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Escritos desde el páramo

Haciendo enemigos (II)

Por supuesto, faltaría plus, cada una de las asociaciones se rasga las vestiduras (sotanas, túnicas de mago o batas de laboratorio) denunciando las injerencias ajenas mientras ignora las propias. Por ejemplo, nuestra imaginaria Asociación pro Museo... no dejará de protestar porque los Servilleteros estén pretendiendo demostrar científicamente (o algo así) sus creencias bien sea en forma de Santa Servilleta, de aparición de la Virgen de la Leche, de curación milagrosa de unos juanetes... pero no perderá ocasión de meterse ella misma en terrenos que nada tienen que ver con las leyes físicas como la moral católica, el nuevo papa...
Cada uno de nosotros emplea las tres formas de pensamiento como estima conveniente, sin exclusividades de ningún tipo. Sin embargo, cuando esos pensamientos se proyectan a un nivel social y son defendidos (o tal vez ofendidos) por diversas entidades, esta situación cambia radicalmente. No es que cada una crea tener razón en los campos que les son propios, es que abrigan idéntica pretensión en terrenos completamente ajenos y esto es un inmenso error porque ninguna de ellas está en posesión de la verdad.
¿Cómo? ¿El pensamiento crítico no es la leche condensada en verso alejandrino? La crítica es una magnífica herramienta pero ni garantiza que aquello que pase la criba de la duda metódica sea cierto ni tampoco que aquello que no la pase sea falso, porque dudamos de acuerdo a nuestros conocimientos en cada momento. Conocimientos que ni son completos ni son absolutos y, por tanto, pueden verse corregidos en cualquier momento.
Por otra parte, al estar hablando de una dimensión social ¿lo único que importa es la verdad? Por encima de cualquier otra consideración la sociedad la formamos personas con sueños, anhelos, sentimientos... y frustraciones, desilusiones y dolor. Si alguien encuentra consuelo, un motivo para la esperanza, un poco de placer o, quizás, tan sólo una mera distracción en algo que no es cierto ¿tengo yo derecho a impedirle su libre acceso a una creencia por falsa que ésta sea? Porque no es sólo que tenga derecho a pensar lo que quiera (faltaría más) es que también tiene derecho a expresar su credo por todos los medios a los que logre acceder.
Y no, no es que haya que limitar el derecho a la crítica confundiendo ésta con una vulneración al derecho de expresión porque no lo es, aunque algunos confundan el culo con las témporas y cada vez que les cae un "palo" empiecen con lamentos jeremíacos, que si la nueva Inquisición, que si la quema de brujas, que si te voy a meter una querella por la vía administrativa, la vía penal y la vía Layetana... Lo malo es que puestos a confundir, algunos creen que la crítica consiste en impedir que determinadas creencias se manifiesten en determinados ámbitos.
Volvamos a nuestras imaginarias asociaciones. Supongamos que Fulanito Contactado Psicofónico, el célebre autor de "Mi cara en Bélmez", "La Atlántida en Segovia"... y otros títulos igualmente divertidos (opinión que él no comparte, por supuesto) ha sido invitado a pronunciar una conferencia en la Universidad de Babia. Al tener noticia de este acto, la Asociación pro Museo etc. etc. comienza una campaña de presión al Excmo. Rector mediante el envío de cartas exigiendo que dicha invitación sea revocada.
Pongamos otro ejemplo. Supongamos que Zutanito Ufólogo Creacionista, el célebre autor de "Los OVNis de colorines" y de "Potranca de Ilión", ha conseguido vender a la televisión pública de Alcañete de la Jara una serie de documentales con temas como "Colón era un extraterrestre", "El chupacabras vegetariano"... y otros con igual enjundia. Al tener conocimiento de la emisión de esa serie, la Asociación pro Museo etc. etc. fomenta la redacción de una carta exigiendo la inmediata retirada de esos documentales, el cese del director de la televisión susodicha, y, de paso, que paseen a Zutanito por la rúa con sanbenito y coroza para pública mofa y befa.
Bueno, podrían pretender que eso no es un intento de censura sino una manifestación de repulsa. En mi opinión, en el momento que se intenta impedir la difusión de un mensaje (por muy disparatado que éste sea) sí equivale a una censura que, además y como en los tiempos de Franco, adopta la forma de censura previa porque, evidentemente, nuestra imaginaria Asociación pro Museo etc. etc. no sabe qué es lo que van a decir Fulanito y Zutanito (pueden tener sospechas muy bien fundadas, pero eso no equivale a conocimiento).
Por descontado, esta actitud se vería amparada por una serie de argumentaciones (muy parecidas a unas excusas) como que el pensamiento esotérico es peligroso e impedir su difusión es un bien social, que la sacrosanta misión de las Universidades se ve amenazada por esas malas compañías, que los fondos públicos no pueden usarse para hacer propaganda de falsas afirmaciones, que las verduras de las eras, que el coño de la Bernarda... y otras afirmaciones igualmente peregrinas. No es nada sorprendente. Ya dijimos que todos podemos sostener una creencia atendiendo sólo a aquello que la favorezca y prescindiendo de las pruebas que la contradigan. Eso se llama pensamiento esotérico y aunque parezca una contradicción que nuestra ficticia Asociación (recordemos, dedicada a fomentar el pensamiento crítico) incurra en lo mismo que descalifica, es una mera demostración de la complejidad que todos podemos desarrollar. Otra cosa es que en ese momento uno esté tentado de recordar aquella frase de Valle-Inclán en Luces de bohemia: "Max, no te pongas estupendo."
Veamos. La sociedad no está amenazada porque Fulanito crea que nuestro planeta esté siendo visitado por naves de Orión antipolillas, la Universidad no puede permitirse el vivir de espaldas a la sociedad y, por tanto, puede (y en mi opinión debe) reflejar los debates que se produzcan en su seno, los fondos públicos se emplean, entre otras muchas cosas, en subvencionar partidos políticos, sindicatos, competiciones deportivas, conciertos de música, asociaciones de todo tipo... es decir, cualquier actividad mínimamente representativa.
¿Cómo? ¿El esoterismo no es una amenaza para la sociedad? Pues no, normalmente no lo es y en los casos en que lo sea, no es admisible una generalización. ¿Y el caso de Fulánez que se metió en la secta Platos Cósmicos...? Pues eso. Un caso extremo no debe emplearse para descalificar a toda una disciplina. En caso contrario, mal le iría a la ciencia si recordamos cosas como el Proyecto Manhattan, por ejemplo. El fanatismo es peligroso si se mezcla con la religión, el esoterismo, la ciencia... porque, sencillamente, lo es per se.
El papel de las Universidades parece que, según algunos, debe limitarse a impartir los estudios correspondientes, a fomentar la investigación... No sé en ese esquema dónde encajan los partidos de fúbol-sala o la organización de un campeonato de mus, por citar sólo dos ejemplos de actividades en las que el subscribe participó en sus ya lejanos años de estudiante universitario y con patrocinio de la Alma mater de cuyo nombre no quiero acordarme. Curiosamente nadie organizó una campaña de protesta por esas actividades cuya relación con los estudios, la investigación... parece muy, muy lejana. ¿Esto sí es admisible, pero lo del conferenciante esotérico no? ¿Por qué? ¿Porque lo que diga éste no es verdad? Todavía está por nacer el ocultista que sea capaz de decir más mentiras por segundo que un jugador de mus... En fin, discúlpenme esta broma y seguimos en serio. A lo largo de la historia, en cualquier universidad lo suficientemente antigua se han llegado a enseñar los mayores disparates, desde que la Tierra permanece inmóvil y todos los planetas giran en su órbita a pseudoterapias médicas no sólo inútiles sino incluso peligrosas. Nada de ello ha supuesto su desaparición ni la perversión de su labor docente porque avanzamos corrigiendo los conceptos erróneos heredados de generaciones pasadas. No es tan importante que el estudiante no esté en contacto con afirmaciones falsas, falaces (que inevitablemente lo va a estar)... como el que no sepa reconocerlas. Puesto que el peligro es esto y no aquello, parece lógico que las protestas debieran producirse sobre los contenidos de planes de estudios, de la mala praxis educativa... y no sobre la invitación a Fulanito Contactado a que hable sobre los temas que le interesen, pero no es así. ¿A que es curioso? Bueno, no lo es tanto si pensamos que nuestra ficticia Asociación pro Museo etc. etc. cuenta entre sus miembros con profesores, alumnos... universitarios y que considera este ámbito como su hábitat natural. Evidentemente, criticar no una actuación puntual (algo que es tan inútil como fácil) sino el propio modelo educativo de las Universidades es algo mucho más peligroso para sus intereses profesionales y económicos.
Y ya que hablamos de las pelas de antes y los euros de ahora, llegamos a los fondos públicos. Uno está tentado de recordar todos los despropósitos realizados con el dinero que a fuer de ser de todos termina no siendo de nadie, desde financiaciones de películas que jamás se han estrenado, a ediciones de libros que jamás han salido de los sótanos del ayuntamiento X o la diputación Y... pero, el despilfarro habitual de esos fondos no quiere decir que pueda justificarse un caso más de mal empleo del caudal público, pero ¿es realmente un mal uso? Veamos, se subvencionan, por ejemplo, asociaciones culturales e, incluso, alguna "Asociación Kultural" (sic) que tenía su sede en una propiedad "okupada" y que fue capaz de elaborar un manifiesto con motivo de una exposición de miniaturismo militar en el que entre otras genialidades decía: "es una manifestacion (sic) exaltatoria (sic) de los valores velicistas (sic) que ahi (sic) que desterrar de nuestra sociedad." Dejando aparte la ortografía alternativa de esta "Asociación Kultural", la "burrada" es de consideración porque el miniaturismo militar se dedica a reproducir, no a exaltar nada (por cierto, estos chicos protestaron mucho por la exposición -que contó también con la correspondiente subvención del Ayuntamiento de turno- pero en ningún momento pidieron que no se celebrara o que se cancelara antes de la fecha de finalización prevista). Lo que estaban diciendo no era cierto pero tampoco a nadie se le ocurrió pedir que por ello se les retirara la subvención que recibían y eso que en el seno del Consejo de la Juventud había asociaciones de todo pelaje, desde estos "okupas" que ponían en el balcón de su sede la bandera independentista catalana (en pleno corazón de Castilla) a una agrupación excindida de la antigua OJE porque ésta les parecía muy blanda en cuestiones políticas. Como se pueden imaginar, uno no sabía si ir a estas reuniones con un cuaderno y un bolígrafo o con un chaleco antibalas y un casco de Kevlar. Sencillamente, todos entendíamos que las subvenciones no debían limitarse a una forma de entender la cultura, la sociedad, la política... sino que debían ser plurales porque la sociedad lo es. Bueno, pues parece que cuando en vez de diferencias de este tipo son de tipo pensamiento crítico versus pensamiento esotérico esa pluralidad ya no tiene labor de ser. ¿Por qué? Pues eso mismo quisiera saber yo porque no lo veo justificable en forma alguna.
Por todo ello, o nuestra ficticia Asociación pro Museo etc. etc. se dedica a buscar una argumentación que no haga más aguas que el Manekenpiss o nos dejamos de excusas y admitimos que las Universidades tienen todo el derecho del mundo a invitar a las personas que crean convenientes, que las televisiones (por muy públicas que sean) tienen todo el derecho del mundo a comprar los documentales que crean van a resultar interesantes para su audiencia... y que el que no esté de acuerdo con ello tiene igualmente toda la libertad del mundo para protestar, para intentar acceder a la misma Universidad, a la misma televisión... para exponer sus argumentos contrarios a lo manifestado por los promotores del pensamiento esotérico. Y así, una vez que se hayan expuesto unos y otros argumentos, los asistentes, la audiencia... tendrán la información para optar por una u otra explicación.
Y no, esto no quiere decir que las afirmaciones esotéricas gocen de impunidad ni que todo tenga la misma respetabilidad. Sencillamente, quiere decir que todos tenemos el mismo derecho a no ser discriminados por nuestras creencias, que todos tenemos idéntico derecho a expresarlas, tanto el que piense que las pirámides egipcias fueron construidas por un extraterrestre del planeta Raticulín de Arriba como los que pensamos que las construyeron los egipcios.
-Continuará-

Haciendo enemigos (III)

Este reconocimiento del derecho a la expresión ajena sin otros límites que los establecidos por la ley, es tanto una buena práctica social como una necesidad intelectual. Imaginemos, por ejemplo, un mundo en el que, conforme a los deseos de algunos integristas, las afirmaciones de tipo esotérico hubieran sido relegadas a una situación de cuasi clandestinidad. Ninguna aparición en ámbitos "serios", ningún reflejo en los medios de comunicación... como si no existiesen o, al menos, como si estuvieran restringidas a un sector minoritario y, además, marginal desde un punto de vista cultural. Para algunos éste puede ser un panorama idílico, para mí sería una pesadilla atroz.
Nuestra sociedad no se ha erigido sobre bases comprobadas experimentalmente y desarrolladas racionalmente sino que es fruto de múltiples aportaciones realizadas en distintas épocas y con diversas procedencias que han terminado por conformar un sincretismo polifacético.
Religión, esoterismo y ciencia se han amalgamado y convertido en parte de nuestra propia vida. Pretender que alguno (o algunos) de esos elementos se vean sometidos al ostracismo es tanto como condenarnos a no entender nuestra sociedad. Nuestras raíces son las que son tanto si nos gustan como si no, por eso debemos entenderlas y no esconderlas.
No obstante, de todo lo dicho hasta este momento no debemos inferir que cualquier afirmación sea inatacable porque eso no sería cierto y, además, resultaría nocivo. La razón para ello es fácil de comprender. La sociedad progresa dejando atrás conceptos erróneos y sustituyéndolos por otros de nuevo cuño mejor adaptados a la realidad de cada momento. Si pensáramos que son inobjetables eso supondría su perpetuación y, en consecuencia, una sociedad invariable que es tanto como decir anquilosada. ¿Se imaginan lo que sería vivir hoy en una sociedad clasista o, aun peor, esclavista?
Por otra parte, tampoco podemos olvidar que el pensamiento crítico funciona. Si estas palabras están llegando a Vds. no es por intervención de un dios, ni por el conjuro de un mago, ni por el uso de alguna extraña facultad mental sino por el empleo de un ordenador conectado con una red de fibra óptica a un servidor... es decir, por unas aplicaciones tecnológicas basadas en conceptos científicos que demuestran así, con hechos, su validez.
Así pues, el que todo el mundo pueda expresar los pensamientos que desee por los medios a los que tenga acceso no significa que no sean criticables ni que todos ellos tengan idéntico valor. Es más, tampoco quiere decir que esos pensamientos sean necesariamente respetables. Sí lo es el derecho a manifestarlos, pero de esa base no podemos pasar a pretender que que esa misma respetabilidad sea extensible a lo expresado porque eso sería un non sequitur de libro.
En los últimos años se ha extendido el relativismo intelectual, la consideración de que al no existir la Verdad toda afirmación es igualmente válida dado que no tenemos la referencia de una Certeza absoluta que nos permita considerarla como realmente falsa o como realmente auténtica. Es decir, el valor de cada afirmación es tan sólo el de reflejar lo que cada individuo considera verdad. Al tener cada uno de nosotros idéntica dignidad como personas, no podemos pretender que las aseveraciones de alguien sean más ciertas que las emitidas por los restantes individuos porque eso sería tanto como considerar que esa persona es superior al resto de los mortales. Esto me parece desde un punto de vista histórico el fruto de una sociedad desorientada que ha visto cómo se derrumbaban sus viejos valores morales sin que hayan sido sustituidos por otros nuevos, desde un punto de vista filosófico un disparate mayúsculo, y desde un punto de vista social la concepción más peligrosa que pueda imaginar.
Dejemos de lado las implicaciones históricas y centrémonos en los restantes aspectos dle problema. Decía que desde un punto de vista filosófico es un disparate mayúsculo porque incurre en la falacia de la falsa disyuntiva. No podemos pretender que "o existe la Verdad o toda afirmación tiene un mero valor subjetivo como expresión de la verdad individual" porque hay otras opciones.
Si decimos que no existe la Verdad es, sencillamente, porque no podemos demostrar lo contrario. Para considerar que existe la Verdad tendríamos que poder sostener que hay algo cierto en todo lugar y todo tiempo. Obviamente eso es algo que sobrepasa las posibilidades de conocimiento de los seres humanos.
No obstante, el que no exista (o no podamos conocer) la Verdad no quiere decir que no existan verdades que, aun reconociendo que están sujetas a revisión constante, son válidas para un tiempo y lugar.
Como las abstracciones son un peñazo (a juicio del que suscribe) pondremos un ejemplo. Supongamos unas condiciones normales. Dejamos caer una manzana desde dos kilómetros de altura ¿qué pasará? Sobre la fruta actúa una fuerza que la atrae hacia la Tierra (también la Tierra es atraída por la manzana, lo que sucede es que hay una "pequeña" diferencia de masa). El resultado final es que la manzana acaba hecha puré contra el suelo. Tal vez dentro de un tiempo X las leyes físicas del Universo hayan cambiado o tal vez exista en algún lugar del Cosmos un lugar en el que rijan otras leyes, de forma que la manzana pueda ser repelida por la Tierra, o la manzana tenga una estructura que la permita atravesar la Tierra sin espachurrarse, o sencillamente, a la manzana la salgan alas y pueda volar e incluso poner huevos con chorizo (a la sidra, obviamente). No obstante, aquí y ahora el resultado es siempre el mismo, puré de manzana.
De esto se olvidaron los antiguos filósofos escépticos y se olvidan los modernos relativistas intelectuales (por cierto, supongo que se habrán dado cuenta de que ambos grupos son equiparables y de ahí que el nombre de "escépticos" sea de lo más inadecuado para designar a los actuales partidarios del pensamiento crítico), que sí existen verdades que sí son accesibles al conocimiento humano y que sí permiten discriminar en muchos casos afirmaciones ciertas de las que no lo son. Por tanto, no todas las afirmaciones tienen el mismo valor.
Por otra parte, en el relativismo intelectual hay mucho de juego mental como en parte de la filosofía clásica. No es extraño porque la sociedad de entonces y la de ahora tienen puntos de contacto, el más importante el estar inmersos en una crisis de valores. Parece como si en esas situaciones florecieran las filosofías más extrañas en abierta oposición a la realidad. Así, Zenón de Elea argumentó la imposibilidad del movimiento; que, por ejemplo, una flecha lanzada contra un blanco jamás alcanzaría su destino puesto que para ello tendría que atravesar un espacio infinitamente divisible en unidades más pequeñas pero la flecha no puede atravesar infinitos puntos así que no llegaría al blanco. Que se sepa, jamás Zenón hizo la prueba de ponerse él de blanco y comprobar si la saeta llegaba o no llegaba. Dijera lo que dijera, sabía perfectamente que del flechazo (y no amoroso) no lo salvaba ni Zeus. Francamente, prefiero la respuesta del cínico (entiéndase en su sentido filosófico) Diógenes, se echó a andar y dijo: "El movimiento se demuestra andando".
De igual forma, los relativistas intelectuales actuales también parecen muy cautos a la hora de someter a experimentación en la vida real sus conclusiones. Por ejemplo, si yo dijera que el cianuro potásico es muy malo para la salud y otra persona asegurara que es de lo más beneficioso, dudo mucho de que ninguno de estos intelectuales a la violeta concediera igual valor a ambas afirmaciones y se tomara cuatro o cinco gramos. Total, todas las aseveraciones sólo tienen un valor subjetivo ¿no? Pues evidentemente no.
Además de erróneo este relativismo intelectual supone un desastre social porque equipara lo que debe estar bien separado. No puede tener la misma consideración la condena de los malos tratos a las mujeres que su aplauso, la condena del terrorismo que su apología... salvo, claro, que queramos cambiar la sociedad e implantar la ley de la selva: el que más chifle, capador. No obstante, tampoco parece que los relativistas intelectuales lleguen a estos extremos (por cierto ¿por qué no se atreven a desarrollar sus "argumentos" hasta sus últimas consecuencias?) y se limitan a mantenerse en terrenos culturales, que si da lo mismo Dan Brown que Tolstói, que si una lata llena de mierda es lo mismo que "Las Meninas"... o que da lo mismo la Homeopatía que la medicina "ortodoxa" pese a que no haya forma de que aquélla consiga ofrecer resultados positivos en las pruebas clínicas controladas.
Así nos luce el pelo, claro.
-Continuará-

Haciendo enemigos (IV)

Todo lo visto hasta el momento constituye el planteamiento del problema, pero ¿hay alguna solución? Me permitirán que conteste con una pregunta, ¿a qué hay que buscar solución?
Somos individuos que en muchas ocasiones estamos incomunicados por el lenguaje. Esto puede parecer una paradoja, pero es muy frecuente que distintas personas empleen las mismas palabras con sentidos diferentes. El resultado es una Babel en la que ni siquiera hacen falta distintos idiomas para no entenderse. Por ejemplo, ya hemos dicho que hay gente que entiende la difusión del pensamiento crítico como eliminación de los pensamientos mítico y esotérico. En ese caso, no hay ninguna solución. Van a obtener tanto de esa pretensión como de machacársela entre dos piedras, mucho dolor y ninguna satisfacción. Los tres pensamientos van a estar con nosotros mientras los seres humanos lo seamos y, además, es positivo que sea así.
Como supongo que esta última afirmación les parecerá rara (eso si no se están preguntando qué demonios estoy fumando) vamos a poner un ejemplo:
Imaginemos una sala llena de esas tiernas criaturas todo bondad e inocencia (de niños, para entendernos) en la que entra una persona revestida de la autoridad del docente (un maestro, vamos). El profesor saluda con un cariñoso "Hola, dilectos discípulos" que queda sin respuesta porque la clase permanece atenta a Jaimito que está contando con todo lujo de detalles como Caperucita se convirtió en la Sra. de Feroz. Un nuevo intento del maestro logra atraer la respuesta de Manolín que le espeta un "¡Multiplícate por cero!", señal inequívoca de que se sabe de memoria la serie de los Simpson. Por aquello de que a la tercera va a la vencida, el sufrido funcionario logra que se percaten de su nada grata presencia, lo que no deja de resultar una lástima por cuanto Jaimito estaba a punto de llegar al punto en el que el trío de hecho formado por Caperucita, el Lobo y el Leñador participan en una orgía sadomasoquista con los siete "individuos de estatura muy inferior a la media estadística" de Blancanieves que, por su parte, no puede acudir por estar ocupada comiendo el higo a su señora madrastra. Después de estos prolegómenos por fin puede empezar a impartir la lección ante la mirada atenta de un gorrión que se ha posado en el alféizar, porque sus alumnos están más interesados en Kevincín, Vanessita, Letizita y Udito que han decidido organizar una timba de streep poker en vez de pedir responsabilidades a sus padres por esos nombrecitos. Restablecido el orden, el profesor va a comenzar a hablar cuando suena el teléfono móvil polifónico de Borja María Deogracias Esquivel de las Altas Torres y Pérez, futuro conde de las Marismas de Doñana, marqués de Tierrasalva, barón de Dolores y príncipe de las Tinieblas (como la melodía es el último éxito del grupo heavy-heavy Tímpanos a la mierda, el escándalo es considerable).
Después de la requisa de móviles, de esposar al radiador a media docena de encantadoras criaturas y de amordazar a otra tantas, por fin el profesor puede empezar:
"Como la luz viaja a una velocidad de aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo, llamamos año-luz...
En ese momento se levanta la mano de Vicente Incrédulez más conocido como Pitagorín o como el repelente niño Vicente.
"Un momento, tío, antes debes explicarnos qué es la luz, qué es un kilómetro, qué es un segundo, que es un año... y demostrarlo de forma práctica porque no creerás que vamos a aceptar lo que nos digas basándote en un argumento de autoridad que es filosóficamente inaceptable. Verás, tengo aquí una propuesta de actividades que comienzan por la medición de un cuadrante del meridiano terrestre entre Dunkerke y Barcelona, continúan con la estimación de los períodos de la radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado base del átomo de cesio 133... ah, y considero inaceptable el redondeo a 300.000 kilómetros por segundo en vez de los 299.792.458 metros por segundo reales. Daré parte de esto a la dirección."
El maestro musita un: "Dáselo entero, capullo", abandona el aula y se cuelga de una tubería después de haber ingerido treinta gramos de cianuro potásico (por si acaso).
¿Se imaginan escenas similares? Pues eso es lo que sucedería (sarcasmo aparte) si desaparecieran los pensamientos míticos y esotéricos. Si hubiera que poner en duda todas, absolutamente todas, las afirmaciones, habría que demostrar cada aseveración independientemente de que ésta esté bien fundada o no lo esté en absoluto. Eso supondría la práctica paralización de toda nuestra sociedad.
Si nos dejamos de pretensiones ridículas y vamos a algo mucho más pragmático como es que la difusión del pensamiento crítico, nos encontramos con una serie de problemas que habría que solucionar antes de soñar con alcanzar ningún fin.
Los que hoy nos denominamos harto impropiamente como escépticos nos dedicamos a criticar frecuentemente las afirmaciones esotéricas, ocasionalmente las religiosas y muy raramente las propias. La autocrítica está muy bien... en un plano meramente teórico porque cuando se plasma en el mundo real es tan mal recibida en el campo escéptico como en todas partes. Uno puede comenzar como moscón cojonero, ascender a "rata que abandona el barco" y acabar como "traidor" a los sacrosantos ideales de Dios, la Patria y la navaja de Occam. Deberíamos comenzar por abandonar la complacencia ante nuestras aseveraciones y dejar de atender a quién dice algo en vez de qué es lo que dice.
Decíamos que el escepticismo actual presta mucha atención a las afirmaciones esotéricas. Hay una razón histórica para ello. Al pretender el esoterismo ser una superación (lograda mediante síntesis) del pensamiento mítico y crítico, eso conduce a enfrentamientos continuos con uno y otro. No obstante, hay algo que debería hacernos reflexionar. Aunque el ocultismo esté convencido de lo contrario, no es el ombligo del mundo. Al contrario, el común de los mortales no pierde el sueño por el número de zapato que no calza el bigfoot, por si Nessie es un plesiosaurio o un castor gigante, por si en Bélmez hay uno, dos o más caras... Así nos encontramos prestando una atención preferente a temas minoritarios. Además eso supone que se identifique pensamiento crítico con la refutación de las afirmaciones esotéricas lo que es un inmenso disparate.
El pensamiento crítico es una herramienta que lo mismo vale para un roto que para un descosido. Puede aplicarse para evaluar las aseveraciones ocultistas, pero también las políticas, las religiosas... y las científicas. El restringir el uso de la duda metódica a un único campo de acción no supone su difusión sino su destrucción. Por otra parte, se ha querido confundir el escepticismo con la divulgación científica (otro disparate más a la lista). Parece, así, que para ejercerlo hay que tener unos conocimientos siquiera mínimos en física, astronomía, filatelia, colombofilia... algo que no es cierto. Por supuesto que cuanto más se sepa de cualquier campo del conocimiento es mejor, pero no es necesario para plantearse dudas. El escepticismo es, por encima de cualquier otra cosa, puro sentido común. Puesto que todos tenemos la capacidad de dudar, para emplearla sólo hace falta la voluntad de hacerlo. El escepticismo no es debería ser elitista. Una frase popular es, tal vez, el mejor resumen del pensamiento escéptico que pueda imaginarse: "La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero." Esto implica que la verdad está tanto al alcance de Agamenón como de su porquero.
¿Qué pretende el pensamiento crítico? Comencemos por lo que no debiera ser su objetivo, vencer o convencer a alguien. El escepticismo es duda metódica y racional, no es dudar porque sí ni dudar cuando no tiene ningún sentido el hacerlo pero tampoco es pretender convencer a nadie de nada. Muchas veces basta mostrar la otra cara de la moneda para lograr que una persona comience a preguntarse si no le estarán intentando vender gato por liebre. Así pues, debe informar y, para ello, en una sociedad como la actual (si alguien prefiere vivir en "los mundos de Yupi" y defenderse numantinamente en las universidades es cosa suya) hay que acceder a los medios de comunicación. No, no es que haya que intentar salir en cualquier programa y con cualquier excusa aunque eso implique disfrazarse de payaso o ejercer de tal incluso sin traje ad hoc. Lo que significa es que hay que procurar que los medios conozcan que hay otros puntos de vista, que cuando quieran hablar en serio de los caretos de Sierra Brágima, de los fantasmas de Baskerville o del monstruo del Lega Nes hay quiénes pensamos de otra forma y que sería interesante tanto para la audiencia como para el programa el permitir exponer esas diferencias.
Sólo entonces podremos alcanzar algo, porque hasta entonces el campo escéptico se parecerá demasiado al camposanto.
-Continuará-

Haciendo enemigos (y V)

Para concluir con estas irreflexiones sobre el pensamiento crítico, hablemos de un tema que a todos nos preocupa pero que no está bien visto que se trate en público, el sex... los cuartos. No, no me refiero a las habitaciones de una casa ni a los que van después de los terceros, sino al vil metal (que ya quisiera yo atesorar en grandes cantidades por muy vil que sea).
Sentemos (no sea que si continúa de pie acabe por cansarse) una premisa cuya comprensión debe resultar sumamente dificultosa habida cuenta de que a alguno no termina de entrarle en la cabeza: vivimos en una economía capitalista.
Prescindimos de si eso puede gustar poco, mucho o nada, de si habría que cambiar esa realidad... porque, sencillamente, nos limitamos a consignar un hecho. Una de las premisas de ese tipo de economía es que el trabajador recibe un sueldo por su labor, tanto si se trata del Supremo Hacedor de Agujeros en las Rosquillas o si es el Excelso Recauchutador de Preservativos Picados.
Ignoro si alguno de Vds. puede permitirse el "currar" por la "filosa", pero servidor es de las personas que tienen que trabajar para vivir (raro que es uno). Lo de alimentarme del aire no me da buenos resultados, la verdad. Si hasta los hombrecillos verdes (sin duda por poseer células rebosantes de clorofila) han acabado por tornarse grises (para mí que necesitan abono para hortensias), pueden imaginarse las posibilidades que tengo de efectuar la fotosíntesis siendo blanco (perdón), siendo euro-americano.
Otra cosa es la afición que cada uno tenga (por ejemplo, garabatear historias en un blog), algo que no sólo no suele rendir beneficios económicos sino que da pie a gastos varios. En mi caso, no obstante, quedo a la espera de recibir cualquier día de éstos unos cheques atrasados del KGB, el MI6, el Mossad y hasta de la TIA. ¿No sabían Vds. que a los escépticos nos pagan los Servicios Secretos de medio mundo? Pues yo tampoco conocía tan sorprendente revelación, pero por si acaso ya tengo preparada la hucha-cerdito.
¿A que venía todo esto? Como hoy no he cubierto aún el cupo de digresiones, vamos con otra más (lo siento mucho, pero hoy hace una noche preciosa y no tengo ninguna razón para acabar pronto). Existe un género literario hoy tan periclitado como la propia palabra periclitado, el Diálogo, una conversación entre dos o más personajes en los que cada uno defiende una postura diferente sobre un problema de índole generalmente filosófica.
Demasiado artificioso para el gusto moderno, el género ya estaba en declive cuando un italiano devorador de pizzas lo retomó y lo remató. Por si acaso quedara en él (en el género del Diálogo, no en el italiano devorador de pizzas) un mínimo aliento, lo recuperamos para asestarle el definitivo tiro de gracia (no vean qué gracia, je, je).
Hago la advertencia de que voy a apartarme por completo de la realidad. Los personajes, pues, son fruto de la falta de imaginación del autor y cualquier parecido con los asociados de cualesquiera entidad escéptica naciente o moribunda se debe al mero azar.
Además, encontrarán la escena artificiosa. La verdad, no sé que ganaríamos con un diálogo realista:
-Oye, tú.
-Pos anda que tú, peazocab(pitido)
-Sujetaisme qui le v´y a dar d´hos(pitido)
-Si tú no das ni pena, hijopu(pitido)
-Anda´chuparle la po(pitido) a tu pa´re. Mari(pitido) el pa´re y más mari(pitido) el hijopu(pitido) éste.
-Anda´ver qué caja hizo tu ma´re anoche. A ver s´algún cliente le gustan gordas y escrofulosas, hijopu(pitido) de mier(pitido)
-(Pitido) (pitido) (pitido)
-(Pitido) (pitido)
(Llega el árbitro, cansado de tanto soplar el silbato, y expulsa a los jugadores del Real Unión y del Real Betis por desconsideración al contrario). Fin del diálogo realista. Malos tiempos para la Lírica, la Oratoria, la Dialéctica...
Así pues, olvidémonos de la cutrez predominante y sean dos personajes. El primero será Ignatius J. Arpíez, Malleus Maguforum (es decir, azote de los profesionales del esoterismo -ya, ya sé que la traducción no es literal-), y el segundo será Simplicius Pragmáticus, cultivador no de intelectos sino de cebolinos.
El lugar, una huerta amena, regada por cantarina fuente cuyo son armonioso se entremezcla con el suave trinar de unas avecillas y el tronar de las emisiones de metano de un par de vacas que allí pacen sin intervenir en la conversación pues esto es Diálogo y no Fábula.
Entra Ignatius J. Arpíez vestido muy adecuadamente para una excursión campestre: terno en purísima lana virginal (para su confección úsase sólo la procedente de ovejas opusinas que no hayan conocido carnero ni pastor) de Ermenegildo Zeño color azul marino, corbata de Balenciano en seda natural granate, camisa en algodón egipciano verde pistacho con rayas fucsias de la acreditada firma Kermesse de los sábados sabadetes, los zapatos no se distinguen bien pues están cubiertos de barro. En su mano diestra (que no en su diestra mano), portafolios marca Samson & Dalila color burdeos, realizado en genuino escroto de ternera del Atlas (o eso cree él). En su mano siniestra, un ejemplar de "La consolación por la filosofía" de Anicio Manlio Severino Boecio, que permanece intonso pues no tiene tiempo para leer tonterías "de Letras".
Simplicius Pragmáticus no entra porque ya está en escena. Aparece revestido con un mono que en tiempos (lejanos) fue azul oscuro, ahora cubierto de manchas de sospechoso color que hacen pensar que ha estado acarreando estiércol o, tal vez, que ha leído "El código da Vinci". En su mano diestra sujeta el mango de un azadón que maneja con suma pericia e inmensa lumbalgia. En la mano siniestra lo mismo (no pensarán que un azadón se maneja con una sola mano ¿verdad?). A la sazón se haya trazando unas hiladas para plantones con evidente esfuerzo pues la amena huerta es un pedregal de caralho (como verán, no dudamos en renovar el antiguo género literario con unos toques de verismo).
Dispuestos los personajes y el escenario, comienza aquí nuestro diálogo De pecunia:
[Ignatius] -Probo horticultor, ¿le importa que tome asiento y un buchito de aquesta cantarina fontana, digna de ser morada de cuantas ninfas y náyades imaginarse pueda?
[Simplicius] -Pues Usía verá, mas me barrunto que no habiendo aquí trono, silla, banqueta, taburete o escabel si tal hace va a mancharse tan adecuada vestimenta como trae Su Señoría para pasear por estos pagos. En cuanto al agua de la fuente, el último que osó catarla aún está en la UCI y más próximo a que le canten el gori-gori que a contarlo. Porque nínfulas de ésas no se si habrá mas lo que son pesticidas...
[I] -No, si cuando la jornada viene sembrada de luctuosos acontecimientos...
[S] -¿Qué le ha sucedido a Vuecencia?
[I] -Vengo rebosante de justa indignación.
[S] -Ya... ¿Por ventura hásele estropeado el aire acondicionado del despacho oficial?
[I] -Mucho peor, probo horticultor. Acabo de pasar frente al kiosoco y vengo mudo por lo que allí he tenido que contemplar.
[S] -Pues, anda, que si no viniera mudo... ¿Y qué es lo que tanto indigna a Vuesa Merced?
[I] -Esa portada... ¡Dónde vamos a llegar! ¡Qué revista!
[S] -Ya entiendo a Usía. Ha visto lo de los amores de Romeo y Calixto que publica ¡Adiós! Mas no creo que haya para tanto, que eso hoy es algo normal.
[I] -¡Qué ha de ser tal! Eso es sinónimo de sociedad abierta y tolerante y, por tanto, digno de aplauso, loa y alabanza. No. Vengo reconcomido con ese inmundo panfleto, con ese pozo de corrupción intelectual llamado Enigmáticos Misterios del Más Allá del Bien y del Mal. ¡Qué titulares! "Entrevistamos al zapatero del Bigfoot" "Confirmado: el fantasma de Jan van Eyck pinto las caras de Bélmez con óleo de Sierra Brágima" "Desvelamos el secreto: María Magdalena era un travesti"... ¿Qué le parece?
[S] -Que como dice mi padre, que en la gloria esté porque la tarde viene un tanto fresca y si no el relente le puede atacar el lumbago, de dónde no hay, no se puede sacar.
[I] -Pero ¿no arde de indignación por tamaña indignidad, no siente el impulso de quemar ese inmundo panfleto, esa muestra de obscurantismo medieval...?
[S] -Pues mire, Su Señoría, lo único que siento arder es el lomo y no de indignación sino por el peso de este azadón. y en cuanto a fogatas aún es pronto para ello. Cuando caiga el sol quizás, y entonces tanto calor da un panfleto como una revista científica.
[I] -Habráse visto tamaña despreocupación... ¡Así va el país!
[S] -Y el mundo y el abc. Pero todo esto hace que me ronde el caletre una pregunta, ¿qué concepto de la tolerancia tiene Vuecencia?
[I] -¿Por qué?
[S] -Pone buen semblate a la libertad sexual y malo a la de pensamiento. Pardiez que es curioso.
[I] -No entiende, probo horticultor, la clara diferencia que existe entre ambos casos.
[S] -Pues Usía haría bien en explicármelo, porque tengo para mí que cualesquiera puede hacer con su sexo y con sus seso lo que le plugiere, y el que se sienta molesto por ello, que se opere de fimosis en un ojo.
[I] -Sin duda por su continua y abnegada dedicación a estas tomateras...
[S] -Son pimientos de Torquemada, pero no se inquiete por tan poca cosa y prosiga.
[I] -...no puede preocuparse en debida forma por estos abtrusos problemas intelectuales a la altura que, sin duda, merecen...
[S] -Pues bájelos a tierra que no han de sufrir por ello menoscabo alguno al contario que vuestros zapatos.
[I] -...así que lo expondré de forma clara, sin innecesarios circunloquios, atendiendo a la etiología del problema, con precisión quirúrgica pero huyendo de oscuros tecnicismos...
[S] -Tengo una vaca lechera,
no es una vaca cualquiera,
me da leche merengada,
¡Ay, qué vaca tan salada!
Tolón, tolón...
[I] -...que pudieran macular la prístina elegancia de los conceptos que voy a manejar. ¿Me sigue?
[S] -¿Como no? De momento Vuesa Merced no ha ido a parte alguna, así que poco mérito puedo recabar por ello.
[I] -Veamos, probo horticultor, el problema no radica en la libertad de pensamiento y expresión, siempre defendible incluso cuando no se compartan las ideas de nazca de ello, sino en su aprovechamiento económico. ¿Comprende? En la confección y venta de ese panfleto.
[S] -Entiendo. Usía no ve bien que exista Sobre el Arcoiris, revista para gays y lesbianas.
[I] -¿Cómooooo?
[S] -Puesto que según Vuecencia el motivo para su indignación no reside en el derecho en sí mismo, que reconoce y acepta, sino en la existencia de una publicación dirigida específicamente a un sector de la población que ha elegido ejercer esa libertad de una forma determinada, entonces necesariamente estará en contra de cualquier revista que se ajuste a esa descripción, sea pro-esotérica, pro-homosexual o pro-cesiones de Semana Santa.
[I] -Pero el dinero que perciben...
[S] -Claro, las demás revistas son ediciones no venales, y Usía se encontró esas ropas colgando de un árbol mientras se dirigía en cueros vivos a su trabajo que, por supuesto, realiza de forma desinteresada y sin percibir contraprestación económica alguna.
[I] -No, es que el problema tampoco está en la mera existencia de una revista de temas esotéricos, ni siquiera es que se venda sino en que sus contenidos son falsos.
[S] -Ya... Perdone la pregunta ¿si existiera ese ser llamado Dios cree que trabajaría en alguna redacción?
[I] -No vislumbro la razón para esa interrogación, pero si así fuera tengo para mí que no.
[S] -¿Y si en vez de Dios hablásemos de ángeles o cualesquiera otro espíritu superior? ¿Cree que ellos sí trabajarían en una revista?
[I] -Por supuesto que no. ¡Qué pregunta tan majadera!
[S] -Entonces debemos convenir que la plantilla de una redacción está formada por meros mortales.
[I] -Así lo aceptaré pues es realmente así.
[S] -¿Cree Vuesa Merced que entre las características del ser humano figura la perfección y la inerrancia?
[I] -¿Cómo habría de pensar tal, cuando la realidad demuestra lo contrario un día sí y otro también?
[S] -En ese caso, cualquier publicación, como obra humana que es, habrá de contener errores.
[I] -Así debe ser.
[S] -Entonces cualquier revista y no sólo las esotéricas estará vendiendo contenido falsos, que es justo la recriminación que Vuecencia hacía.
[I] -Buen intento, probo horticultor, pero ha olvidado un matiz fundamental, que las publicaciones esotéricas venden errores a sabiendas de que lo son, algo bien distinto a los fallos inintencionados.
[S] -Aunque deberíamos hablar de esos "fallos inintencionados" como encontrar terroristas suicidas do nunca los hubo, lo obviaremos porque la mala práctica de muchos no puede disculpar la de uno. Así pues centrémonos en otro aspecto de lo que Usía afirma. Debo considerar que la razón para su indignación no se debe a que las revistas esotéricas cometan errores sino a que éstos son fruto de una actitud consciente y no de su falta de aptitud.
[I] -Así es.
[S] -¿Ésa es su postura final? ¿No va a añadir nuevas precisiones si contesto también a esto?
[I] -Así lo acepto.
[S] -Entonces Vuesa Merced considera reprobable e indignante que, siendo conscientes de que la realidad es otra, vendan algo a sabiendas de que no es verdad, por lo que supone de engaño al comprador y lector.
[I] -Eso es justamente lo que pienso de este caso.
[S] -Y, por coherencia intelectual, si eso es lo que resulta criticable lo será igualmente en cualquier caso equiparable, ¿no?
[I] -Por descontado.
[S] -Y si Usía acepta como algo normal situaciones análogas, ¿estaría dispuesto a reflexionar sobre si su actitud puede estar teñida de prejuicios contra el esoterismo?
[I] -Sé que no es el caso, pero si lo fuera tendría que aceptarlo.
[S] -¿Vuecencia posee el don de la Telepatía?
[I] -¿Cómo?
[S] -Que si Vuesa Merced conoce lo que piensan otras personas.
[I] -Sé lo que significa Telepatía. Lo que me sorprende es que haga esa pregunta.
[S] -Queda claro entonces que no es telépata porque en tal caso sabría la razón de ella.
[I] -Ni lo soy ni he pretendido nunca serlo.
[S] -Bien. ¿Cómo sabe entonces que se trata de errores intencionados y no de fallos inadvertidos?
[I] -Porque resulta evidente.
[S] -¿Por qué?
[I] -Porque es imposible que alguien pueda creer esa sarta de sandeces. Si no lo creen y lo publican, están engañando al lector. Pura lógica.
[S] -Pura lógica... pero acaba de contradecirse. Si lo que publican esas revistas fuera increíble no podría existir engaño alguno puesto que sus lectores no podrían creer en la realidad de lo afirmado en ellas. En ese caso, estaríamos en un caso equiparable al de la Literatura. Una novela, por ejemplo, es algo que el autor sabe que no es cierto pero que, de igual forma, vende a un lector. No podemos hablar de engaño porque el comprador acepta que no es real por mucho que el novelista quiera disfrazarla como tal. Si, por el contrario, esas aseveraciones de las revistas esotéricas no son increíbles y pueden ser aceptadas por sus lectores entonces cabría hablar de engaño, pero entonces ¿cómo sabe que se trata de errores intencionados y no de fallos inadvertidos?
[I] -Eso es un sofisma.
[S] -No, es lógica.
[I] -Ha habido casos de autores que han reconocido que no creían en lo que estaban propalando.
[S] -En ese caso, esos autores sí son culpables de haber engañado a sus lectores, pero de ahí no podemos pasar a responsabilizar de idéntica manera a toda publicación del mismo tipo, de igual forma que también ha habido casos dentro del periodismo en que se han inventado entrevistas y eso no autoriza a la descalificación genérica de los medios de comunicación. Cada cuál es responsable de sus actos, no de aquéllos que cometan los demás, ni siquiera cuando éstos sean colegas o amigos.
[I] -¿Me está diciendo que le parece bien que se escriban esas tonterías?
[S] -Nada tengo que objetar al hecho de que se escriban, ni siquiera al que aquéllos que trabajan en eso cobren un salario por su labor.
[I] -Pero eso supone la impunidad de sus errores que pueden crear graves daños sociales.
[S] -Para nada. Vuesa Merced puede leer la revista, criticar lo que publican y distribuir sus objeciones por el medio que estime conveniente. ¿No se ha enterado de que existe algo que se llama Internet?
[I] -Mi tiempo es precioso para perderlo con esas tonterías.
[S] -Comprendo. ¿Y a qué dedica su tiempo?
[I] -A trabajar...
[S] -¿Las veinticuatro horas del día?
[I] -Por supuesto que no. Tengo mis horas de descanso, como todo el mundo.
[S] -Ahí quería yo llegar. Usía recrimina que exista gente que yerra y, sin embargo, cobre por su trabajo, pero no está dispuesto a intentar impedir la expansión de esos errores tan graves por comodidad, es decir, por puro egoísmo. Dígame, si le pagaran por ello, ¿reconsideraría su actitud?
[I] -Si el salario fuera lo suficientemente elevado, estaría dispuesto a hacer de ello mi profesión.
[S] -¿Puede Vuecencia explicarme la ética de su actitud? Si las afirmaciones esotéricas son tan graves como para justificar su indignación ¿por qué prefiere guardar silencio mientras no obtenga con ello ganancia alguna en vez de contradecirlas? No obstante, si le pagaran todo sería distinto. ¿En qué se diferencia Vuesa Merced de aquéllos que le indignan? Si ellos siembran el error por dinero, Usía lo permite sólo porque no obtiene lo propio. Si ellos pecan por la paga, Vuecencia lo hace por omisión. Puestos a pecar, al menos el que lo hace por un motivo real, tiene una cierta disculpa. ¿Cuál es la suya?
(Ignatius J. Arpíez vase amoscado mientras musita: Patán destripaterrones. ¿Qué sabra él de estas cosas?
Simplicius Pragmáticus quédase cultivando el huerto mientras cae lentamente el telón.)

De ratas y de hombres

Que ésta no es una bitácora al uso, es algo evidente hasta para el lector más despistado (o para el que ha llegado aquí como resultado de haber buscado en Google las palabras más insospechadas). En un género en el que predominan las entradas cortas, ocurrentes... que giran en torno al propio autor (que si no tiene quince años, lo parece) opté por el modelo-túnel-de-Guadarrama-de-noche: historias largas, monótonas, sombrías y sin la menor esperanza de vislumbrar luz alguna al final del trayecto. Esto ya resulta bastante aburrido de por sí como para que sintiera el deseo de aumentar su tedio contándoles mi vida en incómodos plazos.
Esto les ha supuesto tanto el ahorrarse la antología de mis momentos soporíferos, como la vergüenza ajena que se experimenta al contemplar a un cuarentón queriendo aparentar estar viviendo en la adolescencia (en la mental, por lo menos, lo logran). Por desgracia este patético género abunda en este mundo virtual tan pijotero, absurdo y caótico como su modelo real.
Por tanto, casi un año después de inaugurar este boboblog (y bastante más tiempo para los que conocieron los anteriores) Vds. no saben casi nada del que subscribe (eso que salen ganando) y lo que puedan conjeturar es, casi con certeza, equivocado. Por ello he decidido que hoy, por fin tampoco voy a hacer una excepción.
No obstante sí quería hablarles de algo que me atañe como uno de los numerosos padres y madre del invento.
Se habrán percatado de que soy crítico con el cometido que desarrolla en España el "movimiento escéptico organizado" (frase que esconde al menos dos falsedades y quizá tres), un papel tan lucido (no, no es lúcido) como el de primer mensajero en Ricardo III.
No hay nada malo en limitarse a ejercer la crítica, pero en esta ocasión, un grupo de personas hemos querido ir más allá (no confundir con ir al Más Allá) e intentar corregir ideas, prácticas... con las que no comulgamos (más que nada porque las ruedas de molino son un tanto indisgestas). Por ello decidimos crear el Círculo Escéptico.
No, no se preocupen que no voy a intentar venderles ninguna moto, a pedirles que corran raudos a afiliarse... porque sólo el tiempo dirá si somos capaces de cumplir nuestros objetivos o si nos convertimos en algo tan inútil y perfectamente prescindible como un apuntador mudo. Sencillamente, me limito a informarles que ya pueden visitar nuestra web en la que encontrarán algunos artículos, lecturas recomendadas... que procuraremos ir aumentando en próximas fechas y desde la que podrán efectuar las consultas que estimen pertinentes.
Por supuesto todo lo que han leído hasta hoy en esta página (en ésta, en la que están ahora) y lo que por aquí continúe apareciendo es y será fruto de la total irresponsabilidad de su autor. Así pues, nadie debe entender lo que aquí publique como correspondiente al sentir de la nueva asociación, porque estaría equivocado.

Farsa y licencia del novelista chapucero con la receta para escribir best-sellers en un día acompañada de espuma de crítica literia y social.

Debo reconocer que cada día me siento más feliz de ser español. No teman que me haya dado la vena patriotera porque ninguna de las figuras de la trinidad Dios, Patria y Rey, consigue ponerme lo más mínimo. Se trata de algo puramente lúdico. ¿Pueden imaginar un país más divertido que éste? Es como un circo de tres pistas en la que todos los artistas quisieran actuar simultáneamente en la central con lo que nos podemos encontrar a un domador metiendo la cabeza entre las fauces desencajadas de un feroz payaso mientras Sansón levanta el cañón del hombre-bala (lo que provoca que éste se pegue el "carajazo" padre) y los leones del Atlas dan buena cuenta de los tele-tubbies entre el regocijo de la chiquillería.
Caótica, surrealista y absurda. Así es España, lo que sucede es que algunos lugares son más españoles que otros. Por ejemplo, los páramos en los que moro de la morería, tienen muy poco carácter patrio. Podrían ser intercambiandos con los páramos ingleses y no habría demasiadas diferencias (y las que hubiera no se verían a causa de la niebla). Sevilla es algo distinto. No puede estar más que en Andalucía, España. En cualquier otro país estaría más desubicada que una drag-queen en un retiro espiritual de las Nobles Damas de Santa Reparata, virgen y mártir.
Ese barroquismo conceptual y formal, ese juego de luces y sombras, de riqueza y pobreza desmedidas no puede tener otro acomodo que nuestro país. Sin duda para incrementar ese caudal contrapuntístico, el Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla está pensando en invitar a mi admirado Dan Brown a visitar la ciudad.
¿Y eso a qué viene? -se preguntarán Vds- (¡se lo pregunten, coño!). Olvídense de toda lógica y toda realidad a partir de este punto, porque vamos a adentrarnos en la esencia de lo español, es decir, en los dominios del absurdo y lo surreal.
Verán, don Dan (din-dong, son las dos en el reloj de nuestro estudio) escribió (parió, defecó...) tres ¿novelas? antes de "El código da Vinci" ninguna de las cuales encontró, afortunadamente, editor en España porque con la producción de basura literaria propia tenemos más que suficiente para asegurar el autoabastecimiento. No obstante, bastó el éxito comercial de "El código..." para que se hayan recuperado esos textos inéditos en nuestro idioma. Ya contamos con ediciones de "Ángeles y demonios" y de "La conspiración" y se anuncia la próxima aparición de "Fortaleza digital", opera prima del juntaletras norteamericano que ha añadido un capítulo perfectamente prescindible a la historia de la literatura universal, el titulado "Engendros pseudoliterarios en el siglo XXI".
Pues bien, en esa primera entrega de cómo destrozar la literatura, reírse de los lectores y forrarse en el intento, don Dan hace que parte de la acción trascurra en Sevilla.
Ya entiendo -pensarán Vds-. Habrá ensalzado la ciudad y sus gentes y el Ayutamiento, con buen criterio, estará pensando recompensar así la publicidad gratuita, porque este tipo es un tuercebotas literario pero cuenta con millones de lectores así que...
Eso sería lo lógico, pero estamos hablando de España. Dan Brown pone como chupa dómine a Sevilla.
No entiendo nada. Pone a parir la ciudad y, sin embargo, el Concejo sevillano piensa invitarlo. Si llega a hablar bien de la ciudad, le regala la Giralda, por lo menos.
Lo curioso es que si ése hubiera sido el caso, seguramente no le hubieran dado ni las gracias. ¿Qué ése es un comportamiento, a fuer de injusto, absurdo? Bueno, tanto como pagar presuntamente elevadas facturas por trabajos nunca realizados mientras las deudas reales se liquidarán cuando proceda (un par de días antes de las kalendas griegas, más o menos).
Además de injusto y absurdo, ése sería un gesto inútil puesto que don Dan ya conoce Sevilla (o eso dice él) ya que estudió Arte en su universidad, algo que no está corroborado por dicha institución que asegura no poseer ningún expediente académico suyo.
Esto nos deja dos posibilidades igualmente sugerentes, que diga la verdad o que mienta.
Si Brown dijera la verdad y hubiera vivido una larga temporada en Sevilla, esto nos dejaría otras dos opciones. O bien su estancia en la capital hispalenses fue maravillosa pero él no ha tenido el menor empacho en convertirla en la ficción en algo así como la antesala del Infierno (y si eso merece recompensa, ya me dirán Vds. por qué), o bien ese periodo no fue un lecho de rosas y sí de Procrusto.
Tomemos esa suposición y empleémosla como base para escribir un best-seller a la manera browniana, es decir, absurdo de principio a fin, trufado de tópicos ridículos y situaciones rocambolescas resueltas con torpeza infinita.
Imaginemos un atractivo estudiante universitario estadounidense de inteligencia privilegiada (como Forrest Gump, más o menos). Nuestro héroe llega a Sevilla y comienza, ¿como no?, por subir a la Giralda, ese minarete árabe que los conquistadores castellanos convirtieron en inmenso falo como paliativo de su complejo de micropene. Sus tribulaciones comienzan cuando está a punto de despeñarse del monumento. No, no piensen que estaba ascendiendo en arriesgada escalada libre por el exterior del monumento, sino subiendo por las escaleras interiores lo que tiene mucho más mérito especialmente porque la Giralda no tiene escaleras sino rampas.
Ante las airadas protestas del estudiante estadounidense por la peligrosidad de las inexistentes escaleras (ya dijimos que es poseedor de una inteligencia privilegiada) y su negativa a practicar ese deporte de alto riego conocido como el Giralding, interviene la corrupta e incompetente policía española, que se lo lleva detenido en lo que constituye la segunda entrega de las tribulaciones de un estadounidense en Sevilla. Nuestro protagonista exige a gritos que lo entreguen a las autoridades de los USA para su confinamiento en Guantánamo, pero no tiene ese suerte porque es conducido a la tenebrosa mazmorra del cuartelillo donde está a punto de ser fileteado por una cuchilla gigantesca amén de casi caerse a un pozo sin señalizar, escena nunca vista en los anales (les prometo que no empleo esta palabra con segundas intenciones) de la literatura norteamericana sobre España. Todo ello sin mencionar la inhumana tortura a la que es sometido, escuchar la discografía completa del cantaor Quisquilla de la Isla. La experiencia es tan traumática, que nuestro héroe debe ser conducido al Hospital General (bueno, es tan malo que debiera ser degradado a Hospital Sargento Chusquero) de Sevilla ante el temor de que fallezca y Jorge Arbusto envíe unos cuantos B-52 a arrasar la ciudad como represalia.
Así, nuestro protagonista se recupera del coma musical sólo para encontrarse amarrado a una mesa de operaciones mientras le preparan para una amputación de la pierna derecha a la altura del húmero (no creerán Vds. que los médicos sevillanos saben algo de anatomía ¿verdad?). Nuestro héroe no puede por menos de asustarse ante el hecho de que el serrucho esté oxidado y que la única anestesia que le apliquen consista en un sorbo de agua de Carabaña (el Jack Daniels empleado habitualmente para ese menester, acaba de terminárselo el barbero que va a proceder a la amputación), pero como tiene un inmenso valor (si es que Dios hizo en él maravillas) se niega a dar señales de temor. Cuando el barbero de pulso tembloroso (además de por la ingesta de bourbon es que tiene Parkinson. Vamos, que como para ir a robar panderetas, el tío) está a punto de comenzar a cortar por lo sano (es decir, unos centímetros por debajo del ombligo) es requerido para una operación urgente a vida o muerte, tiene que extirpar un lobanillo en la oreja izquierda al burro del alcalde (entiéndase, al asno propiedad del regidor municipal). Nuestro protagonista queda abandonado en el lóbrego quirófano a merced de los picotazos de una banda de gallinas asilvestradas que sentaron allí sus reales en tiempos de san Fernando. El peligro de que estropeen su cutis suave como culo de bebé es terrible, pero logra desasirse de sus ataduras pues no en vano es consumado maestro de yoga, kama-sutra y papiroflexia.
Una vez libre, se coloca un vestido que por allí encuentra abandonado y que resulta ser un traje de lagarterana con todos sus accesorios y complementos. Así, de lo más mono, sale al pasillo donde se encuentra con otro mono, esta vez de los de verdad. Se trata de un gorila albino, producto de las relaciones sexuales contra-natura de un asesino albino y del simio de la calle Morge cuando ambos cumplían condena en el terrible penal de Andorra. El gorila comienza a perseguir a nuestro héroe sabe Dios con qué perversas intenciones (lo demás lo sospechamos). Se masca la tragedia como si de un chicle se tratase. La tensión es muy elevada (hipertensión, se llama eso) cuando el Hospital tiembla hasta sus cimientos. No, no se trata de un terremoto. Es el lamento de doscientas plañideras conmovidas por el fallecimiento del jumento del alcalde (entiéndase, del rucio propiedad del regidor municipal) que acaba de estirar las cuatro patas gracias a los ciudados recibidos, a saber, una sangría, dos limonadas y tres aplicaciones de sanguijuelas. Por desgracia, el barbero, pelín ofuscado por los vapores etílicos, confundió una víbora de Vilafranca de las empleadas para elaborar la Triaca Magna con una sanguijuela, error que hizo inevitable el fatal desenlace.
Aprovechando la confusión creada por el patético canto a capella de doscientas horripilantes voces de "Ya se murió el burro/ que traía la vinagre/ ya se lo llevó Dios/ de esta vida miserable./ ¡Qué turururú!/ ¡Qué turururú!" nuestro protagonista consigue dar esquinazo al gorila albino metiéndose bajo las sayas de la imagen de Nuestra Señora de Regla y Cartabón que en esos momentos procesiona por el pasillo del hospital.
Sin embargo, un nuevo peligro acecha a nuestro intrépido héroe. Si hubiera visto Misión Imposible II lo sabría, pero él no tiene tiempo para el cine de consumo. Sólo ve películas made in Mongolia, Beluchistán... así que ignora que al terminar las procesiones españolas de Semana Santa se queman los pasos mientras la fallera mayor llora desconsolada. Héte aquí a nuestro protagonista rodeado de fuego como una hamburguesa en el Burriquín ése. ¿Qué puede hacer? En ese momento desesperado encuentra en el bolso del vestido de lagarterana un traje ignífugo con equipo de respiración autónoma incluido. Así ataviado consigue atravesar la ígnea barrera pero ignora que ha salido de las llamas para caer en las brasas.
La multitud que está contemplando el prendimiento de la procesión (francamente, siempre creí que la Procesión del Prendimiento era otra cosa) comienza a gritar "¡Un extraterrestre!" "¡Llamad a Benítez!" lo que provoca la inmediata intervención de cuatrocientos hombres de negro camuflados bajo los hábitos de la Hermandad del Santísmo Cristo de Roswell. Cuando están a punto de hacerle la autopsia en vivo con un cucharón de palo interviene un sacerdote, un misionero dominico enviado a Sevilla para convertir infieles, que deshace el entuerto declarando que ése no es extraterrestre sino hereje luterano, calvinista o anabaptista, aborto de Satanás, discípulo de Lucifer, hez del Infierno y socio del Sevilla F. C. La plebe decide organizar un Auto de Fe justo al lado de los Autos de Choque aprovechando el rescoldo producido por la quema de las esculturas procesionales (ya dijimos que había salido de las llamas para caer en las brasas). Cuando el protagonista siente que las llamas lamen sus pies y las vicuñas sus [censurado], tiene una idea genial. Realiza con el sanbenito una especie de bolsa que al llenarse de aire caliente le hace ascender por las alturas. La gente grita "¡Milagro, milagro!" mientras el sacerdote dominico intenta infructuosamente poner una conferencia telefónica al Vaticano para pedir instrucciones a su padre, el Papa, (no sean mal pensados que no fue fruto de una coyunda sino de inseminación artificial) por lo que debe recurrir al tam-tam.
Nuestro héroe, después de ceder el paso a un tal Cyrano de Bergerac que también practica la aeronaútica sin avión, se encuentra con la desagrable sorpresa de que la bolsa se enfría lo que provoca su caída en picado. Mientras tres banqueros se suicidan arrojándose de la Giralda, nuestro protagonista logra dirigirse al Guadalquivir en el que se sumerge junto al puente de la Barqueta después de realizar un óctuple salto mortal carpado con cuádruple tirabuzón y rematado con espectacular corte de mangas que le merece diez puntos por parte del jurado y trescientos dieciocho por parte de los servicios médicos de urgencias de la base aeronaval de Rota a donde es conducido después de ser rescatado por el Séptimo de Caballería al mando de Rin-tin-tín. Termina así el argumento de nuestra veraz y plausible historia.
Sin embargo, la posibilidad de que Dan Brown mienta también da pie a interesantes reflexiones. La primera es, por supuesto, qué credibilidad merece alguien que miente en algo de importancia menor. Francamente, a nadie le importa un huevo si Dan Brown parió la idea de "El código..." cuando estudiaba arte en Sevilla o cuando desarrollaba su entrevista matutina con el Sr. Roca (habida cuenta del resultado final, esto es más probable). De nuevo deberíamos preguntarnos ¿qué pretende en ese caso el Ayuntamiento de Sevilla planteándose el invitarlo? ¿Que Dan Brown conozca de verdad la ciudad sevillana? ¿Y después qué? Porque si ha mentido en una ocasión ¿qué le impide volver a hacerlo? No quiero ni imaginarme qué libro podría escribir a continuación. Por ejemplo, un señorito andaluz cabalga por la ciudad llevando a la grupa a una gitana cartomante que no hace más que decir "¡Ozú, mi arma!" mientras intenta ocultar su verdadero amor, el "toreador" Iguanijo... todo ello trufado de referencias a las yeguas fecundadas por el viento de la mitología prerromana, a las cartas del Tarot, a los juegos taurinos cretenses en honor de la diosa Madre... para acabar en que Robert Langdon acompañado por un florero humano del sexo femenino encuentra la mesa de Salomón ahumado, el huevo de Colón, la descendencia de Jesús y María Magdalena y los enanitos de Blancanieves en la basílica de El Palmar después de haber descifrado el código oculto en las pinturas de Velázquez y salvando la oposición de dos curas del Opus, tres jesuitas, cuatro dominicos y cinco carmelitas descalzos. Por no hablar de las intevenciones estelares de los piratas de la Isla de la Cartuja, los Siete Niños de Écija y los pistoleros de Kansas City Avenue. Ya puestos, hasta le regalo el título: "El código Velázquez". Éxito garantizado.
Como ya está bien de sarcasmos, hablemos en serio (si es que eso es posible tratando de tan curioso autor y de sus obras). En este santo país a nadie se le movió ni medio pelo (bueno, salvo a los católicos y un par de ellos más entre los que me cuento) por la sarta de disparates que contiene su opera magna (en ventas, porque lo que es en otra cosa...), "El código da Vinci".
¿Que dice que la torre Eiffel es un símbolo fálico gigantesco erigido para superar el supuesto complejo francés por ser gobernado por enanos como Napoleón y Pipino el Breve (olvidémonos de que Carlomagno era una gigante no sea que se vaya la tesis a tomar por donde amarga el pepino)? No importa, es ficción.
¿Que dice que Andorra es una colonia penal francesa? No importa, es ficción.
¿Que no se sabé qué coño se cree que es Oviedo para que el Opus envíe allí misioneros? No importa, es ficción.
¿Que dice que Sevilla es una ciudad tercermundista? Esto es una ofensa intolerable. ¿Qué se ha creído el hijo de yanki éste? Esto es una afrenta a la nación española, un ultraje, un síntoma de lo patanes que son los norteamericanos, de su ignorancia de la realidad europea...
Ahora es "el llanto y el crujir de dientes" cuando algunos ya dijimos que la idea que tiene Dan Brown de documentarse para escribir una novela se reduce a asegurarse de llevar encima el permiso de conducción cuando se sienta frente al procesador de textos.
Los disparates sevillanos de "Fortaleza digital" no son peores que los que comete contra París en "El código..." y ambos por el mismo motivo, porque con independencia de si pisado alguna vez esas ciudades (que él sabrá si ha sido así o si ni eso) no tiene ni puñetera idea de cómo son realmente.
Cuando ese texto se haya traducido a nuestro idioma la gente podrá comprobar la sucesión de "burradas" que contiene y, tal vez, entonces comprenderán lo que hay de cierto en sus historias sobre da Vinci, María Magdalena, el Grial, el Priorato de Sión... y que es lo mismo que lo que dice de las escaleras de la Giralda, un disparate tras otro.
Y por cierto, ¡qué ciudadanía tan culta hay en España! "Semos" de lo más "cosmopolitan" del mundo mundial. Hasta ahora muchos no se habían dado ni cuenta de los disparates cometidos al describir París en "El Código..." señal inequívoca de la superioridad de la educación patria sobre los norteamericanos que son unos zoquetes y no como nosotros. Somos maravillosos. Somos fantásticos.

Concesión del premio Favila el Osado

Bueno, ya me he divertido bastante durante las últimas fechas así que ya es hora de que retome el serio tono habitual en esta bitácora (es decir, que se van a aburrir como monos), para ello nada mejor que una nueva concesión de nuestro prestigioso galardón dedicado a tantas y tantas personas que se esfuerzan diariamente en soltar la mayor "burrada" histórica que imaginarse pueda (perdón, en realizar las afirmaciones más alejadas de la realidad histórica. ¿En qué estaría yo pensando para faltar así al respeto debido a los asnos?)
En las fechas en las que anduve ocupado con la crítica a Los Guardianes del Secreto y en hablar del deplorable momento que atraviesa el escepticismo en nuestro país, se quedaron sin su merecido premio numerosas afirmaciones de lo más disparatado que vieron los siglos pasados y esperan ver los venideros (considerando como está el patio, en dos días destrozan la plusmarca).
Pudiera parecer, por otra parte, que la parálisis estival nos habría dejado sin candidatos pero ¡quia! las altas temperaturales veraniegas parecen haber recalentado las sinapsis neuronales de algunos hasta dejarlas inútiles porque en caso contrario no se explican las selectas "perlas" con las que nos obsequian.
Bueno, también hay que reconocer que el descenso habitual de noticias (aunque esto año mucho menos pronunciado) deja vacantes nicho ecoilógicos (sic) en los que medran las serpientes de verano con la inestimable colaboración de las "preparadas" hordas de becarios que suelen trabajar en los medios de comunicación en estas fechas y de las que podemos decir que, al igual que sucede con las ediciones del diccionario de la R.A.E., cada nueva promoción hace añorar a la precedente. Nos esperan tiempos muy divertidos. Ray Bradbury era un optimista incorregible. No van a hacer falta ni bomberos para encontrarnos en un mañana ágrafo.
Decíamos, antes de perdernos en las habituales digresiones marca de la casa, que no habían faltado candidatos. De hecho reunimos la Triada Capitolina. Comenzamos por considerar digno de nuestro excelso galardón al Excelentísmo Ayuntamiento de Sevilla por los motivos expuestos en la anterior entrega. No obstante, el hecho de que, por el momento, sólo se está planteando si invita a Dan Brown o no, le hizo perder votos en la ronda final. A fin de cuentas si fuera lo mismo pensar algo que realizarlo, nuestra vida sexual sería aún más divertida. Bueno, eso en el improbable caso de que no estuviéramos criando malvas porque alguien hubiera pensado que la humanidad estaría mucho mejor sin ese "peazo cabrito ya crecidito". Es lo que tiene la vocación de moscón cojonero, que siempre hay alguien que desearía tener al alcance de la mano el bote de Raid Extra Dry. En fin, dejémoslo correr como el río de Heráclito no sea que me acusen de promover broncas.
Nuestro segundo finalista fue el ínclito Minigtro (sic) de Defensa egpañol (sic), D. José Bono tanto por su confusión entre el ejército español y la Legión Tebana de san Mauricio como por su contribución a enmarañar el presente complicando así el trabajo de las futuras generaciones de historiadores (en el improbable caso de que mañana haya alguien con el sexo lo bastante grande o el seso lo bastante pequeño como para osar desafiar a Su Fordería Mustafá Mond con la reconstrucción objetiva del pasado).
Pretender que la obligación principal de un soldado español es la de estar dispuesto a morir por su patria, aparte de recordar las leyendas hagiográficas (algo nada extraño si tenemos en cuenta de quién estamos hablando, ora pro nobis) es tanto como "cargarse" toda la tradición castrense que intenta preparar al militar no para morir y sí para matar ("El buen soldado no es el que muere por la patria, es el que hace que su enemigo lo haga por la suya"). Y no, no me venga con historias de "Dulce et decorum..." para que no tengamos que recordar que cuando el poeta latino autor de esa frase entró en batalla, soltó el escudo y avanzó a pecho descubierto... en dirección contraria a la que ocupaba el enemigo. Dulce et decorum... ¡y una leche!
La verdad, la guerra es una mierda lo bastante grande como para que no admita intentos de camuflaje con bellas palabras e ideas altisonantes: sacrificio, honor, valentía... Libertad, Independencia, Triunvirato y Avenida de los Incas que decían Les Luthiers (y si conocen Buenos Aires no necesitan que les explique el chiste) porque la realidad es tan brutal como sencilla, un ejército es el conjunto de hombres y equipamiento preparado para derrotar (y eso implica matar) al enemigo. Y si eso no le gusta, tal vez resulte más adecuado que en vez de ministro de defensa sea ministro metodista.
Si tuviéramos poco con su visión de tropas formadas por futuros mártires (que resultarían tan inútiles como el corbatero de Tarzán), ahora anda empeñado en convencernos (temo que con éxito) de que un helicóptero militar artillado es lo más parecido que existe al trineo de Papá Noël, que el ejército es una ONG supermegaguay... y que una guerra es una crisis humanitaria (que lo es, pero también es mucho más que eso). Ya pueden ir tomando notas los futuros historiadores, Afganistán no es una guerra, no hay, por tanto, una misión arriesgada para las tropas que allí están y por eso los soldados que mueren no tienen derecho a la condecoración con distintivo rojo o azul y deben conformarse (sus familiares, claro) con el distintivo amarillo. Por si no se aclaran de qué importancia tiene esto (algo bastante probable dado el éxito social de las afirmaciones de que las medallas son meros trozos de metal, las banderas trapos... despreciando que no son interesantes como objetos materiales y sí como símbolos) permítanme que les dirija a este enlace donde podrán aclarar dudas al respecto.
Sin embargo, y pese a sus evidentes méritos, tampoco decidimos premiar al "minigtro" José Bono por varias razones. La primera resulta evidente, es un "mandado". La segunda es porque de los historiadores futuros se deberán preocupar ellos mismos. La tercera porque habida cuenta de la afición del "minigtro" a autocondecorarse no es cosa de hacerle un favor y otorgarle un galardón aunque sea con distintivo negro (por similitud con las banderillas negras, obviamente).
Nuestro tercer candidato y, él sí, receptor de nuestra distinción es (redoble de tambores) James H. Charleswoth. ¿Y quién es este caballero? -se estarán preguntado Vds-. Nada mejor para ello que enlazar las declaraciones que le han hecho merecedor de ganar en dura lid nuestro premio.
Vayamos por partes. Primero, veamos qué dice el capítulo 9 del Evangelio de Juan. Como pueden ver, Juan no da ninguna descripción de cómo es ni de dónde está la piscina de Siloé. Afirmar, por tanto, que: "Ahora hemos encontrado la piscina de Siloé… exactamente en el lugar en el que Juan dijo que estaba" es una memez.
Parece que el experto en el Nuevo Testamento (ejem, ejem) ha confundido la piscina de Siloé con la otra mencionada en el Evangelio de Juan, concretamente en el capítulo 5, la piscina de Betesda que estaba junto a la Probática, de la que Juan sí aporta algún detalle más.
No obstante, ¿qué puñetas son estas piscinas? ¿Son lo mismo que entendemos nosotros por ese término? Pues no. No piensen en los judíos de tiempos de Jesús acudiendo con la colchoneta hinchable y el flotador de patito a una masa de agua para hacer más llevaderos los calores estivales. El término griego kolimbetra que emplea Juan es la traducción del hebreo miqveh (o mikveh) que significa acumulación. No obstante, el término en hebreo suele designar una piscina ritual para proceder a la purificación. Como lugares que deben cumplir con una serie de condiciones (véase el artículo enlazado) los mikvaot (plural de mikveh) se presentan con frecuencia agrupados en las cercanías de fuentes naturales o de conducciones de agua excavadas en la roca. Así, Benjamin Mazar encontró más de cuarenta mikvaot al sudeste del lugar que ocupó el Templo, alguno tan lujoso como éste. También en Qumrán se han encontrado numerosos mikvaot.
¿Por qué, entonces, habríamos de aceptar la identificación del mikveh encontrado con el mencionado en el evangelio de Juan? Por nada en absoluto.
No obstante, supongamos que se encontrara alguna inscripción que demostrara que ésa es realmente la piscina de Siloé. Aun así, ¿sería aceptable la pretensión de que eso demuestra la historicidad de tal Evangelio? Para nada. ¿Qué pensarían Vds. de alguien que pretendiera que la existencia de molinos de viento en la Mancha confirma la historicidad del Quijote? Pues ésa, ni más ni menos, es la burra que nos están intentado vender.

Misterios y enigmas de la editorial extraterrestre

Volvemos pues a la normalidad. Septiembre es el mes del regreso a la cotidianeidad después del final de las vacaciones (quien tenga la suerte de tenerlas, claro) y, también, el del lanzamiento de nuevas (o no) colecciones. Como no podía por menos de ser, los "extraterrestres" (es decir, los "muchachos" de la editorial Planeta-DeAgostini) contribuyen con su granito de arena a esta manía de convertirnos a los españoles en coleccionistas de algo (el que no se empeña en transformarme en filatélico quiere que sea arctófilo) no tanto por lo que ello tiene de positivo desde el punto de vista de la personalidad como por interés económico.
Si la colección (nunca mejor dicho) de chorradas suele ser memorable (entre otras ya he visto el anuncio de una colección de minerales energético -no, no se refieren a la antracita-) este año parecen decididos a superarse. Los "chicos" de Planeta (que son tan listos que han conseguido hacer un negocio de la venta de libros en un país en el que no lee casi nadie comenzando por el Presidente de Gobierno del que todavía se recuerda su deplorable ¿lectura? del Quijote en la que mencionó dos veces el Amadis -sic, con acento en la segunda a- de Gaula) no iban a conformarse con ser menos que los demás, así que han ofrecido no una sino tres colecciones de las que tenemos que hablar.
Que en la editorial Planeta están muy cabreados por haber dejado escapar el "chollo" de "El código da Vinci" no es ningún secreto, es más, si me apuran es algo lógico, porque a Planeta le importa tres huevos lo que publiquen mientras dé dinero, algo que se demuestra viendo que en su catálogo figuran las obras literarias de Juan José Benítez. Así, trataron de subirse al carro del éxito de las noveluchas de transfondo religioso con un infumable "El último merovingio" de Jim Hougan (por cierto, una novela escrita antes de "El código..." pero que de puro mala no había interesado a nadie). Ahora, con ese mismo título encabezan (bueno, en realidad estoy pensando en que el término más propio no sería ése y sí alguno que hiciera referencia a otras partes anatómicas) una "magnífica" colección titulada Misterios y Enigmas de la Historia (casi nadie al aparato).
Una denominación tan grandilocuente ¿qué oculta? Pues según la propia editorial:
"A través de un relato de ficción los autores de esta colección nos desvelan los misterios del pasado a través de los enigmas que éste plantea.
Los libros de Misterios y Enigmas de la Historia, como muchas de las mejores narraciones de intriga y suspense, nos introducen en el mágico mundo de la ficción sin olvidar que el contexto en que se desarrolla es fruto de un profundo y fiel respeto hacia la realidad de la época.
Este escogido repertorio de novelas de apasionantes tramas, donde el pasado y el presente se funden para crear una historia de intrigas y pasiones, atraparán de inmediato al lector, quien irá deshilvanando poco a poco cada una de las incógnitas planteadas.
Reyes y duques, papas y cardenales, monjes y juglares, ortodoxos y herejes, pero también los hombres y mujeres corrientes que forman parte de nuestro pasado histórico participan en las historias de ficción que nos permitirán no sólo conocer los tiempos pasados sino también entender, con un sentido crítico, nuestro presente."
Lo que deja bien claro algunas cosas, la primera es que el encargado de hacer este reseña no es, precisamente, un premio nobel de literatura (se puede escribir peor, pero es difícil).
La segunda que además de no saber escribir tampoco debe saber leer porque pretender (dejemos aparte consideraciones literarias) que obras como la Trilogía Templaria de Nicholas Wilcox (más conocido como Juan Eslava Galán) es "fruto de un profundo y fiel respeto hacia la realidad de la época" sólo puede significar tres cosas:
a) Que no la ha leído o si lo ha hecho no ha entendido ni palabra.
b) Que para él (o ella) la palabra respeto significa algo distinto que para el común de los mortales.
c) Que no tiene ni idea de cuál era la realidad de la época.
Seamos benévolos y pensemos que la explicación correcta es la "a".
La tercera cuestión que queda clara es que para el redactor (o la redactora) de ese resumen, la colección está formada por obras de ficción: "A través de un relato de ficción los autores de esta colección..." y después repite otras dos veces la palabra "ficción". Nada tengo que objetar a ello (al contrario, apoyo esa consideración), pero supongo que ése no será el parecer de los Sres. Sierra y Picknett & Prince, autores respectivamente de "En busca de la edad de oro" y "La revelación de los templarios" (entregas número 13 y 12) que, supuestamente, son fruto de largas y dificultosas investigaciones (como siempre) que desvelan profundos enigmas que nadie antes había revelado (como siempre) y no meras novelas (afortunadamente para los críticos literarios que hubieran podido colgarse de un pino si hubieran tenido que leer esos bodrios).
¿Qué pintan esas dos obras de investigación (de himbestigación) en una serie de novelas? Pues eso me gustaría saber y no encuentro explicación alguna más allá de que Planeta ha decidido entonar el mea culpa y reconocer que no tienen nada que ver con la realidad, pero, por desgracia, Planeta también nos obsequia (es una mera forma de hablar, si la quieren pasen por caja) con la colección Enigmas históricos al descubierto en la que junto a obras historiográficas magníficas como "Auge y caída de los templarios" de Alain Demurger y "La otra historia de los cátaros" de Malcolm Lambert (si aceptan un consejo, aprovechen esta ocasión para adquirir a bajo precio unos textos excelentes) colocan cosas como "Jesús o el secreto mortal de los templarios" de Robert Ambelain o "El nuevo código secreto de la Biblia" de Michael Drosnin, lo que sólo contribuye a que el lector "se haga la picha un lío" y ya no distinga realidad de ficción ni historia de pseudohistoria. Totum revolutum que la pela es la pela.
¿Faltaba algo más para liar la madeja? Pues sí, la Biblioteca Guerra Civil (sic) en la que parece que la idea de Planeta de ser objetivos en temas históricos consiste en oponer libros sesgados por la visión "de derechas" con libros sesgados por la visión "de izquierdas" y así todos contentos (o todos cabreados, que también es posible e igualmente beneficioso para la caja). Tal vez el título "Biblioteca Guerra Civil" no sea el disparate que parece. En fin, menos mal que la quieren vender como:
"La colección Biblioteca Guerra Civil constituye una aportación decisiva al conocimiento profundo, sereno y riguroso del conflicto. Es una selección de libros fundamentales, elaborados desde diversas ópticas y escritos a veces por testigos directos del acontecimiento bélico y otras por historiadores de relevancia indiscutida."
"conocimiento profundo, sereno y riguroso" "historiadores de relevancia indiscutida" Ya, ya...
Pues eso, que feliz rencuentro con la vida cotidiana. Como han visto algunas cosas nunca cambian.