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Escritos desde el páramo

Crítica a la pseudohistoria

Noveno misterio jocoso: Con la iglesia hemos dado (y II)

Viene de aquí
Continuemos, pues, la revisión de las afirmaciones referidas a los extraordinarios (según algunos) misterios que encierra la decoración de la iglesia de Rennes-le-Château. Es muy probable que la primera imagen que le venga a la mente a una persona que oye el nombre de esta localidad sea el demonio Asmodeo. La edición española de la obra de Gérard de Sède (El oro de Rennes. Col. Otros mundos. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1970) no encontró una ilustración mejor para decorar la portada. ¿Qué podemos decir sobre esto?
Por de pronto, la idea no es nada original. Aquí pueden encontrar el mismo motivo iconográfico del demonio sufriendo bajo la pila del agua bendita. Se encuentra en la iglesia de Saint-Malo, en Dinan (Bretaña) y está datado en el S XV. El padre Berénger no inventó nada, evidentemente. No obstante, Bretaña está muy lejos de Rennes-le-Château ¿no? Sí, pero la representación del demonio sujetando la pila (en este caso bautismal) aparece también en la cercana Colegiata de San Vicente en la localidad de Montréal de l´Aude. La repetición del motivo iconográfico ¿no debería hacernos pensar en su verdadero significado para un cristiano al margen de su localización geográfica? Se ha hablado en demasía, en el caso de Rennes, de Asmodeo, el guardián del templo de Salomón y de su tesoro, pero ¿es eso cierto?
Comencemos por el principio. ¿Quién demonios (nunca mejor dicho) es Asmodeo? Vamos a ver que nos dice Collin de Plancy en su obra Diccionario infernal [1]:
"ASMODEO... Demonio destructor el cual segun algunos demonomanicos es en los infiernos el Superintendente de las casas de juegos; siembra la disipacion y el error, él es quien poseyó á la jóven Sara de quien estaba enamorado, y la ahogó siete maridos antes que se casase con su primo Tobias."
"Los rabinos cuentan que destronó a Salomon pero que pronto Salomon le cargó de hierros, y le obligó á ayudarle á construir el templo de Jerusalen."
"Conoce también algunos tesoros que se le puede precisar á decubrir y obedécenle 72 legiones." Sin embargo, de Plancy también nos habla de su figura:
"...tiene tres cabezas; la primera, es parecida á la de un toro; la segunda á la de un hombre; la tercera, á la de un cordero; tiene cola de serpiente, patas de ganso, y un aliento inflamado; muéstrase a caballo de un dragon, llevando en la mano un estandarte y una lanza..." ¿En qué se parece esto a la figura que aparece en Rennes? En nada. Así deberíamos empezar a preguntarnos ¿es realmente Asmodeo? La respuesta se la pueden imaginar. No hay la menor prueba de que el padre Berénger quisiera que se representara a este demonio en concreto. Sencillamente, cuando se empieza a hablar de un tesoro escondido, el demonio se convierte en el diablo que conocía el paradero de los tesoros ocultos, en Asmodeo. Obviamente, si nos dejamos de historias, lo único que se representa en Rennes es un diablo con cara de estar muy cabreado por llevar sobre sí el agua bendita, una idea de una heterodoxia tal que, sin duda, merecería del cardenal Ratzinger (perdón, del papa Benedicto XVI) la condena a tomarse un par de cañas a su costa.
Si la cosa pinta mal para los misteriólogos, el tablero de ajedrez va a ser aún peor porque no existe tal cosa. La iglesia de la Magdalena sí tiene un embaldosado en damero blanco y negro (por cierto, mi catedral también) pero con más de 64 cuadros. ¿De dónde surge, entonces, lo del tablero del ajedrez? Pues de la obra de Gérard de Sède antes citada que sólo cuenta las baldosas delimitadas por una que está rota y por dos escalones para obtener así las 64 casillas de rigor, prescindiendo deliberadamente de todas las demás losas blancas y negras que hay a la derecha, a la izquierda, arriba y abajo de las señaladas (si no creen que sea posible tanto "morro" compruébenlo por sí mismos en la fotografía de la página s/n -entre la 128 y la 129 de la edición antedicha- y en las explicaciones anexas, o dedíquense a contar baldosas en esta fotografía que, pese a que sólo incluye parte del pavimento de la iglesia, éste ya tiene más de 64 casillas).
Más "misterios". Las vidrieras y las "pommes bleues". Nuevamente, nada enigmático. El padre Berénger encargó nuevas vidrieras a la casa Henri Feur de Burdeos en 1887 porque la iglesia carecía de ellas dado su estado de abandono. Los juegos de luces en determinadas fechas no tienen nada de extraño (por ejemplo, existen también en la Catedral de Chartres, San Juan de Ortega...) y, en este caso, se vincula con la festividad de San Antón, el segundo patrono de la iglesia de la Magdalena.
Por cierto, ¿recuerdan que les pedí que recordasen la fecha en la que supuestamente se escribieron los pergaminos presuntamente encontrados por el padre Saunière? Por si lo han olvidado, se atribuye su autoría al padre Bigou en la década de 1780. ¿Comprenden ahora por qué tenía capital importancia este asunto? Recapitulemos. Un texto supuestamente escrito en 1780 contiene, en clave, referencias a un demonio guardián (el supuesto Asmodeo) y a las "manzanas azules" cuando ni el uno ni las otras existían porque son obra del padre Berénger, un siglo posterior a los supuestos pergaminos. ¿Qué conclusión debemos sacar de ello? Nuevamente, que los pergaminos son falsos y que fueron realizados (con infinita torpeza) en fecha posterior al padre Saunière (pronto veremos una nueva prueba de ello cuando hablemos de la "Tumba de Jesús". Les adelanto que va a ser el episodio más divertido de toda esta historia).
¿Y la Magdalena? Ya saben que según el Sr. Fernández Bueno en boca de su maestro Geoffrey era muy extraña la representación de la Magdalena con los presuntos atributos masónicos del libro y la calavera dentro de una cueva. En efecto, es algo raro, raro, raro, pero raro de verdad. Por cierto, si se fijan en la representación de la Magdalena en Rennes verán que está adorando la cruz... en la que supuestamente no murió su presunto esposo, Jesús, (si creyéramos algo de esa empanada pseudo-religiosa y pseudo-histórica) lo que, evidentemente, no tendría el menor sentido; pero sobre esto ya volveremos mañana.
NOTA:
[1] Diccionario infernal. Collin de Plancy. Ed. Imprenta de los Hermanos Llorens. Barcelona, 1842. Págs. 79-80. La reproducción es literal sin corregir las abundantes faltas de ortografía que se encuentran así en la obra citada.
-Continuará-

Décimo misterio jocoso: Et in Babia sunt

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Antes de proseguir con la revisión de afirmaciones sobre Rennes-le-Château y sus presuntos misterios, es necesario corregir un olvido. Les había dicho que íbamos a ver quá había detrás de la hipótesis que planteaba que una inscripción que figura en el pedestal de un Calvario (CHRISTUS A.O.M.P.S DEFENDIT) junto al presbiterio de la localidad francesa pudiera querer decir Christus Antiquus Ordo Mysticusque Prioratus Sionis Defendit (Cristo defiende a la antigua y mística orden del Priorato de Sión). Comencemos por recordar que la abreviatura de Senatus Populusque Romanus (El Senado y el pueblo de Roma) no es S.P.R sino S.P.Q.R, es decir que el -que (y) también figura en la sigla. Por tanto, la abreviatura no hubiera debido ser A.O.M.P.S sino A.O.M.Q.P.S.
En realidad, ese CHRISTUS A.O.M.P.S DEFENDIT significa Christus Ab Omni Malo Plebem Suam Defendit (Cristo defiende a su pueblo de todo mal). Así, con todas sus letras, aparece en la inscripción en el obelisco de la Plaza de San Pedro, en El vaticano. Solventado este olvido podemos continuar con la portentosa historia del cuadro Los pastores de Arcadia de Nicolás Poussin.
Recordemos que las afirmaciones sobre esta obra y el San Antonio Ermitaño de David Teniers son que el padre Berénger adquirió sendas copias durante su presunto viaje a París en 1891 y que ambas serían fundamentales para comprender el enigmático mensaje de los pergaminos. Por ello, los misteriófilos buscan en ambas pinturas lecturas ocultas. Como el San Antonio parece que no da para mucho, las afirmaciones esotéricas se concentran en Los pastores de Arcadia, obra de la que se ha dicho (Y D. Lorenzo repite sin plantear el menor asomo de crítica) cosas como las siguientes:
"ET IN ARCADIA EGO
Esta inscripción sería un anagrama:
LA TUMBA DE DIOS - EL CUERPO DE DIOS
- LE CORP DE DIEU
La tendencia en el Languedoc a suprimir artículos y preposiciones dejaría así la frase:
CORPS DIEU
Pero en Languedoc, la letra "o" suena como "a", y el diptongo "eu" suena "ou":
CARPS DOU - CARDOU
El monte Cardou -que aparecía pintado en en cuadro de Poussin junto a Rénnes y el castillo de Blanchefort- ocultaría una tumba, la tumba de Dios, custodiada por el Temple y cuyo secreto había sido ocultado en los pergaminos, de lo cual también sabían determinadas corrientes vinculadas al Temple y al Priorato de Sión , y que quisieron cederla a la posteridad utilizando claves secretas de geometría.
Berenger habría descubierto la verdadera tumba de Jesús de Nazaret, y ese secreto no tenía precio, por mucho oro que le diera quién quiera que se lo diera". (Págs. 96-97)
Realmente memorable, especialmente si tenemos en cuenta que "Et in Arcadia ego" no es ningún anagrama de "Le corp de Dieu" puesto que para que una frase lo sea de otra debe usar las mismas letras. En esto caso, sobran una "t", una "g", una "n", una "i" y tres "a", y faltan una "l", una "p", una "d", una "e" y una "u".
En realidad, la frase que es un anagrama (entre otros posibles) de "Et in Arcadia ego" es "I, tego arcana Dei" (Ve -imperativo del verbo ir, no del verbo ver-, oculto los secretos de Dios) que no tiene nada que ver con lo que escribe el Sr. Fernández Bueno. No obstante, también esto necesita alguna aclaración.
Volvamos al cuadro "Los pastores de Arcadia". Vemos un grupo de tres personajes masculinos y uno femenino que leen la inscripción "Et in Arcadia ego" (Y yo en la Arcadia) en un sepulcro. ¿Qué significa esta escena? Comencemos por el principio. Para la antigüedad greco-latina, la Arcadia (aparte de ser una región real de Grecia) era el lugar en que Virgilio ambientó sus "Bucólicas" en las que retomó la poesía pastoril que ya había tratado Teócrito de Siracusa en sus "Idilios". En Virgilio encontramos pastores idealizados que cantan poemas a sus amadas o a la naturaleza en un mundo, reflejo del mito de la Edad de Oro, en que conviven hombres y seres sobrenaturales. Este género sería recuperado por la literatura renacentista ("Ninfale Fiesolano" y "Ninfale d´Ameto" de Boccaccio) para culminar en un gran éxito de la época, la "Arcadia" de Sannazaro (publicada en 1504) que haría que se extendiese la moda bucólica por toda la Europa occidental, algo a lo que tampoco fue ajena España (Garcilaso, Montemayor, Lope, Cervantes...). Ahora bien, toda esa artificiosa felicidad no excluía la muerte. En su Bucólica V, (traducida por Fray Luis de León como Égloga V) encontramos los siguientes versos:
"Y con dolor, pastores, y gemido
un túmulo poned, y en el lloroso
túmulo, aqueste verso esté esculpido:
Yo, Dafni, descansando aquí reposo;
nombrado entre las selvas hasta el cielo;
de hermosa grey pastor muy más hermoso."
De esa contraposición entre felicidad bucólica y muerte nacerá el tema del "Et in Arcadia ego" que tampoco fue invención de Poussin. Antes que él lo trató en 1618 Giovanni Francesco Barbieri, más conocido por su apodo de Il Guercino (El Bizco), en su obra Et in Arcadia ego. Como podemos ver, no hay lugar para la duda. Un par de pastores de Arcadia encuentran una calavera (símbolo de la muerte) sobre la que aparece posada una mosca (nuevo símbolo de la fugacidad de la vida). En el pedestal en que se asienta aparece la célebre frase que así adquiere su pleno significado: Et in Arcadia ego sum (Yo [también] estoy en la Arcadia) o Et in Arcadia ego vixi (Yo [también] viví en la Arcadia). Es una advertencia, puedes gozar cuanto quieras, vivir despreocupadamente... pero al final has de morir. Lejos de interpretaciones esotéricas, esta obra es un memento mori (recuerda que has de morir) muy cercano al género de las vanitas (así llamadas por la traducción latina de una frase del Eclesiastés, "vanitas vanitatum et omnia vanitas" -vanidad de vanidades, todo es vanidad-) que fue muy cultivado durante el Barroco: Pereda, Van Steenwyck, Linard...
Poussin se hizo eco de la obra de Il Guercino en dos cuadros con igual título, "Los pastores de Arcadia", y con idéntico significado. La primera versión es de 1629-1630 y en ella aún aparece la calavera aunque lejos del protagonismo que adquiría en la obra de Il Guercino, la segunda versión es de 1638-1639 y es la protagonista del asunto Rennes. Con posterioridad (1655), todavía aparecería la versión homónima de Benedetto Castiglione en la que cambia la inscripción del sepulcro que ahora es TEMPORALIS AETERNITAS (eternidad temporal).
¿A qué viene entonces tanto misterio? Pues eso mismo me gustaría saber. No obstante hay un par de asuntos que debemos aclarar, lo de que el sepulcro que representa Poussin es similar a uno que existía cerca de Rennes (esto lo veremos mañana en la próxima entrada) y lo de que el paisaje es idéntico al de monte Cardou y que el castillo representado es el de Blanchefort. Aunque no tendría nada de extraño que Poussin hubiera copiado un paisaje real (aunque por lo que sabemos de su biografía jamás estuvo por las cercanías de Rennes pudo conocerlo por un grabado, una pintura...) la verdad es que tampoco eso es cierto. Volvamos al cuadro ¿pueden identificar Vds. en él el Monte Cardou (aquí tienen otra imagen, otra más y una cuarta) y el Castillo de Blanchefort? Si es así, mi más cordial enhorabuena, porque yo no lo consigo. Claro que tampoco el Sr. Fernández Bueno lo tuvo fácil porque confiesa: "Lo cierto es que la abrupta orografía hacía practicamente imposible discernir entre unos y otros picos. Todos parecían iguales." (Pág. 137) En fin, que no quede por dar facilidades, aquí tienen la famosa tumba fotografiada desde una perspectiva similar a la del cuadro de Poussin ¿ahora ya reconocen el fondo? Intentémoslo una vez más e incluso una tercera. Vamos a ver si las imágenes (las que llevan la identificación de Tableau de Poussin -cuadro de Poussin- y Photo actuelle -Foto en la actualidad-) de esta página aclaran el entuerto. Los cartelitos ayudan bastante, la verdad. ¡Vaya por Dios! Resulta que en lo que en el cuadro de Poussin es una sola montaña con una partes más elevadas que las otras son, en la realidad, tres lugares distintos y una única identificación verdadera. Claro que tampoco las cimas de Cardou y Blanchefort son iguales en el cuadro y en la foto, que también falta en el cuadro de Poussin la cima que existe entre Blanchefort y Rennes y que las distancias no "pegan ni con cola", pero la verdad, después del conjunto de disparates que llevamos vistos sobre Rennes, esto casi parece razonable... de no ser por el pequeño detalle de la tumba, pero como ya he abusado en exceso de su paciencia, esto lo dejaremos para mañana.
-Continuará-

Undécimo misterio jocoso: Los gatos de Jesús

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"Evidentemente, uno de los puntos que mayor desesperación causó entre la comunidad de buscadores de tesoros, o de evidencias, fue el intentar conocer qué contenía la tumba del montículo, evitando en la medida de lo posible dañar su estructura. No en vano se convertía con el paso de los días en un lugar de culto al que acudían centenares de personas, convencidos de que se hallaban ante una reliquia de indudable valor espiritual, y dinerario. Pero como el alma humana en ocasiones es oscura y ambiciosa, a mediados de los años ochenta del pasado siglo un espécimen de difícil catalogación dinamitó la tumba, eliminando así el penúltimo vestigio de una trama sin igual. Y todo, para observar desconsolado cómo del interior únicamente se escapaba el aire, pues al margen del mismo, la sepultura estaba vacía." (Págs. 92-93)
Con estas palabras se refiere el Sr. Fernández Bueno a la conocida erróneamente como "La tumba de Arques" (y digo erróneamente porque estaba situada en el término de Peyrolles) de la que ya vimos imágenes en el artículo anterior. No es ésta la única mención que realiza D. Lorenzo. Dice también:
"Posiblemente, si existió, ya no halla vestigios de la tumba que reflejó en su cuadro." (pág. 137) olvidándose tanto de que ya había dicho con anterioridad que fue dinamitada a mediados de los 80 como de la ortografía y de la diferencia entre halla del verbo hallar y haya del verbo haber. Todavía volverá sobre el mismo tema para asegurar:
"Sí, allí estaba. Rodeada de varios pinos, arbustos a mansalva y un enorme nogal, una superficie de piedra rectangular con una cruz grabada a cincel. Era el último vestigio, la confirmación de que en ese lugar estuvo oculta, protegida de la maldad del hombre, la tumba de alguien muy especial..." (Págs. 138-139) Acompaña al texto una fotografía y junto a ella el siguiente comentario:
"Sobre este basamento se encontraba la tumba que pintó el enigmático Nicolas Poussin, con un paisaje muy singular al fondo." (Pág. 139)
Veamos, ¿no les suena raro que Francia que siempre se ha preocupado por proteger su patrimonio artístico permitiera la destrucción de una tumba antigua y más cuando ésta figuraba en la obra de Poussin? Siempre podemos pensar que la destrucción fue un acto vandálico, pero esto se alejaría de la realidad porque la demolición contó con el visto bueno del ayuntamiento de Peyrolles. ¿Se habían vuelto locos? No, sencillamente conocían la verdadera historia del sepulcro.
Comencemos por el principio. En 1878 Louis Fedié publicó un artículo sobre el folklore y la mitología de Peyrolles. Aunque sí habla de algunos monumentos antiguos que figuran en el folklore local (como un menhir) no dice ni una palabra sobre esta tumba. La razón para esa omisión es tan sencilla como que no existía.
En 1880 Louis Galibert adquiere la propiedad conocida como "Le moulin des Pontils" (El molino de los Pontiles) en la que estaba comprendida el paraje en que se levantaba la tumba de marras que, por ello, también es conocida como "Le tombeau des Pontils" (El sepulcro de los Pontiles). Las razones del Sr. Galibert eran de lo más prosaicas. Aprovechó el antiguo molino para construir una fábrica de entorchados para uso de los sastres militares. La corriente de agua que antes movía las ruedas se empleó para producir energía eléctrica para su uso industrial. El Sr. Galibert se transladó a sus nuevas posesiones en unión de su esposa Elisabeth.
En 1903 el albañil Bourrel de Rennes-les-Bains recibe el encargo de construir una tumba en la propiedad du moulin des Pontils, en la que es sepultada Elisabeth Galibert.
En 1921 la familia Galibert se translada a Limoux y quiere vender la propiedad, pero antes adquiere la parcela nº 647 en el cementerio de la localidad y el 12-XII-1921 hace construir una tumba reaprovechando los materiales del sepulcro de los Pontiles. Allí transladaron los restos mortales de Elisabeth Galibert.
Le moulin y los terrenos adyacentes fueron adquiridos por Emily Rivarès y su hijo, Louis Bertram Lawrence. Su madre y abuela (respectivamente) Marie Rivarès falleció en 1922 y fue sepultada embalsamada en Le moulin des Pontils. En 1931 murió también Emily Rivarès y fue enterrada junto con los cuerpos momificados de dos gatos. En 1933 Louis Lawrence quiso construir un monumento digno de la memoria de ambas mujeres y ordenó levantar el célebre sepulcro al que transladó los cuerpos de las difuntas y de los gatos. Louis Lawrence falleció en julio de 1954.
En 1988 el propietario du Moulin (que estaba hasta las narices de que su propiedad se viera invadida de continuo por toda clase de gente que iba a ver, a investigar... la tumba), el Sr. Roussett, decidió que "muerto el perro, se acabó la rabia" y demolió la tumba que de antigua no tenía nada (sólo tenía 55 años), como tampoco poseía ningún valor artístico y que, para entonces, estaba vacía (ya en 1972 se hicieron fotografías del interior que lo demuestran) al haberse trasladado los restos humanos y animales que había contenido.
Así pues cuando D. Lorenzo se refiere a que fue la "tumba de alguien muy especial", ¿debemos pensar que se refiere a las Sras. Marie o Elisabeth Rivarès o, tal vez, a los gatos momificados? Porque nadie más fue sepultado en esa tumba y, mucho menos, Jesús de Nazaret, supuesto esposo de María Magdalena.
Una y otra vez volvemos a María Magdalena. Así pues, hora es ya que nos ocupemos de este tema. Por de pronto ¿quién es María Magdalena? Los Evangelios hablan (a veces con cierta confusión) de tres personas distintas:
A) La pecadora anónima que unge los pies de Jesús. (Lucas 7, 36-50)
B) María Magdalena, de la que Jesús había expulsado a siete demonios, que forma parte de sus seguidores (Lucas 8, 1-3)
C) María de Betania, hermana de Lázaro y Marta (Lucas, 10 38-42)
Ahora es cuando viene el lío. Juan (Jn. 12, 1-8) presenta a María de Betania como protagonista de una unción en Betania después de resucitar a su hermano Lázaro. Este mismo episodio (sin nombrar a María por su nombre ni el milagro) aparece en Mateo 26, 6-13 y en Marcos 14, 3-9. ¿Es la misma unción u otra distinta de la que habla Lucas? Parece que son distintas, pero el mismo Juan (11, 1-2) identifica también a María de Betania como la protagonista de la primera unción y que, por tanto, puede ser asimilada a las pecadoras anónimas de Marcos, Mateo y Lucas. Sin embargo ¿María Magdalena y María de Betania son una misma persona? Pues sobre este tema ya hay que alejarse de los escritos evangélicos porque cuando María Magdalena adquiere protagonismo (en la Pasión y como testigo de la resurrección) no hay nada que permita esa identificación. Mateo 27, 55-56 presenta a María Magdalena como testigo de la crucifixión y en 28, 1-2 en el mismo papel en la resurrección (en ambos casos acompañada de la otra María -madre de Santiago y José-). Marcos hace lo propio en 15, 40-41 y en 16, 1-2 (en ambos casos acompañada de María -madre de Santiago el Menor y de José- y de Salomé. Lucas en 23, 49 se limita a decir que las mujeres que le acompañaban vieron la crucifixión desde lejos. En 24, 8-12 concreta un poco más y dice que eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago. Juan termina de liar la madeja y en 19, 25-28 asegura que María la madre de Jesús, María Magdalena y María de Cleofás (hermana de María, la madre de Jesús) se encontraban al pie de la cruz junto con el discípulo predilecto (según la tradición, el propio Juan). En 20,1 María Magdalena (sólo ella) encuentra el sepulcro vacío. Aparte de que esto deja en muy mal lugar cualquier intento de emplear los Evangelios como texto histórico, no permite la identificación entre María de Betania y María Magdalena que se limita a la tradición (y a la tradición latina, porque para la tradición griega son personas distintas).
Sin embargo, este follón no nos aclara qué tiene que ver María Magdalena (o María de Betania) con Francia. vamos a seguir en el terreno de la leyenda y aquí tenemos para elegir. Según la tradición oriental María Magdalena se fue a vivir a Éfeso junto a Juan y a María (la madre de Jesús). Murió allí y sus reliquias fueron transportadas a Constantinopla, al monasterio de San Lázaro. La tradición occidental es bien distinta. En el año 45 las persecuciones por parte de los judíos hacia los cristianos (muerte de San Esteban, protomártir) se recrudecieron. Con el ánimo de que murieran, los judíos introdujeron a los hermanos María Magdalena (como ya dijimos, la tradición occidental identifica a María de Betania con María Magdalena), Marta y Lázaro en una barca sin vela ni timón. Junto a ellos embarcaron Máximo, María la de Santiago, María Salomé, José de Arimatea (Grial incluido) y una sirviente, Sara. Es entonces cuando Dios obra el milagro de turno y conduce la barca hasta el delta del Ródano, en el lugar que hoy se llama (por obvios motivos) Saintes-Marie-de-la-Mer (Santas María del mar). Lázaro va a predicar a Marsella donde se establece. Máximo se traslada a Provenza donde funda una iglesia junto a una caverna llamada hoy de la Sainte-Baume (del Santo Bálsamo). A esa gruta se translada María Magdalena y allí vivirá durante treinta años en penitencia hasta su muerte. Fue sepultada en la cripta de la iglesia de San Máximo que fue enterrada en el S VIII para preservarla de la invasión musulmana. En 745 o 749 dos monjes de Vézelay fueron a recuperar las reliquias que condujeron a su localidad. Hoy sus restos se conservan en una de las más bellas iglesias románicas, Ste. Madeleine de Vézelay que durante la Edad Media se convirtió en el cuarto lugar (en cuanto a importancia) de peregrinación para la cristiandad (después de Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela). "Curiosamente" fue entonces cuando hizo su aparición esta leyenda que, evidentemente, no es más que el típico mito piadoso que intenta dar una coartada histórica a la aparición de unas "reliquias" más fraudulentas que una moneda de tres euros (como en el caso de la Sábana Santa o de la tumba de Santiago), como ya demostró Monseñor Louis Duchesne, con una actitud crítica que le valió que alguna de sus obras apareciese en el Index.
A esa leyenda (antigua pero mucho menos de lo que pretenden los autores actuales porque hablamos del S XII) ha venido a ser la panacea de todas las afirmaciones esotéricas actuales, desde que la Magdalena fue la mujer de Jesús (y eso que no dice nada que se le parezca) a que la criada Sara era la hija de Jesús y la Magdalena (aunque tampoco aparezca ese elemento en el mito para nada). Como dato curioso, esta Sara es especialmente venerada por el pueblo gitano que realiza una peregrinación anual (24 y 25 de mayo) al santuario de Saintes-Marie-de-la-Mer para sacar en procesión la escultura de Sara la Negra.
¿Comprenden ahora porqué el personaje de la Magdalena es omnipresente en toda esta zona? Pues no hay forma de que los escritores esotéricos lo entiendan. Claro que después de ver cómo la supuesta tumba de Jesús no ha contenido más que dos mujeres y dos gatos, todo lo demás parece un pecadillo venial.
Y con esto termina la crítica de la parte dedicada a Rennes-le-Château aunque no la del libro porque todavía tendremos que hablas de cátaros, templarios, Vírgenes Negras... No obstante, antes de seguir esos caminos hay un par de cosas que me gustaría hacer, la primera hablar de cómo se suprimen y añaden líneas a una traducción y, la segunda, del deplorable papel del escepticismo en español en este caso. Así que, para desgracia de todos Vds.,
-Continuará-

Duodécimo misterio jocoso: Traduttore, traditore

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Ambrose Bierce en su "Diccionario del diablo" dejó un juego de palabras en dos idiomas que se ha convertido en un clásico del humor misógino a propósito del término Belladonna y de su significado en italiano e inglés. Aunque no sé de ningún traductor tan incompetente que haya confundido ambos términos sí que hubo quién convirtió el inglés "sex-appeal" en un español "seis manzanas" que dejó la frase resultante en un galimatías.
Haciendo bueno el dicho italiano que da título a esta historia (Traductor, traidor) cualquier translación de un idioma a otro supone una pequeña traición. Hay matices que se pierden, juegos de palabras que desaparecen... incluso en las mejores traducciones. Si, además, la translación parece hecha por un programa informático, el resultado oscila entre lo penoso y lo patético.
Sin embargo, hay algo aún peor, la traducción que enmienda la plana al original. Es muy conocida la anécdota de la patosa censura franquista que en "Mogambo" consiguió convertir un adulterio en un incesto. Tal vez lo sea menos (habida cuenta de la insoportable gravedad del film) que en "Prima della rivoluzione" (Antes de la revolución) los censores cambiaron todas las referencias a Angola por Argelia (parece que no se consideró oportuna la crítica al régimen portugués anterior al "Gràndola, vila morena" y sí, en cambio, a la república francesa que ya se sabe es un baluarte de masones, rojos... y demás ralea de mal vivir).
En fin, que uno en su habitual optimismo pensaba que esto era cosa del pasado, lo que demuestra, una vez más, que soy un iluso incurable e incorregible, aunque, afortunadamente, esta vez no han tenido nada que ver las motivaciones políticas. Verán, en la obra que nos ocupa D. Lorenzo incluye la presunta traducción de Notice sur Rennes-le-Château et l´abbé Saunière (Informe sobre Rennes-le-Château y el padre Sauniére) obra del cronista René Descadeillas del que ya conocemos un texto muy similar (aunque existan algunas diferencias entre ambos), La notice Delmas.
D. Lorenzo asegura:
"Esta es una versión que pretende ser fiel al original, depositada en los archivos departamentales de Aude." (Pág. 97) Pues se quedó con la pretensión. El cotejo de la translación reproducida por el Sr. Fernández Bueno en las págs. 98-105 con el texto original antes enlazado no deja de deparar sorpresas. Por de pronto, suprime los dos primeros párrafos en los que Descadeillas hace una breve descripción de la situación geográfica de la localidad francesa así como de su crecimiento de población y posterior decadencia para concluir con un pesimista:
"Le phénomène de dépopulation qui marque la première moitié du XXe siècle a sévi ici dans toute son intensité: 103 habitants en 1946. Il est douteux qu'en ce moment Rennes ait 100 habitants, car les listes électorales ne mentionnent présentement que 76 inscrits. Dans dix à quinze ans ce pays sera à peu près désert."
(El fenómeno de despoblación que marca la primera mitad del S XX ha castigado aquí con toda su intensidad: 103 habitantes en 1946. Es dudoso que en este momento Rennes tenga 100 habitantes, puesto que el censo electoral no menciona en la actualidad más que 76 incritos. En diez o quince años este lugar estará, poco más o menos, desierto.) Descadeillas, claro, no podía saber el beneficioso efecto que tendría sobre la economía local la difusión de los mitos sobre Rennes y la gran cantidad de turistas que acudirían a su reclamo cada año, renovando la tradición medieval de las peregrinaciones a los lugares de culto que presumían de poseer reliquias fabulosas.
Sin embargo, lo más curioso es el final que "cita" D. Lorenzo:
"Pero Saunière, habiendo obtenido del obispo la "restitutio causae in integrum", fue citado de nuevo el 23 de agosto. Designó como abogado al Sr. Mis, del despacho de Limoux, y después al doctor canónigo Huguet, cura de Epiens, de la diócesis de Agen. El 15 de octubre Saunière, que no había acudido a la citación fue representado por el citado canónigo. El 5 de noviembre la sentenció exigió que el abad fuera a una casa de retiro durante 10 días, pero se libró de los ejercicios espirituales.
Un periódico religioso avisó posteriormente que Saunière no podía cantar misa a partir del 5 de diciembre de 1910. Sin embargo, poco después sería restituido en el cargo en una orden que provenía directamente de las más altísimas instancias..."
Reconozco que lo de "las más altísimas instancias" me divierte y me indigna por igual. Lo primero por obvias razones, lo segundo porque en honor de monsieur Descadeillas hay que decir que escribía un francés correctísimo en el que no hay lugar para ese "más altísimas" que hace daño a la vista. En realidad, la única cosa que es altísima es la imaginación del Sr. Fernández o de su traductor. ¿Qué dice realmente Descadeillas? Lo siguiente:
"Mais Saunière ayant obtenu de l'évêque la restitutio causae in integrum, il est cité à nouveau le 23 août. Il désigne comme avocat Maitre Mis, du barreau de Limoux, puis le docteur chanoine Huguet, curé de Espiens, au diocèse d'Agen. Le 15 octobre, sur renvoi débat contradictoire, Saunière, qui ne s'est pas rendu à la citation, est représenté par le chanoine Huguet. Le 5 novembre, la sentence exige que Saunière se rende dans une maison de retraite pendant dix jours et s'y livre à des exercices spirituels, qu'il rende des comptes à son évêque dans le délai d'un mois et qu'il lui fournisse communication des sommes exactes qu'il a indiquées dans sa défense.
Le 30 décembre, constatant que le délai est écoulé sans que Saunière se soit exécuté, l'Official le cite à comparaître devant l'évêque le 9 janvier 1911 avec ses comptes. Mais Saunière écrit à Rome pour se faire réintégrer dans la cure de Rennes, à laquelle il a renoncé volontairement en 1909 par décision écrite. Il sollicite des délais. Il n'a pas pu faire la retraite qui était ordonnée, son état de santé ne le met pas à même d'exécuter les exercices prescrits: plus encore, il est dans un état tel qu'il ne peut supporter aucune émotion. On lui enjoint impérativement de présenter ses comptes par envoi, par poste ou autrement, s'il ne peut personnellement se présenter. Il est cité à comparaître de nouveau devant l'Officialité pour avoir éludé la sentence du 5 novembre 1910.
La Semaine Religieuse et le journal l'Eclair de Montpellier publient à cette date un communiqué informant les fidèles que Saunière n'a plus le droit de dire la messe à partir du 5 décembre 1910. Il est privé de ses fonctions sacerdotales. Pour sa défense, l'inculpé n'a fourni qu'un document explicite. Le voici:"
(Pero Sauniére, habiendo obtenido del obispo la reintegración de la causa a su inicio, es citado de nuevo el 23 de agosto. Nombra como abogado al Sr. Mis, del colegio de abogados de Limoux, y después al canónigo Dr. Huguet, párroco de Espiens, en la diócesis de Agen. El 15 de octubre, tras el aplazamiento de la causa, Sauniére, que no había atendido a la citación, fue representado por el canónigo Huguet. El 5 de noviembre la sentencia exige que Sauniére se dirija a una casa de retiro durante diez días y que se dedique allí a los ejercicios espirituales, que rinda cuentas a su obispo en el plazo de un mes y que le comunique las sumas exactas que indicó en su defensa.
El 30 de diciembre, comprobando que el plazo había transcurrido sin que Saunière se hubiera resuelto (a obedecer), el Provisor le cita a comparecer ante el obispo el 9 de enero de 1911 con sus cuentas. Pero Saunière escribe a Roma para ser reintegrado a la parroquia de Rennes, a la que él había renunciado por escrito y voluntariamente en 1909. Solicita un aplazamiento. No pudo hacer el retiro que le habían ordenado, su estado de salud le impide, incluso, llevar a cabo los ejercicios (espirituales) prescritos, más aún, está en un estado tal que no puede soportar ninguna emoción. Se le ordena de forma imperativa que presente sus cuentas por envío, por correo o por otro medio si no puede presentarlas en persona. Es citado de nuevo para comparecer ante el Provisor por haber eludido la sentencia de 5 de noviembre de 1910.
La Semana Religiosa y el periódico El Relámpago de Montpellier publican es esa fecha un comunicado informando a los fieles que Saunière no tiene derecho a oficiar misa desde el 5 de diciembre de 1910. Fue privado de sus funciones sacerdotales. Para su defensa, el inculpado no suministró más que un documento explícito. Helo aquí:)
Y continúa con el listado de adquisiciones y las justificaciones que daba el padre Berénger para sus ingresos y que ya vimos cuando tratamos este tema con anterioridad. Ninguna mención desde este punto hasta el final del documento a esas "más altísimas instancias" ni a nada que se le parezca. Por cierto, las palabras con las que Descadeillas concluye su informe son el mejor epitafio posible para este asunto de Rennes:
"Le trésor de Rennes n'existe pas.
Mais le secret du curé de Rennes subsiste. Et c'est en lui que réside le mystère."
(El tesoro de Rennes no existe.
Pero el secreto del párroco de Rennes subsiste. Y es en esto en lo que reside el misterio.)
Amén, Descadeillas, amén.
-Continuará-"

Nada

El pasado siglo fue, todos los sabemos, un periodo convulso. Cualquier época de la historia lo es, pero dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría, la descolonización, innumerables conflictos tanto internos como entre dos o más países... supusieron una plusmarca difícil de batir.
Las creencias esotéricas no fueron una excepción. Del S XIX heredamos dos movimientos que alcanzaron un gran desarrollo, el Espiritismo y la Teosofía. Sin embargo, a lo largo del S XX languidecieron aunque, como suele suceder, fueron la fuente de nuevas creencias. En el Espiritismo beben la Ouija y las Psicofonías, en la Teosofía el auge de las filosofías orientales y algunos aspectos de la Ufología (teorías de Charroux, Von Däniken...)
¿Por qué las creencias nacen, crecen, se reproducen y no mueren (en sus aspectos generales aunque sí en sus detalles concretos) ni de coña? Como escéptico me encantaría poder decir que la difusión de la cultura científica, del pensamiento crítico... tienen algo que ver en ello, pero estaría mintiendo. Hay un fuerte componente de moda y cansancio que explican estos vaivenes. Sólo las creencias que llenan una necesidad de la gente pueden tener éxito, pero conforme sus seguidores van hartándose de palabras sin hechos comienzan a buscar nuevas doctrinas que satisfagan su curiosidad, o sus carencias, o...
El caso del Espiritismo es paradigmático. Comienza su difusión a gran escala con la obra de Alan Kardec ("El libro de los espíritus", 18 de abril de 1857). Pronto comienza su crítica en especial por parte de la Iglesia Católica en una escala tal que todavía hoy es fácil encontrar esos textos en librerías de viejo. Obras como "El Espiritismo en el mundo moderno" (Valencia, 1872), "El Satanismo ó sea la cátedra de Satanás combatida desde la cátedra del Espíritu Santo" por Vicente Manterola (Barcelona, 1879), "La magia disfrazada ó sea el Espiritismo" por Juan José Benito y Cantero (Madrid, 1886), "Idea clara del Espiritismo" por Juan José Franco (Barcelona, 1886)... son sólo algunos de esos títulos que se vieron acompañados por acciones más directas como quema de libros, inclusión en el Index de los libros espiritistas... Todo ello fue inútil. No sólo los textos espiritistas se multiplicaban como hongos tanto en traducciones de los autores clásicos como Kardec, Crookes, Lombroso, Alfred R. Wallace (por cierto, estos tres son conocidos científicos), Denis, Flammarion (otro científico más a la nómina espiritista)... como con las aportaciones nacionales del Vizconde de Torres-Solanot, Amalia Domingo Soler, Manuel González Soriano... sino que, además, apareció prensa espiritista como La Revelación (Alicante), Revista Espiritista (Barcelona), El Criterio Espiritista (Madrid), El Espiritismo (Sevilla)... y todo ello pese a que los más conocidos médiums fueran "pillados" cometiendo fraude (Daniel Home, Florence Cook, Eusapia Palladino...)
No importó. En 1888 se celebró el I Congreso Internacional Espiritista en Barcelona. Acudieron representantes de setenta sociedades y de diez publicaciones espiritistas españolas. El auge del Espiritismo parecía imparable y más después de la I Guerra Mundial cuando miles de personas recurrieron a los médiums para contactar con sus seres queridos trágicamente perdidos. Sin embargo, años después el Espiritismo había perdido gran parte de su fuerza. ¿Por qué? Sencillamente, el Espiritismo había hecho de Allan Kardec su Papa y del "Libro de los espíritus" su Biblia. Se había convertido en algo dogmático, su doctrina estaba fijada y ya era conocida. Su fenomenología era repetitiva. Acabó por perder su poder de atracción.
En una curiosa obra, "A.B.C. del Espiritismo" (Madrid, s/f pero poco posterior a 1925) el espiritista B.J. Bautista no deja títere con cabeza:
"Y en efecto, hubo millares de individuos que investigaron por sí mismos y recibieron las noticias que deseaban. Hubo soldados muertos, que aparecieron en sus propias casas y otros que conversaron con sus compañeros en el campo de batalla, haciéndoles advertencias muy útiles para su conservación; fijaron muchos sus imágenes en las placas fotográficas y en la zona de combate se vieron figuras solitarias y fantasmas legendarios...
Todo esto lo dice Sir Arthur Conan Doyle con la mayor ingenuidad. ¡Almas que no tienen inconveniente en hacerse una docena de retratos, no sabemos si con sentidas dedicatorias, y almas, que vienen a hacer una visita de cortesía a sus amistades antes de hacer la travesía de la laguna Estigia en compañía del adusto Caronte!..." (Pág. 49)
"En estos términos y con iguales o parecidas estupideces e incongruencias sigue y termina la profecía salvadora de Inglaterra que achaca Sir Arthur Conan Doyle, en su obra "El Espiritismo" a ese espíritu de guardarropía que se puso al habla en 1885 con los del círculo de Oxley, que dicho sea de paso, nos parecen unos guasones de poca gracia y que no nos explicamos cómo ha tomado en cuenta el ecuánime escritor aludido. A no ser, que como Sir Arthur, es padre de muchas y muy interesantes novelas fantásticas, haya pretendido esta vez seguir la serie..." (Pág. 51)
"No incluímos más relatos de soldados, porque para muestra basta un botón. Todos poco más o menos son iguales y su abundancia es enorme,..." (Pág. 53)
"Hagamos a un lado insensateces y fantasías que sólo sirven, si son de buena voluntad, para pasar el rato y si de mala, para explotar a los ignorantes." (Pág. 56)
Sin embargo, el Espiritismo, al dejar de lado los aspectos más dados al fraude y al ridículo como las manifestaciones mediúmnicas, dio alas a una creencia que ya había sido propuesta para dar explicación "científica" a los fenómenos espiritistas, la Telepatía y, con ella, a los restantes poderes mentales, PES, TK...
Podríamos seguir encadenando unas creencias con otras, pero con lo dicho basta por ahora.
Junto a estas creencias heredadas, el S XX vio surgir dos mitos extraordinarios. El primero es la Ufología que atraviesa un momento similar al de la decadencia del Espiritismo. De los primeros avistamientos de naves, se pasó a los encuentros cercanos con seres extraterrestres (creencia que había sido sostenida por el Espiritismo para el que el sucesivo perfeccionamiento de los espíritus se traducía en reencarnaciones en planetas más avanzados que la Tierra), a la reescritura de la Historia para encontrar ETs hasta en la sopa (con indudable influencia de la Teosofía) y al fenómeno de las abducciones. Sin embargo, al agotarse las novedades su capacidad de atracción parece haber mermado.
El segundo de esos mitos, es el de Rénnes-le-Château con todo lo que ha llevado aparejado y cuya capacidad de metamorfosis parece estar lejos de concluir. En 1967, la editorial René Julliard publicó "L´or de Rennes" de Gérad de Sède. Esta historia sobre un tesoro perdido (cuya identidad la relaciona con los mitos templarios y cátaros) acabó convertida en un revival del mito griálico y en una especulación sobre la descendencia de Jesús. En este cambio, hay una obra fundamental "The Holy Blood and the Holy Grail" (en España, "El enigma sagrado") de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln (1982), al que se añadirían otros como "The Templar Revelation" (en España, "La revelación de los templarios") de Lynn Picknett y Clive Prince (1997) que, de forma conjunta, inspiraron ese reciente engendro que se titula "El Código da Vinci" de Dan Brown.
Si son Vds. de las personas a las que les gusta estar informados, la lectura de cualquiera de las revistas esotéricas que se publican es España les mostrará numerosos contenidos vinculados en mayor o menor medida a estas tesis. Si otros mitos heredados del S XX están en horas bajas, estas lecturas pseudohistóricas, por el contrario, están en pleno auge.
Sin embargo, nada de todo ello se ha reflejado en la actividad de los escépticos. Con muy pocas excepciones, el mutismo sobre este tema es casi absoluto. ¿Por qué? Desde luego, no podemos argüir como excusa que esta creencia no está difundida o no tiene importancia porque, como ya vimos, su éxito actual está fuera de toda duda. Tampoco se puede aducir una falta de tiempo para preparar una respuesta adecuada dado que las publicaciones en español de las obras citadas se produjeron en 1970, 1985 y 1998 respectivamente (vamos, que de novedad no tienen nada). Es increíble, de igual forma, una falta de capacidad porque, lo hemos visto en los artículos precedentes, el asunto Berénger tiene más agujeros que una manta apolillada. Por último, tampoco parece que podamos ampararnos en una falta de información porque muchos de los documentos necesarios para desmontar esas lecturas esotéricas está accesible en Internet a través de una simple búsqueda (y, además, Rennes está muy cerca de España).
¿Por qué, entonces, esa falta de respuesta? La única explicación que encuentro es la falta de voluntad. Sin embargo, esa justificación encierra en sí misma una grave acusación. Puesto que el escepticismo español ha sido capaz de tratar otros temas (Ufología, Astrología, Homeopatía...) ¿por qué falta la voluntad en este caso concreto? Tienen varias respuestas para elegir, es un tema que no interesa, es un tema del que se evaluó mal su verdadera importancia, es un tema desconocido. Cada una de ellas, sin embargo, nos conduce a callejones sin salida.
Si el tema no es interesante para el escepticismo hispano ¿qué pretende éste? Porque el escepticismo, según todas las proclamas de asociaciones y particulares, pretende ser útil a la sociedad. Si ésta consume este tipo de escritos por centenares de millares (contando "El Código da Vinci" por millones) y nadie brinda la otra cara de la moneda ¿qué utilidad pública estamos desarrollando?
Si se evaluó mal su verdadera importancia, más vale que nos dediquemos a otra cosa porque eso significaría que estamos desvinculados de la realidad de una forma total y absoluta (algo que, por cierto, está más cerca de la verdad de lo que me gusta admitir, pero cuando el esoterismo está en la calle y el escepticismo se recluye en los claustros universitarios pasan estas cosas).
Si es un tema desconocido, nuevamente más vale que nos dediquemos a otra cosa. Las clases de "rennología" no se imparten en ninguna universidad. Para saber de este tema basta con preocuparse de buscar información (que, reitero, es fácilmente accesible) luego, si hay desconocimiento es, nuevamente, por una falta de interés con lo que entraríamos en una justificación de tipo circular.
Éste es el triste balance del asunto Rennes. El escepticismo español está totalmente falto de norte. Sólo funciona por impulsos personales que, como tal, no responden a las demandas sociales (por mucho que se pretenda lo contrario) sino al interés particular y, por desgracia, éste no suele corresponder a temas históricos dado que el escepticismo se considera como algo indisolublemente ligado al método científico (una chorrada impresionante, pero así es).
¿Y el futuro? Pues más negro que los cojones de un grillo. Lo siento, pero si alguien esperaba un final feliz no lo va a tener. Es más, todo lo que han leído hasta este momento sobre Rennes está anticuado y no sirve para nada como contestación a las actuales teorías sobre Rennes-le-Château. El Sr. Fernández Bueno va con quince años de retraso así que la contestación a sus afirmaciones también, pero hoy en día nadie (bueno, casi que algún nostálgico siempre queda) va diciendo cosas como que Jesús estuvo enterrado en "le tombeau des Pontils", que el contenido de los pergaminos es auténtico... No, las actuales investigaciones esotéricas sobre Rennes se encaminan por investigaciones sobre la relación de los diversos personajes (por ejemplo, de Alfred Saunière, el hermano de nuestro párroco) con movimientos masónicos y/o ocultistas. Ya les advertí que la capacidad de mutación de este asunto es asombrosa.
¿Moraleja? Pues que el escepticismo español queda muy bonito, organiza cursos universitarios para convencer a los que ya están convencidos, edita publicaciones para convencer a los que ya están convencidos y escribe blogs para convencer a los que ya están convencidos. Es decir, es un monumento al absurdo. En cualquier otro caso tampoco serviría para nada (lo de convencer de algo a quién no quiere ser convencido no suele dar buen resultado), pero al menos, y como dicen en "Zorba el griego": "Si ha de ser una derrota, que sea al menos una derrota grandiosa." Ahora, estamos abocados a una derrota de chiste (y como tome el relevo de las actuales generaciones de escritores esotéricos, alguien que sepa de qué habla nos deja a todos en pelotas en 5 minutos y le sobrarían 4) ¿Pueden cambiar las cosas? Pueden, y deben hacerlo. Ante un escepticismo elitista, faltón e ignorante tiene que surgir un escepticismo que baje a la calle, dialogante porque los escritores esotéricos y los escépticos nos necesitamos mutuamente, y que se preocupe por comprender (que no implica compartir) aquello de lo que hablemos con una postura crítica pero cercana a disciplinas como la Sociología y la Etnología más que a las Ciencias puras. Ése es el reto, y algunos estamos dispuestos a aceptarlo aunque eso implique convertirnos en blanco para unos y para otros.
Dicen que en Waterloo, cuando la batalla estaba perdida, los ingleses ofrecieron la rendición a lo que quedaba de la guardia mandada por Cambronne. Según las versiones puristas, éste respondió: "La guardia muere, pero no se rinde." Según otros, lo que realmente dijo fue: "¡Mierda! La guardia muere, pero no se rinde." Así que imito a Cambronne (que, por cierto, sobrevivió a la batalla aunque tan malherido que le dieron por muerto en un principio) y grito ¡Mierda!

Apostillas al nombre de Rennes

Viene de aquí
Ya llegó, ¡¡¡por fin!!! la hora de despedirnos de Rennes-Le-Château. Si han llegado hasta aquí (además de tener más paciencia que el santo Job) creo que puedo suponer que les interesa esta tema. Como éste no se agota con lo aquí escrito (que se ha limitado a ser una respuesta a las afirmaciones del Sr. Fernández Bueno y no un estudio en profundidad sobre este caso), puede que les venga bien el tener una recopilación de direcciones en las que podrán acceder a mucha más información además de permitirles contrastar lo que yo he dicho (no supongan que no estoy equivocado porque eso sería un error).
PÁGINAS GENERALES:
Rennes-le-Château, la página de Octonovo (en francés). Imprescindible.
El Priorato de Sión, la página de Paul Smith (en inglés). Documentación y artículos sobre el caso Berénger y sobre el Priorato de Sión.
Rennes-le-Château, la página de Mariano Tomatis (en italiano). Otro lugar magnífico para acceder a documentación y estudios sobre el tema.
Rennes-le-Château, la página de Bernardo Sanchez da Motta (en portugués). Muy bien estructurada en capítulos temáticos, constituye una magnífica introducción al tema.
ESTUDIOS TEMÁTICOS:
La contabilidad del Padre Sauniére (en francés).
Las vidrieras de la iglesia de Rennes (en francés).
Comparación entre el Via Crucis de Rocamadour y el de Rennes (en francés). Completen este trabajo con esta imagen, una segunda y una tercera del Via Crucis de la iglesia de Espéraza, obra de la fábrica Giscard como los anteriores.
El sepulcro de los Pontiles (en inglés).
Los falsos pergaminos de Rennes 1 y Los falsos pergaminos de Rennes 2 (en inglés).
DOCUMENTOS:
El informe Delmas de René Descadeillas (en francés).
Informe sobre Rennes-le-Château de René Descadeillas (en francés).
Contrato Berénger-Giscard (en francés).
Apuntes sobre la venta de misas (en francés).
Una excursión a Rennes-le-Château (en francés). Sobre la primera lápida de Marie de Negre.
Los pergaminos y las genealogías supuestamente encontrados por el padre Berénger.
OTROS SITIOS:
Archivos del departamento de l´Aude En ellos se conservan la mayoría de los documentos relacionados con este caso.
RENNES-LE-CHÂTEAU EN LAS ORGANIZACIONES ESCÉPTICAS:
CSICOP (en inglés).
CICAP (en italiano).
Cercle Zetetique (en francés).
RENNES-LE-CHÂTEAU EN ESPAÑOL:
ARP-SAPC
El Código da Vinci y Rennes (Traducción del italiano)
Los secretos de Rennes-le-Château (Traducción del artículo antes enlazado en CSICOP)
LIBROS SOBRE RENNES:
Bibliografía sobre el caso Rennes.
Pues ahora sí que hemos terminado con este asunto y podemos seguir con nuestra crítica al libro del Sr. Fernández Bueno, así que
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (I)

Viene de aquí
Después de no dejar títere con cabeza en Rennes-le-Château, D. Lorenzo prosigue con su viaje iniciático. Comienza por visitar el centro esotérico de un tal Saqbel Zos (no me pregunten quién es en realidad porque no tengo ni idea) en una nueva muestra de la capacidad de sacrificio de nuestro autor. La narración de lo sucedido allí es realmente estremecedora. Lean, lean:
"Al penetrar en el interior las miradas se perdían entre los humos antagónicos de una espesa nube de hachís. La estética de aquel lugar era más cercana a la de un lupanar barato que a un centro espiritual." (Pág. 149)
Por si los porros y la pinta de puticlub de todo a 100 fueran poco motivo de alarma (servidor hubiera puesto pies en polvorosa sin esperar a más) la descripción de su anfitrión es para conservarla en la memoria:
"De no ser consciente de lo que hacía allí, hubiera pensado que ese hombre delgado y palúdico me odiaba como solo se puede odiar a un enemigo." (Pág. 150) No me pregunten qué quiso decir el Sr. Fernández Bueno al calificar a Saqbel de "palúdico" porque, nuevamente, no tengo ni idea. En fin, esperemos que no hubiera por allí algún mosquito anofeles despistado...
Como pueden suponer, de estos polvos vienen unos lodos considerables. D. Lorenzo se traga un "líquido infecto" que le hace "viajar" sin necesidad de coche, avión ni carrito de los helados. Los primeros efectos consisten en:
"Pese a todo ello era plenamente consciente de lo que aquel gurú me estaba espetando. Y en contra de toda lógica, él, que hacía unas horas reflejaba las virtudes propias de un santón, a cada segundo iba mutando desde mi percepción en un personaje horrendo y detestable al que en otras circunstancias, fuera de todo control, hubiera golpeado hasta la saciedad." (Pág. 151) No obstante, no deben preocuparse ni por el gurú ni por el escritor porque la sangre no llega al río. Con la mente abierta gracias a la pócima, D. Lorenzo hace tres preguntas:
"-¿Cuál es el secreto?
-El heredero.
-¿Dónde se encuentra?
-En el camino, seguro..." (Pág. 151)
No se crean que el Sr. Fernández Bueno no sabe contar hasta tres. Hace una última pregunta, pero la respuesta es tan estremecedora que, de momento, la oculta. Después de tanto sacrificio por la causa, D. Lorenzo se despierta en la habitación de su posada gracias al "canto armonioso de un gorrión" (¡qué bonito toque bucólico!). Eso sí, entre uno y otro episodio ha perdido un día.
En ese momento, el Sr. Fernández Bueno recuerda un "emilio" que le envió su mentor, Geoffrey, y nos lo transcribe. Su contenido es realmente portentoso:
"Querido amigo.
Se dice que cuando la toma de Montségur, por la noche un pequeño grupo de personas escapó de la fortaleza llevándose un tesoro. Ese "tesoro" eran dos niños, uno de ellos muy importante por el linaje de "sangre real" al que pertenecía.
Una de las personas que escapó de la fortaleza y proporcionó los medios para la huida con los niños fue el bailio del Temple de la cercana fortaleza de Rénnes-le-Château.
Parece que no es arriesgado pensar que el templario ocultara al niño en su encomienda. Un lugar cercano, tranquilo y seguro.
Como sabes, años después un cura curioso encontró unos manuscritos que se referían a unas genealogías.
Pásalo bien.
Non Nobis..." (Pág. 153)
Y digo que es portentoso porque tal sucesión de chorradas bate la propia plusmarca de D. Lorenzo (lo que indudablemente excede de lo corriente). ¿Por qué? Pues por varias razones. Veamos. Durante el asedio a la fortaleza cátara de Montségur se sabe que escaparon varias personas en distintas ocasiones. Las primeras fueron los hermanos Pierre y Matheus Bonnet que pusieron a buen recaudo el tesoro de los cátaros que no consistía en ningún niño sino, de acuerdo con la declaración que realizó Imbert de Salles ante la Inquisición después de la caída del castillo, en "oro, plata y una infinita cantidad de monedas" [1] (Pág. 212) en la Navidad de 1243. Según el mismo testigo (que era sargento de la guarnición de Montségur) su destino era la cueva de Lombrives o una gruta fortificada del Sabarthès.
Con posterioridad, durante la tregua previa a la rendición de la fortaleza (del 2 al 16 de marzo de 1244) huyeron cuatro personas más. Los nombres de tres de ellas, según algunos, eran Hugo, Poitevin y Amiel Aicard (se ignora el del cuarto). Según la declaración de Arnaud-Roger de Mirepoix ante la Inquisición: "para que la Iglesia de los herejes no perdiera su tesoro que estaba escondido en los bosques y ellos sabían en qué lugar..." [1] (Pág. 212) Nadie menciona niño alguno ni de "sangre real" (ya veremos de qué va esto) ni de sangre plebeya, como tampoco Rennes-le-Château ni bailío templario alguno.
Esta doble evasión de Montségur, no obstante, ha hecho correr ríos de tinta esotérica. Si Pierre y Matheus Bonnet ya habían puesto a buen recaudo el tesoro cátaro ¿por qué tuvieron que escapar después cuatro Perfectos? Las especulaciones son múltiples, que si los primeros transportaban el tesoro material mientras los segundos pusieron a salvo el tesoro espiritual (según los gustos, evangelios apócrifos, el Grial, un Diálogo de Platón inédito...), que si la abuela fuma... La cuestión, como suele suceder, tiene una explicación mucho más prosaica. El oro cátaro estaba a salvo... relativamente. Con la caída de Montségur era fácil prever lo que iba a suceder a continuación, la derrota de la herejía en todo el Languedoc. En esas circunstancias, el tesoro volvería a poder caer en manos del enemigo. Se imponía una solución del problema y eso es, probablemente, lo que tenían que realizar esas personas. Según algunas tradiciones, el oro cátaro acabó en Italia y sirvió al doble propósito de financiar las iglesias herejes de Lombardía y de ayudar económicamente a los refugiados occitanos pasados y futuros (a partir de la caída de Montségur el nuncio Pierre Maurel, de Aurillac, organiza la emigración a Italia). En 1260, el Inquisidor Raniero Sacconi considera que no llegaban a doscientos los Perfectos que se mantenían aún en las áreas de Toulouse, Albi, Carcassonne y Agen. [1] (Pág. 215) Según esas tradiciones, las personas que condujeron el tesoro a Italia fueron "Hugo, Mathieu, Peytavi y Sabatier" [2] (Pág. 165) Si consideramos que Matheus y Mathieu son el mismo nombre y que lo mismo sucede con Poitevin y Peytavin, encontramos que coinciden tres de los cinco nombres de los huidos de Montségur. Pero dejemos el peligroso terreno de las tradiciones para centrarnos en algo más documentado y, por tanto, más sólido, la supuesta presencia de un templario entre los fugados.
Dejemos de lado la inexistencia de documentación que sostenga ese asunto porque siempre puede pretenderse que el cuarto Perfecto escapado de Montségur (cuyo nombre se ignora) era, precisamente, el templario del bailío de Rennes-le-Château. Podríamos aceptarlo de no ser por un pequeño detalle, que en Rennes-le-Château no había ningún establecimiento del Temple en esa época. ¿Cómo? Pero si Baigent, Leigth & Lincoln aseguran:
"Unos cuantos kilómetros al sudeste de Rennes-le-Château, por ejemplo, se alzaba otro pico, llamado Bézu, coronado por las ruinas de una fortaleza medieval que otrora fue una preceptoría de los caballeros templarios. En un tercer pico, a cosa de kilómetro y medio al este de Rennes-le-Château, se alzan las ruinas del castillo de Blanchefort, hogar ancestral de Bertrand de Blanchefort, cuarto gran maestre de los caballeros templarios..." [3] (Pág. 27) ¿están nuevamente equivocados?
Comencemos por Blanchefort. Bertrand de Blanchefort fue el sexto gran maestre de los templarios (1156-1169). Fue hijo de Godefroy de Blanchefort. Su familia no tenía nada que ver con el castillo de Blanchefort cerca de Rennes porque era de la Guyenne. Por tanto ni fue éste su hogar ancestral ni puñetas. Por la misma razón, la familia Blanchefort (la de Rennes) que apoyó a los cátaros, nada tuvo que ver con la del templario Bertrand de Blanchefort (o Blanquefort). Se cae, por tanto, la pieza principal del tinglado cátaro-templario al que tan aficionados son algunos. Después de esta sensacional metedura de pata, seguimos con el castillo de Bézu.
Loa señores de Bézu (o Albedun, Albezu o Albezus) están documentados desde 1060. Aparecen Pierre I y Bernard I de Albedun. Durante los S XII y XII aparecen en distintos documentos los nombres de Pierre II, Bernard Sermon I, Bernard II, Bertrand I y Bernard Sermon II. En 1151 Bernard Sermon I hace una importante donación de dinero a la orden del Temple (también las realiza a otras órdenes religiosas), pero no les dona su señorío. Al contrario, en una decisión extraña por infrecuente, es el Temple el que entrega la administración de la villa de Espéraza (mientras viva) a Bernard Sermon.
En 1210, durante la cruzada contra los cátaros, la familia de Albedun es partidaria de éstos. Simon de Montfort encuentra el castillo abandonado por el entonces señor, Bernard Sermon II. No obstante, al no haber presentado batalla se le permite mantener su hacienda. Bernard Sermon II se envalentona y presta cada vez un apoyo más descarado a los cátaros hasta que en 1229 oculta a un importante obispo, Guilhabert de Castres. En 1231 el Rey lo desposee de su señorío y lo entrega al cruzado Pierre de Voisins, confirmando esa donación en 1248. Por tanto, en la caída de Montségur, el castillo de Bézu, lejos de ser un lugar seguro para nadie que tuviera que ver con el catarismo era un peligro porque estaba en manos de sus enemigos.
En 1307, Othon d´Aure vivía en el castillo. En esa fecha es acusado por fabricar moneda falsa. Esta acusación se repetiría en 1344 contra Brunissende, la esposa de Jacques de Voisins, su yerno, Guillaume de Cathala, y contra otros nobles.
Sólo queda la posibilidad de que se donara de forma temporal el castillo de Bézu al Temple entre 1292 y 1307, pero esa hipótesis no influye para nada en la cuestión que nos ocupa y que es que en 1244-45 ningún templario de Rennes-le-Château tuvo nada que ver en Montségur por la sencilla razón de que no había establecimientos del Temple en la localidad en esos años.
¿Algo más? Pues sí. Si alguien quería que un niño pasara inadvertido, lo último que podía hacer con él era conducirlo a una propiedad templaria por la sencilla razón de que el Temple, como Orden Militar que era, normalmente no admitía niños:
"Pues quien desea entregar eternamente a su hijo a la orden de la caballería debería criarlo y educarlo hasta el momento en que sea capaz de empuñar las armas con vigor, y librar a la tierra de los enemigos de Jesucristo. Que el padre y la madre lo lleven entonces a la casa y den a conocer su petición a los hermanos; y es mucho mejor si no hace el voto cuando sea niño, sino cuando sea mayor, y es mejor si no lo lamenta que si lo lamenta." [4] (Pág. 37)
El que después de ese desconocimiento de la historia y la Regla de los templarios, coloque al pie del mensaje la frase "Non nobis..." que no es sino el comienzo del lema del Temple: "Non nobis, Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam." (Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino para dar gloria a tu nombre) es tan sólo la guinda que da culmen a un montón de despropósitos (y eso es, apenas, el comienzo porque a continuación se mete de lleno en el tema de los cátaros, lo que nos va a proporcionar nuevos momentos de diversión).
NOTAS:
[1] Citado en Los cátaros. Paul Labal. Traducción de Octavi Pellissa. Ed. Crítica. Barcelona, 2000.
[2] Citado en La verdadera historia de los cátaros. Anne Brenon. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Ed. Martínez Roca S.A. Col. Enigmas. Barcelona, 1997.
[3] El enigma sagrado. M. Baigent, R. Leigh & H. Lincoln. Traducción de Jordi Beltrán. Ed. Círculo de Lectores por cesión de Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001.
[4] Citado en El código templario. J. M. Upton-Ward. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000.
BIBLIOGRAFÍA:
La historia del castillo de Bézu pueden encontrarla aquí en un magnífico trabajo titulado "Albedun et son histoire XI-XV siècles" de Blandine Sire.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (II)

Viene de aquí
Antes de continuar y puesto que estamos hablando (y continuaremos con ellos por un tiempo) de los cátaros y Vds. no tienen la menor obligación de saber quiénes eran estos "buenos hombres" (nunca mejor dicho), me permito recomendarles que visiten estos artículos en la página de Zkeptik en los que podrán encontrar respuestas claras a las dudas que puedan tener sobre ellos.
Los cátaros: más acá del mito (I)
Los cátaros: más acá del mito (II)
Los cátaros: más acá del mito (III)
Los cátaros: más acá del mito (IV)
Los cátaros: más acá del mito (y V)
Después de que disfruten con este magnífico ejemplo de cómo deben escribirse artículos sobre Historia desde un punto de vista escéptico (con amenidad, rigor, sencillez y contestando a las afirmaciones pseudohistóricas que estén de moda en cada momento) podemos proseguir con D. Lorenzo y sus cátaros superhipermegaguay del Paraguay.
Siempre me ha sorprendido la manía de algunos por convertir en angelicales cuantos movimientos históricos hayan sido machacados por las "fuerza de la opresión" (es especial si esa fuerza es la de la Iglesia Católica). Precisamente en los capítulos que nos quedan por comentar de "Los guardianes del secreto. La revelación del mayor enigma de Occidente" hay un claro ejemplo de esa hagiografía de los perseguidos referida a cátaros y a templarios-francmasones. Sin embargo, vistos desde una perspectiva actual (que, recordémoslo, no es coincidente con la visión de su propia época) unos y otros presentan unas inmensas sombras. El ocultarlas por un concepto mal entendido de solidaridad con el perseguido sólo conduce a la no comprensión de la Historia. Por ello, podrán leer afirmaciones que dejan en mal lugar a cátaros y a templarios. No las entiendan como un intento de justificar su aniquilación porque no son tal, sino como el tributo que debemos pagar a la objetividad y la veracidad aunque todos sintamos simpatía por la épica de los derrotados. Una vez hechas las aclaraciones pertinentes, podemos proseguir.
Después de reproducir el desternillante "emilio" de Geoffrey del que hablamos en la historia anterior, el Sr. Fernández Bueno se va a Montségur. Como no puede ser menos (joder con lo políticamente correcto) D. Lorenzo da una visión idílica del catarismo:
"De manera tan simplista describían las enciclopedias la filosofía que reinó la Occitania durante más de dos siglos, para mayor gozo y manifiesta prosperidad de los habitantes que libremente se acogieron al nuevo movimiento.
Hubo un tiempo en que la fantasía se materializó en un pedazo de tierra cuyas gentes carecían de prejuicios fanáticos. Hubo un tiempo en el que ese mismo pedazo de tierra fue la envidia de una Europa salvaje y consumida por sus propios males entre los márgenes despiadados de la Baja Edad Media. Una región codiciada por todos, y por todos repudiada, heredera de la cultura de Oriente y Occidente, ajena a un mundo que no les pertenecía." (Pág. 154)
"El Languedoc había alcanzado un nivel de prosperidad tal que le convertía en una región al margen del resto del territorio galo, una pieza muy codiciada y cada vez más alejada cultural y económicamente de su entorno, algo que los monarcas veían con evidente malestar. En aquellas abruptas montañas convivían en un ejemplo de tolerancia propio de Al-Andalus musulmán, judíos, arrianos, cristianos, y por supuesto, los cátaros.
Protegido de los avatares de una época fascinante y convulsa, el Languedoc se ocultaba tras la formidable cordillera pirenaica, inmerso en una evolución social, filosófica y religiosa sin parangón hasta la fecha." (Pág. 155)
"Aquellos extraños predicadores que siempre iban en parejas, se acercaban a las poblaciones más recónditas, a los grandes núcleos urbanos... con el fin de mostrar su concepción del Evangelio, haciendo gala de una humildad y pobreza que contrastaba con la lujuriosa ambición de los ministros de Dios, obispos y prelados que confundían la riqueza espiritual con la material. Vestidos de negro, con su verdad siempre clara y transparente, los nuevos misioneros participaban en la vida de los feligreses, trabajaban cuando había que trabajar, compartiendo las bienaventuranzas, y por supuesto los miedos y tristezas. La integración religiosa era mucho más directa, y el intermediario, mucho más humano." (Pág. 157)
La serie de tópicos sobre los cátaros continúa, continúa... pero, curiosamente, en ningún momento explica el Sr. Fernández Bueno qué es un cátaro, en qué creía... como tampoco ofrece ningún tipo de prueba para sus afirmaciones. En realidad, la nueva doctrina (para la Iglesia herejía) de novedosa tenía más bien poco porque se basa en algo tan antiguo como el dualismo que no es más que un intento de responder a una pregunta lógica: si Dios (o los dioses) son buenos y han creado el mundo ¿por qué existe el mal?
En el S XI en Occidente comienzan a aparecer casos de herejías con unos rasgos comunes. En el año 1000 el campesino Leutard está labrado el campo en Vertus cuando tiene una revelación celestial. Fruto de ella, expulsa a su mujer de su casa para vivir en castidad y rompe la imagen de Jesús en la iglesia del pueblo. Detenido y condenado por herejía, Leutard se suicidó. Entre los años 1017 y 1022 en la zona de Toulouse existían grupos de herejes que negaban la cruz y el bautismo, practicaban la castidad y se abstenían de comer algunos alimentos. En 1022 en Orleans estalla un gran escándalo por la importancia de los herejes implicados, el canónigo Lisois, del capítulo catedralicio, y Étienne, confesor de la reina Constanza, aseguran que Cristo no pudo nacer de María y niegan la Pasión y aseguran que los dones del Espíritu Santo pueden transmitirse por una imposición de manos. Ambos fueron arrojados a la hoguera junto con sus discípulos por orden del rey Roberto el Piadoso. En 1025 aparece un nuevo foco en Arras. Los herejes sostienen que la salvación no puede proceder de sacerdotes indignos que emplean cosas materiales. Niegan, por tanto, el bautismo, la unción sacerdotal y la eucaristía. La cruz, las reliquias, los templos y la propia estructura de la Iglesia no tienen ningún valor. Practican la no violencia, viven en comunidades igualitarias y repudian el matrimonio. En 1028 sucederá en Monteforte (Italia). También rechazan la misa y la eucaristía. Niegan la Trinidad y el bautismo. Condenan el acto sexual y el comer carne. Cristo no se encarnó, era un espíritu inmaterial. La justicia civil les obliga a escoger entre la retractación y la hoguera. Optan por el fuego. Entre 1043 y 1048 cerca del pueblo de Leutard existen comunidades que rechazan el matrimonio y son vegetarianos. En 1052 en Goslar (Alemania) se ahorca a gente de Lorena por negarse a matar animales. ¿Qué estaba sucediendo? Todavía hoy se discute si esos movimientos estuvieron conectados o no. Hay razones para sostener ambas hipótesis. Por ejemplo, se dice (el cronista le Glabre) que los sacerdotes de Orleans fueron conducidos a la herejía por una mujer italiana y se sabe que el jefe de la comunidad de Arras era un italiano de nombre Gandulfo, pero los casos de Leutard y Monteforte son locales. Debemos a Paul Labal en su obra "Los cátaros" (Ed. española en Crítica. Barcelona, 2000) el haber encontrado un nexo común a todos estos casos, la influencia cultural del Renacimiento carolingio. La razón para ello es que durante ese periodo se copiaron, tradujeron... textos desconocidos (o casi) en Occidente entre los que figuraban escritos neoplatónicos. La fusión entre los elementos filosóficos griegos y las creencias católicas fue el caldo de cultivo de estas herejías que tienen en común el desprecio del mundo material (recuérdese que para Platón el universo material es la creación necesariamente imperfecta del Demiurgo que toma como modelo las Ideas) que es una cárcel para el alma. Esta consideración de lo material no ya como algo imperfecto sino como algo corrupto lo volveremos a encontrar muy pronto y de forma aún más extrema. Incluso el caso más aparentemente inconexo de este contexto cultural (el del labrador Leutard) no lo es tanto si atendemos al relato de su revelación. Según dijo, su visión consistió en que se quedó dormido. Entonces un enjambre de abejas se le metió por el culo y le salió por la boca. Tras haberle martirizado de esa forma, se pusieron a hablarle y le revelaron cosas portentosas. Después de eso expulsó a su mujer de casa. Si prescindimos de lo que hay de risible en esa narración (algo difícil, lo reconozco) existe una relación entre abejas y repudio de la mujer. No parece que sea una coincidencia que en esa época se considerara a la abeja con una doble simbología, la de la elocuencia y la de la castidad. Esto último se debe a que San Isidoro, San Ambrosio y Alcuino consideraban que la abeja se reproducía sin necesidad de acto sexual. Cuando le preguntaron a Gerardo (el líder del grupo de herejes de Monteforte) que cómo seguiría existiendo la humanidad si se dejaba de practicar el sexo éste contestó que los hombres cuando renunciaran a la corrupción del sexo se reproducirían como las abejas, sin coito. Si en el caso de Gerardo pudo acceder a estas ideas por sí mismo, en el caso de Leutard más parece que las adoptara por alguna mala interpretación de algún sermón escuchado ya que la demonización del sexo era entonces algo aún más frecuente que hoy.
Si Escoto había pretendido que la división sexual existía por culpa del pecado (según él, si no fuera por eso el hombre se reproduciría como los ángeles, de golpe. Ahora hay un hombre y ¡pum! ahora hay dos) ¿qué podría pensar el pueblo de que los sacerdotes frecuentemente estuvieran casados? (la norma del celibato sacerdotal era frecuentemente vulnerada, lo que entonces se conocía como nicolaísmo). Pues que incurrían en pecado ellos mismos y que, por tanto, eran indignos de ejercer de intermediarios entre Dios y los hombres. Tanto más cuando al nicolaísmo se unía, con frecuencia, la simonía (es decir, la compra de un cargo eclesiástico). Lujuria y avaricia que debían ser contrarrestadas con la castidad y la pobreza. La reacción a los errores de la Iglesia fue tanto interna (reforma gregoriana) como externa (herejías) aunque aquélla, posiblemente, no hubiera existido sin éstas. Cuando la Iglesia asiste entre el desconcierto y la represión al surgimiento de las herejías es entonces cuando toma conciencia del problema. De momento el tema quedó solucionado. Las herejías desaparecen durante cincuenta años. Cuando vuelvan, lo harán de una forma mucho más peligrosa porque entonces sí formarán un todo organizado que desafiará a la Iglesia. A partir de ese momento, sí podremos hablar de cátaros.
-Continuará-