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Escritos desde el páramo

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (IV)

Viene de aquí
Ya a solas con si misma mismidad, el Sr. Fernández Bueno prosigue con su repaso a la historia (¿?) del Temple:
"Sin embargo, el poder definitivo llegó cuando el Papa Inocencio II dictó la bula Omne datum optimun mediante la cual los caballeros templarios quedaban liberados, si es que alguna vez no lo estuvieron, del yugo de los reyes de cada país, debiendo obedecer exclusivamente a la autoridad pontificia." (Pág. 234)
Pues muy divertido, pero la importancia de la bula Omne datum optimum (29 de marzo de 1139) es doble. Por un lado suponía el fin de las dudas que habíamos visto en el artículo anterior. Puesto que el Papa había hablado con total claridad calificándolos de defensores de la Iglesia y prometiendoles el perdón de sus pecados, ya no había lugar para cuestionarse su papel. Por otra parte, consagraba su autonomía. Esta independencia se estructura en torno a dos temas distintos, económico y nombramiento de los sacerdotes. Desde este momento los Templarios no están obligado al pago de diezmos y, por el contrario, pueden cobrarlos. Tampoco nadie puede exigirles parte alguna de los botines que caigan en su poder. En cuanto al nombramiento de sacerdotes, hasta ese momento dependían de los curas que las autoridades eclesiásticas quisieran concederles. La Omne datum optimum permitía que la Orden tuviera sus propios sacerdotes (y templos) que le deberían obediencia no a ningún obispo sino al propio Maestre del Temple. Todo ello suponía que el Temple se independizaba no del poder real sino de la jerarquía eclesiástica puesto que sólo dependían del Papa.
"En 1146 Eugenio III les autorizó a portar los hábitos blancos, y lo que es más importante, la cruz "pattée", roja como la sangre, y colocada sobre el corazón, que siglos más tarde adornaría las velas de tres naves capitaneadas por un marinero desconocido dispuesto a abrir una rita comercial ignota hacia las Indias..." (Pág. 234)
Dejaremos de momento a Colón (ya tendremos ocasión de hablar largo y tendido sobre él) y vayamos a las vestimentas de los Templarios que ni eran blancas (así, en general) ni su uso les fue autorizado en 1146. Ya en el Concilio de Troyes (1129) se recoge que los Caballeros tenían que vestir de blanco como símbolo de castidad y pureza (artículo 17 de la Regla) mientras que los Sargentos debían hacerlo de marrón o negro. Por tanto, en 1147, lo único que se les autorizó es a portar la cruz roja sobre sus hábitos, algo que antes les estaba prohibido puesto que no podían llevar ningún adorno en sus ropas (artículo 18 de la Regla). Un estudio más detallado de la indumentaria de los Templarios pueden encontrarlo aquí y aquí, ambos de mano de José Ignacio Villar Soto.
"Las posesiones de los monjes continuaban ascendiendo a un ritmo vertiginoso, al igual que la soldadesca que integraba sus filas. Al cabo de pocos años las casas y encomiendas que regentaban en Europa sobrepasaban con creces las mil, y el poderoso ejército templario estaba constituido por más de 50.000 hombres dispuestos a tomar las armas en nombre de la justicia divina." (Pág. 234)
En realidad, las estimaciones más serias calculan que el número de casas y encomiendas no superaba las mil, la mayoría de ellas en Francia (unas 660) [1] (Pág. 350). Por si les interesa saberlo, las cifras que da Gonzalo Martínez Diez para España son 32 encomiendas en el reino de Castilla, 15 encomiendas en el reino de Aragón, 15 encomiendas en Cataluña, 4 encomiendas en el reino de Valencia y 1 encomienda en el reino de Mallorca [2] (Págs. 423-429). En total, 67 encomiendas y no todas existieron simultáneamente. Si comparan estas cifras con los cientos y cientos de lugares templarios en nuestro país de los que hablan los escritores esotéricos se darán cuenta de que, sencillamente, están fabulando sobre lugares que de Templarios nunca tuvieron nada.
Por otra parte, lo que era propiamente el ejército Templario en Palestina (es decir, los hermanos Caballeros y los hermanos Sargentos) se calcula que en los decenios 1180-1190 no sobrepasaban los 3000 hombres (600 caballeros y 2000 sargentos) [3] (Págs. 112-113). Eso no quiere decir que no pudieran disponer de más hombres porque, en caso de necesidad, contrataban mercenarios como los turcópolos (tropas de caballería ligera que procedían de la población franca de Palestina) o soldados especializados en el uso de máquinas bélicas. Tampoco quiere decir que ese fuera el número de Templarios. Con frecuencia se olvida que no todos los Templarios combatían, es más, los soldados eran una minoría ya que el mantenimiento y la explotación de las numerosas casas y encomiendas en Europa empleaban a muchos más hermanos que el convento (es decir, las tropas móviles) y las guarniciones de las fortalezas templarias de Palestina.
Aunque a esas cifras anteriormente citadas habría que sumar las desplegadas en los reinos de España (que, sin duda, serían números menores) aun así estaremos muy lejos de los 50.000 soldados que dice tan alegremente D. Lorenzo.
"Manejando los hilos de la corona se encontraba un depravado personaje cuyas ansias de poder absoluto estaba por encima de cualquier cosa. Felipe IV "el Hermoso" jamás congenió con los mandatarios de la Orden: no en vano tuvo que sufrir la humillación de ser uno de los más importantes deudores de la banca templaria, y el tesoro real, ínfimo en calidad y cantidad comparado con las arcas del Temple, era "custodiado" en la Casa de estos en París, en el cuartel general de los monjes guerreros para mayor vergüenza del Rey..." (Pág. 235)
Vamos a ver qué hay de cierto en eso. Cuando Felipe IV llega al trono en 1286 se encuentra con que debe al Temple la friolera de 101.000 libras. Cuatro años después la cifra se había reducido a 53.707 libras. [1] (Pág. 92)
En 1295 comienza el translado del tesoro francés desde el Temple al Louvre (se encontraba allí desde el reinado de Felipe Augusto tanto por la seguridad del lugar como por la absoluta honradez y competencia de los Templarios -los pocos casos en los que algún hermano practicó el desfalco acabó con el delincuente haciendo compañía a las ratas de las mazmorras-). Esta operación concluyó en 1296. Sin embargo, el rey Felipe continúa teniendo unas magníficas relaciones con el Temple que, por un lado, continúa haciéndole los préstamos que necesita y, por otro, continúa interviniendo en las finanzas reales.
Tanto es así que en 1303, después de la derrota de los franceses ante el ejército de Flandes, el monarca ordena que el tesoro de Francia regrese al Temple. En 1305 el Temple paga la pensión de alguno de los soldados franceses, en 1306 abona la soldadas [1] (Pág. 95)... Esta relación privilegiada llega hasta el mismo día 13 de octubre de 1307 cuando todos los templarios franceses son detenidos simultáneamente por orden de Felipe IV. ¿Qué había sucedido? Algo mucho más complicado que lo que se ha venido diciendo hasta hoy. No es algo tan sencillo como el habitual: "Es que Felipe IV debía mucho dinero al Temple y como no podía pagar..."
Cuando Felipe IV llega al poder, la libra tornesa contenía 3,95 grs. de plata en vez de los 4,05 de los tiempos de S. Luis. [1] (Pág. 257) En 1290, las minas de plata alemanas de las que procedía la mayoría de este metal que se empleaba en Europa se están agotando y disminuye su producción. Esto, por supuesto, crea una gran carestía. Para paliarla se procede a la reacuñación, es decir, a la eliminación de parte de la plata que estaba presente en las monedas en circulación, con lo que éstas mantienen su valor nominal pero su valor real disminuye. Evidentemente esto provoca una gran inflación y un aumento de los gastos. No obstante, eso lo sabemos hoy, pero entonces parece que nadie reparó en ello, así que Felipe IV continúa la reacuñación de moneda (nueve veces entre 1295 y 1303 y seis de 1304 a 1305) [1] (Pág. 260) con lo que consigue disparar el gasto y que los franceses hagan desaparecer la moneda en circulación (obviamente, a ver quién era el idiota que accedía de buen grado a llevar sus monedas a las cecas reales para que se las devolvieran con menos plata de la que tenían previamente). Además, se crean problemas sociales porque las rentas que pagaban los agricultores valían (en realidad, aunque sobre el papel fueran iguales) mucho menos lo que crea problemas a los perceptores, nobles e Iglesia. [1] (Pág. 261) La única solución era reacuñar la moneda al alza, pero para ello se precisaba una cantidad ingente de plata. Ya en 1302, a consecuencia de la derrota ante los flamencos, ordenó que los funcionarios llevaran a las cecas todas las vajillas de oro y plata con objeto de sostener la libra tornesa (los particulares debían entregar la mitad). [1] (Pág. 263) Para entonces, la libra tornesa sólo poseía 1,36 grs. de plata. [1] (Pág. 267)
El fin de la guerra con Flandes con la victoria francesa en Mons-en-Puelle (1304) supone un alivio momentáneo al poder prescindir de los inmensos gastos militares. Sin embargo, la cantidad de plata necesaria para volver a la normalidad era de más de 106 toneladas. El superávit francés, una vez eliminados los gastos extraordinarios de la guerra con Flandes, era de 0,5 toneladas de plata al año, es decir, que se necesitarían más de 200 años de dedicar todo el superávit a ese fin para poder regresar al valor inicial de la libra tornesa, pero el descontento de los propietarios por el asunto de las rentas "basura" y el del pueblo que estaba imposibilitado de adquirir lo necesario para subsistir ante el alza de los precios, hacía imposible el mantener la situación.
El primer paso fue la expulsión y expropiación de los bienes de los judíos, pero así "sólo" consiguió 15,6 toneladas de plata. [1] (Pág. 273) Aún necesitaba unas 90 toneladas y no había más que un lugar en el que pudiera encontrarlas.
En julio de 1307, el príncipe de Gales (futuro Eduardo II) que atravesaba por dificultades financieras, las solucionó asaltando el Temple de Londres. Se apoderó de 50.000 libras esterlinas más joyas y oro. [1] (Pág. 274) Felipe IV se decidió a realizar lo que ya había planeado. El Temple francés estaba sentenciado.
NOTAS:
[1] Véase Los Templarios y el origen de la banca. Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Dilema editorial. Madrid, 2004.
[2] Véase Los Templarios en los reinos de España. Gonzalo Martínez Diez. Ed. Planeta. Barcelona, 2001.
[3] Véase Templarios. La nueva caballería. Malcolm Barber. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001.
-Continuará-

Diálogo de civilizaciones

¿De qué sirven hoy las palabras?

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (V)

Viene de aquí
Requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis.
Aunque sin ninguna gana, debemos proseguir nuestro trabajo pese a que la cabeza y el corazón estén en Londres y no aquí.
"No en vano el miedo del rey a que los caballeros estuvieran atisbando la creación de un Estado soberano, bajo los postulados de la Orden, le fue refrendado por el enorme volumen de oro y plata que portaban sus ahora enemigos, unido a la maestría que mostraban en el arte de las armas, consecuencia de años de muerte y supervivencia en el campo de batalla." (Págs. 235-236)
En realidad, tal temor no existía como tampoco la pretensión templaria de constituirse en estado soberano (¿Los Templarios Unidos de Europa?) Las razones para la caída del Temple fueron, como acabamos de ver, económicas. Antes de destruir la Orden como única forma de apoderarse "legalmente" de su tesoro, Felipe IV intentó otras soluciones tanto para conseguir el dinero que precisaba como para "mangonear" al Temple. Si hubiera tenido la menor sospecha de que los Templarios eran una amenaza para el reino, su actitud hubiera sido distinta, habría actuado contra la Orden directamente y desde un primer momento. Sin embargo, antes de proceder al arresto de todos los Templarios franceses, Felipe IV había expropiado a los banqueros lombardos y a los judíos franceses, y había conseguido del Papa el permiso para imponer un diezmo a los ingresos eclesiásticos como contribución de la Iglesia para financiar una Cruzada contra... Aragón (no, no es que los aragoneses se hubieran convertido en masa al islamismo sino que estaban enfrentados al Papado por la cuestión siciliana). Sólo cuando comprobó que nada de esto fue suficiente y que la situación social era insostenible, fue cuando actuó contra el Temple no sin antes realizar un intento (que luego veremos) de convertirse en el máximo dirigente de la Orden.
Además, en esos momentos el poder militar de la orden no tenía nada de preocupante para el monarca francés. Occidente siempre había sido (salvo en los reinos de España) una zona de retaguardia. En ella se reclutaba a los caballeros y a los sargentos y, por supuesto, en sus encomiendas se generaba la riqueza que sostenía económicamente a las fuerzas de combate en Palestina.
Con la caída de San Juan de Acre (1291) la situación no varió. La Casa Central se trasladó a Chipre (el tesoro se transfirió a Francia por una mera cuestión de seguridad) y desde allí se producían las ofensivas templarias como el ataque a Tortosa en 1300 o el establecimiento de una guarnición en la isla de Ruad que resistió hasta 1302.
Ni siquiera esas tropas tenían nada que ver con las de antaño. Cuando la detención de los Templarios se extendió desde Francia hasta el resto de Europa, en Chipre sólo había 83 caballeros y 35 sargentos [1] (Pág.277) una fuerza terrible que, sin duda, le quitaba el sueño a Felipe IV.
"Los intentos por erradicar esta soberbia no sirvieron de mucho. Baste recordar que el pontífice Nicolás IV intentó devolverles a su primigenia humildad uniéndoles a la otra gran Orden, los Hospitalarios de San Juan, a pesar de conocer las fricciones que existían entre ambos, y su fracaso fue más que evidente." (Pág. 236)
Por supuesto que fracasó, pero no por la soberbia de los Templarios y tampoco por las muy exageradas diferencias que mantenían con los Hospitalarios. Vamos primero con esta última cuestión:
Templarios y Hospitalarios competían en atraer para sí soldados, recursos económicos... además del prurito por destacarse el campo de batalla, pero siempre tuvieron presente que su objetivo era el mismo, como también el que no había nada más parecido a un Templario que un Hospitalario (y viceversa). No es sólo que combatieran, mataran y murieran juntos en numerosas batallas (por ejemplo, después del desastre de los Cuernos de Hattin, Templarios y Hospitalarios -y sólo ellos- fueron decapitados por orden de Saladino que no sólo asistió a la ejecución dando muestras de gran alegría sino que recompensó generosamente a los verdugos en una escena que Ridley Scott olvidó incluir en "El reino de los cielos") sino que también la Regla del Temple en el apartado de Los Estatutos Jerárquicos dice:
"y tampoco deberían ir al alojamiento de un seglar o persona de religión sin permiso, a menos que estén acampados cuerda a cuerda con el Hospital." [2] (Pág. 74)
"Y si ocurre que los cristianos son derrotados, de lo que les salve Dios, mientras quede un estandarte picazo en alto ningún hermano debería dejar el campo de batalla para volver a la guarnición; pues si se va será expulsado de la casa para siempre. Y si ve que ya no queda ningún otro recurso, debería ir al estandarte cristiano o del Hospital más próximo si hay uno..." [2] (Pág. 80)
Por otra parte, el proyecto papal de unión de las órdenes militares ocultaba el propósito de Felipe IV de ponerlas bajo su control. La propuesta (que por supuesto fue rechazada) consistía en fusionarlas bajo la denominación de Orden de la Caballería de Jerusalén. Seguidamente, Felipe IV renunciaría al trono francés y sería nombrado primer maestre de los nuevos caballeros. El liderazgo sería hereditario. [3] (Pág. 304) La propuesta era un auténtico disparate por múltiples razones. Veamos tres de ellas:
1- Este repentino interés por iniciar una nueva Cruzada por parte de un monarca que siempre se había negado a tomar la cruz era, por lo menos, muy sospechoso. La nueva Orden acumularía las posesiones de todas ellas lo que suponía una inmensa fortuna cuyo manejo era, muy posiblemente, lo que realmente interesaba a Felipe IV.
2- El nuevo maestre que, supuestamente, debía conducir una nueva Cruzada no tenía ni puñetera idea de la situación en Palestina. Por tanto, el que esa expedición acabase en un desastre total era previsible.
3- Los restantes monarcas europeos (y gran parte de la nobleza) que tenían buenos motivos para acordarse a diario de la familia de Felipe IV (con especial énfasis en la profesión de su señora madre) pondrían el grito en el cielo si se enteraban de que su querido enemigo era el nuevo "mandamás" de una Orden que tenía efectivos en su propio territorio. La amenaza de que pudiera convertirlos en una "quinta columna" al servicio de Francia podría conducir a medidas como la expulsión y, por tanto, a su debilitamiento en lugar de su fortalecimiento.
Con toda razón, los Templarios se negaron a esa chorrada y eso, por supuesto, les costó su propia existencia.
"De este modo la única solución que quedaba era desprestigiar a los monjes, conferirles una imagen más cercana a lo demoníaco que a defensores del dogma cristiano. Para apoyar tales aseveraciones surgió la figura de un ex convicto de nombre Esquino Floriano, que haciendo honor a su nombre se apresuró a lanzar coces a diestro y siniestro, acusando a los templarios de sodomía, de adorar ídolos profanos, de llevar a cabo rituales diabólicos, de escupir y pisar la Santa Cruz..." (Págs. 236-237)
D. Lorenzo está que se sale. Por de pronto, no termino de pillar qué tiene que ver el nombre de Esquieu de Floyran con "lanzar coces a diestro y siniestro". Tampoco es que importe porque el nombre no es algo que influya realmente en esa capacidad de coceo. ¿Verdad, D. Lorenzo? Claro que puesto a no entender, tampoco es que comprenda demasiado bien qué son unos "ídolos profanos". ¿Se referirá, por ventura, a Alejandro Sanz, Raúl, Fernando Alonso...? Porque para el que cree realmente en un ídolo (de los otros), éste no tiene nada de profano sino que es sagrado.
"No tardaron en llegar a oídos del Gran Maestre Jacques de Molay las gravísimas acusaciones que se vertían sobre él y los suyos, y de regreso a Francia, después de permanecer en Palestina por espacio de meses intentando contener los escarceos de las hordas musulmanas..." (Pág. 237)
Pues no, Jacques de Molay donde había estado era en Chipre preparando una nueva Cruzada. Por cierto, ¿"escarceos de las hordas musulmanas"? Creo que hubiera sido mejor usar otra palabra que, por aquello de los diversos significados posibles, no diera pie a pensar que "las hordas musulmanas" eran una panda de "locas" de cuidado. Más que nada, porque considerando que una de las razones aducidas para el arresto de los Templarios fue que cometían actos contra natura (no, no se referían a que levitaran, practicaran la bilocación...) no sea que alguien vaya a creer que las Cruzadas eran algo así como el Día del Orgullo Gay.
"Jacques de Molay y su séquito fueron arrestados días más tarde cuando pacíficamente salía del funeral de la condesa de Valois, ante el estupor de la muchedumbre allí reunida." (Pág. 237)
Además de apuntar que resulta de agradecer que D. Lorenzo señale que Jacques de Molay salió "pacíficamente" del funeral de Catherine, esposa de Carlos de Valois, hermano de Felipe IV, porque si no fuera por tan sabia precisión podríamos pensar que salió repartiendo estocadas a los presentes, el Gran Maestre no fue detenido en ese momento sino, como todos los demás templarios franceses, en la madrugada siguiente. Más que nada, porque hubiera resultado un poco "jodido" arrestar a Jacques de Molay en un sitio público sin que el secreto de la operación se fuera al garete.
"Era el momento de huir. Los freires franceses sabían que en países como España, Portugal, Alemania o las islas británicas los juicios y los infundios lanzados contra sus compañeros se desestimaron, mientras que en Francia decenas de ellos estaban siendo quemados vivos antes de que las sentencias fueran dictadas." (Pág. 240)
Más le hubiera gustado a los templarios franceses que poder huir. Todos fueron detenidos (excepto un pequeño número de entre 12 y 24 miembros de las Orden que se libraron por diversos motivos, desde los que habían "desertado" del Temple en los días anteriores al arresto por motivos particulares, a los que pudieron huir al darse cuenta de lo que estaba pasado. De ellos, varios fueron detenidos en los días siguientes. El único "pez gordo" que se libró de la redada fue Gérard de Villiers, preceptor de Francia, porque Imbert Blanke, preceptor de Auvernia, se "dio el pire" a Inglaterra sólo para ser allí arrestado). Los detenidos, en contra de las reiteradas peticiones del Papa que solicitaba fueran puestos bajo su custodia, permanecieron prisioneros de la corona francesa hasta que se iniciaron los juicios. La inmensa mayoría de los templarios había confesado su participación en alguno o en todos los delitos de los que se les acusaba (básicamente, homosexualidad, idolatría y herejía) gracias a unos "agradables" métodos de interrogatorio como la estrapada (después de eso, hubieran confesado que fueron ellos lo que mataron a Abel). Por tanto, en los juicios tenían dos posibilidades. La primera era ratificar la confesión en cuyo caso eran considerados culpables pero como reconciliados podían desde ser puestos en libertad (en especial si habían colaborado con lo que Felipe IV esperaba, es decir, que sus declaraciones inculpasen gravemente a la Orden) hasta sufrir penas de prisión más o menos graves. La segunda era retractarse de la confesión con lo que pasaban a ser considerados herejes relapsos lo que equivalía a la muerte inmediata en la hoguera. Obviamente, después de la primera quema de cincuenta y cuatro templarios que se retractaron de sus primeras confesiones en el Concilio Provincial de Sens (en el que se les estaba juzgando) el 12 de mayo de 1310, casi todos ratificaron sus confesiones. Así que los que quedaban en libertad era porque habían confesado conocer que en la Orden del Temple se incitaba a la sodomía, a la herejía y a la idolatría. ¿Para qué iban a querer reunirse con los Templarios de otros países que, no habiendo sido sometidos a tortura, negaban tales acusaciones? ¿Qué se supone, que iban a recibirlos con los brazos abiertos? Por no hablar, de que los miembros de la Orden en otro países también tenían problemas porque las detenciones se generalizaron cuando se supo lo que estaban confesando los Templarios franceses.
"El horrendo plan del rey se consumó con el juicio público de Jacques de Molay, maestre de la Orden; Geoffrey de Charney, Preceptor de Normandía: Geoffrey de Goneville, Preceptor de Aquitania; y Hugues de Peraud, Visitador de Francia, el 18 de mayo de 1314.
Los condenados, atisbando que la muerte les rondaba cercana, tras sufrir los avatares de años de prisión encomendaron su alma al Creador. Jacques de Molay, hombre recto y de duras facciones, dio un paso y con voz firme se dirigió a la muchedumbre:
"Mi pena es la de haber mentido y negado mis creencias por intentar salvar la vida, incurriendo con ello en traición para con mis hermanos y para con la Sagrada Orden del Temple. Que se sepa que somos inocentes de aquello que nos imputan, y que antes de doce meses cumplidos esos mismos que se atreven a juzgarnos serán víctima de su propia codicia"." (Pág. 240)
Que se sepa que D. Lorenzo sigue con su mal hábito de poner en boca ajena sus propios discursos y, también, con la pésima costumbre de no contrastar lo que dice. Por de pronto, esos sucesos no acontecieron el 18 de mayo de 1314 sino el 18 de marzo de 1314. Por otra parte, las palabras que le atribuye a Jacques de Molay son un invento suyo. Las palabras que, supuestamente, pronunció Jacques de Molay (y cuando estaban a punto de ejecutarlo y no durante el juicio) fueron:
"Yo, que estoy en el último conflicto, cuando es cosa depravada dar lugar a la más leve mentira, deliberada, y ciertamente confieso que yo he cometido una grave maldad contra mí y los míos, y que he merecido la pena de muerte con horroroso castigo, porque he levantado contra mi Orden, tan apreciable por la Católica Religión que profesaba, a contemplación de aquellos, que no era razón, y por conservar la vida , y escapar de los tormentos crueles, delitos, y maldades, y ahora no necesito se me conceda la vida, ni retenerla con una nueva mentira sobre lo antecedente." [4] (Pág. 97)
El discurso que supuestamente (los cronistas de la época tenían la misma costumbre de D. Lorenzo de inventarse las palabras aunque el sentido sí sería ése) pronunció en el juicio fue:
"Como quiera que al fin de la vida, no sea tiempo de morir sin provecho, yo niego y juro por todo lo que puedo jurar, que es falso todo lo que antes de ahora se ha acriminado contra los Templarios, y lo que de presente se ha referido en la sentencia dada contra mí, porque aquella Orden es santa, justa y Católica. Yo soy el que merezco la muerte por haber levantado falso testimonio a mi Orden, la cual antes ha servido y sido muy provechosa a la religión Cristiana, e imputándoles estos delitos y maldades contra toda verdad a persuasión del Papa y el Rey de Francia; lo que ojalá, yo no hubiera hecho. Sólo me resta rogar, como ruego a Dios, si mis maldades dan lugar, me perdone; y juntamente suplico que el castigo y tormento sea más grave, si por ventura por este medio se aplacase la ira divina contra mí, y pudiese mover con mi paciencia a los hombres a misericordia. La vida ni la quiero ni la he menester, principalmente con tan grave maldad como me convidan a que cometa de nuevo. ¡Ay! ¿De qué me serviría prolongar días tan tristes que no serían debidos sino a la calumnia?
Yo sé los suplicios que han afligido a todos los Caballeros que han tenido valor para revocar las falsas confesiones; no obstante el espectáculo terrible que se me presenta no es capaz de hacerme confirmar la primera mentira por una segunda. A una condición tan infame, yo renuncio de buen corazón a la vida." [5] (Tomo IV, Págs. 161-162)
Prosigue D. Lorenzo:
"Minutos después los cuatro soldados, con porte marcial y orgullosa, la que durante dos siglos mitificó a los miembros de la Orden de los Caballeros Pobres del Templo de Salomón, fueron conducidos a la hoguera en la Isla de los Judíos, en el corazón del Sena." (Pág. 240)
Evidentemente, el Sr. Fernández Bueno no se entera ni de que "porte" tiene género masculino ni de lo que realmente sucedió en París. Volvamos hacia atrás para contar toda la historia. La Orden del Temple ya no existía porque había sido disuelta por la bula Vox in excelso el 22 de marzo de 1312:
"abolimos la ya citada Orden del Temple y su constitución, hábito y nombre por un decreto irrevocable y perpetuo y la sometemos a un veto perpetuo con la aprobación del santo Concilio, prohibiendo taxativamente a nadie que intente entrar en el futuro en la Orden, o recibir o llevar su hábito, o actuar como templario. Si alguien actua contra esta disposición, incurrirá en la pena de excomunión ipso facto." [6] (Pág. 334)
La opinión pública francesa que primero había recibido con sorpresa la noticia de la detención de los Templarios y con indignación las "confesiones" realizadas estaba, no obstante, cambiando de parecer tanto al conocer las ejecuciones ya mencionadas como el "cachondeo" que se traían en los restantes países europeos a costa de la actuación de Felipe IV al que acusaban, directamente, de ladrón y del Papa Clemente V al que tildaban de marioneta del monarca francés. El "lío" que se organizó a continuación por la sucesión de los derechos de propiedad de las encomiendas templarias no contribuyó a apaciguar los ánimos. Es sabido que el Papa (por una vez contra el parecer de Felipe IV que quería dotar con ellas a una nueva Orden militar) por la bula Ad providam del 2 de mayo de 1312 otorgó esos bienes en Francia a la Orden de los Hospitalarios y por la Considerantes dudum del 6 de mayo de 1312 dispuso que los ex-templarios considerados inocentes o los culpables reconciliados debían ingresar en las órdenes monásticas que libremente eligieran porque los votos realizados por ellos seguían siendo válidos. Con ello, el problema de los Templarios hubiera debido quedar resuelto, pero quedaban flecos.
El primero es que, evidentemente, los monarcas europeos no tenían el menor deseo de desprenderse de las cuantiosas propiedades de la Orden (el proceso se alargaría a lo largo de los años e incluso Felipe IV llegó a la desfachatez de hacerse pagar por los Hospitalarios la cantidad de 200.000 libras tornesas como compensación por la supuesta pérdida del tesoro real depositado en el Temple parisino) y la Corona francesa bajo Felipe IV y sus sucesores obtuvo, además, 60.000 libras por los gastos que les había ocasionado los juicios a los Templarios además de quedarse con 2/3 de las rentas producidas por las encomiendas desde su expropiación hasta la cesión a los Hospitalarios, el perdón de las deudas que tuviera Francia con el Temple y la propiedad de las encomiendas de las que ya hubiera dispuesto libre e ilegalmente la Corona. Aunque parte de estos hechos sucedieron ya después de marzo de 1314, el escándalo fue considerable.
El segundo problema es que los cuatro principales dirigentes del Temple capturados en Francia, Jacques de Molay, Hugues de Pairaud, Geoffroi de Gonneville y Geoffroi de Charney no habían sido juzgados. Para solucionarlo se convocó el Concilio de París. Los acusados comparecieron el 18 de marzo de 1314 en la catedral parisina. Como habían confesado, se les condenó a cadena perpetua. Con ello, la escenificación del paripé que había organizado Felipe IV con la complicidad del papa Clemente V estaba satisfecha. Las dudas que hubieran podido quedar sobre la justicia del proceso contra el Temple debían olvidarse. ¿Que los Templarios de Castilla, Aragón, Portugal, Alemania... habían sido absueltos por los Concilios de Salamanca, Tarragona, Orense, Trier...? Ellos podían ser inocentes, pero si los máximos dirigentes del Temple en Francia (y el Gran Maestre) confesaban era porque la corrupción es ese reino era auténtica. Todo ese montaje se les vino abajo porque dos de los acusados, Jacques de Molay y Goffroi de Charney se retractaron públicamente de sus confesiones mientras Hugues de Pairaud y Geoffroi de Gonneville permanecieron en silencio. Por tanto, los dos relapsos (para la justicia de la época, claro) fueron entregados al preboste de París mientras el Concilio deliberaba qué hacer con ellos. Cuando Felipe IV se enteró ordenó que fueran inmediatamente quemados lo que se cumplió en la tarde de ese mismo día. Ambos murieron proclamando la inocencia del Temple y su cristianismo. Los otros dos acusados, Hugues de Pairaud y Geoffroi de Gonneville, no tuvieron ocasión de demostrar "su porte marcial y orgullosa" porque fueron conducidos a prisión donde murieron.
Fue el fin del Temple, pero no el de las afirmaciones esotéricas. Si hasta el momento estábamos pasando un buen rato gracias a las chorradas afirmadas por el Sr. Fernández Bueno, eso no es más que el principio. Nos espera el tesoro del Temple que se encuentra en una isla canadiense... ¡Ay, Dios!
NOTAS:
[1] Véase Los Templarios y el origen de la banca. Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Editorial Dilema. Madrid, 2004.
[2] Citado en El código Templario. J. M. Upton-Ward. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000.
[3] Véase Templarios. La nueva caballería. Malcolm Barber. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001.
[4] Citado en Dissertaciones históricas del orden y cavallería de los Templarios. Pedro Rodríguez Campomanes. Ed. Oficina de Antonio Pérez de Soto. Madrid, 1747. (Me he permitido actualizar la ortografía del original para que sea más fácilmente comprensible)
[5] Citado en Historia General de los Caballeros del Temple. Mateo Bruguera. Ed. Editorial Alcántara S. L. Madrid, 2000.
[6] Citado en El juicio de los Templarios. Malcolm Barber. Trad. Teresa Garín Sanz de Bremond. Ed. Complutense S. A. Madrid, 1999.
-Continuará-

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (VI)

Viene de aquí
Habíamos dejado al Sr. Fernández Bueno sumido en el error y sin el menor riesgo de que logre salir de él. Una vez terminado su deplorable repaso a la historia del Temple desde su fundación a la muerte de Jacques de Molay en la hoguera, comienza a preguntarse por el paradero del tesoro del Temple. Entiendan lo del "preguntarse" como un recurso retórico porque D. Lorenzo sabe (faltaría más) qué pasó con el tesoro:
"Cuentan las crónicas que mientras los últimos templarios expiraban en el fuego, un carro con parte del "tesoro", quién sabe si representado en la asustada presencia de un joven de corta edad y varios pergaminos, abandonó París rumbo a las tierras del sexto Gran Maestre de la Orden, Bertrand de Blanchefort, y más concretamente a una de sus encomiendas, la situada en la localidad de Rénnes-le-Château..." (Págs. 240-241)
La sucesión de chorradas es memorable. Veamos, si los Templarios franceses son detenidos el 13 de octubre de 1307 y Jacques de Molay es quemado el 18 de marzo de 1314 (es decir, más de seis años y medio después) ¿dónde había estado el "tesoro" hasta ese momento? ¿En la fortaleza del Temple que es al primer lugar al que se dirigieron las tropas francesas y que desde ese momento estuvo bajo su control? Veamos diversas posibilidades:
Primera posibilidad, los Templarios sabían que iban a ser detenidos y pusieron a salvo su tesoro. Bien, pero no parece que el sitio más adecuado para esconderlo fuera el mismo París ¿no?. Además tampoco eso explica porqué se quedaron esperando el arresto Jacques de Molay y el resto de "mandamases" (y puede olvidarse de ningún espíritu de sacrificio porque los que pudieron huir de las tropas francesas lo hicieron, caso, como ya dijimos, del preceptor de Francia, Gérard de Villiers).
Segunda posibilidad, los Templarios no sabían que iban a ser detenidos, pero no guardaban su tesoro en el Temple y, por tanto, éste no pudo ser capturado por los soldados franceses. Recordemos que todas las propiedades templarias en Francia pasaron a depender de la Corona desde ese momento y hasta (al menos nominalmente) 1312 con lo que volvemos a estar en las mismas. ¿Los franceses tuvieron debajo de sus narices el tesoro durante años y no se enteraron de ello? Pues en el caso de un tesoro en oro y plata todavía podía ser posible pese a que esos lugares fueron registrados, pero no en el caso de que el tesoro fuera un joven. En cualquier caso, resulta poco creíble que objetos de valor fueran guardados en cualquier parte menos en la Torre que se usaba precisamente para tal fin.
Tercera posibilidad, los Templarios no sabían que iban a ser detenidos y guardaban su tesoro en el Temple de París y, por tanto, fue capturado por las tropas francesas. Esto a su vez abre otras dos opciones, la Corona dejó escapar (o devolvió, o cedió...) parte de ese tesoro o, segunda opción, se quedó con él. Lo primero, conociendo la personalidad de Felipe IV, podemos obviarlo. Sin embargo, si las tropas francesas se apoderaron del tesoro del Temple debería quedar alguna prueba de ello ¿no? Pues sí, y después veremos que esta posibilidad es la única que se ajusta a los hechos históricos. Pero antes volvamos a las afirmaciones del Sr. Fernández Bueno arriba reproducidas. Dice que "Cuentan las crónicas..." pero no indica cuáles son éstas. Así las cosas, podemos suponer que eso no es cierto al menos hasta que aclare la identidad de esas fuentes, máxime cuando el contenido de las supuestas crónicas es una colección de chorradas que, además, contradicen lo que dijo anteriormente porque recordemos que la supuesta procedencia de los manuscritos supuestamente encontrados en Rennes era el Montségur cátaro. Ahora resulta que no, que era el tesoro templario de París. ¿Un nuevo y misterioso caso de "incertidumbre cuántica" como el del cuerpo de Jesús en Cachemira y en Rennes o sólo es que D. Lorenzo tiene muy mala memoria?
Sobre el intento de meter en el tinglado a Bertrand de Blanchefort, ya hablamos del tema aquí y ahora nos limitaremos a añadir que en marzo de 1314 no había encomienda templaria en Rennes ni en ningún otro lugar porque la Orden llevaba casi dos años disuelta como dijimos en el artículo anterior. A esas alturas, las propiedades francesas que fueron del Temple o habían pasado a manos de la Corona (o de las personas que ésta hubiera designado) o a la de los Hospitalarios. Salvo que quiera "meter en el ajo" a la Orden del Hospital de San Juan, la pretensión es nuevamente absurda (y el intentar involucrar a los Hospitalarios también porque esa Orden continúa existiendo aunque ahora es conocida popularmente como Caballeros de Malta y su relación con el esoterismo es nula).
"Custodios del Grial, protectores de la Sangre Real, poseedores de manuscritos de transcendencia ilimitada, conocedores de los secretos de Jesús tras la crucifixión, idealistas capaces de orquestar la estructura de un Estado soberano regido por el descendiente del nazareno..." (Pág. 241)
Si se preguntan dónde están las pruebas de todas esas afirmaciones, sepan que yo también lo hago porque las presentadas hasta el momento no valen un pimiento, como hemos ido viendo.
"Lo cierto es que cuando se produjo el asalto a la Casa del Temple en París, esta ya había sido desprovista de las "riquezas" que los agresores perseguían. Varios barcos de la flota partieron de su puerto más importante en La Roselle, algunos de ellos con destino incierto, otros hacia la vecina Portugal, donde con el tiempo unificarían criterios bajo el nombre de Caballeros de la Orden de Cristo, con miembros tan ilustres como Vasco da Gama, que portaría la cruz de ocho puntas en sus velas en los viajes por África." (Pág. 241)
Bueno, pues si eso es "Lo cierto" lo que ha contado más arriba no lo es. Si las "riquezas" ya habían salido de Francia el 13 de octubre de 1307, no pudieron salir de París el 18 de marzo de 1314 salvo que nos quiera "vender la moto" de que salieron, volvieron a entrar, volvieron a salir... y eso parece más el guión de una "peli" porno que otra cosa.
Volvamos al tema. Supongo que cuando habla de La Roselle se refiere en realidad a La Rochelle, la base naval templaria que adquirió importancia por la nada misteriosa razón de que desde allí se exportaba el vino producido en las encomiendas del Poitou a Inglaterra. [1] (Págs. 189-190) Claro que considerar La Rochelle como vecina de Portugal es para ponerle un cero en geografía europea, pero como tampoco los Caballeros de la Orden de Cristo unificaron criterios con nadie... Sencillamente, años después (en 1319) D. Dionís de Portugal obtuvo la autorización papal para crear una nueva Orden militar, la de los Caballeros de Cristo, a la que pasaron los bienes (y en algún caso, los ex-Templarios portugueses pero ni todos ellos ni sólo ellos) expropiados a la Orden del Temple. Esta solución ya había sido adoptada en Aragón con la constitución de la Orden de Montesa (1317). Si se están preguntando que pasó con los bienes Templarios en Castilla, éstos tuvieron distintos fines, unos fueron vendidos a la Orden de Alcántara, otros fueron ocupados por la Corona o por señores feudales y otros donados a las Órdenes de Uclés y Calatrava. Finalmente, la bula del 14 de marzo de 1319 ordenó que pasasen a los Hospitalarios, pero como para entonces ya se había dispuesto de ellos, los Caballeros de San Juan tuvieron que entrar en negociaciones que se prolongaron a lo largo de años. [2] (Pág. 344)
Regresemos a Portugal ¿por qué aparece en esta historia Vasco da Gama? Sencillamente, porque D. Enrique el Navegante fue también Gran Maestre de la Orden de Cristo y desde entonces las naves portuguesas llevaban en sus velas la cruz de la Orden, así de misteriosa es la cuestión...
Aclarado esto, hora es ya de solucionar el supuesto enigma del tesoro del Temple. ¿Partió de La Rochelle? Pues como no se encontraba en el puerto francés, eso es un tanto difícil. Para poder darle la razón al Sr. Fernández Bueno, éste tendría que demostrar en primer lugar que el tesoro había abandonado con anterioridad la Torre del Temple en París porque es allí donde estaba depositado, pero para que eso resultara creíble tendría que probar que los Templarios tenían conocimiento previo (y con mucha antelación) de los planes de Felipe IV. Si éste fuera el caso, de nuevo nos encontraríamos con el mismo problema ya señalado antes: si los Templarios sabían que iban a ser detenidos ¿por qué se quedaron sentados esperando el arresto?
Sin embargo, no es sólo que esto resulte ilógico, es que además tropieza con un grave problema de orden práctico, el de transladar una inmensa cantidad de monedas, metales preciosos... sin que nadie se diera cuenta y desde un lugar en el que había funcionarios reales (lógicamente, al estar también depositado el tesoro francés en el Temple su control estaba supervisado por las personas designadas por el monarca. Estos funcionarios, que no eran Templarios, eran Les clercs du Temple y el el Tesorero) [1] (Págs. 75-76)
¿De qué cantidad estamos hablando? Pues hagamos una sencilla regla de tres, si en el Temple de Londres se guardaban los beneficios acumulados por unas 60 casas y éstos ascendían en julio de 1307 al equivalente a 50.000 libras esterlinas (es decir, 18.375 kilogramos de plata) porque ésa es la cantidad que robó el príncipe de Gales, en París, que guardaba los beneficios acumulados de unas 660 casas, la cantidad podría ascender a ¡más de 200 toneladas de plata! [1] (Pág. 279) (Obviamente, esto es meramente aproximativo porque las cantidades desembolsadas por el Temple de París eran también superiores a las de su sede en Londres. La cantidad real, no obstante, posiblemente superaba las 100 toneladas de plata). La verdad, transladar ese peso con los medios de la época no era ninguna broma, máxime cuando los transportes tenían que ir bien protegidos por obvias razones de seguridad.
Sin embargo, de momento nos hemos limitado a señalar los puntos débiles de las distintas posibilidades sobre el destino del tesoro del Temple. Ahora tenemos que demostrar que las tropas francesas se apoderaron de él el 13 de octubre de 1307. Para ello aportaremos dos claras pruebas, una indirecta y otra directa.
Vamos con la primera. Partimos de un Felipe IV que estaba deseoso de apoderarse del tesoro del Temple por las razones ya señaladas (no hay más que ver las instrucciones que dispuso sobre los bienes del Temple que debían ser inmediatamente inventariados y que él mismo se personó a primeras horas de la mañana del 13 de octubre en el Temple de París para supervisar la operación). En las preguntas que se formularon a los Templarios detenidos en Francia figuran cuestiones sobre los ídolos a los que supuestamente adoraban, sobre besos en el culo, sobre gatos negros, sobre mear o escupir sobre un crucifijo... sobre los temas más peregrinos, pero ni una sola sobre el paradero del tesoro supuestamente volatilizado. Esto es inconcebible salvo que estas preguntas fueran innecesarias porque Felipe sabía perfectamente dónde estaba el tesoro. Considerando que los Templarios cantaron Aída, Tosca, Carmen y hasta el Tractor Amarillo, si el monarca francés se hubiera encontrado con un montón de cofres vacíos no hubiera dejado que la cosa se quedara ahí.
La segunda prueba es definitiva. Ya vimos cómo durante el reinado de Felipe IV se había procedido a continuas reacuñaciones de la libra tornesa hasta que el gros tornés llegó a contener casi 2/3 de plata menos que en un principio (1,36 gramos en 1303 frente a 3,95 gramos en 1285). También dijimos que para revertir el desastre económico producido por esa práctica se hacía necesario una reacuñación al alza que exigía una cantidad aproximada de ciento seis toneladas de plata que Felipe IV ni tenía ni pudo conseguir con la expropiación a los judíos de la que "sólo" obtuvo dieciséis toneladas de plata. Pues bien, de forma "misteriosa", en 1308 el gros tornés se cambia por 3,7 gramos de plata, casi su valor de 1285 que era de 3,95 gramos de plata. [1] (Pág. 347)
¿Dónde encontró Felipe IV noventa toneladas de plata, una cantidad que triplicaba los ingresos anuales de Francia y multiplicaba por 180 el superávit anual? [1] (Pág. 272)
Pues salvo que crean en el milagro económico de la multiplicación de las libras y los sólidos, la única respuesta posible es en el Temple de París.
Por si faltaba algo más para remachar las leyendas del tesoro templario puesto a salvo en paradero desconocido, añadiremos que cuando, más tarde y ya sabiendo lo sucedido en Francia, se incautaron los bienes del Temple en Europa se encontraron sendos tesoros en Miravet (70.000 escudos) y en Chipre (120.000 besantes). [1] (Pág. 347)
Los Templarios no supieron dónde ponerlos a salvo ni siquiera cuando ya sabían lo que iba a suceder.
Ajenos a todo ello, los "misteriólogos" siguen empeñados en buscar el tesoro del Temple. Gisors, Chinon, Rennes-le-Château... son los lugares habituales, pero ante los "problemillas" surgidos (las excavaciones estuvieron a punto de provocar el derrumbe de la torre del castillo de Gisors y el ayuntamiento de Rennes tuvo que prohibir el cavar hoyos en su término municipal que iba camino de parecer un inmenso queso de Gruyère) últimamente están cambiando de aires, aunque pocos lugares resultan más improbables (aunque hubiera algo de cierto en la leyenda del ocultamiento del tesoro del Temple) que el propuesto por el Sr. Fernández Bueno, Oak Island (Canadá).
Supongo que en este momento habrán comenzado a pensar algo así como: "Pero ¿cómo demonios iban a esconder los Templarios en 1307 -o 1314- su tesoro en Canadá si desde que los vikingos dejaron de aparecer por allí y hasta que fue D. Cristóbal en 1492, los europeos no hicieron acto de presencia en América?" No se preocupen, que D. Lorenzo tiene respuesta para todo (otra cosa es que ésta sea una patochada de impresión) y, en esta ocasión, vamos a divertirnos con una capilla escocesa y un cuento veneciano.
NOTAS:
[1] Véase Los Templarios y el origen de la banca. Ignacio de la Torre Muñoz de Morales. Ed. Editorial Dilema. Madrid, 2004.
[2] Véase El juicio de los Templarios. Malcolm Barber. Trad. Teresa Garín Sanz de Bromond. Ed. Editorial Complutense S.A. Madrid, 1999.
-Continuará-

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (VII)

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A ver qué nos dice D. Lorenzo para explicar la supuesta presencia del tesoro del Temple en Canadá (bueno, en realidad lo pone en boca del magistral Geofredo así que prepárense que vienen curvas):
"Pues bien, has de saber que los estudios de otro buscador , Michel Lamy , concluyeron que a Escocia arribó una trouppe encabezada por el Maestre de Auverge, Monsieur d´Aumont, acompañado de siete freires. Llegaron destrozados, después de un penoso periplo en el que hubieron de esquivar a los sanguinarios secuaces del rey francés, y las miradas de aquellos dispuestos a delatarlos. Una vez allí mostraron sus credenciales al comendador Georges de Harris, a fin de mantener viva la memoria de la Orden ocultando sus rituales bajo la simbología masónica, y los miembros del Temple pasaron a ser masones libres, evitando que el recuerdo de tan dantesco genocidio cayera en el olvido. Y así, el 23 de junio de 1313, víspera de San Juan, alumbrados por antorchas y al socaire de un viento que traía esperanza y buena ventura, d´Aumont fue embestido Gran Maestre de la Orden, y los caballeros templarios continuaron con sus objetivos en la clandestinidad, bajo del manto de los francmasones escoceses..." (Págs. 242-243)
Ya saben, los Templarios eran como los "mihuras", embestían... En fin, olvidémonos de los errores léxicos de D. Lorenzo y vamos con los errores que comete al hablar de Michel Lamy. Por de pronto éste califica la narración precedente de leyenda:
"La tesis de un origen templario de la masonería era cara al baronet escocés Andrew-Mitchell Ramsay que, en el siglo XVIII, buscaba raíces prestigiosas para la francmasonería. En aquella misma época, en el convento llamado de Clermont, se instituyeron grados de "masones-templarios". El barón de Hund, que participó en ello, parece estar en el origen de la historia del caballero de Aumont. Esta leyenda hizo fortuna, particularmente en Alemania, donde las sociedades secretas pululaban literalmente." [1] (Pág. 284)
Ejem, ejem... tanto si Michel Lamy tiene razón en la atribución al barón de Hund de esta leyenda o no, lo que está claro es que su creador no tenía ni idea del Temple ni de su historia. Auverge (o Auvernia, en castellano) no estaba dirigida por un Maestre sino por un Preceptor. Supongo que tampoco les causará ninguna sorpresa el enterarse de que el nombre de éste no era d´Aumont sino Imbert Blanke. No obstante, hoy estoy la mar de generoso así que aceptaré que la tradición puede haber equivocado el cargo que ocupaba y el nombre real y que cuando habla del Maestre d´Aumont en realidad se trata del Preceptor Blanke aunque ambas cosas se parezcan como el huevo y la castaña.
Sin embargo, ni aun así la cuestión se sostiene. Imbert Blanke se libró de la redada del 13 de octubre de 1307 en Francia... pero fue arrestado en Inglaterra. En 1309 es uno de los cuarenta y tres miembros del Temple que fueron interrogados en la iglesia de la Santísima Trinidad de Londres. El 28 de octubre declara que profesó en la Orden hacía treinta y siete años y que había sido recibido en Tiro por el entonces Gran Maestre Guillermo de Beaujeu. Por lo demás, negó todo lo habido y por haber. Cuando le preguntaron por las confesiones del Gran Maestre Jacques de Molay, aseguró que si de Molay hubiera dicho eso realmente habría mentido. En 1310 comparece en distintas ocasiones ante el Concilio reunido en San Pablo en Londes y continuó asegurando que nada tenía que confesar por lo que se ordenó su encarcelamiento con el añadido de tener que llevar grilletes.
Si por esta parte, la historicidad de la narración es insostenible, por el lado escocés no mejora precisamente. Cuando los Templarios escoceses tuvieron que comparecer el 17 de noviembre de 1309 para prestar declaración en la abadía de la Santa Cruz de Edimburgo se presentaron dos (al por mayor), William de Middleton y Walter de Clifton. Ambos coincidieron en negar todas las acusaciones excepto la relativa a que el Gran Maestre podía perdonar los pecados.
Sobre dónde se habían metido los restantes Templarios, Walter de Clifton declaró que al tener noticia de lo que estaba sucediendo en Francia, muchos hermanos abandonaron el hábito y huyeron. Entre los fugados cita a Thomas Tocci y a John Fusestete. William de Middleton, por su parte, aseguró que tres Templarios que habían estado presentes en su recepción al saber que se estaba procediendo a detener a los miembros de la Orden, colgaron sus hábitos y huyeron a Ultramar.
Esta afirmación ha hecho correr ríos de tinta, que si huyeron a América, al Congo Belga... La realidad es mucho más sencilla. El 15 de diciembre, el rey ordenó que se procediera a detener a los numerosos caballeros templarios que erraban por el país vestidos como seglares.
Entre ellos se encontraban los Templarios escoceses como se demuestra por el hecho de que el 25 de junio de 1310 encontramos a Thomas Tocci de Thoroldeby, uno de los citados como fugitivos en Edimburgo, y no en ningún lugar recóndito sino en Londres. Ante el Concilio que juzgaba a los Templarios declaró que fue interrogado en Lincoln y que, temiendo nuevas preguntas, escapó gracias a un soborno, acto que le valió la excomunión. Pasó a Francia y allí supo de las confesiones que habían realizado los dirigentes del Temple por lo que decidió regresar a Inglaterra donde volvió a ser detenido. Aunque en una primera declaración negó las acusaciones que le realizaron, terminó por admitir que le obligaron a renegar de Jesucristo, a escupir a un crucifijo... Ante esta confesión, fue reconciliado el 27 de junio de 1310.
En resumen, la maravillosa historia del caballero d´Aumont y los Templarios escoceses se reduce a que el no Maestre de Auvernia no llamado d´Aumont no pudo reunirse con nadie por tener ciertos "problemillas" con la justicia. Tampoco es que importe mucho porque como los Templarios escoceses habían hecho "mutis por el foro" con cierto apresuramiento, tampoco estaban localizables para acudir a citas a la luz de las antorchas (¡qué romántico!)
Por increíble que parezca, la tan traída conexión entre el Temple y la Masonería se basa en pruebas tan risibles como ésta. Aunque, a base de leerlo en obras de este mismo jaez, exista quién haya acabado por creérselo e incluso lo sostenga con un aplomo digno de mejores causas, este "rollo macabeo" no pasa de ser un mito etiológico creado por la Masonería del S XVIII. Fue Andrew Michael Ramsay el que en 1737 se inventó una supuesta historia de la Masonería en la que jugaba un papel capital el periodo de las Cruzadas porque supuso que los cristianos habían pretendido restaurar el Templo de Jerusalén y que, para ello, habían creado una serie de señales secretas que les permitiera reconocerse entre ellos al estar en un ambiente hostil. Esta concepción del Masón-Cruzado fue muy bien recibida en Francia donde ya pululaban una serie de sociedades supuestamente descendientes de los caballeros medievales, pero fue en la Alemania de finales del S XVIII donde se gestó la idea de un vínculo entre Templarios y Masones ya que, según esta idea, los Templarios durante su estancia en Jerusalén habrían accedido a un saber esotérico que fue transmitido por Jacques de Molay a su sucesor antes de su ejecución. Sus descendientes actuales (actuales en esa época) son los Masones.
Como no hay ni una sola prueba documental de tal conexión y la tradición ya hemos visto lo que vale, los "misteriólogos" recurren a algo tan agradecido como es la simbología, un terreno en el que cada uno encuentra lo que previamente ha decidido hallar.
El Santo Grial de los "misteriólogos templario-masónicos" se encuentra en la Capilla de Rosslyn, unos kilómetros al Sur de Edimburgo:
"Así, cerca de Edimburgo se encuentra la capilla de Rosslyn, para muchos un recuerdo de lo que pudo ser la última "catedral templaria". Es un lugar de culto de gran importancia para los francmasones escoceses. No es un templo cualquiera; ni tan siquiera una obra arquitectónica consagrada a la fe. Es algo más que eso..." (Pág. 243)
Hombre, en todo caso sería la "primera catedral templaria" dado que, como ya dijimos, los templarios no edificaron ni una sola catedral, edificios que no necesitaban para nada puesto que no tenían obispos. Claro que eso de la "primera (o la última) catedral templaria" recuerda aquello de "Santillana del Mar, la localidad de las tres mentiras porque ni es santa, ni es llana ni tiene mar". Obviamente, la capilla de Rosslyn no es la primera (ni la última), no es una catedral y no es templaria.
Tanto hablar de Rosslyn como un edificio enigmático puede hacer pensar que es algo único, pero eso es completamente falso. La Capilla-Colegiata de San Mateo (que es el nombre que hubiera debido llevar) no es más que una de las treinta y siete Colegiatas que se construyeron en Escocia entre 1406 y 1513. Otros de los edificios construidos en este periodo son las Colegiatas de Crichton, Dunglass, Seton... aunque, por desgracia, otras Colegiatas más antiguas como la de Dunbar (que se empezó a construir en 1342) hoy han desaparecido. Como pueden comprobar por las fotografías antes enlazadas, todas ellas tienen elementos comunes, la planta es cruciforme y tienen un cimborrio en forma de torre, el mismo plan constructivo de la Capilla de Rosslyn con la diferencia de que ésta quedó casi completamente inconclusa (lo que hoy puede verse no es más que el coro de la construcción prevista).
Ya hemos dicho que no es una catedral sino una Colegiata y tampoco tiene nada de templaria. En 1700 el padre Richard Augustine Hay escribió la historia de la familia Saint-Clair (o Sinclair). Dado que consultó documentos y cartas hoy desaparecidos, su obra es insustituible. Entre otras cosas, habló de la construcción de la Colegiata:
"El Príncipe William, sufriendo por causa de su edad, consideró los años pasados y cómo iba a emplear los días que le quedaran. Por eso, al fin de su vida, aparece reconociendo a Dios por los beneficios que había recibido de Él. Le vino la idea de construir una casa al servicio de Dios, obra de lo más curiosa; y para que pudiera realizarla con la mayor gloria y esplendor hizo venir artistas de todas las regiones y de todos los reinos extranjeros, e hizo traer gran cantidad de albañiles, carpinteros, herreros, peones y canteros..." [2] (Pág. 3)
Vaya por Dios. Los supuestos Templarios resultan ser artistas traídos del extranjero y el lugar que, supuestamente, es mucho más que un templo se queda en que es una Colegiata construida como acción de gracias por los favores recibidos. Heterodoxo que era el tal William Saint-Clair...
A continuación se pone a citar un texto titulado "Templarios y masones, la conexión escocesa" de Fernando Arroyo:
"Todas las pruebas señalan a un templario que extrajo los manuscritos secretos que enterraron los judíos meses antes de que los romanos, en el año 70 d. C., destruyeran el templo y los eliminaran. Si nos basamos en esto, en la capilla de Rosslyn, construida por el conde William St. Clair en 1440, se hallarían las claves del origen templario de la masonería escocesa, pues no solo posee elementos simbólicos entre su abigarrada ornamentación -donde el desorden es solo aparente-, que aluden claramente a la masonería, sino también a las familias "Rex Deus", al linaje sacro, a la historia de oculta de los caballeros templarios, y a la Jerusalén del siglo I." (Pág. 244)
¿Y no habrá referencias a los números que van a salir este viernes en el Euromillón? Ya puestos... Por cierto, la fecha de comienza de las obras fue, en realidad, 1446. Por lo demás, parece que D. Fernando también es firme partidario de la máxima de que una falsedad repetida incesantemente termina por convertirse en creíble. Como ya hemos ido viendo, "Todas las pruebas" es ninguna prueba. Ni D. Fernando, ni D. Lorenzo, ni D. Geofredo... han presentado prueba alguna de que tales manuscritos existieran, ni de que los Templarios los encontraran, ni de que los trasmitieran a Escocia, ni de que William Saint-Clair tuviera nada que ver con los Templarios... Es que la simbología... bueno, vamos a ver la simbología:
"Entre lo muchos elementos a los que nos referimos, podemos comentar un relieve existente entre dos pilares en el exterior de la capilla, que muestra una ceremonia de iniciación al primer grado de la Masonería. El candidato, arrodillado, tiene los ojos vendados y lleva una soga alrededor del cuello, cuyo extremo sostiene un personaje ataviado con la túnica de los Caballeros del Temple. Sus pies están colocados en la posición que los candidatos masones continúan adoptando hoy en día en las ceremonias modernas y en la mano izquierda sostiene una Biblia. Este relieve fue realizado alrededor de 1450, casi doscientos setenta años antes de la fecha en que, según afirma la Gran Logia Unida de Inglaterra, se inició la Masonería." (Págs. 244-245)
Caramba con los investigadores esotéricos españoles. Se ponen a hacer descubrimientos y no paran... ¡Qué esfuerzo tan denodado el suyo! Por favor, comparen el párrafo anterior con este otro:
"Relieve entre dos pilares en el exterior de Rosslyn que muestra una ceremonia de iniciación al primer grado de la masonería. El candidato, arrodillado, tiene los ojos vendados y lleva una soga alrededor del cuello, cuyo extremo sostiene un personaje ataviado con la túnica de los Caballeros del Temple. Sus pies están colocados en la posición que los candidatos masones continúan adoptando hoy en día en las ceremonias modernas, y en la mano izquierda sostiene una Biblia. Este relieve fue realizado alrededor de 1450 d. J.C., casi doscientos setenta años antes de la fecha en que, según afirma la Gran Logia Unida de Inglaterra, se inició la Masonería." [3] (Pie de foto en página s/n -es la primera del cuadernillo de ilustraciones que se incluye después de la página 96)
Un momento que me llega la inspiración para escribir una novela: En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía...
Resulta curioso que el Sr. Fernández Bueno, tan aficionado él a poner fotografías por todas partes tanto si vienen a cuento como si no, no incluya ni una sola dedicada a la Capilla de Rosslyn y, por tanto, tampoco de este relieve cuya importancia parece fundamental. Si vamos a la obra de los señores Knight & Lomas podemos solventar esta carencia, señal de que ambos autores anglosajones si no tienen sentido del ridículo sí lo tienen del juego limpio. Por de pronto, el relieve está muy deteriorado pero no tanto como para que no se advierta que ninguno de los dos personajes tiene pies, de hecho la talla llega hasta el arranque de las piernas así que ¿de dónde se sacan que un personaje está arrodillado y que otro tiene los pies en posición "masónica"? De hecho, ambas cabezas están a la misma altura así que deberían estar en la misma posición, o ambos de pie o ambos arrodillados.
Por otra parte, la identificación del personaje que sostiene la cuerda con un templario no se debe a otra cosa que a la imaginación de los autores. Sencillamente, tiene un crucifijo al pecho, pero la cruz es latina, no la cruz patée de los templarios. Nada permite sostener, por tanto, que ese personaje tenga nada que ver con el Temple. ¿Qué representa esta imagen? Pues vayan Vds. a saber, pero la descripción que hacen los Sres. Knight & Lomas, copia el Sr. Arroyo y reproduce el Sr. Fernández Bueno no se ajusta a la realidad y, por tato, las conclusiones que quieren extraer de ella no tienen base alguna.
Bueno, con esto dejamos de momento Rosslyn (puesto que D. Lorenzo de momento pasa a hablar de otras cosas) volveremos allí cuando tenga a bien volver a hablar de este tema.
NOTAS:
[1] Citado en La otra historia de los Templarios. Michel Lamy. Trad. José Ramón Monreal. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2000.
[2] Citado en La chapelle Rosslyn. Un morceau de Maçonnerie Écossaise. No figura autor. Trad. del autor de estas líneas. Publicación electrónica disponible aquí.
[3] Citado en El segundo Mesías. Christopher Knight & Robert Lomas. Trad. Marisa Abdala. Ed. Editorial Planeta S.A. Barcelona, 1998.
BIBLIOGRAFÍA:
Para las declaraciones de los templarios ingleses y escoceses, véase:
Historia General de los Caballeros del Temple. Mateo Bruguera. Ed. Ediciones Alcántara S. L. Madrid, 2000. Tomo IV Págs. 7-90.
Para la invención de las relaciones entre Temple y Masonería, véase:
Templarios, la nueva caballería. Malcolm Barber. Trad. Albert Solé. Ed. Martínez Roca S.A. Barcelona, 2001. Págs. 337 y ss.
-Continuará-

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (VIII)

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Sin embargo, todo este montaje en torno a Rosslyn tampoco nos aclara qué tiene que ver Oak Island con el tesoro del Temple. La relación entre ambos la establece siguiendo la obra de Mar Rey Bueno que, a su vez, dice basarse en una obra del S XVI conocida como "Narración y mapa de Zeno" porque su verdadero nombre es kilométrico. ¿Qué dice esta obra?
"Relata la expedición llevada a cabo por el príncipe Henry St. Clair y 300 caballeros templarios, que llegaron a Nueva Escocia, en Norteamérica, en 1398. Es decir, cien años antes que Cristóbal Colón. La misión era clara: encontrar un lugar lejos de Europa donde expandir el poder templario sin miedo a la excomunión dictada por Roma." (Pág. 246)
¿Qué hay de cierto en esas afirmaciones? Pues como viene siendo habitual, nada en absoluto. Será conveniente tratar de este tema con una cierta extensión (sin excesos) porque de este tema tampoco se ha ocupado nunca (que yo recuerde) el escepticismo hispano. Si se están preguntando para qué ha servido el escepticismo español hasta la fecha, la respuesta es sencilla, para demonizar los programas de Microsoft. Bueno, también para inflar el ego y las cuentas corrientes de unos pocos so capa de ejercer de divulgadores científicos, como si la divulgación científica y el escepticismo fueran una misma cosa (de verdad que, por alucinante que parezca, hay quién se lo cree).
La "Narración de Zeno" es una obra que fue publicada anónimamente en Venecia es 1558. Está formada por unas cartas supuestamente enviadas a Antonio Zeno por su hermano Nicolò y por otras enviadas a Carlo Zeno (héroe de la guerra entre Venecia y Génova de 1380-81) por Antonio. Estas cartas están unidas por unos comentarios del anónimo autor para mantener la claridad narrativa. Los Zeno son figuras históricas, navegantes venecianos de la segunda mitad del S XIV lo que en principio confiere una cierta credibilidad a esta narración.
¿Qué relata? Comienza con el viaje (real) de Nicolò Zeno a Inglaterra y Flandes en 1380 (lo repitió en 1385). Durante él llegó a una isla (imaginaria) llamada Frislanda, de la que nos dice era más grande que Irlanda. Allí ayuda a un príncipe llamado Zichmni, señor de unas islas llamadas Porlanda en la costa sur de Frislanda y duque de Sorant en el sudeste de la misma isla. Zichmni acababa de derrotar al gobernante de Frislanda, el rey de Noruega, y estaba empeñado en conquistar la isla, objetivo que logra con la ayuda del veneciano por lo que Nicolò es ennoblecido.
Zeno escribe a casa y pide a su hermano Antonio que se reúna con él, algo a lo que éste accede. Ya en Frislanda, Antonio es nombrado capitán por el príncipe Zichmni que parece tener unos sueños expansionistas de preocupar porque encarga a Antonio que conquiste Estlanda (las islas Shetland). Sin embargo, interviene la flota del rey de Noruega y el veneciano debe retirarse a una isla deshabitada llamada Grislanda, en la costa sur de Islandia.
Después de este revés, el príncipe Zichmni decide cambiar de objetivo y dedicarse a la conquista de Islandia. Conquistan siete islas (inexistentes) en su costa Este: Talas, Broas, Iscant, Trans, Mimant, Damberc y Bres.
Desde Bres, Nicolò comienza un viaje de exploración que le lleva a Engrouelanda (Groelandia), pero el frío es tan intenso que regresa a Frislanda y muere allí.
Poco después el príncipe Zichmni conoce que unos pescadores han vuelto a casa después de una ausencia de veinticinco años en los que han llegado a dos países llamados Estotilanda y Drogeo, ambos situados al Oeste de Frislanda. Como cuentan historias interesantes como que se libraron de ser comidos por caníbales enseñándoles a pescar, Zichmni decide seguir sus pasos en compañía de Antonio Zeno, pero no encuentran esos países, así que después de recalar en una isla llamada Icaria (supuestamente ubicada cerca de Escocia), se encaminan a Groelandia donde Zichmni funda un pueblo en Trin y explora toda la costa groelandesa. Así concluye esta obra.
Supongo que se estarán preguntando dónde demonios están los Sinclair, los Templarios, América... Eso mismo me gustaría saber. Sencillamente, no aparecen por ningún lado. El proceso por el que una narración en la que nada de ello aparece, se convirtió en una supuesta "prueba" es muy curioso. Vamos a verlo.
En 1780 John Reinhold Forster propuso que el príncipe Zichmni era Henry Saint-Clair. El cúmulo de errores que cometió Forster tratando de probar esa identificación es realmente memorable. Comenzó por sostener que Frislanda (isla que más grande que Irlanda según la narración) era Faray, una isla diminuta que forma parte de las Órcadas. De igual forma pretendió que Zichmni era una corrupción de Sinclair, y aseguró que la derrota del rey de Noruega ante Zichmni era un reflejo del hecho real de que Henry Sinclair había recibido el título de conde de Orkney de la corona noruega (no me pregunten en qué se parecen estas dos cosas).
Dejemos de lado tan jugosa colección de despropósitos y vamos con el Henry Sinclair (o Saint-Clair) real. Éste no fue nunca explorador y no existe la menor prueba de que realizara los viajes y conquistas descritos en la "Narración de Zeno". Es más, como conde de Orkney tenía que proteger las mismas islas Shetland que, supuestamente, intentó conquistar algo que hubiera hecho "poner el grito en el cielo" al rey de Noruega si eso hubiera sucedido. Además, ninguno de los biógrafos posteriores del conde, pese a que se inventaron cosas como darle el título de "príncipe" o como presentarle teniendo una participación decisiva en batallas que tuvieron lugar antes de que Henry Sinclair naciera (como el Cid, pero al revés), hace mención alguna a tan portentosas aventuras.
Por ello, todo hubiera debido quedar en el (merecido) olvido, pero en 1870 el geógrafo Richard Henry Mayor revitalizó esta teoría. Por de pronto pretendió haber localizado una confirmación independiente de la "Narración de Zeno", un manuscrito realizado por el genealogista Marco Barbaro en el que figuraba una acotación indicando que Antonio Zeno escribió con su hermano Nicolò la historia de los viajes que realizaron por orden de Zichno, rey de Frislandia. según Mayor, ese trabajo estaba fechado en 1536, por tanto veintidós años antes de la publicación de la "Narración de Zeno".
Sin embargo, en el manuscrito hay añadidos realizados hasta 1569, once años después de la impresión de esta obra, así que no es una prueba independiente de su contenido.
Peor aún fue el resto de pruebas aportadas porque actuó en el más puro estilo "atlantófilo", es decir, no pretendiendo demostrar que la narración respondía a la realidad sino tergiversando la narración para que encajara con la realidad. Comenzó por cambiar la fecha de 1380 a 1390 puesto que, como ya dijimos, en su viaje de 1380 Nicolò Zeno (el real) no murió como el Nicolò Zeno de la "Narración..." puesto que repitió el periplo en 1385. Pretendió que la isla desierta de Grislanda era Orkney, que Islandia era otra forma de llamar a Estlanda (las islas Shetland)...
El trabajo de Mayor era un engendro, pero tuvo éxito (la calidad de una obra y sus ventas no tienen nada que ver, como es notorio). Una de las personas que lo leyó fue Thomas Sinclair (el apellido no es ninguna coincidencia, era un descendiente de la familia Saint-Clair). En 1893, en uno de los actos que celebraban el IV Centenario del descubrimiento de América por Colón (y que habían comenzado en 1892, no se vayan a pensar que eran tan brutos que no sabían contar), leyó en Chicago un trabajo en el que defendía que su antepasado era el verdadero descubridor del Nuevo Contienente.
Sin embargo, conforme estas teorías ganaban popularidad, aumentó su crítica (entonces todavía le importaba a alguien la contestación a las afirmaciones erróneas). Fue otro geógrafo, Fred. W. Lucas quién se sintió interesado por el tema y comenzó a buscar paralelismos entre las descripciones contenidas en la "Narración de Zeno" y las procedentes de textos antiguos. Los encontró. Por ejemplo, las historias que cuentan los pescadores que llegaron a Estotilandia y Drogeo están tomadas de las cartas de Colón, de las de Americo Vespuccio, del relato de Jerónimo Aguilar sobre Jamaica, de la descripción de México de Bordone de Benedette... todas ellas obras posteriores a la supuesta redacción de las cartas de los Zeno y anteriores a la publicación impresa. Así demostró que eran una falsificación realizada poco antes de 1558.
Por si quedaba alguna duda de ello, Andrea da Mosto en 1938 terminó de destrozar la supuesta validez histórica de esta obra. Ya dijimos que la fecha de la "Narración..." se había cambiado de 1380 a 1390 para adecuarla a lo que se sabía de la vida del Nicolò Zeno real. Pues bien, da Mosto demostró que eso tampoco era posible puesto que en esos años Nicolò había estado en el Mediterráneo. En mayo de 1389 recibió el mando de uan escuadra de galeras. Al año siguiente era gobernador militar de Corone y Modone (en Grecia). A finales de 1392 volvió a Venecia. En 1393 era consejero del Dux. En agosto partió hacia Corfú. En 1394 fue acusado de malversación cometida durante su estancia en Corone y Modone. El juicio se prolongó hasta 1396 y concluyó con la condena de Nicolò a cinco años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, a una multa de 200 ducados y a la devolución de los bienes malversados. A partir de entonces el silencio hasta 1400, fecha en la que redacta su testamento. Por descontado, eso supone que es imposible que estuviera de 1390 a 1394 en el Atlántico Norte y que muriera allí. Si las cartas que forman el núcleo de la "Narración de Zeno" son falsas (y lo son) todo el tinglado se viene abajo.
Sin embargo, ya sabemos que nada hay más persistente que una buena historia y desde entonces no han faltado defensores como Frederick Pohl y Andrew Sinclair empeñados en mantener lo que es insostenible. Para ello no vacilaron en continuar las malas prácticas de Mayor, el viaje de Zeno ya no tuvo lugar ni en 1380 ni en 1390 sino en 1396, aprovechando el vacío documental en la vida del Nicolò Zeno real (de todas formas da lo mismo porque no murió allí como pretende la "Narración..." puesto que en 1400 estaba en Venecia donde hizo testamento). Ambos continuaron tergiversando la narración para que dijera lo que ellos querían que dijera. Phol afirma que Frislanda era Fair Island, que Zichmni es una mala transcripción de Sinclair... Andrew Sinclair convierte Neome en Westray, Ledovo en Lille Dimon... y ninguno de ellos hace el menor intento de refutar los trabajos de Lucas y da Mosto más allá de unas descalifaciones genéricas cuando no basadas en citas falsas.
Resumamos la situación hasta el momento. Las pruebas presentadas para sostener una relación entre el Temple y América a través de la familia Sinclair son la iconografía de una capilla en la que no aparecen Templarios, tesoros ni América, y una narración de ficción en la que no se menciona ni a los Templarios, ni al tesoro, ni a América ni a la familia Sinclair. Es suma, un descojono.
Ahora sería un buen momento para comenzar las imprecaciones contra los "investigadores" esotéricos, sus métodos, el falseamiento o tergiversación de las fuentes documentales... aprovechando, además, la ocasión para dar un ligero "toque" a tantos y tan excelsos escritores pseudohistóricos como pululan por el universo mundo. No obstante, no tengo ganas de ponerme transcendente porque el asunto no lo merece. El mundo no es mejor ni peor lugar para vivir porque D. Lorenzo tenga a bien decir lo que le parezca ni porque yo replique lo que me dé la gana. La sociedad no es más ni menos libre porque crea que hay Templarios hasta en la sopa Maggi o no, que el conde Sinclair viajó a América antes que Colón o que se quedó en su casa tocando la gaita, que el Santo Grial está escondido en la Capilla Rosslyn o que no está en parte alguna. Estas cuestiones no son más que un divertimento y les aconsejo que así las consideren, buenas para pasar un rato de cachondeo y para nada más. No se lo tomen demasiado en serio, yo, al menos, no lo hago.
En fin, que a continuación D. Lorenzo pasa a las "pruebas" tangibles. Eso es un suceso tan extraordinario que bien merece una nueva entrada.
BIBLIOGRAFÍA:
Toda la información sobre "La narración de Zeno" ha sido extraída del artículo "Earl Henry Sinclair´s fictitious trip to America" de Brian Smith. Publicación electrónica disponible aquí.
-Continuará-

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (IX)

Viene de aquí
Como parece que el Sr. Fernández Bueno es el primero que no está muy convencido del valor probatorio de la cantata templario-masónica para gaita escocesa que nos ha interpretado de forma deplorable, considera conveniente el citar, por una vez, las evidencias que respaldan esas afirmaciones, lo cual es muy de agradecer porque al menos el que subscribe ya estaba hasta las narices de tanta tradición tricentenaria "made in Germany" cuando no inventada hace cuatro días al grito de Pecunia non odet! (lema que algún escéptico también ha hecho suyo, que en esto en todas partes cuecen habas).
Veamos que nos dice D. Lorenzo:
"Entre la multitud de esculturas que abarrotan los muros de la capilla de Rosslyn se encuentran unas muy características, situadas sobre una de las ventanas de la misma. Se trata de esculturas que representan sin lugar a dudas mazorcas de maíz, cereal típicamente americano desconocido en Europa en el momento de la construcción de este templo. ¿Es posible que este dato pasara de Henry St. Clair a su nieto William, fundador de la misma?" (Pág. 246)
Por fin algo verificable. Antes que nada, veamos esas "esas esculturas que representan sin lugar a dudas mazorcas de maíz". Dado que D. Lorenzo ha estado demasiado ocupado haciéndose fotografías a sí mismo (Págs. 17, 35, 74, 178, 196 y 223), a sus colaboradores (Págs. 183, 308 y 309) y a cosas que nada tienen que ver con estas historias (Págs. 26, 27, 28, 29...) se le pasó el incluir las que sí eran necesarias. Ya lo vimos con la del relieve que supuestamente reproduce una iniciación masónica y ahora con la del maíz (y después veremos otra ilustración que debería haber sido incluida y tampoco lo fue).
Bien, ¿dónde están esas indudables mazorcas de maíz? Pues eso mismo me gustaría saber. Para los que se creen esa identificación están en el arco más cercano a la vidiera. Sin embargo, basta con mirar atentamente la representación escultórica y compararla con una planta de maíz para ver que no cuela. Faltan las grandes hojas características de este cereal. Además, las supuestas mazorcas son demasiado anchas y cortas si las comparamos con las reales.
Segunda prueba:
"La Narración de Zeno describe que un sobrino de Henry, sir James Gunn de Clyth, falleció poco después de llegar a las actuales costas de Massachusetts. Pues bien, grabado en una roca de Prospect Hill, en Westford (Massachusetts), aparece la imagen de un caballero medieval.
Se trata de un petroglifo, descrito por primera vez en una historia de dicha población de 1883... Se trataba de una serie de perforaciones en la roca que, tras ser unidas con tiza o espolvoreándolas con polvos de talco, dieron la imagen de un guerrero con casco junto con las formas de su escudo y de su espada que le sirvieron de monumento funerario.
El escudo se reconoció como perteneciente a la familia Gunn y la espada se dató entre 1375 y el 1400." (Págs. 246-247)
Nuevamente, tampoco hay ninguna fotografía del (supuesto) petroglifo de Westford. No quiero pensar que eso esté causado porque en el (supuesto) petroglifo no se distingue nada. Comencemos por el principio. La "Narración de Zeno", repetimos, no habla de Henry Sinclair, no habla de Massachusetts y no habla de James Gunn (a esto se le llama empezar con mal pie). El escudo (y su motivo heráldico) no está grabado sino pintado. El único grabado real es la T de la empuñadura de la espada que fue realizada por dos muchachos en el S XIX porque el resto de los supuestos grabados son marcas glaciares. Véase este artículo y este otro.
Veamos una tercera prueba:
"Por último, como tercer punto a favor de este descubrimiento pionero de América, en 1849 se dragó el puerto de Louisbourg en Cape Breton Island (Nueva Escocia) y se identificaron los restos de un cañón, que hoy en día se encuentra en la fortaleza de dicha localidad. Se trata de una pieza de artillería primitiva con ocho anillos soldados alrededor de su pequeño cañón, con una recámara desmontable con asa para cargar la pólvora y con un pie metálico vertical. Este fue el primer tipo de piezas de artillería que se usaron en los barcos. A finales del S XIV ya habían quedado anticuadas puesto que, por aquel entonces, se dominaba el arte de fundir cañones de bronce o de hierro de una sola pieza y no era necesario usar anillas para que las barras soldadas de los cañones no se rompieran. (Págs. 247-248)
Obviamente, Andrew Sinclair, que es de quien toma este argumento, no tenía ni idea de la historia de la artillería naval. Las bombardas o cañones de retrocarga de hierro forjado (que es a los que se refiere) se siguieron fabricando hasta el S XVI. Por ejemplo, el Mary Rose (que se hundió en 1545) montaba cañones de bronce y de hierro forjado. Es más, los falconetes (es decir, un cañón de pequeño calibre con una horquilla que se sujetaba a un pie que le permitía girar, justo lo que está describiendo) se empezaron a usar a principios del S XV, es decir, después de que, según Andrew Sinclair, quedaran obsoletos (por cierto, también con posterioridad al supuesto viaje de Henry Sinclair). Por si tienen interés en el tema, aquí pueden encontrar un buen artículo sobre el tema y aquí otro sobre el uso de los cañones navales de hierro forjado. Vamos, que ni de coña es admisible la pretensión de que ese cañón demuestra la existencia de un viaje a finales del S XIV, porque ese tipo de artillería se siguió empleando en el S XVI cuando América estaba más que descubierta.
Seguimos:
"Esta posible llegada del príncipe Henry a los territorios que posteriormente recibieron el nombre de Nueva Inglaterra concuerda con la leyenda que todavía se conserva entre los indios "micmac", que habla de la llegada del divino Glooscap..." (Pág. 248)
¿De verdad? ¿Qué tal si antes de seguir diciendo estas cosas se leen los mitos que tienen por protagonista a Glooscap? Más que nada, porque me encantaría saber cómo Henry Sinclair hizo crecer a una langosta para que luchara con una anguila gigante. Por cierto, aquí tienen más mitos relacionados con Glooscap.
"...semejante al mito maya de Quetzalcoalt, el dios blanco alado que fue identificado con Cortés y que facilitó a este su conquista del Imperio Azteca." (Pág. 248)
Vale, el mito "maya" de Quetzalcoalt, por favor... No obstante, estoy de acuerdo en que el mito de Quetzalcoalt (al menos alguno de los mitos porque se refieren a personajes homónimos pero distintos) sí tienen relación con los de Glooscap pero eso no supone una prueba a favor del viaje del Henry Sinclair. A ver si me explico. Hay paralelismos entre ambos, por ejemplo, ambos intervienen en la creación de los seres humanos, ambos son seres civilizadores... lo que posiblemente signifique que ambos proceden de una misma figura mítica anterior o que por influencia cultural uno proviene del otro. El "problemilla" para los que quieren ver en esto una prueba del viaje de Henry Sinclair es que Quetzalcoalt existía (con el nombre que fuera) mucho antes de que Henry Sinclair naciera e incluso antes de que el Temple fuera creado. La "Serpiente emplumada" (que es lo que significa Quetzalcoalt) es ya uno de los dioses a los que se rinde culto en la cultura de Teotihuacán (sus fechas de aparición, desarrollo y desaparición pueden encontrarlas en el artículo antes enlazado) con lo que se va a tomar por el saco toda presunta relación con un viaje europeo en el S XIV, porque para entonces, este mito llevaba siglos existiendo.
A continuación, la emprende con los antiguos mapas de esta región citando a Andrew Sinclair:
"...en la Baccalearum Regio de Nueva Escocia aparece el cuarto caballero coronado y barbado, arrodillado junto a su escudo y con la sobreveste de las órdenes militares como testimonio de algún recuerdo de una colonia real o principesca que existió allí." (Pág. 248)
Pues nada, será cosa de que el Sr. Sinclair piense en aclararnos qué colonias reales o principescas existieron en el centro de África antes de 1500. ¿Por qué? Porque en el mapamundi de Juan de la Cosa también aparecen figuras regias en el centro de África. Sencillamente, las viñetas que figuran en los portolanos y mapas de la época pueden estar relacionadas con los lugares que describen o ser un mero adorno. Por tanto, mal pueden ser una prueba de nada. Todo ello concediendo que tal mapa exista realmente porque al menos yo no he sido capaz de encontrar ninguna referencia a "un mapa del nuevo mundo realizado en el siglo XVI por los cartógrafos Vopell y Vavassatore" (Pág. 248). Sí la obra cartográfica de Caspar (o Kaspar) Vopell (o Vopelius) es conocida, el tal Vavassatore no lo es. Agradeceré cualquier referencia que puedan aportar sobre este tema.
"Ante la figura hay una inscripción que dice "Agricole proseu C. di laborator". Estas palabras dan a entender la práctica de la agricultura en aquel cabo, o la existencia en el mismo de plantaciones, a beneficio de una sociedad dedicada al trabajo (laborador), como podría ser una orden dinástica o militar." (Pág. 249)
Pues no. Por de pronto las órdenes militares o dinásticas nunca se han caracterizado por su dedicación al trabajo (por lo menos a las faenas agrícolas). Además, la explicación es mucho más sencilla. Laborator es el nombre latino de Labrador y C. Laborator es el cabo Labrador, ni más ni menos. Después veremos de dónde le viene el nombre a la península y al cabo que no tiene nada que ver con órdenes de ningún tipo.
"Sinclair indagó en la cuestión accediendo a un mapa anterior conocido como "Frisius-Mercator" de 1537, en el que está grabada la frase "Promontorium agricule seu cabo del laborador" -Promontorio agrícola en el cabo del Laborador-. Además, el autor del mapa localizaba dicho lugar con tres banderas similares a una cruz griega "rematada por una cruz foliada", indudablemente parecida a la que los templarios portaban en su señera, en el "Baccalearum Regio" de la Nueva Escocia." (Pág. 249)
Veamos, por de pronto Gérard Mercator y Gemma Frisius en 1537 lo que realizaron es un globo estelar (es decir, la representación de las distintas constelaciones). Supongo que a lo que se refiere en realidad es al globo terrestre de 1535-36 confeccionado por Mercator, Frisius y Gaspard van der Heyden. Además de que vuelve a equivocarse con el tema del cabo Labrador (repetimos, es un nombre propio y no la descripción de una actividad) añade un nuevo error. En efecto, las banderas con emblemas suelen referirse a los países que ejercen la soberanía sobre la zona pero en esta época no hay banderas nacionales así que a veces se producen confusiones de lo más curiosas como los numerosos de mapas de esta época en los que las posesiones españolas en América están señalizadas con las barras rojas y doradas de la corona de Aragón lo que ha dado lugar a algunos curiosos disparates nacionalistas. Esta ausencia de banderas nacionales hace que cada cartógrafo recurra a los símbolos que le parezcan bien. La soberanía portuguesa se señala con frecuencia con la cruz de la Orden de Cristo. Por ejemplo, vean esta sección del mapa de Pedro Reinel (Cc. 1535) en el que podrán encontrar sobre las zonas de soberanía española tanto el emblema de Castilla como el de Aragón y en las de soberanía portuguesa (Brasil y regiones de África) el emblema de los cinco bezantes de plata puestos en sotuer (es decir, cinco bolas plateadas dispuestas en forma de aspa) que son las quinas de Portugal como la cruz roja de la Orden de Cristo. ¿Por qué aparece este emblema portugués en Labrador? Por obvias razones, lo habían explorado portugueses. En el mapa de Alberto Cantino de 1502 aparece sobre la representación de Newfoundland y Labrador la etiqueta "Terra del Rey de Portugall". Las cruces rojas vienen a significar los mismo, que esas tierras son portuguesas.
"Lo más llamativo es que en ese mismo punto aparecía la frase "Terra per britanos inventi", anunciando sin paliativos que existía un archivo escondido en la memoria de alguien en el que se guardaba un secreto de vital importancia: el recuerdo de la presencia de colonizadores antes de que fuera realizado el mapa." (Pág. 249)
¡Qué arte para inventarse historias! Esa frase (Tierra descubierta por los ingleses -o los británicos-) sencillamente hace referencia a que, según la creencia de la época, habían sido descubiertas por el italiano Giovanni Caboto, más conocido por la versión inglesa de su nombre, John Cabot, al servicio de Inglaterra. Ni archivos escondidos ni secretos de vital importancia. Simple historia de los descubrimientos geográficos.
"Es curioso que "laborador", o labrador, que para el caso es lo mismo, despertó el interés de varios investigadores que intuyeron una hipótesis algo aventurada, pero no por ello carente de valor. Tal palabra podría proceder de "La Bras d´or" o "Labora d´or", nombres con los que eran denominados minas y lavaderos de oro sitos en una pequeña isla de Nueva Escocia, cuya única virtud residía en la belleza de sus bosques de robles. Se llamaba Oak Island..." (Pág. 251)
Pues esa hipótesis carece de todo valor por dos razones. La primera es que en Oak Island no había minas ni lavaderos de oro. La segunda es que el nombre de Labrador tiene un origen conocido, el de haber sido explorado por Joao Fernandes "Lavrador" (apodo que se debe a que ésa era la ocupación de su familia en las Azores).
Bueno, pues toda esta sarta de disparates da pie para divagar sobre el posible paradero del tesoro del Temple en Oak Island (que Dios no pille confesados...)
-Continuará-"

Decimocuarto misterio jocoso: Templarios destemplados (X)

Viene de aquí
Así pues, pongámonos rumbo a Oak Island (Isla del Roble) en Bahía Mahone, Nueva Escocia, Canadá (si no se han dado cuenta, llevamos más kilómetros encima que las maletas de la Piquer y los que aún nos faltan...)
¿Para qué tenemos que irnos al quinto roble a mano derecha? ¿Qué hay en esta isla para que sea tan importante? Si les respondo que "Un agujero" podrían pensar que estoy quedándome con Vds., que les estoy vacilando, tomando el pelo... pero no es el caso. Todo lo más estaría pecando por defecto. En Oak Island hay, en realidad, un montón de agujeros.
¿Un misterio que se reduce a unos agujeros? Bueno, en realidad sí hay un enigma, el hasta dónde estamos dispuestos a llegar los seres humanos para satisfacer nuestros peores instintos (aunque la combinación de agujeros y peores instintos pueda hacer pensar que me estoy refiriendo a la lujuria, en realidad estoy pensando en la codicia). Si llegados a este punto están pensado que cada vez me parezco más al padre Astete, tendrán razón. No soy de los que piensan que la moral católica sea perjudicial ni para las personas ni para la sociedad y, por el contrario, creo que tiene más de beneficiosa que de nociva.
¿Me he vuelto "tarumba"? Pues no más de lo habitual. Otra cosa es que no deban tomarme demasiado en serio... o sí (Rajoy dixit). Después de tan críptico comienzo podemos emprenderla con Money Pit (el Pozo del Dinero).
Supongo, con harto atrevimiento por mi parte, que no tienen ni idea de qué va esto porque no es precisamente un misterio famoso en España (para enigmas cutres ya tenemos bastante con las caras al ali-oli de Bélmez). De hecho, si alguna repercusión ha tenido en España es a través de una novela, "El pozo de la muerte" de Douglas Preston y Lincoln Child claramente inspirada en esta leyenda. No obstante, es muy famoso en Norteamérica y está considerado como el mayor misterio de Canadá (clara demostración de que los canadienses tienen pocos enigmas que llevarse a la boca).
Este mito (que movería a risa de no ser por el "pequeño" detalle de que ha costado la vida a seis hombres hasta la fecha) comienza en el verano de 1795 cuando un joven llamado Daniel McInnis (o McGuinnis, según otros) deambulaba por la Isla del Roble. En un descampado en el que sólo quedaba un gran roble encontró, según unos, una garrucha colgada de unas de sus ramas, según otros, las señales de que se había empleado este instrumento o, según unos terceros, sencillamente una depresión en el terreno. No se sabe por qué razón (excepto por la desbocada fantasía de un adolescente) dio en imaginar que había encontrado el escondite de un tesoro pirata. Al día siguiente regresó acompañado por dos amigos, John Smith y Anthony Vaughn, y se pusieron a cavar. Pronto encontraron una capa de losas (según se dijo después realizadas con piedras procedentes de Gold River, a pocos kilómetros de Oak Island pero como no se hizo ningún análisis vaya Vd. a saber) y a diez pies bajo ella (un pie es aproximadamente 30,5 cms) unos troncos de roble dispuestos horizontalmente. Sacaron los troncos y continuaron cavando unos 15 pies más. Cuando ya habían llegado a unos ocho metros de profundidad decidieron que necesitaban ayuda para proseguir la excavación así que pidieron apoyo a los habitantes de Chester (la localidad más cercana) que debieron pasar un buen rato con la historia pero no se creyeron ni media palabra porque nadie movió un dedo.
De forma un tanto extraña (para mí) los jóvenes no hicieron tampoco el menor intento para proseguir con el pozo hasta 1803-1804 (según otros, en 1810) cuando el trío se une a Simeon Lynds para formar la Onslow Company con el propósito de rescatar el (supuesto) tesoro pirata. Reanudan la excavación y, de acuerdo con la leyenda, encuentran plataformas de troncos cada diez pies junto con capas de arcilla, carbón vegetal y fibras de coco. A los noventa pies (unos 30 metros) encontraron una losa con una extraña inscripción y, poco después, golpearon lo que creyeron eran unos cofres de madera.
Entonces se produce nuevamente una reacción incomprensible. Supongan Vds. que durante unos diez años (o quince, según otros) han soñado con el oro de Morgan, del capitán Kidd... y creen que, por fin, está al alcance de sus manos. ¿Qué harían Vds.? Pues el trío (ahora cuarteto) se fue a dormir.
Al día siguiente se encontraron el Pozo del Dinero haciendo honor a su nombre porque apareció lleno de agua hasta unos treinta pies de su boca. Todos los intentos de drenarlo acabaron en fracaso. Al año siguiente intentaron realizar un conducto paralelo primero y después transversal para llegar al mismo punto, pero este tunel acabó tan inundado como el primero. Después de tan gloriosos "éxitos" Money Pit permaneció abandonado hasta 1849 cuando la Truro Company decide reanudar las búsqueda del (supuesto) oro.
Después de varios intentos logran extraer arcilla, madera y tres eslabones de una cadena de oro (siempre según la leyenda). Esta nueva campaña termina en 1850 después de haber realizado nuevos pozos para intentar evitar las inundaciones con nulos resultados.
Desde 1852 hasta 1862 prosiguieron los trabajos hasta que un obrero murió al explotar la caldera de una de las bombas de achique. Antes del desastre habían intentado localizar y cegar el tunel que supuestamente comunicaba el Pozo del Dinero con el mar puesto que se habían dado cuenta (observadores que eran) de que el agua de los agujeros era salada y que su nivel variaba con las mareas.
En 1866 entra en escena la Oak Island Eldorado Company (el nombre lo dice todo e incluso era un presagio sobre los resultados que iban a conseguir, los mismos que los buscadores del mítico El Dorado, ninguno en absoluto).
En 1893 llega el turno de la Oak Island Treasure Company (eso es optimismo) que localizó y dinamitó el supuesto tunel de alimentación de Money Pit. No obstante, el agua marina siguió entrando en el pozo. Por lo demás, falleció un nuevo trabajador al caer a uno de los agujeros inundados. Ante tan magníficos resultados la Compañía quebró y sus bienes fueron embargados y vendidos en pública subasta en 1900.
El fin de S XIX no supuso el del mito y desde entonces distintas compañías han realizado campañas de excavación sin resultado positivo alguno. Eso sí, en 1965 fallecieron cuatro trabajadores más por asfixia dentro de uno de los túneles.
El (supuesto) tesoro continúa esperando en el fondo del Pozo del Dinero que, ahora, nadie sabe con certeza cuál es porque entre unos y otros consiguieron excavar cerca de cien pozos y túneles. Pese a las inmensas inversiones realizadas que, por ejemplo, lograron que Oak Island ya no sea una isla porque en 1965 quedó unida al continente mediante una calzada para facilitar el envío de maquinaria pesada, el único oro extraído de la Isla del Roble continúan siendo los tres eslabones de una cadena.
Esto, o algo parecido porque las variantes del mito son infinitas, es la historia que todo el mundo cuenta sobre Money Pit y Oak Island. ¿Qué hay de cierto en ella? Volvamos a la obra del Sr. Fernández Bueno para irlo comprobando.
"A los doce metros una plataforma de roble cubierta de masilla les indicó que se encontraban en el camino correcto. Pero no había tiempo para triunfalismos. Tres metros más adelante una capa de carbón vegetal fue el preludio de una nueva troncada esta vez con características diferentes a las demás: estaba sellada con fibra de coco. Y así se fueron sucediendo las distintas etapas, a intervalos de tres metros. Más troncos de roble, más fibra de coco y en alguna ocasión la viscosa masilla recubriendo ambos elementos..." (Pág. 255)
Pensemos por un momento en esta descripción. Algo no concuerda con la leyenda del comienzo de la historia. Los tres jóvenes quitaron una primera plataforma de troncos a 10 pies de la superficie (unos 3 metros) y después excavaron 15 pies (unos 5 metros) más sin encontrar obstáculo alguno y ahora hay plataformas cada tres metros (10 pies). Pues me faltan troncos, la verdad.
Por otra parte, supongamos que tal cosa es cierta. ¿Para qué servían estas plataformas? Porque como obstáculo eran una porquería cuando tres jóvenes sin maquinaria de ninguna clase pudieron eliminar la primera (y única) que encontraron. Tampoco tienen ninguna finalidad estructural. Por cierto, echo en falta algún tipo de resto de muro de contención, apuntalamiento vertical... en un pozo de más de 90 pies (30 metros) excavado en un suelo muy poco firme. Las Compañías sí tuvieron que hacerlos como medida de seguridad ante el temor de que un desprendimiento sepultara a algún trabajador, como pueden comprobar en esta fotografía. Entonces ¿por qué iba nadie a tomarse el trabajo de construirlas si eran inútiles? No se preocupen en buscar una respuesta, sencillamente no existían tales plataformas regularmente dispuestas. Un relato temprano (1863) sobre la historia de Oak Island publicado en el periódico British Colonist y firmado por "un miembro de la Asociación de la Isla del Roble" no habla más que de dos plataformas, la que ya habían quitado los tres jóvenes y otra que encontraron poco más abajo de donde habían detenido su excavación. Después menciona una capa de carbón y otra de arcilla y nada más hasta la piedra grabada de la que hablaremos más adelante.
Más adornos de la leyenda que se nos caen, no menciona para nada el supuesto hallazgo de los tres eslabones de la cadena de oro como tampoco las fibras de coco. El problema de la inundación no fue repentino sino que comenzó a filtrarse agua cuando la excavación alcanzó los 90 pies (30 metros) de profundidad y a los 93 pies ya era un problema preocupante. Fue entonces cuando introdujeron una barra en el suelo y a 5 pies (por tanto a los 98 desde la boca de Money Pit) detectaron algo duro que tanto podía ser un cofre del tesoro como una piedra. Eso unido a la llegada de la noche fue lo que hizo que abandonaran el trabajo.
Más cuestiones interesantes que se desprenden de esta narración, que el suelo era fácil de cavar y que las señales que hicieron sospechar a McGinnis la existencia de un tesoro pirata eran tocones de árboles cortados, la existencia de un camino semiborrado y la garrucha colgada de la rama del roble. También los tres supuestos jóvenes son mencionados como hombres y dos de ellos vivían en la propia Oak Island. Además, conocían las historias sobre el supuesto tesoro del capitán Kidd (que como no fue un pirata aunque lo ahorcaran por ello, mal podía haberlo reunido). Ya iremos viendo que todo ello tiene su importancia.
"Veinticinco, veintiséis, veintisiete metros... Se hizo el silencio.Un sonido metálico escapó desde el interior del pozo. Un material de extrema dureza impedía continuar profundizando. Se trataba de una formación pétrea de 90 cm de largo por 30 de ancho. Ya en el exterior, con la luz del sol alumbrando aquel material inerte, se percataron de que la "placa" estaba labrada en toda su superficie con una extraña simbología sin sentido aparente." (Pág. 255)
En realidad, el texto no indica a qué profundidad se encontró la piedra grabada. Recordemos las palabras exactas con las que da noticia del hallazgo:
"Further down was a flag stone about two feet long and one wide, with a number of rudely cut letters and figures upon it." (Aún más abajo estaba una losa de aproximadamente dos pies -61 cm- de largo y uno -30,5 cm- de ancho, con una cantidad de letras y dibujos groseramente tallados sobre ella).
Sin embargo, y con todos los problemas que genera esta losa, es la piedra angular sobre la que descansa esta leyenda porque si no admitimos su existencia (o si hay una explicación distinta a la de una colocación intencional en el Pozo del Dinero) ni siquiera está claro que Money Pit sea una construcción artificial. ¿Y las plataformas de roble, y la capa de carbón...?
Voy a contarles una historia. Unos hombres comienzan a excavar en un lugar en el que hay una pequeña depresión en el terreno y el suelo está suelto como si ya hubiera sido cavado con anterioridad. A dos pies de profundidad encuentran una capa de piedras y más abajo troncos de picea y roble a intervalos irregulares. Parte de la madera parece estar carbonizándose. ¿La demencia senil me hace narrarles la misma batallita de la Isla del Roble? Pues no, porque esto sucedió en 1949 también en Bahía Mahone pero a siete kilómetros de Oak Island. Aunque en un primer momento todo el mundo pensó en que habían encontrado un segundo Pozo del Dinero, se trataba de un fenómeno natural. El suelo se había hundido al ceder una cavidad subterránea y había arrastrado todo lo que había en la superficie, árboles inclusive.
¿Fue este mismo fenómeno lo que dio origen a la leyenda de la Isla del Roble? Pues es muy probable porque en la misma Oak Island en 1878 la tierra se tragó a la pareja de bueyes con la que estaba arando una mujer llamada Sophia Sellers.
Los estudios geológicos demuestran que la configuración de la Isla del Roble (como la del resto de la zona) es engañosa. La capa superficial está formada por tierra arcillosa en la que crecen los robles. Debajo de ella se esconden unos estratos calizos en los que abundan las grutas y fisuras. El geólogo E. Rudolph Faribault encontró numerosos sumideros naturales en la costa del continente frente a la isla. En 1975 cuando se trabajaba en un sistema de colectores a un kilómetro de Oak Island se encontró una caverna a 17 metros de profundidad. En 1969 en la propia Isla del Roble, la Triton Alliance Company (que entonces estaba realizando la búsqueda del "tesoro") perforó una gruta a 55 metros de la superficie.
Esta hipótesis de la formación natural explica muchos de los enigmas que hemos ido viendo, el que Money Pit fuera muy fácil de excavar porque la tierra estaba ya suelta, las "plataformas" de troncos, la presencia de una capa de carbón (¿para qué se supone que serviría en el caso de ser una construcción artificial?), la ausencia de cualquier resto de apuntalamiento o de muros de contención en el pozo, la ausencia de cualquier resto procedente de la supuesta excavación previa (el Pozo del Dinero está "excavado" en parte en roca caliza pero ¿dónde están los restos supuestamente extraídos?)... pero no el misterio de la losa grabada, así que nos dedicaremos a este enigma.
"Además, la piedra, tras ser sometidas a sucesivos análisis reveló ser un trozo de pórfido, mineral este inexistente en toda Norteamérica. ¿Quién se molestó en llevar hasta aquel recóndito paraje la extraña formación rocosa? Y quizás lo más importante, ¿qué significado tenían la extraña escritura grabada en la misma? Si bien es cierto que el sorprendente hallazgo motivó que aquellos hombres no cejaran en su empeño de descubrir el tesoro allí sepultado, no menos increíble resulta el tratamiento que se le dio a la losa de pórfido, que acabó olvidada y polvorienta en la parte trasera de la chimenea que Smith tenía en su casa de Oak Island." (Pág. 255)
No sé porqué a D. Lorenzo le parece increíble ese tratamiento si consideramos el que él da a la sufrida lengua castellana. No sé si resulta más deplorable lo de "la piedra, tras ser sometidas...", lo de "¿qué significado tenían la extraña escritura...?", lo del "tratamiento que se le dio a la losa de pórfido..." o, quizás, lo de llamar a ésta "extraña formación rocosa".
Después de comprobar (y van...) que los conocimientos del Sr. Fernández Bueno sobre cuestiones gramaticales brillan por su ausencia, podemos examinar sus afirmaciones sobre la losa.
Según el relato antes enlazado, la piedra apareció en Money Pit a una profundidad no especificada pero considerable. Después del (supuesto) hallazgo la losa se conservó en casa de la familia Smith donde podía ser contemplada por aquéllos que estuvieran interesados, así que lo de "olvidada y polvorienta" quedaba muy bien en la pluma de D. Gustavo Adolfo, pero es perfectamente prescindible en el caso que nos ocupa. Además "De la chimenea en el ángulo trasero/ de su dueño tal vez olvidada/ silenciosa y cubierta de polvo/ veíase la losa..." es un engendro poético y ya es bastante con los destrozos causados a la prosa como para empezar con los versos.
Por aquello de "O Calvo, o tres pelucas" parece que D. Lorenzo pasa de creer que la losa estaba castigada de espaldas a la chimenea a descubrir que fue sometida a análisis sucesivos. Me encantaría saber de dónde se ha sacado la historieta de que era una losa de pórfido porque lo único que se sabe de ella después de esta noticia de que se encontraba en 1863 en manos de la familia Smith, es que figuró en una exposición para recaudar fondos que iban a destinarse a una nueva campaña de excavaciones. Fue entonces cuando (supuestamente) la inscripción fue anotada y descifrada por un profesor de idiomas de Halifax. Éste es el único (supuesto) recuerdo que queda de ella porque la losa desapareció sin haber sido nunca fotografiada ni reproducida en forma alguna. Vamos, que para creerse que fue sometida a análisis cuando ni siquiera se molestaron en hacer un calco de la inscripción...
Por ello me encantaría saber qué demonios es lo que reproduce el Sr. Fernández Bueno en la página 262 junto a la indicación:
"Losa de pórfido hallada en el interior del pozo"
¡Leches! A unos se les materializan niñas espectrales en las fotografías y a D. Lorenzo se le materializan las propias fotografías además de unos análisis petrográficos. What a wonderful world Oh yeah
Es innecesario añadir que al no existir ninguna imagen de la lápida original es imposible saber si la que figuró en la exposición era ésa realmente y, ni siquiera, si la supuesta reproducción del profesor de Halifax era fiel. De igual forma, al no haberse conservado, sólo podemos especular sobre si realmente fue encontrada en el interior de Money Pit y, en ese caso, si pudo haber alguna razón distinta a la colocación intencional para explicar su presencia en él (contrariamente a lo que suele decirse, Oak Island sí había tenido pobladores -posiblemente, colonos franceses- lo que puede explicar cosas como el propio descampado creado en torno al Pozo del Dinero, la existencia de tocones de árboles cortados, el camino semiborrado...)
"Tuvieron que pasar varias décadas para que esta fuera tomada en consideración. Y fue precisamente a raíz de una exposición celebrada en Halifax cincuenta años más tarde, con el propósito de recaudar fondos para continuar con las excavaciones, cuando un profesor de idiomas, llevado por la curiosidad que despertaba el asunto, creyó dar con la clave de los caracteres labrados en la piedra. "Diez pies más abajo, dos millones de libras." (Págs. 255-256)
Debemos añadir algunos comentarios a los ya realizados. Las medidas de la losa que figuró en la exposición (tres pies de largo por uno de ancho) no coinciden con las que da el texto del British Colonist (dos pies de largo por uno de ancho). La descripción que se ofreció en el periódico también crea algún problema. El autor anónimo habla de letras y figuras e indica que no pudieron descifrar la inscripción por la mala talla o porque no parecía estar escrita en su propio idioma ("but infortunately they could not decipher it, as it was either too badly cut or dit not appear to be in their own venacular.") algo difícil de conciliar con esto que es lo que supuestamente copió y descifró el profesor de Halifax. Como pueden comprobar se trataría de un simple cifrado mediante un alfabeto de substitución (cambiar cada letra bien por otra distinta, bien por un símbolo, número...).
Esto es lo que hay y, por tanto, deberíamos optar por dos posibilidades, la inscripción es más falsa que un euro de metacrilato o la inscripción es auténtica. Mi posición es la primera basándome en la "coincidencia" entre la cifra de dos millones de libras de la inscripción y la cantidad que, según la leyenda popular, había enterrado el capitán Kidd, la irracionalidad que supone el que alguien esconda un tesoro y ponga por encima de él un letrero avisándolo, y que la expresión "pounds" (libras) no era de uso frecuente en la época en la que, supuestamente, se escondió el tesoro. Podría considerarse, a priori, que el Sr. Fernández Bueno iba a aceptar ciegamente la autenticidad de la inscripción. Sin embargo su postura es muy particular. Por de pronto cambia la traducción del mensaje cifrado que es, en realidad, "Cuarenta pies más abajo, están enterrados dos millones de libras". De igual forma, intenten aplicar la clave del alfabeto de substitución que pueden encontrar en la página antes enlazada con la fotografía de la página 262 que, supuestamente, reproduce la lápida original. El resultado es algo así como:
OWT WO[SIGNO DESCONOCIDO]EB TEEF [SIGNO DESCONOCIDO]TRO[SIGNO DESCONOCIDO][SIGNO DESCONOCIDO] WEIRUB ERA SWNUOP NOI[SIGNO DESCONOCIDO][SIGNO DESCONOCIDO]I[SIGNO DESCONOCIDO] (no se molesten en intentar su traducción del inglés porque no tiene el menor sentido).
Es decir, que lo que supuestamente es una reproducción de la lápida original no tiene ningún parecido con la del profesor de Halifax. Sin embargo, D. Lorenzo ni indica que la transcripción Halifax sea falsa ni da la menor explicación de qué es lo que él ha reproducido (si encuentran el menor sentido a ese comportamiento no dejen de indicármelo porque yo no se lo encuentro).
"Años después, el célebre profesor Barry Fell, considerado el mayor experto en lenguas antiguas del mundo, ofreció una interpretación diferente del mensaje de la losa. Tal y como afirmaría en estudios posteriores, el extraño alfabeto pertenecía a todas luces a un dialecto copto del área mediteránea, y cuyo contenido era estrictamente religioso." (Pág. 256)
Menos mal que soy de las personas que saben que el célebre profesor Barry Fell lo era de biología, que si no igual me creía esa colección de chorradas. Como epigrafista, no es que no esté considerado como el mayor experto en lenguas antiguas (¿en cuáles? ¿en todas?) del mundo, es que no está considerado en modo alguno salvo como motivo justificado para soltar unas cuantas carcajadas. La afirmación que pone el Sr. Fernández Bueno en su boca es un buen ejemplo (y por si tienen alguna duda, es cierto que soltó esa parida). ¿Por qué lo es? Sencillamente, porque el alfabeto copto es el alfabeto griego con el añadido de siete letras tomadas del demótico. Cualquier parecido entre la inscripción tanto en su variante Halifax como en su variante Fernández Bueno, y el alfabeto griego y copto no es que sea mera coincidencia, es que es inexistente. Vamos, que las luces del "a todas luces" estaban cortadas por falta de pago.
"No en vano, el pórfido era extraído de las minas de Jebel Dhokan, en la costa oeste del Mar Rojo. La trama alcanzaba así unas dimensiones universales, y como veremos más adelante, el profesor Fell no iba mal encaminado..." (Pág. 256)
Pues considerando que la losa no era de pórfido (¿hay que creerse que si lo fuera nadie lo hubiera señalado cuando el pórfido es un material muy llamativo?) y que la inscripción nada tiene que ver con el copto, el profesor Fell iba pésimamente encaminado. En cualquier caso, por una vez nos saltaremos el orden de la paginación del libro para no perder el hilo de las andanzas del gran biólogo metido a pésimo epigrafista.
"Pues bien, en los últimos años investigadores como el doctor norteamericano Barry Fell, fundador de The Epigrafic Society International y catedrático de la Universidad de Harvard, periodistas españoles como Juan Jesús Vallejo y Juan José Benítez, o brasileños como Pablo Villarrubia Mauso han unido esfuerzos para iniciar la "persecución" de objetos relacionados con sucesos inexplicables, en los que han sido grabados los trazos de una mano inteligente que hace siglos quiso perpetuar un mensaje, en alguns casos, ya descifrado." (Págs. 263-264)
Gracias a D. Lorenzo me ahorro tener que decir nada más sobre este curioso personaje que se unía a investigadores de la talla de Juan José Benítez, Juan Jesús Vallejo y Pablo Villarrubia Mauso. Por cierto, "en los últimos años" no serán tan últimos porque Barry Fell falleció en 1994.
"¿Por qué es tan importante la mencionada losa de Oak Island? Como comentara anteriormente, se trata de un material -el pórfido- imposible de hallar en el continente americano. (Pág. 264)
¿Argentina está en el continente antártico? Porque allí hay importantes yacimientos de pórfido (y si no que se lo digan a estos señores que se ganan la vida honradamente con la explotación del pórfido que no existe en América). En cualquier caso da lo mismo porque la losa no era de pórfido.
"Si nos atenemos a la hipótesis -acerca de su procedencia- formulada por el doctor Fell observaremos que el cúmulo de casualidades en ocasiones sorprende, hasta tal punto que convendría comenzar a distinguir entre casualidad, y realidad, por muy increíble que esta parezca." (Pág. 264)
No hombre, no. Lo que convendría empezar a distinguir es entre "pajas mentales" y realidades.
"El defendía que las "letras" labradas sobre la dura superficie correspondían a un extraño alfabeto copto -cristianos ortodoxos egipcios- que se referían con toda probabilidad a un texto religioso. Si a ello unimos que tradicionalmente el pórfido antiguo se extraía de las minas situadas en Jebel Dhokan, en la costa oeste del Mar Rojo, dichos argumentos iban cobrando peso. ¿En qué momento de la historia entra en escena la isla de los robles?" (Pág. 264)
Es memorable lo de calificar al alfabeto copto como extraño (y tanto que lo es, no se parece al alfabeto copto ni en el blanco de los ojos...) Por cierto, ¿qué argumentos son los que dice que van tomando peso? Vamos a ver, tenemos una inscripción que no está redactada en copto (recuérdese que está en inglés, cifrado pero inglés) y una losa que no era de pórfido así que, aparte de porque a Berry Fell se le cruzaron las neuronas, ¿qué pinta aquí Egipto? Pues nada.
"El escritor y periodista Juan Jesús Vallejo, tras analizar la grafía de los elementos escritos sobre la plancha encontrada en el interior del pozo, está firmemente convencido de que se trata de tifinagh, un alfabeto beréber utilizado por estos clanes tribales hace miles de años en el continente africano." (Pág. 264)
Ah, lo bien encaminado que iba el profesor Fell al asegurar que la inscripción estaba en copto es porque estaba escrita, en realidad, con el alfabeto tifinagh. Nuevamente, casi me quedo sin palabras porque el copto tiene que ver con el tifinagh lo mismo que el ruso con el castellano. Por cierto, el alfabeto tifinagh es, hablando con propiedad, la versión moderna del alfabeto líbico. Bueno, por lo menos esta vez han elegido un alfabeto que sí se parece a la inscripción de la losa, no obstante sigue habiendo signos que tampoco se encuentran en el tifinagh ni en su versión antigua (líbico) ni en sus versiones modernas, así que tampoco cuela.
"Dicha hipótesis es rotundamente apoyada por Chami Mohamed, catedrático de la Universidad de Oujda y el mayor experto de lenguas muertas africanas del mundo." (Pág. 264)
Mohamed Chami en lo que imparte la docencia en la Universidad de Oujda es en lengua y literatura árabe. Eso sí, es un experto en las lenguas y en la cultura de los bereberes (que, por cierto, no son lenguas muertas). Como, no obstante, el argumento de autoridad no sirve para nada, vamos a ver qué resultados obtenemos con esta hipótesis.
""Como antes unidos rezamos. El padre antiguamente jamás les castigó. Nueve de esta manera atesoran la herencia, mi Dios." He de aclarar que algunas de las letras hubieron de ser desveladas siguiendo el alfabeto del código secreto de los templarios." (Pág. 265)
¡Vaya por Dios! Con lo bonito que estaba quedando lo del tifinagh y ahora resulta que algunas letras (no todas) tuvieron que ser cambiadas por otras siguiendo el llamado alfabeto templario (que no tenía nada que ver con los templarios, aviso). Por otra parte, el resultado no es que tenga demasiado sentido, la verdad sea dicha y eso que así se las ponían a Fernando VII. ¿Por qué decimos esto? Tomemos una inscripción (por cierto, ¿cuál de ellas, la de la versión Halifax, la de la versión Fernández Bueno u otra distinta?). Unos signos los consideramos como alfabeto tifinagh, pero si el resultado no tiene sentido podemos cambiar alguno de los signos (obviamente, los que hagan que la inscripción no tenga sentido) siguiendo la supuesta clave templaria que, en realidad, es una variante de la clave Pigpen (vaya nombrecito para un código) empleada por los masones en el S XVIII. Añadamos a esto que el tifinagh es un alfabeto consonántico (es decir, que no representa las vocales) lo que aumenta la posibilidad de formas palabras (por ejemplo, imaginen que el español empleara un alfabeto consonántico y nos encontramos con la palabra "mr" Podría ser "mero" "marea" "muro" "miro" "moro" "Amaro"... cualquier palabra que contenga esas dos -y sólo esas dos- consonantes). Con todo ello, pueden suponer el valor que tienen estas afirmaciones del Sr. Vallejo y del Sr. Chami (en el supuesto de que sea verdad que tiene algo que ver con esta historia) especialmente si pensamos en lo ridículo que resulta el cifrar parte (sólo parte) de un mensaje escrito en tifinagh y escondido (supuestamente) en un pozo en Canadá. ¿Era para prevenir el que alguien que supiera tifinagh se pusiera a hacer agujeros en Oak island? Por cierto, ¿qué relación tenían los templarios con los pueblos bereberes? Bastante tenía la mayoría con no saber latín como para ponerse a estudiar bereber.
No obstante, alguno de Vds. puede pensar que es sorprendente el parecido entre alguna de las letras del alfabeto tifinagh y los signos de la lápida de Oak Island. Pues sí, pero también lo tienen, por ejemplo, con los signos usados en la clave de María Estuardo.
Con esto acabamos con la lápida milagrosa (no me negarán que tiene su gracia la pretensión de que una única inscripción tiene sentido en tres idiomas tan diferentes entre sí como el inglés, el copto y el tifinagh, como la Trinidad pero en versión lingüística -el día que alguien aplique la Cábala seguro que aparece un cuarto mensaje-), pero no con Oak Island, así que el próximo día volveremos a esta isla canadiense.
BIBLIOGRAFÍA:
A Critical Analysis of the Oak Island Legend. Richard E. Joltes. Publicación electrónica, disponible aquí.
The Secret Of Oak Island. Joe Nickell. Skeptical Inquirer, marzo/abril 2000. Disponible en la Red en esta dirección. (Considero que la parte de este artículo dedicada a intentar relacionar a la Masonería con este asunto es un puro disparate, pero el resto del trabajo sí merece la pena).
-Continuará-