años.
A continuación los héroes reinaron 1255 años. Una serie posterior de reyes gobernó durante 1817 años. Después treinta reyes de Menfis ocuparon el trono durante 1790 años. Diez reyes de Tis hicieron lo propio durante 350 años.
Manes y héroes reinaron posteriormente durante 5813 años.
Según Jorge Sincelo ¿qué dijo Eusebio de Cesarea basándose en Manetón (y Jorge Sincelo añade a esa información citas de la obra del propio Manetón)? El primer gobernante de Egipto fue Hefesto (727 años y 9 meses -el escritor bizantino aclara que ha convertido las cifras originales pensando que cuando hablan de años están refiriéndose a meses. En realidad, los años de gobierno de Hefesto fueron 9000-). Le sucedió Helios (80 años y 2 meses). A éste Agatodemon (56 años y 7 meses), Crono (40 años y 6 meses), Osiris e Isis (35 años) y Tifón (29 años). Después reinaron Horus (25 años), Ares (23 años), Anubis (17 años), Heracles (15 años), Apolo (25 años), Amón (30 años), Titoes (27 años), Sosus (32 años) y Zeus (20 años).
Si llegados a este punto no están descoj... (perdón, desternillados) de la risa es que tienen un extraño sentido del humor. Sepan, en cualquier caso, que no sólo son Vds. los que consideran esas afirmaciones ridículas porque Sincelo reproduce la opinión que tenía Eusebio de esas historias, dice que son estúpidos mitos y el bizantino añade la suya propia que son necias habladurías. Unan esto a la crítica de Flavio Josefo ya citada...
En fin, que si quieren comprobarlo por sí mismos, aquí tienen una recopilación de los textos referidos a Manetón en estos autores y en algunos más.
Obviamente el apartado de pruebas ha empezado con mal pie... y empeora con rapidez porque la Piedra de Palermo nada tiene que ver con esta "movida" como algún egiptólogo de pro ha intentado explicar sin éxito alguno porque no hay vez que no se mencionen estos temas que no salga a relucir este objeto. Elucubraciones esotéricas aparte, la Piedra de Palermo es un fragmento de una inscripción mayor, está realizada en basalto y parece datar de la V Dinastía. Contiene unas lista real con indicaciones sobre los sucesos más importantes ocurridos en cada reinado así como la altura alcanzada por la inundaciones del Nilo. ¿Hay en ella algo misterioso? Pues más bien no, salvo que uno no tenga ni idea de la historia de Egipto. Como no es cosa de que se crean lo que les digo, aquí tienen una imagen muy detallada de la Piedra de Palermo. Tal vez alguien podrá pensar que el enigmático misterio esotérico esté oculto en la parte superior, en esos reyes predinásticos. Pues la verdad es que no. Sencillamente, nos ofrece unos nombres de monarcas del Bajo Egipto (el determinativo aparece tocado con la corona roja) que son de derecha a izquierda:
Nombre incompleto. Acaba en ...pu.
Seka
Jaau
Tiu
Tyesh
Neheb
Uadymar
Mejet
Nombre incompleto. Acaba en ...a.
Es decir, que salvo que se ignore que antes de la unificación de las Dos Tierras tradicionalmente atribuida a Menes (posiblemente el horus Aha de la I Dinastía), hasta fechas recientes asignada al horus Narmer de la Dinastía 0 al haberse interpretado así el que aparezca representado en su paleta tanto con la corona roja del Bajo Egipto como con la corona blanca del Alto Egipto y que en la actualidad consideramos como fruto de un largo proceso cultural, existían monarquías tanto en el Alto como en el Bajo Egipto. Excepto si se desconoce eso no sé en dónde está el misterio. Sí, puede pretenderse que por la reconstrucción ideal de la inscripción original de la que procede la Piedra de Palermo hay mucho espacio para reyes predinásticos y que eso supondría un espacio temporal muy dilatado, pero eso tropieza con varios problemas:
A) No hay indicación temporal alguna, luego no sabemos si esos reinados fueron cortos, prolongados o mediopensionistas.
B) En la Piedra de Palermo, de cada rey predinástico sólo se dice el nombre y, por tanto, el espacio dedicado a cada uno es muy pequeño, pero no hay ninguna prueba de que no se hiciera una mención más detallada a algún monarca (por ejemplo a Narmer) en los fragmentos hoy perdidos.
C) No sólo aparecen monarcas del Bajo Egipto puesto que en la conocida como Piedra de El Cairo (que no es un fragmento de la misma inscripción que la Piedra de Palermo pero posiblemente lo sea de una copia de la misma) aparecen los determinativos (los nombres se han perdido en su totalidad) de varios monarcas tocados con la corona blanca del Alto Egipto. Por tanto y si como parece en la línea superior aparecían tanto los reyes del Alto como del Bajo Egipto, el espacio se reduce a la mitad.
D) Existe el problema de si sólo había un rey en el Alto y en el Bajo Egipto o si existieron varios "reyes" de forma contemporánea que no serían, por tanto, monarcas de cada una de las Dos Tierras sino meros jefes de una zona determinada. Esta cuestión está plenamente abierta en cuanto se relaciona con los reyes de la llamada Dinastía 00. Por tanto ¿los monarcas que aparecían en la Piedra de Palermo lo eran en realidad o eran poco más que jefes tribales? No estamos en condiciones de responder a esa pregunta aunque hay un dato que debiera hacernos reflexionar sobre esta cuestión, ninguno de los reyes del Bajo Egipto cuyos nombres se han conservado en el fragmento palermitano aparecen en ninguna otra fuente ni documental ni arqueológica.
El Papiro de Turín (también conocido como la Lista Real de Turín, el Canon Real de Turín o el Canon de Turín -ganas de tocar las gónadas al personal dando nombres distintos a un mismo objeto-) es algo muy distinto. Básicamente son fragmentos de un texto redactado en escritura hierática que data posiblemente de la época de Ramsés II (o incluso posterior) y que fue encontrado por Bernardino Drovetti en torno a 1820 en las cercanías de Tebas. En un principio estaba intacto (o casi) pero fue mal embalado y en su transporte quedó en el deplorable estado actual.
Se conserva en el Museo Egipcio de Turín (de ahí su nombre, claro) junto con los restantes objetos de la colección Drovetti que fueron adquiridos por Carlo Felice de Saboya y que formaron la base del primer museo de Egiptología que se abrió al público (1824).
Bien, pero todo esto ¿qué tiene que ver con las afirmaciones de nuestros queridos, amados, idolatrados... escritores esotéricos? Pues que por una vez lo que dicen es cierto (y eso merece, por lo menos, escuchar Pomp and Circumstance de Edward Elgar). Ya, ya sé que después de oír esa versión se estarán preguntando si no sería conveniente ejecutar a los ¿músicos? en vez de que ellos ejecutaran la música de Elgar, pero les aseguro que están a la altura (o bajura) de nuestros admirados, deseados, canonizados... juntaletras.
A lo nuestro ¿qué es el Papiro de Turín? Pues una nueva lista de reyes pero que en esta ocasión sí presenta algunos datos curiosos. Aunque los reyes anteriores a Menes (ya dijimos que tradicionalmente era considerado como el unificador de las Dos Tierras y que posiblemente tenga que ser identificado con el horus Aha de la I Dinastía) tengan considerables lagunas, hay algunos que pueden ser leídos con claridad. Así, aparecen los nombres de Re, Geb, Osiris, Seth (200 años de reinado), Horus (300 años de reinado)... Es decir, que según este documento los dioses de Egipto fueron también sus primeros gobernantes. Aunque el estado fragmentario impide realizar un listado completo sí se ha conservado el resumen final de este periodo, los Shemsu Hor reinaron durante 13.420 años y el total de los antecesores de Menes ocuparon el trono durante 36.620 años.
Ahora que ya tenemos claro qué dicen las "pruebas" presentadas por la triada esotérica, tenemos que hacernos dos preguntas:
¿Algo de todo ello apoya la lectura realizada por Bauval y Hancock y citada por el Sr. Sierra?
¿Algo de todo ello es cierto?
Aceptemos por un momento (como mero ejercicio intelectual) que las afirmaciones contenidas en el Papiro de Turín o las que aparecían en la obra de Manetón sean ciertas (no, no me he vuelto loco -al menos no más de lo habitual-). Eso supondría que la historia de Egipto comenzó mucho antes de lo que pensábamos, pero ni apoya que las Pirámides de Giza se edificaran en recuerdo de algo sucedido en el año 10500 A. de C. ni explica qué fue ese algo merecedor de esa conmemoración. Por más que Bauval y Hancock quieran relacionarlo (ya lo veremos) con los Shemsu Hor, las fechas no son coincidentes. Ya vimos que en el Papiro de Turín se dice que los Shemsu Hor reinaron 13.420 años antes de Menes al que podemos dar una fecha circa 3000 A. de C. así que nos iríamos, más o menos, al 16420 A. de C. y no al 10500 A. de C. En los fragmentos de Manetón (entiéndase, los autores que citan a escritores que reflejan lo que tal vez sean recensiones de la obra del egipcio) no aparece el nombre de los Shemsu Hor, pero algunos han propuesto que serían identificables con los manes (espíritus de los muertos). Si eso fuera así, según la versión armenia de la obra de Eusebio en la que cita a Manetón, los manes gobernaron Egipto durante 5.813 años antes de que comenzaran las dinastías históricas lo que nos llevaría al 8813 A. de C. (más o menos). Así pues, ni por una ni por otra cronología (que no se parecen entre sí ni en el blanco de los ojos) tiene una significación especial el año 10500 A. de C. Tampoco existe en ninguna de esas fuentes la menor mención a que las Pirámides de Giza tengan alguna relación con posiciones estelares. Así pues, ¿qué interés tienen estas "pruebas" para la teoría de Orión? Pues ninguna. ¿Por qué entonces son mencionadas? Lo que se intenta es rodear los inicios de la civilización egipcia de misterio.
Recordemos que Bauval y Hancock habían "movido" la fecha de "inspiración" para las Pirámides y la Esfinge de Giza hasta el año 10500 A. de C. sin que supiéramos demasiado bien porqué habida cuenta de que las "pruebas" astronómicas como ya vimos no se sostienen. No obstante, esa fecha tan redonda y tan bonita supone que los orígenes de la civilización egipcia nada tienen que ver con la historia "ortodoxa" que sería, por tanto, más falsa que un euro de corcho. Una vez que se ha "establecido" una premisa tan bien "fundamentada", el citar textos que adelanten la aparición de la monarquía egipcia hasta unos años a priori absurdos no logra camuflar el intento de legitimar esos mitos etiológicos como sucesos verdaderos.
En resumen, en vez de presentar apoyos para su teoría Hancock y Bauval convierten esas afirmaciones en "prueba" de algo aún más extraordinario. Entramos así en un razonamiento de tipo circular en el que esos mitos son pruebas de la construcción de las Pirámides de Giza en recuerdo de un tiempo antiquísimo y, a su vez, la edificación de las Pirámides es prueba de la veracidad de los mitos. Basta con apercibirnos de que estamos ante un "razonamiento" de este tipo para desecharlo sin más. No obstante, hay una posibilidad que quedaría intacta, si prescindimos de la supuesta relación con las Pirámides ¿esas listas reales son o no veraces? Es decir, en tiempos de Maricastaña ¿existía una monarquía divina en Egipto o no?
Por de pronto tendríamos que preguntarnos a cuál de las dos cronología deberíamos de atender porque aunque Bauval y Hancock "metan en un mismo saco" a las afirmaciones contenidas en el Papiro de Turín y a aquéllas que aparecen en la obra de Manetón no es lo mismo (ni siquiera parecido). Ya vimos que la aceptación de lo dicho en el Canon turinés no llevaría hasta las cercanías del año 40000 A. de C., el 39620 A. de C. para mayor precisión (3000 años A. de C. hasta Menes + 36.620 años de sus predecesores). Por contra, la versión armenia de Eusebio que cita (o algo así) a Manetón da los siguientes datos:
13.900 años de gobierno de los dioses.
1.255 años de gobierno de los héroes.
1.817 años de gobierno de los reyes.
1.790 años de gobierno de 30 reyes de Menfis.
350 años de gobierno de 10 reyes de Tis.
5.813 años de gobierno de los manes.
Lo cual nos da un total parcial de 24.925 años a los que habría que sumar los 3.000 de las dinastías históricas,lo que daría un resultado final de 27925 años A. de C. ¿El 39620 A. de C. es lo mismo que el 27925 A. de C.? Parece que para algunos así es. Evidentemente, puede ser cierta la cronología del Papiro de Turín, la de Manetón o ninguna de ellas, pero lo que no puede ser es que ambas sean veraces porque hay una diferencia de más de 11.000 años entre las dos.
¿Debemos aceptar alguna de ellas? No sé a Vds., pero la verdad es que la idea de que los dioses egipcios gobernaran las Dos Tierras es algo más de lo que estoy dispuesto a creer entre otras cosas de menor importancia porque habría que comenzar por demostrar la existencia de tales seres, algo que nadie ha logrado ni en el caso del panteón egipcio ni en el de todas las demás religiones que creen en un(os) ser(es) divino(s).
Como las implicaciones teológicas serían divertidísimas, algunos escritores esotéricos han postulado que los nombres que aparecen en el Canon de Turín y los que, supuestamente, aparecerían en la obra de Manetón y que fueron greco-latinizados por los autores clásicos que citaron al egipcio (por ejemplo, Vulcano en la versión armenia y Hefesto en la versión de Sincelo corresponderían a Path -el nombre no aparece en el Papiro turinés al haberse perdido-; el Sol y Helios equivaldrían a Ra -este nombre sí aparece-...) no serían realmente dioses sino (según los gustos de cada uno) hombres normales posteriormente divinizados, seres dotados de poderes sobrenaturales, extraterrestres... Obviamente se están olvidando de ese sabio consejo de Fontenelle de que antes de buscar la causa de algo hay que asegurarse de que ese algo existe para evitar el ridículo de encontrar la causa de lo que es inexistente.
Vamos paso a paso. La cronología impide pensar que estemos hablando de personas normales. El reinado de Set-Tifón según la Lista Real de Turín fue de 200 años y según Sincelo de 29 años (recordemos que Sincelo asegura que convirtió los años de la fuente original -Eusebio citando a Manetón- considerando, sin razón alguna, como aquél que éste cuando decía años se refería en realidad a meses lunares y que, por tanto, multiplica los "años" por su estimación de la duración de un mes lunar -29,5 días- y divide por 365 días para obtener la equivalencia entre los años de Manetón y los años reales) que suponen 359 años. El reinado de Horus según el Papiro de Turín fue de 300 años y según Jorge Sincelo de 25 años (es decir, que la fuente hablaba de 309 años). En mi pueblo las personas normales no gobiernan (ni siquiera viven) más de 300 años (el que llega a 100 puede darse con un canto en los dientes postizos).
Lo de los seres con poderes sobrenaturales, extraterrestres, atlantes... y demás ralea, tropieza con el mismo problema que los dioses, que primero habría que comenzar por probar su existencia real. Por otra parte, uno se pregunta qué extraordinarios saberes tenían estos sujetos (dioses o no) porque no enseñaron nada útil a sus súbditos. La agricultura no aparece hasta circa el año 6000 A. de C., la escritura hacia el 3200 A. de C., la construcción en piedra hasta la II Dinastía (cámara sepulcral del horus Khasekhemuy)... Eso sí, los antiguos egipcios debieron haber recibido enseñanzas un tanto extrañas de estos personajes porque, por ejemplo, los primeros horus de la I Dinastía se hicieron enterrar acompañados de sus sirvientes sacrificados (más de 20 hombres en la de Aha, más de 300 -la mayoría mujeres- en la de Djer...). Dejando la ironía a un lado, la secuencia cultural en el Alto y el Bajo Egipto es lo bastante conocida como para poder olvidarnos de supuestas revelaciones por parte de ningún grupo de seres mitológicos. Sencillamente, estamos ante un caso similar a las leyendas sumerias, mayas, chinas, hebreas... que colocan al comienzo de sus civilizaciones a personajes (divinos o no) de extraordinaria longevidad y de los que provendrían sus logros culturales. Las propias diferencias ya apuntadas entre las distintas cronologías son buena prueba de que no estamos hablando de hechos reales sino de mitos para los que tanto daba decir 40000 años A. de C. como 28000 años A. de C.
Sin embargo, nuestro particular Trío de la Bencina no se enteran de nada de esto y continúan en pos no de una buena moza alemana sino de los "enigmáticos" Shemsu Hor. Francamente, me hace más gracia la versión germana ("Die Drei von der Tankstelle" 1930) pero como esto es lo que tenemos...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En busca del chocolate del loro: Orión y otras hierbas (IX)

 

 

 

 

 

 

 

Viene de aquí

Habíamos dejado a nuestros dilectos Bauval, Hancock y Sierra "Buceando en la cronología de Egipto" aunque, por desgracia para ellos, la zambullida la realizan en una piscina sin agua con el resultado evidente, pegarse el carajazo Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Inasequibles al desaliento e impasible el ademán, el Trío Calavera continúa impertérrito su viaje al absurdo. Por si no tuviéramos bastante con el embrollo cronológico que habrían formado si alguien se tomara en serio las fuentes mencionadas (que o no tienen nada que ver con esta "movida" u ofrecen fechas irreconciliables entre sí aunque igualmente absurdas) ahora pasarán a complicarlo todo aún más con el léxico egipcio.
"...se descubre que los constructores de pirámides se referían con frecuencia a cierto "Tiempo Primero" o Zep Tepi, en el que la la Tierra estuvo gobernada por dioses poderosos." (Pág. 37)
Ya decía mi paisano Jorge Manrique aquello de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Fíjense que hubo una época en la que los dioses (y no unos diosecillos de medio pelo sino "dioses poderosos", de esos que, por lo menos, son capaces de lanzar rayos, convertir el agua en vino o hacer volar yeguas y, a cambio, sólo piden lindos pastorcillos del Ida a los que enc... sodomizar, la quema de herejes o la condena a muerte de los escritores blasfemos) y hoy, en cambio, tenemos que conformarnos con vulgares políticos mediocres (y, en ocasiones, bobos de solemnidad) aunque si la alternativa es la teocracia... Forrest Gump for President!
En fin, hablemos en serio (¿lo anterior es una broma?) sobre el Zep Tepi al que, por de pronto, vamos en convertir en sp tpy que es la transliteración correcta de los jeroglíficos egipcios. ¿A qué se referían los egipcios cuando hablaban del sp tpy? Pues a cosas muy diversas mal que les pese a los escritores esotéricos. Veamos algunos ejemplos.
En la transliteración de la jamba izquierda de la puerta de la tumba de la reina Merensaj III (que pueden encontrar aquí junto a su traducción al castellano) aparece la expresión sp tpy formando parte de una fecha, en su sentido literal de "Primer año".
En la transliteración del episodio 32 de la capilla de la tumba de Rejmira volvemos a encontrarnos con la expresión sp tpy, pero en esta ocasión con un significado distinto, el de hacer algo en primer lugar dentro de una serie de actividades relacionadas, en este caso concreto, con el ritual de apertura de la boca.
En el Gran Patio de Festivales de Thutmose IV en el templo de Amón en Karnak nos encontramos la expresión sp tpy Hb-sd (la primera celebración de la Heb-sed o Festival Sed). Pueden encontrarlo aquí.
La misma expresión aparece en la cara norte del obelisco de la reina Hatshepsut mientras en la cara este encontramos la forma sp tpy en esta ocasión referida al primer año. (Pueden encontrar la transliteración aquí y, desde esa dirección, acceder tanto al texto jeroglífico como a la traducción al castellano).
Obviamente la cuestión no es tan sencilla como pretenden nuestros amados, admirados... escritores esotéricos puesto que, como acabamos de comprobar, cuando los antiguos egipcios hablaban del sp tpy se estaban refiriendo a cosas muy distintas aunque si queremos podemos encontrar una idea común, el sp tpy es lo primero bien se refiera a años de reinado, a diversas actuaciones dentro de una misma serie... e incluso a la creación del mundo.
En este último sentido ¿no confirma las afirmaciones de los escritores esotéricos? Pues no, porque para los antiguos egipcios el sp tpy no es ese periodo mítico en el que los dioses y otros seres igualmente legendarios gobernaron las Dos Tierras sino el mismo momento de la Creación del mundo. Así, en la estela de Barkal se nombra a Amón de Gebel Barkal como "Gran Dios del tiempo primero" (véase al respecto este interesante trabajo
de Timothy Kendall). Amón de Gebel Barkal había sido identificado con Atum-Ra que, por si lo han olvidado, es el dios creador en la cosmogonía de Heliópolis.
Supongo que en este momento se estarán preguntando que coj... tiene todo esto que ver con las pirámides de Giza. Vamos a verlo:
"Esa Edad de Oro es referida incluso en la Estela del Sueño, que el faraón Tutmosis IV (1401-1391 a. C.) ordenó colocar entre las patas de la Esfinge. La estela en cuestión se refiere a la meseta de Giza como el "espléndido lugar del Tiempo Primero", en clara alusión a la vinculación de esta zona con aquel instante -¿mítico?- en el que los dioses regían Egipto." (Pág. 37)
Como siempre, debemos comprobar la veracidad de esa afirmación. Dado que no hay ninguna traducción al castellano disponible de la conocida como "Estela del Sueño" (es decir, si existe no he sido capaz de encontrarla) recurriremos al inglés, a un texto clásico como es "Ancient Records of Egypt" de James Henry Breasted (The University of Chicago Press. Chicago, 1906) y más concretamente al Vol. II que puede descargarse (ojo, son 12.425 Kb) desde aquí.
En las páginas 351-352 de dicha edición electrónica encontramos el párrafo que nos interesa (por supuesto, que nos importa en cuanto hace relación a dicha afirmación esotérica porque todo el texto es interesante):
"Now, when his hour came on for giving rest to his followers (it was always) at the "shoulder" of Harmakhis, beside Sokar in Rosta, Remtet in -- in heaven, Mut -- of the northern - the mistress of the wall of the South, Sekhmet presider (fem) over Khas-- the splendid place of the beginning of time, over against the lords of Khereha, the sacred road of the gods to the necropolis west of On (Heliopolis). Now, the very great statue of Khepri, rest in this place..."
Debo aclarar que la forma sp tpy ha sido traducida por Breasted como "of the beginning of time" relacionándola no con una supuesta Edad de Oro sino con la Creación. El porqué Giza (según las creencias egipcias) podía ser relacionada con ese momento lo explica el mismo texto, porque era la necrópolis (la palabra original egipcia es, literalmente, horizonte) oeste de Heliópolis. Recordemos que para los egipcios (para los seguidores de la Cosmogonía Heliopolitana) la primera tierra que surgió del Océano fue una colina que estaba coronada por la piedra Benben. Esa piedra era guardada en Hut-benben (Hwt bnbn) que, por el mito del pájaro Bennu (Ave Fénix) sabemos que estaba en Heliópolis.
¿Algo más que añadir? Pues sí, que según la misma Estela del Sueño que Bauval aporta como "prueba" de su teoría, la Esfinge está relacionada con Kefrén: "Khaf(re), the statue made for Atum-Harnakhis" con lo que se va a la porra su pretensión de que ese texto demuestra que fue construida en el 10.500 A. de C.
Conscientes de ese "problemilla", Bauval & Hancock trataron de solucionarlo en su obra "Guardíán del Génesis" (traducción de Ana María de la Fuente. Ed. Seix-Barral S.A. Barcelona, 1997) ¿Cómo lo hacen? Puesto que al Sr. Sierra se le olvida mencionarlo, solventaremos ese fallo recurriendo a la obra original antes indicada:
"Suponiendo que Khaf fuera el nombre de Khafre, Young agregó la sílaba Ra entre corchetes, para indicar que se había llenado una laguna. Ahora bien, cuando, en 1905, el egiptólogo norteamericano James Henry Breasted examinó el facsímil de Young, dedujo que había un error: "De esta mención del rey Khafre se ha deducido que la Esfinge fue obra de este rey; deducción inconsecuente: (el facsímil de) Young no muestra vestigio de cartucho..." (Pág. 19)
Breasted dedujo correctamente que había un error... pero se equivocó en quién lo había cometido. Veamos una imagen. ¿Qué es? El facsímil de la inscripción de la llamada Estela del Sueño realizado por Karl Richard Lepsius. Si nos fijamos en la línea 13 (la penúltima) podrán observar un cartucho real parcialmente ilegible (la parte legible es Khaf -Jaf en castellano-, la reconstruida por Lepsius es -ra). Pues bien, ése es el cartucho que falta en el facsímil de Thomas Young.
No obstante, siempre podría pensarse que puesto que Young es anterior a Lepsius su facsímil tiene en principio mayores garantías de ser correcto pero eso tropieza con un problema, que Thomas Young nunca viajó a Egipto. En realidad, el supuesto facsímil obra de Thomas Young de la inscripción original no es tal sino una reproducción contenida en su obra "Hieroglyphics" (1823) de la copia realizada por Henry Salt según su obra "Memoirs on the Pyramids and the Great Sphinx" de 1820. Por supuesto, en 1820 Salt no podía conocer la escritura jeroglífica así que bastante hizo con copiar como mejor pudo algo que no tenía para él el menor significado. Lepsius, por el contrario, sí trabajó con la inscripción original y sí conocía la escritura jeroglífica lo que son razones suficientes para justificar la preferencia de su reproducción de la Estela de la Esfinge.
Si se están preguntando si esta controversia no es ridícula porque para solventarla definitivamente bastaría con ir a la inscripción original y comprobar si existe o no el cartucho real, les aclaro que hoy en día esa parte de la Estela del Sueño se ha deteriorado hasta convertirla en ilegible.
Aclarado ese punto, podemos proseguir. Como parece que Bauval & Hancock son los primeros que no ven muy claro que el texto no se refiera al faraón Kefrén deciden seguir a Breasted en su opinión de que esa mención al horus Jafra no significa que éste fuera su constructor (o al menos que eso es lo que creía Thutmosis IV) así que proponen una imaginativa teoría, que Kefrén fuera el autor de una primera restauración de la Esfinge. Antes de trabajar con esa hipótesis, no podemos menos de preguntarnos por la razón por la que nuestros autores esotéricos tan proclives a citar a James Henry Breasted sobre esta cuestión deciden, por contra, prescindir completamente de su traducción de la Estela. Pueden comparar la traducción antes enlazada con este párrafo que, según Bauval & Hancock aceptando la traducción (o algo así) de Wallis Budge, forma parte de la inscripción:
"una poderosa fuerza mágica que existió en este lugar desde el principio del tiempo" (Pág. 19)
¿Es creíble que la Estela del Sueño hiciera referencia a una restauración realizada por Kefrén? Pues más bien no. En la formación caliza en la que se excavó el pecho de la Esfinge hay una característica singular, una banda amarilla. Pues bien, en una de las construcciones de Giza existen sillares de piedra con esta misma franja amarilla. La exlicación más sencilla es obvia. Esos sillares fueron extraídos de esa zona o lo que es lo mismo, el autor de esa construcción fue también el responsable del tallado de la Esfinge. ¿Adivinan en qué construcción aparece esa caliza con su franja amarilla? En el templo de la Esfinge obra del horus Jafra.
Además, la caliza en la que se talló la cabeza es del mismo tipo que la empleada en otra construcción de Giza. ¿En cuál? En el llamado "Templo del valle" obra también del faraón Kefrén.
Incluso si no estuviéramos de acuerdo con esta atribución y prefiriéramos las que vinculan la Esfinge con el horus Jufu o con el hurus Djedefra incluso así nos estaríamos moviendo en el mismo marco temporal, la IV Dinastía. Tanto si fue esculpida por mandato de Jufu, Djedefra o el mismo Jafra, sería una obra reciente en tiempos de este último faraón lo que convierte en sumamente improbable que precisara de una restauración temprana.
Nuevamente, las supuestas pruebas no demuestran nada y las teorías "alternativas" son, sencillamente, ridículas.

 

Nueva concesión del premio Favila el Osado

 

 

 

Permítanme realizar una pequeña pausa en nuestra crítica a esa magna ópera titulada "La Travi...", perdón "En busca de la Edad de Oro" para tratar un tema de actualidad y, aprovechando que el Carrión pasa por Palencia, realizar una nueva entrega de nuestro prestirrijoso galardón.

Érase una vez que se era un país llamado España que tenía un gobernante inteligentísmo apellidado Zapat... perdón, se me había vuelto a ir el santo al cielo y les estaba contando un cuento chino (calificativo incorrecto políticamente porque da a entender que los chinos son especialmente crédulos. La verdad es que deberíamos hablar con mayor adecuación a la realidad de cuentos españoles). Decíamos que este país que antes era de charanga y pandereta y ahora es de macrobotellón y móvil polifónico (es decir, que ha conseguido pasar de lo casposo a lo pijo, de lo cutre a lo cursi sin dejar de ser un ningún momento patéticamente ridículo) anda revolucionado.

Este país llamado España ha encontrado un tema de conversación aparte del fútbol, las andanzas de los personajillos de la prensa del corazón (ignoro la razón de ese eufemismo cuando la parte anatómica a la que, en realidad, suele hacer referencia está más abajo) o la última parida de la teleserie de éxito. Que esa tema tenga, además, relación con la Historia en un país especializado en reinventar el pasado a mayor gloria de la ideología política X o Y es extraño aunque tal vez lo sea menos si consideramos que también tiene componentes religiosos.

Este país llamado España tiene cierta querencia por los movimientos pendulares. Un día puede contemplarse a una multitud siguiendo a un sacerdote que ejecuta unas rogativas y, al día siguiente, ver a esa misma multitud persiguiendo al mismo cura y rogando su ejecución. Esta relación de amor-odio hacia la religión llena páginas de nuestro pasado que más que historiadores precisa de psiquiatras para su explicación. Con esos antecedentes no resulta extraño que cualquier aspecto relacionado con la fe pueda convertirse en la comidilla de todos los corrillos y eso es lo que ha sucedido.

Con esos antecedentes habrán adivinado sin necesidad de ser televidentes (es decir, sin practicar la videncia en alguna televisión) que vamos a hablar del Testamento de Judas (sí, yo también).
Comencemos por algunas cuestiones previas. Es una buena noticia que aparezca un texto que se consideraba perdido en cuanto ello supone un mejor conocimiento de nuestros antepasados. Tanto da que se tratase de los libros VII-X de los "Anales" de Tácito, de la versión íntegra del "Satiricón" de Petronio... o de textos sin ningún valor literario. También resulta digno de aplauso que exista una sociedad dispuesta a gastarse una "pasta gansa" en autentificar, restaurar, traducir y publicar ese texto incluso si pretende ganar dinero con ello (esto es el mundo real y no una utopía bucólica).
Si hasta aquí todo va bien ¿qué motiva la concesión de nuestro premio? Supongo que si tienen Vds. la desgracia de ver las televisiones españolas habrán tenido ocasión de contemplar el anuncio que la National Geographic inserta anunciado su propio documental sobre el "Testamento de Judas" (ignoro si en los países americanos de habla hispana han cambiado el texto o si es el mismo). ¿Han reflexionado sobre lo que en él se dice? Según esta cuña, el "Testamento de Judas" es un texto que lleva oculto más de 2000 años. La tontería es realmente histórica incluso prescindiendo del "pequeño detalle" de que el manuscrito data del S IV con un margen de error de pocas décadas. Vamos a ponernos generosos y a considerar fundada la suposición de que este "Testamento de Judas" copto sea una traducción del "Testamento de Judas" mencionado por S. Ireneo de Lión en el S II. Incluso entonces tampoco sería cierta tal afirmación. Es más, vamos a entrar en los terrenos del disparate total y a pensar (en plena alucinación de cornezuelo de centeno) que el autor original de tal escrito sea el mismísimo Judas Iscariote. Ni siquiera entonces sería cierta tal afirmación porque estamos en el año 2006. Más de 2000 años son, por lo menos, 2001. La aritmética revela que para que fuera cierta tal aseveración eso supondría que el "Testamento de Judas" fue escrito a lo sumo en el año 5 de nuestra era. Como parece que Jesús nació entre los años 7 y 4 A. de C. (lo que no deja de tener su gracia, lo reconozco), Judas debió traicionar a Jesús cuando éste tenía entre 9 y 12 años. Esto abre un abanico de posibilidades. Déjense de gaitas de si Judas actuó movido por la plata, por mandato de Jesús, por desencanto con la visión religiosa de Jesús... Seguro que se pelearon por una bolsa de canicas o por una peonza.
Me personarán Vds. el cachondeo al respecto, pero el error (vamos a ser bondadosos y suponer que lo sea) es tan divertido que no es para menos. Me preocupa mucho más que se pretenda vender el "Testamento de Judas" como algo que puede causar dudas en la fe de las personas. Esto supone conferir a ese manuscrito una veracidad que no posee. Vamos a ver el porqué.
Entre las muchas bobadas que hemos oído y leído estos días hay una que me parece especialmente desternillante, que los Apócrifos condenados y prohibidos por la Iglesia son más dignos de crédito que los escritos neotestamentarios "oficiales" (ya saben, los Evangelios supuestamente escritos por Mateos, Marcos, Lucas y Juan, los Hechos de los Apóstoles obra supuestamente de Lucas, diversas Cartas entre las más numerosas son las de S. Pablo, y el Apocalipsis obra, supuestamente, de S. Juan). Ese tipo de aseveraciones incurre en un montón de errores entre los que no es el menor el suponer que los Apócrifos eran libros prohibidos. El término apócrifo no supone más que el que esos textos entre los que hay Evangelios, Hechos, Cartas y Apocalipsis no se consideran (por parte de la Iglesia) inspirados por el Espíritu Santo al contrario que los "oficiales". No significa que fueran condenados per se. Como supongo que esto pueda parecerles extraño, vamos a practicar un juego. Vean esta imagen correspondiente a uno de los frescos de la basílica de Asis y que ilustra la Natividad de Jesús. ¿No encuentran algo raro en la iconografía? Vamos por partes. ¿Ven una mula y un buey? Bien. ¿En cuál de los Evangelios "oficiales" se hace referencia a que esos animales estuvieran en el lugar de nacimiento de Jesús? No se quiebren la cabeza intentando recordarlo porque ese episodio está extraído del apócrifo conocido como Evangelio del Pseudo-Mateo. También se habrán dado cuenta de que hay una duplicación del niño Jesús que, por un lado está en brazos de María y, por otro, está siendo atendido por dos mujeres. ¿Quiénes son éstas y a qué episodio "oficial" hacen referencia? Tampoco se quiebren la cabeza porque la respuesta deberán encontrarla en el apócrifo conocido como Protoevangelio de Santiago. Sigamos con el juego. Observen esta otra imagen de un icono medieval que representa la Dormición (o el Tránsito) de María. ¿En qué parte del Nuevo Testamento oficial se hace referencia a ese suceso? Pueden dejar que sus neuronas se relajen porque la respuesta es que procede del apócrifo conocido como Libro del Tránsito de la Santísima Virgen, Madre de Dios. Veamos un nuevo ejemplo. ¿A qué episodio del Nuevo Testamento "oficial" hace referencia esta talla? No se esfuercen en averiguarlo porque es el Abrazo de S. Joaquín y Sta. Ana cuya fuente es, nuevamente, el apócrifo del Protoevangelio de Santiago. Obviamente estas imágenes no fueron encargadas por alguna extraña secta herética y conservadas en algún misterioso conventículo gnóstico sino que fueron realizadas por mandato de la Iglesia "oficial" o por sus fieles y se conservan, como en otros muchos casos, en lugares de culto "oficial". ¿Cómo? La misma Iglesia que, supuestamente, condena los Apócrifos per se ¿los emplea como fuente iconográfica? Pero si los fieles desconocían esos relatos supuestamente prohibidos ¿cómo podían entender la representación? La respuesta es, obviamente, que la premisa de partida es falsa.
Aunque hablamos de los apócrifos como si fueran un todo homogéneo no lo son. Podemos establecer grosso modo dos grandes categorías, textos que pretenden llenar los vacíos (o ampliar episodios ya existentes) de los Evangelios "oficiales" y, por otro, textos que se vinculan con una teología diferente a la "oficial". Los primeros fueron más o menos aceptados por la Iglesia pese a que, a veces, parezcan cuentos para niños con un contenido que abunda en los "milagros" más disparatados hasta el punto de que el Jesús que "reflejan" es, en ocasiones, alguien que resulta repulsivo. Por ejemplo, en el Evangelio del Pseudo-Tomás un Jesús niño maldice al hijo de Anás por la gravísima falta de estropear la balsa de agua con la que él jugaba. En ese mismo texto, un niño golpea a Jesús sin querer lo que no impide que muera. Cuando la gente comienza a protestar contra Jesús quedan ciegos... En fin, que si históricamente "no tienen ni medio pase", desde un punto de vista religioso no son, precisamente, un buen ejemplo lo que no impidió su difusión.
Los otros apócrifos son algo bien distinto. Conocemos (principalmente gracias al descubrimiento de la llamada Biblioteca de Nag Hammadi en 1945, pero también por otros hallazgos anteriores y posteriores así como por citas en los escritores que criticaban unas creencias religiosas que consideraban heréticas) una colección de escritos gnósticos con los que hay que relacionar el nuevo códice que contiene el "Testamento de Judas". Sobre ellos ya hablamos en otra ocasión así que me limito a señalar que ahora poseemos un nuevo texto en el que Jesús desvela la gnosis a un nuevo personaje, Judas Iscariote en abierta contradicción con otros escritos gnósticos que conferían ese conocimiento revelado a María Magdalena, Tomás, Felipe...
¿Cuál de esas versiones se supone que es la histórica? No se esfuercen. No son textos históricos sino doctrinales así que su valor histórico no reside en lo que cuentan sino en su mera existencia que ilustra que el cristianismo naciente no fue algo homogéneo sino que coexistían en él doctrinas muy diferentes entre las que el cristianismo tal y como hoy lo entendemos fue la doctrina que, finalmente, prevaleció. Eso no es ninguna novedad así que no termino de saber qué puñetas tiene ese texto para que, supuestamente, pueda hacer dudar de su fe a los cristianos.
Por aquello de que de alguna forma hay que "intentar vender la moto", se ha señalado el supuesto carácter explosivo en la diferente motivación de la "traición" de Judas. Recordemos que en los Evangelios "oficiales" hay unanimidad en considerar que Judas actuó por codicia. En los sinópticos (es decir, Mateo, Marcos y Lucas) se dice expresamente que Judas acordó con los sacerdotes entregar a Jesús a cambio de dinero. Juan señala que Judas era el encargado de la bolsa común de la que robaba lo que podía. Sin embargo, algunos escritores como la teóloga e historiadora de la religión Uta Ranke-Heinemann ya han señalado que esa unanimidad enmascara lo que en realidad son versiones contradictorias y en gran parte absurdas. Comencemos por el mismo hecho de la traición. Jesús supuestamente era alguien muy conocido ¿por qué habrían de necesitar los sacerdotes que Judas les dijera quién era Jesús?
Más aún, ¿cuándo se produce la traición? Porque ninguno de los sinópticos (sí Juan) señala que Judas abandonara la cena. Sencillamente, según esos tres relatos Judas aparece con una multitud para prender a Jesús. Tampoco existe una versión clara de qué sucedió con Judas después de su traición. Para Mateo se ahorcó, para Lucas (en Hechos de los Apóstoles) se despeñó. Para Mateo los sacerdotes (después del suicidio de Judas) adquieren con el dinero que Judas rechaza un terreno. Para Lucas es el propio Judas el que compra el terreno con el dinero. No obstante, antes de ellos Pablo en la I Carta a los Corintios dice que Jesús resucitado se apareció a Pedro y después a los Doce, es decir, que también se apareció a Judas. Si unimos a ello algunos anacronismos como que los treinta siclos de plata que, según Mateo, fueron el precio de Jesús habían dejado de circular como moneda unos trescientos años antes, podemos entender las razones por las que la escritora alemana habla de "La fábula de Judas traidor" (véase "No y amén. Invitación a la duda" Uta Ranke-Heinemann. Trad. Víctor Abelardo Martínez de Lapera. Ed. Trotta S.A. Valladolid, 1998). En efecto, la figura de Judas como traidor guarda paralelismos con otras como Ajitófel, traidor a David, que también se ahorcó (Libro II de Samuel, 17, 23).
Así pues ¿qué queda al final de toda esta historia? Pues la alegría por un texto recuperado (algo siempre digno de agradecer desde el punto de vista de la cultura), pero ni desde un punto de vista histórico ni religiosos estamos ante un hallazgo revolucionario. Por tanto, por su manifiesta exageración al levantar una expectación muy rentable desde el punto de vista del markéting, pero desproporcionada desde cualquier otra perspectiva que queramos emplear concedemos nuestro galardón a la National Geographic con el ruego de que no vuelvan a caer en una nueva venta de humo como en este caso y en el de la apertura a bombo y platillo de la puerta de Gantenbrink (no harán ni puñetero caso, pero, por pedir que no quede).

 

 

 

En busca del chocolate del loro: Orión y otras hierbas (X)

Viene de aquí
En la entrega anterior de esta crítica dejamos a los Sres. Sierra, Hancock y Bauval pontificando sobre el significado de la expresión egipcia Zep Tepi. Hoy me atrevo a suponer va a invadirles una fuerte sensación de déjà vu pero es que los escritores esotéricos tienen la mala costumbre de repetirse más que una espuma de potaje de pepino (plato inexistente pero déjenles a los "geniales" representantes de la nueva cocina española y verán cómo lo convierten en realidad junto a otras porquerías igualmente memor... olvidables). Claro que también podríamos decir que los escritores esotéricos se repiten tanto como los autores escépticos pero eso supondría asumir una autocrítica tan poco apreciada en el mundillo de éstos como en el de aquéllos.
Cedamos la palabra a nuestros dilectos autores a ver con qué consiguen sorprendernos:
"En 1996, en su libro Guardián del Génesis, ambos autores terminarían desglosando una antigua creencia egipcia según la cual en ese oscuro periodo de tiempo el Nilo estuvo gobernado por unos enigmáticos Shemsu-Hor o "compañeros de Horus". Al parecer, se trataba de una estirpe de seres semidivinos, que gozó de grandes conocimientos astronómicos y que legó a sacerdotes y faraones su sabiduría en forma de relatos míticos y lugares señalados. Éstos, pues, a falta de otros candidatos, debieron ser los que orientaron las pirámides hacia la posición de Orión en 10.500 a.C., los que situaron a la Esfinge mirando el punto del horizonte por donde en aquella fecha emergía la constalación de Leo..." (Págs. 37-38)
Comencemos por el principio, ¿a qué se referían los egipcios cuando hablaban de Sms Hr o Smsw Hr? Pues a muchas cosas y con muy poca relación aparente entre sí.
Veamos Las Enseñanzas de Ptahhotep. En ese texto (en 41.16) encontramos la siguiente frase: "El hijo que escucha es un seguidor de Horus." D. Ángel Sánchez Rodríguez, autor de la transliteración y traducción antes enlazada, traduce Sms Hr como "seguidor de Horus" en vez de como "compañero de Horus" como hacen Bauval y Hancock pero eso no debe hacernos olvidar que la expresión egipcia es la misma. Veamos ¿el hijo que escucha se convierte en un ser semidivino que gobernó el Nilo en tiempos de Maricastaña? Pues va a ser que no.
Veamos las inscripciones de la Tumba de Rejmira. En el Episodio 4 Dña. Teresa Soria Trastoy, autora de la transliteración y traducción antes enlazada, nos dice: "Tu boca está lavada, tu natrón es la purificación de los dioses, los seguidores de Horus." ¿Pero no habíamos quedado en que los seguidores de Horus eran unos seres semidivinos que gobernaron Egipto en los años de la polca? ¿Cómo es que ahora nos los encontramos relacionados con los ritos funerarios de purificación?
Incluso, como ya dijimos al hablar del Papiro Real de Turín sí se emplea esa expresión en relación al pasado legendario de Egipto, como un nombre común para los reyes que gobernaron las Dos Tierras después de los dioses.
Esta variedad de significados puede parecer extraña pero ¿lo es realmente? Piensen que estamos hablando del Antiguo Egipto, una civilización que existió durante unos 3.000 años. ¿Se han parado a reflexionar lo que significa eso? No han pasado aún 3.000 años desde Pericles, desde Platón... y evidentemente los conceptos que aquéllos manejaron no significan hoy lo mismo (como algún político defendiera hoy el concepto de "democracia" ateniense las carcajadas se podrían escuchar desde el séptimo cielo). Ninguna civilización se mantiene vigente durante un periodo de tiempo tan prolongado sin experimentar cambios, sin evolucionar, mal que les pese a todos los integristas que desean regresar a las esencias de las supuestas Edades de Oro.
Por ello, debemos plantearnos la expresión Smsw Hr desde un punto de vista de su evolución histórica. Tenemos una afirmación realizada por unos escritores esotéricos, que para los egipcios los Smsw Hr fueron unos seres semidivinos que gobernaron Egipto antes de las dinastías históricas. Si fuera así, sería lógico que las primeras veces que se mencionara a los Smsw Hr fuera con ese significado por una mera cuestión de proximidad cronológica. Con el tiempo la expresión podría adquirir nuevos significados, pero ése sería su significado inicial. ¿Es eso así? Pues no.
En los Textos de las Pirámides nos encontramos con los Seguidores de Horus. En ellos aparecen como los encargados del baño purificador del rey en el Campo de los Juncos (TP 26, TP 921, TP 1245), es decir, con el viaje de ultratumba del faraón difunto. Sin embargo, tal vez sea más interesante a nuestro propósito de desentrañar a qué se referían los antiguos egipcios con la expresión Smsw Hr la reflexión sobre las Contiendas entre Horus y Seth. En TP 141, TP 277, TP 535, TP 679, TP 946 y TP 1462 hay una contraposición entre el Ojo de Horus y los Testículos de Seth. En TP 594 y ss. se nos aclara que ambos dioses perdieron esas partes anatómicas simultáneamente (según interpretan algunos comentaristas contemporáneos como castigo por una relación homosexual entre ambos) y que el Ojo de Horus cae al otro lado del Canal Sinuoso, en el llamado Campo de la Contienda (TP 1227). El nombre viene dado porque en ese lugar se enfrentan Horus y Seth con sus respectivos seguidores (además de los Seguidores de Horus en los TP aparecen mencionados los Seguidores de Seth -TP 84-) que culmina con la derrota de Seth y sus Seguidores (TP 575). Así pues, los Seguidores de Horus son los dioses que apoyan a Horus contra Seth. El rey difunto debe ayudar a Horus (convirtiéndose, por tanto, él mismo en un Seguidor de Horus) a recuperar su Ojo como parte fundamental del proceso que debía conducir a su apoteosis definitiva (TP 946-947) -Véase al respecto el artículo El barquero celestial en los Textos de las Pirámides del que es autor el profesor Jorge Roberto Ogdon-.
Como verán la historia es bastante diferente a lo que nuestros dilectos escritores esotéricos nos han contado. En los textos más antiguos en que aparecen mencionados los Smsw Hr éstos no son semidioses, ni gobernantes de Egipto en tiempos de Maricastaña ni comunican ningún tipo de conocimiento a sus súbditos sino que son dioses que ayudan a Horus a recuperar su Ojo que estaba en poder de Seth (y en qué se parece esto a aquello es algo que no consigo entender sin duda porque mi cortedad es muy larga o, tal vez, porque yo no tengo que vender libros sosteniendo teorías extrañas).
Una vez que hemos aclarado este punto, podemos ir viendo la evolución del concepto del Sms Hr. Puesto que el Ojo de Horus está ligado a la purificación del faraón difunto es fácil entender su primera extensión de significado, la que hemos podido documentar tanto en los TP como en el texto de la tumba de Rejmira, la que relaciona a los Smsw Hr con los dioses encargados de la purificación del rey muerto.
Una segunda evolución es la que hemos visto en Las enseñanzas de Ptahhotep pero eso también es fácilmente explicable. Puesto que Horus y sus Seguidores son considerados como los "buenos de la película" el que se convirtieran en un sinónimo de un recto proceder ético no es nada que deba extrañarnos.
Tal vez más difícil sea el explicar porqué en el Papiro Real de Turín (que, por si lo han olvidado, es un texto ya del Imperio Nuevo mientras que los TP son del Imperio Antiguo) los Smsw Hr se han convertido en los gobernantes míticos de las Dos Tierras después de los propios dioses y antes de las Dinastías históricas. La explicación tal vez esté en las Almas de Pe y las Almas de Nején. ¿Las qué? Con esos nombres los egipcios se referían a las almas de los antiguos gobernantes de Pe (en el Bajo Egipto) y de Nején (en el Alto Egipto) antes de la unificación. En esta época, las Almas de Pe se habían identificado con los cuatro hijos de Horus: Hapy, Duamtef, Amset y Kebehsenuf. Esto puede estar en la base de esa identificación entre las Almas de Pe y los Seguidores de Horus (en TP 599, después de los textos que ya hemos comentado sobre las Contiendas entre Horus y Seth, se menciona que a la derecha del rey están Horus y sus cuatro hijos y a la izquierda Seth lo que parece señalar que entre los Seguidores de Horus se encontraban sus propios hijos) lo que justificaría esa nueva evolución de la expresión Smsw Hr. Ya en época muy posterior (bajo la dominación romana) se menciona a las Almas de Pe como Seguidores de Horus como reyes del Bajo Egipto y a las Almas de Nején como los Seguidores de Horus como reyes del Alto Egipto.
Pueden Vds. compartir o no esta reflexión sobre la cuestión de los Smsw Hr porque les parezca excesivamente especulativa así que iremos a lo concreto. Si nos olvidamos (de momento) del Sr. Sierra y vamos al libro originario (es decir, "Guardíán del Génesis" de Robert Bauval y Graham Hancock) nos encontraremos con algo muy divertido. Estos dos señores confieren a los Seguidores de Horus el papel de sabios maestros e insignes constructores basándose en las inscripciones del templo de Edfú... que no mencionan a los Smsw Hr para nada. Los que allí aparecen son los Siete Sabios a los que nada permite identificar con los Seguidores de Horus pero que de todas formas nuestros queridos escritores asimilan porque les da la real gana (Págs. 192-195) olvidándose de que, además, las inscripciones del templo de Edfú son del S III A. de C. y posteriores o lo que es lo mismo, que son de época ptolemaica con una fuerte helenización de la cultura egipcia.
No obstante, como hoy estamos generosos supongamos (como mera hipótesis) que tal identificación sea cierta. En Edfú se habla de las actividades constructoras de los Siete Sabios... pero no se mencionan para nada a las pirámides de Giza. Es más, nuestros admirados escritores están muy mal informados (o quieren aparentarlo) en todo lo concerniente a los mitos de los Siete Sabios que quieren relacionar a toda costa con Heliópolis. Basta con una consulta a la entrada Metehuret del Gran Diccionario de Mitología Egipcia para comprobar que, una vez más, están errados porque ese mito es menfita y no heliopolitano.
En resumen, nuestros dilectos escritores esotéricos no demuestran que la identificación entre los Smsw Hr y los gobernantes míticos de Egipto exista desde los inicios de la civilización egipcia y no corresponda a una asimilación tardía, no demuestran que en ningún caso se atribuya a los Seguidores de Horus las características de sabios maestros o de grandiosos constructores y lo que es más grave, tampoco demuestran que para los egipcios tuvieran nada que ver con la edificación de las pirámides.
Como todo esto falla ni siquiera ha lugar a examinar si esas afirmaciones (inexistentes) tienen visos de verosimilitud o no. Sencillamente, los Sres. Bauval, Hancock y Sierra se montan su "película" basándola en la nada.
Con esto podemos abandonar Egipto (de momento, ya volveremos cuando lo haga el Sr. Sierra a lo largo de su libro) aunque no este capítulo porque aún quedan unas cuantas afirmaciones (muy divertidas) sobre Angkor así que pueden suspirar aliviados porque no les voy a seguir aburriendo con historias sobre las Dos Tierras. Ahora lo haré con nuevos lugares comenzando por Camboya.

Nueva concesión del premio Favila el Osado

Dado que estamos en Semana Santa, esa época del año en la que este ateo que les habla (bueno, que aporrea el teclado) se dedica a contemplar procesiones penitenciales por las calles de su ciudad, parece que es un momento propicio para reanudar la autoflagelación que supone escribir esta bitácora.

Por otra parte, como muchos de Vds. estarán de vacaciones me permitirán que comience con algo ligerito y deje para próximas entradas el retomar los asuntos pendientes. La verdad, el seguir con la Sábana Santa o las afirmaciones sobre los enigmáticos conocimientos de las civilizaciones antiguas en estas fechas puede resultar más indigesto que una torrija de uralita.

Como era previsible (y ese presagio hasta podría hacerlo Paco Porras sin miedo a equivocarse una vez más) en estos meses no ha cambiado nada. Los medios de comunicación siguen a lo suyo, a ganar dinero, y si en el camino al lucro se le da una patadita en los cataplines a la Historia no tiene mayor importancia (además seguro que la culpa es de la Historia por interponerse). Como de costumbre los candidatos abundan, pero me ha gustado especialmente la barrabasada histórica perpetrada por D. Santiago Río. ¿Y quién es ese buen señor? Pues, casi nadie al aparato, es el Asesor del Gran Maestro de la Gran Logia de España (si después de tan humilde titulación no se han quedado Vds. anodadados por tanta grandeza que deja en pañales a la mismísima Cayetana, Duquesa de Alba, seguro que es porque por sus venas corren unas gotas de sangre jacobina aunque su infancia tenga nada que ver con patios de Sevilla).

Me permito suponer (a fin de cuentas es gratis) que se han quedado Vds. como estaban. Todo lo más habrán pensado en que D. Santiago Río (A.G.M.G.L.E) tiene algo que ver con la Masonería. Si se han atrevido a deducir eso, deben saber que están total y absolutamente acertados. D. Santiago Río ha perpetrado al alimón con D. Jorge Blaschke un libro: La verdadera historia de los masones, quizás el título más falaz desde que Alejandro Dumas escribió Los tres mosqueteros.

No obstante, no es esa obra lo que motiva la concesión de nuestro despreciable galardón (y no porque sea indigna de ello) sino este artículo publicado en la sección Aula de Cultura Virtual (me permito sugerir que cambien ese nombre por el de Haula de Kultura Birtual) de la edición digital del diario El Correo.

Si llegan a tiempo de leerlo (no tengo ni idea de cuánto tiempo se mantienen los artículos accesibles) estarán dudando si el galardonado lo ha sido por aseveraciones del tipo pseudohistórico: "Para intentar explicarlos, parto de dos premisas: la masonería operativa y la masonería especulativa. Por un lado nos encontramos con la masonería operativa, gremio de canteros que, sobre todo, construían catedrales góticas." o del tipo crédulo: "Una de sus premisas es creer en el gran arquitecto del universo, algo que cada cual entiende como considera." Pues no. Lo ha sido en concreto por esta divertida afirmación: "Siempre explicamos que, cuando el presidente de la I República, Manuel Azaña, se inició -de todos es conocida su vasta cultura-, el Venerable Maestro de la logia era un camarero de Madrid."

Si siempre explican esa burrada histórica, más vale que sigan dedicándose a mentar al Gran Arquitecto del Universo, al Diminuto Alarife del Mundo Mundial o cualquier otro ridículo apodo que quieran inventar para el supuesto ente al que los demás llamamos Dios (que es un nombre más corto y nos permite ahorrar saliva aunque reconozco que lo de G.A.U resulta más impresionante y misterioso). No dudamos, por supuesto, de la vasta cultura de D. Manuel Azaña, pero hasta los que tenemos una basta incultura sabemos que D. Manuel no fue nunca presidente de la I República que existió desde el 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874 (tomamos como fecha de su finalización el pronunciamiento militar que supuso la reintauración monárquica en la persona de Alfonso XII). Los que estudiamos (tampoco mucho, no se crean) la E.G.B. hasta nos sabemos los nombres de sus cuatro presidentes: Figueras (D. Estanislao para sus amigos), Pi y Margall (D. Francisco), Salmerón (D. Nicolás) y Castelar (D. Emilio). Como pueden ver, no aparece por ningún lado D. Manuel Azaña por la sencilla razón de que no nació hasta el 10 de enero de 1880, cinco años y doce días después de que la I República hubiera pasado a la Historia. Como lo del presidente nonato no "cuela", más vale que pasemos página y nos vayamos a la II República que es de la que sí fue presidente D. Manuel sucediendo en el cargo a Alcalá-Zamora (D. Niceto, para los amigos o tal vez para los enemigos, no lo tengo muy claro).

Mal está que D. Santiago Río no diferencie entre la I y la II República pero ¿qué se ha hecho de la venerable figura del corrector de textos, ese encargado de leer las publicaciones para eliminar ése y otros errores? Me queda la duda de si en El Correo han prescindido de ese cargo o han nombrado para él al periodista radiofónico palentino que convirtió a Juan XXIII en Juan equis-equis-uno-uno-uno haciendo dudar a su audiencia de si estaba hablando del difunto Papa o estaba dando los resultados de la quiniela.

En cualquier caso, reciban D. Santiago Río y El Correo digital nuestro galardón con el sincero deseo de que se mejoren y cuanto antes mejor.