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Escritos desde el páramo

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XVI)

Viene de aquí
Después de esta nueva muestra (y van unas cuantas) de "Cómo meter la patita y no morir en el intento" el Sr. Fernández Bueno decide, sin duda agotado por la ímproba labor investigadora realizada (en este caso debería escribir "ínproba" porque no aporta ni una prueba de lo que afirma, aunque considerando el otro significado de ímprobo tampoco está mal el término -esto es un sarcasmo por mi parte-), ceder la palabra a D. Xavier Musquera lo que supone un inmenso alivio para el lector (al menos, para el lector que aún no se hubiera aliviado de risa -esto es otro sarcasmo-).
Aunque esto nos permite descansar de la prosa altisonante y bajosignificante (y van tres sarcasmos, por hoy es suficiente) de D. Lorenzo, y el Sr. Musquera en esta ocasión se limite a un estudio en principio más razonable, el de la búsqueda de petroglifos cátaros en las cavernas y spoulgas (grutas fortificadas) del antiguo condado de Foix, la verdad es que no termina de convencerme y eso que, después de la sucesión de chorradas perpetrada por el Sr. Fernández Bueno, lo de D. Xavier suena a música celestial (en realidad, después de esto, hasta La Terremoto de Alcorcón -vayan al artículo de 25 de noviembre y oirán lo que es caspa- suena a gloria). No obstante, hay algunas cosas que el Sr. Musquera no explica lo que tampoco es motivo para el asombro de los que aún nos acordamos de esto (caramba, ¡qué coincidencia! Un libro de D. Xavier en una colección dirigida por D. Lorenzo...)
Veamos. Las grutas del valle del Ariège han estado muy concurridas desde tiempos prehistóricos (la de Fontanet, sin ir más lejos, tiene pinturas datadas en el periodo magdaleniense). Además fueron refugio de eremitas, de gentes de paso de todo jaez y de perseguidos por causa de la justicia por motivos civiles y religiosos, sin olvidar las guarniciones de las spoulgas. Así que ¿por qué hemos de considerar alguno de los petroglifos como cátaros?
Obviamente, la respuesta debería ser que son cátaros aquellos símbolos que podamos relacionar con su propio corpus de creencias y sólo con él, dado que no podemos tener ninguna certeza de quiénes fueron en cada caso sus autores reales. En un mundo perfecto, debería ser así, pero lo que dice el Sr. Musquera es (y Leibnitz que se jo...robe y se aguante):
"A pesar de todo, a poco que se conozca la simbología cátara, podemos identificar fácilmente dichos símbolos; estrellas de cinco puntas, pentágonos, cruces solares, griegas y antropomorfas." (Pág. 184)
Pues nos quedamos como estábamos porque lo que no dice es lo que tendría que haber aclarado en primer lugar: de dónde se saca que esos signos son albigenses. En realidad, lo que hace D. Xavier es tautología pura y dura. Tenemos unas grutas en las que, dicen, se reunían los cátaros (después hablaremos de esta afirmación). En esas cuevas aparecen unos signos "raros" que, por tanto, consideramos albigenses. Posteriormente podemos comprobar qué petroglifos corresponden o no a una simbología cátara por comparación con la establecida de la manera que antes dijimos. Eso refuerza tanto la idea de que hay unos signos propios de los albigenses como que las cuevas eran lugares de reunión de los herejes. ¡Maravilloso ejemplo de demostración circular que en ningún momento prueba ni que la simbología cátara sea tal ni que las grutas fueran lugares de reunión de los albigenses!
La realidad, claro, es muy otra. Todos los signos supuestamente cátaros que cita ya existían antes de que los albigenses aparecieran en el Languedoc y fueron usados en la Edad Media en lugares que nada tuvieron que ver con los cátaros (la estrella de cinco puntas -que en el cristianismo significa las cinco heridas de Jesús crucificado- en Castrojeriz, por ejemplo, la cruz solar en la iglesia de Sutton en el Bedforshire...). Es más, lo de considerar una cruz (de cualquier tipo) como un signo albigense es de traca (y de las valencianas, que son más gordas) porque, sencillamente, al negar éstos que el sacrificio de Jesús en la cruz fuera real, para ellos no significaba más que un instrumento de ejecución al que despreciaban. Por ejemplo, Pierre Autier se reía de los que se persignaban asegurando que siempre parecía que estaban diciendo: "Aquí está la frente y aquí está la barba y aquí está una oreja y aquí está la otra." [1] (Pág. 330)
Si quieren ver una colección de signos de los que aparecen en estas grutas, pueden encontrarla aquí y, como verán, muchos de ellos son inequívocamente católicos como cruces o crismones (el símbolo formado por la unión de una X y una P -en griego, las iniciales de Jesucristo- rodeado por un círculo y al que en ocasiones se une la alfa y la omega).
¿Al menos los cátaros anduvieron por estas cuevas? Pues sí hay menciones a ello en las declaraciones ante la Inquisición (ya lo vimos en el caso del tesoro cátaro, y también hay declaraciones de que acudieron cátaros a la spoulga d´Ornolac) citándolas como sitios de paso o de ocultación pero nunca como un lugar de establecimiento permanente. No fueron algo semejante a Montségur o a Montaillou. La razón para ello es fácil de entender. Como refugio eran perfectas porque son grutas que poseen kilómetros y kilómetros de galerías aun hoy no exploradas en profundidad (de hecho, la galería con las pinturas rupestres de Fontanet sólo se encontró en la década de los 70). Sin embargo, para la religión cátara el tener un acceso rápido a los Perfectos era fundamental. Ya dijimos que el Consolamentum era recibido por muchos creyentes sólo a las puertas de la muerte y que era preciso para su salvación. Pueden imaginarse la angustia de la familia de un moribundo que tuviera que buscar a unos Perfectos que impartieran el sacramento si éstos estuvieran escondidos en "el quinto pino a mano izquierda". Tal vez la mayor tragedia del catarismo es ésa, que ni siquiera en el periodo de mayor persecución los Perfectos pudieron pasar a la clandestinidad absoluta. La Inquisición lo sabía y se aprovechó de ello. Por ejemplo, Jacques Autier y Prades Tavernier en septiembre de 1305 fueron requeridos para el Consolamentum de una mujer en Limoux sin saber que el que solicitaba sus servicios era un traidor. Si los Perfectos se ponían a salvo se convertían en inútiles para sus fieles, si no lo hacían, quedaban a merced de los delatores cada vez más abundantes pese al asesinato o el soborno de alguno de ellos como Guillaume Dejean. Resultado, que la mayoría acabaron en la hoguera.
Pese a todo ello, D. Xavier convierte estas grutas en unos lugares iniciáticos:
"Posteriormente, y después de aceptar la regla interior de los creyentes, el adepto penetraba en el segundo recinto. Allí sería preparado para entrar a la oquedad en la cual realizaba la iniciación completa, convirtiéndose en perfecto." (Pág. 184)
¿Cómorrrrr...? Menos mal que conservamos dos versiones de cómo se realizaba el Consolamentum (los llamados Ritual Occitano y Ritual Latino) porque si no a saber qué diría. La Consolación no era un sacramento iniciático ni esotérico. Al contrario, como era el día más importante de la vida de un cátaro era público (en los Rituales hay numerosas referencias a los asistentes y en las declaraciones ante la Inquisición numerosos testigos reconocen haber estado presentes en el Consolamentum de alguien -incluso gente que no era cátara sino familiar del creyente que recibía la ordenación-). Nadie dice nada de estas cuevas ni los Rituales señalan ninguna regla ni cartabón interior. ¿Cómo se desarrollaba la ceremonia? En el caso de que el receptor del Consolamentum no fuera un moribundo (en ese caso, se hacía una celebración abreviada) constaba de dos partes. Primero tenía lugar la Recepción de la Oración: El Anciano se dirigía a la asamblea reconociendo y pidiendo perdón por sus faltas. A continuación, los asistentes se lavaban las manos y el segundo Perfecto en dignidad tras el Anciano tenía que preparar una mesa, colocar un mantel sobre ella y un libro (los Evangelios) sobre el mantel haciendo series de tres reverencias al Anciano antes de cada uno de esos actos. Después, el creyente hacía el Melioramentum (es decir, se arrodillaba y con las palmas de las manos apoyadas en el suelo inclinaba tres veces la cabeza hasta besar las manos mientras solicitaba en las dos primeras ocasiones la bendición del Perfecto y que éste rezara por él, y en la tercera que rezara a Dios para que le concediera una buena muerte). A continuación se le entregaba el libro por mano del Anciano y éste predicaba al creyente. Después el Anciano rezaba el Padrenuestro siendo seguido por el creyente. A partir de ese momento el creyente tenía poder para recitar el Padrenuestro. A continuación repetía el Melioramentum y daba las gracias. Los asistentes realizaban dos peticiones de gracia y perdón y el creyente hacía lo mismo a continuación. Con esto concluía la primera parte.
La Consolación propiamente dicha podía tener lugar a continuación u otro día cualquiera. El creyente hacía el Melioramentum y recibía el libro de los evangelios de manos del Anciano. Éste le preguntaba si deseaba recibir el bautismo espiritual, le explicaba en qué consistía y cómo debía ser su vida a partir de ese momento. El creyente respondía que tenía la voluntad de recibirlo y rogaba a Dios que le diera fuerzas para cumplir con sus obligaciones. Después el Perfecto de mayor dignidad tras el Anciano y el creyente hacían un nuevo Melioramentum dirigido al Anciano y el Perfecto pedía que se le concediera el don solicitado. El creyente pedía perdón a Dios, a la iglesia y a los asistentes y éstos lo concedían. Entonces el Anciano tomaba el libro y se lo ponía al creyente sobre la cabeza. Después, todos los Perfectos colocaban su mano derecha sobre la cabeza del creyente. A continuación comenzaba una serie de letanías que concluían con el rezo del Padrenuestro y la lectura del Evangelio de San Juan. Después de una nueva serie de letanías, se besaban hombres con hombres y mujeres con mujeres como forma de darse la paz y con una nueva serie de oraciones terminaba la ceremonia.
¿Y dónde se celebraba? En los tiempos en que la persecución no había existido o no fue concienzuda, normalmente en las casas de los Perfectos a las que acudían incluso los moribundos que quedaban a su cuidado hasta que morían con lo que se evitaba que pudieran faltar incluso inadvertidamente (a los cátaros les daba igual la voluntariedad de los actos) a las obligaciones de su nuevo estado (si las vulneraban el Consolamentum quedaba sin efecto y tenían que ser reconsolados o no podían salvarse). Sin embargo, en tiempos de persecución eran los Perfectos los que acudían junto a los enfermos, bien es su propia casa o, si no era posible porque algún miembro de la familia fuera sospechoso de anticatarismo, en cualquier sitio incluso en el campo. Las dificultades para vigilar a los moribundos y que éstos no pudieran cometer falta alguna llegaron a tal extremo que acabó por imponerse la práctica de la endura, el ayuno hasta la muerte, a veces por voluntad del enfermo, a veces por orden del Perfecto contra el parecer del moribundo y, según parece en el caso del Languedoc y sin duda en Italia, en ocasiones llegando incluso al asesinato del nuevo Perfecto. No obstante ¿los Consolamenta de los no moribundos pudieron tener lugar en estas cuevas? Pues ni en el periodo de mayor persecución y de menores apoyos, ya en el S XIV, se hizo así. Por ejemplo, Jacques Autier fue consolado en casa de Arnaud Issaurat en Larnat (y no fue la única ceremonia de este tipo que se celebró en ese lugar) y, en otros casos, se envió a los creyentes (caso de Phillipe d´Alayrac) a Sicilia para recibir el Consolamentum. Vamos, que lo de las cuevas iniciáticas queda muy divertido, pero nada más.
Como no hay nada peor que ponerse a fabular sobre lo que uno imagina, D. Xavier dice:
"...el dibujo simplificado y de fácil interpretación del famoso ritual cátaro del consolamentum. Dicha representación está formada por la figura de pie efectúa el gesto de imposición de manos a otra figura, esta arrodillada, ambas enmarcadas por lo que pareec ser la entrada de una cueva. Después de algunas discusiones, llegamos a la conclusión de que, tratándose de pictogramas esquemáticos, no era lógico realizar distintos trazos inconexos para representar una gruta que obviamente se trata de un espacio cóncavo. Lo correcto hubiera sido efectuar un solo trazo en forma de semicírculo. Días después y algunos kilómetros al noroeste descubrimos un dolmen algo especial. Su altura no se corresponde con las medidas tradicionales que poseen dichos monumentos pues es muy superior a la media. Si sabemos que el hombre ha evolucionado en todos los aspectos, y si uno de ellos es el que hoy posee mayor estatura, comprobaremos que en pleno siglo XII podían permanecer de pie perfectamente bajo dicho dolmen." (Págs. 185-186)
Antes que nada, me encantaría que el Sr. Musquera me aclarase qué son "las medidas tradicionales" de un dolmen. Después, un dolmen en el que alguien hoy en día (no hay ninguna necesidad de irse al S XII) quepa de pie no es algo especial. Por ejemplo, los de Axeitos y Larrazpil tienen una altura de 2 m., el de Las Tapias de 2,5 m. y el Zafra IV tiene una altura máxima de 3,10 m. Dejemos esto de lado y vayamos al fondo del asunto. Ahora resulta que después de habernos contado que los Consolamenta tenían lugar en las grutas, ahora resulta que no, que eran en un dolmen pero que en las cuevas hacían grabados de su Consolación en el dolmen. Todo ello muy claro y muy racional, sí señor. Obviamente y como ya vimos que las Consolaciones tenían lugar en domicilios, si aceptáramos que este grabado representa esa ceremonia, las líneas rectas representarían las paredes y el techo de una habitación. Fin del misterio.
No obstante ¿representa un Consolamentum? Pues como D. Xavier habla mucho de este grabado pero no lo reproduce (sí aparecen unos con unos monigotes perfectamente prescindibles) sólo tenemos su descripción. En cualquier caso es raro que si es realmente una Consolación no aparezca el libro. Sin elementos definitorios, la escena se queda en una imposición de manos que puede representar tanto la Confirmación católica como la cura de un enfermo por parte del rey de Francia.
Y con esto concluye la participación (muy poco afortunada) del Sr. Musquera así que vuelve a primer plano D. Lorenzo, pero esto ya para mañana.
NOTAS:
[1] Citado en La otra historia de los Cátaros. Malcolm Lambert. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca. Barcelona, 2001.
BIBLIOGRAFÍA:
Para la descripción del Consolamentum, véanse el Ritual Occitano y el Ritual Latino en Documentos Cátaros. No figura traductor. Ed. Jorge Antonio Mestas Ediciones. Madrid, 2001.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XVII)

Viene de aquí
Después de la colaboración nacional, el Sr. Fernández Bueno recurre a un nazi en la corte del Rey Pescador, es decir, al camarada Otto Rahn (y no se crean que lo de nazi es un insulto, era oficial de la Ahnenerbe, la sección de "investigación" de las SS). Nos olvidaremos (reconozco que con inmenso esfuerzo por mi parte) de esa "pequeña" circunstancia personal excepto en lo que tenga relación con su trabajo "intelectual", así que vamos al grano (a la paja mental, dicho sea más propiamente). ¿Qué nos dice D. Lorenzo de tan "simpático" personaje? Veámoslo:
"Rahn acudió por vez primera al sureste francés en 1931, atraído por la leyenda negra que hiciera famosa a la región tiempo atrás, y conocedor de esa otra historia que tan solo se narraba al calor de una lumbre, en petit comitté, porque no era conveniente contarla en voz demasiado alta..." (Pág. 188)
Si fuera creyente estaría encomendándome al santo Job en demanda de un poco de paciencia. Otto Rahn había orientado (o desorientado, vistos los resultados) sus estudios universitarios hacia la Romanística en general y a la Occitania en particular. De hecho su tesis doctoral ya versó sobre los cátaros y el "Parzival" de Eschembach. A estas alturas, los cátaros no eran un asunto sobre el que se hablara a escondidas porque ya hacía décadas que Napoleón Peyrat había publicado sus obras sobre los albigenses e, incluso, Josephin Péladan ya había metido en el ajo al Graal. En un ámbito historiográfico, Rahn reconoce haber consultado con frecuencia la obra de K. Schmidt: "Histoire et doctrine de la secte des Cathares ou Albigeois" (publicada ya en 1849) y habla también de la tesis doctoral de Edmond Broeckx titulada "Le Catharisme". Vamos, que si alguien hablaba de los cátaros "al calor de la lumbre" sería, sencilalmente, para no quedarse frío, pero no porque no fuera "conveniente contarla en voz demasiado alta" aunque, claro, moderar el tono de voz viene muy bien para no tener problemas de afonía, pero sospecho que no es a eso a lo que se refiere el Sr. Fernández Bueno.
En fin, ¿a qué conclusiones llegó el camarada Rahn como fruto de sus arriesgadas investigaciones?
"Las pesquisas le llevaron a la convicción de que Eschembach no se había limitado a crear una composición artística y poética, sino que en una segunda lectura, entre líneas, el teutón reflejó otra historia muy diferente y más relevante. Los hechos acaecidos en las faldas de Montségur, así como los personajes principales de toda la trama, están retratados en los párrafos del Parsifal con meridiana claridad." (Pág. 189)
Obviamente, esos meridianos de la "meridiana claridad" estaban en plena noche y sin luna. ¿Por qué? Vamos a verlo. D. Lorenzo cita (o algo así) al camarada Rahn:
"Wolfrand von Eschembach da el nombre de Parsifal al buscador del Grial... Su traducción al provenzal es Trencavel -el que resuelve bien- ..." (Pág. 190)
Leamos lo que realmente dice el alemán en su obra "La Corte de Lucifer":
"Wolfram von Eschenbach da a los nombres del Buscador del Grial y Rey del Grial Parsifal el significado de "corte por el medio" (Percavel: bien cortado). La antigua palabra provenzal Trencavel indica lo mismo. Wolfram von Eschenbach alabó al vizconde Carcassonne Raimund-Roger Trencavel ¡como Parsifal!" [1] (Pág. 38-39)
El único problemilla es que Eschenbach no llamó a su héroe Parsifal, sino Parzival (el cambio fue cosa de Görres y fue popularizado por Richard Wagner). Además explicó el significado de la siguiente forma:
"Realmente te llamas Par-zi-val, lo cual significa por en medio." [2] (Pág. 85) Sin embargo, Eschenbach sólo traduce las dos primeras partes del nombre "Par" y "zi". Falta el "val" (valle) así que según el poeta alemán el nombre quería decir: Por en medio del valle. Lo que hace es traducir (más o menos) el francés Perceval (Valle transpasado) que a su vez era una adaptación del galés Peredur (El que transpasa el valle), formas éstas que ya existían antes de que Raymond-Roger Trencavel viniese a este mundo. Mal empezamos, continuemos a ver si mejora. El Sr. Fernández Bueno prosigue citando (más o menos) al nazi:
"La madre de Trencavel y su hijo se consagraron a la herejía.
Rechazaron la cruz como símbolo de la salud. El Grial era, según mis conocimientos obtenidos, el símbolo de la creencia herética que fue depositado en la tierra de los puros, como relata numerosas veces Eschenbach en su poema." (Pág. 190)
Lo que realmente dice Otto Rahn después del párrafo anteriormente citado es:
"Segundo: La madre de Trencavel se llamaba Adelaida. Fue el prototipo de la Herzeloyde de Wolfram. Por la [sic, en el texto citado] tanto Adelaida, antes de que el padre de Raimund-Roger acatara la unión matrimonial, fue cortejada por el rey de Aragón Alfonso el Casto, fallecido novio de Herzeloyde. Este rey debe haber servido de prototipo a Wolfram para su rey Katsis.
Tercero: Adelaida y su hijo se consagraron a la herejía. Rechazaron la cruz como Símbolo de la Salud. El Grial era, según mis conocimientos ahora obtenidos, el símbolo de la creencia herética. Esto es, tal como tantas veces Wolfram von Eschenbach lo proclama, fue depositado en la tierra por los Puros. Con éstos daba por entendido que se refería a los cátaros, ya que cátaro significa puro." [1] (Pág. 39)
Si aceptamos, como mera hipótesis, que Rahn estaba en lo cierto y que Parzival es Raymond-Roger Trencavel, podemos ir poniendo nombres reales a los demás actores de esta historia y ver si existe una relación entre personas y personajes. Parzival es hijo de Gahmuret de la dinastía de Anjou y de Herzeloyde reina de Gales y de Gales del Norte. Raymond-Roger Trencavel era hijo de Roger II Trencavel y de Adélaïde de Burlats, por tanto, Gahmuret=Roger II Trencavel y Herzeloyde=Adélaïde de Burlats. Roger II Trencavel, a su vez, era hijo de Raymond Trencavel I y de Laure. Como Gahmuret era hijo de Gandin y de Schoette podemos concluir que Gandin=Raymond Trencavel I y Schoette=Laure. Veamos qué nos dice Eschenbach de esta familia en los dos primeros capítulos del Parzival:
"Rige hoy, como antes, donde impera e imperaba el derecho de sucesión francés..., el principio de que quien rige el destino del país pueda disponer sin avergonzarse ... que toda la herencia del padre la reciba el hermano mayor...
Gahmuret, el valiente pero comedido héroe, perdió así los castillos y el país en el que su padre había llevado esplendorosamente cetro y corona, con un gran poder como rey, hasta que cayó muerto en un combate caballeresco." [1] (Pág. 25) Es decir, que Gahmuret no es el primogénito del rey Gandin y, por tanto, el heredero del reino es su hermano mayor, Galoes. Por el contrario, Roger II sí fue el heredero de Raymond Trencavel I que no murió en ningún combate caballeresco sino asesinado en Béziers. Por supuesto, no existe ningún hermano mayor (sí hermanas nacidas del primer matrimonio de Raymond Trencavel I con Adélaïde) al que podamos identificar con Galoes.
El Gahmuret de Eschenbach (supuestamente Roger II Trencavel) inicia una serie de aventuras por el mundo que le llevan al inexistente país de Zazamanc (supuestamente en África porque todos sus habitantes son negros como la noche). Allí se enamora de la reina Belakane a la que deja preñada primero y abandona después por no ser cristiana (excusa tan tonta como la de "Cariño, bajo a comprar tabaco"). Belakane dará a luz a un hijo blanco y negro como una urraca al que llama Feirefiz de Anjou. Obviamente, ningún elemento de todo este culebrón aparece en la vida real de Roger II Trencavel.
De vuelta en Occidente, se entera de la muerte de su hermano mayor Galoes lo que supone que hereda el reino de Anjou al que por su matrimonio con Herzeloyde une Gales y Gales del Norte. Esta Herzeloyde sería supuestamente el trasunto literario de Adélaïde de Burlats, pero nada tenía que ver ésta con Gales ya que era hija de Raimundo V de Toulouse y su matrimonio no supuso a Roger II ganancia de tierra alguna, todo lo más puso un poco de paz entre el suegro y el yerno.
En el "Parzival" el matrimonio entre Gahmuret y Herzeloyde es corto porque aquél muere en combate apoyando a las tropas del califa de Bagdad contra los babilonios. En realidad, Roger II y Adélaïde estuvieron casados desde 1171 hasta 1194, fecha del fallecimiento de Roger II, que no murió en combate y mucho menos en el actual Irak. Poco después, según Eschenbach, nació su hijo póstumo Parzival. En realidad, Raymond-Roger Trencavel había nacido en 1185, nueve años antes de la muerte de su padre.
En el "Parzival" Herzeloyde se ocupa de la educación de su hijo. En la realidad, Roger II nombró su regente a Bertrand de Saissac. Por último y contrariamente a lo que asegura Rahn, ni Adélaïde de Burlats ni su hijo Raymond-Roger Trencavel abandonaron nunca el catolicismo.
¿Algo más? Pues sí. El Grial no fue depositado ni "en la tierra de los puros" como cita D. Lorenzo ni "en la tierra por los Puros" como escribe Otto Rahn:
"Los que no tomaron partido por ninguno de los dos bandos cuando lucharon Lucifer y la Trinidad, todos los ángeles neutrales, llenos de nobleza y de dignidad, tuvieron que venir a la tierra, a esa misma piedra que siempre permanece en estado puro." [2] (Pág. 231)
Como el Sr. Fernández Bueno no se entera de nada de todo ello, prosigue con sus loas a Otto Rahn:
"Estudiando minuciosamente -como únicamente sabe hacerlo un germano- los textos de Eschembach se perfilaron como la guía indiscutible para desentrañar el misterio que se ocultaba entre la salvaje vegatación de aquellos abruptos pagos." (Pág. 191)
Si fuera alemán, me enojaría por eso de que Rahn estudió los textos de Eschenbach como sólo sabe hacerlo un germano. Le respondería que los españoles también son perfectamente capaces de no querer enterarse de lo que realmente escribe alguien, porque eso es lo que hace Rahn una y otra vez. Un nuevo ejemplo:
"Antes de que el héroe Parsifal se diera a la salvación del Grial, se detuvo a hacer un examen de conciencia donde el anacoreta Trevizent, en la caverna cercana a la Fontane la Salvasche. Por Trevizant [sic en el texto citado] es guiado frente a un altar y vestido con un hábito como si él fuese uno de aquellos cátaros que para su consagración herética en Fontanet se les cubría con un hábito ante el altar. La concordancia es bien clara." [1] (Pág. 46)
Lo que está bien claro es el disparate (y eso que, apunto, Rahn, al contrario que D. Lorenzo, sí se entera de que Fontane la Salvasche no es el nombre de la cueva de Trevrizent). Veamos que dice Eschenbach:
"El ermitaño encendió una vela y el héroe se quitó la armadura. Heno y helechos cubrían el suelo. Cuando sus miembros se calentaron, su piel resplandeció. Podía estar cansado del bosque, pues no había cabalgado por ningún camino y había pasado la noche sin techo, hasta la alborada, como en muchas otras ocasiones. Ahora había encontrado a este buen anfitrión. El ermitaño le prestó un vestido que había allí y después lo llevó consigo a otra gruta, en la que estaban los libros que el pío varón leía. En correspondencia con el día, había allí una piedra de altar desnuda." [2] (Págs. 226-227)
Es decir, que ni el hábito es tal ni se lo pone delante de un altar porque éste está en otra cueva distinta de donde Parzival se pone el vestido que les presta Trevrizent.
Inasequible al desaliento, prosigue el Sr. Fernández Bueno:
"La perseverancia de Rahn le llevó a autoafirmarse en la creencia de que la bella Esclarmonde de Foix era prima carnal del vizconde de Trencavel. El parentesco de ambos, y la trágica muerte de la dama a la conclusión del asedio, sin renunciar jamás de su fe, convencieron a Otto Rhan de que la noble "hereje" estaba siendo presentada en el Parsifal en la figura de la protagonista del relato, la mujer que portaba la sagrada copa..." (Pág. 191)
En efecto, Rahn dice algo parecido:
"Sexto: Adelaida de Carcassonne y su hijo Trencavel eran parientes cercanos de la condesa Esclarmonde de Foix. Esta, como señora del castillo Montsegur, era la señora del Castillo del Grial Muntsalvatsche.
"En el "Parsifal", de Wolfram, se la vuelve a encontrar como Repance de Schoye, la única que puede portar el Grial y es prima de Parsifal." [1] (Pág. 39)
Lo que supone una nueva demostración de las dotes de lectura creativa que deben adornar a los alemanes y sólo a ellos, por lo que parece D. Lorenzo.
¿Qué hay de cierto en ello? Que Esclarmonde de Foix era pariente de Raymond-Roger Trencavel. Raymond Trencavel I de su primer matrimonio con Adélaïde (con la confundan con su homónima, la esposa de su hijo Roger II) tuvo, entre otras, a una hija llamada Cécile. Ésta se casó con Roger-Bernard I "le Gros", conde de Foix. Del matrimonio nacieron seis hijos, entre ellos Raymond-Roger (que heredó el condado de Foix) y Esclarmonde que se casó con Jourdain II, señor de L´Isle Jourdain y que, tras enviudar, se convirtió en Perfecta. Recibió el Consolamentum en Fanjeaux en 1204 de la mano de Guilhabert de Castres. Era, por tanto, nieta de Raymond Trencavel I.
Éste, en su segundo matrimonio con Laure, tuvo a Roger II Trencavel que casó con Adélaïde de Burlats. Del matrimonio nació Raymond-Roger Trencavel que, por tanto, también era nieto de Raymond Trencavel I.
Aquí acaba todo parecido entre lo que dice Rahn y la realidad. Esclarmonde de Foix no fue la señora del castillo de Montségur (entre otras cosas y porque como ya vimos, en Montségur en esa época no había castillo). Es más, cuando Montségur toma importancia como sede cátara es a partir de 1232 y en esa fecha, Wolfram von Eschenbach había muerto así que mal pudo reflejar algo relativo a Montségur en su Parzival. Hagamos un poco de historia. Es en 1232 cuando Guilhabert de Castres (que desde el Tratado de París de 1229 comprende que "pintan bastos") pide permiso a Raymond Pereille, señor de Montségur, para establecerse allí con un grupo de Perfectos y varios caballeros pro-cátaros. Antes de esa fecha, sólo de forma poco importante (y gracias a las simpatías albigenses de Raymond Pereille) se habían alojado allí Perfectos como invitados del señor de la plaza fuerte. Sólo a partir de esa fecha hay un establecimiento permanente y numéricamente importante, pero el castellano (si me permiten la expresión ya que no había castillo) continuó siendo Raymond Pereille mientras el jefe de la guarnición era su yerno, Pierre-Roger de Mirepoix. Por cierto, Esclarmonde de Foix no vio el asedio de Montségur. La Esclarmonde con la que la confunden los escritores esotéricos es Esclarmonde de Pereille, hija de Raymond y de Corba Pereille (madre e hija eligieron morir en la pira).
Es más, es que ni siquiera en el Parzival Repanse de Schoye es la prima del protagonista sino su tía, puesto que es hermana del ermitaño Trevrizent, de Anfortas, de Joisiane (que ya había fallecido) y de Herzeloyde, la madre de Parzival. Por cierto, que si siguiéramos buscando la identificación real de estos personajes, nos encontraríamos con que Anfortas sería Raimundo VI de Toulouse (del que no consta en ninguna parte que recibiera un lanzazo en los testículos), Trevrizent sería Baudoin de Toulouse (curioso ermitaño, porque estaba casado) y Repanse de Schoye y Joisiane no serían nadie porque no hay con quién identificarlas. Claro que para compensar nos faltaría un Alberic de Toulouse aunque siempre podría decirse que no figuraba porque murió en 1183. Aunque lo más gracioso de todo es que el padre de todos ellos, Frimutel, al anterior señor y protector del Grial cátaro sería Raimundo V de Toulouse, enemigo declarado de los albigenses contra los que solicitó la intervención del monarca francés.
Pues esta colección de disparates continúa siendo repetida hasta la fecha por escritores esotéricos que ignoran que el nazi Otto Rahn lo único que pretendía era relacionar a los cátaros con los arios (en ocasiones se les llamaba así tal vez como corrupción de arrianos) con las motivaciones que todos pueden entender. Causa asco (y estremecimientos) el leer hoy (sabiendo lo que vino después, el horror hitleriano) lo siguiente:
"En un gran salón se conservan los objetos protohistóricos procedentes de los Pirineos. Casi no hay objeto sin cruz gamada, sin los vetustos símbolos de los soles y de la salud. Reflexiono sobre Alemania..." [1] (Pág. 42)
NOTAS:
[1] Citado en La Corte de Lucifer. Otto Rahn. Traducción de Rolando Mix. Ed. Internacionales Rigal S. L. Zaragoza, 1993.
[2] Citado en Parzival. Wolfram von Eschenbach. Edición, traducción y notas de Antonio Regales Serna. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2001.
BIBLIOGRAFÍA:
Una ayuda para entender el follón genealógico pueden localizarla aquí.
-Continuará-"

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XVIII)

Viene de aquí
Con mi habitual optimismo, pensé que con esto nos íbamos a librar del camarada Rahn para los restos, pero eso era sólo una ilusión que no tardaría en desvanecerse. El Sr. Fernández Bueno parece empeñado en seguir los pasos del alemán (entiéndase: los pasos "literarios" e "investigadores" exclusivamente) y acaba empantanado tanto metáforica como físicamente.
Lo primero se traduce en nuevas muestras de ese peculiar estilo ¿literario? para el que propongo, por obvias razones, el nombre de cursiblog. Veámoslo:
"El astro rey coronaba la bóveda celestial, porque en este lugar lo divino y lo humano se fusionaba en una miscelánea de proporciones sagradas que iba más allá de copas crísticas, nazis curiosos y monarcas ávidos de poder. El paraje en sí era diferente, estaba revestido de la magia que los ancestros reservaron para los pilares de la Tierra, y este, al menos ese día, parecía uno de ellos..." (Pág. 193)
Zzzzzrrrrrr... ¿Qué? Ah, perdón. Decía que lo segundo conduce a nuestro osado investigador a terminar, literalmente, chapoteando en la mierda:
"El chirriante estruendo de un tren al pasar no pudo eliminar sin embargo el desagradable chapoteo de mis pies al pisar la improvisada piscina natural de barro y estiércol que copaba un amplio sector del terreno, pues aquello más que charco era embalse." (Pág. 194)
No, no voy a hacer ningún comentario sarcástico. Me lo ha puesto tan fácil que, la verdad, no obtendría ningún placer en ello. En fin, otra vez será.
Que D. Lorenzo sufra tamañas desventuras por ir a visitar la gruta de Lombrives, por aquello de que Otto Rahn creyó que allí podría estar escondido el Grial, es un esfuerzo inútil. Ni Rahn encontró el Grial ni lo hace el Sr. Fernández Bueno, entre otras cosas porque se limita a hacer el recorrido turístico por la cueva. Como la no búsqueda del no Grial que no tuvieron los cátaros no da resultado alguno, D. Lorenzo, por aquello de añadir misterio tras misterio, repite la historia de que Otto Rahn no murió en 1939 sino que su muerte fue fingida por el régimen nazi. Según estas afirmaciones, Otto Rahn se sometió a cirugía estética, cambió su nombre por el de Rudolf Rahn y murió en Madrid en 1975. El único problemilla es que ni explica el porqué ese cambio de identidad, tampoco ofrece ninguna prueba de ello y prescinde de algunos "detallitos" como el que Rudolf Rahn (que fue un diplomático alemán) publicó sus memorias y en ellas se olvidó de señalar la pequeña circunstancia de que él no era realmente él.
Con esto vamos llegando al final de capítulo dedicado a los cátaros, pero antes aún hay tiempo para añadir una última vuelta de tuerca particularmente risible, la teoría según la cual el Santo Grial sería en realidad la Sang Réal, la Sangre Real, un supuesto linaje nacido del matrimonio entre Jesús y María Magdalena según unos y, según otros, de David, rey de Israel. Si el tema ya de por sí es bastante ridículo lo es aún más cuando se involucra como custodios de tal secreto a los cátaros. Ya dijimos lo que éstos pensaban sobre el mundo material (obra diabólica y por tanto imperfecta y corrupta) y sobre la procreación (que suponía aumentar el número de almas puras encarceladas en la materia impura y que por ello era reprobable. Tanto es así, que los Perfectos estaban obligados a una estricta castidad). Si a ello unimos que consideraban que el Antiguo Testamento no tenía ninguna autoridad y su docetismo (el que creyeran que Jesús nunca fue una persona real) ¿pueden encontrar algún colectivo que tuviera menos interés en el supuesto Grial, tanto en sus modalidades de objeto material como de dinastía davídica o de descendencia de Jesús?
El reparto de papeles que realizan los escritores esotéricos es tan claro como falso, una Iglesia católica empeñada en destruir el secreto del Grial mientras la iglesia cátara hace lo posible para mantenerlo a salvo. Juguemos a aceptar hipótesis y ver sus resultados. Supongamos que esta historia del Grial como Sangre Real de la supuesta descendia de Jesús fuera cierta y se hubiera hecho pública ¿qué habría pasado? Si fuera un hecho que Jesús y María Magdalena hubieran tenido hijos, la Iglesia católica habría tenido que afrontar problemas de orden práctico. Por ejemplo, se habría quedado sin argumentos válidos para defender el celibato sacerdotal, habría tenido que ver la sexualidad de otra manera, y, tal vez, hubieran surgido dudas acerca de si la cabeza real de la Iglesia tendría que ser el Papa o el heredero de la Sangre Real, pero no hubiera tenido que cambiar ningún dogma fundamental del cristianismo. Olvidémonos de los aspectos escabrosos y escandalosos del tema, para la Iglesia Católica en Jesús se reunieron dos naturalezas distintas, la humana y la divina y ambas eran igualmente reales. Por tanto, nada impide que Jesús pudiera casarse y tener hijos que, por supuesto, sólo lo serían de su parte humana. Sin embargo, para la iglesia cátara una descendencia de Jesús hubiera mandado a hacer puñetas su docetismo. Jesús no podría seguir siendo considerado como una mera apariencia, como una especie de fantasma sin cuerpo real. De ahí se hubiera derivado que la materia no podía ser demoníaca puesto que Jesús había sido hombre realmente, es decir, que se había encarnado realmente.
Si tal caso hubiera llegado a plantearse (que no lo hizo) los católicos hubieran tenido problemas pero éstos hubieran sido perfectamente subsanables desde el punto de vista de su propia teología. Para los cátaros hubiera supuesto, por el contrario, el fin de su iglesia.
¿Y si la Sangre Real fuera realmente la pervivencia del linaje davídico? Pues esto, como mucho, hubiera creado problemas al poder civil (por el supuesto problema de la legitimidad monárquica) pero ninguno a la Iglesia católica. La iglesia cátara posiblemente no hubiera hecho ni caso a este tema.
Una vez que hemos hecho esta breve introducción general al tema (después tendremos ocasión de desarrollar alguno de sus aspectos), podemos ir a las afirmaciones particulares.
"En el año 1898 E. Weschler aseguró, ante la mirada escéptica y en ocasiones malencarada de la Iglesia hacia el mito del Grial, que "a pesar de su carácter decididamente religioso, la leyenda griálica no fue reconocida por la Iglesia ni por el clero. Ningún escritor religioso nos habla del Grial. En la literatura religiosa que ha llegado hasta nosotros, en ningún lugar hallamos, ni siquiera como recuerdo, el nombre del Grial, con excepción del cronista Elinando. Sin embargo, sus autores no pudieron ignorar el maravilloso relato del símbolo de la fe. Ellos deben haber urdido más bien en torno a la leyenda una conjura de silencio"." (Págs. 200-201)
Permítanme comenzar señalando, una vez más, las contradicciones en las que incurre D. Lorenzo ¿a qué viene esa cita si, según él, tanto Kyot como Eschenbach eran templarios? No obstante como el uno posiblemente ni existió y el otro de templario no tenía nada, pasaremos a contestar a Mr. Weschler. Evidentemente está mezclando dos cosas, el ciclo del Grial y el cáliz de la Última Cena. Sobre lo primero, la Iglesia no tenía nada que decir porque estamos hablando de novelas de caballerías que resultaban, para la mentalidad eclesiástica de entonces, poco edificantes. Basta con leer el "Parzival" para encontrar una violencia continua incluso salpicada de detalles sádicos y escabrosos (la lanzada en los cojones que padece Anfortas) además de escenas sexuales que hoy, posiblemente, no escandalican a nadie, pero que la Iglesia del S XIII tenía que considerar como pecaminosas porque Eschenbach asume que el destino natural de un hombre y una mujer que se desean es acabar en el catre. El que estén o no casados, es un pequeño detalle que no impide tan sano y "deshonesto" ejercicio. Lo que realmente sería sorprendente, por tanto, es que la Iglesia hubiera participado en la propaganda de estos poemas y novelas.
Otra cosa bien distinta es el cáliz de la Última Cena al que pronto, como ya vimos, se identificó con el Grial. Sobre esta reliquia (o estas reliquias porque hay varias para elegir) sí escribieron los autores eclesiásticos y no sólo eso, porque también fue mostrado en iglesias y catedrales para su pública veneración (Valencia, Génova, O Cebreriro...) con el visto bueno de la Iglesia que ha llegado hasta nuestros días cuando Juan Pablo II celebró la eucaristía en Valencia con el (supuesto) Santo Cáliz que se conserva en esa catedral. Así pues, la Iglesia no apoyó los relatos caballerescos (tampoco los prohibió lo que es increíble si realmente hubiera existido una conspiración de silencio) pero sí el mismo símbolo religioso en el que se basaban.
Incluso si quisiéramos ver intereses ocultos en la posición eclesiástica, había para ello una causa válida que no involucra para nada el tema de la Sangre Real. En los relatos del ciclo del Grial aparece pronto con una importancia destacada la figura de José de Arimatea. En Inglaterra existió durante algunos siglos (al menos entre los S IV-VII) la herejía del Pelagianismo. Aunque lo que Roma calificó como tal era la consideración de que la conducta moral del individuo era suficiente para la Salvación y que, por tanto, el sacrificio de Jesús no había sido necesario, el Pelagianismo tenía también afirmaciones de carácter nacionalista como el presentar a la iglesia de Inglaterra como creada por José de Arimatea. El dar el visto bueno a unos relatos que decían lo mismo (o algo parecido) ¿no podría ayudar al resurgimiento de esta herejía?
Prosigue D. Lorenzo:
"El monarca David fue el primero del linaje, y solo tenemos que echar un vistazo a la Biblia para conocer la línea sucesoria hasta llegar a la figura de Jesús, hijo de María y José." (Pág. 201)
Me permito recomendar al Sr. Fernández Bueno que eche más de un vistazo a la Biblia porque así podrá comprobar que hay dos líneas sucesorias que intentan emparentar a Jesús con David y que ambas son distintas. La primera es la de Mateo (1, 1-16) y la segunda es la de Lucas (3, 23-31) y ambas no coinciden ya desde un principio porque para Mateo desciende de David por vía de su hijo Salomón mientras para Lucas desciende de David por vía de su hijo Natán. No es sólo que sean un dechado de inventiva, es que además son inútiles porque (siempre según los relatos evangélicos) José no era padre de Jesús, así que Jesús no pertenecía realmente a la casa de David.
"Sin embargo, bien a través de la unión espiritual y carnal de Jesús y María Magdalena, bien a través de otra rama del árbol genealógico davídico, la sangre del "monarca" de Jerusalén se perpetuó en el tiempo, repartiéndose por el mundo conocido." (Pág. 201)
Ya hemos hablado de lo del supuesto matrimonio de Jesús y María Magdalena así que no es cuestión de repetirlo, pero me encanta lo de la "unión espiritual y carnal". Juraría que lo de tener descendencia viene de lo segundo, pero tal vez haya quién crea en hijos platónicos o algo semejante.
Después de tanto "marear la perdiz" (a estas alturas ya debe estar echando el buche por el pico, la pobre) por fin llegamos al meollo de la cuestión:
"En el siglo VIII después de nacimiento del "mesías" los descendientes judíos de esta familia griálica se asentaron en el país galo, y una vez allí se unieron con los miembros de la dinastía carolingia, uniendo los dos linajes y creando la dinastía davídico-carolingia, que dados sus respectivos antecedentes, gozaba de todos los privilegios y derechos divinos para sentarse en el trono del poder." (Pág. 201)
No saben lo que disfruto viendo expresiones como la del "trono del poder". Si no fuera por eso, podríamos entender que tenían el derecho divino a sentarse en el sagrario, a colocarse en lugar de los santos o a ser ángeles. Bien está la precisión de que no habla de esos tronos, sino del trono del poder. Si no es por esa aclaración lo mismo nos habíamos imaginado a Carlomagno sentado encima del sagrario de una iglesia... ¡Ay, Dios! ¡Qué dotes de escritor tiene D. Lorenzo...! En fin, pasemos a otras cuestiones más importantes. Ante esta teoría siempre me he formulado una pregunta ¿por qué suponen sus defensores que los monarcas carolingios tenían el menor interés en emparentar con la casa de David? ¿Porque eran los descendientes de David? Veamos, según la Biblia (y no hay otra fuente que los monarcas carolingios conocieran sobre el tema) Yahvé le dice a Salomón:
"Y en cuanto a ti, si marchas ante mí como lo hizo David tu padre, con corazón íntegro y recto, haciendo todo lo que te ordene y guardando mis mandatos y decretos, afianzaré el trono de tu realeza sobre Israel para siempre, como prometí a David, tu padre: "No te habrá de faltar alguno de los tuyos que se siente sobre el trono de Israel." Pero si vosotros y vuestros hijos dais la vuelta tras de mí y no guardáis los mandatos y decretos que os he dado, y vais a servir a otros dioses postrándoos ante ellos, arrancaré a Israel de la superficie de la tierra que les di; retiraré de mi presencia el templo que he consagrado a mi Nombre, e Israel se convertirá en ejemplo y escarnio entre todos los pueblos." (1 R. 9 4-7)
Es decir, que Dios promete que la casa de David reinará sobre Israel (no sobre Francia) mientras sea digna de ello, pero que si no lo es, habrá castigos terribles: el pueblo de Israel será expulsado de su tierra y el templo será destruido, dos cosas que ya habían sucedido así que la casa de David, según la consideración de la época, había sido indigna y, por tanto, su pueblo había tenido que pagar el no cumplimiento del pacto. ¿Qué tenían que ganar, entonces, los monarcas carolingios con esa unión? ¿La legitimidad para ser reyes de Israel?
Además, según la mentalidad de la época, los judíos llevaban sobre sí el estigma de las palabras:
"Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos." (Mt. 27, 25).
Fruto de esa consideración demencial, los judíos eran ciudadanos de segunda incluso con Carlomagno que mantuvo una cierta tolerancia con ellos (fruto más bien de las ventajas que podía obtener de los judíos que de una concepción liberal). Por ejemplo, no se admitían los matrimonios mixtos, los judíos tenían que presentar mayor número de testigos cuando presentaban un cargo contra un cristiano que los que precisaban los cristianos para litigar entre sí...
Así las cosas, las pruebas deberían ser muy sólidas si se pretende que tengamos que aceptar algo que, por lo que sabemos, iría en contra de las creencias de la época, pero ¿lo son? Pues no. D. Lorenzo cita como fuente de sus imformaciones a Joaquín Javaloys en su obra "El Grial secreto de los cátaros". Éste sigue a Arthur J. Zuckerman y a su libro "A Jews Princedom in Feudal France, 768-900" y éste, a su vez, se basa en un Addendum a un manuscrito del "Sepher Ha-Kabbalah" (El Libro de la Tradición) de Abraham ibn Daud.
Vamos a seguir esta cadena a ver dónde nos lleva. El texto del Sr. Javaloys es algo insufrible desde el punto de vista político e histórico. Que en el S. XXI haya quien escriba:
"pues algunos de sus descendientes continúan reinando en ciertos Estados europeos, lo que confirma la perdurabilidad de su linaje: el de la davídica Sangre Real que, en último término, posee el derecho divino a gobernar que algunos aceptan todavía." [1] (Pág. 22)
da auténtico pavor (y conste que la primera edición es del año 2001, no del S XVI aunque lo parezca) porque pretender hoy que alguien acepta que los reyes gobiernan por derecho divino como no sea en Marruecos, Arabia Saudí u otro país de similar (sub)desarrollo político... Juraría que en las monarquías europeas los reyes ni siquiera gobiernan y lo del derecho divino se queda para el chiste aquel de "El derecho divino y el izquierdo de puta madre".
Si en política desprende un cierto olorcillo a rancio (a rancio abolengo, por supuesto) históricamente es un disparate. Este juicio no se basa en lo que defiende sino en su metodología (más bien en la ausencia de algo que se le semeje). Mezcla indiscriminadamente obras historiográficas como el libro de Zuckerman antes citado, con textos esotéricos como "Los hijos secretos del Grial" de Hopkins, Simmons y Wallace-Murphy e, incluso, con novelas como "El péndulo de Foucault" de Umberto Eco o "Los hijos del Grial" de Peter Berling.
El resultado, claro, es algo en el que se entremezclan el Priorato de Sión, con los cátaros, los templarios, D. Juan Carlos I (al que supongo que esta historia le hace desternillarse)... sin ningún respeto por la crítica de fuentes que es el único camino por el que puede discurrir la historiografía.
Lo único que parece importarle al Sr. Javaloys es poder citar párrafos que, supuestamente, apoyen su tesis... incluso cuando la opinión del autor citado es, en realidad, la contraria.
Vamos a un par de casos flagrantes. Cita así el trabajo de D. Antonio Regales Serna que sirve de prólogo a la edición del "Parzival" de Wolfram von Eschenbach:
"el problema principal de las fuentes es que Wolfram se distancia expresamente de Chrétien y cita en seis ocasiones al provenzal Kyot como fuente verdadera. Flegetanis, un investigador pagano, habría encontrado el manuscrito en árabe que Kyot habría hallado en Toledo... [1] (Pág. 39)
Esos oportunos puntos suspensivos omiten la continuación del profesor Regales:
"Ahora bien, todos los esfuerzos por encontrar un Guiot o Guizot semejante han resultado baldíos, por lo que dentro de la Filología Alemana predomina hoy la idea de que se trata de una invención de Wolfram, quizá para defenderse de la fama, que le atribuían sus contemporáneos, de poeta demasiado libre en el seguimiento de las fuentes." [2] (Págs. 11-12)
Tal vez más grave sea su afirmación relacionada con el profesor Aryeh Graboïs del que dice:
"La existencia y el contenido del Addendum a ShK son corroborados por el profesor de la Universidad de Haifa, Aryeh Graboïs..." [1] (Pág. 42) cuando los dos artículos escritos por el profesor Graboïs sobre este tema y titulados: "La dynastie des 'rois juifs' de Narbonne (IXe-XIVe siècles)," publicado en Narbonne: archéologie et histoire. Colloque ... tenue à Narbonne les 14, 15 et 16 avril 1972, 3 vols.(Montpellier, 1973), Volumen 2 Págs. 49-54 ; y "Une principauté juive dans la France du Midi à l'époque carolingienne?" Annales du Midi 85 (1973), Págs. 191-202 son sendas críticas desfavorables al trabajo de Zuckerman (ya hablaremos de ello en el próximo artículo).
Por si todo esto fuera poco, parece que D. Joaquín o no ha leído o no ha entendido o no ha querido comprender las fuentes que cita. Veamos unos pocos ejemplos de los numerosísimos que podríamos citar:
"Por su parte, Chrétien de Troyes en su Li contes del Graal, narra que José de Arimatea, un discípulo judío de Jesús de Nazareth, estaba limpiando el cuerpo de Cristo después de su crucifixión cuando unas gotas de sangre brotaron de las heridas del difunto y José las recogió en un caliz." [1] (Pág. 35)
En la obra de Chrétien no aparece tal escena.
"Por el mismo tiempo que apareció la obra de Boron, Wauchier escribió un texto de similares características al roman de Chrétien de Troyes, pero en Wauchier el Graal toma una forma diferente, la de un ser vivo." [1] (Pág. 36)
En realidad, en la obra de Wauchier de Denain conocida como Segunda continuación o Continuación Perceval (porque intenta finalizar la obra de Chrétien que quedó inconclusa a su muerte) el Grial no es un ser vivo.
"Wolfram von Eschenbach traduce el nombre de Parsifal por "corta por la mitad"." [1] (Pág. 41)
Ya vimos que el héroe de Eschenbach no se llama Parsifal sino Parzival y que tampoco es ésa la traducción que hace de su nombre.
"Allí contempla las maravillas del Castillo: ve pasar una magnífica procesión en la que llevaba los objetos sagrados. Un escudero tenía la Santa Lanza..." [1] (Pág. 47)
Muy divertido, pero en el "Parzival" (que es a la narración que se refiere) la lanza no es la Santa Lanza sino la lanza envenenada con la que pegaron el lanzazo en los mismísimos cataplines a Anfortas (si quiere considerar que por ello quedó santificada, allá él).
"...mientras la reina del Grial (Esclarmonde de Foix) portaba la piedra del Grial sobre un cojín de seda verde." [1] (Pág. 47) y
"Por su parte Feirefiz (Rodrigue de Mont-Sion) fue bautizado con agua del Grial y se casó con la doncella que portaba el Grial (Héloise de Gisors)..." [1] (Pág. 48) En realidad la reina del Grial y la doncella que portaba la piedra del Grial son la misma persona a la que Eschenbach llama Repanse de Schoye. ¡Qué lectura habrá hecho (o no habrá hecho) el Sr. Javaloys para pensar que son dos personajes distintos! Claro que así queda bien a las claras el rigor que tiene su identificación de los personajes del "Parzival" con personas reales (o algo así) que puede relacionar el mismo personaje (Repanse de Schoye) con Esclarmonde de Foix y con Héloise de Gisors. Por cierto, si se están preguntando quién demonios fueron Rodrigue de Mont-Sion y Héloïse de Gisors, el primero es supuestamente hijo de Raymond Trencavel I y la segunda es, supuestamente, su esposa. No se esfuerzen en buscar datos históricos de ellos porque no los encontrarán. Son parte de la invención del Priorato de Sión que D. Joaquín acepta como un hecho histórico con lo que está todo dicho sobre su rigor investigador.
No obstante, Zuckerman no es responsable de los disparates que se quieran añadir a su obra ni de las lecturas sesgadas de lo que él afirmó. Se impone, por tanto, continuar con la cadena y ver qué es lo que realmente escribió y si es una obra histórica o esotérica. Quede pendiente este tema para un nuevo artículo.
NOTAS:
[1] Citado en "El Grial secreto de los cátaros". Joaquín Javaloys. Ed. Edaf S.A. Madrid, 2001.
[2] Citado en "Parzival". Wolfram von Eschenbach. Edición, traducción y notas por Antonio Regales Serna. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2001.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (XIX)

Viene de aquí
Dejemos al Sr. Javaloys con sus afirmaciones esotéricas (que, eso sí, aparecieron en portada de una supuesta revista de historia supuestamente seria, Historia 16 nº 313) porque son tan aburridas y tienen tan poca gracia como un programa de Gomaespuma (y no quiero abusar aún más de su paciencia) y vayamos a su sufrida fuente, es decir, al Dr. Zuckerman.
Pese a que cometa errores graves no puedo por menos de sentir simpatía por su persona porque si hay un destino peor para una obra historiográfica que el ser mal acogida por los historiadores y por el público, es el convertirse en objeto de culto para "escribidores" esotéricos. Ambas cosas sucedieron con "A Jewish Princedom in Feudal France, 768-900" y si aquélla fue completamente merecida, ésta no lo fue porque la obra del Dr. Zuckerman no pretendía ser escandalosa y, mucho menos, convertirse en terreno abonado para Griales, matrimonios de Jesús con María Magdalena y otras hierbas semejantes.
Toda esta "movida" que todavía hoy colea en engendros literarios como "El Código da Vinci" comenzó de una forma tan discreta que pasó casi desapercibida. En 1965 el Dr. Zuckerman publicó un artículo titulado: "The Nasi of Frankland in the Ninth Century and the Colaphus Judaeorum in Toulouse" en Proceedings of the American Academy for Jewish Research (nº 33, Págs. 51-82) que se basaba en parte en su tesis doctoral "The Jewish Patriarchate in Western Europe During the Carolingian Age" (Columbia University, 1963).
¿Qué decía en dicho artículo? Defendía la identificación entre el lider de la comunidad judía (el Nasi) y el conde Bernard. De ahí se infería que el linaje franco del conde Bernard coincidía con el de los Nesiim de Narbonne o lo que es lo mismo, que se habían concedido títulos nobiliarios francos a una familia judía. No obstante las implicaciones del artículo, éste pasó prácticamente inadvertido. No sucedió lo mismo en 1972, cuando el Dr. Zuckerman amplía su artículo para convertirlo en "A Jewish Princedom in Feudal France, 768-900". Entonces sí que se levantó una polvareda considerable que adoptó la forma de artículos que criticaban los contenidos de dicho texto. Las cuatro publicaciones de réplica más importantes son:
"La dynastie des "rois juifs" de Narbonne (IXe- XIVe siècles)" de Aryen Graboïs, publicado en Narbonne: archéologie et histoire. Colloque... tenue à Narbonne, les 14, 15 et 16 avril 1972. 3 Vols (Montpellier, 1973) Tomo II, Págs. 49-54.
"Une principauté juive dans la France du Midi à l´epoque carolingienne?" de Aryen Graboïs, publicado en Annales du Midi nº 85 (1973) Págs. 191-202.
"The Nasi of Narbonne: A Problem in Medieval Historiography" de Jeremy Cohen, publicado en AJS Review nº 2 (1977) Págs. 45-76.
"On the role of the Jews in the establishment of the Spanish March (768-914)" de Bernard Bachrach, publicado en Hispanica Judaica: Studies in the History, Language and Literature of the Jews in the Hispanic World. Barcelona, 1980. Págs. 11-19.
Éstos son sólo lo más representativos porque desde 1973 se publicaron más críticas en revistas históricas, genealógicas o dedicadas al estudio del judaísmo. Que pese a esa amplia oposición, el texto no alcanzara la popularidad ligada al escándalo es buena muestra de que la disputa se mantuvo en todo momento dentro de la discusión académica. El Dr. Zuckerman no quiso aprovecharse de ello para alcanzar un éxito espúreo (actitud, por desgracia, muy poco frecuente y es que hay quién vende su primogenitura por un plato de lentejas). No obstante, cuando existe una contestación generalizada suele ser por una de estas dos causas (o por ambas simultáneamente porque no son excluyentes):
El texto ha "tocado demasiadas narices".
El texto presenta graves fallos.
En este caso concreto hubo algo de ambas consideraciones. El presentar a las monarquías europeas como descendientes de la casa de David no es, sin embargo, tan explosivo como pueda parecer (salvo para los "animalitos" antisemitas, claro). El linaje de cualquier casa real presenta elementos tan impresentables que el añadir a los monarcas davídicos (que según la Biblia, fueron con frecuencia unos "puntos filipinos" de cuidado) no supone ninguna afrenta. No obstante, aceptar la teoría del Dr. Zuckerman significaría que estaba equivocado todo lo que creía saberse de las comunidades judías durante la época carolingia, que sin llegar a los niveles de intolerancia de la España visigoda o la Francia merovingia, los israelitas no habían sido una minoría tratada en pie de igualdad ya que la tesis de Zuckerman suponía que, al menos una familia, había sido privilegiada.
Por muchos trabajos que hubieran debido irse a la papelera, si las pruebas presentadas hubieran sido suficientes, se habría aceptado. El problema es que no lo fueron.
Antes de comenzar la evaluación de las pruebas es conveniente trazar el marco general en el que vamos a movernos. La invasión árabe del reino visigodo no sólo tuvo repercusiones en lo que hoy es España. A partir del 714 los musulmanes cruzan los Pirineos e invaden la Septimania (lo que hoy conocemos como Languedoc). En medio de la crisis generalizada, un bastardo de la dinastía de los Heristal que llevaban años ocupando la dignidad de Mayordomos de Palacio que suponía el gobierno efectivo del reino merovingio, se hizo con el poder. Su nombre era Carlos y se le conocía por el apodo de Martel ("Martillo"). En el 732 derrota a los árabes en la batalla de Poitiers (¿debería decir que fomentó la "alianza de civilizaciones" o cualquier otra gilipollez políticamente correcta semejante?) lo que le dejaba en una posición inmejorable para convertirse en monarca de iure además de rey de facto y más cuando falleció Teodorico (o Thierry) IV en el 737. Sin embargo, Carlos Martel no quiso dar ese paso aunque, eso sí, dejó atada su sucesión en manos de sus hijos Carlomán y Pipino (conocido como "el Breve" porque tenía la estatura de un enanito de jardín, pulgada arriba, pulgada abajo) que llegan al poder en el 741 al fallecer su padre. No obstante, las presiones del resto de la aristocracia les obligó a poner un nuevo monarca en el trono, Childerico (o Khilderico) III en el 743. No obstante, Carlomán se mantuvo como Mayordomo de Palacio de Austrasia mientras Pipino el Breve lo era de Neustria y Borgoña. La renuncia de Carlomán en el 747 para ingresar en un monasterio, deja todo el poder en manos de Pipino el Breve y éste decide aprovecharlo. En el 749 envió una embajada al papa Zacarías para preguntarle si "Estaba bien que fuese Rey de Francia quien ahora no ejercía el poder real". La respuesta de Zacarías (que estaba demasiado ocupado con sus propios problemas para acordarse de aquello de "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César") fue: "Es preferible proclamar Rey a quien detenta el poder de hecho antes que al que lo tiene sólo de nombre." Lo que siguió era, por tanto, perfectamente previsible. En el 751, Childerico III es despojado del reino y obligado a entrar en un convento. El nuevo rey fue, por supuesto, Pipino el Breve que, para que no hubiera dudas de su legitimidad, se hizo ungir por Bonifacio (que más tarde sería elevado a los altares) en el 752 y, por si acaso quedaba algún incrédulo, en el 754 se repitió la ceremonia a manos del papa Esteban II y esta vez fueron ungidos Pipino el Breve y sus hijos Carlomán y Carlos. Es decir, frente a la monarquía tradicional hereditaria, se estaba propugnando una monarquía por la gracia de Dios. El descarado apoyo del papado ni fue desinteresado ni gratuito. La expansión lombarda amenazaba Roma y Esteban II pidió una "ayudita" a Pipino el Breve. Éste invade Italia inmediatamente y en el 756 ha derrotado a los lombardos. Lo que vino a continuación parece demasiado gracioso para ser cierto, pero lo es. El Papa se inventa un documento por el que Constantino habría cedido unas posesiones terrenales al papado, lo que se conoce como "Donación de Constantino" y que, repetimos, es más falsa de una moneda de siete euros. Presenta tal bodrio a Pipino y éste (no sabemos si desconocedor de la trampa o plenamente consciente de ella) confirma la supuesta "Donación de Constantino", es decir, le regala al Papa (además de Roma) el Exarcado (Rávena, Ferrara, Bolonia...) y la Pentápolis (Rímini, Pésaro, Fano, Senigallia y Ancona). De forma tan curiosa, nacen los Estados Pontificios.
Sin embargo, las actuaciones de Pipino no se limitaron a su campaña en Italia. Desde el 752 ataca la Septimania que aún estaba en manos musulmanas. En el 759 consigue apoderarse de Narbonne (o Narbona). Entre el 760 y el 768 consigue la anexión de Aquitania (es decir, el SO francés). En ese mismo año muere y el reino es dividido entre sus dos hijos, a Carlos le corresponde un arco de tierras que iba desde Turingia y Lorena hasta la Aquitania Atlántica mientras que a Carlomán le toca en suerte Borgoña, Provenza, Septimania y la Aquitania Oriental. Ambos hermanos iban a tener ocasión de demostrarse su amor filial (como Caín y Abel, más o menos) cuando se produce una revuelta de los aquitanos al conocerse la muerte de Pipino. Carlos pide ayuda a Carlomán y éste se la niega. Carlos tiene que enfrentarse en solitario a los rebeldes y los derrota. Es la primera de una serie de victoria que le valdrán el apodo de Magnus que, unido a su nombre, determinan la expresión con la que ha pasado a la historia, Carolus Magnus o Carlomagno.
La relación entre ambos hermanos había quedado lo bastante deteriorada como para que se previera una guerra entre ambos que no llegó a estallar porque en 771 murió Carlomán. Carlomagno se apoderó de los territorios de su hermano haciendo caso omiso de los derechos de su cuñada y sus sobrinos que acabaron refugiándose en la corte lombarda.
Ahora que ya hemos concretado el escenario, podemos pasar a examinar las afirmaciones del Dr. Zuckerman. Según este autor, tras la caída de Narbonne en el 759 en manos de Pipino el Breve, éste quiso recompensar la colaboración de los judíos narboneses concediendo privilegios y tierras a un tal Makhir, descendiente de la casa de David, traído desde Babilonia donde se le conocía como Natronai. Makhir es el primero de los nesiim (los líderes de la comunidad judía de Narbonne). Su linaje, además de ser los nesiim, recibieron títulos nobiliarios francos.
Como vemos, esta hipótesis tendría que demostrar dos cosas distintas, la existencia de una especie de "reyes judíos" en Narbonne y, por otra parte, la identificación de los nesiim con algunos miembros de la nobleza carolingia, algo tanto más problemático cuando el propio Dr. Zuckerman asegura que en épocas de mayor intolerancia contra el judaísmo se eliminaron de los documentos escritos las referencias a los nesiim.
¿Qué nos queda entonces? Pues una glosa añadida a un manuscrito del Sefer Ha-Kaballah de Abraham ibn Daud y, también, una narración épica en latín, la "Gesta Karoli Magni ad Carcassonam et Narbonam". Sin embargo estas dos fuentes presentan similitudes, pero también diferencias. Ambas coinciden en señalar la existencia de los nesiim, pero son completamente divergentes en cuanto a los detalles. Para el Addendum a ShK, Carlomagno hace venir de Babilonia a Makhir y lo nombra nasi de Narbonne. En la "Gesta", confirma en su puesto a un nasi que ya existía.
Así las cosas debemos preguntarnos ¿tiene alguna de estas fuentes la menor credibilidad? Ninguna de las dos es contemporánea a los hechos narrados. El Addendum a ShK está copiado en los S XIV o XV y la supuesta crónica original no sería anterior a los S XII o XIII. De esta misma época data la "Gesta". Así pues, lo único que prueban ambos textos es que en torno al S XII existía una tradición en Narbonne que ligaba a los líderes de su comunidad judía con la casa de David y que el proceso de instauración o confirmación de los nesiim se debió a Carlomagno que quiso así premiar la actuación de los israelitas durante la toma de la ciudad. Sin embargo ¿esa tradición se basa en hechos reales o legendarios?
A poco que lo pensemos, reúne todas las características de un mito etiológico, intenta embellecer el origen de algo (en este caso, de los nesiim) asociándolo con personalidades conocidas y presentándolo como muy antiguo. Veamos, la conquista de Narbonne (759) no se debió a Carlomagno sino a su padre, Pipino el Breve. Por tanto sería a él al que le correspondería la concesión de recompensas. Carlomagno no hubiera podido hacerlo hasta doce años después, hasta la muerte de su hermano Carlomán (771) puesto que Narbonne estaba incluida en la herencia de éste. Hasta ese momento, Carlomagno no tuvo soberanía alguna sobre la ciudad.
Obviamente, y al igual que en otros casos similares, estas tradiciones correspondían a un intento de las minorías de embellecer su pasado en un intento de legitimarse a los ojos de la mayoría. En España, por ejemplo, las tradiciones judías señalaban que los sefardíes descendían de los israelitas desterrados después de la primera destrucción del Templo. Con ello querían dejar claro que sus antepasados no tuvieron nada que ver con la Crucifixión de Jesús, que era la excusa esgrimida con frecuencia para justificar la discriminación a la que estaban sometidos.
Todo ello está perfectamente claro desde un punto de vista historiográfico así que al Dr. Zuckerman no le quedaban más que dos salidas, buscar fuentes que corroborasen el contenido de esos textos antes citados o bien reconocer que su postura se basaba en la fe y no en pruebas sólidas.
Zuckerman creyó encontrar ese documento corroboratorio en la confirmación de los límites de la abadía de Caunes realizada por Magnario, conde de Narbonne, fechada el 5 de diciembre del 791. Aunque el documento original se ha perdido, se conserva su facsímil que está incluido en la obra "De re diplomatica" de Jean Mabillon (París, 1681). Para el Dr. Zuckerman el nombre del conde era Maghario, una forma latinizada de Makhir. Además, dado que Magnario aparece como conde de Narbonne, Zuckerman creyó que tenía la doble prueba que necesitaba. Por un lado confirmaba el Addendum a ShK en cuanto a la existencia de Makhir y, por otra, identificaba a Makhir como uno de los condes de Narbonne. Sin embargo, estaba equivocado.
Zuckerman reparó en que la ligadura que aparece en el grupo "gn" de la palabra Magnario era completamente distinta a la que presenta (en este mismo documento) el grupo "gn" en la palabra incompleta regna (de regnante). De ahí, supuso que eso se debía a que el primer grupo no era, en realidad, una "gn" sino una "gh". En realidad, las diferentes ligaduras vienen dadas por las letras anteriores "a" en el caso de Magnario y "e" en el caso de regna. Además, en ninguno de los documentos conservados de los S VIII y IX aparece una "h" ligada y, en todos ellos, las pocas veces que aparece esta letra (que entonces era muy poco empleada) está claramente diferenciada (igual que hoy en día) por el "palito" vertical correspondiente.
Por otra parte, el nombre Magnario está documentado con anterioridad al supuesto nombramiento como nasi y conde de Narbonne de Makhir. Por ejemplo, a mediados del S VII el obispo de Guadalix tenía ese nombre. Además, la redacción del documento, el lenguaje jurídico empleado... no presentan ninguna influencia oriental sino que es plenamente visigodo (la Septimania había formado parte del reino visigodo durante siglos). Así pues, la presunta confirmación documental es inútil en cuanto a ese propósito.
Sigamos hablando de los condes de Narbonne, título que, supuestamente, continuaron empleando los descendientes de Makhir (o Maghario, según Zuckerman). Están documentados los nombres de Milo (782), Magnario (791), Sturmio (entre 778 y 814) y Ademar (comienzos del S IX) pero después desaparece tal título nobiliario que, posiblemente, fue asumido por el marqués de Septimania o Gothia desde la reforma del año 817. Con posterioridad, aparece el título de corregidor (vidame) de Narbonne convertido más tarde en vizconde de Narbonne. Aunque Zuckerman intenta relacionar a los vizcondes de Narbonne con Makhir vuelve a equivocarse. Entre los vizcondes aparecen varios con el nombre de Aymericus (o Aymeri, Aimeri, Aymeric...) y, para Zuckerman este nombre deriva de "Al-Makhiri" una supuesta corrupción árabe de Makhir. Además, aporta como "prueba" la existencia de un cantar de gesta titulado "Aymeri de Narbonne" en la que aparece como el héroe de la conquista de esta ciudad y su primer conde. Sin embargo, ese nombre aparece en la familia de los vizcondes de Narbonne de forma tardía, ya que Aymeric I nació en 1055. Hasta ese momento, aparecen los condes ya citados, los corregidores Francón, Lindoin... los vizcondes Mayeul, Ulbérad, Matfred, Raymond, Bérenger... sin ninguna relación con la onomástica hebrea. El nombre de Aymeri no está documentado en Narbonne durante todo el S VIII y aparece antes (ya en el 940) entre los arzobispos de Narbonne (que se repartían la soberanía sobre la ciudad con los vizcondes) que entre los nobles.
A partir de ese momento, el declive de la obra del Dr. Zuckerman es imparable. Ya que, en su opinión, había establecido la identificación entre Makhir con el inexistente Aymeri continúa con esa misma línea. Varios de los cantares de gesta franceses forman una serie conocida como Ciclo de Guillaume de Orange, tan inexistente como el Aymeri de Narbonne del que era, según los poemas, hijo. Como la figura legendaria de Guillaume está basada en parte en una persona real, Guillaume de Gellone, conde de Toulouse y marqués de Septimania (entre otros títulos), ya tenemos establecido (según Zuckerman) la línea sucesoria. El nasi Makhir (también conocido como como Maghario y Aymeri) es el padre de Guillaume de Gellone. Esta afirmación, no obstante, tropieza con un pequeño problemilla, que el padre de Guillaume de Gellone era Teodorico (o Thierry), conde de Autun. Sin embargo, esto no importa. El Dr. Zuckerman solventa este inconveniente asegurando que Teodorico es el nombre equivalente a Aymeri (algo completamente falso) y que, por tanto, a los nombres ya "conocidos" de Makhir alias Maghario, alias Aymeri hay que añadir el alias de Teodorico.
Si en este mismo momento Vds. están pensando que eso más que el linaje de una familia nobiliar franca parece la ficha policial de un estafador, tienen toda la razón. En este punto, Zuckerman rebasó la fina línea por la que se estaba moviendo porque no hay ni una sola prueba (ni siquiera discutible, producto de una mala interpretación...) que permita relacionar a Teodorico de Autun con Narbonne. Sencillamente, tenemos que creernos (o no) que como Teodorico es Maghario, también fue conde de Narbonne. No existe ni una única fuente contemporánea en la que aparezca el nombre de Teodorico en relación con esta ciudad.
Otro problema que plantea el "meter en el ajo" a Guillaume de Gellone es que éste es más conocido por los católicos como Saint Guillaume porque fue canonizado en el S XI (su fiesta se celebra el 28 de mayo). Como lo de canonizar a un nasi (es decir, a un judío) era algo increíble hasta para el Dr. Zuckerman, éste tiene que salir del paso señalando que se había convertido al catolicismo algo de lo que, nuevamente, no existe la menor prueba.
Resumamos la situación. Partiendo de dos fuentes tardías, intencionales y contradictorias en los detalles, el Dr. Zuckerman defiende que Pipino (pese a que tanto el Addendum a ShK como la Gesta digan que fue Carlomagno, pero en ese caso las fechas no casarían) hizo venir de Oriente a Makhir, de la casa de David, al que concedió los títulos de conde de Autun y de Narbonne, además de casarlo con su hermana Aude -unión de la que nacería entre otros Guillaume de Gellon (aquí tienen la genealogía de la familia)- además de ser nasi de la comunidad judía. Para sostener todo eso se basa en los legendarios cantares de gesta muy posteriores o, directamente en nada en absoluto, porque el Addendum a ShK no menciona en ningún momento los títulos que le concedió "Carlos" a Makhir, sólo dice que le hizo noble. Las restantes pruebas aportadas son, como hemos visto, lecturas erróneas, el parecer del propio autor cuando no, falsedades obvias.
Así las cosas ¿puede extrañarles que, pasada la tormenta inicial, la obra fuera completamente olvidada? Porque si todavía hoy se escucha hablar de ella no es en boca de historiadores, genealogistas... sino por obra de los escritores esotéricos que se empeñan en presentar al Dr. Zuckerman como prueba de lo que éste nunca dijo. Por ejemplo, Baigent, Leigh y Lincoln en "El enigma sagrado" convertirán ese supuesto linaje judeo-franco en la descendencia del propio Jesús, y Javaloys los convierte en protectores de los cátaros haciendo tabla rasa de que para un judío un cátaro estaba más alejado de sus creencias religiosas que un católico (recuerden que los albigenses no concedían ninguna autoridad al Antiguo Testamento). Bastante tuvo el Dr. Zuckerman con sus propios errores (fruto de una mala praxis historiográfica) como para tener que cargar con los ajenos (fruto de una imaginación desbocada).
BIBLIOGRAFÍA:
La crítica a la obra de Zuckerman de la que se han obtenido los datos para este artículo es:
"Saint William, King David, and Makhir: A controversial medieval descent" por Nathaniel L. Taylor. Publicado en The American Genealogist nº 72 (1997), Págs. 203-221.
-Continuará-

Decimotercer misterio jocoso: Heterodoxos de verdad (y XX)

Viene de aquí
Terminadas con más pena que gloria la exposición de las teorías (hoy me siento generoso) de los Sres. Javaloys y Zuckerman, D. Lorenzo vuelve a reunirse con su álter ego, el maestro (¿de ebanistería? porque lo que es de otra cosa...) Geoffrey. Como viene siendo habitual, si el libro siempre es divertido, cuando aparece el magistral Geofredo es para desternillarse.
"Su rostro denotaba la excitación de aquel que después de décadas de soledad, después de batallas en la sombra y trabajo ingrato, se sentía, por fin, recompensado en la presencia de un joven que no solo le escuchaba, sino que además seguía sus "enseñanzas", atisbando los flecos que para otros, en su inmensa grandilocuencia, pasaron totalmente desapercibidos." (Pág. 203)
No me negarán que tiene mucha gracia que el Sr. Fernández Bueno hable de la "inmensa grandilocuencia" ajena ("Dijo la sartén al cazo: Apártate, que me tiznas"). Es aún mejor que Geoffrey se sienta realizado porque su "discípulo" ha entendido, después de arduas "investigaciones", lo mismito que está escrito en "El enigma sagrado". Así que menos décadas de soledad, batallas en la sombra y gaitas galaicas, porque el portentoso secreto está publicado (con éxito para mí incomprensible) desde el año 1982.
Por si acaso los lectores tuvieran el nivel intelectual de Dan Brown, Geoffrey-Fernández Bueno se siente en la necesidad de hacer un resumen de lo dicho hasta el momento así como de lo que va a venir, dos cosas completamente innecesarias porque no hay el menor peligro de que nadie olvide tan divertida sucesión de chorradas y lo que falta por llegar es completamente previsible.
No obstante, como hay que llenar páginas, nos dice lo siguiente:
"...la realidad textual de una historia que jamás debiera haber sido escrita: el matrimonio de Jesús y María Magdalena, reflejado en un episodio bíblico: las Bodas de Caná, y la descendencia que surgió de esa unión. Además los textos referían la marcha de Jesús tras escapar con vida de la crucifixión -si es que fue crucificado- a una región perdida situada al norte de la India, donde pasó sus últimos días, y el desembarco en costas francesas de su esposa María Magdalena con varios miembros del clan, apóstoles de la religión, así como los hijos de ambos." (Pág. 204)
¡Ay, Dios! La única pena, penita, pena, pena de mi corazón... es que todavía no nos ha explicado el extraño caso de la bilocación del cuerpo de Jesús. Ya saben, está sepultado en Cachemira desde que murió allí y también estaba cerca de Rennes-le-Château en el sepulcro de los Pontiles. No importa, como era hijo de Dios esas cosas estaban a su alcance. Si, a fin de cuentas, había al menos dos cabezas de Juan el Bautista ¿por qué no va a haber dos cuerpos de Jesús? Hombre, ya puestos a solucionar dudas, nos gustaría saber las causas de la separación entre Jesús y María Magdalena. ¿Alguna tercera persona? Debe ser eso, porque como Jesús, según Andreas Faber-Kaiser, tuvo hijos en Cachemira... Coñe, ya que ha adoptado las formas del periodismo (pido perdón a los profesionales del periodismo por llamarlo así) rosa de hacer declaraciones sin pruebas (porque ya hemos visto lo que valen las que ha presentado) porque añada un poco de cotilleo no va a pasar nada. ¿Y quién es ella, a qué dedica el tiempo libre...?
"Incluso también es probable, y a ello se refiere el autor que anteriormente has citado, que parte de los manuscritos descubiertos narraran la epopeya de Makhir-Natronai y su llegada al reino de los francos, donde acaudilló el principado de la Septimania como representante del linaje davídico." (Pág. 204)
No, hombre, no. Según me ha revelado el sabio maestro Yogourth, los manuscritos contenían los guiones de la séptima, octava y novena entrega de La Guarra (sic) de las Galaxias. Las pruebas de tan sensacional descubrimiento se harán públicas diez minutos después de que el Sr. Fernández Bueno presenta las que avalen sus propias afirmaciones (algo que no hay el menor peligro de que suceda, claro).
En fin, que después de tanto rollo macabeo, por fin revela la tercera pregunta que le hizo a Saqbel Zos (ya saben, el de la Comuna con pinta de puticlub de todo-a-100):
""¿Qué halló Sauniére?", le pregunté, esperando atisbar parte de la sabiduría oculta que según decían encerraba en su interior, pero que para mí resultaba críptica y exasperante. Mirándome fijamente, sin pestañear, murmuró: "la sangre de Cristo..."." (Pág. 206)
Para ese burro no hacían falta albardas. Que un cura católico encuentre la sangre de Cristo no es ninguna revelación de crípticos-secretos-misteriosos-y-esotéricos-que-no-deben-contarse. Según sus creencias eso es lo que pasa cada vez que consagran el vino (y considerando los miles de misas que cobraba por celebrar el amigo Saunière, eso debía pasar unas 20 veces al día). Vamos, que tener que pillarse un colocón de la leche para que te cuenten esa chorrada...
Bueno, con eso hemos acabado con el capítulo dedicado a los cátaros, pero no se alegren en exceso porque ahora llegan... ¡los Templarios! ¿A que nunca lo hubieran sospechado?
-Continuará-

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (I)

Viene de aquí
Después de inventarse unos cátaros irreconocibles hasta para la madre que los parió, D. Lorenzo se dedica a revisar (fabular, más bien) la historia de la Orden del Temple. Así que se va a Tierra Santa y, aprovechando que el Jordán pasa por allí, comienza a hablar de los Manuscritos del Mar Muerto (¿cómo no?) y ¿cómo no? vuelve a equivocarse:
"Algo hubo de intuir porque preso de una celeridad inusitada adquirió cuatro rollos. En esos instantes no lo sabía, pero acababa de comprar los primeros textos sagrados de la historia del cristianismo." (Pág. 211)
Pues va a ser que no. Entre los manuscritos de Qumrán (designación específica mucho más correcta que la genérica Manuscritos del Mar Muerto que incluye los manuscritos de Qumrán, de Masada, de Murabba´at... de épocas y contenidos muy diversos) no hay ni uno sólo en el que se mencione al cristianismo o a las personas que tuvieron que ver con su aparición. No busquen menciones a Jesús, Juan el Bautista, Pedro, Juan... porque no las van a encontrar. La razón es muy sencilla, la mayoría de los textos fueron escritos antes de que naciera Jesús y todos ellos antes de que el cristianismo fuera una religión claramente diferenciada del judaísmo. Por cierto, los cuatro rollos de marras eran 1QIsª, 1QpHab, 1QS y 1QapGen (aprovecho para aclarar que la designación de los textos de Qumrán se hace de la siguiente forma: en primer lugar se indica el número de la cueva en que se localizó que va de 1 a 11 -en la cueva 9 sólo se encontró un fragmento de papiro sin identificar y en la 10 un óstracon- seguido de la Q de Qumrán y, a continuación, la identificación específica mediante abreviaturas o mediante una serie numérica y en el caso de que haya dos manuscritos diferentes con el mismo contenido se indica de cuál se trata mediante pequeñas letras elevadas que siguen el orden alfabético). Lo que para el Sr. Fernández Bueno eran "los primeros textos sagrados de la historia del cristianismo" ¿qué son en realidad? Apliquemos lo que acabo de decirles:
1QIsª: Libro de Isaías procedente de la cueva nº 1 de Qumrán. Es el primer manuscrito (existe otro con el mismo contenido que está catalogado como 1QIsb -bueno, la "b" debería aparecer en pequeño y elevada-).
1QpHab: Pesher (comentario) al libro de Habacuc procedente de la cueva nº 1 de Qumrán.
1QS: Serek (regla de la comunidad) procedente de la cueva nº 1 de Qumrán.
1QapGen: Génesis apócrifo procedente de la cueva nº 1 de Qumrán.
¿Relación de todos ellos con el cristianismo? Pues aparte de que el libro de Isaías (como el resto del Antiguo Testamento) fue adoptado por el cristianismo, ninguna en absoluto.
Ya sabemos que, una vez que D. Lorenzo comienza a hilar errores, lo difícil es conseguir que se detenga. Así nos descubre:
"El 25 de noviembre de 1947, el profesor Eliézer Sukenik tuvo acceso a un fragmento con parte de su superficie escrita." (Pág. 212)
En realidad, el profesor Sukenik adquirió para la Universidad Hebrea de Jerusalén tres manuscritos, 1QIsb (la segunda copia del libro de Isaías de la que hablamos antes), 1QH (Hodayot-Himno) y 1QM (Milhamah-Regla de la guerra).
"Tras no pocas horas de análisis dictaminó que el lenguaje utilizado por aquellos remotos cronistas pertenecía al alfabeto hebreo denominado "cuadrado", un dialecto en curso doscientos años antes del nacimiento de Jesús." (Pág. 212-213)
La ternilla a tomar por saco... El alfabeto hebreo cuadrado es un dialecto del hebreo, con un par como los del caballo de Espartero... Pues no. El alfabeto hebreo cuadrado es una evolución del alfabeto protohebreo (por cierto, el alfabeto hebreo cuadrado es el que todavía hoy se usa). Como cualquier evolución se fue produciendo a lo largo del tiempo y eso, el que registre pequeñas variantes, es lo que permite datar un fragmento por comparación con otros textos ya datados por otros métodos. En el caso concreto de Qumrán, la datación paleográfica fue posteriormente confirmada por C-14 cuando a partir de 1987 se pudo emplear la técnica de AMS (con anterioridad, hubiera habido que destruir grandes porciones de los manuscritos para efectuar la prueba del Carbono-14). Seguimos.
"Incluso hubo quien se atrevió a afirmar que en las cuevas de Qumram se escondían parte de los "apócrifos" que narraban la vida de un Jesús bastante distinto al de los evangelios. Claro que dicho aspecto fue rápidamente negado por una Iglesia que desconocía lo que tenía entre manos." (Pág. 217)
Si es que ya se sabe que hay gente capaz de afirmar cualquier cosa... ¿verdad, D. Lorenzo? En cualquier caso, lo de los manuscritos de Qumrán tiene su gracia. Hagamos un poco de historia. Después de las primeras adquisiciones de los manuscritos localizados por los beduinos, se hacía necesario tanto el adquirir lo que aún estaban en su poder (o en posesión de anticuarios) como efectuar excavaciones en la zona. Para todo ello hacía falta dinero... que el gobierno jordano no tenía. En distintas fases, patrocinaron las adquisiciones la Universidad McGill de Montréal, la Biblioteca Vaticana, la Universidad de Manchester, la Universidad de Heilderberg, el McCormick Theological Seminary de Chicago, la All Souls Church de Nueva York, la Universidad de Oxford, la American School of Oriental Research y la Koninlijke Nederlandse Akademie van Wetenschappen. Todas ellas recibieron, como compensación, el derecho de publicación de los manuscritos (por supuesto, previo estudio) así como el derecho de propiedad de parte de los mismos. Además, las excavaciones fueron realizadas por el Departamento de Antigüedades de Jordania y por la Escuela Bíblica Francesa de Jerusalén. Por si faltaba algo más para aumentar el caos, en 1961 el gobierno jordano declaró bienes nacionales los manuscritos que aún estaban en el Museo Arqueológico Palestino de Jerusalén lo que suponía la prohibición de que abandonaran el país. Como se trataba de una expropiación encubierta, el gobierno jordano compensó a las instituciones perjudicadas limitando el acceso a los manuscritos a un comité internacional de expertos formado por los representantes designados por las instituciones referidas. Por aquello de que "éramos pocos y parió la abuela" en 1967 Israel conquistó Jerusalén Este... incluido el Museo Arqueológico Palestino. El comité internacional (en el que, por cierto, había personas de diversas confesiones religiosas) se encontró con que pasó de depender del estado jordano a estar bajo supervisión del estado israelí lo que originó problemas diplomáticos y políticos.
Además, el comité estaba formado por muy pocos miembros y la tarea era abrumadora así que la publicación de las traducciones avanzaba muy lentamente. Esto hizo que se corriera el bulo de que se trataba de un retraso deliberado por el contenido explosivo de los manuscritos, pero esto era rotundamente falso como pudo comprobarse en 1991. En previsión de un desastre que destruyera los manuscritos (no sé porqué pensaron eso si estaban en un remanso de paz y tranquilidad como era la Jerusalén de los años 50 y 60) se habían microfilmado todos los restos. Esta actividad fue financiada por Elizabeth Hay Betchel que recibió, como muestra de agradecimiento, una copia de los microfilms. A su muerte, ese material pasó a la Biblioteca Huntington que se ofreció a suministrar copias a cualquier persona que las solicitase. Además, la Biblical Archaelogy Society publicó la mayoría de las fotografías de los manuscritos que aún estaban inéditos. Ante esa situación, el gobierno de Israel (que estaba hasta las narices de que le acusaran de ocultamiento cuando se estaba limitando a aplicar los acuerdos alcanzados por las autoridades jordanas y las instituciones que habían pagado las adquisiciones y las excavaciones) publicó los microfilms de la totalidad de los manuscritos en 1993 (en 1997 se editaron en CD-rom).
Conocidos los hechos, podemos evaluar las afirmaciones de D. Lorenzo. La Iglesia (supongo que se refiere a la católica) sabía perfectamente lo que se traía entre manos porque sí tenía (a través de la Biblioteca Vaticana) acceso al contenido de los manuscritos. Es cierto que en los manuscritos de Qumrán no hay ninguna referencia a Jesús ni escandalosa ni ortodoxa. Los que sugirieron lo contrario son los que no sabían lo que estaban diciendo porque como ni tenían ni tienen la menor idea de papirología, paleografía, hebreo... no formaban parte del comité internacional y, por tanto, no tenían acceso al contenido de los manuscritos (y ahora que sí lo tienen como cualquier otra persona que esté interesada en ellos tampoco saben de qué van). Estos "conspiranoicos" dudo que sepan lo que tienen entre manos hasta cuando están meando.
"De lo que ya no tenía duda alguna, tras hablar con varios "iniciados", es que una vez dio comienzo el estudio de los manuscritos a cargo del equipo internacional reunido para tal fin, estos se cuidaron en demasía por distanciar las fechas de los escritos de la figura del nazareno." (Pág. 217)
Si es que estos expertos no tienen vergüenza. ¿Quiénes son ellos para fechar unos manuscritos por comparación paleográfica y por evidencias arqueológicas -por cierto, y como ya dijimos, acertando con la datación posteriormente confirmada por el C-14-? ¿Qué técnicas poco fiables son ésas? Lo que tenían que haber hecho era hablar con unos "iniciados" (por cierto, ¿en qué están iniciados? ¿En jugar al mus? Pensándolo bien, no creo. Ése es un juego demasiado complejo...) y dar una datación del S II D.C., por ejemplo, pasando por alto el pequeño detalle de que el asentamiento de Qumrán fue destruido en el año 68 durante la Guerra Judía. ¿Y qué atrevimiento es ése de decir que allí no hay nada relacionado con Jesús? Tenían que haber dicho que habían encontrado el certificado de matrimonio de Jesús con María Magdalena, las partidas de nacimiento de sus hijos y una teta disecada de Agustina de Aragón por lo menos.
Pero no se apuren, que el Sr. Fernández Bueno también tiene un experto a su disposición:
"Sin embargo, a la cabeza me vinieron entonces las palabras pronunciadas en 1770 por Federico el Grande, quien sin pudor alguno afirmó en más de una ocasión que "Jesús estaba empapado de ética esenia." (Pág. 217).
No vean el valor que tiene lo que dijo alguien en el S XVIII sobre una secta que ahora se conoce bien precisamente por los manuscritos de Qumrán. Por cierto, tal vez la próxima vez D. Lorenzo tenga a bien citar la frase de marras justo antes de empezar a hablar del supuesto matrimonio de Jesús y María Magdalena, añadiendo que los esenios permanecían célibes... ¿Jesús estaba empapado de ética esenia o levemente salpicado? Federico, por muy Grande que fuera, de tocar la flauta sabía mucho, pero de esenios no, por la sencilla razón de que entonces eran casi desconocidos. Su opinión, por tanto, no está fundada y traerla a colación es un nuevo disparate.
No obstante, no sean Vds. duros con el Sr. Fernández Bueno porque él es un escéptico de tomo y lomo. Lean, lean:
"Siendo sincero el primer pensamiento que se me pasó por la cabeza, objetivo y razonado, fue que de unir todos los fragmentos correspondientes a cada uno de los manuscritos y descifrar su mensaje, jamás nos harían partícipes del contenido de los mismos. Es probable que aquellas primeras crónicas fueran algo molestas para los jerarcas del Vaticano." (Pág. 219)
¿Qué les decía? Fíjense Vds. que hasta es capaz de elaborar un pensamiento "objetivo y razonado" que si se llegase a poder reconstruir la totalidad de los manuscritos de Qumrán, no le harían partícipe de su contenido. Ya sólo falta que nos aclare qué tiene eso de "objetivo y razonado" porque eso es su opinión, su creencia, su parecer... es decir, todo lo contrario de un pensamiento objetivo. Por otra parte, ¿tiene alguna razón para creer eso? ¿Conoce algún manuscrito de Qumrán que no esté microfilmado y accesible a quién lo desee porque lo haya impedido alguien para no molestar a la jerarquía vaticana? Más aún ¿por qué presupone que existe entre los restos fragmentarios algo que pueda resultar incendiario para la Iglesia? Ítem más, ¿de qué datos dispone Vds. para pensar que la Iglesia puede silenciar las investigaciones sobre los manuscritos de Qumrán? Si no tiene respuestas coherentes a estas preguntas, lo suyo tampoco es un pensamiento razonado. Me queda una duda, si su pensamiento "objetivo y razonado" ni es objetivo ni es razonado ¿es, al menos, un pensamiento o es una petunia?
Lo más gracioso de todo esto, es que esa sabia reflexión surge de una noticia publicada en El Mundo en la que afirman que estaban intentando agrupar los fragmentos de los manuscritos mediante una investigación del ADN de las cabras de las que se obtenía ese material. Verán cuando se entere D. Lorenzo de que muchos de los manuscritos de Qumrán están escritos sobre papiro la desilusión que se va a llevar.
En fin, que después de su sabia disertación sobre los manuscritos de Qumrán el Sr. Fernández Bueno pasea por las calles de Jerusalén:
"Caminé por la Vía Dolorosa en un acto de contricción inimaginable." (Pág. 220)
No, si no me extraña que después de escribir esas cosas, realizara un acto de contricción inimaginable. Es lo mínimo que podía hacer. Ya sólo falta que tenga propósito de la enmienda y no nos "obsequie" con "Los guardianes del secreto II" (eso no me lo creo ni yo).
"Se fuera creyente o no, los cimientos de la cultura occidental estaban basamentados sobre los sucesos acaecidos en esta tierra, y eso no se podía obviar; y eso, en momentos tales, erizaba el vello y sobrecogía el alma." (Pág. 220)
Pues nada, ya saben. Los cimientos de la cultura occidental están "basamentados" en algo. Vistos los frutos que da, la cultura occidental debe estar "basamentada" en arena.
"El autor de espaldas al Muro de las Lamentaciones, lugar de culto y únicos restos del Templo de Salomón." (Pág. 223)
Del de Herodes y, en realidad, tampoco son restos del Templo sino de un muro de contención de la terraza sobre la que asentaba (o "basamentaba"). En efecto, un lugar de culto en el que sólo faltaba la egregia ministra Dña. Carmen Calvo para que la cultura quedara patente.
En fin, que llevamos dieciséis páginas de un capítulo dedicado a los Templarios y éstos no es que hayan estado muy presentes, la verdad. No se preocupen. D. Lorenzo comienza a hablar con un desconocido que resulta ser Salomón Vizenthal que, curiosidades de la vida, resulta ser un experto en la Orden del Temple, pero esto quedará para el próximo día.
BIBLIOGRAFÍA:
"Textos de Qumrán". Edición y traducción de Florentino García Martínez. Editorial Trotta S.A. Valladolid, 2000.
"Paganos, judíos y cristianos en los textos de Qumrán". Textos de diversos autores con coordinación de Julio Trebolle Barrera. Editorial Trotta S.A. Valladolid, 1999."

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (II)

Viene de aquí
Decíamos ayer que el Sr. Fernández Bueno es abordado en plena calle por un tal Salomón Vizenthal. Como, por lo que se ve, D. Lorenzo "hizo novillos" el día que dijeron aquello de "No tenéis que hablar con desconocidos", se ponen a "darle a la húmeda". Por casualidad (o tal vez no) la conversación recae en los Templarios (afortunadamente, porque teníamos poco con la digresión anterior para que ahora se hubieran puesto a hablar de las variantes sobre la receta del bacalao al pil-pil) tema en el que el simpático ancianito de enorme pajarita multicolor es un experto.
Así, en amena compañía, el Sr. Fernández Bueno y su nuevo álter ego se encaminan hacia el Muro de las Lamentaciones, un lugar cuyo nombre está más que justificado porque según D. Lorenzo:
"En el interior del muro, los hebreos aumentan su fe y ello es visible en la virulencia de sus movimientos." (Pág. 224)
No me extraña que los judíos hagan movimientos virulentos si alguien se empeña en situarlos "en el interior del muro" como si se tratasen de un sillar cualquiera.
Y, por fin, llegan los Templarios:
"Hugues de Payen, descendiente de los condes de Troyes, arribó a Tierra Santa a inicios de 1118 en compañía de otros ocho caballeros piadosos, diestros en el uso de las armas, y fueron acogidos con agrado por el rey Balduino II, necesitado de soldados capaces de dar la vida por su fe. De este modo el monarca les facilitó unos aposentos en la parte oriental de su palacio, junto a la mezquita de al-Akhsa..." (Págs. 225-226)
En realidad, no tenemos ni idea de cuándo llegó Hugues de Payns a Palestina. Sabemos que fue señor de Montigny-Lagesse (unos 50 Kms. al S. de Troyes) y que formaba parte del séquito del poderoso conde Hugues de Champagne. Por tanto es posible (no hay ninguna prueba de ello) que acompañara a éste en su peregrinación a Tierra Santa en 1104-1105. Si lo llegó a hacer, regresó, no obstante, a Francia porque en 1113 firmó un documento como testigo del conde Hugues. Es probable (nuevamente tampoco hay ninguna evidencia de ello) que acompañara en 1114 al conde de Champagne cuando éste decidió establecerse definitivamente en Jerusalén (algo que, por cierto, no cumplió).
Así las cosas, no hay ninguna razón para sostener que llegara a Jerusalén en 1118. Esta fecha supongo que se basa en la afirmación del cronista Guillermo de Tiro de que en dicho año se produjo la fundación de la Orden del Temple. Sin embargo, estaba equivocado. En el prólogo a la Regla del Temple se dice:
"...nos reunimos en Troyes en la festividad de san Hilario, en el año de la encarnación de Jesucristo 1128, en el noveno año después de la fundación de la antes mencionada orden." [1] (Pág. 34) Por tanto, la fundación debió tener lugar en 1119, pero en numerosas zonas de Francia desde comienzos del S XII se consideraba que el nuevo año no comenzaba hasta el 25 de marzo, fiesta de la Encarnación de Jesús. Por tanto, el 13 de enero (festividad de S. Hilario) del "año de la encarnación de Jesucristo 1128" era, en realidad, el 13 de enero de 1129 y la fundación del Temple habría tenido lugar en 1120. El hecho que seguramente motivó su creación tuvo lugar en la Pascua de 1119, cuando un grupo de unos setecientos peregrinos que se dirigían al Jordán fue atacado por una partida musulmana que mató a cerca de trescientos fieles y capturó y vendió como esclavos a unos sesenta.
Una última puntualización, lo que el rey Balduino II necesitaba no eran hombre capaces de morir por su fe sino hombres capaces de matar por su fe. En una carta que S. Bernardo dirigió en 1124 o 1125 al papa Calixto II sobre el propósito de Arnoldo, abad de Morimond, de establecerse en Tierra Santa, dice:
"...¿a quién puede escapársele que lo que se necesita allí son caballeros capaces de guerrear en vez de monjes que canten y giman?" [2] (Pág. 30)
"Las dimensiones descomunales de la nueva Casa del Templo contrastaba con el contado número de miembros que componía el colectivo en esos primeros tiempos. No en vano los fundadores cerraron las puertas a la integración de más guerreros en los nueve años previos al reconocimiento de la Orden de manera oficial." (Pág. 226)
La sombra de Guillermo de Tiro y sus errores es alargada. Los fundadores no cerraron su puerta a nuevos miembros y, pese a que Guillermo de Tiro dijese lo contrario, sí aumentaron su número (si es que alguna vez fueron realmente nueve miembros) porque en caso contrario no se explica que seis de sus miembros volvieran a Europa en 1127 lo que hubiera dejado "en cuadro" a la Orden en Jerusalén e imposibilitada de cumplir sus funciones. Miguel el Sirio afirma que los caballeros iniciales fueron unos treinta lo que parece mucho más creíble. Que no tenían sus puertas cerradas se demuestra porque el conde Fulko V de Anjou se unió a ellos como seglar asociado durante su peregrinación a Tierra Santa en 1120 y porque Hugues, conde de Champagne, se hizo templario en 1125-1126 cuando regresó, esta vez sí de forma definitiva, a Tierra Santa.
"Durante una década, tiempo que pasó el joven Hugues en su nueva morada, los historiadores insisten en afirmar que fue la etapa menos venturosa del nuevo colectivo, obligados a cumplir los rígidos parámetros de la Regla de San Agustín que asumieron, pero con privilegios contados." (Pág. 226)
Sobre la palabra Regla sitúa una llamada a pie de página que indica:
"Era la "Constitución" de la Orden, severas normas redactadas por San Bernardo de Claraval, que habían de acatar sin rechistar." (Pág. 226)
Por de pronto, Hugues de Payns en esta época no tenía nada de joven. Si en 1100 ya aparece documentado como miembro del séquito del conde de Champagne, pueden imaginarse veintitantos años después lo mal que le cuadraba lo de "joven".
Además, voy a plantearles una pregunta dificilísima ¿quién estableció los principios de la Regla de San Agustín? Pues según D. Lorenzo fue S. Bernardo. Evidentemente el Sr. Fernández Bueno "oye campanas y no sabe dónde". Confunde la primera Regla que adoptaron los Templarios (la de S. Agustín, porque ésa era la que profesaban los Canónigos del Santo Sepulcro que ejercían de Capítulo de Warmundo de Picquigny, Patriarca de Jerusalén y protector de los Templarios) con la Regla aprobada por el Concilio de Troyes que, además, tampoco fue redactada por Bernardo de Claraval (luego veremos algo más sobre este tema).
"En el año 1127, abatido y consternado, Hugues de Payen regresó a su hogar con la intención de obtener el beneplácito de la aristocracia, y por ende, los correspondientes beneficios dinerarios para poner en marcha su proyecto: crear una orden de caballeros de estructura poderosa e indestructible. Tuvo fortuna. Cerca de la villa que regentaba, en Troyes, se celebró en el año 1128 un concilio al que acudieron representantes de la curia pontificia de dentro y fuera del país." (Pág. 226)
En realidad la fortuna tuvo muy poco que ver, porque Hugues de Payns venía muy bien recomendado. Su viaje (que no tuvo nada de regreso al hogar y sí de gira propagandística) había sido precedido por una carta de Balduino II (anterior a octubre de 1126) a San Bernardo en la que le pedía que hablase a favor de las pretensiones templarias de obtener una nueva Regla, además de usar sus influencias ante monarcas y nobles para que obtuvieran fondos con los que sostener su lucha contra los enemigos de la fe.
Alguno de los primeros caballeros del Temple pertenecían a importantes familias nobiliarias y también hicieron valer sus influencias. Teobaldo, el nuevo conde de Champagne y sobrino del ex-conde Hugues que se hizo templario en 1125 o 1126, dona a la Orden unas propiedades en Barbonne. Además, concede permiso a sus vasallos para que puedan ceder tierras a los Templarios. También el conde de Flandes les otorgó beneficios.
Hugues de Payns desarrolló una gran actividad en estos años. Posiblemente comenzó su viaje visitando al papa Honorio II aunque no hay evidencias de ello, pero es lógico dado que uno de los motivos de su regreso era la obtención de una nueva Regla. El 31 de mayo de 1128 está en Anjou donde asiste a la toma de la cruz del conde Fulko V (al que ya conocía porque había sido seglar asociado al Temple durante su estancia en Tierra Santa). El conde Fulko tenía tal confianza en Hugues de Payns que éste interviene como mediador en un asunto espinoso, el conflicto que existía entre Hugues d´ Amboise (uno de los más importantes vasallos del conde de Anjou) y los monjes de Marmontier.
Posiblemente asistiera el 22 de junio en Le Mans al matrimonio entre Geoffroy, primogénito del conde Fulko, y Mathilde, hija de de Enrique I de Inglaterra y viuda de Enrique V de Alemania (de este matrimonio surge la dinastía de los Plantagenet). En esa celebración o en cualquier otra circunstancia, Hugues de Payns fue recibido por el monarca inglés que donó para la orden una fuerte suma en oro y plata.
A continuación pasó a Inglaterra y Escocia donde recibió nuevas donaciones y reclutó a una gran cantidad de voluntarios para que fueran a Jerusalén.
A mediados de septiembre está en Cassel, en Flandes, donde recibe la confirmación de los benificios ya otorgados por el conde Guillermo Clito de manos del nuevo conde, Thierry de Flandes.
No sólo la alta nobleza entrega bienes. También la pequeña nobleza y el pueblo hicieron lo propio.
Si ello ya era importante con vistas al desarollo de la Orden aunque la economía del Temple no parece haber sido nunca precaria pese a lo que dijeran autores como Guillermo de Tiro y a que, posteriormente, la Orden exagerase la pobreza de sus propios orígenes en lo que no pasa de ser un mito etiológico (sencillamente, no es creíble tal penuria porque, aparte de las donaciones de los primeros miembros, contaban con rentas regulares como las treinta libras angevinas que recibían anualmente del conde Fulko, los ciento cincuenta besantes que entregaban los Canónigos del Santo Sepulcro, los ocho sextarios de grano que percibían de la iglesia de S. Bartolomé de La Motte-Palayson... y, además, con la protección del Rey y el Patriarca de Jerusalén) faltaba la concesión de una nueva Regla, acorde con su carácter peculiar de monjes-soldados.
El 13 de enero de 1119 se reúne el Concilio Provincial de Toyes con el objetivo de dotar al Temple de una nueva Regla. Entre los asistentes se encuentran los más conocidos (e influyentes) religiosos de la época:
"El primero fue Mateo, obispo de Albano, por la gracia de Dios legado de la Santa Iglesia de Roma; Renaud, arzobispo de Reims; Henri, arzobispo de Sens; y luego sus sufragantes: Gocelin, obispo de Soissons; el obispo de París; el obispo de Troyes; el obispo de Orleans; el obispo de Auxerre; el obispo de Meaux; el obispo de Châlons; el obispo de Laon; el obispo de Beauvais; el abad de Vézelay, que más tarde fue hecho arzobispo de Lyon y legado de la Iglesia de Roma; el abad de Cîteaux; el abad de Pontigny; el abad de Trois-Fontaines; el abad de Saint-Denis de Reims; el abad de Saint-Etienne de Dijon; el abad de Molesmes; el ya mencionado Bernard, abad de Claraval, cuyas palabras los antes mencionados elogiaron profusamente." [1] (Pág. 34) Es decir, San Bernardo, abad de Claraval, San Esteban Harding, abad de Cîteaux, San Hugues de Montaigu, obispo de Auxerre... Y con ellos la alta nobleza, los condes Fulko de Anjou, Teobaldo de Champagne y Guillermo de Auxerre, Nevers y Tonnerre.
Se ha dicho, por las palabras antes citadas, que la Regla del Temple la escribió San Bernardo, sin embargo eso no es cierto. Según se indica en el documento conservado (posterior y que incluye modificaciones a la Regla aprobada en Troyes) el que tomó la palabra en primer lugar fue Hugues de Payns y los artículos fueron aprobados por consenso de los asistentes:
"Y la conducta y comienzos de la Orden de Caballería oímos en capítulo común de labios del antes mencionado maestre, el hermano Hugues de Payens; y según las limitaciones de nuestro entendimiento lo que nos pareció bueno y beneficioso lo alabamos, y lo que nos pareció malo lo dejamos a un lado." [1] (Pág. 34)
"Y quiso el concilio común que las deliberaciones que fueron hechas allí y la consideración de las Sagradas Escrituras que fueron diligentemente examinadas con ayuda de la sabiduría de mi señor Honorio, papa de la Santa Iglesia de Roma, y del patriarca de Jerusalén y con el asentimiento del capítulo, junto con el acuerdo de los Pobres Caballeros del Cristo del Templo que está en Jerusalén..." [1] (Pág. 35)
Y en lo que pudiera haber de problemático en la nueva regla, lo dejan en manos del Papa y el Patriarca de Jerusalén:
"...lo dejamos en manos de nuestro honorable padre el gran Honorio y del noble patriarca de Jerusalén, Esteban, quien conocía los asuntos de Oriente y los de los Pobres Caballeros de Cristo..." [1] (Pág. 34)
Es más, ni siquiera fue San Bernardo el que la puso por escrito sino un tal Jean Michel:
"Por lo tanto yo, Jean Michel, a quien fue encomendado y confiado ese divino oficio, por la gracia de Dios he servido como humilde amanuense del presente documento por orden del concilio y del venerable padre Bernardo, abad de Claraval." [1] (Pág. 34)
Por más destacada que fuese la intervención de San Bernardo (que sin duda lo fue) la Regla demuestra tal conocimiento de la realidad cotidiana de los monjes-soldados que hay que atribuirla en lo esencial a los propios Templarios, posiblemente con la ayuda para su redacción del entonces Patriarca de Jerusalén, Warmundo de Picquigny, que no llegó a ver su aprobación porque falleció en el verano de 1128. Por cierto, el que en el documentos antes citado aparezca como patriarca de Jerusalén Esteban (de la Ferté) que sólo lo fue desde finales del verano de 1128 prueba que la fecha real del Concilio de Troyes no pudo ser la del 13 de enero de 1128, como ya dijimos antes.
Ajeno a toda esta historia, prosigue D. Lorenzo por boca del experto (o algo así) D. Salomón:
"El evento hubiera pasado a ojos de la historia desapercibido de no ser porque a él acudió el abad de Claraval, hombre culto, teólogo fervoroso y de gran carisma que habría de contribuir a que los anhelos de Hugues se hicieran palpables. Era San Bernardo, fundador de la sagrada congragación cisterciense y firme defensor de la creación de al orden guerrera para acabar con todo aquello que se opusiera al cristianismo católico romano." (Pág. 226)
Como ya hemos visto, San Bernardo fue uno más de los asistentes entre los que se encontraban personas de más alto rango en la jerarquía eclesiástica y, al menos, una persona tan influyente como él, San Esteban Harding. Por cierto, San Bernardo no fue el fundador del Císter (nombre que deriva de la denominación latina de Cîteaux -Cistercium-, cuyos tres primeros abades, San Roberto de Molesmes, San Alberico y San Esteban Harding son considerados -en especial este último como redactor de la Carta de Caridad- como los fundadores de la orden cisterciense) aunque sí fue su principal impulsor en esa época.
"Acostumbrado a batallar en el campo de la dialéctica con monarcas, obispos y nobles, al finalizar el concilio Bernardo logró consumar con éxito sus propósitos; por un lado dejar constituida la Orden de los Caballeros Pobres del Templo de Salomón, y por otro, evitar que adquirieran demasiada libertad en sus actos, punto que solventó dictando él en persona la Regla Templaria, en la que incluyó los dictados más rígidos de la suya propia, esto es, la cisterciense." (Págs. 226-227)
Por de pronto, San Bernardo no pudo dejar constituida la Orden del Temple en el concilio de Troyes porque ya lo estaba, la Regla que aprobó el Concilio de Troyes no fue dictada por San Bernardo (como ya vimos) y aunque se basa en la interpretación cisterciense de la Regla de San Benito, está adaptada a unas circunstancias que no tenían igual en ninguna orden monástica ya existente. La verdad, no parece que a San Bernardo se le hubiera podido ocurrir la conveniencia de que los Templarios de Ultramar dispusieran de camisas de lino desde la Pascua hasta Todos los Santos (punto 20 de la Regla del Temple) o que ropa y calzado debían ser fáciles de quitar y poner (punto 18 de la Regla del Temple).
"A fin de garantizar la buena marcha y expansión de la misma, en el año de 1130 el citado Bernardo escribió la declaración de intenciones que había de caracterizar al buen templario en su obra De laude novae militiae ad Milites Templi. (Pág. 227)
La realidad que hay detrás de "Liber ad milites Templi de laude novae militiae" (literalmente, "Libro a los soldados del Templo acerca del mérito de la nueva milicia", y más conocido por "Elogio de la nueva milicia templaria") es mucho más compleja que un mero deseo de San Bernardo de ejercer de propagandista de la Orden. Por de pronto, el título ya especifica a quién se dirige "ad milites Templi" (a los soldados del Templo, es decir, a los propios Templarios). Esto queda confirmado en el Prólogo, dirigido a Hugo, Caballero de Cristo y maestre de su Milicia (es decir, a Hugues de Payns, el maestre de los Templarios):
Una, y dos, y hasta tres veces, si mal no recuerdo, me has pedido, Hugo amadísimo, que escriba para ti y para tus compañeros un sermón exhortatorio." [3] (Pág. 39)
¿Por qué solicitaba con insistencia Hugues des Payns a Bernardo que escribiera un sermón exhortatorio destinado a los que ya eran templarios? Porque pese a la aprobación del Concilio de Troyes y al éxito de su gira europea, entre los propios Templarios había dudas (reflejo de las que existían en la propia Iglesia) sobre su misión. Probablemente en 1128, una carta de Guigues, prior de la Gran Cartuja, dirigida a Hugues de Payns no deja lugar a dudas de que no todo el mundo dentro de la Iglesia tenía una visión positiva de la nueva Orden:
"En efecto, es vano atacar a los enemigos exteriores si no dominamos primero nuestros enemigos del interior..." [4] (Pág. 45] y después cita la Epístola a los Efesios:
"Pues no es contra adversarios de carne y hueso contra los que tenemos que luchar..." [4] (Pág. 46)
Que estas dudas afectaban también a los propios Templarios, queda demostrado por la Carta firmada por un tal Hugo Peccator (en el que se ha querido ver erróneamente al propio Hugues de Payns) y dirigida a los hermanos de Ultramar (es decir, a los Templarios de Palestina porque fue escrita en Europa. Cuando la palabra Ultramar se escribía en Palestina significaba, por el contrario, Europa) en el que se calificaba la consideración de que las actividades militares de la Orden apartaban a los monjes de lo que debía ser su verdadera dedicación (la oración) de astucias diabólicas. Eso sí, reconoce que eso ha hecho surgir dudas en el propio seno de los monjes-soldados y, para combatirlas, exhorta a los Templarios a abandonar las dudas porque el dudar es símbolo de orgullo. En última instancia, es un llamamiento a la obediencia ciega y una puerta abierta al fanatismo.
Aunque no fue el redactor de esta Carta, sin duda Hugues de Payns la aprobaba, pero quería aún más, que eso mismo lo dijera (y lo razonara) alguien que pudiera acabar de una vez y para siempre con esas dudas que amenazaban la propia existencia de la Orden cuando comenzaba su gran expansión. Por ello pide insistentemente a Bernardo de Claraval que ponga "manos a la obra". Sin embargo, Bernardo de Claraval se hace de rogar. ¿Por qué? Ya dijimos que él mismo era consciente de la necesidad de enviar tropas y no monjes a Palestina. Tuvo una intervención destacada en el Concilio de Troyes en el que, además, debió quedar impresionado por el propio Hugues de Payns. Añadamos que Hugues de Champagne y Bernardo de Claraval eran íntimos amigos de antiguo porque habían sido los condes de Champagne los que donaron los terrenos en los que se construyó la abadía de Clairvaux (o de Claraval). Por si todo ello era poco, su tío materno, André de Montbard, se hace Templario en 1129 (aunque algunos digan que fue uno de los supuestos nueve miembros fundadores no es cierto. Cuando se fundó el Temple tenía unos diecisiete años -demasiado joven- y, además, está documentada su presencia en Francia ya que aparece como testigo en varios documentos). ¿Por qué entonces ese retraso? Posiblemente, el propio Bernardo tenía dudas. En 1125 o 1126, cuando supo que Hugues de Champagne íba a tomar el hábito templario (es una forma de hablar, porque entonces, al parecer, aún no usaban hábito) le mandó una carta felicitándole por su decisión de abandonar su posición privilegiada, sus riquezas... pero, a la vez, le reprochaba veladamente que no se hubiera hecho monje cisterciense. En 1129, en una carta dirigida al obispo de Lincoln insiste en que el monje que se retira a un monasterio es superior a un cruzado y que Clairvaux es un reflejo de la Jerusalén celestial. Por tanto, Bernardo hubo de superar su propio escepticismo al respecto antes de poder escribir el "Elogio de la nueva milicia templaria" en el que consagra la superioridad del monje-soldado sobre el propio monje.
No obstante, ni por ésas consiguió solventar las propias dudas templarias al respecto. El que, por ejemplo, el propio André de Montbard acabara renunciando al puesto de Gran Maestre del Temple para retirarse a Clairvaux, es una muestra de ella.
Esto es lo que subyace en "Elogio de la nueva milicia templaria" y no un mero deseo propagandístico.
NOTAS:
[1] Citado en El código templario de J. M. Upton-Ward. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000.
[2] Citado en Templarios. La nueva caballería de Malcolm Barber. Traducción de Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001.
[3] Citado en Elogio de la nueva milicia templaria de Bernardo de Claraval. Introducción de Javier Martín Lalanda. Traducción de Iñaki Aranguren. Col. Biblioteca Medieval, Ed. Siruela. Madrid, 2005
[4] Citado en Auge y caída de los Templarios de Alain Demurger. Traducción de Fabián García-Prieto. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000.
-Continuará-

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (III)

Viene de aquí
Sin embargo, aunque cometa errores, de momento se ha mantenido por terrenos más o menos juiciosos. El "despelote esotérico" comienza en este punto:
"Hay una cuestión que ha intrigado a personas como tú a lo largo de los decenios, referente a la estancia de nueve años de los primeros caballeros en las dependencias del Templo, aún sin constituir oficialmente y abrazados a la Regla de San Agustín que profesaban los canónigos del Santo Sepulcro. ¿Defender los caminos, en especial el peligroso trayecto que discurría desde el puerto de Jaffa hasta la Ciudad Santa? No es probable. Nueve caballeros, por valientes o fanáticos religiosos que estos fueran jamás hubieran podido combatir contra asaltantes, asesinos, y las terribles huestes musulmanas, deseosas de recuperar el territorio en el que se asentaba el infiel." (Págs. 228-229)
Por de pronto, y como ya dijimos, lo de los nueve caballeros es un error de Guillermo de Tiro que es contradicho por otros dos cronistas que se ocuparon de los inicios de la Orden del Temple, Miguel el Sirio y Walter Map. Además, nueve Caballeros no significa que sólo fueran nueve hombres porque, también lo dijimos, las peculiaridades de los monjes-soldados eran numerosas, algo bastante lógico habida cuenta de que no existía nada semejante en la Iglesia (la que con el tiempo se convertiría en la Orden rival del Temple, la del Hospital de San Juan de Jerusalén, adoptó un carácter militar por imitación de los Templarios y los Caballeros Teutónicos, de momento, aún no existían). Por ello, existían figuras como la de los caballeros seculares (es decir, caballeros que no profesaban los votos y que se unían a los Templarios de forma temporal. Uno de ellos, ya lo dijimos, fue el conde Fulko de Anjou) además de distintas categorías dentro de la propia Orden en la que los Caballeros eran el estamento superior, pero junto a ellos existían los sargentos y los escuderos.
Por otra parte, los Templarios no eran los únicos que se dedicaban a ejercer de escoltas para los peregrinos. Mucho antes de que se fundara el Temple (en 1120) y, más concretamente, en 1106-1107 realizó el viaje a Tierra Santa un abad ruso de nombre Daniel. En su relato señala que en el trayecto entre Hebrón y Jerusalén tuvo la fortuna de contar con una escolta armada. El proteger a los peregrinos fue siempre una prioridad para las autoridades francas, pero no siempre contaban con los hombres necesarios para poder hacerlo. Por ello precisamente se explica el apoyo a la creación del Temple demostrado tanto por el rey Balduino II como por Warmundo de Picquigny, el Patriarca de Jerusalén, pero no hay razón para suponer que se les encomendara esta labor en exclusiva.
Ya vimos el trágico suceso que, posiblemente, motivó la creación del Temple, la matanza de trescientos peregrinos que acudían al Jordán en la Pascua de 1119. Poco después, en torno a 1120, Warmundo de Picquigny y Gerardo, prior del Santo Sepulcro, enviaron una carta de petición de auxilio a Diego Gelmírez, arzobispo de Santiago de Compostela, solicitando que enviase hombres, dinero... lo que fuese, porque el reino franco de Jerusalén se encontraba en un momento crítico, atacado por todas partes y tan imposibilitado de defenderse que las partidas incursoras musulmanas llegaban hasta las puertas de Jerusalén. Transmiten una imagen de inseguridad generalizada y, sin embargo, no se reprodujo una matanza de peregrinos como la del año anterior. Si los Templarios fueran tan inoperantes como se nos quiere hacer creer ¿cuál fue el factor que impidió que la masacre se repitiese?
"Además, como ya te he dicho anteriormente, en ese periodo de tiempo se cerraron herméticamente al exterior, evitando el contacto con otras órdenes y negando la entrada a aquellos deseosos de unirse a su causa." (Pág. 229)
Ya vimos que no se cerraron a nuevas incorporaciones. Tanto es así que de hecho las hubo, pero ¿es cierto que evitaron el contacto con otras Órdenes? Para nada. Ya dijimos que estaban tan bien relacionados con los Canónigos del Santo Sepulcro que incluso recibían su ayuda económica por no hablar de que fueron ellos los que les cedieron un lugar cerca de la mezquita de al-Aqsa para que pudieran seguir los oficios monásticos. Además, las principales fuentes documentales para conocer la historia de los Templarios en Palestina son, precisamente, sus relaciones con otras Órdenes. Por ejemplo, en diciembre de 1120 Hugo de Payns actúa como testigo de la confirmación de los privilegios que Balduino II otorgó a los Hospitalarios. En octubre de 1125 es Roberto, Caballero Templario, el que hace lo propio en la exención de diezmos que concedió el obispo de Nazaret a los Hospitalarios. Es más, de los siete documentos que mencionan al Temple en Palestina entre 1129 y 1148, seis tienen como tema principal la actividad de los Canónigos del Santo Sepulcro. ¿De dónde se saca, entonces, la falta de relación entre los Templarios y las restantes órdenes religiosas radicadas en Palestina? Misterio, pero como de lo que se trata es de fomentar el bulo de que eran una orden esotérica, por narices tenían que ser un grupo cerrado y mantenerse aislados de las demás organizaciones religiosas. El único "problemilla" es que como la documentación niega lo uno y lo otro, la consideración del Temple como ente esotérico se va al garete pero como no es cuestión de que la realidad niegue una buena historia se prescinde de las fuentes históricas que para eso existen los "iniciados" que guardan una "tradición" o reciben una "revelación" aunque ni una ni otra valgan un pimiento como ya veremos al hablar de la "tradición esotérica sobre el Temple".
Si los Templarios no se dedicaban a proteger a los peregrinos ¿qué puñetas hicieron durante esos nueve años? Vamos a verlo:
"Horadaron en el subsuelo retirando las escorias acumuladas por los siglos, buscando algo que sabían allí oculto. Y es muy probable que lo encontraran, parte de un tesoro olvidado en el que se aunaban varias toneladas de oro, plata, y lo más importante: una "biblioteca" rebosante de manuscritos." (Págs. 230-231)
Y un jamón con chorreras que también estaba allí escondido. Ni hay la menor prueba de que existiera tal tesoro ni de que los Templarios se dedicaran a jugar a Indiana Jones cosa que, además, hubieran tenido bastante difícil de hacer porque el lugar en el que estaban radicados los Templarios (recordemos que era en la Explanada del Templo, junto a la mezquita de al-Aqsa) era parte del palacio de Balduino II y ése no era, precisamente, el lugar más adecuado para liarse a hacer excavaciones sin que éstas fueran advertidas.
Por otra parte, ¿qué se supone que iban a hacer los Templarios con una biblioteca compuesta de manuscritos (¿hebreos? ¿arameos?...) cuando la Regla latina tuvo que ser pronto traducida al francés (y al catalán) porque la mayoría no entendía más que su propio idioma? No nos olvidemos de que los Caballeros Templarios no eran unos intelectuales, eran soldados.
"Esta hipótesis me fue refrendada cuando tenía 25 años, en el lejano mes de noviembre de 1954, y vivía en Luxor. Una mañana, mientras tomaba café en el viejo hotel Winter Palace, leí en un diario británico una información que en aquellos instantes despertó mi curiosidad pero nada más... El periodista hablaba de unos pergaminos descubiertos por beduinos en las orillas del Mar Muerto dentro de unas cuevas, y más concretamente de uno de los escritos que había sido traducido por técnicos de la Universidad de Manchester. El contenido, intranscendente a simple vista, tomó importancia conforme inicié mis estudios. Hacía mención a un tesoro situado en el Templo, formado por varios pesos de oro, enseres sagrados y plata. Pero eso carecía de valor frente a la enorme cantidad de pergaminos que permanecían allí escondidos -siempre según el texto-." (Pág. 231)
¡Qué bonita sucesión de disparates! Por de pronto ¿cómo puede refrendar la hipótesis de que los Templarios se pusieron en torno a 1120 a buscar un tesoro en el emplazamiento de los antiguos templos de Jerusalén el que uno de los manuscritos de Qumrán, que no se empezaron a conocer hasta 1945, hiciera referencia a un tesoro? ¿Los Templarios era videntes? El resto de las afimaciones son, además, absolutamente falsas (algo a lo que, supongo, ya se habrán acostumbrado).
A lo que se refiere, de forma tan desinformada como siempre, es al llamado Rollo de Cobre (les recomiendo la lectura, si no lo han hecho ya, del artículo enlazado, magnífica obra, pese al pseudónimo, de Julio Arrieta). Comencemos por el principio, 3Q15 (su nombre técnico) no es un pergamino, no fue encontrado por beduinos y en 1954 es imposible que nadie leyera en un periódico su contenido porque se comenzó a traducir en 1956 (salvo error por mi parte, la primera traducción íntegra fue publicada en 1960).
Además no hace mención a ningún tesoro situado en el Templo y sí a múltiples depósitos escondidos por toda Palestina. Se menciona en tres ocasiones la presencia de textos escritos en los escondrijos:
"En la cueva de la columna con dos entradas, orientada al Este, en la entrada Norte excava tres codos: allí hay un ánfora, en ella un libro, debajo de ella cuarenta y dos talentos." [1] (Pág. 478)
"En el canal que hay en el camino al Este de Beth-ajsar, al Este de Ajzar: vasos de diezmos y libros y una barra de plata." [1] (Pág. 479)
"En el tunel que hay en Sejab, al Norte de Kojlit, que se abre hacia el Norte y tiene tumbas en su entrada: un duplicado de este escrito y la explicación, y sus medidas, y el inventario de todas y cada una de las cosas." [1] (Pág. 480)
Así pues ¿de dónde se saca que esté hablando del Templo de Jerusalén y que haya una enorme cantidad de pergaminos escondida en él? Otro misterio más a añadir a la lista. En cualquier caso, al ser el talento (además de algo que cada día se echa más en falta en determinados escritores) una medida de peso que varió a lo largo del tiempo (y con diversos valores, además, para distintas culturas) la cantidad que, supuestamente, se encontraba en el depósito con los libros (en el único caso -el primero de los señalados- en que se menciona una cantidad considerable de plata, en realidad sólo hay la "importante cantidad" de un libro) podía oscilar entre unos 840 Kgs. y 1.260 Kgs. de plata, una cantidad importante pero menos habida cuenta de las cifras que manejaba el Temple.
Hasta el momento carecíamos en español de un estudio serio y riguroso sobre las finanzas de los Templarios. Sabíamos que habían recibido cuantiosas donaciones en forma de dinero, bienes muebles... además de inmuebles que generarían unos ingresos regulares e importantes a la Orden. También era conocido que sus gastos eran cuentiosos (la guerra nunca ha sido algo barato) y suponíamos (por sus actividades mercantiles) que la diferencia entre unos y otros era un abultado superávit, pero nadie se había puesto a realizar unas estimaciones concretas. Hoy, con una inmensa satisfacción por mi parte, puedo anunciarles que ese estudio ya existe y les recomiendo muy vivamente que procedan a gastarse unos dinerillos en adquirirlo en la seguridad de que no les va a defraudar. Se trata de "Los Templarios y el origen de la banca" de Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Dilema Editorial. Madrid, 2004.
En 1148 los Templarios realizan la primera gran operación económica que conozcamos, el préstamo a Luis VII de Francia de 2.000 marcos de plata (es decir, unas 6.000 libras tornesas o lo que es lo mismo, 484 Kgs. de plata) [Op. cit. pág. 36] Diecinueve años después del Concilio de Troyes, la economía del Temple es tan saneada que pueden disponer de esa importante cantidad (bien es cierto que dejando a la Orden con problemas económicos). ¿Procedían estos fondos del supuesto tesoro encontrado en el Templo? Para nada. Veamos las estimaciones del Sr. de la Torre Muñoz de Morales:
"Hemos estimado que las encomiendas no militares del Temple producían unos ingresos anuales de en torno a 197.245 libras tornesas de tiempos de San Luis, o unos 15.928 kilogramos de plata. Como la regla templaria muestra que efectivamente el Temple mantenía un tesoro en Ultramar, lo que se puede apoyar en el hecho de que la Orden otorga importantes préstamos en Oriente al menos desde 1147, cabe plantearse el origen de dicho tesoro. Nosotros creemos que la fuente del mismo reside en el excedente que los envíos de dinero desde Europa a Ultramar (las responsions) suponían sobre los gastos militares del Temple durante el S XII. Hemos estimado cómo el importe de dichos envíos estaba en torno a 65.748 libras tornesas al año, o 5.309 kilos de plata. También hemos estimado cómo los gastos militares del Temple no debían sobrepasar las 32.837 libras tornesas. o 2.652 kilos de plata. De esta forma, creemos que en circunstancias normales, el Temple era capaz de acumular 23.636 libras tornesas al año, lo que equivale a 1.907 kilos de plata." [Op. cit. Págs. 34-35]
Éste es el origen del tesoro de los Templarios del que, por cierto, tendremos ocasión de volver a hablar en próximas fechas. Así que nada de excavaciones en el Templo, tesoros enterrados ni verduras de las eras. Sencillamente, generaban una inmensa cantidad de dinero con la explotación de sus encomiendas en Occidente y enviaban a Oriente un tercio de esos fondos (las responsions) lo que permitía presentar un superavit muy saneado pese a que los gastos eran también enormes.
Prosigamos con D. Salomón-Fernández Bueno:
"Y es posible que entre esos manuscritos escondidos en el subsuelo de Jerusalén se encontraran parte de los evangelios apócrifos que tan de moda están hoy en día y que nos muestran un Jesús más humano; las bodas del "mesías" y la Magdalena; el misterio de su descendencia y, quizás, lo más importante: la verdadera identidad de ese al que San Juan, el Evangelista, llamaba Tomás Dídimo, palabra que procede del griego "didyme". ¿Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Rey de los Judíos tenía un hermano idéntico a él? Es más que probable..." (Pág. 231)
¡Qué arte para la fabulación, Dios mío...! No ha sido capaz de demostrar que existiera tal depósito de manuscritos en Jerusalén y pretende identificar su contenido con unos evangelios apócrifos que tampoco ha demostrado que existieran en los que se narrarían unos "hechos" que tampoco ha demostrado que existieran. A esto, en mi pueblo (que somos un poco brutos) le llamamos "ir de culo, cuesta abajo, sin frenos y con la carretera engrasada". Por cierto, la palabra Dídimo procede del griego "didimos" (gemelo) y es la traducción de Tomás que en arameo significa lo mismo. Según el apócrifo Evangelio de Santo Tomás el nombre de Tomás Dídimo (es decir, el gemelo -en arameo-, el gemelo -en griego-) era Judas con lo que, posiblemente, del que se creía que era hermano gemelo era de Santiago si se admite la identificación de Judas Tomás Dídimo con el Judas de la Carta de Judas: "Judas, servidor de Jesucristo y hermano de Santiago..." (Jd. 1, 1)
Como parece que hasta el propio D. Lorenzo se da cuenta de que la presentación de pruebas no va por buen camino, se siente en la obligación de decir algo al respecto:
"No era la primera vez que oía una narración similar, carente de pruebas, parte de una tradición oral escrita en el tiempo y en unos manuscritos custodiados por alguien muy interesado en mantener oculto el "legado". Eran demasiadas voces para pensar que todo formaba parte de una maquiavélica invención." (Págs. 231-232)
Por una vez voy a estar de acuerdo con D. Lorenzo, esa narración está "carente de pruebas". Es más, añadiría que está carente de cualquier cosa que semeje una evidencia, prueba... En lo que no voy a estarlo es en el carácter de tradición oral. De verdad que "El enigma sagrado" es un texto escrito que no pertenece a la tradición oral y "escrito en el tiempo" ¿qué quiere que le diga? Yo lo tengo escrito en un papel de lo más normal. Tampoco hablaría de "maquiavélica invención" y sí de "invención crematística".
Después de esto, no podía faltar la "guinda del pastel", vuelve el magistral Geofredo a ejercer de Pierre No-doy-una:
"Amigo mío, los monjes guerreros acuñaron monedas..." (Pág. 232)
Mal empezamos. Confunde los sellos del Temple (que es en los que aparece la Cúpula de la Roca y el caballo con dos jinetes) con monedas.
"Es irónico que aquellos que alcanzaron un poder militar y dinerario sin precedentes hasta entonces, que construyeron catedrales y se convirtieron en banqueros de monarcas y nobles predicaran un voto de pobreza." (Pág. 233)
¡Qué divertido! ¿Qué catedrales construyeron los Templarios? ¿Qué obispos templarios existieron para que necesitaran construirlas? ¿Que Charpentier dice...? Pues como si se opera, porque las auténticas construcciones templarias son pequeñas, casi desprovistas de decoración, de una humildad extraordinaria en la que no es nada difícil ver la influencia de la arquitectura cisterciense, es decir, todo lo opuesto a las catedrales góticas que ni fueron construidas por Templarios ni nada que se le semeje. Nuevamente estamos ante la táctica de ver si a base de repetir una afirmación (por supuesto, sin pruebas) termina por ser creída.
Por cierto, el voto de pobreza era, por supuesto, individual. Es decir, el Templario renunciaba a poseer bienes propios lo que no significaba que la Orden no pudiera tenerlos.
Después de tan sensacional ejemplo de patinaje sin hielo, regresan D. Lorenzo y D. Salomón, mejor dicho, regresa D. Lorenzo porque D. Salomón desaparece misteriosamente (para mí que ya se ganó las alas), así que la plena responsabilidad por los próximos errores recae en el Sr. Fernández Bueno (y hay unos cuantos como iremos viendo en próximos días).
NOTAS:
[1] Citado en Textos de Qumrán. Edición y traducción de Florentino García Martínez. Editorial Trotta. Valladolid, 2000.
-Continuará-