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Escritos desde el páramo

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (IX)

Viene de aquí
En el IV Concilio de Letrán, Inocencio III no quiso hacer "leña del árbol caído" en exceso. La aceptación de Simón de Montfort como nuevo conde de Toulouse estuvo acompañada del reconocimiento de alguno de los derechos feudales de Raimundo VII, hijo del excomulgado Raimundo VI. En concreto, se le concedió el título de marqués de la Provenza y las tierras que pertenecían a su dinastía en la margen izquierda del Ródano, región en la que los cátaros no habían conseguido implantarse. Por ello, el que estuvieran en manos de la casa de Toulouse (siempre sospechosa de amparar la herejía) no suponía, en principio, mayores problemas.
Sin embargo, Raimundo VII pronto comprueba el descontento con los Cruzados que existe en ciudades como Avignon, Arles y Marsella. La razón para ello es sencilla de comprender. Se trataba de poblaciones casi independientes al modo de la ciudad-estado italiana. Les inquietaba lo sucedido en Toulouse y veían en los ejércitos franceses un serio peligro para sus libertades.
El marqués de la Provenza es también plenamente consciente del odio hacia los Cruzados que existe en el Languedoc y que se había incrementado con las medidas despóticas de los Estatutos de Pamiers de los que hablamos en la anterior historia. Raimundo debió pensar aquello de "Blanco y migado, sopas de leche" y obtuvo ayuda de Marsella y Avignon para formar un ejército con el que atraviesa el Ródano regresando así a los dominios tradicionales de la casa condal tolosana. Cerca Beaucaire. Simón de Montfort acude a auxiliar a la guarnición asediada y logra rescatarla, pero debe ceder el terreno a su enemigo. Es su primera derrota y el fin del mito de la invencibilidad del ejército francés. Mensajeros de Raimundo recorren el Languedoc y provocan una insurrección general.
Por si la situación de Montfort no fuera ya lo bastante peligrosa, Raimundo VI (que se había refugiado en el reino aragonés) cuando recibe las noticias de lo que está sucediendo, organiza a los faidits exiliados y cruza los Pirineos. Con el apoyo de los condes de Comminges y Foix ataca Toulouse y la rinde con facilidad puesto que las murallas habían sido parcialmente derruidas para que no pudieran servir de protección en caso de levantamiento de los ciudadanos. No obstante, el castillo Narbonés (llamado así porque estaba junto al camino a Narbona), que domina la ciudad, permanece en poder de los fieles a Montfort y eso le da esperanzas de poder recuperar el control de su feudo. Concentra a los mejores hombres que le quedan, pide que se vuleva a predicar la Cruzada y ataca Toulouse tal vez creyendo que sería una operación tan sencilla como la que había protagonizado Raimundo VI.
No obstante, allí se habían reunido los ejércitos de Raimundo VI y Raimundo VII y la multitud enardecida había comenzado a reparar las murallas y a construir máquinas de guerra. Cuando llega Simón de Montfort se encuentra con "un hueso muy duro de roer" que termina por costarle la vida cuando es alcanzado por una piedra disparada desde lo alto de la muralla. Es el 25 de junio de 1218.
A Simón le sucede su hijo Amaury que no tiene ni la experiencia ni, posiblemente, la capacidad militar de su padre. Sabe que sin ayuda externa no puede conservar sus dominios así que el obispo Fulko y la condesa de Montfort acuden a solicitar el auxilio de Felipe Augusto. Éste, libre por una vez de problemas internacionales y tal vez temeroso de que el conflicto comenzara en la margen izquierda del Ródano lo que suponía una extensión del problema del Languedoc, envía un poderoso ejército al mando de su primogénito, Luis.
Éste cerca Marmande y al asedio se une Amaury de Montfort. La plaza capitula y toda la población es pasada es cuchillo. Sin embargo, esta vez la estrategia del terror no funciona. Posiblemente la cantidad de horrores vividos durante los años de guerra habían creado una cierta insensibilización en los occitanos. Así que cuando el ejército francés llega a Toulouse, no tiene más remedio que iniciar un asedio en toda regla. Seguramente esto no entraba en los planes de Luis que debía esperar una guerra rápida y sin mayores complicaciones como la de la Cruzada de 1209, así que el 1 de agosto de 1219 dice que ya ha terminado sus cuarenta días de servicio y regresa a casa.
Abandonado a su suerte, Amaury va perdiendo lo conquistado por su padre. Raimundo Trencavel, hijo del difunto Raymond-Roger, amenaza la ciudad de Carcassonne con la ayuda del conde Roger-Bernard de Foix y con el visto bueno de Raimundo VII. Las grandes casas nobiliarias del Languedoc deciden olvidar viejas rivalidades y unirse contra el enemigo común que, evidentemente, sabe que ha perdido la guerra. Amaury se retira de Carcassonne sin presentar batalla y termina por regresar a sus dominios franceses olvidándose de Occitania. De hecho, en febrero de 1224 cede sus derechos sobre Toulouse, Carcassonne... a Luis VIII, rey de Francia, que ya conocía el terreno porque es el mismo Luis que había dirigido el ejército francés en la fallida expedición de 1219.
En el Languedoc, la huida de Amaury de Montfort supone el reconocimiento de su victoria, aparentemente definitiva, para la casa condal tolosana. Es el momento de entregarse a la "vendetta". Las matanzas se suceden aunque ahora van en la dirección contraria. Cualquier francés capturado es pasado a cuchillo. No sólo ellos sufren las represalias. El 1 de septiembre de 1220 Raimundo VI y Raimundo VII otorgan derecho a los cónsules de Toulouse a perseguir a los malefactores, los colaboradores occitanos de los Cruzados (no consta que los cónsules emplearan esa carta blanca para molestar a Raimundo VI por su participación en la Cruzada de 1209 -esto es una pequeña maldad, obviamente-). El obispo Fulko fue desterrado.
Algunos de los faidits que regresan (y que ya eran anticlericales antes de exilio) vuelven cargados de odios no disimulados. Aunque se habla frecuentemente de que este periodo supuso una gran tolerancia religiosa que quedaría demostrada por la vitalidad de la comunidad dominica de Toulouse y del convento femenino de Prouille, eso debe ser matizado. Por de pronto en ambos establecimientos quedaron los naturales del Languedoc y ambos estaban bajo la protección de las grandes casas nobiliarias. Sin embargo, dónde no llegan éstas la situación no tenía porqué mantenerse dentro de límites civilizados. El 23 de enero de 1224 Honorio III, sucesor de Inocencio III, se queja a Luis VIII de Francia:
"mientras los católicos se marchan y son puestos en fuga, los herejes ocupan su lugar con sus creyentes, sus agitadores, sus encubridores..." [1] (Pág. 182).
En efecto, con la nobleza regresan (o abandonan la vida clandestina, o abjuran de su reconciliación con la Iglesia católica...) los cátaros. En 1226 se reúnen en Pieusse un centenar de Perfectos para discutir sobre la creación de una quinta diócesis en el Languedoc, la del Razès, señal de que volvían a estar activos y en pleno crecimiento.
Todo ello, sin embargo, está en peligro. La renuncia de Amaury de Montfort de todos sus derechos en beneficio de Luis VIII cambia completamente la situación. Ya no se trata de que el rey francés quiera o no ayudar a uno de sus vasallos, sino que ahora es su propio feudo. Raimundo VII así lo entiende (su padre había fallecido en 1222, así que él es ahora la única cabeza de la casa condal tolosana) e intenta llegar a un acuerdo con el papado. Entre julio y agosto de 1224 se celebra una conferencia en Montpellier. Los obispos católicos se muestran contrarios al reconocimiento de Raimundo VII como legítimo conde de Toulouse así que el papa nombra un legado para solucionar el conflicto. Se trata de Romano Frangipani, cardenal de Sant´Angelo, que reúne un concilio en Bourges ante el que comparece Raimundo sólo para enterarse de que no tiene nada que hacer, que nunca se le va a conceder el título condal.
Finalmente, el 12 de enero de 1226 es excomulgado. Esto es lo que necesitaba Luis VIII para intervenir y toma la Cruz aunque, eso sí, esta vez impone sus condiciones: carta blanca para dirigirla como le plazca, libertad para disponer del condado de Toulouse y los restantes bienes de Raimundo VII, la dirección espiritual correrá a cargo de obispos franceses y el dinero para financiarla saldrá, en exclusiva, de los fondos de la Iglesia.
El ejército francés se reúne en Lyon en junio de 1226 y ataca una ciudad fortificada que se consideraba inexpugnable, Avignon. El asedio es largo hasta el punto de que el conde de Champagne se vuelve a casa pretextando que ya había cumplido con sus cuarenta días de servicio (parece que se había leído la biografía de Luis VIII -obviamente, esto es otra pequeña maldad-). No obstante el "au revoir" del conde, la ciudad se rinde el 9 de septiembre. Esta vez no habrá ninguna matanza y, sin embargo, la toma de Avignon hunde la moral de los occitanos. Lo que Luis VIII no logró con la masacre de Marmande lo consigue con el perdón a los ciudadanos de Avignon: Béziers, Carcassonne y Pamiers se rinden sin combatir. Sin embargo, el conde de Foix, Raimundo Trencavel y Raimundo VII están dispuestos a resistir. Toulouse se prepara para un nuevo asedio. No obstante, Luis VIII decide esperar al año siguiente para luchar con tropas de refresco y en una época más propicia (estamos en octubre). Parte del ejército regresa a Francia mientras las restantes tropas permanecen sobre el terreno al mando de Humbert de Beaujeu asistido por Guy de Montfort (hermano de Amaury e hijo, por tanto, de Simón de Montfort).
El 3 de noviembre de 1226 Luis VIII fallece en Montpesier por una enfermedad. Su hijo y heredero, Luis IX, es sólo un niño por lo que el reino entra en un periodo de regencia bajo Blanca de Castilla que debe enfrentarse a continuas revueltas nobiliarias que buscan recuperar los derechos que habían ido perdiendo a lo largo del tiempo en beneficio de la corona.
Pese a estas dificultades, la guerra prosigue en el Languedoc de forma encarnizada durante tres años. Las tropas de Raimundo VII y de Humbert de Beaujeu se enfrentan por cada fortaleza que pueda darles una ventaja sobre sus enemigos. Sin embargo, esta guerra no se libra sólo en los campos de batalla. Los franceses, bajo inspiración del obispo Fulko, comienzan a realizar incursiones contra los campos que rodean Toulouse para destruir las construcciones, arrasar las cosechas y arrancar la vides. Además, en 1227 el nuevo papa, Gregorio IX, prohíbe el acceso a las importantes ferias de Champagne de todos los mercaderes tolosanos. Obviamente, se estaban atacando las fuentes de financiación de los occitanos.
Si la situación del ejército del Languedoc no era buena, la del francés tampoco era "para tirar cohetes". Los problemas con los nobles levantiscos hacían que a Blanca de Castilla le urgiera el acabar de una vez con la guerra occitana.
Dados los problemas de ambos contendientes, Raimundo VII piensa (tal vez impulsado por problemas internos en Toulouse) que es el momento de negociar. Con la mediación del conde de Champagne, Thibaut IV, se acuerda celebrar una conferencia en Meaux en la tierras de Champagne. Sin embargo, Raimundo VII es capturado y la supuesta conferencia se convierte en una imposición de condiciones. Aunque el pueblo occitano, en su momento, vio el tratado de Meaux como un desastre, los compromisos adquiridos (de mejor o peor grado) por Raimundo eran duros pero no descabellados. Pierde sus posesiones en la margen izquierda del Ródano en beneficio de la Iglesia y las de la margen derecha pasan, nominalmente, a poder del rey de Francia aunque se permite, graciosamente, que el conde siga gobernando:
"la diócesis de Tolosa... la diócesis de Agen y de Rodez... la diócesis de Cahors menos la villa de Cahors..." [1] (Pág. 190) además de las tierras al norte del Turn en la diócesis de Albi. Esto supone, sencillamente, legalizar la situación que ya existía en el campo de batalla.
Además, la boda entre Jeanne, la única hija de Raimundo VII, con un hermano de Luis IX suponía que en un futuro la dinastía tolosana seguiría conservando esos dominios excepto si el matrimonio no tuviera descendencia en cuyo caso las propiedades irían a poder del rey francés.
Las cláusulas realmente duras eran las que concernían a la destrucción de fortificaciones en Toulouse, Fanjeaux, Lavaur... y la entrega, durante diez años, de los estratégicos castillos Narbonés (en Toulouse), Penne y Cordes a los ejércitos reales. Todo ello suponía garantizar que el conde iba a estarse "quietecito" y sin posibilidad de afrontar una nueva guerra.
De igual forma debía pagar a la Iglesia (en especial a la orden del Císter) cuantiosas indemnizaciones.
Por supuesto debía perseguir la herejía e, incluso, ayudar al rey francés contra sus anteriores aliados (de Raimundo) como el conde de Foix.
Todo ello hubiera debido suponer el final de las guerras occitanas, pero aún quedaba un último capítulo.
NOTA:
[1] Citado en Los cátaros. Paul Labal. Traducción de Octavi Pellissa. Ed. Crítica. Barcelona, 2000.
-Continuará-

Intermezzo artístico

Permítanme realizar un breve paréntesis en la historia de los cátaros (que después retomaremos) para hacer un poco de publicidad de mi tierra que, si no es más hermosa que ninguna otra tampoco es menos bella o, al menos, eso nos parece a los que aquí vivimos.
En estos días (empezó a finales de mayo y concluirá en julio aunque ya se está hablando de prolongarla hasta finales de agosto) se está celebrando en la Catedral palentina la exposición "La Catedral, Palabra construida". Junto a la presentación en sociedad de las últimas obras de restauración (apertura de los vanos del claustro que tuvieron que ser cegados cuando la estructura se resintió por el terremoto de Lisboa y eliminación de añadidos en la cripta románica) se han reunido piezas de extraordinario valor artístico procedentes, en su mayor parte, de la propia Diócesis. No es nada fácil ver reunidas obras de Juan de Juni, los tres Berruguete (Pedro, Alonso e Inocencio), Gregorio Fernández, Siloé, Vigarny, Alejo de Vahía... pero en esta tierra antaño rica y poderosa y hoy convertida en escombros sin que nadie haya movido un dedo para impedirlo (ya se sabe que los únicas catástrofes que movilizan a la gente son las repentinas. La decadencia secular no vende) eso es casi el pan de cada día.
Sin embargo, quiénes quieran disfrutar de piezas poco o nada conocidas (bastantes proceden de conventos de clausura) harán bien en darse una vuelta por aquí. Es un conjunto tan extraordinario que no se sabe bien qué destacar, las pinturas procedentes de Santa María del Castillo en Frómista o las de Becerril de Campos, la Virgen con el Niño de Alonso Berruguete procedente de Paredes de Nava, el Descendimiento de Vigarny... no tienen nada que envidiar a la pequeña (y sin embargo, inmensa) Virgen románica de la Dehesa (raro ejemplar realizado en cobre y esmaltes) de Husillos o al Jesús crucificado de Gregorio Fernández. Y junto a ellas, El Greco (con un San Sebastián que cada día causa mayor admiración), Pieter Coecke (Virgen con el niño, copia -o versión- de Mabuse), Cranach (retrato anamórfico de Carlos V)... y numerosos artistas anónimos no por ello menos interesantes.
Mención aparte merece la extraordinaria colección de orfebrería (cálices, custodias, salvillas...) de talleres nacionales e internacionales (copa de Nuremberg que Carlos V donó a la Catedral palentina), así como las dos series de tapices flamencos y una pequeña muestra de los fondos de la Biblioteca y Archivo entre los que podemos destacar un ejemplar de la Biblia Políglota de Amberes.
Organizada en ocho apartados temáticos: Señor y Mesías; María, Madre de Dios y Madre nuestra; Cripta de San Antolín y trascoro; La sala capitular; la Eucaristia; Santos palentinos; Memoria escrita; y Vidrieras antiguas y modernas, cumple con su cometido de mostrar sin acumular (en Palencia es fácil caer en la tentación de exponer piezas y piezas hasta que el visitante queda saturado porque nuestra riqueza artística lo permite). Pocas obras pero casi todas ellas admirables (el borrón de la muestra es la sección de Santos palentinos, con imágenes que tendrán valor devocional pero cuyo valor artístico -con excepciones- es casi nulo) y magníficamente expuestas de forma que el visitante apresurado puede cumplir con la visita con brevedad mientras el turista concienzudo puede demorarse en encontrar mil y un detalles en cada obra.
Además, la entrada es gratis salvo para grupos guiados (30 €). El horario es amplio, de martes a domingo de 10:30 a 13:30 y de 16:00 a 20:00 (el lunes permanece cerrada). En fin, que si necesitaban una excusa para venir a esta tierra o si este verano quieren algo más que sol y playa, ya saben dónde estamos.

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (X)

Viene de aquí
12 de abril de 1229, festividad de Jueves Santo. En Notre-Dame, en París, Raimundo VII hace pública penitencia. Descalzo y vestido sólo con calzón y camisa, confiesa sus errores pasados. Entre los asistentes están los vencedores, Luis IX de Francia, su madre, Blanca de Castilla, el cardenal de Sant´Angelo, el obispo de Toulouse Fulko de Marsella... Después recibe la absolución y se levanta su excomunión.
Por una vez, parece que se va a cumplir lo "pactado" en Meaux... pero es mera apariencia.
Por ejemplo, en 1229 se crea la Universidad tolosana. En un primer momento tiene cierto éxito porque acuden profesores y estudiantes de la de París que llevaban semanas en huelga (conflicto que se prolongó hasta 1231. Eso es una huelga y no las de ahora...) Pero, cuando el paro termine dos años después, los maestros (y con ellos sus discípulos) regresan a París "a toda leche" por la sencilla razón de que Raimundo había "olvidado" abonarles la primera paga (y la segunda y la tercera y...)
En 1229 se reúne en Toulouse el Concilio provincial que debía organizar la represión contra los herejes. Entre los asistentes se encuentran el conde y los cónsules tolosanos. Se acuerda que la persecución se efectuará tanto contra los Perfectos como contra los meros creyentes (es decir, los que aún no habían recibido el Consolament). Para detectar a los sospechosos los sacerdotes deberán llevar el registro de sus fieles y controlar quiénes comulgan menos de tres veces al año. Además se instituye la delación sistemática. Los hombres de más de catorce años y las mujeres de más de doce están obligados a prestar juramento de que denunciarán a los herejes. Los que muestren poco interés en hacerlo serán, ellos también, objeto de persecución.
Además, en cada parroquia se debe formar una comisión de investigación que buscará a los herejes casa por casa, sin olvidarse de posibles escondrijos en los bosques. Si se encuentran, deben ser destruidos y los cátaros detenidos serán entregados al obispo o la persona en quién éste delegue.
Los castigos van desde la prohibición de ostentar magistraturas, ejercer la medicina (según parece, algunos Perfectos aprovechaban el ser médicos para obligar a los pacientes a recibir el Consolament), expulsión de su lugar de residencia, destrucción de su morada, llevar un signo distintivo en la ropa (dos cruces de distinto color) hasta, si no se entregaban voluntariamente, penas de cárcel. Para los Perfectos, diáconos y obispos si no existía abjuración, la hoguera.
Este Concilio también nos informa de que no todos los nobles siguieron el ejemplo de Raimundo. Se califica de "violadores de la paz" a varios señores (entre ellos diversos castellanos de Les Corbières) a los que ponen fuera de la ley y condenan a todos aquéllos que los ayuden. Evidentemente, la resistencia continuaba en las comarcas de más difícil acceso.
Todo esto sobre el papel, porque en la realidad la persecución contra los cátaros encontró dificultades hasta en los dominios del conde. La razón es el apoyo popular que hacía que Raimundo se encontrara de continuo "encendiendo una vela a Dios y otra al diablo" arte en el que era un consumado maestro y eso que, al contrario que su padre, no sentía por ellos la menor simpatía.
El obispo Fulko falleció el 25 de diciembre de 1231 y fue sustituido por el dominico occitano Raymond du Falga que, si me permiten el juicio personal, era una mala bestia. En un primer momento, no obstante, parece que obtuvo la colaboración de su homónimo, el conde de Toulouse. En 1232 capturó con su ayuda a diecimueve Perfectos en la región de La Montaña Negra, en 1233 el obispo cátaro de Agen fue quemado en la capital tolosana, en esa misma época fueron capturados cuatro herejes cerca de Montségur y ejecutados como contumaces (es decir, que no abjuraron de sus creencias) con la plena aquiescencia de Raimundo...
Sin embargo, ni siquiera eso le parecía suficiente a Gregorio IX que sabe que el poder político secular (en este caso, el conde de Toulouse) se muestra colaborador u obstruccionista según sus propios intereses y eso provocaba que los obispos hicieran seguidismo de sus vaivanes. Falta así la necesaria (necesaria para Gregorio IX, claro) constancia en la represión, así que "toma el rábano por las hojas" y, alegando que los obispos tienen otras preocupaciones más acuciantes, pone la lucha contra la herejía en manos de tribunales especializados. Acaba de nacer una institución que, a la larga, empañaría el nombre de la Iglesia con toda clase de horrores, la Inquisición.
El anuncio tuvo lugar en 1233. La tarea recae en los Dominicos y son los provinciales de esta orden los que deben nombrar a los Inquisidores. Curiosamente, el Inquisidor para Francia (es decir, para el norte de Francia) era un ex-Perfecto, Robert le Bougre ("no hay peor cuña que la de la misma madera" debió pensar alguien), mientras que en el Languedoc para la diócesis de Albi fue designado Arnaud Cathala, y para Cahors y Toulouse, Pierre de Seila y el jurista Guillaume Arnaud.
Sin embargo, su trabajo no fue fácil. En Castelnaudary no habla "ni Dios" (con perdón) con los Inquisidores y en Albi, en 1234, Arnaud está a punto de ser conducido a una carnicería y degollado cuando quiso desenterrar a una hereje condenada póstumamente. En 1235, en Narbona, una multitud enfurecida atacó el convento de los Dominicos, quemó los legajos referidos a procesos inquisitoriales y expulsó a la comunidad de religiosos.
En Toulouse, el intento de ejecutar a un tal Jean Tisseyre degeneró en motín cuando el acusado proclamó su inocencia (sin embargo, conducido de nuevo a prisión recibió el Consolament de un Perfecto detenido y esta vez no le salvó "ni Dios" de la pira). También hubo bronca en 1235 cuando el obispo Raymond du Falga fue confundido por una moribunda con el obispo cátaro (digamos que du Falga no hizo nada para desengañarla y sí todo lo contrario). La confesión de la enferma hizo que el obispo ordenara, de inmediato, su ejecución que se cumplió al instante entre la indignación de los tolosanos. Los cónsules canalizaron ese sentimiento en forma de lo que hoy llamaríamos "boicot". Nadie vendió alimentos a du falga y éste tuvo que abandonar la ciudad.
En Carcassonne, en 1235, Guillaume Arnaud inicia diligencias contra cinco cónsules de la ciudad. Éstos se presentan a la puerta del convento acompañados de una multitud y expulsan a toda la comunidad de Dominicos. Raimundo VII tuvo que recibir "un toquecito" del papa recordándole lo que se había comprometido en Meaux y en el Concilio de Toulouse, a perseguir la herejía.
En 1236 uno y otros regresarán a las ciudades y pronto obtendrán un gran éxito en Toulouse cuando el Perfecto Raymond Gros "cante" hasta "La Traviata" (lo que no deja de ser curioso porque faltan unos cuantos siglos para que nazca un tal Verdi) provocando una cascada de detenciones y quemas de cadáveres (ni los muertos se libraban de la persecución inquisitorial y como éstos ya no podían abjurar...)
Sin embargo, desde 1237 la Inquisición entra "en punto muerto" hasta el punto de que el 13 de mayo de 1238 Gregorio IX ordena paralizar sus actividades durante tres meses, pero "olvida" ordenar su reanudación durante tres años, concretamente hasta su fallecimiento. No es que el papado, de pronto, sintiera escrúpulos de conciencia ni nada parecido. Sencillamente, Gregorio IX estaba haciendo lo mismo que reprochaba a Raimundo VII, condicionar la persecución de la herejía a sus intereses políticos.
En 1237, el monarca inglés Enrique III se acuerda de que los territorios franceses de Normandía, Anjou y Poitou habían pertenecido a su corona y piensa en su reconquista. Por supuesto piensa en el conde de Toulouse como un posible aliado contra Luis IX.
Por su parte, el emperador Federico II sueña con una expansión por Italia de sus posesiones en Sicilia. En 1237 en la batalla de Cortenuova derrota a la Liga Lombarda, aliada del papa. Roma está amenazada y Raimundo VII...
Éste, desde 1234, está solicitando al papa diversos favores. La devolución del título (y los feudos anexos) de marqués de Provenza que por el tratado de Meaux habían pasado a la Iglesia. También pide la anulación de su matrimonio con Sancha de Aragón porque quiere casarse con una hija del conde de Provenza. No piensen en el amor porque eso no importaba. Sencillamente Raimundo quiere "matar dos pájaros de un tiro". El primero es asegurarse descendencia porque el matrimonio de su hija Jeanne con Alphonse de Poitiers (hermano de Luis IX) acordado en Meaux no tenía hijos y, si eso seguía así, el condado de Toulouse acabaría en poder de la Corona gala. El segundo es consolidar sus dominios en la margen izquierda del Ródano. Además, también quería que su padre, Raimundo VI fuera enterrado en tierra sagrada (algo que no podía ser porque murió, como ya dijimos, excomulgado).
Con la nueva situación internacional, Raimundo VII (que de tonto no tenía ni medio pelo) comienza a jugar con dos barajas. Negocia con el papa y obtiene la paralización de la actividad inquisitorial que era de los más impopular. Gana así tranquilidad interna. Por otra parte, se acerca al emperador para forzar a Gregorio IX a acceder a sus peticiones. Sin embargo, en 1241 debió creer que ya era cosa hecha porque ordena a sus vasallos que tomen partido por el papa en su querella contra Federico II. Sin embargo, el 22 de agosto, Gregorio IX fallece y su sucesión es muy complicada. No obstante, y aprovechando que tanto el rey de Francia como el papa estaban ocupados con otros problemas, aprovechó para reconstruir las fortificaciones de las ciudades en la frontera con el antiguo vizcondado de Carcassonne.
La razón para ello es que el conde de Toulouse no es el único que aprovecha el "follón" internacional para mover ficha. En abril de 1240 Raimundo Trencavel regresa a su feudo tradicional al frente de un ejército de faidits. Los castellanos de Minerve, La Montaña Negra y Les Corbíères se unen a su causa. En Carcassonne la población toma partido por él (lo demostraron pasando a cuchillo a treinta y tres sacerdotes) pero la guarnición que se ha hecho fuerte en la cité fortificada resiste el asedio. Raimundo VII permanece neutral. No ayuda a Raimundo Trencavel pero tampoco a los sitiados. Sin embargo, cuando un ejército francés se aproxima a Carcassonne interviene para lograr que Raimundo Trencavel pueda huir.
No es que de pronto Raimundo VII sintiera una inmensa preocupación por el bienestar de la dinastía rival sino que, tal vez, estuviera ya diseñando un plan que precisaba de todas las lealtades que pudiera conseguir.
El monarca inglés, Enrique III, estaba dispuesto a enfrentarse a Luis IX por sus antiguas posesiones en el continente. Cuenta con la colaboración de Raimundo VII y éste, a su vez, con la ayuda de Jaime I "el Conquistador" de Aragón que no había olvidado la muerte de su padre Pedro II en Muret. También con el apoyo del conde de Provenza y de sus vasallo en el Languedoc. La colaboración de los nobles del antiguo vizcondado de Carcassonne era, pues, algo muy interesante. Para que no faltara nadie, en la coalición antifrancesa también aparece Federico II, éste, aparte de para vengar viejas derrotas de los emperadores alemanes, porque los Capeto y el papado eran aliados y el amigo de tu enemigo...
Si todo esto se estaba preparando en las comarcas en las que Raimundo VII mantenía un mayor o menor control, la situación era aún peor (para los intereses de la Iglesia) en aquéllos en los que el conde no pintaba nada. En Roquefort las mujeres de la población la emprendieron a pedradas y palos con un sargento que intentó detener a dos Perfectas y, en otra ocasión, ocultaron una ceremonia de Consolament por el expeditivo procedimiento de apedrear la casa del cura con lo que éste no pudo salir de ella hasta que concluyó. Obviamente, los móviles todavía no se habían inventado así que los cátaros pudieron ir y venir sin que nadie les molestara.
También existen noticias de algunos caballeros cátaros como Bernard de Quiriès, de Le Mas, que hacían más o menos lo que les daba la real gana como mear en la tonsura de un acólito para injuriar a los católicos o robar los caballos del prior de Le Mas amenazando con matar a cualquier monje que intentara impedírselo. Otra "buena pieza" fue Bernard Oth que desde 1232 la emprendió con el arzobispo de Narbonne. Robó su ganado, quemó sus edificios y atacó a sus hombres lo que no le impidió, más adelante, intentar llegar a un acuerdo con él para que anulara su matrimonio con su mujer, Nova, a cambio de que Bernard denunciara a los Perfectos que vivían en su castillo (estaba tan harto de su "costilla" que antes quiso obligarla a que recibiera el Consolament con lo que ésta hubiera debido de abandonarle).
Los apoyos populares que antes hemos citado, no obstante, tampoco deben ser exagerados porque sabemos que, en otros casos, el auxilio a los cátaros perseguidos no tenía nada de desinteresado. Por ejemplo, Pedro de Corneliano y su tío escoltaron a siete Perfectos a cambio de una promesa de diez sólidos... que nunca llegó porque los Perfectos se negaron a pagar (después de esto, Pedro de Corneliano no quiso saber más de los cátaros). Mejor suerte tuvo en 1237 Arnaud Roger de Mirepoix que sí cobró por seguir de guía en un desplazamiento de Perfectos y volvió a hacerlo (por el equivalente a medio kilo de pimienta en una época en que las especias eran un bien precioso) en 1238 acompañando a un grupo de ocho cátaros de Montségur. B. Remon pagó cincuenta sólidos a las personas que escondieron a su hermana, que era Perfecta, y a sus acompañantes.
Y es que contrariamente a lo que parecen creer sus panegiristas actuales, los cátaros, a lo largo de los años no sólo crearon adhesiones sino también enemistades. No deja de resultar chocante que una iglesia que consideraba lo material como creación del diablo fuera, en cambio, extraordinariamente rica, una evidente contradicción que sus adversarios no dejaban de echarles en cara. Fruto de las donaciones recibidas (en especial cuando daban el Consolament a un moribundo, por ejemplo, Arnaud Daniel de Sorege entregó trescientos sólidos a los Perfectos que lo realizaron), de su dedicación al comercio o de los préstamos que hacían, disponían de cuantiosos fondos tanto más cuando no tenían gastos (los Perfectos debían ser mantenidos por los fieles y no tenían templos que hubiera que mantener) así que cuando la persecución se incrementaba no faltaba dinero para comprar guías, lugares seguros y protección armada y, llegado el caso, para efectuar sobornos y lograr la libertad de algunos cautivos. Algunos ejemplos pueden servir para ilustrar esto. Ugo Rotland de Puylaurens en 1252 tenía una olla con seiscientos sólidos enterrada en su casa. Alamán de Roaix en Toulouse estaba más al tanto de las nuevas (entonces, claro) técnicas comerciales y eso ya en 1237. Éste disponía de cartas de pago por las que podía disponer de las donaciones testamentarias realizadas a la iglesia cátara. Por otra parte, cuando Bertrand Marty fue arrestado en 1233, una colecta reunió trescientos sous. Poco después y de forma "misteriosa", el cátaro fue liberado en un bosque.
Sin embargo, había odios que podían más que el oro. Por ejemplo, Ermessende Viguier, de Cambiac, que se la tenía jurada desde que en una reunión de cátaros a la que asistió se rieron de ella por estar embarazada diciendo que llevaba un demonio en sus entrañas (y no era ninguna broma, eran coherentes con su doctrina sobre la procreación y el mundo material). Guardó la ofensa para sí misma durante veintitres años hasta que, en 1245, denunció a sus vecinos cátaros ante la Inquisición pese a que éstos la maltrataron en presencia de su hijo para "convencerla" de que la interesaba guardar silencio.
Toda esta situación de alianzas políticas, de odios, de simpatías... se precipitó hacia el desastre total en 1241. Como ya dijimos, el 22 de agosto de ese año falleció Gregorio IX y con él la paralización de la Inquisición en el momento menos propicio para los intereses de Raimundo VII. Éste, visto que no podía conseguir sus objetivos por un acuerdo con el papado, empezó a poner en práctica sus planes de conspiración antifrancesa. Para ello necesitaba de los señores aliados de los cátaros pero ¿y si éstos eran detenidos y revelaban lo que sabían? No obstante, el papel jugado por alguno de ellos en la revuelta previa de Raimundo Trencavel como el obispo cátaro Pierre Polhan que, curiosidades de la vida, siempre aparecía en una ciudad justo antes de que se organizara en ella "la de San Quintín" hacía imprescindible su concurso. No obstante, era un juego muy peligroso en el que alguien podía equivocarse y eso es lo que pasó.
El 15 de mayo de 1242 Enrique III de Inglaterra desembarca en Royan. Pocos días después, los Inquisidores Guillaume Arnaud y Étienne de Saint-Thibéry llegan a Avignonet y se hospedan en un castillo propiedad de Raymond de Alfaro, senescal de Raimundo VII y que era la persona que estaba coordinando la sublevación en el Languedoc, pero esto era algo que, posiblemente, los Inquisidores desconocían. El 27 de mayo un mensajero suyo (de Raymond de Alfaro) llega a Montségur, plaza que estaba bajo pleno control cátaro y protegida por una guarnición de fieles y soldados mercenarios bajo mando de Pierre-Roger de Mirepoix. El día 28, Pierre-Roger abandona Montségur con cincuenta de sus hombres a los que se unen más voluntarios por el camino. Por la noche llega a Avignonet y los hombres de Raymond de Alfaro les abren las puertas del castillo. Los dos Inquisidores, sus ayudantes y el prior de Avignonet que había ido a visitarles, diez personas en total, son asesinados y mutilados.
¿Esto fue ordenado por Raimundo VII? Pues aunque Raymond de Alfaro fuera su senescal y, para más "inri", estuviera casado con una hermana (ilegítima) del conde parece que no porque esto supuso que todo el plan se fuera al mismísimo "carajo". Se tuvo que adelantar la rebelión y quedó patente para Luis IX la connivencia entre el ataque inglés y el levantamiento en el Languedoc. Así las cosas, éste actuó rápido. El 22 de julio ya se enfrenta a los hombres de Enrique III en Taillebour. El monarca inglés no debió ver el asunto nada claro así que se embarcó para su casa sin dar más guerra. Este primer abandono motivó el de Jaime I de Aragón. Por si el asunto no estaba lo bastante "jodido" para los intereses de la casa condal tolosana, el conde de Foix no sólo dejó de ayudar sino que se pasó al enemigo "con armas y bagajes". En octubre de 1242 y después del monumental fiasco, Raimundo VII se rinde a Luis IX. Éste, por su parte, no quiso humillar al conde de Toulouse (posiblemente ya lo estaba bastante) y en enero de 1243 por la paz de Lorris se limita a que Raimundo jure que no romperá por la fuerza los acuerdos de Meaux. Sorprendentemente, esta vez sí lo cumplió.
Si no hubo castigo para Raimundo VII, no sucedió lo mismo con Montségur. Todo el mundo sabía que era de allí de donde habían salido los asesinos de los Inquisidores y que éste era el principal dominio cátaro, el refugio de sus líderes más destacados y su tesorería central. Durand, obispo de Albi, y Hugues d´Arcis, senescal de Carcassonne, reclutan tropas por toda la región. Pese a que Montségur se considera inexpugnable (está bien defendida tanto por una numerosa guarnición que cuenta incluso con una catapulta, como por lo escarpado de la montaña en que se encuentra) están decididos a acabar con ese reducto cátaro. El asedio comienza en junio de 1243 y se prolongó hasta el 16 de marzo de 1244. Doscientos (o más) Perfectos se encontraron en la disyuntiva de elegir entre la abjuración y la hoguera. Eligieron lo segundo.
Era el fin. Algunas familias muy vinculadas al catarismo se apresuraron a reconciliarse con Luis IX. Gérard de Niort entregó su castillo a los hombres del rey. Olivier de Termes incluso acompañó al rey francés en su Cruzada a Tierra Santa y llegó a ser uno de sus hombres de confianza. Aunque algunos (tal vez por ideales, tal vez porque estaban tan involucrados con los cátaros que no confiaban en el perdón real) prosiguieron la lucha (de hecho, la última fortaleza cátara tomada no fue Montségur en 1244 sino Quéribus en Les Corbières en 1255) las guerras occitanas a gran escala habían terminado.
Raimundo VII, uno de sus grandes protagonistas, mudó de actitud. Desde ese momento y hasta su muerte en 1249 persiguió ferozmente a los cátaros incluso con mayor saña que la propia Inquisición. Poco antes de su muerte, en Agen, ordenó quemar a ochenta creyentes (es decir, que no habían recibido el Consolament) pese a que, como tales, la Inquisición posiblemente no les habría condenado a muerte. ¿Estaba haciendo méritos o estaba haciéndoles pagar por lo de Avignonet y todo lo que siguió al asesinato de los Inquisidores? Aunque nunca renunció a sus pretensiones de volverse a casar y tener descendencia que asegurase la continuidad de la casa de Toulouse no lo logró. La muerte le sorprendió cuando se preparaba para unirse a la Cruzada de Luis IX.
Desde 1249 hasta 1271, el condado tolosano fue gobernado por Alphonse de Poitiers, hermano de Luis IX, como esposo de Jeanne de Toulouse. Falleció el 21 de agosto de 1271. Su mujer se le unió tres días más tarde. No habían tenido descendencia por lo que el feudo pasó a la Corona francesa como se había acordado en Meaux. La casa condal tolosana desaparece y aparece Francia.
Griales, descendientes de Jesús, tesoros fabulosos... ¿quién necesita estos alicientes? La realidad es mucho más fascinante. La Edad Media, ese difuso periodo cronológico, según algunos acabó con la caída de Constantinopla y según otros con el descubrimiento de América. Sin embargo, empezó a morir cuando los estados nacionales con una autoridad central comenzaron a desmantelar los feudos y las relaciones vasalláticas. Las guerras occitanas (en la que el catarismo fue más una excusa que una razón) son un periodo capital en ese proceso. No hemos visto el Grial, pero sí el nacimiento de Francia como nación moderna. Hemos comenzado a despedir la Edad Media y vemos el nacimiento del mundo moderno.
Ahora ya podemos volver con el Sr. Fernández-Bueno no sin antes recomendarles la lectura de los siguientes libros en los que podrán encontrar los datos que aquí hemos manejado y muchos más (y por supuesto, mucho mejor y más ampliamente expuestos):
"Los cátaros. Herejía y crisis social." Paul Labal. Traducción de Octavi Pellissa. Ed. Crítica. Barcelona, 2000.
"La otra historia de los cátaros. Malcolm Lambert. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XI)

Viene de aquí
¿A qué viene este soberano peñazo que les he "largado" en incómodos plazos? Pues además de porque este tema es uno de mis favoritos (lo siento, han tenido mala suerte) creo que era necesario para que tuvieran una base (suponiendo que no conocieran de antemano la historia de la Cruzada contra los Albigenses) para poder examinar las afirmaciones que realiza el Sr. Fernández Bueno sobre los cátaros.
Lo primero que me sorprendió es que D. Lorenzo plantea este periodo de extraordinaria complejidad "a la cátara", es decir con un dualismo absoluto. Lo que el Sr. Fernández Bueno escribe es algo así como:
Érase una vez que se era, unas personas encantadoras a las que llamaban cátaros que siempre iban "con su verdad siempre clara y transparente" (Pág. 157) y que fueron "custodios del secreto, fue la verdad de este lo que les precipitó a los abismos del fuego eterno. Guardianes de un Grial mal interpretado..." (Pág. 157). Tenían además grandes cualidades "haciendo gala de una humildad y pobreza que contrastaba con la lujuriosa ambición de los ministros de Dios, obispos y prelados que confundían la riqueza espiritual con la material." (Pág. 157) Aunque hubieran debido ser felices y comer besugo (las perdices estaban prohibidas por ser carne) no pudo ser porque "sufrieron la intolerancia de aquellos que se negaron a ceder un ápice de sus pretensiones , y que juraron no desvelar la mentira, manteniendo oculto el misterio..." (Pág. 157) y eso que los buenos cátaros "No eran más que gente que quería vivir su espiritualidad en paz, y en suma, pensaban, poco daño podía hacer esto a las todopoderosas naciones del momento." (Pág. 158)
Como vivían en una nueva Arcadia, el Languedoc, un país "inmerso en una evolución, social, filosófica y religiosa sin parangón hasta la fecha." (Pág. 155) sufrieron la envidia de un señor muy malo, muy malo, el papa que era un ambicioso "la ambición de Inocencio III no conocía límites" que les envió a los Cruzados "Era un vasto ejército de mercenarios curtidos en Tierra Santa, dispuesto a todo con tal de saciar sus ansias de oro, sangre y sexo." (Pág. 159) Al frente de estos sanguinarios ladrones y violadores iban "el siniestro Arnau Amalric, clérigo cisterciense sin escrúpulos, ávido de sangre y dispuesto a lo que precisare para acabar con la herejía." (Pág. 158) y Simón de Montfort "cualquier maltrato pareció ser insuficiente para la mente enfermiza de Simon de Monfort, guiado por una fe sin fisuras, capaz de sucumbir al crimen con tal de mantener firmes los preceptos de su convicción." (Pág. 169) Como los cátaros eran tan buenos, tenían un príncipe (bueno, sólo era vizconde pero se merecía un ascenso) azul que los protegía "Raimond-Roger Trencavel, joven enérgico y combativo...".
Llegados a este punto uno espera la aparición, en cualquier momento, de Caperucita Roja (que, por supuesto, era cátara) y del Lobo Feroz (que, por supuesto, era un Cruzado) para que nada falte en el "cuento chino" (en este caso occitano) que está narrando. La realidad no tiene nada que ver con esa película en blanco y negro y sí con una infinita gama de grises. D. Lorenzo tienen a bien olvidarse (no dejes que la realidad te estropee un libro) de un montón de datos como que el Languedoc no tenía nada de idílica Arcadia sino que había estado en guerra hasta "cuatro días" antes, que el catarismo se extendió en un ambiente casi anárquico con las grandes casas nobiliarias enfrentadas entre sí pero también con sus propios barones y con unas ciudades en las que la naciente burguesía intentaba conseguir derechos y libertades; que existía una nobleza enfrentada a la Iglesia católica no por cuestiones dogmáticas sino por el vil dinero, por el control de los diezmos; que Raimundo V de Toulouse estaba a favor de una intervención del rey de Francia para acabar con los cátaros; que Raimundo VI se unió a la Cruzada contra los Albigenses; que hubo matanzas por ambos lados... y que los cátaros eran tan perfectamente capaces de mentir, de apreciar el dinero y de ejercer la violencia como sus adversarios católicos y que ambos grupos de creyentes competían en fanatismo e intolerancia.
Con esas premisas no es extraño que la narración de la Cruzada que realiza hubiera debido incluir el aviso de que "Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia". Aunque el Sr. Fernández Bueno no tiene más remedio que reconocer que el desencadenante de la Cruzada fue el asesinato de Pierre de Castelnau (por cierto, cambiando la fecha de 14-15 de enero a febrero): "A mediados de febrero de ese mismo año Castelnau caía abatido..." (Pág. 158) ), a partir de ese momento comienza a desbarrar: "...la excusa para que el Santo Padre encomendara a las huestes del rey Felipe de Francia a emprender la cruzada..." (Pág. 158). En realidad, como ya dijimos, Felipe Augusto de Francia no quiso dirigir la Cruzada y se limitó a conceder autorización a alguno de sus barones para que se unieran al ejército (y que otros se sumaron "sin encomendarse a Dios ni al diablo"). Por otra parte, no sólo hubo franceses entre los Cruzados.
La descripción que realiza del ejército Cruzado aporta un curioso y novedoso dato a la indumentaria medieval en la Edad Media: "En pocos días un poderoso ejército de más de cien mil hombres vestía los pendones reales para fulminar de la faz de la Tierra a aquellos lujuriosos..." (Pág. 158) Por de pronto eran más Cruzados (se estima que unos trescientos mil) y, aunque hubiera resultado de lo más fashion, los soldados no vestían los pendones reales (una lástima, con lo monísimos que hubieran quedado), se limitaban a combatir bajo ellos.
Comienza a narrar el desarrollo de la primera fase de la Cruzada y su descripción de la masacre de Béziers es de nota (siendo generosos merece un cero): "No tardaron en plantar sus tiendas frente al primer bastión cátaro, Béziers..." (Pág. 159). Béziers de bastión cátaro no tenía nada. Recordemos que la lista de herejes cuya entrega exigieron los Cruzados constaba de poco más de doscientos veinte nombre y eso mezclando a cátaro y valdenses (que nada tenían que ver con aquéllos). Prosigue: "El 22 de julio de 1208 más de veinte mil personas, jóvenes, ancianos, mujeres, cristianos inclusive, fueron pasados a cuchillo..." (Pág. 159) No es cristianos inclusive, es que la inmensa mayoría eran católicos. Hagan Vds. una sencilla resta, se cree que el número de los asesinados en Béziers fueron entre veinte y treinta mil personas, si los herejes eran unos doscientos veinte...
Por supuesto, el Sr. Fernández Bueno no se entera de qué se pretendió (y logró) con la matanza de Béziers así que por allí aparece "un inhumano Amalric, atisbando el horizonte con sonrisa, espetó: "Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos"." (Pág. 159) No sólo da por bueno que la frase de marras se pronunció (algo que posiblemente nunca sucedió) sino que sabe qué estaba haciendo Amaury en ese momento "atisbando el horizonte con sonrisa". Esa imaginación... ¿Seguro que no se estaba "zampando" un potaje de alubias mientras se rascaba los... lóbulos de los orejas? Puestos a fabular...
Por descontado que tampoco hace la menor mención a la "espantada" protagonizada por Raymond-Roger Trencavel cuando encomendó la defensa de la plaza a los ciudadanos mientras él se iba a Carcassonne. Pese a ese sospechoso comportamiento, es calificado de "enérgico y valiente" (Pág. 159) "valiente muchacho" (Pág. 160) y "aguerrido" (Pág. 169). Pues vale.
Con el asedio a Carcassonne más de lo mismo. Como había presentado a Amaury como un fanático sediento de sangre ahora tiene problemas para explicar porqué en esta ciudad no se repitieron los horrores de Béziers, así que "mete con calzador" la intervención de Pedro II de Aragón a favor de su vasallo: "Sin embargo algo de humanidad debió de insuflar el monarca aragonés a ser tan despiadado que este, en un alarde de inusual condescendencia, perdonó la vida al vizconde de Carcasona y a doce de sus caballeros..." (Pág. 160) Veamos qué pasó realmente. El asedio de Carcassonne estaba degenerando en violentos combates. En esos momentos, llegó al campamento de los Cruzados Pedro II que fue muy bien recibido. Quería obtener una rendición honorable para Raymond-Roger, pero sólo consiguió que se le permitiera abandonar la ciudad con doce caballeros mientras que el resto debía permanecer en Carcassonne que sería saqueada por los vencedores. Cuando se le notificó esto a Raymond-Roger éste dijo que prefería que le desollasen vivo a entregar uno solo de sus súbditos a los Cruzados. Esto se convierte, merced a la fértil imaginación de D. Lorenzo, en: "¿Cómo se atreve ese asesino a proponer tal condición? ¿Acaso su deleite es observar la humillación de un pueblo cuya cultura y evolución sobrepasa a la chusma que él representa? pensó el valiente muchacho." (Por cierto, el "muchacho" tenía veinticinco años). No es por nada, pero me gusta más lo que dijo que lo que el Sr. Fernández Bueno imagina que pensó. Hasta el momento no hay excesiva discrepancia entre lo que cuenta D. Lorenzo y lo sucedido realmente, pero la cuestión clave es que después de la respuesta de Raymond-Roger a la propuesta de rendición, Pedro II se fue a su casa y, sin embargo, los habitantes de Carcassonne no fueron masacrados, así que tan bonita explicación se va al garete.
El Sr. Fernández Bueno presenta la rendición de Carcassonne como fruto de una traición. Raymond-Roger había ido a parlamentar y fue capturado haciendo caso omiso de la bandera blanca. Se le olvida el pequeño detalle de que, en realidad, Raymond-Roger había ido a rendir la plaza porque no tenían agua al haberse secado los pozos de la ciudad. Después de la capitulación los Cruzados permitieron a los habitates de Carcassonne que abandonaran la ciudad aunque, eso sí, en calzón y camisa para que no pudieran llevarse nada. Pese a que la resistencia había sido dura y cruenta, la matanza de Béziers no se repitió y nada tuvo que ver en ello la intervención de Pedro II. ¿A ver si, después de todo, resulta que Amaury no era un loco sediento de sangre y si se produjo la masacre en Béziers fue de forma premeditada para sembrar el terror entre los enemigos?
Por si fuera poco, despacha la muerte en prisión de Raymond-Roger con una de las frases más desafortunadas que pueda imaginarse: "no sabemos si asesinado o muerto de impotencia" (Pág. 169). No, no voy a reírme porque las cuestiones privadas es mejor que permanezcan en ese ámbito y no andarlas aireando.
Por desgracia, D. Lorenzo no parece ser de la misma opinión y nos revela: "Amaury de Monfort, hijo del batallador Simon, flirteaba en la corte con un cada vez más detestable príncipe Luis..." (Pág. 170) Sin comentarios.
Sorprendentemente, el Sr. Fernández Bueno pasa como sobre ascuas por todo el periodo que discurre entre la caída de Carcassonne y el asedio a Montségur. De forma aún más extraña (bueno, siendo sinceros no me asombra lo más mínimo porque hubiera sido tanto como reconocer que esos cátaros tan perfectos sólo existieron en su imaginación) consigue no decir ni media palabra de la matanza de Avignonet que fue determinante para la decisión de acabar con Montségur, pero esto lo veremos el próximo día.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XII)

Viene de aquí
Una vez que D. Lorenzo ha logrado el difícil objetivo de hablar de la caída de Montségur sin mencionar para nada el pequeño incidente de la matanza de Avignonet ¿cómo resuelve este episodio histórico? Veámoslo:
"Empero, un bastión resistió hasta el final con obstinado pundonor. Montségur, el mítico castillo ubicado en las estribaciones de la tierra languedociana, último reducto del catarismo, guardián de un secreto que había de ser rescatado a toda costa... El secreto por el que, quién sabe, posiblemente se dispuso la exterminación de un pueblo presto a morir por defender el legado..." (Págs. 171-172)
No sé Vds. pero la verdad es que yo estoy un poco hasta los mismísimos de tanto secreto para arriba, secreto para abajo pero debemos tener aún un poco de paciencia porque no hay plazo que no se cumpla ni secreto que no se revele aunque, en este caso, sería más acertado señalar que no hay monte (por muy seguro que sea) que no termine por parir.
Podemos comprobar una vez más que no hay nada capaz de igualar un buen mito porque Montségur es mucho más un mito que una realidad. No fue el "último reducto del catarismo" porque casi cien años (en 1329, para ser precisos) después de su caída aún se quemó a tres albigenses en Carcassonne. Tampoco fue la última plaza fuerte cátara en ser tomada ("honor" que le corresponde a Quéribus en 1255, once años después de la caída de Montségur). Tampoco fue la mayor matanza de herejes cátaros (es superada por la de Lavaur y al menos igualada por la de Verona). ¿Por qué, entonces, es tan famoso Montségur? Hay varias razones, una de ellas es que el catarismo populista comienza con obras como Histoire des Albigeois de Napoleón Peyrat (publicada entre 1870-1881) y en ella ya aparece Montségur rodeado de misterio y leyenda, que si Montségur se construyó sobre un templo solar cántabro, que si la necrópolis, que si los sarcófagos de los Perfectos, que si tuviera dos ruedas sería una bicicleta...
No obstante ser un texto más fantástico que histórico, fue aún peor cuando el tema fue recogido por el esoterista Joséphin Péladan (éste ya metió en el ajo al Grial) y degeneró hasta límites insospechados cuando cayó en manos del nazi Otto Rahn. Si tienen interés en el tema, aquí tienen un artículo (en inglés) sobre el catarismo esotérico.
A nivel histórico, Montségur es importante por su relación como desencadenante (a través de los asesinatos de Avignonet) de la última insurrección occitana contra los franceses.
Sin embargo, me permito dudar que muchas de las personas que acuden al monte francés conozcan las obras de Péladan y Rahn así como la verdadera historia de los cátaros. A nivel popular, con Montségur se relacionan dos afirmaciones, una es que allí está el tesoro cátaro y la segunda es que Montségur fue un templo solar cátaro. Si me permiten un ligero exabrupto ¡manda carajo que un lugar cátaro sea conocidos por dos cosas que, de ser ciertas, entrarían en contradicción con sus propias creencias!
Evidentemente lo del tesoro sí es cierto (ya lo comentamos aquí) y así lo confirmaron los supervivientes de Montségur en sus declaraciones ante la Inquisición. Aprovecho para aclarar que aunque algunos autores (D. Lorenzo entre ellos) hacen una narración que parece sugerir que todos los habitantes de Montségur murieron quemados, no es así. Fueron a la pira los Perfectos que no abjuraron (ninguno lo hizo) en número de unos doscientos, pero en Montségur había más gente que no eran Perfectos, entre otros los soldados mercenarios de la guarnición y sus familias, además de creyentes no consolados (y que entre éstos y aquéllos eran también unos doscientos). ¿Cómo se explica que la iglesia cátara que consideraba todo lo material como diabólico se dedicase a atesorar, oro, plata y monedas? Permítanme una pregunta ¿les sorprende que la misma Iglesia católica que acepta como un mandamiento inspirado por Dios el precepto de "No matarás" predicara las Cruzadas y que considerara como un hecho meritorio el ir a matar musulmanes, cátaros...? ¿Por qué, entonces, habríamos de considerar a los cátaros como más fieles con sus propios principios? Sólo si partimos de una visión idealizada (y por tanto falsa) de los albigenses podemos asombrarnos de ello, máxime cuando hacían mayor hincapié en la vida ascética y en la castidad que en la pobreza. Ahí queda, no obstante, la contradicción que numerosos panegiristas actuales se empeñan en obviar.
Otra cosa bien distinta es la afirmación sobre el templo solar cátaro. Sabemos que los albigenses no tenían templos y que consideraban que en cualquier lugar se podía rendir culto a Dios. Tampoco en ninguno de los textos cátaros conservados o en las declaraciones ante la Inquisición se hace referencia a una iglesia o lugar semejante. ¿Estamos, pues, ante una nueva contradicción como la del tesoro cátaro?
En la década de los cincuenta del siglo pasado, Fernand Niel comenzó a especular sobre el atípico castillo de Montségur. Escuchemos sus palabras:
"El castillo de Montségur brinda un aspecto absolutamente extraño. Dejando aparte su situación en la cumbre de una montaña cuyas laderas son extraordinariamente escarpadas, muy pocos elementos le podrían dar el título de castillo-fortaleza. Una monumental puerta, murallas desprovistas de saeteras y, probablemente, de almenas, salvo en la muralla oriental, la ausencia de todas las disposiciones laterales de defensa y de todo valor estratégico, hacen de esta construcción un monumento único, difícilmente asimilable a todos los vestigios que nos han quedado de la edad media. No es más que un gran cofre de piedra, una especie de sarcófago de forma pentagonal, pegado a una pequeña construcción, en cuyo plano un lado es más largo que el otro, a la que se llama "torreón"." [1] (Págs. 129-130)
"Finalmente, a lo largo de la historia de la Cruzada vemos a los albigenses dar una importancia excepcional a aquel sarcófago de piedra, ellos justamente, para los que nada tenía importancia salvo el espíritu. Y tanto es así que se puede llegar a creer que Montségur no era otra cosa que un templo, un monumento consagrado al culto, antes de convertirse, bajo la presión de los acontecimientos en un lugar de defensa." [1] (Pág. 130)
"Sea como fuere, esta extraña construcción de piedra oculta, sobre todo en su plano, la curiosa posibilidad de reproducir, con sorprendente precisión, las principales posiciones del sol en su salida." [1] (Pág. 130)
"La figura que reproducimos en la página siguiente indica, por ejemplo, los alineamientos que dan la dirección del sol naciente en el solsticio de invierno. Si se relaciona con los que hemos dicho acerca del simbolismo solar en la religión maniquea, Montségur habría sido inicialmente, un templo maniqueo o, al menos, lo habría podido ser. Su situación en una parte alejada de los Pirineos le habría preservado de las destrucciones ordenadas por la Iglesia." [1] (Págs. 130-131)
Ésta es la hipótesis de monsieur Niel (que, por cierto, no tenía nada de alucinado, pero "el mejor escribiente echa un borrón" y, en este caso, le tocó pagar su cuota de errores).
Esto, por arte de birlibirloque, es convertido por el Sr. Fernández Bueno en lo siguiente:
"Reconstruido a principios del S XIII con permiso de Raimundo de Perella, dueño y señor de las tierras, a petición de los cátaros Raimundo Blasquo y Raimundo de Mirepoix, la edificación del mismo corrió a cargo del ingeniero Arnaud, quien un tanto escamado y no menos sorprendido observó como aquellos dos hombres de aspecto bonachón y negros ropajes asesoraban todos y cada uno de los pasos que él disponía. De hecho, Montségur no estaba concebido únicamente como una fortaleza, sino también como un templo en permanente armonía con el movimiento de los astros. Sus recovecos y rincones eran punto de inicio y final por el que se ofrecía entrada a solsticios, equinoccios, alineamientos solares, planetarios, etc. Ni más ni menos, "adivinaron" los cafres pontificios, que un lugar de culto a la herejía" (Págs. 174-175)
¿No es maravilloso? Monsieur Niel hace unas observaciones referidas al alineamiento de la planta del castillo con la salida del sol durante el solsticio de invierno y eso se convierte, maravillosa capacidad de fabulación, en que dos cátaros (por cierto ¿dónde se conservan sus retratos para que D. Lorenzo pueda saber si tenían "aspecto bonachón" o rostros patibularios?) dirigieron la construcción del castillo de Montségur para que mostrara todo tipo de eventos astronómicos, solsticios, equinoccios, alineamientos planetarios...
El desbarre sobre la proposición original es de tal calibre que, por una vez, me voy a contener y a contestar sólo a la fuente primaria, a monsieur Niel.
Todo su trabajo es inútil porque parte de un monumental (nunca mejor dicho) error de base, que el castillo de Montségur es una construcción cátara.
Existió en Montségur un antiguo castillo (al que se conoce como Montségur I) que a comienzos del S XIII estaba completamente arruinado. El Montségur cátaro (al que se llama Montségur II) no era un castillo sino un castrum, un castro (aldea fortificada), con una casa señorial con su torreón (caput castris) en la que vivía la familia de Raymond de Péreille, diversas casas para uso de los visitantes (hospicia), casas y cabañas (domus, cabana) para los residentes y cisternas para recoger el agua de lluvia. En el aspecto defensivo, existía una palestra, un foso, al menos dos barbacanas y un fortín que es el que fue capturado a finales de 1243 por los Cruzados. Todo ello, en cumplimiento de las disposiciones de la Iglesia para combatir la herejía, fue completamente arrasado en 1244 hasta el punto de que han sido necesarias sucesivas campañas de excavaciones arqueológicas (actualmente bajo dirección de André Czeski) para poder reconstruir su aspecto en aquella época. A finales del S XIII, la familia de Lévis a la que había sido entregado el lugar como premio a la actuación de Gui de Lévis durante la Cruzada, hizo allanar la terraza de la cumbre del pech de Montségur y edificó allí un castillo (al que se conoce como Montségur III) que es el mismo cuyas ruinas pueden contemplarse hoy en día y sobre cuyo plano calculó monsieur Niel (que no conocía esta historia) los alineamientos con el solsticio de invierno. Sean éstos reales (bien de forma intencionada o por casualidad) o imaginarias, nada tienen que ver con los cátaros. En caso de que fueran reales e intencionadas, no serían producto de la actividad cátara sino de la de sus enemigos.
No obstante, hay un par de afirmaciones de monsieur Niel que debemos contestar. La primera es ¿por qué fue tan importante Montségur para los cátaros? La respuesta es fácilmente deducible de lo que ya sabemos, era la tesorería de la iglesia cátara pero también, y quizás más importante, era un refugio seguro en tiempos de persecución. Lo escarpado del lugar hacía muy difícil un asedio en regla (de hecho, como ya vimos, incluso durante el cerco hubo gente que burló el bloqueo y abandonó la plaza con el tesoro cátaro). Tanto es así que, pese a que Montségur era un conocido refugio albigense, nadie lo atacó. Fue necesaria la matanza de Avignonet para que se tomara la decisión de acabar con él y la empresa sólo pudo ser concluida con éxito después de diez meses de un asedio cruento y dificultoso.
Por otra parte ¿por qué existieron dos castillos en Montségur (Montségur I y III)? Porque desde esa posición se domina el antiguo camino a España que discurría por el collado de la Peyre. Así de sencillo.
Y, sin embargo, nada de esto importa y, a buen seguro, en el próximo solsticio de verano miles de personas acudirán en "peregrinación" al, en palabras del Sr. Fernández Bueno, "el mítico castillo" (en este caso hubiera sido más correcto decir "el castillo mítico"), para homenajear a los cátaros asesinados visitando (ironías de la vida) la fortificación levantada por la familia de Gui de Lévis, compañero de armas y amigo de Simón de Montfort.
En fin, debemos de aceptar que la historia real no puede competir con un mito tan conocido como el del Santo Grial porque éste y no otro es, según D. Lorenzo, el portentoso secreto de Montségur (¡que me micciono de la risa...!)
NOTA:
[1] Citado en Cátaros y albigenses. Fernand Niel. Traducción de Lluís Tuixent. Col. La Otra Historia. Ed. Obelisco. Barcelona, 1998.
BIBLIOGRAFÍA:
La descripción de Montségur II está tomada del artículo Montségur (Ariège), compte-rendu des activités
de repérages et de relevés engagées sur les structures du castrum de 1993 à 1997. André Czeski & Michel Sabatier, que pueden encontrar aquí.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XIII)

Viene de aquí
Una vez desveladas las brumas que ocultaban el mayor secreto que vieron los siglos pasados y esperan ver los venideros, a saber, que la santísima copa que contuvo la preciosísima sangre de nuestro salvador Jesucristo estaba en posesión de esos heterodoxos incomprendidos que fueron masacrados por la pérfida y corrupta Iglesia católica deseosa de ocultar a las masas incultas tales hechos por miedo a verse privada de su posición de privilegio... Bueno, hablando en "román paladino" y abandonando el paródico tono barroco-esotérico (por cierto, alguien tendrá que escribir algún día una tesis sobre la forma de escribir de todos estos investigadores que parecen abominar de la claridad y la sencillez), una vez que el Sr. Fernández Bueno revela que ésta es la moto que nos quiere vender ¿cómo lo justifica? Agárrense que vienen curvas:
"Los oscuros años de la Edad Media vieron como resurgía con fuerza la indescifrable cuestión de un secreto milenario: la localización del Grial. El relato, reflejado en el evangelio apócrifo de Nicodemo, asegura que la sagrada copa fue cogida por José de Arimatea después de que Jesús hiciera uso de ella para consagrar el vino durante la Última Cena, y más tarde, después de Cristo crucificado, el portador del Grial vertió unas gotas de la sangre del nazareno en su interior. De ahí su enorme valía: guardar la sangre del Hijo de Dios." (Pág. 180)
La probabilidad de que alguna de las afirmaciones que realiza D. Lorenzo corresponda a la realidad es cercana a cero patatero. En este caso tenemos una nueva prueba de ello. Tan bonita historia sobre la copa que, después de su uso en la Última Cena, recibió la sangre de Jesús no aparece reflejada por ninguna parte en el evangelio apócrifo de Nicodemo. Sí se reflejan en su texto el juicio que Pilato hace a Jesús, su condena a muerte, su crucifixión, entierro, su descenso a los infiernos, la liberación y posterior ascensión a los cielos de patriarcas y profetas... lo que hace del evangelio de Nicodemo uno de los apócrifos más bellos e interesantes, lo que el Sr. Fernández Bueno podrá comprobar por sí mismo el día que lo lea, algo que, parece, aún no ha hecho. En caso contrario resulta difícilmente explicable que asegure que en él figura la copa de la Última Cena cuando en el evangelio de Nicodemo ni siquiera aparece la escena del Cenáculo.
D. Lorenzo es capaz, no obstante, de superarse a sí mismo. En el texto anteriormente citado hace una llamada sobre el evangelio apócrifo de Nicodemo en la que nos informa de lo siguiente:
"Uno de los evangelios apócrifos hallados en Nag Hammadi." (Pág. 180, nota a pie de página)
Algún día entenderé (esto es una figura retórica, en realidad no tengo la menor esperanza de llegar a comprenderlo) el porqué hay determinadas palabras que parecen ejercer una capacidad de atracción irresistible sobre los investigadores esotéricos. Dónde menos te espera "salta la liebre" y te encuentras con "manuscritos del Mar Muerto" o con "Biblioteca de Nag Hammadi" tanto si viene a cuento como si no (y en esta ocasión es lo segundo). El descubrimiento en 1945 de la "Biblioteca de Nag Hammadi" fue importantísimo porque nos permitió conocer escritos (en su mayoría gnósticos) de los que, en ocasiones, sólo disponíamos de sus títulos citados en otras obras o de meros fragmentos. No obstante, el evangelio apócrifo de Nicodemo no figura entre ellos por una muy buena razón. La ocultación de los libros de Nag Hammadi tuvo lugar en el S IV y el evangelio de Nicodemo fue escrito en el S V. Según se asegura en el prólogo de la obra:
"Y lo he hecho bajo el imperio de Flavio Teodosio, el año decimoctavo de su reinado y bajo Valentiniano Augusto." [1] (Pág. 121)
Evidentemente, el evangelio de Nicodemo no estaba en la "Biblioteca de Nag Hammadi" (aquí pueden encontrar la relación completa de los textos que sí se encontraron en esta localidad) ni falta que hizo porque es uno de los apócrifos que se ha conservado íntegro en múltiples códices y en diversas versiones (griega, latina, copta, siríaca y armenia) y fue ampliamente usado en la Edad Media (si se han preguntado alguna vez de dónde salen los nombres de Dimas y Gestas para el buen y mal ladrón de los que habla el Evangelio de Lucas -versión que, por cierto, es contradicha por Marcos y Mateo que señalan que los dos le insultaban mientras que Juan se limita a señalar que le crucificaron con otros dos- la respuesta es que aparecen en el capítulo X de este evangelio apócrifo).
Después de esta incursión (obviamente fallida) en el campo de los apócrifos neotestamentarios, el Sr. Fernández Bueno decide entrar en los terrenos de la literatura medieval:
"En el año 1180, coincidiendo con el auge de la doctrina cátara, dio inicio la aparición sucesiva de cuatro obras que marcaron el comienzo del mito griálico: Perlesvaus y Parsifal de Wolfram von Eschembach; Estoire du Graal, de Robert de Boron; y Perceval de Chrétien de Troyes." (Pág. 180)
La cantidad de errores que se acumulan en este breve párrafo es excesiva incluso para D. Lorenzo. Por de pronto, no es ninguna coincidencia que estas narraciones aparezcan cuando el catarismo comienza a extenderse (aunque no en el sentido que le dan los esoteristas, pero esto ya lo veremos con mayor amplitud). Por lo demás no da ni una. Las obras que, por lo que sabemos, inician y popularizan el mito del Grial son:
"Li contes del graal" (El cuento del grial) de Chrétien de Troyes (escrito cc. 1180-1182) que quedó inacabada por lo que tuvo dos continuaciones inmediatas (y otras dos con posterioridad, como luego veremos) conocidas como "Continuación Gauvain", anónima (cc. 1190) y "Continuación Perceval" de Wauchier de Denain (cc. 1190).
"Joseph d´Arimathie" (José de Arimatea), "Merlin" y "Perceval" de Robert de Boron fueron escritos probablemente hacia 1200. De esta trilogía se conserva el primero y el comienzo del segundo además de versiones prosificadas del "Merlin" y el "Perceval" (conocidas como Didot-Merlin y Didot-Perceval) poco posteriores a su redacción original en verso.
"Li hauz livres du Graal" (El Alto Libro del Graal, más conocido como Perlesvaus) es anónimo y fue escrito entre 1200-1215.
"Parzival" de Wolfram von Eschenbach fue escrito cc. 1205-1210.
"Lancelot" y "Queste del Saint Graal" (La busca del Santo Grial) forman lo que se conoce como "ciclo de la Vulgata", son anónimos y fueron escritos en torno a 1220.
La "Tercera continuación A" (continuación de la "Continuación Perceval" de Wauchier de Denain que, a su vez seguía "El cuento del grial" de Chrétien de Troyes) de Gerbert se escribió en 1226-1230. La "Tercera continuación B" (ídem que la "Tercera Continuación A") de Manessier lo fue entre 1214-1227.
Son múltiples narraciones que plantean un número no menor de problemas a menudo no resueltos. Por ejemplo, ¿de dónde surge esta historia? La obras más antigua conservada es, sin duda, "El Cuento del grial" de Chrétien de Troyes, pero él mismo dice en la dedicatoria dirigida al conde Felipe de Flandes:
"Bien empleado estará, pues, el trabajo de Chrétien, que se esfuerza y se afana, por orden del conde, en rimar el mejor cuento que fue contado en corte real: es el cuento del grial, sobre el cual el conde le dio el libro." [2] (Pág. 42) Es decir, que según propia confesión, él se limita a versificar, por encargo de Felipe de Flandes, un cuento que no sólo se narró en la corte real sino que también circulaba por escrito.
El "José de Arimatea" de Robert de Boron también se basa, según el autor, en una obra precedente, un libro escrito por clérigos cristianos sobre: "los relatos y grandes secretos de lo que llamamos el Grial" [3] (Pág. 49)
Idéntica pretensión aparece en el "Didot-Perceval", prosificación de la obra original del "Perceval" de Robert de Boron:
"Aunque sobre esto, Chrétien de Troyes no habla, ni tampoco los demás autores, que han hecho composiciones para que rimen de forma agradable: pero nosotros sólo contamos lo que aparece en la historia, y cómo Merlín, maestro de Blayse, había escrito... Y vio y conoció las aventuras por las que pasó Perceval un día tras otro, y fueron escritas por Blayse para que pudieran ser comentados por hombres dignos que desearan oírlas. Ahora sabemos lo que se encuentra en los escritos que Blayse nos cuenta, tal como Merlín le ordenó que lo hiciera y registrara." [3] (Pág. 51)
Para no perder la costumbre, en el "Parzival" de Wolfram von Eschenbach encontramos lo siguiente:
"Tras estas palabras, se levantó un vasallo del rey, que se llamaba Liddamus. El propio Kyot lo llama así. Kyot se llamaba también El Encantador y su arte le llevaba a cantar y a narrar de un modo que aún hoy hace feliz a muchos. Kyot, que es un provenzal, encontró escrita en árabe esta historia de Parzival. Todo lo que él contó en francés, lo narraré yo en alemán, si no me abandona mi inteligencia." [4] (Págs. 206-207) y también
"Kyot me pidió que callara, pues la historia le ordenaba que no dijera nada hasta que la propia narración indicara que era necesario hablar de ello. Kyot, el famoso maestro, encontró en Toledo el texto originario de esta historia, olvidado en algún rincón y escrito en árabe... Un pagano, llamado Flegetanis, alcanzó gran fama por su saber. Este físico procedía de Salomón y era de la estirpe israelita, muy noble desde tiempos muy antiguos, hasta que el bautismo nos libró del fuego del infierno. Él escribió la historia del Grial." [4] (Pág. 224)
¿Más? En "El Alto Libro del Graal o Perlesvaus" el autor anónimo asegura que "Aquí termina el santísimo cuento del Graal. Josefés, por quien ha sido rememorado, concede la bendición de Nuestro Señor a todos los que lo oyen y honran. El latín del que esta historia fue traducida al romance se tomó de la ínsula de Avalón, una santa casa de religión que se encuentra al principio de los Mares Aventurosos, allí donde el rey Artús y la reina yacen, por el testimonio de los prohombres religiosos que allí viven y que conservan toda la historia verdadera desde el comienzo hasta el final." [5] (Pág. 378)
Sin embargo, ¿algo de todo ello es cierto? Recordemos que, según su propia declaración, Cervantes tampoco escribió el Quijote: "Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego, en esta gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia..." (comienzo del capítulo XXII de la I parte de "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha"). Sin embargo, eso no supone que sea cierto.
¿Podemos desentrañar la cuestión? Para ello, primero tenemos que liar la madeja aún más. No deja de ser curioso que estos relatos que conforman los inicios del mito griálico no se pongan de acuerdo en qué es el Grial. Vamos a verlo. Chrétien de Toyes dice:
"Y mientras hablaban de diversas cosas, de una cámara llegó un paje que llevaba una lanza blanca empuñada por la mitad, y pasó entre el fuego y los que estaban sentados en el lecho. Y todos los que estaban allí veían la lanza y el hierro blanco, y una gota de sangre salía del extremo del hierro de la lanza, y hasta la mano del paje manaba aquella gota bermeja." [2] (Pág. 96)
"Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando allí hubo entrado con el grial que llevaba, se hizo una claridad tan grande, que los candelabros perdieron su brillo, como les ocurre a las estrellas cuando sale el sol, o la luna. Después de ésta vino otra que llevaba un plato de plata. El grial, que iba delante era de fino oro puro, en el grial había piedras preciosas de diferentes clases, de las más ricas y de las más caras que hay en mar y tierra; las del grial, sin duda superaban a todas las demás piedras." [2] (Págs. 96-97)
"Y el muchacho los vio pasar, y no osó en modo alguno preguntar a quién se servía con el grial,..." [2] (Pág. 97)
"El pecado te trabó la lengua cuando viste delante de ti el hierro que jamás dejó de sangrar, y no preguntaste la razón de ello. Y necio criterio fue el tuyo cuando no supiste a quién se sirve con el grial. Aquel a con quien él se sirve es mi hermano y hermana mía y suya fue tu madre; y creo que el rico Pescador es hijo del rey que se hace servir en aquel grial. Pero no os imaginéis que en él haya lucio, lamprea ni salmón; con una sola hostia, que se lleva en este grial, su vida sostiene y vigoriza: tan santa cosa es el grial, y él es tan espiritual, que para su vida no necesita nada más que la hostia que va en el grial." [2] (Pág.152)
Podemos quedarnos más o menos como estábamos puesto que Chrétien no dice en ningún momento qué es el Grial. No obstante, sí podemos extraer una serie de claves que nos permiten apuntar una respuesta. En su primera aparición ante Perceval, el poeta dice que es "un grial" (un graal en el original) no es "el Grial", un objeto particular sino uno entre tantos. Debemos pensar que, en principio, la palabra "graal" no designa algo específico sino común y tan conocido en su época que Chrétien no tiene que explicar qué es. Una doncella lo "sostenía entre sus dos manos" lo que no da una idea de su tamaño. Por otra parte tiene la función de servir a alguien con él y, más concretamente, para llevar pescado "lucio, lamprea ni salmón". Es decir, es una especie de bandeja o plato grande. En los inventarios medievales franceses aparece la palabra "gradale" para designar escudillas o fuentes que se empleaban para servir la mesa por etapas (gradus en latín que da "gradal" en catalán antiguo, "grazala" en occitano antiguo y "gradale" en francés antiguo, todas esas palabras están documentadas antes de que este mito comenzara a conocerse).
Así pues, en principio, lo que ve Perceval es una fuente, todo lo rica que se quiera, pero sólo eso. Sin embargo, no podemos quedarnos en ese punto. Al grial lo precede una lanza ensangrentada, cuando éste entra en escena viene acompañado de un gran resplandor, en él se lleva una hostia y se le califica como "tan santa cosa" algo que no es precisamente normal en las fuentes por muy de oro y pedrerías que sean. Es decir, ese grial es más de lo que aparenta. ¿Qué es en realidad? Posiblemente (dado que Chrétien murió antes de acabar su obra nunca podremos tener la seguridad absoluta sobre ello) el poeta pensaba presentar ese grial como una de las escudillas empleadas en la Última Cena. Pensamos que esto es así porque tanto la hostia como la lanza ensangrentada (la lanza de Longinos) lo conectan con la Pasión de Jesús. Se explica así tanto el que resplandezca (un mito común a muchas reliquias de la época) como también el calificativo de "santa cosa".
Un apoyo de esta explicación lo tenemos en que Perceval pierde la ocasión de preguntar a quién se sirve con el grial (lo que hubiera motivado la curación del rico Pescador) por estar en pecado. De igual forma, el ermitaño le revela el secreto del grial en Viernes Santo y Perceval, después de dos días de penitencia, comulga el Domingo de Resurrección, reincidiendo así en la relación entre Pasión y grial.
En la anónima "Continuación Gauvain" encontramos algunas diferencias:
"vio venir detrás de este paje a otra doncella delgada, erguida, bien proporcionada y bella y que iba llorando desconsoladamente. En sus manos y alzándolo llevaba el Santo Grial completamente descubierto." [2] (Pág. 252)
"Cuando el rey y todos los demás estuvieron sentados, se depositó pan en todas las mesas. Era el rico Grial quien lo servía sin que nadie lo sostuviera; muy noblemente les sirve y rápidamente va y viene delante de los caballeros. Y el botellero les sirvió después el vino en copas de plata y de oro puro. Y el Grial va y viene y el buen caballero no sabe quién lo sostiene. Les sirvió con esplendidez siete platos llenos hasta rebosar y tan pronto como se retiraba uno ya estaba preparada otra gran escudilla de plata: muy bello y gentil era aquel servicio." [2] (Pág. 312)
"Es precisamente la lanza con la cual el Hijo de Dios fue herido en el costado hasta el corazón el día que fue colgado en la cruz. El que le hirió se llamaba Longinos, pero luego se arrepintió tanto que su alma se salvó." [2] (Pág. 315)
A continuación el señor del castillo narra cómo José de Arimatea recogió la sangre de Cristo en el Grial, descolgó el cuerpo de la cruz y lo enterró, cómo fue hecho prisionero y exiliado, y cómo llevó el Grial hasta Inglaterra, en donde ha estado siempre bajo la custodia de un descendiente suyo.
En el "José de Arimatea" de Robert de Boron aparece ya lo que ha quedado como versión "definitiva" del Grial (y que es posiblemente la que Vds. conocen porque ha sido reflejada en las narraciones artúricas posteriores como "La muerte de Arturo" de Sir Thomas Malory, por no hablar de películas como "Excalibur" o "Indiana Jones y la Última Cruzada"). Según Robert de Boron, José de Arimatea había sido discípulo de Jesús en secreto, pero al conocer la crucifixión de éste se reúne con Nicodemo (un oficial romano que había contemplado la ejecución) y acuden a pedir a Pilato el cuerpo de Cristo para enterrarlo. Pilato accede y, además, les entrega la copa que Jesús empleó en la Última Cena.
Antes de sepultar el cadáver, José emplea esa misma copa para recoger en su interior unas gotas de sangre que manan de las heridas de Jesús. Esta copa empleada en la Última Cena y que además recoge la sangre de Jesús crucificado se convierte en el Santo Grial.
En el "Didot-Perceval" (prosificación del "Perceval" de Robert de Boron que, desgraciadamente, no se ha conservado) no aparecen novedades: "es el vaso -llamado Grial- en el que se guarda la sangre de Nuestro Señor" [3] (Pág. 52) y la escena en que aparece ante Perceval recuerda la descripción de Chrétien de Troyes:
"vieron aparecer a una damisela, lujosamente ataviada, con un lienzo alrededor del cuello, y saliendo de uan estancia llevaba entre sus manos dos pequeñas fuentes de plata. Y tras ella venía un joven que portaba una lanza, y cayeron tres gotas de sangre de su cabeza; y entraron en una estancia antes que Perceval. Y después vino un joven que llevaba en sus manos el recipiente que Nuestro Señor le dio a José en la prisión, y lo elevaba con las manos." [3] (Pág. 52)
Tampoco en "El Alto Libro del Graal o Perlesvaus" hay diferencias significativas:
"La historia del santísimo vaso al que llaman Graal, donde fue derramada la sangre del Salvador el día en que fue crucificado para librar al pueblo del infierno..." [5] (Pág. 135)
aunque el Grial no es la única reliquia portentosa que aparece:
"... la espada más rica que jamás fue forjada, aquella con la que San Juan fue decapitado. Sangra cada mediodía, puesto que a aquel prohombre le cortaron la cabeza a esa hora." [5] (Pág. 108).
Nos la describe así:
"... la vaina, que estaba cargada con piedras preciosas, y el tahalí era de seda con botones de oro, al igual que el arriaz, y el pomo era de una santa piedra sagrada que Evax, un alto emperador de Roma, hizo colocar. Luego el rey la desenvaina y la espada sale completamente ensangrentada, pues era mediodía, y ordena que la sostengan delante de mi señor Gauvain hasta que pasó la hora. Entonces se convirtió en una espada tan clara como una esmeralda y también igual de verde. Mi señor Gauvain la contempla maravillado y la desea más que nunca. Ve que es tan grande como cualquier otra espada, pero cuando está envainada no parece que no la vaina ni la espada tengan más de dos palmos." [5] (Pág. 108)
Así las cosas, ¿hay razones para considerar como reales las pretensiones de que esas historias proceden de distintas fuentes? Pues no. Por de pronto varios de los autores que se citan como autores de las narraciones en que se basa el ciclo griálico son claramente legendarios. Por ejemplo, el Blayse que aparece como fuente en las obras de Robert de Boron es el supuesto secretario del mago Merlín. El Josefés que aparece como fuente de "El Alto Libro del Graal o Perlesvaus" parece que se trata, ni más ni menos, que del historiador Flavio Josefo (que nunca mencionó ni palabra de esta historia por la sencilla razón de que había muerto unos cuantos siglos antes de los hechos que supuestamente narró). Es más, pese a que frecuentemente se diga que Robert de Boron modificó en gran medida la historia original de Chrétien de Troyes dándola un sentido cristiano del que carecía en un principio el Grial, me permitirán Vds. que no esté de acuerdo con esa afirmación pese a que la realicen expertos en literatura medieval.
No la acepto por dos razones (que, en mi opinión, son de peso): La primera de ellas es que todo lo relativo a la santidad del Grial así como su relación con la Pasión de Jesús ya está implícito en "El cuento del Grial" como anteriormente dije. Si esas sugerencias no llegan a plasmarse es, sencillamente, porque la historia quedó inacabada al morir el poeta. Falta la segunda visita de Perceval al castillo de su tío el Rey, padre del rico Pescador, en el que, muy posiblemente, al haber realizado la pregunta de ¿A quién se sirve con el grial? se le hubiera contado la historia de ese objeto.
La segunda razón es que si observamos la secuencia cronológica de "El cuento del Grial" de Chrétien, la "Continuación Gauvain" anónima y el "José de Arimatea" de Robert de Boron, las novedades que éste aporta no pasan de convertir la bandeja en copa. En la "Continuación Gauvain" ya aparece el calificativo de "Santo Grial", ya se dice que recibió la sangre de Jesús y se habla de su relación con José de Arimatea y todo ello como continuación y desarrollo de la historia de Chrétien. El cambio de bandeja a copa que realiza Robert de Boron es bastante lógico porque se está asimilando el Grial con el cáliz eucarístico.
No obstante, todo ello nos dice poco de si la historia del Grial procede de la exclusiva imaginación de Chrétien de Troyes o si, el sí, se basó en materiales preexistentes. Ya se ha señalado desde hace mucho que en los "Mabinogion" (es decir, en los cuentos medievales galeses de tradición celta) ya aparecen elementos cercanos a los que vemos en la obra de Chrétien como la lanza que sangra y como la propia figura de Perceval que es anticipada por el Peredur galés, en una escena muy similar a la que presentan los cuentos griálicos. Además, debemos señalar más antecedentes, uno sería una obra escrita por un ermitaño que en el 717 tuvo una visión sobre el plato en que se sirvió el cordero pascual en la Última Cena. Esta obra, según la noticia que transmite el cronista cisterciense Helinando de Froidmont, se titulaba "Gradale".
También están las noticias más o menos contemporáneas (entonces, claro) sobre el hallazgo de reliquias en Tierra Santa durante la Primera Cruzada como la Santa Lanza de Antioquía en 1098 e Il Sacro Catino genovés (que según Guillermo de Tiro fue encontrado en Cesarea en 1101 mientras que las Crónicas castellanas dicen que fue un regalo de Alfonso VII a los genoveses por su ayuda en la conquista de Almería en 1147) una fuente hexagonal de cristal verde (nada que ver con una esmeralda tallada como se asegura frecuentemente) que pronto fue convertido en una de la bandejas empleadas en la Última Cena.
¿Por qué todos estos elementos preexistentes parecen fundirse en el "best-seller" de la época? La razón es que fueron apoyados por la nobleza... como propaganda contra los cátaros. No es ninguna casualidad que su éxito coincida con la ofensiva contra los Albigenses que concluiría con la Cruzada de la que ya hablamos con anterioridad y, mucho menos, que éstas sean obras criptocátaras (chorrada muy reiterada que, supongo, será sostenida por quién nunca las ha leído). Veámoslo. Ya dijimos que Chrétien de Troyes dedicó su "Cuento del Grial" a Felipe de Flandes pero ¿quién era este personaje? Pues un "heterodoxo" de cuidado, hijo de Thierri de Flandes y de Sibila de Anjou. Su padre fue Cruzado en Tierra Santa en diferentes ocasiones y de sus "visitas" en 1150 se trajo de "souvenir" la "Fiole", un recipiente de cristal de roca tallado que supuestamente contenía sangre de Jesús y que regaló a la ciudad de Brujas donde todavía se venera en la capilla de la Santa Sangre. Su madre terminó ingresando como monja en el convento de San Lázaro en Betania en 1158. Felipe, además de ser padrino de bautismo de Felipe Augusto de Francia y de peregrinar a Santiago de Compostela en 1177, también fue Cruzado en el periodo 1177-1178 para ayudar a su primo Balduino IV "el Leproso" (con poco éxito, todo hay que decirlo). De regreso a Flandes, se convirtió en tutor de sus ahijado, Felipe Augusto y fue él quién lo armó caballero en Arrás en 1180. En esta misma época debió ser cuando encargó a su protegido Chrétien de Troyes que escribiera "El cuento del Grial", que ocultaba tanto la justificación de Felipe de Flandes por su fracaso en Tierra Santa (Perceval y el tullido el rico Pescador eran primos como Felipe de Flandes y Balduino "el Leproso". Perceval fracasa en su primera tentativa de ayudar al rico Pescador. Felipe de Flandes también en su apoyo a Balduino. Perceval debía regresar al castillo del grial dónde hubiera tenido éxito. Felipe de Flandes pensaba regresar como Cruzado a Tierra Santa -de hecho, lo hizo en 1190, tres años después de que Balduino hubiera perdido su reino de Jerusalén y murió de peste en San Juan de Acre en 1191- y esta vez pensaba mejorar su actuación precedente) como una defensa de la Eucaristia. El grial, ya lo dijimos, es un símbolo eucarístico, pero además hay una defensa clara de los dogmas católicos que estaban siendo atacados por los cátaros:
"-Madre -dijo él-, ¿qué es iglesia?
-Hijo, allí donde se hace el servicio de Dios, Aquel que hizo cielo y tierra y puso en él a hombres y mujeres." [2] (Pág. 50)
"Es verdad que fue Dios y hombre, nacido de la Virgen que concibió un hijo por el Espíritu Santo, en la que Dios recibió carne y sangre, y fue divinidad cubierta por carne humana, lo que es cosa cierta. Y quien esto no crea, no le verá la faz." [2] (Pág. 150)
La "Continuación Gauvain" supone una nueva vuelta de tuerca al incluir ya la referencia al grial como receptor de la sangre de Cristo que, según los cátaros, nunca había sido verdadero hombre sino que sólo lo aparentaba.
Robert de Boron dedica su obra a su protector Gautier de Montbeliard, otro caballero Cruzado que murió en Tierra Santa. Además de su conversión del Grial en el cáliz eucarístico, Boron intercala largos párrafos moralizantes y, también, convierte los regueros de sangre que manan de la lanza que acompaña al Grial en tres gotas, símbolo de la Trinidad.
"El Alto Libro del Graal o Perlesvaus" tampoco se queda atrás:
"El alto libro del Graal comienza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Estas tres personas son una sustancia y esa sustancia es Dios y de Dios procede el alto cuento del Graal." [5] (Pág. 35)
Con razón pudo escribir Anne Brenon:
"El Graal nunca fue, a finales del S XII y comienzos del XIII, más que un argumento de los clérigos para dirigir hacia las esperanzas celestiales la excesiva energía de los caballeros de este mundo; y para recordar a todos los creyentes que Cristo en cuerpo y alma, efectivamente, había muerto por ellos, había derramado su sangre, algo que los cátaros habrían contemplado como objeto de horror. Símbolo eucarístico, el Graal debe colocarse en el arsenal de la lucha contra la herejía." [6] (Págs. 164-165)
NOTAS:
[1] Citado en Los evangelios apócrifos. Selección y comentarios de Pierre Crépon. Traducción de M. García Viñó. Ed. EDAF S.A. Madrid, 2000.
[2] Citado en El Cuento del grial de Chrétien de Troyes y sus Continuaciones. Edición, comentarios y traducción de Martín de Riquer e Isabel de Riquer. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2000.
[3] Citado en En Busca del Santo Grial. Graham Phillips. Trad. Concha Folcrá Pagès. Ed. Edhasa. Barcelona, 1996.
[4] Citado en Parzival. Wolfram von Eschenbach. Edición, traducción y notas de Antonio Regales. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2001.
[5] Citado en Perlesvaus o El Alto Libro del Graal. Edición, Traducción y notas de Victoria Cirlot. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2000.
[6] Citado en La verdadera historia de los cátaros. Anne Brenon. Trad. Manuel Serrat Crespo. Col. Enigmas, Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 1997.
BIBLIOGRAFÍA:
Para la etimología de grial, véase Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Corominas. Ed. Gredos. Madrid, 1994.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XIV)

Viene de aquí
Sin embargo, si recuerdan la relación de las primeras narraciones sobre el Grial, verán que hay una de la que hemos hablado muy poco, el "Parzival" de Wolfram von Eschenbach. No se trata de ningún olvido involuntario ni de una omisión consciente sino que, dado el interés que le despierta esta obra al Sr. Fernández Bueno, conviene hablar de ella por separado porque, además, plantea problemas muy específicos.
Dice D. Lorenzo:
"El que pasó por ser el texto más leído e interpretado de todos, el de Eschembach, mostraba un objeto sagrado que tiene poco que ver con la copa. Más bien estaba representando a una piedra esmeralda cuya magia y poder eran ilimitados, pues no en vano se desprendió de la frente del mismísimo "ángel de luz" en su caída a los abismos infernales. Además Wolfram dejó patente que su poema era el más fiel y documentado de todos cuantos hubieren tratado el tema, pues él tuvo como confidente de lujo al maestro provenzal Kyot, trovador y cronista de prestigio y sabiduría, que se pretendía a sí mismo como caballero templario." (Pág. 180)
¡Qué arte tiene D. Lorenzo para inventarse lo que le da la gana! ¿El Grial de Eschenbach es una esmeralda que se desprendió de la frente de Lucifer cuando fue derrotado y enviado al infierno? Pues no sabe cuánto me alegro de saberlo, pero ¿Wolfram von Eschenbach ha regresado de su tumba para reescribir el "Parzival" o, sencillamente, es que el Sr. Fernández Bueno tampoco se ha leído esta obra sobre la que pontifica? Sospecho que la respuesta afirmativa corresponde a la segunda parte de la pregunta. ¿Por qué? Porque si se hubiera molestado en leerla se guardaría de decir una chorrada como ésa.
Sí es cierto que el Grial (y otros elementos como la lanza de la que mana sangre) de Eschenbach se aparta de las versiones que vimos en la anterior historia porque es una piedra sagrada pero ni es una esmeralda ni se le cayó a Lucifer de la frente (ni tan siquiera del riñón). Eschenbach lo describe así:
"Un escudero entró corriendo por la puerta. Llevaba una lanza, de cuyos filos fluía sangre, que corría por el mango hasta la mano, para ser recogida en la manga." [1] (Pág. 126)
"Sobre un verde ajmardí portaba la perfección del Paraíso, a la vez su raíz y su brote. Era una cosa que se llamaba "el Grial" que superaba la mayor gloria del mundo. La que portaba el Grial tenía por nombre Repanse de Schoye. El Grial tenía esta condición: la que lo cuidaba tenía que conservar su pureza y estar libre de maldad." [1] (Pág. 128)
"Me han dicho (y yo lo repito, y vosotros debéis jurarlo, de modo que mintáis conmigo si no digo la verdad) que ante el Grial estaba dispuesto todo lo que se deseaba: comida caliente, comida fría, comida moderna y también la tradicional, carne de corral y de caza. Muchos dirán que eso no se ha visto nunca. Pero critican sin razón, pues el Grial era el fruto de la felicidad, el cuerno de la abundancia de todos los placeres del mundo, y se acercaba mucho a lo que se dice del reino de los cielos." [1] (Pág. 129)
"El pagano Flegetanis supo exponernos la ida y el regreso de las estrellas y las dimensiones de sus órbitas hasta que vuelven al punto de origen. La esencia de los humanos está condicionada por la órbita de las estrellas. Como pagano, Flegetanis vio con sus propios ojos en las estrellas misterios ocultos y habló de ellos con gran timidez. Nos dijo que había una cosa que se llamaba el Grial. Este nombre lo leyó claramente en las estrellas. "Lo dejó sobre la tierra una cohorte de ángeles, que volaron después más alto que las estrellas, si es que su inocencia les permitió volver al cielo. Desde entonces lo tienen que guardar cristianos con la misma pureza. Quien es llamado al Grial tiene la mayor dignidad humana."" [1] (Pág. 224)
"El anfitrión dijo: "Sé bien que viven muchos valientes caballeros en Munsalwäsche, junto al Grial. Cabalgan una y otra vez en busca de aventuras. Consigan la derrota o la victoria, estos templarios expían así sus pecados. Habita allí una tropa bien experimentada en la lucha. Os diré de qué viven: se alimentan de una piedra, cuya esencia es totalmente pura. Si no la conocéis os diré su nombre: lapis exillis. La fuerza mágica de la piedra hace arder al Fénix, que queda reducido a cenizas, aunque las cenizas le hacen renacer. Así cambia el Fénix su plumaje y resplandece después en sus mejores galas, siendo tan bello como antes. Por muy enfermo que esté alguien, si ve un día la piedra, no puede morir en la semana siguiente y mantiene toda su belleza. Quien en la flor de la vida, fuera doncella o varón, contemplara la piedra durante doscientos años, conservaría el mismo aspecto: sólo el cabello se tornaría gris. La piedra proporciona a los seres humanos tal fuerza vital que su carne y sus huesos rejuvenecen al instante. Esta piedra se llama también el Grial. Hoy baja sobre él un mensaje, sobre el que descansan sus poderes sobrenaturales. Hoy es Viernes Santo y se verá como desciende del cielo una paloma y deposita sobre la piedra una pequeña y blanca hostia. La paloma, que resplandece en su blancura, retorna después al cielo. Como os digo, todos los Viernes Santos, la deposita sobre la piedra, con lo que le proporciona todo lo que en la tierra posee buen aroma, comidas y bebidas, todo lo que crece en la tierra, con una abundacia paradisíaca. la piedra obsequia asimismo con la carne de todos los animales que vuelan, corren o nadan. El poder maravilloso del Grial asegura la existencia de la comunidad de caballeros. Oíd cómo se sabe quiénes son llamados al Grial. En el borde de la piedra, una inscipción con letras celestiales indica el nombre y el origen, sea muchacha o muchacho, del que está destinado a hacer este viaje de salvación. No hace falta quitar la inscripción, pues, tan pronto como se ha leído, desaparece por sí misma de la vista. Como niños llegaron los que hoy son adultos. ¡Felices las madres cuyos hijos fueron llamados a este servicio! Pobres y ricos se alegran por igual cuando les piden que envíen a sus hijos a la comunidad. Los requieren de muchos países. Permanecen allí protegidos siempre de la ignominia del pecado y reciben su recompensa en el cielo. Cuando se les apaga aquí la vida, se les concede en el cielo la plena satisfacción. Los que no tomaron partido por ninguno de los dos bandos cuando lucharon Lucifer y la Trinidad, todos los ángeles neutrales, llenos de nobleza y dignidad, tuvieron que venir a la tierra, a esa misma piedra que siempre permanece en estado puro. No sé si Dios los perdonó o los siguió condenando. Si su Justicia se lo permitió, los acogió a su lado. Desde entonces protegen esta piedra los que Dios ha designado para ello y a los que envió su ángel. Señor, así discurren las cosas junto al Grial."" [1] (Págs. 230-232)
"Pero ahora dime: ¿viste la lanza en el castillo de Munsalwäsche? Cuando el planeta Saturno volvía a alcanzar su punto de partida, lo notábamos en su herida y en la nieve veraniega. Nunca el frío le producía tanto dolor a tu querido tío. La lanza tenía que penetrar en su herida, para que el dolor aliviara el dolor. Por ello la lanza estaba roja de sangre. Cuando determinados planetas que se mueven sobre otras estrellas en órbitas irregulares comienzan su curso, la sociedad del Grial eleva su lamento." [1] (Pág. 239)
¿Dónde está, pues, la supuesta esmeralda caída de la frente de Lucifer? Porque lo que Eschenbach dice en realidad es que la piedra Grial fue conducida a la tierra por los ángeles que permanecieron neutrales durante la rebelión de Satanás.
No obstante, la narración de Eschenbach es lo bastante "extraña" como para que podamos plantearnos una serie de preguntas. Comencemos por una sencillita ¿qué pintan los templarios protegiendo Munsalwäsche y, por tanto, el Grial? Pues aunque el tema ha dado para algunos disparates esotéricos muy divertidos la realidad es mucho más sencilla. Aunque habitualmente se traduce como "templario" el término que realmente emplea Eschenbach es "templeise" que es una palabra inventada por el poeta alemán y que, por tanto, ni tiene un significado completo ni una traducción precisa. Con ella designa a los caballeros que sirven con las armas a Munsalwäsche, es decir, no son realmente templarios puesto que éstos son soldados, pero también monjes sujetos a una regla muy estricta y los "templeise" de Eschenbach no lo son. Defender las supuestas relaciones entre el Temple y el Grial basándose en el parecido fonético entre templario y "templeise" es una buena prueba de que no hay evidencias de que tal parentesco existiera.
Ya que estamos con los templarios ¿es verdad que el maestro Kyot pretendía serlo? Pues supongo que eso estará en el párrafo siguiente al de la esmeralda caída de la frente de Lucifer, porque no hay tal afirmación en el "Parzival" ni de Kyot se sabe nada más que lo que dice Eschenbach. Por otra parte, no sé si hay algo más improbable que la imagen de un templario trovador. Pensándolo bien, sí lo hay, que Eschenbach "también" fuera templario:
"En el siglo XIII, el poeta Eschembach, quien además se decía miembro de la Orden del Temple dejó entrever en su obra "Parsifal", que los caballeros pobres a lo largo de su existencia fueron los protectores del Grial..." (Pág. 183, nota a pie de página)
¿Qué hay de cierto es esa nueva afirmación del Sr. Fernández Bueno? Pues lo mismo que en las ocasiones precedentes. Su contemporáneo, el también poeta Wirnt von Gravenberg dijo de Eschenbach: "Gesprach de baz de nie de munt de laien" (Nunca un laico habló con mayor eficacia). Obviamente, los templarios no eran laicos ergo Eschenbach no era miembro de la Orden del Temple.
No obstante, dejando de lado los desbarros de D. Lorenzo, los párrafos antes citados del "Parzival" plantean una serie de enigmas (éstos sí reales) de los que tratar comenzando por las fuentes de Eschenbach, tema que es aún hoy debatido y sin una respuesta clara. Les adelanto que lo que sigue es mi propia reflexión sobre este punto, no necesariamente coincidente con las de otras personas.
Hay un hecho innegable, Eschenbach conocía la obra de Chrétien de Troyes. No es sólo por una cuestión de paralelismos, es que además le menciona expresamente:
"Si el maestro Chrétien de Troyes no ha contado con toda la verdad de esta historia, Kyot puede estar con razón enojado, pues él transmite la verdadera historia." [1] (Pág. 386)
Así pues, la cuestión a dilucidar es si existe otra fuente distinta a Chrétien de Troyes. Existen grandes similitudes entre "El Cuento del grial" y el "Parzival", pero también diferencias. ¿Se deben éstas a la narración sobre el Grial realizada por Kyot sobre el manuscrito en árabe de Flegetanis? Comencemos por el principio, no hay la menor prueba de la existencia de tal versión realizada por el maestro Kyot ni, tan siquiera, evidencia alguna de que éste o Flegetanis existieran realmente.
Por ello, la cuestión se reduce a si damos crédito a lo que dice Eschenbach y si esa supuesta historia previa ha dejado alguna huella en el "Parzival" que podamos rastrear. Decíamos que junto con innegables similitudes también hay diferencias de consideración entre las obras de Chrétien y de Eschenbach. Eschenbach no se limita a hacer una versión de "El Cuento del grial". Por el contrario, escribe un poema épico en el que cambia nombres, introduce nuevos personajes, situaciones... es decir, recrea (en su sentido etimológico) la historia del Grial. Tanto es así que la extensión del "Parzival" es el triple que la de "El cuento del Grial". ¿Esto es así por la capacidad de fabulación del alemán o, por el contrario, es fruto de la influencia de otro poema hoy perdido?
Tomemos un ejemplo concreto, el de la lanza sangrante. En Chrétien posiblemente (y sin duda en los restantes autores que siguen la línea Grial=bandeja o copa) se relaciona con la lanza de Longinos. Sin embargo, nada tiene que ver esto con lo que cuenta sobre ella Eschenbach (que ya vimos con anterioridad). Antes de empezar a gritar ¡Eureka!, no obstante, debemos pensar que en el momento en que el Grial del poeta alemán no tiene relación directa con la Pasión de Jesús, la lanza de Longinos ya no "pintaba" nada en esta historia. La duda persiste. Es posible que Eschenbach cambiase elementos de la narración de Chrétien para adecuarlos a sus propios fines literarios (estamos hablando de obras de ficción en lo que el respeto a las fuentes no es ninguna obligación). Es igualmente probable que ya existiese un poema previo (el Kyot-Flegenatis) y que fuera Chrétien el que cambiase determinados aspectos de esa obra mientras Eschenbach los mantenía tal y como estaban en el supuesto original. Este problema está ligado al de la cristianización del Grial.
Es frecuente escuchar que el mito del Grial fue cristianizado por Chrétien, el autor anónimo de la "Continuación Gauvain", Robert de Boron... mientras que la versión de Eschenbach sería más "pagana" y, por tanto, más fiel al supuesto original musulmán, celta, etíope... según los gustos de cada uno. ¿Es eso así? Para nada.
El Grial de Chrétien y sus seguidores es una obra humana (sea bandeja o copa) santificada por su relación con la Última Cena y la Pasión de Jesús. El Grial de Eschenbach es, por el contrario, una piedra ajena a la tierra (y, por tanto, obra como el resto de la Creación del propio Dios Padre) cuyo poder sobrenatural se renueva cada Viernes Santo mediante una hostia (por tanto, mediante el Hijo) que es transportada desde el cielo por una paloma blanca (por tanto, mediante el Espíritu Santo). El Grial de Chrétien y sus corifeos es un símbolo eucarístico. El Grial de Eschenbach sin dejar de serlo, es, además, un símbolo de la Trinidad.
Pero ¿por qué una piedra? Tal vez buscando significados ocultos (que si la piedra filosofal, que si la mesa de Salomón...) se nos ha olvidado lo más evidente, que también en el cristianismo existe la simbología de la piedra referida a la Iglesia. Uno de los motivos que se repiten continuamente en el "Parzival" es el de la fidelidad y la infidelidad, pero no entendidas sólo en el sentido matrimonial. Anfortas, el señor del Grial, es herido por desear a una mujer que no le había sido destinada por el Grial; Feirefiz, el hermano pagano de Parzival, abandona a su esposa Secundila para casarse con Repanse de Schoye, la portadora del Grial... el que es fiel a los dictados del Grial es feliz mientras que la desgracia recae en el que desobedece.
Han pasado ochocientos años (más o menos) desde que Eschenbach escribió este poema épico. En esos años, hemos ganado muchas cosas y perdido otras. Lo que para un contemporáneo de Wolfram podía ser clarísimo, para nosotros puede estar velado. Veamos un ejemplo:
"En mi establo hay un caballo que se parece a los que pertenecen a las huestes del Grial. En la silla lleva una tórtola. ¡El caballo procede de Munsalwäsche! Este blasón se lo concedió Anfortas cuando era dueño y señor de la felicidad. Sus escudos son así desde antiguo." [1] (Págs. 232-233) Una tórtola no parece el emblema más adecuado para el escudo heráldico de unos caballeros puesto que es un animal bastante huidizo. Sin embargo, en la Edad Media la tórtola tenía un simbolismo perfectamente conocido:
"Por la tórtola, como es de razón, debemos entender a la Santa Iglesia, que es humilde y casta, siendo Dios su esposo; y cuando Dios fue afligido y herido a muerte en la Cruz, la Santa Iglesia lloró por Él, y no lo abandonó ni antes ni después. Por eso dicen los profetas que tal permanecerá hasta el fin, que estará junto a Dios y se salvará sin falta." [2] (Pág. 91) Creo que ahora está bastante claro el porqué el pagano Feirefiz es incapaz de ver el Grial hasta que se bautiza, es decir, hasta que se hace cristiano...
Volvamos a lo que nos interesaba en un principio, si la narración de Eschenbach está basada en un poema trasmitido por Kyot sobre la historia escrita por Flegetanis o no. Permítanme una pregunta ¿pueden Vds. creerse que el tal Flegetanis -que, por cierto, es un personaje bastante extraño porque es judío, escribe en árabe y adora a un becerro- escribiera esta historia a mayor gloria de la Iglesia? Por cierto, ahora el judío Flegetanis también adquiere un significado alegórico, sabe de la existencia del Grial pero no puede conocer sus secretos, es la Vieja Ley que queda superada por la Nueva Ley. Lo de adorar a un becerro ¿no debemos entenderlo como una referencia al episodio del Becerro de Oro?
Si Flegetanis se cae de la lista de posibles autores previos de la historia del Grial ¿sucede lo mismo con Kyot? Por de pronto, ya vimos que la existencia del supuesto poema perdido se basa en lo que Eschenbach afirma, pero si lo que éste dice es falso se viene todo abajo. Sin embargo, tal vez Kyot asegurara que la historia del encuentro en Toledo del manuscrito de Flegetanis era cierta sin serlo y Eschenbach lo repitiera porque creía que era así. No obstante, si la simbología aparentemente extraña que aparece en el "Parzival" no es tal puesto que es explicable desde las creencias y símbolos de la época ¿para qué necesitamos la hipótesis del precursor Kyot?
Eschenbach era perfectamente capaz de fabular sin ayuda de nadie. Vamos a ver un ejemplo. En la procesión que precede al Grial, además de la lanza ensangrentada aparecen:
"dos princesas en magníficas galas. Traían sobre dos servilletas dos extraordinarios cuchillos muy afilados. Eran de reluciente plata endurecida y habían sido trabajados con tanta destreza y afilados con tanto esmero que hubieran cortado bien el acero." [1] (Pág. 127)
¿Qué pintan ahí esos dos cuchillos? Wolfram lo explica mucho más adelante. Anfortas se había apartado de las órdenes que recibía del Grial y, por ello, había sido castigado y de qué forma. En un combate singular recibió una lanzada en los mismísimos coj... El hierro estaba, para más cachondeo, envenenado lo que le ocasionaba horribles dolores (y no podía morir por tener cerca el Grial). Sufría especialmente cuando hacía frío. Entonces, el único remedio era volver a introducir el hierro de la lanza en la herida (y por eso estaba cubierta de sangre). Eschenbach continúa:
"Las grandes heladas le causan tanto dolor que su carne se enfría más que la nieve. Pero como se sabe que en la punta de esa lanza hay veneno ardiente, se la pone sobre la herida hasta que saca el frío de su cuerpo. En torno a la lanza se formaba un cristal como el hielo, que nadie podía apartar en modo alguno de ella, hasta que Trebuchet, el sabio, forjó dos cuchillos de plata que lo cortaron. Le desveló este secreto un conjuro que había en la espalda del rey." [1] (Pág. 239)
Todo ello es muy bonito, pero ese derroche de imaginación hubiera sido innecesario si Eschenbach hubiera conocido mejor el francés. ¿Por qué? Chrétien de Troyes coloca en la procesión del grial a una dama que lleva una bandeja (tailloir) de plata. Eschenbach entendió que lo que llevaba era algo para cortar (tailler), un cuchillo de plata. Como se ve que le sorprendió lo de sacar el cuchillo en el desfile, se inventó esa historia para justificar su presencia. Después de esto ¿necesita alguien nuevas pruebas de la capacidad de creación literaria de Wolfram? Por cierto, hay quién piensa que el Grial en "Parzival" es una piedra sencillamente porque Eschenbach no sabía qué era un "graal" y cómo en la descripción que hace Chrétien habla de las piedras preciosas que lo adornaban pensó que era una de ellas...
Todo ello, por supuesto, no quiere decir que Eschenbach no empleara otras fuentes (que sí lo hizo) por ejemplo sobre las creencias astrológicas (ya vimos algunos ejemplos en los que aparecen) o sobre los remedios que se aplican sobre la herida de Anfortas. Sin embargo, en lo fundamental la historia no parece deberse más que a dos personas, Chrétien de Troyes y, por supuesto, el propio Wolfram von Eschenbach que escribió (o dictó, porque según él no conocía las letras aunque, visto lo visto, no me lo creo ni aunque lo jurase sobre siete Griales) una de las grandes obras de la literatura universal.
En fin, queda por ver la profunda "heterodoxia" que destila esta obra tan pagana y tan poco cristianizada, pero de eso nos ocuparemos en otro momento que con lo escrito basta (y sobra) por hoy.
NOTAS:
[1] Citado en Parzival. Wolfram von Eschenbach. Edición, traducción y notas por Antonio Regales Serna. Col. Biblioteca Medieval, Editorial Siruela. Madrid, 2001.
[2] Citado en Bestiario medieval. Edición, traducción y notas por Ignacio Malaxecheverría. Col. Selección de lecturas medievales, Editorial Siruela. Madrid, 1989.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XV)

Viene de aquí
Florilegio sacro compuesto con selectos pasajes de la magna obra "Parzival" del minnesinger Wolfram von Eschenbach para sano esparcimiento y provechosa instrucción de cuántos esto leyeren. Joder, hoy me he levantado más cursi que una perdiz con ligas. Decía que a continuación les reproduzco lo más interesante de lo que escribe Eschenbach sobre la religión:
"¿Os referís a Dios, el hijo de la Virgen? Si creyerais que Él, hecho hombre, sufrió por nosotros, como celebramos en este día, no llevaríais la armadura. Hoy es Viernes Santo. Todo el mundo debe alegrarse y, a la vez, estar completamente angustiado. ¿Dónde se manifestó un amor más alto que el que demostró Dios por nosotros, al que se colgó de una cruz por nosotros? Señor, si sois un verdadero cristiano, deberíais lamentar este trueque. Él dio su preciada vida, muriendo para reparar nuestra culpa, pues el hombre estaba perdido y, por su pecado, destinado al infierno." [1] (Págs 221-222)
"...el hombre debe perseverar siempre y esperar la ayuda de aquel que nunca ha dejado de ayudar al alma cuando amenaza hundirse en el infierno. Sedle fiel sin vacilaciones, pues Dios es la propia fidelidad." [1] (Pág. 228)
"Cuando Lucifer bajó al infierno con sus secuaces, surgió entonces un ser humano: Dios creó de barro al noble Adán. De la costilla de Adán creó a Eva, que fue la causante de nuestra desgracia, pues no obedeció a su Creador y, con ello, destruyó nuestra felicidad." [1] (Pág. 228)
"Dios mismo fue el hijo de la Virgen. De vírgenes nacieron dos hombres. El propio Dios se encarnó a imagen y semejanza del hijo de la primera virgen." [1] (Pág. 229)
"Con la estirpe de Adán nacieron las penas y la bienaventuranza: la bienaventuranza porque el que está por encima de todos los ángeles reconoce su parentesco con nosotros; las penas, porque ese parentesco es el carro de los pecados, que tenemos que arrastrar. ¡Que se apiade Dios Todopoderoso, a quien acompaña siempre la Misericordia, pues su fiel humanidad lucha fielmente contra la infidelidad!" [1] (Pág. 229)
"Es sabido que las mujeres y los clérigos están desarmados y que la bendición de Dios protege a los clérigos. Siente amor por éstos y sírvelos con fidelidad para que encuentres un buen final. Debes dirigirte a ellos amablemente. Por muchas cosas que veas en el mundo, nada se asemeja a un sacerdote. Predica la Pasión y nos salva de la condenación. Su mano consagrada toca la hostia, a Cristo, que nos liberó de nuestra culpa. Si un sacerdote ejerce su ministerio en perfecta castidad, ¿cómo puede vivir más santamente?" [1] (Pág. 244)
"Se arrodilló tres veces en dirección al Grial, en honor de la Trinidad, y suplicó que el hombre doliente quedara libre del tormento. Entonces se levantó y preguntó: "Tío, ¿qué te atormenta?"
Dios, que a ruego de san Silvestre despertó de la muerte a un toro y le hizo irse vivo y que mandó levantarse a Lázaro, ayudó a Anfortas a sanar y a curarse por completo." [1] (Págs. 372-373)
"Si queréis salvar vuestra alma del demonio, tenéis que creer en un solo Dios Todopoderoso, en cuya Trinidad todos tienen el mismo rango. Dios es Hombre y la Palabra del Padre, porque Él es Padre e Hijo, y se los honra igual, como también al Espíritu Santo. Con el poder de los tres, esta agua os liberará del paganismo. En el nombre de la Trinidad entró en el agua para bautizarse Aquel que creó a Adán a su propia imagen." [1] (Pág. 382)
Como pueden comprobar con la lectura de estas citas, el marco en que transcurre este poema de Eschenbach es plenamente cristiano, sin la menor sombra de heterodoxia. Vamos a ir un poco más lejos. Ya dijimos que la fecha de composición debe estar en torno a 1205-1210 ("Todavía hoy sufren las viñas de Erfurt los mismos daños, las huellas de las pezuñas de los caballos." [1] -Pág. 191-. El asedio de Erfut tuvo lugar en 1203), es decir, en la época de auge del anticatarismo que concluyó con la Cruzada contra los Albigenses. Pueden imaginarse el efecto que tuvo en ese periodo esa inserción de párrafos religiosos negando las creencias cátaras en una literatura que estaba dedicada a las clases nobles (que son, a la vez, las clases guerreras).
No sé si a Vds. les parece casual que Eschenbach se dedique a afirmar la existencia de la Trinidad, la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, el poder redentor del sacrificio de Jesús en la cruz, su encarnación como hombre verdadero, la especial dignidad de los sacerdotes y la validez del bautismo por agua (todo ello contrario a las creencias cátaras) justo en el momento histórico en que se consideraba a los albigenses como un problema que debía ser solucionado. Debo reconocer que yo no considero esto como una mera coincidencia inintencionada.
Esto debiera servir de aviso a los que se empeñan en hacer "lecturas cátaras" de una obra que es todo lo contrario, sin embargo "como si quieres arroz, Catalina". Cada cierto tiempo aparecen "investigadores" empeñados en usar el "Parzival" como si fuera el mapa del tesoro griálico. Lo curioso de estos émulos (o antecesores) de los Jones es que ni siquiera parecen haber leído la obra que, supuestamente, les debe servir de guía. Veámoslo:
"Como si de un sutil conjunto de engranajes se tratase, en el poema de Eschenbach se hacía mención a una cueva llamada "Fontane la Salvasche". En la misma habitaba un anciano eremita, conocedor de los grandes secretos, y este, sin escrúpulo ni recelo, decidió iniciar al protagonista del relato, Parsifal, en las claves ocultas del Grial. El sabio, conocedor de la bondad y honor que anidaban en el corazón de su ahora discípulo, lo introdujo en otra cueva cercana, y una vez allí, le mostró un altar que poseía sobre sí un pequeño cofre.
Los paralelismos son sorprendentemente llamativos. En el Sabarthès existe una oquedad que desde el S XI es conocida con el nombre de Fontanet. No muy lejos de la misma está la del Eremita, en la que además se halla un altar que aseguran los historiadores era utilizado, primero por cátaros y posteriormente por templarios, para mostrar la "Piedra del Grial" durante sus iniciaciones y liturgias. Por si fuera poco, la citada roca era custodiada en el interior de un arcón, situado a su vez en un agujero de la pared que todavía hoy es visible. Demasiadas casualidades para tratarse de un texto meramente alegórico..." (Pág. 181-182)
¡Qué van a ser casualidades! Es, en realidad, pura ficción. Veamos, por de pronto en el "Parzival" no hay ninguna cueva que se llame "Fontane la Salvache" (Fuente Salvaje). Éste es el nombre de un paraje:
"Sin esperar más, los dos caballeros y la dama cabalgaron hacia una ermita en una peña escarpada. Parzival encontró allí un relicario, al lado del cual estaba apoyada una lanza bien decorada. El ermitaño se llama Trevizent." [1] (Pág. 141)
"Fuente Salvaje se llamaba el lugar a donde le condujo el camino. Encontró al eremita, que le dio la bienvenida." [1] (Pág. 225)
Incluso da más datos del lugar. Desde lo alto de la peña de la que antes hablaba, cae un arroyo:
"...quien llevó el caballo debajo de la peña, donde nunca brillaba el sol. Era un establo natural. Desde lo alto caía un arroyo." [1] (Pág. 226)
Además, el ermitaño Trevizent (que, por cierto, es tío de Parzival) va y viene entre ambas como si tal cosa, porque vivía en una y en la otra guardaba sus libros:
"El ermitaño le prestó un vestido que había allí y después lo llevó consigo a otra gruta, en la que estaban los libros que el pío varón leía." [1] (Pág. 226)
Obviamente, Trevizent era un andarín de cuidado. Veamos un mapa de algunas grutas del valle de Ussat. La Cueva del Ermitaño (Grotte de l´Ermite) está en la zona ampliada en el rectángulo rojo. Fontanet no aparece en el mapa, pero está a 1,6 Kms. al NE de Lombrives. Así que hay dos posibilidades, o Trevizent era "tonto del culo" porque con la cantidad de cuevas que hay cerca de la Grotte de l´Ermite se va a vivir al otro lado del río Ariège y "donde Cristo pinchó la Bultaco", o, sencillamente, toda esta historia que nos cuenta el Sr. Fernández Bueno no hay por dónde agarrarla. Obviamente es lo segundo puesto que el paraje real no corresponde a lo que dice Eschenbach. No hay tal arroyo que cae desde lo alto de los montes y, en cambio, sí hay agua tanto dentro de Fontanet (obvio, habida cuenta del nombre) como de L´Ermite (y en este caso, además, es agua termal). Sin embargo, Trevizent y Parzival salen de la cueva para lavar las raíces que iban a comer y para lavarse las manos.
Claro que tampoco es que importe mucho esta "pequeña" inexactitud porque como tampoco hay tal cofre... Lo que dice Eschenbach es que:
"En correspondencia con el día, había allí una piedra de altar desnuda. Encima estaba un relicario, que Parzival reconoció al instante." [1] (Págs. 226-227)
Vale, era un relicario pero podía tener la forma y el tamaño de un cofre ¿no? A fin de cuentas, muchos relicarios tenían la forma de arquetas que más o menos (más bien menos que más) podían confundirse con un arcón. En este caso no es posible porque dice Trevizent:
"El relicario que viste antes, que es más verde que un trébol, lo hice cincelar de la piedra preciosa que me regaló el noble caballero." [1] (Pág. 242)
Con lo que la posibilidad de que se confundiera con un cofre es nula.
Pasemos a cuestiones sin duda más importantes. ¿Quiénes serán esos historiadores que dicen, según D. Lorenzo, que en Fontanet los cátaros y los templarios mostraban la "Piedra del Grial"? ¿Existirán tan siquiera o estarán haciendo compañía a la esmeralda caída de la frente de Lucifer y a los templarios Kyot y Eschenbach? A ver si podemos hacer un poco de luz en este turbio asunto. En un artículo (que el Sr. Fernández Bueno no cita en la Bibliografía) titulado Entramos en las cuevas del Grial escrito por los Sres. José Lesta y Miguel Pedrero se lee lo siguiente:
"En el poema de Eschenbach, el héroe Parsifal acude a la cueva Fontane la Salvasche, donde vive un eremita que le puede iniciar en los secretos del Grial. Éste le conduce a una segunda cueva cercana donde le muestra el "altar sin cubrir, en cuyo centro se encuentra un cofre". Curiosamente en el Sabarthes existe una cueva que desde tiempos cátaros se le llama Fontanet y, curiosamente a escasos metros de ella, otra cueva llamada del Eremita que alberga el 'altar' donde la tradición asegura que era mostrada la Piedra Grial en las iniciaciones cátaras y templadas. Estaba en un cofre colocado en una oquedad de la cueva todavía visible."
Compárese este texto con el anteriormente citado del Sr. Fernández Bueno y comprobarán que, en efecto, "Los paralelismos son sorprendentemente llamativos" aunque, eso sí, los Sres. Lesta y Pedrero son más prudentes que D. Lorenzo y mencionan a la "tradición" como fuente de la información de marras. La tradición puede decir lo que guste, incluso una chorrada de ese calibre, pero los historiadores son otra cosa y, aunque hay gente para todo, no suelen incurrir en errores como imaginarse a un cátaro con cara de arrobo mientras contempla el Grial. ¿Por qué? Porque como ya dijimos, para los cátaros lo material era corrupto, una creación demoníaca. Como símbolo eucarístico, a un cátaro el Grial se "la traería floja y pendulona" porque no admitían tal sacramento. En realidad tampoco admitiría algo distinto a que Jesús fuera una especie de fantasma inmaterial que, como tal, no pudo ser crucificado realmente, sangrar realmente ni estar su sangre realmente en una copa.
Tampoco esto es que importe demasiado porque los cátaros tampoco tenían lugares de culto:
"Esta Iglesia no es de piedra, ni de madera, ni de nada hecho por la mano del hombre. Porque está escrito en los Hechos de los Apóstoles (Hec. 7,48) que: "El Altísimo no mora en cosa hecha por la mano del hombre."" [2] (Pág. 98)
Vamos, que D. Lorenzo casi acierta.
NOTAS:
[1] Citado en Parzival. Wolfram von Eschenbach. Edición, traducción y notas de Antonio Regales Serna. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2001.
[2] Citado en La verdadera historia de los cátaros. Anne Brenon. Traducción de Manuel Serrat Crespo. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 1997.